Reflexión a las lecturas del domingo dieciocho del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".
ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 18º del T. Ordinario A
Queridos amigos y amigas:
También a Jesucristo le gustan las vacaciones. Por eso se va en barca con los discípulos “a un sitio tranquilo y apartado”. S. Marcos es más explícito y dice: “a descansar un poco” (Mc. 6,30-34).
No sé si todos los cristianos que pueden tener un tiempo de descanso, se irán de vacaciones con el Señor… O, por el contrario, se irán de “vacaciones espirituales”, es decir, que quieren “descansar” también de su relación con Dios… Incluso, de la Misa del Domingo.
Pero aquella pobre gente no entiende de vacaciones; habían ido siguiendo a Jesús porque sienten profundamente “la necesidad de Dios”. Y ahora “lo reciben…” y “le estropean” las vacaciones.
Pero para Jesucristo y, por tanto, para los cristianos, las vacaciones no son un valor absoluto. Algunos dicen: “Estoy de vacaciones y que nadie me moleste…” “No estoy para nadie…”
Ese no es el sentido de las vacaciones para un cristiano. Pueden surgir necesidades graves y urgentes que hagan que tengamos que compartir el descanso con otras cosas…. Y es difícil que haya unas vacaciones sin ningún “contratiempo”. Además no podemos olvidar en vacaciones la necesidad de compartir las tareas de la casa, para que puedan descansar todos porque, a veces…,
Pero en el Evangelio de este domingo se subraya la primera multiplicación de los panes y los peces para “unos cinco mil hombres sin contar mujeres y niños”.
La multiplicación de los panes y los peces dejó una profunda huella en la primera generación cristiana que iba recogiendo y guardando lo que se llama “los hechos y dichos del Señor”, que dieron origen a los evangelios. Todos los evangelistas narran este acontecimiento. Y S. Juan, a partir de él, nos presenta “el Discurso del Pan de Vida”.
Siempre se ha considerado este hecho como anuncio y prefiguración de la Eucaristía… S. Mateo nos lo narra siguiendo el esquema de la última Cena: “Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; y los discípulos lo dieron a la gente”.
Ya es tarde… Y los discípulos le dicen a Jesús: “Despide a la multitud para que se vayan a las aldeas y se compren de comer”.
La respuesta de Jesús no puede ser más sorprendente: “Dadles vosotros de comer…” “¿Nosotros? ¿De dónde? ¿Si no tenemos más que cinco panes y dos peces?”
Jesús les dice: “Traédmelos”
¡Cuánto aprendemos aquí!
El Señor nos enseña que los cristianos tenemos que resolver las necesidades y dificultades de los hermanos…
Dice el Señor que el que el crea en Él hará las mismas obras que Él ha hecho, y aún mayores…” (Jn 14,12). No hace Dios milagros sin necesidad…
A nosotros nos gustaría resolver los problemas del mundo “a base de milagros”. Pero no es así. Lo primero es compartir los panes y peces que tengamos. No importa el número… Sólo así podrá tener lugar “el milagro”.
Por eso los primeros cristianos afrontaban también las necesidades materiales de los hermanos, la situación de las viudas y los huérfanos, por ejemplo.
Y en la comunidad cristiana de Jerusalén “ninguno pasaba necesidad” (Hch 4,34).
Mis queridos amigos y amigas: ¡Lo nuestro es compartir! El que no ha comprendido esto, no ha llegado todavía a la inteligencia del Evangelio y de la Tradición viva de la Iglesia…
Los discípulos saben muy bien que “sin alimento se desfallece por el camino”. Muy pronto entenderán también la necesidad del otro alimento: el del Pan del Cielo que el Padre nos da: el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo.
Y es que ser cristiano no consiste sólo en creer determinadas verdades o en hacer determinadas prácticas… Ser cristiano de verdad es tener la vida de Dios en nosotros. En efecto, el día de nuestro Bautismo el Señor infundió en nuestro interior una participación creada del “ser de Dios”, de la vida de Dios, de la naturaleza divina… Y también aquí se hace imposible la vida sin el alimento, sin el Pan del Cielo que nos da el Señor en la celebración de la santa Misa, es decir, de la santa Mesa…
Por eso el Señor nos invita y nos urge la Eucaristía de cada domingo como algo fundamental, que no se puede dejar por cualquier cosa. Incluso la Misa de cada día… Depende de la necesidad de Dios que sienta cada cual. Decía el Beato Juan Pablo II que celebrar la Eucaristía cada día había sido siempre para él “una necesidad existencial”.
Y, como decía, en estas cosas no hay vacaciones. ¿Es que en el verano dejamos de comer o de respirar…?
En la primera Lectura de hoy escuchamos: “Oid, sedientos todos, acudid por agua; también los que no tenéis dinero. Venid comprad trigo; comed sin pagar vino y leche de balde…”
Y este domingo experimentamos una vez más, como cada día, la generosidad de Dios con nosotros en el orden material y espiritual al mismo tiempo. Y por eso le aclamamos en el salmo responsorial: “Abres tú la mano, Señor, y nos sacias de favores…”
Junto con estas reflexiones, les hago llegar el deseo de unas buenas vacaciones a quien pueda tenerlas, y un feliz Día del Señor.
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en el programa radial «Compartiendo el Evangelio», domingo 10 de julio de 2011 . (AICA)
QUE LA PALABRA DE DIOS ENTRE EN NUESTRA VIDA
Evangelio según San Mateo 13, 1-23 (ciclo A)
Aquel día, Jesús salió de la casa y se sentó a orillas del mar. Una gran multitud se reunió junto a él, de manera que debió subir a una barca y sentarse en ella, mientras la multitud permanecía en la costa. Entonces él les habló extensamente por medio de parábolas. Les decía:
"El sembrador salió a sembrar. Al esparcir las semillas, algunas cayeron al borde del camino y los pájaros las comieron. Otras cayeron en terreno pedregoso, donde no había mucha tierra, y brotaron en seguida, porque la tierra era poco profunda; Pero cuando salió el sol, se quemaron y, por falta de raíz, se secaron. Otras cayeron entre espinas, y estas, al crecer, las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto: unas cien, otras sesenta, otras treinta. ¡El que tenga oídos, que oiga!".
Los discípulos se acercaron y le dijeron: "¿Por qué les hablas por medio de parábolas?". El les respondió:
"A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure.’Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Escuchen, entonces, lo que significa la parábola del sembrador: cuando alguien oye la Palabra del Reino y no la comprende, viene el Maligno y arrebata lo que había sido sembrado en su corazón: este es el que recibió la semilla al borde del camino.
El que la recibe en terreno pedregoso es el hombre que, al escuchar la Palabra, la acepta en seguida con alegría, pero no la deja echar raíces, porque es inconstante: en cuanto sobreviene una tribulación o una persecución a causa de la Palabra, inmediatamente sucumbe.
El que recibe la semilla entre espinas es el hombre que escucha la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas la ahogan, y no puede dar fruto.
Y el que la recibe en tierra fértil es el hombre que escucha la Palabra y la comprende. Este produce fruto, ya sea cien, ya sesenta, ya treinta por uno".
Estamos ante el tema de la Palabra, la semilla que Dios nos siembra, nos pone a todos, y que tiene distintas respuestas. Y esas respuestas no se refieren a las condiciones climáticas, o de la tierra, sino fundamentalmente a una disposición del corazón y de la voluntad.
Esto es claro para todos nosotros ya que, muchas veces, escuchamos la Palabra pero no tenemos constancia; la oímos pero no la escuchamos o no la aplicamos en nuestra vida. Otras veces nos da alegría pero después viene alguna tentación, algún problema, alguna tribulación, y en seguida “nos venimos abajo.”
Sin embargo, aquí tenemos algo como para reaccionar: la Palabra de Dios hay que leerla, escucharla, interesarse por ella, desarrollarla y cultivarla. El desarrollo y el cultivo es nuestra respuesta. La iniciativa es de Dios que nos da su Palabra y nuestra respuesta debe ser madura, constante, consistente y, a la vez, verdadera, equilibrada.
Pidamos al Señor, con esta fuerza que nos da a través de su Palabra, que esa Palabra entre en nuestra vida; que germine y produzca frutos en nuestro corazón; y que estos frutos podamos testimoniarlo a los demás.
¡No seamos superficiales! ¡Seamos profundos! ¡No seamos inconstantes! ¡Tengamos perseverancia! ¡Tengamos seriedad ante las cosas de Dios y frente a la Palabra! A veces gastamos una vida atendiendo otras cosas y desperdiciamos, o no apreciamos, las cosas de Dios a través de su Palabra
Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
El sentido de la consagración de los jóvenes al Corazón de Jesús
En la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 13 de julio de 2011 (ZENIT.org).- Benedicto XVI consagrará a todos los jóvenes al Sagrado Corazón de Jesús durante la vigilia del sábado 20 de agosto por la noche en el aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid durante la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
Publicamos la catequesis que la organización de la Jornada Mundial de la Juventud (http://www.madrid11.com) ha preparado con este motivo.
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CATEQUESIS PREPARATORIA
PARA LA CONSAGRACIÓN DE LOS JÓVENES DEL MUNDO
AL CORAZÓN DE JESÚS EN LA JMJ 2011 DE MADRID
El fin de esta catequesis es ayudar a los jóvenes a preparar la Consagración de la Juventud del Mundo al Sagrado Corazón de Jesús que realizará el Santo Padre Benedicto XVI en la próxima Jornada Mundial de la Juventud.
Consta de tres partes. La primera: Nos acercamos al Mensaje del Papa para la JMJ desde la perspectiva del Corazón de Jesús. La segunda: Hacemos un breve recorrido sobre la historia de la devoción al Corazón de Jesús. Y por último explicamos el sentido de la Consagración de la Juventud del Mundo al Corazón de Jesús.
I.- “Del corazón del hombre al Corazón de Dios”
1.- Si nos adentramos en las profundidades de nuestro corazón, todos encontramos el mismo deseo: queremos ser felices.Pero, ¿dónde y cómo puedo encontrar la felicidad?, nos preguntamos. La experiencia nos dice que la felicidad del hombre sólo se encuentra en la medida en la que su ansia de infinito es saciada. Dice el Papa en su mensaje: “El hombre está creado para lo que es grande, para el infinito”(Benedicto XVI, Mensaje para la JMJ 2011 Madrid)
Debemos dar un paso más. Ese deseo de infinito para el hombre se identifica con el deseo de ser amado por un Amor que no tiene límites. La respuesta a este interrogante nos la da la misma revelación de Dios: “Dios es Amor”. Dios se nos ha manifestado precisamente como el Amor infinito, eterno, personal y misericordioso que responde de un modo pleno a las ansias de felicidad que hay en el corazón de todo hombre. Por esta razón nos dice el Papa: “Dios es la fuente de la vida, eliminarlo equivale a separarse de esta fuente, e inevitablemente, privarse de la plenitud y la alegría: «sin el Creador la criatura se diluye»(Con. Ecum. Vaticano II, Const. Gaudium et Spes, 36)” (Mensaje JMJ). Esto podemos verlo en las múltiples experiencias e intentos que han habido y hay en nuestra sociedad de construir un “paraíso en la tierra” al margen de Dios.
2.- El problema del corazón del hombre se resuelve sólo definitivamente en el encuentro con el Corazón de Dios.Al respecto, dice S. Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. La inquietud de la que habla el santo de Hipona se refiere a la dificultad para “alcanzar” el Amor como consecuencia de nuestra condición de criaturas; somos finitos y, más aún, somos pecadores. Una y otra vez tropezamos con la piedra de nuestro egoísmo, del desorden de nuestras pasiones que nos impiden alcanzar ese Amor. El corazón del hombre “necesitaba”de un Corazón que estuviera a su “nivel” y que por otro lado fuera omnipotente para sacarlo de su finitud y de su pecado. En Jesucristo Dios ha salido al encuentro del hombre y nos ha amado “con corazón humano”. En el encuentro del corazón del hombre con el Corazón de Jesús se ha realizado el misterio de la Redención: "Desde el horizonte infinito de su amor, de hecho, Dios ha querido entrar en los límites de la historia y de la condición humana, ha tomado un cuerpo y un corazón, para que podamos contemplar y encontrar el infinito en el finito, el Misterio invisible e inefable en el Corazón humano de Jesús, el Nazareno" (Benedicto XVI, Ángelus 1 de Junio de 2008).
3.- La revelación definitiva de ese Amor se nos ha dado en la Cruz. El amor que Dios nos tiene ha llegado al “limite” en la entrega de su vida. El Corazón abierto de Jesús en la Cruz como consecuencia de la lanzada del soldado es la mayor expresión de cuánto y cómo nos ama Dios. Dice el Papa en su mensaje: “Del Corazón de Jesús abierto en la cruz ha brotado la vida divina”(Mensaje JMJ). Así, en la Cruz, Jesús transforma nuestro “corazón de piedra” herido por el pecado, en un “corazón de carne”, como el suyo: nos da su amor y a su vez nos hace capaces de amar con su mismo amor.
4.- Del Corazón de Jesús, vivo y resucitado, brota la fuente en la que el hombre debe beber para saciar su sed infinita de amar y ser amado. Es, por tanto, en este encuentro personal«de corazón a Corazón» donde el hombre vive “arraigado y edificado en Cristo, firme en la fe” (Col. 2, 7). La santidad consiste en entrar de lleno en esta corriente de amor que brota del Corazón de Jesús. “El lema del Cardenal Newman: «de corazón a Corazón»nos da la perspectiva de su comprensión de la vida cristiana como una llamada a la santidad, experimentada como el deseo profundo del corazón humano de entrar en comunión íntima con el Corazón de Dios” (Benedicto XVI , Homilía en la Beatificación del Cardenal Newman).
II.- “He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres”.
La Iglesia a lo largo de los siglos ha ido profundizando en el significado del culto al Sagrado Corazón de Jesús. Muchos hombres y mujeres han encontrado en la contemplación de esta imagen del traspasado un camino muy válido para identificarse plenamente con Cristo y alcanzar la meta de la santidad.
Entre estos santos tenemos que destacar a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), religiosa de la Orden de la Visitación en Paray-le-Monial, a quien Jesús se le manifiesta en la Eucaristía, revelándole el misterio de su Corazón: "He aquí el Corazón que ha amado tanto a los hombres y que no recibe más que ingratitudes y afrentas”. A lo largo de su vida, Santa Margarita enseñó a amar al Corazón de Jesús, acompañándole en la Eucaristía por medio de la Hora Santa, a consagrarse a Él y a ofrecer pequeños actos de amor en reparación de los pecados. También difundió la práctica de los primeros viernes de mes: confesión y comunión en reparación de los pecados. Fue beatificada en 1864 por el Beato Pío IX y canonizada en 1920 por Benedicto XV. Su fiesta se celebra el 16 de octubre.
Junto a esta santa tenemos que destacar a San Claudio de la Colombiere S.J. (1641-1682). Fue el director espiritual de Sta Margarita Mª. Será el encargado de propagar el mensaje del amor del Corazón de Cristo por los lugares más lejanos. Gracias a él, la orden religiosa de los jesuitas acometió la tarea de la propagación de la devoción al Corazón de Jesús.
El eco de estas revelaciones en la vida de la Iglesia fue tan grande que el Beato Pío IX el año 1856 proclamópara toda la Iglesia la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús y el año 1899 el Papa León XIII consagró al Género Humano al Sagrado Corazón. Centenares de congregaciones religiosas dedicadas a la educación de los jóvenes, la asistencia a los ancianos y enfermos, las misiones, nacieron en este tiempo inspiradas en la espiritualidad del Corazón de Jesús. A lo largo del siglo XX los Pontíficeshan invitado continuamente a acudir al Sagrado Corazón como “el principal indicador y símbolo del amor con el que el divino Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los hombres” (Pío XII, Enc. “HaurietisAquas”).
La contemplación del Corazón de Jesús hoy fecunda la Iglesia con nuevos caminos de santidad y se presenta para los hombres de nuestro tiempo, necesitados de la misericordia divina, como un anuncio de esperanza para que “sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se establezca la civilización del amor, el reino del Corazón de Cristo” (Juan Pablo II, Mensaje al Prepósito General de la Compañía de Jesús, P. Peter Hans Kolvenbach, 5 de Octubre de 1986).
III.- Consagrarse al Corazón de Jesús para permanecer “Arraigados y edificados en Cristo y firmes en la fe”(Col. 2, 7)
La Consagración al Corazón de Jesús es un acto con el que los Jóvenes del Mundo presididos por el Santo Padre queremos dirigir nuestra mirada confiada a Jesucristo, para ayudarnos a vivir “arraigados y edificados en Cristo y firmes en la fe” (Col. 2, 7).
Se trata de revivir en nosotros la experiencia del discípulo amado que contemplando el Corazón abierto de Jesús en la Cruz, cree en su amor y se convierte en su testigo. “El que lo vio da testimonio” (Jn. 19, 35).
Es, por tanto, un acto de fe. Al consagrarnos al Corazón de Jesús el Santo Padre nos invita a confesar nuestra fe: “Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión soportó nuestro sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con el Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna”(Mensaje JMJ). Esta confesión la hacemos no sólo desde el conocimiento de las verdades que profesamos, sino como fruto de una relación personal con Cristo que se establece desde la confianza en el Amor de su Corazón. Además, esta confesión de fe, la realizamos unidos al Papa, a los obispos y pastores de la Iglesia, significando que nuestra “fe personal en Cristo, está vinculada a la fe de la Iglesia” (Mensaje JMJ). Es en el “corazón de la Iglesia” donde podemos experimentar el latido del Corazón de Cristo.
Es en segundo lugar un acto de esperanza. No sólo nos consagramos cada uno a su Corazón, sino que el Papa nos confía a “todos los jóvenes del mundo” al Sagrado Corazón de Jesús. En los jóvenes del presente se encuentra la esperanza del futuro de la Iglesia y de la humanidad. Con esta consagración, los jóvenes, expresamos con el Papa que “sin Cristo, muerto y resucitado, no hay salvación. Que sólo Él puede liberar el mundo del mal y hacer crecer el Reino de la Justicia, la paz y el Amor al que todos aspiramos”(Mensaje JMJ). Unidos en un “sólo Corazón”, pedimos con toda la Iglesia, “Ven Señor Jesús”, ayúdanos a los jóvenes del Tercer Milenio a ser artífices de la Civilización del Amor que se construye “cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz”(Mensaje JMJ).
Por último la consagración es un acto de amor. Los jóvenes del tercer Milenio como el apóstol Tomás queremos “tocar a Jesús, metiendo la mano en las señales de su Pasión, las señales de su Amor”(Mensaje JMJ). Al consagrarnos “tocamos a Jesús”, renovando la gracia de nuestro bautismo con la que fuimos introducidos de lleno en ese Amor. Se afianza en nosotros el deseode beber constantemente en las fuentes de donde brota la vida divina que son los Sacramentos, especialmente la Eucaristía y el Sacramento del Perdón. Y por último nos introducimos en su mirada misericordiosa para poder estar siempre cerca de los más pobres y enfermos, siendo para ellos manifestación palpable del Amor de Dios.
A imitación del discípulo amado nosotros también somos invitados a “acoger a María en nuestra casa”. La consagración al Corazón de Jesús la realizamos teniendo a la Virgen como especial intercesora y medianera. Ella que “acogió con fe la palabra de Dios” nos enseña a creer en el Amor, a confiarnos a Él y a ser sus testigos entre nuestros hermanos los hombres.
MADRID, martes 12 de julio de 2011 (ZENIT.org).- La necesidad del descanso y la serenidad es algo que viene pedido por la naturaleza humana. En las primeras páginas del Génesis se nos dice que: “cuando llegó el día séptimo Dios había terminado su obra, y descansó de todo lo que había hecho” (2,2). El mismo Jesús invitó a sus discípulos: “a un lugar solitario para descansar un poco. Porque eran tanto los que iban y venían, que no tenían tiempo para comer” (Mc 6,31). ¿Qué quiere decir todo esto? ¡Que las vacaciones no son un invento de la sociedad del bienestar! Hay dos formas de vivir el tiempo vacacional: la más potenciada por la cultura hedonista domínate es el “dolce far niente”. Es decir, deja a un lado la cabeza, el corazón, la conciencia, para vivir la aventura humana del capricho de moda. Otra manera es la que propone Benedicto XVI “metiendo el Evangelio en la maleta” (Zenit 3.7.2011), que significa convertirnos en dueños de nuestras vacaciones, saber valorarla pero nunca mitificarla y descubrir los valores que encierra esa época del año:
1º El descanso: la fatiga y el afán por el trabajo y otras ocupaciones, ofusca el criterio de lo verdadero y lo justo. Las vacaciones son un periodo útil para reponer fuerzas físicas, psíquicas y espirituales que posibiliten un cambio en los aspectos de la vida que lo requieran.
2º La reflexión: hay que buscar espacio y tiempo para pensar en uno mismo. No tengas miedo de reencontrarte contigo y vencer la superficialidad que produce el ajetreo de la vida ordinaria. Para ello, no olvides los Evangelios que te ayudarán.
3º La alegre serenidad: las diversiones distraen, los viajes alejan momentáneamente los problemas. Pero la alegría permanente brota de tener la “casa interior” en orden. Las vacaciones son un tiempo privilegiado para una “puesta a punto”.
4º La familia: en una sociedad donde trabaja el padre y la madre fuera del hogar, los hijos gozan poco de sus progenitores. El periodo vacacional puede estrechar mucho más los lazos familiares, crecer en comunicación entre sus miembros y ayudar a aquel que más lo necesite.
5º La amistad: las relaciones entre los amigos necesitan su tiempo. Las vacaciones son un momento propicio para acercar amistades, reparar olvidos, subsanar malos entendidos, visitar al amigo enfermo y dedicar horas a disfrutar de las buenas compañías
6º Redescubrir la belleza de la fe: las vacaciones no se reduce a “campo, mar o montaña”. Hay que saber captar la hermosura de las obras humanas que nos legaron nuestros mayores. Este tiempo de asueto se puede gastar en cultivar la sensibilidad hacia nuestro patrimonio histórico, artístico, cultural y religioso que son expresiones de la vida de nuestros antepasados.
7º El silencio: en él logramos percibir las voces más significativas para nuestra realización personal. Quienes aprecian el silencio se convierten en “maestros” del escuchar y comunicar.
8º La oración: tan escasa por las múltiples ocupaciones, es ahora un momento para mayor comunicación con el Señor y recibir de Él la fuerza y el estímulo para nuestro camino diario.
9º La creación: en la época vacacional muchas personas tienen más oportunidad de contemplar y valorar el hermoso espectáculo que cada día nos ofrece gratuitamente la madre naturaleza donde está tan palpable la huella del Creador.
10º La solidaridad: en vacaciones nunca se debe olvidar el amor a los pobres. Ello se manifiesta en el austeridad en gasto y en el compartir, cuidando y dando compañía a los mayores, apoyando interesantes actividades sociales y pastorales en zonas.
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*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España
Homilía de monseñor José María Arancibia, arzobispo de Mendoza, en la celebración de acción de gracias por el Día de la Independencia (9 de julio de 2011). (AICA)
CELEBRACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS
1. Somos ciudadanos. Queremos a la Patria. Somos gente de fe.
Un escrito muy antiguo, fechado en el siglo II, atestigua que desde entonces los cristianos quisieron ser ciudadanos responsables:
Los cristianos residen en su propia patria, pero como extranjeros domiciliados. Cumplen todos sus deberes de ciudadanos y soportan todas sus cargas como extranjeros... Obedecen a las leyes establecidas, y su manera de vivir está por encima de las leyes... Tan noble es el puesto que Dios les ha asignado, que no les está permitido desertar. (Carta a Diogneto)
Al rezar hoy, dando gracias por una Patria libre y soberana, es bueno recoger esta herencia y tomarla como estímulo para el tiempo presente. Creer en Dios, absoluto y trascendente, no nos aleja del compromiso ciudadano. Al contrario, nos da todavía mayores luces y fuerzas, para servir a la Patria desde la verdad y la libertad del corazón. Es verdad que, sólo en el cielo, tendremos una Patria definitiva. Sin embargo, como aún peregrinos de este mundo, queremos vivir a conciencia el compromiso ciudadano.
Un segundo ejemplo confirma esta convicción. El querido Papa Juan Pablo II, declarado beato en mayo de este año, dejó enseñanzas muy sabias y hermosas sobre la Nación y sobre la Patria. Karol Wojtyla amó intensamente a su país y su cultura; sufrió al verla bajo dominio extranjero; sin las libertades de un pueblo soberano; avasallado en su cultura y sus tradiciones. Él escribió en su juventud esta poesía:
Cuando yo pienso, cuando digo: Patria,
me estoy expresando a mi mismo, y me enraízo;
y el corazón me dice que ella es la frontera oculta
que va de mí hacia los otros hombres,
para abrazarlos a todos en un pasado
más antiguo que cada uno de nosotros…
Y de ese pasado – cuando yo pienso: Patria –
emerjo para guardarla en mí como un tesoro,
y sin cesar me acucia el ansia
de cómo engrandecerla,
de cómo ensanchar el espacio
que mi patria habita.
Expresa sentimientos muy nobles hacia su Patria. En ella ha echado sus propias raíces. Con cariño abraza a todos sus compatriotas, del pasado y del presente; a través de una larga historia. Al honrar el pasado, se siente estimulado a querer a su Patria, como un tesoro para él. Sabe que está llamado a servirla, para engrandecerla, cada vez más.
Me permito añadir un tercer testimonio, más cercano a nuestro tiempo. Al comienzo de los ochenta, la Patria se encaminaba a retomar la vida democrática. Los pastores argentinos invitaron entonces a una reflexión sobre su historia e identidad (CEA, Iglesia y Comunidad Nacional 1981, nn. 7.8.9):
“América, integrada políticamente a España, no fue una mera repetición cultural, ni de España ni de las culturas precolombinas. Nació y se formó un nuevo pueblo. Y así, en la conciencia de esta nueva y propia identidad, en la conciencia común y solidaria de una propia dignidad que se expresa en el espíritu de libertad, se preparó, ya desde entonces, el principio de la futura independencia.” ... “A partir de estos inicios de la América hispana, en cuyo seno germinó nuestra Nación, se nos plantean grandes interrogantes e inquietantes alternativas: ¿Perseveraremos en partir de la base de un humanismo impregnado de espíritu cristiano? Y, ¿cómo mantener un espíritu cristiano abierto, acogedor y pluralista?” ... “El espíritu cristiano, si bien ha otorgado una íntima conciencia de la dignidad humana, de la igualdad de los hombres y de los pueblos entre sí, no ha llegado a expresarse plenamente en las instituciones y en las actitudes de la vida.”
Como vemos, en aquella propuesta había mucho por reconocer y agradecer; como también fuertes interrogantes, a la luz de ideales muy altos pero no siempre logrados.
2. Demos gracias por la vida. Roguemos poder respetarla siempre.
Al repasar con fe cristiana la historia de la Argentina, encontramos muchos motivos para dar gracias. Entre todos ellos, se destaca el regalo de la vida misma. Este es el don primero recibido de Dios. Sólo contando con él puede el hombre soñar y proyectar; trabajar y progresar. Sólo desde su existencia humana, misteriosa y precaria a la vez, camina cada uno hacia ideales que lo animan y atraen. Sólo porque EXISTE, aunque no pueda tener todas las repuestas, es capaz de obrar y de amar; de buscar su propio bien, y el de su gente querida.
Se puede tener por sabio -enseñó el beato Juan Pablo II: quien “considera la vida como un don espléndido de Dios, una realidad ‘sagrada’, confiada a su responsabilidad y, por tanto, a su custodia amorosa, a su ‘veneración’” (Evangelium Vitae 22,1). La vida humana nunca llega a ser simplemente “una cosa”, que el hombre reivindica como su propiedad exclusiva, totalmente dominable y manipulable. Y si la vida humana en la tierra tiene un valor tan grande, cuanto más valiosa se torna desde la fe, al reconocer que cada persona está llamada a una plenitud de vida que va más allá de la dimensión terrena, porque se le ofrece participar en la misma vida de Dios. “Jesús dice: ‘Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’” (Jn 10, 10). Se refiere a aquella vida ‘nueva’ y ‘eterna’, que consiste en la comunión con el Padre, a la que todo hombre está llamado gratuitamente en el Hijo por obra del Espíritu Santificador. Pero es precisamente en esa ‘vida’ donde encuentran pleno significado todos los aspectos y momentos de la vida del hombre” (EV 1,3).
De cada corazón ha de brotar un himno de acción de gracias, porque cuanto hayamos intentado y logrado, tiene como fundamento este don maravilloso, nunca suficientemente reconocido. Don y tarea, confiada a nuestra responsabilidad. Don amenazado, además, por tantas formas de inseguridad y violencia, de abandono y de muerte, de abusos que arruinan la sana y bella existencia humana.
Los ideales del bicentenario de la Patria, sostenidos todavía por la Iglesia, incluyen la preocupación por la vida y la familia: “Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas. Todo lo dicho será siempre provisorio y frágil, sin una educación y una legislación que transmitan una profunda convicción moral sobre el valor de cada vida humana. Nos referimos a la vida de cada persona en todas sus etapas, desde la concepción hasta la muerte natural. Especialmente pensamos en la vida de los excluidos e indefensos. También en la vida de las familias, lugar afectivo en el que se generan los valores comunitarios más sólidos y se aprende a amar y a ser amado. Allí se ilumina la vida afectiva privada y promueve el compromiso adulto con la vida pública y el bien común”. (CEA, Hacia un Bicentenario en justicia solidaridad, 32) .
3. Imploremos el don de la libertad, fundada en la verdad, y orientada al amor
Mendoza canta con orgullo afirmando que esta “acunó la libertad”. Proeza de gente valiente, que sirvió a su patria y a naciones hermanas. Sin embargo, la libertad es un don maravilloso confiado a nuestra responsabilidad.
Propia del humano existir humano, la libertad requiere ser cultivada como la misma vida. Se orienta y ejercita, ante todo, desde la verdad, siempre mejor conocida y amada. Supone conocer la identidad del ser humano; su dignidad singular; sus derechos y obligaciones esenciales. No ha sido entregada para destruir, sino para edificar. No está dada para cualquier fin, sino para grandes ideales. Necesita por tanto formación adecuada y dominio de sí. “La primera libertad -dice san Agustín (s. V)- consiste en estar exentos de crímenes... como serían el homicidio, el adulterio, la fornicación, el robo, el fraude, el sacrilegio y pecados como éstos. Cuando uno comienza a no ser culpable de estos crímenes (y ningún cristiano debe cometerlos), comienza a alzar los ojos a la libertad, pero esto no es más que el inicio de la libertad, no la libertad perfecta...” (Veritatis Splendor 15,1).
Repasando de nuevo el ideal del Bicentenario, ésta es la propuesta de los pastores:
“Acercándonos al Bicentenario, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como Nación si reafirmamos nuestra identidad común. En esta búsqueda del bienestar de todos, necesitamos dar pasos importantes para el desarrollo integral. Pero cuando priman intereses particulares sobre el bien común, o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus diversas manifestaciones.” (HBJS 11).
Oremos entonces, para alcanzar una auténtica libertad, que fundada en la verdad, se comprometa cada vez más con la justicia y la solidaridad.
Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de clausura del Congreso Regional de Catequistas (Mar del Plata, 3 de julio de 2011). (AICA)
ALABANZA, REVELACIÓN, SABIDURÍA. INSPIRACIÓN Y TAREAS DE LA CATEQUESIS
Al retomar la serie de domingos ordinarios –que se llama “tiempo durante el año”– la liturgia nos depara unas palabras del Señor que han sido consideradas como la perla del Evangelio de San Mateo, y más aún: vena y fuente del Evangelio y síntesis de todo el misterio de Cristo. Recibimos esas palabras con atención creyente, con admiración y amor; conviene volver con frecuencia a ellas para rumiarlas interiormente y fijarlas en la memoria del corazón.
El pasaje (Mt. 11, 25-30) comienza con una alabanza de Jesús dirigida al Padre en la que expresa su intimidad con él. La exclamación brota como una respuesta de satisfacción y alegría que surge de las profundidades del alma del Hijo hecho hombre ante la manifestación de la sabiduría de Dios. El texto paralelo de San Lucas anota que en aquel momento Jesús se estremeció de gozo movido por el Espíritu Santo (Lc. 10, 21). El motivo de esa alabanza, que es bendición y acción de gracias, es la decisión desconcertante del Padre de revelarse a los pequeños y ocultar, en cambio, a los sabios y prudentes los misterios del Reino. ¿Quiénes son los pequeños? El término griego que los designa en el texto significa literalmente niño de tierna edad, y en sentido figurado vale tanto como inmaduro, simple, inculto, ignorante. Jesús se refiere a sus oyentes, a los que lo siguen y escuchan con atención e interés: no son las élites religiosas de Israel sino las mujeres y los niños, los galileos, la gente del campo que no puede asistir a las escuelas de los escribas. Más allá de las fronteras geográficas e históricas, los pequeños son los pobres en su sentido bíblico original, destinatarios de la primera bienaventuranza: los pobres de espíritu, sencillos y humildes de corazón. Son ellos, en cualquier época los que reciben abiertamente el Evangelio, lo aceptan y comprenden. San Mateo, al recoger por escrito las palabras del Señor estaba pensando en la comunidad cristiana, en la Iglesia, cuyos miembros tienen que hacerse pequeños para recibir la fe y permanecer en ella.
Te alabo, Padre,… por haber revelado estas cosas a los pequeños. ¿De qué cosas se trata? Del misterio mismo de Dios. Jesús nos habla del conocimiento que él, como Hijo eterno, tiene del Padre, y del conocimiento que el Padre tiene de él. Ese saber especial, el misterio del Padre y del Hijo, se nos comunica en la revelación de Jesús: es él quien nos da a conocer al Padre. En otro momento Jesús hablará de la misión del Espíritu Santo, cuya función es recordar a los discípulos la enseñanza de Jesús e introducirlos en la verdad total. Estas cosas… son, entonces, el misterio de la Santísima Trinidad; así lo entendió la tradición eclesial. Comentando el Evangelio de hoy decía San Cirilo, obispo de Jerusalén, que fue un gran catequista de la antigüedad: Tienes que creer en el Hijo unigénito de Dios, nuestro Señor Jesucristo, Dios engendrado de Dios, Vida engendrada de la Vida, Luz engendrada de la Luz. Es semejante en todo al progenitor. No recibió el ser en el tiempo, sino que antes de toda la eternidad ha sido engendrado eternamente por el Padre de modo inefable. El es la sabiduría de Dios y nada le falta de la gloria divina. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo. El misterio de la Santísima Trinidad es el centro y la cima de la revelación y debe ser también el centro de la enseñanza cristiana y de la educación en la fe. En la actualidad encontramos en muchas personas que se consideran católicas, por una parte una fe genérica en Dios –una especie de deísmo– y por otra una devoción meramente humana a Jesús, como si no fuera Dios y hombre verdadero. En este mundo que hace alarde de sus conquistas científicas, muchos sabihondos exhiben desprecio por los cristianos y por sus dogmas; en ese contexto cultural corresponde recuperar para los pequeños, para la gente sencilla, el conocimiento luminoso de la Trinidad. Un conocimiento cercano, vital, no meramente teórico, ya que por la gracia santificante somos templos del Dios Uno y Trino y estamos llamados al gozo de su intimidad.
Después de la alabanza al Padre y del dicho sobre la revelación, Jesús nos dirige una invitación de corte sapiencial en la que se manifiesta la bondad de su corazón. En el Antiguo Testamento, la sabiduría personificada exhortaba a los hombres a dejarse instruir por ella para alcanzar alegría, prosperidad, plenitud de vida; Jesús es la Sabiduría de Dios, que invita a los afligidos y agobiados –podemos pensar que son los pequeños, de los que ha hablado antes– a acercarse a él, a tomarlo por maestro y a asumir las exigencias del Evangelio para recibir la salvación. En el pensamiento judío se mencionaba el yugo de la sabiduría, el yugo de la ley, el yugo de Dios. El yugo de Cristo es la cruz, que él nos exhorta a llevar obediencia y humildad; es la ley evangélica, el estilo cristiano de vida, que no resulta una carga pesada porque viene acompañada de la gracia del Espíritu Santo que nos identifica con la voluntad de Dios y nos impulsa a vivir en su amor. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana, dice el Señor. San Juan Crisóstomo explicaba admirablemente este pasaje: No se espanten al oír hablar de yugo, parece decirnos el Señor, porque es suave; no tengan miedo de que les hable de carga, pues es ligera. ¿Y cómo se cumplen sus palabras? Siendo humildes, mansos y modestos. Esta virtud de la humildad es, en efecto, madre de toda filosofía. Por eso, cuando el Señor promulgó aquellas sus divinas leyes al comienzo de su misión, comenzó por la humildad. Y lo mismo hace aquí ahora, a par que señala para ella el más alto premio: “Encontrarán alivio”… Ya antes de la vida venidera te da el Señor el galardón, ya que aquí te ofrece la corona del combate, y de este modo, a la vez que él mismo se te pone por dechado, te hace más fácil de aceptar su doctrina.
¡Verdaderamente, podemos pensar que el Evangelio de hoy nos presenta una síntesis del mensaje de Jesús! Por lo tanto, encontramos también en él un diseño de lo que ha de ser la vida del cristiano, el perfil del discípulo y el espíritu que debe inspirar y animar el ministerio eclesial de transmisión de la fe.
Ahora me dirijo de modo particular y afectuosamente a los queridos catequistas de la Región: recibamos esta enseñanza del Señor como un don providencial que nos recuerda lo esencial de nuestra tarea. La catequesis –como sabemos– ocupa un lugar específico en el proceso de evangelización. Éste comienza por la acción misionera, que hace presente el primer anuncio del mensaje cristiano a los no creyentes. La acción catequética, de suyo, tiene por finalidad preparar para la iniciación cristiana a los que aceptaron la fe; se prolonga como educación de los fieles en la comunidad eclesial, y en esta función, como itinerario catequístico permanente, se articula con otras acciones pastorales destinadas a acompañar a los cristianos hacia la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo (Ef. 4, 13). Con mucha frecuencia, la catequesis asume una dimensión kerigmática y misionera; equivale, de hecho, a un primer anuncio, es para muchos el comienzo de la evangelización, en una sociedad descristianizada en la que los bautizados no han recibido en su primera infancia y aun en edad más avanzada una cuidadosa educación en la fe. Esta situación y otras características de la sociedad contemporánea en los campos cultural, educativo, social y propiamente religioso nos plantean la necesidad de esbozar una estrategia catequística que facilite una visión de conjunto de los problemas pastorales y la complementariedad de todos los esfuerzos. Me permito mencionar algunos objetivos deseables.
Ante todo, habría que procurar una mayor organicidad de las funciones catequísticas y establecer vinculaciones: entre catequesis de niños y de adultos, catequesis parroquial-misionera y catequesis familiar, preparación al matrimonio y pastoral familiar; catequesis prebautismal, seguimiento postbautismal de los niños y sus familias y catequesis de iniciación cristiana (que en el sentir popular sirve para cumplir con la primera comunión). En el ámbito escolar es preciso asumir la distinción entre enseñanza religiosa escolar y catequesis, a tenor de lo que prescribe el Directorio General en los números 73 a 76, así como también mejorar y profundizar la relación entre colegio y parroquia, especialmente en el caso de los colegios congregacionales o de los privados que ofrecen algún servicio catequístico. La importancia que felizmente otorgamos a la iniciación cristiana, al catecumenado como prototipo de toda catequesis, implica revisar el orden de los tres sacramentos y el lugar de la confirmación, que es un sacramento de iniciación y no debe ser ofrecido a edad tardía como si fuera reservado a quienes se deciden a ser militantes una vez superada la crisis de la adolescencia. El Catecismo de la Iglesia Católica, con sus cuatro partes, ofrece la estructura de una catequesis integral que desarrolla todas las dimensiones de la existencia cristiana: el conocimiento de la fe según la tradición y el magisterio de la Iglesia, la experiencia litúrgica y sacramental, la vida cristiana según el Decálogo y el Sermón de la Montaña y la oración como participación de la intimidad de Jesús con el Padre bajo el influjo del Espíritu Santo.
Queda un buen trecho a recorrer todavía para superar un interés predominante, desmedido, por los aspectos metodológicos, instrumentales y accidentales y para devolver la importancia que corresponde al aspecto nocional del conocimiento de fe y al ejercicio de la memoria; que los catequizandos –especialmente los niños– aprendan, comprendan y retengan para toda la vida la doctrina católica. Para alcanzar este objetivo hacen falta buenos textos, con contenidos claros y concisos inspirados en el Catecismo y en su Compendio. En los últimos siglos la Iglesia procuró solícitamente componer catecismos como recursos imprescindibles para una buena catequesis, y el mismo Lutero advirtió en su tiempo que era ésta una necesidad fundamental.
Otra meta importante es la integración del área catequística en el conjunto de la acción pastoral. La comunidad toda debe participar de algún modo en la función catequística de la parroquia: con su interés y simpatía, con su oración, con su colaboración en tareas auxiliares -por ejemplo para ayudar a los catequistas en la relación con las familias de los catequizandos. La educación de los bautizados en la fe y la preparación de nuevas generaciones de católicos es incumbencia de todos, y no sólo empeño profesional de unos pocos. La vida de la comunidad tiene, además un valor testimonial que es decisivo para la incorporación a ella de los niños que cada año completan su iniciación cristiana.
La decadencia cultural que padece la Argentina actual, la ideología anticristiana que inspira los contenidos curriculares oficiales del sistema educativo, más el influjo en general negativo y muchas veces perverso de los medios de comunicación son factores activos de deseducación que producen una especie de lavado de cerebro, una erosión de las convicciones elementales acerca del hombre, su naturaleza personal y social y su destino trascendente. A los argentinos de hoy, especialmente a los niños, a los pobres –los pequeños que dice el Evangelio– inermes ante los errores y la corrupción del mundo, les debemos la verdad de la revelación cristiana, el ideal de una vida configurada según el mensaje evangélico, el acceso a la gracia de la intimidad con el Dios Trino, que es el don admirable que nos trajo Jesús. No debemos cansarnos de transmitir la verdad, sin concesiones al relativismo del ambiente, sin temor a la descalificación con la que intenten neutralizarnos los que se afanan por arrebatar a nuestro pueblo los restos de cultura cristiana, sin descorazonarnos ante la aparente infructuosidad de nuestros esfuerzos.
Vengan a mí, nos dice hoy el Señor. Intentemos libre y gustosamente incluirnos en el número de los pequeños, para que él nos transmita la revelación del Padre y nos introduzca en su intimidad. Que el Espíritu Santo nos inspire el estupor ante el misterio del Dios Trino de modo que la oración de Jesús: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra… sea siempre la alabanza que brote de nuestros labios, de nuestro corazón, de toda nuestra vida.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los participantes de la peregrinación de la diócesis de Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti (Italia), al recibirlos en audiencia en el Aula Pablo VI.
Excelencia,
¡Queridos hermanos y hermanas!
Estoy realmente contento de acogeros a tantos de vosotros y tan llenos del entusiasmo de la fe. ¡Gracias a vosotros! Agradezco al obispo, monseñor Mario Paciello, las palabras que me ha dirigido en nombre de todos. Saludo a las autoridades civiles, a los sacerdotes, los religiosos y las religiosas, los seminaristas y a cada uno de vosotros, extiendo mi pensamiento y afecto a vuestra comunidad diocesana, en particular a los que viven situaciones de sufrimiento y dificultad. Estoy agradecido al Señor porque vuestra visita me ofrece la posibilidad de compartir un momento del camino sinodal de la Iglesia que está en Altamura-Gravina-Acquaviva delle Fonti. El Sínodo es un evento que hace vivir concretamente la experiencia de ser “Pueblo de Dios” en camino, de ser Iglesia, comunidad peregrina en la historia hacia su cumplimiento escatológico en Dios. Esto significa reconocer que la Iglesia no posee en sí misma el principio vital, sino que depende de Cristo, del que es signo e instrumento eficaz. En la relación con el Señor Jesús, esta encuentra su propia identidad más profunda: ser don de Dios para la humanidad, prolongando la presencia y la obra de salvación del Hijo de Dios por medio del Espíritu Santo. En este horizonte comprendemos que la Iglesia es esencialmente un misterio de amor a servicio de la humanidad para su santificación. El Concilio Vaticano II afirmó sobre este punto: “Fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente” (Lumen Gentium, n.9). Vemos aquí que realmente la Palabra de Dios ha creado un pueblo, una comunidad, ha creado una alegría común, un peregrinaje común hacia el Señor. El ser Iglesia, por tanto, no viene de una fuerza organizativa nuestra, humana, sino que encuentra su origen y su verdadero significado en la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo: este amor eterno es la fuente de la que viene la Iglesia y la Trinidad Santísima es el modelo de unidad en la diversidad y genera y plasma la Iglesia como misterio de comunión.
Es necesario partir siempre y de un modo nuevo de esta verdad para comprender y vivir más intensamente el ser Iglesia, “Pueblo de Dios”, “Cuerpo de Cristo”, “Comunión”. De otra manera se corre el riesgo de reducir el todo a una dimensión horizontal, que desnaturaliza la identidad de la Iglesia y el anuncio de la fe y haría más pobre nuestra vida y la vida de la Iglesia. Es importante destacar que la Iglesia no es una organización social, filantrópica, como hay muchas: esta es la Comunidad de Dios, es la Comunidad que cree, que ama, que adora al Señor Jesús y abre las “velas” al soplo del Espíritu Santo, y por esto es una comunidad capaz de evangelizar y de humanizar. La relación profunda con Cristo, vivida y alimentada por la Palabra de Dios y por la Eucaristía, hace eficaz el anuncio, motiva el compromiso por la catequesis y anima el testimonio de la caridad. Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo necesitan encontrarse con Dios, encontrarse con Cristo o redescubrir la belleza del Dios cercano, del Dios que en Jesucristo ha mostrado su rostro de Padre y que llama a reconocer el sentido y el valor de la existencia. Hacer entender que está bien vivir como hombre. El actual momento histórico está marcado, lo sabemos, por luces y sombras. Asistimos a comportamientos complejos: encerrarse en sí mismos, narcisismo, deseo de poseer y de consumir, sentimientos y afectos desligados de la responsabilidad . Muchas son las causas de esta desorientación, que se manifiesta en un profundo malestar existencial, pero en el fondo de todo se puede entrever la negación de la dimensión trascendente del hombre y de la relación básica con Dios. Para esto es decisivo que las comunidades cristianas promuevan recorridos válidos y comprometidos con la fe.
Queridos amigos, hay que poner una particular atención al modo de considerar la educación a la vida cristiana para que toda persona pueda realizar un auténtico camino de fe, a través de las diversas edades de la vida; un camino en el cual -como la Virgen María- la persona acoge profundamente la Palabra de Dios, convirtiéndose en testigo del Evangelio. El Concilio Vaticano II en la Declaración Gravissimum educationis, afirma: “busca, sobre todo, que los bautizados se hagan más conscientes cada día del don de la fe, mientras son iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación ... adaptándose a vivir según el hombre nuevo en justicia y en santidad de verdad” (n.2). En este compromiso educativo la familia es la primera responsable. Queridos padres, ¡sois los primeros testigos de la fe!. No tengáis miedo de las dificultades en las que estáis llamados a realizar vuestra misión. ¡No estáis solos!. La comunidad cristiana está cerca de vosotros y os sostiene. La catequesis acompaña a vuestros hijos en su crecimiento humano y espiritual, pero está considerada como una formación permanente, no limitada a la preparación para recibir los Sacramentos; debemos, en toda nuestra vida, crecer en el conocimiento de Dios, en el conocimiento de qué significa ser un hombre. Sabed sacar siempre fuerza y luz de la Liturgia: la participación en la Celebración eucarística en el Día del Señor es decisiva para la familia, para toda la comunidad, es la estructura de nuestro tiempo. Recordemos siempre que en los Sacramentos, sobre todo en la Eucaristía, el Señor Jesús actúa para la transformación de los hombres asimilándolos a Sí. Es gracias a este encuentro con Cristo, a la comunión con Él, la comunidad cristiana puede testificar la comunión, abriéndose al servicio, acogiendo a los pobres y a los últimos, reconociendo el rostro de Dios en el enfermo y el necesitado. Os invito, por tanto, partiendo del contacto con el Señor en la oración cotidiana y sobre todo en la Eucaristía, a valorar de un modo adecuado las propuestas educativas y los caminos de voluntariado existentes en la diócesis, para formar personas solidarias, abiertas y atentas a las situaciones de malestar espiritual y material. En definitiva, la acción pastoral debe procurar formar personas maduras en la fe, para vivir en contextos en los que A menudo Dios es ignorado; personas coherentes con la fe, para que se lleve a todos los ambientes la luz de Cristo; personas que viven con alegría la fe, para transmitir la belleza del ser cristianos.
Un pensamiento especial deseo, finalmente, dirigir a vosotros, queridos sacerdotes. Sed siempre conscientes del don recibido, para que podáis servir con amor y dedicación, al Pueblo de Dios encomendado a vuestros cuidados. Anunciad el Evangelio con valentía y fidelidad, sed testigos de la misericordia de Dios y, guiados por el Espíritu Santo, sabed indicar la verdad, no temiendo el diálogo con la cultura y con los que están buscando a Dios.
Queridos hermanos y hermanas, confiamos el camino de vuestra comunidad diocesana a María Santísima, Madre del Señor y Madre de la Iglesia, Madre nuestra. En ella contemplamos lo que la Iglesia está llamada a ser. Con su “sí” ha dado al mundo a Jesús y ahora participa plenamente de la gloria de Dios. También nosotros estamos llamados a dar al Señor Jesús a la humanidad, no olvidando ser siempre sus discípulos. Os agradezco de nuevo vuestra bella visita y de todo corazón os agradezco vuestra fe y os acompaño con la oración, impartiéndoos a todos vosotros y a toda la diócesis la Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
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Boletín 445
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San Cristóbal de La Laguna celebró su 515 cumpleaños. El deán de la Catedral, Julián de Armas presidió la Eucaristía de acción de gracias en el convento de las monjas catalinas. “Los católicos celebramos en este día el aniversario de la llegada del Evangelio a estas tierras. La historia de esta ciudad no se entiende sin la presencia de la Iglesia”, recordó De Armas durante el Te Deum.
El Rectorado de la Universidad de La Laguna acogió la firma del convenio mediante el cual quedó formalmente inaugurado el Observatorio Canario de la Familia, una entidad en la que participa la Fundación Empresa-Universidad de La Laguna; el Instituto Nivariense de Ciencias de la Familia; la Federación Provincial de Entidades de la Construcción de Santa Cruz de Tenerife (FEPECO) y la propia ULL. Este observatorio nace con la vocación de convertirse en un canal de formación y comunicación para las familias y las instituciones, que además sirva de apoyo y asesoramiento a las personas responsables de las políticas públicas que incidan sobre ellas.
Las pastorales juveniles de Taco, Ofra y La Higuerita llevarán a cabo este sábado, 30 de julio, de 9:00 a 21:00 horas, un encuentro denominado "Simulacro de la JMJ". Se trata de una iniciativa que contará con momentos de oración, de diversión, talleres, encuentros con los padres y se celebrará la Eucaristía. Asimismo, habrá muchas sorpresas. La jornada se desarrollará en la casa Tabor. A partir de las 19:00 horas, los participantes se trasladarán al Seminario Diocesano para concluir el encuentro.
Una treintena de sacerdotes diocesanos, entre jóvenes y no tan jóvenes, acompañarán a los casi 800 diocesanos que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud.
La vida sacerdotal que recoge la contraportada del Diario de Avisos de este martes es la de Félix Hernández. Este rotativo ha venido publicando, desde hace varias semanas, cada martes, una semblanza de diversos presbíteros pertenecientes a la Diócesis Nivariense. Esta sección regresará el próximo martes, 6 de septiembre. Del sacerdote Félix Hernández, el reportaje destaca, sobre todo, su gran caridad. Este palmero nació en San Andrés y Sauces. Carmen Luisa, presidenta de "Justicia y Paz" recuerda a Félix Hernández como un hombre comprometido. "Su gran preocupación por liberar a los hombres y mujeres de todas las cargas, le llevó a dedicar muchísimo tiempo a estar en el confesionario para acoger, orientar, acompañar y ofrecer el perdón del Señor”.
Los sacerdotes Milton George, natural de la India y Theodore Kanyiki, provenientes de El Congo, están en nuestra diócesis para prestar sus servicios pastorales durante el tiempo de verano. Aprovechando su estancia en Tenerife, comunicación del Obispado charló con ellos para conocer la realidad de la Iglesia en sus respectivos países, así como sus vivencias en nuestra isla. La entrevista se puede escuchar en: comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com
La actual comunidad de Claretianos de la Parroquia de Ntra. Sra. del Pilar en Santa Cruz de Tenerife ha comunicado que la Misa de Salida por el Padre Ignacio, fallecido recientemente será el jueves 28 de julio en El Pilar, a las 20:0 horas. El Padre Ignacio permaneció como párroco de la parroquia santacrucera del Pilar durante 34 años (30 años ininterrumpidamente).
También, en la tarde del pasado domingo 24 de Julio, en la Casa Madre del Redentor del Sauzal, fallecía el sacerdote diocesano Eduardo Cejas Martín. Era natural de Buenavista del Norte, el pasado 2 de julio cumplió los 93 años de edad. Fue ordenado sacerdote el 29 de junio de 1968, con 50 años de edad. La Misa Funeral se celebró el lunes 25 de Julio, en la Parroquia de San Pedro, en El Sauzal.
Por otro lado, el pasado sábado 23 de julio, descansó en la paz del Señor, en Madrid, Sor Evelia González Cóbreces, religiosa hospitalaria del Sagrado Corazón de Jesús. Era natural de Polvorosa de Valdivia (Palencia) y de sus 48 años como religiosa, más de catorce trabajó como hermana hospitalaria en el Centro de Educación Especial Acamán y Centro Ocupacional que tienen las hermanas en San Miguel de Geneto (La Laguna). Para el viernes 29 de Julio, la comunidad hospitalaria, los voluntarios y colaboradores del colegio Acamán de San Miguel de Geneto invitan a la celebración de la santa misa por su eterno descanso que se celebrará en el Monasterio de Santa Catalina de Siena (Plaza del Adelantado, La Laguna).
Este próximo lunes 1 de Agosto se cumple el 50 aniversario del fallecimiento del que fuera Obispo de la Diócesis, Don Domingo Pérez Cáceres. Por tal motivo, está prevista para ese día la celebración diocesana de tres eucaristías de acción de gracias y en sufragio de su alma: por ser la catedral la sede o cátedra de un obispo, a las 9:00 horas en la Parroquia de la Concepción de La Laguna (sede provisional de la Catedral); por ser el impulsor de la construcción de la actual Basílica de Candelaria, a las 11:00 horas, en la Basílica, lugar de peregrinación por excelencia en la diócesis; y por nacer en Güímar (el 10 de Noviembre de 1892), a las 20:00 horas, en la Parroquia de San Pedro de Güímar.
El director general de los centros de San Juan de Dios de la provincia Bética, Juan José Afonso, participó en el programa de la Televisión Canaria, "30 Minutos". En la entrevista que le realizó Mayer Trujillo, explicó el papel de los hermanos de la Institución y habló del padre Fernando Llorente. Por otro lado, se refirió a los pacientes y a su actividad concertada, así como a la situación de los diversos centros. Parte de la entrevista se puede visionar en el blog anteriormente señalado.
El Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC, ha lanzado el siguiente interrogante: "¿Por qué no? Ciencias Religiosas". Lo ha hecho dentro de la campaña de presentación de prematrícula para el curso 2011-2012 que comienza en septiembre. Con esta campaña el ISTIC pretende informar en todos los ámbitos sobre la formación que se oferta dentro de los Estudios Universitarios Oficiales "Especialidad en Teología Ciencias Religiosas", formación que cuenta con un Reconocimiento Civil, según Real Decreto 3/1995 de 13 de enero, BOE 5 de febrero.
Las Jornadas de Comienzo de Curso que organiza la Delegación Diocesana de Enseñanza Religiosa tendrán lugar del 7 al 9 de Septiembre, de 16 a 20 horas, en el Centro de Estudios Teológicos. El tema de estudio y reflexión lleva por título: "Programando la ERE (Enseñanza Religiosa Escolar) en clave competencial: el Diseño Curricular Base a la Programación de Aula". El plazo de inscripción continúa abierto.
Del 27 de julio al 7 de agosto, se celebran las fiestas patronales y romería en honor a Nuestra Señora de las Nieves, en Finca España, La Laguna. El programa de actos se puede consultar en: www.fincaespaña.com
Esta semana se celebró en Madrid la comisión de seguimiento de las obras de la Catedral de La Laguna, integrada por el Ministerio de Cultura, el Obispado, el Ayuntamiento de La Laguna y la Delegación del Gobierno en Canarias. En octubre se volverá a reunir la comisión en La Laguna, momento en el que se procederá a la rotura del prototipo de bóveda y se comenzará con la construcción de las bóvedas en la Catedral.
EL 31 de julio, a las 18:00 horas, el terrero municipal de lucha de Santa Úrsula, acogerá una luchada de homenaje al Padre Antonio. Lo recaudado en las entradas irá destinado a beneficio del Hogar Santa Rita.
Como cada año, la iglesia de San Francisco se prepara para celebrar una de las festividades más destacadas de cuantas se celebran en este templo de la Villa de La Orotava, Ntra. Sra. de la Caridad. Los solemnes cultos en honor de Ntra. Sra. de la Caridad se celebrarán desde el sábado 30 de julio hasta el sábado 6 de agosto, destacando el día grande de la Festividad de la Virgen, el viernes 5 de agosto, cuando después de la Función Eucarística la imagen de Ntra. Sra. de la Caridad saldrá en procesión por las calles de la Villa, siguiendo el recorrido de costumbre.
El pasado domingo 24 de julio, los miembros de los once grupos de Vida Ascendente de la isla de La Palma, acompañados por responsables del movimiento de Tenerife, celebraron en Tazacorte un encuentro-convivencia final de Curso.
La parroquia palmera de La Encarnación, a través de Cáritas, está llevando a cabo un proyecto de ayuda a niños pobres de Bolivia.
Del 1 al 14 de agosto se celebrarán las fiestas en honor a San Mauricio Abad en Puntagorda, La Palma.
El próximo 30 de julio, a partir de las 18:30 horas, se celebrará en la Iglesia San Fernando Rey de Santiago del Teide casco, un Concierto Sacro en el que participarán la soprano y flauta dulce, Barbara Hebborn y en el órgano, Hans Peter Reiners. En el evento, que tendrá entrada libre, se podrán escuchar composiciones de Wolfgang-Amadeus Mozart, Joseph Haydn, Georg-Philipp Teleman, Georg-Friesdrich Andel y Antonio Vivaldi, entre otros.
El boletín informativo de la Asociación Amigos de La Catedral de La Laguna correspondiente al mes de julio, ya se encuentra a disposición en los lugares habituales de distribución. En esta ocasión, este medio informativo recoge la actualidad de las actuaciones en el templo catedralicio, así como una crónica de los encuentros que se vienen realizando en las Casas Capitulares.
El Boletín Oficial de Canarias ha publicado la rectificación de un error en la declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) de la iglesia de La Victoria, que pasa de la categoría Monumento a la de Monumento Histórico Artístico y cambia también su área de delimitación.
En las librerías diocesanas ya se encuentra el CD con la mejor música católica que se ha recopilado con motivo de las JMJ Madrid 2011. En él se encuentran Kairoj, Migueli, la Hermana Glenda, La voz del desierto, Nico, Gaby, etc. Se trata de un álbum doble que incluye 11 canciones en cada CD y está publicado por la editorial San Pablo. El precio es muy económico: 8.65€. Asimismo, las librerías ya cuentan con dos de los libros recomendados no sólo a todos aquellos que van a las JMJ, sino a todos los cristianos que les gusta la buena lectura. Hablamos de “¿Por qué estás siempre alegre? firmes y alegres en la fe” y “El evangelio a cuatro voces. Un mensaje de Dios para ti”, ambos de la editorial Eunsa.
El obispo ha anunciado su intención de convocar órdenes de Diacono el próximo 8 de octubre.
DOMINGO 18 DEL TIEMPO ORDINARIO
31 de julio de 2011
Jesús, el Señor, el pan de vida, esté con todos vosotros.
- Sed bienvenidos, hermanas y hermanos, a celebrar la eucaristía del domingo. Jesús nos convoca alrededor de su mesa, como aquellos discípulos se reunieron en un lugar tranquilo y apartado y él les dio el alimento
que necesitaban. Jesús también nos da el alimento de nuestra fe: su cuerpo y su sangre, su presencia en medio de nosotros en forma de pan de vida.
A. penitencial: Preparémonos para participar en esta comida, para recibirlo debidamente, pidiendo perdón per nuestros pecados.
- Tú, que tienes compasión de los que te buscan. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, que ofreces esperanza a los enfermos y agobiados. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que das alimento a los hambrientos. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (lsaías 55,7-3): Escuchemos en esta primera lectura un fragmento del profeta Isaías en el que Dios invita a comer y a beber a los hambrientos y sedientos,
ofrece gratis un alimento que puede saciar de verdad el hambre más profunda de la persona; un alimento que da vida. Es una profecía que nos remite al alimento que
Jesús dará a los discípulos en el evangelio y al que nos da a nosotros en la eucaristía.
2. lectura (Romanos 8,35.37-39): Escuchemos ahora cómo San Pablo anima a sus lectores, mostrándoles cómo el amor de Dios hacia nosotros es más grande que todos los problemas y dificultades que podamos tener. Un amor que se ha manifestado en Jesús y del que nada puede alejarnos.
Oración universal: Jesús sentía lástima por la gente, curaba a los enfermos, ayudaba a los necesitados. Presentemos también nosotros a Dios nuestras necesidades, las de la Iglesia y las del mundo entero. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.
Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que sepamos ofrecer al mundo el alimento que sacia el hambre más profunda de las personas, que es la fe en Jesús. OREMOS:
Por todos los que gozan de unos días de descanso entre nosotros, portodos los que están lejos de aquí, y también por los que no han podido tener vacaciones
este verano. OREMOS:
Por todas las actividades para niños y jóvenes que se realizan durante el tiempo de verano desde la Iglesia. Que ayuden a transmitir y a vivir los valores del evan-
gelio. OREMOS:
Portodos nosotros, reunidos para celebrar la eucaristía. Que nuestra celebración alimente nuestra vida de fe y nos empuje al testimonio. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestras oraciones, y haz que podamos saciarnos de la vida que nos ofreces. Por Cristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Tal como Jesús nos enseñó, pidamos al Padre del cielo que no le falte a nadie el pan de cada día, ni nos falte tampoco a nosotros el pan de la eucaristía. Unidos a él, nos atrevemos a decir:
CPL
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció el lunes 4 de Julio de 2011 con motivo de la inauguración de una muestra en su honor, con el título “El esplendor de la verdad, la belleza de la caridad – Homenaje de los artistas a Benedicto XVI por el 60 aniversario de Sacerdocio”, en el Aula Pablo VI.
Señores cardenales,
Venerados hermanos en el Episcopado y en el Sacerdocio,
queridos amigos,
es para mí una gran alegría encontraros y recibir vuestro homenaje creativo y multiforme con ocasión del 60° aniversario de mi Ordenación sacerdotal. Os estoy sinceramente agradecido por vuestra cercanía en esta celebración tan significativa e importante para mi. En la Celebración eucarística del pasado 29 de junio, Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, di las gracias al Señor por el don de la vocación sacerdotal. Hoy os doy las gracias por la amistad y la gentileza que me manifestáis. Saludo cordialmente al cardenal Angelo Sodano, decano del sacro Colegio, y al cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, que, junto a sus colaboradores, ha organizado esta singular manifestación artística, y le doy las gracias por las corteses palabras que me ha dedicado. Dirijo también mi saludo a todos los presentes, de manera particular a vosotros, queridos Artistas, que habéis acogido la invitación a presentar una creación vuestra en esta Muestra.
Nuestro encuentro de hoy, en el que tengo la alegría y la curiosidad de admirar vuestras obras, quiere ser una nueva etapa de ese recorrido de amistad y de diálogo que emprendimos el 21 de noviembre de 2009, en la Capilla Sixtina, un acontecimiento que llevo aún impreso en el alma. La Iglesia y los artistas vuelven a encontrarse, a hablarse, a apoyar la necesidad de un coloquio que quiere y debe llegar a ser cada vez más intenso y articulado, también para ofrecer a la cultura, es más, a las culturas de nuestro tiempo, un ejemplo elocuente de diálogo fecundo y eficaz, orientado a hacer este mundo nuestro más humano y más bello. Vosotros hoy me presentáis el fruto de vuestra creatividad, de vuestra reflexión, de vuestro talento, expresiones de los diversos ámbitos artísticos que representáis aquí: pintura, escultura, arquitectura, orfebrería, fotografía, cine, música, literatura y poesía. Antes de admirarlas junto a vosotros, permitidme que me detenga solo un momento en el sugerente título de esta Exposición: "El esplendor de la verdad, la belleza de la caridad”. Precisamente en la homilía de la Misa pro eligendo pontifice, comentando la bella expresión de san Pablo de la Carta a los Efesios, veritatem facientes in caritate (4,15), definí el “hacer la verdad en la caridad” como una fórmula fundamental de la existencia cristiana. Y añadí: "En Cristo, coinciden verdad y caridad. En la medida en que nos acercamos a Cristo, también en nuestra vida, verdad y caridad se funden. La caridad sin verdad estaría ciega: la verdad sin caridad sería como un 'címbalo que retiñe' (1Cor 13,1)”. Ea precisamente desde la unión, quisiera decir desde la sinfonía, desde la perfecta armonía de verdad y caridad, de donde emana la auténtica belleza, capaz de suscitar admiración, maravilla y alegría verdadera en el corazón de los hombres. El mundo en que vivimos necesita que la verdad resplandezca y no sea ofuscada por la mentira o por la banalidad; necesita que la caridad inflame y no sea superada por el orgullo y por el egoísmo. Necesitamos que la belleza de la verdad y de la caridad alcance lo íntimo de nuestro corazón y lo haga más humano. Queridos amigos, quisiera renovaros a vosotros y a todos los artistas un llamamiento amistoso y apasionado: no separéis nunca la creatividad artística de la verdad y de la caridad, no busquéis nunca la belleza lejos de la verdad y de la caridad, sino que con la riqueza de vuestra genialidad, de vuestro impulso creativo, sed siempre, con valor, buscadores de la verdad y testigos de la caridad; haced resplandecer la verdad en vuestras obras y haced de modo que su belleza suscite en la mirada y en el corazón de quien las admira el deseo de hacer bella y verdadera la existencia, toda existencia, enriqueciéndola con ese tesoro que no disminuye nunca, que hace de la vida una obra de arte y de cada hombre un artista extraordinario: la caridad, el amor. Que el Espíritu Santo, artífice de toda la belleza que hay en el mundo, os ilumine siempre y os guíe hacia la Belleza última y definitiva, la que inflama nuestra mente y nuestro corazón y que esperamos poder contemplar un día en todo su esplendor. Una vez más, gracias por vuestra amistad, por vuestra presencia y porque lleváis al mundo un rayo de esta Belleza que es Dios. De verdadero corazón os imparto a todos vosotros, a vuestros seres queridos y al entero mundo del arte mi Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (2 de julio de 2011). (AICA)
Este domingo la liturgia nos habla de la humildad y lo hace desde Jesucristo, que se nos presenta como: “paciente y humilde de corazón” (Mt. 11, 29). Jesucristo no consideró su condición divina como algo que debía guardar celosamente, nos decía san Pablo, sino que: “haciéndose semejante a los hombres… se humilló hasta aceptar la muerte” (Flp. 2, 7-8). Esto tiene un significado ejemplar. Podemos decir que la humildad es el supuesto de las demás virtudes, es “mater et caput” (madre y cabeza) de todas las virtudes.
El conocimiento de la verdad, en cuanto valor que eleva y hace libre al hombre, necesita de la humildad. Si la fuente de la libertad está en la verdad: “conocerán la verdad y la verdad los hará libres”, nos dice san Juan (Jn. 8, 32), en este sentido, la verdad, necesita de la humildad como camino para ser alcanzada.
Es significativa la reflexión que presenta Juan Pablo II cuando al hablar del camino hacia la verdad nos propone: “la vida de santidad que resplandece, dice, en tantos miembros del pueblo de Dios frecuentemente humildes y escondidos a los ojos de los hombres, la que constituye el camino más simple y fascinante en el que se nos concede percibir inmediatamente la belleza de la verdad, la fuerza liberadora del amor de Dios…” (V.S. 107). Podríamos decir que el Santo Padre no hace más que aplicar la luminosidad del Evangelio de hoy, cuando leemos: “Te alabo, Padre, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños” (Mt. 11, 25).
Ponderar la virtud de la humildad en un mundo acostumbrado a valorar el éxito inmediato, el tener más en términos materiales, parecería que no es algo aconsejable, sin embargo, ella es la clave que da sentido a su deseo de felicidad y de realización, porque se alimenta, precisamente, de la verdad. ¡Cuántas angustias se sanarían en el corazón del hombre de hoy que vive angustiado, si asumiera con humildad la riqueza de su verdad!
En la aparente debilidad de la humildad está la verdadera sabiduría y fortaleza del hombre, porque ella es el camino que le permite conocerse y valorar las cosas y las personas. El humilde no vive pendiente de los éxitos de los demás, sino que conoce y ama lo que es y lo que tiene. El problema que preocupa al humilde no es dominar, tener más, sino lo que es valioso y la respuesta que ese valor le exige. Su enemigo es el orgullo y la soberbia, más que la impureza, porque nos impiden descubrir lo valioso y convivir con el éxito ajeno.
El humilde todo lo que posee lo vive como un don que engendra gratitud y libertad, como dice san Pablo: “Qué tienes que no hayas recibido. Y si los ha recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (1 Cor. 4, 7). La humildad es causa y preserva en nosotros la alegría del don recibido. Por ello, diría que Jesucristo es maestro que salva desde su humildad.
Deseándoles un fin de semana en compañía de sus familias y amigos, reciban de su Obispo junto a mis oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (2 de julio de 2011). (AICA)
MATRIMONIO DESIGUAL Y DERECHO A LA IDENTIDAD
La ley llamada de Matrimonio Igualitario está dando lugar a combinaciones extravagantes, y bastantes antiigualitarias.
Por ejemplo: nos hemos enterado, por los medios de prensa, de que en Rosario se ha inscripto el nacimiento de dos mellizas como hijas de dos mujeres unidas por esta nueva forma de unión. Las niñas han recibido el apellido de ambas, porque tendrán dos mamás. En realidad, solamente una de esas dos mujeres es madre biológica de estas niñas; la otra, en cambio, ha reivindicado ese papel y el reconocimiento consiguiente porque ha estado presente en el acto de inseminación artificial y luego también durante la cesárea por la cual las niñas nacieron.
Ahora bien, corresponde preguntar: ¿y quién es el papá? Estas niñas no lo sabrán nunca, posiblemente. ¿No existe un derecho de conocer la identidad biológica de cada uno? ¿No podrán reclamarlo ellas más adelante?
Otro caso: un señor que se viste de mujer, que se ha puesto nombre de mujer y que recientemente ha recibido el documento donde figura así, también unido en matrimonio igualitario con otro hombre, como es una persona muy conocida en la farándula, ha anunciado que va a ser mamá.
Su consorte ha aportado biológicamente al nacimiento de ese niño que va a nacer y seguramente alguna mujer habrá donado el gameto femenino y otra habrá alquilado su vientre. Cuándo nazca el niño, o los niños, pues las informaciones también hablan de mellizos, será probablemente anotado con el apellido de estos dos consortes del matrimonio igualitario, pero este niño o estos niños no sabrán nunca quién es su mamá biológica. Recordemos, de paso, que se viene persiguiendo a dos jóvenes vinculados a un importante medio de prensa, y se los obliga a investigar su identidad biológica aun cuando son felices ignorándola. ¡Pero en los casos provocados por el matrimonio igualitario la identidad biológica no importa!
Esto ocurre porque se están aprobando en la Argentina leyes contrarias a la realidad natural, como si la naturaleza humana no existiera y esta situación lamentablemente, va siendo aceptada con pasividad por mucha gente.
En el segundo caso que he comentado, como la persona es famosa todo el mundo la felicita porque va a ser mamá. En realidad no va a ser mamá. ¿Qué va a ser? Tendría que ser papá. Es una confusión, y por eso digo que se trata de casos extravagantes, y también antiigualitarios, por lo desparejos.
Existe todavía desgraciadamente el machismo, pero ahora se ha inventado otra forma de conducta que podríamos llamar hembrismo. No debemos aceptar pasivamente que se altere el nombre de las realidades. Cada cosa tiene su nombre y no debemos caer en una situación de tolerancia beata, por la cual todo es igual.
Tenemos que reconocer que se encuentra en ejecución en la Argentina un proyecto de cambio cultural para la imposición de nuevos paradigmas en los cuales no cuenta la naturaleza humana. Ya he criticado varias veces los diseños curriculares de varias materias en el sistema de educación pública en los cuales se esfuma la realidad de la naturaleza. Es como si el ser humano fuera una pura existencia abierta que se modela él mismo a capricho y que hace de su cuerpo también lo que le da la gana.
Imaginen ustedes lo que significa, por otra parte, este recurso a técnicas artificiales de procreación. ¿Qué es esto de donación de óvulos, de compra de óvulos o de espermatozoides o de alquiler de vientres? ¿Cuántos niños quedan en el camino; quiero decir, cuántos embriones se pierden en estos procedimientos?
