S?bado, 28 de mayo de 2011

ZENIT??nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los miembros de la Asamblea de Emisoras de Radio de la European Broadcasting Union, a quienes recibi? en audiencia el s?bado 30 de abril de 2011, horas antes de la beatificaci?n de Juan Pablo II.

Queridos amigos,

estoy muy contento de daros la bienvenida a todos vosotros, miembros y participantes en la 17? Radio Assembly de la European Broadcasting Union, que este a?o hospeda Radio Vaticano, con ocasi?n del 80 aniversario de su fundaci?n. Saludo al arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales. Doy las gracias al presidente de la European Broadcasting Union, Jean Paul Philippot, y al padre Federico Lombardi, director general de Radio Vaticano, por las corteses palabras con las que han ilustrado la naturaleza de vuestro encuentro y los problemas que ten?is que afrontar.

Cuando mi predecesor P?o XI se dirigi? a Guglielmo Marconi para que dotase al Estado de la Ciudad del Vaticano de una emisora de radio a la altura de la mejor tecnolog?a disponible en aquel tiempo, demostr? haber intuido con agudeza en qu? direcci?n se estaba desarrollando el mundo de las comunicaciones, y qu? potencialidades pod?a ofrecer la radio para el servicio de la misi?n de la Iglesia. Efectivamente, a trav?s de la radio, los Papas pudieron transmitir m?s all? de las fronteras mensajes de gran importancia para la humanidad, como los justamente famosos de P?o Xii durante la segunda guerra mundial, que dieron voz a las aspiraciones m?s profundas hacia la justicia y la paz, o como el de Juan XXIII en el momento culminante de la crisis entre Estados Unidos y la Uni?n Sovi?tica en 1962. Tambi?n a trav?s de la radio, P?o XII pudo hacer difundir centenares de miles de mensajes de las familias para los prisioneros y desplazados durante la guerra, llevando a cabo una obra humanitaria que le gan? gratitud imperecedera. A trav?s de la radio, adem?s, se apoyaron durante mucho tiempo las esperanzas de creyentes y pueblos sometidos a reg?menes opresores de los derechos humanos y de la libertad religiosa. La Santa Sede es consciente de las extraordinarias potencialidades que tiene el mundo de la comunicaci?n para el progreso y el crecimiento de las personas y de la sociedad. Se puede decir que toda la ense?anza de la Iglesia sobre este sectos, a partir de los discursos de P?o XII, pasando a trav?s de los documentos del Concilio Vaticano II, hasta mis m?s recientes mensajes sobre las nuevas tecnolog?as digitales, est? atravesado por una vena de optimismo, de esperanza y de simpat?a sincera verso hacia aquellos que trabajan en este campo para favorecer el encuentro y el di?logo, servir a la comunidad humana, contribuir al crecimiento pac?fico de la sociedad.

Naturalmente, cada uno de vosotros sabe que tambi?n en el desarrollo de las comunicaciones sociales se esconden dificultades y riesgos. Permitidme por ello que os manifieste a todos mi inter?s y mi solidaridad en la importante obra que llev?is a cabo. En las sociedades actuales est?n en juevo valores b?sicos para el bien de la humanidad, y la opini?n p?blica, en cuya formaci?n vuestro trabajo tiene tanta importancia, se encuentra a menudo desorientada y dividida. Vosotros sab?is bi?n qu? preocupaciones nutre la Iglesia cat?lica a prop?sito del respeto de la vida humana, de la defensa de la familia, del reconocimiento de los aut?nticos derechos y de las justas aspiraciones de los pueblos, de los desequilibrios que causan subdesarrollo y hambre en muchas partes del mundo, de la acogida de inmigrantes, del paro y de la seguridad social, de las nuevas pobrezas y marginaciones sociales, de las discriminaciones y de las violaciones de la libertad religiosa, del desarme y de la b?squeda de soluci?n pac?fica de los conflictos. A muchas de estas cuestiones hice referencia en la Enc?clica Caritas in veritate. Alimentar cada d?a una informaci?n correcta y equilibrada y un debate profundo para encontrar las mejores soluciones compartidas sobre estas cuestiones en una sociedad pluralista, es tarea tanto de las radios como de las televisiones. Es un deber que requiere alta honradez profesional, correcci?n y respeto, apertura a las perspectivas distintas, claridad al afrontar los problemas, libertad ante las barreras ideol?gicas, conciencia de la complejidad de los problemas. Se trata de una b?squeda paciente de esa ?verdad cotidiana? que mejor traduce los valores en la vida y mejor orienta el camino de la sociedad, que debe buscarse al mismo tiempo con humildad.

