Jueves, 28 de julio de 2011

Homil?a de monse?or H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de clausura del Congreso Regional de Catequistas (Mar del Plata, 3 de julio de 2011). (AICA)

ALABANZA, REVELACI?N, SABIDUR?A. INSPIRACI?N Y TAREAS DE LA CATEQUESIS??????????????

Al retomar la serie de domingos ordinarios ?que se llama ?tiempo ?durante el a?o?? la liturgia nos depara unas palabras del Se?or que han sido consideradas como la perla del Evangelio de San Mateo, y m?s a?n: vena y fuente del Evangelio y s?ntesis de todo el misterio de Cristo. Recibimos esas palabras con atenci?n creyente, con admiraci?n y amor; conviene volver con frecuencia a ellas para rumiarlas interiormente y fijarlas en la memoria del coraz?n.

El pasaje (Mt. 11, 25-30) comienza con una alabanza de Jes?s dirigida al Padre en la que expresa su intimidad con ?l. La exclamaci?n brota como una respuesta de satisfacci?n y alegr?a que surge de las profundidades del alma del Hijo hecho hombre ante la manifestaci?n de la sabidur?a de Dios. El texto paralelo de San Lucas anota que en aquel momento Jes?s se estremeci? de gozo movido por el Esp?ritu Santo (Lc. 10, 21). El motivo de esa alabanza, que es bendici?n y acci?n de gracias, es la decisi?n desconcertante del Padre de revelarse a los peque?os y ocultar, en cambio, a los sabios y prudentes los misterios del Reino. ?Qui?nes son los peque?os? El t?rmino griego que los designa en el texto significa literalmente ni?o de tierna edad, y en sentido figurado vale tanto como inmaduro, simple, inculto, ignorante. Jes?s se refiere a sus oyentes, a los que lo siguen y escuchan con atenci?n e inter?s: no son las ?lites religiosas de Israel sino las mujeres y los ni?os, los galileos, la gente del campo que no puede asistir a las escuelas de los escribas. M?s all? de las fronteras geogr?ficas e hist?ricas, los peque?os son los pobres en su sentido b?blico original, destinatarios de la primera bienaventuranza: los pobres de esp?ritu, sencillos y humildes de coraz?n. Son ellos, en cualquier ?poca los que reciben abiertamente el Evangelio, lo aceptan y comprenden. San Mateo, al recoger por escrito las palabras del Se?or estaba pensando en la comunidad cristiana, en la Iglesia, cuyos miembros tienen que hacerse peque?os para recibir la fe y permanecer en ella.

Te alabo, Padre,? por haber revelado estas cosas a los peque?os. ?De qu? cosas se trata? Del misterio mismo de Dios. Jes?s nos habla del conocimiento que ?l, como Hijo eterno, tiene del Padre, y del conocimiento que el Padre tiene de ?l. Ese saber especial, el misterio del Padre y del Hijo, se nos comunica en la revelaci?n de Jes?s: es ?l quien nos da a conocer al Padre. En otro momento Jes?s hablar? de la misi?n del Esp?ritu Santo, cuya funci?n es recordar a los disc?pulos la ense?anza de Jes?s e introducirlos en la verdad total. Estas cosas? son, entonces, el misterio de la Sant?sima Trinidad; as? lo entendi? la tradici?n eclesial. Comentando el Evangelio de hoy dec?a San Cirilo, obispo de Jerusal?n, que fue un gran catequista de la antig?edad: Tienes que creer en el Hijo unig?nito de Dios, nuestro Se?or Jesucristo, Dios engendrado de Dios, Vida engendrada de la Vida, Luz engendrada de la Luz. Es semejante en todo al progenitor. No recibi? el ser en el tiempo, sino que antes de toda la eternidad ha sido engendrado eternamente por el Padre de modo inefable. El es la sabidur?a de Dios y nada le falta de la gloria divina. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo. El misterio de la Sant?sima Trinidad es el centro y la cima de la revelaci?n y debe ser tambi?n el centro de la ense?anza cristiana y de la educaci?n en la fe. En la actualidad encontramos en muchas personas que se consideran cat?licas, por una parte una fe gen?rica en Dios ?una especie de de?smo? y por otra una devoci?n meramente humana a Jes?s, como si no fuera Dios y hombre verdadero. En este mundo que hace alarde de sus conquistas cient?ficas, muchos sabihondos exhiben desprecio por los cristianos y por sus dogmas; en ese contexto cultural corresponde recuperar para los peque?os, para la gente sencilla, el conocimiento luminoso de la Trinidad. Un conocimiento cercano, vital, no meramente te?rico, ya que por la gracia santificante somos templos del Dios Uno y Trino y estamos llamados al gozo de su intimidad.

Despu?s de la alabanza al Padre y del dicho sobre la revelaci?n, Jes?s nos dirige una invitaci?n de corte sapiencial en la que se manifiesta la bondad de su coraz?n. En el Antiguo Testamento, la sabidur?a personificada exhortaba a los hombres a dejarse instruir por ella para alcanzar alegr?a, prosperidad, plenitud de vida; Jes?s es la Sabidur?a de Dios, que invita a los afligidos y agobiados ?podemos pensar que son los peque?os, de los que ha hablado antes? a acercarse a ?l, a tomarlo por maestro y a asumir las exigencias del Evangelio para recibir la salvaci?n. En el pensamiento jud?o se mencionaba el yugo de la sabidur?a, el yugo de la ley, el yugo de Dios. El yugo de Cristo es la cruz, que ?l nos exhorta a llevar obediencia y humildad; es la ley evang?lica, el estilo cristiano de vida, que no resulta una carga pesada porque viene acompa?ada de la gracia del Esp?ritu Santo que nos identifica con la voluntad de Dios y nos impulsa a vivir en su amor. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana, dice el Se?or. San Juan Cris?stomo explicaba admirablemente este pasaje: No se espanten al o?r hablar de yugo, parece decirnos el Se?or, porque es suave; no tengan miedo de que les hable de carga, pues es ligera. ?Y c?mo se cumplen sus palabras? Siendo humildes, mansos y modestos. Esta virtud de la humildad es, en efecto, madre de toda filosof?a. Por eso, cuando el Se?or promulg? aquellas sus divinas leyes al comienzo de su misi?n, comenz? por la humildad. Y lo mismo hace aqu? ahora, a par que se?ala para ella el m?s alto premio: ?Encontrar?n alivio?? Ya antes de la vida venidera te da el Se?or el galard?n, ya que aqu? te ofrece la corona del combate, y de este modo, a la vez que ?l mismo se te pone por dechado, te hace m?s f?cil de aceptar su doctrina.

?Verdaderamente, podemos pensar que el Evangelio de hoy nos presenta una s?ntesis del mensaje de Jes?s! Por lo tanto, encontramos tambi?n en ?l un dise?o de lo que ha de ser la vida del cristiano, el perfil del disc?pulo y el esp?ritu que debe inspirar y animar el ministerio eclesial de transmisi?n de la fe.

Ahora me dirijo de modo particular y afectuosamente a los queridos catequistas de la Regi?n: recibamos esta ense?anza del Se?or como un don providencial que nos recuerda lo esencial de nuestra tarea. La catequesis ?como sabemos? ocupa un lugar espec?fico en el proceso de evangelizaci?n. ?ste comienza por la acci?n misionera, que hace presente el primer anuncio del mensaje cristiano a los no creyentes. La acci?n catequ?tica, de suyo, tiene por finalidad preparar para la iniciaci?n cristiana a los que aceptaron la fe; se prolonga como educaci?n de los fieles en la comunidad eclesial, y en esta funci?n, como itinerario catequ?stico permanente, se articula con otras acciones pastorales destinadas a acompa?ar a los cristianos hacia la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo (Ef. 4, 13). Con mucha frecuencia, la catequesis asume una dimensi?n kerigm?tica y misionera; equivale, de hecho, a un primer anuncio, es para muchos el comienzo de la evangelizaci?n, en una sociedad descristianizada en la que los bautizados no han recibido en su primera infancia y aun en edad m?s avanzada una cuidadosa educaci?n en la fe. Esta situaci?n y otras caracter?sticas de la sociedad contempor?nea en los campos cultural, educativo, social y propiamente religioso nos plantean la necesidad de esbozar una estrategia catequ?stica que facilite una visi?n de conjunto de los problemas pastorales y la complementariedad de todos los esfuerzos. Me permito mencionar algunos objetivos deseables.