Volvamos al problema principal: el intento de negar que existe una naturaleza humana para imponer la persuasión, de que el hombre se construye a sí mismo.
En el fondo, esta idea es profundamente atea. Va contra la realidad, va contra la creación, y el que no admite la realidad de la creación y que existe una naturaleza ordenada y bella, no reconoce ni admite la existencia de un Creador, un Creador sapientísimo y bondadoso que ha hecho del ser humano la más maravillosa de sus creaturas.
Nosotros tenemos que resistir a la imposición de estos paradigmas, y para eso es muy importante comentar estas cosas, reivindicar el sentido común y decir, cuando se publican hechos como los comentados, que son verdaderos disparates.
¡Desgraciadamente los disparates existen, pero que no nos obliguen a reconocer que son cosas normales!
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Mensaje de monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo Mercedes-Luján sobre las elecciones (3 de julio de 2011). (AICA)
EJERCICIO RESPONSABLE DE NUESTRA PARTICIPACIÓN CIUDADANA EN EL SISTEMA DEMOCRÁTICO
Queridos hermanos todos en el Señor:
Acercándose la fecha del aniversario de nuestra independencia y teniendo en cuenta la proximidad de las elecciones (tanto primarias como generales) creo oportuno señalar algunos puntos para la reflexión y el ejercicio responsable de nuestra participación ciudadana en el sistema democrático.
Entiendo que no hacemos en la iglesia política partidaria, aunque es evidente que cada ciudadano es un ser político y, más aun como cristiano ha de ser un constructor de la sociedad, promoviendo el bien común, estando al servicio de los demás, poniéndose particularmente del lado de los más pobres para socorrer sus necesidades impulsados por los ideales del evangelio que nos presenta una fundamental igualdad de todos los hombres (somos hijos Dios), una inviolable dignidad de cada ser humano, que no puede ser manipulado e instrumentalizado ya que toda persona es un fin en sí misma - no un objeto de uso o un medio para alcanzar beneficios-. También el altísimo sentido de justicia que anima la fe cristiana, nos pone en el compromiso serio por la veracidad y transparencia de las relaciones con los demás, ya sean económicas y/o sociales.
1. El voto
El pueblo argentino elegirá sus representares para el gobierno de nuestra nación. Es un modo de ejercer la responsabilidad mediante el voto. Cada ciudadano debe elegir a gobernantes que hayan demostrado querer afirmar principios para una convivencia honesta y que se comprometan a cumplimentar las aspiraciones de sus hermanos.
Con el voto promovemos los derechos de la sociedad, el interés nacional y el bien común. Con el voto decimos a los demás que estamos de acuerdo con lo que el candidato y su partido han prometido durante la campaña.
Renunciar a la posibilidad de votar o votar en blanco es un modo de desinteresarse por la marcha de nuestra nación y estaríamos renunciando a un futuro mejor.
2. Los candidatos
Deben estar comprometidos en el bien común, y por tanto en proyectos de educación, salud y vivienda que mediante oportunas reformas, logren disminuir los niveles de pobreza y marginalidad de tantos hermanos nuestros que hoy están excluidos de la sociedad.
Deberán implementar junto a los otros dos poderes las reformas necesarias a las leyes para que se abran siempre más las posibilidades de trabajo para todos, se asegure la justicia y disminuya o desaparezca la inseguridad.
Deberán evitar toda vinculación con las lacras de nuestra sociedad como son la droga, el juego y la trata de personas con la convicción de que el dinero mal habido no puede ser garantía de una sana convivencia. En tal sentido todo candidato deberá esforzarse por combatir el desempleo, la corrupción y toda política que atente contra la moral y la paz social.
Deberán tener un pasado que los califique para la función pública como el respeto por las minorías, sinceridad en sus actitudes, compromiso con los sectores populares y haber conducido honestamente su campaña electoral.
3. Los partidos
Debemos pedir a cada partido la propuesta que tiene para los temas que más nos interesan y que defienda las aspiraciones más sanas de nuestro pueblo: La defensa de la vida desde su concepción hasta su muerte natural. Por eso asegure una vida digna, justa y feliz para todos.
Un partido político democrático no teme al debate, se rige por los valores de la familia, del trabajo, de la amistad, de la honestidad y del respeto por las creencias religiosas que sintonizan con la ley natural.
Por el tiempo transcurrido, no parece que los partidos tomen la iniciativa. Nos corresponde a nosotros promover reuniones y discusiones en las familias, en los grupos, en las escuelas y universidades, en las sociedades de fomento y principalmente en los medios masivos de comunicación social como son la radio y la televisión.
4. Cada uno de nosotros
Todos somos responsables de este momento histórico que vive nuestra Patria en el sano ejercicio democrático.
Vivamos con la esperanza de que quien sea elegido logre combatir siempre más el desempleo, logre garantizar los servicios públicos para todos, especialmente, para los más pobres, logre una reforma agraria que favorezca no sólo a los agricultores sino a toda la población, logre una reforma fiscal progresiva, logre promover la industria nacional, logre combatir la inseguridad y se empeñe por conseguir todo lo que el pueblo necesita.
5. El día después
Una vez elegidos nuestros representantes nos queda una doble responsabilidad, por un lado apoyar todo aquello que sea para el bien común y por el otro nos compete fiscalizar para que se cumpla lo prometido en la campaña y podamos avanzar en el sueño de un País más humano, más fraterno, más libre que es como decir con más vida de Evangelio para todos.
La Santísima Virgen, Nuestra Señora de Luján, nos ayude a vivir este tiempo de gracia con un compromiso verdadero.
Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo Mercedes-Luján
ZENIT publica la intervención que dirigió Benedicto XVI el domingo 3 de julio de 2011 a mediodía desde la ventana de su estudio a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano para rezar la oración mariana del Ángelus.
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy en el Evangelio, el Señor Jesús nos repite esas palabras que conocemos tan bien, pero que siempre nos conmueven: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os daré descanso. Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11, 28-30). Cuando Jesús recorría las calles de Galilea anunciando el Reino de Dios, y curando a muchos enfermos, sentía compasión de la muchedumbre, porque estaban cansados y abatidos, como ovejas sin pastor (Cf. Mateo 9, 35-36).
Esa mirada de Jesús parece extenderse hasta hoy, hasta nuestro mundo. También hoy se posa sobre tanta gente oprimida por condiciones de vida difíciles, así como desprovista de válidos puntos de referencia para encontrar un sentido y una meta a la existencia. Multitudes extenuadas que se encuentran en los países más pobres, probadas por la indigencia; y en los países más ricos también hay muchos hombres y mujeres insatisfechos, incluso enfermos de depresión. Pensemos, además, en los numerosos evacuados y refugiados, en cuantos emigran arriesgando su propia vida. La mirada de Cristo se posa sobre toda esta gente, es más, sobre cada uno de estos hijos del Padre que está en los cielos, y repite: “Venid a mí todos…” .
Jesús promete que dará a todos “descanso”, pero pone una condición: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón”. ¿En qué consiste este “yugo”, que en lugar de pesar aligera, y en lugar de aplastar levanta?
El “yugo” de Cristo es la ley del amor, es su mandamiento, que ha dejado a sus discípulos (cf. Juan 13, 34; 15,12). El verdadero remedio para las heridas de la humanidad --tanto materiales, como es el hambre y las injusticias, y psicológicas y morales, causadas por un falso bienestar-- es una regla de vida basada en el amor fraterno, que tiene su manantial en el amor de Dios. Por esto es necesario abandonar el camino de la arrogancia, de la violencia utilizada para procurarse posiciones cada vez de mayor poder, para asegurarse el éxito a toda costa. También por respeto del ambiente es necesario renunciar al estilo agresivo que ha dominado en los últimos siglos y adoptar una razonable “mansedumbre”. Pero sobre todo en las relaciones humanas, interpersonales, sociales, la regla del respeto y de la no violencia, es decir, la fuerza de la verdad contra todo abuso, puede asegurar un futuro digno del hombre.
Queridos amigos, ayer celebramos una particular memoria litúrgica de María Santísima, al alabar a Dios por su Corazón Inmaculado. Que la Virgen nos ayude a “aprender” de Jesús la humildad verdadera, a tomar con decisión su yugo ligero, para experimentar la paz interior y ser capaces de consolar a otros hermanos y hermanas que recorren con fatiga el camino de la vida.
[Tras rezar el Ángelus, el papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo con afecto a los grupos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los profesores y alumnos del Colegio Internacional Europa, de Sevilla. "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados", nos dice hoy Cristo en el Evangelio. Que esta palabra resuene con claridad en el corazón de todos, de modo que, presentando al Señor nuestros afanes y sufrimientos, encontremos en Él la fuerza para afrontar la vida con alegría y serenidad de espíritu, siendo testigos de su amor y fuente de esperanza para los necesitados. Gracias por vuestra presencia y vuestras oraciones. Feliz domingo.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica la declaración de los obispos católicos participantes en la reunión sobre migración en Centroamérica, Norteamérica y el Caribe, emitida el 3 de junio en San José de Costa Rica.
Nosotros, Obispos católicos responsables de las comisiones de movilidad humana reunidos en San José, Costa Rica, del 1 al 3 de junio de 2011, unidos a religiosos, religiosas, laicos, laicas, participantes de CELAM y de Cáritas Internacional, comprometidos con la realidad migratoria, expresamos nuestra solidaridad con nuestros hermanos y hermanas que migran en busca de una mejor vida en esta región.
Testigos del gran sufrimiento que viven las personas migrantes de nuestros países y regiones, quienes son víctimas de explotación y abuso por parte de varios actores (funcionarios públicos, empleadores sin escrúpulos y organizaciones criminales), nuevamente exigimos a nuestros gobiernos hacerse responsables de la protección legal a los y las migrantes, incluyendo a quienes buscan trabajo, solicitan asilo, refugio y han sido víctimas de Trata de Personas. Pedimos especial atención y protección para familias, mujeres y niños.
Reconocemos el derecho de soberanía de las naciones para legislar sin embargo, consideramos injustas e inhumanas y, por lo tanto, objeto de cambio o supresión, las leyes que provocan la separación de familias migrantes, detenciones arbitrarias y amenazas a la vida. Todas estas consecuencias se ven reflejadas en:
El incremento de la violencia en los secuestros por parte del crimen organizado de las personas migrantes. El dramático incremento de secuestros y homicidios de migrantes en México, cometidos por organizaciones criminales, demandan una respuesta urgente.
La masacre de 72 migrantes en Tamaulipas, México, el año pasado y los descubrimientos más recientes de más de 200 personas –muchas de ellas migrantes-en el norte de México, representan una terrible tragedia que ha recibido poca atención por parte de las autoridades gubernamentales.
Estos asesinatos y secuestros continúan en la impunidad. Las personas migrantes que han sido secuestrados y luego liberados han experimentado traumas severos y todavía no reciben ningún tipo de atención ni servicio; ellas deberían recibir cuidado específico para víctimas en México o en su país de origen. Exigimos a nuestros gobiernos que trabajen juntos para reducir el peligro que padecen las personas migrantes y que castiguen a los responsables de estos crímenes. Hacemos un llamado a los gobiernos y nuestros hermanos a concientizar a las personas migrantes sobre la peligrosidad de las organizaciones criminales que operan en México y a no dejarse engañar por ellas.
El incremento en las deportaciones entre Estados Unidos y México. El gobierno de Estados Unidos apoyado por su Congreso ha deportado una cantidad record de migrantes en los últimos dos años, a pesar de la petición realizada por la Iglesia Católica, para trabajar en la reforma de la ley de migración que incluiría la legalización de los trabajadores indocumentados y sus familias. Urgimos al Gobierno de los Estados Unidos cambiar el curso de sus acciones y proteger a los migrantes y sus familias independientemente de su status migratorio.
De la misma manera, en México han aumentado las deportaciones, los migrantes han recibido un duro tratamiento y casi nulo acceso al debido proceso. El Gobierno mexicano pierde credibilidad cuando busca protección para sus ciudadanos en otros países pero no la provee para los inmigrantes en México.
La tragedia de la Trata de Persona. Aquellos que viven en pobreza continúan siendo víctimas de la Trata de Persona en nuestro hemisferio, sobre todo representan un alto grado de vulnerabilidad los niños y niñas migrantes no acompañados, que en muchos casos son víctimas en los países de tránsito y destino. Ciertamente se han realizado pasos importantes en los últimos diez años para enfrentar este problema humanitario que no son suficientes. Expresamos nuestro apoyo a los esfuerzos contra la Trata de Personas y el aumento en la atención de víctimas. Urgimos la vigilancia de parte de los gobiernos y nuestros compatriotas en la lucha en contra de esta tragedia hasta que sea eliminada de nuestro hemisferio y del mundo entero.
Crecimiento de la inequidad económica. Como hemos sostenido en el pasado, la solución a la migración es el desarrollo y las oportunidades económicas en todo el hemisferio, de tal manera que las familias puedan encontrar trabajo y vivir con dignidad en sus países de origen. Mayor atención debe ponerse a la inequidad económica, especialmente cuando la integración económica y los acuerdos de libre comercio son abordados entre países del hemisferio.
Estos acuerdos favorecen algunos sectores económicos pero excluyen a otros. Un gran número de trabajadores, particularmente en las zonas rurales pobres en los países en desarrollo, frecuentemente son despojados de su medio de subsistencia debido que tales acuerdos no toman en cuenta sus intereses.
Más importante aún, es que los gobiernos del hemisferio provean y fomenten la inversión social y pongan su atención en la creación de empleos y la satisfacción de necesidades de salud, educación, vivienda y seguridad social. El desarrollo económico y social sostenible debe ser la meta más importante del hemisferio.
Los efectos de la globalización en las personas. Vivimos en un tiempo en que los bienes, el capital y la comunicación se intercambian globalmente en poco tiempo. Sin embargo, las personas en movimiento que proveen de fuerza de trabajo para mantener el crecimiento económico no reciben protección legal. Nuestros gobiernos no pueden continuar beneficiándose del trabajo de las personas sin documentos sin ofrecerles protección legal.
Los países de origen se benefician enormemente de las remesas enviadas por los migrantes, pero sin compromisos verdaderos que transformen la realidad de las personas migrantes y sus familias, a través de obras de desarrollo y promoción humana integral, para ellas y las comunidades. Los países de destino obtienen beneficios del trabajo de los migrantes pero se resisten a darles protección y en ocasiones los utilizan como objetos durante los procesos electorales. Las autoridades en países de destino también someten a los migrantes a duros y difíciles procesos migratorios y no los protegen de la explotación y el abuso, permitiendo con ello el irrespeto de la dignidad de la persona.
En tanto que es un tema moral, esta situación no puede continuar. Urgimos a las naciones que no han ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Trabajadores Migrantes y sus familias, aprobarla y armonizar su legislación, y crear políticas públicas que reflejen el espíritu de la Convención para las personas migrantes independientemente de su status migratorio.
El incremento en las amenazas a agentes de la Pastoral de Migrantes en su carácter de defensores y defensoras de derechos humanos. Este es un drama que ha aumentado en México, como una cacería para tantos hombres y mujeres cuya labor pastoral hermana y solidaria, se ha convertido en amenaza, sobre todo para la bandas criminales y algunos funcionarios coludidos con ellos, que han perdido el sentido de ver a la persona y ven en el migrante una mercancía de lucro.
Algunos agentes de la pastoral, pese a encontrarse con amenazas de estos criminales, han asumido su compromiso de fe con valentía y han defendido con su propia vida y con celo a los migrantes, como el pastor defiende a la oveja del lobo que se la quiere tragar.
A estos hermanos/as les agradecemos su testimonio de fe, les exhortamos a seguir siendo fieles al Señor Jesús; al mismo tiempo, urgimos a las autoridades correspondientes fomentar, respetar y reconocer los santuarios de migrantes, que lo único que buscan es ser una Casa Grande donde todos/as son hermanos y hermanas, hijos/as de un Padre común.
El proceso de recuperación de Haití. Urgimos la continua colaboración para la recuperación de Haití, la nación más pobre del hemisferio, tras el terremoto de enero de 2010. Apremiamos a las naciones a proteger a los haitianos que residen en su territorio y a continuar la asistencia económica a Haití. Felicitamos a las naciones que ofrecen protección ampliada para los haitianos en sus territorios.
Sin embargo, nos preocupan las nuevas deportaciones de migrantes haitianos hacia Haití en un contexto de inseguridad económica y política. Las naciones que han renovado las deportaciones deberían detenerlas hasta que Haití se recupere y esté en condiciones de recibirles.
Como Pastores y acompañantes, continuaremos defendiendo los derechos de los migrantes en nuestro hemisferio y visibilizando sus necesidades. Mientras apoyamos la implementación de la ley en nuestros países también trabajamos para que estas leyes sean justas para todos los seres humanos, especialmente para aquellos que no tienen poder político ni tienen quién les represente. Pedimos a los católicos y a todas las personas de este hemisferio que nos acompañen en esta tarea. Llamamos a los católicos a acoger a los migrantes, actitud que forma parte de nuestra fe y nuestro compromiso cristiano.
Como seguidores de nuestro Señor Jesucristo continuamos “acogiendo al extranjero” tal como él nos enseño: haciendo vida la escena de la persona que cae en manos de bandidos y el paso de una buena persona, que hace las veces de Jesús: vendó sus heridas…y cuidó de él (Lc. 10, 2537), e invita a hacer lo mismo: cuida de él, porque “lo que hayas hecho a uno de nuestros pequeños, me lo hiciste a mí (Mt.25, 35-40).
Mons. Ángel Sancasimiro
Obispo de Alajuela
Responsable de la Movilidad Humana
Conferencia Episcopal de Costa Rica
Mons. Rafael Romo Muñoz
Arzobispo de Tijuana
Responsable de la Movilidad Humana
Conferencia Episcopal Mexicana
Mons. Pedro Valera Sever
Obispo Aux. Arquidiócesis de Panamá
Responsable de Pastoral Social
Conferencia Episcopal de Panamá
Mons. Anthony B. Taylor
Diócesis de Little Rock, Arkansas
Conferencia Episcopal de Estados Unidos
Mons. Pedro Hernández Cantarero
Obispo del Vicariato de Darién
Encargado de Migración
Conferencia Episcopal de Panamá
Mons. Álvaro Ramazzini Imeri
Obispo de San Marcos
Responsable de la Movilidad Humana
Conferencia Episcopal de Guatemala
Mons. Joseph Bonello
Obispo Auxiliar de Juticalpa
Responsable de la Movilidad Humana
Conferencia Episcopal de Honduras
Mons. Raúl Vera López
Obispo de Saltillo
Conferencia Episcopal Mexicana
ZENIT publica la exhortación pastoral emitida por la Conferencia Episcopal de Venezuela al clausurar su asamblea plenaria con motivo del bicentenario, 5 de julio (1811-2011)
1.- La Carta Pastoral sobre El Bicentenario del 19 de abril, que compartimos el año pasado con todo el pueblo de Venezuela, tenía como objetivo ser memoria viva y agradecida del gesto heroico del inicio del proceso emancipador y, a su vez, propuesta de proyección en el presente y el futuro de nuestro país .
2.- Con la presente declaración, como Pastores de este pueblo, invitamos desde el evangelio de Jesús a todos los venezolanos a transformar nuestra sociedad, fracturada, agresiva y violenta, en otra que sea justa, respetuosa y unida. A convertir el poder en servicio y los bienes de la tierra en medios de vida y oportunidades para todos, en vez de utilizarlos como proyectos e instrumentos de lucha de clases y discriminación . El Concilio Plenario aprobó dos documentos claves y actuales para asumir la tarea de la reconstrucción del país: La contribución de la Iglesia a la gestación de una nueva sociedad y La Evangelización de la cultura en Venezuela .
MEMORIA AGRADECIDA DEL PASADO
3.- El 5 de julio es nuestra fiesta nacional por excelencia. Su celebración es una exigencia de justicia con las personas que, con su inteligencia, coherencia y fidelidad al espíritu de libertad, engendraron la patria. Esos hombres se comprometieron con sus vidas y bienes a construirla libre de vínculos coloniales. En su gesto brilló la fuerza de la civilidad, la autoridad de la inteligencia, el diálogo, la firmeza y el coraje. Su proyecto de república independiente e igualitaria no fue del todo explicitado, ni comprendido, ni puesto en práctica solidariamente, lo que llevó a la división en bandos ensangrentados y trajo consigo la desgracia de la guerra civil .
EL PRESENTE: DESAFIO A NUESTRA CAPACIDAD DE CONVIVENCIA PACIFICA
4.- La actual situación de nuestro país refleja distintas realidades. Por una parte, la globalización, un fenómeno complejo que posee diversas dimensiones. Lamentablemente su cara más extendida y exitosa es su dimensión económica, que se sobrepone y condiciona las otras dimensiones de la vida humana . Esa globalización, que es también comunicacional-mediática, se traduce en estructuras de poder y en cultura del consumo y del espectáculo. Ella es efecto y causa de la modernización, gracias a los avances de la ciencia y la tecnología, y nos pone ante un mundo cambiante, con nuevas necesidades y exigencias diferentes a las de las generaciones anteriores.
5.- Por otra parte, la regionalización e integración latinoamericana, de la que nuestro país es protagonista, ha sufrido altibajos, marchas y contramarchas, en las que ha privado una falta de visión y un exceso de politización, dando al traste con proyectos sólidos y de largo alcance que favorezcan las economías y la convivencia de nuestros pueblos. No obstante, en América Latina y El Caribe se aprecia una creciente voluntad de integración regional con acuerdos multilaterales, involucrando un número creciente de países que generan sus propias reglas en el campo del comercio, los servicios y las patentes . Sin embargo, el peligro de aislarnos por posturas ideológicas, más que por intereses comunes, es un escenario real.
6.- En este contexto, nuestro país, atraviesa una coyuntura sociopolítica que se hace cada día más difícil. En efecto, mientras muchas naciones viven un desarrollo sistemático, progresivo y acelerado, Venezuela sufre un constante deterioro económico social; lo que implica que estamos quedando fuera de la tendencia global de cambios que permitan un desarrollo sostenido .
7.- A lo anterior se añade lo que estamos viviendo en estos últimos días: el drama inhumano de las cárceles. La descomposición de estas instituciones es global y profunda. La ambigüedad en la defensa de los derechos humanos y la ineficiencia del Estado para dar una respuesta adecuada a tan vasta problemática, hacen presumir que la situación se le ha escapado de las manos a las autoridades y ha pasado a las de los mismos reclusos. Es tiempo ya de dar una solución definitiva y humanizadora al sistema penitenciario. Lamentamos la inestimable pérdida de vidas humanas en los hechos más recientes de violencia carcelaria.
8.- Otro hecho que llama a reflexión es el daño causado a imágenes religiosas en diferentes ciudades. Este insólito ataque representa un desprecio a las devociones más queridas del pueblo, y en la práctica, una negación de los valores trascendentes; esconde el mismo irrespeto a la vida y a la dignidad del ser humano. Es lo contrario de una vida digna, serena y pacífica.
9.- Ante tantos problemas que vivimos a nivel personal, familiar y social, corremos el peligro de dejarnos invadir por el pesimismo debido a la falta de propuestas concretas con una nueva visión de país. El pesimismo puede llevarnos a una desilusión parecida a la de los discípulos de Emaús, quienes, entristecidos por la muerte de Jesús, caminaban sin esperanza . No podemos sucumbir a la tentación de la indiferencia, la resignación o la huida de la realidad. Frente a estos peligros nos alienta e impulsa la presencia del Señor en nuestras vidas, la fuerza de su Espíritu y el Pan de vida de la Eucaristía, como lo proclamamos gozosamente en el IV Congreso Eucarístico Nacional que acabamos de celebrar.
EL BICENTENARIO COMO MOTIVACION PARA EL CAMBIO
10.- Hemos sido y seguimos siendo un pueblo profundamente solidario, fraterno, trabajador y abierto a los demás, sin distinción de color, procedencia, credos o preferencias políticas. La tolerancia es una virtud del venezolano. Los problemas públicos suelen enfrentarse con paciencia y hasta con ánimo jocoso. Pero esta actitud no es suficiente. No debemos perder la capacidad de crítica ni de asombro ni de reacción moral; no podemos permanecer de brazos cruzados ante una situación que hiere las fibras humanas y espirituales más hondas de toda la sociedad venezolana.
11.- La parábola evangélica del Buen Samaritano , que expresa la actitud que Jesucristo reclama a sus oyentes: anda y haz tú lo mismo , nos ilumina para unir esfuerzos y levantar al país. La conmemoración del Bicentenario del 5 de julio nos brinda la ocasión de hacer propuestas, como ciudadanos y pastores, que aspiramos se conviertan en criterios de renovación social de Venezuela.
12.- Primero, es urgente recuperar entre todos el respeto y la promoción de la inviolable dignidad de la persona humana y de todos sus derechos. Sigamos el ejemplo de tanta gente desinteresada que, movida por un profundo sentido humanista y por las exigencias superiores de la fe religiosa, trabaja por los derechos humanos, la dignificación de las cárceles y la superación integral de los más pobres. El Estado, a su vez, tiene que demostrar capacidad y eficiencia para construir y cuidar los servicios básicos dignos: desde la recolección de la basura hasta la atención médica; una infraestructura confiable de la vialidad, el servicio eléctrico sin interrupciones, el trato humano adecuado en la oficina pública o privada, en el mercado o en el estadio, en el hogar y en el vecindario. En una palabra, dar respuesta satisfactoria a las necesidades del pueblo.
13.- Segundo, valorar una cultura del trabajo y de la colaboración solidaria en la producción y gestión de la riqueza. Se crece y madura como persona en el trabajo tesonero y en el aporte real de nuestras capacidades al bien común. Tenemos que superar la anticultura de la dádiva, de las colas interminables para recibir los mendrugos de una asignación o beca de la autoridad de turno. No podemos seguir con una vida parasitaria que se mueve al vaivén de quien tiene para repartir. No puede ser el clientelismo el que conceda empleos a quienes no son capaces o no estén suficientemente preparados para una determinada tarea y lo único que pueden mostrar es su afecto o compromiso con una línea política. La capacitación laboral de calidad y las oportunidades de empleo deben ser los parámetros de una cultura que aprecie el sentido pleno del trabajo productivo.
14.- Tercero, revalorizar la ciudadanía. Ser ciudadano es responsabilizarse de la vida y de la marcha de la comunidad. Participar activa y conscientemente en todos los espacios de la vida social. El país que queremos necesita del protagonismo de todos, en el que la meta principal ha de ser el bien común. Ciudadanía es también sinónimo de respeto al pluralismo y promoción de la convivencia democrática.
15.- Cuarto, ser discípulos de la verdad, el bien y la gratuidad. Solo la verdad nos hace libres . No transitemos por los caminos del facilismo, la mediocridad, el engaño o la manipulación. Necesitamos ver y reconocer un sinnúmero de ejemplos a nuestro alrededor, que nos muestran cómo se puede pensar en el bien del otro antes que en el propio beneficio.
16.- Quinto, corresponder a un país necesitado de auténtica reconciliación. Como creyentes estamos ante la gran oportunidad de manifestar el valor religioso del perdón, de la superación de los odios y resentimientos, para dar espacio a la acogida, a la sanación de actitudes, que nos lleven a incluir e integrar y a ser capaces de trabajar en común a pesar de las diferencias. La ética cristiana invita a alcanzar metas altas y exigentes, siempre con dulzura, delicadeza, y premura de quien desea el bien de las personas a quienes se dirige.
17.- Sexto, asumir como venezolanos y cristianos los desafíos de:
-- Integrar en nuestras vidas el proceso de conversión y renovación espiritual, moral, intelectual, en la familia, la comunidad y la Iglesia, en la línea de un compromiso mayor para transformar la realidad actual del país;
-- profundizar la opción preferencial por los pobres, ejercer un influjo real de transformación hacia un sistema económico más justo, más solidario y más propicio al desarrollo integral de todos;
-- promover la solidaridad cristiana y defender los derechos humanos ante las frecuentes violaciones de los mismos;
-- reconstruir la democracia, promoviendo la participación y organización ciudadana;
-- renovar la labor de evangelización del ámbito cultural, defendiendo y promoviendo los valores humanos .
CONCLUSION
18.- La celebración del Bicentenario del 5 de julio del año 1.811 nos exige escribir de nuevo el Acta de la Independencia encarnando en cada uno de nosotros los postulados que la constituyen: como todos los pueblos del mundo, estamos libres y autorizados para no depender de otra autoridad que la nuestra. Con la convicción de que la búsqueda de nuestro propio bien y utilidad no se quiere establecer sobre la desgracia de nuestros semejantes.
19.- Caminemos por la senda de la fraternidad y el respeto. Busquemos el bien y la utilidad común, sin menoscabo de los demás, de los que no piensan como nosotros. No repitamos los errores que condujeron al fracaso y a la guerra. Profundicemos la vía de la gratuidad, del servicio desinteresado. Como el samaritano del camino que se fue sin esperar reconocimientos ni gratitudes. La entrega desinteresada fue su satisfacción frente a Dios y ante sí mismo. Es lo que pedimos para todos: en especial, para el pueblo llano y sencillo, creyente y amante de la paz, auténtico depositario de la soberanía, integrado por personas libres y de invalorable dignidad.
20.- Quédate con nosotros porque ya es tarde y el día se acaba, le dijeron a Jesús los dos discípulos de Emaús; su actitud de desesperanza cambió al descubrir que era Jesús Resucitado aquel que les acompañaba y con quien conversaban. Dejémonos convocar por el gesto profundo de Cristo, compartiendo el pan, fruto del sacrificio y del trabajo común.
Los mejores logros en la vida bicentenaria del país, sólo se obtienen afirmando el sistema democrático, superando las diferencias políticas y aceptando el diálogo, no exento de tensiones, como vía de convivencia pacífica. Animémonos a vivir de esta manera; y comprometámonos, cada quien desde su propia responsabilidad, a construir entre todos un país mejor.
Con nuestra bendición episcopal y la seguridad de la maternal protección de María Santísima de Coromoto.
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela
Caracas, 29 de Junio de 2011, solemnidad de San Pedro y San Pablo
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “Somos o no somos”.
Somos o no somos
VER
El Congreso de Baja California Sur acaba de rechazar la petición que se le presentó de reconocer como un derecho humano fundamental el respeto a la vida humana desde su concepción; es decir, por mayoría de votos declararon legal el aborto. Es muy probable que esa mayoría de legisladores sean católicos, o al menos bautizados. Si es así, son totalmente incongruentes con la fe que recibieron y que quizá digan tener. Caso distinto a los legisladores de otros 18 Estados, donde han blindado constitucionalmente el derecho a la vida desde la fecundación.
Los crueles asesinatos ejecutados por las bandas narcotraficantes, inhumanos e inexplicables, son perpetrados por creyentes de diversas denominaciones religiosas, que incluso se atreven a pedir bautismos para sus hijos y misas por sus intenciones. Esparcir cadáveres torturados y decapitados en las entradas de las ciudades, colgarlos en los puentes peatonales, los secuestros, la ejecución de migrantes, la corrupción generalizada, la cooptación de autoridades, las ofensas y descalificaciones dolosas e inmisericordes entre candidatos a puestos públicos, nos avergüenzan como creyentes, pues parece que su fe recibida y declarada no les sirve para nada. ¿En qué se distinguen de un no creyente?
JUZGAR
El Papa Benedicto, al relanzarnos a una nueva evangelización, siguiendo las huellas de Juan Pablo II, habla de una “crisis de la vida cristiana”. ¿En qué se manifiesta? “La crisis conlleva los rasgos de la exclusión de Dios de la vida de las personas, de una indiferencia generalizada respecto a la fe cristiana misma, hasta el intento de marginarla de la vida pública. En las décadas pasadas todavía era posible encontrar un sentimiento cristiano general que unificaba el sentir común de generaciones enteras, crecidas a la sombra de la fe que había plasmado la cultura. Hoy, lamentablemente, se asiste al drama de la fragmentación que ya no permite tener una referencia unificadora; además, se verifica con frecuencia el fenómeno de personas que desean pertenecer a la Iglesia, pero que están fuertemente plasmadas por una visión de la vida en contraste con la fe… Ser cristiano no es una especie de vestido que se lleva en privado o en ocasiones particulares, sino que se trata de algo vivo y totalizante, capaz de asumir todo lo que de bueno existe en la modernidad” (30-V-2011).
En su reciente visita pastoral a Croacia, citó unas palabras dichas por el beato mártir Stepinac, en 1943: “Uno de los mayores males de nuestro tiempo es la mediocridad en las cuestiones de fe. No nos hagamos ilusiones. O somos católicos o no lo somos. Si lo somos, es preciso que se manifieste en todos los campos de nuestra vida”.
ACTUAR
Necesitamos convencernos de que es improrrogable una nueva evangelización, y no conformarnos con lo que tradicionalmente hacemos. No cerremos los ojos y el corazón a tantas personas bautizadas que están alejadas de la práctica religiosa, subyugadas por el atractivo de las drogas, del alcohol, del sexo, del negocio ilícito, de venderse como sicarios por unos cuantos pesos. No es cuestión sólo que deba combatir el gobierno, sino que es una interpelación a nuestra pastoral evangelizadora.
Nos dice el Papa: “Anunciar a Jesucristo único Salvador del mundo, es más complejo actualmente que en el pasado; pero nuestra tarea permanece igual que en los albores de nuestra historia. La misión no ha cambiado, así como no deben cambiar el entusiasmo y la valentía que movieron a los apóstoles y a los primeros discípulos… Subrayar que la Iglesia está llamada a realizar una nueva evangelización quiere decir intensificar la acción misionera para corresponder plenamente al mandato del Señor”.
Pero más que estrategias novedosas, lo que importa es “el estilo de vida de los creyentes”, como indicaba Pablo VI: “Será sobre todo mediante su conducta, mediante su vida, como la Iglesia evangelizará al mundo, es decir, mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra, de santidad” (EN 41). Seamos más misioneros.
Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la misa de San Pedro y San Pablo (29 de junio de 2011). (AICA)
Queridos hermanos:
Celebramos la Misa de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, una de las fiestas más antiguas del año litúrgico; y que el pueblo de Dios recuerda con fervor.
También celebramos con gratitud a Dios los sesenta años de la ordenación sacerdotal del Santo Padre Benedicto XVI, que fue ordenado providencialmente en este día y que hoy celebra su aniversario como Obispo de Roma y como sucesor de San Pedro. Nos unimos al Santo Padre en una feliz acción de gracias junto con los sacerdotes y los fieles, por su testimonio y entrega a lo largo de estos años.
En esta Misa celebramos las Ordenaciones sacerdotales de cuatro diáconos de nuestra Arquidiócesis de Rosario, D. Silvio Daniel Almarás de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima, de Casilda; D. Cristian Esteban Báes de la Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, de Pueblo Esther; D. Javier Darío Carbone, de la Parroquia y Catedral de Rosario; D. Pablo Tarcisio Siegel, de la Parroquia Sagrado Corazón de Rosario, que han hecho durante varios años su camino de preparación al sacerdocio en nuestro Seminario san Carlos Borromeo.
Columnas de la Iglesia
San Pedro y san Pablo, a quienes celebramos son dos columnas de la Iglesia: Pedro, fue elegido por el Señor para ser la roca, el primero en confesar la fe. Pablo, es el Apóstol, a quien recordamos como el maestro, que la interpretó y la dio a conocer.
Como decimos en el Prefacio, Pedro fundó la primera comunidad de la Iglesia con el resto de Israel; Pablo con inmenso ardor la extendió entre los paganos (cfr. Pref. Misa); y ambos dieron su vida y fueron coronados por el martirio.
En la página del Evangelio que escuchamos se narra un episodio central para la misión que el Señor le va a encomendar a Pedro, y contiene enseñanzas que son fundamentales para nuestra vida de fe. Particularmente el diálogo entre Jesús y sus discípulos, en el que Simón Pedro le responde decididamente a Jesús, reconociéndolo como el Mesías, el Hijo de Dios vivo (Mt.16, 18).
“Tu eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”
Fue entonces que Jesús, a su vez, ponderó la fe de Pedro, y respondió eligiendo para él un nombre y le confió una misión: «Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18).
Aquel hombre pescador, de carácter fuerte y fogoso, que juró dar la vida por Jesús, pero que también lo negó tres veces antes que cante el gallo, ahora es la roca, la piedra; y sobre esta piedra Jesús quiere edificar su Iglesia viva, en la que Pedro tendrá la misión central, de presidirla en la fe y el amor.
Ustedes queridos diáconos, serán ordenados en este día sacerdotes. Así como el Señor eligió a Pedro para una misión en su Iglesia; así también los elige a ustedes para ser sus sacerdotes.
Seguramente cada uno hoy recorrerá su historia, pensará en su propia vida, se sentirán como muy pequeños comparados con la grandeza de lo que van a recibir, porque conocen quiénes son, sus propias limitaciones, y su vida.
“Ya no los llamo siervos… sino amigos” (Jn 15,15)
Sin embargo, el Señor por medio de su Iglesia, los elige y los llama. Desde hoy, -como recordaba el Papa Benedicto XVI, conmemorando su Ordenación sacerdotal-, resuenan de un modo especial las palabras de Jesús en el Evangelio de Juan: “Ya no los llamo siervos… sino amigos” (Jn. 15,15).
Se trata de la amistad con Jesús, que es Él mismo quien la inicia, porque nos da a conocer todo lo que escuchó de su Padre (Jn 15,15), y a su vez nos une a Él con características de intimidad y de entrega.
Esta amistad tiene lugar a través de su amor, que se alcanza, como nos dicen los versículos que siguen, por el sacrificio, “dando la vida por los amigos” (v.13); se enriquece por la obediencia, ”si hacen lo que les mando”, (V.14); y también se sella por el compromiso y la fidelidad “para que vayan y den fruto” (v.16). De este modo, el mismo Jesús completará esta iniciativa suya de llamarlos sus amigos, abriéndola también a sus hermanos: “esto es lo que les mando, que se amen los unos a otros” (Jn. 15,17).
El sacerdocio no se comprende sin esta donación y atracción del amor de Jesús, que exige siempre correspondencia. Por ello ustedes recibirán con la Ordenación sacerdotal la misión de unirse a la mediación sacerdotal de Jesucristo, intimidad con Dios y solidaridad con los pecadores, clave del nuevo sacerdocio de Cristo, “para ofrecer dones y sacrificios por los pecados; y ser indulgente con los ignorantes y extraviados” (Heb.5, 1).
Dios los elige, y los hace suyos para siempre
Dios quiere de ustedes un corazón sacerdotal. Por eso el sacerdocio que brota del amor de Cristo, no es un simple «oficio», o una función que se vive solo en algunos momentos del día, o que tiene paréntesis intermitentes en la semana, o en el año; sino que un sacramento que toma nuestra vida en su integridad: Dios los elige, se vale de ustedes, con sus limitaciones y talentos, y los hace suyos para siempre; para estar más dispuestos a amarlo y servirlo en su Iglesia, y más presentes entre los hombres y actuar a favor de ellos en aquello que le pertenece a Dios..
Esta es la audacia de Dios, que los elige, y atrae, y los considera capaces de actuar en su nombre, anunciar su Palabra, consagrar y ofrecer su propio cuerpo en la Eucaristía, ser indulgentes y perdonar los pecados en su nombre, y reunir como un padre a la comunidad cristiana. Esta audacia de Dios, queridos hermanos, es realmente la mayor grandeza que se oculta en este don supremo del «sacerdocio» que hoy van a recibir. (cfr. Benedicto XVI, 11.VI.2010).
Sin embargo, el hecho de que Jesús nos ofreciera su Cuerpo y su Sangre por amor, y que perdonara nuestros pecados, tuvo su precio, y fue su entrega en la cruz, que deja percibir desde la fe la grandeza del amor de Dios. Allí Jesús afronta su “hora”, con una profunda oración, que consiste en la unión de su propia voluntad con la del Padre
Esto es lo que hizo Jesús en la Última Cena: ofreció pan y vino, e instituyó para siempre su nuevo sacerdocio, condensando así su acto de amor y su propia misión salvadora. En ese acto supremo está todo el sentido del misterio de Cristo, como lo expresa la Carta a los Hebreos: "Habiendo ofrecido en los días de su vida mortal ruegos y súplicas con clamor y lágrimas, fue escuchado…” (5,8-10).
También ustedes están llamados a vivir unidos a Cristo sumo y eterno sacerdote este ofrecimiento sacerdotal de sus propias vidas, aceptando la cruz, que deben tomar como discípulos para poder seguirlo.
En este sentido tendrán que asumir las pruebas, desde la óptica del amor redentor de Cristo. Pruebas y momentos difíciles de toda clase: porque el mundo no entiende ni acepta frecuentemente como creíble su misión, porque muchos desconocen a Cristo, o también se olvidaron de él.
No teman “devolver bien por mal”; como discípulos tomen cada día la cruz para seguirlo, y recen siempre por quienes los ofenden, y expandan el bien, como Jesús que pasó su vida haciendo el bien y derramando su gracia.
El sacerdocio que van a vivir y el celibato por el Reino, es un "sí" definitivo al amor de Dios
Para el mundo que no cree, el mundo para el que Dios no cuenta, la vida sacerdotal y nuestra vida de celibato por el Reino es muchas veces incomprensible, porque muestra precisamente que Dios está cerca y es vivido con esta opción profunda de vida. Porque el sacerdocio que van a vivir y el celibato por el Reino, es un "sí" definitivo al amor de Dios, es un dejarse tomar de la mano por Dios, es entregarse a Él; y es por tanto un acto de fidelidad y de confianza (cfr. Benedicto XVI, ib).
Por ello, estén seguros de que la Iglesia es el camino para sus vidas; porque es la Iglesia de Jesús. Que nunca nuestra vida pueda contribuir a desfigurar algo su rostro. Ustedes son de Dios, y Él es fiel, y estará siempre con ustedes. En cambio la infidelidad viene de nuestro corazón y solo de nuestro corazón, que fue abandonando la amistad con Jesús.
Ustedes, queridos diáconos hoy son llamados a ser sacerdotes; “tomados de entre los hombres, al servicio de los hombres en aquello que se refiere a Dios” (Heb.5,1), mediadores en Cristo, amigos suyos con un carácter sacerdotal y una disposición nueva de sus vidas, a través de un llamado que se consolida con la imposición de las manos, y se vive amando incondicionalmente a Jesucristo, a su Palabra y a la Eucaristía, que lo imita perdonando los pecados de sus hermanos, y llevando cada día la cruz ser sus discípulos, y siguiendo un camino de fidelidad a su Iglesia, por la que Pedro y Pablo dieron su vida.
Para ello, la relación con Cristo, la oración personal debe ser una prioridad para mi bien y el de mis hermanos, y es condición para nuestro trabajo por los demás. Justamente, aplicando las palabras de san Carlos Borromeo, que le da el nombre a nuestro Seminario, podría decirles: “No descuiden su propia alma: si la propia alma está descuidada, tampoco podrán dan a los demás lo que realmente deberían dar. Por tanto, también deben tener tiempo para ustedes mismos.
Recordemos una escena del capítulo 6º de San Marcos, en el que los discípulos querían hacerlo todo, y el Señor les dice: “Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco" (cfr Mc 6,31). También éste es trabajo – diría – pastoral: encontrar y tener la humildad, el valor de aprender a descansar cada día, y ofrecerle un tiempo a Dios (cfr. Benedicto XVI, 15.VI.2010). En este sentido, la oración personal, sobre todo la liturgia de las Horas, es el alimento fundamental para nuestra vida sacerdotal, y para todas nuestras acciones.
Fidelidad al Papa
Como dijimos al comenzar, en la Fiesta de San Pedro y San Pablo recordamos fervientemente al Papa Benedicto XVI, en su día y celebrando en esta ocasión sus 60 años de Ordenación sacerdotal. Rezamos por él, que confirme en nosotros la verdadera fe que salva y reavive nuestra vida y nuestra vocación cristiana.
Que el amor al Papa y la adhesión filial a su enseñanza permanente de Supremo Pastor de la Iglesia sea para todos un faro luminoso, que mantenga encendida en nuestro corazón la luz de la verdad, que ilumina con claridad la vida de sus hijos y de la humanidad.
La Virgen, Madre de la Iglesia, los proteja y los acompañe a todos, especialmente a ustedes, queridos diáconos que fueron presentados para la Ordenación sacerdotal, a sus papás y mamás, a sus hermanos, a sus familias y amigos, así como también a sus parroquias de origen y de apostolado conjuntamente con sus párrocos y sacerdotes. Que Ella siga sosteniendo como Madre al Seminario y a sus formadores. Que nuestra Madre del Rosario los acompañe siempre.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el domingo 26 de junio de 2011, solemnidad del Corpus Christi. (AICA)
Publico una carta enviada hace unos días a todas las comunidades en relación a la celebración del “Cuerpo y Sangre de Cristo” y la coincidencia este fin de semana con las elecciones en nuestra Provincia, que clarifican nuestro modo de celebración en la Diócesis: “El fin de semana del sábado 25 de junio y domingo 26, la Iglesia celebra la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre del Señor, conocido como el Corpus. Este año se ha producido una situación no habitual en nuestra provincia al ponerse las elecciones provinciales justo ese domingo 26 de junio.
Por ese motivo hemos resuelto que este año suspenderemos todas las celebraciones externas o en la calle que habitualmente realizamos, como las procesiones con el Santísimo Sacramento en nuestras ciudades y pueblos, para cumplir como cristianos con nuestra responsabilidad ciudadana electoral.
No obstante también hemos decidido que en todos nuestros templos, parroquias y capillas realicemos el sábado la adoración al Santísimo Sacramento entre las 17:00hs y las 21:00 hs, horarios que en cada Parroquia y comunidad pueden adaptarse.
Para la realización de dicha celebración se le encomendó a la “Comisión Diocesana de Liturgia” que preparara “un subsidio orientador” como guía de esta Adoración.
Espero que esta celebración tan querida por nuestra gente, como es el Cuerpo y la Sangre del Señor, podamos celebrarla con devoción y adoración y nos alimente y fortalezca para seguir tratando de ser fieles en este camino de discipulado y misión que estamos tratando de vivir en nuestra Iglesia Diocesana”.
El texto del Evangelio que leemos este domingo (Jn 6, 51-58), nos dice: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. En la ultima cena el Señor instituye la eucaristía y desde aquel momento los cristianos nos reunimos los domingos para celebrar la Misa: “El primer día de la semana, cuando nos reunimos para partir el pan…” (Hech. 20, 7).
La Eucaristía es el momento culminante del amor, de la donación Pascual de Jesucristo. Es aquello que expresa la necesidad de vivir en la caridad y sobre todo practicarla. La comunión del pan y del vino, del Cuerpo y Sangre, implican que nosotros formamos un solo Cuerpo: “Todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de ese único pan” (1Cor. 10, 17).
Aquí es donde encontramos fundamentos para vivir una fe verdaderamente eclesial e ir acentuando en nuestras comunidades una espiritualidad y pastoral que nos permitan crecer en una verdadera eclesiología de comunión.
Desde la Eucaristía “pan de vida” y fundamento de confesión del amor cristiano, entendemos mas profundamente el valor de la vida humana, de la familia, la justicia, el trabajo como servicio y sobre todo la inclusión de los mas pobres y marginados como claves de todo proyecto cultural y de toda forma de proyección política, económica, social…
Este domingo 26 de junio también es trascendente para nuestra Provincia de Misiones porque estamos en elecciones. En todas nuestras Misas rezaremos especialmente para que este proceso eleccionario sea un momento importante en la vida de nuestra democracia y ayude a construir una sociedad y cultura que tenga en cuenta la justicia, la solidaridad y el bien común.
Es importante recordar una breve reflexión del Beato Juan Pablo II en el documento “Centesimus Annus”: “La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Por esto mismo, no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que, por intereses particulares o por motivos ideológicos, usurpan el poder del Estado… Una auténtica democracia es posible solamente en un Estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana”. (46).
El pan compartido en la Eucaristía y celebrado este domingo del Corpus Christi, nos invita a poner en ejercicio la caridad y comprometer nuestras opciones cotidianas sabiéndonos responsables del país, provincia y futuro que debemos construir.
Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
ZENIT publica la homilía que pronunció Benedicto XVI miércoles, 29 de Junio de 2011, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, patronos de la diócesis de Roma, día del papa, y sexagésimo aniversario de la ordenación sacerdotal de Joseph Ratzinger.
En la celebración eucarística, que tuvo lugar en la Basílica Vaticana, concelebraron los 41 arzobispos metropolitanos nombrados en el último año, que han recibido el palio, símbolo de su comunión con el Santo Padre, durante el sagrado rito.
En la celebración, participó una delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla, compuesta por Su Eminencia Emmanuel (Adamakis), metropolitano de Francia; Su Excelencia Athenagoras (Yves Peckstadt), obispo de Sinope, auxiliar del metropolitano de Bélgica; el archimandrita Maxime Pothos, vicario general de la metropolía de Suiza.
Queridos hermanos y hermanas:
«Non iam dicam servos, sed amicos» - «Ya no os llamo siervos, sino amigos» (cf.Jn 15,15). Sesenta años después de mi Ordenación sacerdotal, siento todavía resonar en mi interior estas palabras de Jesús, que nuestro gran Arzobispo, el Cardenal Faulhaber, con la voz ya un poco débil pero firme, nos dirigió a los nuevos sacerdotes al final de la ceremonia de Ordenación. Según las normas litúrgicas de aquel tiempo, esta aclamación significaba entonces conferir explícitamente a los nuevos sacerdotes el mandato de perdonar los pecados. «Ya no siervos, sino amigos»: yo sabía y sentía que, en ese momento, esta no era sólo una palabra «ceremonial», y era también algo más que una cita de la Sagrada Escritura. Era bien consciente: en este momento, Él mismo, el Señor, me la dice a mí de manera totalmente personal. En el Bautismo y la Confirmación, Él ya nos había atraído hacia sí, nos había acogido en la familia de Dios. Pero lo que sucedía en aquel momento era todavía algo más. Él me llama amigo. Me acoge en el círculo de aquellos a los que se había dirigido en el Cenáculo. En el grupo de los que Él conoce de modo particular y que, así, llegan a conocerle de manera particular. Me otorga la facultad, que casi da miedo, de hacer aquello que sólo Él, el Hijo de Dios, puede decir y hacer legítimamente: Yo te perdono tus pecados. Él quiere que yo – por mandato suyo – pronuncie con su «Yo» unas palabras que no son únicamente palabras, sino acción que produce un cambio en lo más profundo del ser. Sé que tras estas palabras está su Pasión por nuestra causa y por nosotros. Sé que el perdón tiene su precio: en su Pasión, Él ha descendido hasta el fondo oscuro y sucio de nuestro pecado. Ha bajado hasta la noche de nuestra culpa que, sólo así, puede ser transformada. Y, mediante el mandato de perdonar, me permite asomarme al abismo del hombre y a la grandeza de su padecer por nosotros los hombres, que me deja intuir la magnitud de su amor. Él se fía de mí: «Ya no siervos, sino amigos». Me confía las palabras de la Consagración en la Eucaristía. Me considera capaz de anunciar su Palabra, de explicarla rectamente y de llevarla a los hombres de hoy. Él se abandona a mí. «Ya no sois siervos, sino amigos»: esta es una afirmación que produce una gran alegría interior y que, al mismo tiempo, por su grandeza, puede hacernos estremecer a través de las décadas, con tantas experiencias de nuestra propia debilidad y de su inagotable bondad.
«Ya no siervos, sino amigos»: en estas palabras se encierra el programa entero de una vida sacerdotal. ¿Qué es realmente la amistad? Ídem velle, ídem nolle – querer y no querer lo mismo, decían los antiguos. La amistad es una comunión en el pensamiento y el deseo. El Señor nos dice lo mismo con gran insistencia: «Conozco a los míos y los míos me conocen» (cf. Jn 10,14). El Pastor llama a los suyos por su nombre (cf. Jn 10,3). Él me conoce por mi nombre. No soy un ser anónimo cualquiera en la inmensidad del universo. Me conoce de manera totalmente personal. Y yo, ¿le conozco a Él? La amistad que Él me ofrece sólo puede significar que también yo trate siempre de conocerle mejor; que yo, en la Escritura, en los Sacramentos, en el encuentro de la oración, en la comunión de los Santos, en las personas que se acercan a mí y que Él me envía, me esfuerce siempre en conocerle cada vez más. La amistad no es solamente conocimiento, es sobre todo comunión del deseo. Significa que mi voluntad crece hacia el «sí» de la adhesión a la suya. En efecto, su voluntad no es para mí una voluntad externa y extraña, a la que me doblego más o menos de buena gana. No, en la amistad mi voluntad se une a la suya a medida que va creciendo; su voluntad se convierte en la mía, y justo así llego a ser yo mismo. Además de la comunión de pensamiento y voluntad, el Señor menciona un tercer elemento nuevo: Él da su vida por nosotros (cf. Jn 15,13; 10,15). Señor, ayúdame siempre a conocerte mejor. Ayúdame a estar cada vez más unido a tu voluntad. Ayúdame a vivir mi vida, no para mí mismo, sino junto a Ti para los otros. Ayúdame a ser cada vez más tu amigo.
Las palabras de Jesús sobre la amistad están en el contexto del discurso sobre la vid. El Señor enlaza la imagen de la vid con una tarea que encomienda a los discípulos: «Os he elegido y os he destinado para vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15,16). El primer cometido que da a los discípulos, a los amigos, es el de ponerse en camino –os he destinado para que vayáis-, de salir de sí mismos y de ir hacia los otros. Podemos oír juntos aquí también las palabras que el Resucitado dirige a los suyos, con las que san Mateo concluye su Evangelio: «Id y enseñad a todos los pueblos...» (cf. Mt 28,19s). El Señor nos exhorta a superar los confines del ambiente en que vivimos, a llevar el Evangelio al mundo de los otros, para que impregne todo y así el mundo se abra para el Reino de Dios. Esto puede recordarnos que el mismo Dios ha salido de si, ha abandonado su gloria, para buscarnos, para traernos su luz y su amor. Queremos seguir al Dios que se pone en camino, superando la pereza de quedarnos cómodos en nosotros mismos, para que Él mismo pueda entrar en el mundo.
Después de la palabra sobre el ponerse en camino, Jesús continúa: dad fruto, un fruto que permanezca. ¿Qué fruto espera Él de nosotros? ¿Cuál es el fruto que permanece? Pues bien, el fruto de la vid es la uva, del que luego se hace el vino. Detengámonos un momento en esta imagen. Para que una buena uva madure, se necesita sol, pero también lluvia, el día y la noche. Para que madure un vino de calidad, hay que prensar la uva, se requiere la paciencia de la fermentación, los atentos cuidados que sirven a los procesos de maduración. Un vino de clase no solamente se caracteriza por su dulzura, sino también por la riqueza de los matices, la variedad de aromas que se han desarrollado en los procesos de maduración y fermentación. ¿Acaso no es ésta una imagen de la vida humana, y particularmente de nuestra vida de sacerdotes? Necesitamos el sol y la lluvia, la serenidad y la dificultad, las fases de purificación y prueba, y también los tiempos de camino alegre con el Evangelio. Volviendo la mirada atrás, podemos dar gracias a Dios por ambas cosas: por las dificultades y por las alegrías, por las horas oscuras y por aquellas felices. En las dos reconocemos la constante presencia de su amor, que nos lleva y nos sostiene siempre de nuevo.
Ahora, sin embargo, debemos preguntarnos: ¿Qué clase de fruto es el que espera el Señor de nosotros? El vino es imagen del amor: éste es el verdadero fruto que permanece, el que Dios quiere de nosotros. Pero no olvidemos que, en el Antiguo Testamento, el vino que se espera de la uva selecta es sobre todo imagen de la justicia, que se desarrolla en una existencia vivida según la ley de Dios. Y no digamos que esta es una visión veterotestamentaria ya superada: no, ella sigue siendo siempre verdadera. El auténtico contenido de la Ley, su summa, es el amor a Dios y al prójimo. Este doble amor, sin embargo, no es simplemente algo dulce. Conlleva en sí la carga de la paciencia, de la humildad, de la maduración de nuestra voluntad en la formación e identificación con la voluntad de Dios, la voluntad de Jesucristo, el Amigo. Sólo así, en el hacerse todo nuestro ser verdadero y recto, también el amor es verdadero; sólo así es un fruto maduro. Su exigencia intrínseca, la fidelidad a Cristo y a su Iglesia, requiere que se cumpla siempre también en el sufrimiento. Precisamente de este modo, crece la verdadera alegría. En el fondo, la esencia del amor, del verdadero fruto, se corresponde con las palabras sobre el ponerse en camino, sobre el salir: amor significa abandonarse, entregarse; lleva en sí el signo de la cruz. En este contexto, Gregorio Magno decía una vez: Si tendéis hacia Dios, tened cuidado de no alcanzarlo solos (cf. H Ev 1,6,6: PL 76, 1097s); una palabra que nosotros, como sacerdotes, hemos de tener presente íntimamente cada día.
Queridos amigos, quizás me he entretenido demasiado con la memoria íntima sobre los sesenta años de mi ministerio sacerdotal. Es hora de pensar en lo que es propio de este momento.
En la solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, dirijo ante todo mi más cordial saludo al Patriarca Ecuménico Bartolomé I y a la Delegación que ha enviado, y a la que agradezco vivamente su grata visita en la gozosa ocasión de los Santos Apóstoles Patronos de Roma. Saludo cordialmente también a los Señores Cardenales, a los Hermanos en el Episcopado, a los Señores Embajadores y a las Autoridades civiles, así como a los sacerdotes, a mis compañeros de Primera Misa, a los religiosos y fieles laicos. Agradezco a todos su presencia y su oración.
A los Arzobispos Metropolitanos nombrados desde la última Fiesta de los grandes Apóstoles, les será impuesto ahora el palio. ¿Qué significa? Nos puede recordar ante todo el suave yugo de Cristo que se nos pone sobre los hombros (cf. Mt 11,29s). El yugo de Cristo es idéntico a su amistad. Es un yugo de amistad y, por tanto, un «yugo suave», pero precisamente por eso es también un yugo que exige y que plasma. Es el yugo de su voluntad, que es una voluntad de verdad y amor. Así, es también para nosotros sobre todo el yugo de introducir a otros en la amistad con Cristo y de estar a disposición de los demás, de cuidar de ellos como Pastores. Con esto hemos llegado a un nuevo significado del palio: está tejido con la lana de corderos que son bendecidos en la fiesta de santa Inés. Nos recuerda de este modo al Pastor que se ha convertido Él mismo en cordero por amor nuestro. Nos recuerda a Cristo que se ha encaminado por las montañas y los desiertos en los que su cordero, la humanidad, se había extraviado. Nos recuerda a Él, que ha tomado el cordero, la humanidad – a mí – sobre sus hombros, para llevarme de nuevo a casa. De este modo, nos recuerda que, como Pastores a su servicio, también nosotros hemos de llevar a los otros, cargándolos, por así decir, sobre nuestros hombros y llevarlos a Cristo. Nos recuerda que podemos ser Pastores de su rebaño, que sigue siendo siempre suyo, y no se convierte en el nuestro. Por fin, el palio significa muy concretamente también la comunión de los Pastores de la Iglesia con Pedro y con sus sucesores; significa que tenemos que ser Pastores para la unidad y en la unidad, y que sólo en la unidad de la cual Pedro es símbolo, guiamos realmente hacia Cristo.
Sesenta años de ministerio sacerdotal. Queridos amigos, tal vez me he extendido demasiado en los detalles. Pero en esta hora me he sentido impulsado a mirar a lo que ha caracterizado estas décadas. Me he sentido impulsado a deciros – a todos los sacerdotes y Obispos, así como también a los fieles de la Iglesia – una palabra de esperanza y ánimo; una palabra, madurada en la experiencia, sobre el hecho de que el Señor es bueno. Pero, sobre todo, éste es un momento de gratitud: gratitud al Señor por la amistad que me ha ofrecido y que quiere ofrecer a todos nosotros. Gratitud a las personas que me han formado y acompañado. Y en todo ello se esconde la petición de que un día el Señor, en su bondad, nos acoja y nos haga contemplar su alegría. Amén.
[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede
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ZENIT publica la alocución que pronunció Benedicto XVI el miércoles 29 de Junio de 2011, solemnidad de los santos Pedro y Pablo, antes de rezar la oración mariana del Ángelus junto a varios miles de peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.
Perdonad el largo retraso. La misa en honor de los santos Pedro y Pablo ha sido larga y hermosa. Y hemos meditado también en ese hermoso himno de la Iglesia de Roma que comienza con las palabras: “O Roma felix”. Hoy en la solemnidad de los santos Pedro y Pablo, patronos de esta ciudad, cantamos así: “Dichosa Roma, porque fuiste empurpurada por la preciosa sangre de estos grandes príncipes. No por tu alabanza, sino por sus méritos ¡superas toda belleza!”. Como cantan los himnos de la tradición oriental, los dos grandes apóstoles son las “alas” del conocimiento de Dios, que han recorrido la tierra hasta sus confines y han subido al cielo; ellos son las “manos” del Evangelio de la gracia, los “pies” de la verdad del anuncio, los “ríos” de la sabiduría, los “brazos” de la cruz (cf. MHN, t. 5, 1899, p. 385). El testimonio de amor y de fidelidad de los santos Pedro y Pablo ilumina los pastores de la Iglesia, para conducir los hombres a la verdad, formándolos a la fe en Cristo. San Pedro, en particular, representa la unidad del colegio apostólico. Por este motivo, durante la liturgia celebrada esta mañana en la Basílica Vaticana, he impuesto a 40 arzobispos metropolitanos el palio, que manifiesta la comunión con el obispo de Roma en la misión de guiar el pueblo de Dios a la salvación. Escribe san Ireneo, obispo de Lyón, en el siglo II, que a la Iglesia de Roma, "propter potentiorem principalitatem” [por su peculiar principalidad], deben converger en ella todas las demás Iglesias, es decir, los fieles que están en todas partes, porque en ella ha sido custodiada siempre la tradición que viene de los apóstoles (Adversus haereses, III,3,2).
Es la fe profesada por Pedro la que constituye el fundamento de la Iglesia: “Tú eres Cristo, el Hijo del Dios viviente”, dice el Evangelio de Mateo (16, 16). El primado de Pedro es una predilección divina, como lo es también la vocación sacerdotal: “porque eso no lo ha revelado ni la carne ni la sangre, -dice Jesús- sino mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16,17). Así ocurre a quien decide responder a la llamada de Dios con la totalidad de la propia vida. Lo recuerdo con mucho gusto en este día, en el cual se cumple mi sexagésimo aniversario de Ordenación sacerdotal. Le doy las gracias al Señor por su llamada y por el ministerio que me ha confiado, y doy las gracias a todos aquellos que en esta circunstancia, me han manifestado su cercanía y apoyo a mi misión con la oración, que de todas las comunidades eclesiales sube incesantemente hacia Dios (Cf. Hechos 12, 5), traduciéndose en adoración a Cristo Eucaristía para acrecentar la fuerza y la libertad de anunciar el Evangelio.
En este clima, saludó cordialmente a la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, presente hoy en Roma, siguiendo la significativa tradición, para venerar a los santos Pedro y Pablo y compartir conmigo el auspicio de la unidad de los cristianos querida por el Señor. Invoquemos con confianza a la Virgen María, Reina de los Apóstoles, para que todo bautizado se convierta cada vez más en una “piedra viva” que construye el Reino de Dios.
[Tras rezar el Ángelus, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Dirijo mi cordial saludo a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los provenientes de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Guatemala, que acompañan a los arzobispos metropolitanos que acaban de recibir el Palio. Invito a todos a rezar intensamente en esta solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, para que, estimulados por su ejemplo y ayudados por su intercesión, la Iglesia permanezca en el mundo como signo de santidad e instrumento de reconciliación. Que Dios os bendiga.
[Traducción del original italiano
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Carlos José Tissera, obispo de San Francisco, en la misa de Corpus Christi (Sábado 25 de junio de 2011). (AICA)
Hermanas y hermanos:
En este año Jubilar de la Diócesis, celebramos la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Verdadero Dios y verdadero hombre, presente en el sacramento de la Eucaristía, regalo de su amor a la Iglesia.
Hoy también será admitido como candidato a las sagradas órdenes del Diaconado y del Presbiterado, el seminarista acólito Lucas Trucco. Y, al finalizar la Misa, (en jubilosa procesión,) brindaremos público homenaje a Jesús Eucaristía.
“Palabra de Dios y Eucaristía se pertenecen tan íntimamente que no se puede comprender la una sin la otra: la Palabra de Dios se hace sacramentalmente carne en el acontecimiento eucarístico” (V.D. 55) De modo patente esto lo vivimos en esta Misa del “Corpus Christi”.
Las lecturas bíblicas de hoy y la preciosa Secuencia de Santo Tomás de Aquino, nos disponen a la alabanza y a la adoración a Jesús vivo en este Sacramento del Altar.
Dios lleva a su pueblo en el desierto a una situación límite, sin salida, en la que no queda otra alternativa que la confianza ciega en Dios. Y así le enseña que “el hombre no vive solamente de pan, sino de todo lo que sale de la boca del Señor”
Jesús, en el Evangelio, no explica cómo es posible el milagro, únicamente afirma: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”, y el que no acepte esto no tendrá “vida en él”. Al recibir la Eucaristía cada uno de nosotros debe recordar que, en medio del desierto de la vida, se arroja como un hambriento en los brazos de Dios (Urs von Balthasar)
Jesús se ofrece como alimento para el camino. La Eucaristía es el centro vital del universo, capaz de saciar el hambre de vida y de felicidad: “el que me coma vivirá por mí” (Jn. 6, 57).
En este sacramento Jesús nos ofrece su vida en abundancia. En este “Año de la vida”, este sacramento nos fortalece para ser cultores de la vida en nuestra sociedad, con nuestras opiniones, nuestros gestos y acciones. De muchas maneras es despreciada, amenazada y hasta destruida la vida humana. Despreciada en tantos ancianos maltratados y olvidados, por el Estado, la sociedad y las familias. Amenazada, constatando que en un país tan rico en bienes naturales y alimenticios, crecen niños desnutridos y, algunos, mueren víctimas por tal inaceptable flagelo.
Vida amenazada de muerte en campañas y acciones proabortistas, que propician la negación del primer derecho humano: el derecho a la vida. Un mundo, una sociedad que se ufana de progresista, pero que cae soberbiamente en el peor de los retrocesos: matar al semejante, y peor, al inocente e indefenso en el seno de las madres.
Vidas de niños y jóvenes en riesgo, sin horizontes, sin trabajo, asediados por el flagelo de la droga, cuyo consumo crece de modo alarmante. La corrupción y la impunidad han facilitado la instalación del narcotráfico en la sociedad. Aprovechando la fecha de mañana, Jornada internacional contra el uso indebido y el tráfico de drogas, es bueno formularse la pregunta: “¿a quién doy permiso para que entre en mi vida?” Es momento para hablarlo en casa, en la escuela, en la sociedad (Mons. Lozano, “La Nación” 24/6/2011)
Jesús, al dejarnos la Eucaristía, nos enseña una ley profunda de la realidad: la vida sólo se desarrolla plenamente en la comunión fraterna y justa.
Pero, a pesar de nuestras oscuridades, pecados y miserias, Él sigue amándonos desde este Misterio, desde este Sacramento.
El Santo Cura de Ars, uno de los más grandes sacerdotes conocidos, repetía la misma homilía. Eran pocas palabras. “Si sólo supieras cuánto Jesús te ama en el Santísimo Sacramento, te morirías de felicidad”. Luego, señalando el Sagrario, agregaba: “JESÚS ESTÁ REALMENTE AHÍ”. Al apuntar con el dedo el Sagrario, mostrando a Jesús a los fieles, lloraba de alegría. El pasaba largas horas cada día y cada noche ante el Sagrario.
El Beato Juan Pablo II, dice: “Jesús los espera con los brazos abiertos en este Sacramento de su amor”. “La Iglesia y el mundo tiene una gran necesidad de la adoración eucarística” (Dominicae Cenae)
Qué regalo nos ha hecho la Providencia divina, que podamos contar en este Jubileo con la Capilla de Adoracion Perpetua del Santísimo Sacramento, en esta Catedral.
La gente es atraída por lo que es amigable y adorable. La adoración perpetua es Jesús que dice a su pueblo: “Mi casa es tu casa”. Una puerta cerrada deja afuera a la gente y esa es una señal que todos encuentran desagradable.
La adoración perpetua es una puerta siempre abierta. Es signo de los abrazos siempre abiertos de Jesús en el santísimo Sacramento, siempre invitando, dando la bienvenida y abrazando a cada uno de los que se acercan a Él. Esto inspira en cada uno un sentido de pertenencia personal.
Por eso, Madre Teresa de Calcuta decía que cuando miramos a la Sagrada Hostia vemos cuánto Jesús nos quiere AHORA. Este amor perdurable es su Amor eterno por ti, por mí, por todos.
Hace tres días falleció el arzobispo emérito de Resistencia, Mons. Carmelo J. Giaquinta. Hace tres meses hoy, luego de predicarnos los Ejercicios Espirituales estuvo visitando esta Catedral y la Capilla de Adoración Perpetua. Me comunicaron hoy que, al retirar sus pertenencias de la Clínica San Camilo, encontraron este manuscrito fechado el pasado sábado:
“18 junio 2011
¡Gracias, Señor, por tu inmenso Amor! ¡Gracias, Señor, por tu inmenso Amor! ¡Gracias, Señor, por tu infinito Amor, que no tiene medida! Y me lo has demostrado durante toda mi vida. ¡Cómo deseo cantar a tu Amor toda mi vida y durante toda la eternidad!
Te doy infinitas gracias porque te me diste a conocer desde pequeño, y me enseñaste a amarte.
Perdona, Señor, que te diga que te he amado con locura. Y como sé que ésta es gran pretensión, quise amarte con locura. Y si tampoco esto es cierto: tuve y tengo la veleidad de amarte con locura. Y estoy cierto que aceptas esta veleidad, y que la convertirás en amor verdadero.
Miro para atrás, y cuánto tiempo perdido.”
Esta alegría que nace del Amor permanente que Jesús nos tiene, es la alegría que siente también hoy Lucas en su corazón. Últimamente, estando en el Seminario, empezaron a ser muy familiares para vos estas palabras del documento de Aparecida: “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo”. Después de madura reflexión, luego de varios años de formación y de ejercicio de los ministerios del lectorado y acolitado, acompañado por tu comunidad y formadores, el Espíritu Santo ha despertado en vos el deseo y la decisión de solicitar la admisión a las Sagradas Órdenes del Diaconado y Presbiterado. No sólo es tu alegría, es la de toda la Iglesia Diocesana, pero de modo particular de tus padres y hermanos, de esta tu Comunidad Parroquial, y de las Parroquias donde has realizado tus servicios pastorales. Jesús Eucaristía te alimente como discípulo y te fortalezca en tu ardor misionero, y la Virgen Madre te alcance la gracia de la perseverancia en su seguimiento.
Con los corazones agradecidos en esta celebración, continuamos la celebración eucarística, gustando la letra del Himno del Jubileo:
El trabajo del pasado,
nuestro esfuerzo por mejorar,
los sueños del mañana,
presentamos como vino y como pan.
Como familia unida,
entorno a tu mesa, en tu altar,
sopla Padre y transforma,
de Cristo presencia viva y eficaz…
¡Y real, y real, y real!
Mons. Carlos José Tissera, obispo de San Francisco
SANTIAGO, APÓSTOL
25 de julio de 2011
La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo estén con todos vosotros.
- Hoy celebramos una fiesta importante. Celebramos la fiesta del apóstol Santiago, que según una antigua tradición predicó el evangelio en nuestra tierra, y que es venerado en su sepulcro de Santiago de Compostela.
- Celebrar la fiesta de un apóstol es siempre motivo de alegría. Es mirar hacia atrás, a los orígenes de nuestra fe, y contemplar a Jesús que encarga a aquellos doce discípulos extender su Buena Noticia y ser el punto de referencia de su comunidad de seguidores. De ellos venimos nosotros. Y hoy, al recordar el testimonio de Santiago, nos sentimos llamados a reafirmar y testimoniar esa fe que los apóstoles nos han transmitido.
A. penitencial: En silencio, pongámonos ante Dios y preparémonos para celebrar la Eucaristía. (Silencio).
Tú, que nos llenas de alegría y de paz. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que nos envías a anunciar tu Evangelio. CRISTO, TEN PIEDAD.
Tú, que nos llamas a una vida que nunca se acaba. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (Hechos 4,33; 5,12.27-33; 12,2): Escuchemos, en esta primera lectura, las persecuciones que sufren los apóstoles en el inicio de la predicación evangélica. Unas persecuciones que culminarán en el martirio del apóstol Santiago, el primero que dio su vida por la fe de Jesucristo.
2. lectura (2 Corintios 4,7-15): Contemplemos ahora, en la segunda lectura, el convencimiento con que actuaban los primeros mensajeros del Evangelio, llenos de la fuerza de Dios.
Oración universal: Unidos en la misma fe, presentemos nuestras plegarias al Padre por nosotros, por la Iglesia y por el mundo entero. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.
Por la Iglesia, por el papa y los obispos, por todos los cristianos. Para que sigamos a Jesucristo de todo corazón. OREMOS:
Por los que son perseguidos a causa de su fe. Para que en todo momento experimenten la fuerza de Dios que les acompaña. OREMOS:
Por nuestro país y por todos los países del mundo. Para que en todos crezca el espíritu de concordia, de justicia y de generosidad. OREMOS:
Por todos los que este año harán el camino de Santiago. Para que les dé paz y alegría, y los haga crecer como personas y como cristianos. OREMOS:
Por nosotros. Para que el testimonio de los apóstoles nos haga crecer en la fe, la esperanza y el amor. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestra oración. y llénanos siempre de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Jesús enseñó a sus discípulos una oración para dirigirse a Dios el Padre. Por eso, siguiendo esa enseñanza, también nosotros nos atrevemos a decir:
CPL
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa dirigió el martes 28 de Junio de 2011 al recibir en audiencia en el Vaticano a los miembros de la delegación del patriarcado ecuménico de Constantinopla llegada como es tradición a Roma con motivo de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo.
