Lunes, 30 de mayo de 2011

ZENIT? nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI ofreci?el mi?rcoles 4 de?Mayo de 2011?durante la Audiencia General, celebrada en la Plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas,

hoy quisiera iniciar una nueva serie de catequesis. Tras las catequesis sobre los Padres de la Iglesia, sobre los grandes te?logos de la Edad Media, sobre las grandes mujeres, quisiera elegir ahora un tema muy importante para todos nosotros: es el tema de la oraci?n, de manera espec?fica la cristiana, es decir, la oraci?n que nos ense?? Jes?s y que sigue ense??ndonos la Iglesia. Es en Jes?s, de hecho, donde el hombre se capacita para acercarse a Dios, con la profundidad y la intimidad de la relaci?n de paternidad y de filiaci?n. Junto a los primeros disc?pulos, con humilde confianza nos dirigimos ahora al Maestro y Le pedimos: ?Se?or, ens??anos a orar? (Lc 11,1).

En las pr?ximas catequesis, acerc?ndonos a la Sagrada Escritura, a la gran tradici?n de los Padres de la Iglesia, a los Maestros de espiritualidad, a la Liturgia, queremos aprender a vivir a?n m?s intensamente nuestra relaci?n con el Se?or, casi una ?Escuela de Oraci?n?. Sabemos bien que, de hecho, la oraci?n no se da por descontado: es necesario aprender a rezar, casi adquiriendo de nuevo este arte; incluso los que est?n muy avanzados en la vida espiritual sienten siempre la necesidad de entrar en la escuela de Jes?s para aprender a rezar con autenticidad. Recibimos la primera lecci?n del Se?or a trav?s de Su ejemplo. Los Evangelios nos describen a Jes?s en di?logo ?ntimo y constante con el Padre: es una comuni?n profunda de aquel que ha venido al mundo, no para hacer su voluntad, sino la del Padre que lo ha enviado para la salvaci?n del hombre.

En esta primera catequesis, como introducci?n, querr?a proponer algunos ejemplos de oraci?n presentes en las culturas antiguas, para revelar como, pr?cticamente siempre y en todas partes se han dirigido a Dios.

En el antiguo Egipto, por ejemplo, un hombre ciego, pidiendo a la divinidad que se le restituyese la vista, demuestra algo universalmente humano, como la pura y simple oraci?n de petici?n de quien se encuentra en el sufrimiento. Este hombre reza: ?Mi coraz?n desea verte... T? que me has hecho ver las tinieblas, crea la luz para m?. ?Que yo te vea! Inclina hacia m? tu rostro amado? (?) (A. Barucq ? F. Daumas, Hymnes et pri?res de l?Egypte ancienne, Paris 1980, trad. it. en Preghiere dell?umanit?, Brescia 1993, p. 30).

En las religiones de Mesopotamia dominaba un sentido de culpa arcano y paralizador, no falto de la esperanza de la redenci?n y liberaci?n por parte de Dios. Podemos apreciar as?, esta s?plica de parte de un creyente de aquellos antiguos cultos: ?Oh Dios que eres indulgente incluso con las culpas m?s graves, absuelve mi pecado... Mira Se?or a tu siervo agotado, y sopla tu brisa sobre ?l: sin demora perd?nale. Levanta tu severo castigo. Disueltos estos lazos, permite que yo vuelva a respirar; rompe mis cadenas, lib?rame de mis ataduras? (M.-J. Seux, Hymnes et pri?res aux Dieux de Babylone et d?Assyrie, Paris 1976, trad. it. in Preghiere dell?umanit?, op. cit., p. 37). Son expresiones que demuestran como el hombre, en su b?squeda de Dios, ha intuido, aunque confusamente, su culpa por una parte y tambi?n aspectos de misericordia y de bondad divinas. Dentro de la religi?n pagana de la Antigua Grecia, se asiste a una evoluci?n muy significativa: las oraciones, aunque contin?an invocando la ayuda divina para obtener el favor celestial en todas las circunstancias de la vida cotidiana y para conseguir beneficios materiales, se dirigen progresivamente a peticiones m?s desinteresadas, que consienten al hombre creyente, profundizar en su relaci?n con Dios y mejorar. Por ejemplo, el gran fil?sofo Plat?n relata una oraci?n de su maestro S?crates, considerado justamente uno de los fundadores del pensamiento occidental. Oraba as? S?crates: ?Haced que yo sea hermoso por dentro. Que yo considere rico a quien es sabio, y que posea de dinero s?lo cuanto pueda tomar y llevar el sabio. No pido m?s? (Obras I. Fedro 279c, trad. it. P. Pucci, Bari 1966). Querr?a ser sobre todo hermoso por dentro y sabio, no rico en dinero.