Ante todo, habr?a que procurar una mayor organicidad de las funciones catequ?sticas y establecer vinculaciones: entre catequesis de ni?os y de adultos, catequesis parroquial-misionera y catequesis familiar, preparaci?n al matrimonio y pastoral familiar; catequesis prebautismal, seguimiento postbautismal de los ni?os y sus familias y catequesis de iniciaci?n cristiana (que en el sentir popular sirve para cumplir con la primera comuni?n). En el ?mbito escolar es preciso asumir la distinci?n entre ense?anza religiosa escolar y catequesis, a tenor de lo que prescribe el Directorio General en los n?meros 73 a 76, as? como tambi?n mejorar y profundizar la relaci?n entre colegio y parroquia, especialmente en el caso de los colegios congregacionales o de los privados que ofrecen alg?n servicio catequ?stico. La importancia que felizmente otorgamos a la iniciaci?n cristiana, al catecumenado como prototipo de toda catequesis, implica revisar el orden de los tres sacramentos y el lugar de la confirmaci?n, que es un sacramento de iniciaci?n y no debe ser ofrecido a edad tard?a como si fuera reservado a quienes se deciden a ser militantes una vez superada la crisis de la adolescencia. El Catecismo de la Iglesia Cat?lica, con sus cuatro partes, ofrece la estructura de una catequesis integral que desarrolla todas las dimensiones de la existencia cristiana: el conocimiento de la fe seg?n la tradici?n y el magisterio de la Iglesia, la experiencia lit?rgica y sacramental, la vida cristiana seg?n el Dec?logo y el Serm?n de la Monta?a y la oraci?n como participaci?n de la intimidad de Jes?s con el Padre bajo el influjo del Esp?ritu Santo.

Queda un buen trecho a recorrer todav?a para superar un inter?s predominante, desmedido, por los aspectos metodol?gicos, instrumentales y accidentales y para devolver la importancia que corresponde al aspecto nocional del conocimiento de fe y al ejercicio de la memoria; que los catequizandos ?especialmente los ni?os? aprendan, comprendan y retengan para toda la vida la doctrina cat?lica. Para alcanzar este objetivo hacen falta buenos textos, con contenidos claros y concisos inspirados en el Catecismo y en su Compendio. En los ?ltimos siglos la Iglesia procur? sol?citamente componer catecismos como recursos imprescindibles para una buena catequesis, y el mismo Lutero advirti? en su tiempo que era ?sta una necesidad fundamental.

Otra meta importante es la integraci?n del ?rea catequ?stica en el conjunto de la acci?n pastoral. La comunidad toda debe participar de alg?n modo en la funci?n catequ?stica de la parroquia: con su inter?s y simpat?a, con su oraci?n, con su colaboraci?n en tareas auxiliares -por ejemplo para ayudar a los catequistas en la relaci?n con las familias de los catequizandos. La educaci?n de los bautizados en la fe y la preparaci?n de nuevas generaciones de cat?licos es incumbencia de todos, y no s?lo empe?o profesional de unos pocos. La vida de la comunidad tiene, adem?s un valor testimonial que es decisivo para la incorporaci?n a ella de los ni?os que cada a?o completan su iniciaci?n cristiana.

La decadencia cultural que padece la Argentina actual, la ideolog?a anticristiana que inspira los contenidos curriculares oficiales del sistema educativo, m?s el influjo en general negativo y muchas veces perverso de los medios de comunicaci?n son factores activos de deseducaci?n que producen una especie de lavado de cerebro, una erosi?n de las convicciones elementales acerca del hombre, su naturaleza personal y social y su destino trascendente. A los argentinos de hoy, especialmente a los ni?os, a los pobres ?los peque?os que dice el Evangelio? inermes ante los errores y la corrupci?n del mundo, les debemos la verdad de la revelaci?n cristiana, el ideal de una vida configurada seg?n el mensaje evang?lico, el acceso a la gracia de la intimidad con el Dios Trino, que es el don admirable que nos trajo Jes?s. No debemos cansarnos de transmitir la verdad, sin concesiones al relativismo del ambiente, sin temor a la descalificaci?n con la que intenten neutralizarnos los que se afanan por arrebatar a nuestro pueblo los restos de cultura cristiana, sin descorazonarnos ante la aparente infructuosidad de nuestros esfuerzos.

Vengan a m?, nos dice hoy el Se?or. Intentemos libre y gustosamente incluirnos en el n?mero de los peque?os, para que ?l nos transmita la revelaci?n del Padre y nos introduzca en su intimidad. Que el Esp?ritu Santo nos inspire el estupor ante el misterio del Dios Trino de modo que la oraci?n de Jes?s: Te alabo, Padre, Se?or del cielo y de la tierra? sea siempre la alabanza que brote de nuestros labios, de nuestro coraz?n, de toda nuestra vida.?

Mons. H?ctor Aguer, arzobispo de La Plata?


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Homil?as
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