Mi?rcoles, 29 de junio de 2011

ZENIT? publica la homil?a que pronunci? Benedicto XVI el domingo 5 de junio de 2011?al presidir la celebraci?n eucar?stica en la Jornada de las Familias Cat?licas Croatas, en el hip?dromo de Zagreb.

Queridos hermanos y hermanas

En esta Santa Misa que tengo el gozo de presidir, concelebrando con numerosos Hermanos en el Episcopado y con un gran n?mero de sacerdotes, doy gracias al Se?or por todas las queridas familias aqu? reunidas, y por tantas otras que se unen a nosotros por medio de la radio y la televisi?n. Gracias particularmente al Cardenal Josip Bozanić, Arzobispo de Zagreb, por sus c?lidas palabras al inicio de la Santa Misa. Saludo a todos y les expreso mi gran afecto, junto con un abrazo de paz.

Hemos celebrado hace poco la Ascensi?n del Se?or, y nos preparamos para recibir el gran don del Esp?ritu Santo. Hemos escuchado en la primera lectura c?mo la comunidad apost?lica estaba reunida en oraci?n en el Cen?culo, con Mar?a, la madre de Jes?s (cf. Hch 1,12-14). Esto es un retrato de la Iglesia, que hunde sus ra?ces en el acontecimiento pascual. En efecto, el Cen?culo es el lugar en el que Jes?s instituy? la Eucarist?a y el Sacerdocio, en la ?ltima Cena; y donde, resucitado de entre los muertos, derram? el Esp?ritu Santo sobre los Ap?stoles la tarde de Pascua (cf. Jn 20,19-23). El Se?or hab?a ordenado a sus disc?pulos ?que no se alejaran de Jerusal?n sino "aguardad que se cumpla la promesa del Padre"? (Hch 1,4); es decir, les hab?a pedido que permanecieran juntos para prepararse a recibir el don del Esp?ritu Santo. Y ellos se reunieron en oraci?n con Mar?a en el Cen?culo, en espera del acontecimiento prometido (cf. Hch 1,14). Permanecer juntos fue la condici?n puesta por Jes?s para recibir la llegada del Par?clito, y la oraci?n prolongada fue el presupuesto de su concordia. Encontramos aqu? una formidable lecci?n para toda comunidad cristiana. A veces se piensa que la eficacia misionera depende principalmente de una atenta programaci?n y de su sagaz puesta en pr?ctica mediante un compromiso concreto. Ciertamente, el Se?or pide nuestra colaboraci?n, pero antes de cualquier respuesta nuestra es necesaria su iniciativa: su Esp?ritu es el verdadero protagonista de la Iglesia, al que se ha de invocar y acoger.

En el Evangelio hemos escuchado la primera parte de la llamada ?oraci?n sacerdotal? de Jes?s (cf. Jn 17,1-11a) ? como conclusi?n de su discurso de despedida ? llena de confianza, dulzura y amor. Se llama ?oraci?n sacerdotal? porque en ella Jes?s se presenta en la actitud del sacerdote que intercede por los suyos, en el momento en que est? a punto de dejar este mundo. El pasaje est? presidido por el doble tema de la hora y de la gloria. Se trata de la hora de la muerte (cf. Jn 2,4; 7,30; 8,20), la hora en la que Cristo debe pasar de este mundo al Padre (13,1). Pero, al mismo tiempo, es tambi?n la hora de su glorificaci?n que se cumple por la cruz, y que el evangelista Juan llama ?exaltaci?n?, es decir, ensalzamiento, elevaci?n a la gloria: la hora de la muerte de Jes?s, la hora del amor supremo, es la hora de su gloria m?s alta. Tambi?n para la Iglesia, para cada cristiano, la gloria m?s alta es aquella Cruz, es vivir la caridad, don total a Dios y a los dem?s.

Queridos hermanos y hermanas: He acogido con mucho gusto la invitaci?n que me han hecho los Obispos de Croacia para visitar este Pa?s con ocasi?n del primer Encuentro Nacional de las Familias Cat?licas croatas. Deseo expresar mi gran aprecio por la atenci?n y el compromiso por la familia, no s?lo porque esta realidad humana fundamental debe afrontar hoy, en vuestro Pa?s como en otros lugares, dificultades y amenazas, y por tanto necesita ser evangelizada y apoyada de manera especial, sino tambi?n porque las familias cristianas son un medio decisivo para la educaci?n en la fe, para la edificaci?n de la Iglesia como comuni?n y para su presencia misionera en las m?s diversas situaciones de la vida. Conozco la generosidad y la entrega con la que vosotros, queridos Pastores, serv?s al Se?or y a la Iglesia. Vuestro trabajo cotidiano en favor de la formaci?n en la fe de las nuevas generaciones, as? como por la preparaci?n al matrimonio y por el acompa?amiento de las familias, es la v?a fundamental para regenerar siempre nuevamente la Iglesia, y tambi?n para vivificar el tejido social del Pa?s. Continuad con disponibilidad este precioso cometido pastoral.