En aquellas obras maestras de la literatura de todos los tiempos que son las tragedias griegas, todav?a hoy, despu?s de veinticinco siglos, le?das, meditadas y representadas, contiene oraciones que expresan el deseo de conocer a Dios y de adorar su majestad. Una de estas recita as?: ?Sost?n de la tierra, que sobre la tierra tienes tu sede, seas quien seas, es dif?cil saberlo, Zeus, sea tu ley por naturaleza o por pensamiento de los mortales, a ti me dirijo: ya que t?, procediendo por caminos silenciosos, gu?as las vicisitudes humanas seg?n justicia" (Eur?pides, Troiane, 884-886, trad. it. G. Mancini, en Preghiere dell?umanit?, op. Cit., p. 54). Dios siguen siendo un poco nebuloso y sin embargo el hombre conoce a este Dios desconocido y reza a aquel que gu?a los caminos de la tierra.

Tambi?n los romanos, que constituyeron aquel gran imperio en el que naci? y se difundi?, en gran parte, el Cristianismo de los or?genes, la oraci?n, aunque se asociaba a una concepci?n utilitaria y fundamentalmente ligada a la petici?n de la protecci?n divina sobre la comunidad civil, se abre a veces, a invocaciones admirables por el fervor de la piedad personal, que se transforma en alabanza y agradecimiento. De esto es testigo un autor de la ?frica romana del siglo II despu?s de Cristo, Apuleyo. En sus escritos manifiesta la insatisfacci?n de sus contempor?neos hacia la religi?n tradicional y el deseo de una relaci?n m?s aut?ntica con Dios. En su obra maestra, titulada Las metamorfosis, un creyente se dirige a una divinidad femenina con estas palabras: "T? s? que eres santa, t? eres en todo tiempo salvadora de la especie humana, t?, en tu generosidad, ofrecer siempre auxilio a los mortales, t? ofreces a los miserables en aprietos el dulce afecto que puede tener una madre. Ni d?a ni noche ni momento alguno, por breve que sea, pasa sin que t? lo colmes de tus beneficios" (Apuleyo de Madaura, Metamorfosis IX, 25, trad. it. C. Annaratone, en Preghiere dell?umanit?, op. cit., p. 79).

En el mismo periodo, el emperador Marco Aurelio -que tambi?n era un fil?sofo que pensaba en la condici?n humana- afirma la necesidad de rezar para establecer una cooperaci?n fruct?fera entre acci?n divina y acci?n humana. Escribe en sus Recuerdos: ??Qui?n te ha dicho que los dioses no nos ayuden tambi?n en lo que depende de nosotros? Comienza a rezarles y ver?s? (Dictionnaire de Spiritualit? XII/2, col. 2213). Este consejo del emperador fil?sofo fue, efectivamente, puesto en pr?ctica por innumerables generaciones de hombres antes de Cristo, demostrando que la vida humana sin la oraci?n, que abre nuestra existencia al misterio de Dios, se queda sin sentido y privada de referencias. En toda oraci?n, de hecho, se expresa siempre la verdad de la criatura humana, que experimenta por una parte debilidad e indigencia, y por esto, pide ayuda al Cielo, y por la otra est? dotada de una dignidad extraordinaria, porque se prepara a acoger la Revelaci?n divina, se descubre capaz de entrar en comuni?n con Dios.

