Martes, 14 de junio de 2011

Lectio Divina para Jornada Pro Orantibus 2011 publicada en folleto de la Comisi?n Episcopal de Vida Consagrada de la CEE, recibido en la parroquia para su celebraci?n el 19 de Junio, solemnidad de la Sant?sima Trinidad.?

Cav?, ahond? y puso los cimientos sobre roca (Lc 6, 48 )?

Los disc?pulos de Ema?s volvieron a Jerusal?n y contaron lo que les ocurri? por el camino y en la cena con el peregrino desconocido. Al relatar los acontecimientos los revivieron y los hicieron conscientes, lo que algunos autores llaman la ?resurrecci?n de la memoria?. Este testimonio quiere ser un volver a Jerusal?n y contar mi experiencia de la lectio divina, la oraci?n mon?stica por excelencia.

La lectio divina es una lectura orante del texto sagrado. Consiste en dejarse abrir los ojos cada d?a para poder leer a Dios en la Escritura y descubrir su proyecto de vida para cada ser humano. Dios no abandona a su criatura en el sinsentido, en todas las situaciones humanas ay una presencia divina, pero necesitamos luz para ver este ?estar de Dios? en nuestra historia. Uno de los cauces por donde nos es dada esta luz es la escucha y acogida de la Escritura Santa.

Esta acogida nos arraiga en Cristo, en su Palabra, nos hace firmes y seguros en la fe, y la confianza en el amor de Dios a cada uno personalmente nos hace hombres plenos. Por eso la praxis de la lectio divina podemos definirla con estas palabras de san Lucas: Cav?, ahond? y puso los cimientos sobre roca (Lc 6,48), algo que se realiza sobre la realidad existencial que tenemos y de la que tenemos que ser conscientes.

Vivimos en un mundo saturado de informaci?n e im?genes pero incapaz de reflexionar, de asimilar contenidos s?lidamente y de escuchar el misterio del propio ser. Cada cual entreteje una vida sin ra?z, inestable, marcada por la prisa, el bullicio y el activismo. Esta deshumanizaci?n se nos filtra por las rendijas y se nos olvida que hemos sido creados para la familiaridad con Dios, para ser casa de Dios.

Nos urge mirar c?mo edifica cada uno. Es m?s, necesitamos aprender a construir seg?n la forma de Dios. San Lucas nos marca con tres? verbos el modo de edificar del disc?pulo, a saber: Cav?, ahond? y puso los cimientos sobre roca (Lc 6, 48). Profundizar en estas tres palabras y su contexto nos dar? la clave de lectura para desentra?ar esta forma de edificar seg?n Dios.

Este verso pertenece al Serm?n de la llanura (Lc 6, 12-49), a la llamada par?bola de las dos casas. Con este serm?n, Jes?s, camino de

Jerusal?n, va instruyendo a sus disc?pulos. Y siguiendo la pedagog?a hebrea les enfrenta a una pregunta clave: ?Por qu? me llam?is ?Se?or, Se?or? y no hac?is lo que digo? (Lc 6, 46).

As? les ense?a que en el discipulado lo prioritario es la escucha y acogida de su Palabra, despu?s aparecer?n las obras. Este primado de la Palabra y su escucha atraviesa toda la Escritura Santa, pero con luz propia brilla en el relato de las bodas de Can?, donde la madre de Jes?s dice: Lo que ?l os diga, hacedlo (Jn 2, 5), seg?n la estructura del texto original. Y es que ?el hacer? del disc?pulo nace del coraz?n, no de las manos. Se trata de actuar seg?n Dios (poieo), no de hacer muchas cosas.

El coraz?n que acoge la palabra del Maestro realiza las obras de Dios.

Pero a la pregunta de Jes?s los disc?pulos no contestaron nada. Entonces les dice una par?bola en la que aparecen dos casas: una construida sobre roca, que resiste las adversidades de la crecida del r?o, y otra edificada sobre arena, que no resiste lo adverso. Con este s?mil Jes?s traza los rasgos del disc?pulo s?lidamente edificado, frente al disc?pulo cuyo seguimiento est? construido sobre arena. El primero escucha al Maestro y act?a seg?n Dios, el segundo escucha pero no sigue el obrar de Dios.

El que actu? seg?n Dios y resisti? la adversidad realiz? los siguientes pasos: cav? (skapto), ahond? (bathyno) y puso los cimientos (themelioo) sobre roca. Cada uno de estos vocablos tiene su significado en la Escritura que enseguida vemos.

a. Cav? (skapto)

En su sentido profundo este verbo hace referencia no tanto al esfuerzo humano como a la acci?n de Dios. Este cavar evoca los ecos del? salmista que canta: T? no quieres sacrificios ni ofrendas, y en cambio, me abriste el o?do (Sal 40, 7). Literalmente el texto dice ?me cavaste el o?do?. Es Dios quien va formando el o?do del disc?pulo horad?ndolo lentamente con su Palabra, hasta llegar al coraz?n y hacer de ?l un edificio de Dios.

El hombre endurece su o?do cuando en su ajetreo se olvida de d?nde recibe la Vida, se olvida de que ha sido modelado por unas manos y una boca que dijo: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza (Gn 1, 26).