Queridos Hermanos en Cristo,
Sed bienvenidos a Roma en ocasión de la Fiesta de los Patrones de esta Iglesia, los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Me es particularmente grato saludaros con las palabras que san Pablo dirigió a los cristianos de esta ciudad: “Que el Dios de la paz esté con todos vosotros” (Rm 15, 32). Agradezco de todo corazón al Venerado hermano, el Patriarca Ecuménico, Su Santidad Bartolomé I y al Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico que os han querido enviar a vosotros, queridos hermanos, como sus representantes para participar, aquí, con nosotros, de esta solemne celebración.
El Señor Jesucristo, que se apareció a sus discípulos después de su resurrección, les confirió el deber de ser testigos del Evangelio de Salvación. Los Apóstoles han llevado a cumplimiento fielmente esta misión, testificando, hasta llegar al sacrificio cruento de la vida, la fe en Cristo Salvador y el amor hacia Dios Padre. En esta ciudad de Roma, los Apóstoles Pedro y Pablo afrontaron el martirio y desde entonces sus tumbas son objeto de veneración. Vuestra participación en esta, nuestra Fiesta, como la presencia de nuestros representantes en Constantinopla para la Fiesta del Apóstol Andrés, expresa la amistad y la auténtica fraternidad que une a la Iglesia de Roma y al Patriarcado Ecuménico, vínculos que se fundan sólidamente en la fe recibida por el testimonio de los Apóstoles. La íntima cercanía espiritual que experimentamos cada vez que nos reunimos, es para mí un motivo de profunda alegría y de gratitud a Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, la comunión no completa que ya nos une debe crecer hasta alcanzar la plena unidad visible.
Seguimos con gran atención el trabajo de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa en su conjunto. Desde una mirada puramente humana, se podría tener la impresión de que el diálogo teológico tiene dificultades en darse. En realidad, el ritmo del diálogo está ligado a la complejidad de los temas en discusión, que exigen un extraordinario esfuerzo de estudio, de reflexión y de apertura recíproca. Estamos llamados a continuar juntos, en la caridad, este camino, invocando del Espíritu Santo luz e inspiración, en la certeza de que él nos quiere conducir al pleno cumplimiento de la voluntad de Cristo: que todos sean uno (cf. Jn 17, 21). Estoy particularmente agradecido a todos los miembros de la Comisión mixta y en particular a los Co-Presidentes, Su Eminencia el Metropolitano de Pérgamo, Ioannis, y a Su Eminencia el cardenal Kurt Koch, por su infatigable dedicación, su paciencia y su competencia.
En un contexto histórico de violencia, indiferencia y egoísmo, muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo se sienten perdidos. Y es exactamente con el testimonio común de la verdad del Evangelio con lo que podremos ayudar al hombre de nuestro tiempo a reencontrar el camino que conduce a la verdad. La búsqueda de la verdad, de hecho, es siempre también, una búsqueda de la justicia y de la paz, y es con gran alegría que constato el gran compromiso con el que Su Santidad Bartolomé se prodiga en estos temas. Uniéndonos a este propósito, y recordando el bello ejemplo de mi predecesor, el Beato Juan Pablo II, he querido invitar a los hermanos cristianos, a los exponentes de otras tradiciones religiosas del mundo, y a personalidades del mundo de la cultura y de la ciencia, a participar el próximo 27 de octubre en la ciudad de Asís, en una Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, que tendrá como tema “Peregrinos en la verdad, peregrinos en la paz”. El caminar juntos por las calles de la ciudad de San Francisco será el signo de la voluntad de continuar recorriendo la vía del diálogo y de la fraternidad.
Eminencia, queridos miembros de la Delegación, dándoos las gracias de nuevo por vuestra presencia en Roma para esta solemne circunstancia, os pido que le llevéis mi fraternal saludo al venerado hermano el Patriarca Bartolomé I, al Santo Sínodo, al clero y a todos los fieles del Patriarcado Ecuménico, asegurándoles el afecto y la solidaridad de la Iglesia de Roma, que hoy está de fiesta por sus Santos fundadores.
[Traducción del italiano por Carmen Álvarez
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MADRID, martes 28 de junio de 2011 (ZENIT.org).- No hace mucho asistía a la celebración de las Bodas de oro sacerdotales de un presbítero ejemplar, que durante estos cincuenta años de ministerio ha prestado grandes servicios a su diócesis, a la región eclesiástica y a la Santa Sede en diversas encomiendas. Siendo mucho el trabajo pastoral realizado, mayor es su testimonio de entereza y confianza en Dios cuando en estos últimos veinte años se encuentra disminuido por una ceguera casi total. Esta cruz no le ha reducido su ilusión sacerdotal, las ganas de seguir trabajando por la salvación de las almas y sobre todo su gran pasión por la Iglesia. Cuando se le pregunta de dónde saca su permanente alegría repite una y otra vez: “¡Sólo en Dios! ¡Únicamente por la oración!” Esta es una simple muestra de los innumerables testimonios de sacerdotes íntegros que jalonan la larga marcha de la historia de la Iglesia.
Sin embargo, los tiempos que corren no son favorables al reconocimiento social de todo el bien que hace un sacerdote católico. Lo que ahora se estila es estigmatizarlo con el último tópico del pensamiento secularista dominante. Es presentado, en muchos de los “altavoces” de la cultura mediática, como algo anacrónico y próximo a un parásito social. En cambio, la realidad de los hechos es muy distinta. ¡Sigue habiendo muy buenos curas! Entregados las veinticuatro horas del día a su ministerio, que viven austeramente, que son fieles hasta la muerte en sus promesas sacerdotales, que se multiplican en la caridad hacia los más pobres. ¿Cuántas personas públicas les deben a la Iglesia, y en concreto al cura de su pueblo, la educación y formación que poseen? Muchas de las instituciones docentes, sanitarias y samaritanas de las que en la actualidad goza la sociedad son frutos de la creatividad y la audacia de numerosos pastores. Pero como dice el refrán popular: “¡no hay peores ciegos que aquellos que no quieren ver!”. Además, no hay que olvidar lo que Jesús dijo a sus discípulos: “si el mundo os odia, recordad que primero me odió a mí” (Jn 15,18).
Es verdad, que “este tesoro se lleva en vasija de barro” (2Cor 4,7) y que en cualquier momento se puede romper como consecuencia de la fragilidad de la condición humana. Sin embargo, quiso Dios encarnarse en esta “arcilla”, para que se manifieste que la grandeza y la dignidad sacerdotal no viene de los hombres sino que es un don del Señor para la Iglesia y el mundo. Esto es lo que vamos a celebrar el próximo día 29 de junio, cuando toda la Iglesia Universal nos unamos en comunión de fe y oraciones con Benedicto XVI en su sesenta aniversario de la Ordenación Sacerdotal.
Incontables son las iniciativas espirituales, pastorales y litúrgicas que ha suscitado esta efeméride en todo el orbe católico. Pero lo más importante es que, con la ayuda divina, todas ellas vayan encaminadas a suscitar que el pueblo de Dios valore mucho mejor a sus sacerdotes y no caiga en la tentación de desestimar su misión. Que los mismos presbíteros vivan de la centralidad espiritual de su triple munus (oficio), ardan en celo apostólico y brillen por su coherencia de vida. Que los jóvenes católicos no tengan miedos, superen los prejuicios del mundo, y sean generosos para elegir el camino del sacerdocio. ¡En fin, que todos sepamos dar gracias a Dios porque en estos tiempos convulsos, el Señor ha regalado a su Iglesia, un Sucesor de Pedro que es modelo de sacerdote “bueno, sabio y santo”!
*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España
Homilía de monseñor Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes en la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo (Corrientes, 26 de junio de 2011). (AICA)
Cantemos al amor de los amores
La Iglesia vive hoy con mucha alegría la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, porque es la fiesta del amor de Dios. Amor que tiene una triple dirección. En primer lugar, el inmenso amor de Dios hacia sus criaturas. En segundo lugar, la correspondencia a ese amor de parte nuestra. Y en tercer lugar, en ese amor de Dios, estamos llamados a amarnos los unos a los otros. El matrimonio, la familia y la función pública en todas sus expresiones deben ser reflejo de ese amor y manifestarse con un estilo cercano, respetuoso y sincero. Ese estilo lo aprendemos de Dios mismo, que se hizo oír poderosamente por medio de su Hijo Jesucristo, no como una palabra que resuena y se pierde en el espacio. Su voz poderosa se hizo Palabra hecha carne, que establece con el hombre un contacto originalísimo: se hace alimento, comida, pan de Vida.
La imagen más tierna del amor de Dios es una madre que alimenta a su criatura. Pero Dios va aún más lejos: en su Cuerpo y su Sangre se da totalmente a sí mismo y de esa manera nos revela que nos ama sin límites. Así como la criatura desde que es concebida necesita el alimento de su madre, así también necesita percibir que Dios lo ama. Es muy interesante constatar que la primera palabra que pronuncia el bebé no es “yo”, sino “mamá” y luego “papá”. Ése es también el momento para aprender a decir Jesús y sentir que hay un amor más grande y que ese amor abraza a mamá, a papá, a los hermanos y a la vida entera. ¡Se dan cuenta qué importante es ese momento para la criatura! ¡Y para los padres! ¡Qué vacío queda el corazón humano cuando desde la cuna no se oye hablar de Dios y de su amor! Peor aún, cuando la educación escolar que se imparte luego a los niños y a los jóvenes se encarga de extinguir de su conciencia toda referencia a la dimensión trascendente de la vida. Cuando se debilita o se pierde esa referencia esencial, el ser humano se vuelve inseguro, vive con miedo y se torna agresivo. ¿No son acaso esos los síntomas que nos preocupan y que percibimos hoy en muchos niños y jóvenes?
Necesitamos aprender de nuevo el estilo de Dios: Él es el Pan de vida que alimenta a sus hijos y crea lazos de comunión y de amistad con él y entre ellos. La Iglesia, que es misterio de comunión y misión tiene pasión por la unidad y sufre donde hay división y enfrentamiento. La unidad en la comunión es su vida y su misión. El Pan de Vida nos fortalece para construir la civilización del amor y edificar la convivencia social en la amistad, el respeto y en la mutua colaboración.
Dios está aquí, venid adorémosle
Nosotros creemos que Dios está aquí y que su presencia tiene mucho que ver con todos los aspectos de nuestra vida. Si no fuera así, si Dios fuera una realidad ajena y lejana a nuestras alegrías y sufrimientos, ¿quién se interesaría por él? Pero no es así, él está y nosotros creemos y profesamos públicamente su presencia real en la Sagrada Eucaristía. ¿Qué quiere decir presencia real? Digámoslo con las palabras del Catecismo (n. 1374), para las que el Espíritu Santo nos dará su luz para entender y también el ardor del corazón para dejarnos abrazar por esa presencia. Presencia real significa que en el sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero. El Santo Cura de Ars, con un lenguaje sencillo y directo decía señalando el sagrario: “Ahí está Jesús, el que nos ama tanto”. Cuando estamos delante de él, podemos decir con total seguridad: estoy delante de Jesús, estoy delante de Dios.
Si Dios está aquí, si se ha comprometido definitivamente con el destino del hombre, la religión no puede ser una realidad separada de la sociedad. Al contrario, la religión nos recuerda que la dimensión trascedente del ser humano es parte esencial y constitutiva de toda la vida del hombre. Por lo tanto, escuchar a Dios, es una condición para la búsqueda del bien común; para el respeto, promoción y defensa de la vida desde su concepción y hasta su muerte natural, para la justicia y para la reconciliación en la verdad, afirmó recientemente el Papa Benedicto XVI. La compleja y rica cultura que nos caracteriza, se fue conformando gracias a los valores cristianos que impregnaron la vida pública y nos dieron identidad. En la profunda crisis espiritual, moral y cultural por la que estamos atravesando, debemos estar muy atentos para no perder lo esencial y no negociable de la riqueza de valores que recibimos, no para repetir el pasado, sino para iluminar el presente y orientar el futuro siempre para el bien del hombre y de todos los hombres, especialmente de los más pobres, como también a favor del ambiente en el que habitamos y al que tratamos muy mal. Ese es un compromiso que entraña la Eucaristía, nos recuerda el Catecismo (n. 1397).
Cristo Jesús, en ti la Patria espera
Un valor esencial es la familia. En el Año de la vida, recordemos lo que dijo el beato Juan Pablo II: una auténtica familia, fundada en el matrimonio entre un varón y una mujer, es en sí misma una “buena noticia” para el mundo. Y recientemente el Papa Benedicto XVI se dirigió a las familias con palabras llenas de afecto y les dijo: Queridas familias, alégrense por la paternidad y la maternidad. La apertura a la vida es signo de apertura al futuro, de confianza en el porvenir. El admirable sacramento del amor eucarístico debe llevarnos a una profunda adoración y también a un serio compromiso con todas las situaciones donde la vida humana se encuentre en peligro o no pueda desarrollarse dignamente.
En consecuencia, acercarnos a Jesucristo en la Eucaristía, comer su Cuerpo y beber su Sangre, nos obliga a hacernos cargo de tantos hermanos que sufren en su cuerpo y en su espíritu, porque ellos también son Cristo. En el Día internacional de la lucha contra la drogadicción, recordemos que entre los pobres más pobres están los niños, adolescentes y jóvenes, que viven esclavizados por la droga, y también sus familias desconsoladas e impotentes ante este doloroso flagelo. Debemos hacernos cargo de ellos, aunque el mejor remedio es la prevención que actúe sobre la causa principal que la genera: el vacío de esperanza y de proyectos que se pretende colmar por una felicidad artificial que destruye el cuerpo y el alma.
Iglesia eucarística es Iglesia misionera. La Eucaristía, mientras nos une a Cristo y en él nos hace hermanos unos de otros, es la escuela donde se aprende a misionar al estilo de Jesús. Ese estilo se distingue precisamente por su cercanía y su amistad. La cercanía crea confianza y la confianza promueve la inclusión y fortalece la amistad. Esas notas deben distinguir la vida y la misión de todos en la Iglesia: obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas, agentes de pastoral, y fieles laicos. La que comprendió en profundidad y vivió con intensidad la cercanía de Dios, fue obviamente María, la Madre de Jesús, a quien llevó en su seno. Por eso, ella puede guiarnos hacia el encuentro de este admirable sacramento, por el cual Dios nos alimenta y santifica, nos ilumina con la misma fe y nos congrega en una misma caridad. Con razón exclamamos antes de la comunión: ¡Dichosos los invitados a la Cena del Señor! El altar es una mesa abierta a todos y no sólo para unos pocos. Allí aprendemos a compartir, nos saciamos de la abundancia de sus frutos y descubrimos la verdadera alegría de vivir (cf. Mc 6, 42-46). Hoy llevaremos a las calles de nuestra vida cotidiana el Pan eucarístico para que todos sientan a un Dios cercano y amigo de los hombres, a quien le cantamos llenos de fe y esperanza: Cristo Jesús, por quien la Patria espera ser un hogar de paz y libertad, haz que por ti, la Patria en que vivimos sea anuncio de la celestial. Amén.
Mons. Andrés Stanovnik, arzobispo de Corrientes
Homilía de monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, en la Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (sábado 25 de junio de 2011). (AICA)
«YO SOY EL PAN DE VIDA» (Jn. 6, 35)
La Primera Lectura del Deuteronomio le recuerda al pueblo judío lo que fue la gesta de Dios para liberarlos del poder de los egipcios. Por eso el libro insiste, recuerda “no olvides” y la experiencia de la historia nos dice que ese recuerdo es el que le ha dado unidad y sentido de ser a ese pueblo judío a lo largo de los años. Cuando alguna vez asistimos a alguna ceremonia de nuestros hermanos judíos, lo central de esas ceremonias es el recuerdo de la liberación de su pueblo de la esclavitud.
Cuando llega Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, él va a celebrar, en el momento previo a su muerte, esa cena con sus discípulos. El contexto en el que Jesús celebra esa cena fue un hecho absolutamente intrascendente para el momento histórico de ese pueblo. Jesús se reúne en un lugar apartado, solos, celebra una cena como tantas familias judías. En ese momento ocurrían muchas cosas y la gente, seguramente, se estaría preocupando por la situación del pueblo judío respecto del imperio romano, Pilatos siempre estaría elucubrando no perder poder, igual que Herodes. Los hechos históricos del momento serían fuertes y esta era una cena absolutamente intrascendente.
Sin embargo, dos mil años después, nadie se acuerda de lo que podía pasar históricamente en ese momento en el pueblo de Israel, en el imperio romano y en el mundo los cristianos nos reunimos para celebrar la memoria de esa cena.
Todo lo que hacía Jesús lo hacía de una manera sencilla, humilde, a veces en la oscuridad, en un cono de sombra, sin embargo todo lo que hizo Jesús tuvo una trascendencia definitiva para la humanidad.
Y nosotros, dos mil años después, vivimos de esa memoria. Nosotros hacemos memoria todos los días en la Eucaristía. La Eucaristía es el momento más trascendente de la vida de la iglesia y de la vida de cada uno de nosotros. Es el momento en que se une ese mundo de Dios con nuestro mundo, esa realidad que es la realidad definitiva y eterna con esta realidad transitoria nuestra. Por eso es que todos los hechos históricos sin duda que son importantes, pero son importantes en la medida en que nosotros, los cristianos, los podamos transformar en historia de salvación.
Hoy nos reunimos como diócesis una vez más para celebrar la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor. Es la fiesta de la vida y en este Año de la Vida, lo primero que recordamos es que este alimento es el que nos permite vivir porque es el que le permite a la vida de cada uno de nosotros encontrarle un sentido. Todo lo que nos pasa si lo vivimos a la luz de la fuerza de la Eucaristía se convierte en hechos trascendentes, todo lo que nos pasa.
Por eso, en primer lugar, es un sacramento de vida para cada uno de nosotros, encontramos sentido a la existencia desde este misterio del Cuerpo y la Sangre de Jesús. Jesús saca vida de la muerte. Fíjense, desde lo último que se podía imaginar uno que podía brotar la vida. La muerte siempre ha sido un signo de frustración para la humanidad. Jesús viene y transforma la muerte en un hecho de vida. Con lo cual transforma todo lo que signifique dolores, cruces y muerte aparente, todo a la luz de este misterio de la Eucaristía puede adquirir sentido vital y por eso, los primeros que nos beneficiamos de esta Eucaristía somos nosotros. La vida nuestra, la vida de cada uno de nosotros adquirió sentido con esta muerte, con esta resurrección de Cristo que celebramos Eucarísticamente.
En segundo lugar, esto nos potencia a nosotros para ocuparnos de la vida de los otros, no como muchas veces la gente se puede ocupar desde el chimento, desde el comentario, sino desde esta responsabilidad de ser cristianos, de vivir de la muerte y la resurrección de Jesús, de adorar al Señor en la Eucaristía. Todo eso nos involucra en la vida de nuestros hermanos, cada uno de nosotros, porque Jesús murió y resucitó por cada uno de nosotros y por toda la humanidad, nos transformamos en instrumento de vida de los otros. La vida de todos los otros se manifiesta, podríamos decir, como una demanda para la vida nuestra. La vida de todos mis hermanos está demandando mi vida, una actitud servicial, un ponerme en dimensión de servicio hacia los otros. Nosotros, desde este misterio del cuerpo y la sangre de Jesús, queremos que todos tengan vida digna. Empezamos por valorar la vida en el inicio, en el vientre de la madre. Qué bueno es que los cristianos sigamos manteniendo esta visión de que allí en donde hubo fecundidad hay vida y a veces la tenemos que mantener como un signo de contradicción esta convicción, pero que qué bueno que la sigamos manteniendo así, que sigamos intentando iluminar humildemente, no desde ninguna prepotencia pero sí desde una convicción muy profunda, que testimoniemos allí donde hay vida tiene que haber dignidad, tenemos que ser respetuosos de la vida naciente, de la vida que ya está fecundada y tenemos que preocuparnos especialmente de la vida de nuestros hermanos más pobres, encontrar a Jesucristo en el rostro de cada uno de ellos, saber que ellos también tienen un mensaje de transformación y de conversión para nosotros.
Hay tanto desafío en la Argentina hoy, desde la pobreza, desde la exclusión, desde esa vida menguada por las adicciones. Hoy justamente se celebra la Jornada Mundial de la lucha contra las adicciones. Cómo tenemos que ver, cómo tenemos que encontrar el rostro de Cristo en estos hermanitos, en estos chicos y chicas que ya, de pequeños, empiezan a ser tomados por este vicio, por esta esclavitud. Cuánto tenemos que consagrar de nuestro tiempo, de nuestra vida a favor de la dignidad de todos ellos.
Y por fin, esta Muerte y Resurrección de Jesús es un anuncio de la trascendencia de eternidad que la vida tiene. “El que come mi cuerpo y bebe mi sangre tiene vida eterna”.
Yo siempre recuerdo el testimonio de un sacerdote en el lecho de muerte que proclamaba esta verdad como la verdad fundamental de esta existencia. Me acuerdo que me decía “yo estoy convencido de esta palabra de Jesús y le doy gracias que hasta último momento me permite seguir comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre porque sé que esta es la siembra de mi eternidad”.
Este sacrificio del Señor, esta entrega de él por nosotros, este haber sacado la vida de la muerte no es simplemente entregarnos vida por un tiempo sino entregarnos vida para siempre. Este sacramento es una potenciación de nuestra vida eterna, de nuestra eternidad, que ya empieza a ser una realidad en cada uno de nosotros.
A veces, mis queridos amigos, vemos que hay gente que hace memoria de los hechos de su existencia o de los hechos nacionales, no para transformar esa memoria en amor sino para resentirnos, para separarnos y para dividirnos. Jesús nos enseña todo lo contrario. Fíjense, hacemos memoria de una muerte, hacemos memoria de una gran injusticia. El Hijo de Dios viene al mundo y el mundo lo rechaza, lo mata en la cruz. Y de esa muerte Jesús saca la resurrección y nos pide que hagamos memoria de esa muerte pero para amar, para perdonar, para sembrar su misericordia y su amor. Qué bueno que es esto y qué bueno es para cada uno de nosotros, qué gracia grande de Dios poder hacer memoria para perdonar, para amar, para sembrar misericordia.
Una vez más entonces, esta celebración del Cuerpo y la Sangre de Jesús nos dé más fortaleza como iglesia, nos reúna en una comunión más fuerte y que unos y otros, haciendo esta memoria, nos sintamos cada vez más hermanos y sembremos esta fraternidad allí en donde estemos
Mons. Jorge Casaretto, obispo de San Isidro
Homilía de monseñor Mario Cargnello, arzobispo de Salta, en la solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor (Salta, 26 de junio de 2011). (AICA)
Celebramos la solemnidad del Santísimo Cuerpo y de la Santísima Sangre del Señor. La liturgia de este día proclama en la primera lectura un texto del libro del Deuteronomio que nos remite a la dura y áspera experiencia del desierto del Sinaí, experiencia vivida en su origen mismo por el Pueblo de Dios. Lugar de hambre y de sed, de peligros y de inseguridades. Se trata de un espacio en el que el hombre no puede sobrevivir por sus solas fuerzas.“Acuérdate del largo camino que el Señor, tu Dios, te hizo recorrer por el desierto durante esos cuarenta años. Allí él te afligió y te puso a prueba, para conocer el fondo de tu corazón y ver si eres capaz o no de guardar sus mandamientos” (Deut. 8,2).
Se trata de la experiencia de la pobreza existencial que anida en la raíz de la condición humana y que se expresa de muchas formas, sea en la pobreza material sea en la pobreza espiritual, en las esclavitudes de las que somos concientes y en aquellas que no advertimos o no aceptamos. Enseña el querido Benito XVI que una de las pobrezas más hondas que el hombre puede experimentar es la soledad... También las otras pobrezas, incluidas las materiales, nacen del aislamiento, del no ser amados o de la dificultad de amar. Con frecuencia son provocadas por el rechazo del amor de Dios, por una tragedia original de cerrazón del hombre en sí mismo, o porque piensa que es autosuficiente o porque se ve como un hecho insignificante y pasajero, se ve como un extranjero en un universo que se ha formado por casualidad. El hombre se aliena cuando vive solo o se aleja de la realidad, cuando renuncia a pensar y creer en un fundamento [1].
Esta experiencia de soledad que enajena nos golpea fuertemente en nuestro presente. Se expresa en la autosuficiencia del prepotente que se aísla en un castillo impenetrable excluyendo a muchos (a veces a multitudes); se manifiesta en tantos de nuestros jóvenes o mayores que al no encontrar sentido en sus vidas se evaden en el mundo del alcohol, de las drogas o de tantas adicciones que los esclavizan hasta matarlos. Esta experiencia se expresa en las dolorosas rupturas de tantos matrimonios y familias que no encuentran capacidad de interrelación y cargan un sufrimiento que grava sobre el matrimonio y sobre los hijos. Esta experiencia aparece en el rostro de tantos niños tristes y solos que son tironeados por la vida ya desde su infancia. Esta experiencia tiene tantas manifestaciones...
“La criatura humana –enseña Benito XVI- se realiza en las relaciones interpersonales. Cuanto más las vive de manera auténtica, tanto más madura también en la propia identidad personal. El hombre se valoriza no aislándose sino poniéndose en relación con los otros y con Dios. Por tanto, la importancia de dichas relaciones es fundamental. Esto vale también para los pueblos". [2]. Necesitamos devolver transparencia, identidad y dignidad a nuestras relaciones, a las relaciones familiares –es necesario que los padres sean padres, las madres sean madres y los hijos sean hijos- y a las relaciones sociales para poder sanar el mundo de la economía, de la política, de la cultura, del deporte. Necesitamos ver al otro como persona y no como cliente, o como artículo utilitario u objeto de placer. Necesitamos renovar nuestro corazón para poder mirar y hablar con honestidad, sin segundas intenciones.
Como el Pueblo de Dios en el desierto tenemos que recordar que es Dios el fundamento de nuestra existencia y el sostén de nuestras relaciones. Él nos conduce por los desiertos de la vida, Él nos hace salir de Egipto hacia la verdadera libertad. Él hace brotar el agua de la vida y alimenta con el maná. Él nos muestra que “la unidad de la familia humana no anula de por sí a las personas, los pueblos o las culturas, sino que los hace transparentes los unos con los otros, más unidos en su legítima diversidad” [3] .
Para recrear en la condición humana y sus relaciones en lo más profundo de su ser Dios nos dio a su Hijo, su Palabra que se hizo carne y nos dio a comer su carne. “Esto es mi Cuerpo que se entrega por ustedes”, dice el Señor resucitado [4]. Y Pablo nos recuerda en la primera carta a los corintios: “La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo?. Y el pan que partimos ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?” [5]. En la Eucaristía se recrea lo más hondo de nuestras relaciones, porque ella es “el pan vivo bajado del cielo” (Jn 6,51), es “la carne para la vida del mundo” (id). En la Eucaristía, pan de los ángeles, Dios nos asocia a su propia realidad de comunión: “para que sean uno como nosotros somos uno” (Jn 17,22).
En la Eucaristía la Trinidad santísima va transformando nuestras relaciones. Allí se descubre que la apertura al otro no es dispersión alienante sino compenetración profunda. Esto se manifiesta en las experiencias humanas del amor y de la verdad. Esto transforma las relaciones del esposo y la esposa en el matrimonio-aquí descubrimos una de las razones de la necesidad de la Misa dominical en familia-; devuelve verdad a la amistad; transparencia a la economía; sentido del bien común a la política; santidad y dignidad a toda persona humana. Desde la Eucaristía Dios nos va dignificando como personas, animándonos en la prueba, fortaleciéndonos en la existencia. Sin ella, los cristianos no podemos, no somos. Desde ella, la vida es comienzo de vida plena, aurora de resurrección. Esto es así porque “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6, 58).
La Eucaristía transforma nuestras vidas y las modela según el estilo de Jesús. ”La espiritualidad eucarística no es solamente participación en la Misa y devoción al Santísimo Sacramento, abarca la vida entera...Hoy se necesita redescubrir que Jesucristo no es una simple convicción privada o una doctrina abstracta, sino una persona real cuya entrada en la historia es capaz de renovar la vida de todos. Por eso la Eucaristía , como fuente y culmen de la vida y de la misión de la Iglesia , se tiene que traducir en espiritualidad, en vida según el Espíritu" [6].
Esta vida eucarística se expresa en un estilo eclesial y comunitario. Nuestra arquidiócesis, nuestras parroquias, las comunidades eclesiales, las instituciones, los movimientos, las comunidades religiosas, todos tenemos el deber de ofrecer una contribución específica para que los cristianos reconozcamos que pertenecemos al Señor. “El cristianismo, desde sus comienzos, supone siempre una compañía, una red de relaciones vivificadas continuamente por la escucha de la Palabra, la Celebración eucarística y animadas por el Espíritu Santo". [7]
Pero la fuerza del sacramento y su capacidad de transformar las relaciones trasciende el ámbito de la Iglesia. Nos capacita para nuevos tipos de relaciones sociales. No puedo tener a Cristo sólo para mí; únicamente puedo pertenecerle en unión con todos los que son suyos o lo serán. La Eucaristía transforma en vida el esfuerzo de los cristianos por la justicia, la reconciliación y el perdón. El sacrificio de Cristo es misterio de liberación que nos interpela y provoca continuamente. Celebrar la Eucaristía nos compromete a “denunciar las circunstancias que van contra la dignidad del hombre, por el cual Cristo ha derramado su sangre, afirmando así el valor tan alto de cada persona”. [8]
El Señor Jesús, Pan de vida eterna, nos apremia a estar atentos a las situaciones de pobreza en que se halla todavía gran parte de la humanidad. Atentos a estas situaciones debemos hacernos cargo, desde el estilo eucarístico, del grave problema que significa sanar y alimentar “la capacidad moral global de la sociedad. Si no se respeta el derecho a la vida y a la muerte natural, si se hace artificial la concepción, la gestación y el nacimiento del hombre, si se sacrifican embriones humanos a la investigación, la conciencia común acaba perdiendo el concepto de ecología humana. Es una contradicción pedir a las nuevas generaciones el respeto al ambiente natural, cuando la educación y las leyes no las ayudan a respetarse a sí mismas. El libro de la naturaleza es uno e indivisible en todos sus ámbitos y afecta al desarrollo humano integral" [9].
Celebrando el Corpus Christi, de cara a nuestra comunidad, a nuestro país, a este mundo que es nuestra casa, hemos de asumir la tarea de recrear los vínculos en nuestra familia, en nuestra parroquia, en nuestro barrio, en la nación. La gran tarea es ayudarnos a formar nuestra conciencia como lugar de escucha de la verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y ante los hermanos. La conciencia bien formada, atenta al bien y a la verdad y no deformada porque se mide por la conveniencia utilitaria, la conciencia bien formada es la fuerza más sólida contra cualquier dictadura. Como cristianos debemos darle a la Argentina del bicentenario esa contribución: que nuestras familias, nuestras parroquias, nuestras escuelas sean espacios donde se aprende el sentido de la comunidad fundada en el don, no en el interés económico o en la ideología, sino en el amor, que es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad [10].
Que el Pan de los ángeles nos haga discípulos misioneros fuertes en esta magnífica y desafiante tarea.
Mario Antonio Cargnello, arzobispo de Salta
[1] Cfr. BENITO XVI, Caritas in veritate, 53
[2] Id. 53.
[3] Ibidem.
[4] Fórmula de la consagración eucarística.
[5] 1 Cor 10, 16 –segunda lectura-.
[6] BENITO XVI, Sacramentum Caritatis, 77
[7] Ibidem, 76.
[8] Ibidem, 79.
[9] Cfr. Cáritas in veritate, 51.
[10] Cfr. BENITO XVI, Discurso a los representantes de la sociedad civil de Croacia, L’Osservatore Romano –edición española-, 12 de junio 2011, p 4.
ZENIT publica el comentario al Evangelio del domingo decimoséptimo del tiempo ordinario (Mateo 13, 44-52), 24 de julio, que ha redactado monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.
Evangelio del domingo: De precios y de ofertas, el Reino
En un mundo de competitividad como el nuestro, puede resultar extraño ver a Dios que salta al mercado de las ofertas y pone precio. El Evangelio de hoy culmina esa catequesis sobre el Reino de Dios que Jesús ha ido explicando estos domingos. Las dos primeras imágenes que aparecen muestran el valor de ese Reino: vale la pena venderlo todo para hacerse con un don tan preciado. Tan importante, tan absoluto es ese Reino que es más que todo lo que una persona pueda poseer. Jesús no estaba ante aquella gente, ante sus discípulos, tratando de "venderles" su novedad haciéndoles consideraciones pertinentes sobre la excelencia de su "mercado", o indicándoles cuáles eran sus ventajas respecto a otros mercaderes. Más bien, el Señor se presenta con lo más y lo mejor, con lo que no tiene competencia ni rival. ¿De qué se trataba, pues? ¿Cuál era la oferta de Jesús?
Se trataba de eso que de múltiples formas no ha hecho otra cosa que ofrecer, y explicar, e inaugurar: el Reino de Dios, el proyecto de su Padre, el plan de Dios sobre cada hombre y sobre toda la humanidad. Para esto vino Él: para decir a sus hermanos los hombres cuál era y cómo se andaba el camino de la felicidad bienaventurada. Porque en el empeño de ser felices, cuando los hombres han aspirado a ello al margen de Dios o incluso contra Él y a su despecho, el resultado es esa macabra retahíla de desmanes con los que los humanos han llenado demasiadas páginas de su historia: violencias, mentiras, injusticias, traiciones, muertes.
El Reino es algo que tiene que ver con las exigencias de nuestro corazón, con las aspiraciones más nobles y los deseos más hondos del corazón humano. No obstante, y a pesar de la inmensa oferta de Dios, Él nos deja libres para que optemos. Es una vieja tentación la de ser independientes y autónomos respecto de Dios. Pero tras tanto esfuerzo, tanto pago, tanta cosa... no logramos alcanzar la dicha.
El Evangelio de este domingo nos ofrece una meditación sobre nuestro dispendio vital: en qué gastamos nuestro caudal de posibilidades, en dónde apostamos nuestro deseo de felicidad. Dios sale a nuestro paso y nos dice que Él tiene un plan, su Reino, por el que vale la pena arriesgarlo todo. Cuando alguna vez se ha entendido esto, cuando alguna vez se ha intentado, se comprende que Dios no juega con nosotros, que no se aprovecha de nuestra condición, sino que al venderlo todo para adquirir su tesoro escondido o su perla preciosa, es decir, al dejar padre, madre, hijos, tierras... por su Reino, Él nos ha dado cien veces más padres, madres, hijos, tierras... y después la vida eterna. "¿Entendéis bien todo esto? Ellos contestaron: sí" (Mt 13,52). ¿Qué podemos responder cada uno de nosotros?
El Señor os bendiga y os guarde.
ZENIT nos ofrece el texto del discurso pronunciado por el Papa el sábado 25 de Junio de 2011 por la mañana, al recibir en audiencia a los socios de la Asociación Santos Pedro y Pablo, en el 40º aniversario de la sociedad.
¡Queridos amigos de la Asociación Santos Pedro y Pablo!
¡Os saludo con alegría y con afecto! Estoy muy contento de encontrarme con vosotros mientras estáis reunidos en ocasión del 40º aniversario de la sociedad: una conmemoración feliz, que invita al agradecimiento, al Señor antes que nada, y al amado Siervo de Dios Pablo VI, que tanto ha hecho para renovar el ambiente Vaticano según las exigencias contemporáneas. Saludo en particular al Presidente, el doctor Calvino Gasparini, y le agradezco sus corteses palabras; saludo al Asistente espiritual, monseñor Joseph Murphy, a los demás responsables y a todos los socios, como también a los ex-asistentes, entre los que están el cardenal Coppa, que nos honra con su presencia, y el cardenal Bertone, que cuando era un joven sacerdote fue ayudante formador de la entonces Guardia Palatina. En el altar del Señor y la tumba de San Pedro, elevamos en este momento un especial recuerdo por todos los que, en estos 40 años, se han sucedido en la dirección de la Asociación y que con dedicación han sido parte de ella. A todos los que, de ellos, han dejado este mundo, que el Señor les dé la paz y la bienaventuranza de su Reino.
También en mi ánimo, al reunirme con vosotros, domina el sentimiento de reconocimiento, y está dirigido a vosotros, por el servicio que ofrecéis, sobre todo por el amor y el espíritu de fe con el que lo desarrolláis. Vosotros dedicáis parte de vuestro tiempo, armonizándolo con los compromisos de familia y sustrayéndolo, a menudo, de vuestro ocio, para venir al Vaticano y colaborar con el buen orden de las celebraciones. Además dais vida a numerosas iniciativas caritativas, en colaboración con las religiosas Hijas de la Caridad y con las Misioneras de la Caridad. Estos compromisos exigen una motivación profunda, que se renueva siempre, gracias a una intensa vida espiritual. Para ayudar a los demás a rezar, es necesario tener el corazón dirigido a Dios; para pedir el respeto a los lugares santos y a las cosas santas, es necesario que vosotros mismos tengáis el sentido cristiano de la sacralidad; para ayudar al prójimo con verdadero amor cristiano, tenemos que tener un ánimo humilde y una visión de fe. Vuestra actitud, a menudo sin palabras, constituye una indicación, un ejemplo, un reclamo, y como tal, también tiene un valor educativo.
Se presupone en todo esto vuestra formación personal; y deseo deciros que por esta, como por todo lo que hacéis, os estoy particularmente agradecido. La Asociación Santos Pedro y Pablo, como toda auténtica asociación eclesial, antes que nada, se propone la formación de sus miembros, nunca como sustitución o alternativa de las parroquias, sino de forma complementaria respecto a ellas. Por esto, me complace que forméis parte de vuestras comunidades parroquiales y que eduquéis a vuestros hijos en el sentido de la parroquia. Al mismo tiempo, me complace el hecho de que la Asociación sea, en su justa medida, exigente en el prever específicos periodos formativos para los que desean ser socios efectivos, y ofrezca regularmente momentos oportunos en apoyo de la perseverancia.
Un pensamiento particular dirijo a quienes, esta mañana, han pronunciado la solemne Promesa de fidelidad; espero que tengan siempre la alegría de sentirse discípulos de Cristo en la Iglesia, y les exhorto a que den un buen testimonio del Evangelio en todos los ámbitos de su vida. Siempre desde esta perspectiva, he apoyado, desde el principio, el proyecto de dar vida a un grupo juvenil. Saludo a los jóvenes con especial afecto, y les animo a seguir el ejemplo del Beato Pier Giorgio Frassati, amando a Dios con todo el corazón, gustando la belleza de la amistad cristiana y sirviendo a Cristo con gran discreción, en los hermanos más pobres.
Queridos amigos, os agradezco vuestros buenos deseos, y sobre todo, las oraciones en ocasión de mi 60º aniversario de Sacerdocio. El regalo que me habéis querido ofrecer, una bella casulla, me recuerda que soy, antes que nada, Sacerdote de Cristo, y me invita a acordarme de vosotros cuando celebro el Sacrificio redentor. ¡Gracias de corazón! Finalmente, quiero confiaros a todos a la Virgen María. Sé que en vuestra Asociación se venera con el título de Virgo Fidelis. ¡Hoy más que nunca se necesita la fidelidad! Vivimos en una sociedad que ha perdido este valor. Se exalta mucho el comportamiento de cambio, la “movilidad”, la “flexibilidad”, por motivos organizativos también legítimos. Pero ¡la calidad de una relación humana se ve en la fidelidad! La Sagrada Escritura nos muestra que Dios es fiel. Con su gracia y la ayuda de María, sed, por tanto, fieles a Cristo y a la Iglesia, preparados para soportar con humildad y paciencia el precio que comporta. Que la Virgo Fidelis os obtenga la paz en vuestras familias, ya que de ellas nacen auténticas vocaciones cristianas, al Matrimonio, al Sacerdocio y a la Vida consagrada. Por esto os aseguro un especial recuerdo en mi oración, mientras que de corazón os bendigo a todos vosotros y a vuestros seres queridos.
[Traducción del italiano por Carmen Álvarez,
© Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos presenta la declaración publicada el lunes 27 de Junio de 2011 con motivo del “Proyecto de ley reguladora de los derechos de la persona ante el proceso final de la vida”, aprobada por la CCXX Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, el 22 de junio de 2011.
1 En España, como en otros lugares del mundo occidental, se discute y se legisla desde hace años acerca del mejor modo de afrontar la muerte como corresponde a ese momento tan delicado y fundamental de la vida humana. La actualidad de la cuestión viene dada por diversos motivos. Es posible que el más determinante de ellos se halle en los avances de la medicina, que si, por una parte, han permitido alargar el tiempo de la vida, por otra, ocasionan con frecuencia situaciones complejas en los momentos finales, en las que se ha hecho más difícil distinguir entre lo natural y lo artificial, entre el dolor inevitable y el sufrimiento debido a determinadas intervenciones de las nuevas técnicas médicas. Además, la mayor frecuencia con la que las personas llegan a edades avanzadas, en situaciones de debilidad, ha replanteado también la cuestión del sentido de la vida humana en esas condiciones.
2 En diversas ocasiones que demandaban una palabra de clarificación a este respecto, a la luz del Evangelio de la vida y de los derechos fundamentales de la persona, la Conferencia Episcopal ha hecho oír su voz a través de sus diferentes organismos (1). Los principios básicos de la doctrina católica sobre “el Evangelio de la vida humana”, en todos sus aspectos y, por tanto, también en los referentes al “respeto y cuidado de la vida humana doliente y terminal” se hallan luminosamente sintetizados en el tercer capítulo de la Instrucción Pastoral de la Asamblea Plenaria titulada La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (2).
3 El Gobierno de la Nación ha aprobado el pasado día 17 de junio un ”Proyecto de Ley Reguladora de los Derechos de la Persona ante el Proceso Final de la Vida” que aborda por primera vez esta cuestión en una posible norma para toda España (3). Deseamos hacer pública nuestra valoración del mismo para contribuir al necesario y pausado debate público sobre una cuestión de tanta relevancia y para ayudar a los católicos y a todos los que deseen escucharnos a formarse un juicio ponderado y acorde con el Evangelio y con los derechos fundamentales del ser humano.
4 Con este propósito, recordamos primero sucintamente los principios básicos del Evangelio de la vida y ofrecemos luego nuestra valoración del Proyecto a la luz de tales principios.
PARTE PRIMERA El Evangelio de la vida: la vida de cada persona es sagrada, también cuando es débil, sufriente o se encuentra al final de su tiempo en la tierra; las leyes han de proteger siempre su dignidad y garantizar su cuidado (4)
La dignidad de la vida humana y su carácter sagrado
5 Cuando hablamos de dignidad humana, nos referimos al valor incomparable de cada ser humano concreto. Cada vida humana aparece ante nosotros como algo único, irrepetible e insustituible; su valor no se puede medir en relación con ningún objeto, ni siquiera por comparación con ninguna otra persona; cada ser humano es, en este sentido, un valor absoluto.
6 La revelación de Dios en Jesucristo nos desvela la última razón de ser de la sublime dignidad que posee cada ser humano, pues nos manifiesta que el origen y el destino de cada hombre está en el Amor que Dios mismo es. (...) Los seres humanos no somos Dios, no somos dioses, somos criaturas finitas. Pero Dios nos quiere con Él. Por eso nos crea: sin motivo alguno de mera razón, sino, por pura generosidad y gratuidad, desea hacernos partícipes libres de su vida divina, es decir, de su Amor eterno. La vida humana es, por eso, sagrada.
Dignificación del sufrimiento y de la muerte, frente a falsos criterios de “calidad de vida” y de “autonomía” del paciente
7 Cuando la existencia se rige por los criterios de una ‘calidad de vida’ definida principalmente por el bienestar subjetivo medido sólo en términos materiales y utilitarios, las palabras ‘enfermedad’, ‘dolor’ y ‘muerte’ no pueden tener sentido humano alguno. Si a esto añadimos una concepción de la libertad como mera capacidad de realizar los propios deseos, [sin referencia al bien objetivo], entonces no es extraño que, en esas circunstancias, se pretenda justificar e incluso exaltar el suicidio como si fuera un acto humano responsable y hasta heroico. La vuelta a la legitimación social de la eutanasia, fenómeno bastante común en las culturas paganas precristianas, se presenta hoy, con llamativo individualismo antisocial, como un acto más de la elección del individuo sobre lo suyo: en este caso, sobre la propia vida carente ya de ‘calidad’.
8 El Evangelio de la vida fortalece a la razón humana para entender la verdadera dignidad de las personas y respetarla. Unidos al misterio pascual de Cristo, el sufrimiento y la muerte aparecen iluminados por la luz de aquel Amor originario, el amor de Dios, que, en la Cruz y Resurrección del Salvador, se nos revela más fuerte que el pecado y que la muerte. De este modo, la fe cristiana confirma y supera lo que intuye el corazón humano: que la vida es capaz de desbordar sus precarias condiciones temporales y espaciales, porque es, de alguna manera, eterna. Jesucristo resucitado pone ante nuestros ojos asombrados el futuro que Dios ofrece a la vida de cada ser humano: la glorificación de nuestro cuerpo mortal.
9. La esperanza de la resurrección y la Vida eterna nos ayuda no sólo a encontrar el sentido oculto en el dolor y la muerte, sino también a comprender que nuestra vida no es comparable a ninguna de nuestras posesiones. La vida es nuestra, somos responsables de ella, pero propiamente no nos pertenece. Si hubiera que hablar de un ‘propietario’ de nuestra vida, ése sería quien nos la ha dado: el Creador. Pero Él tampoco es un dueño cualquiera. Él es la Vida y el Amor. Es decir, que nuestro verdadero Señor ‐¡gracias a Dios!‐no es nuestro pequeño “yo”, frágil y caduco, sino la Vida y el Amor eternos. No es razonable que queramos convertirnos en dueños de nuestras vidas. Lo sabe nuestra razón, que conoce la existencia de bienes indisponibles para nosotros, como, por ejemplo, la libertad, y, en la base de todos ellos, la vida misma. La fe ilumina y robustece este saber.
10. La vida humana tiene un sentido más allá de ella misma por el que vale la pena entregarla. El sufrimiento, la debilidad y la muerte no son capaces, de por sí, de privarla de sentido. Hay que saber integrar esos lados oscuros de la existencia en el sentido integral de la vida humana. El sufrimiento puede deshumanizar a quien no acierta a integrarlo, pero puede ser también fuente de verdadera liberación y humanización. No porque el dolor ni la muerte sean buenos, sino porque el Amor de Dios es capaz de darles un sentido. No se trata de elegir el dolor o la muerte sin más. Eso es justamente lo que los deshumanizaría. Lo que importa es vivir el dolor y la muerte misma como actos de amor, de entrega de la Vida a Aquel de quien la hemos recibido. Ahí radica el verdadero secreto de la dignificación del sufrimiento y de la muerte.
La muerte no debe ser causada (no a la eutanasia), pero tampoco absurdamente retrasada (no al encarnizamiento terapéutico)
11. Hemos de renovar la condena explícita de la eutanasia como contradicción grave con el sentido de la vida humana. Rechazamos la eutanasia en sentido verdadero y propio, es decir, ‘una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor’ (5). En cambio, no son eutanasia propiamente dicha y, por tanto, ‘no son moralmente rechazables acciones y omisiones que no causan la muerte por su propia naturaleza e intención. Por ejemplo, la administración adecuada de calmantes (aunque ello tenga como consecuencia el acortamiento de la vida) o la renuncia a terapias desproporcionadas (al llamado encarnizamiento terapéutico), que retrasan forzadamente la muerte a costa del sufrimiento del moribundo y de sus familiares. La muerte no debe ser causada, pero tampoco absurdamente retrasada’ (6).
Es posible redactar un “testamento vital”
12. Respondiendo a los criterios enunciados, la Conferencia Episcopal ofreció en su momento un modelo de manifestación anticipada de voluntad, que presentamos de nuevo, como apéndice de esta declaración, en redacción actualizada. Quienes desearan firmar un documento de este tipo podrán encontrar en este ‘testamento vital’ un modelo acorde con la doctrina católica y con los derechos fundamentales de la persona, lo cual no siempre es así en otros modelos.
La legalización expresa o encubierta de la eutanasia, en realidad va en contra de los más débiles
13. La legalización de la eutanasia es inaceptable no sólo porque supondría la legitimación de un grave mal moral, sino también porque crearía una intolerable presión social sobre los ancianos, discapacitados o incapacitados y todos aquellos cuyas vidas pudieran ser consideradas como ‘de baja calidad’ y como cargas sociales; conduciría ‐como muestra la experiencia ‐a verdaderos homicidios, más allá de la supuesta voluntariedad de los pacientes, e introduciría en las familias y las instituciones sanitarias la desconfianza y el temor ante la depreciación y la mercantilización de la vida humana.
El objetivo de la legislación sobre el final de la vida ha de ser garantizar el cuidado del moribundo, en lugar de recurrir a falsos criterios de ”calidad de vida” y de ”autonomía” para, en realidad, desproteger su dignidad y su derecho a la vida.
14. La complejidad creciente de los medios técnicos hoy capaces de alargar la vida de los enfermos y de los mayores crea ciertamente situaciones y problemas nuevos que es necesario saber valorar bien en cada caso. Pero lo más importante, sin duda, es que el esfuerzo grande que nuestra sociedad hace en el cuidado de los enfermos, crezca todavía más en el respeto a la dignidad de cada vida humana. La atención sanitaria no puede reducirse a la sola técnica, ha de ser una atención a la vez profesional y familiar.
15. En nuestra sociedad, que cada día tiene mayor proporción de personas ancianas, las instituciones geriátricas y sanitarias ‐especialmente las unidades de dolor y de cuidados paliativos ‐han de estar [bien dotadas] y coordinadas con las familias y éstas, por su parte, ya que son el ambiente propio y originario del cuidado de los mayores y de los enfermos, han de recibir el apoyo social y económico necesario para prestar este impagable servicio al bien común. La familia es el lugar natural del origen y del ocaso de la vida. Si es valorada y reconocida como tal, no será la falsa compasión, que mata, la que tenga la última palabra, sino el amor verdadero, que vela por la vida, aun a costa del propio sacrificio.
Denunciar la posible legalización encubierta de la eutanasia es un deber moral y democrático
16. Cuando afirmamos que es intolerable la legalización abierta o encubierta de la eutanasia, no estamos poniendo en cuestión la organización democrática de la vida pública, ni estamos tratando de imponer una concepción moral privada al conjunto de la vida social. Sostenemos sencillamente que las leyes no son justas por el mero hecho de haber sido aprobadas por las correspondientes mayorías, sino por su adecuación a la dignidad de la persona humana.
17. No identificamos el orden legal con el moral. Somos, por tanto, conscientes de que, en ocasiones, las leyes, en aras del bien común, tendrán que tolerar y regular situaciones y conductas desordenadas. Pero esto no podrá nunca ser así cuando lo que está en juego es un derecho fundamental, como es el derecho a la vida. Las leyes que toleran e incluso regulan las violaciones del derecho a la vida son gravemente injustas y no deben ser obedecidas. Es más, esas leyes ponen en cuestión la legitimidad de los poderes públicos que las elaboran y aprueban. Es necesario denunciarlas y procurar, con todos los medios democráticos disponibles, que sean abolidas, modificadas o bien, en su caso, no aprobadas.
El derecho a la objeción de conciencia
18. En un asunto tan importante ha de quedar claro, también legalmente, que las personas que se pueden ver profesionalmente implicadas en situaciones que conllevan ataques ‘legales’ a la vida humana, tienen derecho a la objeción de conciencia y a no ser perjudicadas de ningún modo por el ejercicio de este derecho. Ante el vacío legal existente, se hace más necesaria hoy la regulación de este derecho fundamental.
PARTE SEGUNDA Un Proyecto que podría suponer una legalización encubierta de prácticas eutanásicas y que no tutela bien el derecho fundamental de libertad religiosa
Intención laudable: proteger la dignidad de la persona en el final de la vida sin despenalizar la eutanasia
19. El texto que valoramos persigue una finalidad ciertamente positiva: “La presente Ley tiene por objeto asegurar la protección de la dignidad de las personas en el proceso final de la vida” (art. 1), concretamente, de quienes se encuentran en situación terminal o de agonía (art. 2).
20. Con este fin, se propone “garantizar el pleno derecho de (la) libre voluntad” (art.1) de las personas que se hallan en esa situación, sin alterar para ello “la tipificación penal vigente de la eutanasia o suicidio asistido” (Exp. de motivos).
Enfoque unilateral: la supuesta autonomía absoluta del paciente
21. Sin embargo, una concepción de la autonomía de la persona, como prácticamente absoluta, y el peso que se le da a tal autonomía en el desarrollo de la Ley acaban por desvirtuar la intención declarada y por sobrepasar el límite propuesto de no dar cabida a la eutanasia.
22. En efecto, la “inequívoca afirmación y salvaguarda de la autonomía de la voluntad de los pacientes” (E.d.m.), a quienes se otorga el “derecho a decidir libremente sobre las intervenciones y el tratamiento a seguir” (art. 4), conduce a que se les conceda la capacidad de “rechazar las intervenciones y los tratamientos propuestos por los profesionales, aun en los casos en que esta decisión pudiera tener el efecto de acortar su vida o ponerla en peligro inminente” (art. 6. 1).
23. Como este planteamiento constituye la espina dorsal de la argumentación del Anteproyecto, quedan inevitablemente fuera de su atención determinadas distinciones y limitaciones que son fundamentales para la tutela efectiva de la dignidad de la persona y de su derecho a la vida. Es más, el propio concepto de dignidad humana queda también negativamente afectado, puesto que parece sostenerse implícitamente que una vida humana podría carecer de dignidad tutelable en el momento en el que así lo dispusiera autónomamente la parte interesada e incluso eventualmente un tercero (7).
Definición reductiva del concepto de eutanasia
24. Entre las cuestiones carentes de suficiente precisión se encuentra el concepto mismo de eutanasia o suicidio asistido, concebidos como “la acción de causar o cooperar activamente con actos necesarios y directos a la muerte de otro” (E.d.m., según el Código Penal), por petición de quien padece una enfermedad mortal o graves y permanentes padecimientos. Con esta definición reductiva, centrada sólo en las acciones directas, se deja abierta la puerta a las omisiones voluntarias que pueden causar la muerte o que buscan de modo directo su aceleración. Así lo confirman otras disposiciones concretas, encaminadas a legalizar tales omisiones.
Conductas eutanásicas a las que se daría cobertura legal
25. Entre las conductas eutanásicas que se legalizarían con esta Ley está, en primer lugar, la posible sedación inadecuada. El Anteproyecto establece que las personas que se hallen en el proceso final de su vida tienen derecho “a recibir, cuando lo necesiten, sedación paliativa, aunque ello implique un acortamiento de la vida” (art. 11. 2c). Más adelante, en el art. 17. 2, se somete la sedación a criterios de proporcionalidad. Sin embargo, ya el hecho de que la administración de la sedación resulte apropiada o no es algo que depende del juicio médico y no de la voluntad del paciente, lo cual no queda claro en este texto que consagra el tratamiento específico de la sedación como un ”derecho” de este último. Además, no queda tampoco claro el modo en que la proporcionalidad sea aplicada a la sedación, condición necesaria para que no se use de hecho como un medio para causar la muerte.
26. En segundo lugar, el abandono terapéutico o la omisión de los cuidados debidos también podrían tener cobertura legal si este Proyecto se convirtiera en Ley. La obligación moral de no interrumpir las curas normales debidas al enfermo no aparece afirmada en el texto. Éste se contenta con establecer las “actuaciones sanitarias que garanticen su debido cuidado y bienestar” (art. 17, 2) como ambiguo límite del derecho de los pacientes a rechazar tratamientos y de la correlativa obligación de los profesionales de la salud de reducir el esfuerzo terapéutico. Entre los aspectos que han de incluirse en el “debido cuidado” se hallan siempre la alimentación y la hidratación. Pero el texto tampoco contempla estos cuidados necesarios, dejando así abierta la puerta a conductas eutanásicas por omisión de cuidados debidos. Cuando el Anteproyecto dispone que es necesario evitar “la adopción o el mantenimiento de intervenciones y medidas de soporte vital carentes de utilidad clínica” (17. 2), permanece en una ambigüedad de consecuencias morales y jurídicas graves al no definir en qué consisten esas “medidas de soporte vital”, que pueden ser apropiadas o no serlo.
Los profesionales de la sanidad, reducidos a ejecutores de la voluntad de los pacientes, a quienes ni siquiera les es reconocido el derecho de objeción de conciencia
27. En su excesivo empeño por tutelar la autonomía de los pacientes, el Proyecto convierte a los médicos y demás profesionales de la sanidad prácticamente en meros ejecutores de las decisiones de aquellos: “Los profesionales sanitarios están obligados a respetar la voluntad manifestada por el paciente sobre los cuidados y el tratamiento asistencial que desea recibir en el proceso final de su vida, en los términos establecidos en esta Ley” (16. 1). Parece que estos profesionales tienen sólo obligaciones y no derechos, de los que nunca se habla. Pero los profesionales de la sanidad también tienen el derecho de que sean respetadas sus opiniones y actuaciones cuando, de acuerdo con una buena práctica médica, buscan el mejor tratamiento del paciente en orden a promover su salud y su cuidado. Tienen derecho a que no se les impongan criterios o actuaciones que resulten contrarios a la finalidad básica del acto médico, que es siempre el cuidado del enfermo. Un buen texto legal en esta materia habría de conciliar los derechos de los pacientes con los de los médicos. Cada uno tiene su propia responsabilidad en la alianza terapéutica que se ha de establecer entre ambos si se quiere conseguir la relación adecuada entre el enfermo y el médico. No puede ser que éste quede exonerado de toda responsabilidad moral y legal, como parece indicarse (art. 15. 3) y que aquél resulte habilitado para tomar prácticamente cualquier decisión. Resulta muy significativo a este último respecto que la Disposición adicional primera de este Proyecto, al ordenar una nueva redacción del artículo 11 de la Ley de autonomía del paciente, de 2002, suprima el párrafo que establece que “no serán aplicadas las instrucciones previas [del paciente] contrarias al ordenamiento jurídico, a la lex artis, ni las que no se correspondan con el supuesto de hecho que el interesado haya previsto en el momento de manifestarlas”. Desaparece, por tanto, el criterio de la lex artis ‐o buena práctica médica ‐como límite a la absoluta autonomía del paciente terminal.
28. El Proyecto no alude en ningún momento al derecho a la objeción de conciencia que debería reconocerse y garantizarse al personal sanitario en su mayor amplitud posible. También habría de constar que el ideario católico de un centro sanitario será debidamente respetado.
Mal tratado el derecho humano de libertad religiosa
29. En las enfermedades graves y más aún en cuando se acerca la muerte, las personas se encuentran por lo general especialmente necesitadas y deseosas de asistencia religiosa. Se trata de un hecho coherente con la naturaleza religiosa del ser humano que encuentra su reflejo en las correspondientes constataciones sociológicas.
30. Sin embargo, el presente Proyecto ni siquiera menciona el derecho fundamental de libertad religiosa, como es reconocido por la Constitución en su artículo 16. 1. Esto es algo llamativo, porque la naturaleza propia de las situaciones que regula están cargadas ‐como acabamos de apuntar ‐de hondos significados religiosos y exigirían ya de por sí ser tratadas en un marco legal que explicite y tutele positivamente ese derecho fundamental. Pero además, la mencionada ausencia resulta todavía menos explicable si se recuerda que el enfoque adoptado por el texto es el del máximo desarrollo de los derechos fundamentales de la persona que se halla en las circunstancias citadas (8).
31. En cambio, el texto legal proyectado formula un nuevo derecho al que llama “derecho al acompañamiento” (art. 12), dentro el cual incluye una denominada “asistencia espiritual o religiosa” de la que se dice que los pacientes “tendrán derecho recibir(la)” si ellos se la “procuran”, de acuerdo con sus convicciones y creencias, y “siempre que ello resulte compatible con el conjunto de medidas sanitarias necesarias para ofrecer una atención de calidad”.
32. El derecho de libertad religiosa, en cuanto derecho humano fundamental y primario, no puede ser reducido por una Ley a la mera tolerancia de la práctica religiosa, como aquí se hace, sometida además de modo absoluto a condicionamientos jurídicos indeterminados y en manos de terceros (la compatibilidad con el “conjunto de medidas sanitarias”). Una Ley justa y acorde con la Constitución en este punto debería prever el reconocimiento del derecho de libertad religiosa de modo explícito y positivo. Que los pacientes tengan derecho al ejercicio de sus convicciones religiosas supone que el Estado, por su parte, ha de garantizar y favorecer el ejercicio de ese derecho fundamental, sin perjuicio de su justa laicidad.
33. A este respecto se debería hacer mención genérica de los Acuerdos internacionales o Convenios de colaboración con las confesiones religiosas, en el derecho transitorio, especificando que la asistencia religiosa se realizará en el marco de tales instrumentos jurídicos. En el caso particular de la Iglesia católica, es aquí pertinente el artículo IV del Acuerdo sobre Asuntos Jurídicos.
Otras carencias del Proyecto
34. No quedan suficientemente claras en este texto otras cuestiones de no poca relevancia, que nos limitamos a enumerar. El significado de “deterioro extremo” (E. d. m.), no parece que pueda calificar siempre una fase terminal. La información a la que se tiene derecho debe ser “clara y comprensible”, se dice en el art. 5.1., pero habría que añadir que debería ser continuamente actualizada y verificada respecto de su efectiva comprensión. A los menores emancipados o con 16 años cumplidos se les otorga la misma capacidad de decidir sobre sus tratamientos que a los mayores de edad, lo cual va en detrimento de la responsabilidad de los padres (cf. art. 7). El artículo 16 protege poco al enfermo de posibles intereses injustos de familiares y profesionales a la hora de valorar su incapacidad de hecho. En el artículo 20 se dice que los comités de ética asistencial “podrán acordar protocolos de actuación para garantizar la aplicación efectiva de lo previsto en esta Ley”, siendo así que, por estatutos, dichos comités tienen carácter sólo consultivo.
Conclusiones
35. Sintetizamos como sigue nuestra valoración de Proyecto de Ley objeto de esta Declaración:
1. El Proyecto pretende dar expresión a un nuevo enfoque legal que supere un enfoque asistencialista y dé paso a otro basado en el reconocimiento de los derechos de la persona en el contexto de las nuevas situaciones creadas por los avances de la medicina. Pero no lo consigue.
2. No logra garantizar, como desea, la dignidad y los derechos de las personas en el proceso del final de su vida temporal, sino que deja puertas abiertas a la legalización de conductas eutanásicas, que lesionarían gravemente los derechos de la persona a que su dignidad y su vida sean respetadas.
3. El erróneo tratamiento del derecho fundamental de libertad religiosa supone un retroceso respecto de la legislación vigente.
4. Ni siquiera se alude al derecho a la objeción de conciencia, que debería reconocerse y garantizarse al personal sanitario.
5. La indefinición y la ambigüedad de los planteamientos lastran el Proyecto en su conjunto, de modo que, de ser aprobado, conduciría a una situación en la que los derechos de la persona en el campo del que se trata estarían peor tutelados que con la legislación actual.
Con esta declaración queremos contribuir a una convivencia más humana en nuestra sociedad, la cual sólo puede darse cuando las leyes reconocen los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana y tutelan el ejercicio efectivo de los mismos.
NOTAS
(!) Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, Sobre la eutanasia (15 de abril de 1986); Comité Episcopal para la Defensa de la Vida, La eutanasia. Cien cuestiones y respuestas (14 de febrero de 1993); Comisión Permanente, Declaración La eutanasia es inmoral y antisocial (18 de febrero de 1998). En: L. M. Vives Soto (Ed.), La vida humana, don precioso de Dios. Documentos de la Conferencia Episcopal Española sobre la vida 1974‐2006, Edice, Madrid 2006, 235‐340; también en:www.conferenciaepiscopal.es/(Sección Documentos)
(2) LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, Instr. Past. La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27 de abril de 2001), esp. Capítulo 3, “El Evangelio de la vida humana”. En: Boletín Oficial de la Conferencia Episcopal Española 16 (2001) 12‐60; y en: L. M. Vives Soto (Ed.), o. c., 45‐63; también en:www.conferenciaepiscopal.es(Sección Documentos)
(3)Existen ya normas emanadas de cuerpos legislativos autonómicos sobre las que se han pronunciado en su momento los obispos de esos lugares. Así, sobre el “Proyecto de Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de la Muerte”, de la Junta de Andalucía, los Obispos de Andalucía publicaron una Nota el 22 de febrero de 2010; y sobre la “Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de la Persona en el Proceso de Morir y de la Muerte”, del Parlamento de Aragón, los obispos de Aragón publicaron una Carta Pastoral el 24 de abril de 2011.
(4) En toda esta primera parte seguimos casi siempre literalmente el tercer capítulo de la Instrucción Pastoral de la LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, La familia, santuario de la vida y esperanza de la sociedad (27 de abril de 2001), números 101 al 128.
(5) Juan Pablo II, Carta Enc. Evangelium vitae, 65.
(6) Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española, Declaración La eutanasia es inmoral y antisocial, 6.
(7)En la Exposición de motivos se dice explícitamente que “el proceso final de la vida, concebido como un final próximo e irreversible, eventualmente doloroso” sería también “lesivo de la dignidad de quien lo padece”; una afirmación que no sólo resulta antropológicamente inaceptable, sino también posiblemente contraria a la Constitución.
(8)La Exposición de motivos del Proyecto se refiere a la Constitución española, donde ésta reconoce varios derechos fundamentales como la dignidad (art. 10), la vida y la integridad física (art. 15) o la intimidad (art. 18. 1) e incluso la salud (art. 43), que, atendiendo a la sistemática constitucional, no es ya un derecho fundamental, sino un principio rector de la política social y económica.
APÉNDICE
Testamento vital
A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:
Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaración sea considerada como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.
Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.
Por ello, yo, el que suscribe, pido que si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados; que no se me aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.
Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana, también por medio de los sacramentos.
Suscribo esta declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a............ Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre, las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración.
Nombre y apellidos: Firma: Lugar y fecha:
Reflexión a las lecturas del domingo diecisiete del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"
ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 17º del T. Ordinario A
Queridos amigos y amigas: El Reino de Dios es una expresión muy rica en contenido. Es como el compendio de todos los bienes que nos trae Jesucristo, el Mesías… y que se anuncia como evangelio, como buena noticia. El Reino de Dios se personifica en Cristo… Con Él llega a la tierra el Reino de los Cielos. Los que aceptan su palabra se incorporan al Reino que se inicia en la vida de la Iglesia peregrina y tiene su punto culminante en la Venida gloriosa del Señor.
De diversos modos habla el Señor del Reino de los Cielos. Estos domingos a través de unas parábolas, comparaciones sencillas que todo el mundo entiende.
Hoy el Señor compara su Reino a un tesoro, a una perla preciosa de gran valor.
Nunca compara el Señor su Reino con algo malo, desagradable, pobre, triste…, sino, todo lo contrario, con algo de gran valor, con una fiesta o un banquete festivo y alegre, con una gran redada de peces, con un tesoro…
Como decía antes, este domingo compara Jesucristo su Reino a un gran tesoro, pero escondido… No se conoce, parece que no hay nada en aquel campo... Todo normal… hasta que llega uno y encuentra un tesoro que se ha guardado allí como sucedía en el país de Jesús, donde eran frecuentes las guerras, los conflictos, la inseguridad… Entonces, “lo vuelve a esconder”, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo”.
Al escuchar esta enseñanza los cristianos tendríamos que preguntarnos: ¿El Reino de los Cielos es para mí algo muy valioso, un tesoro, algo por lo cual merece la pena “venderlo todo” para conseguirlo? O, por el contrario, ¿vendemos “el tesoro” por cualquier cosa? Como una señora que tiene una gran cantidad de plata guardada, pero está ennegrecida por el tiempo, y termina por dejarla al de la chatarra por una pequeña cantidad de dinero.
Los santos, especialmente, los mártires, se nos presentan como aquellos que han “tenido la suerte” de encontrar “el tesoro” y lo han “vendido todo”, incluso, la vida, por conseguirlo. Muy seguros debían de estar del “tesoro” para actuar así.
Por eso el Papa Juan Pablo II escribía a los jóvenes que se iban a reunir con él en Santiago: “El descubrimiento de Cristo es la aventura más grande de vuestra vida”.
Atendamos a este testimonio de S. Pablo: “…Todo lo que para mí era ganancia, lo estimo pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo perdí todo y todo lo estimo basura con tal de ganar a Cristo y existir en él...” (Fil. 3,7-9).
En la primera lectura de hoy escuchamos que al Señor le agradó la petición de Salomón y le dijo: “Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga ni riquezas ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti”.
¡Serían interminables los testimonios que podríamos seguir presentando…! Pero no hay espacio para más…
Compara después el Señor su Reino “a un comerciante perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra”.
También aquí aparece “la suerte”, “la encontró”, pero se añade algo: El que la encuentra es “un comerciante en perlas finas”, alguien que entiende de perlas, un experto, diríamos hoy.
Por eso para valorar y comprar “la perla del Reino de Dios”, hace
falta “entender”, ser un tipo listo” Y todos “no entienden” o no son así de inteligentes…
Hace alusión la parábola al “instinto del hombre de negocios”, que ve una gran oportunidad donde otros no ven nada o piensan todo lo contrario: “Está bien, pero no merece la pena…”
Hace mucho tiempo que en las Diócesis de nuestro país se trabaja y se reza mucho para preparar la Jornada Mundial de la Juventud que culminará con el encuentro con el Papa. Hay que hacer todo lo posible, pensamos, para que sea para todos una ocasión privilegiada de acoger la Buena Noticia, “el Evangelio de los Jóvenes”, el del tesoro y la perla y “vender” algo o venderlo todo para conseguirlo.
Les deseo un buen Domingo, un día del Señor muy feliz.
Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo Puerto Iguazú, en la Solemnidad del Corpus Christi (26 de junio de 2011). (AICA)
“Concédenos Señor participar con fe en el misterio de tu Cuerpo y de tu Sangre”
Este domingo la Iglesia celebra la festividad del Cuerpo y la Sangre del Señor; es la misma Eucaristía que celebra cada día del año: la ofrece en sacrificio de alabanza a Dios, la da en alimento a cada cristiano y la conserva como presencia real de Jesucristo en cada Sagrario para adoración de los fieles. Así ella se convierte y es el centro y el sostén de la vida humana.
Ella está íntimamente relacionada con el don y la institución del Sacerdocio, hoy y ayer y lo estará siempre hasta que el Señor vuelva definitivamente. Recordemos la antigua figura de Melquisedec, Rey de Salem y Sacerdote del Dios Altísimo, que en acción de gracias a Dios por la victoria de Abrahám, ofrece un sacrificio de “pan y vino”, símbolo de la Eucaristía. Melquisedec es llamado sacerdote para siempre, de él no se conoce ni principio ni el fin. Así pues este título es dado a Cristo más convenientemente porque su sacerdocio no tiene origen humano sino divino y por lo tanto es eterno. Acabado el sacerdocio levítico en el Nuevo Testamento, queda solamente el sacerdocio de Cristo que se prolonga en el sacerdocio católico y a él le canta la Iglesia: “Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec”.
Bueno sería que podamos leer en la carta a los Hebreos 7, 3 y ss; y en la carta 1° a los Corintios 11, 23-26; cómo San Pablo presenta a Cristo Sacerdote en el acto de instituir la Eucaristía, según la tradición que “procede del Señor”, así como el preludio de la misma, en la multiplicación de los panes (Lc. 9, 11-27) preludio evidente de la Cena Eucarística. Jesús toma los panes, eleva los ojos al cielo, los bendice y los reparte… en el Cenáculo, cuando ya el pan se convierta en su Cuerpo y el vino en su Sangre. Y llama la atención: ”Se los dio a sus discípulos para que distribuyeran el pan y quedaran todos saciados.
Moisés insistía constantemente para mantener viva la fe de Israel, en el Maná bajado del Cielo y el agua que manaba de la roca para saciar el hambre y la sed de Israel caminante por el desierto. Estos signos eran preludios de la Eucaristía y por eso es lógico que la Iglesia ponga su especial cuidado en que el Nuevo Pueblo de Israel y sus miembros no desdeñen el don infinitamente más grande, la Eucaristía, de los cuales los otros no son sino una pálida imagen.
La Eucaristía, alimento espiritual, es el sostén de la Iglesia y de la vida del hombre, el cual la debe desear más que al pan que nos alimenta el cuerpo. Ella es alimento y luz para la vida del mundo. En el Evangelio de hoy (Jn. 6, 51-59) nos dice Jesús: “Yo soy el Pan vivo bajado del Cielo, el que come de este pan vivirá para siempre y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”. Es que ella es verdaderamente alimento para la vida presente y preludio de la vida eterna. El Evangelista nos decía que los hebreos después de comer el maná murieron, en cambio “el que come este pan vivirá para siempre”. Es la Eucaristía vida y vida eterna, misterio infinito de fe y de amor que se prolonga en el tiempo y en la historia, hasta que el Señor vuelva glorioso al final de los tiempos.