Queridos amigos, en estos ejemplos de oraci?n de las distintas ?pocas y civilizaciones, surge la conciencia del ser humano de su condici?n de criatura y de su dependencia de Otro, que es superior a ?l y fuente de todo bien. El hombre de todos los tiempos reza porque no puede hacer otra cosa que preguntarse cual es el sentido de su existencia, que permanece oscuro y descorazonador, si no se pone en relaci?n con el misterio de Dios y de su dise?o sobre el mundo. La vida humana es una mezcla del bien y del mal, de sufrimiento inmerecido y de la alegr?a y belleza, que espont?nea e irresistiblemente nos empuja a pedir a Dios la luz y la fuerza interior que nos socorra en la tierra y se abra a una esperanza que va m?s all? de los confines de la muerte. Las religiones paganas siguen siendo una invocaci?n que desde la tierra espera una palabra del Cielo. Uno de los ?ltimso grandes fil?sofos paganos, que vivi? ya en plena ?poca cristiana, Proclo de Costantinopla, da voz a esta espera, diciendo: ?Incognoscible, nadie te contiene. Todo lo que pensamos te pertenece. Son tuyos nuestros males y nuestros bienes, de ti cada h?lito nuestro depende, oh Inefable, que nuestras almas sienten presente, elev?ndote un himno de silencio" (Hymni, ed. E. Vogt, Wiesbaden 1957, en Preghiere dell?umanit?, op. cit., p. 61).

En los ejemplos de oraci?n de las distintas culturas, que hemos considerado, podemos ver un testimonio de la dimensi?n religiosa y del deseo de Dios inscrito en el coraz?n de todo hombre, que se realiza completamente y llega a su plena expresi?n en el Antiguo y Nuevo Testamento. La Revelaci?n, de hecho, purifica y lleva a su plenitud el original anhelo del hombre de Dios, ofreci?ndole, en la oraci?n, la posibilidad de una relaci?n m?s profunda con el Padre celeste.

En el inicio de nuestro camino en la Escuela de Oraci?n, queremos ahora pedir al Se?or que ilumine nuestra mente y nuestro coraz?n, para que la relaci?n con ?l en la oraci?n sea siempre m?s intensa, con un afecto constante. Y de nuevo Le decimos: ?Se?or, ens??anos a orar? (Lc 11,1). ?Gracias!

[En espa?ol dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua espa?ola, en particular a los formadores y alumnos del Seminario Menor de la Asunci?n de Santiago de Compostela y a los dem?s grupos provenientes de Espa?a, M?xico y otros pa?ses latinoamericanos. Os invito a que experimentando el anhelo de Dios que est? en el interior del hombre, pid?is al Se?or que ilumine vuestros corazones para que vuestra relaci?n con ?l en la oraci?n sea cada vez m?s intensa. Muchas gracias.

[En italiano dijo]

Deseo dirigirme finalmente, como es habitual, a los j?venes, a los enfermos y a los reci?n casados. Ha comenzado desde hace poco el mes de mayo, que en muchas partes del mundo, el pueblo cristiano dedica a la Virgen. Queridos j?venes, entrad todos los d?as en las escuela de Mar?a Sant?sima para aprender de Ella a cumplir la voluntad de Dios. Contemplando a la Madre de Cristo crucificado, vosotros, queridos enfermos, sabed acoger el valor salv?fico de todo sufrimiento vivido junto a Jes?s. Y vosotros, queridos reci?n casados, invocad su protecci?n materna, para que en vuestra familia reine siempre el clima de la casa de Nazaret.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]?


Publicado por verdenaranja @ 21:43  | Habla el Papa
 | Enviar