Es bien sabido que la familia cristiana es un signo especial de la presencia y del amor de Cristo, y que est? llamada a dar una contribuci?n espec?fica e insustituible a la evangelizaci?n. El beato Juan Pablo II, que visit? este noble Pa?s por tres veces, dec?a que ?la familia cristiana est? llamada a tomar parte viva y responsable en la misi?n de la Iglesia de manera propia y original, es decir, poniendo a servicio de la Iglesia y de la sociedad su propio ser y obrar, en cuanto comunidad ?ntima de vida y de amor? (Familiaris consortio, 50). La familia cristiana ha sido siempre la primera v?a de transmisi?n de la fe, y tambi?n hoy tiene grandes posibilidades para la evangelizaci?n en m?ltiples ?mbitos.

Queridos padres, esforzaos siempre en ense?ar a rezar a vuestros hijos, y rezad con ellos; acercarlos a los Sacramentos, especialmente a la Eucarist?a, en este a?o en que celebr?is el sexto centenario del "milagro eucar?stico de Ludbreg"; introducirlos en la vida de la Iglesia; no teng?is miedo de leer la Sagrada Escritura en la intimidad dom?stica, iluminando la vida familiar con la luz de la fe y alabando a Dios como Padre. Sed como un peque?o cen?culo, como aquel de Mar?a y los disc?pulos, en el que se vive la unidad, la comuni?n, la oraci?n.

Hoy, gracias a Dios, muchas familias cristianas toman conciencia cada vez m?s de su vocaci?n misionera, y se comprometen seriamente a dar testimonio de Cristo, el Se?or. Como dijo el beato Juan Pablo II: ?Una aut?ntica familia, fundada en el matrimonio, es en s? misma una "buena nueva" para el mundo?. Y a?adi?: ?En nuestro tiempo son cada vez m?s las familias que colaboran activamente en la evangelizaci?n... En la Iglesia ha llegado la hora de la familia, que es tambi?n la hora de la familia misionera? (?ngelus, 21 octubre 2001). En la sociedad actual es m?s que nunca necesaria y urgente la presencia de familias cristianas ejemplares. Hemos de constatar desafortunadamente c?mo, especialmente en Europa, se difunde una secularizaci?n que lleva a la marginaci?n de Dios de la vida y a una creciente disgregaci?n de la familia. Se absolutiza una libertad sin compromiso por la verdad, y se cultiva como ideal el bienestar individual a trav?s del consumo de bienes materiales y experiencias ef?meras, descuidando la calidad de las relaciones con las personas y los valores humanos m?s profundos; se reduce el amor a una emoci?n sentimental y a la satisfacci?n de impulsos instintivos, sin esforzarse por construir v?nculos duraderos de pertenencia rec?proca y sin apertura a la vida. Estamos llamados a contrastar dicha mentalidad. Junto a la palabra de la Iglesia, es muy importante el testimonio y el compromiso de las familias cristianas, vuestro testimonio concreto, especialmente para afirmar la intangibilidad de la vida humana desde la concepci?n hasta su t?rmino natural, el valor ?nico e insustituible de la familia fundada en el matrimonio y la necesidad de medidas legislativas que apoyen a las familias en la tarea de engendrar y educar a los hijos. Queridas familias, ?sed valientes! No ced?is a esa mentalidad secularizada que propone la convivencia como preparatoria, o incluso sustitutiva del matrimonio. Ense?ad con vuestro testimonio de vida que es posible amar, como Cristo, sin reservas; que no hay que tener miedo a comprometerse con otra persona. Queridas familias, alegraos por la paternidad y la maternidad. La apertura a la vida es signo de apertura al futuro, de confianza en el porvenir, del mismo modo que el respeto de la moral natural libera a la persona en vez de desolarla. El bien de la familia es tambi?n el bien de la Iglesia. Quisiera reiterar lo que ya he dicho otra vez: ?La edificaci?n de cada familia cristiana se sit?a en el contexto de la familia m?s amplia, que es la Iglesia, la cual la sostiene y la lleva consigo... Y, de forma rec?proca, la Iglesia es edificada por las familias, "peque?as Iglesias dom?sticas"? (Discurso en la apertura de la Asamblea eclesial de la di?cesis de Roma, 6 junio 2005). Roguemos al Se?or para que las familias sean cada vez m?s peque?as Iglesias y las comunidades eclesiales sean cada vez m?s familia.

Queridas familias croatas: que viviendo la comuni?n de fe y caridad, se?is testigos de manera cada vez m?s transparente de la promesa que el Se?or llevado al cielo hace a cada uno de nosotros: ?? yo estoy con vosotros todos los d?as, hasta el final de los tiempos (Mt 28,20). Queridos cristianos croatas, sent?os llamados a evangelizar con toda vuestra vida; escuchad con mucha atenci?n la palabra del Se?or: ?Id y haced disc?pulos a todos los pueblos? (Mt 28,19). Que la Virgen Mar?a, Reina de los croatas, acompa?e siempre vuestro camino. Am?n. Alabados sean Jes?s y Mar?a.

[Traducci?n del original croata e italiano distribuida por la Santa Sede
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Habla el Papa
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