La Eucaristía es memorial de la muerte del Señor y ofrece a los fieles el mismo Cuerpo de Jesús que se inmoló en la cruz por los hombres y es también memorial de su resurrección porque es el “pan vivo”, en el que Cristo está presente y viviente como lo está en la Gloria del Padre, y por eso lo adoramos y glorificamos, sacramento de fe y de amor, de amor porque es quien “amó y amó hasta el fin”.
Ella realiza la unidad de la Iglesia y le da vida en el Espíritu que vive para siempre en la Iglesia. Por eso tenemos que creer que la Eucaristía es necesaria para la vida del hombre y de la Iglesia, que es el Cristo vivo, Señor de la vida y de la historia, que sin él nada podemos y por eso es que hay que acercarse, comerlo, adorarlo, darle gracias y amarlo. Hay que acercarse y comerlo pues “sin mí nada podéis”.
Que María, adoradora de la Eucaristía, nos lleve a amar la Eucaristía y a confiar en ella.
Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú
Homilía de monseñor Luis H. Villalba, arzobispo emérito y administrador apostólico de Tucumán, en la misa del Corpus Christi (Domingo 26 de junio de 2011). (AICA)
Queridos hermanos y hermanas:
1. Nos hemos reunido para celebrar la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es decir, para tributar a Jesús eucaristía un acto de culto público y solemne, reconociendo en Él al Pastor bueno que nos guía en el camino de la vida, al Maestro que ilumina nuestras mentes y corazones, al Redentor que se acerca a nosotros y nos da la vida.
La solemnidad que hoy celebramos es para tributar al sacramento de la Eucaristía, habitualmente oculto en el silencio de los sagrarios, un testimonio público de adoración y agradecimiento.
La procesión que realizaremos, llevando a Cristo presente en la Eucaristía por las calles, quiere ser una bendición pública para nuestra ciudad. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida diaria a su bondad.
Que nuestras calles sean calles de Jesús. Que nuestras casas sean casas de Jesús. Que nuestra vida esté llena de Jesús. Con este gesto ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los ancianos, la esperanza de nuestros jóvenes.
2. Jesús, que asciende a lo más alto de los cielos, continúa cercano a los que vivimos en la tierra, dice San Agustín.
La Eucaristía es el sacramento de la cercanía de Jesús. ¿Qué cercanía mayor que ésta? El Señor está con nosotros, camina con nosotros como caminó con los discípulos de Emaús.
“Quédate con nosotros”. Esa fue la invitación que los discípulos de Emaús le hicieron al que, sin conocerlo todavía, se puso a caminar con ellos.
“Quédate con nosotros”, suplicaron, y él aceptó. Poco después Jesús desapareció de su vista pero se quedó en el “pan partido”, ante el cual se abrieron los ojos de los discípulos, reconociendo al Señor.
La Eucaristía hace posible y real su silenciosa cercanía, que nos sostiene y fortalece. Toda la vida de la Iglesia, con sus impulsos de espiritualidad, de fraternidad, de caridad, nace de esta cercanía. Toda la misión de la Iglesia nace de esta fuente.
La Eucaristía es un misterio de cercanía. El Señor está con nosotros. Hoy celebramos una realidad presente. No somos nosotros los que acompañamos a Cristo en nuestras calles, sino más bien es Él quien nos acompaña. Es Él quien se une a nuestros pasos y se inserta en nuestras vidas.
El Señor no nos deja solos en este camino. Está cerca de nosotros, más aún, desea compartir nuestra suerte. Realmente tenemos necesidad de un Dios cercano, de un Dios que se pone en nuestras manos y que nos ama.
3. En el camino de nuestras vidas, a veces desorientadas, Jesús sigue acercándose y se hace presente en la Eucaristía. Por medio de ella, Cristo hace presente, a lo largo de los siglos el misterio de su muerte y resurrección. En ella se recibe a Él en persona como el “pan vivo bajado del cielo”. En el sacramento de la Eucaristía, Jesús se sigue ofreciendo a nosotros como fuente de vida divina.
Jesús en el Evangelio dijo: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”. Por tanto, la participación en la Misa dominical, alimentarse con el Pan eucarístico y experimentar la comunión con los hermanos, es una necesidad para el cristiano. Así el cristiano puede encontrar la fuerza necesaria para el camino que debe recorrer cada semana. Debemos redescubrir la alegría del domingo cristiano. Debemos redescubrir la importancia de la celebración dominical. Debemos redescubrir la Misa como el momento central del domingo. Debemos dar un realce particular a la Eucaristía dominical, y que la Eucaristía nos dé el impulso para anunciar a Cristo a nuestros hermanos.
4. Eucaristía y misión forman un binomio inseparable. Alimentados con la Eucaristía, los cristianos emprenden el camino de la misión.
Los dos discípulos de Emaús, tras haber reconocido al Señor en “la fracción del Pan”, “En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén” (Lc. 24,33), para comunicar lo que habían visto y oído. Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar testimonio.
San Pablo relaciona íntimamente la Eucaristía y la misión: “Y así, dice, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que vuelva” (1 Cor. 11,26). Entrar en comunión con Cristo en la Eucaristía, significa experimentar, al mismo tiempo, el deber de ser misionero. La despedida al finalizar la Misa es una consigna que impulsa al cristiano a comprometerse a anunciar el Evangelio.
Queridos hermanos:
Desde este altar, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que nos alimenta con su Cuerpo y su Sangre, los envío a misionar a lo largo y a lo ancho de toda la Arquidiócesis.
Ante el Señor Sacramentado asumamos el compromiso de hacer de la Misión algo de todos y de cada uno.
Que la Santísima Virgen María, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced, Patrona de nuestra Arquidiócesis, los proteja y los acompañe en esta Misión.
Mons. Luis H. Villalba, arzobispo emérito y administrador apostólico de Tucumán
Homilía de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, en la solemnidad del Corpus Christi (25 de junio de 2011). (AICA)
EUCARISTÍA, CAMINO Y VIDA DE LA FAMILIA
Queridos Hermanos:
Nos hemos reunido para celebrar con gozo y gratitud el “sacramento de nuestra fe”, que es Jesucristo presente en la Eucaristía. No nos convoca una idea, nos convoca la presencia viva de Jesucristo como Pan de Vida, centro de nuestra comunión y fuerza misionera de la Iglesia. Ella es pan que nos alimenta en nuestro camino y vínculo de comunión eclesial. Es presencia que nos fortalece y es anticipo que nos hace gustar la plenitud de nuestra esperanza. En la Eucaristía nuestro tiempo es tiempo de Dios. Ella no nos saca del mundo, nos consagra en la verdad (cfr. Jn. 17, 15) y mantiene viva nuestra vocación en el mundo.
Qué triste cuando la celebración de la Eucaristía dominical se privatiza en un acto de piedad individual, y no nos hace partícipes en la vida y misión de la Iglesia. No venimos a Misa sólo a cumplir con un precepto, venimos a participar y testimoniar nuestra condición de miembros de Cristo en la vida de la Iglesia. No es coherente la imagen de una vida de fe que se alimenta de la Eucaristía, y la realidad de comunidades apostólicamente débiles. Desde la participación en la Eucaristía deberíamos revisar el nivel de nuestra presencia en la vida de nuestras comunidades. Qué esta celebración, Señor, al tiempo que fortalece nuestra alabanza a Dios, renueve nuestro compromiso con un Evangelio asumido y vivido.
La vivencia eucarística que da sentido a la vida cristiana, adquiere una fuerza particular cuando hablamos de la Familia. Eucaristía y Familia, aunque las podamos distinguir, pertenecen al proyecto de Dios. Así como la Eucaristía tiene su fuente en el amor del Padre que: “tanto amó al mundo, que le entregó a su Hijo único” (Jn. 3, 16); así también la Familia pertenece a ese mismo designio creador y redentor de Dios. Hay una unidad en el plan de Dios que nos permite comprender la dinámica salvífica de su proyecto. Todo ha sido creado por Cristo y todo ha sido redimido por Él. A ese “todo” creador pertenece la Familia. Por ello, es necesario contemplarla desde esa mirada única y providencial de Dios, que se ha hecho Evangelio de Vida en Jesucristo.
Esto significa no sólo que la fuente de la Familia está en el proyecto de Dios sino que la Eucaristía es, en ese mismo plan y para ella, presencia viva de Jesucristo. Así, la Eucaristía, sostiene su verdad y realización en el tiempo. La Eucaristía no es un lujo, es una necesidad. Este contemplar a la Familia desde Dios que ama y no abandona a sus hijos, debe llevar a los esposos a descubrir la Eucaristía como un don para ellos. Cuánta riqueza se percibe en la catequesis familiar cuando los padres descubren en ella, esa presencia viva del Señor que cada domingo se renueva para alabanza de Dios y nuestro alimento en la Santa Misa. La Eucaristía los hace testigos de Vida Nueva para sus hijos.
La Familia es “Santuario de la vida”, pero no la dueña de la vida. En el misterio de la vida naciente los esposos participan del amor creador de Dios. Este nuevo ser está llamado a un encuentro personal con Jesucristo y tiene, desde su concepción, un destino trascendente. El contemplar la vida humana desde su origen y destino, nos hace comprender tanto su verdad como nuestra responsabilidad. Cada ser concebido es un ser único para quien ha sido enviado Jesucristo. Vivimos, lamentablemente, una cultura que va vaciando de sentido la relación y el compromiso de los esposos, en su misión insustituible de trasmitir y cuidar la vida. Ellos son el ámbito providencial para acompañar la vida. Debilitar la Familia es empobrecer el crecimiento integral de nuestros niños y comprometer el futuro de la sociedad. Su defensa y promoción es un acto de valoración y respeto por los esposos, de justicia con la vida y de responsabilidad política en la construcción de la sociedad.
En este contexto de gratitud a Dios por el don de la Eucaristía no puedo dejar de referirme, y de lamentarme, por el tema del aborto y la ofensa a la vida. Con cuánta ligereza se trata la vida del ser concebido, como su ulterior desarrollo. Cuando se pierde respeto por la vida naciente, se debilita la conciencia de gravedad moral y la capacidad de respuesta frente a otros ataques que esa misma vida sufre. El tema del aborto compromete el nivel de una cultura. No se trata de un tema privado ajeno a las leyes de la sociedad. Por el contrario, la vida es un hecho público que exige la tutela jurídica por parte del Estado. La coherencia de la fe no admite dudas, donde hay vida existe un nuevo ser que reclama su primer derecho. Ante posibles dificultades habrá que buscar soluciones, pero nunca el aborto será una solución justa y humana.
Pienso, también, en el desarrollo de esta vida en la que muchos chicos no llegan a participar de los bienes de la sociedad. Entre estos males vemos la pobreza, que en mundo urbano y globalizado, es antesala de marginalidad con sus tristes consecuencias. No podemos negar los esfuerzos que se hacen y valorarlos, pero estamos ante un acto de equidad que compromete a la sociedad. Pienso, además, en el tema de la droga que avanza y destruye la vida, ante un silencio cómplice y la impotencia de la autoridad. En la violencia y la inseguridad que son expresiones de una sociedad que no ha prestado atención a la cultura del trabajo y al mundo de los valores, descuidando los ámbitos donde ellos se viven y trasmiten, especialmente la familia y la escuela. Veo el crecimiento desmedido del juego que es ganancia de pocos, con pequeñas dádivas que tranquilizan la conciencia pública. Parecería que pretendemos construir un futuro sin referencias o contenidos que lo orienten, entreteniéndonos en un presente sin horizontes, creando, así, un estado de vacío y orfandad cultural que compromete el crecimiento, especialmente de quienes menos recursos y defensas tienen.
Queridos hermanos, hemos venido a testimoniar nuestra fe en la presencia real de Jesucristo. El ha querido quedarse con nosotros como Pan de Vida que sostiene nuestro caminar. Nos hemos detenido a considerar desde la Eucaristía, y en el marco del plan de Dios, el don de la Vida y la verdad de la Familia. Al caer la tarde queremos decirte, Señor, como los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros, porque te necesitamos” (cfr. Lc. 24, 28); pero también decirte que queremos ser parte de una Iglesia viva y comprometida que sea para el hombre de hoy: “un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando” (P. E. Vb). La Iglesia espera de nuestra generosa participación. Sabemos que nos has dicho: “No tengan miedo, yo estaré siempre con ustedes” (Mt. 28, 20). Esta certeza que se apoya en tu Palabra, es la que renueva hoy nuestra esperanza. Que María Santísima, Nuestra Madre de Guadalupe, nos acompañe y nos enseñe a ser dóciles al camino de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Mons. José María Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
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Boletín 444
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A los nombramientos publicados recientemente hay que añadir los siguientes: Silvestre Gorrín Rivero, párroco de San Fernando Rey (Santiago del Teide), Nuestra Señora de Candelaria (Arguayo) e Inmaculada Concepción de María (Masca); José Luis García Hernández, párroco de San Pablo, en Las Dehesas y capellán de los Hogares de la Fundación Santa Rita (Puerto de la Cruz) e Ismael Pérez González, párroco de San Lorenzo Mártir (Valle San Lorenzo), Nuestra Señora de La Paz (Buzanada) y María Madre del Divino Pastor (La Camella).
Por otro lado, el Obispo, Bernardo Álvarez, ha nombrado nuevo Secretario del ISTIC, sede de Tenerife, al sacerdote José Domingo Morales Hernández. El nuevo Secretario es profesor de Antropología Teológica y de otras asignaturas del Departamento de Teología Sistemática y del Dogma, del cual es su Director. Además pertenece a la Comisión Permanente del mismo. Actualmente es Delegado de Pastoral Universitaria de la Diócesis y Párroco de San Miguel Arcángel y San Bartolomé Apóstol de Geneto.
Por cierto que el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC, ha lanzado un interrogante que es el de "¿Por qué no? Ciencias Religiosas". Lo ha hecho dentro de la campaña de presentación de prematrícula para el curso 2011-2012 que comienza en septiembre. Con esta campaña el ISTIC pretende informar en todos los ámbitos sobre la formación que se oferta dentro de los Estudios Universitarios Oficiales "Especialidad en Teología Ciencias Religiosas", formación que cuenta con un Reconocimiento Civil, según Real Decreto 3/1995 de 13 de enero, BOE 5 de febrero.
Durante esta semana, se viene desarrollando el curso a distancia sobre Internet para sacerdotes y religiosos/as organizado por el Secretariado Diocesano de Medios de Comunicación. Con estas “teleclases” cada alumno puede realizar en su propio ordenador los ejercicios que se proponen, así como consultar en línea cualquier duda que se le presente. El plazo de matrícula para esta convocatoria se cierra el 31 de julio de 2011. Para matrículas hay que enviar los datos personales a: info@diocesisdecanarias.es.
La vida sacerdotal que recoge la contraportada del Diario de Avisos de este martes es la de Isidoro Cantero, sacerdote que como indica el reportaje, pasó más de 70 años en Taganana y en Anaga. "Isidoro Cantero Andrade (1904-2004) nace en Cáceres. Es ordenado presbítero el 10 de junio de 1933. Su primer y único destino fue la parroquia de Nuestra Señora de las Nieves en Taganana, en la que actuó como ecónomo desde su llegada en 1933 hasta 1941, y párroco desde ese mismo año hasta 1995. Igualmente se encargó en esta misma zona de la parroquia de San Blas a partir de 1967.”
Este próximo domingo 24 de Julio, el sacerdote Manuel González Marrero, celebrará la última Eucaristía como párroco de las parroquias de San Francisco de Asís y Ntra. Sra. del Pilar y Santiago Apóstol, en la capital palmera. La misa tendrá lugar a las 12 del mediodía en la parroquia de S. Francisco y, posteriormente, la comunidad le rendirá un homenaje de agradecimiento con un almuerzo en el centro socio-religioso del Pilar, cuyos fondos estarán destinados a las obras de construcción de una segunda planta en dicho centro y el templo.
El lunes pasado 18 de Julio dieron comienzo las fiestas Patronales de Santiago Apóstol, en Playa de Santiago (La Gomera). Los actos religiosos se centrarán en la víspera y el día del Patrón. Así, el domingo 24 de Julio, a las 19:00 horas, se celebrará la Santa Misa en honor al Patrón y la posterior bajada del Santo desde la Parroquia a la Ermita del Carmen. El lunes 25 de Julio, tendrá lugar la Eucaristía, a las 19:00 horas y la posterior subida hacia la Parroquia.
Ya está disponible el número 288 de “Comunicación Parroquial”, el boletín informativo mensual de las tres parroquias del Real Santuario Insular. Este número presenta la guía de infinidad de celebraciones que tendrán lugar en el Santuario de las Nieves, para el mes de agosto, desde la víspera del día de la Patrona hasta el 31 del mismo mes. El lema escogido para estos cultos está en consonancia con el lema de la Jornada Mundial de Jóvenes: “Como María, arraigados en Cristo, firme en la fe”.
El pasado sábado 16 de Julio, festividad de la Virgen del Carmen, tuvo lugar en la Parroquia Matriz de Nuestra Señora de la Peña de Francia el acto protocolario de entrega del bastón de mando con motivo de su reciente nombramiento como alcaldesa honoraria y perpetua de la ciudad del Puerto de la Cruz. La Función Solemne estuvo presidida por el Vicario General Domingo Navarro Mederos quien manifestó que “lo importante de este acto es dejarle a María y al Gran Poder de Dios que ellos reinen en nuestros corazones”.
Para este próximo domingo 24 de Julio, está previsto el encuentro Insular de Vida Ascendente final de curso que tendrá lugar en la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen de Tazacorte. Son 11 los grupos de Vida ascendente que hay constituidos en la isla y se reparten entre las parroquias de Santa Cruz de La Palma, Breña Alta, Mazo, Los Llanos de Aridane, Puntagorda y Tazacorte.
El pasado domingo 17 de Julio, varias vírgenes consagradas de nuestra diócesis asistieron a la celebración de consagración en el Orden de Vírgenes, presidida por el Obispo de la Diócesis de Canarias, Monseñor Francisco Cases, en la Iglesia de Santa Isabel de Hungría, en Gran Canaria. Las vírgenes que han recibido la consagración fueron Ricarda María Rodríguez Viera y Dolores Isabel Pérez Ojeda.
Estos días 48 personas procedentes de la Diócesis Nivariense, 9 de ellas enfermos, han disfrutado de una peregrinación a Lourdes.
Recientemente, hemos informado de los problemas estructurales que cuenta el convento de dominicos en Candelaria debido al fuerte oleaje. En este sentido, El Cabildo de Tenerife, en coordinación con la Demarcación Provincial de Costas, ha propuesto que se elabore un estudio técnico que permita solucionar de forma definitiva las deficiencias que afectan al paseo de San Blas. La consejera insular de Planificación, María del Pino de León, destaca que este análisis del estado del paseo debe realizarse con urgencia debido a los problemas de seguridad que actualmente padece esta vía.
Los diez años de compromisos de la organización católica 'Justicia y Paz', han protagonizado un reportaje en la edición del pasado lunes de “Diario de Avisos”. Un camino hacia la paz; un ejemplo de solidaridad y compromiso; una apuesta por la igualdad. "Esto es Justicia y Paz, y éstos son los valores que mejor definen y representan a dicha organización sin ánimo de lucro, a esta ONG. Su presidenta en Tenerife, Carmen Luisa González, defiende en el rotativo "que es necesario un cambio en el sistema social actual y en la filosofía que lo sustenta. Esta transformación será posible si se parte de la idea básica de que toda persona es capaz de ser solidaria con el otro".
El programa de Televisión Española “Pueblo de Dios” ofrecerá un reportaje titulado “Haití: mujeres de rompe y rasga”. Se trata de un programa grabado en el proyecto al que se destinó el importe del premio Príncipe de Asturias a la Concordia. Las emisiones del programa serán este domingo 24 de Julio, a las 10.30 horas, en la 2 de TVE, y el próximo miércoles 27 de julio, a las 10:00 horas, también en la 2 de TVE.
En las librerías diocesanas ya se encuentra el CD con la mejor música católica que se ha recopilado con motivo de las JMJ Madrid 2011. En él se encuentran Kairoj, Migueli, la Hermana Glenda, La voz del desierto, Nico, Gaby, etc. Se trata de un álbum doble que incluye 11 canciones en cada CD y está publicado por la editorial San Pablo. El precio es muy económico: 8.65€. Asimismo, las librerías ya cuentan con dos de los libros recomendados no sólo a todos aquellos que van a las JMJ, sino a todos los cristianos que les gusta la buena lectura. Hablamos de “¿Por qué estás siempre alegre? firmes y alegres en la fe” y “El evangelio a cuatro voces. Un mensaje de Dios para ti”, ambos de la editorial Eunsa.
El obispo ha anunciado su intención de convocar órdenes de Diacono el próximo 8 de octubre.
El blog comunicacionobispadodetenerife@gmail.com ha superado las 250.000 visitas. Este blog de información actualizada de las acciones que se llevan a cabo en nuestra Diócesis Nivariense nació con la llegada de la Cruz de los Jóvenes y el Icono de la Virgen a esta Iglesia Particular de San Cristóbal de La Laguna (mayo de 2010). Actualmente, este portal de información diocesana recibe, diariamente, más de 1000 visitas.
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la Solemnidad de Corpus Christi (Iglesia Catedral, 25 de junio de 2011). (AICA)
LA EUCARISTÍA, CORAZÓN DE LA IGLESIA Y DE SU MISIÓN
Corpus Christi es una de las fiestas más bellas del calendario católico. Nuestra ubicación sureña nos impide muchas veces gozar del clima adecuado para la expansión al aire libre; la procesión puede verse amenazada por el frío y la lluvia. En el hemisferio norte, en cambio, es fácil asociar la solemnidad con el florecimiento de la vida, con la madurez de la creación que culmina en Cristo resucitado, presente para siempre entre nosotros. Según el ordenamiento litúrgico, la fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor sigue a la cincuentena pascual cumplida en Pentecostés y a la conmemoración de la Trinidad; en esta secuencia de celebraciones se encierra un profundo significado. El sacramento del sacrificio y de la presencia eucarística de Jesús es el memorial de su muerte y resurrección, hecho posible para la Iglesia por la efusión del Espíritu Santo; es el testimonio perenne del amor de Dios, que nos comunica la vida de la Trinidad y nos introduce en su inefable trato. Es una fiesta de alegría, como toda fiesta, pero más que muchas otras: sit laus plena, sit sonora, sit iucunda, sit decora mentis iubilatio; así nos invita la Iglesia, con palabras de Santo Tomás de Aquino, al júbilo del alma, a una intensa alegría espiritual que inspire nuestra alabanza.
Hemos escuchado en el Evangelio la declaración de Jesús que constituye el argumento mismo de la celebración de hoy: Yo soy el pan vivo bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Jn. 6, 51). En esta sentencia hay una alusión al maná, la misteriosa comida que alimentó a los israelitas durante su marcha hacia la tierra prometida. Los judíos acababan de reclamarle a Jesús un signo que lo acreditase como Mesías y habían mencionado precisamente el episodio ocurrido en la travesía del desierto; según una creencia muy difundida, el maná sería el alimento de la era mesiánica. La primera lectura, en consonancia con la proclamación evangélica, nos ha presentado el recuerdo que recoge el Deuteronomio (8, 2-3) de la protección providencial ejercida por Dios sobre su pueblo y concretada en el don milagroso de ese pan que procede de la palabra divina. Según las descripciones bíblicas el maná caía como lluvia, con la apariencia de granos finos y blandos con gusto a miel. En el Evangelio de San Juan, la vida de Jesús parece insertada en el marco del éxodo de Israel y como cumplimiento del mismo. Él es el Verbo que al hacerse carne planta su carpa entre nosotros y así se manifiesta como presencia de la gloria de Dios; es luego la serpiente de bronce elevada para curar a quienes la contemplan; es el maná verdadero dado por el Padre para nutrir a su pueblo, la fuente del agua viva que brota de la roca y quita toda sed, la columna de luz que señala el camino, el cordero pascual cuya sangre lava y santifica. Aquellas realidades de la antigua alianza eran figuras proféticas, imágenes umbrátiles de Cristo y de las realidades definitivas de la alianza nueva y eterna.
Jesús es el pan vivo bajado del cielo; es el Padre quien lo envía y nos lo da; pero resulta que Jesús mismo es el donante y el pan es su carne entregada para la vida del mundo. En estas expresiones se revela su muerte redentora. Carne designa al mismo Jesús en su condición mortal; ha descendido del cielo en su encarnación, se ha hecho carne para asimilarse a nosotros y por su muerte se convirtió en pan de vida para el mundo. En el don eucarístico se contiene el darse de Jesús, su entrega por la redención de todos los hombres. Para es una es una palabra clave en el cristianismo, que ilustra el sentido del misterio pascual de Cristo y la vocación del cristiano de unirse a la existencia entregada de su Señor en la cruz. El pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo: este anuncio se ve cumplido en la Eucaristía, sacrificio en el que Jesús nos es dado y comunión por la que nos asume en el don. La objeción de los que escuchaban el discurso sobre el Pan de Vida en la sinagoga de Cafarnaún expresa una duda, una tentación, un rechazo que se ha verificado en toda época y que guarda una terrible actualidad. Al decir ¿cómo este hombre puede darnos a comer su carne? aquellos galileos estaban negándose a aceptar que la muerte de Jesús sea fuente de vida para todos los hombres; no admitían que la salvación universal pueda provenir de la entrega que un hombre hace de sí. Como duda, tentación o rechazo, aquella objeción reaparece en el relativismo y en el confuso pluralismo religioso que se extiende en la cultura contemporánea. La Iglesia, y nosotros con ella, creemos firmemente que la voluntad salvífica universal de Dios Uno y Trino es ofrecida y cumplida una vez para siempre en el misterio de la encarnación, muerte y resurrección del Hijo de Dios. Jesucristo tiene, para el género humano y su historia, un significado y un valor singular y único, sólo de él propio, exclusivo, universal y absoluto (Declar. Dominus Iesus, 14 s.). Esta verdad de nuestra fe resplandece en la gloria velada y humilde de la Eucaristía. La Eucaristía es el corazón de la Iglesia y del mundo.
El Evangelio que hemos escuchado (Jn. 6, 51-58) contiene aún otras enseñanzas. La vida eterna es una realidad presente en aquel que se alimenta de la comida eucarística; es la vida divina que en la resurrección de Jesús triunfó de la muerte y por eso asegura a los comensales, como promesa y esperanza, la resurrección final. La carne del hombre está llamada a la salvación; la realidad de la resurrección del Señor, la realidad de su presencia en el sacramento de su pascua y la realidad de la resurrección de la carne son tres verdades inseparables e íntimamente vinculadas entre sí en las que se manifiesta la Vida de Dios. Además, la comunión eucarística, al hacernos vivir por Cristo y de él, nos introduce y ubica en una situación espiritual de mutua inmanencia con el Señor; permanecemos en él y él en nosotros. El verbo permanecer, usado en este sentido, se encuentra en varios de los discursos de Jesús recogidos en el cuarto Evangelio. Expresa el fruto del don eucarístico y también una tarea impuesta al discípulo: el Señor nos exhorta a permanecer en él, a permanecer fieles a su palabra y a que sus palabras permanezcan en nosotros, a permanecer en su amor cumpliendo sus mandamientos. La figura, con su resonancia local y temporal originaria –quedarse en un lugar, demorarse allí– indica un sereno y gustoso arraigo, la plenitud y saciedad de quien ha llegado a la meta y ya no piensa, ni quiere, ni puede buscar otro polo, otro puerto, otra dicha. El permanecer tiene algo, mucho, de eternidad.
El breve pasaje de la primera Carta a los Corintios (10, 16-17) que también se ha leído contiene una advertencia para no interpretar en un sentido estrechamente individualista la gracia eucarística. Ya que hay un solo pan –nos dice el Apóstol– todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan. Sin duda, es efecto propio de la Eucaristía la transformación del hombre en Dios, una riqueza íntimamente personal para cada uno; pero ese don se verifica como inserción en el todo eclesial, como perfeccionamiento de la agregación a la Iglesia otorgada por el bautismo. Santo Tomás, recogiendo el pensamiento de los Santos Padres, sostiene que mediante la Eucaristía es fabricada la Iglesia, que la res sacramenti de la Eucaristía, es decir, su gracia específica y final, es la unidad del Cuerpo místico. De la comunión de cada uno con Cristo resulta un único Cristo, el Cristo total que es la Iglesia. Los dos efectos, el personal y el social, comunitario, son inseparables porque la Eucaristía es el sacramento del amor y la argamasa con la que se edifica la Iglesia es la caridad. A la luz de esta verdad católica se comprende la relación que existe entre el sacramento eucarístico y la misión eclesial. Detengámonos un momento a contemplarla.
No hay que considerar a la Eucaristía una especie de instrumento para acercar a la gente, no es misionera o misional en ese sentido. Recordemos que en el orden dinámico de la evangelización la Eucaristía es un punto de llegada antes que un comienzo absoluto. Es el centro misterioso del Cristianismo en el que Dios sale de sí para unirse a nosotros, en el que se edifica la comunidad de los fieles que comparten la fe, la esperanza, el amor. Es el corazón de la Iglesia, en el que late la vida de Dios, en el que se gesta incesantemente el impulso de su crecimiento y expansión. Por otra parte, la misión no es propaganda, proselitismo; surge de lo profundo de la vida eclesial. No bastan los grandes proyectos misioneros, la cuidadosa organización y la abundancia de recursos; son éstos requisitos buenos, necesarios quizá, pero insuficientes. De la Eucaristía, de la fe y la vida eucarísticas de las comunidades cristianas procede la inspiración, el fervor, la fortaleza, el arrojo de la misión. Las dos realidades se condicionan recíprocamente, de tal modo que podemos también cuestionarnos: Si en una diócesis, en una parroquia, en una institución o movimiento de Iglesia, en una escuela católica, no existe un vivo interés, una preocupación ardiente por la misión, una pasión misionera, ¿dónde está su vida eucarística?, ¿en qué grado de intensidad y cumplimiento se encuentra? Si no hay vida eucarística rebosante, no hay comunidad vigorosa, llena de Espíritu Santo y de mucha fe; no participará, por tanto, de la misión en la que está empeñada la Iglesia toda. En sus orígenes la Iglesia se expandió vertiginosamente porque todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones (Hech. 2, 42). Todos eran, al comienzo, muy pocos. A veces se esboza una disculpa que resulta más bien una excusa: que la comunidad es numéricamente pequeña, que no hay misioneros bien preparados, que no hay respuesta a las invitaciones a participar. Lo que importa es que esos pocos, esa pequeña comunidad sea fervorosa en su amor eucarístico, en su espíritu de adoración, en la alabanza y la súplica; la calidez de su compromiso misionero, la fortaleza que le da su confianza, se impondrá a los obstáculos e irá derritiendo el hielo de los indiferentes y alejados; irá creciendo y contagiando su fervor.
Como en los años anteriores, nos disponemos en la arquidiócesis a cumplir otro paso de la misión permanente. Busquemos en la Eucaristía el fundamento y la inspiración que potencie con ardimiento nuestros esfuerzos: más vida eucarística personal, comuniones mejor preparadas, visitas asiduas al Santísimo, más horas de adoración comunitaria en las parroquias, que los alumnos de nuestros colegios se inicien en la adoración y cobren gusto de ella. Que a partir de este Corpus Christi se renueve incesantemente nuestra fe en la presencia real del Señor en el sacramento. Hace dos años, en un día como hoy, decía Benedicto XVI: No hay que dar por descontada nuestra fe. Hoy existe el peligro de una secularización que se infiltra incluso dentro de la Iglesia y que puede traducirse en un culto eucarístico formal y vacío, en celebraciones sin la participación del corazón que se expresa en la veneración y respeto de la liturgia. Siempre es fuerte la tentación de reducir la oración a momentos superficiales y apresurados, dejándose arrastrar por las actividades y por las preocupaciones terrenales.
Que el Espíritu Santo, por la intercesión de la Virgen Santísima, recree en nosotros el asombro eucarístico y confirme la decisión misionera.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la Solemnidad del Corpus Christi, 25 de junio de 2011. (AICA)
CORPUS CHRISTI
La Solemnidad de “Corpus Christi”, nos convoca de nuevo, este año 2011, para celebrar la Eucaristía y luego llevar el Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo por las calles de la Ciudad, junto a los párrocos y sacerdotes, que concelebran esta Misa, los religiosos, religiosas y laicos.
También contamos con la presencia de los queridos hermanos Obispos eméritos, de varias diócesis del País, que residen en esta Arquidiócesis.
No quiero dejar de mencionar a los diáconos y a los seminaristas, que participan en la liturgia y en el coro.
Como habitualmente nos acompaña el Señor Intendente, Ing. Miguel Lifschitz, que representa a la Ciudad, así como las autoridades civiles y de las fuerzas de seguridad, y de los consulados en Rosario.
“Dios está aquí, venid adoradores”
1. Nos dice san Pablo en la segunda Lectura “El cáliz de la bendición que bendecimos, es comunión con la sangre de Cristo. Y el pan que partimos es comunión con el cuerpo de Cristo. De esta manera, agrega, “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos compartimos de ese único pan” (1 Co.10, 16 -17).
Hablar así del Cuerpo y de la Sangre de Cristo es profesar la fe verdadera en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, y al mismo tiempo afirmar la presencia real del Señor, en el pan consagrado en la Misa. Es la fe que el pueblo fiel reconoce cuando canta, como también lo haremos hoy: ¡Dios está aquí! ¡Venid adoradores! ¡Adoremos a Cristo Redentor!
Por esto, la celebración de “Corpus Christi” es renovar esa presencia viva de Dios; presencia salvadora que siempre necesitamos.
Precisamente cuando falta esa fe en Dios vivo en medio nuestro, cuando no la conocemos por falta de fe, el hombre tiende a la reemplazarla por sustitutos, y busca signos prodigiosos aquí y allá, sucedáneos, y a veces supersticiones, que están más cerca de una fantasía, que de la verdadera fe católica por la que murió Jesucristo.
La presencia eucarística de Jesucristo es la forma sacramental más cercana y personal de Dios que nunca hubiéramos podido imaginar. En cada Iglesia está Jesús vivo en la Eucaristía, y todo sacerdote católico la consagra con la misma autoridad que le viene del Señor por medio del Orden sagrado, en favor de los hombres, para darles a Cristo.
La eucaristía, presencia real de Dios
Inclusive, la procesión del Corpus Christi que vamos a hacer después, nos hace tener en cuenta que la Eucaristía, vuelve a fortalecernos para que podamos retomar el camino con la esperanza que Dios nos da por medio de Jesucristo vivo. Esta fue la experiencia del pueblo elegido, en su larga peregrinación a través del desierto, de la que nos ha hablado la primera lectura (cfr. Benedicto XVI, 22.V.2008).
Así, a lo largo de nuestra vida, la Eucaristía es el Sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que se pone a nuestro lado y nos indica la dirección (cfr. Ibidem).
Por ello es necesario que en la vida pastoral centremos más nuestra acción evangelizadora y misionera en el encuentro con el Señor vivo. Esta verdad de nuestra fe nos debe invitar a considerar nuestra forma de valorar la presencia del Señor en la Eucaristía. Es necesario poner una mayor atención en Él, tanto en nuestras celebraciones como en la devoción que debe seguir a éstas en nuestras Iglesias y capillas, donde su presencia no es otra que la del mismo Dios.
Debemos enseñar a nuestros niños y jóvenes en la catequesis que en la Iglesia que visitan, pueden encontrar a Jesucristo en la Sagrario, sabiendo que es Él quien nos cuida, nos sana, nos alivia y reconforta, y nos conduce por el camino de la salvación.
Este es el tesoro espiritual más grande que tiene la Iglesia. Por eso en nuestras “Orientaciones arquidiocesanas” el encuentro con Jesucristo vivo tiene una primacía absoluta. Todo el trabajo misionero, debe tener como principio y culminación a la Eucaristía, y por ello necesitemos renovar la fe y la piedad para que sea el centro de nuestra vida. “El que coma de este pan vivirá para siempre” (Juan 6,51).
El Cuerpo de Cristo nos une en comunión
2. San Pablo nos enseña también que, formando un solo Cuerpo. La Eucaristía es el centro y el eje de la comunidad de los creyentes, como la expresión y afianzamiento de una nueva familia. Aquí se realiza la comunión con el Señor y los hermanos (cfr. Com. 1Cor. 10,14, La Bibli. L.A.Schökel).
La vida de la fe la vivimos en una diócesis particular. Por esto el seguimiento de Jesús y la pasión por anunciarlo requieren que la Iglesia diocesana se renueve constantemente, centrando su vida centrada en la Eucaristía, así como en la lectura de la Palabra de Dios, para alcanzar un mayor ardor misionero.
De este modo, formando un solo cuerpo, unidos sólidamente en la fe, la iglesia diocesana es misionera, saliendo al encuentro de quienes no creen en Cristo. En esta misión se debe unir cada parroquia y los respectivos decanatos, y también toda la diócesis con espíritu materno, llamada a salir en la búsqueda de los bautizados que se alejaron de Jesús y no participan de la vida cristiana; o de aquellos que aún no conocen a Jesucristo.
Jesús lavó los pies a sus discípulos
3. Cuando Jesús instituyó la Eucaristía, antes se arrodilló y le lavó los pies a sus discípulos. Ese gesto de humildad del Señor, se hizo aún más grande en su donación en la cruz por nosotros. En la Eucaristía, nos invita a participar de esa misma entrega, ofrenda de amor, que se debe actualizar cada día.
El Señor quiso mostrar su grandeza, a través de la pedagogía de los gestos. Por ellos debemos responder a los gestos divinos de Jesús; que nos piden fe, adoración y amor.
En la Eucaristía, somos testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Aprendemos a mirar a los demás desde Jesucristo: ellos son hermanos y hermanas por los que Jesús dio su vida, amándolas hasta el extremo: “Nace así el servicio de la caridad para con el prójimo, que consiste justamente en que en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada o ni siquiera conozco” (Benedicto XVI, Dios es caridad, nº 88).
- Si vemos las huellas del dolor y de la necesidad física o espiritual en el rostro de cualquier hermano nuestro, no miremos hacia otro lado. Por esto hoy recordamos y rezamos especialmente por quienes viven en nuestra Patagonia, en Bariloche, Ing. Yacobacci y la Angostura, pidiendo que cese este flagelo de la naturaleza y la dura prueba que sobrellevan. También se nos pide una ayuda solidaria, a través de la Campaña iniciada para ello.
- Asimismo no podemos dejar de tener en cuenta el flagelo de la droga que padecen nuestros jóvenes, y de pedir ayuda al Señor. Es un atentado a la vida humana, que valoramos como un don de Dios desde el primer instante en el seno materno hasta la muerte natural.
Por esto deseamos que se continúe trabajando en nuestra Arquidiócesis en favor de los que sufren el mal de la drogadicción, como se está haciendo en el presente con mucho esfuerzo a través de varias instituciones.
- Nuestra participación en la Eucaristía nos pide también signos de perdón de las ofensas y de reconciliación fraterna, gestos que nos unan, con una forma de vida más austera y caritativa, por solidaridad con los que nada tienen.
“El motivo de alabanza que hoy se nos propone es el pan que da la vida” (cfr. Secuencia). Al imitar la actitud de la Virgen María, que llevó en su seno virginal y contempló a su Hijo Jesús, vivamos adorando al Cuerpo y la Sangre de Cristo, memoria de su amor; porque sabemos que Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. (1Jn 4,16).
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en la solemnidad del Corpus Christi (25 de junio de 2011). (AICA)
Ne dissolvamini, manducate vinculum vestrum; ne vobis viles videamini, bibite pretium vestrum. (San Agustin, Sermo 228 B. In Sollemnitate Sanctissimi Corporis et Sanguinis Christi, ad Officium lectionis).
Dice el Señor en el Evangelio que acabamos de escuchar: “Les aseguro que si no comen mi carne y no beben mi sangre no tienen vida en ustedes”. Y, en el Oficio de Lecturas del Corpus, hay una antífona muy hermosa que nos puede ayudar a meditar esta frase del Señor. Es de San Agustín y dice así: “Coman el vínculo que los mantiene unidos, no sea que se disgreguen; beban el precio de su redención, no sea que se desvaloricen” (Sermón 228 B).
Fíjense lo que dice Agustín: el Cuerpo de Cristo es el vínculo que nos mantiene unidos, la Sangre de Cristo, el precio que pagó para salvarnos, es el signo de lo valioso que somos. Por eso: comamos el Pan de Vida que nos mantiene unidos como hermanos, como Iglesia, como pueblo fiel de Dios. Bebamos la Sangre con la que el Señor nos mostró cuánto nos quiere. Y así mantengámonos en comunión con Jesucristo, no sea que nos disgreguemos, no sea que nos desvaloricemos, que nos despreciemos.
Esta invitación también señala un hecho real de nuestros corazones porque cuando una persona o una sociedad sufren la disgregación y la desvalorización, seguro que en el fondo de su corazón les falta paz y alegría, más bien anida la tristeza. La desunión y el menosprecio son hijos de la tristeza.
La tristeza, es un mal propio del espíritu del mundo, y el remedio es la alegría. Esa alegría que sólo el Espíritu de Jesús da y que da de manera tal que nada ni nadie nos la puede quitar.
Jesús alegra el corazón de las personas: ése fue el anuncio de los ángeles a los pastores: “No teman, porque les anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto les servirá de señal: encontrarán un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 10-12).
La salvación que trae Jesús consiste en el perdón de los pecados, pero no es un perdón acotado hasta ahí nomás; va más allá: se trata de la alegría del perdón, porque “habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión” (Lc 15, 7). El perdón no termina en el olvido ni en la reparación sino en el derroche de amor de la fiesta que el Padre Misericordioso hace para recibir a su hijo que regresa.
Y las relaciones sociales que brotan de esta alegría son relaciones de justicia y de paz; no de una justicia vengativa del ojo por ojo que aplaca el odio pero deja el alma vacía y muerta e impide seguir caminando por la vida. La justicia del Reino brota de un corazón que ha sabido “recibir al Señor con alegría” como Zaqueo y desde esa plenitud decide devolver lo robado y compensar a todo aquél con el que ha sido injusto.
La presencia de Jesús siempre contagia alegría. Si miramos la alegría que se apodera de los discípulos al ver al Señor Resucitado vemos que es tan grande que “les impedía creer” y entonces el Señor les pide algo de comer (Lc 24, 41): centra esa alegría en la comunión de la mesa, en el compartir. El Papa tiene una reflexión muy linda y dice que Lucas utiliza una palabra especial para hablar de cómo Jesús resucitado congrega a los suyos: los junta “comiendo con ellos la sal”. En el Antiguo Testamento juntarse a comer en común pan y sal, o también sólo sal, sirve para sellar sólidas alianzas (Nm 18, 19). La sal es garantía de durabilidad. El comer la sal de Jesús Resucitado es signo de la Vida incorruptible que nos trae. Esa sal de la Vida, esa sal que es pan consagrado compartido en la Eucaristía es símbolo de la alegría de la Resurrección. Los cristianos compartimos la “Sal de la Vida” del Resucitado y esa sal impide que nos corrompamos, impide que nos disgreguemos y que nos desvaloricemos. Pero si la sal pierde su sabor ¿con qué se la volverá a salar?
¡La alegría del Evangelio, la alegría del perdón, la alegría de la justicia, la alegría de ser comensales del Resucitado! Cuando dejamos que el Espíritu nos reúna junto a la mesa del altar, su alegría cala hondo en nuestro corazón y los frutos de la unidad y del aprecio entre hermanos brotan espontáneamente y de mil maneras creativas.
¡Comamos el Pan de Vida: es nuestro vínculo de unión, comámoslo, no sea que nos disolvamos, que nos desvinculemos…
Bebamos la Sangre de Cristo que es nuestro precio, no sea que nos desvaloricemos, nos depreciemos!
¡Qué hermosa manera de sentir y gustar la Eucaristía! La sangre de Cristo, la que derramó por nosotros, nos hace ver cuánto valemos. Como porteños, a veces nos valoramos mal, primero nos creemos los mejores del mundo y luego pasamos a despreciarnos, a sentir que en este país no se puede, y así vamos de un lado a otro. La sangre de Cristo nos da la verdadera autoestima, la autoestima en la fe: valemos mucho a los ojos de Jesucristo. No porque seamos más o menos que otros pueblos, sino que valemos porque hemos sido y somos muy amados.
También es una tentación muy nuestra la de desunirnos, la de hacer internas de todo tipo, la de cortarnos solos… Pero a la vez late fuerte en nuestro corazón un anhelo muy grande de unión, el deseo de ser un solo pueblo, abierto a todas las razas y a todos los hombres de buena voluntad. La unidad se enraiza en nuestro corazón y cuando la cultivamos con el diálogo, con la justicia y la solidaridad, es fuente de mucha alegría. La Eucaristía es fuente de unidad. Comamos este Pan, no sea que nos disgreguemos, que nos anarquicemos, que vivamos enfrentados en mil grupitos distintos.
Le pedimos a María que nos guarde de las plagas de la dispersión y del desprecio: son frutos agrios de corazones tristes. Le pedimos a nuestra Madre, Causa de nuestra alegría, como dice una de sus Letanías más lindas, que nos haga saborear el Pan de la Alianza, el Cuerpo de su Hijo, para que nos mantenga unidos en la fe, cohesionados en la fidelidad, unificados en una misma esperanza. Le pedimos a nuestra Madre que le recuerde a Jesús las veces que “no tenemos vino”, para que la alegría de Caná inunde los corazones de nuestra ciudad haciéndonos sentir cuánto valemos, cuán preciosos somos a los ojos de Dios que no dudó en pagar el precio altísimo de su Sangre derramada para salvarnos de todas las tristezas, de todos los males y ser así, para los que lo amamos, fuente de perenne alegría.
Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 25 de junio de 2011
ZENIT nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo 26 de Junio de 2011 al introducir la oración mariana del Ángelus, desde la ventana de su estudio.
¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy, en Italia y en otros países, se celebra el Corpus Domini, la fiesta de la Eucaristía, el Sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor, que Él instituyó en la Última Cena y que constituye el tesoro más precioso de la Iglesia. La Eucaristía es como el corazón latiente que da vida a todo el cuerpo místico de la Iglesia: un organismo social basado totalmente en el vínculo espiritual pero concreto con Cristo. Como afirma el apóstol Pablo: "Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan" (1Cor 10,17). Sin la Eucaristía, la Iglesia sencillamente no existiría. La Eucaristía es, de hecho, la que hace de una comunidad humana un misterio de comunión, capaz de llevar a Dios al mundo y el mundo a Dios. El Espíritu Santo, que transforma el pan y el vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, transforma también a cuantos lo reciben con fe en miembros del cuerpo de Cristo, para que la Iglesia sea realmente sacramento de unidad de los hombres con Dios y entre ellos.
En una cultura cada vez más individualista, como lo es aquella en la que estamos inmersos en las sociedades occidentales, y que tiende a difundirse en todo el mundo, la Eucaristía constituye una especie de “antídoto", que actúa en las mentes y en los corazones de los creyentes y que siembra continuamente en ellos la lógica de la comunión, del servicio, del compartir, en resumen, la lógica del Evangelio. Los primeros cristianos, en Jerusalén, eran un signo evidente de este nuevo estilo de vida, porque vivían en fraternidad y ponían en común sus bienes, para que ninguno fuese indigente (cfr Hch 2,42-47). ¿De qué derivaba todo esto? De la Eucaristía, es decir, de Cristo resucitado, realmente presente en medio de sus discípulos y operante con la fuerza del Espíritu Santo. Y también las generaciones siguientes, a través de los siglos, la Iglesia, a pesard e sus límites y los errores humanos, ha seguido siendo en el mundo una fuerza de comunión. Pensemos especialmente en los periodos más difíciles, de prueba: ¡qué significó, por ejemplo, para los países sometidos a regímenes totalitarios, la posibilidad de encontrarse en la Misa Dominical! Como decían los antiguos mártires de Abitene: "Sine Dominico non possumus" – sin el “Dominicum", es decir, sin la Eucaristía dominical, no podemos vivir. Pero el vacío producido por la falsa libertad puede ser también muy peligroso, y entonces la comunión con el Cuerpo de Cristo es fármaco de la inteligencia y de la voluntad, para volver a encontrar el gusto de la verdad y del bien común.
Queridos amigos, invoquemos a la Virgen María, a quien mi Predecesor, el beato Juan Pablo II, definió "Mujer eucarística" (Ecclesia de Eucharistia, 53-58). Que en su escuela, también nuestra vida llegue a ser plenamente "eucarística", abierta a Dios y a los demás, capaz de transformar el mal en bien con la fuerza del amor, dirigida a favorecer la unidad, la comunión, la fraternidad.
[Después del Ángelus]
Queridos hermanos y hermanas, también hoy tengo la alegría de anunciar la proclamación de algunos nuevos Beatos. Ayer, en Hamburgo, donde fueron muertos por los nazis en 1943, fueron beatificados Johannes Prassek, Eduard Müller y Hermann Lange. Hoy, en Milán, es el turno de Serafino Morazzone, párroco ejemplar en la zona de Lecco entre los siglos XVIII y XIX; del padre Clemente Vismara, heroico misionero del PIME en Birmania; y de Enrichetta Alfieri, Hermana de la Caridad, llamada “ángel” de la cárcel milanesa de San Vittore. ¡Alabemos al Señor por estos luminosos testigos del Evangelio!
En este domingo que precede a la solemnidad de los Santos Pedro y Pablo se celebra en Italia la Jornada por la caridad del Papa. Deseo agradecer vivamente a todos aquellos que, con la oración y con las limosnas, dan su apoyo a mi ministerio apostólico y de caridad. ¡Gracias! ¡Que el Señor os recompense!
[En español dijo]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los miembros de la Asociación de la Medalla Milagrosa, así como a los directivos de la Radiotelevisión "El sembrador por la nueva evangelización". En la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, la Iglesia hace memoria agradecida del don de la Eucaristía y la adora con devoción. Que nuestros corazones se abran con humildad ante Jesús Sacramentado, para que, transformados por su gracia, seamos testigos valientes de su amor por todos los hombres. Que Dios os bendiga.
[Traducción del italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “Fuera filosofía y sociología”.
Fuera filosofía y sociología
VER
Un periódico nacional informó que, en los bachilleratos de la capital del país, se eliminarán materias de filosofía, antropología y sociología, o se reducirán notablemente sus horas de clase. Se aumentarán a inglés, computación, actividades físicas, etc. Con esto, se les deja sin herramientas para pensar, analizar, discutir y razonar con más profundidad cuestiones vitales y trascendentes; quedan más expuestos a las ideologías del momento, al relativismo, a dejarse llevar por lo inmediato, lo palpable y sensible, o por líderes demagógicos. Sin sociología, sin apertura a la realidad de los demás, te encierras en tu individualismo.
En contrapartida, en los planes de estudio de nuestros Seminarios, para formar sacerdotes capaces de enfrentar los retos de la vida, se prescriben como obligatorios al menos tres años de filosofía, con materias sistemáticas, como lógica, metafísica, antropología, cosmología, ética y teodicea, más una amplia historia de la filosofía, para discernir las diversas formas de pensamiento en la evolución de la humanidad.
JUZGAR
Las Normas Básicas que rigen los estudios en los Seminarios, dicen: “Para lograr los objetivos de la formación sacerdotal, es necesaria una profunda preparación filosófica, que tiene como finalidad perfeccionar la formación humana de los seminaristas, consolidar su estructura mental y su método de estudio, llevarles a un conocimiento y a una comprensión más profunda de la persona, de su libertad, de sus relaciones con los demás, con el mundo y con Dios.
Dése la debida importancia a la filosofía sistemática en todas sus partes, ya que lleva a la adquisición de un sólido y coherente conocimiento del hombre, del mundo y de Dios, y ofrece certeza de verdad ante la mentalidad subjetivista, así como criterios válidos para discernir las diversas culturas y los fundamentos filosóficos de las diferentes corrientes teológicas.
Préstese especial atención al estudio y análisis del fenómeno del ateísmo contemporáneo, del secularismo y de las corrientes de pensamiento que ejercen más influencia en nuestro tiempo, para juzgarlas críticamente a la luz de la razón y de la fe.
Ofrézcase a los seminaristas una adecuada visión de la situación histórica, social, antropológica, política, cultural, educativa y religiosa de nuestra Patria, en orden a un ejercicio pastoral más encarnado, con ayuda de la sociología, la psicología, la pedagogía, la economía, la política, la comunicación social”.
Sobre esto mismo, ha dicho el Papa Benedicto XVI: “La cultura humanista parece afectada por un deterioro progresivo, mientras se pone el acento en las disciplinas llamadas productivas, de ámbito tecnológico y productivo; hay una tendencia a reducir el horizonte humano al nivel de lo que es mensurable, a eliminar del saber sistemático y crítico la cuestión fundamental de sentido. Además, la cultura contemporánea tiende a confinar la religión fuera de los espacios de la racionalidad. En la medida en que las ciencias empíricas monopolizan los territorios de la razón, no parece haber ya espacio para las razones del creer, por lo cual la dimensión religiosa queda relegada a la esfera de lo opinable y de los privado… Sin orientación a la verdad, sin una actitud de búsqueda humilde y osada, toda cultura se deteriora, cae en el relativismo y se pierde en lo efímero. La cuestión de la Verdad y de los Absoluto no es una investigación abstracta, alejada de la realidad cotidiana, sino que es la pregunta crucial, de la que depende radicalmente el descubrimiento del sentido del mundo y de la vida” (21-V-2011).
ACTUAR
Desde la familia y la escuela, hay que educar para pensar, analizar, juzgar, discernir, criticar, proponer, reflexionar, comparar, confrontar, ir a las razones más profundas, preguntar el por qué y el para qué. Sólo así aprendemos a actuar por convicciones, a ser libres y no esclavos de personas, tendencias o sentimientos pasajeros. La misma fe tiene una base racional; no es irracional y absurda; trasciende la razón, pero no la elimina, cuando nos preguntamos cómo y dónde Dios reveló algo que rebasa la razón humana.
DOMINGO 17DEL TIEMPO ORDINARIO- A
24 de Julio de 2011
La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.
- Ser cristiano es un tesoro. Conocer y amar a Jesús, tener su Evangelio como luz para nuestra vida, reunirnos todos los domingos para recibirlo como alimento para nuestro camino ... todo esto es un tesoro. Un tesoro que nos llena de alegría, y que nos lleva a dar gracias a Dios.
- Con esta alegría iniciamos la Eucaristía de este domingo. En el evangelio, el mismo Jesús nos hablará de este tesoro que hemos encontrado y que renueva nuestras vidas. Y así fortaleceremos nuestra fe y nuestra esperanza.
A. penitencial: En silencio, pongámonos en paz con Dios y también con nuestros hermanos. (Silencio).
- Tú, fuente de agua viva. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, luz que ilumina en la oscuridad. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, resurrección y vida de los que en ti creen. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (1 Reyes 3,5.7-12): La primera lectura de este
domingo nos conduce a muchos siglos atrás, a la época del rey Salomón. Escucharemos cómo Salomón le pide a Dios que lo guíe y lo ilumine en su actuación y le ayude a encontrar el camino a seguir.
2. lectura (Romanos 8,28-30); En la segunda lectura, san Pablo, con muy pocas palabras, nos habla de la llamada que hemos recibido de Dios, para que seamos imagen de Jesucristo.
Oración universal: Unidos en torno a Jesucristo, formando Iglesia, presentemos al Padre nuestras plegarias diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.
Por la Iglesia. Que sepamos transmitir al mundo entero el tesoro del amor de Dios que hemos descubierto. OREMOS:
Por nuestra comunidad. Que sepamos comprometernos a favor de la justicia, de la protección de los más débiles, de la igualdad, para hacer real y visible el Reino de Dios. OREMOS:
Por las personas que sufren enfermedades mentales. Que encuentren en nosotros apoyo y cariño, y en la sociedad que los rodea los recursos que necesitan. OREMOS:
Por todas las personas que, con su trabajo voluntario, facilitan que personas enfermas, discapacitadas, mayores, puedan hacer unos días de vacaciones en un
entorno natural. OREMOS:
Por las fiestas que durante el verano se celebran nuestros pueblos, barrios y ciudades. Que sean motivo de encuentro, convivencia y celebración de la amistad
y de la buena vecindad. OREMOS:
Por todos nosotros. Que aprendamos a encontrar los tesoros de Dios que se esconden en nuestro entorno. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestra oración. Tú, que eres el Padre del amor y de la misericordia, ilumina y conduce al mundo entero por los caminos de tu Reino. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Padrenuestro: Oremos juntos, pidiendo a nuestro Padre que venga a nosotros su Reino. Como Jesús nos enseñó, nos atrevemos a decir:
Despedida: Que la alegría del Señor sea nuestra fuerza. Hermanos y hermanas, podéis ir en paz.
CPL
Comunicado firmado por el Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile, Mons. Ricardo Ezzati, y por el Presidente del Área Educación, Mons. Héctor Vargas, con el título "Humanizar la educación, tarea de todos".
Autor: Mons. Ricardo Ezzati Andrello y Mons. Héctor Vargas Bastidas
Fecha: 23/06/2011
Pais :Chile
Ciudad: Santiago
Ref. Cech: 190 / 2011
Humanizar la educación, tarea de todos
1. La sociedad chilena, sus instituciones, las comunidades educativas y la Iglesia, estamos siguiendo con atención las demandas del movimiento estudiantil, las reacciones que ellas suscitan y las visiones que distintos sectores expresan públicamente acerca de la educación en Chile. Los jóvenes se manifiestan, necesitan ser escuchados y esto es bueno para la sociedad.
2. En los últimos años se han hecho esfuerzos por mejorar la enseñanza en el país, lo que se ha traducido en un conjunto de políticas públicas logradas en un marco de grandes acuerdos nacionales, y a los que se suman importantes contribuciones desde los ámbitos municipal, privado y estatal. Apreciamos los diálogos sostenidos en estos últimos días y esperamos que lleguen a buen término.
3. Sin perjuicio de estos avances, el debate y el cuestionamiento que se hace al sistema educativo son signo de un malestar del que la sociedad en su conjunto debe hacerse cargo. Queda un largo camino por recorrer en la tarea de consolidar un modelo educativo con aprendizajes de calidad, justo y equitativo, en donde cada estudiante, al margen de su condición personal y social, tenga asegurada la formación necesaria para desarrollarse integralmente, construir un proyecto de vida pleno, y aportar generosamente toda su riqueza a la sociedad de su tiempo. Verdaderamente, hay una grave deuda pendiente en esta materia.
4. Creemos que la educación es un bien público, y el esfuerzo por mejorar su calidad y por hacerla más equitativa debe incorporar a todos los actores involucrados: el Estado, las Instituciones Educativas, los docentes, las familias y los mismos estudiantes. Es urgente avanzar en la búsqueda de propuestas de consenso para orientar y encaminar los procesos que permitan responder a las justas demandas.
5. Las soluciones excluyentes no son el camino, tampoco las medidas arbitrarias, ni la violencia física o verbal. Sólo una real voluntad de diálogo ayudará a enfrentar el delicado clima de polarización en que está derivando este debate y las movilizaciones asociadas. Considerando que los problemas planteados son de diversa índole y de gran complejidad, no siempre pueden resolverse todos en la inmediatez de un conflicto. Se requiere racionalidad, espíritu democrático y utilización de los canales que garantiza la institucionalidad vigente. Cuando prima la razón y la cordura, el diálogo es siempre un método fecundo, un paso que construye desde el respeto y la confianza.,
6. Los Obispos señalábamos en julio de 2006 que la “educación es un bien público que debe ser valorado y cuidado por todos los ciudadanos. De la calidad de la educación depende la calidad de vida, la superación de la pobreza, el nivel cultural y la nobleza de las relaciones humanas de un pueblo”. Dos años más tarde, en junio de 2008, invitábamos a asumir que la educación tiene una finalidad esencialmente humanizadora, porque –decíamos entonces- “vemos en el estudiante una persona que debe ser el centro de todo el proceso” y una educación es genuina “cuando humaniza y personaliza, para que la persona humanice al mundo, produzca cultura, transforme la sociedad y construya la historia”.
7. Hoy, cuando los avances logrados en estos años parecen ser insuficientes, afirmamos que normalizar la actividad educativa no sólo consiste en terminar un paro o deponer una toma: requiere voluntad para discernir, con amplia participación, las necesarias reformas que los jóvenes y el país esperan. Se trata de una tarea que nos involucra a todos.
† Ricardo Ezzati Andrello
Arzobispo de Santiago
Presidente
† Héctor Vargas Bastidas
Obispo de San Marcos de Arica
Presidente Área Educación
Santiago, 23 de junio de 2011.
ZENIT nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el jueves 23 de Junio de 2011 durante la Misa celebrada en San Juan de Letrán, en la solemnidad del Corpus Christi o Corpus Domini, antes de la procesión que recorrió la Vía Merulana hasta Santa María la Mayor.
¡Queridos hermanos y hermanas!
La fiesta del Corpus Domini es inseparable a la del Jueves Santo, de la Misa de Caena Domini, en la que celebramos solemnemente la institución de la Eucaristía. Mientras que en la noche del Jueves Santo se revive el misterio de Cristo que se ofrece a nosotros en el pan partido o en el vino derramado, hoy, en la celebración del Corpus Domini, este misterio se ofrece a la adoración y a la meditación del Pueblo de Dios, y el Santísimo Sacramento es llevado en procesión por las calles de las ciudades y de los pueblos, para manifestar que Cristo resucitado camina en medio de nosotros y nos guía hacia el Reino de los Cielos.
Lo que Jesús nos ha dado en la intimidad del Cenáculo, hoy lo manifestamos abiertamente, porque el amor de Cristo no está reservado a algunos pocos, sino que está destinado a todos. En la Misa en Caena Domini del pasado Jueves Santo destaqué que en la Eucaristía sucede la transformación de los dones de esta tierra -el pan y el vino- con el fin de transformar nuestra vida e inaugurar así la transformación del mundo. Esta tarde quisiera retomar este perspectiva.
Todo parte, se podría decir, del corazón de Cristo, que en la Última Cena, en la vigilia de su pasión, agradeció y alabó a Dios y, de esta manera, con la potencia de su amor, transformó el sentido de la muerte a la que iba a enfrentarse. El hecho de que el Sacramento del altar haya asumido el nombre de “Eucaristía” -“acción de gracias”- expresa exactamente esto: que la transformación de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, es fruto del don que Cristo ha hecho de sí mismo, don de un Amor más fuerte que la muerte, Amor Divino que lo ha hecho resucitar de entre los muertos. Esta es la razón por la que la Eucaristía es alimento de vida eterna, Pan de la vida. Del corazón de Cristo, desde su “oración eucarística” hasta la vigilia de la pasión, viene este dinamismo que transforma la realidad en sus dimensiones cósmicas, humanas e históricas. Todo procede de Dios, de la omnipotencia de su Amor Uno y Trino, encarnado en Jesús. En este Amor está inmerso el corazón de Cristo; por esto sabe agradecer y alabar a Dios incluso frente a la traición y a la violencia, y en este modo cambia las cosas, las personas y el mundo.
Esta transformación es posible gracias a una comunión más fuerte que la división, la comunión de Dios mismo. La palabra “comunión”, que nosotros usamos para designar la Eucaristía, reasume en sí mismo la dimensión vertical y la horizontal del don de Cristo. Es muy bella y elocuente la expresión “recibir la comunión” referida al hecho de comer el Pan eucarístico. En efecto, cuando realizamos este acto, entramos en comunión con la vida misma de Jesús, en el dinamismo de esta vida que se da a nosotros y por nosotros. Desde Dios, a través de Jesús, hasta llegar a nosotros: una única comunión se transmite en la Santa Eucaristía. Lo hemos escuchado hace poco, en la Segunda Lectura, de las palabras del apóstol Pablo dirigidas a los cristianos de Corinto: “ La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.(1 Cor 10,16-17).
San Agustín nos ayuda a comprender la dinámica de la comunión eucarística cuando hace referencia a una especie de visión que tuvo, en la que Jesús le dice: “Yo soy el alimento de los fuertes. Crece y me tendrás. Tú no me transformarás en ti, como el alimento del cuerpo, sino que será tú el transformado en mí” (Conf. VII, 10, 18). Mientras que el alimento corporal es asimilado por nuestro organismo y contribuye a su sustento, en el caso de la Eucaristía se trata de un Pan diferente: no somos nosotros los que lo asimilamos, sino que nos asimila a sí, así nos convertimos conforme a Jesucristo, miembros de su cuerpo, una sola cosa con Él. Esta fase es decisiva. De hecho, exactamente porque es Cristo el que, en la comunión eucarística, nos transforma a sí, nuestra individualidad , en este encuentro, se abre, liberada de su egocentrismo y inscrita en la Persona de Jesús, que a su vez está inmerso en la comunión trinitaria. Así la eucaristía, mientras que nos une a Cristo, nos abre a los demás, nos hace miembros los unos de los otros: ya no estamos divididos, sino que somo una sola cosa en Él. La comunión eucarística me une a la persona que tengo al lado, y con la que, quizás, ni siquiera tengo una buena relación, y también nos une a los hermanos que están lejos, en todas las partes del mundo. De aquí, de la Eucaristía, deriva, por tanto, el sentido profundo de la presencia social de la Iglesia, como testifican los grandes Santos sociales, que fueron siempre grandes almas eucarísticas. Quien reconoce a Jesús en la Hostia Santa, lo reconoce en el hermano que sufre, que tiene hambre y sed, que es forastero, desnudo, enfermo, encarcelado; y está atento a todas las personas, se compromete, de modo concreto, por todos los que tienen necesidad. Del don del amor de Cristo proviene, por tanto, nuestra especial responsabilidad de cristianos en la construcción de una sociedad solidaria, justa y fraterna. Especialmente en nuestra época, en la que la globalización nos hace, cada vez más, dependientes los unos de los otros, el Cristianismo puede y debe hacer que esta unidad no se construya sin Dios, es decir, si en el Verdadero Amor, lo que daría lugar a la confusión, al individualismo, y la opresión de todos contra todos. El Evangelio mira desde siempre a la unidad de la familia humana, una unidad no impuesta por las alturas, ni por intereses ideológico o económicos, sino a partir del sentido de responsabilidad de los unos hacia los otros, porque nos reconocemos miembros de un mismo cuerpo, del cuerpo de Cristo, porque hemos aprendido y aprendemos constantemente por el Sacramento del Altar que la comunión, el amor es la vía de la verdadera justicia.
Volvemos ahora al acto de Jesús en la Última Cena. ¿Qué sucedió en ese momento? Cuando Él dijo: Este es mi cuerpo que he dado por vosotros, esta es mi sangre derramada por vosotros y por todos los hombres, ¿Qué sucede? Jesús en este gesto anticipa el suceso del Calvario. Él acepta por amor toda la pasión, con su sufrimiento y su violencia, hasta la muerte de cruz; aceptándola de este modo, la transforma en una acto de donación. Esta es la transformación que el mundo necesita, porque lo redime desde el interior, lo abre a las dimensiones del Reino de los cielos.. Pero esta renovación del mundo, Dios quiere realizarla siempre a través de la misma vía seguida por Cristo, este camino, que es Él mismo. No hay nada de mágico en el Cristianismo. No hay atajos, sino que todo pasa a través de la lógica humilde y paciente de la semilla de grano que se parte para dar la vida, la lógica de la fe que mueve las montañas con el suave poder de Dios. Por esto quiere continuar renovando la humanidad, la historia y el cosmos, a través de esta cadena de transformaciones, de la que la Eucaristía es el sacramento. Mediante el pan y el vino consagrados, en los que están realmente presentes su Cuerpo y su Sangre, Cristo nos transforma, asimilándonos a Él: nos implica en su obra de redención, haciéndonos capaces, por la gracia del Espíritu Santo, de vivir según su misma lógica de donación, como semillas de grano unidos a Él y en Él. Así se siembran y van madurando en los surcos de la historia, la unidad y la paz, que son el fin al que tendemos, según el diseño de Dios.
Sin ilusiones, sin utopías ideológicas, nosotros caminamos por los caminos del mundo, llevando dentro de nosotros el Cuerpo del Señor, como la Virgen María en el misterio de la Visitación. Con la humildad de sabernos simples semillas de grano, custodiamos la firme certeza de que el amor de Dios, encarnado en Cristo, es más fuerte que el mal, que la violencia y que la muerte. Sabemos que Dios prepara para todos los hombres, cielos nuevos y tierra nueva, en la que reinan la paz y la justicia, y en la fe entrevemos el mundo nuevo, que es nuestra verdadera patria. También esta tarde, mientras se pone el sol sobre nuestra amada ciudad de Roma, nosotros nos ponemos en camino: con nosotros está Jesús Eucaristía, el Resucitado, que dijo “yo estaré siempre con vosotros hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). ¡Gracias, Señor Jesús! Gracias por tu fidelidad, que sostiene nuestra esperanza. Quédate con nosotros, porque se hace de noche. “Buen Pastor, verdadero Pan, ¡Oh Jesús! ¡Piedad de nosotros; aliméntanos, defiéndenos, llévanos a los bienes eternos, en la tierra de los vivos! Amén.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZEBNIT nos ofrece el discurso que el Papa dirigió el viernes 24 de Junio de 2011 a los participantes en la Asamblea de la Riunione delle Opere in Aiuto alle Chiese Orientali (ROACO), a quienes recibió hoy en la Sala Clementina del Palacio Apostólico.
Señor cardenal,
Beatitud,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio.
Queridos miembros y amigos de la ROACO,
Deseo expresaros a cada uno de vosotros la más cordial bienvenida y devuelvo de buen grado, con el mejor augurio las corteses palabras de saludo que me ha dirigido el cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación de las Iglesias Orientales y presidente de la Riunione delle Opere in Aiuto alle Chiese Orientali (Reunión de las Obras de Ayuda a las Iglesias Orientales, n.d.t.), acompañado por el arzobispo secretario, por el subsecretario y por los colaboradores eclesiásticos y laicos del dicasterio. Dirijo un saludo fraterno al nuevo patriarca maronita, Su Beatitud Bechara Boutros Rai, y extiendo mi pensamiento a los demás prelados, a los representantes de las Agencias Internacionales y de la Universidad de Belén, como también a los benefactores aquí presentes. Doy las gracias a todos por la cooperación generosa con el mandato de caridad universal que el Señor Jesús confía incesantemente al Obispo de Roma como Sucesor del beato Apóstol Pedro.
Ayer celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor. La procesión eucarística, que yo presidí desde la catedral Lateranense hasta la basílica de Santa María la Mayor, constituye siempre un llamamiento a la amada Ciudad de Roma y a toda la comunidad católica de permanecer y caminar por los caminos no fáciles de la historia, entre las grandes pobrezas espirituales y materiales del mundo, para ofrecer la caridad de Cristo y de la Iglesia, que brota del Misterio Pascual, misterio de amor, de don total que engendra la vida. La caridad “nunca terminará” (1Cor 13,8), dice el Apóstol Paolo, y es capaz de cambiar los corazones y el mundo con la fuerza de Dios, sembrando y despertando en todas partes la solidaridad, la comunión y la paz. Son dones confiados a nuestras frágiles manos, pero su desarrollo es seguro, porque el poder de Dios actúa precisamente en la debilidad, si sabemos abrirnos a su acción, si somos verdaderos discípulos que intentan serle fieles (cfr 2Cor 12,10).
[En francés]
Queridos amigos de la ROACO, no olvidéis jamás la dimensión eucarística de vuestro objetivo para manteneros constantemente en el movimiento de la caridad eclesial. Deseo que éste llegue de forma especial a Tierra Santa y también a todo Oriente Medio, para sostener allí la presencia cristiana. Os pido que hagáis todo lo posible, incluso interesando a las Instancias Públicas con las que estáis en contacto a nivel internacional, para que el Oriente, donde nacieron, los pastores y los fieles de Cristo puedan permanecer “no como extranjeros” sino como “conciudadanos” (Ef 2, 19), dando testimonio de Jesús, como los Santos del pasado, hijos también ellos de las Iglesias orientales. Oriente es con todo derecho su patria terrena. Allí precisamente son llamados también hoy a construir el bien de todos, indistintamente, gracias a su fe. Deberán ser reconocidas una igual dignidad y una libertad real a todos aquellos que profesan esta fe, permitiendo así una más fructífera colaboración ecumñenica e interreligiosa.
[En inglés]
Os estoy agradecido por haber reflexionado sobre los cambios que se están produciendo en los países del norte de África y del Cercano Oriente, que mantienen aún al mundo preocupado. Gracias también a la aportación ofrecida en estos días por el cardenal patriarca copto-católico y por el patriarca maronita, como por el representante pontificio en Jerusalén y por el custodio franciscano de Tierra Santa, la Congregación y las agencias podrán darse cuenta de las condiciones concretas en las que viven la Iglesia y las poblaciones en una región de suma importancia para el equilibrio y la paz mundiales. El Papa quiere hacerse cercano, a través vuestro, a cuantos están sufriendo y a cuantos intentan desesperadamente huir de ella incrementando flujos migratorios a veces sin esperanza. Auguro al respecto la necesaria asistencia inmediata, pero sobre todo cualquier mediación posible, para que cesen las violencias y, en el respeto de los derechos de los individuos y de las comunidades, se restablezcan en todas partes la concordia social y la convivencia pacífica. La ferviente oración y la reflexión nos ayudarán, mientras tanto, a leer las perspectivas emergentes en la presente época de fatiga y de lágrimas: que el Señor de la historia las dirija siempre al bien común.
