Lunes, 30 de mayo de 2011

ZENIT nos ofrece el mensaje que el Papa Benedicto XVI ha dirigido a la presidenta de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, Mary Ann Glendon, con motivo de su sesi?n plenaria con el t?tulo ?Derechos universales en un mundo diversificado. La cuesti?n de la libertad religiosa?.

A Su Excelencia Profesora Mary Ann Glendon
Presidenta de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales?

Me complace saludarla a usted y a los miembros de la Academia Pontificia de las Ciencias Sociales, mientras celebran su d?cimo s?ptima sesi?n plenaria sobre el tema: ?Derechos universales en un mundo diversificado. La cuesti?n de la libertad religiosa?.

Como he observado en muchas ocasiones, las ra?ces de la cultura occidental cristiana siguen siendo profundas; fue una cultura que dio vida y espacio a la libertad religiosa y que sigue nutriendo la libertad garantizada constitucionalmente a la libertad religiosa y a la libertad de culto que muchos pueblos disfrutan hoy. Debido en parte a su negaci?n sistem?tica por parte de los reg?menes ateos del siglo XX, estas libertades fueron reconocidas y consagradas por la comunidad internacional en la Declaraci?n Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Hoy estos derechos humanos b?sicos est?n de nuevo amenazados por actitudes e ideolog?as que impedir?an la libre expresi?n religiosa. En consecuencia, el desaf?o de defender y promover el derecho a la libertad religiosa y a la libertad de culto debe ser aceptado una vez m?s en nuestros d?as. Por esta raz?n, doy las gracias a la Academia por su contribuci?n a este debate.

El anhelo de verdad y de sentido y la apertura a lo trascendente est?n profundamente inscritos en nuestra naturaleza humana; nuestra naturaleza nos pide buscar las cuestiones de la mayor importancia para nuestra existencia. Hace muchos siglos, Tertuliano acu?? el t?rmino libertas religionis (cf. Apologeticum, 24, 6). Subray? que a Dios se le debe dar culto libremente, y que est? en la naturaleza de la religi?n no admitir coerciones, "nec religionis est cogere religionem" (Ad Scapulam, 2, 2). Dado que el hombre goza de la capacidad de una elecci?n libre y personal en la verdad, y dado que Dios espera del hombre una respuesta libre a su llamada, el derecho a la libertad religiosa debe ser considerado como inherente a la dignidad fundamental de toda persona humana, que relaci?n con la innata apertura del coraz?n humano a Dios. De hecho, la aut?ntica libertad religiosa permitir? a la persona humana alcanzar su plenitud,contribuyendo as? al bien com?n de la sociedad.

Consciente de la evoluci?n en la cultura y la sociedad, el Concilio Vaticano II propuso una fundamentaci?n antropol?gica renovada de la libertad religiosa. Los Padres Conciliares afirmaron de que todas las personas son ?est?n impulsados por su misma naturaleza y est?n obligados adem?s moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religi?n" (Dignitatis Humanae, 2). La verdad nos hace libres (cf. Jn 8,32), y esta misma verdad debe descubrirse y asumirse libremente. El Concilio fue cuidadoso al aclarar que esta libertad es un derecho del que cada persona goza naturalmente, y que, por lo tanto, tambi?n debe ser protegido y fomentado por la legislaci?n civil.

Por supuesto, cada Estado tiene el derecho soberano de promulgar su propia legislaci?n y de expresar las diferentes actitudes hacia la religi?n en la ley. Por ello, hay algunos Estados que permiten una amplia libertad religiosa seg?n nuestra comprensi?n de la palabra, mientras que otros la restringen por varias razones, entre ellas la desconfianza hacia la propia religi?n. La Santa Sede sigue apelando por el reconocimiento del derecho humano fundamental a la libertad religiosa por parte de todos los Estados, y les insta a respetar, y si fuese necesario, proteger a las minor?as religiosas que, aunque ligadas por una fe diferente de la mayor?a en torno a ellas, aspiran a vivir con sus conciudadanos con toda tranquilidad y participar plenamente en la vida civil y pol?tica de la naci?n, en beneficio de todos.

Por ?ltimo, perm?tame expresar mi sincera esperanza de que vuestras experiencias en los campos del derecho, de las ciencias pol?ticas, de la sociolog?a y de la econom?a se dar?n cita estos d?as para aportar nuevos puntos de vista sobre esta importante cuesti?n y as? traiga mucho fruto ahora y en el futuro. Durante este tiempo santo, invoco sobre vosotros la abundancia de alegr?a y paz de la Pascua, y le imparto a usted, a monse?or S?nchez Sorondo y a todos los miembros de la Academia mi Bendici?n Apost?lica.??

En el Vaticano, a 29 de abril de 2011

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducci?n del original ingl?s por Inma ?lvarez


Publicado por verdenaranja @ 21:49  | Habla el Papa
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