Cavar es, pues, dar espacio a la Palabra del Creador, de la que procede? el aliento de vida. Este es el verdadero trabajo del disc?pulo para construir firmemente. Pero sin escucha silenciosa, sin entrar en la profundidad del silencio es imposible desplegar esta relaci?n con Dios y su Palabra que dignifica y humaniza.

Entonces ?c?mo escuchar a Dios? Estoy convencida de que cada ser humano necesita empeque?ecer para entrar en el sosiego interior y escuchar. Todo en la creaci?n, incluso una piedra, escribe Basilio el Grande, lleva la marca de la Palabra de Dios, as? como las m?s diminutas criaturas. Pero el hombre ha renegado de su propia naturaleza, de esta marca de la Palabra, y queriendo ser grande ha dejado de escuchar a su Creador. Anda distra?do y disperso en mil quehaceres que no son obra de Dios. La lectio divina es un acercarse a la Palabra y escuchar atentamente, es cavar y dejarse horadar el o?do por Dios.?

b. Ahond? (bathyno)

El segundo verbo es ?nico en el tercer Evangelio y significa dar profundidad. En el Nuevo Testamento ?profundidad? (b?thos) hace referencia al ser de Dios y a la inescrutabilidad de los caminos y juicios de Dios para el entendimiento humano, en contraposici?n a todo lo que est? a la vista. El ap?stol Pablo para expresar esta profundidad de Dios dir?: ?Qu? insondables sus decisiones y qu? irrastreables sus caminos! (Rm 11, 33).

Por tanto, el ahondar del discipulado es la b?squeda del discernimiento, escrutar los caminos y juicios de Dios sobre la realidad para descubrir en ella el plan de Dios. Si cavar es dar apertura a la Palabra y escuchar con el coraz?n, ahondar es dar profundidad a una relaci?n estable con Dios a trav?s de los acontecimientos como historia y dise?o de Dios.?

c. Poner los cimientos sobre roca (themelioo).

Por ?ltimo, el tercer rasgo del verdadero disc?pulo es: poner los cimientos sobre roca, que en el lenguaje b?blico es cimentar la vida sobre Dios y su poder salvador. Israel entra?ablemente llam? a Dios ?roca m?a? (Sal 18, 3) no solo por la solidez, el poder y la fidelidad de Dios, sino porque de la roca brot? el agua que calm? la sed del pueblo en el desierto, porque en las hendiduras de la roca encontraba refugio y salvaci?n frente a sus enemigos, y porque de la miel y el aceite que brotaban de las rocas el pueblo se alimentaba (Cf. Dt 32, 13; Sal 81, 17).

En su sentido ?ltimo, poner los cimentos sobre roca es reconocer existencialmente que todo nace de Dios, que todo es don del Creador, es renunciar al enga?o de la prepotencia, al af?n de dominio y de querer hacernos a nosotros mismos; es renunciar a mirarnos en las obras de nuestras manos tan separadas del coraz?n, y maravillarnos de la obra de Dios en nosotros, que se realiza desde el coraz?n silenciosamente; es no movernos a ras de tierra, sobre arena, qued?ndonos en las preocupaciones y trivialidades diarias, sino cavar y ahondar en la vida y hacer de nuestra vida un movimiento hacia Dios. El que construy? sobre arena no cav? ni ahond?, por eso no ciment? sobre roca. Esto es lo que le separ? del verdadero seguimiento de Jes?s, de cimentar sobre roca.

Asimismo, Dios, la roca de Israel, se revel? en la plenitud de los tiempos en Cristo Jes?s. En ?l se cumple lo que el salmista anunciaba:

La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular, (Sal 118, 22). Por tanto, ?l es la roca sobre la que edificar nuestra vida y arraigar nuestro seguimiento, porque Cristo es la plenitud del hombre, no hay otro camino que nos conduzca a una vida plena. El Evangelio de san Lucas nos abre los ojos para hacernos ver que el fondo de lo que existe es una realidad al amparo del Padre, y por ello construir sobre roca es construir al amparo de Dios y su Palabra.

Si avanzamos en este itinerario b?blico vemos que el contexto inmediato nos muestra un paralelismo que ilumina nuestra par?bola de las dos casas. Junto a la imagen de la casa aparece relacionada la imagen del ?rbol. El ser humano es puesto en paralelo al ?rbol, y as? como cada ?rbol se conoce por el fruto (Lc 6, 44), del mismo modo de lo que rebosa el coraz?n habla la boca (Lc 6, 45). Si en el coraz?n del disc?pulo, desde donde se construye el seguimiento, hay bondad, en su boca hay bendici?n. Si en el coraz?n hay maldad, de su boca brota el fruto de la maledicencia. Edificar sobre la maledicencia es construir sobre arena, es ser ciego a la propia viga e intentar quitar la mota del ojo ajeno; es vivir en la hipocres?a.

Por tanto, dej?monos interpelar por la Palabra, hagamos espacio al Verbo, cada cual mire c?mo edifica, y construyamos firmemente nuestro seguimiento sobre la roca que es Cristo y su amor hasta el extremo, arraigados en ?l, no sea que en vano nos cansemos al construir.?

Pilar Avellaneda Ruiz, CCSB


Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Liturgia
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