[En alemán]
La Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos celebrada el pasado octubre en el Vaticano y en la que habéis participado algunos de vosotros, ha traído a los hermanos y hermanas de Oriente de modo aún más decidido al corazón de la Iglesia y nos ha preparado para distinguir los signos de novedad del tiempo actual. Pero inmediatamente después de aquella cumbre, la violencia absurda golpeó ferozmente a personas inermes (cfr. Angelus del 1 de noviembre de 2010) en la catedral siro-católica de Bagdad y, en los meses sucesivos, en otros lugares diversos. Este dolor sufrido por Cristo puede ser de ayuda para el crecimiento de la buena semilla y para dar frutos aún más fecundos, si Dios quiere. Confío, por tanto, a la buena voluntad de los miembros de la ROACO cuanto surgió en el Sínodo y también el precioso patrimonio espiritual constituido por el cáliz de la pasión de muchos cristianos como referencia para un servicio inteligente y generoso, que parta desde los últimos y que no excluya a nadie, y que siempre mida su autenticidad en referencia al Misterio Eucarístico.
[En italiano]
Queridos amigos, bajo la guía de sus generosos pastores y también con vuestro apoyo insustituible, las Iglesias orientales católicas sabrán siempre confirmar la comunión con la Sede Apostólica, celosamente custodiada durante los siglos, y dar una contribución original a la nueva evangelización tanto en la madre patria, como en la creciente diáspora. Pongo estos auspicios bajo la protección de la Santísima Madre de Dios y del precursor de Cristo, san Juan Bautista, en la solemnidad litúrgica de su nacimiento. Se acerca también la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo: en ese día daré gracias al Buen Pastor, como ha recordado el cardenal Sandri, en el 60° aniversario de mi Ordenación sacerdotal. Os estoy muy reconocido por la oración y el augurio, del que me habéis hecho grato don. Os pido que compartáis mi súplica al "Dueño de la mies” (Mt 9,38) para que conceda a la Iglesia y al mundo numerosos y ardientes trabajadores del Evangelio. Y como signo de mi afecto, estoy muy contento de impartir a cada uno de vosotros, a cuantos os son queridos y a las comunidades confiadas a vosotros la confortadora Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Fabriciano Sigampa, arzobispo de Resistencia en la misa de exequias de monseñor Giaquinta (Catedral de Buenos Aires, 24 de junio de 2011). (AICA)
MISA DE EXEQUIAS DE MONSEÑOR GIAQUINTA
En la fiesta de la natividad de San Juan Bautista realizamos este gesto de piedad y caridad cristiana, para nuestro hermano obispo Carmelo Juan Giaquinta, que como “nuestro amigo Lázaro, duerme” en paz.
Carmelo Juan: Obispo Auxiliar de Viedma, Obispo Diocesano de Posadas y Arzobispo de Resistencia. Finalmente, como emérito, siguió trabajando con las energías que le quedaban, sobre todo, con su rica y profunda experiencia aquilatada por los años y por la presencia del Espíritu Santo en su corazón de pastor.
Llamado por Dios
El llamado es una acción exclusiva de Dios. Llama para ser de él y para siempre. Llamado que exige una entrega total al Dios que llama. Carmelo pudo aplicarse para si mismo las palabras que dicen: “El Señor me llamó desde el seno materno, desde las entrañas de mi madre pronuncio mi nombre”. El vivió la profundidad de su vocación. Así lo expresan sus obras escritas, pero sobre todo su vida sacerdotal.
Del Señor recibió un nombre, un llamado, una revelación: “En Dios se halla mi fuerza”. No eran sus cualidades humanas, que las tenía en abundancia, sino el Espíritu Santo derramado sobre su corazón (Rm 5,5), el que las puso de manifiesto. Esa es su identidad: llamado por Dios para una misión. Una misión que proviene de Dios, no está exenta de dificultades, de sufrimientos, de dolores, es parte central de la Cruz de Cristo, que exige una entrega total. No reservó nada para si, lo dio todo hasta el final. Su esperanza fue puesta en Dios, de Él espera su recompensa.
Con certeza se sabía servidor de Dios, de Cristo, de la Iglesia, y de los hombres. Se sabía “un hombre según el corazón de Dios”, dispuesto siempre a cumplir su voluntad. Se sabía humilde: “¿Quién soy yo para desatar las sandalias de mi Señor?”. Como Juan el Bautista, preparando la venida del Hijo de Dios, mirando siempre al futuro, al Hijo de Dios que debía venir. Preparando la venida de Jesús, tanto en el corazón de los hombres, como en la historia de los pueblos.
La Iglesia y la Patria
En su testamento, que tuve la dicha de leer, manifiesta dos grandes preocupaciones.
- Ocuparse de la Iglesia
- Ocuparse de la Patria
Aparece como un lamento, no haberse ocupado suficientemente de ellas. Desde estas dos realidades, nos hace un llamado a todos: Obispos, Sacerdotes, Religiosos y Laicos. Que nos dediquemos más a estas realidades fundamentales, “proclamar el Evangelio dentro del marco de la Nueva Evangelización”.
Por otra parte, pasar de ser, simple habitante a auténticos ciudadanos, concientes de sus derechos, pero sobre todo, de nuestros deberes, de nuestras obligaciones.
Tanto la Iglesia como la Patria nos exigen mayor dedicación, mayor entrega, mejor definición, como una nueva evangelización para nuestra Iglesia, como las nuevas y profundas exigencias para la Patria en el marco del “Bicentenario en justicia y solidaridad”.
Como Juan el Bautista nos dice que es tiempo de cambiar, de invertir el sentido de la marcha. Nos pide conversión, una conversión profunda, como lo sugiere el documento de Aparecida. Nos pide sacudir la pereza y entrar en el camino de la laboriosidad, del trabajo.
Creo que este es el mensaje que nos deja Mons. Carmelo Juan es que sea visible la presencia del Señor que viene a transformar la vida, tanto de la Iglesia, como de la Patria.
Nuestro compromiso hoy es el de preparar el camino al Señor de la vida. Este será nuestro deber: preparar su venida, que llegue para transformar. Significa ponernos al servicio del Señor, de su proyecto de Salvación. Es tiempo de grandes decisiones. Eso implica estar del lado del Señor Jesús, junto al trabajo por su Reino, que es Reino de verdad, de amor y de paz.
“Tú eres mi servidor”
Podemos aplicar para Mons. Carmelo Juan, las palabras del Libro de Isaías (49,3): “Tu eres mi servidor, estoy orgulloso de ti”, también lo estamos nosotros.
No venimos a despedirte, sabemos de esta nueva manera de estar presente, la aceptamos gozosos.
En nombre de todos los chaqueños, en los cuales me incluyo, agradezco a la Iglesia de Buenos Aires, en la persona del Cardenal Arzobispo Jorge Mario Bergoglio, todas las atenciones brindadas a nuestro querido Arzobispo Carmelo Juan.
Mi mejor agradecimiento a todos y a cada uno de sus familiares, a los sacerdotes, religiosos, religiosas, laicos, al Seminario de Devoto, a su rector Alejandro Giorgi.
En cuanto podamos, querido Carmelo Juan, estarás con tus chaqueños, a la sombra de un Lapacho, como pides en tu testamento.
Gracias Carmelo Juan por tu testimonio de vida: austera, profunda, amasada con dolores y sufrimientos y rica en experiencia, entregada por amor a Dios y a tus hermanos.
¡Descansa en paz!
Mons. Fabriciano Sigampa, arzobispo de Resistencia
Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en el programa radial "Compartiendo el Evangelio", en la solemnidad de la Santísima Trinidad (19 de junio de 2011). (AICA)
SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
En nuestro calendario civil, hoy es el Día del Padre. Rezamos por nuestros padres, que tanto tienen que ver con nuestra vida, nuestra existencia. Que los papás que están aquí, tengan un día de mucho reconocimiento, mucho respeto y mucho amor.
Evangelio según San Juan 3, 16-18
Dijo Jesús “Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna.Porque Dios no envió a su Hijo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.”
Dios es comunión de vida
En esta Solemnidad de la Santísima Trinidad, a veces puede resonar en nuestros oídos como una fiesta muy lejana, muy extraña, muy incomprensible, poco asible. Sin embargo, estamos en este mes fiesta tras fiesta pero cómo todo se va concatenando, se va hilando.
Fijémonos: ya hace un tiempo atrás celebramos la Pascua; luego la Fiesta de la Ascensión -donde Cristo Resucitado asciende al Padre-; le siguió la Fiesta de Pentecostés -donde el Padre con el Hijo nos envían al Espíritu Santo- y ahora entramos en la comunión propiamente dicha de Dios.
Cómo Dios es una comunión de vida por excelencia. Cómo Dios, siendo un solo Dios verdadero, son tres Personas que se relacionan y a quienes tenemos acceso por la misma revelación de Jesucristo. Lo propio del Padre es crearnos, lo propio del Hijo es redimirnos y lo propio del Espíritu Santo es santificarnos. Y cada uno de ellos tiene una función específica, un atributo propio, que nos lleva al misterio más íntimo, más profundo.
Cuando hablamos de la Santísima Trinidad estamos hablando de Dios, pero también hablamos del hombre. El hombre no puede vivir su misterio si no se abre a Dios. El hombre no se explica a sí mismo si no se abre a Dios. Cuando uno se abre a Dios, puede tener explicación, puede entenderse y darse cuenta que participa de esa comunión con Dios; pero que también uno es un misterio.
Es así que la Fiesta de la Santísima Trinidad nos lleva a este conocimiento: Dios es inagotable. Cuando nos acercamos más a Él y lo encontramos, tenemos el deseo y el ánimo de seguir buscándolo para seguir encontrándolo. Esto es fundamental: ese misterio es inagotable pero también es para nosotros.
Luego, el misterio nos lleva a una intimidad profunda: el hombre no puede ser comprendido sino en Dios. Es así que esta cercanía con Dios produce y provoca en nosotros un nuevo nacimiento. Así como Dios es comunión de vida y nos participa a nosotros, también nosotros tenemos que tener un cuidado exquisito de la comunión y de la común unión entre nosotros.
Esta Fiesta de la Santísima Trinidad nos lleva a aquello para lo cual fuimos creados, a lo más propio, a lo más específico, al futuro que no tiene ocaso, que no tiene fin: la permanente y perfecta Adoración de la Santísima Trinidad. Nosotros fuimos creados, redimidos y santificados para encontrarnos definitivamente con el Creador.
En el “mientras tanto”, en el “mientras estamos aquí”, esta Solemnidad no es un punto de llegada sino de partida. Al encontrarlo a Él nos tenemos que sentir movilizados para seguir buscándolo y trabajar siempre por la comunión.
¡Feliz Fiesta de la Santísima Trinidad!
¡Levantemos nuestro espíritu y nuestra alma!
Que nos demos cuenta de aquello para lo que fuimos llamados y que podamos encontrarnos definitivamente con Él. Esa es nuestra vida, nuestra finalidad y nuestro futuro. No lo comprometamos más.
Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Reflexiòn a las lecturas del domingo dècimo sexto del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pèrez Pignero bajo el epìgrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"
ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR.
Domingo 16º del T. Ordinario A.
Queridos amigos y amigas: A todos nos hace sufrir la existencia del mal. En mayor o menor medida. Hay, incluso, hombres y mujeres que no aciertan a conciliar la existencia de un Dios bueno y justo, con tanto mal…
Hay muchas clases de males. La parábola de la cizaña nos sitúa, este domingo, ante la existencia del mal moral: tanta gente que se dedica a hacer el mal: desde los grandes criminales, desde las injusticias lacerantes, hasta las pequeñas faltas de un niño que hace sufrir a otro niño… Desde los grandes pecados de omisión que dividen el mundo en dos partes: el de los países ricos y el de los pobres, hasta las pequeñas faltas de omisión de cada día. Incluso, dentro de nosotros mismos, constatamos la existencia del trigo y la cizaña.
Y como los criados de la parábola le preguntamos al Dueño de la tierra: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”
El les dijo: “Un enemigo lo ha hecho”.
Y era verdad: “Mientras la gente dormía, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó”.
Parece que era frecuente en el país de Jesús este tipo de represalias y venganzas entre los agricultores…
La respuesta, por tanto, es clave: ¡Un enemigo lo ha hecho! Dios o un dios malo, como dicen los dualistas, no es ni puede ser el origen del mal.
De este modo, Jesús hace referencia al principio, a la Creación, a lo que conocemos con el nombre de “pecado original”, que en nuestra época, muchos no creen, otros lo recuerdan vagamente como cosa de niños… Y otros, lo tenemos un poco olvidado... Pero ahí está “el enemigo” al que se refiere el Evangelio… Aquí está la fuente de todos malos y de todo mal. “El misterio de la iniquidad” que torturaba el corazón de S. Agustín”.
¡De ese primer pecado surgen todos los demás! ¡También los nuestros…! “Y por el pecado, la muerte” enseña S. Pablo. (Rom 5,12).
Me gusta decir que nosotros no hemos conocido el mundo tal como salió de las manos de Dios. ¡Y era bueno! ¡Y estaba bien! El mundo que conocemos es el del trigo y la cizaña, el mundo trastornado y afeado, por el pecado de Adán y por el pecado de todos los hombres.
Y el enemigo, el Diablo, está encantado porque dicen ahora que no existe… Le resulta cada vez más fácil ir logrando sus objetivos… Recibe muy poca resistencia… Pero es y continuará siendo hasta el final “el Padre de la mentira” como le llamó el Señor (Jn, 8,44).
Ya S. Pablo nos advierte que “nuestra lucha no es contra hombres de carne y hueso, sino contra los soberanos, autoridades y poderes que dominan este mundo de tinieblas, contra las fuerzas sobrehumanas y supremas del mal” (Ef, 6,12-13).
“Mientras la gente dormía…”
Aquí nos encontramos con otra de las claves de la parábola: si dormimos, si no cuidamos nuestros sembrados, ¿de qué nos vamos a quejar después? ¿No sabemos que se está sembrando en el mundo mucho bien y, al mismo tiempo, mucho mal? Ya nos advertía el Señor que “los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz” (Lc 16,8).
Pensamos en los padres de familia, los que se dedican a la formación de niños y jóvenes, los gobernantes, los pastores de la Iglesia… ¡En todos! ¡Todos podemos dormirnos alguna vez!
¿Y entonces? Nada. No se nota nada; pero es posible que el enemigo haya sembrado la cizaña en medio del trigo... Y se marchó.
Más tarde aparecerá, con toda su fuerza, la cizaña en nuestro sembrado… Y ya está. El mal ya había sido sembrado como una mala hierba que es difícil de arrancar, de extirpar…
Entonces nuestra reacción es la misma que la de los criados de la parábola: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”
Pero el amo respondió: “No, que podrías arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega…”
No toleramos contemplar el campo sembrado de trigo con la cizaña… Quisiéramos ver sólo el bien sin mezcla de mal alguno.
Quisiéramos dejar de sentir en nuestro interior esos impulsos que nos mueven al mal. Quisiéramos extirpar el mal, todo el mal, del mundo, de nuestra sociedad, de la Iglesia, de nuestra vida…
¡Pero a nuestra manera! ¡Y eso no puede ser…!
El Señor nos ha señalado el verdadero camino…, el de la conversión personal y comunitaria… que nos mueva a transformar las estructuras de pecado que campean en toda la sociedad y también en nosotros y a ordenarlo y organizarlo todo según Cristo, el Hombre Nuevo. (Ef 1,10).
Luchar por el bien y contra el mal es la tarea que nos ha sido confiada por Jesucristo, el Señor, que, a través del sufrimiento y de la muerte, de la cizaña, ha vencido al enemigo, al mal y a la muerte…, aunque tengamos que esperar hasta su Venida gloriosa para contemplar la consumación de su victoria.
Entonces, sólo entonces, será el momento de la separación del trigo y de la cizaña. Mientras tanto, tenemos que esperar..., porque el Dueño dice: “Dejadlos crecer juntos hasta la siega. Y, cuando llegue la ciega…”
Y una última cuestión: ¿No será posible convertir la cizaña en trigo?, ¿Aunque sea sólo una parte?
¡Para Dios nada hay imposible! (Lc 1,37)
¡Mientras vayamos de camino, hay tiempo!
El Señor nos ha dado “la dulce esperanza” de que, en el pecado, da lugar siempre al arrepentimiento” (1ª Lect.).
¡Junto a estas reflexiones les hago llegar mi deseo de un feliz Domingo, un feliz Día del Señor!
Reflexiòn de Josè Antonio Pagola al Evangelio del domingo diecisèis del Tiempo Ordinario, ofrecido por la Delegaciòn Diocesana de Ensenanza de la Diòcesis de Tenerife.
COMO FERMENTO
Con una audacia desconocida, Jesús sorprendió a todos proclamando lo que ningún profeta de Israel se había atrevido a decir: "Ya está aquí Dios con su fuerza creadora de justicia abriéndose camino en el mundo para hacer la vida de sus hijos más humana y dichosa". Es necesario cambiar. Hemos de aprender a vivir creyendo en esta Buena Noticia: el reino de Dios está llegando.
Jesús hablaba con pasión. Muchos se sentían atraídos por sus palabras. En otros surgían no pocas dudas. ¿No era todo una locura? ¿Dónde se podía ver la fuerza de Dios transformando el mundo? ¿Quién podía cambiar el poderoso imperio de Roma?
Un día Jesús contó una parábola muy breve. Es tan pequeña y humilde que, muchas veces, ha pasado desapercibida para los cristianos. Dice así: «Con el reino de Dios sucede como con la levadura que tomó una mujer y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó fermentado».
Aquella gente sencilla sabía de qué les estaba hablando Jesús. Todos habían visto a sus madres elaborar el pan en el patio de su casa. Sabían que la levadura queda "escondida", pero no permanece inactiva. De manera callada y oculta lo va fermentando todo desde dentro. Así está Dios actuando desde el interior de la vida.
Dios no se impone desde fuera, sino que transforma a las personas desde dentro. No domina con su poder, sino atrae con su amor hacia el bien. No fuerza la libertad de nadie sino que se ofrece para hacer más dichosa nuestra vida. Así hemos de actuar también nosotros si queremos abrir caminos a su reino.
Está comenzando un tiempo nuevo para la Iglesia. Los cristianos vamos a tener que aprender a vivir en minoría, dentro de una sociedad secularizada y plural. En muchos lugares, el futuro del cristianismo dependerá en buena parte del nacimiento de pequeños grupos de creyentes, atraídos por el evangelio y reunidos en torno a Jesús.
Poco a poco, aprenderemos a vivir la fe de manera humilde, sin hacer mucho ruido ni dar grandes espectáculos. Ya no cultivaremos tantos deseos de poder ni de prestigio. No gastaremos nuestras fuerzas en grandes operaciones de imagen. Buscaremos lo esencial. Caminaremos en la verdad de Jesús.
Siguiendo sus deseos, trataremos de vivir como "fermento" de vida sana en medio de la sociedad y como un poco de "sal" que se diluye humildemente para dar sabor evangélico a la vida moderna. Contagiaremos en nuestro entorno el estilo de vida de Jesús e irradiaremos la fuerza inspiradora y transformadora de su Evangelio. Pasaremos la vida haciendo el bien. Como Jesús.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
17 de julio de 2011
16 Tiempo ordinario (A)
Mateo 13, 24-43
DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN
38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno. 922-25 86 40 / Extensión 8
e-mail: comunicacionobispadodetenerife@gmail.com
Boletín 443
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Recientemente, el Obispo ha realizado los siguientes nombramientos: Jesús Daniel González Acosta, párroco de San Gerardo y de nuestra Señora de la Salud, en el Barrio de La Salud, y de la parroquia de La Cruz de Ifara, en Santa Cruz de Tenerife. Por otro lado, José Domingo González Pérez se encargará de atender pastoralmente las parroquias de La Resurrección del Señor, en Armeñime, de San José, en Los Olivos, y La Virgen Milagrosa, en Hoya Grande, en el municipio de Adeje. Por su parte, el sacerdote Juan Antonio Guedes ha sido destinado a Santa Cruz de La Palma, concretamente a las parroquias de San Francisco de Asís y de Nuestra Señora del Pilar y Santiago Apóstol. Asimismo, Honorio José Campos Gutiérrez atenderá pastoralmente las parroquias de Santa Úrsula Mártir, en Adeje y Nuestra Señora del Campo, en Fañabé.
Cabe señalar también que al diácono Ramón Herrera Ramos, le han sido encomendadas las funciones propias de su ministerio al servicio de las parroquias de San Gerardo y Nuestra Señora de la Salud, en Barrio de La Salud, y de la parroquia de La Cruz de Ifara, en Santa Cruz de Tenerife, en comunión y cooperación con el sacerdote Jesús Daniel González Acosta.
El Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, ISTIC, ha retomado esta semana sus cursos dentro de su VII Escuela de Verano. Uno de los cursos que ha recibido mayor aceptación es el desarrollado por el doctor en Periodismo y presidente del Consejo Editorial de La Opinión de Tenerife, Ricardo Acirón, en el que se profundiza sobre “Saber ver-leer los medios de comunicación, críticamente”.
Conjuntamente, con el curso del profesor Acirón, se están celebrando otras dos propuestas, que han contado también con un importante número de matrículas, “El éxito en el matrimonio es posible”, desarrollado por el profesor José Juan Rivero, Psicólogo del Centro de Orientación Familiar 2000, y el que cerrará la oferta de la VII Escuela de Verano, que se inicia este jueves 14, “Las JMJs y la Pastoral diocesana con Jóvenes”, impartido por Javier José Jiménez, responsable de la Delegación de Pastoral con Jóvenes.
Este viernes 15 de Julio, se cumple el aniversario del martirio de Ignacio de Acevedo y sus 39 compañeros jesuitas mártires que iban al Brasil para anunciar el Evangelio. Por tal motivo, a las 19:30 horas se celebrará, en la Iglesia de San Miguel de Tazacorte la Eucaristía que será presidida por el misionero javeriano y recién ordenado sacerdote Jesús Calero Perera, por el párroco Juan Ramos Concepción y por el resto del clero de la isla.
La vida sacerdotal que recoge la contraportada del Diario de Avisos de este martes es la del obispo Luis Franco Cascón, en una nueva entrega de la sección 'vidas sacerdotales'. Luis Franco nació en Mansilla del Páramo, León, en 1903. Durante su Pontificado se llevó a cabo el nuevo seminario, se realizó la Beatificación del Hermano Pedro y José de Anchieta, el 22 de Junio de 1980. Ordenó 86 Sacerdotes Diocesanos. El 18 de Octubre de 1983, al cumplir los 75 años, se acepta su renuncia y se le nombra Administrador Apostólico. Falleció en La Laguna el 17 de Agosto de 1984. Sus restos descansan en la Capilla del Cristo de la Columna de la Santa Iglesia Catedral de La Laguna.
Unas 25 personas, entre adolescentes y jóvenes, pertenecientes a los municipios de Arona (parroquias de Lorenzo Mártir, Ntra. Sra. de la Paz, S. Martín de Porres y Ntra. Sra. del Carmen, en Valle de S. Lorenzo, Buzanada, Cabo Blanco y Los Cristianos, respectivamente) y de San Miguel de Abona participarán en la Jornada Mundial de la Juventud. En el blog de comunicación del Obispado se pueden escuchar varios testimonios de estos jóvenes. Asimismo, en el mencionado blog se encuentran publicadas las fechas de los diferentes campamentos para jóvenes organizados por los salesianos.
El sábado, 16 de julio se celebra la festividad de Nuestra Señora de la Virgen del Carmen. La eucaristía, en el Puerto de la Cruz, se celebrará a las 20.00 horas. Durante la misa tendrá lugar el acto de entrega del bastón de mando de la ciudad con motivo de su nombramiento como alcaldesa honoriaria y perpetua.
Asimismo, en la parroquia de San Juan Bautista, en La Orotava, los cultos comenzarán a las 19:00 horas, con el rezo del Santo Rosario, y a las 19:30 horas se celebrará la Eucarística. Al finalizar la misma, dará comienzo la procesión con la imagen de la Virgen, por el trayecto de costumbre.
El periódico "La Opinión" ha publicado, en su edición del martes 12 de julio, una entrevista a Diego Rodríguez, párroco de la ermita de San Benito. En la misma, Rodríguez señala que después de tres años al frente de esta parroquia lagunera, ha sido testigo de la gran devoción que la gente tiene a San Benito.
El viernes, 15 de julio, en la parroquia de San Juan Bautista, en La Orotava se celebrará una vigilia para jóvenes. El lema escogido para este día es "Como María, edificados en Cristo". La vigilia comenzará a las 22:30 horas y se prevé que finalice en torno a las 00:00 horas, con el tradicional repique y canto de la Salve a la Virgen del Carmen, alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa de La Orotava.
En las librerías diocesanas ya se encuentra el CD con la mejor música católica que se ha recopilado con motivo de las JMJ Madrid 2011. En él se encuentran Kairoj, Migueli, la Hermana Glenda, La voz del desierto, Nico, Gaby, etc. Se trata de un álbum doble que incluye 11 canciones en cada CD y está publicado por la editorial San Pablo. El precio es muy económico: 8.65€. Asimismo, las librerías ya cuentan con dos de los libros recomendados no sólo a todos aquellos que van a las JMJ, sino a todos los cristianos que les gusta la buena lectura. Hablamos de “¿Por qué estás siempre alegre? firmes y alegres en la fe” y “El evangelio a cuatro voces. Un mensaje de Dios para ti”, ambos de la editorial Eunsa.
El obispo ha anunciado su intención de convocar órdenes de Diacono el próximo 8 de octubre.
El movimiento juvenil Hombres Nuevos informa que el próximo fin de semana tendrá lugar un Encuentro, en la Ermita de El Socorro de Güímar. Será desde el viernes 15 de julio, a las 10 de la mañana, hasta el sábado 16 de julio, después de comer.
Estos días en Garachico y en la Casa de María de San Pedro Daute, el nuevo equipo de formadores que iniciará en el mes de septiembre su labor al frente del Seminario, al que se incorporan Eduardo Rodríguez y Roberto Darias, tuvieron un día de retiro dirigido por el Obispo y una jornada de programación del curso 2011/2012. Se trabajó en torno a los documentos de la Iglesia sobre la identidad y misión de los formadores de los futuros presbíteros.
Después de cuatro años como colaborador del Centro de Orientación Familiar, José Antonio Moreno, Psicólogo experto en Terapia Familiar, por motivos personales se traslada con su familia a Salamanca. La Diócesis, a través del Cof2000 le quiere agradecer su desinteresada colaboración entre nosotros en el hermoso proyecto del Servicio de Atención y Orientación al Matrimonio, la Familia y la Infancia.
Esta semana, CONFER está disfrutando de los Ejercicios Espirituales, dirigidos por Pilar Liso, perteneciente a la Institución Teresiana. El
lugar escogido para llevar a cabo el retiro es la Casa Diocesana de Ejercicios de Santa Cruz.
El VI Festival de Música de Cámara Villa de La Orotava ofreció, en la iglesia de Santo Domingo, su tradicional concierto protagonizado por el ‘Grupo de Viento del Ensemble Villa de La Orotava’, que interpretó un programa formado por obras de Beethoven, Krommer y Weber.
Desde la Delegacion de Juventud de la Diocesis de Tenerife nos envian las actividades de Los Salesianos durante los meses de Julio y Agosto.
1) LOS SALESIANOS NOS VUELVEN A MOTIVAR…
Aquí te envío un breve resumen de las actividades que realizamos en verano LOS SALESIANOS:
1.-Campamentos del Cristo Vive (nuestro itinerario de educación en la fe):
- Campamento del LUZ: Es para chicos desde 4º a 6º de EP. Fue del 25 al 29 de junio. Campamento centrado en los más chicos de nuestra pastoral, muy dinámico y pedagógico en la transmisión de la fe.
- Campamento de ADS I y II: Es para chicos de 1º y 2º de ESO. Del 17 al 23 de julio. Lo realizaremos en Fuerteventura como novedad. Una iniciativa interesante en la fe, con chicos de La Cuesta, Las Palmas y la Orotava.
- Campamento de ADS III y IV: Para chicos de 3º y 4º de ESO. Del 24 al 30 de julio. Lo realizaremos en Fuerteventura como novedad. Una iniciativa interesante en la fe, con chicos de La Cuesta, Las Palmas y la Orotava.
2.- Campamentos Deportivos, para chicos que trabajan con nosotros durante el año en nuestros club de fútbol y baloncesto. Se trabaja lo deportivo, pero especialmente su maduración personal mediante el trabajo de muchos valores:
- Campus de Fútbol: Del 4 al 11 de julio. Hay chicos desde 5 años hasta 18 años.
- Campus de Baloncesto: Del 11 al 18 de julio. En éste además participan de todas las islas.
3.- Escuelas de verano:
- Durante todo el mes de julio. Un escuela diferente. Tiene el refuerzo escolar que se espera, pero además se les brinda muchos talleres, juegos, excursiones... Es para chicos pequeños, desde infantil hasta toda la primaria.
4.- Trabajo en Promoción Social:
- Campo de trabajo El Fraile. Unos 15 animadores se trasladan durante todo el mes de julio al barrio del Fraile en Arona. Se busca dar respuesta a muchos chicos inmigrantes. Se les busca su inserción social y laboral. Se les educa mediante un apoyo escolar, grandes juegos, ligas deportivas, excursiones...
- Campamento los primeros. Participamos con varios animadores en un campamento especial los últimos días de julio en Córdoba. Es una actividad para los chicos con más dificultades de adaptación, de comportamiento, con medidas disciplinares, los últimos para la sociedad, los primeros para Dios.
5.- JMJ
- Acompañaremos al Papa un grupo de 35 animadores en las jornadas mundiales de la juventud.
Ante cualquier duda o aclaración, no dudes en ponerte en contacto conmigo.
Atentamente
David Morales
Sacerdote Salesiano
Coordinador de Pastoral de la Orotava
Telf.651729205
ZENIT nos ofrece la catequesis que Benedicto XVI pronunció el miércoles 22 de Junio de 2011 durante la audiencia general concedida en la Plaza de San Pedro del Vaticano La catequesis forma parte del actual ciclo sobre la oración.
Queridos hermanos y hermanas:
en las anteriores catequesis nos detuvimos en algunas figuras del Antiguo Testamento, particularmente significativas, en nuestra reflexión sobre la oración. Hablé sobre Abraham que intercede por las ciudades extranjeras, sobre Jacob que en la lucha nocturna recibe la bendición, sobre Moisés que invoca el perdón sobre su pueblo y sobre Elías que reza por la conversión de Israel. Con la catequesis de hoy, quisiera iniciar una nueva etapa del camino: en vez de comentar particulares episodios de personajes en oración, entraremos en el “libro de oración” por excelencia, el libro de los Salmos. En las próximas catequesis leeremos y meditaremos algunos de los Salmos más bellos y más apreciado por la tradición orante de la Iglesia. Hoy quisiera introducir esta etapa hablando del libro de los Salmos en su conjunto.
El Salterio se presenta como un “formulario” de oraciones, una selección de ciento cincuenta Salmos que la tradición bíblica da al pueblo de los creyentes para que se convierta en su (nuestra) oración, nuestro modo de dirigirnos a Dios y de relacionarnos con Él. En este libro, encuentra expresión toda la experiencia humana con sus múltiples caras, y toda la gama de los sentimientos que acompañan la existencia del hombre. En los Salmos, se entrelazan y se expresan la alegría y el sufrimiento, el deseo de Dios y la percepción de la propia indignidad, felicidad y sentido de abandono, confianza en Dios y dolorosa soledad, plenitud de vida y miedo a morir. Toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la Iglesia después asumieron como meditación privilegiada de la relación con el único Dios y como respuesta adecuada en su revelación en la historia. En cuanto oración, los Salmos son la manifestación del espíritu y de la fe, en los que uno puede reconocerse y en los que se comunica esta experiencia de particular cercanía a Dios a la que todos los hombres están llamados. Toda la complejidad de la existencia humana se concentra en la complejidad de las distintas formas literarias de los distintos Salmos: himnos, lamentaciones, súplicas individuales y colectivas, cantos de agradecimiento, salmos penitenciales, y otros géneros que se pueden encontrar en estas composiciones poéticas.
No obstante esta multiplicidad expresiva, pueden identificarse dos grandes ámbitos que sintetizan la oración del Salterio: la súplica, ligada al lamento, y la alabanza, dos dimensiones relacionadas y casi inseparables. Porque la súplica está animada por la certeza de que Dios responderá, y esto abre a la alabanza y a la acción de gracias; y la alabanza y el agradecimiento surgen de la experiencia de una salvación recibida, que supone una necesidad de ayuda que la súplica expresa.
En la súplica, el que ora se lamenta y describe su situación de angustia, de peligro, de desolación, o bien, como en los Salmos penitenciales, confiesa la culpa, el pecado, pidiendo ser perdonado.
Le expone al Señor su necesidad con la confianza de ser escuchado, y esto implica un reconocimiento de Dios como bueno, deseoso del bien y “amante de la vida” (cfr Sabiduría 11, 26), preparado para ayudar, salvar, perdonar. Así, por ejemplo, reza el Salmista en el Salmo 31: “Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca me vea defraudado! […] Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi refugio” (vv. 2.5). Ya en el lamento, por tanto, puede surgir algo de la alabanza, que se preanuncia en la esperanza de la intervención divina y se hace después explícita cuando la salvación divina se convierte en realidad. De modo análogo, en los Salmos de agradecimiento y de alabanza, haciendo memoria del don recibido o contemplando la grandeza de la misericordia de Dios, se reconoce también la propia pequeñez y la necesidad de ser salvados, que es la base de la súplica. Se confiesa así a Dios, la propia condición de criatura inevitablemente marcada por la muerte, si bien portadora de un deseo radical de vida, Por esto el Salmista exclama, en el Salmo 86: “Te daré gracias, Dios mío, de todo corazón, y glorificaré tu Nombre eternamente; porque es grande el amor que me tienes, y tú me libraste del fondo del abismo” (versículos 12-13). De este modo, en la oración de los Salmos, la súplica y la alabanza se entrelazan y se funden en un único canto que celebra la gracia eterna del Señor que se inclina hacia nuestra fragilidad.
Precisamente para permitir al pueblo de los creyentes que se unan en este canto, se entregó el libro del Salterio a Israel y a la Iglesia. Los Salmos, de hecho, enseñan a rezar. En ellos, la Palabra de Dios se convierte en palabra de oración -y son las palabras del Salmista inspirado- y al mismo tiempo se convierte también en la palabra del orante que reza los Salmos. Es esta la belleza y la particularidad de este libro bíblico: las oraciones contenidas en él, a diferencia de otras oraciones que encontramos en la Sagrada Escritura, no se insertan en una trama narrativa que especifica su sentido y la función. Los Salmos se ofrecen al creyente como texto de oración, que tiene como único fin convertirse en la oración de quien lo asume y con ellos se dirige a Dios. Dado que son Palabra de Dios, quien reza los Salmos le habla a Dios con las mismas palabras que Dios nos ha dado, se dirige a Él con las palabras que Él mismo nos da. Así, rezando los Salmos se aprende a rezar. Son una escuela de oración.
Algo análogo sucede cuando el niño comienza a hablar, aprende a expresar sus propias sensaciones, emociones, necesidades con palabras que no le pertenecen de modo innato, sino que aprende de sus padres y de los que viven con él. Lo que el niño quiere expresar es su propia vivencia, pero el medio expresivo es de otros; y él, poco a poco se apropia de este medio, las palabras recibidas de sus propios padres se convierten en sus palabras y a través de las palabras aprende también un modo de pensar y de sentir, accede a un mundo de conceptos, y crece en ellos, se relaciona con la realidad, con los hombres y con Dios. La lengua de sus padres finalmente se convierte en su lengua, habla con palabras recibidas de otros que en este momento se han convertido en sus palabras. Esto mismo sucede con la oración de los Salmos. Se nos presentan para que nosotros aprendamos a dirigirnos a Dios, a comunicarnos con Él, a hablarle de nosotros con sus palabras, a encontrar un lenguaje para el encuentro con Dios. Y, a través de estas palabras, será posible también conocer y acoger los criterios de su actuación, acercarse al misterio de sus pensamientos y de sus caminos (cfr Isaías 55,8-9), y así crecer cada vez más en la fe y en el amor. Al igual que nuestras palabras no son sólo palabras, sino que nos enseñan un mundo real y conceptual, del mismo modo estas oraciones nos enseñan el corazón de Dios, por lo que no sólo podemos hablar con Dios, sino que podemos aprender quién es Dios y, al aprender cómo hablar con Él, aprendemos lo que significa ser hombre, er nosotros mismos.
Para este propósito, parece significativo el título que la tradición judía ha dado al Salterio. Este es tehillîm, un término judío que quiere decir “alabanza”, de esta raíz verbal viene la expresión “Halleluyah”, es decir, literalmente “alabad al Señor”. Este libro de oraciones, por tanto, aunque es multiforme y complejo, con sus diferentes géneros literarios y con sus articulaciones entre alabanza y súplica, es un libro de alabanza, que nos enseña a dar gracias, a celebrar la grandeza del don de Dios, a reconocer la belleza de sus obras y a glorificar su Nombre Santo. Es esta la respuesta más adecuada ante la manifestación del Señor y la experiencia de su bondad. Enseñándonos a rezar, los Salmos nos enseñan que incluso en la desolación, en el dolor, permanece la presencia de Dios, es fuente de maravilla y de consuelo, se puede llorar, suplicar, interceder, lamentarse, pero con la conciencia de que estamos caminando hacia la luz, donde la alabanza podrá ser definitiva. Como nos enseña el Salmo 36: “ En ti está la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz” (Sal 36,10).
Pero además de este título general del libro, la tradición hebrea ha puesto en muchos Salmos, títulos específicos, atribuyéndolos, en su mayoría, al rey David. Figura de notable profundidad humana y teológica, David es un personaje complejo, que ha atravesado las más distintas experiencias fundamentales de la vida. Joven pastor del rebaño paterno, pasando por alternantes y a veces, dramáticas experiencias, se convierte en rey de Israel, pastor del pueblo de Dios. Hombre de paz, combatió muchas guerras; incansable y tenaz buscador de Dios, traicionó el amor, y esto es característico: siempre fue un buscador de Dios, aunque pecó gravemente muchas veces; humilde penitente, acogió el perdón divino, incluso el castigo divino, y aceptó un destino marcado por el dolor. David fue un rey con todas sus debilidades, “según el corazón de Dios” (cfr 1Samuel 13,14), es decir un orante apasionado, un hombre que sabía lo que quiere decir suplicar y alabar. La relación de los Salmos con este insigne rey de Israel es, por tanto, importante, porque es una figura mesiánica, Ungido por el Señor, en el que se preanuncia en cierto sentido el misterio de Cristo.
Igualmente importantes y significativos son el modo y la frecuencia con la que las palabras de los Salmos son retomadas en el Nuevo Testamento, asumiendo y destacando el valor profético sugerido por la relación del Salterio con la figura mesiánica de David. En el Señor Jesús, que en su vida terrena rezó con los Salmos, encuentran su definitivo cumplimiento y revelan su sentido más profundo y pleno. Las oraciones del Salterio, con las que se habla a Dios, nos hablan de Él, nos hablan del Hijo, imagen del Dios invisible (Colosenses 1,15), que nos revela completamente el Rostro del Padre. El cristiano, por tanto, rezando los Salmos, reza al Padre en Cristo y con Cristo, asumiendo estos cantos en una perspectiva nueva, que tiene en el misterio pascual su última clave interpretativa. El horizonte del orante se abre así a realidades inesperadas, todo Salmo tiene una luz nueva en Cristo y el Salterio puede brillar en toda su infinita riqueza.
Hermanos y hermanos queridísimos, tomemos, por tanto, con la mano este libro santo, dejémonos enseñar por Dios para dirigirnos a Él, hagamos del Salterio una guía que nos ayude y nos acompañe cotidianamente en el camino de la oración. Y pidamos también nosotros, como discípulos de Jesús, “Señor, enséñanos a orar” (Lucas 11,1), abriendo el corazón y acogiendo la oración del Maestro, en el que todas las oraciones llegan a su plenitud. Así, siendo hijos en el Hijo, podremos hablar a Dios, llamándolo “Padre Nuestro”. Gracias.
[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Colombia, Venezuela y otros países latinoamericanos. Os invito a que aprendáis de los Salmos a hablar con Dios y, repitiendo la súplica de los apóstoles, Señor, enséñanos a orar, abráis el corazón para acoger la plegaria del Maestro, en la que toda oración llega a su culmen. Muchas gracias.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
DOMINGO 16 DEL TIEMPO ORDINARIO / A
7 de julio de 2011
La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.
- Aunque no lo parezca, aunque si nos miramos mutuamente podemos ver que somos muy distintos, hay muchas cosas que nos unen, a los que estamos reunidos en esta iglesia. Muchas más de las que creemos.
- Queremos ser hombres y mujeres de buena voluntad, queremos ser serviciales para con los demás, queremos creer de verdad en Jesús. Todo esto nos une. Y nos une también la conciencia de que esto a menudo nos cuesta mucho, a menudo fallamos, a menudo somos infieles.
- Por eso estamos aquí. Necesitamos reunirnos, necesitamos rezar juntos, necesitamos responder a la llamada que Jesús nos hace todos los domingos. Por eso, en pleno verano, nos reunimos de nuevo en la Eucaristía).
A. penitencial: Recemos ahora unos momentos en silencio, pidiendo perdón y gracia. (Silencio).
Tú, que eres bueno y clemente. SEÑOR, TEN PIEDAD.
Tú, que escuchas nuestra oración. CRISTO,TEN PIEDAD.
Tú, que eres rico en misericordia. SEÑOR,TEN PIEDAD.
1. lectura (Sabiduría 12,13.16-19): Como el domingo pasado, también hoy en el evangelio Jesús nos hablará en parábolas para explicarnos lo que significa el Reino de Dios. Nos hablará de la bondad de Dios. Escuchemos ahora cómo un sabio del Antiguo Testamento nos hablaba ya de esta bondad.
2. lectura (Romanos 8,26-27): Escuchemos ahora a san Pablo, que nos habla del Espíritu de Dios que actúa en nosotros.
Oración universal: Presentemos nuestras peticiones a Dios, el Padre de todos. Oremos diciendo: TE ROGAMOS, ÓYENOS.
Por todas las Iglesias cristianas: por los católicos, por los protestantes, por los ortodoxos, por los anglicanos. OREMOS:
Por los que dudan de su fe. OREMOS:
Por los enfermos de nuestra parroquia; por los ancianos que se sienten abandonados. OREMOS:
Por los países que están en guerra; por los responsables de estos desastres. OREMOS:
Por los extranjeros que en estos días nos visitan. OREMOS:
Por los que nos hemos reunido en esta Eucaristía para alimentarnos de la Palabra y del Cuerpo y Sangre del Señor. OREMOS:
Escucha, Padre, nuestras peticiones, y derrama tu amor sobre toda la humanidad. Por Jesucristo...
Padrenuestro: Siguiendo la enseñanza de Jesucristo, y movidos por su Espíritu, que nos enseña a orar, nos atrevemos a decir:
CPL
Mensaje de monseñor Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio, con motivo de la celebración de la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo (29 de junio de 2011). (AICA)
LOS SANTOS APÓSTOLES PEDRO Y PABLO Y LA VIDA DE LA IGLESIA
Queridos hermanos sacerdotes y diáconos,
religiosos y religiosas, seminaristas,
amados fieles:
La solemnidad de los Santos apóstoles Pedro y Pablo, que la Iglesia celebra conjuntamente el 29 de junio, nos invita a pensar sobre el sentido de este recuerdo litúrgico, reflejo de una profunda verdad teológica, y nos permite unirnos espiritualmente en la oración por nuestro Santo Padre el Papa, sucesor de Pedro como obispo de Roma. El mismo Señor resucitado confió a Pedro la custodia de sus ovejas, confiriéndole el mandato de pastorearlas (Jn 21, 15-17), el mismo apóstol al que diera el encargo de confortar a los hermanos (cfr. Lc 22, 32). Pablo, el último de los apóstoles, con su generosidad e iniciativa tomó rápidamente la delantera, predicando incansablemente el Evangelio, haciéndose presente en las comunidades de gentiles –es decir, no judías– con sus visitas y con sus cartas, y estableciendo la Iglesia en ellas. Después de haberse enfrentado por las costumbres rituales practicadas por los judíos, Pedro y Pablo asumieron finalmente una visión común, sabiamente abierta a la misión universal, y expresada en la carta enviada por los apóstoles reunidos en el concilio de Jerusalén (Hech 15); se encontraron en Roma, y allí, con su martirio, pusieron las bases de esa Iglesia, que preside en la caridad.
En la Iglesia vive la presencia de Jesús resucitado por el misterio de la santidad, la gracia de los sacramentos, la Palabra inspirada, la comunión en la fe, la esperanza y la caridad, el testimonio, la continuidad de la misión, que se prolonga así como lo estableció el mismo Señor. A los apóstoles les confió el encargo de anunciar la salvación y bautizar a los que creen, y puso a su cabeza a Simón, al que llamó Pedro. Y esa tarea se cumple desde hace veinte siglos. Por eso la celebración de la solemnidad de San Pedro y San Pablo nos recuerda las palabras y gestos de Jesús mismo, que confió a Pedro ser Roca firme y estable, y nos señala que, a través de la figura de Pedro y de sus sucesores, se realiza hasta nuestros días, y lo hará hasta el fin de los tiempos, la obra salvadora en la Iglesia. La asociación de la solidez de la Piedra y el ardor de la transmisión paulina del mensaje evangélico tiene su punto de arraigo en la sede romana. Los Papas que se han sucedido, en diferentes situaciones y variados contextos, han sido los portadores de esa vocación que durará cuanto dure la Iglesia peregrina. La celebración litúrgica nos invita entonces a renovar con una actitud de fe nuestra adhesión al Sucesor de Pedro, hoy el Papa Benito XVI, a rogar a Dios por sus intenciones y a unirnos para colaborar con generosidad y disponibilidad con su ministerio universal, inspirado siempre en la doctrina y el ejemplo de los dos apóstoles.
En nuestra vida eclesial hemos recibido y seguimos recibiendo la guía y la inspiración que nos viene del Sumo Pontífice. De los tiempos recientes todos recordamos a Pío XII, cuyo magisterio fue tan rico y oportuno en una época de grandes cambios; al Beato Juan XXIII, con su bondad que le atrajo el cariño de todo el mundo y fue el instrumento de la Providencia para reunir el Concilio Vaticano II; a Pablo VI, que con serenidad y dulzura acompañó con autoridad el itinerario conciliar, manteniendo el espíritu de la renovación e invitando a profundizar el compromiso de los cristianos, para ser verdaderamente fieles en la comunión a su rico legado doctrinal y pastoral; a Juan Pablo I, con su paso fugaz pero iluminado por la gracia de su sencillez y alegría; al Beato Juan Pablo II, a quien todos recordamos, pues visitó dos veces la Argentina, y de quien recibimos, por su comunicatividad extraordinaria, el aliento para la fe vivida, de una manera que podía alcanzar a todos, aún a los más distantes.
El Papa Benito XVI es quien tiene ahora la misión de ser testigo apostólico y fundamento de la comunión de sus hermanos, los sucesores de los Doce. En la solemnidad de San Pedro y San Pablo hemos de orar muy especialmente por él, y disponernos siempre más a escuchar sus enseñanzas y a seguir sus orientaciones, para crecer en la vida cristiana y difundir el mensaje evangélico en todo el mundo. El domingo siguiente a la solemnidad, el 3 de julio, se realizará en todos los templos la Colecta para el Servicio universal de la Iglesia, que es enviada al Papa para atender a las numerosas ayudas que destina a favor de los afectados por diversas necesidades y carencias.
Este año en la fiesta de los Santos Apóstoles, el 29 de junio, el Papa celebra el 60º aniversario de su ordenación sacerdotal. Para conmemorar esta circunstancia, y ofrecer al Santo Padre un testimonio de cercanía espiritual y acompañar su misión pastoral con nuestra plegaria, se ha propuesto que en todas las diócesis se ofrezcan sesenta Horas de Adoración eucarística, en forma continua o distribuida durante el mes de junio, a favor de la santificación del clero y para obtener el don de nuevas y santas vocaciones.
Confiando a la intercesión de San Pedro y San Pablo la persona y el ministerio de nuestro Santo Padre el Papa, prestemos siempre oído atento a sus enseñanzas y afirmémonos con generosidad en la comunión con su Magisterio.
Con mucho afecto, los saluda y bendice,
Mons. Martín de Elizalde OSB, obispo de Nueve de Julio
(ZENIT) Con ocasión de la solemnidad del Corpus Christi, algunas Iglesias del orbe católico, como es el caso de España, celebran el Día de la caridad, poniendo de manifiesto la dimensión social de la Eucaristía que conjuga perfectamente el mandato del Señor: “Haced esto en memoria mía” con el imperativo “Dadles vosotros de comer”. Esto es, proyectarnos hacia la práctica de un amor activo y concreto con cada ser humano, como consecuencia del sacramento recibido. La caridad es la virtud más excelente, por la que somos reconocidos como discípulos de Jesús. Muchas cosas serán necesarias para el caminar histórico de la Iglesia en este nuevo milenio, pero si faltara la caridad (ágape) todo sería inútil (cf. Juan Pablo II, NMI nnº 49-50).
En la actualidad, sucede que mientras las instituciones y organizaciones de caridad y asistencia a los pobres de la Iglesia católica son muy reconocidas por la opinión pública, el termino caridad parece devaluado en una sociedad que vive de espalda a la concepción cristiana del Dios Amor (cf. Benedicto XVI, Deus Caritas est nnº 31-32).
Así pues, nos encontramos con los viejos tópicos de identificar caridad con paternalismo y actitudes similares, otros ven la caridad como contraposición a la justicia, ignorando que el amor que nace de la gracia divina supera las fronteras de la mera justicia distributiva. Por último, están los laicistas más radicales, los cuales manifiestan que la visión cristiana del amor al prójimo es un menosprecio de la dignidad humana en cuanto entienden que queda reducida a mero instrumento para demostrar el amor a Dios.
Estos desenfoques son productos, por una parte, la secularización de la vida cristiana que se da en algunos sectores de la Iglesia. Por otra, de la innegable animadversión cultural hacia la propuesta cristiana. De ahí, que estemos en tiempos de crecer en interioridad y dejar a un lado los complejos y temores frente a una modernidad atea; apostando valientemente por aquello que es esencial en el cristianismo: la caridad.
La fe en el “Dios que es Amor, predica Amor, y envía Amor”, crea en nosotros el amor con que amamos a Dios y al prójimo. Como dice San Juan: “Él nos amó primero” (1Jn 4,10). Este amor “no nace de la carne o de la sangre”, ni es fruto de nuestros actos, sino que es un don de Dios. Ello, no nos aparta de la amistad con los hombres, sino que, por el contrario, nos lleva necesariamente a ella, generando nuevas y primordiales exigencias. Por eso mismo, amamos a nuestros semejantes no por lo que tienen o por su grupo de pertenencia o por sus carencias, del tipo que sean; les amamos porque son imagen y presencia privilegiada de Dios en lo que constituye su ser personal.
En la conocida parábola del Buen samaritano (Cf. Lc 10, 25-37), el Divino Maestro deja claro que el prójimo -¡el próximo!- no es solamente el compatriota, sino todo hombre, sin límite de raza ni religión. No es quien más lo merece, sino quien más necesita de nosotros. No son las personas que escogemos, sino las que el Señor pone cada momento en nuestras vidas. No son sólo los seres queridos, a los que de hecho nos hallamos cercanos, es todo hombre con el que nos crucemos. Es a este ser humano concreto, al que debemos acoger y socorrer como hermano.
Esta es la caridad que debe empapar las actuaciones de cualquier bautizado, cuánto más la de los sacerdotes, consagrados y la de todo colaborador social cristiano. Porque se presenta como el único modo de amar al otro por lo que realmente es y le constituye esencialmente en su verdad más profunda.
Además, no se debería olvidar que desde Jesucristo el amor a nuestros semejantes tiene un “plus” de humanidad porque la caridad cristiana alcanza hasta amar incluso a nuestros enemigos: “porque, si amáis a los que os aman, ¿Qué recompensa merecéis? ¿No hacen también eso los publicanos?” (Mt 5,46). ¿Hay un amor más noble y sublime que aquel que nos ha traído Cristo, Caridad del Padre?
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*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los jóvenes de San Marino-Montefeltro, a quienes encontró en la plaza de la catedral de Pennabilli (Rímini) en la tarde del domingo 19 de Junio de 2011.
¡Queridos jóvenes!
Estoy muy contento de estar hoy entre vosotros y con vosotros. Siendo toda vuestra alegría y el entusiasmo que caracterizan vuestra edad. Saludo y doy las gracias a vuestro obispo, monseñor Luigi Negri, por las cordiales palabras de acogida, y a vuestro amigo que se ha hecho intérprete de los pensamientos y los sentimientos de todos, y que ha formulado algunas preguntas muy serias e importantes. Espero que en el transcurso de esta exposición mía se hallen también los elementos para encontrar las respuestas a estas preguntas. Saludo con afecto a los sacerdotes, a las religiosas, a los animadores que comparten con vosotros el camino de la fe y de la amistad; y naturalmente también a vuestros padres, que gozan al veros crecer fuertes en el bien.
Nuestro encuentro aquí en Pennabilli, ante esta catedral, corazón de la diócesis, y en esta Plaza, nos remite con el pensamiento a los numerosos y diversos encuentros de Jesús que nos narran los evangelios. Hoy quisiera recordar el célebre episodio en el que el Señor estaba en camino y uno – un joven – corrió a su encuentro y, arrodillándose, le planteó esta pregunta: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?" (Mc 10,17). Nosotros hoy quizás no lo diríamos así, pero el sentido de la pregunta es precisamente: qué tengo que hacer, cómo debo vivir para vivir realmente, para encontrar la vida. Por tanto, dentro de este interrogante podemos ver contenida la amplia y variada experiencia humana que se abre en busca del significado, del sentido profundo de la vida: cómo vivir, para qué vivir. La “vida eterna”, de hecho, a la que hace referencia ese joven del Evangelio no indica solamente la vida después de la muerte, no quiere sólo saber cómo llegar al cielo. Quiere saber: cómo debo vivir ahora para tener ya la vida que después podrá ser eterna. Por tanto en esta pregunta este joven manifiesta la exigencia de que la existencia cotidiana encuentre sentido, encuentre plenitud, encuentre verdad. El hombre no puede vivir sin esta búsqueda de la verdad sobre sí mismo – qué soy, para qué debo vivir – verdad que empuje a abrir el horizonte y a ir más allá de lo material, no para huir de la realidad, sino para vivirla de modo aún más verdadero, más rico de sentido y de esperanza, y no sólo en la superficialidad. Y creo que ésta – y lo he visto y oído en las palabras de vuestro amigo – es también vuestra experiencia. Los grandes interrogantes que llevamos dentro de nosotros permanecen siempre, renacen siempre: ¿quienes somos?, ¿de dónde venimos? ¿para qué vivimos? Y estas preguntas son el signo más alto de la trascendencia del ser humano y de la capacidad que tenemos de no quedarnos en la superficie de las cosas. Y es precisamente mirándonos a nosotros mismos con verdad, con sinceridad y con valor como intuimos la belleza, pero también la precariedad de la vida, y sentimos una insatisfacción, una inquietud que nada concreto consigue llenar. Al final, todas las promesas se muestran a menudo insuficientes.
Queridos amigos, os invito a tomas conciencia de esta sana y positiva inquietud, a no tener miedo de plantearos las preguntas fundamentales sobre el sentido y el valor de la vida. No os quedéis en las respuestas parciales, inmediatas, ciertamente más fáciles en el momento y más cómodas, que pueden dar algún momento de felicidad, de exaltación, de ebriedad, pero que no dan la verdadera alegría de vivir, la que nace de quien construye – como dice Jesús – no sobre la arena sino sobre la sólida roca. Aprended entonces a reflexionar, a leer de modo no superficial, sino en profundidad vuestra experiencia humana: ¡descubriréis, con sorpresa y con alegría, que vuestro corazón es una ventana abierta al infinito! Esta es la grandeza del hombre y también su dificultad. Una de las ilusiones producidas en el curso de la historia es la de pensar que el progreso técnico-científico, de modo absoluto, habría podido dar respuestas y soluciones a todos los problemas de la humanidad. Y vemos que no es así. En realidad, aunque eso hubiese sido posible, nada ni nadie habría podido borrar las preguntas más profundas sobre el significado de la vida y de la muerte, sobre el significado del sufrimiento, de todo, porque estas preguntas están inscritas en el alma humana, en nuestro corazón, y sobrepasan la esfera de las necesidades. El hombre, también en la era del progreso científico y tecnológico – que nos ha dado tanto – sigue siendo un ser que desea más, más que la comodidad y el bienestar, sigue siendo un ser abierto a la verdad entera de la existencia, que no puede detenerse en las cosas materiales, sino que se abre a un horizonte mucho más amplio. Todo esto vosotros lo experimentáis continuamente cada vez que os preguntáis: ¿pero por qué? Cuando contempláis un ocaso, o una música mueve en vosotros el corazón y la mente; cuando experimentáis qué significa amar de verdad; cuando sentís fuertemente el sentido de la justicia y de la verdad, y cuando sentís también la falta de justicia, de verdad y de felicidad.
Queridos jóvenes, la experiencia humana es una realidad que nos une a todos, pero a ésta se pueden dar diversos niveles de significado. Y es aquí donde se decide de qué forma orientar la propia vida y se elige a quién confiarla, a quién confiarse. El riesgo es siempre el de permanecer prisioneros en el mundo de las cosas, de lo inmediato, de lo relativo, de lo útil, perdiendo la sensibilidad por lo que se refiere a nuestra dimensión espiritual. No se trata en absoluto de despreciar el uso de la razón o de rechazar el progreso científico, al contrario; se trata más bien de comprender que cada uno de nosotros no está hecho sólo de una dimensión "horizontal", sino que comprende también la "vertical". Los datos científicos y los instrumentos tecnológicos no pueden sustituir al mundo de la vida, a los horizontes del significado y de la libertad, a la riqueza de las relaciones de amistad y de amor.
Queridos jóvenes, es precisamente en la apertura a la verdad entera de nosotros, de nosotros mismos y del mundo donde advertimos la iniciativa de Dios hacia nosotros. Él sale al encuentro de cada hombre y le hace conocer el misterio de su amor. En el Señor Jesús, que murió por nosotros y nos ha dado el Espíritu Santo, hemos sido hechos incluso partícipes de la vida misma de Dios, pertenecemos a la familia de Dios. En Él, en Cristo, podéis encontrar las respuestas a las preguntas que acompañan vuestro camino, no de modo superficial, fácil, sino caminando con Jesús, viviendo con Jesús. El encuentro con Cristo no se resuelve en la adhesión a una doctrina, a una filosofía, sino que lo que Él os propone es compartir su misma vida, y así aprender a vivir, aprender qué es el hombre, qué soy yo. A ese joven, que le había preguntado qué hacer para entrar en la vida eterna, es decir, para vivir de verdad, Jesús le responde, invitándolo a separarse de sus bienes y añade: "¡Ven! ¡Sígueme!" (Mc 10,21). La palabra de Cristo muestra que vuestra vida encuentra significado en el misterio de Dios, que es Amor: un Amor exigente, profundo, que va más allá de la superficialidad. ¿Qué sería de vuestra vida sin ese amor? Dios cuida del hombre desde la creación hasta el final de los tiempos, cuando llevará a cumplimiento su proyecto de salvación. En el Señor Resucitado tenemos la certeza de nuestra esperanza. Cristo mismo, que descendió a las profundidades de la muerte y está resucitado, es la esperanza en persona, es la Palabra definitiva pronunciada sobre nuestra historia, es una palabra positiva.
No temáis afrontar las situaciones difíciles, los momentos de crisis, las pruebas de la vida, porque el Señor os acompaña, está con vosotros. Os animo a crecer en la amistad con Él a través de la lectura frecuente del Evangelio y de toda la Sagrada Escritura, la participación fiel en la Eucaristía como encuentro personal con Cristo, el compromiso dentro de la comunidad eclesial, el camino con un guía espiritual válido. Transformados por el Espíritu Santo podréis experimentar la auténtica libertad, que es tal cuando está orientada al bien. De este modo vuestra vida, animada por una continua búsqueda del rostro del Señor y por la voluntad sincera de donaros a vosotros mismos, será para muchos coetáneos vuestros un signo, una llamada elocuente a hacer que el deseo de plenitud que está en todos nosotros se realice finalmente en el encuentro con el Señor Jesús. ¡Dejad que el misterio de Cristo ilumine toda vuestra persona! Entonces podréis llevar en los diversos ambientes esa novedad que puede cambiar las relaciones, las instituciones, las estructuras para construir un mundo más justo y solidario, animado por la búsqueda del bien común. ¡No cedáis a lógicas individualistas y egoístas! Que os conforte el testimonio de tantos jóvenes que han llegado a la meta de la santidad: pensad en santa Teresa del Niño Jesús, santo Domingo Savio, santa Maria Goretti, el beato Pier Giorgio Frassati, el beato Alberto Marvelli – que es de esta tierra – y tantos otros, desconocidos para nosotros, pero que vivieron su tiempo en la luz y en la fuerza del Evangelio y que encontraron la respuesta: cómo vivir, qué tengo que hacer para vivir.
Como conclusión de este encuentro, quiero confiar a cada uno de vosotros a la Virgen María, Madre de la Iglesia. Que como ella, podáis pronunciar y renovar vuestro “sí” y proclamar siempre la grandeza del Señor con vuestra vida, porque Él os da palabras de vida eterna. Ánimo entonces, queridos y queridas, en vuestro camino de fe y de vida cristiana también yo estoy siempre cerca de vosotros y os acompaño con mi Bendición. ¡Gracias por vuestra atención!
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (18 de junio de 2011). (AICA)
Más allá del significado circunstancial que pueda tener hablar de un Día del Padre, su persona lo merece. Su figura forma parte de esas relaciones primarias que hablan de nuestro origen y hacen a la realidad social de nuestra vida. Paternidad, maternidad, filiación y fraternidad evocan esa realidad única y personal que nos define socialmente. Ella pertenece a ese “humus” del que provenimos y nos da identidad. Hoy queremos festejarlos y agradecerles, aún sabiendo que su persona no nos determina de un modo absoluto, dado que con nuestra libertad nos engendramos a nosotros mismos.
Sin embargo, en esta misma autonomía reconocemos su protagonismo en el don de la vida. Nuestro hoy seria impensable sin ellos. Qué importante cuando su presencia o recuerdo es fuente de riqueza y sabiduría, y que triste, en cambio, cuando su figura se va desdibujando. Hay algo que es propio en la responsabilidad de ser padre, pero también nos cabe a nosotros valorar su tarea como la sociedad sostener su misión.
La paternidad trasciende la dimensión meramente biológica de la procreación, por ella pasa la genealogía de una persona que tiene su inicio en Dios. Toda paternidad tiene su fundamento en Dios. Esto no disminuye su grandeza, por el contrario, la hace partícipe de un acto creador único y personal de Dios. La fe no niega el valor humano de la paternidad, sino que le da un sentido que la trasciende y enriquece, porque la contempla desde la verdad profunda de lo que es: “Los padres, como ministros de la vida, nunca deben olvidar que la dimensión espiritual de la procreación merece una consideración superior a la reservada a cualquier otro aspecto” (Compendio Doctrina Social de la Iglesia, 237).
Esta conciencia y esta realidad la percibimos, particularmente en la catequesis familiar, cuando vemos los frutos de aquellos padres que asumen su responsabilidad y acompañan a sus hijos en la Iniciación Cristiana; la paternidad alcanza en ellos, un nivel de realización espiritual.
La paternidad, como la maternidad, tiene la riqueza del don y la sabiduría del olvido de uno mismo: “El deseo de paternidad no justifica ningún derecho al hijo, en cambio, son evidentes los derechos del hijo, incluso de quien aún no ha nacido, al que se deben garantizar las mejores condiciones de existencia, mediante la estabilidad de la familia fundada sobre el matrimonio y la complementariedad de las dos figuras, paterna y materna” (Compendio, 235). No siempre se dan las condiciones ideales de una familia, pero siempre debe estar presente la verdad del misterio de la vida y el significado de la mediación de la paternidad y maternidad.
Que triste la ausencia del padre en la vida y la formación del hijo, es un derecho que reclama y necesita. Cuántas veces la imagen de Dios Padre, que es fundamento de toda paternidad, sana estas heridas y suple su ausencia. La presencia de Dios es garantía para el niño de saberse amado y nunca abandonado. Les diría a los padres en su Día que Dios los ama y sostiene, y que es la fuerza que da sentido a la vocación que están llamados a vivir.
Quiero unir a mi afecto mis oraciones por ustedes, que en este día van a ser festejados en sus familias. También tengo presente a aquellos que ya no están, pero que nos han dejado con su vida un testimonio que nos acompaña. Reciban de su Obispo que los valora, mi bendición en el Señor Jesús y Nuestra Madre de Guadalupe.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
ZENIT nos ofrece la homilía que Benedicto XVI pronunció al presidir la celebración eucarística en el estadio olímpico de Serravalle, durante la visita que realizó el domingo 19 de Junio de 2011 a San Marino.
Queridos hermanos y hermanas:
Es grande mi alegría poder partir con ustedes el pan de la palabra y el pan de la Eucaristía y poder dirigirles, queridos Sanmarineses, mi más cordial saludo. Dirijo un pensamiento especial a los Capitanes Regentes y a las autoridades políticas y civiles, presentes en esta celebración eucarística; saludo con afecto a su Obispo, Mons. Luigi Negri, al que le agradezco por las corteses palabras que me ha dirigido, y con él a todos los sacerdotes y fieles de la diócesis de San Marino-Montefeltro; saludo a cada uno de ustedes y les expreso el más vivo reconocimiento por la cordialidad y el afecto con el que me recibieron. He venido para compartir con ustedes las alegrías y esperanzas, fatigas y empeños, ideales y aspiraciones de esta comunidad diocesana. Se que también aquí no faltan dificultades y preocupaciones. a todos quiero asegurar mi cercanía y mi recuerdo en la oración, a la que uno mi aliento a que perseveren en el testimonio de los valores cristianos, tan profundamente radicados en la fe y en la historia de este territorio y de la población.
Celebramos hoy la fiesta de la Santísima Trinidad: Dios Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. Cuando se piensa en la Trinidad generalmente viene a la mente el aspecto del misterio: son Tres y son Uno, un solo Dios en tres Personas. En cambio, la liturgia de hoy llama nuestra atención sobre la realidad de amor contenida en este primer y supremo misterio de nuestra fe. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno, porque Dios es amor: el padre da todo al Hijo; el Hijo recibe todo del Padre con reconocimiento; y el Espíritu Santo es como el fruto de este amor recíproco del Padre y del Hijo. Los textos de la Santa Misa de hoy hablan propiamente del amor. No se detienen tanto sobre las tres personas divinas -solo una frase en la segunda lectura las menciona- sino sobre el amor que constituye la sustancia. La Unidad y la Trinidad al mismo tiempo.
El primer fragmento que hemos escuchado, extractado del Libro del Éxodo y sobre el cual me detuve en una reciente catequesis del miércoles, es sorprendente, porque la revelación del amor de Dios sucede después de un gravísimo pecado del pueblo. Apenas se ha concluido el pacto de alianza en el monte Sinaí, el pueblo ya falta a la fidelidad a Dios. La ausencia de Moisés se prolonga y el pueblo pide a Aarón que haga un Dios que sea visible, accesible, maniobrable, a la medida del hombre. Aaron consiente, y prepara el becerro de oro. Descendiendo del Sinaí, Moisés ve lo que ha sucedido y rompe las tablas de la alianza, dos piedras sobre las que estaban escritas las "Diez Palabras", el contenido concreto del pacto con Dios. Todo parece perdido, la amistad rota. Sin embargo, no obstante este gravísimo pecado del pueblo, Dios, por la intercesión de Moisés, decide perdonar e invita a Moisés a volver a subir al monte par recibir de nuevo su ley, los diez Mandamientos. Moisés pide ahora a Dios que se revele, que le haga ver su rostro. Pero Dios no muestra el rostro, revela mas bien estar lleno de bondad con estas palabras: "El Señor, Dios misericordioso y piadoso, lento a la cólera y rico en amor y fidelidad" (Ex 34,8). Esta auto definición de Dios manifiesta su amor misericordioso: un amor que vence el pecado, lo cubre, lo elimina. No puede hacernos revelación mas clara. Nosotros tenemos un Dios que renuncia a destruir al pecador y que quiere manifestar su amor todavía de manera más profunda y sorprendente propiamente frente al pecador para ofrecer siempre la posibilidad de la conversión y del perdón.
El Evangelio completa esta revelación, porque indica hasta qué punto Dios ha mostrado su misericordia. El evangelista Juan refiere esta expresión de Jesús: Dios amó tanto al mundo hasta darle a su propio Hijo unigénito, para que aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga la vida eterna" (3,16). En el mundo hay mal, egoísmo, maldad y Dios podría venir para juzgar al mundo, para destruir el mal, para castigar a aquellos que obran en las tinieblas. En cambio Él muestra que ama al mundo, que ama al hombre, no obstante su pecado, y envía lo más precioso que tiene: su Hijo unigénito. Y no sólo Lo envía, sino que lo dona al mundo. Jesús es el Hijo de Dios que ha nacido para nosotros, que ha vivido para nosotros, que ha curado a los enfermos, perdonado los pecados, recibido a todos. Respondiendo al amor que viene del Padre, el Hijo ha dado su misma vida por nosotros: sobre la cruz el amor misericordioso de Dios alcanza el culmen. Y es sobre la cruz que el Hijo de Dios nos obtiene la participación la vida eterna, que nos viene comunicada con el don del Espíritu Santo. Así en el misterio de la cruz están presentes las tres Personas divinas: el Padre, que dona a su Hijo unigénito para la salvación del mundo; el Hijo, que cumple hasta el fondo el designio del Padre; el Espíritu Santo -infundido por Jesús en el momento de la muerte- que viene a hacernos participes de la vida divina, a transformar nuestra existencia, para que sea animada por el amor divino.
Queridos hermanos y hermanas! La fe en el Dios trinitario ha caracterizado también esta Iglesia de San Marino Montefeltro, en el curso de su historia antigua y gloriosa. La evangelización de esa tierra es atribuida a los santos Marino y León, los cuales en la mitad del siglo II después de Cristo habrían desembarcado en Rimini desde la Dalmacia. Por su santidad de vida fueron consagrados uno sacerdote y el otro diácono por el obispo Gaudencio y por él enviados tierra adentro, uno sobre el monte Féretro, que después toma el nombre de San Leo, y el otro sobre el monte Titano, que después toma el nombre de San Marino. Mas allá de las cuestiones históricas -que no es nuestra tarea profundizar en este momento- interesa afirmar como Marino y León trajeron en el contexto de esta realidad local, con la fe en el Dios revelado en Jesucristo, prospectivas y valores nuevos, determinando el nacimiento de una cultura y de una civilización centradas en la persona humana, imagen de Dios y por esto portador de derechos precedentes a toda jurisdicción humana. La variedad de las diversas etnias -romanos, (GOTI) y pueblos longobardos - que entran en contacto entre ellos, algunas veces también de modo conflictivo, encontraron en la común referencia a la fe un factor potente de edificación ética, cultural, social y, de algún modo, política. Era evidente a sus ojos que no podía realizase un proyecto de civilización hasta que todos los componentes del pueblo no llegaran a ser una comunidad cristina viviente bien estructurada. Con razón, pues, se puede decir que la riqueza de este pueblo, la riqueza de ustedes, queridos Sanmarinenses, fue y es la fe, y que esta fe ha creado una civilización verdaderamente única. Junto a la fe es necesario después recordar la absoluta fidelidad al obispo de Roma, al cual esta Iglesia siempre ha mirado con devoción afecto; como también la atención demostrada hacia la gran tradición de la Iglesia oriental y la profunda devoción a la Virgen María.
Ustedes están justamente orgullosos y reconocen cuanto el Espíritu Santo obró a través de los siglos en su Iglesia. Pero ustedes saben también que el mejor modo de apreciar una herencia es cultivarla y de enriquecerla. En realidad ustedes están llamados a desarrollar este precioso depósito en uno de los momentos más decisivos de la historia. Hoy, esta misión tiene que enfrentarse con profundas y rápidas transformaciones culturales, sociales y políticas, que han determinado nuevas orientaciones y han modificado la mentalidad, costumbres y la sensibilidad. También aquí de hecho, como en otros lugares, no faltan dificultades y obstáculos, debido sobre todo a modelos hedonísticos que ofuscan la mente y amenazan con anular toda moralidad. Se ha insinuado la tentación de considerar que la riqueza del hombre no es la fe, sino su poder personal y social, su inteligencia, su cultura y su capacidad de manipulación científica, tecnológica y social de la realidad. Así, también en esta tierra, se ha empezado a sustituir la fe y los valores cristianos por presuntas riquezas, que se revelan, al final, inconsistentes e incapaces de sostener la gran promesa de lo verdadero, del bien, de lo bello y justo que por siglos sus mayores han identificado con la experiencia de la fe. No van olvidadas las crisis de no pocas familias, agravada por la difusa fragilidad psicológica y espiritual de los cónyuges, como también la fatiga experimentada por muchos educadores en el obtener continuidad formativa en los jóvenes, condicionados por múltiples precariedades, la primera entre todas aquella del rol social y de la posibilidad de trabajo.
