Jueves, 28 de julio de 2011

ZENIT? nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigi? a los participantes de la peregrinaci?n de la di?cesis de Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti (Italia), al recibirlos en audiencia en el Aula Pablo VI.

Excelencia,

?Queridos hermanos y hermanas!

Estoy realmente contento de acogeros a tantos de vosotros y tan llenos del entusiasmo de la fe. ?Gracias a vosotros! Agradezco al obispo, monse?or Mario Paciello, las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo a las autoridades civiles, a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los seminaristas y a cada uno de vosotros, extiendo mi pensamiento y afecto a vuestra comunidad diocesana, en particular a los que viven situaciones de sufrimiento y dificultad. Estoy agradecido al Se?or porque vuestra visita me ofrece la posibilidad de compartir un momento del camino sinodal de la Iglesia que est? en Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti. El S?nodo es un evento que hace vivir concretamente la experiencia de ser ?Pueblo de Dios? en camino, de ser Iglesia, comunidad peregrina en la historia hacia su cumplimiento escatol?gico en Dios. Esto significa reconocer que la Iglesia no posee en s? misma el principio vital, sino que depende de Cristo, del que es signo e instrumento eficaz. En la relaci?n con el Se?or Jes?s, esta encuentra su propia identidad m?s profunda: ser don de Dios para la humanidad, prolongando la presencia y la obra de salvaci?n del Hijo de Dios por medio del Esp?ritu Santo. En este horizonte comprendemos que la Iglesia es esencialmente un misterio de amor a servicio de la humanidad para su santificaci?n. El Concilio Vaticano II afirm? sobre este punto: ?Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexi?n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente? (Lumen Gentium, n.9). Vemos aqu? que realmente la Palabra de Dios ha creado un pueblo, una comunidad, ha creado una alegr?a com?n, un peregrinaje com?n hacia el Se?or. El ser Iglesia, por tanto, no viene de una fuerza organizativa nuestra, humana, sino que encuentra su origen y su verdadero significado en la comuni?n de amor del Padre, del Hijo y del Esp?ritu Santo: este amor eterno es la fuente de la que viene la Iglesia y la Trinidad Sant?sima es el modelo de unidad en la diversidad y genera y plasma la Iglesia como misterio de comuni?n.

Es necesario partir siempre y de un modo nuevo de esta verdad para comprender y vivir m?s intensamente el ser Iglesia, ?Pueblo de Dios?, ?Cuerpo de Cristo?, ?Comuni?n?. De otra manera se corre el riesgo de reducir el todo a una dimensi?n horizontal, que desnaturaliza la identidad de la Iglesia y el anuncio de la fe y har?a m?s pobre nuestra vida y la vida de la Iglesia. Es importante destacar que la Iglesia no es una organizaci?n social, filantr?pica, como hay muchas: esta es la Comunidad de Dios, es la Comunidad que cree, que ama, que adora al Se?or Jes?s y abre las ?velas? al soplo del Esp?ritu Santo, y por esto es una comunidad capaz de evangelizar y de humanizar. La relaci?n profunda con Cristo, vivida y alimentada por la Palabra de Dios y por la Eucarist?a, hace eficaz el anuncio, motiva el compromiso por la catequesis y anima el testimonio de la caridad. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo necesitan encontrarse con Dios, encontrarse con Cristo o redescubrir la belleza del Dios cercano, del Dios que en Jesucristo ha mostrado su rostro de Padre y que llama a reconocer el sentido y el valor de la existencia. Hacer entender que est? bien vivir como hombre. El actual momento hist?rico est? marcado, lo sabemos, por luces y sombras. Asistimos a comportamientos complejos: encerrarse en s? mismos, narcisismo, deseo de poseer y de consumir, sentimientos y afectos desligados de la responsabilidad . Muchas son las causas de esta desorientaci?n, que se manifiesta en un profundo malestar existencial, pero en el fondo de todo se puede entrever la negaci?n de la dimensi?n trascendente del hombre y de la relaci?n b?sica con Dios. Para esto es decisivo que las comunidades cristianas promuevan recorridos v?lidos y comprometidos con la fe.

Queridos amigos, hay que poner una particular atenci?n al modo de considerar la educaci?n a la vida cristiana para que toda persona pueda realizar un aut?ntico camino de fe, a trav?s de las diversas edades de la vida; un camino en el cual -como la Virgen Mar?a- la persona acoge profundamente la Palabra de Dios, convirti?ndose en testigo del Evangelio. El Concilio Vaticano II en la Declaraci?n Gravissimum educationis, afirma: ?busca, sobre todo, que los bautizados se hagan m?s conscientes cada d?a del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvaci?n ... adapt?ndose a vivir seg?n el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad? (n.2). En este compromiso educativo la familia es la primera responsable. Queridos padres, ?sois los primeros testigos de la fe!. No teng?is miedo de las dificultades en las que est?is llamados a realizar vuestra misi?n. ?No est?is solos!. La comunidad cristiana est? cerca de vosotros y os sostiene. La catequesis acompa?a a vuestros hijos en su crecimiento humano y espiritual, pero est? considerada como una formaci?n permanente, no limitada a la preparaci?n para recibir los Sacramentos; debemos, en toda nuestra vida, crecer en el conocimiento de Dios, en el conocimiento de qu? significa ser un hombre. Sabed sacar siempre fuerza y luz de la Liturgia: la participaci?n en la Celebraci?n eucar?stica en el D?a del Se?or es decisiva para la familia, para toda la comunidad, es la estructura de nuestro tiempo. Recordemos siempre que en los Sacramentos, sobre todo en la Eucarist?a, el Se?or Jes?s act?a para la transformaci?n de los hombres asimil?ndolos a S?. Es gracias a este encuentro con Cristo, a la comuni?n con ?l, la comunidad cristiana puede testificar la comuni?n, abri?ndose al servicio, acogiendo a los pobres y a los ?ltimos, reconociendo el rostro de Dios en el enfermo y el necesitado. Os invito, por tanto, partiendo del contacto con el Se?or en la oraci?n cotidiana y sobre todo en la Eucarist?a, a valorar de un modo adecuado las propuestas educativas y los caminos de voluntariado existentes en la di?cesis, para formar personas solidarias, abiertas y atentas a las situaciones de malestar espiritual y material. En definitiva, la acci?n pastoral debe procurar formar personas maduras en la fe, para vivir en contextos en los que A menudo Dios es ignorado; personas coherentes con la fe, para que se lleve a todos los ambientes la luz de Cristo; personas que viven con alegr?a la fe, para transmitir la belleza del ser cristianos.

Un pensamiento especial deseo, finalmente, dirigir a vosotros, queridos sacerdotes. Sed siempre conscientes del don recibido, para que pod?is servir con amor y dedicaci?n, al Pueblo de Dios encomendado a vuestros cuidados. Anunciad el Evangelio con valent?a y fidelidad, sed testigos de la misericordia de Dios y, guiados por el Esp?ritu Santo, sabed indicar la verdad, no temiendo el di?logo con la cultura y con los que est?n buscando a Dios.

Queridos hermanos y hermanas, confiamos el camino de vuestra comunidad diocesana a Mar?a Sant?sima, Madre del Se?or y Madre de la Iglesia, Madre nuestra. En ella contemplamos lo que la Iglesia est? llamada a ser. Con su ?s? ha dado al mundo a Jes?s y ahora participa plenamente de la gloria de Dios. Tambi?n nosotros estamos llamados a dar al Se?or Jes?s a la humanidad, no olvidando ser siempre sus disc?pulos. Os agradezco de nuevo vuestra bella visita y de todo coraz?n os agradezco vuestra fe y os acompa?o con la oraci?n, imparti?ndoos a todos vosotros y a toda la di?cesis la Bendici?n Apost?lica.

[Traducci?n del original italiano por Carmen ?lvarez
?Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Habla el Papa
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