Domingo, 28 de agosto de 2011

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la fiesta dela Asunción (15 de agosto de 2011). (AICA) 

FIESTA DE LA ASUNCION DELA VIRGEN           

La fiesta dela Asuncióndela Santísima Virgen, fiesta patronal de esta querida Parroquia, nos invita a levantar la mirada hacia el cielo, que es el mismo Dios. Él es nuestra felicidad, a la que llegó María, elevada al final de su vida en la tierra, como la vemos reflejada en esta hermosa imagen tallada que hoy bendecimos, y que esla Madrede esta comunidad.

La Madrede Dios, Inmaculada desde su Concepción, no sufrió la corrupción del sepulcro. Fue exaltada en su gloriosa Asunción hasta la diestra de su Hijo, y nos protege como Madre e intercesora nuestra, «llena de gracia», la «más bendita de todas las mujeres». 

Para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de todala Iglesia

El Papa Pío XII, definió el Dogma de fe cristiana dela Asunciónde María en su cuerpo y alma a los cielos, para gozo y alegría de todala Iglesia, y esperanza de sus hijos en la tierra, y lo declaró el 1º de noviembre del Año Santo Jubilar de 1950.

De este modo, el Papa expresaba con estas palabras la grandeza dela Santísima Virgen: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu dela Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó ala Virgen Maríasu peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de todala Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, quela Inmaculada Madrede Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

Ella es la gloriosa Mujer del Apocalipsis; esla Hijadel Rey, ricamente engalanada; es la triunfadora del dragón infernal; la nueva Judit; yla Madredela Iglesiaque le canta eternamente un Magnificat de acción de gracias a Dios, al que nos unimos filialmente.

Por una parte, la lectura del Apocalipsis, nos muestra el realismo de la lucha entre el bien y el mal, que continúa en la historia, y pone de relieve el lugar de la dela Mujer, de María que es nuestra abogada e intercesora: "Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la potestad de su Mesías" (Ap 12, 10).

Por otra parte, en este camino en el que todos buscamos la felicidad, comprendemos mejor que esta felicidad a la que todos tendemos es el mismo Dios. Contemplando e imitando ala Virgen Maríaestamos en camino hacia esa felicidad que es el cielo, donde Ella fue llevada con todo su ser.

Por esto, la gloria dela Asunción, lejos de crear una distancia entre nosotros y la vida del cielo, nos acerca a este misterio de la vida en Dios, en el que Ella creyó y esperó, aún en medio de las pruebas, y de la pasión y muerte de su Hijo. De esta manera, conociendo como Madre nuestras dificultades y necesidades en este camino que también Ella vivió, nos sostiene y ayuda; más aún nos acerca a Nuestro Señor, y nos manifiesta la gloria final dela Resurrección. 

El fervor de la celebración de hoy colma a esta Parroquia dela Asunciónde profunda alegría y esperanza

En esta Parroquia, el fervor de la celebración de hoy nos colma de profunda alegría: "Hoyla Virgen Maríaes llevada a los cielos; porque reina con Cristo para siempre".

Este anuncio nos habla de un acontecimiento de gracia, que vivimos particularmente en esta comunidad, colocada bajo esta advocación mariana, que ahora podemos contemplar en esta nueva obra de arte y de piedad. Por ello deseo felicitar al párroco, a la escultora Sra. Lucrecia Pellegrini, a los que hicieron posible el deseo de contar con esta imagen dela Madrecelestial, y a toda la comunidad parroquial.

Esta imagen que hoy enriquece espiritualmente nuestra Parroquia, como recuerda el Concilio Vaticano II, constituye para nosotros un signo de segura esperanza y de consuelo (cf. Lumen Gentium, 68).

Cristo ha resucitado, venciendo la muerte, consecuencia del pecado, y abraza con su triunfo a todos cuantos lo siguen. Ante todo a su Madre, librada de la herencia del pecado original mediante la muerte redentora del Hijo en la cruz. Con su Asunción, Cristo abraza a María, recibiéndola en el cielo con su cuerpo glorificado, anticipando para Ella el día de su venida gloriosa, el día de la resurrección universal que espera toda la humanidad.

La Asunciónal cielo es como una gran anticipo del cumplimiento definitivo de todas las cosas en Dios, según lo que leímos en la segunda lectura: "Luego, vendrá el fin, cuando entregue el Reino a Dios Padre, después de haber aniquilado todo principado, dominio y poder" (1 Cor 15, 24).

Asimismo, ante el dolor y el sufrimiento que nos toca a cada uno a lo largo de la vida,la Virgen Maríanos anima a tener fortaleza, y a comprender el motivo de la esperanza cristiana. Su presencia entre nosotros nos ayudará también a vivir cada día las obras de misericordia, especialmente hacia los más débiles y necesitados, y a renovar con confianza sus palabras a los servidores: “hagan lo que Él les diga”. 

La misión personal y parroquial

Así como Jesús venció la muerte con la omnipotencia de su amor; también María, asociada a la gloria de su Hijo, después de haber vivido junto a Él de un modo sobresaliente su pasión y su muerte; participa con su Asunción en la gloria de la victoria, y nos abre un camino ejemplar para vivir este amor. Por eso la invocamos como "Puerta del cielo".

Que María nos ayude, y nos anime a hacer que nuestra vida personal y parroquial sea un anuncio del cielo, una misión permanente donde Jesucristo sea conocido y amado por todos, y a la vez sea la causa de nuestra esperanza.

Para ello debemos dar a conocer este misterio con nuevo ardor. Para alcanzar este fin necesitamos una renovada misión parroquial y una profunda catequesis. Estos son medios muy importantes para introducirnos y dar a conocer el misterio de Cristo, y de su Madre. Por esta razón queremos intensificar tanto la catequesis parroquial de iniciación cristiana en si misma, así como la formación en la fe, ya sea de los niños, de los jóvenes y de los adultos. Justamente la reflexión de la fe es una luz para el camino de la vida hacia Dios, como la vivió María, y una fuerza segura para ser testigos de Cristo.

Ante esta imagen dela Asunciónque hoy bendecimos, Patrona dela Parroquia, le pedimos a nuestra Madre que la contemplación y la oración nos ayuden a comprender y a vivir el Evangelio. Sobre todo la oración del Santo Rosario, y la meditación de los misterios de la vida de Jesús, nos van a disponer mejor, por la gracia, a hablar con Dios y a escuchar los que nos dice en nuestro corazón. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por verdenaranja @ 21:37  | Homil?as
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