Mi?rcoles, 31 de agosto de 2011

La Jornada Mundialdela Juventud despierta vocaciones   Madrid (España), 24 Ago. 11 (AICA)

Más de 200.000 jóvenes volvieron a reunirse el lunes en la céntrica plaza de Cibeles, en un “Encuentro vocacional”. La reunión había sido convocada por el Camino Neocatecumenal, como acostumbran desde la JMJde Santiago de Compostela, hace 12 años.

     Desde el gran estrado donde el papa Benedicto XVI había presidido la ceremonia inaugural de la JMJ y después el Via Crucis, se encontraban el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, acompañado de otros 7 cardenales y 65 obispos, junto con el “equipo” que dirige a nivel mundial las Comunidades Neocatecumenales, José Francisco “Kiko” Argüello, Carmen Hernández y el capuchino Mario Pezzi. El movimiento es conocido popularmente como los “Kikos”, por el modo familiar con el que en Madrid se llama a los Franciscos.

     El fundador del Camino Neocatecumenal firmaba así, “Kiko”, los cuadros cuando era pintor, ateo y existencialista a mediados de la década de los 60 del siglo pasado. Y así sigue firmando los murales religiosos que pintó para una veintena de iglesias en Europa y América.

     “Kiko” Argüello volvió a la fe con los Cursillos de Cristiandad y se fue a vivir a Palomeras, una de las villas miseria que comenzaban a proliferar en los alrededores de Madrid en aquel tiempo. Allá, entre inmigrantes llegados de Andalucía y gitanos procedentes de Extremadura, surgió una comunidad, que pronto fue aprobada por monseñor Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid, y luego por los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Hoy existen 1.700 comunidades, formadas por un millón de “kikos” en un centenar de países.

     En la plaza de Cibeles había muchos de ellos: italianos y españoles en primer lugar, pero también argentinos –unos 600-, colombianos, mexicanos, dominicanos, 210 nicaragüenses, 220 salvadoreños, 290 puertorriqueños, 125 hondureños, 410 venezolanos, 4.100 estadounidenses, 340 filipinos, 230 coreanos, 190 chinos, 120 indios, 90 japoneses, 280 australianos, ruandeses, sudaneses y 20 árabes de Tierra Santa.

     El Encuentro Vocacional se ajustó al esquema con el que se han celebrado los anteriores al finalizar las Jornadas Mundiales de la Juventud, en Compostela, Czestochowa, Denver, Manila, París, Roma, Toronto, Colonia y Sidney: habló en primer lugar el cardenal Rouco, que presidía el acto y se proclamaron después dos lecturas, una de Ezequiel y otra de San Lucas, que en lenguaje profético anuncian la pasión de Jesucristo y los sufrimientos de la Virgen.

    Los jóvenes escucharon en silencio: iban siendo preparados para lo que les espera a aquellos que elijan la vocación sacerdotal, la misionera, la de los conventos de clausura e incluso el matrimonio, anunciar el evangelio con sus vidas y no sólo con sus palabras.

    Las lecturas fueron precedidas por cantos e himnos –con textos del Antiguo y el Nuevo Testamento– que “Kiko” Argüello compuso y que interpretaba con su guitarra y ritmos que tienen un aire andaluz.

     Entre uno y otro canto el fundador del Camino Neocatecumenal predicaba kerigmáticamente, explicaba que “hace falta que en esta década haya 20.000 vocaciones sacerdotales para evangelizar a China y la India. Como dijo el beato Juan Pablo II, el primer milenio se evangelizó Europa, el segundo América y Africa y en el tercer milenio debe ser evangelizada Asia”.

     Seguía tocando la guitarra: “Una gran señal apareció en el cielo; una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz” (Apocalipsis, cap. 12, ver.1-2). Los jóvenes del Camino Neocatecumenal que conocían la letra, lo acompañaban y repetían los versículos. El Apocalipsis por bulerías andaluzas.

     “Kiko” Argüello dejaba la guitarra y les decía: La Mujer es la Virgen María y es también la Iglesia, ella es Madre de la Iglesia, que sigue dando a luz con dolores de parto; vosotros habéis nacido y vais a nacer a una nueva vida, a vuestras vocaciones, sacerdotes, misioneros, monjas de clausura, matrimonio”.

     Para entonces los jóvenes estaban ya ganados por el entusiasmo. “Kiko” volvía a la guitarra o recordaba algunos aspectos de su vida, como cuando conoció en 1974 a Josef Ratzinger, quien interesado por el movimiento, que entonces estaba implantándose en España, Italia, Francia, Perú y México, escribió a dos sacerdotes amigos de la diócesis de Munich recomendándoles que iniciaran en sus parroquias este “itinerario de profundización en la fe”.

     Luego “Kiko” Argüello invitó a los jóvenes a que hicieran silencio y rezaran, sentados o de rodillas, unos breves minutos y que aquellos que se sintieran llamados por una vocación religiosa se pusieran de pie y subieran al gran estrado donde se encontraban los cardenales y obispos, quienes los bendecirían imponiéndoles las manos.

     Y se produjo el hecho que llenó de asombro a los periodistas y a los obispos y sacerdotes que asistían al acto. Se levantó un joven, inmediatamente otro y otro, pronto era una columna, una fila interminable que cruzaba toda la plaza de Cibeles y empezaba a subir al estrado. Luego eran decenas, centenares los que lo hacían, que venían corriendo desde la calle de Alcalá y el paseo de Recoletos, situados a 100 o 200 metros del altar. Los obispos les imponían las manos, los muchachos se retiraban y su lugar ocupado por otros. Mis cálculos, prudentes, es que pasaron de 2.500 muchachos.

     Luego se invitó a las chicas a subir al estrado. Tras un minuto se produjo el mismo movimiento asombroso, una, dos, tres, cien, mil muchachas, europeas, latinoamericanas, africanas, asiáticas, iban corriendo, llorando, cantando, abrazandos y ascendían a la plataforma, donde los obispos y cardenales les imponían las manos y bendecían. ¿Cuántas? Yo he calculado que largamente más de 2.000.

     “Kiko” Argüello seguia cantando o dándoles consejos e instrucciones: “Cuando volváis a vuestro país, a vuestro pueblo, tenéis que presentaros al párroco. Él y vuestros catequistas os ayudarán. Durante un tiempo, uno, dos años, tenéis que reflexionar; es preciso un tiempo, no se trata del entusiasmo de un día, sino de tener la seguridad de que sois llamados al sacerdocio, o a ser misioneros o misioneras, o religiosas de clausura, o a casaros y formar una familia cristiana”.

     La experiencia de una decena de “encuentros vocacionales” semejantes enseña que de este modo fueron ordenados sacerdotes varios miles de jóvenes (un millar en los seminarios diocesanos “Redemptoris Mater”, donde hoy se forman en el espíritu del Camino Neocatecumenal otros 1.800), y han surgido miles de muchachas que entraron en conventos de clausura o que hoy están en misiones, no solo en Africa, América y Asia, también enla Europa descristianizada.+ (Armando Rubén Puente, corresponsal en España) 


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