¡Queridos amigos! Conozco bien el empeño de cada componente de esta Iglesia particular para promover la vida cristiana en sus diversos aspectos. Exhorto a todos los fieles a ser como fermento en el mundo, mostrándose, sea en Montefeltro como en San Marino, como cristianos presentes, decididos y coherentes. Los Sacerdotes, los Religiosos y las Religiosas vivan siempre en la más cordial y efectiva comunión eclesial, ayudando y escuchando al Pastor diocesano. También entre ustedes se advierte la urgencia de una recuperación de las vocaciones sacerdotales y de especial consagración: hago este llamado a las familias y a los jóvenes, para que abran el ánimo a una pronta respuesta a la llamada del Señor. ¡No nos arrepentimos jamás de ser generosos con Dios! A ustedes laicos les recomiendo empeñarse activamente en la Comunidad, de modo que, junto a sus peculiares obligaciones cívicas, políticas, sociales y culturales, puedan encontrar tiempo y disponibilidad para la vida pastoral. ¡Queridos Sanmarinenses! Permanezcan firmemente fieles al patrimonio construido en los siglos sobre el impulso de sus grandes Patronos, Marino y León. Invoco la bendición de Dios sobre su camino de hoy y de mañana y a todos los encomiendo "a la gracia del Señor Jesucristo, al amor de Dios y a la comunión del Espíritu Santo" (2Cor 13,11). ¡Amén!
[Traducción del original italiano por Guillermo Ortiz, SJ - Radio Vaticano
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ZENIT nos ofrece el discurso que Benedicto XVI pronunció en la tarde del domingo 19 de Junio de 2011 en el Palacio Público de San Marino, durante el encuentro que mantuvo con los miembros del Gobierno, del Congreso y del cuerpo diplomático acreditado ante la República de San Marino.
¡Serenísimos Capitanes Regentes, ilustres Señores y Señoras!
Os agradezco con emoción el recibimiento; de manera particular expreso mi reconocimiento a los Capitanes Regentes, también por las amables palabras que me han dirigido. Saludo a los Miembros del Gobierno y del Congreso, así como al Cuerpo diplomático y a todas las demás Autoridades aquí reunidas. Al dirigirme a vosotros, abrazo idealmente al pueblo entero de San Marino. Desde su nacimiento, esta República ha mantenido cordiales relaciones con la Sede Apostólica, y en los últimos tiempos ellas se han ido intensificando y consolidando; mi presencia aquí, en el corazón de esta antigua República, expresa y confirma esta amistad.
Hace mas de diecisiete siglos, conquistados al Evangelio por las predicaciones del diácono Marino y por su testimonio de santidad, un grupo de fieles se congregó en torno a él para dar vida a una nueva comunidad. Recogiendo esta preciosa herencia, los Sanmarinenses habéis permanecido siempre fieles a los valores de la fe cristiana, anclando sólidamente a ellos la propia convivencia pacifica, según criterios de democracia y de solidaridad. A través de los siglos, vuestros padres, conscientes de estas raíces cristianas, han sabido hacer fructificar el gran patrimonio moral y cultural que a su vez habían recibido, dando vida a un pueblo laborioso y libre, que, a pesar de lo exiguo del territorio, no ha dejado de ofrecer a las confinantes poblaciones de la Península italiana y al mundo entero una especifica contribución de civilización, caracterizada por la convivencia pacifica y el mutuo respeto.
Dirigiéndome hoy a vosotros, me alegro por el apego a este patrimonio de valores, y os exhorto a conservarlo y a valorarlo, porque se encuentra en la base de vuestra identidad mas profunda, una identidad que pide a la gente y a las instituciones sanmarinenses ser asumida en plenitud. Gracias a ella, se puede construir una sociedad atenta al verdadero bien de la persona humana, a su dignidad y libertad, y capaz de salvaguardar el derecho de todo pueblo a vivir en paz. Son estos los cimientos de la sana laicidad, en el interior de la cual deben actuar las instituciones civiles, en su constante compromiso en defensa del bien común. La Iglesia, respetuosa de la legítima autonomía de la que el poder civil debe gozar, colabora con él, al servicio del hombre, en la defensa de sus derechos fundamentales, de aquellas instancias éticas que están inscritas en su misma naturaleza. Por eso la Iglesia se compromete para que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural. Además, pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo. De hecho, sabemos bien, que en el contexto actual la institucional familiar se pone en tela de juicio, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales mas débiles, especialmente las jóvenes generaciones, mas vulnerables y por eso mas fácilmente expuestas a la desorientación, a situaciones de automarginación y a la esclavitud de las dependencias. A veces las realidades educativas se afanan en dar a los jóvenes respuestas adecuadas y, disminuyendo el apoyo familiar, a menudo estos se ven con obstáculos para una normal inserción en el tejido social. También por eso es importante reconocer que la familia, tal como Dios la ha constituido, es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer madurar personas libres y responsables, formadas en valores profundos y perennes.
En el trance de dificultades económicas en el que se encuentra también la Comunidad Sanmarinense, en el contexto italiano e internacional, la mía quiere ser una palabra de aliento. Sabemos que los años sucesivos al segundo conflicto mundial han sido un tiempo de estrechez económica, que ha obligado a miles de vuestros conciudadanos a emigrar. Ha venido después un periodo de prosperidad, sobre las huellas del desarrollo del comercio y del turismo, especialmente el estival favorecido por la cercanía de la costa adriática.
En estas fases de relativa abundancia a menudo se verifica una cierta pérdida del sentido cristiano de la vida y de los valores fundamentales. Sin embargo, la sociedad Sanmarinense manifiesta todavía una buena vitalidad y conserva sus mejores energías; lo prueban múltiples iniciativas caritativas y de voluntariado a las que se dedican numerosos conciudadanos vuestros. Quisiera también recordar a los numerosos misioneros sanmarinenses, laicos y religiosos, que en las últimas décadas han dejado esta tierra para llevar el Evangelio de Cristo a varias partes del mundo. No faltan por tanto las fuerzas positivas que permitirán a vuestra Comunidad enfrentar y superar la actual situación de dificultad. Con tal propósito, auspicio que la cuestión de los trabajadores fronterizos, que ven en peligro la propia ocupación, se pueda resolver teniendo en cuenta el derecho al trabajo y la tutela de las familias.
También en la República de San Marino, la situación actual de crisis impulsa a volver a proyectar el camino y se vuelve ocasión de discernimiento (cfr Enc Caritas in veritate, 21); en efecto, pone a todo el tejido social ante la impelente exigencia de afrontar los problemas con valentía y sentido de responsabilidad, con generosidad y dedicación, haciendo referencia a aquel amor a la libertad que distingue a vuestro pueblo.
En este contexto, quisiera repetiros las palabras que dirigió el Beato Juan XXIII a los Regentes de la República de San Marino, durante una visita oficial que ellos realizaron a la Santa Sede:
«El amor a la libertad – decía mi Predecesor – tiene entre vosotros exquisitamente raíces cristianas y vuestros padres, percibiendo su verdadero significado, os enseñaron a no separar nunca su nombre del de Dios, que es su fundamento insustituible» (Discurso, Mensajes, Coloquios del Santo Padre Juan XXIII, I, 341-343: AAS 60 (1959), 423-424).
Esta advertencia conserva aún hoy su valor imperecedero: la libertad que las instituciones están llamadas a promover y a defender en el ámbito social, manifiesta una más grande y profunda, aquella libertad animada por el Espíritu de Dios, cuya presencia vivificante en el corazón del hombre da a la voluntad la capacidad de orientarse y de decidirse por el bien. Como afirma el apóstol Pablo: “Pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece” (Fil 2,13). Y san Agustín, comentando este pasaje subraya: “Es cierto que somos nosotros los que queremos, cuando queremos; pero el que hace que queramos el bien es Él”, es Dios, y añade: “Por el Señor serán dirigidos los pasos del hombre y el hombre querrá seguir su camino” (De gratia et libero arbitrio, 16, 32).
A vosotros, por tanto, Señores y Señoras, os corresponde la tarea de construir la ciudad terrenal en la debida autonomía y en el respeto de aquellos principios humanos y espirituales a los que cada ciudadano está llamado a adherirse con toda la responsabilidad de su propia conciencia personal; y, al mismo tiempo, el deber de seguir obrando activamente para construir una comunidad fundada en valores compartidos.
Serenísimos Capitanes Regentes e ilustres autoridades de la República de San Marino, expreso de corazón el anhelo de que toda su Comunidad, en la comunión de los valores civiles y con sus específicas peculiaridades culturales y religiosas, pueda escribir una nueva y noble página de historia y sea cada vez más una tierra en la que prosperen la solidaridad y la paz. Con estos sentimientos encomiendo a este amado pueblo a la maternal intercesión de la Virgen de las Gracias y de corazón invoco sobre todos y cada uno la Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT nos ofrece a continuación las palabras con las que el Papa introdujo la oración del Ángelus el domingo 19 de Junio de 2011 en el estadio olímpico de Serravalle, al final de la celebración eucarística que celebró allí con miles de personas, durante la visita que esta realizando hoy a la República de San Marino.
Queridos hermanos y hermanas, mientras nos preparamos para concluir esta celebración, la hora del mediodía nos invita a dirigirnos en oración a la Virgen María. También en esta tierra, nuestra Madre Santísima es venerada en diversos Santuarios, antiguos y modernos. A ella le confío a todos vosotros y a toda la población de San Marino y Montefeltrina, de manera particular a las personas que sufren en el cuerpo y en el espíritu. Un pensamiento de especial reconocimiento dirijo en este momento a todos los que han cooperado en la preparación y organización de esta visita mía. ¡Gracias de corazón!
Estoy contento de recordar que este día en Dax, en Francia, es proclamada Beata Sor Margarita Rutan, Hija de la Caridad. En la segunda mitad del siglo XVIII, ella trabajó con gran compromiso en el Hospital de Dax, en las trágicas persecuciones que siguieron a la Revolución, fue condenada a muerte por su fe católica y la fidelidad a la Iglesia.
[En francés, dijo:]
Participo espiritualmente en la alegría de las Hijas de la Caridad y de todos los fieles que, en Dax, participan en la Beatificación de Sor Margarita Rutan, testimonio luminoso del amor de Cristo a los pobres.
[Continuando en italiano, dijo:]
Finalmente, deseo recordar que mañana se celebra la Jornada Mundial del Refugiado. En esta circunstancia, este año se celebra el sexagésimo aniversario de la adopción de la Convención internacional que tutela a cuantos son perseguidos y obligados a huir de sus propios países. Invito por tanto a las autoridades civiles y a toda persona de buena voluntad a garantizar acogida y dignas condiciones de vida a los refugiados, en espera de que puedan volver a la patria libremente y con seguridad.
[Traducción del original italiano por Patricia Navas
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica el comentario al Evangelio del domingo decimoquinto del tiempo ordinario (Mateo 13, 1-23), 10 de julio, que ha redactado monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo.
Evangelio del domingo: La semilla de Dios en mi libertad
Este domingo se nos habla de semillas, de lluvia que las riegan, de libertad que permite que sencillamente sean. Acaso para nuestra cultura tecnificada y asfáltica, puede que nos venga raro o lejano el discurso, pero vale la pena asomarse a él humildemente, como quien puede y quiere aprender algo que nos corresponde de veras. Cuando el hombre se abre al don de Dios manifestado en su Palabra, ceden las esclavitudes y saltan nuestras cadenas, y empezamos a ser en verdad hijos de Dios como nos dice la segunda lectura (Rom 8,18-23). No siempre la libertad del hombre está abierta al don de Dios, por eso existe un gemido, una tristeza, una frustración que nos vela la gloria para la cual hemos sido hechos.
La Gracia de Dios es como la lluvia, nos dibuja bellamente Isaías en la primera lectura, pero si nuestros cauces de absorción están embotados, cerrados a cal y canto, Él respetará delicadamente nuestra cerrazón y ni siquiera nos humedecerá el más grande de los torrentes, por más que Dios quiera empaparnos. Este es el plan de Dios, su proyecto y su deseo. Pero Él no lo impone, sino que lo propone, dejando la última palabra a nuestra libertad. Tremendo misterio y responsabilidad.
Así se entiende esta parábola que Jesús mismo explica a sus discípulos. La semilla es la misma, pero los terrenos de acogida no. Y aquí está la cuestión, como plásticamente va desgranando la parábola: no entender la Palabra de Dios porque no nos ha calado (la semilla que cae en el camino); no cuidar eso que se ha entendido ya pero que no nos ha llegado hasta el fondo de nuestro corazón (la que cae en terreno pedregoso); pretender escuchar al mismo tiempo a Dios y a otros que contra Él hablan, yéndonos al final tras los seductores de turno haciendo así estéril lo que el Señor sembró en nosotros (lo sembrado entre zarzas).
Pero también existe el terreno humilde, que acoge con sencillez, aunque sea lento e incluso torpe en asimilar. Importa menos la celeridad y la cantidad del fruto (unos dan ciento, otros sesenta, otros treinta por uno), lo único importante es haber acogido esa semilla de su Palabra y que nos fecundice. ¿No quiere Dios sembrarse en nosotros para en nosotros fructificar otra vez el don de la paz y de la gracia, el de la luz y la misericordia, el del perdón y la alegría... todos esos frutos que nuestro amado mundo no consigue fabricarse y que sin embargo necesita más que nunca? ¡Qué hermosa es la vida de tanta gente sencilla que sin troníos ni alharacas se han dejado fecundar por Dios, por su lluvia y su semilla! El pueblo nuevo de Dios es un pueblo que huele a tierra mojada de la que nacerá en libertad ese mundo según el corazón de Dios. Basta no cerrarse. Basta creerlo, acogerlo y compartirlo. Ojalá tengamos oídos para oír, corazón para acoger y manos para compartir la semilla de cuanto Él hace y dice en nuestra pequeñez.
Reflexión a las lecturas del domingo quince del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".
ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 15 del T. Ordinario A
Queridos amigos y amigas:
La escena que nos presenta el Evangelio de este domingo no puede ser más hermosa: ¡Jesús que sale de casa a enseñar…!
Y se reúne tanta gente, que tiene que subirse a una barca y, desde la barca, les habla con un lenguaje sencillo, que pueden entender todos. ¡Qué escena, que cuadro más hermoso! ¿No te lo imaginas?: Jesús desde la barca enseñando a una multitud.
Y el texto evangélico añade: “Les habló mucho rato en parábolas”, es decir, comparaciones sencillas que todo el mundo entiende y al, mismo tiempo -¡qué misterio!- en las que “los sabios y entendidos” tropiezan porque “miran sin ver y escuchan sin oír ni entender”.
Estos domingos el Evangelio de S. Mateo nos va presentando las “parábolas del Reino” que suelen comenzar diciendo: “El reino de los cielos se parece a…”
La parábola de este domingo es la del “Sembrador”. Un texto verdaderamente hermoso.
Se imagina el Señor un agricultor que, que sale a sembrar… Y al echar la semilla, cae en diversos tipos de tierra: al borde del camino, en terreno pedregoso, entre zarzas, en tierra buena. Y como diversa es la tierra, diverso es también el resultado de la siembra.
A llegar a casa explica a los discípulos lo que significa la parábola…
La parábola va dirigida a los que escuchan… De los que no escuchan, de los alejados, que diríamos hoy, no dice nada… Hoy va para los cristianos practicantes, los que escuchan su Palabra, los que van a Misa…
A la luz de esta parábola hay que reflexionar seria y detenidamente sobre esta cuestión fundamental: ¿Qué clase de tierra soy yo?
Tendríamos que preguntarnos, en concreto: ¿En qué clase de tierra está cayendo la Palabra de Dios en mi vida?
¿Seré borde del camino donde no se entiende la Palabra, y el Maligno roba lo sembrado en el corazón?
¿Seré terreno pedregoso donde la Palabra de Dios se escucha y se acepta con alegría, pero no queda bien “enraizada”, no hay constancia y, en cuanto llega una dificultad o “persecución por la Palabra”, sucumbe?
¿Seré yo zarzas donde la Palabra de Dios se escucha, pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril?
¿O seré, por ventura, tierra buena, donde la Palabra se entiende y da fruto?
¿Tendré esa dicha? Y cuánto fruto doy?¿Será el ciento por uno? ¿O será, más bien, el setenta o el treinta?
Es ésta una de las cuestiones más importante que podemos plantearnos en la vida… Y hemos de estar siempre pendientes porque es una cuestión decisiva… De vida o de muerte en nuestra existencia cristiana…
No olvidemos que el agricultor es paciente… Pero también muy exigente. Tiene que garantizar los recursos que necesita en su vida.
Y cuando no los consigue, se deja la agricultura para dedicarse a otro trabajo más rentable y más seguro…
Ya nos advierte el Señor: “Yo soy la vid y mi Padre es el viñador a todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca y a todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto” (Jn 15, 1-2).
“Que dé más fruto”. Ese es el anhelo de todo agricultor.
Y el agricultor, el sembrador, por antonomasia, es Jesucristo, el Señor…
¿Y si veo que soy tierra mala, en la que la simiente no produce ni siquiera el treinta por uno…, ¿qué voy a hacer?
Muy sencillo. ¡Cambiar la tierra, renovar la tierra…!
Los agricultores lo saben hacer muy bien: Van enriqueciendo la tierra: Van echando un poco de tierra nueva y abono… Y va cambiando el terreno… Y comienza a dar fruto la simiente.
Pero hay más. Es lo que observaba de niño en mi pueblo, en las Breñas (La Palma): Habían unos terrenos áridos en la cercanía del mar. Era un terreno volcánico y la poca tierra que había, era mala…
¿Qué hicieron entonces los propietarios? Trabajaron el terreno y trajeron “toda la tierra” en camiones desde otros lugares… Parece una cosa irreal, pero yo lo recuerdo muy bien. Y con la tierra nueva iban formando los canteros… Uno y otro… Hasta que conseguían toda una finca. Y sembraban la platanera… Y allí comenzó a llegar agua abundante. ¡El éxito fue rotundo…! Terreno volcánico, tierra buena, sol y agua abundante, ¡cosecha abundante y garantizada!
Y es que la semilla, la Palabra de Dios, tiene una energía, una capacidad enorme como nos recuerda la primera lectura. Lo demás es cosa de la tierra.
Por eso es siempre posible que se realice en nosotros lo que proclamamos hoy en el salmo responsorial: “La semilla cayó en tierra buena y dio fruto”.
Junto con estas sencillas reflexiones les hago llegar a todos mis mejores deseos y un feliz Día del Señor.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Santo Padre Benedicto XVI ha dirigido a los obispos de la Conferencia Episcopal de la India (IV grupo), con ocasión de la Visita ad Limina Apostolorum.
Queridos hermanos obispos,
estoy contento de daros la bienvenida en ocasión de vuestra visita ad Limina Apostolorum, un tiempo privilegiado en el que se profundizan los lazos de fraternidad y de comunión entre la Sede de Pedro y las Iglesias particulares que ustedes conducen. Deseo agradecer a monseñor Malayappan Chinnappa por los cordiales sentimientos que ha expresado en vuestro nombre y en el nombre de aquellos a los que pastoreáis. Un cálido saludo a los sacerdotes, hombres y mujeres religiosos, y a todos los fieles laicos que están confiados a vuestro cuidado pastoral. Por favor aseguradles mi atención y mis oraciones.
Continuando estas reflexiones sobre la vida de la Iglesia en la India, me gustaría dirigir una palabra a vosotros, queridos hermanos obispos, sobre vuestras responsabilidades hacia el clero y los religiosos y religiosas del país. Por la imposición de las manos y la invocación del Espíritu Santo, se les nombra Pastores del pueblo de Dios, y estáis llamados a enseñar, santificar y gobernar las Iglesias locales. Hacéis esto a través de la enseñanza del Evangelio, la celebración de los Sacramento, y vuestra supervisión de la santidad y la acción pastoral efectiva del clero. A través de ellos, sois más capaces de llegar de forma más eficiente a los religiosos y a los laicos a vuestro cuidado. También estáis llamados a gobernar con caridad a través de una vigilancia prudente con vuestras capacidades legislativas, ejecutivas y judiciales (cf. Código de Ley Canónica, cc. 384-394). En este delicado y exigente papel, el obispo, como pastor y padre, debe unir y moldear a su rebaño en una familia, donde todos, conscientes de sus deberes, quieran vivir y actuar como si fueran uno en la caridad (cf. Christus Dominus, 16). Promoviendo este carisma de unidad, que es un testimonio poderoso de la unicidad de Dios y un signo de que la Iglesia es una. Católica y apostólica, es una de las responsabilidades más importantes del obispo. En las muchas tareas que requieren su atención orante, queridos obispo, reconocéis la presencia del Espíritu del Señor que está activo en la Iglesia. El Espíritu, prometido a todos en el Bautismo, se derrama sobre el pueblo de Dios para guiarlos y santificarlos en la Confirmación, anhela unir a todos los cristianos con los lazos de la fe, esperanza y caridad. Por vuestro ministerio estáis llamados a fortalecer a las personas que Dios ha elegido para sí, para servirlas y construirlas como un templo unificado, digna morada para el Espíritu Santo, sean jóvenes o viejos, hombres o mujeres, ricos o pobres. El Señor, por el derramamiento de su sangre, ha rescatado a las personas de toda raza, lengua, pueblo y nación (cf. Ap 5:9). Por tanto os animo a seguir en el servicio de unidad y, dirigiendo a su pueblo con el ejemplo, para conducir a la gente a la que lideráis a una profunda comunión, fraternidad y paz.
Una de las maneras en la que la comunión de la Iglesia se manifiesta claramente es en la relación particularmente importante que existe entre vosotros y vuestros sacerdotes, sean diocesanos o religiosos, que comparten y ejercitan con vosotros el único sacerdocio de Cristo. Juntos en vuestras diócesis, formáis un cuerpo sacerdotal y una familia, de la que sois el padre (cf. Christus Dominus, 29). Por tanto debéis ser apoyo para vuestros sacerdotes, vuestros colaboradores cercanos, estando atentos a sus necesidades y aspiraciones, siendo solícitos con su bienestar espiritual, intelectual y material. Ellos, como hijos y colaboradores, están llamados a respetar vuestra autoridad, trabajando con alegría humildad y dedicación completa para el bien de la Iglesia, pero siempre bajo vuestra dirección. Los lazos de amor fraternal y de preocupación mutua que debéis fomentar entre vuestros sacerdotes constituirán la base para superar las tensiones que puedan surgir y promover las condiciones más adecuadas para servir al pueblo de Dios, edificándoles espiritualmente, ayudándoles a conocer su valor y así asumir la dignidad que les corresponde como hijos de Dios. Por otra parte el testimonio del amor recíproco y de servicio entre vosotros y vuestros sacerdotes -sin tener en cuenta la casta o etnia sino centrados en el amor de Dios, la difusión del Evangelio y la santificación de la Iglesia- es necesario para la gente a la que servís. Ellos buscan en vosotros y en vuestros sacerdotes un modelo de santidad, amistad y armonía que habla a sus corazones y les enseña con el ejemplo, como vivir el nuevo mandamiento del amor.
Los religiosos y religiosas también os buscan como guías y apoyo. El testimonio de vuestro profundo amor por Jesucristo y su Iglesia servirá para inspirarlos en su dedicación a la pobreza, castidad y obediencia de la vida a la que han sido llamados. Se sentirán confirmados en su vocación por vuestra fe, ejemplo y confianza en Dios. En este sentido, en unión con ellos, daréis gran testimonio ante los hombres y las mujeres de nuestro tiempo del hecho de que, mientras que este mundo pasa rápidamente (cf. 1 Cor 7:31), quien hace la voluntad de Dios permanece (cf. 1 Jn 2:17).
El testimonio radiante de la vida consagrada es, por supuesto, un tesoro para los que han sido agraciados con esta vocación, pero también lo es para el resto de la Iglesia. A través de una cooperación cercana con los superiores religiosos, continuad supervisando que los miembros de los institutos religiosos de vuestras diócesis vivan sus particulares carismas en plenitud y en armonía con los sacerdotes y fieles laicos. Además de garantizar que reciban una sólida base humana, espiritual y teológica, aseguraos de que reciban una formación completa que les ayude a madurar en todos los aspectos de su vida consagrada. Debido a la singular contribución realizada por todos los religiosos, hombres y mujeres, contemplativos y activos, a la misión de la Iglesia, y por su papel como protagonistas de la evangelización a través de la oración y la súplica, educación, atención sanitaria, caridad y otros apostolados, sus carismas continuarán reforzando la comunidad eclesial en su conjunto y enriqueciendo en gran manera a la sociedad. De modo particular, deseo expresar el aprecio de la Iglesia por las muchas mujeres religiosas de la Iglesia en la India. Dan un gran testimonio de su santidad, vitalidad y esperanza. Ofrecen innumerables oraciones y realizan infinidad de buenas obras, que a menudo no se ven, pero que son de gran valor para la edificación del Reino de Dios. Os pido que las animéis en su vocación, y que invitéis a las jóvenes a considerar este tipo de vida que se realiza en el amor de Dios y en el servicio a los demás.
Con estos pensamientos, queridos hermanos obispos, expreso mi afecto fraternal y estima. Invocando sobre vosotros la maternal intercesión de María, Madre de la Iglesia, y asegurándoos mis oraciones por vosotros y por los que se confían a vuestro cuidado pastoral, con alegría os imparto mi Bendición Apostólica como prenda de la gracia y de la paz en el Señor.
Traducción del original inglés por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Homilía de monseñor Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes, para la Fiesta de Pentecostés (12 de junio de 2011). (AICA)
El Espíritu Santo que durante largo tiempo ha sido como un Dios desconocido, con los movimientos eclesiales ha entrado en la conciencia de muchos cristianos. De rezos pausados de oraciones al Espíritu se llegó a su experiencia dinámica que apela a la profundidad del corazón y se manifiesta visiblemente. Y en la Biblia se descubre de nuevo su presencia en la historia, desde la creación hasta el tiempo de la Iglesia.
En los inicios el Espíritu se cernía sobre las aguas, dando forma y vida a lo que Dios iba creando. El universo entero es su obra y un reflejo de su asombrosa diversidad en la unidad. Todo lo que la ciencia va descubriendo de la creación en su grandeza, nos causa estupor y veneración frente al misterio. Percibimos espontáneamente que detrás de este mundo, tanto en sus dimensiones infinitas cuanto en su organización microscópica, hay un espíritu superior que no forma parte del mismo mundo. Nosotros, los hombres, por ser dotados de inteligencia, somos capaces de conocerlo. Pero nuestra libertad también hace posible que lo ignoremos.
Dios, sin embargo, no abandona la obra de sus manos. En la historia de la salvación eligió hombres y mujeres para que el Espíritu actuara a través de ellos para orientar a los demás. Juan el Bautista fue el último en el Antiguo Testamento al que colmó con sus dones. Pero la manifestación mayor fue, cuando de manera única fecundó el seno de María, para que diera a luz al Hijo de Dios encarnado. Sobre él reposó el Espíritu, dando cumplimiento a la profecía mesiánica de Isaías: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción”. Fue el Espíritu que llevó a Jesús al desierto para enfrentar al maligno; fue por el poder del Espíritu que expulsaba a los demonios; y prometió el Espíritu a sus amigos en la hora, cuando tengan que defenderse ante las autoridades. Es el Espíritu que les iba a enseñar y recordar todo lo que Cristo había dicho y los conduciría a la verdad completa. Para esto el Señor tenía que ser glorificado por su muerte y su resurrección. Primero él tenía que entregar su espíritu en las manos del Padre, para darlo después como resucitado a los apóstoles, soplando sobre ellos. Y finalmente, en Pentecostés derramó profusamente el Espíritu sobre la comunidad de los creyentes. El Espíritu que se había acostumbrado a vivir en el hombre en la persona de Jesús, como dice San Ireneo, salió de él para entrar en los discípulos para que formaran con Cristo un solo cuerpo. Así nació en Pentecostés la Iglesia, como comunión de amor en el Espíritu.
En ella cada uno y cada una participamos de la diversidad de dones, de ministerios, de actividades, que proceden del mismo Espíritu. No hay nadie que no haya recibido un don. El Espíritu quiere manifestarse por nosotros para el bien común. Lo que hemos recibido gratuitamente, con generosidad debemos brindarlo. La expansión de la fe que produjo el Espíritu Santo en Pentecostés no ha llegado todavía a su fin. La misión sigue. Y nos toca ahora a nosotros anunciar a Cristo a los alejados y a los que todavía no lo conocen, para que el Espíritu pueda darles la vida en plenitud.
Mons. Luis T. Stöckler, obispo de Quilmes
Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la misa de colación de los ministerios del lectorado y el acolitado (Iglesia del Seminario, 11 de junio de 2011). (AICA)
HOMBRES BUENOS, LLENOS DEL ESPÍRITU SANTO Y DE FE
La memoria litúrgica de hoy nos invita a venerar a uno de los principales protagonistas de la primera generación cristiana. Se llamaba José, pero los apóstoles le impusieron el nombre de Bernabé, y con ese nombre lo conocemos. Todos los datos que poseemos de su vida nos han sido transmitidos por el Nuevo Testamento. Sabemos que era de estirpe levítica, nacido en la isla de Chipre, creyente fervoroso y desprendido; él se distinguió por su generosidad al aportar a la comunión fraterna de bienes que se practicaba en la Iglesia de Jerusalén el dinero obtenido en la venta de un campo de su propiedad (cf. Hech. 4, 36 s.). Era un hombre que gozaba de la confianza de los Doce; cuando Pablo, recién convertido, era visto con desconfianza por la comunidad de los discípulos, Bernabé se hizo cargo de él y lo presentó a los apóstoles. Éstos lo enviaron a Antioquía para fortalecer con su enseñanza a la Iglesia allí fundada, en la que se habrían integrado ya paganos que abrazaron la fe. San Lucas, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, lo menciona como el primero entre los profetas y doctores que enriquecían a aquella Iglesia con su ministerio. Su nombre, Bernabé, significa hijo de la consolación, o de la profecía; quizá simplemente se quiso señalar con él que era profeta –en hebreo se dice nabí- ya que se identificaba como tal a quien por inspiración del Espíritu Santo pronunciaba palabras de edificación espiritual, de exhortación y consuelo. El título de maestro, o doctor –didáskalos en el griego original- se dispensaba a quienes se ocupaban de la instrucción de la comunidad; recogían, conservaban y transmitían la tradición que se plasmaba en la Iglesia, a la vez que cuidaban de su interpretación y de su aplicación práctica. Bernabé acompañó a Pablo en el primer viaje misionero, de su vida posterior sólo hay pocos datos aislados; según la tradición padeció el martirio en su isla natal. El título más noble que se le asigna es el de apóstol. Jesús mismo es llamado así por el autor de la Carta a los Hebreos (3, 1): Apóstol y Sumo Sacerdote de la fe que profesamos. Los apóstoles son, por excelencia, los Doce, que recibieron su misión directamente de Cristo y fueron testigos de su resurrección. Pablo puede sumarse a ese número, aunque él mismo se reconoce como el último de los apóstoles que no merece ser llamado así (1 Cor. 15, 9). El nombre glorioso se aplica también a Bernabé (cf. Hech. 14, 4) y a otros misioneros como Andrónico y Junias (cf. Rom. 16, 7).
En la primera lectura de hoy hemos escuchado un bellísimo elogio de San Bernabé: varón bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe (Hech. 11, 24). Es ésta una descripción que se ajusta con propiedad a lo que debe ser un ministro de la Iglesia. Bueno, lleno de Espíritu Santo, de mucha fe: las tres cualidades están íntimamente vinculadas entre sí.
Agathós no debe reducirse al significado de bondadoso, apacible, inclinado a hacer el bien. El adjetivo expresa integridad y perfección; podemos aplicar a la cualidad de una persona lo que se afirma en la determinación del acto moral: bonum ex integra causa. Recordemos la sentencia de Jesús: sólo Dios es bueno (Lc. 18, 19), afirmación que se refiere a la bondad esencial de Dios, de la que derivan todos los bienes creados, de la que proceden los bienes de la salvación. Cristo es el Sumo Sacerdote de los bienes futuros (Hebr. 9 11), que ha venido para comunicarlos a sus discípulos; son los bienes verdaderos que les hacen triunfar del pecado y de la muerte. Los cristianos recibimos esos bienes y estamos llamados a multiplicarlos en nuestra vida mediante la obediencia a los mandatos del Señor, especialmente en el ejercicio del amor. San Pablo nos dice que fuimos creados en Cristo Jesús, a fin de realizar aquellas buenas obras que Dios preparó de antemano para que las practicáramos (Ef. 2, 10). Ser bueno, como explica Juan Pablo II consiste en pertenecer a Dios, obedecerle, caminar humildemente con él practicando la justicia y amando la piedad (Veritatis splendor, 11).
Queridos hijos que van a ser instituidos lectores y acólito: ustedes son llamados, respectivamente, a servir a la Palabra de Dios y a la Eucaristía; en el contacto asiduo y la asimilación de estas realidades sobrenaturales procuren ir creciendo en esa bondad integral que debe manifestarse espontáneamente en el ejercicio del ministerio, sin exhibicionismo, con la discreción de la humildad.
Lleno del Espíritu Santo, se dijo del apóstol Bernabé. Subrayemos lleno, que indica una plenitud rebosante; no exaltación frenética sino serena y total transparencia del Espíritu de Dios. La expresión se refiere a la vida de las primeras comunidades cristianas, y a la cualidad que a lo largo de la historia de la Iglesia brilló en los santos, que fueron conducidos por el Espíritu. Podríamos preguntarnos cómo se llega a ese estado. Habría que suscitar en nosotros una conciencia más aguda de la presencia y de la acción del Paráclito, en las que muchas veces no reparamos. Al darnos su gracia Dios se da a sí mismo y el Espíritu Santo es el primer Don y el principio de todos los dones; así se manifiesta el misterio de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, por la cual nos unimos a Cristo y nos dirigimos hacia el Padre.
Fomenten en ustedes, queridos hijos, la atención al Espíritu, la docilidad, la receptividad, la disposición a secundar sus aspiraciones e impulsos. La palabra devoción parece impropia para designar la relación con él, pero entendida con rigor teológico es adecuada: significa entrega, consagración, prontitud siempre actual de la voluntad para el servicio de Dios, como dice Santo Tomás, ut ei se totaliter subdant (II-II, 82, 1). Aprendan esto de la Virgen María en los misterios de la Encarnación y de Pentecostés: ella es lugar, templo, testigo privilegiado e ícono del Espíritu y por lo tanto maestra de los cristianos en la relación con él.
Lleno de fe, de mucha fe. En esta cualidad también se denota singularmente una perfección, una plenitud que sólo pudo verificarse en los discípulos después de Pentecostés. Varias veces registran los Evangelios que Jesús reprendió a sus discípulos llamándolos oligopistoi, hombres de poca fe. La existencia cristiana es vida de fe, vida en la fe; pero todos corremos el riesgo de descender del nivel propio del verdadero creyente al menoscabo de aquella poquedad. La mucha fe no es, obviamente, una dimensión cuantitativa; se da cuando la fe se torna ámbito vital, cuando configura la personalidad, impregna la psicología, determina el modo de pensar y de actuar. Lleno de fe y lleno del Espíritu Santo son términos equivalentes. Conviene recordar que el Espíritu Santo nos introduce en la verdad total y actualiza de continuo en nuestro interior la enseñanza de Jesús; por eso la Iglesia enseña que es él quien mueve a todos dulcemente para consentir y creer en la verdad. Más allá de una elemental bondad natural, la fe nos encamina hacia una identificación con la bondad divina. Viene a propósito esta cita de Josef Peper: en la fe llega a su realización aquello en que consiste el ser bueno y la perfección y acabamiento del hombre.
Los ministerios eclesiales de la Palabra y de la Eucaristía, de los cuales participan los lectores y los acólitos, no adquieren pleno sentido si no se cumplen en la fe; su ejercicio debe ser un acto de fe, inspirado por un profundo espíritu de adoración ante el misterio de Cristo, ya que él es la Palabra y él es la Eucaristía. No se administran cosas en esos servicios religiosos; se trata con Cristo, se comunica a Cristo: al hacerlo se abre para el ministro la maravillosa posibilidad de ahondar la comunión con él para brindarlo a los demás.
En el Evangelio que se ha proclamado escuchamos un pasaje de las instrucciones con las que Jesús envió a los apóstoles en la misión prepascual. Las circunstancias de entonces eran muy distintas de las que hoy rodean a la misión de la Iglesia; cada generación debe descubrir lo esencial de aquellas indicaciones brindadas por el Señor a los primeros misioneros itinerantes. Impresiona mucho en ellas la indefensión, el desarraigo, la pobreza, condiciones en las que debían cumplir con el encargo. Probablemente no se reproduzcan hoy en su materialidad aquellas circunstancias, pero pueden ser comprendidas como esbozo de una situación espiritual. Quizá la misión en el mundo contemporáneo vaya a resultar cada vez más difícil, más exigente, más incómoda. Habría que leer por entero ese capítulo 10 del Evangelio de Mateo, habría que meditarlo asiduamente para aplicarlo a una comprensión del desafío que la actualidad plantea a la obra de evangelización. Hay un rasgo que vale para siempre: Jesús transmite su autoridad a los discípulos y así los habilita para el ejercicio de la misión; pero también quiere transmitirles su forma de vida, para que los discípulos ocupen su puesto y lo hagan presente entre los hombres. Recojamos por ahora uno solo de los mandatos del Señor: Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente (Mt. 10, 8). Es un llamado al desinterés, a la generosidad, porque el ministerio no es para el que lo ejerce, sino para la Iglesia, para los fieles, para los hombres a los cuales está destinada la salvación.
Para la Iglesia, para los fieles, para todos los hombres y mujeres de hoy reciben ustedes estos ministerios, queridos hijos; que les ayude a santificarse en ellos la intercesión del apóstol Bernabé.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata
ZENIT nos ofrece el discurso que realizó monseñor Silvano Tomasi, el observador de la Santa Sede en las Naciones Unidas en Ginebra, en una reunión en el Vaticano, del 27 al 28 de mayo, sobre “La centralidad del cuidado para la Persona en la Prevención y Tratamiento de enfermedades causadas por el VIH/SIDA”.
El discurso de monseñor Tomasi se titula “El papel internacional de la Iglesia Católica en la Prevención y Tratamiento del VIH/SIDA”.
Con mucha gratitud a monseñor Zygmunt Zimowski, Presidente del Consejo Pontificio para la Pastoral de Salud, y en solidaridad fraterna con él, comparto estas reflexiones sobre el papel importante de la Iglesia en el ámbito del amplio abanico de instituciones intergubernamentales y globales involucradas en la respuesta a una pandemia como el VIH y el SIDA. Antes de iniciar este debate, también quiero saludar con especial respeto y reconocimiento, al señor Michel Sidibé, que es responsable de dirigir el Programa sobre el SIDA co-patrocinada por el conjunto de las Naciones Unidas y quien aprovecha a su vez todas las oportunidades de reconocer y agradecer a la Iglesia Católica y a otras organizaciones religiosas por sus contribuciones únicas e inflexibles en la lucha contra esta urgente crisis de salud.
Desde los tiempos en que la pandemia del SIDA fue identificada por primera vez, en el principio de los años '80, el compromiso inmediato de varias órdenes religiosas, las organizaciones de Cáritas diocesanas y nacionales, y otras instituciones de la Iglesia Católica que nacieron para dar una respuesta a la salud, el entorno social, y las necesidades pastorales de la gente que vivía y moría con enfermedades relacionadas con el SIDA, ha sido ampliamente conocida y documentada. Por tanto no fue una sorpresa que la Santa Sede, y las organizaciones internacionales vinculadas con la Iglesia Católica se mostrasen interesadas en compartir sus experiencias y puntos de vista con la coordinación global emergente de salud pública para responder a los retos planteados por el VIH y el SIDA. La representación de la Santa Sede en Ginebra supervisó el establecimiento del Programa Global del SIDA (GPA) en la Organización Mundial de la Salud. Priorizando la pandemia, en 1987, como un foco importante de reflexión y de acción, Cáritas Internacional acudió regularmente a las reuniones del Comité de Gestión de la GPA, y en ocasiones, fue consultada por el director primero, el doctor Jonathan Mann y su equipo de expertos, con respecto a a “las lecciones aprendidas” de forma práctica por las organizaciones católicas que servían a los enfermos y moribundos, así como también a las personas queridas que sobrevivían a aquellos que se habían visto tan trágicamente afectados por esta epidemia mortal y compleja. Es muy probable que la sensibilidad del Dr. Mann hacia los derechos humanos y determinantes sociales de la difusión cada vez mayor del VIH estuviese influenciada por las consultas a programas relacionados con la Iglesia Católica que vieron la situación de una forma integral, incluyendo las dimensiones sociales, económicas, emocionales y espirituales de la persona que vivía con o afectada por el VIH, en lugar de hacerlo desde una perspectiva meramente médica o científica.
Desde el establecimiento del ONUSIDA, en 1995, como un Programa Conjunto, que incluía el co-patrocinio de diez diferentes agencias de Naciones Unidas, la Santa Sede, así como distintas organizaciones inspiradas por la Iglesia Católica, como Cáritas Internacional, Catholic Relief Services, la Asociación Juan Pablo II han participado, como observadores, en las reuniones semestrales de la Junta Coordinadora del Programa del ONUSIDA. De forma similar, se pide a estas estructuras católicas que contribuyan en distintos grupos de trabajo, planeando estrategias, y desarrollo de políticas y directrices prácticas, no sólo por la ONUSIDA, también por varias agencias asociadas.
En 2006, Cáritas Internacional, con el apoyo de la Misión del Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas y de Agencias Especializadas en Ginebra, cooperaron con ONUSIDA y la Organización Mundial de la Salud para convocar a unos 70 representantes de las organizaciones inspiradas por la Iglesia Católica de mayor compromiso en la respuesta mundial al VIH y el SIDA. En esa ocasión, y de forma transparente, se mantuvo un diálogo abierto entre los trabajadores “de la viña” en algunas de las zonas rurales más aisladas de la prevención del VIH, tratamiento y programas de atención de los países con bajos ingresos y los funcionarios de las mencionadas agencias de Naciones Unidas. Esta convocatoria permitió un gran avance en la comprensión de los expertos de salud pública con respecto a la amplitud y la profundidad de la respuesta de la Iglesia a esta pandemia y abrieron las puertas a la colaboración entre la Iglesia, gobiernos y organizaciones internacionales en los niveles, regionales, nacionales y locales.
Otro gran paso adelante en una mayor comprensión de la actividad internacional de la Iglesia en respuesta al SIDA ha sido facilitado por los informes de asignación de tales actividades en el sur de África (publicadas como los mejores informes de la práctica por la ONUSIDA), del trabajo del Dream Project para prevenir la transmisión del VIH de madre a hijo (publicado como mejor práctica por WHO), en la encuesta realizada por la Joint Commission on Health of Unions of Superiors General on the HIV/AIDS de las congregaciones religiosas de todo el mundo (diseñado con el apoyo de expertos investigadores técnicos de la ONUSIDA), y de la asignación nacional de varios ejercicios realizados a nivel regional por el Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar, y, a nivel nacional, por las Conferencias Episcopales de países como India, Kenya, Tailandia y Myanmar. Estos estudios demuestran claramente la contribución significativa de la Iglesia a este campo en áreas como: Prevención, Atención, Tratamiento, Servicios para Niños Huérfanos y Vulnerables, Promoción, Capacitación, Reflexión Teológica, Cuidado Pastoral, y Participación Interreligiosa. La información básica y estrategias para promover la implementación de acciones en estos campos de acción eclesial se presentan claramente en la publicación titulada Formación Pastoral para afrontar el VIH/SIDA, desarrollado por la Cáritas Internacional. El libro, publicado originalmente por Publicaciones Paulinas de África está disponible en varios idiomas.
La Santa Sede ha tratado de controlar el establecimiento, así como la política y el funcionamiento, de Global Fund to Fight AIDS, TB, and Malaria. A pesar de la muy significativa e impresionante carga que supone la atención asumida por la Iglesia Católica en respuesta a estas tres pandemias que amenazan la familia humana en la era moderna[1], sólo una pequeña parte de los fondos distribuidos por esta estructura innovadora han sido, de hecho, destinadas a las organizaciones religiosas. De acuerdo con un estudio sobre este tema, realizado en 2008, sólo el 5'4% de los fondos de Global Funds fueron recibidos por las organizaciones religiosas.[2] Entendemos que hay un progreso lento pero constante en hacer disponibles estos fondos a programas patrocinados por la Iglesia Católica. Creo que el dr. Chritoph Benn, que es muy conocido por nosotros en Ginebra y quien participará como orador experto en esta Conferencia, será capaz de aportar datos actualizados a este respecto. Lamentablemente, sin embargo, todavía perece haber mucha resistencia entre algunas fundaciones internacionales en el ofrecimiento de fondos para apoyar respuestas basadas en la fe al VIH y SIDA.
Ahora vamos a examinar áreas en las que la Santa Sede y las organizaciones inspiradas por la Iglesia Católica han influido con éxito en la política global y en las prácticas relacionadas con esta pandemia. En todos estos casos, dicha actividad se ha desarrollado en conformidad con con la misión magisterial, diaconal y pastoral.
Mucha energía educacional y experiencia se ha centrado en el área de prevención de la propagación de la infección del VIH. Muchos gobiernos, autoridades sanitarias públicas, e incluso algunas agencias de las Naciones Unidas han preferido promover una incompleta “solución rápida” como el enfoque basado exclusivamente de la promoción y distribución de preservativos. La Iglesia Católica, por otro lado, insistió en estrategias de prevención conforme a su enseñanza sobre la dignidad de la persona humana, la santidad del matrimonio, y la necesidad de ejercer la responsabilidad en las relaciones íntimas humanas mediante la observación de la abstinencia sexual fuera del matrimonio y la mutua y permanente fidelidad dentro del matrimonio. Esto dio lugar a falsas afirmaciones de que la jerarquía católica era un obstáculo a la prevención efectiva del VIH y que era “culpable” de las muertes relacionadas con el SIDA de millones de personas. Podemos estar agradecidos por la valentía y la sabiduría de expertos como el dr. Edward C. Green que fue capaz de demostrar la evidencia basada en que la promoción de un cambio de un comportamiento hacia unas relaciones sexuales más responsables ha sido mucho más efectiva que la promoción del preservativo en la disminución de nuevas infecciones del VIH.[3]
A este respecto, la Misión de Observación Permanente de la Santa Sede en Ginebra y en Nueva York han puesto de relieve en repetidas ocasiones el tema de la responsabilidad en las relaciones interpersonales en los encuentros de la ONUSIDA, La Organización Mundial de la Salud, y en las sesiones más amplias basadas en las Sesiones Especiales sobre el SIDA que fueron convocadas por las Asambleas Generales de las Naciones Unidas de 2001, 2006, 2008 y que pronto se convocará en junio de 2011. El Beato Juan Pablo II, de venerada memoria, ilustró este duradero e inalterable valor durante su discurso en la Conferencia del SIDA, convocada por el Consejo Pontificio para los Agentes Sanitarios en noviembre de 1989: “...la Iglesia, intérprete segura de la Ley de Dios y 'experta en humanidad', se ocupa no sólo de afirmar una serie de 'no' a los patrones de comportamiento particulares, pero sobre todo para proponer un estilo de vida totalmente significativo para la persona.”[4] Esta misma enseñanza ha sido reafirmada recientemente por nuestro actual Santo Padre el Papa Benedicto XVI, durante su entrevista con el periodista alemán, Peter Seewald, en su última publicación “Luz del mundo: el Papa, la Iglesia y los Signos de los Tiempos: “...no podemos solucionar los problemas repartiendo preservativos. Aún queda mucho por hacer. Debemos estar cerca de la gente, debemos guiarles y ayudarles; y lo debemos hacer antes y después de que contraigan la enfermedad”.
4. La Iglesia no ha limitado su atención a la enseñanza de la prevención del VIH; sino que también se ha comprometido en la eliminación de la discriminación contra los que viven con o afectados por el VIH, especialmente en el rechazo de toda marginalización basada en la falsa premisa de que el SIDA es un “castigo” enviado por Dios. Así las palabras de la Conferencia Episcopal del Sur de África, escritas en 2001, han resonado en las instrucciones del magisterio de los obispo de muchos otros países: “el SIDA no debe ser nunca considerado como un castigo de Dios. Él quiere que tengamos salud y no que muramos de SIDA. Es para nosotros un signo de los tiempos que desafían a todas las personas a una transformación interior y a seguir a Cristo en su ministerio de curación, misericordia y amor”.[5]
5. Inspirado en el mandato del Evangelio de priorizar las necesidades de los pobres y de los débiles, la Iglesia ha elevado siempre su voz para señalar e insistir en una justa solución que consista en una justa distribución de los recursos en la respuesta mundial a la pandemia del VIH. El Beato Juan Pablo II expresó su urgente preocupación sobre este tema en su carta al secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan en ocasión de la primera Sesión Especial de las Naciones Unidas sobre el SIDA en 2001. En ella recordaba las palabras del Concilio Vaticano II con respecto a la destinación común de los bienes [6], haciendo el siguiente llamamiento urgente: “A causa de esta hipoteca social, incluida en la ley internacional por la afirmación, entre otras, del derecho de cada individuo a la salud, pido a los países ricos que respondan a las necesidades de los pacientes de VIH/SIDA de los países pobres con todos los medios disponibles, de manera que estos hombres y mujeres afligidos en el cuerpo y en el alma sean capaces de tener acceso a las medicinas que necesitan para tratarse”.[7]
De nuevo el Papa Benedicto XVI reafirmó las mismas preocupaciones cuando puso de relieve, en 2006, durante su discurso a los participantes de la 21º Conferencia Internacional promovida por el Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, al destacar, con mucha preocupación “... la importancia de la colaboración con varios organismos públicos para que la justicia social pueda ser implantada en esta sensible área de tratamiento” y cuidado de las enfermedades infecciosas como el VIH o la tuberculosis y la urgente necesidad de una “distribución justa de los recursos para la investigación y el tratamiento, así como la promoción de unos estándares de vida que ayuden a prevenir la aparición y limiten la difusión” de dichas enfermedades.[8]
Con el fin de asegurar que estas palabras de ponen en práctica, la Santa Sede, así como las distintas organizaciones internacionales de inspiración católica, incluidas Cáritas Internacional, la Asociación Juan XXIII, la International Catholic Child Bureau,y las congregaciones religiosas que tienen representación en las Naciones Unidas, han supervisado cuidadosamente y han realizado aportaciones a los procesos de las Naciones Unidas para promover flexibilidad en la aplicación de los derechos de propiedad intelectual, la promoción de un Acceso Universal al tratamiento preventivo, cuidado y apoyo a las personas que viven con o afectadas por la pandemia del VIH, y una especial atención a los derechos de los niños afectados por el VIH y otras enfermedades, asegurando el acceso a un diagnóstico precoz y un tratamiento adaptado a los niños para estas enfermedades.
6. La Iglesia no podía ignorar su misión esencial como Pastor del Pueblo de Dios. Por esto la Santa Sede pone de relieve las necesidades espirituales de la gente en sus intervenciones en las Naciones Unidas y en otros foros inter-gubernamentales. En la Constitución de la Organización Mundial de la Salud, la definición de salud se extiende más allá de las intervenciones médicas y de los determinantes sociales para incluir “un estado de bienestar completo físico, mental y social y no simplemente la ausencia de enfermedades o afecciones [9]. En su comentario sobre la “Promoción y protección de los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo” durante la 7ª Sesión del Concilio sobre Derechos Humanos, la delegación de la Santa Sede reconoció “así mismo, la necesidad de asegurar el acceso a una asistencia espiritual entre las condiciones que garanticen el pleno disfrute del derecho a la salud”[10]. También aprovecho la ocasión para discrepar de las reclamaciones en el informe del Special Rapporteur on the Right of Everyone to the Enjoyment of the Highest Attainable Standard of Physical and Mental Healthde que algunos derechos humanos son absolutos” [11] y para insistir en que “no puede hacerse ningún compromiso con el derecho de la vida de una persona, desde su concepción hasta su muerte natural, ni con la capacidad de la persona de gozar de la dignidad que fluye de este derecho”. [12]
7.Mi conclusión será breve, porque creo que ya nuestro Santo Padre ha resumido el tema de esta presentación, de un modo claro e incuestionable, y así voy a terminar citando de nuevo los comentarios que le hizo al periodista, Peter Seewald: “... La Iglesia hace más que cualquier otro. Porque es la única institución que ayuda a las personas de cerca y de forma concreta, con prevención, educación, ayuda, consejo y acompañamiento. Y porque no tiene rival en el tratamiento … (a las personas que viven con o afectadas por el VIH o el SIDA), especialmente con los niños con SIDA”. [13]
La acción efectiva realizada por la Iglesia Católica en respuesta a la pandemia global del VIH ha sentado precedente. Otra buena noticia ha sido el anuncio hecho hoy en relación a la efectividad del tratamiento anti-retroviral en la prolongación de la vida y en la mejora de la calidad de vida entre aquellos que ya viven con el virus y la eficiencia de este tipo de tratamiento en la prevención de la difusión del VIH. Sin embargo, el hecho es que todavía queda un largo camino por recorrer: 33 millones de personas en todo el mundo viven con el VIH; por cada persona que consigue el acceso a la medicación de anti-retrovirales que salvan la vida, dos se contagian con el virus, 7.100 cada día; actualmente 10 millones de personas que necesitan estas medicinas no tienen acceso a ellas y en un reciente estudio realizado por las agencias de financiación y asistencia técnica inspiradas por la Iglesia Católica, dan informes de las organizaciones asociadas de los países de bajos y medios ingresos sobre que los recortes en la financiación internacional han dado lugar a importantes retrasos en la recepción de los fondos prometidos, la insistencia en el cumplimiento de resultados previamente establecidos con menos fondos, restricciones en la aceptación de nuevos pacientes en el total de casos a tratar, y de una gran incertidumbre con respecto a la sostenibilidad futura de programas anti-retrovirales que salvan la vida.[14]
La Iglesia como comunidad de fe, esperanza y amor no puede descansar en su misión de servicio dirigida a poner a cada una de las personas humanas en el centro de la respuesta global al VIH y a realizar una promoción más firme y los esfuerzos conjuntos para segurar que este tipo de personas “tengan vida y la tengan en abundancia”.[15]
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[1] Un estudio de 2007 realizado por la Organización Mundial de la Salud y otras indican que entre el 40 y el 70% de la atención sanitaria en África Sub-sahariana se lleva a cabo por organizaciones religiosas.
[2] Informe del Dr. Christoph Benn, Director de Relaciones Exteriores, Global Fund to Fight AIDS, TB and Malaria, durante una Conferencia sobre “La ampliación de la participación de las organizaciones religiosas en los procesos del Fondo Mundial, realizada en Dar-Es-Salaam, Abril 2008.
[3] Edward C. Green y Allison Herling Ruark, “AIDS and the Churches: Getting the Story Right”, First Things, http://www.firstthings.com/article.php3?id_article=6172 ; Edward C. Green, Promesas rotas: Cómo el SIDA ha traicionado al mundo desarrollado, ISBN 978-1-93-6227-00-6, Sausalito, California, USA: Poli-Point Press, LLC, 2011.
[4] Papa Juan Pablo II, Discurso a la IV Conferencia Internacional del Consejo Pontificio para la Asistencia Pastoral a los Agentes de la Salud, “LA Iglesia ante el desafío del SIDA: Prevención digna de la Persona Humana y Asistencia en completa solidaridad”15 de noviembre de 1989.
[5] Un Mensaje de esperanza de los obispos católicos a la gente de Dios de Sudáfrica, Botswana y Swazilandia, 30 de julio de 2001.
[6] Gaudium et Spes, 7,1, con lo mencionado por el Papa Juan Pablo II en Centesimus Annus, 30.
[7] Mensaje de Juan Pablo II al secretario general de las Naciones Unidas, en ocasión de la Sesión Especial sobre el SIDA de la Asamblea General de Naciones Unidas, 25-27 de junio de 2001.
[9] Preámbulo a la Constitución de la Organización Mundial de la Salud adoptada por la Conferencia Internacional de la Salud, Nueva York 19 de junio al 22 de julio de 1946; firmada en 22 de julio de 1946 por los representantes de 61 estados (Documentos Oficiales de la Organización Mundial de la Salud, nº 2, p. 100) y que entró en vigor el 7 de abril de 1948.
[10] Carta para los Agentes Sanitarios, #40, Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud, Ciudad del Vaticano, 1995. http://www.healthpastoral.org/pdffiles/Charter_06_Chapter2.pdf
[11] Documento A/HRC/7/11, 31 de enero de 2008, #63.
[12] Intervención de monseñor Silvano M. Tomasi, Nuncio Apostólico, Observador Permanente de la Santa Sede en Ginebra en la 7º Sesión del Consejo de los Derechos Humanos, Item 3: Promoción y protección de los derechos humanos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales, incluido el derecho al desarrollo, 11 de marzo de 2008.
[13] Benedicto XVI, “Luz del mundo: el Papa, la Iglesia y los Signos de los tiempos – Una conversación con Peter Seewald”, Ignatius Press 2010, ISBN # 9781586176068, pp. 117-119.
[14] “Mantener los compromisos para el VIH y el SIDA: Acceso para todos al tratamiento, prevención, cuidado y apoyo” A Position Paper from the Catholic HIV and AIDS Network (CHAN), Abril 2011.
[15] Juan 10, 10
[Traducción del original en inglés por Carmen Álvarez]
ZENIT nos ofrece la intervención pronunciada el viernes 10 de junio de 2011 por Jane Adolphe, profesora asociada de Derecho de la Ave Maria School of Law y miembro de la Delegación de la Santa Sede en la ONU, en el último día de la reunión de alto nivel sobre HIV/Sida. Adolphe habló en nombre de monseñor Francis Chullikatt, observador permanente de la Santa Sede en la ONU.
Señor Presidente,
Al reunirnos aquí hoy en este encuentro de alto nivel de dignatarios de todo el mundo, lo hacemos reconociendo que estamos al lado, como una familia, con quienes viven con el HIV y el Sida, y recordamos en nuestros pensamientos y oraciones a todos aquellos a quienes esta enfermedad se ha llevado de este mundo. Las políticas, los programas y las declaraciones políticas no tienen sentido si no reconocemos la dimensión humana de esta enfermedad en los hombres, mujeres y niños que viven con el HIV/Sida. Por supuesto, toda política, programa o declaración política de esta noble organización tiene poco sentido si no son implementadas por las acciones virtuosas que ayuden a todos esos necesitados.
Tras treinta años de la enfermedad HIV/Sida, la comunidad internacional sigue buscando respuestas y soluciones para detener la propagación del HIV y para proporcionar tratamiento, cuidado y apoyo a las cerca de 33 millones de personas que viven con el HIV/Sida. Desde el principio, organizaciones católicas, congregaciones religiosas y asociaciones laicales han estado en primera línea en proporcionar prevención, cuidado y apoyo a millones en todo el mundo, y al mismo tiempo, en promover la necesidad de una respuesta, basada en los valores, a esta enfermedad. A través de sus aproximadamente 117.000 centros de salud de todo el mundo, la Iglesia católica, por sí sola, proporciona alrededor del 25% de todas las atenciones a quienes viven con el HIV/Sida, especialmente a niños. Estas instituciones afiliadas con la Iglesia están en primera línea en proporcionar una respuesta que vea a las personas no como estadísticas, sino más bien en su dignidad y valor como hermanos, hermanas y vecinos de la misma familia humana.
Mi delegación sigue estando comprometida en lograr el objetivo de detener y minorar la extensión del HIV promoviendo el único medio universalmente efectivo, seguro y asequible para detener la propagación de este mal: abstinencia antes del matrimonio y fidelidad mutua durante el matrimonio, evitando correr riesgos y conductas irresponsables y promoviendo el acceso universal a los medicamentos que previenen el contagio del HIV de madre a hijo. De hecho, hay un reconocimiento cada vez mayor de que los programas basados en la abstinencia y la fidelidad en lugares de África han tenido éxito en reducir él contagio del HIV, en los que la transmisión había tenido lugar durante mucho tiempo entre la población general. Con todo, a pesar de este reconocimiento, algunos siguen negando estos resultados y en cambio están mayormente guiados por la ideología y el propio interés económico que ha crecido como resultado de la enfermedad del HIV.
Combatir la expansión del HIV no requiere medicamentos y productos caros, que buscan disminuir las consecuencias de una conducta peligrosa e irresponsable, sino que requiere más bien una respuesta basada en valores que reconozca la necesidad de promover la dignidad inherente de la persona humana, y por tanto, una conducta sexual responsable y el reconocimiento de la responsabilidad de cada uno y de la propia comunidad. Prevenir el contagio del HIV requiere no sólo identificar a esas personas que corren el riesgo de infectarse, sino también identificar las formas y los medios para ayudar a las personas en evitar toda actividad que les ponga en riesgo de contraer la infección. La mejor cura es la prevención que despierta la conciencia de las personas que podrían ser arrastradas a prácticas peligrosas que les amenazan a ellos y a quienes viven con ellos o con quienes se encuentran.
Señor Presidente.
Nuevos estudios han demostrado que el acceso a medicamentos anti-retrovirales proporcionan no sólo un medio para tratar la enfermedad, sino también para reducir los riesgos de contagio. Sin embargo, el acceso a la terapia anti-retroviral sigue estando fuera del alcance de muchos de los más pobres y vulnerables. En países de ingresos bajos o medios, aproximadamente 15 millones de personas viven con el HIV, pero sólo 5,2 millones tienen acceso al tratamiento para salvar su vida que necesitan. Además, a estas mismas poblaciones sigue faltando el acceso a tecnologías de diagnóstico y equipos de test que les permitan medios más efectivos y seguros de atender a quienes padecen HIV/Sida.
Con estimaciones que muestran que los fondos para combatir del HIV/Sida descendieron en 2010 – por primera vez en la historia del combate contra la enfermedad – debemos recordar que las declaraciones políticas y la buena voluntad necesitan ser acompañadas de acciones concretas sobre el terreno y a nivel internacional. El primer paso para llevar a cabo esta acción es asegurar que a los 10 millones de personas que no tienen acceso a medicamentos para salvar la vida se les proporciona el tratamiento, cuidado y apoyo seguro y asequible que necesitan. Los aproximadamente 7.000 millones de dólares que se necesitarían para proporcionar este tratamiento es una suma considerable,pero palidece en comparación con el dinero y los recursos invertidos por los países en buscar la guerra, y otras actividades destructivas, como el negocio global que rodea el comercio de armas de drogas.Además de cerrar el frente de la financiación, los países y el sector privado deben seguir reevaluando los derechos de propiedad intelectual farmacéutica para asegurar que estas protecciones sirven como medio para una mayor investigación y progreso, en lugar de convertirse en otro obstáculo para acceder a los medicamentos y el equipo médico necesarios.
A la vez que una mayor financiación y acceso a medicamentos necesarios es un requisito para afrontar la falta de acceso al tratamiento, el cuidado y el apoyo, también debe darse mayor importancia a asegurar que estos recursos sean usados de una forma que sea efectiva y responsable. Además, debería asegurarse que el acceso a la financiación no esté restringida a nociones ideológicamente preconcebidas, sino que se base más bien en la capacidad de las organizaciones de proveer cuidado seguro, asequible y efectivo a los necesitados.
El acceso a quienes viven con el HIV/Sida no termina en proporcionar acceso a medicamentos, sino que requiere apoyar a las familias afectadas. Los aproximadamente 16 millones de niños en todo el mundo que han quedado huérfanos por el Sida requieren un cuidado compasivo y un ambiente estructurado para que puedan recibir el apoyo psico-social adecuado y lleguen a ser miembros activos de la comunidad. Igualmente, las familias que están cuidando de miembros que viven con el HIV/Sida deben recibir el apoyo económico, social, médico y espiritual necesario. Esto también requiere adoptar políticas que eliminen las discriminaciones contra quienes viven con el HIV/Sida y los miembros de su familia.
Señor presidente,
El HIV/Sida ha sido y sigue siendo una de las mayores tragedias de nuestro tiempo. No sólo es un problema sanitario de enorme magnitud, sino también una preocupación social, económica y política. Es también una cuestión moral, pues las causas de la enfermedad reflejan claramente una seria crisis de valores. La prevención, primero y sobre todo, debe dirigirse hacia la formación y la educación en una conducta humana responsable o, en otras palabras, una dignidad humana adquirida. Esta es la clave para evitar la infección. El punto de partida debe ser el reconocimiento de que la persona humana puede y debe cambiar las conductas peligrosas e irresponsables, más que sencillamente la aceptación de esta conducta como si fuese inmutable. Más aún, en el campo de la formación y la educación, especialmente en lo que concierne a los niños, sus padres tienen el derecho, responsabilidad y deber primordiales, y sus contribuciones son muy útiles y eficaces.
La lucha para eliminar la extensión del HIV y el trabajo de proveer un acceso universal al tratamiento, el cuidado y el apoyo, requiere también un desarrollo social y personal más amplio. En áreas con falta de acceso a agua potable limpia, instalaciones sanitarias, nutrición suficiente, vivienda adecuada y cuidado sanitario básico, la capacidad de individuos y organizaciones de proporcionar tratamientos a quienes viven con el HIV/Sida y y prevenir las infecciones seguirá siendo difícil de alcanzar. Igualmente, el desarrollo personal requiere que las personas reciban la educación, el asesoramiento y el apoyo espiritual necesario para tomar decisiones responsables y para lograr su máximo potencial.
La Santa Sede y las diversas organizaciones de la Iglesia católica siguen estando comprometidas de vivir y trabajar en solidaridad con quienes viven con el HIV/Sida y continuará defendiendo con firmeza las exigencias del bien común, y proveyendo apoyo y cuidados a los más necesitados.
Gracias, señor presidente.
[Traducción del inglés por Inma Álvarez]
ZENIT nos ofrece a continuación la catequesis que el Papa Benedicto XVI pronunció el miércoles 15 de Junio de 2011 durante la audiencia general celebrada en la Plaza de San Pedro.
Queridos hermanos y hermanas,
en la historia religiosa del antiguo Israel, tuvieron gran relevancia los profetas con sus enseñanzas y su predicación. Entre ellos surge la figura de Elías, suscitado por Dios para llevar al pueblo a la conversión. Su nombre significa “el Señor es mi Dios” y de acuerdo con este nombre se desarrolla toda su vida, consagrada totalmente a provocar en el pueblo el reconocimiento del Señor como único Dios. De Elías el Eclesiástico dice”Después surgió como un fuego el profeta Elías, su palabra quemaba como una antorcha” (Eclo 48,1). Con esta llama Israel vuelve a encontrar su camino hacia Dios. En su ministerio, Elías reza: invoca al Señor para que devuelva a la vida al hijo de una viuda que le había hospedado (cfr 1Re 17,17-24), grita a Dios su cansancio y su angustia mientras huye por el desierto, buscado a muerte por la reina Jezabel (cfr 1Re 19,1-4), pero se sobre todo en el monte Carmelo donde se muestra todo su poder de intercesor, cuando ante todo Israel, reza al Señor para que se manifieste y convierta el corazón del pueblo. Es el episodio narrado en el capítulo 18 del Primer Libro de los Reyes, en el que hoy nos detendremos.
Nos encontramos en el reino del Norte, en el siglo IX antes de Cristo, en tiempos del rey Ajab, en un momento en el que Israel se había creado una situación de abierto sincretismo. Junto al Señor, el pueblo adoraba a Baal, el ídolo tranquilizador del que se creía que venía el don de la lluvia, y al que por ello se atribuía el poder de dar fertilidad a los campos y vida a los hombres y a las bestias. Aún pretendiendo seguir al Señor, Dios invisible y misterioso, el pueblo buscaba seguridad también en un dios comprensible y previsible, del que creía poder obtener fecundidad y prosperidad a cambio de sacrificios. Israel estaba cediendo a la seducción de la idolatría, la continua tentación del creyente, figurándose poder “servir a dos señores” (cfr Mt 6,24; Lc 16,13), y de facilitar los caminos inescrutables de la fe en el Omnipotente poniendo su confianza también en un dios impotente hecho por hombres.
Precisamente para desenmascarar la necedad engañosa de esta actitud, Elías hace reunir al pueblo de Israel en el monte Carmelo y le pone ante la necesidad de hacer una elección: “Si el Señor es Dios, seguidle; si es Baal, seguidle a él”(1Re 18, 21). Y el profeta, portador del amor de Dios, no deja sola a su gente ante esta elección, sino que la ayuda indicando el signo que revelará la verdad: tanto él como los profetas de Baal prepararán un sacrificio y rezarán, y el verdadero Dios se manifestará respondiendo con el fuego que consumirá la ofrenda. Comienza así la confrontación entre el profeta Elías y los seguidores de Baal, que en realidad es entre el Señor de Israel, Dios de salvación y de vida, y el ídolo mudo y sin consistencia, que no puede hacer nada, ni para bien ni para mal (cfr Jr 10,5). Y comienza también la confrontación entre dos formas completamente distintas de dirigirse a Dios y de rezar.
Los profetas de Baal, de hecho, gritan, se agitan, bailan, saltan, entran en un estado de exaltación llegando a hacerse incisiones en el cuerpo, “con espadas y lanzas, hasta estar cubiertos de sangre”(1Re 18,28). Hacen recurso a sí mismos para interpelar a su dios, confiando en sus propias capacidades para provocar su respuesta. Se revela así la realidad engañosa del ídolo: éste está pensado por el hombre como algo de lo que se puede disponer, que se puede gestionar con las propias fuerzas, al que se puede acceder a partir de sí mismos y de la propia fuerza vital. La adoración del ídolo, en lugar de abrir el corazón humano a la Alteridad, a una relación liberadora que permita salir del espacio estrecho del propio egoísmo para acceder a dimensiones de amor y de don mutuo, encierra a la persona en el círculo exclusivo y desesperante de la búsqueda de sí misma. Y el engaño es tal que, adorando al ídolo, el hombre se ve obligado a acciones extremas, en el tentativo ilusorio de someterlo a su propia voluntad. Por ello los profetas de Baal llegan hasta hacerse daño, a infligirse heridas en el cuerpo, en un gesto dramáticamente irónico: para obtener una respuesta, un signo de vida de su dios, se cubren de sangre, recubriéndose simbólicamente de muerte.
Muy distinta es la actitud de oración de Elías. Él pide al pueblo que se acerque, implicándolo así en su acción y en su súplica. El objetivo del desafío dirigido por él a los profetas de Baal era el de volver a llevar a Dios al pueblo que se había extraviado siguiendo a los ídolos; por eso quiere que Israel se una a él, convirtiéndose en partícipe y protagonista de su oración y de cuanto está sucediendo. Después el profeta erige un altar, utilizando, como recita el texto, “doce piedras, conforme al número de los hijos de Jacob, a quien el Señor había dirigido su palabra, diciéndole: Te llamarás Israel” (v. 31). Esas piedras representan a todo Israel y son la memoria tangible de la historia de elección, de predilección y de salvación de que el pueblo ha sido objeto. El gesto litúrgico de Elías tiene una repercusión decisiva; el altar es el lugar sagrado que indica la presencia del Señor, pero esas piedras que lo componen representan al pueblo, que ahora, por mediación del profeta, está puesto simbólicamente ante Dios, se convierte en "altar", lugar de ofrenda y de sacrificio.
Pero es necesario que el símbolo se convierta en realidad, que Israel reconozca al verdadero Dios y vuelva a encontrar su propia identidad de pueblo del Señor. Por ello Elías pide a Dios que se manifieste, y esas doce piedras que debían recordar a Israel su verdad sirven también para recordar al Señor su fidelidad, a la que el profeta apela en la oración. Las palabras de su invocación son densas en significado y en fe: “¡Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel! Que hoy se sepa que tú eres Dios en Israel, que yo soy tu servidor y que por orden tuya hice todas estas cosas. Respóndeme, Señor, respóndeme, para que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que eres tú el que les ha cambiado el corazón” (vv. 36-37; cfr Gen 32, 36-37). Elías se dirige al Señor llamándole Dios de los Padres, haciendo así memoria implícita de las promesas divinas y de la historia de elección y de alianza que unió indisolublemente al Señor y a su pueblo. La implicación de Dios en la historia de los hombres es tal, que su Nombre está ya inseparablemente unido al de los Patriarcas, y el profeta pronuncia ese Nombre santo para que Dios recuerde y se muestre fiel, pero también para que Israel se sienta llamado por su nombre y vuelva a encontrar su fidelidad. El título divino pronunciado por Elías parece de hecho un poco sorprendente. En lugar de usar la fórmula habitual, “Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob”, utiliza un apelativo menos común: “Dios de Abraham, de Isaac y de Israel”. La sustitución del nombre “Jacob” con “Israel” evoca la lucha de Jacob en el vado del Yaboq, con el cambio de nombre al que el narrador hace una referencia explícita (cfr Gen 32,31) y del que hablé en una de las catequesis pasadas. Esta sustitución adquiere un significado más dentro de la invocación de Elías. El profeta está rezando por el pueblo del reino del Norte, que se llamaba precisamente Israel, distinto de Judá, que indicaba el reino del Sur. Y ahora, este pueblo, que parece haber olvidado su propio origen y su propia relación privilegiada con el Señor, se siente llamar por su nombre mientras se pronuncia el Nombre de Dios, Dios del Patriarca y Dios del pueblo: “Señor, Dios […] de Israel, que se sepa hoy que tu eres Dios en Israel”.
El pueblo por el que reza Elías es puesto ante su propia verdad, y el profeta pide que también la verdad del Señor se manifieste y que Él intervenga para convertir a Israel, apartándolo del engaño de la idolatría y llevándolo así a la salvación. Su petición es que el pueblo finalmente sepa, conozca en plenitud quien es verdaderamente su Dios, y haga la elección decisiva de seguirle sólo a Él, el verdadero Dios. Porque sólo así Dios es reconocido por lo que es, Absoluto y Trascendente, sin la posibilidad de ponerle junto a otros dioses, que Le negarían como absoluto, relativizándole. Esta es la fe que hace de Israel el pueblo de Dios; es la fe proclamada en el bien conocido texto del Shema‘ Israel: “ Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt6,4-5). Al absoluto de Dios, el creyente debe responder con un amor absoluto, total, que comprometa toda su vida, sus fuerzas, su corazón. Y es precisamente para el corazón de su pueblo que el profeta con su oración está implorando conversión: “que este pueblo reconozca que tú, Señor, eres Dios, y que eres tú el que les ha cambiado el corazón” (1Re 18,37). Elías, con su intercesión, pide a Dios lo que Dios mismo desea hacer, manifestarse en toda su misericordia, fiel a su propia realidad de Señor de la vida que perdona, convierte, transforma.