En esta b?squeda, la Iglesia cat?lica tiene una contribuci?n espec?fica que dar, y quiere darla dando testimonio de su adhesi?n a la verdad que es Cristo, pero al mismo tiempo con apertura y esp?ritu de di?logo. Como afirm? en el encuentro con los cualificados representantes del mundo pol?tico y cultural brit?nico en la Westminster Hall de Londres el pasado septiembre, la religi?n no quiere actuar con prepotencia hacia los no creyentes, sino ayudar a la raz?n al descubrimiento de los principios morales objetivos. La religi?n contribuye a ?purificar? la raz?n, ayud?ndola a no caer en distorsiones, como la manipulaci?n por parte de la ideolog?a, o la aplicaci?n parcial que no tenga plenamente en cuenta la dignidad de la persona humana. Al mismo tiempo, tambi?n la religi?n reconoce tener necesidad del correctivo de la raz?n para evitar los excesos, como el integrismo o el sectarismo. "La religi?n no es un problema, sino un factor que contribuye de modo vital al debate p?blico en la naci?n". Os invito por ello tambi?n a vosotros, ?en el ?mbito de vuestras esferas de influencia, a intentar promover y alentar el di?logo entre fe y raz?n? en la perspectiva del servicio al bien com?n nacional.

El vuestro es un ?servicio p?blico?, servicio a la gente, para ayudarla cada d?a a conocer y comprender mejor lo que sucede y por qu? sucede, y a comunicar activamente para participar en el camino com?n de la sociedad. S? bien que este servicio encuentra dificultades, con diferentes aspectos y proporciones en los diversos pa?ses. Pueden ser el desaf?o de la competencia por parte de las emisoras comerciales; el condicionamiento de una pol?tica vivida como reparto del poder en lugar de como servicio al bien com?n; la escasez de recursos econ?micos acentuada por situaciones de crisis; el impacto de los desarrollos de las nuevas tecnolog?as de comunicaci?n; la b?squeda afanosa de la audiencia. Pero son demasiado grandes y urgentes los desaf?os del mundo actual de los que deb?is ocuparos, como para dejaros desanimar y rendiros ante estas dificultades.

Hace veinte a?os, en 1991, cuando el Venerable Juan Pablo II, a quien ma?ana tendr? la alegr?a de proclamar Beato, recib?a a vuestra Asamblea general en el Vaticano, os animaba a desarrollar vuestra mutua colaboraci?n, para favorecer el crecimiento de la comunidad de los pueblos del mundo. Hoy, pienso en los procesos en curso en pa?ses del Mediterr?neo y en el Oriente Pr?ximo, varios de los cuales son tambi?n miembros de vuestra Asociaci?n. Sabemos que las nuevas formas de comunicaci?n han tenido y tienen un papel no secundario en estos procesos. Os auguro que sep?is poner vuestros contactos internacionales y vuestras actividades al servicio de una reflexi?n y de un compromiso para que los instrumentos de las comunicaciones sociales sirvan al di?logo, a la paz y al desarrollo solidario de los pueblos, superando las distancias culturales, las desconfianzas o los miedos.

Finalmente, queridos amigos, mientras os deseo a todos vosotros y a vuestra Asociaci?n un fecundo trabajo, deseo expresar de nuevo mi gratitud por la colaboraci?n concreta que en muchas ocasiones hab?is dado y dais a mi ministerio, como en las grandes celebraciones de Navidad y de la Pascua, o con ocasi?n de mis viajes. Tambi?n para m? y para la Iglesia cat?lica sois por tanto aliados y amigos importantes en nuestra misi?n. En este esp?ritu me alegro de invocar sobre todos vosotros, sobre vuestros seres queridos y sobre vuestro trabajo la Bendici?n del Se?or.

[Traducci?n de la versi?n italiana por Inma ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Habla el Papa
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