Viernes, 29 de julio de 2011

Homil?a de monse?or Jos? Mar?a Arancibia, arzobispo de Mendoza, en la celebraci?n de acci?n de gracias por el D?a de la Independencia (9 de julio de 2011). (AICA)

CELEBRACI?N DE ACCI?N DE GRACIAS

1. Somos ciudadanos. Queremos a la Patria. Somos gente de fe.

Un escrito muy antiguo, fechado en el siglo II, atestigua que desde entonces los cristianos quisieron ser ciudadanos responsables:

Los cristianos residen en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados. Cumplen todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas sus cargas como extranjeros... Obedecen a las leyes establecidas, y su manera de vivir est? por encima de las leyes... Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les est? permitido desertar. (Carta a Diogneto) ?

Al rezar hoy, dando gracias por una Patria libre y soberana, es bueno recoger esta herencia y tomarla como est?mulo para el tiempo presente. Creer en Dios, absoluto y trascendente, no nos aleja del compromiso ciudadano. Al contrario, nos da todav?a mayores luces y fuerzas, para servir a la Patria desde la verdad y la libertad del coraz?n. Es verdad que, s?lo en el cielo, tendremos una Patria definitiva. Sin embargo, como a?n peregrinos de este mundo, queremos vivir a conciencia el compromiso ciudadano.

Un segundo ejemplo confirma esta convicci?n. El querido Papa Juan Pablo II, declarado beato en mayo de este a?o, dej? ense?anzas muy sabias y hermosas sobre la Naci?n y sobre la Patria. Karol Wojtyla am? intensamente a su pa?s y su cultura; sufri? al verla bajo dominio extranjero; sin las libertades de un pueblo soberano; avasallado en su cultura y sus tradiciones. ?l escribi? en su juventud esta poes?a:

Cuando yo pienso, cuando digo:?Patria,
me estoy expresando a mi mismo, y me enra?zo;
y el coraz?n me dice que ella es la frontera oculta
que va de m? hacia los otros hombres,
para abrazarlos a todos en un pasado
m?s antiguo que cada uno de nosotros?
Y de ese pasado ? cuando yo pienso:?Patria??
emerjo para guardarla en m? como un tesoro,
y sin cesar me acucia el ansia
de c?mo engrandecerla,
de c?mo ensanchar el espacio
que mi patria habita.

Expresa sentimientos muy nobles hacia su Patria. En ella ha echado sus propias ra?ces. Con cari?o abraza a todos sus compatriotas, del pasado y del presente; a trav?s de una larga historia. Al honrar el pasado, se siente estimulado a querer a su Patria, como un tesoro para ?l. Sabe que est? llamado a servirla, para engrandecerla, cada vez m?s.

Me permito a?adir un tercer testimonio, m?s cercano a nuestro tiempo. Al comienzo de los ochenta, la Patria se encaminaba a retomar la vida democr?tica. Los pastores argentinos invitaron entonces a una reflexi?n sobre su historia e identidad (CEA, Iglesia y Comunidad Nacional 1981, nn. 7.8.9):

??Am?rica, integrada pol?ticamente a Espa?a, no fue una mera repetici?n cultural, ni de Espa?a ni de las culturas precolombinas. Naci? y se form? un nuevo pueblo. Y as?, en la conciencia de esta nueva y propia identidad, en la conciencia com?n y solidaria de una propia dignidad que se expresa en el esp?ritu de libertad, se prepar?, ya desde entonces, el principio de la futura independencia.? ... ?A partir de estos inicios de la Am?rica hispana, en cuyo seno germin? nuestra Naci?n, se nos plantean grandes interrogantes e inquietantes alternativas: ?Perseveraremos en partir de la base de un humanismo impregnado de esp?ritu cristiano? Y, ?c?mo mantener un esp?ritu cristiano abierto, acogedor y pluralista?? ... ?El esp?ritu cristiano, si bien ha otorgado una ?ntima? conciencia de la dignidad humana, de la igualdad de los hombres y de los pueblos entre s?, no ha llegado a expresarse plenamente en las instituciones y en las actitudes de la vida.?

Como vemos, en aquella propuesta hab?a mucho por reconocer y agradecer; como tambi?n fuertes interrogantes, a la luz de ideales muy altos pero no siempre logrados.?

2. Demos gracias por la vida. Roguemos poder respetarla siempre.

Al repasar con fe cristiana la historia de la Argentina, encontramos muchos motivos para dar gracias. Entre todos ellos, se destaca el regalo de la vida misma. Este es el don primero recibido de Dios. S?lo contando con ?l puede el hombre so?ar y proyectar; trabajar y progresar. S?lo desde su existencia humana, misteriosa y precaria a la vez, camina cada uno hacia ideales que lo animan y atraen. S?lo porque EXISTE, aunque no pueda tener todas las repuestas, es capaz de obrar y de amar; de buscar su propio bien, y el de su gente querida.

Se puede tener por sabio -ense?? el beato Juan Pablo II: quien ?considera la vida como un don espl?ndido de Dios, una realidad ?sagrada?, confiada a su responsabilidad y, por tanto, a su custodia amorosa, a su ?veneraci?n?? (Evangelium Vitae 22,1). La vida humana nunca llega a ser simplemente? ?una cosa?,? que el hombre reivindica como su propiedad exclusiva, totalmente dominable y manipulable. Y si la vida humana en la tierra tiene un valor tan grande, cuanto m?s valiosa se torna desde la fe, al reconocer que cada persona est? llamada a una plenitud de vida que va m?s all? de la dimensi?n terrena, porque se le ofrece participar en la misma vida de Dios. ?Jes?s dice: ?Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia?? (Jn 10, 10). Se refiere a aquella vida ?nueva? y ?eterna?, que consiste en la comuni?n con el Padre, a la que todo hombre est? llamado gratuitamente en el Hijo por obra del Esp?ritu Santificador. Pero es precisamente en esa ?vida? donde? encuentran pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida del hombre? (EV 1,3).

De cada coraz?n ha de brotar un himno de acci?n de gracias, porque cuanto hayamos intentado y logrado, tiene como fundamento este don maravilloso, nunca suficientemente reconocido. Don y tarea, confiada a nuestra responsabilidad. Don amenazado, adem?s, por tantas formas de inseguridad y violencia, de abandono y de muerte, de abusos que arruinan la sana y bella existencia humana.

Los ideales del bicentenario de la Patria, sostenidos todav?a por la Iglesia, incluyen la preocupaci?n por la vida y la familia: ?Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. Todo lo dicho ser? siempre provisorio y fr?gil, sin una educaci?n y una legislaci?n que transmitan una profunda convicci?n moral sobre el valor de cada vida humana. Nos referimos a la vida de cada persona en todas sus etapas, desde la concepci?n hasta la muerte natural. Especialmente pensamos en la vida de los excluidos e indefensos. Tambi?n en la vida de las familias, lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios m?s s?lidos y se aprende a amar y a ser amado. All? se ilumina la vida afectiva privada y promueve el compromiso adulto con la vida p?blica y el bien com?n?. (CEA, Hacia un Bicentenario en justicia? solidaridad, 32) .??

3. Imploremos el don de la libertad, fundada en la verdad, y orientada al amor

Mendoza canta con orgullo afirmando que esta ?acun? la libertad?. Proeza de gente valiente, que sirvi? a su patria y a naciones hermanas. Sin embargo, la libertad es un don maravilloso confiado a nuestra responsabilidad.

Propia del humano existir humano, la libertad requiere ser cultivada como la misma vida. Se orienta y ejercita, ante todo, desde la verdad, siempre mejor conocida y amada. Supone conocer la identidad del ser humano; su dignidad singular; sus derechos y obligaciones esenciales. No ha sido entregada para destruir, sino para edificar. No est? dada para cualquier fin, sino para grandes ideales. Necesita por tanto formaci?n? adecuada y? dominio de s?. ?La primera libertad -dice san Agust?n (s. V)- consiste en estar exentos de cr?menes... como ser?an el homicidio, el adulterio, la fornicaci?n, el robo, el fraude, el sacrilegio y pecados como ?stos. Cuando uno comienza a no ser culpable de estos cr?menes (y ning?n cristiano debe cometerlos), comienza a alzar los ojos a la libertad, pero esto no es m?s que el inicio de la libertad, no la libertad perfecta...? (Veritatis Splendor 15,1).

Repasando de nuevo el ideal del Bicentenario, ?sta es la propuesta de los pastores:

?Acerc?ndonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como Naci?n si reafirmamos nuestra identidad com?n. En esta b?squeda del bienestar de todos, necesitamos dar pasos importantes para el desarrollo integral. Pero cuando priman intereses particulares sobre el bien com?n, o cuando el af?n de dominio se impone por encima del di?logo y la justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus diversas manifestaciones.? (HBJS 11).

Oremos entonces, para alcanzar una aut?ntica libertad, que fundada en la verdad, se comprometa cada vez m?s con la justicia y la solidaridad.??

Mons. Jos? Mar?a Arancibia, arzobispo de Mendoza


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Hablan los obispos
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