Y esto es lo que sucede: “cayó el fuego del Señor: Abrasó el holocausto, la leña, las piedras y la tierra, y secó el agua de la zanja. Al ver esto, todo el pueblo cayó con el rostro en tierra y dijo: '¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!'” (vv. 38-39). El fuego este elemento a la vez necesario y terrible, ligado a las manifestaciones divinas de la zarza ardiente y del Sinaí, ahora sirve para mostrar el amor de Dios que responde a la oración y se revela a su pueblo. Baal, el dios mudo e impotente, no había respondido a las invocaciones de sus profetas; el Señor en cambio responde, y de forma irrevocable, no sólo quemando el holocausto, sino incluso secando toda el agua que había sido derramada en torno al altar. Israel ya no puede tener dudas; la misericordia divina ha salido al encuentro de su debilidad, de sus dudas, de su falta de fe. Ahora, Baal, el ídolo vano, está vencido, y el pueblo, que parecía perdido, ha encontrado el camino de la verdad y se ha reencontrado a sí mismo.
Queridos hermanos y hermanas, ¿qué nos dice a nosotros esta historia del pasado? ¿Cuál es el presente de esta historia? Ante todo está en cuestión la prioridad del primer mandamiento; adorar sólo a Dios. Donde Dios desaparece, el hombre cae en la esclavitud de idolatrías, como han mostrado, en nuestro tiempo, los regímenes totalitarios, y como muestran también diversas formas de nihilismo, que hacen al hombre dependiente de ídolos, de idolatrías; le esclavizan. Segundo, el objetivo primario de la oración es la conversión: el fuego de Dios que transforma nuestro corazón y nos hace capaces de ver a Dios, y así, de vivir según Dios y de vivir para el otro. Y el tercer punto. Los Padres nos dicen que también esta historia de un profeta es profética, si – dicen – es sombra del futuro, del futuro Cristo; es un paso en el camino hacia Cristo. Y nos dicen que aquí vemos el verdadero fuego de Dios: el amor que guía al Señor hasta la cruz, hasta el don total de sí. La verdadera adoración de Dios, entonces, es darse a sí mismo a Dios y a los hombres, la verdadera adoración es el amor. Y la verdadera adoración de Dios no destruye, sino que renueva, transforma. Ciertamente, el fuego de Dios, el fuego del amor quema, transforma, purifica, pero precisamente así no destruye, sino que crea la verdad de nuestro ser, recrea nuestro corazón. Y así realmente vivos por la gracia del fuego del Espíritu Santo, del amor de Dios, somos adoradores en espíritu y en verdad. Gracias.
[En español dijo]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México y otros países Latinoamericanos. Invito a todos a pedir al Señor que nos haga capaces de ser auténticos mediadores ante nuestros hermanos, y así indicar el camino de la fe del único Dios, que quiere revelarse a todos los hombres para convertirlos y llevarlos a la salvación.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
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Esta semana han comenzado los cursos de la VII Escuela de Verano del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias. "Quiero ser cristiano. El catecumenado como el proceso ordinario para ser cristiano", fue el curso que dio el pistoletazo de salida a esta edición de la Escuela. El mismo fue desarrollado por el profesor Felip Juli Rodríguez, director del Servicio Diocesano para el Catecumenado de la archidiócesis de Barcelona. En el blog de comunicación del obispado se puede encontrar una entrevista a Juli.
Los próximos cursos de la Escuela de Verano son: "Saber 'ver-leer' los medios de comunicación, críticamente" (del 11 al 13 de julio); "El éxito del matrimonio es posible" (del 11 al 13 de julio) y "Las JMJs y la Pastoral diocesana de Jóvenes" (Del 14 al 16 de julio). Para mayor información y matrícula se ha puesto a disposición el número de teléfono: 922 25 25 40 y la web del ISTIC, www.cettenerife.org.
Desde el pasado día 3 de julio se viene desarrollando un nuevo cursillo de discernimiento vocacional y de selección para el seminario menor. El mismo se clausurará el sábado 9 de julio.
Los diecisiete proyectos que desarrolló en 2010 la fundación Ataretaco ayudaron a 1.308 personas en situación de exclusión social o en riesgo de padecerla a integrarse sociolaboralmente, según informó la presidenta de la asociación, Carmen Luisa Expósito. Del total de personas atendidas, 690 participaron en el servicio de acogida y orientación; 285 en el proyecto de orientación laboral; 32 en talleres básicos; trece en el taller de inserción; 69 en los programas de formación para el empleo; 32 en los de inserción laboral; 45 en las iniciativas de formación compensatoria; 49 en los cursos de alfabetización informática y 93 en los de español para extranjeros.
Radio Ecca oferta el Taller-Retiro "Irá a Galilea" el cual pretende acercarse a la Buena Noticia de Jesús desde "nuestra Galilea, el lugar donde nos rozamos cotidianamente con Él, donde lo encontramos en su trabajo y en su misión, al lugar al que nos invita a volver para experimentarlo ahora como resucitado. Con este Taller-Retiro, durante las próximas semanas, se seleccionarán algunos pasajes del evangelio según san Marcos con la intención de profundizar en los orígenes de nuestra fe y relacionarla con nuestra vida cotidiana. Para más información y matrícula se puede acceder a www.radioecca.net
La pasada tarde-noche del sábado, 2 de julio, un grupo numeroso de jóvenes de nuestra diócesis, que participarán en las JMJ Madrid 2011, celebraron la Eucaristía del "envío", presidida por el obispo. Posteriormente, se trasladaron hasta la plaza lagunera de Santo Domingo para disfrutar del concierto de "d2n2" y "Wicho".
En las librerías diocesanas ya se encuentra el CD con la mejor música católica que se ha recopilado con motivo de las JMJ Madrid 2011. En él se encuentran Kairoj, Migueli, la Hermana Glenda, La voz del desierto, Nico, Gaby, etc. Se trata de un álbum doble que incluye 11 canciones en cada CD y está publicado por la editorial San Pablo. El precio es muy económico: 8.65€. Asimismo, las librerías ya cuentan con dos de los libros recomendados no sólo a todos aquellos que van a las JMJ, sino a todos los cristianos que les gusta la buena lectura. Hablamos de “¿Por qué estás siempre alegre? firmes y alegres en la fe” y “El evangelio a cuatro voces. Un mensaje de Dios para ti”, ambos de la editorial Eunsa.
El arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma ha venido desarrollando esta semana en la iglesia de Santo Domingo de la capital un cursillo sobre el "credo de la fe". Esta oferta formativa, en la que están participando más de 100 personas, se desarrollará hasta el ocho de julio bajo la dirección de José Francisco Checa. Las temáticas que se están abordando estos días son: ¿Un credo para la fe? El padre: todopoderoso, creador...; El Hijo, hombre; el Hijo, Dios. La experiencia de la resurrección; y Con el poder del Espíritu. La Iglesia.
"La fe como guía en la vida" es el título del reportaje que ha dedicado el periódico "La Opinión" a la labor pastoral del sacerdote Pepe Hernández, actualmente destinado en Añaza. El reportaje destaca la labor de Hernández como capellán del psiquiátrico de Santa Cruz de Tenerife. "Su experiencia en el psiquiátrico fue dura; sin embargo, en ese tiempo tuvo la oportunidad de reconocer en los detalles de los pacientes valores y enseñanzas que le marcaron para siempre. Y así explica él la religión que profesa: reivindicando la capacidad de percibir esa clase de detalles para mantener la fe en Dios. Pepe Hernández reclama detenerse en los gestos buenos del día a día y apreciarlos, reflexionar sobre las cosas positivas que aporta la vida cotidiana", señala el periódico.
Por su parte, la vida sacerdotal que recoge la contraportada del Diario de Avisos de este martes es la del padre Onofre. En el barrio de San Andrés o en La Cuesta, aún recuerdan los años de párroco del padre Onofre Díaz Delgado (1925-2010). Un hombre, un sacerdote diocesano que también consagró su vida a la atención de los enfermos y los más necesitados en la labor que realizó durante muchos años en el Hospital San Juan de Dios, labor que le fue reconocida con la “Carta de Hermandad de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios”, que recibió en 2002. Sin embargo la docencia también marcó un gran momento en su vida.
El obispo ha anunciado su intención de convocar órdenes de Diacono el próximo 8 de octubre.
En la Parroquia del Carmen de Los Realejos, han comenzado los cultos en honor a Ntra. Sra. del Carmen. En la tradicional Eucaristía de los miércoles, se procedió a bajar la imagen de la Virgen del Carmen hasta el Presbiterio, y con ello se abrió un amplio programa de actos religiosos para honrar a la que es Alcaldesa Honoraria y Perpetua de la Villa Realejera.
El blog comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com ya cuenta con un enlace directo al nuevo portal de noticias del Vaticano News.va. Se trata de un portal informativo -con versión en italiano y en inglés- donde se pueden consultar todas las noticias que difunden los diferentes medios de la Santa Sede, como la propia oficina, el diario vaticano ‘Osservatore Romano’, la Radio Vaticana, la agencia ‘Fides’ y el Vatican Information Service (VIS).
Del 10 al 17 de julio CONFER ha organizado Ejercicios Espirituales, dirigidos por Pilar Liso, perteneciente a la Institución Teresiana. El
lugar escogido para llevar a cabo el retiro es la Casa Diocesana de Ejercicios de Santa Cruz. Para inscribirse es necesario enviar un correo electrónico a: confertenerife@hotmail.com, o bien llamando por teléfono contactando con: Jesús: 92250010, Clotilde: 922632227, Remedios: 922810087; Encarna: 922240636; Cecilia: 922251740; Miguel: 922221314.
"Algo más que un lugar para la oración" es el titular del reportaje que ha dedicado el periódico "Diario de Avisos", dentro de su sección "El Megáfono", a la parroquia de María Auxiliadora, en el barrio de Duggi, Santa Cruz. Según indica el periódico, "la unidad, la integración y el trabajo por el barrio son algunas de las características que han marcado la parroquia de María Auxiliadora". El párroco de este barrio, Juan Manuel Yanes, indica que "la apertura de esta iglesia en la actual ubicación ha supuesto un ámbito de cohesión y dinamización para la zona. Asimismo, Yanes destaca que los vecinos se caracterizan porque están muy involucrados y son muy participativos y solidarios".
El domingo 10 de julio, a las 11:00 horas, el obispo presidirá la Eucaristía en honor a San Benito Abad, en La Laguna. Tras la celebración de la misma, se llevará a cabo la tradicional bendición del ganado y Romería Regional por las calles de la ciudad.
La Orotava celebra desde hoy la festividad del Cristo atado a la columna, en el barrio de San Juan. La celebración se ha retrasado una semana para no coincidir con las fiestas patronales y la procesión tendrá lugar el domingo, día 10 de julio. Esta emblemática talla de la parroquia de San Juan llegó a la Villa en el siglo XVII y está considerada la mejor obra del barroco andaluz con la que cuenta Canarias.
En la Casa de la Iglesia, tuvo lugar la reunión de la permanente Diocesana del Movimiento “Vida Ascendente”. Con la presencia del sacerdote Ramón Padilla Brito (consiliario del movimiento) y Carmen Pérez (presidenta diocesana), además de un representante por La Gomera y otro por la Palma hasta un total de 13 miembros, evaluaron el curso pastoral y programaron algunas actividades para el próximo, siempre teniendo en cuenta el nuevo plan Pastoral Diocesano que se implementará en el mes de Septiembre del presente año.
El ayuntamiento de La Laguna aportará 30.194,10 Euros para llevar a cabo un proyecto de acogimiento residencial de mayores en situación de desprotección en la Casa de Acogida Madre del Redentor. Esto será posible tras la suscripción en los próximos días por parte del alcalde, Fernando Clavijo, de la prórroga para el presente año del convenio de colaboración que mantiene el consistorio lagunero con la citada entidad social. El objetivo principal de este convenio será aportar una asistencia integral a los acogidos, proporcionándoles una calidad de vida digna, de acuerdo con sus necesidades personales.
Con un triduo comienza este jueves 7 de Julio la festividad en honor al Señor del Gran poder de Dios, en la Parroquia de Ntra. Sra. de la Peña, del Puerto de la Cruz. El domingo 10 de Julio, a las 20:00 horas, tendrá lugar la tradicional Misa de Acción de Gracias en honor al Señor del Gran Poder de Dios. Durante la ceremonia tendrá lugar el acto de entrega del bastón de mando de la Ciudad con motivo de su nombramiento como Alcalde Honorario y Perpetuo.
Será a partir del martes 12 de julio cuando se inicien los actos religiosos en honor a la Virgen del Carmen.
Continúa abierto el plazo de inscripciones para unos días de reflexión, silencio y oración en torno a la “Incondicionalidad”, en la Casa de Ejercicios de las Javerianas, en La Atalaya (Gran Canaria) y dirigidos por el obispo emérito de la Diócesis, Damián Iguacen Borau. Un retiro que se desarrollará desde el 8 al 13 de Julio y está dirigido a sacerdotes, consagrados/as. y seglares interesados. Para inscripciones: Diócesis de Canarias: 928.640.967
Diócesis de Tenerife: 676.089.609 / 696.660.482
En el marco de la solemnidad de la Octava de Corpus de la Parroquia de Ntra. Sra. del Carmen, de Los Realejos el sábado 2 de Julio, Alejandro Abrante recibió de manos del Obispo de la Diócesis, el ministerio del acolitado camino del diaconado permanente. A Abrante, joven comprometido con la pastoral de jóvenes, la Iglesia le confía ejercer oficios específicos dentro de la liturgia.
Con el lema “Caminos de encuentro” se presenta la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico de este año 2011, promovida por la Iglesia en España, a celebrar el 10 de Julio. Los obispos de la Comisión de Migraciones en su mensaje señalan: “Queremos invitaros a ver el vehículo y la carretera como instrumentos providenciales a nuestro alcance para acercarnos a los que amamos y nos aman, para aproximar a los hombres y los pueblos, para encontrarnos con el Dios que en su Hijo Jesucristo se ha hecho compañero de camino, como les sucedió a los discípulos que iban a Emaús (Lc 24,13-35), con el Dios que puede hace de nuestros caminos lugares de encuentro con Él, como le sucedió al Eunuco etíope (Hch 8, 26-39)”.
Responsables del Hospital San Juan de Dios de Tenerife, perteneciente a la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios de la Provincia Bética, han participado en el I Encuentro de Comités de Dirección celebrado en Sevilla la semana pasada y al que han asistido alrededor de 100 personas de todos los centros de la misma.
Hasta el 10 de julio, el ex-convento de San Agustín de Tacoronte (junto al Santuario del Cristo), albergará una exposición de pintura realizada por Carmen Gloria de Armas, catequista de la parroquia de María Auxiliadora de Santa Cruz. Los beneficios económicos irán destinados a las Misiones del Congo animadas por la religiosa salesiana Sor Carmen Larai, natural de Guía de Isora. La delegación diocesana de Misiones ha animado a esta pintora en este gesto solidario.
El Municipio de Santa Úrsula clausura el 7 de julio la exposición titulada 'El Documento. Soporte de la Historia', una muestra que tiene como finalidad dar a conocer el rico patrimonio documental perteneciente a la Iglesia, así como el gran valor y la repercusión que éste supone para toda la sociedad. En concreto, la exhibición acerca a los ciudadanos al Archivo Histórico Diocesano, facilitando información sobre su origen, contenido, funcionamiento, gestión y posibilidades que ofrece al público en general.
DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO
10 de Julio de 2011
La gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo estén con todos vosotros.
- El Reino de Dios es como una semilla que un agricultor siembra y que, aunque una parte se pierda y se estropee, finalmente la semilla sembrada da mucho fruto.
Jesús nos lo anunciará hoy, como una buena noticia que nos tiene que llenar de alegría.
- Nosotros, los que estamos aquí reunidos y queremos ser cristianos de verdad, somos ese fruto de la semilla que Jesús ha sembrado. Y como nosotros, mucha otra gente. Vale la pena que lo vivamos gozosamente y
que, en esta Eucaristía, demos gracias por ese don que hemos recibido.
A. penitencial: En unos momentos de silencio, pidamos a Dios perdón por nuestros pecados, para poder ser tierra buena capaz de acoger su Palabra.
(Silencio).
- Tú, fuente de agua viva. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, luz que ilumina en la oscuridad. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, Palabra hecha carne. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (lsaías 55,10-71): Hoy y en los dos próximos domingos, en el evangelio leeremos unos textos muy conocidos: las parábolas del Reino de Dios. A través de imágenes tomadas de la vida cotidiana, Jesús nos hablará de la vida nueva que él nos ofrece. La primera lectura que ahora vamos a escuchar nos prepara para que esta Palabra de Dios arraigue en nosotros y dé fruto.
2. lectura (Romanos 8,78-23): Escuchemos ahora las palabras de san Pablo, que nos invitan a fortalecer nuestra esperanza.
Oración universal: Oremos ahora unidos, con una mirada muy abierta hacia el mundo entero. Oremos diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.
Por la Iglesia, llamada a anunciar a todo el mundo la Buena Noticia del Reino de Dios. OREMOS:
Por los cristianos que viven en países en los que son perseguidos. OREMOS:
Por las vocaciones sacerdotales y religiosas. OREMOS:
Por todas las actividades para niños y jóvenes que se realizan durante el verano desde las parroquias y entidades de Iglesia. OREMOS:
Por los que han tenido que dejar su tierra y han venido a nuestro país buscando una vida más digna. OREMOS:
Finalmente, hoy que es el día de San Cristóbal, oremos por los conductores de todo tipo de vehículos, tanto los que conducen vehículo propio, como los conductores de los transportes públicos. OREMOS:
Padrenuestro: Fieles a la palabra de Jesucristo, y siguiendo su enseñanza, nos atrevemos a decir:
CPL
Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el domingo de Pentecostés (12 de junio de 2011). (AICA)
En este domingo estamos celebrando la gran Solemnidad de Pentecostés. El Evangelio de San Juan (20, 19-23), nos muestra a Jesucristo Resucitado, enviando a sus Apóstoles, a aquellos que fueron elegidos entre los discípulos: “Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes” (Jn. 20,21). Y les otorga el poder para ejercer el ministerio de perdonar y retener los pecados, que los sacerdotes ejercen en el Sacramento de la confesión: “Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: “Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdones, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (Jn. 20,22-23). Es bueno recordar que estos hombres eran como nosotros. Ellos estaban orando “junto a María”, en el cenáculo, en la mañana de Pentecostés, cuando el Paráclito prometido, el Espíritu Santo descendió sobre ellos (Hch. 2). En esa mañana de hace casi 2000 años nació la Iglesia. El Espíritu Santo prometido va acompañándola y lo hará hasta el final de los tiempos.
En esta reflexión de Pentecostés quiero tener especialmente presente a la Iglesia. Los cristianos por el bautismo somos parte de la Iglesia. Nuestra fe en Jesucristo, el Señor, por un lado tiene una dimensión de compromiso personal y por otro necesariamente tiene una dimensión comunitaria-eclesial.
Es importante subrayar que difícilmente la fe de un cristiano pueda madurar sin esta relación a la comunidad eclesial, a la formación permanente, a la necesidad de recurrir a los sacramentos, a la Palabra de Dios y al Magisterio de la Iglesia, que nos permite iluminar los acontecimientos que vivimos y nos fortalecen a realizar opciones a veces difíciles que ayuden a humanizar y evangelizar nuestra cultura. Al respecto quiero citar un texto clave para profundizar en la necesaria eclesialidad en la espiritualidad de un cristiano, sobre todo en este inicio del siglo XXI caracterizado por un excesivo individualismo y subjetivismo. En Evangelii Nuntiandi el Papa Pablo VI nos dice: “Existe, por tanto un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la Evangelización. Mientras dure este tiempo de la Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple sin ella ni mucho menos contra ella. En verdad, es conveniente recordar esto en un momento como el actual, en que no sin dolor podemos encontrar personas, que queremos juzgar bien intencionadas, pero que en realidad, están desorientadas en su espíritu, las cuales van repitiendo que su aspiración es amar a Cristo, pero sin la Iglesia, escuchar a Cristo, pero no a la Iglesia. Lo absurdo de esta dicotomía se muestra con toda claridad en estas palabras del Evangelio: “El que a vosotros desecha, a mí me desecha” (Lc.10,16). ¿Cómo va a ser posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia, siendo así que el más hermoso testimonio dado a favor de Cristo es de San Pablo: “Amó a la Iglesia y se entregó por ella?” (Ef. 5,25).
Durante estos años como Iglesia diocesana vamos asumiendo nuestro primer Sínodo Diocesano, así como el documento de Aparecida, algo vivido con intensidad en el año 2007. Tanto en el ámbito del laicado, la familia y los jóvenes encontramos espacios que nos implican a profundizar la dimensión discipular y misionera. En nuestras distintas comunidades ya sean parroquiales, educativas, movimientos y asociaciones estos temas nos desafían a encontrar respuestas adecuadas a las nuevas situaciones que nos plantea este inicio del siglo XXI.
También en este domingo quiero especialmente tener presente a la Parroquia Espíritu Santo que cumple sus bodas de oro, y rezar también por los padres redentoristas que en diversos lugares de nuestra Provincia, así como en esta Parroquia han puesto su corazón misionero y evangelizador. Allí en este Pentecostés celebraremos tan importante fiesta y como Diócesis estaremos unidos a ellos.
En el documento de Aparecida se vuelve a señalar que la Misión de la Iglesia es Evangelizar. En este nuevo Pentecostés quiero terminar esta reflexión con un texto que expresa el gozo que tiene la Iglesia sobre el amor de Dios: “Anunciamos a nuestro pueblo que Dios nos ama, que su existencia no es una amenaza para el hombre, que está cerca con el poder salvador y liberador de su Reino, que nos acompaña en la tribulación, que alienta incesantemente nuestra esperanza en medio de todas las pruebas. Los cristianos somos portadores de buenas noticias para la humanidad y no profetas de desventuras” (30).
Con la alegría de celebrar la venida del Espíritu Santo sobre su Iglesia, en este Pentecostés, les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
Homilía de monseñor Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para el domingo de Pentecostés (12 de junio de 2011). (AICA)
PENTECOSTÉS, O EL NACIMIENTO DE LA IGLESIA-PUEBLO DE DIOS
Jn 20,19-23
I. JESÚS, RESUCITADO POR EL ESPÍRITU DE DIOS PADRE,
LO COMUNICA COMO CABEZA DE LA NUEVA HUMANIDAD
1. El evangelista Juan, al narrar la primera manifestación de Jesús resucitado, lo describe realizando su obra máxima preanunciada por él en la última cena: la comunicación del Espíritu del Padre. Gracias a él, el Hijo de Dios entró en la vieja humanidad, siendo concebido en el seno de María Virgen. Gracias a él, Jesús transitó entre los hombres, superando las tentaciones que pretendían distraerlo de su misión. Y cuando pareció derrotado por la muerte en cruz, gracias al Espíritu resucitó a una Vida infinitamente superior a la que Dios concedió al primer Adán, inaugurando una Humanidad Nueva. Por ello el apóstol Pablo lo llama “el Espíritu de Aquel que resucitó a Jesús” (Rom 8,11).
2. Pletórico del Espíritu, Jesús no podía retenerlo para sí. Por ello, remedando el gesto bíblico con que Dios infundió su aliento en un muñeco de barro, lo primero que hace es comunicarlo a sus discípulos: “Sopló sobre ellos y añadió: ‘Reciban al Espíritu Santo” (Jn 20,22; cf Gen 2,7). Para que estos, a su vez, lo comuniquen a los demás, regenerándolos y perdonándoles los pecados: “Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” (v. 23).
II. “VENIDOS DE TODAS LAS NACIONES DEL MUNDO”
3. El libro de los Hechos de los Apóstoles, por su parte, ubica el acontecimiento en Pentecostés, cuando los judíos celebraban la fiesta de las Chozas, muy vinculada a la Pascua, la misma en que Jesús había anunciado la efusión del Espíritu: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse. Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo” (Hch 2,1-5).
4. La escena muestra el dinamismo del Espíritu de Dios que quiere penetrar en todos lo hombres, sin distinción alguna. Primero comienza derribando el muro de las diversas lenguas: “Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua” (v. 6). Pronto hubo un nuevo Pentecostés, que derriba los muros de razas y naciones, como Pedro entiende y por ello otorga a los paganos el bautismo en el Espíritu Santo: “Mientras Pedro estaba hablando, el Espíritu Santo descendió sobre todos los que escuchaban la Palabra. Los fieles de origen judío que habían venido con Pedro quedaron maravillados al ver que el Espíritu Santo era derramado también sobre los paganos. En efecto, los oían hablar diversas lenguas y proclamar la grandeza de Dios. Pedro dijo: ‘¿Acaso se puede negar el agua del bautismo a los que recibieron el Espíritu Santo como nosotros?’. Y ordenó que fueran bautizados en el nombre del Señor Jesucristo” (Hch 10,44-48; cf 11,15-18).
III. POR EL ESPÍRITU, LA IGLESIA ES EL PUEBLO DE DIOS,
CONGREGADO DE ENTRE TODOS LOS PUEBLOS DE LA TIERRA
5. Mientras el Espíritu de Cristo no complete su obra, habrá en nosotros un resto de egoísmo que pretenda apropiarse de él y negarlo a los demás. Como vimos, les sucedió a los primeros cristianos de origen judío, a quienes les costó aceptar que Dios quiere compartir su Espíritu con todos los pueblos del mundo. Todas las divisiones en la Iglesia, lo mismo que los errores en la evangelización, sucedieron por ignorar la naturaleza del Espíritu Santo, e identificar su obra, que es el pueblo de Dios congregado de entre todos los pueblos de la tierra, con una visión parcial de la realidad: un sector eclesiástico, una nación, un partido.
6. Para acometer una nueva evangelización, necesitamos tener la mirada de Dios sobre la humanidad. A ello nos ayuda contemplar la Iglesia como obra del Espíritu Santo tal cual la describe el Concilio. En uno de sus pasajes eximios, se refiere al Espíritu Santo que “habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles como en un templo… Guía la Iglesia a toda la verdad… Con la fuerza del Evangelio rejuvenece a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo… Y así toda la Iglesia aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Lumen Gentium 4). A la Iglesia-Pueblo de Dios, la constitución conciliar Lumen Gentium le dedica el capítulo II. Invito a leer completo al menos el párrafo 9: “Este pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo… La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios… Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó… Y tiene como fin, el dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra... Este pueblo mesiánico, aunque no incluya a todos los hombres actualmente y con frecuencia parezca una grey pequeña, es, sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación…”.
Mons. Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia
ZENIT nos ofrece el discurso que monseñor Silvano Tomasi, observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas en Ginebra, realizó el 3 de junio en la 17ª Sesión del Consejo de de Derechos Humanos sobre el tema de la violencia contra la mujer.
Señor presidente,
La Delegación de la Santa Sede acoge con satisfacción el segundo informe sobre el tema de la violencia contra la mujer, un tema que concierne a los derechos humanos y que justamente recibe una mayor conciencia entre el público general y que ha reforzado los esfuerzos de los estados para lograr un tratamiento justo y equitativo de las mujeres.
Como se señala en el informe, la raíz del problema reside en el punto de vista de la mujer que ignora o rechaza su igual dignidad. A pesar de los progresos realizados, la violencia contra las mujeres sigue siendo una realidad trágica. La violación se usa como arma de guerra durante los conflictos, se trafica con las niñas como si fuesen mercancías; se abusa de las trabajadoras domésticas con impunidad; se rapta a mujeres, obligadas a convertirse, obligadas a casarse y otras obligadas a abortar. Si bien la violencia es más frecuente donde hay pobreza e inestabilidad social, debemos reconocer que algunos sistemas legales y tradiciones todavía la toleran. Este tratamiento negativo y desigual de las mujeres a menudo causan efectos negativos a largo plazo, efectos sociales y psicológicos negativos. Todavía queda un largo camino que recorrer para poder prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas y lograr una igualdad efectiva en todas partes.
Como el Papa Benedicto XVI destacó: “Hay lugares y culturas donde las mujeres están discriminadas o infravaloradas por el solo hecho de ser mujeres, donde se recurre incluso a argumentos religiosos y familiares, sociales y culturales de presión para mantener la desigualdad de los sexos, donde los actos de violencia se realizan contra las mujeres, convirtiéndolas en objeto de maltrato y de explotación en la publicidad y en la industria de consumo y entretenimiento. Ante fenómenos graves y persistentes el compromiso cristiano es cada vez más urgente para que en todas partes se promueva una cultura que reconozca la dignidad que pertenece a los mujeres, en la ley y en la realidad concreta”.[1]
Las formas personales y estructurales de violencia contra las mujeres están a menudo interrelacionadas entre sí y exigen esfuerzos firmes para lograr su erradicación. Este fenómeno no puede ser analizado de forma aislada del contexto social en el que ocurre. Como se destaca en el Informe, las mejoras en el nivel de vida y la provisión de un igual acceso a la educación permitirá a la sociedad prevenir la aparición de este tipo de violencia. De hecho, la propia educación puede servir como medio para crear una mentalidad que apoye y respete a las mujeres.
Teniendo en cuenta “las verdades antropológicas fundamentales del hombre y de la mujer, en la igualdad de dignidad y en la unidad de los dos, en la arraigada y profunda diversidad entre lo masculino y lo femenino, y en su vocación a la reciprocidad y a la complementariedad, a la colaboración y a la comunión[2]," mi delegación considera que es posible mejorar la situación de las mujeres y luchar contra el azote de la violencia, y construir una igualdad creativa y un respeto mutuo que prevengan todo recurso a la violencia.
Gracias, Señor Presidente.
NOTAS
[1] Papa Benedicto XVI, Discurso a los Participantes en la Convención Internacional sobre el tema “Mujer y varón, la totalidad del humanum”, Ciudad del Vaticano, 9 de febrero de 2008 (www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/speeches/2008/february/documents/hf_ben-xvi_spe_20080209_donna-uomo_en.html)
[2] Ibid.
(ZENIT.org).- “¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?” (Hch 1,11) les corrigen dos ángeles a los discípulos el día de la Ascensión de Jesús. La misión de ellos estará ahora en la tierra, entre los hombres, comunicando la Buena Noticia por todos los rincones del mundo. Cuando estaban “juntos y orando” (Hch 1,14) en Jerusalén, recibieron la fuerza del Espíritu del Resucitado que les iluminó la mente y corazón. Las puertas del cenáculo se abrieron y con la primera predicación de Pedro se inició la marcha de la Iglesia (cf. Hch 2,12ss). Desde entonces hasta ahora, la comunidad de los seguidores de Jesús de Nazaret está llamada a ser “sacramento de salvación” en medio de los pueblos y naciones.
En la actualidad, lo específico y urgente es anunciar a Jesucristo con obras y palabras en medio de esta “apostasía silenciosa” de nuestra cultura; para ello se necesitan evangelizadores creíbles. ¿Quiénes son éstos? Puede ser todo cristiano que, siendo fiel a la fe recibida, con coherencia de vida y humildad en sus actuaciones, se ha tomado en serio el mandato del Señor: “id por todo el mundo y haced discípulos míos” (Mt 28,19). Sin embargo, en algunas partes de la Iglesia, no sólo hay una carencia de vocaciones sacerdotales y religiosas, sino también una falta de celo apostólico en muchos pastores y un déficit de presencia de los católicos seglares en la vida pública y en los nuevos areópagos.
La acción misionera y apostólica de extender el Reino de Cristo a todos los hombres no puede ser suplida por la mera acción social. Nuestras parroquias e instituciones no se deben convertir o reducir a meras ONGs, por muy dignas y actuales que sean esas formas de implicación social. Es más, todo compromiso ético y social de un cristiano o de una institución de Iglesia ha de nacer como consecuencia del amor a Dios y al prójimo, eje central de la fe cristiana (cf.1 Cor 13,3). Como dice Benedicto XVI: “La fe en Dios es un acto positivo de amor y confianza, de conversión, de renovación de la vida”.
Ahora bien, creer en un Dios crucificado y abandonado como respuesta última de salvación para el hombre, sigue siendo un “escándalo y blasfemia” como en tiempo del apóstol Pablo. La cultura nihilista y relativista que domina el pensamiento actual no soporta la propuesta cristiana de un Dios personal, salvador y redentor de la humanidad. Su reacción es: animadversión hacia la religión, ridiculización de lo cristiano e intentos de aniquilar la estructura visible de la Iglesia Católica. Frente a este escenario, nada agradable, surge la tentación en muchos bautizados de refugiarse en los “cuarteles de inviernos” o en los “cálidos cenáculos”, olvidando que la Iglesia no está para sí misma, sino para la misión. Cuando se cae en esa incitación, corremos el riesgo de que nuestras iglesias se conviertan en museos espirituales que al final no saben enfrentarse al mundo que le rodea. En cambio si se supera ese peligro, nuestros templos recobran autenticidad de vida y son verdaderos cenáculos de puertas abiertas, como el de Jerusalén, que oraba y evangelizaba.
Pero el activo misionero no sólo se caracteriza por su pertenencia a un determinado carisma, grupo o espiritualidad, sino sobre todo por los frutos de santidad. Los planes, proyectos y objetivos pastorales sirven como métodos en tanto y en cuanto suscitan apóstoles creíbles. Como diría San Gregorio Magno: “nosotros tenemos las antorchas encendidas en nuestras manos cuando, con las buenas obras, damos a nuestros prójimos buenos ejemplos” (Catena Aurea, vol VI, p. 101). Estos, con la ayuda de la gracia, sí que vencen al mundo de la increencia e indiferencia religiosa.
Pentecostés nos invita a confiar en la fuerza del Espíritu que supera todas las dificultades y resistencia ante el anuncio del Evangelio de la esperanza. De ahí, que tengamos que recordar aquel grito del Beato Juan Pablo II: “¡No tengáis miedo!” Nuestras reuniones y celebraciones han de suscitar en los participantes un gran anhelo por el apostolado gozoso de estar “en el mundo, sin ser del mundo” (Jn 17,16), con el único objetivo de ganar “almas para Dios” ¡Esto no ha pasado de moda! ¡Es la exigencia básica de toda vocación bautismal, sacerdotal y religiosa!
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*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España
Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (12 de junio de 2011) (AICA)
Con la celebración de Pentecostés, a cincuenta días de la Pascua, llega a su plenitud la obra de Jesucristo. Comprender el significado de Pentecostés, como presencia viva y actuante del Espíritu de Cristo Resucitado, es comprender la riqueza y lo propio de la vida cristiana. Jesucristo no nos ha dejado una doctrina sino una vida, o mejor dicho, nos ha dejado su Evangelio como Vida Nueva. La misión del Espíritu Santo es comunicarnos como gracia la obra de Jesucristo.
Él no nos enseña nada nuevo, su misión es convertir en vida todo lo que Jesucristo nos enseñó. La vida cristiana, lejos de todo voluntarismo, es el testimonio de la presencia de Dios. San Agustín que había comprendido dónde está la fuerza del cristiano decía: Señor, no me des un mandamiento porque no tengo fuerza para cumplirlo, dame tu gracia, dame tu Espíritu y después pídeme lo que quieras.
Querer hacer del cristianismo un manual de buena conducta es desconocer lo que le es propio. Su verdad es respuesta a la realidad del hombre en cuanto ser necesitado de una presencia que lo sane. Hay en el hombre una herida que debe ser sanada, una unidad que debe ser reconstruida, esta es la obra de Jesucristo. Hay un sueño del hombre naturalmente bueno que no responde a la realidad, porque desconoce la fragilidad de la condición humana junto a su grandeza.
San Pablo expresaba esta condición del hombre diciendo: hago el mal que no quiero y dejo de hacer el bien que quiero, hay en mi interior, decía, una lucha de la que no me puedo librar con mis solas fuerzas (cfr. Rom.7, 14-25). Nos cuesta hablar del pecado, sin embargo, es una realidad que limita al hombre, deteriora sus relaciones y crea situaciones de pecado en la vida de la sociedad. La obra de Jesucristo está orientada, precisamente, a reconstruir en el hombre la imagen de hijo de Dios herida por el pecado. Esta obra que se cumple en Jesucristo, se hace vida por la acción del Espíritu Santo.
Cuando Jesucristo se despide de los apóstoles les dice: “yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). Este estar con nosotros se hace realidad por medio del Espíritu Santo. Él actúa interiormente como gracia que nos sana y eleva espiritualmente, pero necesita de nuestra apertura o docilidad. Sin su presencia no hay vida cristiana. La mejor actitud frente a la misión del Espíritu Santo es un clima de oración. Me permito compartir la secuencia que rezamos en la liturgia de Pentecostés: Ven, Espíritu Santo, y envía un rayo de tu luz. Ven, Padre de los pobres, ven a darnos tus dones, ven a darnos tu luz.
Consolador lleno de bondad, dulce huésped del alma, suave alivio de los hombres. Tú eres descanso en el trabajo, templanza en las pasiones, alegría en nuestro llanto. Sin tu ayuda divina nos hay nada en el hombre, nada que sea inocente. Lava nuestras manchas, riega nuestra aridez, sana nuestras heridas. Suaviza nuestra dureza, elimina con tu calor nuestra frialdad, corrige nuestros desvíos. El hombre nuevo crea nuevas relaciones y revierte aquella situación de pecado. Esta es la obra del Espíritu Santo.
Con la alegría y la esperanza de celebrar un nuevo Pentecostés les hago llegar junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz
Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor” (11 de junio de 2011). (AICA)
SERVIR A LA DIFUSIÓN DE LA VERDAD
Un saludo cordial a todos los televidentes de cada semana. Quiero hoy dirigir un particular agradecimiento a todos aquellos que nos envían sus mensajes y nos hacen percibir el eco de los temas que tratamos en “Claves”.
En esos mensajes que llegan advierto una sintonía y una adhesión que agradezco profundamente. Veo que lo que yo digo no cae en el desierto; compruebo además que interpreto el sentir de muchísima gente que no se siente, muchas veces, interpretada por las voces que, quizás, hacen más ruido que la mía.
Ahora bien, yo creo que esa especie de sintonía o de adhesión implica en ustedes también una responsabilidad y un compromiso que les pido que asuman ser difusores de estos mensajes. Así se ampliará el círculo de recepción de los mismos. Lo que ustedes y yo debemos procurar es que muchas personas reciban la iluminación de la verdad católica.
Me permito insistir en algo ya sabido: los fieles laicos tienen también una responsabilidad y muy importante en la misión de la Iglesia. Entonces tienen que tratar, en la medida de sus posibilidades, de su tiempo, de sus capacidades, cada uno en su lugar, de irse formando bien en las verdades de la fe para poder vivir de ellas y adquirir criterios para discernir y evaluar las cosas del mundo.
El Apóstol San Pedro les decía a los primeros cristianos, en su preciosa Primera Carta –búsquenla ustedes en el Nuevo Testamento- que los cristianos debemos estar preparados para defender delante de los demás la fe que profesamos.
Dice que tenemos que ser capaces de dar razón de nuestra esperanza y hacerlo –subraya el Apóstol San Pedro- con mansedumbre, con respeto y con buena conciencia.
Se trata no solamente de difundir las verdades de la fe sino que, hoy día, tenemos que poner un acento especial en ciertas verdades de suyo accesibles a la razón natural pero que de hecho difícilmente pueden ser comprendidas y asumidas sin la perspectiva de la fe.
Por eso a nosotros nos corresponde, por ejemplo, insistir en la afirmación del orden natural del matrimonio, de la familia, el valor de la vida humana desde la concepción a la muerte natural y todas aquellas cosas que en la cultura que está imponiéndose globalmente suelen ser descartadas.
Es fácil advertir que se va produciendo una especie de cambio de paradigmas muy acelerado. Ya no se trata solamente del rechazo del cristianismo sino del rechazo de ciertas verdades humanas fundamentales de las cuales depende en buena medida la subsistencia de la sociedad.
Tenemos que hacernos eco de estas verdades, siguiendo especialmente el Magisterio del Papa Benedicto XVI, que ha puesto un énfasis especial en este servicio.
El Papa Pablo VI decía que la Iglesia es “experta en humanidad”. Nuestros diversos ámbitos pastorales, parroquias o colegios, aun cuando la acción evangelizadora se realice en ellos en medio de muchos obstáculos y no sea por ello muy pujante y eficaz, son verdaderos reductos de humanidad en un momento en que la cultura se deshumaniza de modo acelerado.
Entonces vuelvo al principio: les agradezco muchísimo la adhesión, el seguimiento y demás pero les pido: ¡adelante con este propósito de multiplicar estos mensajes y de difundirlos cada vez mejor! ¡Y prepararnos siempre todos, cada uno en la medida de sus posibilidades, para dar razón de nuestra esperanza.
Mons. Héctor Aguer, arzobispo de la Plata
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció, en la mañana del sábado 11 de Junio de 2011, en el Aula Pablo VI, a los representantes de diversas etnias de gitanos que han llegado a Roma, provenientes de toda Europa, en celebración del 75º aniversario del martirio y 150º del nacimiento del Beato Zefirino Giménez Malla (1861-1936), gitano de origen español.
¡Venerados hermanos,
queridos hermanos y hermanas!
o Del si tumentsa! [¡El Señor esté con vosotros!]
Es para mí una gran alegría encontrarme con vosotros y daros una cordial bienvenida, en ocasión de vuestro peregrinaje a la tumba del Apóstol Pedro. Agradezco al arzobispo monseñor Antonio María Vegliò, Presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes, por las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre y por haber organizado el evento. Extiendo la expresión de mi gratitud también a la Fundación "Migrantes" de la Conferencia Episcopal Italiana, a la Diócesis de Roma y a la Comunidad de San Egidio, por haber colaborado en la realización de este peregrinaje y por lo que hacen cotidianamente en pro de vuestra acogida e integración. Un “gracias” particular a vosotros, por haber ofrecido vuestros testimonios, tan significativos.
Habéis llegado a Roma de todas partes de Europa para manifestar vuestra fe y vuestro amor por Cristo, por la Iglesia -que es una casa para todos vosotros- y por el Papa. El Siervo de Dios Pablo VI dirigió a los gitanos, en 1965, estas inolvidables palabras: “Vosotros en la Iglesia no estáis al margen, sino que de alguna manera, estáis en el centro, vosotros sois el corazón de la Iglesia”. También yo hoy repito con afecto: ¡Estáis en el corazón de la Iglesia! Sois una amada porción del Pueblo de Dios peregrinante y nos recordáis que “no tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura” (Hb 13,14). También a vosotros ha llegado el mensaje de salvación, al que habéis respondido con fe y esperanza, enriqueciendo la comunidad eclesial de creyentes laicos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas gitanos. Vuestro pueblo ha dado a la Iglesia el beato Ceferino Giménez Malla, del que hoy celebramos el 150º aniversario de su nacimiento y el 75º de su martirio. La amistad con el Señor hizo de este mártir, testimonio auténtico de la fe y de la caridad. Con la intensidad con la que él adoraba a Dios y descubría su presencia en todas las personas y en todos los acontecimientos, el beato Ceferino amaba a la Iglesia y a sus pastores. Terciario franciscano, permaneció fiel a su ser gitano, a la historia y a la identidad de su propia etnia. Casado según la tradición de los gitanos, junto a su esposa decidió validar el vínculo en la Iglesia con el Sacramento del Matrimonio. Su profunda religiosidad encontraba expresión en la participación cotidiana en la Santa Misa y en el rezo del Rosario. Fue justo el rosario que llevaba siempre en el bolsillo, la causa de su arresto e hizo del beato Ceferino un “auténtico mártir del Rosario”, ya que no dejó que se lo quitasen de la mano ni siquiera en el momento de su muerte: Hoy el beato Ceferino nos invita a seguir su ejemplo y nos indica también el camino: la dedicación a la oración y en particular al Rosario, el amor por la Eucaristía y por los demás Sacramentos, la observancia de los Mandamientos, la honestidad, la caridad y la generosidad hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres; esto os hará fuertes ante el riesgo de que las sectas u otros grupos pongan en peligro vuestra relación con la Iglesia.
Vuestra historia es compleja y, en algunos periodos, dolorosa. Sois un pueblo que en los siglos pasados no ha vivido ideologías nacionalistas, que no ha aspirado a poseer una tierra o a dominar a otras gentes. Os habéis quedado sin patria y habéis considerado el Continente en su conjunto como vuestra casa.
Sin embargo, persisten problemas graves y preocupantes, como las relaciones a menudo difíciles con las sociedades en las que vivís. Desgraciadamente a través de los siglos habéis conocido el sabor amargo de la no acogida y, a veces, de la persecución, como sucedió en la II Guerra Mundial: miles de mujeres, hombres y niños fueron asesinados salvajemente en los campos de exterminio. Fue – como decís vosotros – el Porrájmos, “La Gran Destrucción”, un drama todavía poco reconocido y del que se desconocen las proporciones, pero que vuestras familias llevan impreso en el corazón. Durante mi visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, el 28 de mayo de 2006, recé por las víctimas de las persecuciones y me incliné frente a la lápida en lengua romaní, que recuerda a vuestros caídos. ¡La conciencia europea no puede olvidar tanto dolor! ¡Qué nunca más sea, vuestro pueblo, objeto de vejaciones, de rechazo y de desprecio! ¡Por vuestra parte buscad siempre la justicia, la legalidad, la reconciliación y esforzaos por no ser nunca causa de sufrimiento de otros!
Hoy, gracias a Dios, la situación está cambiando: nuevas oportunidades se abren delante de vosotros, mientras que adquirís nueva conciencia. Durante este tiempo habéis creado una cultura de las expresiones significativas, como la música y el canto, que han enriquecido Europa. Muchas etnias ya no son nómadas, sino que buscan la estabilidad con nuevas expectativas frente a la vida. La Iglesia camina con vosotros y os invita a vivir según las comprometedoras exigencias del Evangelio, confiando en la fuerza de Cristo, hacia un futuro mejor. También Europa, que reduce las fronteras y considera riqueza a la diversidad de los pueblos y de las culturas, os ofrece nuevas posibilidades. ¡Os invito, queridos amigos, a escribir juntos una nueva página de la historia para vuestro pueblo y para Europa! La búsqueda de alojamiento y de un trabajo digno y de educación para los hijos son la base sobre la que construir la integración que traerá beneficios para vosotros y para toda la sociedad. ¡Dad vosotros también, vuestra efectiva y leal colaboración, para que vuestras familias se inserten dignamente en el tejido civil europeo! Muchos de entre vosotros son niños y jóvenes que desean educarse y vivir con los demás y como los demás. A estos los miro con particular afecto, convencido de que vuestros hijos tienen derecho a una vida mejor. ¡Sea su bien vuestra gran aspiración! Custodiad la dignidad y el valor de vuestras familias, pequeñas iglesias domésticas, para que sean verdaderamente escuelas de humanidad (cfr Gaudium et spes, 52). Que las instituciones, por su parte, se esfuercen por velar adecuadamente por este proceso.
Finalmente, también estáis llamados a participar activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo la actividad pastoral en vuestras comunidades. La presencia entre vosotros de sacerdotes, diáconos y personas consagradas, que pertenecen a vuestras etnias, son un don de Dios y signo positivo del diálogo de las Iglesias locales con vuestro pueblo, que necesita sostener y desarrollar. Confiad y escuchad a estos vuestros hermanos y hermanas, y ofreced, junto a ellos, el coherente y gozoso anuncio del amor de Dios por el pueblo gitano, ¡cómo por todos los pueblos! La Iglesia desea que todos los hombres se reconozcan hijos del mismo Padre y miembros de la misma familia humana. Estamos en la vigilia de Pentecostés, cuando el Señor mandó su Espíritu sobre los Apóstoles que comenzaron a anunciar el Evangelios en las lenguas de todos los pueblos. Que el Espíritu Santo distribuya sus dones abundantemente sobre todos vosotros, sobre vuestras familias y comunidades esparcidas por el mundo y os haga testigos generosos de Cristo Resucitado. María Santísima, tan amada por vuestro pueblo y que vosotros invocáis como "Amari Devleskeridej", “Nuestra Madre de Dios”, os acompañe por los caminos del mundo y que el beato Zefirino os sostenga con su intercesión.
Naisìv tumenge savorenge katar o ilò kaj avilèn katè ande o kher le Petrosko te sikavèn tumarò pačamòs aj tumarò kamimòs pe e khangherì taj vi pe o Papa. O Blago Zefirino si tumende iek sičarimòs katar ek trajo traimè e Kristòske taj vi pe e khangerì, ke dikàve o sičarimòs aj o kamimòs pe sa le manušà. O Papa si pašè po svako iek anda tumende, taj isarèl tumen ande pesko rugimòs. O Del del tumèn blàgosto, tumarè enè, tumarè familje, aj tumarò trajo ke avela maj anglè. O Del del tumén sastimós te baxht acén e Devlesa.
[Agradezco de corazón a todos los que os habéis reunido en la Sede de Pedro para manifestar vuestra fe y vuestro amor por la Iglesia y por el Papa. Que el Beato Ceferino sea para todos vosotros, ejemplo de una vida vivida para Cristo y para la Iglesia, en la observancia de los mandamientos y en el amor hacia el prójimo. El Papa está cerca de cada uno de vosotros y os recuerda en sus oraciones. Que el Señor os bendiga a vosotros, vuestras comunidades, vuestras familias y vuestro futuro. Que el Señor os dé salud y fortuna. ¡Permaneced con Dios!]
¡Gracias! ¡Y Buen Pentecostés para todos vosotros!
Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica el discurso que dirigió Benedicto XVI el lunes 13 de Junio de 2011 en la Basílica de San Juan de Letrán al inaugurar el congreso eclesial que concluye el año pastoral de la diócesis de Roma con el tema: “Se conmovieron profundamente” (Hechos 2, 37).
Queridos hermanos y hermanas:
Con espíritu agradecido al Señor nos volvemos a reunir en esta basílica de San Juan de Letrán con motivo de la inauguración del congreso diocesano anual. Damos gracias a Dios que nos permite en esta tarde revivir la experiencia de la primera comunidad cristiana, que “tenía un solo corazón y una sola alma” (Hechos 4, 32). Doy las gracias al cardenal vicario por las gentiles palabras que me ha dirigido en nombre de todos y presento a cada quien mi saludo más cordial, asegurando mi oración por vosotros y por aquellos que no pueden estar aquí compartiendo esta importante etapa de la vida de nuestra diócesis, en particular por quienes viven momentos de sufrimiento físico o espiritual.
Me ha complacido saber que en este año pastoral habéis comenzado a aplicar las indicaciones surgidas en el congreso del año pasado, y confío que también en el futuro cada comunidad, sobre todo parroquial, siga comprometiéndose para atender cada vez mejor, con la ayuda ofrecida por la diócesis, la celebración de la Eucaristía, particularmente la dominical, preparando adecuadamente a los agentes pastorales y dedicándose para que el misterio del altar sea vivido cada vez más como un manantial del que se puede sacar la fuerza para ofrecer un testimonio más incisivo de la caridad, que renueve el tejido social de nuestra ciudad.
El tema de esta nueva etapa de evaluación pastoral, “La alegría de engendrar en la fe de la Iglesia de Roma – La iniciación cristiana”, está relacionado con el camino ya recorrido. De hecho, desde hace ya muchos años nuestra diócesis está comprometida en la reflexión sobre la transmisión de la fe. Recuerdo que, precisamente en esta basílica, en una intervención durante el Sínodo Romano, cité unas palabras que me había escrito Hans Urs von Balthasar:“La fe no debe ser presupuesta sino propuesta”. Así es. De por sí, la fe no se conserva en el mundo, no se transmite automáticamente al corazón del hombre, sino que debe ser siempre anunciada. El anuncio de la fe, a su vez, para que sea eficaz debe comenzar por un corazón que cree, que espera, que ama, un corazón que adora a Cristo y cree en la fuerza del Espíritu Santo. Así sucedió desde el inicio, como nos recuerda el episodio bíblico escogido para iluminar esta evaluación pastoral. Está tomado del segundo capítulo de los Hechos de los Apóstoles, en el que san Lucas, nada más haber narrado el acontecimiento de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés, refiere el primer discurso que san Pedro dirigió a todos. La profesión de fe al final del discurso --“Ese Jesús que vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Mesías” (Hechos 2, 36)-- es el gozoso anuncio que la Iglesia no deja de repetir desde hace siglos a cada hombre.
Ante aquel anuncio todos “se conmovieron profundamente”. Esta reacción fue causada ciertamente por la gracia de Dios: todos comprendieron que esa proclamación realizaba las promesas y provocaba en cada uno el deseo de la conversión y del perdón de los propios pecados. Las palabras de Pedro no se limitaban al anuncio de hechos, sino que mostraban su significado, poniendo en relación la vicisitud de Jesús con las promesas de Dios, con las expectativas de Israel y, por tanto, con las de cada hombre. La gente de Jerusalén comprendió que la resurrección de Jesús era capaz de iluminar la existencia humana. De hecho, de este acontecimiento nació una nueva comprensión de la dignidad del hombre y de su destino eterno, de la relación entre el hombre y la mujer, del significado último del dolor, del compromiso en la construcción de la sociedad. La respuesta de la fe nace cuando el hombre descubre, por gracia de Dios, que creer significa encontrar la verdadera vida, la “vida en plenitud”. Uno de los grandes padres de la Iglesia, san Hilario de Poitiers, escribió que se convirtió en creyente cuando comprendió, al escuchar en el Evangelio, que para alcanzar una vida verdaderamente feliz eran insuficientes tanto las posesiones, como el tranquilo disfrute de los bienes y que había algo más importante y precioso: el conocimiento de la verdad y la plenitud del amor entregados por Cristo (Cf. De Trinitate 1,2).
Queridos amigos: la Iglesia, cada uno de nosotros, tiene que llevar al mundo esta gozosa noticia: Jesús es el Señor, Aquel en el que se han hecho carne la cercanía y el amor de Dios por cada hombre y mujer y por toda la humanidad. Este anuncio tiene que resonar de nuevo en las regiones de antigua y tradición cristiana.El beato Juan Pablo II habló de la necesidad de una nueva evangelización dirigida a quienes, a pesar de que ya han escuchado hablar de la fe, han dejado de apreciar la belleza del cristianismo, es más, en ocasiones lo consideran incluso como un obstáculo para alcanzar la felicidad. Por este motivo, deseo repetir lo que les dije a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud en Colonia: “La felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis el derecho de experimentar tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, escondido en la Eucaristía”.
Los hombres se olvidan de Dios también porque con frecuencia se reduce la persona de Jesús a un hombre sabio y se debilita o incluso se niega la divinidad. Esta manera de pensar impide comprender la novedad radical del cristianismo, pues si Jesús no es el Hijo único del Padre, entonces tampoco Dios ha venido a visitar la historia del hombre. Por el contrario, ¡la encarnación forma parte del corazón mismo del Evangelio! Que crezca, por tanto, el compromiso por una renovada estación de evangelización, que no es sólo tarea de algunos, sino de todos los miembros de la Iglesia. En esta hora de la historia, ¿no es quizá ésta la misión que el Señor nos encomienda: anunciar la novedad del Evangelio, como Pedro y Pablo, cuando llegaron a nuestra ciudad? Hay muchas personas que todavía no han encontrado al Señor: hay que ofrecerles una atención pastoral especial. Junto a los niños y los muchachos de familias cristianas que piden recorrer los itinerarios de iniciación cristiana, hay adultos que no han recibido el Bautismo, o que se han alejado de la fe de la Iglesia. Es una atención hoy más urgente que nunca, que pide comprometernos con confianza, apoyados por la certeza de que la gracia de Dios siempre actúa en el corazón del hombre. Yo mismo he tenido la alegría de bautizar cada año, durante la Vigilia Pascual, a algunos jóvenes y adultos.
Pero, ¿quién es el mensajero de este alegre anuncio? Seguramente cada bautizado. Sobre todo los padres, quienes tienen la tarea de pedir el Bautismo para sus propios hijos. ¡Qué grande es este don que la liturgia llama “puerta de nuestra salvación, inicio de la vida en Cristo, fuente de la nueva humanidad” (Prefacio del Bautismo). Todos los papás y mamás están llamados a cooperar con Dios en la transmisión del don inestimable de la vida, pero también a dar a conocer a Aquel que es la Vida. Queridos padres, la Iglesia como madre cariñosa trata de apoyaros en esta tarea fundamental. Desde que son pequeños, los niños tienen necesidad de Dios y tienen la capacidad de percibir su grandeza; saben apreciar el valor de la oración y de los ritos, así como intuir la diferencia entre el bien y el mal. Acompañadles, por tanto, en la fe, desde la edad más tierna.
Y, ¿cómo es posible cultivar después la semilla de la vida eterna según el niño va creciendo? San Cipriano nos recuerda: “Nadie puede tener a Dios por Padre, sino tiene a la Iglesia por Madre”. Desde siempre la comunidad cristiana ha acompañado la formación de los niños y de los muchachos, ayudándoles no sólo a comprender con la inteligencia las verdades de la fe, sino también viviendo experiencias de oración, de caridad y de fraternidad. La palabra de la fe corre el riesgo de quedarse muda, si no encuentra una comunidad que la lleva a la práctica, haciéndola viva y atrayente. Todavía hoy las parroquias, los campamentos de verano, las pequeñas y grandes experiencias de servicio son una preciosa ayuda para los adolescentes que recorren el camino de la iniciación cristiana para madurar un compromiso de vida coherente. Aliento por tanto a recorrer este camino que permite descubrir el Evangelio como la plenitud de la existencia y no como una teoría. Todo esto debe proponerse en particular a quienes se preparan a recibir el sacramento de la Confirmación para que el don del Espíritu Santo confirme la alegría de haber sido engendrados hijos de Dios. Os invito por tanto a dedicaros con pasión al redescubrimiento de este sacramento para que quien ya está bautizado pueda recibir como don de Dios el sello de la fe y se convierta plenamente en testigo de Cristo.
Para que todo esto sea eficaz y dé fruto es necesario que el conocimiento de Jesús crezca y se prolongue más allá de la celebración de los sacramentos. Esta es la tarea de la catequesis, como recordaba el beato Juan Pablo II: “La peculiaridad de la catequesis, distinta del anuncio primero del Evangelio que ha suscitado la conversión, persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo(exhortación apostólica Catechesi tradendae, 19). La catequesis es acción eclesial y por tanto es necesario que los catequistas enseñen y den testimonio de la fe de la Iglesia y no su interpretación. Precisamente por este motivo fue redactado el Catecismo de la Iglesia Católica, que esta tarde vuelvo a entregar espiritualmente a todos vosotros para que la Iglesia de Roma pueda comprometerse con renovada alegría en la educación de la fe. La estructura del Catecismo deriva de la experiencia del catecumenado de la Iglesia de los primeros siglos y retoma los elementos fundamentales que hacen de una persona un cristiano: la fe, los sacramentos, los mandamientos, el Padrenuestro.
Para ello es necesario educar en el silencio y la interioridad. Confío que en las parroquias de Roma los itinerarios de iniciación cristiana eduquen en la oración para que penetre en la vida y ayude a encontrar la Verdad que habita nuestro corazón. La fidelidad a la fe de la Iglesia, además, debe conjugarse con una “creatividad catequística” que tenga en cuenta el contexto, la cultura y la edad de los destinatarios. El patrimonio de historia y de arte que custodia Roma es un camino ulterior para acercar a las personas a la fe. Invito a todos a recurrir a las riquezas de este “camino de la belleza”, que lleva a Aquel que es, según san Agustín, la Belleza tan antigua y siempre nueva.
Queridos hermanos y hermanas: deseo daros las gracias por vuestro generoso y precioso servicio en esta fascinante obra de evangelización y de catequesis. ¡No tengáis miedo de comprometeros por el Evangelio! A pesar de las dificultades que encontráis para conciliar las exigencias familiares y laborales con las de las comunidades en las que desempeñáis vuestra misión, confiad siempre en la ayuda de la Virgen María, Estrella de la Evangelización. El beato Juan Pablo II, que hasta el final se entregó para anunciar el Evangelio en nuestra ciudad y amó con particular afecto a los jóvenes, intercede también por nosotros ante el Padre. Asegurándoos mi constante oración, imparto a todos la Bendición Apostólica.
[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
©Libreria Editrice Vaticana]
Las Hermanas Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia y toda la Familia de la santa Madre Rossello, el 27 de mayo pasado dieron comienzo al “Año del Bicentenario del nacimiento de la Santa Fundadora, María Josefa Rossello”.
Las Hijas de la Misericordia están presentes en la Argentina desde 1875 cuando las primeras misioneras fueron enviadas por la Madre Rossello con la bendición de San Juan Bosco, que enviaba también a los primeros salesianos. (AICA)
Reseña de la vida de santa María Josefa Rossello
Nació en Albisola Marina, el 27 de mayo de 1811, en una familia de artesanos de la arcilla. Benita Rossello, desde los primeros años, fue haciendo un camino de vida-oración sencillo y simple hasta el 7 de diciembre de 1880.
Cuando tenía 16 años se comprometió con la Tercera Orden Franciscana, pero su aspiración era la consagración a Dios en la vida religiosa. Desde 1930 vivió en Savona sirviendo a una familia frente al convento de los Carmelitas, que la ayudaron a crecer para dar una respuesta profunda y fuerte.
La situación de su pueblo era de un profundo cambio: estaba pasando de sociedad agrícola a una sociedad de tipo industrial; lo económico, ético, sanitario y cultural se tornaba cada vez más dramático.
El clamor del obispo, monseñor Agustín María de Mari, fue la mediación clara y definitiva del llamado de Dios, ya que era el padre y pastor atento y sensible a los problemas de su diócesis.
Benita en su extraordinaria sensibilidad intuyó las instancias de los problemas de su tiempo. Urgida por la Caridad de Cristo, se hará cargo de ellos con un ardor que hasta podrá ser interpretado como temeridad y presunción.
El 10 de agosto de 1837, junto con otras jóvenes, comenzó a vivir en comunidad profundizando en el silencio y la oración la misión a emprender. Así surgen las primeras “Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia” y Benita pasó a ser la hermana María Josefa.
Después de dos meses comenzó a reunir niñas abandonadas, que luego se congregan en las Casas de la Providencia, y otras de mejor posición social para educarlas cristianamente. También recibe en las Casas de las Arrepentidas, a jóvenes dedicadas a la prostitución; se abre a toda miseria humana. En 1842 inició la atención a los enfermos. Ella, con sus hijas, está presente en los momentos de epidemias.
A Savona llegan unos misioneros: los padres Verri y Olivieri y una laica, Josefa Ranzani, con las “morenitas” del África (esclavas). María Josefa las protegerá maternalmente, y aquellas más carenciadas por tener defectos físicos serán sus predilectas.
El 14 de diciembre de 1875 envía las primeras 15 misioneras a la Argentina.
María Josefa es una mujer amplia que siente con el pueblo y es parte de él. Fue una mujer sencilla, sin gran preocupación por sí misma. Se entrega, se sacrifica con simplicidad para hacer presente el Reino y compromete a sus hijas en el envío a “todo ministerio de misericordia en la Iglesia”.
La madre María Josefa Rossello murió con fama de santidad el 7 de diciembre de 1880. El 12 de junio de 1949 es proclamada santa por el papa Pío XII.
Santa María Josefa Rossello es fundadora y formadora de una gran familia en la Iglesia constituida por: Las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia (HdM); los Sacerdotes de la Misericordia (SdM); las asociaciones laicas en el Apostolado de la Misericordia (ALAM); los CLAMI; los Voluntarios, y las Colaboradoras Rossellanas.
Están presentes en cuatro continentes: Europa, América, Asia y África; y en 21 naciones: Italia, Alemania, Rumania, Estados Unidos, Jamaica, Haití, República Dominicana, Brasil, Perú, Bolivia, Uruguay, Chile, Argentina, India, Camerún, República Centroafricana, Chad, Burundi, Rwanda y República Democrática del Congo, en medio de diferentes culturas, llamadas a ser lenguaje, gesto, presencia del Dios “rico en misericordia” en colegios, hospitales, hogares, pensionados, misiones de verano y misiones ad gentes.+
ZENIT nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo 12 de Junio de 2011, Solemnidad de Pentecostés, durante la celebración en la Basílica de San Pedro.
Queridos hermanos y hermanas,
Celebramos hoy la gran solemnidad de Pentecostés. Si, en un cierto sentido, todas las solemnidades litúrgicas de la Iglesia son grandes, esta de Pentecostés lo es de una forma singular, porque marca, llegado al quincuagésimo día, el cumplimiento del acontecimiento de la Pascua, de la muerte y resurrección del Señor Jesús a través del don del Espíritu del Resucitado. La Iglesia nos ha preparado en los días pasados para Pentecostés con su oración, con la invocación repetida e intensa a Dios para obtener una renovada efusión del Espíritu Santo sobre nosotros. La Iglesia ha revivido así lo que sucedió en sus orígenes, cuando los Apóstoles, reunidos en el Cenáculo de Jerusalén, “íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,14). Estaban reunidos en humilde y confiada espera de que se cumpliese la promesa del Padre comunicada a ellos por Jesús: “Seréis bautizados en el Espíritu Santo, dentro de pocos días... recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre vosotros”. (Hch 1,5.8).
En la liturgia de Pentecostés, en la narración de los Hechos de los Apóstoles sobre el nacimiento de la Iglesia (cfr Hch 2,1-11), corresponde el salmo 103 que hemos escuchado: una alabanza de toda la creación, que exalta al Espíritu Creador que hizo todo con sabiduría: “¡Qué variadas son tus obras, Señor! ¡Todo lo hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas! … ¡Gloria al Señor para siempre, alégrese el Señor por sus obras!” (Sal 103,24.31). Lo que quiere decirnos la Iglesia es esto: el Espíritu creador de todas las cosas, y el Espíritu Santo que Cristo hizo descender desde el Padre sobre la comunidad de los discípulos, son uno y el mismo: creación y redención se pertenecen mutuamente y constituyen, en el fondo, un único misterio de amor y de salvación. El Espíritu Santo es ante todo Espíritu Creador y por tanto Pentecostés es la fiesta de la creación. Para nosotros los cristianos, el mundo es fruto de un acto de amor de Dios, que hizo todas las cosas y del que Él se alegra por que es “algo bueno”, “algo muy bueno”, como nos recuerda el relato de la Creación (cfr Gen 1,1-31). Por ello Dios no es el absolutamente Otro, innombrable y oscuro. Dios se revela y tiene un rostro. Dios es razón, Dios es voluntad, Dios es amor, Dios es belleza. La fe en el Espíritu Creador y la fe en el Espíritu que Cristo Resucitado dio a los Apóstoles y nos da a cada uno de nosotros, están entonces inseparablemente unidas.
La segunda Lectura y el Evangelio de hoy nos muestran esta conexión. El Espíritu Santo es Aquel que nos hace reconocer en Cristo al Señor, y nos hace pronunciar la profesión de fe de la Iglesia: "Jesús es el Señor" (cfr 1 Cor 12,3b). Señor es el título atribuido a Dios en el Antiguo Testamento, título que en la lectura bíblica tomaba el lugar de su nombre impronunciable. El Credo de la Iglesia no es otra cosa que el desarrollo de lo que se dice con esta simple afirmación: “Jesús es Señor”. De esta profesión de fe, san Pablo nos dice que se trata precisamente de la palabra y de la obra del Espíritu Santo. Si queremos estar en el Espíritu, debemos adherirnos a este Credo. Haciéndolo nuestro, aceptándolo como nuestra palabra, accedemos a la obra del Espíritu Santo. La expresión “Jesús es Señor” se puede leer en los dos sentidos: Jesús es Dios, y, al mismo tiempo, Dios es Jesús. El Espíritu Santo ilumina esta reciprocidad: Jesús tiene dignidad divina, y Dios tiene el rostro humano de Jesús. Dios se muestra en Jesús, y con ello nos da la verdad de nosotros mismos. Dejarse iluminar profundamente por esta palabra es el acontecimiento de Pentecostés: del desorden de Babel, de esas voces que resuenan una contra otra, tiene lugar una transformación radical: la multiplicidad se hace unidad multiforme, del poder unificador de la Verdad crece la comprensión. En el Credo que nos une desde todos los extremos de la tierra, que, mediante el Espíritu Santo, hace de forma que nos comprendamos aún en la diversidad de las lenguas, a través de la fe, la esperanza y el amor, se forma la nueva comunidad de la Iglesia de Dios.
El pasaje evangélico nos ofrece después una imagen maravillosa para aclarar la conexión entre Jesús, el Espíritu Santo y el Padre: el Espíritu Santo es representado como el soplo de Jesús resucitado (cfr Jn 20,22). El evangelista Juan retoma aquí una imagen del relato de la creación, allí donde se dice que Dios sopló en la nariz del hombre un aliento de vida (cfr Gen 2,7). El soplo de Dios es vida. Ahora, el Señor sopla en nuestra alma un nuevo aliento de vida, el Espíritu Santo, su más íntima esencia, y de este modo nos acoge en la familia de Dios. Con el Bautismo y la Confirmación se nos hace este don de modo específico, y con los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia se repite continuamente: el Señor sopla en nuestra alma un aliento de vida. Todos los Sacramentos, cada uno a su propia manera, comunican al hombre la vida divina, gracias al Espíritu Santo que opera en ellos.
En la liturgia de hoy captamos aún una conexión ulterior. El Espíritu Santo es Creador, es la mismo tiempo Espíritu de Jesucristo, pero de modo que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son un solo y único Dios. Y a la luz de la primera Lectura podemos añadir. El Espíritu Santo anima a la Iglesia. Ésta no procede de la voluntad humana, de la reflexión, de la habilidad del hombre y de su capacidad organizativa, ya que si fuese así ya se habría extinguido desde hacía tiempo, como sucede con todo lo humano, Esta en cambio es el Cuerpo de Cristo, animado por el Espíritu Santo. Las imágenes del viento y del fuego, usadas por san Lucas para representar la venida del Espíritu Santo (cfr Hch 2,2-3), recuerdan el Sinaí, donde Dios se había revelado al pueblo de Israel y le había concedido su alianza; "la montaña del Sinaí estaba cubierta de humo – se lee en el libro del Éxodo –, porque el Señor había bajado a ella en el fuego" (19,18). De hecho Israel festejó el quincuagésimo día después de la Pascua, después de la conmemoración de la fuga de Egipto, como la fiesta del Sinaí, la fiesta del Pacto. Cuando san Lucas habla de lenguas de fuego para representar al Espíritu Santo, se recuerda ese antiguo Pacto, establecido sobre la base de la Ley recibida por Israel en el Sinaí. Así el acontecimiento de Pentecostés es representado como un nuevo Sinaí, como el don de un nuevo Pacto en el que la alianza con Israel se extiende a todos los pueblos de la tierra, en el que caen todos los muros de la vieja Ley y aparece su corazón más santo e inmutable, es decir, el amor, que el Espíritu Santo comunica y difunde, el amor que lo abraza todo. Al mismo tiempo la Ley se dilata, se abre, aún haciéndose más sencilla: es el nuevo Pacto, que el Espíritu “escribe” en los corazones de cuantos creen en Cristo. La extensión del Pacto a todos los pueblos de la tierra la representa san Lucas a través de un conjunto de poblaciones considerable para aquella época: (Hch 2,9-11). Con esto se nos dice una cosa muy importante: que la Iglesia es católica desde el primer momento, que su universalidad no es fruto de la inclusión sucesiva de comunidades diversas. Desde el primer instante, de hecho, el Espíritu Santo la creó como Iglesia de todos los pueblos; ésta abraza al mundo entero, supera todas las fronteras de raza, clase, nación; abate todas las barreras y une a los hombres en la profesión del Dios uno y trino. Desde el principio la Iglesia es una, católica y apostólica: esta es su verdadera naturaleza y como tal debe ser reconocida. Es santa no gracias a la capacidad de sus miembros, sino porque Dios mismo, con su Espíritu, la crea, la purifica y la santifica siempre.
Finalmente, el Evangelio de hoy nos entrega esta bellísima expresión: “Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor” (Jn 20,20). Estas palabras son profundamente humanas. El Amigo perdido está presente de nuevo, y quien antes estaba turbado se alegra. Pero dicen mucho más. Porque el Amigo perdido no viene de un lugar cualquiera, sino de la noche de la muerte; ¡y la ha atravesado! No es uno cualquiera, sino que es el Amigo y al mismo tiempo Aquel que es la Verdad y que hace vivir a los hombres; y lo que da no es una alegría cualquiera, sino la propia alegría, don del Espíritu Santo. Sí, es hermoso vivir porque soy amado, y es la Verdad la que me ama. Se alegraron los discípulos, viendo al Señor. Hoy, en Pentecostés, esta expresión está destinada también a nosotros, porque en la fe podemos verle; en la fe Él viene entre nosotros, y también a nosotros nos enseña las manos y el costado, y nosotros nos alegramos. Por ello queremos rezar: ¡Señor, muéstrate! Haznos el don de tu presencia y tendremos el don más bello, tu alegría. Amén.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
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ZENIT nos ofrece la intervención de monseñor Silvano Tomasi, Observador Permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, el 6 de junio de 2011 en la XVII Sesión Ordinaria del Consejo de los Derechos del Hombre, que se está celebrando en Ginebra.
