Martes, 14 de junio de 2011

Presentaci?n que hace Mons. Vicente Jim?nez Zamora, Obispo de Santander, Presidente de la Comisi?n Episcopal para la Vida Consagrada para la Jornada "Pro Orantibus 2011", publicada en folleto recibido en la parroquia para su celebraci?n el 19 de Junio, solemnidad de la Sant?sima Trinidad.

Lectio divina: un camino de luz

Cada a?o celebramos en la Iglesia, en la solemnidad de la Sant?sima

Trinidad, la Jornada Pro Orantibus, ?por los que oran?, para dar gracias a Dios por el gran don de la Vida contemplativa y la presencia luminosa de los muchos monasterios que pueblan nuestra geograf?a. Los objetivos de la Jornada son fundamentalmente dos: agradecer y rezar.

Quienes han sido llamados a esta vida escondida con Cristo en Dios se entregan a la oraci?n incesante, al trabajo y a la vida fraterna, en un ambiente de silencio y soledad habitado por la Palabra y visitado por el amor del Se?or Resucitado (cf. Verbi Sponsa

3). ?Los Institutos orientados completamente a la contemplaci?n, formados por mujeres o por hombres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales... En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, el ejercicio del culto divino, la ascesis personal, la oraci?n, la mortificaci?n y la comuni?n en el amor fraterno orientan toda su vida y actividad a la contemplaci?n de Dios. Ofrecen as? a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Se?or y contribuyen, con una misteriosa fecundidad apost?lica, al crecimiento del Pueblo de Dios? (Vita Consecrata 8).

Si toda vida consagrada ?nace de la escucha de la Palabra de Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida? (Verbum Domini 83) es en concreto la gran tradici?n mon?stica la que ?ha tenido siempre como elemento constitutivo de su propia espiritualidad la meditaci?n de la Sagrada Escritura, particularmente en la modalidad de la lectio divina? (Ib), imitando a la Madre de Dios, ?que meditaba asiduamente las palabras y los hechos de su Hijo (cf. Lc 2, 19.51),

as? como a Mar?a de Betania que, a los pies del Se?or, escuchaba su Palabra (cf. Lc 10, 38)? (Ib).

Cristo se autodefine a s? mismo en los Evangelios como el Camino? ue conduce al Padre (cf. Jn 14, 6) y la Luz verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo (cf. Jn 1, 9. 8, 12). Si Cristo es la Palabra de Dios hecha carne, y la Palabra es la l?mpara que alumbra nuestros pasos (Salmo 119, 195), esa misma Palabra es camino de luz que podemos recorrer por las p?ginas de la Biblia, conducidos por el Esp?ritu.

El Se?or Jes?s nos invita a buscarle en las Escrituras, pues ellas hablan de ?l y en ellas encontramos la vida plena que todos deseamos y anhelamos (cf. Jn 5, 39). La lectio divina es b?squeda de Dios siguiendo el camino luminoso de su Palabra en los libros de la Sagrada Escritura. Buscar a Dios (quaerere Deum) ha sido desde siempre la tarea primordial de toda vida mon?stica, y esta ha encontrado en la Lectio ?desde sus inicios? y encuentra en la actualidad un m?todo sapiencial que enamora el coraz?n, ilumina la inteligencia ?purifica el alma disponi?ndola para el encuentro con el Esposo.

La Lectio supone ?en feliz expresi?n de san Ambrosio? volver a pasear con Dios por el para?so de la bendici?n original, y su compa??a amorosa recrea nuestra vocaci?n, alimenta nuestra fe e ilumina nuestra existencia (cf. Verbum Domini 87).

Los consagrados contemplativos, por la familiaridad orante con la Sagrada Escritura, imitando a la Virgen Mar?a, logran hacer de la Palabra de Dios su propia casa, de la cual salen y entran con naturalidad (cf. Verbum Domini 28); esta ilumina la mente y moldea los corazones hasta llevarlos a comulgar con los sentimientos del Hijo.

Los contemplativos son convocados as? a convertirse en ex?gesis viviente de la Palabra de Dios que leen, meditan, escrutan, rezan, celebran, cantan y contemplan a diario en la comuni?n de la Iglesia.

Por la pr?ctica de la lectio divina la Palabra obra en ellos esa conversi?n de la existencia que transforma la vida hasta hacerla par?bola luminosa del coraz?n de Cristo.

Los contemplativos tienen la indispensable misi?n de irradiar en nuestra Iglesia la Belleza, la Verdad y la Bondad del Dios Trinitario que ama a todo hombre con misericordia infinita y que no quiere que ninguno se pierda. Ellos son l?mparas encendidas que arden con el aceite del amor divino y brillan con la luz de la esperanza.

Llamados a montar una guardia de oraci?n sin tregua ni distracciones, perseveran vigilantes aguardando el retorno del Se?or en medio de la noche de nuestro mundo. Arraigados y edificados en Cristo permanecen firmes en la fe, intercediendo por toda la humanidad.

La Vida consagrada contemplativa es as? prolongaci?n de la plegaria de Jes?s al Padre, llenando de aut?ntica filiaci?n la orfandad de muchos corazones.

Y todo esto lo agradecemos y encomendamos a nuestro Dios en el domingo en el que celebramos la solemnidad de la Sant?sima Trinidad. Ning?n cristiano puede quedar hoy al margen de esta fiesta y de esta jornada de oraci?n ?por los que oran?. Llamados a ser Iglesia, la Santa Trinidad nos muestra el camino de nuestra genuina vocaci?n cristiana y eclesial: ser una comunidad de amor que nace del Padre, es convocada por el Hijo y alentada y conducida por el

Esp?ritu.

La Sant?sima Trinidad no es un misterio de especulaci?n escol?stica...

La Santa Trinidad es la tierra prometida que anhela nuestro coraz?n, el hogar entra?able que todos buscamos, la ?nica y a?orada patria de la que un d?a salimos y a la que un d?a volveremos. Hechos a ?imagen y semejanza del Creador? (Gn 1, 27), la Santa Trinidad es nuestro origen m?s original y nuestro destino m?s aut?ntico.

Nuestros hermanos contemplativos lo saben muy bien y lo viven as?. Cierto que a ellos no los encontramos en los nuevos are?pagos del mundo, ni podemos escuchar sus voces en los actuales atrios de los gentiles. Pero est?n. Su aparente ausencia es su verdadera presencia, porque la oraci?n en lo oculto a la que se entregan d?a y noche es el alma de nuestro apostolado p?blico y el coraz?n de toda obra evangelizadora. Ellos escuchan en el silencio la misma

Palabra que otros anunciamos por los caminos, y lo que el Se?or les dice al o?do, nosotros lo gritamos por las azoteas (cf. Mt 10, 27).

Ellos adoran a la Santa Trinidad en la soledad de un culto permanente hecho en esp?ritu y verdad... y nosotros confesamos a la misma Trinidad con nuestra entrega sin reservas en la caridad misionera del apostolado que se nos ha confiado seg?n los diversos carismas.

Unos y otros formamos un solo cuerpo en Cristo Jes?s, Se?or nuestro.

?Somos Iglesia!, ese misterio de comuni?n que el Esp?ritu suscit? en la ma?ana de Pentecost?s, y que a todos nos ha alcanzado.

Hoy la Iglesia entera es convocada a una profunda acci?n de gracias al Se?or por la vocaci?n mon?stica, al tiempo que se nos pide rezar por estos hermanos y hermanas que tanto rezan por nosotros.

Y todos, tambi?n, somos invitados a ofrecer nuestra ayuda afectiva y efectiva para que tantos monasterios, que como preciosos oasis encontramos en el desierto de nuestro mundo, sean sostenidos y ayudados en una aut?ntica comuni?n de bienes, pues como miembros del ?nico Cuerpo resucitado y glorioso de Nuestro Se?or Jesucristo, nadie puede desentenderse de su hermano.

Que la Sant?sima Virgen Mar?a, primera consagrada al Padre, por el Hijo, en el Esp?ritu, mujer orante, maestra de contemplaci?n y madre de los ap?stoles, nos gu?e y acompa?e en este camino de luz al que la Iglesia nos convoca en esta hora de la Nueva Evangelizaci?n.

✠ Mons. Vicente Jim?nez Zamora
Obispo de Santander
Presidente de la Comisi?n Episcopal para la Vida Consagrada


Publicado por verdenaranja @ 10:23  | Hablan los obispos
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