Señor Presidente,
En primer lugar, mi Delegación quería felicitar a los interesados involucrados en la preparación del borrador del Optional Protocol to the Convention on the Rights of the Child to provide a communication procedure (OPC), (Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño), que se convertirá en un importante instrumento del sistema de derechos humanos.
Más allá del aspecto jurídico, el Protocolo Facultativo del CRC provee de una palabra de esperanza y de aliento a aquellos niños y jóvenes cuya inocencia y dignidad humanas se han visto afectados por la crueldad que está presente en el mundo de los adultos. Si todos los estados, las agencias de las Naciones Unidas, la sociedad civil y las instituciones religiosas trabajan juntas en una asociación más eficaz, serán capaces de asegurar el amor, los cuidados y la asistencia a aquellos afectados por la violencia o los abusos. Más aún, se fomentará un mundo donde estos niños puedan perseguir sus sueños y aspiraciones de un futuro libre de violencia.
“Los supremos intereses del niño, serán la consideración primordial”1 y la condición previa para llevar a cabo el futuro previsto. De hecho, estamos “convencidos de que la familia, como grupo fundamental de la sociedad y el entorno natural para el crecimiento y bienestar de todos sus miembros, en particular los niños, debería recibir la protección necesaria y la asistencia para que pueda asumir sus responsabilidades dentro de la comunidad”2. En consonancia con la Convención que reconoce la esencialidad de la familia, la Santa Sede cree que los intereses supremos del niño son servidos en primer lugar, en el contexto de la familia tradicional.
Señor Presidente,
Hace más de cincuenta años, en la Declaración de los Derechos del Niño, la Asamblea General proclamó que “el niño debería disfrutar de una protección especial, y dispondrá de oportunidades y facilidades, a través de la ley y otros medios, para permitirle desarrollarse físicamente, mentalmente, moralmente, espiritualmente y socialmente de un modo normal y saludable y en las condiciones de libertad y de dignidad3. Esto continúa siendo de gran importancia ahora, como entonces, y señala la responsabilidad de la comunidad internacional en su conjunto para proseguir su labor esencial de promoción de la dignidad y del bienestar de todos los niños y adolescentes de todo el mundo.
En 2009, el Papa Benedicto XVI hizo un llamamiento a la comunidad internacional a que aumentase sus esfuerzos para ofrecer una respuesta adecuada a los trágicos problemas que experimentan demasiados niños: “Que no falte el compromiso generoso de todas las partes para que los derechos del niño sean reconocidos y su dignidad reciba cada vez más un mayor respeto”.
Señor Presidente, la Santa Sede ve en su nuevo Optional Protocol to the Convention of the Rights of the Child to provide a communication procedure (Protocolo Facultativo de la Convención de Derechos del Niño para establecer un procedimiento de comunicación), una contribución oportuna para fortalecer el sistema de derechos humanos. Que esto nos lleve cada vez más cerca del objetivo final: la preservación y respeto incondicionales a cada persona, mujer o hombre, adulto o niño.
Gracias, Señor Presidente.
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1 GENERAL ASSEMBLY, Art.3 al. 1 of the Convention on the Rights of the Child, 1989, p.1.
2 GENERAL ASSEMBLY, Preamble of the Convention on the Rights of the Child, 1989, p.1.
3 GENERAL ASSEMBLY, Declaration of the Rights of the Child, 1959, p.1.
[Traducción del inglés por Carmen Álvarez]
(ZENIT) Ser sacerdote católico fue lo que llevó al padre Alois Andritzki de sólo 28 años a ser arrestado y luego asesinado en el campo de concentración de Dachau en Alemania, en 1943.
Fue beatificado el 4 de Julio de 2011 en la diócesis de Dresden-Meissen Alemania, en una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, prefecto para la Congregación de la Causa de los Santos, en representación del Papa Benedicto XVI.
Su vida
El padre Alois nació en 1914 en Radibor, una pequeña población ubicada al oriente de Alemania limitando con Polonia. Su familia parte de un pequeño porcentaje de católicos que vivía en ese lugar compuesto por inmigrantes de los países eslavos.
A los 20 años ingresó a la facultad de teología de la academia arzobispal de Paderborn. Allí mostró sus intereses por la filosofía y la pedagogía.
Luego ingresó al seminario de Meißen a Schmochtitz en Bautzen. En 1938 se ordenó como diácono y un año más tarde, como sacerdote. Trabajó como capellán en la parroquia Hofkirchede Dresda. Allí se encargaba especialmente del apostolado con los jóvenes.
“Fue un sacerdote humilde, simple y siempre disponible a ayudar al prójimo”, cuenta el abogado Ambrosi. “Además amaba el deporte, y decía constantemente que un espíritu sano habita en un cuerpo vigoroso”, dice.
Pero en invierno de 1941 llegó una orden de arresto, luego de que él promoviera una representación teatral donde mostraba cómo iban a terminar los cristianos en la Segunda Guerra Mundial.
“Por un testigo ocular se sabe que al terminar la representación llegó la Gestapo, y él tuvo que anotar los nombres de todos los presentes. El capellán Andritzki estaba ya siendo particularmente vigilado, tanto que a la amenaza siguió la convocatoria en el cuartel y después el arresto”, anota el abogado Ambrosi.
“El texto demuestra que la causa fue su fe y el peligro que su ministerio sacerdotal representaba para el nazismo”, dice.
Después del arresto el padre Alois permaneció bajo custodia cautelar.
“Sin embargo considera que Andritzki rindió declaraciones hostiles contra el Estado infringiendo de esta manera el 2 capítulo de la Ley contra la perfidia. Desde este momento este crimen no podía permanecer en la impunidad, y era necesario disponer para el acusado una acción penal”, cuenta el postulador.
“La acusación del procudador se basó en pruebas inexitentes” dice el abogado Ambrosi. “Pero en las cuales él hizo de todo por construir una especie de castillo acusador que silenciara un sacerdote que testimoniaba con muchísimo ardor su fe, y esto era intolerable para el régimen nacional socialista”.
Así fue remitido por la Gestapo a la carcel política de Dresde, donde permaneció dos meses. Supuestamente ya había pagado su condena pero en lugar de salir, fue llevado al campo de concentración de Dachau.
La familia mandó apelar a la justicia. Su padre Johann Andritzki escribió una conmovedora carta a la oficina de alta seguridad de Reich de Berlín, en la que pedía que su hijo fuese liberado porque ya no había más cargos contra él. Pero el esfuerzo fue en vano.
Así fue asesinado el 3 de febrero de 1943. La causa de la muerte, según los informes de la Gestapo fue el tifus abdominal, pero en realidad después de que se recuperó en la enfermería le pusieron una inyección letal.
Un testigo ocular dijo que el joven sacerdote estaba moribundo, dos camas más allá de la suya “por ello dio fe del hecho que el capellán de Dresda era un chico muy dotado, además de ser un buen deportista”, dice el abogado Ambrosi. Su cuerpo fue arrastrado y después incinerado.
Su testimonio parecía un bálsamo para los que estaban en el campo de concentración: “En el terror en el cual todos vivían en el campo de concentración de Dachau se decía de Alois que quien lo veía en la mañana, permanecía lleno de alegría toda la jornada”, concluye el abogado Ambrosi.
Por Carmen Elena Villa
Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo décimo quinto del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.
SALIR A SEMBRAR
Antes de contar la parábola del sembrador que «salió a sembrar», el evangelista nos presenta a Jesús que «sale de casa» a encontrarse con la gente para «sentarse» sin prisas y dedicarse durante «mucho rato» a sembrar el Evangelio entre toda clase de gentes. Según Mateo, Jesús es el verdadero sembrador. De él tenemos que aprender también hoy a sembrar el Evangelio.
Lo primero es salir de nuestra casa. Es lo que pide siempre Jesús a sus discípulos: «Id por todo el mundo...», «Id y haced discípulos...». Para sembrar el Evangelio hemos de salir de nuestra seguridad y nuestros intereses. Evangelizar es "desplazarse", buscar el encuentro con la gente, comunicarnos con el hombre y la mujer de hoy, no vivir encerrados en nuestro pequeño mundo eclesial.
Esta "salida" hacia los demás no es proselitismo. No tiene nada de imposición o reconquista. Es ofrecer a las personas la oportunidad de encontrarse con Jesús y conocer una Buena Noticia que, si la acogen, les puede ayudar a vivir mejor y de manera más acertada y sana. Es lo esencial.
A sembrar no se puede salir sin llevar con nosotros la semilla. Antes de pensar en anunciar el Evangelio a otros, lo hemos de acoger dentro de la Iglesia, en nuestras comunidades y nuestras vidas. Es un error sentirnos depositarios de la tradición cristiana con la única tarea de transmitirla a otros. Una Iglesia que no vive el Evangelio, no puede contagiarlo. Una comunidad donde no se respira el deseo de vivir tras los pasos de Jesús, no puede invitar a nadie a seguirlo.
Las energías espirituales que hay en nuestras comunidades están quedando a veces sin explotar, bloqueadas por un clima generalizado de desaliento y desencanto. Nos estamos dedicando a "sobrevivir" más que a sembrar vida nueva. Hemos de despertar nuestra fe.
La crisis que estamos viviendo nos está conduciendo a la muerte de un cierto cristianismo, pero también al comienzo de una fe renovada, más fiel a Jesús y más evangélica. El Evangelio tiene fuerza para engendrar en cada época la fe en Cristo de manera nueva. También en nuestros días.
Pero hemos de aprender a sembrarlo con fe, con realismo y con verdad. Evangelizar no es transmitir una herencia, sino hacer posible el nacimiento de una fe que brote, no como "clonación" del pasado, sino como respuesta nueva al Evangelio escuchado desde las preguntas, los sufrimientos, los gozos y las esperanzas de nuestro tiempo .No es el momento de distraer a la gente con cualquier cosa. Es la hora de sembrar en los corazones lo esencial del Evangelio.
José Antonio Pagola
Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
10 de julio de 2011
15 Tiempo ordinario (A)
Mateo 13,1-23
ZENIT nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo 12 de Junio de 2011 durante la meditación introductoria al rezo del Regina Caeli, con los peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro.
Queridos hermanos y hermanas,
La solemnidad de Pentecostés, que hoy celebramos, concluye el tiempo litúrgico de Pascua. En efecto, el Misterio pascual – la pasión, muerte y resurrección de Cristo y su ascensión al Cielo – encuentra su cumplimiento en la potente efusión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles reunidos junto con María, la Madre del Señor, y los demás discípulo. Fue el “bautismo” de la Iglesia, bautismo en el Espíritu Santo (cfr Hch 1,5). Como narran los Hechos de los Apóstoles, en la mañana de la fiesta de Pentecostés, un fragor como de viento embistió el Cenáculo y sobre cada uno de los discípulos descendieron lenguas como de fuego (cfr Hch 2,2-3). San Gregorio Magno comenta: “Hoy el Espíritu Santo ha descendido con sonido repentino sobre los discípulos y ha cambiado las mentes de seres carnales dentro de su amor, y mientras aparecían en el exterior lenguas de fuego, en el interior los corazones se hicieron llameantes, pues, acogiendo a Dios en la visión del fuego, ardieron suavemente de amor” (Hom.en Evang. XXX, 1: CCL 141, 256). La voz de Dios diviniza el lenguaje humano de los Apóstoles, los cuales se volvieron capaces de proclamar de modo "polifónico" al único Verbo divino. El soplo del Espíritu Santo llena el universo, genera la fe, arrastra a la verdad, predispone a la unidad entre los pueblos. “A este ruido la muchedumbre se acercó y se quedó turbada, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua” de las “maravillas de Dios” (Hch 2,6.11).
El beato Antonio Rosmini explica que “en el día del Pentecostés de los cristianos Dios promulgó … su ley de caridad, escribiéndola por medio del Espíritu Santo no sobre tablas de piedra, sio en el corazón de los Apóstoles, comunicándola después a toda la Iglesia” (Catechismo disposto secondo l’ordine delle idee…n. 737, Turín 1863). El Espíritu Santo, "que es el Señor de la vida” – como recitamos en el Credo –, está unido al Padre por medio del Hijo y completa la revelación de la Santísima Trinidad. Proviene de Dios como aliento de su boca y tiene el poder de santificar, abolir las divisiones, disolver la confusión debida al pecado. Él incorpóreo e inmaterial, otorga los bienes divinos, sostiene a los seres vivientes, para que actúen en conformidad con el bien. Como Luz inteligible da significado a la oración, da vigor a la misión evangelizadora, hace arder los corazones de quien escucha el alegre mensaje, inspira el arte cristiano y la melodía litúrgica.
Queridos amigos, el Espíritu Santo, que crea en nosotros la fe en el momento de nuestro Bautismo, nos permite vivir como hijos de Dios, conscientes y consecuentes, según la imagen del Hijo Unigénito. También el poder de perdonar los pecados es don del Espíritu Santo; de hecho, apareciéndose a los Apóstoles la tarde de Pascua, Jesús sopló su aliento sobre ellos y dijo: “Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis lospecados, les serán perdonados”(Jn 20,23). A la Virgen María, templo del Espíritu Santo, confiamos la Iglesia, para que viva siempre de Jesucristo, de su Palabra, de sus mandamientos, y bajo la acción perenne del Espíritu Paráclito anuncie a todos que “¡Jesús es el Señor!” (1 Cor 12,3).
[Después del Regina Caeli dijo]
Queridos hermanos y hermanas, estoy contento de recordar que mañana en Dresde, en Alemania, será proclamado Beato Alois Andritzki, sacerdote y mártir, asesinado por los nacional-socialistas en 1943, a la edad de 28 años. Alabemos al Señor por este heroico testigo de la fe, que se añade a las filas de cuantos dieron la vida en el nombre de Cristo en los campos de concentración. Quisiera confiar a la intercesión de ellos, hoy que es Pentecostés, la causa de la paz en el mundo. Que el Espíritu Santo inspire valientes propósitos de paz y mantenga el compromiso de llevarlos adelante, para que el diálogo prevalezca sobre las armas y el respeto de la dignidad del hombre supere los intereses de parte. Que el Espíritu, que es vínculo de comunión, vuelva a encaminar los corazones desviados por el egoísmo y ayude a toda la familia humana a redescubrir y custodiar con vigilancia su unidad fundamental.
Pasado mañana, 14 de junio, se celebra la Jornada Mundial de los Donantes de Sangre, millones de personas que contribuyen, de modo silencioso, a ayudar a los hermanos en dificultad. Dirijo a todos los donantes un cordial saludo e invito a los jóvenes a seguir su ejemplo.
[En español dijo]
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana, en particular a los fieles de la parroquia de Moral de Calatrava y al grupo de Oficiales de la Escuela Militar de Colombia. Celebramos hoy, cincuenta días después de la Pascua, la solemnidad de Pentecostés, en la que la liturgia revive el inicio de la misión apostólica a todos los pueblos. Invito a todos a perseverar junto con María, Madre de la Iglesia, en ferviente oración y a poner al servicio de toda la humanidad los diversos dones y carismas que el Espíritu Santo nos ha concedido, para continuar así anunciando la buena nueva de la resurrección de Cristo. Muchas gracias y feliz domingo.
[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
ZENIT publica el artículo publicado por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “Pobres y no tan pobres”.
Pobres y no tan pobres
VER
Duras críticas le llovieron a un Secretario de Estado, aspirante a la Presidencia de la República, quien afirmó que nuestro país ya no es pobre, sino que tiene una calificación media. Ha tratado de justificarse, en base a estándares de instituciones internacionales, pero el sentir común y las estadísticas oficiales nos dicen que hay en nuestro país un alto porcentaje de quienes viven en pobreza, incluso en pobreza extrema.
Esto es obvio, si tenemos ojos y corazón para captar lo que vive y sufre el pueblo. Tanto si alguien se acerca a los barrios marginados de las ciudades, a los vendedores ambulantes, a los subempleados y desempleados, como quienes estamos casi a diario con las poblaciones campesinas e indígenas, constatamos el dolor y la frustración de miles y millones de compatriotas. La irrefrenable migración a las ciudades y a los Estados Unidos, a pesar de las inhumanas restricciones que ese país pone a los migrantes, nos demuestran las graves carencias que sufren muchísimos hermanos.
También es cierto que mucha gente ya no es tan pobre como hace algunos años. Llevo veinte en Chiapas y, a pesar de carencias inocultables, he visto el avance en carreteras, electrificación, agua entubada, salud, educación, vivienda, etc. Muchos campesinos ya no van a sus tierras a pie o en burro, sino en un carrito, en una camioneta, aunque sean de tercera o cuarta mano; albañiles, empleadas domésticas y mujeres artesanas tienen celular. Han aumentado en forma notable los vehículos en poblaciones marginadas. Hay muchas casas bien construidas, con las remesas que envían quienes logran trabajo en Estados Unidos, aunque varias están sin habitar. Muchos hogares pagan rentas mensuales por televisión de cable o satelital. Las grandes tiendas comerciales se saturan de compradores. Más jóvenes acceden a estudios superiores.
JUZGAR
La pobreza tiene muchas facetas. Hay ricos y riquísimos que son miserables en valores humanos y cristianos. Muchos pobres tienen un corazón de oro, pues son honestos, justos, trabajadores y solidarios; sin embargo, son los que más sufren, por el sistema injusto en que vivimos, generador de inequidades.
Ha dicho el Papa Benedicto XVI: “Nuevos problemas y nuevas esclavitudes emergen en nuestro tiempo, tanto en el llamado primer mundo, acomodado y rico pero incierto sobre su futuro, como en los países emergentes donde, a causa de una globalización a menudo caracterizada por el lucro, acaban por aumentar las masas de los pobres, de los emigrantes y de los oprimidos, en quienes se debilita la luz de la esperanza” (14-V-2011).
Dijimos los obispos mexicanos en nuestra Exhortación Pastoral Que en Cristo, nuestra Paz, México tenga vida digna, del 15 de febrero de 2009: “La pobreza ha crecido. Esta situación no puede ocultarse tras la generalidad de las estadísticas; la pobreza adquiere en la vida real rostros muy concretos. México es uno de los países con mayor desigualdad en la distribución de la riqueza en el mundo. La desigualdad provoca una honda insatisfacción y sensación de injusticia, que es la puerta de entrada de la violencia y por consiguiente, de un clima de inseguridad.
La desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada y los niveles inhumanos de vida, exponen a la violencia a muchas personas: por la irritación social que implican; por hacerlas vulnerables ante las propuestas de actividades ilícitas y porque favorecen, en quienes tienen dinero, la corrupción y el abuso de poder.
Crece constantemente el número de jóvenes que no estudian ni trabajan, con lo que se incrementa la migración y la economía informal. Esto hace que muchos de ellos sean oferta laboral para la demanda de quienes se dedican al narcomenudeo o a la delincuencia organizada”.
ACTUAR
Además de criticar al sistema, veamos cada quién qué podemos hacer por los pobres, para que ellos mismos sean actores de su desarrollo integral. Que los ricos sean capaces de abrir su corazón hacia ellos, y éstos crezcan no sólo en lo material, sino en todo su ser. Jesucristo es el mejor camino para un crecimiento pleno, para una vida digna.
CELEBRACIÓN Y PROCESIÓN DEL TITULAR DE LA PARROQUIA
1º de Enero
En 1579 los vecinos de La Fuente de La Guancha en el lugar de Icod de los Trigos fabricaron una ermita dedicada al Santísimo Nombre de Jesús dependiente del Curato de Icod de los Vinos. En el año 1630, después de su ampliación, el obispo Don Cristóbal de la Cámara y Murga lo declaró templo parroquial con el mismo título. Su fiesta por tradición centenaria se ha celebrado siempre en la Octava de la Navidad, 1 de Enero. Actualmente seguimos manteniendo la tradición aunque su fiesta litúrgica sea el 3 de Enero. Así en la silenciosa mañana del día primero de este año 2011 celebramos solemnemente la Misa y tuvimos a continuación una Procesión con la imagen del Niño Jesús. (Datos históricos)
DÍA DE LAS MIGRACIONES: UNA SOLA FAMILIA HUMANA
7 de Enero
El 16 de Enero, segundo domingo del Tiempo Ordinario, celebra la Iglesia el Día de las Migraciones bajo el lema del Mensaje del Papa: «Una sola familia humana». El cartel para esta jornada así lo quiere expresar: Diversidad de colores y rostros de distintos países unidos en comunión, en un tono positivo y de esperanza frente a los mensajes mediáticos negativos que se reciben muchas veces sobre la migración. La cruz colgada en el pecho de uno de ellos indica también no solo la acogida sino la integración en nuestra realidad eclesial.
Es clara también su identificación con todo lo que significa la Jornada Mundial de la Juventud a celebrar este año, en donde –como dice el Papa y refleja el cartel– los jóvenes son «puentes culturales» entre los países de acogida y los de destino.
OCTAVARIO POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS
7 de Enero
El Delegado Diocesano de Relaciones Internacionales de nuestra diócesis, además de comunicarnos el programa de celebraciones a nivel diocesano en la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos (18 al 25 de Enero), nos envía el material para que lo usemos a niveles parroquiales o de comunidades cristianas con diversas opciones. El tema de este año, “Unidos en la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraterna, la fracción del pan y la oración”, fue preparado por el Comité Local de Jerusalén e invita a los cristianos del mundo entero a dedicar un tiempo de reflexión mirando a la Iglesia madre de Jerusalén, de donde nacieron todas las demás comunidades cristianas.
INFANCIA MISIONERA 2011: “CON LOS NIÑOS DE OCEANÍA… SEGUIMOS A JESÚS”
7 de Enero
Los niños de la Infancia Misionera, en su recorrido por los cinco continentes, después haberse encontrado con los niños de África y Asia, este año lo hacen con los de Oceanía. El lema “Con los niños de Oceanía… seguimos a Jesús” los invitará a seguir a Jesús.
Una año más la Jornada de la Infancia Misionera, con la ayuda de los materiales (Cartel, revista, trípticos, sobres…) intentará que tomemos conciencia 1) de ayudar a los educadores a desarrollar en los niños la dimensión misionera universal, 2) suscitar en los niños el deseo de compartir y 3) colaborar con otros niños a ayudar a los que más lo necesitan.
CURSO SOBRE LITURGIA DE LAS HORAS
17 de Enero
Los días 4, 5 y 6 de febrero, en San Pedro Daute, en Garachico, Ángel Moreno, capellán del monasterio cisterciense de Buenafuente del Sistal, impartirá un curso sobre la Liturgia de las Horas. Los organizadores del curso han previsto un servicio de hospedería para quienes deseen pernoctar en Garachico. Por otro lado, cabe señalar que Ángel Moreno también estará presente en el Encuentro Diocesano de la Vida Consagrada que este año se celebrará también en Garachico, en la mañana del día 5 de febrero. Para inscribirse en el curso o solicitar más información, los interesados pueden llamar al teléfono de la parroquia de Santa Ana: 922 830 244.(Noticias Breves – Obispado)
PEREGRINACIÓN DIOCESANA POR LA PAZ
17 de Enero
“La Libertad Religiosa, camino de la Paz” es el lema elegido para la peregrinación diocesana de oración por la paz del próximo 19 de febrero de 2011. Se saldrá, como en años anteriores, desde la Iglesia de Sto. Domingo de Guzmán en La Laguna en torno a las 6.00 horas tras una pequeña celebración de la Palabra. En Caletillas será la reunión con el resto de participantes para continuar la marcha hacia la Basílica, en la cual celebraremos la Eucaristía presidida por el Obispo.(Noticias Breves – Obispado)
CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE DE MANOS UNIDAS
17 de Enero
Manos Unidas continúa trabajando con los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). En 2011, esta Organización No Gubernamental para el Desarrollo se centrará en el cuarto objetivo: "Reducir la Mortalidad Infantil". En nuestra diócesis, el viernes 11 de febrero, Día del Ayuno Voluntario, Manos Unidas ha invitado a quienes lo deseen a acudir a la Eucaristía presidida por el Obispo, que se celebrará en la parroquia de Nuestra Señora de la Peña de Francia, en el Puerto de la Cruz, a las 19:00 horas. (Noticias Breves – Obispado)
CURSO PARA EVANGELIZADORES
17 de Enero
"Koinonía. Espiritualidad del Evangelizador" es un curso destinado a todos los evangelizadores que son conscientes de la necesidad de cuidar la vida interior para poder llevar más eficazmente el mensaje del Evangelio. Está organizado por la delegación de pastoral misionera y se desarrollará del 18 de febrero a las 20:00 horas al 20 de febrero después de almuerzo, en la Casa de la Iglesia, en La Laguna. (Noticias Breves – Obispado)
MASTER DE PASTORAL FAMILIAR
17 de Febrero
Del 18 al 20 de febrero se desarrollará la segunda edición del Master en Pastoral Familiar bajo el tema: "La Revelación del amor en la Sagrada Familia". El lugar escogido para desarrollar esta sesión será la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife. Los interesados en participar pueden comunicarlo a través de los correos: familiayvida.tenerife@gmail.com y personayfamilia@jp2madrid.org. (Noticias Breves – Obispado)
CURSILLO DE CRISIANDAD Nº 342
17 de Enero
El fin de semana del 28 al 30 de enero, se celebrará, en la Casa de la Iglesia, el cursillo de Cristiandad nº 342. La misión del mismo es colaborar con la gracia para provocar, en quienes participan, un encuentro personal con Cristo. Si cree que alguna persona puede beneficiarse del mismo, puede ponerse en contacto mediante nuestro correo electrónico, cursillostfe_secre@hotmail.com.(Noticias Breves – Obispado)
REVISTA “IGLESIA NIVARIENSE”
17 de Enero
El último número de la revista “Iglesia Nivariense” dedica un amplio espacio a los criterios generales para la evaluación pastoral del PDP. Desde la Vicaría General se ha pedido hacer llegar a todos los agentes de pastoral esta publicación a fin de capacitarse para este momento valorativo y de planificación pastoral. (Noticias Breves – Obispado)
CELEBRACIÓN DE ACCIÓN DE GRACIAS A LA VIRGEN DE LA ESPERANZA
18 de enero
Fieles a la tradición recibida desde tiempo inmemorial los fieles del municipio de La Guancha se reunieron en el templo parroquial de El Dulce Nombre de Dios para participar en la Eucaristía de Acción de Gracias en honor de Ntra. Sra. de la Esperanza que por voto se viene celebrando probablemente desde el siglo XVII. El pueblo acudió a la Virgen a causa de una calamidad que se cernía sobre él y prometió guardar el día.
La Eucaristía, presidida por el párroco y concelebrada por varios sacerdotes, contó con la presencia de la Corporación Municipal. La procesión fue acompañada por la Banda de Música de “La Esperanza” del mismo municipio.
PARTICIPACIÓN EN “MARCHA MISIONERA” AL SANTUARIO DE CANDELARIA
22 de Enero
Como en años anteriores los niños de nuestras parroquias de La Guancha y de San José participaron en la Marcha Misionera que con motivo de la celebración de la Jornada de la Infancia Misionera organiza la Delegación Diocesana de Misiones al santuario de Ntra. Sra. de Candelaria. Sesenta niños acompañados por los catequistas y algunos padres se unieron a los otros niños de la diócesis en la marcha, en los juegos, en los cantos y en la Eucaristía presidida por el Obispo diocesano.
SEMBRANDO ESTRELLAS
11 de Diciembre 2010
Los catequistas están concienciando a los niños y a sus padres para el domingo día 19 de Diciembre salir por las calles de la parroquia como “Sembradores de Estrellas”. Ya se han designado sus acompañantes, los lugares que recorrerán, quienes compondrán cada grupo, cómo se hace el regalo de la estrella y qué se dirá al realizar el gesto.
Intentarán llenar de estrellas las calles de nuestro pueblo y desear de corazón a los que encuentren una Feliz Navidad, en nombre de todos los misioneros.
Los materiales para su celebración se podrán encontrar en la web de las OMP.
REAPERTURA DE LA IGLESIA DE SAN JOSÉ
19 de Diciembre
La comunidad parroquial de San José en San Juan de la Rambla está de enhorabuena. Su templo, después de dos años y medio cerrado, fue abierto de nuevo al culto. A las once horas de la mañana del 19 de Diciembre de 2010 daba comienzo el acto de Reapertura con la asistencia de un grupo numeroso de fieles y la presencia del Obispo de la Diócesis, el Presidente del Gobierno Canario, el Presidente del Cabildo, el Alcalde del municipio y su corporación, la Directora General de Patrimonio y el Coordinador Insular de Cultura. En la presentación del acto el párroco señaló que “aquello que empezó siendo una restauración puntual se convirtió en una rehabilitación casi total del templo, de edificación sencilla y planta rectangular, cuyos orígenes se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII”. La obra se ejecutó en dos etapas con subvención del Cabildo de Tenerife y Gobierno de Canarias. Fue llevada a cabo por las empresas SIDCI 200 S.L. y Construcciones Felipe Méndez S.L. bajo la dirección técnica del arquitecto del obispado en su segunda fase. “Gracias a la actuación tan perfectamente coordinada a través de los técnicos Gobierno de Canarias-Obispado”, indicó el párroco, hoy contamos con una iglesia embellecida pero siendo respetuosos y fieles al pasado.
Después de la intervención de las autoridades el contratista hace entrega de las llaves del templo que fueron depositadas en las manos del párroco para que abriera la puerta y poder contemplar los detalles de la restauración.
A las once y media daba comienzo la Misa presidida por el Obispo. Quien en su homilía dio las gracias a todas las instituciones que con su aportación económica y su dirección habían hecho posible esta bella obra.
Al final el párroco reitera su gratitud y alaba tanto la compresión de los fieles de la parroquia que han sufrido pacientemente el tener su templo cerrado como el apoyo de los miembros del Consejo Parroquial.
BENDICIÓN Y ENTREGA DE LAS ESTRELLAS
19 de Diciembre
Precedida una pequeña celebración en la que el sacerdote bendijo las estrellas y a los niños y pidió por aquellos que las iban a recibir, los niños de nuestra parroquia participaron en la campaña “Sembradores de estrellas”. Al finalizar la Misa del cuarto domingo de Adviento salieron a la calle, acompañados de sus catequistas y de los componentes del coro parroquial, felicitando en nombre de los misioneros a todos los que encontraron y colocando una estrella en la solapa. Y así dieron sentido misionero a las fiestas navideñas.
TRES MILLONES DE HITS
20 de Diciembre
Tres millones de visitas señalaba el contador miarroba en la web-blog “Acontecer Pastoral de una Parroquia” el sábado 18 de Diciembre. Ocupa actualmente el número 6 en el ranking miarroba de 99.569 blogs. Surgió como complemento de la web parroquial “Fuentedelaguancha.org”, que tiene un espacio limitado.
Su temario está dividido en categorías. Entre los artículos más vistos están “Requisitos para ser padrinos de bautismo o confirmación” (45.500 hits), “palabras-de-gratitud-y-de-despedida-de-un-profesor-de-...” (19.000 hits), litugia, moniciones y celebraciones
EL PORTAL DE LA PARROQUIA
22 de Diciembre
Miembros de la Cofradía de la Santa Pasión han elaborado un portal con el misterio del nacimiento de Jesús. Este año lo han confeccionado junto al arco del presbiterio al lado del ambón, adornado con artesanía del lugar.
REPRESENTACIÓN NAVIDEÑA EN EL BARRIO DE LAS ROSAS
25 de Diciembre
Un grupo de niños del barrio de Las Rosas de San Juan de la Rambla hicieron una pequeña escenificación navideña en la que rindieron homenaje al Niño de Belén con sus ofrendas y versos. Vestían trajes del folklore canario. Participaron en la Eucaristía con sus cantos. Sus padres y familiares presenciaron emocionados la representación.
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
2 de Noviembre 2010
Como es ya tradicional a la hora anunciada previamente el párroco celebró la Eucaristía en el cementerio parroquial en la tarde del día 1 de Noviembre y en el cementerio municipal el día 2. Las dos celebraciones gozaron de gran afluencia de fieles.
Celebración de San Martín de Porres
3 de Noviembre
La devoción de una familia de la parroquia regalando al templo una pequeña imagen de San Martín de Porres hace que siempre al llegar el 3 de Noviembre, fiesta litúrgica, convoquemos a los fieles y nos acordemos del Santo de la Caridad.
MATERIALES PARA EL DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA
3 de noviembre
Han llegado los materiales para la celebración del DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA con los que se quiere remarcar que formamos parte de la comunidad de los hijos de Dios que es la Iglesia y, de ahí, el lema: “La iglesia, comunidad de fe, caridad y esperanza”.
Un cartel, carta del Obispo Diocesano, folleto con información sobre la actividad de la Iglesia, las cuentas diocesanas y un boletín para la colaboración económica tratarán de lograr el objetivo final de la Campaña: animar a los ciudadanos a comprometerse a apoyar a su Iglesia en su ingente tarea.
PROGRAMA DE ACTOS DE LA VISITA LUSTRAL DE LA IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA Y DE LAS FIESTAS PATRONALES DE SANTA CATALINA MÁRTIR
8 de Noviembre
La Comisión de la Visita Lustral de la imagen de La Esperanza y de las Fiestas Patronales de Santa Catalina Mártir del barrio de Santa Catalina del municipio de La Guancha está distribuyendo el Programa de Actos. La portada a todo color presenta juntas las imágenes de La Esperanza y Santa Catalina. En el interior encontramos el programa de actos, saluda de la Alcaldesa, prólogo del párroco y varias poesías.
Por octava vez la Virgen de la Esperanza peregrina al barrio. La primera visita comenzó el año 1975 con motivo del Año Santo y así se ha mantenido cada cinco años.
JORNADA DE ORACIÓN POR LA VIDA NACIENTE 2010
15 de Noviembre
El Papa nos ha invitado a que el próximo día 27 de noviembre realicemos una jornada de oración por la vida naciente, en concreto celebrando una vigilia de oración u otra celebración. Así lo expresaba el Prefecto de la Congregación para el Culto: “Es deseo del Santo Padre que en las Iglesias particulares los Obispos presidan celebraciones análogas e involucren a las parroquias, a las comunidades religiosas, a las asociaciones y a los movimientos. Por este motivo nos ha encargado hacer esta invitación en su nombre”.
En esta misma línea se ha manifestado la Conferencia Episcopal Española a través de la Subcomisión de Familia y Vida, la cual ha pedido a todos los obispos españoles que “favorezcan estos momentos especiales de oración en sus respectivas diócesis”.
Con tal motivo la Delegación Diocesana “Familia y Vida” ha preparado unos materiales pretendiendo favorecer el trabajo de nuestras comunidades religiosas, parroquiales, de movimientos o de cualquier otro tipo. Nos ofrece en ellos dos tipos diferentes de vigilias de oración (modelo 1 y modelo 2), un rezo especial del Santo Rosario y algunos subsidios para la celebración de la eucaristía.
ENCUENTRO DE JÓVENES
15 de Noviembre
El Encuentro anual de Jóvenes de la Diócesis de Tenerife, que este año se presenta con el lema “NACIENDO”, tendrá lugar en el Médano el 20 DE Noviembre de 2010. Dará comienzo en la Cueva del Santo Hermano Pedro y terminará en el templo parroquial del municipio en horario de 11 a 21 horas.
PROYECTO DE UN HOSPITAL TRAUMATOLÓGICO EN CAMERÚN PROMOVIDO POR LA ORDEN HOSPITALARIA SAN JUAN DE DIOS
Desde la oficina de Prensa el Obispado nos remiten la siguiente noticia con el ruego de propagarla: “La Obra Social de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, tiene un nuevo proyecto que consiste en la construcción de un nuevo Hospital Traumatológico en la ciudad de Douala en Camerún, para atender a gente necesitada.
El centro de traumatología y ortopedia San Juan de Dios será el primero de estas características en Douala, donde existe una gran demanda de tratamiento de patologías de esta especialidad. Éstas se deben a malformaciones congénitas e infecciones y también al alto índice de accidentes laborales y de tráfico que existe en Camerún”.
VISITA LUSTRAL DE NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA AL BARRIO DE SANTA CATALINA DE LA GUANCHA
19 de Noviembre
Unas dos mil personas peregrinaron con la imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza al barrio de Santa Catalina de La Guancha. Comenzó la peregrinación con el rezo del primer Misterio de Luz frente a la puerta del templo parroquial para después dirigirse, en medio de cantos y el rezo de los misterios del Rosario, hacia la ermita del Calvario, Centro Socio-sanitario de Mayores, ermita de Coromoto y finalmente recorrer la carretera desde la salida del casco del municipio hasta el Parque de Santa Catalina. Desde aquí la imagen de La Esperanza entra en procesión hasta el lugar donde esperaba la imagen de Santa Catalina Mártir. El emotivo encuentro de las dos imágenes en medio de aplausos y cohetes dio paso al canto del Ave María y al saludo de bienvenida del párroco del lugar, Don Arsenio Miguel de la Cruz Reimond. Sigue la procesión solemne acompañada de la banda de música de San Juan de la Rambla y culmina la peregrinación con la celebración de la Eucaristía presidida por el párroco de La Guancha, Don Sebastián García Martín.
DÍA PRINCIPAL DE LA VISITA LUSTRAL
21 de Noviembre
La plaza que rodea la ermita de Santa Catalina aparecía desde temprano preparada para la solemne Eucaristía en el día principal de la Visita Lustral de Ntra. Sra. de la Esperanza y de las Fiestas de Santa Catalina Mártir, cuyas imágenes fueron colocadas a ambos lados de la mesa del altar. A las 12,30 comenzaba la Solemnísima Función Religiosa de la Eucaristía, presidida por el arcipreste de la Zona y párroco de El Dulce Nombre de Jesús y concelebrada por el párroco del lugar y por el M. I. Sr. Don Prudencio Redondo Camarero, quien dijo la homilía. La rondalla “Los Hermanos” de Punta del Hidalgo llevó partes cantadas. Estuvieron presentes la Señora Alcaldesa, la corporación municipal y una representación de la cofradía de la Santa Pasión de La Guancha.
La Visita de la Virgen de La Esperanza al barrio de Santa Catalina se viene realizando cada cinco años desde el Año Santo de 1975.
Adviento 2010
23 de Noviembre
La Delegación Diocesana de Liturgia nos ha remitido el cartel anunciador para el Tiempo de Adviento en el ciclo A con la siguiente reflexión: “Para los cristianos, con este tiempo comienza un nuevo año litúrgico. Parece que volvemos a iniciar un círculo que se ha cerrado y que se vuelve a abrir, como en una especie de repetición anual. Pero sabemos que no es así. No empezamos una nueva andadura para volver a pasar por donde ya habíamos pasado, ni siquiera para remarcar las pisadas. Seguimos avanzando por el camino de nuestra existencia, y ahí nada se repite. Caminamos hacia nuestra “casa” definitiva, sin prisas, pero con certeza inexorable y, tendríamos que decir, ilusionada, porque nuestra “casa”, nuestro hogar definitivo, no es un espacio oscuro, sino la luz del amor de un Padre, de una Madre, que nos espera, no sabemos cómo, pero nos espera...
Nos ofrece es su página web los materiales para su celebración
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió a los superiores y alumnos de la Academia Pontificia Eclesiástica, en la sala del Consistorio del Palacio Apostólico Vaticano.
Venerado hermano en el episcopado,
queridos sacerdotes,
Estoy contento de reunirme, también este año, con la comunidad de los Alumnos de la Academia Pontificia Eclesiástica. Saludo al presidente, monseñor Beniamino Stella, y le agradezco sus amables palabras con las que ha interpretado vuestros sentimientos. Saludo con afecto a todos vosotros, que os preparáis para ejercer un particular ministerio en la Iglesia.
La diplomacia pontificia, como es llamada comúnmente, tiene una larguísima tradición y su actividad ha contribuido de manera relevante a plasmar, en la edad moderna, la fisonomía misma de las relaciones diplomáticas entre los estados. En la concepción tradicional, ya propia del mundo antiguo, el enviado, el embajador, es, esencialmente, el que ha sido nombrado para la encargo de llevar de manera autorizada la palabra del Soberano, y por esto, puede representarlo y negociar en su nombre. La solemnidad de la ceremonia, los honores rendidos tradicionalmente a la persona del enviado, que asumían también rasgos religiosos, son, en realidad, un tributo realizado a aquel que representa y al mensaje del que se hace intérprete. El respeto hacia el enviado constituye una de las formas más altas de reconocimiento, por parte de una autoridad soberana, del derecho a existir, en un plano de igual dignidad, de sujetos distintos a sí mismo.
Acoger, por tanto, un enviado como interlocutor, recibir la palabra, significa poner las bases de la posibilidad de una coexistencia pacífica. Se trata de un papel delicado, que exige, por parte del enviado, la capacidad de ampliar tal palabra de manera que sea al mismo tiempo fiel, lo más respetuosa posible por la sensibilidad y por la opinión de los demás, y eficaz. Aquí está la verdadera habilidad del diplomático y no, como ahora se cree erróneamente, en la astucia o estos comportamientos que representan sobre todo las degeneraciones de la práctica diplomática. Lealtad, coherencia, y profunda humanidad son las virtudes fundamentales de cualquier enviado, que está llamado a colocar no sólo su propio trabajo y sus propias cualidades, pero, de cualquier modo, la persona en su conjunto, al servicio de una palabra que no es suya.
Las rápidas transformaciones de nuestra época han reconfigurado profundamente la figura y el papel de los representantes diplomáticos; su misión es, sin embargo, la misma: la de ser el medio de una correcta comunicación entre los que ejercitan la función de gobierno y, por consiguiente, instrumento de construcción de la comunión posible entre los pueblos y de la consolidación entre ellos de relaciones pacíficas y solidarias.
¿Cómo se coloca, en todo esto, la persona y la acción del diplomático de la Santa Sede, que obviamente presenta aspectos totalmente particulares? Este, en primer lugar -como se ha destacado muchas veces- es un sacerdote, un obispo. Un hombre, por tanto, que ha elegido vivir al servicio de una Palabra que no es la suya. De hecho, es un servidor de la Palabra de Dios, y ha sido dotado, como todo sacerdote, de una misión que no puede ser realizada a tiempo parcial, sino que le exige ser, con toda su vida, un eco del mensaje que le ha sido confiado, el del Evangelio. Es propiamente sobre la base de esta identidad sacerdotal, muy clara y vivida de modo profundo, donde se inserta, con cierta naturalidad, el deber específico de hacerse portador de la palabra del Papa, del horizonte universal de su ministerio y de su caridad pastoral, con respecto a las Iglesias particulares y frente a las instituciones en las que se ejercita legítimamente la soberanía en el ámbito estatal o de las organizaciones internacionales.
En el ejercicio de esta misión, el diplomático de la Santa Sede está llamado a hacer uso de sus dones humanos y sobrenaturales. Es fácil comprender como, en el ejercicio de un ministerio tan delicado, la atención por la propia vida espiritual, la práctica de las virtudes humanas y la formación de una sólida cultura vayan de la mano y se apoyen mutuamente. Son dimensiones que permiten mantener un profundo equilibrio interior, en un trabajo que exige, entre otras cosas, la capacidad de apertura al otro, la ecuanimidad en el juicio, distancia crítica de las opiniones personales, sacrificio, paciencia, constancia y a veces, también, firmeza en el diálogo hacia todos. Por otro lado, el servicio a la persona del Sucesor de Pedro, que Cristo a constituido como principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de la fe y de la comunión (cfr. Conc. Vat. I, Pastor Aeternus, Denz. 1821 (3051); Conc. Vat. II, Lumen Gentium, 18), permite vivir en una constante y profunda referencia a la catolicidad de la Iglesia. Y allí donde hay apertura a la objetividad de la catolicidad, allí está también el principio de una auténtica personalización: la vida empleada en el servicio al Papa y en la comunión eclesial es, bajo este perfil, extremadamente enriquecedora.
Queridos alumnos de la Academia Pontificia Eclesiástica, en el compartir con vosotros estos pensamientos, os exhorto a comprometeros totalmente en el camino de vuestra formación; y, en este momento, me acuerdo, con particular reconocimiento, de los Nuncios, Delegados Apostólicos, Observadores Permanentes y a todos los que prestan servicio en las Representaciones Pontificias esparcidas por el mundo. De buen grado imparto sobre vosotros, sobre el presidente, sobre sus colaboradores y sobre la comunidad de las religiosas Franciscanas Misioneras de Jesús Niño, la Bendición Apostólica.
Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
Mensaje de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario con ocasión de Pentecostés (Junio de 2011) (AICA)
VIGILIA Y CELEBRACIÓN DE PENTECOSTÉS
Fidelidad al Espíritu Santo, fidelidad a la Iglesia
Sin duda que esta oración, supone una actitud interior de docilidad a la Iglesia, animada desde sus orígenes en el Cenáculo por el Espíritu Santo. Más aún es muy difícil decir que queremos recibir los dones y ser dóciles al Espíritu, si no hay un deseo interior de ser fieles a la Iglesia.
Es decir, fidelidad a la Iglesia, esposa de Cristo, edificada sobre la roca, que es Pedro, cuya triple misión es la de santificar, guiar y conducir al Pueblo de Dios, y también, como lo constatamos cada día, la de iluminar y servir al bien de la humanidad. Fidelidad a la Iglesia, en la que « Cristo Señor instituyó diversos ministerios dirigidos al bien de todo el Cuerpo. Porque los ministros que poseen la sagrada potestad están al servicio de sus hermanos, a fin de que todos cuantos son miembros del pueblo de Dios y gozan, por tanto, de la verdadera dignidad cristiana, tendiendo todos libre y ordenadamente a un mismo fin, lleguen a la salvación" (LG 18).
Se trata de ser fieles, a la única Iglesia fundada por el Señor, Misterio y don de la salvación, sabiendo que su cometido fundamental “en todas las épocas y particularmente en la nuestra, es dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo” (RH 10).
En esta Iglesia habita el Espíritu Santo, así como en el corazón de los fieles, donde Dios infundió el Espíritu de su Hijo (cfr. 1 Co 3,16). Él nos da su luz, y guía la Iglesia a toda la verdad (cfr. Jn 16,13), la unifica en la comunión, la gobierna con diversos dones jerárquicos y carismáticos y la embellece con sus frutos (cfr. Ef 4,11-12; 1 Co 12,4; Ga 5,22). El mismo Espíritu, con la fuerza del Evangelio, rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo. "En efecto, el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: ¡Ven!" (cfr. Ap 22,17) (cfrf. LG 4).
La Iglesia no es el resultado de una iniciativa de los discípulos
De este modo la Iglesia es como «un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo», y por tanto no es el resultado de una iniciativa de los discípulos de Jesús, sino un don gratuito; que manifiesta al mundo y a cada hombre el plan divino de la salvación. El Concilio Vaticano II recuerda en repetidas ocasiones este carácter trinitario de la Iglesia; y lo hace también diciendo con San Cipriano: «Y así la Iglesia universal aparece como un pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (ibidem)
Por tanto, es el mismo Espíritu el que anima a los discípulos y los reúne en comunión, y los fortifica cuando tienen que confesar la verdad, motivarla y defenderla. Es Él mismo quien se convierte en su inspirador, Él mismo habla con sus palabras, y juntamente con ellos y por medio de ellos da testimonio de Cristo y de su Evangelio. Y por cierto, ante los acusadores Él llega a ser como el «Abogado» invisible de los acusados, por el hecho de que actúa como su patrocinador, defensor, y confortador (cfr.Juan Pablo II, Catequesis 26.IV.89).
Por esto, al celebrar nuevamemnte este año el día de Pentecostés comprendemos mejor que querer ser fieles y amar al Espíritu Santo implica reconocer al mismo tiempo querer ser fieles a la Iglesia de Jesús. Esta fidelidad es mucho más que un si abstracto, es la puesta en práctica cada día de una vida de fe adherida a la Iglesia como Misterio, que tiene a Cristo como cabeza, que cuenta con la fe de Pedro como la roca segura sobre la que está edificada; que llama a los Obispos, para ser pastores que reunan y caminen con las ovejas hacia la santidad, que ama a cada sacerdote como a otro Cristo, y que recibe e incluye como Madre a todos sus hijos.
Esta fidelidad a la Iglesia brota de la acción del Espíritu Santo: Testimonio, vida litúrgica, unidad de la Iglesia
Al mismo tiempo, esta fidelidad a la Iglesia necesita la acción del Espíritu Santo, y nuestra respuesta personal y filial en Jesucristo.
- Precisamente, es El Espíritu Santo el abogado defensor de los Apóstoles, y de quienes serán en la Iglesia los herederos de su testimonio y de su apostolado, especialmente en los momentos difíciles que van a comprometer su responsabilidad hasta el heroísmo. Jesús lo predijo: «...los entregarán a los tribunales... serán llevados ante gobernadores y reyes... Pero cuando los entreguen, no se preocupen por lo que van a decir, pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes» (Mt 10, 17-20), (cfr. ibidem)
La acción del Espíritu en favor de esta fidelidad se verificó especialmente durante las persecuciones contra los Apóstoles y contra los primeros cristianos, y también en aquellas persecuciones de todos los siglos, confirmando las palabras que Jesús pronunció en el Cenáculo: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre..., Él dará testimonio de mí. Pero al mismo tiempo les dice a sus discípulos: "también ustedes darán testimonio, porque están conmigo desde el principio" (Jn 15, 26-27). Esta misma acción del Espíritu nos sostiene a nosotros cristianos, y nos da fuerzas hoy por medio de la gracia para ser fieles al Evangelio; suscitando también la exigencia de evangelizar y de dar testimonio en la misión.
- También la presencia del Espíritu nos mueve a ser fieles a la Iglesia en la Liturgia. Es que la Liturgia, tiene como sujeto propio a Cristo resucitado y glorificado en el Espíritu Santo. En ella, como nos dice San Agustín, se pone de relieve cómo en la Eucaristía Cristo mismo nos asimila a sí. Pero también en la Liturgia, el Espíritu Santo es el pedagogo de la fe del Pueblo de Dios, el artífice de las "obras maestras de Dios", que son los sacramentos. El deseo y la obra del Espíritu en el corazón de la Iglesia es que vivamos de la vida de Cristo resucitado. Cuando encuentra en nosotros la respuesta de fe que Él ha despertado, entonces se realiza una verdadera cooperación. Por ella, la Liturgia viene a ser la obra común del Espíritu Santo y de la Iglesia (cfr. CATIC nº 1091 y cfr. Sacramentum Caritatis, 36).
Por lo cual, dado que la liturgia eucarística es esencialmente acción de Dios que nos une a Jesús a través del Espíritu Santo, su fundamento, como nos enseña Benedicto XVI, no puede estar sometido a nuestro arbitrio ni ceder a la presión de la moda del momento. En esto también es válida la afirmación de san Pablo: « Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo » (1 Co 3,11) (cfr. ibidem, 37).
De esta manera, por medio del Espíritu Santo nos ponemos en toda acción litúrgica en comunión con Cristo para formar su Cuerpo. Así, "en la Liturgia se realiza la cooperación más íntima entre el Espíritu Santo y la Iglesia. El Espíritu de comunión permanece indefectiblemente en la Iglesia, y por eso la Iglesia es el gran sacramento de la comunión divina que reúne a los hijos de Dios dispersos. El fruto del Espíritu en la Liturgia es inseparablemente comunión con la Trinidad Santa y comunión fraterna (cf 1 Jn 1,3-7)" (CATIC 1108).
- Finalmente, esta fidelidad a la Iglesia está en estrecha relación con la unidad y la oración por la unidad al Espíritu Santo. Así como la unidad de la Iglesia futura se basa en la fe que Pedro profesó: "Nosotros creemos. Y sabemos que tú eres el Santo, consagrado por Dios" (Jn 6,69); la unidad se funda en la fe en Dios, y en su enviado Jesucristo.. Y el mismo Señor nos enseñó a pedir por la unidad que solo podemos alcanzar como un don a partir de Dios, (cfr. Jesús de Nazaret, pg.118), una unidad que deja ver la acción y la presencia del Espíritu. Como nos dice el Catecismo de la Iglesia : "El Espíritu Santo que habita en los creyentes y llena y gobierna a toda la Iglesia realiza esa admirable comunión de fieles y une a todos en Cristo tan íntimamente que es el Principio de la unidad de la Iglesia" (CATIC 813) .
Los invito cordialmente a Vivir esta solemnidad de Pentecostés como los Apóstoles, reunidos junto a la Santísima Virgen María, Madre de Jesús y de la Iglesia. A Ella le pedimos también que el amor del Espíritu Santo, nos lleve a amar también a la Iglesia de su Hijo.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario
Reflexión a las lecturas del domingo décimo cuarto del Tiempo Ordinario - A, ofrecido porel sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"
ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 14º del Tiempo Ordinario A
Queridos amigos y amigas:
¡Qué atrayente nos resulta siempre una persona humilde, sencilla, acogedora…!
A lo mejor es una persona importante por su ciencia o por su posición social… y, sin embargo es sencilla, asequible, cordial con todos, incluso con la gente más sencilla…
“Hijo mío, en tus asuntos procede con humildad y te querrán más que al hombre generoso…”, leemos en el libro del Eclesiástico (3,17).
Por eso nos resulta siempre tan atrayente Jesucristo que este domingo se nos presenta “manso y humilde de corazón”.
Acabamos recordarlo y celebrarlo en la solemnidad del Sagrado Corazón.
Las Lecturas de la Palabra de Dios de este domingo subrayan este aspecto de la vida del Señor.
El profeta Malaquías invita al pueblo de Dios a la alegría porque viene el Mesías-Rey “justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno…” en lugar de un caballo que es signo de vigor y fuerza…
Y la Liturgia de la Iglesia subraya este domingo con letras rojas al comienzo de la lectura: “Tu rey viene a ti modesto”. Y en el Evangelio se subraya: “Soy manso y humilde de corazón”.
Y el Señor nos dice: “Aprended de mí…”
Esta es, por tanto, una de nuestras tareas en la vida cristiana: la mansedumbre y la verdadera humildad, de la que hemos hablado en alguna ocasión. Y añade el Señor: “Y encontraréis vuestro descanso…”
Si hay algo propio del mundo moderno es, precisamente, el cansancio psicológico y espiritual. Cuánto se habla hoy de stress, del cansancio en todos los órdenes.
Cuando seguimos a Jesucristo y tratamos de imitarle, alcanzamos el sosiego y la paz. Renace la alegría y la ilusión…
Su yugo es llevadero y su carga ligera leemos también hoy en el Evangelio…
Y a este tipo de personas –a los mansos y humildes- revela el Padre del Cielo los secretos del Reino. Y ya decíamos al principio, que hay personas de cierto relieve social que son así.
El Evangelio nos presenta a Jesús que ora diciendo: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre. Así te ha parecido mejor”.
Vienen ahora algunos domingos en que se nos presentan las llamadas “parábolas del Reino” de S. Mateo.
Las parábolas… Que unos entienden y otros no, según sea la condición de sus ojos, de sus oídos…, de su corazón.
Y más adelante el Señor añade unas palabras sorprendentes: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”.
Esto hoy no lo dice casi nadie. No queremos problemas. Ya tenemos con los nuestros…
Y, cuando más necesitados estamos, la mayoría de los amigos huyen, se escabullen, desaparecen… Sin embargo, el verdadero amigo comparte la situación y busca prestar alguna ayuda.
Hay un póster del Sagrado Corazón que se ha hecho muy popular y donde puede leerse: “Amigo que nunca falla”. Y es verdad. Es así.
Ojalá que en medio de nuestros agobios y cansancios nos acordemos siempre de estas palabras del Señor: “Venid a mí…”
Ahora en este tiempo de verano adonde, tal vez, hemos llegado con algo, mucho o poco, de cansancio y agobio…, y que es tiempo de vacaciones, deberíamos recordar estas palabras del Señor: “Venid a mí…”
Por todo ello, termino recordando aquella breve oración que dice: “Oh Señor, manso y humilde de corazón, dame, danos un corazón semejante al tuyo”.
Con estos pensamientos y sentimientos, les deseo unas buenas vacaciones y un Domingo muy feliz.
ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI ha pronunciado ante los fieles congregados en la plaza de San Pedro, provenientes de Italia y del resto del mundo, el miércoles 8 de Junio de 2011. El Papa Benedicto XVI ha querido hablar de su reciente Viaje Apostólico a Croacia.
¡Queridos hermanos y hermanas!
Hoy quisiera hablaros de la Visita pastoral a Croacia que realicé el sábado y domingo pasado. Un viaje apostólico breve, que se ha desarrollado enteramente en la capital Zagreb, pero a la vez rico en encuentros y sobre todo de un intenso espíritu de fe, ya que los croatas son un pueblo profundamente católico. Renuevo mi más vivo agradecimiento al cardenal Bozanić, arzobispo de Zagreb, a monseñor Srakić, presidente de la Conferencia Episcopal, y al resto de obispos de Croacia, como también al presidente de la República, por la calurosa acogida que me han brindado. Mi reconocimiento va a todas las Autoridades civiles y a todos los que han colaborado de distintas formas en tal evento, especialmente a las personas que han ofrecido por esta intención, oraciones y sacrificios.
“Juntos en Cristo”, este ha sido el lema de mi visita. Que expresa antes que nada, la experiencia de reencontrarse todos unidos en el nombre de Cristo, la experiencia de ser Iglesia, manifestada en la reunión del Pueblo de Dios alrededor del Sucesor de Pedro. Pero “Juntos en Cristo”, tenía, en este caso, una referencia concreta a la familia: de hecho, el motivo principal de mi Visita era la 1ª Jornada Nacional de las familias católicas croatas, culminada con la Concelebración eucarística del domingo por la mañana, que ha visto la participación, en la zona del Hipódromo de Zagreb, de una gran multitud de fieles. Ha sido muy importante para mí, confirmar en la fe sobre todo a las familias, que el Concilio Vaticano II llamó “iglesias domésticas” (cfr Lumen gentium, 11). El beato Juan Pablo II, que visitó tres veces Croacia, dio una gran importancia al papel de la familia en la Iglesia; así, con este viaje, he querido dar continuidad a este aspecto de su Magisterio. En la Europa de hoy, las naciones de sólida tradición cristiana tienen una especial responsabilidad en la defensa y promoción del valor de la familia fundada sobre el matrimonio, que es, por tanto, decisiva, ya en el ámbito educativo que en el social. Este mensaje tenía una particular relevancia para Croacia, que, rica en patrimonio espiritual, ético y cultural, se prepara para entrar en la Unión Europea.
La Santa Misa se celebró en el peculiar clima espiritual de la novena de Pentecostés. Como en un gran “cenáculo” a cielo abierto, las familias croatas se reunieron en oración, invocando juntos el don del Espíritu Santo. Esto me dio el modo de destacar el don y el compromiso de la comunión en la Iglesia, como también la oportunidad de animar a los cónyuges en su misión. En nuestros días, mientras por desgracia se constata la multiplicación de las separaciones y de los divorcios, la fidelidad de los cónyuges se ha convertido en sí misma un testimonio significativo del amor de Cristo, que permite vivir el matrimonio para lo que es, es decir, la unión de un hombre y de una mujer que, con la gracia de Cristo, se aman, y se ayudan durante toda la vida, en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad. La primera educación a la fe consiste exactamente en el testimonio de esta fidelidad al pacto conyugal; de ella los hijos aprenden sin palabras que Dios es amor fiel, paciente, respetuoso y generoso. La fe en el Dios que es Amor se transmite antes que nada con el testimonio de una fidelidad al amor conyugal, que se traduce naturalmente en amor por los hijos, fruto de esta unión. Pero esta fidelidad no es posible sin la gracia de Dios, sin el apoyo de la fe y del Espíritu Santo. Este es el motivo por el cual la Virgen María no deja de interceder ante su Hijo, para que -como en las bodas de Caná- renueve continuamente a los cónyuges el don del “vino bueno”, es decir de su Gracia, que permite vivir en “una sola carne” en las distintas edades y situaciones de la vida.
En este contexto de gran atención a la familia, se colocó muy bien la Vigilia con los jóvenes, realizada la noche del sábado en la plaza Jelačić, corazón de la ciudad de Zagreb. Allí me pude encontrar con la nueva generación croata, y percibí toda la fuerza de su fe joven, animada por un gran empuje hacia la vida y su significado, hacia el bien, la libertad, se puede decir que hacia Dios. ¡Fue muy bello y conmovedor escuchar a estos jóvenes cantar con alegría y entusiasmo, y después en el momento de escuchar y de rezar, recogerse en profundo silencio! A ellos les repetí la pregunta que Jesús hizo a sus primeros discípulos: “¿Qué buscáis?” (Jn 1,38), pero les he dicho que Dios los busca a ellos antes y con más ahínco con el que ellos le buscan a Él. Y esta es la alegría de la fe: descubrir que ¡Dios nos ama antes! ¡Es un descubrimiento que nos mantiene siempre discípulos, y siempre jóvenes en el espíritu! Este misterio, durante la Vigilia, que se vivió en la oración de adoración eucarística: en el silencio, en nuestro estar “juntos en Cristo”, encontró su plenitud. Así mi invitación a seguir a Jesús fue un eco de la Palabra que Él mismo dirigió al corazón de los jóvenes.
Otro momento que podemos definir de “cenáculo” fue la celebración de Vísperas en la catedral, con los obispos, los sacerdotes, los religiosos y los jóvenes que se están formando en los Seminarios y en los Noviciados. También aquí, hemos experimentado nuestro ser “familia” como comunidad eclesial. En la catedral de Zagreb se encuentra la monumental tumba del beato cardenal Alojzije Stepinac, obispo y mártir. Él, en nombre de Cristo, se opuso primero a los abusos del nazismo y del fascismo y, después, al del régimen comunista. Fue aprisionado y recluido en su pueblo natal. Nombrado cardenal por el Papa Pío XII, murió en 1960 a causa de una enfermedad contraída en la cárcel. A la luz de su testimonio, animé a los obispos y presbíteros en su ministerio, exhortándoles a la comunión y a la misión apostólica; replanteé a los consagrados la belleza y la radicalidad de su forma de vida; invité a los seminaristas, novicios y novicias, a seguir con alegría a Cristo que les ha llamado por su nombre. Este momento de oración, enriquecido con la presencia de tantos hermanos y hermanas que han dedicado sus vidas al Señor, fue para mí de gran consuelo, y rezo porque las familias croatas sean siempre tierra fértil para el nacimiento de numerosas y santas vocaciones al servicio del Reino de Dios.
Muy significativo fue también, el encuentro con exponentes de la sociedad civil, del mundo político, académico, cultural y empresarial, con el Cuerpo Diplomático y con los líderes religiosos, reunidos en el Teatro Nacional de Zagreb. En ese contexto, tuve la gran alegría de rendir homenaje a la gran tradición cultural croata, inseparable de su historia de fe y de la presencia viva de la Iglesia, promotora, a lo largo delos siglos, de múltiples instituciones y sobre todo formadora de ilustres investigadores de la verdad y del bien común. Entre estos, recordé sobre todo al padre jesuita Ruđer Bošković, gran científico de quien este año se cumple el tercer centenario de su nacimiento. Otra vez más aparece como algo evidente para todos nosotros, la más profunda vocación de Europa, que es la de custodiar y renovar un humanismo que tiene raíces cristianas y que se puede definir como “católico”, es decir universal e integral. Un humanismo que pone en el centro la conciencia del hombre, su apertura trascendente y al mismo tiempo, su realidad histórica, capaz de inspirar proyectos políticos diversificados pero que convergen en la construcción de una democracia sustancial, fundada sobre los valores éticos radicados en la misma naturaleza humana. Mirar a Europa desde el punto de vista de una nación de antigua y sólida tradición cristiana, que es parte integrante de la civilización europea, mientras se prepara para entrar en la Unión política, ha hecho sentir nuevamente la urgencia del reto que interpela hoy a todos los pueblos de este continente: la de no tener miedo de Dios, del Dios de Jesucristo, que es Amor y Verdad, y que no le quita nada a la libertad, sino que la restituye a sí misma y le da el horizonte de una esperanza fiable.
Queridos amigos, cada vez que el Sucesor de Pedro realiza un viaje apostólico, todo el cuerpo eclesial participa, de algún modo, del dinamismo de comunión y de misión propio de su ministerio. Agradezco a todos los que me han acompañado y apoyado con la oración, obteniendo que mi visita pastoral se desarrollase óptimamente. Ahora mientras damos gracias al Señor por este gran don, le pedimos, por intercesión de la Virgen María, Reina de los Croatas, que todo lo que hay podido sembrar, dé fruto abundante, por las familias croatas, por toda la nación y por toda Europa.
[En español dijo]
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos de España, Puerto Rico, Costa Rica, México, Perú, Argentina y otros países Latinoamericanos. Os invito a dar gracias al Señor por esta visita apostólica a Croacia, y a rogar, por intercesión de Santa María Virgen, que cuanto he podido sembrar en estos días genere frutos abundantes para las familias croatas, para esa noble Nación y para toda Europa. Muchas gracias.
[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]
(ZENIT.org) Se está celebrando el “año Europeo del voluntariado” y este es un fenómeno que interpela a la praxis de la fe cristiana. De hecho surgen muchos interrogantes tales como: ¿Qué hay de inspiración cristiana en esta “cultura del voluntariado”? ¿Es suficiente para cumplir el mandato del Jesús de predicar el Evangelio con la simple participación en el voluntariado social? ¿Es lo mismo solidaridad y caridad cristiana?
El voluntariado, como expresión concreta de la solidaridad, es una de las actitudes mejor valoradas en la sociedad actual. Sus objetivos se pueden concretar en el altruismo, la ayuda mutua, la participación civil. Sin embargo, con frecuencia no quedan bien definidos ni el término, ni el concepto; es más, ni siquiera la libertad y gratuidad que le son inherentes. A veces se confunden las motivaciones y las convicciones, se mezclan prestación de servicios con entrega personal, ejercicio del altruismo con responsabilidad social. Los sectores a los que el voluntariado se extiende son muy variados y amplios, como pueden ser: el asistencial, sanitario, cultural y educativo, la promoción y capacitación laboral, la integración social y acogida a emigrantes, la ayuda al Tercer Mundo y otros. El Beato Juan Pablo II se refirió en diversas ocasiones al tema, en una de ellas decía: “me parece que el siglo que comienza deberá ser el de la solidaridad. Hoy lo sabemos mejor que ayer: no estaremos felices y en paz los unos sin los otros, y aún menos, los unos contra los otros. La operaciones humanitarias con ocasiones de conflictos o de catástrofes naturales recientes han suscitado loables iniciativas de voluntariado que revelan un fuerte sentido de altruismo, especialmente en las jóvenes generaciones” (10.1.2000).
Ahora bien, quienes han estudiado más de cerca toda esta problemática del voluntariado en la actualidad, creen detectar un cierto paracaidismo social que se manifiesta en un quedarse solamente en un asistencialismo paternalista, en una especie de lavado rápido de la propia conciencia o incluso de frustraciones personales, en un discurso acerca de la cultura solidaria, que tendría más de ideológica que de solidaria. Asimismo se habría cedido a la tentación de anestesiar mediante alguna contribución voluntarista la responsabilidad moral que brota de la injusticia. Nunca se debería olvidar que las relaciones entre los seres humanos deben estar regidas por la justicia. La solidaridad nunca sustituye a la justicia.
En el caso del voluntariado cristiano es importante la delimitación de su propia identidad, sin minusvalorar otras formas o motivaciones para el voluntariado social. El voluntario cristiano ha de tener muy claro que su compromiso nace del acto mismo de fe en Dios revelado en Cristo, por el cual el hermano se convierte en el “rostro” del mismo Jesús. Por esta razón, el voluntariado cristiano tiene una fundamentación distinta y diversa al voluntariado simplemente humanista. La mística que impulsa a la acción en favor del necesitado dimana de la vida y mensaje de Jesucristo, servidor de los enfermos y los pobres. Y así, esta acción ha de ser concebida como un verdadero ministerio de caridad fraterna, que lo aleja de cualquier interés o búsqueda de gratificaciones indirectas, personales o profesionales. Para el católico, participar como voluntario en una acción social supone dar respuesta a una llamada que brota del mismo Evangelio.
Por tanto, para un cristiano resulta impensable separar la solidaridad del mensaje de las Bienaventuranzas. Si nos sentimos unidos a los demás (es decir, si somos solidarios) no es sólo por una simple razón de pertenencia a la comunidad humana, sino por el imperativo del mandamiento del amor mediante el cual se distingue a los discípulos de Cristo: “amaos los unos a los otros, como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15,12-13). No hay un Dios más solidario que Aquel que se encarnó, murió y resucitó por la humanidad y por cada uno de nosotros. El perfil de esa entrega total y solidaria se llama caridad: que es “alma de la Iglesia”, como también principio y fin del ser y obrar de todo cristiano.
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*Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España
DOMINGO 14 DEL TIEMPO ORDINARIO - A
3 de Julio de 2011
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con todos vosotros.
- Hemos entrado en el mes de julio, y estamos ya en pleno verano. Para muchos, ya es tiempo de vacaciones. V, en cualquier caso, todos notamos la sensación de que todo va más lento, de que ha cambiado el ritmo general.
- Hoy, en medio de este ambiente de verano, escucharemos cómo Jesús nos invita a ir a él para encontrar el descanso. V esto es precisamente lo que hacemos aquí cada domingo, cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía. Dispongámonos pues con alegría
a empezar la celebración.
A. penitencial: Oremos ahora unos momentos en silencio. (Silencio).
- Tú, que eres manso y humilde de corazón. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, que eres bueno con todos. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, que nos traes la paz. SEÑOR, TEN PIEDAD.
1. lectura (Zacarías 9,9-10.13,1): Las palabras proféticas que ahora escucharemos nos recordarán la entrada de Jesús en Jerusalén el domingo de Ramos. Son unas palabras que nos preparan para escuchar el evangelio, en el que Jesús nos ofrecerá su sencillez y su paz.
2. lectura (Romanos 8,9. 77 -7 3): Prestemos atención ahora a la segunda lectura, porque su lenguaje quizá es un poco difícil. Pero su mensaje es muy importante: nos invita a vivir de acuerdo con la vida nueva que hemos recibido.
Oración universal: Unidos a Jesucristo, presentemos al Padre nuestras plegarias diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.
Por la Iglesia. Que sepamos vivir con sencillez y generosidad el Evangelio en 'nuestros pueblos, barrios y ciudades. OREMOS:
Por todos los que este verano trabajarán haciendo sustituciones o en empleos como temporeros, en el campo o en los servicios. Que ese trabajo lo puedan realizaren
condiciones laborales dignas. OREMOS:
Por las personas que sufren alguna discapacidad intelectual. Que sepamos acogerlas, aprender de su buena fe, y transmitirles el mensaje de Jesús. OREMOS:
Por el buen funcionamiento de los medios públicos de transporte (tren, autobús, tranvía, metro ... ). Que sean suficientes y eficaces, al servicio de las personas. OREMOS:
Por los conductores. Que en la forma de conducir sepan poner el bien común por encima de los propios impulsos, prisas, potencia de las máquinas o capacidad económica. OREMOS:
Por todos nosotros: que aprendamos a ser agradecidos y felices, en el seguimiento de Jesús. OREMOS:
Padrenuestro: Confiando en la palabra de Jesús, y como él nos enseñó, nos atrevemos a decir:
Gesto de paz: El profeta Zacarías nos decía hoy en la primera lectura que el Mesías venía a traer la paz a las naciones. Nosotros hemos de ser portadores de esta paz que Jesús nos ha dado. Por eso, hermanos y hermanas, daos fraternalmente la paz.
CPL
Mensaje de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario para el domingo de la Ascensión del Señor y Día de las Comunicaciones Sociales (5 de junio de 2011). (AICA)
ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS - DÍA DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES
La Ascensión del Señor es una de las grandes fiestas del año cristiano, celebrada cuarenta días después de la Resurrección. No es una despedida: “Jesús bajando a los hombres no se separó de su Padre, como ahora que vuelve al Padre tampoco se alejará de sus discípulos” (S. Leon Magno).
Al volver junto al Padre, Jesús nos llena de esperanza, y nos muestra no sólo el camino, sino la meta de nuestra vida cristiana, y el sentido sobrenatural y trascendente de nuestra existencia.
También nos da una misión: "Vayan, y hagan discípulos entre todos los pueblos, bautícenlos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enséñenles a cumplir todo los que Yo les he mandado. Y Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo" (Mateo 28, 19 -20.)
En este domingo celebramos, también, la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Como nos dice el Mensaje de las Comunicaciones Sociales de este año: "La proclamación del Evangelio supone una forma de comunicación respetuosa y discreta, que incita el corazón y mueve la conciencia; una forma que evoca el estilo de Jesús resucitado cuando se hizo compañero de camino de los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13-35), a quienes mediante su cercanía condujo gradualmente a la comprensión del misterio, dialogando con ellos, tratando con delicadeza que manifestaran lo que tenían en el corazón"
Por ello "La Verdad, que es Cristo, es en definitiva la respuesta plena y auténtica a ese deseo humano de relación, de comunión y de sentido, que se manifiesta también en la participación masiva en las diversas redes sociales. Los creyentes, dando testimonio de sus más profundas convicciones, ofrecen una valiosa aportación, para que la red no sea un instrumento que reduce las personas a categorías, que intenta manipularlas emotivamente o que permite a los poderosos monopolizar las opiniones de los demás. Por el contrario, los creyentes animan a todos a mantener vivas las cuestiones eternas sobre el hombre, que atestiguan su deseo de trascendencia y la nostalgia por formas de vida auténticas, dignas de ser vividas. Esta tensión espiritual típicamente humana es precisamente la que fundamenta nuestra sed de verdad y de comunión, que nos empuja a comunicarnos con integridad y honradez" (Benedicto XVI).
En este día aprovecho para saludar a los periodistas y comunicadores de la prensa escrita, radial, televisiva y de las transmisiones digitales, así como a los que de uno u otro modo están vinculados a las comunicaciones sociales en la Arquidiócesis de Rosario.
Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario