miércoles, 31 de agosto de 2011

Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo deLa Plata, en el programa «Claves para un mundo mejor» (20 de agosto de 2011). (AICA)

UNIDAD, LIBERTAD, CARIDAD: UNA REGLA DE AMISTAD SOCIAL              

San Agustín, ese gran Maestro dela Cristiandad occidental, acuñó una fórmula preciosa para la vida dela Iglesia. Decía: “En lo necesario debe haber unidad, en lo dudoso libertad y en todo caridad”.

¿Qué significa esto? Que en la comunidad cristiana, enla Iglesia Universal debe reinar una necesaria unidad en aquellas cosas esenciales que hacen a la doctrina de la fe, a la vida sacramental (a la disciplina litúrgica) y en todo aquello que hace que el cristianismo mantenga su identidad. En eso debe haber una unidad inquebrantable.

Pero existen también muchas cuestiones relativas a la vida dela Iglesia, a la teología, que son, de suyo, opinables; temas sobre los cuales el Magisterio dela Iglesia no se ha pronunciado y que deja a la libertad de los fieles. Estas posiciones opinables pueden enriquecer, la vida de la comunidad eclesial.

Lo que permite la articulación entre el primer nivel de la unidad inquebrantable y este nivel de la libertad que se pueden tomar los miembros dela Iglesia, es la caridad. Es decir, la caridad es aquello que permite articular debidamente la adhesión a lo necesario, a lo esencial y la libertad de opinión en aquellas cosas que son secundarias y contingentes.

Ahora bien. Me parece que esta fórmula agustiniana podría, con fruto, proyectarse en el orden cultural de la vida civil y política de un país.

Hay ciertas realidades, ciertas verdades, ciertos principios y valores que son fundamentales, referidos no sólo a la naturaleza de la sociedad, seria también a sus tradiciones y su posible proyección al futuro.

No debería considerarse tan difícil coincidir sobre tres o cuatro puntos fundamentales que son de actualidad, sin duda, pero que tienen que ver con la historia y con las legítimas aspiraciones de una comunidad.

Luego hay una serie de cuestiones que son opinables porque son contingentes y, entonces, pueden ser sostenidas con plena libertad y no deben impedir ni malograr el posible acuerdo sobre aquellas cuestiones esenciales.

Ahora bien: ¿qué es lo que en este caso, en el orden de la vida civil, establece esa unidad y esa libertad en plena articulación? Me animo a decir que es la concordia, una cierta capacidad de comprensión y benevolencia o, más precisamente la amistad social.

Según este planteo, las diferencias no tienen por qué manifestarse como antagonismo irreconciliable, que convierta al que no opina como uno en enemigo.

Lo que ocurre, lamentablemente, es que muchas veces la fórmula agustiniana puede llegar a invertirse tanto en la práctica como la intención de la gente.

La vida dela Iglesiase trastorna completamente si se postula una libertad en aquellas cosas que son fundamentales y de las cuales depende la identidad de la fe cristiana, así como también se perturba si se pretende imponer unanimidad en aquellas cosas que son, de suyo, opinables porque son secundarias y contingentes.

Así también, en la vida social todo se atasca cuando no se logra  acuerdo y reina una diversidad inconciliable en cuestiones esenciales que, como decía antes, son pocas pero fundamentales, y en cambio se pretende imponer unanimidad en aquellas cosas secundarias en las cuales puede haber una legítima diferencia que, en todo caso, dinamiza el diálogo social. En ese caso, además, se arruina la amistad social, desaparece la concordia y la vida se puede tornar invivible.

Me parece que esta fórmula agustiniana conserva todo su valor y puede servirnos para interpretar correctamente la vida social y la praxis política de una comunidad. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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La Jornada Mundialdela Juventud despierta vocaciones   Madrid (España), 24 Ago. 11 (AICA)

Más de 200.000 jóvenes volvieron a reunirse el lunes en la céntrica plaza de Cibeles, en un “Encuentro vocacional”. La reunión había sido convocada por el Camino Neocatecumenal, como acostumbran desde la JMJde Santiago de Compostela, hace 12 años.

     Desde el gran estrado donde el papa Benedicto XVI había presidido la ceremonia inaugural de la JMJ y después el Via Crucis, se encontraban el arzobispo de Madrid, cardenal Rouco Varela, acompañado de otros 7 cardenales y 65 obispos, junto con el “equipo” que dirige a nivel mundial las Comunidades Neocatecumenales, José Francisco “Kiko” Argüello, Carmen Hernández y el capuchino Mario Pezzi. El movimiento es conocido popularmente como los “Kikos”, por el modo familiar con el que en Madrid se llama a los Franciscos.

     El fundador del Camino Neocatecumenal firmaba así, “Kiko”, los cuadros cuando era pintor, ateo y existencialista a mediados de la década de los 60 del siglo pasado. Y así sigue firmando los murales religiosos que pintó para una veintena de iglesias en Europa y América.

     “Kiko” Argüello volvió a la fe con los Cursillos de Cristiandad y se fue a vivir a Palomeras, una de las villas miseria que comenzaban a proliferar en los alrededores de Madrid en aquel tiempo. Allá, entre inmigrantes llegados de Andalucía y gitanos procedentes de Extremadura, surgió una comunidad, que pronto fue aprobada por monseñor Casimiro Morcillo, arzobispo de Madrid, y luego por los papas Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Hoy existen 1.700 comunidades, formadas por un millón de “kikos” en un centenar de países.

     En la plaza de Cibeles había muchos de ellos: italianos y españoles en primer lugar, pero también argentinos –unos 600-, colombianos, mexicanos, dominicanos, 210 nicaragüenses, 220 salvadoreños, 290 puertorriqueños, 125 hondureños, 410 venezolanos, 4.100 estadounidenses, 340 filipinos, 230 coreanos, 190 chinos, 120 indios, 90 japoneses, 280 australianos, ruandeses, sudaneses y 20 árabes de Tierra Santa.

     El Encuentro Vocacional se ajustó al esquema con el que se han celebrado los anteriores al finalizar las Jornadas Mundiales de la Juventud, en Compostela, Czestochowa, Denver, Manila, París, Roma, Toronto, Colonia y Sidney: habló en primer lugar el cardenal Rouco, que presidía el acto y se proclamaron después dos lecturas, una de Ezequiel y otra de San Lucas, que en lenguaje profético anuncian la pasión de Jesucristo y los sufrimientos de la Virgen.

    Los jóvenes escucharon en silencio: iban siendo preparados para lo que les espera a aquellos que elijan la vocación sacerdotal, la misionera, la de los conventos de clausura e incluso el matrimonio, anunciar el evangelio con sus vidas y no sólo con sus palabras.

    Las lecturas fueron precedidas por cantos e himnos –con textos del Antiguo y el Nuevo Testamento– que “Kiko” Argüello compuso y que interpretaba con su guitarra y ritmos que tienen un aire andaluz.

     Entre uno y otro canto el fundador del Camino Neocatecumenal predicaba kerigmáticamente, explicaba que “hace falta que en esta década haya 20.000 vocaciones sacerdotales para evangelizar a China y la India. Como dijo el beato Juan Pablo II, el primer milenio se evangelizó Europa, el segundo América y Africa y en el tercer milenio debe ser evangelizada Asia”.

     Seguía tocando la guitarra: “Una gran señal apareció en el cielo; una Mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz” (Apocalipsis, cap. 12, ver.1-2). Los jóvenes del Camino Neocatecumenal que conocían la letra, lo acompañaban y repetían los versículos. El Apocalipsis por bulerías andaluzas.

     “Kiko” Argüello dejaba la guitarra y les decía: La Mujer es la Virgen María y es también la Iglesia, ella es Madre de la Iglesia, que sigue dando a luz con dolores de parto; vosotros habéis nacido y vais a nacer a una nueva vida, a vuestras vocaciones, sacerdotes, misioneros, monjas de clausura, matrimonio”.

     Para entonces los jóvenes estaban ya ganados por el entusiasmo. “Kiko” volvía a la guitarra o recordaba algunos aspectos de su vida, como cuando conoció en 1974 a Josef Ratzinger, quien interesado por el movimiento, que entonces estaba implantándose en España, Italia, Francia, Perú y México, escribió a dos sacerdotes amigos de la diócesis de Munich recomendándoles que iniciaran en sus parroquias este “itinerario de profundización en la fe”.

     Luego “Kiko” Argüello invitó a los jóvenes a que hicieran silencio y rezaran, sentados o de rodillas, unos breves minutos y que aquellos que se sintieran llamados por una vocación religiosa se pusieran de pie y subieran al gran estrado donde se encontraban los cardenales y obispos, quienes los bendecirían imponiéndoles las manos.

     Y se produjo el hecho que llenó de asombro a los periodistas y a los obispos y sacerdotes que asistían al acto. Se levantó un joven, inmediatamente otro y otro, pronto era una columna, una fila interminable que cruzaba toda la plaza de Cibeles y empezaba a subir al estrado. Luego eran decenas, centenares los que lo hacían, que venían corriendo desde la calle de Alcalá y el paseo de Recoletos, situados a 100 o 200 metros del altar. Los obispos les imponían las manos, los muchachos se retiraban y su lugar ocupado por otros. Mis cálculos, prudentes, es que pasaron de 2.500 muchachos.

     Luego se invitó a las chicas a subir al estrado. Tras un minuto se produjo el mismo movimiento asombroso, una, dos, tres, cien, mil muchachas, europeas, latinoamericanas, africanas, asiáticas, iban corriendo, llorando, cantando, abrazandos y ascendían a la plataforma, donde los obispos y cardenales les imponían las manos y bendecían. ¿Cuántas? Yo he calculado que largamente más de 2.000.

     “Kiko” Argüello seguia cantando o dándoles consejos e instrucciones: “Cuando volváis a vuestro país, a vuestro pueblo, tenéis que presentaros al párroco. Él y vuestros catequistas os ayudarán. Durante un tiempo, uno, dos años, tenéis que reflexionar; es preciso un tiempo, no se trata del entusiasmo de un día, sino de tener la seguridad de que sois llamados al sacerdocio, o a ser misioneros o misioneras, o religiosas de clausura, o a casaros y formar una familia cristiana”.

     La experiencia de una decena de “encuentros vocacionales” semejantes enseña que de este modo fueron ordenados sacerdotes varios miles de jóvenes (un millar en los seminarios diocesanos “Redemptoris Mater”, donde hoy se forman en el espíritu del Camino Neocatecumenal otros 1.800), y han surgido miles de muchachas que entraron en conventos de clausura o que hoy están en misiones, no solo en Africa, América y Asia, también enla Europa descristianizada.+ (Armando Rubén Puente, corresponsal en España) 


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo veintitres del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de  la diócesis de Tenerife.

REUNIDOS POR JESÚS 

         Al parecer, el crecimiento del cristianismo en medio del imperio romano fue posible gracias al nacimiento incesante de grupos pequeños y casi insignificantes que se reunían en el nombre de Jesús para aprender juntos a vivir animados por su Espíritu y siguiendo sus pasos.

         Sin duda, fue importante la intervención de Pablo, Pedro, Bernabé y otros misioneros y profetas. También las cartas y escritos que circulaban por diversas regiones. Sin embargo, el hecho decisivo fue la fe sencilla de creyentes cuyos nombres no conocemos, que se reunían para recordar a Jesús, escuchar su mensaje y celebrar la cena del Señor.

         No hemos de pensar en grandes comunidades sino en grupos de vecinos, familiares o amigos, reunidos en casa de alguno de ellos. El evangelista Mateo los tiene presentes cuando recoge estas palabras de Jesús: «Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».

         No pocos teólogos piensan que el futuro del cristianismo en occidente dependerá en buena parte del nacimiento y el vigor de pequeños grupos de creyentes que, atraídos por Jesús, se reúnan en torno al Evangelio para experimentar la fuerza real que tiene Cristo para engendrar nuevos seguidores.

         La fe cristiana no podrá apoyarse en el ambiente sociocultural. Estructuras territoriales que hoy sostienen la fe de quienes no han abandonadola Iglesiaquedarán desbordadas por el estilo de vida de la sociedad moderna, la movilidad de las gentes, la penetración de la cultura virtual y el modo de vivir el fin de semana.

         Los sectores más lúcidos del cristianismo se irán concentrando en el Evangelio como el reducto o la fuerza decisiva para engendrar la fe. Ya el concilio Vaticano II hace esta afirmación: "El Evangelio... es parala Iglesiaprincipio de vida para toda la duración de su tiempo". En cualquier época y en cualquier sociedad es el Evangelio el que engendra y fundala Iglesia, no nosotros.

         Nadie conoce el futuro. Nadie tiene recetas para garantizar nada. Muchas de las iniciativas que hoy se impulsan pasarán rápidamente, pues no resistirán la fuerza de la sociedad secular, plural e indiferente. Dentro de pocos años sólo nos podremos ocupar de lo esencial.

         Tal vez Jesús irrumpirá con una fuerza desconocida en esta sociedad descreída y satisfecha a través de pequeños grupos de cristianos sencillos, atraídos por su mensaje de un Dios Bueno, abiertos al sufrimiento de las gentes y dispuestos a trabajar por una vida más humana. Con Jesús todo es posible. Hemos de estar muy atentos a sus llamadas.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
4 de septiembre de 2011
23 Tiempo ordinario (A)
Mateo 18, 15-20


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martes, 30 de agosto de 2011

Columna de opinión de monseñor Jorge Lozano, obispo de Gualeguaychú y miembro dela Comisión Episcopal de Pastoral Social, publicada el 21 de agosto de 2011. (AICA)

AMOR EN LOS ADULTOS MAYORES: TUYO A LOS 70  

"Aquel mundo sin objeto
tiene una razón precisa
desde que el amor eterno
lo sustenta y justifica.”

(Romance, Francisco Luis Bernárdez) 

Mi mamá murió hace 4 años. Al poco tiempo hice una revisión un poquito por encima de algunos documentos y papeles más urgentes, y el resto lo guardé en un par de cajas. Nunca me gustó tirar sin leer lo que pasa por mis manos. Y hace unos meses me puse a ordenar los papeles que estaban en su mesita de luz. En uno de esos “papeles” reconocí la letra de mi papá. Es una hoja de un anotador que solía haber en casa para dejarnos mensajes cuando alguno de nosotros salía, y avisaba así horario de regreso, si había ido a comprar algo, si volvía para la cena. Teníamos la sana costumbre de saber por dónde andábamos. El tamaño de la hoja es pequeño:16 centímetrospor 5. Lo suficiente para un mensaje. Mi papá falleció un año y medio antes que ella.

El texto encontrado es una cartita que él le escribió a ella como regalo del Día dela Madre. Enese entonces ambos tenían más de 70 años de edad y 50 años de casados.

Le pregunté y pedí permiso a mi hermano para compartirlo con vos, lector, lectora. Lo hago con la confianza e intimidad que nos regala esta columna dominical.

El nombre de mi mamá es Marina y Orfilio el de mi papá.

         Les regalo este testimonio:

 “Mi querida Marina:
Hoy es tu día, el día que lleva el nombre más representativo de todos, MADRE.
Hoy es tu día, que lo pases lo más feliz con todos:
tus hijos, nuera y nietos; que seas muy feliz.
Y no quiero quedar afuera también, con tu marido que mucho te quiere.
Tengo tanto que agradecerte por todo lo que hacés por mí, me hacés muy feliz.
Te quiero con toda el alma; sin vos sería la persona más infeliz de la tierra.
Vos estás tan dentro de mi corazón, que siento que el tuyo y el mío laten juntos.
Un beso de verdad. Que en este tu día seas muy feliz en compañía de los que hoy te acompañan y los que hoy no están, pero sí mirándonos desde el cielo.
Con amor, tu Orfilio”. 

El Año dela Vida es también el año del amor. Y es cierto que no hay edad para el amor, la ternura, la alegría de la vida familiar. “Porque el amor que vence al tiempo / no puede estar sino a cubierto del espacio.” (La ciudad sin Laura, Francisco Luis Bernárdez)

A veces me parece que nos cuesta expresar ternura y cariño. Una combinación de vergüenza, pudor, inseguridad o torpeza nos frenan caricias y palabras que sean continuidad del corazón. Es muy bueno decir “te quiero”. Y es muy bueno escucharlo. Al mundo, a la sociedad, a la familia… le hace falta más poesía y más ternura.

El 14 de agosto recordamos a San Maximiliano Kolbe, patrono de los periodistas. Él supo jugarse la vida y ofrecerla por los demás aun en situaciones de opresión en un campo de concentración. Le pedimos a él interceda por todos los que son perseguidos a causa de la verdad. 

Mons. Jorge Eduardo Lozano, obispo de Gualeguaychú 


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz, emitido por LT 9 (20 de agosto de 2011). (AICA)

DÍA DEL CATEQUISTA           

Este domingo, 21 de Agosto, celebramos el Día del Catequista en recuerdo de san Pío X, su santo Patrono. La catequesis pertenece al ámbito dela Palabrade Dios, que es el primer lugar de encuentro con Jesucristo (cfr. Ap. 246).La Palabratiene por finalidad ser camino de comunión de Dios con el hombre. En este marco la catequesis es: Anuncio y Transmisión, Celebración e inserción enla Iglesia.

Esto le da a la catequesis su significado en la vida dela Iglesia. Porello, todala Iglesiadebe estar comprometida en la catequesis, porque es ella quién tiene la responsabilidad de iniciar al hijo de Dios en el encuentro con Jesucristo y llevarlo a su madurez religiosa. Esta Iglesia se hace presente al niño, ante todo, en la fe y responsabilidad de sus padres.

Creo que estas notas son útiles para definir al Catequista. Es ante todo un miembro dela Iglesiaque vive su fe en lo concreto de una comunidad; en élla Iglesiacumple su misión. El anuncio es una noticia que tiene importancia para quién la recibe; es una palabra personal que busca entablar un diálogo que despierte en el otro escucha y compromiso.

No es algo meramente informativo. La catequesis participa de la fuerza del Kerygma, que es la persona de Jesucristo presentado desdela Iglesia. Estorequiere una intimidad conla Palabraanunciada, que hace del catequista un testigo. Esta vivencia le permitirá iluminar y valorar los medios y metodologías que utilice.

El anuncio tiene, además, un contenido. Dios habló, esta es la certeza y el camino de la fe. La fe no es un sentimiento vacío, necesita de un contenido que la alimente. La catequesis nos transmite una doctrina que tiene su fuente en Jesucristo, y nos llega a través de la mediación dela Iglesiaasistida por el Espíritu Santo. Jesucristo, Iglesia y Catequesis no se pueden separar.

Como toda enseñanza tiene sus exigencias. Esta nota debe hacer comprender al catequista el significado eclesial de su misión, pero también la necesidad de su formación doctrinal, espiritual y pedagógica. No podemos improvisar en esta misión esencial dela Iglesia. Sipor el anuncio el catequista es testigo, por la transmisión de la verdad del Evangelio es maestro.

La catequesis tiene por finalidad la comunión con Dios. Esto significa que no es algo escolar sino celebrativo. Desde la dinámica dela Palabrala catequesis debe conducir a la inserción en una comunidad eucarística. La catequesis se ordena ala Eucaristíaque es culmen de la vida cristiana y anticipo del banquete celestial. Esta verdad hace de la catequesis un espacio celebrativo de la fe. Por ello, la oración y la liturgia deben estar presentes.

La catequesis, además, en cuánto inserción a una comunidad eucarística debe despertar el servicio de la caridad, como testimonio de “los sentimientos de Jesucristo” con el que sufre. No hay comunidad sin celebración eucarística, y no hay celebración eucarística que no se oriente a la caridad. Estas notas hacen del Catequista una privilegiada presencia eclesial y una referencia ejemplar en la comunidad.

Queridos Catequistas, quiero unir mi afecto, gratitud y oración por todos ustedes. Reciban de su Obispo, que los valora, necesita y alienta en esta misión que presido y compartimos, la bendición del Señor Jesús y Nuestra Madre de Guadalupe. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz 


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Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo Puerto Iguazú, para el XX domingo durante el año (14 de agosto de 2011). (AICA)

 «MUJER, QUE GRANDE ES TU FE, QUE SE CUMPLA TU DESEO»               

 Las lecturas de la liturgia de hoy nos llevan a contemplar la actitud de Dios frente a los extranjeros que no conocenla Leyni la practican, pero que tienen una actitud de apertura a las cosas de Dios. Es tan grande el amor de Dios y tan inmensa su misericordia, que por boca del profeta Isaías (Is. 56, 1.6-7) Dios asegura su benevolencia a cualquier extranjero que venga a Él y le sirva. Su mensaje no va solamente dirigido a Israel, sino que va más allá de este pueblo elegido y sacerdotal y llega a todo aquel que se sienta atraído por él y lo sirva cumpliendo su Ley. “Los traeré a mi Monte Santo los alegraré en mi casa de oración y así la llamarán todos los pueblos” (Ib. 7). A la salvación están llamados todos los pueblos y hombres de la tierra. Dios eligiendo a Israel como pueblo suyo, le dio un puesto privilegiado en la historia de la salvación. A este pueblo le serían reservadas las primicias de los dones salvíficos, pero llegando a la madurez de los tiempos, todos los pueblos serían llamados a la salvación. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento nos muestran este designio de salvación universal por parte del Altísimo.

Es por esto que la “Palabra” no puede encerrarse en núcleos privilegiados, sino que está dirigida a todos los hombres de la tierra. La acción salvífica está ordenada a todos los hombres y busca todos los caminos para conducirlos a la fe. Dios busca celosamente la conversión de los gentiles y lo hace con la esperanza de salvar y despertar la fe en ellos. Los paganos, los que no creen, los que están alejados de su Ley son objeto de la misericordia de Dios. Incluso así también serán acogidos los judíos que rechazaron el Evangelio y que si se arrepienten también serán objeto de la misericordia de Dios. Por eso es que nada, ni el rechazo ni el pecado del pueblo elegido, ni siquiera el de los paganos que llega hasta la perversión, llega a destruir el plan de salvación universal querido por Dios.

En el Evangelio (Mt.15, 21-28), la mujer cananea, que vivía alejada del plan de Dios, sin embargo es misteriosamente acercada a Jesús por la acción divina. “Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David”, grita la mujer esperanzada en el poder de Jesús. Ella pide, suplica, intercede y espera sin desanimarse que Jesús libre a su hija del  demonio que la atormenta. El hecho de que la mujer pagana llame a Jesús “Hijo de David”, título mesiánico que ni los judíos le reconocían, muestra esta acción misteriosa de Dios y su gracia en todos los hombres de la tierra. El diálogo entre la mujer extranjera y Jesús es interesante, ya que Jesús le dice que Él ha sido enviado a las ovejas de Israel, y aún más, le dice que “no está bien echar a los perros el pan de los hijos” (Ib. 26). A lo que la mujer le responde: “Tienes razón Señor, pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Es entonces cuando el Señor deja desbordar la misericordia de su corazón: “mujer qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas” (Ib. 27). El reconocimiento de Dios en la fe es lo que nos hace obtener la misericordia de Dios. Es por eso que todos los pueblos y los hombres de la tierra estamos llamados a la fe en Dios, a la aceptación de Jesucristo como el Hijo de Dios y Señor de la historia, como Aquel que nos salva y nos da vida y dándonos vida nos hace participes de la eternidad. Que nadie se sienta excluido del mensaje salvador del Señor ni ajeno a su llamado. Todos estamos llamados a ser hijos en el Hijo y a participar de la vida con una esperanza nueva en un corazón nuevo.

Que María nos conduzca a la fe en Jesús, el Señor dela Viday el Señor de la misericordia. 

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú 


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lunes, 29 de agosto de 2011

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció en el concierto celebrado en honor a sus 60 años de sacerdocio, el 9 de agosto de 2011 en Castel Gandolfo.

Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio
reverendo señor decano,
estimados músicos,
¡queridos amigos!

A la estupenda música que todavía resuena en nuestros corazones, no se puede añadir nada. Debo decir, sin embargo, unas palabras de agradecimiento a todos los que han hecho posible y que han organizado este concierto aquí en Castel Gandolfo. Agradezco de corazón al señor decano por su discurso de saludo inicial, y sobre todo a los artistas -el maestro Albrecht Mayer, la violinista Arabella Steinbacher y el Ensemble “New Seasons”- por esta espléndida ejecución que llega al corazón. Estoy particularmente contento por el hecho de que hayáis querido ofrecer este concierto en ocasión del LX jubileo sacerdotal que mi hermano y yo, con la gracia divina, hemos podido celebrar juntos hace poco tiempo. Y usted, señor Mayer, ha colocado este concierto bajo el lema: “Lo que Dios hace, está bien hecho”, y así lo ha convertido, desde lo más íntimo, en un concierto de agradecimiento y de confianza creciente. ¡Infinitas gracias a vosotros por este regalo!

Esta noche hemos podido encontrarnos con dos exponentes de la música verdaderamente grandes del siglo XVIII: Antonio Vivaldi y Johann Sebastian Bach, maestro de maestros. 

Las dos piezas de Vivaldi que se han tocado esta noche forman parte de los llamados “concerti ripieni”, escritos para orquestas de cuerda y bajo continuo, la mayoría de los cuales tenían una intención didáctica, especialmente cuando Vivaldi enseñó en la “Pietá” uno de los orfanatos-conservatorio de Venecia para niñas. La estructura de tres tiempos con un breve “adagio” central es típica del gran artista italiano, pero esta uniformidad arquitectónica no es nunca monótona, porque -como hemos escuchado- el tratamiento de tono, el color orquestral, la dinámica del discurso musical, la masa armónica, el arte del contrapunto y de la imitación, convierten los conciertos de Vivaldi en un ejemplo de luminosidad y de belleza que transmite serenidad y alegría. Creo que esto provenía también de su fe. Vivaldi era un sacerdote católico, fiel a su Breviario y a sus prácticas de piedad. La escucha de su producción de música sacra revela su ánimo profundamente religioso.

Y este es un vínculo que lo une a Johann Sebastian Bach, luterano, admirador de Vivaldi de quien estudió y transcribió varios conciertos. “Soli Deo gloria”: esta frase aparece como un estribillo en los manuscritos de Bach – un leitmotiv de las cantatas de Bach como dice el opúsculo del programa- y constituye un elemento central para comprender la música del gran autor alemán. La profunda devoción fue un elemento esencial de su carácter, y su sólida fe sostuvo e iluminó toda su vida.

En la portada del "Kleines Orgelbüchlein" se pueden leer estas dos líneas: "Dem höchsten Gott allein zu Ehren, Dem Nächsten draus sich zu belehren" [Al Dios Altísimo para honrarlo, a los demás para instruirlos]. Bach tenía una concepción profundamente religiosa del arte: honrar a Dios y recrear el espíritu del hombre. Escuchando su música se recuerda el fluir de un arroyo, o quizás una gran construcción arquitectónica en la que todo está armoniosamente combinado, la reproducción de la perfecta armonía que Dios ha impreso en su creación. Bach es un espléndido “arquitecto de la música”, con un uso inigualable del contrapunto, un arquitecto guiado por un tenaz ésprit de géometrie, símbolo de orden y de sabiduría, reflejo de Dios y así la racionalidad pura se convierte en música en el sentido más elevado y puro, belleza esplendorosa. Esta noche hemos podido admirar este espíritu de Bach en las piezas iniciales tomadas de la monumental obra de fe que son las Cantatas, en esa música pura, cristalina dela Partitura N.2en re menor para violín y en el bellísimo Concierto BWV 1060, propuesto en una versión que, probablemente, corresponde a la antigua.

Gracias de nuevo, también de parte de mi hermano, al señor decano, al maestro Mayer, a la violinista Arabella Steinbacher, al Ensemble “New Seasons”. A todos vosotros un sentido “Vergelt’s Gott” [Dios os lo pague]. De corazón os imparto a vosotros y a todos los presentes mi Bendición apostólica.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT  nos ofrece la Carta que la Congregación para el Clero ha dirigido, a través de los ordinarios diocesanos, a todos los rectores de santuarios del mundo para incentivar un renovado celo de los sacerdotes encargados del cuidado pastoral en estos lugares de devoción.

Reverendos Rectores:
Deseo dirigiros, a cada uno, mi cordial saludo, que extiendo de buen grado a cuantos colaboran con vosotros en el cuidado pastoral de los Santuarios, y expresaros asimismo mi sincera gratitud por la entrega diligente con la cual os ocupáis diariamente de las necesidades pastorales de los peregrinos que, de todas partes del mundo, acuden cada vez en mayor número a los lugares de culto que os han sido encomendados.
Mediante esta carta, me hago ante todo intérprete de los sentimientos del Santo Padre Benedicto XVI, quien considera de gran importancia la presencia de los Santuarios, preciosos en la vida de la Iglesia, puesto que, en cuanto meta de peregrinación, son sobre todo lugares con una «gran capacidad de convocatoria, que reúnen a un número creciente de peregrinos y turistas religiosos, algunos de los cuales se encuentran en situaciones humanas y espirituales complicadas, con cierta lejanía respecto a la vivencia de la fe y una débil pertenencia eclesial» (Carta con ocasión del II Congreso Mundial de pastoral de las peregrinaciones y Santuarios – Santiago de Compostela, 27-30 de septiembre de 2010).
Afirmaba el Beato Papa Juan Pablo II: «siempre y en todas partes los santuarios cristianos han sido o han querido ser signos de Dios, de su irrupción en la historia humana» (Discurso a los Rectores de Santuarios – 22 de enero de 1981). Los Santuarios, por tanto, son «un signo de Cristo que vive entre nosotros, y los cristianos han reconocido en este signo la iniciativa del amor del Dios vivo en favor de los hombres» (Consejo pontificio para la pastoral de los emigrantes e itinerantes, El Santuario. Memoria, presencia y profecía del Dios vivo – 8.05.1999, n. 5).
La Congregación para el Clero, consciente del peculiar valor que revisten los Santuarios en la experiencia de fe de todo cristiano, y competente en la materia (cfr. Juan Pablo II, Constitución apostólica Pastor bonus – 28.06.1988, art. 97, 1°), desea someter a vuestra atención algunas consideraciones que quieren dar un impulso renovado y más eficaz
a las actividades ordinarias de la pastoral que se llevan a cabo en los Santuarios. En efecto, en un clima de secularismo generalizado, el santuario sigue representando, todavía hoy, un lugar privilegiado en el cual el hombre, peregrino en esta tierra, hace experiencia de la presencia amorosa y salvífica de Dios. Allí encuentra un espacio fecundo, lejano de los afanes cotidianos, donde se puede recoger y recuperar vigor espiritual para retomar el camino de fe con mayor ardor y buscar, encontrar y amar a Cristo en la vida ordinaria, en el mundo.
¿Cuál es el corazón de las actividades pastorales en un Santuario? La normativa canónica, a propósito de estos lugares de culto, con profunda sabiduría teológica y experiencia eclesial, prevé que en estos «se debe proporcionar abundantemente a los fieles los medios de salvación, predicando con diligencia la palabra de Dios y fomentando con esmero la vida litúrgica principalmente mediante la celebración de la Eucaristía y de la penitencia, y practicando también otras formas aprobadas de piedad popular» (can. 1234, §1). La norma canónica, por tanto, trazando una preciosa síntesis de la pastoral específica de los Santuarios, ofrece una interesante ocasión para reflexionar brevemente sobre algunos elementos fundamentales que caracterizan la función que la Iglesia os ha  encomendado.


1. Anuncio de la Palabra, oración y piedad popular

El santuario es el lugar en el que resuena con singular fuerza la Palabra de Dios. El Santo Padre Benedicto XVI, en la Exhortación apostólica post-sinodal Verbum Domini, de reciente publicación (30.09.2010), confirma que la Iglesia «se funda sobre la Palabra de Dios, nace y vive de ella» (n. 3). Es la “casa” (cfr. ibídem, n. 52) en la cual la Palabra divina es acogida, meditada, anunciada y celebrada (cfr. ibídem, n. 121). Cuanto el Pontífice dice de la Iglesia puede afirmarse análogamente del Santuario.
El anuncio de la Palabra asume un papel esencial en la vida pastoral del Santuario. Los ministros sagrados, por lo tanto, tienen la tarea de preparar ese anuncio, en la oración y en la meditación, filtrando el contenido del anuncio con la ayuda de la Teología espiritual, siguiendo el Magisterio y a los Santos. La Sagrada Escritura y la Liturgia (cfr. Concilio Ecuménico Vaticano II, Constitución Sacrosanctum Concilium, 4.12.1963, n. 35) serán las fuentes principales de su predicación, a las cuales se unen el precioso Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio. El ministerio de la Palabra, ejercido de formas distintas y conformes al depósito revelado, será más eficaz e incisivo si nace del corazón, en la oración, y se expresará mediante lenguajes accesibles y hermosos, que sepan mostrar correctamente la perenne actualidad del Verbo eterno.

La respuesta humana a un fecundo anuncio de la Palabra de Dios es la oración. «Los santuarios son, para los peregrinos en busca de fuentes vivas, lugares excepcionales para vivir “con la Iglesia” las formas de la oración cristiana» (Juan Pablo II, Catecismo de la Iglesia Católica [CCC], 11.10.1992, n. 2691).
La vida de oración se desarrolla de distintos modos, entre los cuales encontramos varias formas de piedad popular que siempre deben dejar «un adecuado espacio a la proclamación y a la escucha de la Palabra de Dios; en efecto, “en las palabras de la Biblia, la piedad popular encontrará una fuente inagotable de inspiración, modelos insuperables de oración y fecundas propuestas de diversos temas”» (Verbum Domini, n. 65).
El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, 9 de abril de 2002) dedica un capítulo a los Santuarios y a las peregrinaciones, deseando «una relación correcta entre acciones litúrgicas y ejercicios de piedad» (n. 261). La piedad popular tiene gran relevancia para la fe, la cultura y la identidad cristiana de numerosos pueblos. Es expresión de la fe de un pueblo, «verdadero
tesoro del pueblo de Dios» (ibídem, n. 9), en la Iglesia y para la Iglesia: para comprenderlo, baste con imaginar la pobreza que significaría para la historia de la espiritualidad cristiana de Occidente la ausencia del “Rosario” o del “Vía Crucis”, al igual que la de las procesiones. Son sólo dos ejemplos, pero suficientemente evidentes para revelar su carácter imprescindible.
Al desempeñar Vuestro ministerio en un Santuario, a menudo tenéis la ocasión de observar los gestos de piedad, tan peculiares como expresivos, con los cuales los peregrinos suelen expresar visiblemente la fe que los anima. Las múltiples y variadas formas de devoción, que con frecuencia derivan de otras tantas sensibilidades y tradiciones culturales, testimonian la intensidad ferviente de una vida espiritual alimentada por una constante oración y por el íntimo deseo de adherirse cada vez más estrechamente a Cristo.
La Iglesia, consciente de la significativa incidencia de estas expresiones religiosas en la vida espiritual de los fieles, siempre ha reconocido su valor y ha respetado sus genuinas expresiones. Es más, incluso mediante las enseñanzas de los Romanos Pontífices y de los Concilios, las ha recomendado y favorecido. Pero, al mismo tiempo, donde ha encontrado actitudes o mentalidades que no se podían atribuir al sano sentido religioso, ha sentido la necesidad de intervenir, purificando esos actos de elementos desorientadores o dando meditaciones, cursos, lecciones, etc. Efectivamente, sólo si está arraigada a una originaria tradición católica, la piedad popular puede ser locus fidei, instrumento fecundo de evangelización, en el cual también los elementos de la cultura ambiental indígena podrán encontrar sinérgicamente acogida y dignidad.
Como responsables de la pastoral en los Santuarios, pues, es tarea Vuestra instruir a los peregrinos sobre el carácter absolutamente preeminente que debe asumir la celebración litúrgica en la vida de todo creyente. No hay que obstaculizar o rechazar en absoluto la práctica personal de formas de piedad popular, es más, hay que favorecerla, pero no puede sustituir la participación en el culto litúrgico. Esas expresiones, de hecho, más que
contraponerse a la centralidad de la Liturgia, deben acompañarla y estar siempre orientadas hacia ella, puesto que es en la celebración litúrgica de los Sagrados Misterios donde se expresa la oración común de toda la Iglesia.

2. Misericordia de Dios en el sacramento de la Penitencia

La memoria del amor de Dios, que se hace presente de modo eminente en el santuario, lleva a pedir perdón por los pecados y al deseo de implorar el don de la fidelidad al depósito de la fe. El Santuario es también el lugar en el que actúa la permanente misericordia de Dios. Es un lugar acogedor en el cual el hombre puede tener un encuentro real con Cristo, y experimentar la Verdad de Su enseñanza y de Su perdón, para acercarse a la Eucaristía
dignamente y, por tanto, provechosamente.
Es preciso, con este fin, favorecer y donde sea posible intensificar la presencia constante de sacerdotes que, con ánimo humilde y acogedor, se dediquen generosamente a la escucha de las confesiones sacramentales. Que al administrar el sacramento del Perdón y la Reconciliación, los confesores, que actúan como «el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios con el pecador» (CCC, n. 1465), ayuden a los penitentes a experimentar la ternura de Dios, a percibir la belleza y la grandeza de Su bondad y a redescubrir en sus corazones el deseo íntimo de la santidad, vocación universal y meta última para todo creyente (cfr. Congregación para el Clero, El Sacerdote ministro de la misericordia divina, 9.03.2011, n. 22).
Que los confesores, iluminando la conciencia de los penitentes, pongan asimismo de relieve el vínculo estrecho que une la Confesión sacramental a una existencia nueva, orientada hacia una decidida conversión. Por consiguiente, que exhorten a los fieles a acercarse con regular frecuencia y ferviente devoción a este sacramento, a fin de que, sostenidos por la gracia que en él se les da, puedan alimentar constantemente su fiel compromiso de adhesión a Cristo, avanzando en la perfección evangélica.
Que los ministros de la Penitencia estén a disposición de los fieles y sean accesibles, cultivando una actitud comprensiva, acogedora y alentadora (cfr. El Sacerdote ministro de la misericordia divina, nn. 51-57). Para respetar la libertad de cada fiel y asimismo para favorecer la propia plena sinceridad en el foro sacramental, es oportuno que haya a disposición, en lugares adecuados (por ejemplo, a ser posible, la capilla de la Reconciliación) confesionarios provistos de una rejilla fija. Como enseña el Beato Papa Juan Pablo II en la Carta apostólica Misericordia Dei (7.04.2002): «las normas sobre la sede para la confesión las dan las respectivas Conferencias Episcopales, las cuales han de garantizar que esté situada en lugar patente y esté provista de rejillas, de modo que puedan utilizarlas los fieles y los confesores mismos que lo deseen» (n. 9, b – cfr. Can. 964, § 2; Consejo pontificio para la interpretación de los textos legislativos, Responsa ad propositum dubium: de loco excipiendi sacramentales confessiones [7 de julio de 1998]: AAS 90 [1998] 711; cfr. El Sacerdote ministro de la misericordia divina, n. 41).
Asimismo, que los ministros se apremien a ayudar a comprender los frutos espirituales que derivan de la remisión de los pecados. En efecto, el sacramento de la Penitencia «produce una verdadera "resurrección espiritual", una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios» (CCC, n. 1468).

Considerando el hecho de que los Santuarios son lugares de verdadera conversión, sería oportuno que se fomente la formación de los confesores para la solicitud pastoral de quien no ha respetado la vida humana desde su concepción hasta su fin natural.
Además, al dispensar la misericordia divina, que los sacerdotes desempeñen debidamente este peculiar ministerio adhiriéndose con fidelidad a las enseñanzas genuinas de la Iglesia. Que estén bien formados en la doctrina y no olviden ponerse al día periódicamente en particular sobre cuestiones relativas al ámbito moral y bioético (cfr. CCC, n. 1466). Que respeten también en el campo matrimonial cuanto enseña autorizadamente el Magisterio eclesial. Por lo tanto, que eviten manifestar en sede
sacramental doctrinas privadas, opiniones personales o valoraciones arbitrarias que no sean conformes a lo que la Iglesia cree y enseña. Para su formación permanente será útil alentarles a participar en cursos especializados, como por ejemplo podrían ser los que organizan la Penitenciaría apostólica y algunas Universidades pontificias (cfr. El Sacerdote ministro de la misericordia divina, n. 63).

3. La Eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana

La Palabra de Dios y la celebración de la Penitencia están íntimamente unidas a la Santa Eucaristía, misterio central que «contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua» (Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Presbyterorum ordinis, 7.12.1965, n. 5). La celebración eucarística constituye el corazón de la vida sacramental del Santuario. En ella el Señor se nos entrega. Por tanto, que se ayude a los peregrinos que visitan los Santuarios a ser conscientes de que, si acogen confiadamente a Cristo eucarístico en lo íntimo de su alma, Él les ofrece la posibilidad de una transformación real de la existencia.
Que la dignidad de la celebración Eucarística se ponga oportunamente de relieve mediante el canto gregoriano, polifónico o popular (cfr. Sacrosanctum Concilium, nn. 116 y 118); pero asimismo seleccionando adecuadamente tanto los instrumentos musicales más nobles (órgano de tubos y afines – cfr. ibídem, n. 120), como los paramentos sacerdotales que llevan los ministros y los adornos utilizados en la Liturgia, los cuales deben responder a cánones de nobleza y de sacralidad. Que en el caso de las concelebraciones haya un Maestro de ceremonias, que no concelebre, y se haga todo lo posible para que todos los concelebrantes lleven la casulla, o planeta, como paramento propio del sacerdote que celebra los misterios divinos.
El Santo Padre Benedicto XVI escribía en la Exhortación apostólica post-sinodal Sacramentum Caritatis (22.02.2007), que «la mejor catequesis sobre la Eucaristía es la Eucaristía misma bien celebrada» (n. 64). En la Santa Misa, que los ministros respeten fielmente cuanto establecen las normas de los Libros litúrgicos. De hecho, las rúbricas no representan indicaciones facultativas para el celebrante sino prescripciones obligatorias que este debe observar cuidadosamente y con fidelidad en todo gesto o signo. En efecto, cada norma encierra un sentido teológico profundo, que no se puede disminuir o, en cualquier caso, desconocer. Un estilo de celebración que introduzca innovaciones litúrgicas arbitrarias, además de provocar confusión y división entre los fieles, daña la veneranda Tradición y la autoridad de la Iglesia, además de la unidad eclesial.
El sacerdote que preside la Eucaristía, sin embargo, no es un mero ejecutor de rubricas rituales. Más bien, la intensa y devota participación interior con la cual celebrará los misterios divinos, acompañada de la oportuna valoración de los signos y los gestos litúrgicos establecidos, plasmará, no sólo su espíritu orante, sino que también se revelará fecunda para la fe eucarística de los creyentes que participan en la celebración con su actuosa partecipatio (cfr. Sacrosanctum Concilium, n. 14).
Como fruto de Su don en la Eucaristía, Jesucristo permanece bajo la especie del pan.
Las celebraciones como la Adoración eucarística fuera de la santa Misa, con la exposición y la bendición con el Santísimo Sacramento, manifiestan lo que está en el corazón de la celebración: la Adoración, o sea, la unión con Jesús Hostia.
Al respecto, el Papa Benedicto XVI enseña que «en la Eucaristía el Hijo de Dios viene a nuestro encuentro y desea unirse a nosotros; la adoración eucarística no es sino la continuación obvia de la celebración eucarística, la cual es en sí misma el acto más grande de adoración de la Iglesia» (Sacramentum Caritatis, n. 66), añadiendo que: «La adoración fuera de la santa misa prolonga e intensifica lo acontecido en la misma celebración litúrgica» (ibídem).
De ese modo, se atribuye enorme importancia al lugar del sagrario en el Santuario (o también de una capilla destinada exclusivamente a la adoración del Santísimo) puesto que en sí es un “imán”, invitación y estímulo a la oración, a la adoración, a la meditación, a la intimidad con el Señor. El Sumo Pontífice, en la mencionada Exhortación, subraya que «la adecuada colocación del sagrario en nuestras iglesias, en efecto, ayuda a reconocer la presencia real de Cristo en el santísimo Sacramento. Por tanto, es necesario que el lugar en que se conservan las especies eucarísticas sea identificado fácilmente por cualquiera que entre en la iglesia, también gracias a la lamparilla encendida» (ibídem, n. 69).

El sagrario, custodia eucarística, debe ocupar un lugar preeminente en los Santuarios.

Asimismo, que al recordar la relación entre arte, fe y celebración, se preste atención a «la unidad entre los elementos propios del presbiterio: altar, crucifijo, tabernáculo, ambón, sede» (ibídem, n. 41). La correcta colocación de los signos elocuentes de nuestra fe, en la arquitectura de los lugares de culto, sin duda favorece que se dé, especialmente en los Santuarios, la justa prioridad a Cristo, piedra viva, antes que al saludo a la Virgen o a los Santos justamente venerados en ese lugar, permitiendo así a la piedad popular que manifieste sus raíces verdaderamente eucarísticas y cristianas.

4. Un dinamismo nuevo para la evangelización

Por último, deseo poner de relieve que los Santuarios conservan todavía hoy un extraordinario encanto, que testimonia el número creciente de peregrinos que los visita. Con frecuencia se trata de hombres y mujeres de todas las edades y condiciones, con situaciones humanas y espirituales complejas, algo alejados de una vida de fe sólida, o con un frágil sentimiento de pertenencia eclesial. Para ellos visitar un Santuario puede resultar una valiosa oportunidad para encontrar a Cristo y redescubrir el sentido profundo de la propia vocación bautismal o para sentir una llamada saludable.
Por esto, os exhorto a cada uno de vosotros a dirigir hacia estas personas una mirada especialmente acogedora y atenta. A este propósito, tampoco dejéis nada a la improvisación.
Con sabiduría evangélica y con amplia sensibilidad, sería muy educativo hacerse compañeros de camino de los peregrinos y visitantes, identificando las razones del corazón y los anhelos del espíritu. En este servicio, la colaboración de personas con tareas específicas, dotadas de humanidad acogedora, de perspicacia espiritual, de inteligencia teologal, ayudará a introducir a los peregrinos en el Santuario como en un acontecimiento de gracia, lugar de experiencia religiosa, de alegría reencontrada. Al respecto será conveniente considerar la posibilidad de proponer encuentros espirituales al atardecer o de noche (adoraciones nocturnas o vigilias de oración) donde la afluencia de peregrinos sea notable o de flujo permanente.
Vuestra caridad pastoral podrá constituir una buena ocasión y un fuerte estímulo para que en su corazón brote el deseo de emprender un camino de fe serio e intenso. Mediante las distintas formas de catequesis, ayudaréis a que se comprenda que la fe, lejos de ser un sentimiento religioso vago y abstracto, es concretamente tangible y siempre se expresa en el amor y en la justicia entre unos y otros.
Así, en los Santuarios, la enseñanza de la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia, por medio de las predicaciones, de las catequesis, de la dirección espiritual, de los retiros, constituye una excelente preparación para acoger el perdón de Dios en el sacramento de la Penitencia y la participación activa y provechosa en la celebración del Sacrificio del altar.
La Adoración eucarística, la práctica piadosa del Via Crucis y el rezo cristológico y mariano del Santo Rosario, serán, con los sacramentales y las bendiciones votivas, testimonios de la piedad humana y camino con Jesús hacia el amor misericordioso del Padre en el Espíritu. Así la pastoral de la familia retomará vigor, será fecunda y fructuosa la oración de la Iglesia «al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9, 38): santas y numerosas vocaciones sacerdotales y de especial consagración.
Además, que los Santuarios, fieles a su gloriosa tradición, no olviden comprometerse en obras caritativas y en el servicio asistencial, en la promoción humana, en la salvaguardia de los derechos de la persona, en el compromiso por la justicia, según la doctrina social de la Iglesia. Es bueno que en torno a ellos florezcan también iniciativas culturales, como congresos, seminarios, exposiciones, reseñas, concursos y eventos artísticos sobre temas religiosos. De este modo los Santuarios se convertirán también en promotores de cultura, tanto docta como popular, contribuyendo, por su parte, al proyecto cultural orientado en sentido cristiano de la Iglesia.
Así, la Iglesia, bajo la guía de la Virgen María, Estrella de la nueva evangelización mediante la cual la Gracia se comunica a la humanidad necesitada de redención, se prepara, en todas partes en el mundo, a la venida del Salvador. Los Santuarios, lugares a los cuales las personas van para buscar, para escuchar, para rezar, se convertirán misteriosamente en los lugares en los cuales serán tocadas por Dios a través de Su Palabra, el sacramento de la Reconciliación y de la Eucaristía, la intercesión de la Madre de Dios y de los Santos.
Sólo de este modo, en medio de las marolas y las tempestades de la historia, desafiando el pertinaz sentimiento de relativismo imperante, estos favorecerán un renovado dinamismo con vistas a la tan deseada nueva evangelización.
Agradeciendo de nuevo a cada Rector su entrega y caridad pastoral a fin de que todo Santuario sea cada vez más signo de la amorosa presencia del Verbo Encarnado, se asegura la cercanía más cordial en el Señor, bajo la mirada de la santísima Virgen María.


Vaticano, 15 de agosto de 2011
Asunción de la Virgen María
Cardenal Mauro Piacenza
Prefecto
Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo tit. de Alba Marítima
Secretario


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ZENIT  nos ofrece la catequesis que el Papa Benedicto XVI dirigió a los fieles congregados en el patio interior del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo para la Audiencia General del miércoles 17 de Agosto de 2011.

Queridos hermanos y hermanas,

estamos todavía en la luz dela Fiesta de la Asunción, que -como dije- es una Fiesta dela Esperanza. María ha llegado al Paraíso y este es nuestro destino: nosotros podemos alcanzar el Paraíso. La cuestión es: ¿cómo? María ya ha llegado; Ella -dice el Evangelio- es la que “ha creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1,45). Por tanto, María ha creído, se ha confiado a Dios, ha entrado con su voluntad en la del Señor y así, estaba en el camino directo, en la vía hacia el Paraíso. Creer, confiarse en el Señor, entrar en su voluntad: está es la dirección esencial.

Hoy no querría hablar sobre este camino de fe, sólo sobre un pequeño aspecto de la vida de la oración que es la vida del contacto con Dios, es decir, sobre la meditación. ¿Qué es la meditación? Quiere decir “hacer memoria” de lo que Dios ha hecho y no olvidar sus muchos beneficios (cfr Sal 103, 2b). A menudo vemos sólo las cosas negativas; debemos tener en nuestra memoria también las cosas positivas, los dones que Dios nos ha hecho, estar atentos a los signos positivos que vienen de Dios y recordarlos. Por tanto, hablamos de un tipo de oración que en la tradición cristiana se conoce como “oración mental”. Nosotros conocemos normalmente las oraciones con las palabras, naturalmente también la mente y el corazón deben estar presentes en este tipo de oración, pero en este caso, hablamos de una meditación que no está hecha de palabras, sino que es una toma de contacto de nuestra mente con el corazón de Dios. Y María en esto, es un modelo muy real.

El evangelista Lucas repite, varias veces, que María “por su parte, custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (2,19; cfr 2,51b). El que custodia no olvida. Ella está atenta a todo lo que el Señor le ha dicho y le ha hecho, y medita, es decir, toma contacto con diversas cosas, profundizándolas en su corazón.

La que, por tanto, “ha creído” en el anuncio del Ángel y se ha hecho instrumento para que la Palabra eterna del Altísimo se pudiese encarnar, ha acogido también en su corazón el admirable prodigio de este nacimiento humano-divino, lo ha meditado, se ha detenido en todo lo que Dios estaba realizando en Ella, para acoger la voluntad divina en su vida y corresponder a ella. El misterio de la Encarnacióndel hijo de Dios y de la maternidad de María es tan grande, que exige un proceso de interiorización, no sólo es algo físico que Dios realiza en Ella, sino que es algo que exige una interiorización por parte de María que busca profundizar en el conocimiento, interpretar el sentido, comprender sus implicaciones y consecuencias. Así día tras día, en el silencio de la vida ordinaria, María continuó custodiando en su corazón, los siguientes sucesos maravillosos de los que fue testigo, hasta la prueba extrema dela Cruzy la gloria dela Resurrección. Maríaha vivido plenamente su existencia, sus deberes cotidianos, su misión de madre, pero ha sabido mantener en sí un espacio interior para reflexionar sobre la palabra y la voluntad de Dios, sobre lo que sucedía en sí misma, sobre los misterios de la vida de su Hijo.

En nuestro tiempo estamos siendo absorbidos por muchas actividades y compromisos, preocupaciones, problemas; a menudo se tiende a rellenar todos los espacios de la jornada, sin tener un momento para detenernos reflexionando y nutriendo la vida espiritual, el contacto con Dios. María nos enseña lo necesario que es encontrar en nuestras jornadas, con todas las actividades, momentos para recogernos en silencio y meditar sobre lo que el Señor nos quiere enseñar, sobre como está presente y actúa en el mundo y en nuestra vida: ser capaces de detenernos un momento y meditar. San Agustín compara la meditación sobre los misterios de Dios con la asimilación de los alimentos y usa un verbo que aparece en toda la tradición cristiana: “rumiar”; que los misterios de Dios que resuenan continuamente en nosotros mismos hasta que se convierten en familiares, guíen nuestra vida, nos alimenten como sucede con el alimento necesario para sostenernos. Y san Buenaventura, refiriéndose a las palabras dela Sagrada Escrituradice que “deben ser rumiadas para poderlas fijar con ardiente aplicación en el ánimo” (Coll. In Hex, ed. Quaracchi 1934, p. 218). Meditar, por tanto, quiere decir crear en nosotros una situación de recogimiento, de silencio interior, para reflexionar, asimilar los misterios de nuestra fe y lo que Dios obra en nosotros. Podemos hacer esta meditación de varias formas, tomando, por ejemplo, una breve cita dela Sagrada Escritura, sobre todo los Evangelios, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas de los Apóstoles, o bien una página de un autor espiritual que nos acerca y nos hace más presente las realidades de Dios a nuestro hoy, quizás también haciéndose aconsejar por el confesor o por el director espiritual, leer y reflexionar sobre lo que se ha leído, deteniéndose sobre eso, tratando de comprenderlo, de entender lo que nos dice a nosotros, en el día de hoy, abrir nuestro ánimo a lo que el Señor quiere decirnos o enseñarnos. También el Santo Rosario es una oración de meditación: repitiendo el Ave María se nos invita a plantearnos y a reflexionar sobre el Misterio que hemos proclamado. Podemos detenernos también en cualquier experiencia espiritual intensa, sobre las palabras que quedan impresas en la participación dela Eucaristíadominical. Por tanto, veis, hay muchas maneras de meditar y de tomar contacto con Dios, de acercarnos a Él, y, de este modo, estar en el camino hacia el Paraíso.

Queridos amigos, la constancia en el dar tiempo a Dios es un elemento fundamental para el crecimiento espiritual; será el mismo Señor el que nos dé el gusto por sus misterios, por sus palabras, por su presencia y acción, sentir qué bello es que Dios hable con nosotros; nos hará comprender  de una manera más profunda qué quiere de nosotros. Al final este es el objetivo de la meditación: confiarnos cada vez más en las manos de Dios, con confianza y amor, seguros de que sólo haciendo su voluntad somos, finalmente, felices.

[Al final de la audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, venidos de España, México y otros países Latinoamericanos. Que vuestra oración me sostenga y acompañe en el Viaje Apostólico que mañana emprendo a España. Muchas gracias y que Dios os bendiga.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 20º domingo durante el año (14 de agosto de 2011). (AICA)

FE Y CIUDADANIA      

Si bien en el texto del Evangelio de este domingo (Mt. 15, 21-28), el Señor plantea la elección preferencial de Israel, también deja en claro la apertura de salvación a los paganos, como es el caso de la mujer cananea que se acerca a Jesús para implorar con fe: “Entonces Jesús le dijo: ¡Mujer, que grande es tu fe! Que te suceda lo que pides (Mt 15, 28). Esta actitud de apertura a los paganos (o sea, a los que no eran el Pueblo elegido de Israel), ya se manifiesta incluso en el Antiguo Testamento. El profeta Isaías en la primera lectura de este domingo nos dice: “Así dice el Señor…y a los extranjeros que deciden unirse al Señor, que se entreguen a su amor y a su servicio…los llevare al monte santo y hare que se alegren en mi casa de oración” (Is. 56, 6-7).

Los textos bíblicos de este domingo nos ayudan a profundizar en un momento eclesial que puede ser muy fecundo para nuestro tiempo, en relación a la dimensión misionera. El Espíritu Santo nos anima sobre todo con el aporte del acontecimiento y documento de Aparecida y en nuestra Diócesis con la gracia de integrar rápidamente dicho documento en nuestro primer Sínodo Diocesano que nos dio como fruto las “Orientaciones Pastorales”.

Durante estos años nos hemos propuesto acentuar la conversión, comunión y misión. Ser una Iglesia abierta, atenta a los problemas y desafíos de este inicio de siglo, desde un seguimiento mas profundo como discípulos de Jesucristo, el Señor. Este es un gran don. En este tiempo buscaremos asumir y concretar dichas orientaciones pastorales, sabiendo que no faltaran cruces y sufrimientos, para cumplir el mandato de la evangelización.

Quizás una de las mayores dificultades en la acción evangelizadora sea una rutina sin conversión y Pascua, que lleva a una falta de fervor expresada en la fatiga y desilusión de los discípulos, en el acomodamiento al ambiente y en el desinterés, sobre todo en la falta de alegría y esperanza. Con respecto a esto el Papa Benedicto a señalado: “Nuestra mayor amenaza es el gris pragmático de la vida cotidiana dela Iglesiaen el cual todo procede con normalidad pero en realidad, la fe se va desgastando y degenerando en mezquindades (Aparecida 12).

Este domingo 14 de agosto los argentinos estamos viviendo un acontecimiento importante en el camino eleccionario de la democracia en nuestra Patria. En estas elecciones denominadas primarias cumpliremos con una obligación ciudadana que exige nuestra participación responsable del voto.

En distintas oportunidades hemos señalado que la dimensión de ciudadanía, para toda persona de recta conciencia y por lo tanto para los cristianos especialmente, implica un aspecto de la búsqueda de santidad. A veces erróneamente se ha encerrado la comprensión del camino de la santidad a exclusivas prácticas de piedad individual. Desde ya que todo cristiano necesita de la piedad, de la oración, del alimento de los sacramentos y sobre todo de poner en práctica la fe que profesamos. Esta puesta en práctica de aquello que creemos implica la responsabilidad ciudadana. El sabernos portadores de derechos y también de deberes como en este caso el ejercicio del voto que nos hace responsables del futuro en nuestra Provincia y País.

El próximo sábado 20 de agosto también estaremos viviendo otro acontecimiento muy importante para nuestra Diócesis, se realizará en Posadas un Congreso Catequístico durante toda la jornada. Todos sabemos que son miles los catequistas enla Diócesisque acompañan a niños, adolescentes, jóvenes y adultos en el camino de la fe. Con este congreso continuaremos la preparación para el Encuentro Nacional de Catequesis a realizarse en Morón-Buenos Aires en 2012, así como el foro de octubre también en nuestra diócesis donde comenzaremos a revisar todo el proceso de la formación inicial a la luz de los nuevos desafíos pastorales.

En este domingo como esta mujer cananea que nos presenta el Evangelio queremos acercarnos a Jesús con humildad y con fe para poder ser sus testigos.

Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


Publicado por verdenaranja @ 22:06  | Homilías
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domingo, 28 de agosto de 2011

Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, enla Fiesta de San Roque (16 de agosto de 2011). (AICA)

FIESTA DE SAN ROQUE        

Queridos hermanos y hermanas en Cristo Jesús. Es para mi una gran alegría venir a celebrar con ustedes esta Eucaristía y recordar a San Roque, patrono de la ciudad de Nueva Esperanza.

El ejemplo de los santos, ante todo, nos estimula. Nos muestra que vale la pena “jugarse” por Cristo. Que la santidad está a nuestro alcance. Que no es algo imposible. Que, día a día, nos debemos esforzar.

En San Roque el amor se hizo más vivo y activo a través del cuidado de los enfermos que estaban infectados de la peste. Así logró curaciones admirables e inexplicables. .

Hoy, nosotros, tenemos que curar “las enfermedades”, las “pestes” que aquejan a nuestra comunidad. La falta de convivencia, la falta de dialogo, la desunión, las criticas, los odios, los rencores, los maltratos, las envidias. Todo fruto de la falta de caridad y amor al prójimo. Decirle si a la vida, es vivir la vida desde el amor.

Estar aquí presentes en esta fiesta de San Roque y creer en Jesucristo significa modificar nuestra mirada sobre el hombre. Esa mirada debe ser una mirada de confianza, de esperanza. “El ser humano merece ser acogido siempre con respeto y amor. Él tiene derecho a no ser tratado como un objeto o como una cosa que se pueda manipular a voluntad, de no ser reducido a puro instrumento a ventaja de otros y de sus intereses. La persona es un bien en sí misma y es necesario buscar siempre su desarrollo integral.”.[1]

Las múltiples violaciones a los derechos de la persona humana hieren dolorosamente la conciencia de todo hombre de buena voluntad.

Estos derechos pertenecen a las exigencias de la dignidad humana y encierran, en primer lugar, la satisfacción de las necesidades espirituales y materiales de las personas. « Tales derechos se refieren a todas las fases de la vida y en cualquier contexto político, social, económico o cultural. Son un conjunto unitario, orientado decididamente a la promoción de cada uno de los aspectos del bien de la persona y de la sociedad.”[2]

Juan Pablo II ha trazado una lista de ellos:« El derecho a la vida, del que forma parte integrante el derecho del hijo a crecer bajo el corazón de la madre después de haber sido concebido; el derecho a vivir en una familia unida y en un ambiente moral, favorable al desarrollo de la propia personalidad; el derecho a madurar la propia inteligencia y la propia libertad a través de la búsqueda y el conocimiento de la verdad; el derecho a participar en el trabajo para valorar los bienes de la tierra y recabar del mismo el sustento propio y de los seres queridos; el derecho a fundar libremente una familia, a acoger y educar a los hijos, haciendo uso responsable de la propia sexualidad. Fuente y síntesis de estos derechos es, en cierto sentido, la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascendente de la propia persona ».[3]

El primer derecho enunciado en este elenco es el derecho a la vida, desde su concepción hasta su conclusión natural.

Por desgracia, también después del nacimiento hoy vemos como la vida de los niños sigue expuesta al hambre, a la miseria, a la enfermedad, a los abusos, a la violencia, a la explotación.

Como lo he afirmado anteriormente, el fenómeno del consumo de alcohol y de la droga entre los jóvenes presente en nuestra sociedad, es una creciente y preocupante realidad.

De hecho la droga y el alcohol no entran a la vida de una persona como un rayo sino que, como la semilla, echa raíces en un terreno por largo tiempo preparado.

Se ha perdido el sentido de la vida, y se vacía la persona de su dignidad, llevándola a la frustración y a la vía de la autodestrucción.

Ante el triste panorama de las injusticias cometidas contra la vida del hombre, antes y después del nacimiento, Juan Pablo II acudía a la responsabilidad de todos y de cada uno: “¡Respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!” (Enc. Evangelium vitae, 5).

Sin embargo, la gran mayoría de las mujeres y hombres de nuestra querida tierra santiagueña valoran la vida, A estas mujeres y hombres, los invito a ser profetas de la vida, a dar testimonio educando a sus hijos para respetar y proteger este valor supremo, a participar en la comunidad fortaleciendo los lazos de convivencia y a construir una comunidad política que se sustente en la valoración y promoción de la vida humana y su dignidad inviolable.

Mañana volveremos a lo cotidiano y al trabajo diario y todos nos tenemos que empeñar en construir un pueblo mejor; lleno de valores. Nueva Esperanza es una invitación a convertir nuestras vidas en signos de esperanza para los que nos rodean.

Pidámosle hoy al Señor, por intercesión de San Roque, que nos ayude a saber caminar superando las dificultades y que luchemos contra todo aquello que degrada y destruye la convivencia humana y la convivencia social. Que Nuestra Madre,la Virgen María, sea estímulo de nuestra esperanza y de nuestra alegría. 

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero


[1] Homilía de Benedicto XVI enla Vigilia porla Vida Naciente

[2] Juan Pablo II, Mensaje parala Jornada Mundial dela Paz 1999

[3] Juan Pablo II, Carta Enc. « Centesimus annus », 47

 


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EUROPA/ESPAÑA -La JMJes también un evento misionero

Madrid (Agencia Fides) - Esta semana en Madrid es "la capital mundial de los jóvenes" reunidos de todas las partes del mundo para participar en la Jornada Mundialde la Juventudy demostrar así su amor a Dios y a la Iglesia. Aunquela mayoría de ellos provienen de países con antigua tradición cristiana, no faltan los jóvenes provenientes de África, Asia, Oceanía, donde los cristianos son una pequeña minoría. Incluso el compromiso misionero está muy presente en este evento: varios misioneros han acompañado a los jóvenes a Madrid desde distintos lugares en los que operan. "Madrid vive una experiencia de Iglesia, que no es sino una experiencia de la universalidad, la catolicidad, y también la misión, que es la razón última de la Iglesia, hoy y siempre", escribe el Consejo Diocesano de Misiones de la Arquidiócesisde Madrid, dando la bienvenida a los jóvenes de todo el mundo y poniendo de relieve las actividades misioneras promovidas en el día de la Jornada Mundialde la Juventud.


Una Exposición Misionera articulada en tres formas de cooperación misionera (espiritual, económica y personal) estará abierta del 16 al 20 de agosto de las10 a las 21 horas en la parroquia del "Sagrado Corazón de Jesús" de Madrid. En el Parque del Retiro, siempre de del 16 al 20 de agosto, las Pontificias Obras Misionales (POM) han creado un stand dedicado a las vocaciones en las que se puede hacer contacto con los misioneros, misioneras y con las diferentes instituciones que se crearon para la misión Ad gentes .

También es posible conocer las actividades de las POM en España y otros países, además de sus iniciativas. También en la parroquia del "Sagrado Corazón de Jesús" en Madrid se puede participar, del 16 al 20 de agosto, en diferentes horarios, en un momento de oración misionera para que los jóvenes pueden unirse a los misioneros de todo el mundo para proclamar el Evangelio. Las instituciones y realidades misioneras han organizado estos momentos de oración que se realizarán en varios idiomas. El viernes, 19 de agosto, habrá un "Encuentro Misionero Internacional", al que están invitados todos los jóvenes de todas las naciones presentes enla JMJ y comprometidos de alguna forma con la misión o interesados en conocer más a través de cantos, oraciones, testimonios o talleres lingüísticos . "Será una celebración de la universalidad dela Iglesia dela Misión Ad Gentes". El "diario" del aspecto misionero dela Jornada Mundial dela Juventud estará disponible en un blog. (SL) (Agencia Fides 17/08/2011)

Links:
El Blog:
http://misionesjmj2011.blogspot.com/


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ZENIT  nos ofrece la homilía que Benedicto XVI pronunció este lunes en la misa celebrada en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva de Castel Gandolfo en la solemnidad dela Asunción dela Virgen María.

Queridos hermanos y hermanas,

nos encontramos reunidos una vez más, para celebrar una de las más antiguas y amadas fiestas dedicadas a María Santísima: la fiesta de su asunción a la gloria del Cielo en alma y cuerpo, es decir con todo el ser humano, en la integridad de su persona. Se nos ha dado así la gracia de renovar  nuestro amor a María, de admirarla y de alabarla por las “grandes cosas” que el Omnipotente ha hecho por Ella y que ha obrado en Ella.

En la contemplación dela Virgen Maríase nos ha dado otra gracia: la de poder ver en profundidad también nuestra vida. Sí, porque también nuestra existencia cotidiana, con sus problemas y sus esperanzas, recibe luz dela Madrede Dios, de su recorrido espiritual, de su destino de gloria: un camino y una meta que pueden y deben convertirse, de alguna manera, en nuestro mismo camino y nuestra misma meta. Dejémonos conducir por las citas dela Sagrada Escrituraque la liturgia de hoy nos propone. Querría detenerme, en particular, en una imagen que encontramos en la primera lectura, tomada del Apocalipsis, y de la que se hace eco el Evangelio de San Lucas: la del arca.

En la primera lectura hemos escuchado: “Se abrió el Templo de Dios que está en el cielo y quedó a la vista el Arca dela Alianza” (Ap 11,19). ¿Cuál es el significado del arca? Para el Antiguo Testamento, esta es el símbolo de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Pero ahora el símbolo ha cedido su lugar a la realidad. Así el Nuevo Testamento nos dice que la verdadera arca dela Alianzaes una persona viva y concreta: esla Virgen María.Dios no habita en un mueble, Dios vive en una persona, en un corazón: María, la que ha llevado en su seno al Hijo eterno de Dios hecho hombre, Jesús nuestro Señor y Salvador.

En el arca -como sabemos- se conservaban las dos tablas de la ley de Moisés, que manifestaban la voluntad de Dios de mantener la alianza con su pueblo, indicándoles las condiciones para ser fieles al pacto de Dios, para conformarse a la voluntad de Dios y así también a nuestra verdad profunda. María es el arca de la alianza, porque ha acogido en sí a Jesús; ha acogido en sí ala Palabraviviente, todo el contenido de la voluntad de Dios, de la verdad de Dios; ha acogido en sí al que es la nueva y eterna alianza, culminada con el ofrecimiento de su cuerpo y de su sangre: cuerpo y sangre recibidos por María. Con razón, por tanto, la piedad cristiana, en las letanías en honor ala Virgen, se dirige a Ella invocándola como Foederis Arca, es decir “arca de la alianza”, arca de la presencia de Dios, arca de la alianza de amor que Dios ha querido expresar de manera definitiva en Cristo para toda la humanidad,.

La cita del Apocalipsis quiere indicar otro aspecto importante de la realidad de María. Ella, arca viviente de la alianza, tiene un destino de gloria extraordinaria, porque está estrechamente unida al Hijo que ha acogido en la fe y generado en la carne, que comparte plenamente la gloria del cielo. Es lo que sugieren las palabras escuchadas: “Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza. Estaba embarazada...La Mujertuvo un hijo varón que debía regir a todas las naciones...” (12,1-2; 5). La grandeza de María, Madre de Dios, llena de gracia, plenamente dócil a la acción del Espíritu Santo, vive ya en el Cielo de Dios, toda ella, alma y cuerpo. San Juan Damasceno refiriéndose a este misterio en una famosa Homilía afirma: “Hoy la santa y única Virgen es conducida al templo celeste... Hoy el arca sagrada y animada por el Dios Viviente, [el arca] que ha llevado en su seno al mismo Artífice, reposa en el templo del Señor, no construido por mano de hombre” (Homilía sobrela Dormición, 2 PG 96, 723) y continúa: “Es necesario que la que había acogido en su seno al Logos divino, se trasladase a las tiendas de su Hijo... Era necesario quela Esposaque el Padre había elegido, viviese en la estancia nupcial del Cielo” (ibid., 14, PG 96, 742). Hoyla Iglesiacanta el amor inmenso de Dios por esta criatura suya: la ha elegido como verdadera “arca de la alianza”, como la que continúa generando y dando a Cristo Salvador ala Humanidad, como la que en el Cielo comparte la plenitud de la gloria y disfruta de la misma felicidad de Dios y, al mismo tiempo, nos invita también a nosotros a convertirnos, a nuestra modesta manera, en “arca” en la que está presentela Palabrade Dios, que está transformada y vivificada por su presencia, lugar de la presencia de Dios, de manera que los hombres puedan encontrar en el prójimo la cercanía de Dios y así vivir en comunión con Dios y conocer la realidad del Cielo.

El Evangelio de San Lucas que hemos escuchado (cfr Lc 1,39-56), nos muestra este arca viviente, que es María, en movimiento: habiendo dejado su casa de Nazaret, María se pone en viaje hacia la montaña para llegar cuanto antes a una ciudad de Judá y llegar a la casa de Zacarías y de Isabel. Me parece importante destacar la expresión “con prontitud”: las cosas de Dios merecen esta urgencia, incluso podemos decir que las únicas cosas que merecen urgencia son las de Dios, la verdadera urgencia de nuestra vida. Entonces María entra en la casa de Zacarías y de Isabel, pero no entra sola. Entra llevando en su seno al hijo, que es Dios mismo hecho hombre. Ciertamente se la esperaba a ella y a su ayuda en esa casa, pero el evangelista nos ayuda a comprender que esta espera nos conduce a otra, más profunda. Zacarías, Isabel y el pequeño Juan Bautista, son de hecho, el símbolo de todos los justos de Israel, en cuyos corazones, colmados de esperanza, esperan la venida del Mesías Salvador. Y es el Espíritu Santo el que le abre los ojos a Isabel para hacerle reconocer en María la verdadera arca de la alianza,la Madrede Dios que va a visitarla. Y así, la anciana pariente la acoge “exclamando”: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?” (Lc 1,42-43). Y es el mismo Espíritu Santo, el que ante la que lleva a Dios hecho hombre, abre el corazón de Juan Bautista en el seno de Isabel. Esta exclama: “Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno” (v.44). Aquí el evangelista Lucas usa el término de “skirtan”, es decir “saltar”, el mismo término que encontramos en una de las antiguas traducciones griegas del Antiguo Testamento para describir la danza del Rey David delante del arca santa que volvió finalmente a la patria (2Sam 6,16). Juan Bautista, en el seno de su madre danza ante el arca dela Alianza, como David, y reconoce así que: María es la nueva arca de la alianza, delante de la que el corazón exulta de alegría,la Madrede Dios presente en el mundo, que no se queda para sí misma esta divina presencia, sino que la ofrece compartiendo la gracia de Dios. Y así -como dice la oración- María es realmente “causa nostrae laetitiae”, (causa de nuestra alegría), el “arca” en la que realmente el Salvador está presente entre nosotros.

¡Queridos hermanos! Estamos hablando de María, pero, de alguna manera, estamos hablando también de nosotros, de cada uno de nosotros: también nosotros somos destinatarios de este amor inmenso que Dios ha reservado -de una manera única e irrepetible- para María. En esta Solemnidad dela Asunciónmiramos a María: Ella, nos conduce a la esperanza, a un futuro lleno de alegría y nos enseña el camino para alcanzarlo: acoger en la fe a su Hijo; no perder nunca la amistad con Él, sino dejarnos iluminar y guiar por su palabra; seguirlo cada día, incluso en los momentos en los que sentimos que nuestras cruces se hacen pesadas. María, el arca de la alianza que está en el Santuario del Cielo, nos indica con luminosa claridad que estamos en el camino hacia nuestra verdadera Casa,  comunión de alegría y de paz con Dios. ¡Amén!

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 21:40  | Habla el Papa
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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la fiesta dela Asunción (15 de agosto de 2011). (AICA) 

FIESTA DE LA ASUNCION DELA VIRGEN           

La fiesta dela Asuncióndela Santísima Virgen, fiesta patronal de esta querida Parroquia, nos invita a levantar la mirada hacia el cielo, que es el mismo Dios. Él es nuestra felicidad, a la que llegó María, elevada al final de su vida en la tierra, como la vemos reflejada en esta hermosa imagen tallada que hoy bendecimos, y que esla Madrede esta comunidad.

La Madrede Dios, Inmaculada desde su Concepción, no sufrió la corrupción del sepulcro. Fue exaltada en su gloriosa Asunción hasta la diestra de su Hijo, y nos protege como Madre e intercesora nuestra, «llena de gracia», la «más bendita de todas las mujeres». 

Para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de todala Iglesia

El Papa Pío XII, definió el Dogma de fe cristiana dela Asunciónde María en su cuerpo y alma a los cielos, para gozo y alegría de todala Iglesia, y esperanza de sus hijos en la tierra, y lo declaró el 1º de noviembre del Año Santo Jubilar de 1950.

De este modo, el Papa expresaba con estas palabras la grandeza dela Santísima Virgen: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu dela Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó ala Virgen Maríasu peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de todala Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, quela Inmaculada Madrede Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial".

Ella es la gloriosa Mujer del Apocalipsis; esla Hijadel Rey, ricamente engalanada; es la triunfadora del dragón infernal; la nueva Judit; yla Madredela Iglesiaque le canta eternamente un Magnificat de acción de gracias a Dios, al que nos unimos filialmente.

Por una parte, la lectura del Apocalipsis, nos muestra el realismo de la lucha entre el bien y el mal, que continúa en la historia, y pone de relieve el lugar de la dela Mujer, de María que es nuestra abogada e intercesora: "Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el Reino de nuestro Dios y la potestad de su Mesías" (Ap 12, 10).

Por otra parte, en este camino en el que todos buscamos la felicidad, comprendemos mejor que esta felicidad a la que todos tendemos es el mismo Dios. Contemplando e imitando ala Virgen Maríaestamos en camino hacia esa felicidad que es el cielo, donde Ella fue llevada con todo su ser.

Por esto, la gloria dela Asunción, lejos de crear una distancia entre nosotros y la vida del cielo, nos acerca a este misterio de la vida en Dios, en el que Ella creyó y esperó, aún en medio de las pruebas, y de la pasión y muerte de su Hijo. De esta manera, conociendo como Madre nuestras dificultades y necesidades en este camino que también Ella vivió, nos sostiene y ayuda; más aún nos acerca a Nuestro Señor, y nos manifiesta la gloria final dela Resurrección. 

El fervor de la celebración de hoy colma a esta Parroquia dela Asunciónde profunda alegría y esperanza

En esta Parroquia, el fervor de la celebración de hoy nos colma de profunda alegría: "Hoyla Virgen Maríaes llevada a los cielos; porque reina con Cristo para siempre".

Este anuncio nos habla de un acontecimiento de gracia, que vivimos particularmente en esta comunidad, colocada bajo esta advocación mariana, que ahora podemos contemplar en esta nueva obra de arte y de piedad. Por ello deseo felicitar al párroco, a la escultora Sra. Lucrecia Pellegrini, a los que hicieron posible el deseo de contar con esta imagen dela Madrecelestial, y a toda la comunidad parroquial.

Esta imagen que hoy enriquece espiritualmente nuestra Parroquia, como recuerda el Concilio Vaticano II, constituye para nosotros un signo de segura esperanza y de consuelo (cf. Lumen Gentium, 68).

Cristo ha resucitado, venciendo la muerte, consecuencia del pecado, y abraza con su triunfo a todos cuantos lo siguen. Ante todo a su Madre, librada de la herencia del pecado original mediante la muerte redentora del Hijo en la cruz. Con su Asunción, Cristo abraza a María, recibiéndola en el cielo con su cuerpo glorificado, anticipando para Ella el día de su venida gloriosa, el día de la resurrección universal que espera toda la humanidad.

La Asunciónal cielo es como una gran anticipo del cumplimiento definitivo de todas las cosas en Dios, según lo que leímos en la segunda lectura: "Luego, vendrá el fin, cuando entregue el Reino a Dios Padre, después de haber aniquilado todo principado, dominio y poder" (1 Cor 15, 24).

Asimismo, ante el dolor y el sufrimiento que nos toca a cada uno a lo largo de la vida,la Virgen Maríanos anima a tener fortaleza, y a comprender el motivo de la esperanza cristiana. Su presencia entre nosotros nos ayudará también a vivir cada día las obras de misericordia, especialmente hacia los más débiles y necesitados, y a renovar con confianza sus palabras a los servidores: “hagan lo que Él les diga”. 

La misión personal y parroquial

Así como Jesús venció la muerte con la omnipotencia de su amor; también María, asociada a la gloria de su Hijo, después de haber vivido junto a Él de un modo sobresaliente su pasión y su muerte; participa con su Asunción en la gloria de la victoria, y nos abre un camino ejemplar para vivir este amor. Por eso la invocamos como "Puerta del cielo".

Que María nos ayude, y nos anime a hacer que nuestra vida personal y parroquial sea un anuncio del cielo, una misión permanente donde Jesucristo sea conocido y amado por todos, y a la vez sea la causa de nuestra esperanza.

Para ello debemos dar a conocer este misterio con nuevo ardor. Para alcanzar este fin necesitamos una renovada misión parroquial y una profunda catequesis. Estos son medios muy importantes para introducirnos y dar a conocer el misterio de Cristo, y de su Madre. Por esta razón queremos intensificar tanto la catequesis parroquial de iniciación cristiana en si misma, así como la formación en la fe, ya sea de los niños, de los jóvenes y de los adultos. Justamente la reflexión de la fe es una luz para el camino de la vida hacia Dios, como la vivió María, y una fuerza segura para ser testigos de Cristo.

Ante esta imagen dela Asunciónque hoy bendecimos, Patrona dela Parroquia, le pedimos a nuestra Madre que la contemplación y la oración nos ayuden a comprender y a vivir el Evangelio. Sobre todo la oración del Santo Rosario, y la meditación de los misterios de la vida de Jesús, nos van a disponer mejor, por la gracia, a hablar con Dios y a escuchar los que nos dice en nuestro corazón. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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sábado, 27 de agosto de 2011

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (14 de agosto de 2011). (AICA)

ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA            

El 15 de Agosto celebramos una de las Fiestas dela Virgen Maríaque más hondo ha calado en la fe y la devoción de nuestro pueblo. Creo que el motivo es la centralidad de la fe en Dios y del proyecto de Jesucristo que, enla Asunciónde María al Cielo, el hombre descubre la certeza de un camino cumplido. El hombre ya no es alguien más en este mundo, sino alguien que tiene un destino trascendente. Jesucristo no ha venido para darnos sólo una doctrina, sino para decirnos que nuestra vida tiene una misión en este mundo y un futuro junto a Dios.

Somos peregrinos en esta bendita tierra con destino de eternidad. Esta Fiesta nos habla, precisamente, de nuestra condición de caminantes, pero con la certeza de una meta que María ya ha alcanzado. El camino siempre será Jesucristo; Ella, por una gracia especial, alcanzó lo que nosotros esperamos. Es decir, el plan de Dios revelado por Jesucristo ya se cumplió en María Santísima, esto es lo que hoy celebramos.

La fe, como don que eleva nuestra inteligencia, nos ayuda a comprender cómo nuestra vida es parte de un proyecto del que estamos en camino. La fe, que nos hace partícipes de la sabiduría de Dios, es la que nos permite caminar con esperanza, incluso en momentos de angustia y dolor. Ella no es un sentimiento vacío, es creer en un Dios que nos habló, por eso su Palabra es fuente de sentido para nuestra vida.La Virgen Maríaparticipó de un modo único en este proyecto de Dios y nos muestra, desde su Asunción al Cielo, el significado pleno de nuestra vocación cristiana.

La imagen de María como primera discípula de Jesucristo y nuestra madre al pie de la cruz, es lo que hace de ella una referencia siempre actual para el pueblo cristiano. La devoción ala Virgenes un acto de fe de Dios que se apoya en Jesucristo. Aislarla de este contexto es no comprenderla en el plan de Dios y su significado para nosotros. La fe del pueblo cristiano reconoce en María el camino de Dios que viene a nosotros en Jesucristo y la certeza de que la meta de este camino no es una utopía.

Es normal que la figura de María despierte en nosotros sentimientos de gratitud, de confianza y de intercesión. La sentimos cerca porque pertenece a nuestra condición de hijos de Dios, pero reconocemos en ella el camino que Dios ha utilizado para llegar a nosotros. Cuando la contemplamos junto a Dios la seguimos sintiendo nuestra madre cumpliendo la misión que su Hijo le encomendó al pie de la cruz. Le agradecemos el testimonio de su fe en el Evangelio como hija de Dios y discípula de Jesucristo, porque nos enseña a ser cristianos.

Siempre será nuestra intercesora, a quién recurrimos en momentos difíciles de nuestro peregrinar. Ella no ocupa el lugar de Dios; Dios la ha elegido para tender hacia nosotros ese puente de salvación que es su Hijo, pero lo hizo utilizando nuestros materiales. María es como la piedra preciosa que él ha tomado de nuestra orilla para apoyar en Ella a Jesucristo, único puente de salvación entre Dios y el hombre.

Como un hijo de Dios me acercaré este 15 de Agosto a contemplar, agradecer y pedir a María nuestra Madre, para que nos acompañe nuestro peregrinar en esta bendita tierra, pero con la mirada puesta enla Patriadefinitiva a la cual Ella, por una gracia especial, ha llegado. Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y María Santísima. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz 


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Palabras de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, al Honorable Concejo Deliberante en la Fiestadela Asunciónde María Virgen (15 de agosto de 2011). (AICA)

AL HONORABLE CONCEJO DELIBERANTE EN LA FESTIVIDAD DELA ASUNCIÓN DEMARÍA VIRGEN               

Quiero agradecer en primer lugar a este Honorable Concejo Deliberante a su presidente Don Armando Bertolotto y a todos sus integrantes, que representan a la Comunidadde Avellaneda, la cordial recepción como Obispo Diocesano para esta Sesión que cada año nos reúne para ofrecer nuestro homenaje a María dela Asunción, Patrona de nuestra Ciudad y de nuestra Diócesis. Saludo en particular y agradezco la presencia del Sr. Intendente Municipal, Ing. Jorge Ferraresi y a todo su equipo de conducción.

Quiero expresar que estas palabras mías dirigidas a esta honorable Asamblea, han sido preparadas con anterioridad, sin tener en cuenta los resultados del día de ayer, después de las “elecciones primarias” en nuestro País.

La presencia dela Santísima Virgen, para nuestra fe cristiana, refleja un ámbito que nos trasciende, pero que incide no solo en nuestra vida personal y privada, sino fundamentalmente en el accionar de la vida pública. La sociedad no puede ignorar a la religión y mucho menos puede separarla de la sociedad, sino que es un componente suyo natural (el hombre es un ser religioso y societario). La escucha dela Palabrade Dios sirve de condición para la búsqueda del bien común, de la justicia, y de la reconciliación en la verdad. Dicho de otra manera, la presencia y el reconocimiento de Dios es garantía del respeto a la persona humana. (Cfr. Discurso del Santo Padre, Benedicto XVI, ala Sociedad Civilde Croacia, 4 de junio de 2011). El Santo Padre Benedicto XVI, decía en la solemnidad dela Asuncióndel año pasado: “Entonces podemos preguntarnos: ¿Cuáles son las raíces de esta victoria sobre la muerte anticipada prodigiosamente en María? Las raíces están en la fe dela Virgende Nazaret, como atestigua el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (cf. Lc 1, 39-56): una fe que es obediencia ala Palabrade Dios y abandono total a la iniciativa y a la acción divina, según lo que le anuncia el arcángel. La fe, por tanto, es la grandeza de María, como proclama gozosamente Isabel: María es «bendita entre las mujeres», «bendito es el fruto de su vientre» porque es «la madre del Señor», porque cree y vive de forma única la «primera» de las bienaventuranzas, la bienaventuranza de la fe.”

Quiero hacer objeto de mi reflexión del día de hoy, si me permiten, un tema central: el de la conciencia. Este tema atraviesa los diferentes campos en los que ustedes están comprometidos y es fundamental para una sociedad libre y justa, tanto en el plano nacional, como internacional. Hay que poner el acento al reconocimiento y la garantía de la libertad de conciencia, de los derechos humanos, a la libertad política base de una sociedad libre, atendiendo, sin embargo, a la racionalidad y a la libertad en su fundamento trascendente, para evitar que dichas conquistas se autodestruyan. La calidad de la vida social y civil, la calidad de la democracia, dependen en buena parte de este punto “crítico” que es la conciencia, de cómo es comprendida y de cuánto se invierte en su formación. Si la conciencia, según el pensamiento moderno más en boga, se reduce al ámbito de lo subjetivo, al que se relegan la religión y la eticidad, la crisis de nuestra Sociedad no tiene solución, y estamos frente a una tremenda involución. En cambio, si la conciencia vuelve a descubrirse como lugar de escucha de la verdad y del bien, lugar de la responsabilidad ante Dios y los hermanos en humanidad, que es la fuerza contra el deterioro de la democracia, entonces hay esperanza de futuro. No puedo dejar de citar al Concilio Vaticano II en el famoso número 16 dela Gaudiumet spes: “En lo más profundo de su conciencia descubre el hombre la existencia de una ley que él no se dicta a sí mismo, pero a la cual debe obedecer, y cuya voz resuena, cuando es necesario, en los oídos de su corazón, advirtiéndole que debe amar y practicar el bien y que debe evitar el mal: haz esto, evita aquello. Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado personalmente. La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto más íntimo de aquélla.”

Siguiendo el tema de la conciencia considerada como clave para el desarrollo cultural y la construcción del bien común. En la formación de la concienciala Iglesiaofrece ala Sociedadsu contribución más singular y valiosa. Una contribución que comienza en la familia, que esté atenta al verdadero bien de la persona humana, a su dignidad y libertad, y capaz de salvaguardar el derecho de toda persona que pueda vivir en paz.La Iglesiaanima y colabora, siempre en una sana autonomía, a que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde la concepción hasta su fin natural. Además pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo. De hecho, sabemos bien, que en el contexto actual se pone en tela de juicio la institución familiar, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales más débiles, especialmente las generaciones jóvenes, más vulnerables y por eso más fácilmente inclinados a la desorientación. A veces, a las realidades educativas les resulta difícil dar respuestas adecuadas a los jóvenes, y faltando el apoyo familiar, a menudo estos no pueden insertarse normalmente en el tejido social, por eso es importante reconocer que la familia, es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer que maduren personas libres y responsables, formadas en los valores profundos y perennes.

Recordemos, con el Papa Benedicto “que el amor, es la principal fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” (Caritas in veritate, 1). Esta lógica de la gratuidad, aprendida en la infancia y la adolescencia, se vive después en otros ámbitos, en el juego, y el deporte, en las relaciones interpersonales, en el arte, en el servicio voluntario a los pobres y los que sufren, y una vez asimilada se puede manifestar en los ámbitos más complejos de la política y la economía, trabajando por una “polis” que sea acogedora y hospitalaria, y al mismo tiempo no vacía, no falsamente neutra, sino rica de contenidos humanos, con una fuerte dimensión ética.

Aquí es donde los fieles laicos están llamados a aprovechar generosamente su formación, guiados por los principios dela Doctrina Socialdela Iglesia, a favor de una laicidad auténtica, de la justicia social, la defensa de la vida y la familia, la libertad religiosa y de educación.

Queridos hermanos, pensemos seriamente y asumamos lo que nos toca vivir hoy. Quién asume este presente, sabrá responsablemente preparar lo venidero para las generaciones futuras. Pero, para esto, hay que pensar, reflexionar, tener capacidad de escucha, humildad y valentía para seguir incidiendo enla Historiade nuestra querida Nación.

Le pido hoy, ala Santísima VirgenMaría, asunta al cielo, en estas celebraciones cívicas, patronales y jubilares, que nos ayude a levantar la mirada, el espíritu, el trabajo, las motivaciones y la vida. Que bendiga nuestras familias, nuestra Ciudad de Avellaneda, que bendiga a todos y que el motivo de esta Fiesta nos haga experimentar que todos pertenecemos a la misma familia humana.

Dios los bendiga yla Virgenlos proteja.  Muchas gracias. 

Mons. Rubén O. Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús
Avellaneda, 15 de agosto de 2011 


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El Servicio de Información (SIC) dela Conferencia EpiscopalEspañola dio a conocer “las cifras”, por demás asombrosas en todos los rubros suscitados a raíz de la organización y realización de la inminente Jornada Mundial dela Juventud. (AICA)


     Durante todos estos meses en la página web oficial dela JMJ se fueron publicando numerosas cifras acerca dela JMJ. En este informe el SIC las reúne, lo que pone en evidencia la meticulosa y eficiente organización.

Las cifras

     100.000.000 de euros se estima que aportará la JMJa la economía de España.
    10.000.000 metros de hilo se utilizaron para confeccionar los ornamentos para las misas.

     1.200.000 fueron las reproducciones en el canal dela JMJen YouTube.

     1.000.000 de jóvenes vendrán a esta fiesta

     30.000 voluntarios se desplegarán para ayudar a la organización.

     15.000 carnets del “Club de Abuelos” que animan y colaboran con la organización.

     14.000 sacerdotes concelebrarán enla Misadel Papa.

     2.000 jóvenes de países con pocos recursos participarán enla JMJ, gracias al Fondo de Solidaridad.

     5.000 periodistas de todo el mundo acreditados.

     4.000 jóvenes con algún tipo de discapacidad acudirán ala JMJ.

     800 obispos de todo el mundo, muchos de ellos darán clases de catequesis a los jóvenes.

     700 personas forman el coro y orquesta dela JMJ.

     300 actos culturales por todo Madrid.

     200 confesionarios en forma de vela de barco en la “Fiesta del Perdón” en el Parque del Retiro.

     190 países son la procedencia de los peregrinos.

     150 equipos de voluntarios sanitarios se ocuparán de los primeros auxilios. El material está donado por Cofares.

     120 bolsas de harina de25 kg, donados por una harinera soriana para hacer las hostias de las misas.

     100% natural. Abengoa realizará 5 proyectos para compensar el impacto de CO2 generado durantela JMJ.

     79 horas durará la estadía de Benedicto XVI en Madrid

     68 puestos habrá en el Retiro en los que se puede conocer de primera mano las instituciones dela Iglesia.

     50 medios de comunicación y agencias colaboran difundiendo anuncios de radio sobrela JMJ.

     48 estadios de fútbol es lo que ocupa el espacio preparado en Cuatro Vientos para los jóvenes dela JMJ.

     26 veces se celebróla Jornada Mundialdela Juventud.

     24 puentes hay en el recorrido del papamóvil.

     21 idiomas en los que puedes consultar la información en los perfiles oficiales dela JMJen Facebook.

     17 carpas de adoración eucarística habrá en Cuatro Vientos.

     15 tallas de Semana Santa traídas de distintas zonas de España presidirán el Vía Crucis en el Paseo de Recoletos.

     12 jóvenes tendrán un almuerzo con el Papa.

     12 imágenes, en otras tantas advocaciones dela Virgende varios países presidirán el “Madrid de los Austrias” donde se rezará el rosario y cantarán los tunos.

     12 cofradías españolas realizarán juntas los “Pasos”.

     8 toneladas de fruta donóla Asociaciónde Mayoristas de Fruta del Mercado Central de Madrid.

     7º arte, los cines de la calle Fuencarral proyectarán películas el día 17 de agosto durante toda la tarde

     7 toneladas de rosarios para los peregrinos. Elaborados en una fábrica del Ecuador que dio trabajo a 150 familias.

     5 continentes representados

     2 veces se celebróla JMJen España. La primera fue en Santiago de Compostela en 1989.

     0 euros cuesta al contribuyente.+


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ZENIT    publica el comentario al pasaje evangélico de este domingo, 28 de agosto, XXII del tiempo ordinario (Mateo 16, 21-27), redactado por monseñor Julián Ruiz Martorell, obispo de Huesca y de Jaca.

Evangelio del domingo: Cargar con la cruz

Pedro tiene claro que Jesús es el Mesías, el Salvador del mundo, el Hijo de Dios; pero no puede comprender que el Mesías tenga que recorrer los caminos del sufrimiento y el dolor. Por eso reacciona con fuerza, cuando Jesús empezó a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado. Pedro tuvo el atrevimiento de apartar a Jesús del grupo de los discípulos. Nos lo podemos imaginar llevándolo a un lugar donde nadie los pudiera escuchar, para, a continuación, comenzar a corregir a Jesús, a increparlo (dice el evangelio): — ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

La respuesta de Jesús es contundente: — Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.Jesús ha sido enviado por el Padre al mundo, para hacer presente el amor de Dios al que nace y al que muere, al que ríe y al que llora, al que trabaja y al que sueña. Y para cumplir esta misión ha de nacer y morir, reír y llorar, trabajar y soñar. Por otra parte, Jesús ha venido a mostrarnos el camino que nos conduce a Dios, a nuestra propia felicidad. El nos enseñó que ese camino se llama amor, se llama verdad, se llama justicia. Y cuando amamos, a veces sufrimos, cuando tratamos de defender la verdad y la justicia, en muchas ocasiones, toca pasarlo mal. Si Jesús se hubiera retirado al acercarse la cruz no hubiera cumplido su misión, nos hubiera mostrado el camino de la cobardía, de la mentira, del egoísmo.

Pedro no quiere que Jesús sufra. Es normal. Actúa con toda la buena fe. Jesús es su amigo del alma y además es el Mesías. Pedro hace como suelen hacer los padres y madres con los hijos: procuran evitarles cualquier mal rato y oímos decir: “que no sufran, que no tengan que pasar lo mismo que padecimos nosotros”. También tratamos de evitar el dolor a los amigos y solemos proponerles que tomen el camino más sencillo, más fácil. Cuando un matrimonio tiene dificultades abundan los que aconsejan a las primeras de cambio el divorcio. Cuando trabajamos en la parroquia, o en la asociación de vecinos o en cualquier otro compromiso y pasamos algún mal momento, no faltarán quienes que nos digan: - Déjalo, no te mates la cabeza, no seas tonto.

No cabe duda: es bueno evitar el sufrimiento a las personas que queremos. Sin embargo en algunas ocasiones no hacemos bien cuando tratamos de evitar a toda costa que nuestros seres queridos lo pasen mal. El dolor es necesario para crecer, para madurar, para comprender a los que sufren. Sin esfuerzo y sin lucha no hay vida verdadera. Así lo saben los padres y madres de familia, los misioneros, los deportistas... Lo que vale, cuesta, dice el refranero popular. Por eso, Jesús dice a Pedro y a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si no asumimos la cruz tampoco cumpliremos nuestra misión y no podremos ser verdaderamente felices.

Este mensaje del evangelio choca frontalmente con la cultura dominante de nuestra sociedad, por eso es más necesario que nunca recordar las palabras del apóstol: no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.


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Reflexión a las lecturas del domingo veintidós del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Perez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 22º del T. Ordinario A 

¡Pensar como los hombres…! ¡Pensar como Dios! La diferencia es muy grande, a veces, radical.

En el Evangelio de este domingo contemplamos como Jesucristo le dice a Pedro: “Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas cómo los hombres, no como Dios”.

Son, tal vez, las palabras más fuertes, más duras, que salen de los labios del Señor.

¡Qué diferencia tan grande con lo que escuchábamos el domingo pasado!:  “Dichoso tú Simón… Eso te lo ha revelado el Padre que está en los Cielos…” Y también “Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”.

¿Qué ha pasado?

Está claro. Jesucristo alaba y felicita a Pedro cuando piensa como Dios y le corrige cuando su pensamiento se desvía y piensa como los hombres.

¿Pero quién podía aceptar ni siquiera imaginar, en todo Israel, que el Mesías tuviera que padecer?

En general, pensaban en un Mesías triunfador, un Mesías Rey. Si él era el liberador que tenía que venir ¿cómo iba a terminar humillado, vencido? Ellos no entendían nada más. Por eso Jesús tendrá que llevar enseguida a tres de ellos a una montaña alta para transfigurarse delante de ellos y enseñarles “que, de acuerdo con la Ley y los Profetas -Moisés y Elías-, la Pasión es el camino de la Resurrección…” (Lc 9,30). Este acontecimiento les dejó una huella profunda (1Pe 1,16-18)

Las palabras de Pedro hacen que Jesús se sienta tentado: “me haces tropezar”. También a Él le gusta más el otro camino, pero reacciona con energía como siempre que se pone en cuestión la voluntad del Padre.

Algo parecido le sucede al profeta Jeremías (1ª Lect.). Tampoco a él le gusta la manera de ser profeta que le ha tocado… Y piensa como los hombres y decide dejarlo todo. Pero no puede. La Palabra de Dios no se lo permite, no le deja tranquilo… Y tiene que pensar como Dios y seguir adelante.

La cuestión que se nos plantea a todos este domingo está clara:

¿Tú piensas como los hombres o piensas como Dios?

Porque pensar como Dios supone para cada uno negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguirle… Es lo que nos dice a continuación el Evangelio de hoy.

Entonces, ¿qué hacer?

S. Pablo (2ª Lect.) nos da la respuesta: “Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto”.

Y eso, en el lenguaje cristiano, se llama conversión. La “metanoia” bíblica exige, en primer lugar, un cambio de mente, de manera de pensar… y, después, un cambio de conducta.

Está claro. No existe otro camino. Para pensar como Dios y no como los hombres hace falta un cambio radical.

Y eso no se consigue solamente con el esfuerzo humano, sino que, además, es don de Dios. Por eso, La Sagrada Escritura nos enseña a decir: “Conviértenos, Señor y nos convertiremos a ti” (Lam 5,21).

El trato con Dios, la meditación de su Palabra, la participación en la Eucaristía, el testimonio de los santos…  va transformando nuestra mente y nuestro corazón  hasta llegar a “pensar como Dios…”. Hasta que podamos decir como S. Pablo: “Y nosotros tenemos la mente de Cristo”. (1Co, 2,16). 

Junto a estas reflexiones les hago llegar mi saludo más cordial, con mis mejores deseos. ¡Feliz Día del Señor!


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viernes, 26 de agosto de 2011

Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, en la fiesta de San Lorenzo, (Parroquia Santa Rita, 10 de agosto de 2011). (AICA)

SAN LORENZO MARTIR - DÍA DEL DIÁCONO                

Hoy celebramos la fiesta de San Lorenzo, un mártir muy popular que, a pesar de ser lejano en el tiempo (murió en el año 258), su memoria está viva en el pueblo cristiano.

Era San Lorenzo uno de los siete diáconos dela Iglesiade Roma, cargo de  gran responsabilidad, ya que consistía en el cuidado de los bienes dela Iglesiay la distribución de limosnas a los pobres.

En el año 257, el emperador Valeriano publicó el edicto de persecución contra los cristianos y, al año siguiente, fue arrestado y decapitado el Papa san Sixto II. Cuando este era llevado al cadalso, su diácono Lorenzo lo seguía, llorando y pidiendo morir por Cristo. Sixto le dijo que en tres días lo seguiría, y le encargó que repartiera los bienes dela Iglesiaentre los pobres para evitar que cayera en manos de los perseguidores.

Esa noche, Lorenzo visitó a los mendigos, lisiados, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba, y repartió entre ello los bienes de la iglesia.

Al día siguiente el alcalde de Roma ordenó a Lorenzo que entregara las riquezas dela Iglesia. Lorenzoentonces pidió unos días para poder recolectarlas.

Al tercer día, compareció ante el prefecto, y le presentó a éste los pobres y enfermos que él mismo había congregado y le dijo que esos son el tesoro más apreciado de la iglesia de Cristo.

San Lorenzo sufrió la muerte de un mártir, como se lo había anticipado el papa Sixto II.

En esta fiesta se nos propone un evangelio luminoso. Jesús nos recuerda que uno debe morir a sí mismo olvidándose por completo de su comodidad y su egoísmo para ser eficaz. El Evangelio siempre nos pide un cambio y un compromiso.

En la figura del grano que muere en la tierra [1] la muerte es la condición para que se libere toda la energía vital que contiene; la vida allí encerrada se manifiesta entonces de una forma nueva. Jesús afirma con esto, que el hombre posee muchas más potencialidades de las que aparecen, y que solamente el don de sí hasta el fin las libera para que ejerzan toda su eficacia.  

También nos dice “El que  ama su vida la perderá, pero el que ofrece su vida por los demás la salvará". Estas palabras retratan a la perfección al diácono Lorenzo.

El temor a perder la vida es el gran obstáculo a la entrega. Poner límite al compromiso por apego a la vida, es condenarla al fracaso; pues este apego por el amor a la propia vida lleva, muchas veces a no querer reconocer situaciones de injusticia, al silencio cómplice ante la realidad.  Por el contrario, estar dispuestos a arriesgar la vida, desafiando la hostilidad de la sociedad injusta, no significa frustrar la propia existencia, sino llevarla a su completo éxito. El que ofrece su vida por los demás, ama de verdad, se olvida del propio interés y seguridad, lucha por la vida, la dignidad y la libertad.

En este día los invito a que veamos lo que hay detrás de la imagen de San Lorenzo.

Allí hay una vida gastada en el servicio. Allí hay un diácono, o sea, un servidor. Desde ahí San Lorenzo nos está invitando a servir, a estar abiertos a las necesidades de los hombres y mujeres de hoy, de los pobres, de los marginados y excluidos por esta sociedad nuestra que llamamos del bienestar.

Allí hay una vida entregada por ser fiel a su opción. Allí hay un mártir. Que amó dándose  sin escatimar, hasta desaparecer, si es necesario. Sólo quien no teme a la muerte puede entre­garse hasta el fin, llevando su vida a su completo éxito

También en nuestra sociedad hay mártires, hombres y mujeres que han sido capaces de morir por una idea. Y en nuestra Iglesia también. También en ella hay hombres y mujeres que sellan con su vida la fidelidad a su compromiso que han asumido en un momento y ha dado sentido a su vida.

No sé si a alguno de nosotros le tocará vivir ese martirio “rojo”. Pero si pienso que, a todos, nos toca vivir ese otro martirio del día a día, del trabajo responsable, de la honradez y sinceridad, de la coherencia, de la fidelidad, del cumplimiento de la palabra, del vacío, a veces, de nuestras propuestas, criterios y planteamientos, del compartir, de la acogida.

En San Lorenzo podemos ver a un cristiano, un miembro dela Iglesiaque se comprometió con ella y desde ella sirvió a los pobres.

Sentirse Iglesia no es sólo estar bautizado. Sentirse Iglesia es vivir con tal sensibilidad que nada de lo que en ella pasa, de bueno o de malo,  pueda resulta indiferente ni extraño.

Sentirse Iglesia es asumir con claridad y decisión un servicio, una tarea en ella.

San Lorenzo descubrió que lo suyo, como lo de Jesús, eran los pobres y los sirvió hasta la muerte.

Queridos hermanos. Hoy es el día del diacono, palabra que viene de la raíz griega servicio. Doy gracias a Dios por la llamada que han recibido y por sus generosas respuestas. Para la mayoría de ustedes que están casados, esta respuesta también fue posible gracias al amor, a la ayuda y a la colaboración de sus esposas y de sus hijos. El ejemplo del Diácono San Lorenzo, caído en la tierra como semilla dispuesta a dar abundante fruto, nos conceda proclamar a Jesús, Nuestro Señor, con firmeza y valentía, con generosidad y constancia heroica.

Queridos Diáconos, los saludo a todos con afecto y gratitud. Saludo también a sus familias. ¡Sean testigos del amor de Dios! Los confío a María Santísima quien proclamó: «Yo soy la sierva del Señor» (Lc 1,38). Y siguiendo su ejemplo de servicio, sirvamos a nuestros hermanos en la gran familia humana y enla Iglesia. Recibanustedes y sus familias mi bendición. 

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero


[1] Cf. Jn. 12, 24-26 


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Homilía monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en la Fiestade San Cayetano (Parroquia y Santuario San Cayetano,  7 de agosto de 2011).  (AICA)

SAN CAYETANO          

Queridos hermanos y hermanas:

Nosotros enla Iglesiaveneramos a los santos y adoramos sólo a Cristo, porque es Dios. ¿Por qué veneramos a los santos? Porquela Iglesialos pone como ejemplo y como modelo. Por ejemplo ¿cómo vivió San Cayetano? Él vivió en una época muy difícil, pero amaba entrañablemente a Jesucristo, amó ala Iglesiay amó a los pobres, tanto  que entregó su vida confiando extraordinariamente enla Providencia, es decir en Dios. Dios nunca le hizo faltar nada de lo que él necesitaba para sus pobres, para los enfermos por la peste, que en aquella época había en abundancia. También San Cayetano rogó por la paz, en esa lucha que había entre hermanos, entre españoles y napolitanos, de Italia del sur. Ofreció su corazón para que esos pueblos vivieran en paz.

Ahora nosotros, que somos cristianos, peregrinos que venimos a honrar a San Cayetano, tenemos que tratar de conocerlo un poco más e imitarlo un poco mejor. Pero ¿cómo vamos a hacerlo?

Tenemos que imitarlo porque queremos vivir como él: todo de Dios y todo para la gente. ¡También nosotros tenemos que vivir así!

¡Queremos vivir en paz!

¡Queremos vivir en plenitud!

¡Queremos estar cerca de Dios, porque lo necesitamos!

Dios nunca va a “competir” con los demás, pero Dios quiere estar con nosotros y nosotros queremos estar con Él. Por eso venimos, hacemos sacrificios, viajamos, esperamos horas, tomemos frío, estamos cansados; sin embargo hoy queremos cumplir con Dios y con San Cayetano.

Veamos la lectura de hoy: Cristo habla, está presente y le da una seguridad increíble a Pedro. Pedro confía en Cristo, camina sobre el agua,  pero al ver la inmensa ola, se asusta y empieza a caerse.

Muchas veces nosotros también, que tenemos fe, creemos y seguimos a Jesús, al Señor. Hoy estamos acá y es una prueba evidente de que lo queremos seguir. Estamos acá por eso. Pero cuando volvemos a la vida cotidiana, a la vida diaria, empezamos a darnos cuenta de tantas dificultades o de tantos problemas; y a veces nos olvidamos que hay que ser buenos, o nos olvidamos que hay que ser fieles, o nos olvidamos de ser buenos hijos de Dios, o nos olvidamos de ser buenos hermanos entre nosotros.

También empezamos como a abandonarnos. Decimos “y bueno, qué le vamos a hacer, no se puede cambiar nada, y como no se puede cambiar nada, el mundo va a ser siempre así, entonces que siga así: que se mienta, que se digan las cosas por la mitad, que la gente haga lo que quiera, que sea individualista, egoísta, que cada uno siga su vida sin importarle a los demás y sin importarle nada de los demás.”

Nos resignamos; vivimos un poquito al día, sólo por hoy. Nos falta  brillo, nos falta fuerza, nos falta sentido, nos falta convencimiento, y estamos como agobiados de tanto mal, de tanta inseguridad, de tanta violencia. ¡Y a veces tiramos la toalla! ¿Qué significa eso? ¡Nos cansamos! Y como estamos cansados, también nos abandonamos.

¡Jamás tirar la toalla!

¡Jamás bajar los brazos!

¡El creyente es una persona que tiene fe!, ¡y que Dios había en nosotros y podemos contar con Él, siempre!, ¡incluso hasta cuando las cosas sean totalmente oscuras!, ¡incluso hasta cuando las cosas son tremendamente imposibles de cambiar! ¡Nunca un creyente debe perder la esperanza y la confianza en Dios!

¡Ay si los demás aprendieran de la gente simple!

¡Ay si los demás aprendieran a darse cuenta que Dios no molesta!, ¡que nos anima y quiere que vivamos en este mundo como hijos suyos, como hermanos entre nosotros y en paz!

¡Ay si Dios tuviera más lugar en el corazón de otros!, ¡no habría corrupción!, ¡no habría injusticia!, ¡no habría mentiras!, ¡no habría falta de respeto del pobre y a los pobres!, ¡habría mucha mayor alegría!, ¡mucha mayor seguridad y trato entre todos nosotros!

Por eso, yo creo que venir aquí, a honrar a San Cayetano, es decirle gracias por su testimonio; ¡pero también nosotros queremos dar testimonio!, ¡también nosotros tenemos algo que escuchar!, ¡también nosotros tenemos algo que decir a los demás!

¡Tenemos que decir que la familia todavía existe! ¡Que existe papá, mamá, hijos, abuelos! ¡Existimos y tenemos que cuidar a nuestras familias!, ¡para que nuestras familias eduquen en valores! ¡Podemos ser pobres, pero no indignos! La pobreza no es una desgracia, la indignidad sí. Y perder valores es entrar en la indignidad.

No queremos perder valores; queremos cuidar a nuestra familia; queremos cuidar que el hombre sea hombre y que la mujer sea mujer; que la familia sea familia entre un hombre y una mujer; que los hijos sean los hijos; y nos estamos diciendo algo desatinado, estamos diciendo algo que tiene verdad: ¡cuidemos a nuestras familias!

No estamos eliminando a nadie, pero la afirmación de las cosas no es negación ni falta de respeto para con los demás. Todo el mundo debe ser considerado, pero no podemos llamar una cosa que no tiene sentido llamarla, como si fuera matrimonio o familia.

Luego hermanos, tenemos que reflejar la vida, la vida de todos. Tenemos que ser buenos y tenemos que trabajar, porque nuestra dignidad es la cultura del trabajo; nos tiene que ayudar a trabajar no nos tiene que quitar las ganas de trabajar. Nos tiene que ayudar a que se pueda conseguir trabajo, porque el trabajo es un derecho; todos nosotros tenemos que trabajar y recuperar cosas que se han ido perdiendo por malas costumbres, o por cosas que no nos animan a defender nuestra dignidad. ¡Tantas cosas aprendimos de nuestros mayores!; tanta pobreza que había, pero cuánto esfuerzo, cuánta bondad y cuánto sacrificio había en nuestros mayores. También ahora hay mucho sacrificio, pero hay que darle sentido.

Queridos hermanos, el ser cristiano y ser fieles, de San Cayetano, nos tiene que dar fuerzas para que, cuando salgamos de acá, salgamos más comprometidos. El bien sigue siendo posible; podemos superar la injusticia; debemos amarnos y cuidarnos más entre nosotros; podemos y queremos hacer el bien; no vamos a sucumbir frente a las adversidades.

El próximo domingo, todos tenemos que elegir -en las votaciones primarias- para acercarnos a lo que queremos. Pensemos bien, elijamos bien, con un sentido cívico y democrático, con libertad, aquello que sea para el bien común y que no sea para cosas o privilegios individuales.

Una persona creyente, cristiana, tiene que comprometerse en todos los ámbitos: en lo personal, en lo familiar, en lo social, en lo laboral, en el trato con los vecinos. Sabemos que la fe nos crea mayor responsabilidad. Si somos creyentes, más responsables tenemos que ser, porque tenemos más vida, más riesgo. Y porque tenemos más vida y más riesgo, tenemos que ser responsables y educar.

Alguna vez ya lo dije: antes, cuando un chico traía una nota mala de la maestra, el papá y la mamá se enojaban con el hijo porque traía una nota mala; si hoy sucede lo mismo la mamá y la abuela van a enojarse y pelearse con la maestra diciendo “¿por qué le puso una mala nota a la hija, o a la nieta?” ¡Así no se educa! ¡Se educa en la verdad y en el respeto! Muchas veces hacen las cosas o dicen cosas, sin evaluarlas, sin valorarlas.

Tenemos que tomar conciencia que nuestra fe es lo más grande que nosotros tenemos, pero eso no hace que nos crucemos de brazos. Nuestra fe nos da fuerzas para vivir con mayor dignidad humana, para vivir con plenitud cristiana. ¡En la fe, y enla Iglesia, no somos consumidores de bendiciones o de cosas mágicas, sino que venimos como hijos, como Pueblo de Dios, para  recibir la bendición pero para que esa bendición se lleve afuera y se entregue a los demás hermanos!

¡La fe nos comunica más!

¡La fe nos responsabiliza mejor!

¡La fe nos vincula entre nosotros!

San Cayetano es el hombre que creyó en Dios, e hizo lo que tenía que hacer. Hoy nosotros, que creemos en Dios, también tenemos que comprometernos a que Dios ocupe el lugar más importante de nuestra vida y de nuestro corazón. Y que también lo podamos llevar a los demás

Estas cosas que parecen así nomás, son las cosas que dan gusto a la vida humana.

Tener fe nos humaniza.

Ser cristiano nos responsabiliza.

Pertenecer ala Iglesia, que es una dignidad, nos enorgullece. Es un regalo de Dios que tenemos que llevar con dignidad a todos los hombres. Y llevarlo a todos los pueblos, a toda nuestra gente.

Por eso venimos acá trayendo peticiones de otros; venimos por los hijos, por los nietos, por los que sufren, por los enfermos.

¡También venimos a agradecer por tantos regalos que Dios nos hizo a través de San Cayetano! ¡Venimos para fortalecernos, para seguir con mayor vigor, para tener sentido de nuestra vida, para no arrastrar la vida con un carrito, sino para vivir la vida con gozo y con dignidad! ¡También venimos para pedir por los otros!

Además venimos a pedir por nuestra patria; merecemos una patria mejor. La querida República Argentina, nuestra nación, es hermosa. La tierra y la gente. Tenemos que pedirle al Señor que nos ayude a mejorar la grandeza de nuestra patria; no sólo de los argentinos sino también de aquellos que habitan nuestro suelo.

Todas estas cosas, que son de los hombres, también son de Dios. Y todas las cosas que son de Dios tienen que estar metidas en las cosas de la vida y en las cosas de los hombres. La fe está unida a lo humano; y lo humano es enaltecido por la presencia de Dios, por la presencia de la fe.

Que San Cayetano nos ayude a vivir este milagro; el milagro de creer en Dios, de tener esperanza y de tratarnos un poco mejor entre nosotros, como hermanos.

Quela Virgennos bendiga y que San Cayetano interceda por nosotros. Que así sea. 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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Reflexión de monseñor Damián Bitar, obispo de Oberá sobre la situación planteada por el embarazo de una jovencita, fruto de una violación (11 de agosto de 2011). (AICA)

¿POR QUE TANTO ODIO A LA VIDA?         

La dolorosa situación planteada por el embarazo, fruto de una violación  a una jovencita de la ciudad de Posadas y el pedido de practicarle un aborto, han puesto nuevamente de manifiesto que la expresión acuñada por el Beato Juan Pablo II, “cultura de la muerte”,  ha logrado “bloquear” las conciencias de muchísimas personas, incluidos profesionales de la medicina, abogados, jueces, autoridades de todos los niveles, organizaciones de defensa de los derechos humanos y medios de comunicación. Cuando se leen o escuchan sus declaraciones o “sentencias”, todos repiten  a coro el mismo libreto: ¡”Maten al niño”! ¡Que no viva”!; ¡“No tiene derecho a nacer”! Resulta increíble el ensañamiento y el odio para con la vida ya concebida, pequeña, inocente e indefensa, que no admite ni siquiera la posibilidad de continuar la gestación, para luego dejarlo en brazos de cientos de matrimonios en lista de espera, dispuestos a adoptar.

Por otra parte, dicen querer ayudar a la joven violada para que supere pronto el trauma de la violación y el embarazo, desconociendo –u ocultando – lo que el sentido común y los médicos y psicólogos afirman: las heridas y los traumas se acrecentarán, si junto al recuerdo de la violación se suma el hecho de saber,  que en el seno materno se asesinó a un bebe, que no es culpable de nada y al que  se tendría  en los brazos propios o  de padres adoptivos. Además, es sabido que estos “grupos de presión” después que logran su inicuo cometido, poco se ocupan de  las personas a las que se indujo  a abortar.

¡Qué dolorosa paradoja! En el mes que celebramos el día del niño, observar atónitos que se pida dictar, lisa y llanamente una sentencia de muerte  sobre un niño ya concebido. Algunos se preguntan: ¿Se pedirá la misma sentencia para el violador? ¿Acaso hay “derecho a matar? ¿Por qué quienes dicen defender los “derechos humanos” no se ocupan del “derecho a nacer” de los más indefensos? ¿Por qué se niega la comprobación científica que afirma que hay vida desde el momento mismo de la fecundación? ¿De que valen tantos avances de la medicina para prolongar la vida humana si se impide a tantos nacer? ¿Dónde quedala Declaraciónde los Derechos del niño yla Constitución Nacional? ¿Y el quinto mandamiento del decálogo, “no matarás”? Proféticas fueron las palabras dela Beata MadreTeresa de Calcuta: “La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto. Porque abortar es hacer la guerra al niño. Si aceptamos que una madre puede matar a su hijo, ¿Cómo decirles a otros que no se maten? ¿Y que importancia puede tener la mentira, la calumnia, el robo, la corrupción o el asesinato de un hombre, cuando la sociedad aprueba la muerte de un niño en el seno materno? Abortar equivale a tirar a los niños en un naufragio para que se salven los adultos. En el aborto se aplica la ley del más fuerte. Es la prepotencia ejercida por los fuertes en perjuicio de los débiles. Estamos combatiendo el aborto con la adopción: cuidamos a la  madre y adoptamos su hijo. Yo quiero a esos niños: ¡Dénmelos!” (Madre Teresa, Desayuno anual de oración, Congreso de los EEUU, 1994). 

Mons. Damián Bitar, obispo de Oberá 


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DOMINGO 22 DEL TIEMPO ORDINARIO - A
28 de Agosto de 2011

La gracia y la paz de Dios, nuestro Padre, y de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

- El domingo pasado, recordémoslo, escuchábamos en el evangelio aquella escena tan importante de Jesús que le encarga a Pedro la misión de ser el principal punto de referencia de su comunidad, de su Iglesia. Hoy, en cambio, veremos cómo el mismo Jesús tiene que reñir a Pedro porque el apóstol no entiende ni acepta que el camino de la salvación y de la vida pasa
por la cruz.

- Esta es también, en definitiva, nuestra propia historia. Creemos en Jesús, queremos seguirle, pero a menudo no entendemos ni aceptamos que su camino significa entrega, fidelidad hasta el fin, compromiso al servicio de los demás.

- La Eucaristía de cada domingo es una buena ocasión para darle gracias a Jesús por su llamada, y pedirle que nos dé fortaleza para seguirle siempre.

A. penitencial: En silencio, preparémonos para celebrar esta Eucaristía.

- Tú que has puesto la salvación del género humano en el árbol de la cruz. SEÑOR, TEN PIEDAD.

- Tú que padeciste por nosotros para que sigamos tus huellas. CRISTO, TEN PIEDAD.

- Tu que en la cruz cargaste con nuestros pecados para que nosotros, muertos al pecado, vivamos en lajusticia. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Jeremías 20,7-9): En el evangelio de hoy, Jesús nos anunciará que será perseguido hasta la muerte, por su fidelidad al camino de Dios. Escuchemos ahora, en esta primera lectura, cómo el profeta Jeremías, llamado por Dios, tiene que vivir también desprecios y persecuciones.

2. lectura (Romanos 72,7-2): San Pablo, en la segunda lectura, nos invita a vivir siguiendo siempre la voluntad de Dios.

Oración universal: Guiados por el Espíritu de Jesús, presentemos al Padre nuestras peticiones diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por la Iglesia, portadas los que, en el mundo entero, queremos seguir el camino de Jesús con fidelidad. OREMOS:

Por los pobres y los enfermos, por los humillados y los perseguidos, portadas los que comparten más de cerca el dolor de la pasión y la cruz. OREMOS:

Por los gobernantes y los políticos, por los responsables de la economía, por los trabajadores de la administración pública. OREMOS:

Por los extranjeros que han visitado nuestro país este verano. OREMOS:

Por nosotros, por nuestras familias, por nuestros amigos, por nuestros compañeros de trabajo o de estudio. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y concédenos seguir a tu Hijo Jesucristo en su pasión, para alcanzar también
su resurrección. Él, que vive y reina por los siglos ...

Padrenuestro: Unidos a Jesucristo, y como él nos ha enseñado, nos atrevemos a decir:

 

CPL


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jueves, 25 de agosto de 2011

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en el programa radial Compartiendo el Evangelio (7 de agosto de 2011). (AICA)

 EL SEÑOR RENUEVA NUESTRA ESPERANZA      

San Mateo 14, 22-23 (ciclo A)

Después de la multiplicación de los panes, Jesús obligó a los discípulos que subieran a la barca y pasaran antes que él a la otra orilla, mientras él despedía a la multitud.

Después, subió a la montaña para orar a solas. Y al atardecer, todavía estaba allí, solo.

La barca ya estaba muy lejos de la costa, sacudida por las olas, porque tenían viento en contra. A la madrugada, Jesús fue hacia ellos, caminando sobre el mar.

Los discípulos, al verlo caminar sobre el mar, se asustaron.

"Es un fantasma", dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar.

Pero Jesús les dijo: "Tranquilícense, soy yo; no teman".

Entonces Pedro le respondió: "Señor, si eres tú, mándame ir a tu encuentro sobre el agua".

"Ven", le dijo Jesús.

Y Pedro, bajando de la barca, comenzó a caminar sobre el agua en dirección a él.

Pero, al ver la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, gritó: "Señor, sálvame". En seguida, Jesús le tendió la mano y lo sostuvo, mientras le decía:

"Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?".

En cuanto subieron a la barca, el viento se calmó. Los que estaban en ella se postraron ante él, diciendo: "Verdaderamente, tú eres el Hijo de Dios".

 

El Señor renueva nuestra esperanza

Vemos en el Evangelio que el Señor está siempre presente y que uno tiene que buscarlo. La vida es un misterio y misteriosamente buscamos al Señor en este misterio de Dios. Es una búsqueda que no termina jamás aquí en la tierra.

Hay gente que no quiere buscarlo, o no tiene interés, o lo ha cerrado quedándose simplemente en lo que ve, o es incrédulo, desconfiado, agnóstico, no creyente, o de alguna forma no le interesa y no lo busca. Lo primero y principal que uno tiene que decir es: el que nos busca a nosotros es Dios, él nos muestra el camino y nos muestra de qué manera tenemos que seguirlo.

Vemos también que el Señor se presenta y uno lo reconoce; no que él se presenta y uno lo inventa, no. Una cosa es reconocer y otra cosa es inventar. En la fe, nosotros reconocemos no inventamos. Partimos de un dato ya dado, de una realidad mostrada, de una presencia ya expresada y uno asiente favorablemente o rechaza negativamente. El creyente afirma positivamente que es el Señor.

Uno confía y él nos confirma, como en el caso de Pedro con Jesús, que estaba caminando sobre una dificultad -el agua donde se hunde, aunque si uno tiene fe puede caminar sobre el agua como si fuera un piso plano y duro- y no se caía, pero de pronto una ola embravecida lo hace sucumbir. ¡Tantas olas tenemos en nuestra vida!, que son siempre simbólicas pero que son amenazas, tensiones que son crisis, dificultades, donde uno se hunde y de nuevo hay que pegar el grito “¡Señor, sálvanos!, ¡Señor, ayúdanos!” Y Jesús nos toma la mano y nos levanta. Esto es así para que aumentemos la fe.

Pareciera que todos los caminos están cerrados.
Pareciera que la violencia está instalada en todos los ámbitos
Pareciera que la corrupción está en todos los estamentos.
Pareciera que nos está mintiendo todo el mundo y nadie cree a nadie.
Pareciera que todo es negro.

Pero queridos hermanos, ¡hay esperanza!, y Dios nos da las fuerzas necesarias para superar estas cosas que, aparentemente, significan que nos estamos hundiendo; por eso cuando confiamos en el Señor, él nos renueva la esperanza.

Pidamos al Señor que nos renueve la esperanza y que el 14 de agosto próximo, todos podamos expresar el voto para que, de alguna manera, elijamos democráticamente aquello que pensamos que nos merecemos

Les dejo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  Amén 

Mons. Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


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Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa «Claves para un mundo mejor» (6 de agosto de 2011). (AICA)

NO ES LO MISMO CRECIMIENTO QUE DESARROLLO             

En el comentario de hoy quiero abordar un punto que me parece fundamental enla Doctrina Socialdela Iglesia: la distinción entre desarrollo integral y crecimiento económico.

Son dos términos que suelen confundirse. Un país se puede felicitar porque crece extraordinariamente su economía y sin embargo no por eso hay en él  un verdadero desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres. Ese es el concepto de desarrollo que acuñó el Papa Pablo VI, en 1967, enla Encíclica“Populorum Progressio.

Benedicto XVI enla Encíclica“Caritas in Veritatis”, publicada precisamente para conmemorar 40 años de aquel otro texto de Pablo VI, trata el tema del desarrollo humano integral en la verdad y en la caridad.

Quiero leer un pasaje, en el Nº 22, de esta Encíclica. Dice: “La riqueza mundial crece en términos absolutos, pero aumentan también las desigualdades. En los países ricos, nuevas categorías sociales se empobrecen y nacen nuevas pobrezas. En las zonas más pobres, algunos grupos gozan de un tipo de superdesarrollo derrochador y consumista, que contrasta de modo inaceptable con situaciones persistentes de miseria deshumanizadora.

Esto lo está diciendo el Papa Benedicto XVI del mundo entero, obviamente, pero yo me pregunto si no vale también, de algún modo, para nuestra Argentina.

Continua el texto así: “Se sigue produciendo «el escándalo de las disparidades hirientes». Lamentablemente, hay corrupción e ilegalidad tanto en el comportamiento de sujetos económicos y políticos de los países ricos, nuevos y antiguos, como en los países pobres.

Esto es una verdadera calamidad porque afecta directamente a las posibilidades de desarrollo. Se puede seguir creciendo con estos vicios sociales y políticos señalados en la encíclica pero eso impide un auténtico desarrollo.

Sigo leyendo: “La falta de respeto de los derechos humanos de los trabajadores es provocada a veces por grandes empresas multinacionales y también por grupos de producción local. Las ayudas internacionales se han desviado con frecuencia de su finalidad por irresponsabilidades tanto en los donantes como en los beneficiarios.

Este concepto puede aplicarse al problema de la deuda internacional, de la deuda pública en general.

Continua el texto: “Podemos encontrar la misma articulación de responsabilidades también en el ámbito de las causas inmateriales o culturales del desarrollo y del subdesarrollo. Hay formas excesivas de protección de los conocimientos por parte de los países ricos, a través de un empleo demasiado rígido del derecho a la propiedad intelectual, especialmente en el campo sanitario.

Y concluye así el párrafo: “Al mismo tiempo, en algunos países pobres perduran modelos culturales y normas sociales de comportamiento que frenan el proceso de desarrollo.

Quiero hacer un último comentario precisamente sobre esta cuestión. Antes ha hablado de causas “inmateriales o culturales del desarrollo y del subdesarrollo” y ahora habla de “modelos culturales y normas sociales de comportamiento que frenan el proceso de desarrollo”. Y que perduran en los países.

Si queremos hacer una aplicación ala Argentinay no hay que ser demasiado perspicaz para ello pensemos, por ejemplo, lo que significa un hecho que se ha convertido aquí en un fenómeno cultural; todo el mundo quiere hacer plata rápido. Cualquier empresario, sea grande o pequeño quiere hacer plata rápido y fácilmente. No hablo del legítimo deseo de prosperar, sino de un exceso que configura una mentalidad.

Luego el problema del trabajo, de la cultura del trabajo. Muchos estudiosos han señalado el deterioro de la cultura del trabajo. En nuestro país el desempleo tiene mucho que ver con esto, pero más allá del desempleo, como causa inmaterial que decía el Papa, el hecho de que ya no se aprecie suficientemente el trabajo como fuerza personal de realización. Esto proyectado en términos sociales es tremendo. El clientelismo puede instalarse como una alternativa al empeño, al esfuerzo personal, a la responsabilidad.

Hay otras costumbres que se van haciendo hechos culturales, al parecer perdurables, y que son muy difíciles de remover. Pensemos, para dar un ejemplo cercano, lo que se gasta en sostener la pasión futbolística enla Argentinade hoy. Y los invito a continuar la lista de costumbres que frenan el auténtico desarrollo.

Insistamos, pues, en que el problema del desarrollo, si se entiende en el sentido dela Doctrina Socialdela Iglesia, como desarrollo integral, de todo el hombre y de todos los hombres, no se reduce al hecho del crecimiento económico. Bienvenido sea el crecimiento de la economía, pero hay que resolver muchas otras cosas para que entremos en un proceso decidido y sostenido de desarrollo. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo deLa Plata


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Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT 9 (6 de agosto de 2011). (AICA)

PAN Y TRABAJO          

Como todos los años el 7 de Agosto, Fiesta de San Cayetano, nuestra gente se moviliza agradeciendo y pidiendo por Pan y Trabajo. Dos conceptos que podemos distinguir, pero que juntos adquieren para la vida del hombre y la cultura de un pueblo, el significado de una verdad que hace al nivel de su justicia como al desarrollo integral del hombre. El pan que no proviene del trabajo termina debilitando la libertad y manoseando la dignidad del hombre. El trabajo, por otra parte, que no alcanza para llevar el pan a la mesa de una familia crea, como se dijo en alguna copla, esa triste realidad de: “mendigos a jornal fijo”, que es signo de inequidad y compromete el futuro de una comunidad.

No se trata de un tema que pueda quedar librado a una consideración privada o de mercado, sino que en cuanto hace al bien de la persona y de la sociedad se convierte en un tema social y político. Esta relación adquiere un relieve mayor cuando se la considera en un mundo globalizado; esta situación reclama gobiernos capaces de generar políticas que valoren y defiendan la dimensión humana, espiritual y cultural del trabajo.

Para devolver al trabajo su importancia social y cultural es necesario partir siempre del hombre. Lamentablemente, muchas veces, sólo se considera el trabajo como parte de una cadena productiva. Esto, que es útil para determinar los costos de un producto, no alcanza para definir su significado. La reflexión lleva, necesariamente, a un planteo más amplio que requiere de una concepción del hombre y su realización, como del bien común y la equidad de la sociedad. El trabajo es el centro de la cuestión social, porque es el hombre el sujeto que lo realiza. Por ello decimos que la mayor pobreza del hombre es no poder trabajar, o no tener trabajo.

Hay una pobreza que siempre será objeto de asistencia, pero hay otra que necesita y espera la oportunidad de integrarse al mundo del trabajo. Aquí entra la presencia del Estado con su responsabilidad de generar políticas activas en la creación de trabajo con su necesaria capacitación. Es prioritario, por ello, recrear una cultura del trabajo.

La cultura es una realidad que se trasmite y vamos construyendo, somos deudores y protagonistas de ella. En nuestro caso diría que la cultura del trabajo tiene dos fuentes principales de transmisión que no siempre se valoran, me refiero a la familia y a la escuela. Estos ámbitos deben ser privilegiados por una sabia política de Estado, por ser lugares donde se promueve, se cuida y se testimonia el valor del trabajo.

¡Cuántas veces las urgencias políticas de los gobiernos descuidan esta mirada de largo alcance, a cambio de réditos inmediatos! ¡Cuánta ausencia de testimonio de una cultura de trabajo reciben nuestros niños! ¡Cuánta cultura de un hoy sin horizontes entretiene a nuestros jóvenes! La cultura del trabajo necesita de ideales que merezcan el esfuerzo y de valores que den sentido a este esfuerzo. Apostar ala Familiay ala Escuelaes asegurar el futuro y la equidad de la sociedad. Este sería el mayor logro de nuestra generación.

En este día de San Cayetano elevo mi oración a Dios por los trabajadores, sobre todo por quienes no tienen trabajo. Reciban de su Obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en Nuestro Señor Jesucristo. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz 


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Homilía de monseñor Domingo S. Castagna, arzobispo emérito de Corrientes, en el Santuario de San Cayetano (Corrientes, 7 de agosto de 2011). (AICA)

SAN CAYETANO          

 Dios no cesa de mandarnos mensajes perentorios. La irresponsabilidad está ocupándolo todo en esta tierra bendecida por Dios. Nos conmueve la presencia multitudinaria en fiestas religiosas como la de hoy. Constituye una respuesta espontánea, por parte del pueblo, al mensaje (que es urgente llamado) de Dios. San Cayetano no es un amuleto para supersticiosos. Encarna un mensaje, y el pueblo lo percibe aunque momentáneamente no sepa descifrarlo. Para ello estála Palabrapredicada por su Iglesia. Estos piadosos devotos están bien encaminados, gracias al impulso de un misterioso anhelo de encontrarse con Dios. San Cayetano se ha constituido en una señal segura que conduce ala Verdadbuscada. Lo hace por su ministerio sacerdotal pero, mucho más por el testimonio de su vida santa. Su vida de fidelidad a Dios supera los esfuerzos que empeña desde la debilidad de la carne.

Es un ejemplo a seguir. Es valioso intercesor porque su fidelidad al Evangelio lo hace poderoso ante Dios y ante los hombres. Lo importante es descifrar su mensaje: como buen seguidor de Jesús se puso - durante su vida - y se pone, desde la eternidad, al servicio de los pobres y desamparados. La presencia de quienes pueden resolver las grandes injusticias contemporáneas, debe ser ocasión para reflexionar ante esta imagen venerada por el pueblo. Deben hacerlo sin pestañear para recibir en pleno rostro el llamado evangélico a la conversión. No existe otro camino para revertir situaciones escandalosas de extrema pobreza, de desocupación y delincuencia, que estremecen la convivencia y alejan años luz la ansiada paz.

Algunos diálogos espontáneos con los peregrinos ponen de manifiesto las grandes motivaciones del excepcional acontecimiento religioso. Se viene a pedir - ¡hay tanto que pedir en vista a las incontables y graves necesidades! - pero, también, y no secundariamente, se viene a dar gracias por los favores recibidos: trabajo, salud y protección… Este es un pueblo agradecido. Las dádivas incompletas de los poderes de este mundo lo convierten en un pueblo pedigüeño, que se deja estar ante la seducción de la prebenda política y arma un piquete para respaldar sus demandas, algunas muy justas, pero otras muy alejadas de la bien llamada “cultura del trabajo”. La fe religiosa, expresada en acontecimientos como el de hoy, inspira la esperanza en el favor de Dios y el deseo de responder al don con el propio esfuerzo, base inequívoca de la dignidad de la persona humana. Lo mejor de nuestro pueblo - empobrecido - quiere ganarse el pan y hacer su insoslayable aporte al bien general.

Pidamos al Señor, Padre de nuestra vida, que nos otorgue la sensatez de aprovechar estos momentos espirituales para serenarnos y comprometer nuestro esfuerzo, con los mejores hombres y mujeres de nuestra Patria, para llevar adelante un auténtico proyecto común. Pueblo marcado profundamente por la fe cristiana, protegido porla Virgeny los santos; pero que aún necesita cobrar conciencia plena de su magnífica identidad.

¡San Cayetano, intercede por nosotros! 

Mons. Domingo Salvador Castagna, arzobispo emérito de Corrientes 


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Aachen (Agencia Fides) - La Infancia Misioneraalemana (Die Sternsinger) registró en 2010 un incremento de las donaciones del 9,9% para un total de 73 millones de Euros de los cuales casi 41 millones de Euros han sido recogidos por la iniciativa de los "cantantes de la Estrella2009/2010". El resto procede de donaciones privadas y las iniciativas de la parroquia o grupos de Infancia Misionera.

Con los donativos recogidos se han financiado 2.875 proyectos en 121 países de todo el mundo. "Esto ha sido posible gracias a las donaciones de benefactores en Alemania. Estamos muy agradecidos! ", Dijo Monseñor Klaus Krämer, director nacional de Pontificias Obras en Alemania y presidente de ñla Infancia Misionera alemana. "Las donaciones se hicieron el año pasado a raíz de la emoción suscitada por los desastres naturales en Haití y Pakistán", dice el Director Nacional. En estos dos países junto con los socios locales se envió ayuda de emergencia. Según monseñor Krämer aún son necesarios proyectos de reconstrucción a largo plazo.

"El centro de nuestro compromiso es promover el desarrollo integral de niños de todo el mundo. Prioridad en la financiación por lo tanto, se centra en proyectos de educación", dijo Monseñor Krämer. Además de la educación, los programas respaldados porla Infancia Misionera en África, América Latina, Asia, Oceanía y los países de Europa del Este se preocupan por la nutrición, la integración social, el trabajo pastoral y la salud. (MS) (Agencia Fides 09/08/2011)


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miércoles, 24 de agosto de 2011

Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del Plata, en la fiesta de San Cayetano (Parroquia de San Cayetano, 7 de agosto de 2011. (AICA)

«BUSQUEN PRIMERO EL REINO Y SU JUSTICIA»         

I. LA FUERZA RENOVADORA DEL EVANGELIO 

Queridos hermanos:

La fiesta de San Cayetano congrega cada año, en este lugar y en muchos otros santuarios y templos de nuestra patria puestos bajo su patrocinio, verdaderas multitudes que acuden a él con su carga de pesares y esperanzas, y también su necesidad de expresar gratitud hacia aquel en quien encuentran un intercesor poderoso ante Dios, fuente de toda gracia, y un maestro seguro de vida conforme al Evangelio de Jesucristo.

San Cayetano es llamado “el santo dela Providencia”, porque él enseñó y explicó, con la elocuencia de su palabra y sobre todo con el magisterio persuasivo de su vida, aquella enseñanza de Jesús: “Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura” (Mt 6, 33).

Hace cinco siglos,la Iglesiay la sociedad de su tiempo estaban necesitadas de una profunda reforma, ante todo interior y religiosa. San Cayetano se propuso mirar a los orígenes, a las fuentes de toda verdadera renovación, y se decidió a abrazar “la primitiva forma de vida apostólica”, para proponerla a los sacerdotes y empapar de su espíritu también a los fieles laicos, según su propio estado de vida.

Ante la decadencia de las costumbres y la claudicación de buena parte del clero respecto de las virtudes que debían adornar su ministerio, San Cayetano sintió la llamada divina a hacer algo porla Iglesia. Enuna de  sus cartas decía: “No hay quien busque a Cristo crucificado… Cristo espera: nadie se mueve” (Carta a Pablo Giustiniani, 1° de enero de 1523).

Él se sintió movido a formar buenos sacerdotes que fueran para el pueblo maestros seguros de la sabiduría del Evangelio y que invitaran a todos a poner en primer lugar el Reino de Dios, la voluntad divina; a acumular “un tesoro inagotable en el cielo” y a poner en él todo el corazón, como enseña el divino Maestro: “Porque allí donde tengan su tesoro, tendrán también su corazón” (Lc 12, 34).

Él supo aceptar el desafío evangélico: cuando las cuentas no cierran y los cálculos nos invitan al pesimismo, todo aquel que en medio de las adversidades de la vida se abandona confiadamente en brazos dela Providenciade Dios, termina haciendo la experiencia de que hay en el cielo un Padre lleno de amor, que permite la prueba para purificarnos y volvernos más dignos de sus dones. Quien en su angustia y dificultad confía plenamente en Dios, desde su pobreza, concluye encontrando una vida más plena, una paz más profunda, una alegría más pura que no viene de este mundo.

El precio de la vida verdadera, como enseñaba Jesús, está en asimilar estas palabras suyas: “Si alguien quiere seguirme, renuncie a sí mismo, cargue con su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará” (Mt 16, 24-25).

San Cayetano entendió bien esta palabra del Evangelio y por eso decía: “Debemos en esta cruz mortificar nuestros deseos y voluntades. Y así como el que está clavado en la cruz no se puede mover por sí mismo, así tampoco un cristiano crucificado con Jesús se debe mover por su propia voluntad sino recibir el movimiento de la voluntad de Cristo” (Sentencias). 

II. COLABORAR CON DIOS 

Este abandono enla Providenciade Dios nos invita a la humildad y contradice la fiebre de activismo que se apodera de los hombres que creen que con sus solas fuerzas y su mucho esfuerzo, al margen del recurso a Dios y de toda convicción religiosa, pueden construir un mundo nuevo y un orden social más justo. La experiencia secular y cotidiana nos demuestra que, cuando Dios es marginado de la vida pública o privada, es la misma sociedad la que se enferma y es el hombre el que muere.

Pero esta confianza enla Providenciatampoco es invitación a la pasividad. Con su ejemplo, San Cayetano nos ha demostrado que esta identificación con la voluntad divina nos impulsa necesariamente a colaborar con Dios en la búsqueda de soluciones para nosotros y para los demás. No en vano sus biógrafos destacan su eximia caridad con el prójimo.

En nuestra patria, desde hace años, el santo dela Providenciaes reconocido como el santo del trabajo. La falta crónica de puestos de trabajo dignamente remunerado y las peculiares y dramáticas condiciones por las que ha pasado y sigue pasando nuestro país, ha hecho que muchos hermanos y hermanas nuestros, que buscan ganar honestamente su sustento para sí mismos y para sus familias, acudan a su fe religiosa para encontrar sostén y fortaleza. Allí han descubierto esta figura emblemática, como una presencia que ayuda a sobrellevar la pesadez de la vida.

Sabemos que el trabajo dignifica y humaniza al ser humano y que es un derecho fundamental cuya raíz se encuentra en su propia naturaleza de “imagen y semejanza de Dios”, llamado a colaborar con él en la obra de la creación. Según el Magisterio dela Iglesia, tenemos aquí “la clave de la cuestión social”. Es mediante el trabajo que el hombre se realiza y se perfecciona a sí mismo, perfeccionando al mismo tiempo este mundo, haciendo de él ofrenda y alabanza al Creador y un servicio a sus hermanos.

Es urgente recrear una cultura del trabajo. Nuestro pueblo busca un trabajo digno. No pide planes ni regalos ni trabajos precarios o informales. Lo necesita no sólo por el sustento económico del hogar, sino como forma de desarrollo de su personalidad en el aspecto social, cultural y espiritual. Por eso, sin abandonar la búsqueda, acude hoy a la intercesión de San Cayetano, confiando en su poder ante el trono de la misericordia de Dios, sea para obtener favores, o bien, para poder perseverar en la esperanza y en el abandono confiado enla Providenciade Dios. 

III. NUESTRO TESTIMONIO ANTE LA CRISIS 

En circunstancias muy distintas a las del tiempo en que vivió San Cayetano, atravesamos también nosotros una profunda crisis que afecta a la sociedad y repercute dentro dela Iglesia. Hoycomo ayer la sociedad yla Iglesianecesitan cristianos lúcidos dispuestos a vivir el Evangelio en su radicalidad y en su autenticidad. Cristianos que unan profundamente el culto a Dios y la sensibilidad por el prójimo. Creyentes que sepan ser la fragancia de Cristo en medio de las realidades temporales, remando con fuerza contra la corriente de este mundo, las modas del momento, los falsos paradigmas propuestos cada día en los medios de comunicación social.

Ante las necesidades objetivas de crear fuentes de trabajo, de brindar más y mejor educación, de asegurar la salud y principalmente la seguridad e integridad de las vidas de los habitantes de nuestra patria, ¡qué extraño es que algunos impulsen leyes según las cuales habría licencia para matar al inocente concebido en el seno de su madre! A nosotros nos interesan las dos vidas: la de la madre que concibe en circunstancias no felices y la del niño inocente cuya vida debe ser protegida. Por eso, nos comprometemos en impulsar acciones pastorales concretas de protección integral a la mujer que por cualquier motivo sobrelleva un embarazo no deseado.

¡Qué lamentable es también que en lugar de educar a la juventud en el amor verdadero y en el sentido genuino de la sexualidad humana, necesariamente vinculada al amor comprometido, inventemos, en cambio, el eufemismo de la “salud reproductiva”! ¡Qué increíble resulta que a través de planes educativos se esté enseñando a nuestros niños y adolescentes un nuevo concepto de “familia”, para justificar la decadencia de las costumbres y las uniones contrarias a la ley de Dios y a la naturaleza de las cosas! A las familias cristianas que reciben de parte del Ministerio de Educación dela Naciónuna revista titulada “Educación Sexual Integral. Para charlar en familia” (2011), les digo: ¡No se dejen engañar! No se habla allí desde la ciencia sino desde la ideología. Estamos ante un ejemplo de indebida injerencia del Estado en materia de moral y en muchos puntos constituye una clara violación del derecho de los padres a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos. Sería extenso el análisis de la mentalidad de base. La sexualidad es allí presentada en términos puramente biológicos y psicológicos, nunca es objeto de valoración moral o de búsqueda de un sentido intrínseco.

Queridos hermanos, estamos en una hora crucial. La fe cristiana que aún marca exteriormente con su sello nuestras ciudades e instituciones, donde seguimos viendo templos y donde el crucifijo todavía es visible en algunos edificios públicos, ha dejado de ser el alma de nuestra sociedad. Muchas cosas se construyen y planean no sólo al margen sino abiertamente en contra de los valores cristianos. Los protagonistas y agentes de este giro, tanto en nuestra patria como en el resto del mundo occidental, ya no perciben que, el ataque a los cimientos de la civilización marcada por el cristianismo, constituye  un ataque y un agravio al mismo hombre en su dignidad personal y a la sociedad cuyos fundamentos se socavan.

Mi presencia de esta tarde, en este espacio abierto en las mismas calles del barrio, quiere ser un signo de la bendición divina sobre todos ustedes y sus seres queridos, en especial sobre los enfermos y los más necesitados. Quiere ser también una palabra de aliento para el Padre Juan Pablo Cayrol y los demás sacerdotes y diáconos que hoy colaboran con celo de pastores en este santuario, y para los numerosos fieles laicos pertenecientes a los diversos cuadros apostólicos de esta comunidad.

La procesión que ha precedido a esta Santa Misa, nuestras oraciones y cantos han sido un anuncio de vida nueva, un recuerdo de las cosas más valiosas, una proclamación de nuestra esperanza en el cielo que esperamos.

Nos ayude la intercesión poderosa de nuestro santo antela Santísima Virgen, que él tanto amó, y ante el Señor Jesucristo, cuyos pasos nos enseñó a seguir con fidelidad. 

Mons. Antonio Marino, obispo de Mar del Plata 


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Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario, en la fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2011). (AICA) 

MISA PORLA FE, EL PAN Y EL TRABAJO

Queridos hermanos: qué alegría encontrarnos nuevamente en esta celebración de San Cayetano. Desde anoche, a las 0 horas, cuando abrimos las puertas del Santuario, una multitud de fieles, amigos de San Cayetano, querían entrar y encontrarse con su querido santo.

Cada 7 de Agosto, Fiesta de San Cayetano, nos acercamos a pedir y agradecer a Dios su intercesión, como patrono del pan y del trabajo. Por eso queremos ofrecer esta Misa con la participación de todos ustedes, por sus intenciones, pidiendo por la intercesión de San Cayetano, pidiendo con el lema de este año: Por la fe, por el pan y el trabajo. 

La fe, el pan y el trabajo

Sabemos que la fe es un don de Dios. Esta nos mueve a creer. Nos hace creer en la presencia de Dios en nuestra vida. Y solo quien cree, puede esperar su acción misericordiosa. Por eso nos dicela Primeralectura que acabamos de escuchar: “Tengan confianza en Él y no les faltará su recompensa” (Ecco. 2, 8).

Todos nosotros queremos aprender a creer; y San Cayetano, hombre de profunda confianza en Dios y en su providencia nos enseña con su vida a creer; nos enseña a creer y amar. Porque vivió dando todo; y con su caridad preparó un tesoro inagotable en el cielo. Es desde ese amor infinito en Dios, que nos regala el ejemplo de su vida. Y por eso le pedimos todos: San Cayetano, ayúdanos a tener fe.

San Cayetano es patrono del pan.La Palabrade Dios nos habla del “pan que reconforta nuestra vida” (s.103), el pan que brota del trigo y de la tierra cultivada. Es el pan material, simbolizado en cada una de esta espigas que llevarán a su hogar, pero también es el pan de vida, que esla Eucaristía.

También San Cayetano es patrono del trabajo, que dignifica nuestra vida y nos permite continuar la obra creadora de Dios. Por eso podemos decir que cada trabajador es la mano de Cristo que continúa creando y haciendo el bien (San Ambrosio, De ob. Val. Consolatio, 62: P.L 16,1438).

Con el trabajo, por más humilde que sea, el hombre participa de arte y la sabiduría de Dios, embellece la creación, suscita nuevas energías en la sociedad que alimentan el de cada uno y también el bien común.

Todos necesitamos, junto a la fe para vivir como cristianos, el pan que nos alimenta y el trabajo que nos dignifica. En el pan se contienen todas nuestras necesidades materiales; y en el trabajo se reflejan todas nuestras aspiraciones.

San Cayetano nos enseña con su vida que la fe le ofrece a nuestra vida una espiritualidad animadora y una confianza grande.

Por eso, podríamos decirle a quienes no creen en la acción de Dios, como dice el salmo, que hagan la prueba y lo van a comprobar (S.34); quela Providenciaentra en nuestra vida, y podemos experimentar la bondad del Señor, que es creador y Padre. Porque ”los que buscan al Señor no carecen de bienes”.

Por el camino del temor y de la desconfianza no vamos a encontrar toda la solución a las dificultades que tenemos.

En esta ocasión, también queremos confiar a San Cayetano, la inseguridad, frecuentemente el temor y la desconfianza mutua, que frecuentemente padecemos. Es un mal generalizado y globalizado también en otras partes.

A diario necesitamos contar con más seguridad en las calles, en los barrios; y en los hogares; ya que no se puede vivir encerrados, o desconfiando los unos de los otros; ya que somos hijos de un mismo Padre y por tanto somos hermanos.

San Cayetano, nos hace pensar con su vida que no vamos a encontrar toda la solución a las dificultades que tenemos, por el camino del temor y de la desconfianza mutua; y que además de la prevención y protección que necesitamos, hay una solución que tiene raíces más profundas.

Él mismo nos da el ejemplo. Frente a la pobreza y a la crisis de su época, San Cayetano hizo un llamado con su propia vida a responder a las necesidades de sus contemporáneos. Buscó con sacrificio la atención de los hambrientos y de los enfermos, cuando el pueblo sufría una gran sequía y la peste; fundó una imprenta para trabajar, y como él decía, para "ganar el pan con el sudor de la frente"; organizó una comisión de ayuda a los presos; fundó un refugio que recibía a mujeres en situación de prostitución y que querían cambiar sus vidas; tomó la iniciativa de tramitar el establecimiento de un Banco Popular que concedía crédito sin interés, debilitando el negocio de los prestamistas; y multiplicó los servicios religiosos y asistenciales.

La vida de los santos no es solamente su biografía terrena, sino también su vida y actuación en Dios después de la muerte. En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano, nos enseña y ayuda a vivir como hijos de Dios y hermanos entre nosotros (cfr. Dios es caridad, nº 42).

Hoy también, como entonces, el hombre necesita que se lo defienda contra las amenazas y el mal. Para ello, es necesario el amor que brota de las fuentes del Evangelio y que nos da la respuesta. Es el amor, que ha sido grabado por el Creador en la naturaleza misma del hombre, que nos impulsa a reactivar este imperativo, y proclamar que el hombre merece ser respetado en su dignidad desde su concepción hasta la muerte.

Necesitamos volver a respetarnos y hablarnos como hermanos, para que el hombre mismo pueda sobrevivir y crecer en la dignidad de ser hijos de Dios.

San Cayetano nos enseña que esto es posible, e inclusive que podemos encontrar el camino para superar la inseguridad, el flagelo de la droga, y la falta de sentido de la vida, con una amor que transforma nuestra existencia. 

La cultura del trabajo

Como seres humanos necesitamos ser contenidos, experimentar lo que significa formar parte de una comunidad familiar, saber que tenemos un Padre en el cielo, que es Dios, y un papá y una mamá, que de pequeños nos alimentan y nos traen cada día el pan ganado con su propio trabajo. Una familia que vive con justicia, que ama y respeta a su prójimo, y que enriquece con su amor al barrio y a la sociedad. Que esto no sea así, será una excepción, que exigirá la respuesta a una necesidad inmediata en una determinada situación para poner a disposición los medios necesarios.

El pan que necesitamos en nuestra mesa, y tantas otras necesidades, debe provenir del trabajo digno, que reafirme en definitiva la dignidad y la grandeza de cada hombre y de cada mujer. El trabajo, por otra parte, que en forma prolongada no alcanza para llevar el pan a la mesa, nos hace inseguros, nos hace perder el ideal de vivir: hasta perder la estima por la vida, y también por la vida de los otros.

Esto exige una visión social; que implica planes que valoren y defiendan la cultura del trabajo, en su dimensión integral. 

Esta cultura debe ser un programa de vida; y abreva, como en sus fuentes principales en la vida de familia y en la educación escolar.

La escuela también debe ser una comunidad educativa, que prolongue la vida familiar y donde los padres nunca pierden su lugar en la educación y formación de los hijos. Necesitamos más tutores en nuestros colegios, y acompañar a los niños, adolescentes y jóvenes en situación de riesgo, brindándoles un sentido de la vida y capacitándolos en los horizontes de una vida mejor.

La cultura del trabajo necesita contar con estas dos fuentes, que exigen ideales y valores, y que se alcanzan con el empeño y la solidaridad. Para esto debemos emplear esfuerzo y creatividad en a evangelización.

Pidamos a San Cayetano por estas intenciones: que la fe, el pan y el trabajo no ayuden a ser más hermanos, y volver más cercanos a nuestra familia, a nuestros hijos, a nuestro barrio; sabiendo que Dios siempre nos espera, nos alimenta con el pan dela Palabray dela Eucaristía, y nos bendice cada día. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Homilías
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Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero, en la fiesta de San Cayetano (7 de agosto de 2011). (AICA)

FIESTA DE SAN CAYETANO            

Queridos hermanos y hermanas en Cristo. Hoy recordamos con devoción a San Cayetano. Es su testimonio de caridad el que nos congrega hoy. Él es el santo dela Providenciaporque manifestó con su vida el amor de Dios en permanentes gestos de amor al prójimo.

En este día de San Cayetano, Patrono del trabajo, quisiera invitarlos a mirar con esperanza y con sentido de misión la realidad del trabajo y de los trabajadores. Una realidad que nos lleva a descubrir la fuente de la vocación original y de la misión  común que Dios ha confiado a todos sus Hijos. Cultivar y cuidar el jardín del Edén [1] en paz con Él, en comunión solidaria con los hermanos y en el respeto de  lo Creado. “El hombre, creado a imagen de Dios, mediante su trabajo participa en la obra del Creador, y según la medida de sus propias posibilidades, en cierto sentido, continúa desarrollándola y la completa, avanzando cada vez más en el descubrimiento de los recursos y de los valores encerrados en todo lo creado”. [2]

Sin embargo, la rebeldía de la creatura frente a su Creador introduce en la historia humana la triple ruptura del ser humano con Dios, con el otro y con el medio ambiente.  Por consiguiente, el trabajo, sin perder su sentido original de participación y de cooperación en la obra creadora, se encuentra ahora dificultado, en palabras del Génesis, por la presencia de la “fatiga” y el “sudor”, ya que la convivencia humana se ha apartado del plan original del Creador y ha cedido a la tentación de la explotación humana, haciendo del trabajo también una ocasión de opresión del ser humano sobre otro ser humano.

Es así que se debe afirmar que la vocación del trabajo no es para prevalecer unos sobre otros. No es para que algunos sean señores exclusivos y otros esclavos dominados. No es para privilegiar unos pocos ricos y aumentar el número de pobres lázaros, excluidos de la mesa, sino para que el hombre participe en comunión fraterna de la misma dignidad de señores de la creación.

Es importante llegar al fondo de esta verdad y aclarar el sentido más auténtico del trabajo humano y de su dignidad.

En estos tiempos tan marcados por el eficientismo y la competitividad  productiva, es necesario redescubrir la naturaleza profunda del trabajo para saber marcar con ella la vida cotidiana laboral. El trabajo se debe realizar “como una verdadera vocación de transformación del mundo, en un espíritu de servicio y de amor a los hermanos, para que la persona se realice a sí misma y contribuya a la creciente humanización del mundo y de sus estructuras”[3]. Este es el concepto del trabajo cristiano.

También es necesario advertir que, entre numerosos hermanos y hermanas, aún existe la angustia frente a la insuficiencia de fuentes laborales, lo que provoca inseguridad frente al futuro. En el ámbito personal atemoriza la perspectiva de quedar sin trabajo y, en los jóvenes, el temor de no encontrar empleo. La cesantía sigue siendo un peso doloroso para muchas familias.

En su continua atención por el hombre en la sociedad, la Iglesiaen su Catecismo manifiesta “las empresas y los dirigentes no pueden tener en cuenta exclusivamente el objetivo económico de la empresa, los criterios de la eficiencia económica, las exigencias del cuidado del « capital » como conjunto de medios de producción: el respeto concreto de la dignidad humana de los trabajadores que trabajan  en la empresa, es también su deber preciso.”[4]

Sin embargo, observamos hoy, como los derechos de los trabajadores  son frecuentemente desatendidos, como confirman los tristes fenómenos del trabajo mal remunerado, sin garantías ni representación adecuadas.

Aquí, es oportuno acentuar lo que expresa la Doctrina Socialde la Iglesia“El bienestar económico de un país no se mide exclusivamente por la cantidad de bienes producidos, sino también teniendo en cuenta el modo en que son producidos y el grado de equidad en la distribución de la renta, que debería permitir a todos disponer de lo necesario para el desarrollo y el perfeccionamiento de la propia persona”.[5]

En este sentido Juan Pablo II escribe “el trabajo humano es una clave, quizás la clave esencial, de toda la cuestión social”, y, por ello, “adquiere una importancia fundamental y decisiva”. [6]

Pero hay también otra realidad que no se muestra tanto y que es signo de esperanza y de vida. Son muchos los voluntarios que, con pocos recursos y con gran generosidad, comparten su tiempo y donan sus energías con amor para aliviar alguna situación de dolor. Crecen las redes solidarias y las organizaciones de servicio. También vemos la realidad de pobres que se organizan para su subsistencia. Un anhelo profundo nos anima: ¡Que los esfuerzos solidarios y compartidos sean más, cada día más!

El evangelio de hoy ilumina esta realidad del trabajo. Desde lo alto del monte, Jesús en oración, no olvida a sus discípulos. Los ve esforzándose en luchar con el viento que les era contrario y con el oleaje. Jesús se acerca a ellos para ayudarlos. Y los anima:”tengan confianza, soy yo, no teman”. Y vienen las pruebas de fe y de fidelidad: la lucha por mantenernos firmes, y el grito de súplica cuando sentimos que nuestras fuerzas flaquean. “Señor, sálvanos! Palabras que repetimos cada vez que acudimos a nuestro verdadero Salvador. Y el Señor se acerca a nosotros para sacarnos adelante, fortalecidos en la fe y en la esperanza.

Como nos pide el Papa Juan Pablo II, debemos “apostar por la caridad” en un amor concreto y activo hacia cada ser humano:

“Es la hora de un nueva «imaginación de la caridad», que promueva no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino  como "un compartir fraterno". [7]

San Cayetano nos muestra la fuerza de transformación de la sociedad de una mentalidad nueva centrada en el amor. El testimonio de su vida nos invita a no quedarnos como meros espectadores ni adoptar una pasividad inoperante cuando veamos la injusticia. Debemos responder con amor. El amor es el criterio de la “nueva justicia” cristiana.

Cuando veamos a un hermano débil o enfermo, miremos en él a Jesús que nos llama. Cuando contemos con la posibilidad de tener bienes materiales, debemos darle un destino solidario.

Agradezcamos a Dios de no ser hoy quien tiene que llamar a la puerta de los demás, sino quien puede abrirla para ofrecer pan y trabajo.

Tampoco digamos  “No tengo nada para dar, soy pobre”, porque entonces sí nos veríamos privados de todo bien, porque tenemos la riqueza de nuestras manos para ayudar y un corazón para amar.

Pidamos a San Cayetano pan con trabajo que es dignidad y trabajo con pan, que es justicia.

Que Nuestra Madre,la Virgen María, sea estímulo de nuestra esperanza y de nuestra alegría, de nuestra unidad y de nuestros compromisos solidarios. Que Ella sea nuestro amparo en medio del sufrimiento y el dolor. Que su compañía materna iluminen nuestros esfuerzos, como lo experimentó su hijo, Jesús, el trabajador, el Carpintero de Nazaret.

San Cayetano: caminamos con fe pidiendo tu protección. 

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero


[1] Gn. 2,15

[2] Juan Pablo II, Laborem Exercens, (14 de septiembre de 1981), No 25

[3] Juan Pablo II, México 30 de enero de 1979 Juan Pablo II, México 30 de enero de 1979

[4] Catecismo dela Iglesia Católica, 2432

[5] Compendio Doctrina Social dela Iglesia, No 303

[6] Juan Pablo II, Laborem Exercens, (14 de septiembre de 1981), No 3

[7] Juan Pablo II (NMI 53)


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Homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires, en la fiesta de San Cayetano (Santuario de San Cayetano, 7 de agosto de 2011). (AICA)

JUNTO CON SAN CAYETANO REZAMOS POR LA PAZ, EL PAN Y EL TRABAJO        

Is. 58: 9-11  /  Lc. 19: 1-10 

El evangelio nos dice que Zaqueo bajó enseguida del árbol al que se había subido y recibió a Jesús en su casa con mucha alegría.

Una alegría que comenzó al salir a la calle, se incrementó al bajarse del árbol, lo acompañó todo el tiempo mientras preparaba la casa, estalló cuando entró Jesús y se consolidó cuando Zaqueo manifestó públicamente su decisión de cambiar de vida.

Todo empezó cuando Zaqueo escuchó que Jesús había entrado en su ciudad, Jericó, y el pensamiento “sería lindo salir a verlo pasar” le dio alegría. Una alegría pequeñita pero fuerte que le hizo cerrar el negocio y salir a la calle. Igual nos pasó a nosotros cuando sentimos que sería lindo venir a San Cayetano. Le hicimos caso a esa alegría y aquí estamos: en la calle, haciendo fila, rezando con todo el pueblo fiel.

La alegría de Zaqueo creció cuando Jesús se detuvo justito debajo del árbol donde se había subido, lo miró a los ojos y lo llamó por su nombre: “Zaqueo, bajá pronto que tengo que hospedarme en tu casa”. Jesús pasaba por las calles de Jericó y una multitud de gente lo seguía y se encimaba para verlo. Zaqueo, como era petiso, se había trepado a un sicomoro. Quería ver a Jesús. Pero cuando Jesús lo miró a él y le habló, Zaqueo dejó de ser un espectador y pasó a ser actor, protagonista de su propia vida. Aquí creció su alegría porque no estamos hechos para ser consumidores de espectáculos ajenos sino para ser, cada uno, protagonistas de su propia vida.

Esto pasó en medio de la calle. Por eso la escena de Zaqueo se parece a lo que nos pasa cuando venimos a San Cayetano, porque el encuentro con Jesús comienza en la calle, mientras uno hace la cola, en medio de la gente que va pensando en Jesús. En algún momento sentimos que Jesús nos mira. Él siempre nos hace sentir que sabe que estamos y nos promete un encuentro más hondo, en el que somos protagonistas de la amistad con Él. En la amistad uno siempre es protagonista.

La alegría acompañó a Zaqueo mientras preparaba su casa y le inundó el corazón cuando Jesús entró y él lo saludó y lo hizo sentar a la mesa. Podemos imaginar la emoción y la sonrisa de Zaqueo al ver entrar a Jesús. Esta alegría compañera es la que sentimos mientras estamos en la cola y se va incrementando a medida que nos acercamos al templo. Es una alegría que nos llena de emoción al quedar frente al santo Patrono y poner nuestra mano sobre el vidrio que cubre su imagen, al mirarlo a los ojos y expresarle nuestra devoción, al mirar al Niño Jesús y hablarle cada uno de las cosas que le salen del corazón. Cuando Zaqueo sintió que le estallaba el corazón de alegría al tener ahí sentado al Maestro en su casa no aguantó más, se puso de pie y manifestó públicamente su decisión de cambiar de vida. Como vemos, es una decisión motivada por la alegría, no por alguna imposición externa. Jesús no le dijo: “tenés que cambiar de vida”, simplemente fue a hospedarse en su casa y eso bastó para que Zaqueo supiera lo que tenía que hacer. Es lo que Jesús hace enla Eucaristía: simplemente nos dice: quiero ir a hospedarme en tu corazón, te pido que me recibas enla Eucaristía. Yeso tiene que bastar.

La alegría de Zaqueo se consolidó cuando se comprometió públicamente a cambiar. Zaqueo pasó de ser un coimero a ser un tipo solidario. Como dice Isaías: dejó de maltratar y de acusar con el dedo a los demás y pasó a compartir su pan con el hambriento y a ayudar a los que sufren. “Voy a dar a los pobres la mitad de todo lo que tengo y si he robado algo devolveré cuatro veces esa cantidad”. La alegría se consolida cuando ponemos manos a la obra, cuando damos frutos y “hacemos todo lo que Jesús nos dice”.

La fuente de la alegría está en esa frase de Jesús: “Zaqueo, bajá rápido que hoy tengo que ir a hospedarme en tu casa”. Tenemos un Dios que quiere venir a hospedarse en nuestra casa, en nuestra familia, en nuestra ciudad.

San Cayetano es una de esas “casas” en las que sabemos que Jesús “ha querido hospedarse”. Nuestras iglesias nacen de “una visita” de Jesús a cada ciudad, del deseo que Él tiene de hospedarse entre nosotros. Así es en Luján, por ejemplo. La basílica de nuestra Madre nace del deseo dela Virgende quedarse allí, en Luján, para estar con nosotros, como Madre del Dios con nosotros. Así también sucede en San Cayetano, que se parece en algo a la casa de Zaqueo, porque San Cayetano es la casa del Pan y del Trabajo y bien podríamos decir que, cuando Jesús se hospedó en lo de Zaqueo y le cambió la vida, Zaqueo pasó a ser un hombre de trabajo. Dejó de ser ñoqui y vividor para ser un trabajador honrado, justo y solidario.

Nuestro lema de este año dice: Junto a San Cayetano rezamos por la paz, el pan y el trabajo.

Al entrar en esta casa pedimos la gracia de salir cambiados como Zaqueo, pedimos la alegría que da dejar cada uno sus maltratos y salir convertido en hombres y mujeres de paz, que ponen paz en medio de una ciudad agresiva y violenta.

Junto a San Cayetano rezamos y pedimos la gracia de dejar cada uno sus avivadas y ser hombres y mujeres con sed de justicia, con esa alegría que da pensar cómo ser más justos en nuestras relaciones. En vez de andar pensando en lo que nos deben salimos pensando en lo que debemos nosotros a los demás. Eso hace a la dignidad de una persona: el justo medita cómo ser más justo. Sin que nadie lo obligue, lo hace por el propio honor y el propio gusto que da ser justo, de devolver lo que no es nuestro, de compensar al que hemos despojado.

Junto a san Cayetano rezamos y pedimos la gracia de tomarle el gusto al Pan de Dios, la gracia de sentir la alegría que brota del estar en comunión con Cristo. Ese pan que, como decíamos en la misa del Corpus, es nuestro vínculo de unión: comamos de ese pan, no sea que nos desvinculemos, que nos disgreguemos. Al ser patrono del Pan, San Cayetano es patrono de la unidad de nuestra patria.

Que el Señor los bendiga a todos con mucha alegría. Que vuelvan distintos a su casa después de haber cumplido la promesa y visitado al santo. Que vuelvan con ganas de prepararle un lugar en su vida a este Jesús que quiere hospedarse en sus hogares.

Que vuelvan bendecidos, sintiendo esas ganas de andar en paz con la familia y con todos, esas ganas de compartir la alegría interior que nos regala Dios. Quela Virgeny San Cayetano cuiden y acrecienten esta alegría del encuentro con Jesús, nuestro Salvador. 

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
Buenos Aires, 7 de agosto de 2011 


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martes, 23 de agosto de 2011

Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 18º domingo durante el año (31 de julio de 2011). (AICA)

AUTOREFERENCIA O DONACIÓN             

Hace algunos domingos reflexioné sobre un tema central, aunque bastante olvidado entre los titulares que ocupan los espacios de nuestro tiempo. El tema que reflexionamos fue sobre la santidad especialmente como algo alcanzable para cualquier cristiano.La Iglesiasiempre ha propuesto ejemplos o modelos a imitar, enseñándonos que la santidad es posible. A algunos les puede parecer poco interesante reflexionar sobre la santidad, y sin embargo como consecuencia de esta omisión de ideales y la ausencia de hombres y mujeres comprometidos y con deseos de santidad, nos ha llevado a encontrarnos en este inicio de siglo con una profunda crisis de valores, sumergidos en el reino de la mediocridad.

El 4 de agosto celebraremos a un santo, San Juan María Vianey, conocido con el nombre de Santo Cura de Ars. Nació cerca de Lyon, Francia, en 1786. Sintió el llamado a la vida sacerdotal, sobre todo la experiencia del amor que Dios le tenía. Al poco tiempo de haber sido ordenado sacerdote lo enviaron como Párroco de un pequeño pueblo de Francia, llamado Ars, de no más de 300 habitantes y allí vivió con intensidad su sacerdocio. Quizá la historia podría haber concluido allí, pero su vida, oración, predicación sencilla, las horas y horas de confesionario y sus consejos, empezaron a tener repercusiones en toda Francia. Desde los lugares más remotos la gente visitaba al pequeño pueblo de Ars, porque querían conocer a ese hombre de Dios.

En este domingo al recordar al Santo Cura de Ars, quiero resaltar quela Iglesiaquiso que este hombre santo fuera el patrono de los Párrocos y de aquellos sacerdotes que trabajan en las Parroquias. Creo que es una buena oportunidad para qué recemos por nuestros sacerdotes, que con sus dones y limitaciones humanas, buscan dar su vida para evangelizar, para servir a Dios y a sus hermanos. Es cierto que en varias oportunidades hago referencia a la necesidad de laicos o bien fieles cristianos que vivan esta vocación a la santidad para transformar las realidades temporales o de un mundo con tantas sombras. Pero también necesitamos sacerdotes y consagrados que vivan con radicalidad su vocación y busquen el camino de la santidad. La tarea de un Pastor es indispensable e insustituible. Es el que da su vida sin reservas para evangelizar a sus hermanos, para alimentarlos en la fe, conla Palabra, los Sacramentos, el pastoreo y con la animación de la caridad hacia los más pobres.La Misadiaria que celebra el sacerdote expresa el sentido de su vida, identificándose a Jesús que se ofreció enla Pascua, para salvar a todos.

Hoy más que nunca es clave el llamado a todos los cristianos y especialmente al sacerdote en esto”de donar la vida por los demás”, el amor y el sacrificio, en una época que acentúa el individualismo y la excesiva autorreferencia, tiene serias dificultades para comprender el significado profundo de la palabra Amor y “Amor donado”, teniendo al otro como sujeto y no como un mero objeto para mi uso. Por esola Pascua, celebrada en cada Misa, sigue siendo una respuesta salvadora y sanante, en un contexto demasiado individualista y sin consideración a los otros. Nuestra Diócesis tiene un gran crecimiento poblacional y sabemos que los sacerdotes somos insuficientes para una atención más adecuada. La oración y el cuidado de nuestros sacerdotes, el rezar por las vocaciones y por nuestros seminaristas será fundamental para el futuro evangelizador de los próximos años.

El domingo 07 de agosto, celebraremos al Patrono de nuestro Seminario Diocesano que lleva el nombre del Santo Cura de Ars, a las 11 horas serála Santa Misacon todos los que nos quieran acompañar. En nuestro seminario actualmente viven 32 seminaristas en las distintas etapas formativas, junto a otros jóvenes que son acompañados en su discernimiento vocacional en campamentos y en los encuentros mensuales denominados “Emaús”. Todo ello implica algunos esfuerzos, dedicación de sacerdotes, inversión económica para apoyar el mantenimiento y el proceso que se va dando. No dudamos en afirmar con certeza que es Dios el que acompaña esta obra con su providencia. Pero todos como Iglesia debemos sentirnos responsables, por eso me animo a pedirles que sigan rezando fuerte por nuestro Seminario y seminaristas. Les agradezco todos los aportes, donaciones, bonos contribución que nos ayudan para sostener la formación de nuestros seminaristas. Dios en este lugar tan querido como nuestro Seminario manifiesta abundantemente, sobre todo en este último tiempo, su misericordia y providencia cuidando esta obra que es un fuerte signo de esperanza para la evangelización de nuestra Iglesia Diocesana.

¡Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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Homilía de monseñor Mario Cargnello, arzobispo de Salta en la celebración de la entronización del Señor yla Virgen del Milagro (Catedral basílica de Salta, 30 de julio de 2011). (AICA)

ENTRONIZACIÓN DEL SEÑOR Y LA VIRGEN DELMILAGRO              

Is. 55, 1-3  /  Sal. 144, 8-9.15-18  /  Rm 8, 35.37-39  /  Mt. 14, 13-21 

Queridos hermanos:

En el quinto recuerdo de la historia del Milagro que acabamos de escuchar, se nos ha dicho que desde 1692 renovamos cada año esta novena de penitencia, de oración y de conversión. Al mismo tiempo se nos decía que año a año se afianza el pacto de fidelidad mutua entre el Señor del Milagro y sus fieles y devotos. Va madurando esta relación magnifica que está escrita en el corazón de la identidad misma de nuestro pueblo.

Este año nos toca a nosotros, gracias a Dios, exponer la imagen del Santo Cristo para honrarlo y para experimentar aquello que el Evangelio nos dice en esta jornada: “Jesús después de desembarcar, vio a la muchedumbre, se compadeció de ella y sanó a los enfermos” [1]. Los más de cuarenta y cinco días que vamos a estar juntos experimentando la cercanía del Señor son días en los cuales podremos descubrir la compasión de Jesús y recibir la salud que Él nos ofrece. Cada año que pasa soy testigo de esto. El Milagro es una realidad que forma parte del código genético salteño –por decirlo de alguna manera- y se va extendiendo a todos los devotos y peregrinos del Señor y dela Santísima Virgen del Milagro. Comencemos este tiempo de gracia, de regalo, de abundancia, de multiplicación de los panes, como escuchábamos en el Evangelio.

La primera lectura tomada del Libro de Isaías, fue escrita en un momento donde el pueblo está sufriendo a la deportación. No estaba en su tierra sino en Babilonia y experimentaba la sed de la lejanía. El Profeta les dice: “Vengan a tomar agua, coman su ración de trigo y sin pagar tomen vino, tomen leche” [2].

Nosotros tenemos que “escuchar” sin pensar que es un texto que se queda en su realización de hace 2600 años aproximadamente. Esta lectura es un llamado que hoy se dirige al corazón de nuestro pueblo, de cada uno de nosotros: “Vengan y reciban del Señor el agua, el pan, el trigo, el vino y la leche”. Son días donde Dios quiere compartir con nosotros la abundancia de su amor. En nuestro tiempo en el que también nosotros experimentamos “tribulaciones, angustias, hambres, desnudeces, peligros, espadas o persecuciones” [3] como dice Pablo a los Romanos, Dios nos muestra que su amor es mayor que cualquier sufrimiento, que cualquier experiencia de desierto, de lejanía, de ausencia. Cada uno de nosotros puede decir: “Yo traigo a este 30 de julio este tipo de experiencias”. Cada uno de nosotros las vive desde este momento de la historia: problemas de familia, de trabajo, de pobreza. Serán quizás experiencias de la lejanía de Dios por nuestro pecado o por algún sufrimiento interior.

Dios nos invita a descubrir que vale la pena escuchar y responder a ese “vengan” que resonaba en la primera lectura. Se trata de una invitación para ponemos en marcha para ser un poco mejores, para ser más fieles. Es un “vengan” que se dirige a este momento de nuestra Salta, a este momento de nuestra Argentina y también a este momento del mundo en el que todo parece tambalear en el juego de los equilibrios económicos y políticos y el miedo puede enseñorearse de nuestro corazón e inducirnos a aferrarnos a pequeñas seguridades nos quita libertades.

Escuchamos el “vengan” que tiene el dulce sonido de la voz del Señor de la historia. Es el Dios fiel que a través del Señor del Milagro va marcando la historia de nuestro pueblo, la historia de todos nosotros, peregrinos y devotos suyos. Vuelve a decirnos el Señor con una intensidad especial: “vengan”. Él pone el dial de su corazón, en la frecuencia de la historia de cada uno de nosotros. Pongamos nosotros también el dial de nuestro interior en la frecuencia de su voz y permitamos que estos días sean espacios para afinar fidelidades. De este modo el Pacto será el fruto de un tiempo en el que crecerá el deseo de Dios y así el Pacto será el fruto de un tiempo en el que crecerá el deseo de Dios y así el Pacto se convertirá en un encuentro que nos dignifica, que nos libera, que nos mejora, que nos hace más fraternos, más hijos del Padre, más justos, más capaces de generosidad. 

II 

¿Qué nos promete el Señor? Agua, trigo, vino y leche.

El agua es el signo de la vida. ¡Qué importante es descubrir su verdadero valor! Hace pocos años el hombre casi ha tocado el misterio de la vida. La ciencia lo ha conducido a descubrir el código genético y le ha permitido avanzar en los secretos de la vida. En su avance el hombre muchas veces transgrede el límite del misterio de la vida. Estamos perdiendo el sentido del misterio de la vida.

Muchas veces convertimos a los seres humanos en mercadería. Vamos perdiendo el misterio de la persona y prostituimos nuestras relaciones. Nos insultamos, nos maltratamos, despreciamos el valor de la verdad como sustento de las relaciones humanas. Mentimos y cuando se miente se rompe la confianza, nos aferramos a tener, pero vamos perdiendo el ser de nuestras relaciones. Esto afecta desde las relaciones internacionales hasta las relaciones humanas más cercanas: sean éstas relaciones económicas, culturales, políticas o sociales. Hemos perdido el sentido del misterio de la vida humana, el misterio de la persona humana y su dignidad; se va perdiendo el sentido del cuerpo hasta convertirlo en un muñeco llenándolo siliconas.

La Palabrade Dios nos dice: “les voy a dar agua”, les voy a dar vida, calidad de vida. Relacionarnos con Dios es volver a relacionarnos con la verdad. A Dios no le puedo mentir. Sería estúpido intentar mentir a Dios que conoce mi verdad. Ante el rostro de Jesús yo le puedo decir la verdad y sé que no me va a juzgar, Él me va a perdonar y me va a dar luz para que yo me juzgue bien enla Verdad, porque Él es Verdad.

La Fiestadel Señor yla Virgendel Milagro constituye una ocasión especial para encontrarme con Él y en el rostro de Él con el otro. Se trata de una ocasión para encontrarme con mis hermanos y descubrir juntos la verdad sin miedo a que la verdad me hiera, porque la verdad cura las relaciones humanas. Escuchemos, pues, al Señor que nos dice: “vengan, tomen agua”.

El Señor nos ofrece, además del agua, el pan. El texto dice: “coman gratuitamente su ración de trigo”

El pan es el signo de la fortaleza, la comida de cada día. Es la fuerza para enfrentar el presente, junto con los demás, sin miedo a los pasados, sin miedo a los futuros. Jesús es el pan de cada día, es la comida que me permite vivir este día. La comida de hoy no es suficiente para mañana. Cada día debemos comer nuestra ración de pan.

Nosotros sabemos que el pan es Jesús, Él es el Pan dela Eucaristía, del cual nos va hablar en el Evangelio en la escena de la multiplicación de los panes.

En el corazón de la devoción del Señor yla Virgendel Milagro está la dimensión eucarística. El Señor nos ofrece, mediante el sacrificio y la presencia eucarística, poder vivir el presente con naturalidad, porquela Eucaristíaes el don de de Dios por excelencia. Esta es una gracia propia de la devoción del Señor yla Virgenque marca fuertemente a la gran mayoría de nuestro pueblo. No perdamos este vínculo entrañable con Jesús.

La Eucaristíanos da capacidad de libertad, porque nos da capacidad de reconocer lo gratuito de la vida, lo sobreabundante de Dios. Por ello nos fortalece para ser generoso sin miedos de que algo escasee porque Dios siempre nos gana en generosidad.

La Eucaristíaes la experiencia de la comunión de Dios con nosotros y con los hermanos. Comunión que da impulso para el riesgo, la audacia, el don de nosotros mismos; que nos ayuda a superar mezquindades, cálculos y miedos. Por eso en el Evangelio abunda el “no tengan miedo” y es el Jesús Resucitado quien nos invita a ello.

La experiencia del Milagro nos ayuda a vivir la vida con menos miedos, con más tranquilidades. Cuando empieza el Milagro, –a pesar del frío- ya empieza la primavera para los salteños.

El Señor nos quiere dar, además vino, nos quiere dar alegría. Enla Escriturael vino es el signo de la alegría.

La alegría nace del corazón, nace de adentro. La alegría se da en el encuentro con el otro. La fiesta es más fiesta compartiendo una taza de café con alguien a quien uno quiere y puede charlar siendo uno mismo, que por la sobreabundancia del numero de personas o de comida o de música. Dios quiere darnos alegría en estos días. Él quiere encontrarse con nosotros, para que nosotros, encontrándonos con Él, tengamos capacidad de encuentro con los demás, con nuestros hermanos. El Milagro que comenzamos a celebrar quiere ser un servicio a nuestra patria que nos necesita reencontrados a los argentinos. La fiesta del Señor yla Virgendel Milagro es un espacio hermoso de oxigeno, de vida, de fuerza, de pan y de alegría que hace a la calidad de las relaciones, a la verdad de los vínculos humanos.

La cuarta promesa del Señor en el texto de Isaías es la leche. Enla Sagrada Escriturase trata de un signo de la abundancia. ¡Cuánta abundancia de amor descubrimos nosotros en la historia de la cercanía del Señor y dela Virgendel Milagro con el pueblo de Salta! Permítanme reflexionar con ustedes sobre esta historia de amor que es la historia del Señor del Milagro.

III 

En la historia de la devoción del Señor y de la Virgen podemos descubrir tres momentos.

Un primer momento se desarrolla entre la promesa del obispo Francisco de Victoria hasta 1692. Salta es consciente -así lo ha vivido- que en el origen de su fundación está Dios. Salta fue fundada un lunes de Pascua, por eso la presencia del Resucitado; esta es la única ciudad bendecida en el acto mismo de la fundación por un obispo, por el primer obispo del territorio argentino.La Providenciaasí lo dispuso y desde el acto fundacional quedó marcada esta ciudad y provincia por esa bendición.

El envío de la imagen desde España llegando al continente latinoamericano por el puerto del Callao en Perú es un dato verosímil. Aún hoy, cuando encallan las embarcaciones que van a ese puerto, para que se aliviane el barco, tiran alguna carga y los cajones van flotando hasta un lugar que hoy se llama “La Punta”. A poca distancia de ese lugar se venera una imagen del Señor llamada “Señor del Mar”. Se trata de una imagen cuyos rasgos son parecidos a los rasgos de nuestro Cristo del Milagro y la historia de su presencia en aquel lugar habla de haber llegado por el mar.

La historia de la llegada del Cristo del Milagro a nuestras tierras y de los cien años de olvido nos halar de un regalo de Diosa este pueblo. Un regalo es expresión de lo gratuito. El Señor del Milagro es una expresión de que Dios nos quiere mucho, aunque no sepamos corresponderle. Él ha querido sobreabundar en generosidad y ser parte de la historia de nuestra salvación. El rostro del Cristo del Milagro es como una Biblia del salteño, porque nos habla de un Dios que busca al hombre como un amigo, tal como presenta ala Revelaciónel Concilio Vaticano II.

Un segundo momento de la historia del Milagro se desarrolla entre 1692 y 1844. Los temblores, la imagen expuesta a la veneración de los fieles siguiendo la inspiración del Padre Carrión, la gente viene y ve la imagen dela Virgencaída de la hornacina –apenas lastimada-, que había perdido la corona. El pueblo de Dios hizo una lectura religiosa del fenómeno y descubrió la protección del Señor. Allí comenzó esta relación fuerte, entrañable del Señor con el pueblo y del pueblo con el Señor en el calor del hogar custodiado por su Madre. ¡Que no se acabe nunca, queridos hermanos, la relación de amor entre este pueblo y el Señor yla Virgendel Milagro! Sería traicionar la identidad de Salta.

Si la experiencia del primer momento de la historia es la experiencia de la gratuidad, la experiencia del segundo momento es de la gratitud. El pueblo se mostró agradecido; ensanchó su corazón con una gratitud profunda y sincera. Esta virtud se convirtió en un distintivo de su gente. Maduró la historia de este pueblo año tras año y los temblores de 1844 invitaron a los fieles a dar un tercer paso, el paso del compromiso, de la responsabilidad; compromiso y responsabilidad que se tradujeron en el pacto de fidelidad. Desde 1845 ese pacto se ha convertido en el momento culminante de las fiestas y en un nuevo comienzo en la vida de Salta. Es el tercer momento de la historia que vivimos hoy.

El Pacto nos compromete “Señor, nosotros somos suyos y tú eres nuestro”. Para celebrarlo nos prepararemos durante estos cuarenta y cinco días. Nos prepararemos con las escuelas, con las instituciones, con las parroquias, con los peregrinos. El Milagro, en su esencia, no es una fiesta cultural, aunque tenga una dimensión cultural, sino religiosa. ¡Que no se pierda la dimensión religiosa dela Fiestadel Señor yla Virgendel Milagro! 

IV 

El Milagro tiene tres notas: es penitencial, eucarístico y es mariano. Es penitencia porque nació así. La vida debe ser recreada si yo abusé de ella. Si Jesús es el Señor dela Vida, debo aprender que la vida si se abusa, se pierde; entonces el sacrificio tiene el valor de recuperar el sentido de la vida para descubrir que la vida se vive dando, no acumulando. Yo crezco desde adentro para afuera y no al revés. Crecemos cuando nos damos, si no nos empequeñecemos. Esto sucede con las personas, con los pueblos, con la historia. En la entraña del evangelio aprendemos que el arte de servir es el arte de de vivir.

La otra dimensión es la eucarística que alimenta en nosotros la capacidad de gratitud, de generosidad, de compartir. La tercera dimensión es la dimensión mariana. María es nuestra educadora a lo largo de estos cuarenta y cinco días y siempre. Ella esla Madreque nos protege y la primera discípula que nos enseña. Es la que escuchala Palabrade Dios y nos transmite en el calor de la maternidad. Así está en su imagen del Milagro desde 1692 junto a la historia de Salta. El vínculo de María conla Palabraresplandece en la mirada que dirige a su Hijo. Por eso, esta fiesta tiene todo el calor de familia que le da la madre; tiene todo el calor de un discipulado que le da esa madre que se hace hermana nuestra y condiscípula de su Hijo, tiene el calor de la vida que queremos servir con mucha fuerza, aprendiendo a ser generosos como Aquél que nos da todo y nos espera en la cruz.

Que este Milagro sea lindo para todos.

Ha comenzado el Milagro, vale la pena tomarlo en serio y con mucha alegría. 

Mons. Mario Cargnello, arzobispo de Salta


[1] Mt. 14.14

[2] Cfr. IS 55, 1

[3] Cfr. Rm 8, 37


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Homilía de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en la misa de envío de los jóvenes a la Jornada Mundial dela Juventud (Catedral Nuestra Señora dela Asunción, 31 de julio de 2011). (AICA)

MISA DE ENVÍO DE JÓVENES A LA JORNADA MUNDIALDE LA JUVENTUD          

Queridos hermanos:

En esta Misa del envío de los jóvenes, que parten el próximo sábado hacia España, primero pasarán por Roma, hacia el Encuentro Mundial de Jóvenes en Madrid, convocados por el Santo Padre; tendrán una experiencia muy especial porque del encuentro con tantos jóvenes, de tantos lugares distintos, tantas realidades, van a aprender mucho de lo que significa saber que no son pocos y que encontrarse con el Papa, el Vicario de Cristo, “el dulce Rostro de Cristo en al tierra”, hoy Benedicto XVI, con una bondad e inteligencia extraordinarias, enriquecerán sus vidas.

No lo comparen con Juan Pablo II, porque cada Papa es cada Papa, es único, original e irrepetible. A veces los seres humanos comparamos el uno con el otro y caemos en un grave error, porque no debemos comparar sino reconocer a cada uno que está signado y marcado a fuego, Con la fuerza del Espíritu Santo y es lo quela Iglesiay  el mundo necesita en estos momentos de la presencia iluminadora del Vicario de Cristo, Benedicto XVI.

Todo esto les va a salir caro porque les vamos a pedir que, cuando lleguen a Roma, recen por la diócesis, especialmente por estos cincuenta años de inicio canónico de nuestra diócesis, así también estamos unidos. Recen también para que nuestra Iglesia sea cada vez más misionera, cada vez más auténtica, cada vez más rica, más profunda porque necesitamos oraciones.

¿Qué les pide la Iglesia en este encuentro? ¡Que sigan siendo jóvenes! ¡Que no sean adultos “a préstamo”! ¡Que sean jóvenes! Y jóvenes de hoy, jóvenes en serio. Esto es lo más importante: llevan el espíritu de Dios, vitales, alegres, responsables; ni amargados, ni dispersos, ni “a la que te criaste”, sino que tengan que descubrir en esta peregrinación qué cosas el Señor me pide como joven, con esta edad que tengo; y qué cosas tendré que darle al Señor y ala Iglesiacomo joven. No quiero que sean jóvenes viejos, sí quiero que sean, en todo caso, adultos después jóvenes; pero es necesario vivir del espíritu y  ustedes, como peregrinos lo van a buscar, lo van a encontrar, lo van a confirmar y después lo van a compartir con sus respectivas comunidades.

Veamos ahora lo que significa la transformación de estos pocos panes y estos dos pescados, que había nada más y habiendo tanta necesidad. Creo que se repiten las mismas situaciones de aquel entonces a este hoy que estamos viviendo. Hay mucha necesidad, hay mucha hambre, no sólo de comida sino de verdad, de amor, de respeto y también de justicia.

Las inseguridades han aumentado terriblemente en nuestro país, en nuestra zona; a través del robo, a través del paco, a través de la droga, a través de la violencia, y algunos quieren confundir diciendo “es sólo una sensación”. No es ninguna sensación, lamentablemente es una realidad.

El mundo está mal y hoy más que nunca necesitamos personas, grupos, que sean capaces de ofrecer algo, ¡algo para cambiar!, ¡algo que sirva a todos!, ¡algo que el Señor multiplique! Y cada uno tiene algo que ofrecer en su vida; ¡preguntémonos: qué cosa puedo ofrecer hoy al Señor enla Iglesia; en esta Iglesia no en otra; en este tiempo, con estos desafíos, con estas realidades, con las cosas que nos urgen, nos inquietan o que nos deja perplejos ante tantos problemas y ante tanto cansancio! Pero ciertamente tenemos algo que ofrecer.

Si lo ofrecemos con amor, con fe, el Señor transforma las cosas más duras, transforma el corazón de los hombres; es capaz de transformar nuestras vidas; es capaz de levantarnos y tener un horizonte y un proyecto mucho más amplios; es capaz de perdonarnos todos nuestros pecados y ayudarnos a ser capaces de perdonar a los demás; que los egoísmos, muchas veces disimulados y escondidos en el corazón del hombre, también el Señor puede cambiar esos egoísmos, esas individualidades, esas pequeñeces, esas distracciones. El Señor quiere que cambiemos porque no damos más.

Necesitamos cosas nuevas. No vamos a caer en la superficialidad de creer que las cosas nuevas son trayendo cosas nuevas; no estamos hablando de cosas externas, estamos hablando de transformaciones profundas, de motivaciones profundas, de cosas serias muy profundas; en nuestras comunidades, en nuestras iglesias, en nuestras capillas, en nuestros grupos, en todo ámbito, necesitamos gente que viva en serio y gente que ame en serio, ¡que sea fiel de verdad!, fiel en serio. Y necesitamos que el Señor nos de fuerzas para poder ofrecer; que el Señor multiplique esos panes y esos pescados y los puede multiplicar ampliamente.

Hoy le ofrecemos en esta Misa lo que somos, como somos; lo tomamos y lo ofrecemos con entusiasmo, con generosidad y convencidos. Si vivimos así, si somos personas convencidas en lo personal, en lo social, en lo comunitario, en lo profesional, en lo eclesial, ¡cuántas cosas son capaces de transformar y transformarse!

Entreguemos con generosidad, ¡el Señor tiene una fuerza increíble!,
¡el Señor puede transformar hasta las piedras!
¡Quiere hacernos cambiar para que tengamos gusto por la vida!
¡Para que tengamos gusto por nuestra existencia!
¡Para que tengamos gusto de pertenecer ala Iglesia!
¡Para que tengamos gusto de saber que tenemos una vocación!
¡Para que tengamos gusto de saber que tenemos una misión que cumplir!
¡Que tenemos sentido y damos sentido a las cosas!
¡Que no estamos aburridos, ni amargados, ni entristecidos!
¡Que nos levantamos con ansia y también con mucho sufrimiento!, pero ese sufrimiento no agota jamás el corazón humano y cristiano que Dios ha querido compartir con nosotros desde la cruz, lugar de triunfo y no de derrota.

Por eso le pedimos hoy al Señor que cada uno sepa qué cosas quiere ofrecer y ofrézcalo sin miedo. “¡No tengan  miedo, yo estoy con ustedes!” No tengan miedo, yo los envío. No tengan miedo porque en el atardecer de vuestra vida sólo serán juzgados en el amor.

Se lo pedimos al Señor por medio de  Pedro, el Vicario de Cristo. Ustedes directamente al Papa Benedicto y nosotros, que nos quedamos acá, le pedimos ala Virgen NuestraSeñora dela Asunción, que nos de el gozo de vivir con esperanza, de vivir transformados. Ella como Madre que es, nos va a conceder que nuestra Iglesia sea una Iglesia responsable, madura, abierta, creativa, comprometida, inteligente, y que se anticipe a los problemas que tiene que resolver. Que así sea. 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


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Saludo de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en ocasión del Día del Santo Cura de Ars (3 de agosto de 2011). (AICA)

DÍA DEL CURA DE ARS         

Con ocasión del día del Cura de Ars, saludo fraternalmente a los queridos párrocos y sacerdotes dela Arquidiócesis, agradeciendo a Diosla Jornadadela Santificaciónsacerdotal que hemos vivido con este gran número de sacerdotes, que compartieron este día de accIón de gracias y de espiritualidad.

Precisamente el Cura de Ars nos da una muestra de esta espiritualidad sacerdotal, que tiene como su raíz más profunda el don de Dios y la misma Ordenación. Vivir la espiritualidad como sacerdotes significa la primacía de este don supremo, y la riqueza que nos comunica por la gracia la imposición de las manos.

Esta espiritualidad significa ante todo ser amigos de Jesucristo, viviendo como quien es llamado para seguir al Señor, animados por el Espíritu Santo. Esta riqueza, que debe trasladarse y verificarse en toda nuestra vida, se refleja también en nuestro sentir y en nuestro obrar de sacerdotes. Esto lo vivió el Cura de Ars, y lo vemos reflejado en la vida del Beato Juan Pablo II, del Cura Brochero, de tantos sacerdotes, - aún entre nosotros - , que siguen con fidelidad el camino del discípulo elegido que deja todo por el Señor.

De esta espiritualidad, que unifica todo nuestro ser sacerdotes, se alimenta el ministerio y la vida pastoral; brota, por así decir, en todas las dimensiones de nuestra vida ministerial, así como también en cada uno de nosotros como personas, con talentos y riquezas, con limitaciones y fragilidades.

Dentro de este ministerio, al que fuimos llamados, deseo realzar de un modo especial la misión de ser predicadores dela Palabrade Dios: ya que fuimos ordenados sacerdotes "para que por su predicación, y la gracia del Espíritu Santo,la Palabradel Evangelio dé fruto en el corazón de los hombres..." (Ri. Pref. Ord.). Asimismo, la predicación, que puede llegar a transformar el corazón y puede hacer tanto bien a quienes nos escuchan, a la vez nos hace bien a nostros mismos, y de ella abreva la espiritualidad de la que hablamos.

Como decíala Exhortación Apostólicapostsinodal "Pastores dabo vobis", "el sacerdote es, ante todo ministro dela Palabrade Dios; es el ungido y enviado para anunciar a todos el Evangelio del Reino, llamando a cada hombre a la obediencia de la fe y conduciendo a los creyentes a un conocimiento y comunión cada vez más profundos del misterio de Dios, revelado y comunicado a nostros en Cristo" (nº 26).

Sila Palabrade Dios anunciada debe llevar a los otros a ese asentimiento profundo de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad por la fe, también debe hacerlo en primer lugar a quienes la anunciamos; de tal manera que vivamos lo que enseñamos, "como testigos entusiastas y sinceros" (Ri. Ord.); llevándonos a una cercanía muy estrecha, a una familiaridad personal con Jesucristo.

Como nos dice el Papa Benedicto XVI al hablarnos de la relación dela Palabrade Dios y la vida de los ministros ordenados, "nuestras palabras, nuestras decisiones y nuestras actitudes deben ser cada vez más una transparencia, un anuncio, y un testimonio del Evangelio" (Verbum Domini, nº 80).

Le pido al Señor en este día, por la intercesión del Cura de Ars, que vivamos con gratitud el don de Dios. Así como nuestra vocación estuvo unida seguramente al testimonio de un sacerdote, que nos dió ejemplo de su entrega y de su amor a Cristo, e hizo más audible el llamado de Jesús, que nuestro testimonio sacerdotal sea una invitación permanente que despierte a las nuevas vocaciones sacerdotales.

Como María, pidamos vivir más la comunión y el amor, para que nuestra vida de sacerdotes refleje nuestra identidad con Jesucristo y nuestra vida de entrega pastoral a los hermanos. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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lunes, 22 de agosto de 2011

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció en la tarde del domingo 21 de Agosto de 2011  en la ceremonia oficial de despedida celebrada en el aeropuerto internacional de Barajas.

 

Majestades,
Distinguidas Autoridades nacionales, autonómicas y locales,
Señor Cardenal Arzobispo de Madrid y Presidente de la Conferencia Episcopal Española,
Señores Cardenales y Hermanos en el Episcopado,
Amigos todos:

Ha llegado el momento de despedirnos. Estos días pasados en Madrid, con una representación tan numerosa de jóvenes de España y todo el mundo, quedarán hondamente grabados en mi memoria y en mi corazón.

Majestad, el Papa se ha sentido muy bien en España. También los jóvenes protagonistas de esta Jornada Mundial de la Juventud han sido muy bien acogidos aquí y en tantas ciudades y localidades españolas, que han podido visitar en los días previos a la Jornada.

Gracias a Vuestra Majestad por sus cordiales palabras y por haber querido acompañarme tanto en el recibimiento como, ahora, al despedirme. Gracias a las Autoridades nacionales, autonómicas y locales, que han mostrado con su cooperación fina sensibilidad por este acontecimiento internacional. Gracias a los miles de voluntarios, que han hecho posible el buen desarrollo de todas las actividades de este encuentro: los diversos actos literarios, musicales, culturales y religiosos del «Festival joven», las catequesis de los Obispos y los actos centrales celebrados con el Sucesor de Pedro. Gracias a las fuerzas de seguridad y del orden, así como a los que han colaborado prestando los más variados servicios: desde el cuidado de la música y de la liturgia, hasta el transporte, la atención sanitaria y los avituallamientos.

España es una gran Nación que, en una convivencia sanamente abierta, plural y respetuosa, sabe y puede progresar sin renunciar a su alma profundamente religiosa y católica. Lo ha manifestado una vez más en estos días, al desplegar su capacidad técnica y humana en una empresa de tanta trascendencia y de tanto futuro, como es el facilitar que la juventud hunda sus raíces en Jesucristo, el Salvador.

Una palabra de especial gratitud se debe a los organizadores de la Jornada: al Cardenal Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos y a todo el personal de ese Dicasterio; al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, junto con sus Obispos auxiliares y toda la archidiócesis; en particular, al Coordinador General de la Jornada, Monseñor César Augusto Franco Martínez, y a sus colaboradores, tantos y tan generosos. Los Obispos han trabajado con solicitud y abnegación en sus diócesis para la esmerada preparación de la Jornada, junto con los sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos. A todos, mi reconocimiento, junto con mi súplica al Señor para que bendiga sus afanes apostólicos.

Y no puedo dejar de dar las gracias de todo corazón a los jóvenes por haber venido a esta Jornada, por su participación alegre, entusiasta e intensa. A ellos les digo: Gracias y enhorabuena por el testimonio que habéis dado en Madrid y en el resto de ciudades españolas en las que habéis estado. Os invito ahora a difundir por todos los rincones del mundo la gozosa y profunda experiencia de fe vivida en este noble País. Transmitid vuestra alegría especialmente a los que hubieran querido venir y no han podido hacerlo por las más diversas circunstancias, a tantos como han rezado por vosotros y a quienes la celebración misma de la Jornada les ha tocado el corazón. Con vuestra cercanía y testimonio, ayudad a vuestros amigos y compañeros a descubrir que amar a Cristo es vivir en plenitud.

Dejo España contento y agradecido a todos. Pero sobre todo a Dios, Nuestro Señor, que me ha permitido celebrar esta Jornada, tan llena de gracia y emoción, tan cargada de dinamismo y esperanza. Sí, la fiesta de la fe que hemos compartido nos permite mirar hacia adelante con mucha confianza en la providencia, que guía a la Iglesia por los mares de la historia. Por eso permanece joven y con vitalidad, aun afrontando arduas situaciones. Esto es obra del Espíritu Santo, que hace presente a Jesucristo en los corazones de los jóvenes de cada época y les muestra así la grandeza de la vocación divina de todo ser humano. Hemos podido comprobar también cómo la gracia de Cristo derrumba los muros y franquea las fronteras que el pecado levanta entre los pueblos y las generaciones, para hacer de todos los hombres una sola familia que se reconoce unida en el único Padre común, y que cultiva con su trabajo y respeto todo lo que Él nos ha dado en la Creación.

Los jóvenes responden con diligencia cuando se les propone con sinceridad y verdad el encuentro con Jesucristo, único redentor de la humanidad. Ellos regresan ahora a sus casas como misioneros del Evangelio, «arraigados y cimentados en Cristo, firmes en la fe», y necesitarán ayuda en su camino. Encomiendo, pues, de modo particular a los Obispos, sacerdotes, religiosos y educadores cristianos, el cuidado de la juventud, que desea responder con ilusión a la llamada del Señor. No hay que desanimarse ante las contrariedades que, de diversos modos, se presentan en algunos países. Más fuerte que todas ellas es el anhelo de Dios, que el Creador ha puesto en el corazón de los jóvenes, y el poder de lo alto, que otorga fortaleza divina a los que siguen al Maestro y a los que buscan en Él alimento para la vida. No temáis presentar a los jóvenes el mensaje de Jesucristo en toda su integridad e invitarlos a los sacramentos, por los cuales nos hace partícipes de su propia vida.

Majestad, antes de volver a Roma, quisiera asegurar a los españoles que los tengo muy presentes en mi oración, rezando especialmente por los matrimonios y las familias que afrontan dificultades de diversa naturaleza, por los necesitados y enfermos, por los mayores y los niños, y también por los que no encuentran trabajo. Rezo igualmente por los jóvenes de España. Estoy convencido de que, animados por la fe en Cristo, aportarán lo mejor de sí mismos, para que este gran País afronte los desafíos de la hora presente y continúe avanzando por los caminos de la concordia, la solidaridad, la justicia y la libertad. Con estos deseos, confío a todos los hijos de esta noble tierra a la intercesión de la Virgen María, nuestra Madre del Cielo, y los bendigo con afecto. Que la alegría del Señor colme siempre vuestros corazones. Muchas gracias.

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ZENIT nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció en su encuentro con los 12.000 voluntarios de la Jornada Mundial de la Juventud el 21 de Agosto de 2011.

Queridos voluntarios

Al concluir los actos de esta inolvidable Jornada Mundial de la Juventud, he querido detenerme aquí, antes de regresar a Roma, para daros las gracias muy vivamente por vuestro inestimable servicio. Es un deber de justicia y una necesidad del corazón. Deber de justicia, porque, gracias a vuestra colaboración, los jóvenes peregrinos han podido encontrar una amable acogida y una ayuda en todas sus necesidades. Con vuestro servicio habéis dado a la Jornada Mundial el rostro de la amabilidad, la simpatía y la entrega a los demás.

Mi gratitud es también una necesidad del corazón, porque no solo habéis estado atentos a los peregrinos, sino también al Papa. En todos los actos en los que he participado, allí estabais vosotros: unos visiblemente y otros en un segundo plano, haciendo posible el orden requerido para que todo fuera bien. No puedo tampoco olvidar el esfuerzo de la preparación de estos días. Cuántos sacrificios, cuánto cariño. Todos, cada uno como sabía y podía, puntada a puntada, habéis ido tejiendo con vuestro trabajo y oración el maravillo cuadro multicolor de esta Jornada. Muchas gracias por vuestra dedicación. Os agradezco este gesto entrañable de amor.

Muchos de vosotros habéis debido renunciar a participar de un modo directo en los actos, al tener que ocuparos de otras tareas de la organización. Sin embargo, esa renuncia ha sido un modo hermoso y evangélico de participar en la Jornada: el de la entrega a los demás de la que habla Jesús. En cierto sentido, habéis hecho realidad las palabras del Señor: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35). Tengo la certeza de que esta experiencia como voluntarios os ha enriquecido a todos en vuestra vida cristiana, que es fundamentalmente un servicio de amor. El Señor trasformará vuestro cansancio acumulado, las preocupaciones y el agobio de muchos momentos en frutos de virtudes cristianas: paciencia, mansedumbre, alegría en el darse a los demás, disponibilidad para cumplir la voluntad de Dios. Amar es servir y el servicio acrecienta el amor. Pienso que es este uno de los frutos más bellos de vuestra contribución a la Jornada Mundial de la Juventud. Pero esta cosecha no la recogéis solo vosotros, sino la Iglesia entera que, como misterio de comunión, se enriquece con la aportación de cada uno de sus miembros.

Al volver ahora a vuestra vida ordinaria, os animo a que guardéis en vuestro corazón esta gozosa experiencia y a que crezcáis cada día más en la entrega de vosotros mismos a Dios y a los hombres. Es posible que en muchos de vosotros se haya despertado tímida o poderosamente una pregunta muy sencilla: ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Cuál es su designio sobre mi vida? ¿Me llama Cristo a seguirlo más de cerca? ¿No podría yo gastar mi vida entera en la misión de anunciar al mundo la grandeza de su amor a través del sacerdocio, la vida consagrada o el matrimonio? Si ha surgido esa inquietud, dejaos llevar por el Señor y ofreceos como voluntarios al servicio de Aquel que «no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos» (Mc 10,45). Vuestra vida alcanzará una plenitud insospechada. Quizás alguno esté pensando: el Papa ha venido a darnos las gracias y se va pidiendo. Sí, así es. Ésta es la misión del Papa, Sucesor de Pedro. Y no olvidéis que Pedro, en su primera carta, recuerda a los cristianos el precio con que han sido rescatados: el de la sangre de Cristo (cf. 1P 1, 18-19). Quien valora su vida desde esta perspectiva sabe que al amor de Cristo solo se puede responder con amor, y eso es lo que os pide el Papa en esta despedida: que respondáis con amor a quien por amor se ha entregado por vosotros. Gracias de nuevo y que Dios vaya siempre con vosotros.

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ZENIT  nos ofrece la homilía que el Papa Benedicto XVI pronunció el domingo 21 de Agosto de 2011 durante la Misa de clausura de la Jornada Mundial de la Juventud, en

Queridos jóvenes:

Con la celebración de la Eucaristía llegamos al momento culminante de esta Jornada Mundial de la Juventud. Al veros aquí, venidos en gran número de todas partes, mi corazón se llena de gozo pensando en el afecto especial con el que Jesús os mira. Sí, el Señor os quiere y os llama amigos suyos (cf. Jn15,15). Él viene a vuestro encuentro y desea acompañaros en vuestro camino, para abriros las puertas de una vida plena, y haceros partícipes de su relación íntima con el Padre. Nosotros, por nuestra parte, conscientes de la grandeza de su amor, deseamos corresponder con toda generosidad a esta muestra de predilección con el propósito de compartir también con los demás la alegría que hemos recibido. Ciertamente, son muchos en la actualidad los que se sienten atraídos por la figura de Cristo y desean conocerlo mejor. Perciben que Él es la respuesta a muchas de sus inquietudes personales. Pero, ¿quién es Él realmente? ¿Cómo es posible que alguien que ha vivido sobre la tierra hace tantos años tenga algo que ver conmigo hoy?

En el evangelio que hemos escuchado (cf. Mt 16, 13-20), vemos representados como dos modos distintos de conocer a Cristo. El primero consistiría en un conocimiento externo, caracterizado por la opinión corriente. A la pregunta de Jesús: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?», los discípulos responden: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». Es decir, se considera a Cristo como un personaje religioso más de los ya conocidos. Después, dirigiéndose personalmente a los discípulos, Jesús les pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro responde con lo que es la primera confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo». La fe va más allá de los simples datos empíricos o históricos, y es capaz de captar el misterio de la persona de Cristo en su profundidad.

Pero la fe no es fruto del esfuerzo humano, de su razón, sino que es un don de Dios: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos». Tiene su origen en la iniciativa de Dios, que nos desvela su intimidad y nos invita a participar de su misma vida divina. La fe no proporciona solo alguna información sobre la identidad de Cristo, sino que supone una relación personal con Él, la adhesión de toda la persona, con su inteligencia, voluntad y sentimientos, a la manifestación que Dios hace de sí mismo. Así, la pregunta de Jesús: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?», en el fondo está impulsando a los discípulos a tomar una decisión personal en relación a Él. Fe y seguimiento de Cristo están estrechamente relacionados. Y, puesto que supone seguir al Maestro, la fe tiene que consolidarse y crecer, hacerse más profunda y madura, a medida que se intensifica y fortalece la relación con Jesús, la intimidad con Él. También Pedro y los demás apóstoles tuvieron que avanzar por este camino, hasta que el encuentro con el Señor resucitado les abrió los ojos a una fe plena.

Queridos jóvenes, también hoy Cristo se dirige a vosotros con la misma pregunta que hizo a los apóstoles: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Respondedle con generosidad y valentía, como corresponde a un corazón joven como el vuestro. Decidle: Jesús, yo sé que Tú eres el Hijo de Dios que has dado tu vida por mí. Quiero seguirte con fidelidad y dejarme guiar por tu palabra. Tú me conoces y me amas. Yo me fío de ti y pongo mi vida entera en tus manos. Quiero que seas la fuerza que me sostenga, la alegría que nunca me abandone.

En su respuesta a la confesión de Pedro, Jesús habla de la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia». ¿Qué significa esto? Jesús construye la Iglesia sobre la roca de la fe de Pedro, que confiesa la divinidad de Cristo. Sí, la Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. El mismo Cristo se refiere a ella como «su» Iglesia. No se puede separar a Cristo de la Iglesia, como no se puede separar la cabeza del cuerpo (cf. 1Co 12,12). La Iglesia no vive de sí misma, sino del Señor. Él está presente en medio de ella, y le da vida, alimento y fortaleza.

Queridos jóvenes, permitidme que, como Sucesor de Pedro, os invite a fortalecer esta fe que se nos ha transmitido desde los Apóstoles, a poner a Cristo, el Hijo de Dios, en el centro de vuestra vida. Pero permitidme también que os recuerde que seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.

Tener fe es apoyarse en la fe de tus hermanos, y que tu fe sirva igualmente de apoyo para la de otros. Os pido, queridos amigos, que améis a la Iglesia, que os ha engendrado en la fe, que os ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor. Para el crecimiento de vuestra amistad con Cristo es fundamental reconocer la importancia de vuestra gozosa inserción en las parroquias, comunidades y movimientos, así como la participación en la Eucaristía de cada domingo, la recepción frecuente del sacramento del perdón, y el cultivo de la oración y meditación de la Palabra de Dios.

De esta amistad con Jesús nacerá también el impulso que lleva a dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso allí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto, no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios. Pienso que vuestra presencia aquí, jóvenes venidos de los cinco continentes, es una maravillosa prueba de la fecundidad del mandato de Cristo a la Iglesia: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). También a vosotros os incumbe la extraordinaria tarea de ser discípulos y misioneros de Cristo en otras tierras y países donde hay multitud de jóvenes que aspiran a cosas más grandes y, vislumbrando en sus corazones la posibilidad de valores más auténticos, no se dejan seducir por las falsas promesas de un estilo de vida sin Dios.

Queridos jóvenes, rezo por vosotros con todo el afecto de mi corazón. Os encomiendo a la Virgen María, para que ella os acompañe siempre con su intercesión maternal y os enseñe la fidelidad a la Palabra de Dios. Os pido también que recéis por el Papa, para que, como Sucesor de Pedro, pueda seguir confirmando a sus hermanos en la fe. Que todos en la Iglesia, pastores y fieles, nos acerquemos cada día más al Señor, para que crezcamos en santidad de vida y demos así un testimonio eficaz de que Jesucristo es verdaderamente el Hijo de Dios, el Salvador de todos los hombres y la fuente viva de su esperanza. Amén.

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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo veintidos del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

DETRÁS DE JESÚS

 

         Jesús pasó algún tiempo recorriendo las aldeas de Galilea. Allí vivió los mejores momentos de su vida. La gente sencilla se conmovía ante su mensaje de un Dios bueno y perdonador. Los pobres se sentían defendidos. Los enfermos y desvalidos agradecían a Dios su poder de curar y aliviar su sufrimiento. Sin embargo no se quedó para siempre entre aquellas gentes que lo querían tanto.

         Explicó a sus discípulos su decisión: «tenía que ir a Jerusalén», era necesario anunciar la Buena Noticia de Dios y su proyecto de un mundo más justo, en el centro mismo de la religión judía. Era peligroso. Sabía que «allí iba a padecer mucho». Los dirigentes religiosos y las autoridades del templo lo iban a ejecutar. Confiaba en el Padre: «resucitaría al tercer día».

         Pedro se rebela ante lo que está oyendo. Le horroriza imaginar a Jesús clavado en una cruz. Sólo piensa en un Mesías triunfante. A Jesús todo le tiene que salir bien. Por eso, lo toma aparte y se pone a reprenderle: «No lo permita Dios, Señor. Eso no puede pasarte».

         Jesús reacciona con una dureza inesperada. Este Pedro le resulta desconocido y extraño. No es el que poco antes lo ha reconocido como "Hijo del Dios vivo". Es muy peligroso lo que está insinuando. Por eso lo rechaza con toda su energía: «Apártate de mí Satanás». El texto dice literalmente: «Ponte detrás de mí». Ocupa tu lugar de discípulo y aprende a seguirme. No te pongas delante de mí desviándonos a todos de la voluntad del Padre.

         Jesús quiere dejar las cosas muy claras. Ya no llama a Pedro «piedra» sobre la que edificará su Iglesia; ahora lo llama «piedra» que me hace tropezar y me obstaculiza el camino. Ya no le dice que habla así porque el Padre se lo ha revelado; le hace ver que su planteamiento viene de Satanás.

         La gran tentación de los cristianos es siempre imitar a Pedro: confesar solemnemente a Jesús como "Hijo del Dios vivo" y luego pretender seguirle sin cargar con la cruz. Vivir el Evangelio sin renuncia ni coste alguno. Colaborar en el proyecto del reino de Dios y su justicia sin sentir el rechazo o la persecución. Queremos seguir a Jesús sin que nos pase lo que a él le pasó.

         No es posible. Seguir los pasos de Jesús siempre es peligroso. Quien se decide a ir detrás de él, termina casi siempre envuelto en tensiones y conflictos. Será difícil que conozca la tranquilidad. Sin haberlo buscado, se encontrará cargando con su cruz. Pero se encontrará también con su paz y su amor inconfundible. Los cristianos no podemos ir delante de Jesús sino detrás de él.

 

José Antonio Pagola

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 28 de agosto de 2011
22 Tiempo ordinario (A)
Mateo 16, 21-27


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domingo, 21 de agosto de 2011

ZENIT  nos ofrece por su interés la homilía que el Papa Benedicto XVI no pudo pronunciar, debido a una repentina tormenta, en la Vigilia con los jóvenes en el aeródromo de Cuatro Vientos (Madrid), durante la Jornada Mundial de la Juventud (sábado 20 de Agosto de 2011).

Queridos amigos:

Os saludo a todos, pero en particular a los jóvenes que me han formulado sus preguntas, y les agradezco la sinceridad con que han planteado sus inquietudes, que expresan en cierto modo el anhelo de todos vosotros por alcanzar algo grande en la vida, algo que os dé plenitud y felicidad.

Pero, ¿cómo puede un joven ser fiel a la fe cristiana y seguir aspirando a grandes ideales en la sociedad actual? En el evangelio que hemos escuchado, Jesús nos da una respuesta a esta importante cuestión: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).

Sí, queridos amigos, Dios nos ama. Ésta es la gran verdad de nuestra vida y que da sentido a todo lo demás. No somos fruto de la casualidad o la irracionalidad, sino que en el origen de nuestra existencia hay un proyecto de amor de Dios. Permanecer en su amor significa entonces vivir arraigados en la fe, porque la fe no es la simple aceptación de unas verdades abstractas, sino una relación íntima con Cristo que nos lleva a abrir nuestro corazón a este misterio de amor y a vivir como personas que se saben amadas por Dios.

Si permanecéis en el amor de Cristo, arraigados en la fe, encontraréis, aun en medio de contrariedades y sufrimientos, la raíz del gozo y la alegría. La fe no se opone a vuestros ideales más altos, al contrario, los exalta y perfecciona. Queridos jóvenes, no os conforméis con menos que la Verdad y el Amor, no os conforméis con menos que Cristo.

Precisamente ahora, en que la cultura relativista dominante renuncia y desprecia la búsqueda de la verdad, que es la aspiración más alta del espíritu humano, debemos proponer con coraje y humildad el valor universal de Cristo, como salvador de todos los hombres y fuente de esperanza para nuestra vida. Él, que tomó sobre sí nuestras aflicciones, conoce bien el misterio del dolor humano y muestra su presencia amorosa en todos los que sufren. Estos, a su vez, unidos a la pasión de Cristo, participan muy de cerca en su obra de redención. Además, nuestra atención desinteresada a los enfermos y postergados, siempre será un testimonio humilde y callado del rostro compasivo de Dios.

Queridos amigos, que ninguna adversidad os paralice. No tengáis miedo al mundo, ni al futuro, ni a vuestra debilidad. El Señor os ha otorgado vivir en este momento de la historia, para que gracias a vuestra fe siga resonando su Nombre en toda la tierra.

En esta vigilia de oración, os invito a pedir a Dios que os ayude a descubrir vuestra vocación en la sociedad y en la Iglesia y a perseverar en ella con alegría y fidelidad. Vale la pena acoger en nuestro interior la llamada de Cristo y seguir con valentía y generosidad el camino que él nos proponga.

A muchos, el Señor los llama al matrimonio, en el que un hombre y una mujer, formando una sola carne (cf. Gn 2, 24), se realizan en una profunda vida de comunión. Es un horizonte luminoso y exigente a la vez. Un proyecto de amor verdadero que se renueva y ahonda cada día compartiendo alegrías y dificultades, y que se caracteriza por una entrega de la totalidad de la persona. Por eso, reconocer la belleza y bondad del matrimonio, significa ser conscientes de que solo un ámbito de fidelidad e indisolubilidad, así como de apertura al don divino de la vida, es el adecuado a la grandeza y dignidad del amor matrimonial.

A otros, en cambio, Cristo los llama a seguirlo más de cerca en el sacerdocio o en la vida consagrada. Qué hermoso es saber que Jesús te busca, se fija en ti y con su voz inconfundible te dice también a ti: «¡Sígueme!» (cf. Mc 2,14).

Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares? Santa Teresa de Jesús decía que la oración es «tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (cf. Libro de la vida, 8).

Os invito, pues, a permanecer ahora en la adoración a Cristo, realmente presente en la Eucaristía. A dialogar con Él, a poner ante Él vuestras preguntas y a escucharlo. Queridos amigos, yo rezo por vosotros con toda el alma. Os suplico que recéis también por mí. Pidámosle al Señor en esta noche que, atraídos por la belleza de su amor, vivamos siempre fielmente como discípulos suyos. Amén.

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Publicado por verdenaranja @ 19:35  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el sábado 20 de Agosto de 2011 al Comité organizador de la Jornada Mundial de la Juventud, a quienes encontró en la Nunciatura Apostólica de Madrid, antes de su salida para el Instituto San José y la Vigilia en el aeródromo de Cuatro Vientos.

Queridos amigos:

Me complace recibiros en esta Nunciatura Apostólica para agradeceros vivamente todo lo que habéis llevado a cabo para la organización de esta Jornada Mundial de la Juventud.

Sé muy bien que, desde el momento que se hizo pública la noticia de que la Archidiócesis de Madrid había sido elegida como Sede de esta iniciativa, el Señor Cardenal Antonio María Rouco Varela puso en marcha los trabajos del Comité Organizador Local, en el que, con un profundo sentido eclesial y extraordinario afecto al Vicario de Cristo, han colaborado los responsables de las diversas áreas que se hallan implicadas en un acontecimiento de esta magnitud, coordinados por Monseñor César Augusto Franco Martínez. Solo el amor a la Iglesia y el afán por evangelizar a los jóvenes explican este compromiso tan generoso en tiempo y energías, que dará un abundante fruto apostólico. Durante meses habéis entregado lo mejor de vosotros mismos al servicio de la misión de la Iglesia. Dios os lo premiará con el ciento por uno. No sólo a vosotros, sino a vuestras familias e instituciones, que con abnegación han sostenido vuestra dedicación y esmero. Si, como dice Jesús, ni un vaso de agua dado en su nombre quedará sin recompensa, ¡cuánto más la entrega diaria y permanente a la organización de un hecho eclesial de tanto relieve como el que estamos viviendo! Gracias a cada uno de vosotros.

De igual modo, quiero manifestar mi gratitud a los miembros de la Comisión Mixta, formada por el Arzobispado de Madrid y las Administraciones del Estado, de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de la Villa, que, también desde el inicio de la preparación de esta Jornada Mundial de la Juventud, se constituyó con la mirada puesta en los cientos de miles de jóvenes peregrinos que han llegado a Madrid, ciudad abierta, hermosa y solidaria. Ciertamente, sin esta colaboración solícita, no se habría podido realizar un evento de tanta complejidad y trascendencia. A este respecto, sé bien que las diversas entidades se han puesto a disposición del Comité Organizador Local, sin escatimar esfuerzos y en un clima de amable cooperación, que honra a esta noble Nación y al reconocido espíritu de hospitalidad de los españoles.

La eficacia de esta comisión manifiesta que no solo es posible la colaboración entre la Iglesia y las instituciones civiles, sino que, cuando se orientan al servicio de una iniciativa de tan largo alcance, como es la que nos ocupa, se hace verdad el principio de que el bien integra a todos en la unidad. Por ello, quiero expresar a los representantes de las respectivas Administraciones, que han trabajado denodadamente por el éxito de esta Jornada Mundial, mi más sentido y cordial agradecimiento en nombre de la Iglesia y de los jóvenes que disfrutan en estos días de vuestra acogida y solicitud.

Para todos vosotros, vuestras familias e instituciones, invoco del Señor la abundancia de sus dones. Muchas gracias.

[Copyright 2011 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 19:32  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa dirigió el sábado 20 de Agosto de 2011 a los jóvenes discapacitados y a sus cuidadores de la Fundación “Instituto San José” de Madrid, administrado por la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.

 

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,
Queridos hermanos en el Episcopado,
Queridos sacerdotes y religiosos de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios,
Distinguidas Autoridades,
Queridos jóvenes, familiares y voluntarios aquí presentes

Gracias de corazón por el amable saludo y la cordial acogida que me habéis dispensado.

Esta noche, antes de la vigilia de oración con los jóvenes de todo el mundo que han venido a Madrid para participar en esta Jornada Mundial de la Juventud, tenemos ocasión de pasar algunos momentos juntos y así poder manifestaros la cercanía y el aprecio del Papa por cada uno de vosotros, por vuestras familias y por todas las personas que os acompañan y cuidan en esta Fundación del Instituto San José.

La juventud, lo hemos recordado otras veces, es la edad en la que la vida se desvela a la persona con toda la riqueza y plenitud de sus potencialidades, impulsando la búsqueda de metas más altas que den sentido a la misma. Por eso, cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida joven, quedamos desconcertados y quizá nos preguntemos: ¿Puede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento? A este respecto, en mi encíclica sobre la esperanza cristiana, decía: "La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana" (Spe salvi, 38). Estas palabras reflejan una larga tradición de humanidad que brota del ofrecimiento que Cristo hace de sí mismo en la Cruz por nosotros y por nuestra redención. Jesús y, siguiendo sus huellas, su Madre Dolorosa y los santos son los testigos que nos enseñan a vivir el drama del sufrimiento para nuestro bien y la salvación del mundo.

Estos testigos nos hablan, ante todo, de la dignidad de cada vida humana, creada a imagen de Dios. Ninguna aflicción es capaz de borrar esta impronta divina grabada en lo más profundo del hombre. Y no solo: desde que el Hijo de Dios quiso abrazar libremente el dolor y la muerte, la imagen de Dios se nos ofrece también en el rostro de quien padece. Esta especial predilección del Señor por el que sufre nos lleva a mirar al otro con ojos limpios, para darle, además de las cosas externas que precisa, la mirada de amor que necesita. Pero esto únicamente es posible realizarlo como fruto de un encuentro personal con Cristo. De ello sois muy conscientes vosotros, religiosos, familiares, profesionales de la salud y voluntarios que vivís y trabajáis cotidianamente con estos jóvenes. Vuestra vida y dedicación proclaman la grandeza a la que está llamado el hombre: compadecerse y acompañar por amor a quien sufre, como ha hecho Dios mismo. Y en vuestra hermosa labor resuenan también las palabras evangélicas: "Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25, 40).

Por otro lado, vosotros sois también testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación. Ciertamente, la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los hombres y, por ello, estamos agradecidos al Señor por haberlos conocido.

Queridos amigos, nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando "a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano" (Spe salvi, 40).

Con afecto entrañable, y por intercesión de San José, de San Juan de Dios y de San Benito Menni, os encomiendo de todo corazón a Dios nuestro Señor: que Él sea vuestra fuerza y vuestro premio. De su amor sea signo la Bendición Apostólica que os imparto a vosotros y a todos vuestros familiares y amigos.

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Publicado por verdenaranja @ 19:29  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece la homilía que el Papa pronunció el sábado 20 de Agosto de 2011 en la misa con los seminaristas celebrada en la catedral de la Almudena de Madrid con motivo de la JMJ.

 

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,
Venerados hermanos en el Episcopado,
Queridos sacerdotes y religiosos,
Queridos rectores y formadores,
Queridos seminaristas,
Amigos todos

Me alegra profundamente celebrar la Santa Misa con todos vosotros, que aspiráis a ser sacerdotes de Cristo para el servicio de la Iglesia y de los hombres, y agradezco las amables palabras de saludo con que me habéis acogido. Esta Santa Iglesia Catedral de Santa María La Real de la Almudena es hoy como un inmenso cenáculo donde el Señor celebra con deseo ardiente su Pascua con quienes un día anheláis presidir en su nombre los misterios de la salvación. Al veros, compruebo de nuevo cómo Cristo sigue llamando a jóvenes discípulos para hacerlos apóstoles suyos, permaneciendo así viva la misión de la Iglesia y la oferta del evangelio al mundo. Como seminaristas, estáis en camino hacia una meta santa: ser prolongadores de la misión que Cristo recibió del Padre. Llamados por Él, habéis seguido su voz y atraídos por su mirada amorosa avanzáis hacia el ministerio sagrado. Poned vuestros ojos en Él, que por su encarnación es el revelador supremo de Dios al mundo y por su resurrección es el cumplidor fiel de su promesa. Dadle gracias por esta muestra de predilección que tiene con cada uno de vosotros.

La primera lectura que hemos escuchado nos muestra a Cristo como el nuevo y definitivo sacerdote, que hizo de su existencia una ofrenda total. La antífona del salmo se le puede aplicar perfectamente, cuando, al entrar en el mundo, dirigiéndose a su Padre, dijo: “Aquí estoy para hacer tu voluntad” (cf. Sal 39, 8-9). En todo buscaba agradarle: al hablar y al actuar, recorriendo los caminos o acogiendo a los pecadores. Su vivir fue un servicio y su desvivirse una intercesión perenne, poniéndose en nombre de todos ante el Padre como Primogénito de muchos hermanos. El autor de la carta a los Hebreos afirma que con esa entrega perfeccionó para siempre a los que estábamos llamados a compartir su filiación (cf. Heb 10,14).

La Eucaristía, de cuya institución nos habla el evangelio proclamado (cf. Lc 22,14-20), es la expresión real de esa entrega incondicional de Jesús por todos, también por los que le traicionaban. Entrega de su cuerpo y sangre para la vida de los hombres y para el perdón de sus pecados. La sangre, signo de la vida, nos fue dada por Dios como alianza, a fin de que podamos poner la fuerza de su vida, allí donde reina la muerte a causa de nuestro pecado, y así destruirlo. El cuerpo desgarrado y la sangre vertida de Cristo, es decir su libertad entregada, se han convertido por los signos eucarísticos en la nueva fuente de la libertad redimida de los hombres. En Él tenemos la promesa de una redención definitiva y la esperanza cierta de los bienes futuros. Por Cristo sabemos que no somos caminantes hacia el abismo, hacia el silencio de la nada o de la muerte, sino viajeros hacia una tierra de promisión, hacia Él que es nuestra meta y también nuestro principio.

Queridos amigos, os preparáis para ser apóstoles con Cristo y como Cristo, para ser compañeros de viaje y servidores de los hombres. ¿Cómo vivir estos años de preparación? Ante todo, deben ser años de silencio interior, de permanente oración, de constante estudio y de inserción paulatina en las acciones y estructuras pastorales de la Iglesia. Iglesia que es comunidad e institución, familia y misión, creación de Cristo por su Santo Espíritu y a la vez resultado de quienes la conformamos con nuestra santidad y con nuestros pecados. Así lo ha querido Dios, que no tiene reparo en hacer de pobres y pecadores sus amigos e instrumentos para la redención del género humano. La santidad de la Iglesia es ante todo la santidad objetiva de la misma persona de Cristo, de su evangelio y de sus sacramentos, la santidad de aquella fuerza de lo alto que la anima e impulsa. Nosotros debemos ser santos para no crear una contradicción entre el signo que somos y la realidad que queremos significar.

Meditad bien este misterio de la Iglesia, viviendo los años de vuestra formación con profunda alegría, en actitud de docilidad, de lucidez y de radical fidelidad evangélica, así como en amorosa relación con el tiempo y las personas en medio de las que vivís. Nadie elige el contexto ni a los destinatarios de su misión. Cada época tiene sus problemas, pero Dios da en cada tiempo la gracia oportuna para asumirlos y superarlos con amor y realismo. Por eso, en cualquier circunstancia en la que se halle, y por dura que esta sea, el sacerdote ha de fructificar en toda clase de obras buenas, guardando para ello siempre vivas en su interior las palabras del día de su Ordenación, aquellas con las que se le exhortaba a configurar su vida con el misterio de la cruz del Señor.

Configurarse con Cristo comporta, queridos seminaristas, identificarse cada vez más con Aquel que se ha hecho por nosotros siervo, sacerdote y víctima. Configurarse con Él es, en realidad, la tarea en la que el sacerdote ha de gastar toda su vida. Ya sabemos que nos sobrepasa y no lograremos cumplirla plenamente, pero, como dice san Pablo, corremos hacia la meta esperando alcanzarla (cf.Flp 3,12-14).

Pero Cristo, Sumo Sacerdote, es también el Buen Pastor, que cuida de sus ovejas hasta dar la vida por ellas (cf. Jn 10,11). Para imitar también en esto al Señor, vuestro corazón ha de ir madurando en el Seminario, estando totalmente a disposición del Maestro. Esta disponibilidad, que es don del Espíritu Santo, es la que inspira la decisión de vivir el celibato por el Reino de los cielos, el desprendimiento de los bienes de la tierra, la austeridad de vida y la obediencia sincera y sin disimulo.

Pedidle, pues, a Él, que os conceda imitarlo en su caridad hasta el extremo para con todos, sin rehuir a los alejados y pecadores, de forma que, con vuestra ayuda, se conviertan y vuelvan al buen camino. Pedidle que os enseñe a estar muy cerca de los enfermos y de los pobres, con sencillez y generosidad. Afrontad este reto sin complejos ni mediocridad, antes bien como una bella forma de realizar la vida humana en gratuidad y en servicio, siendo testigos de Dios hecho hombre, mensajeros de la altísima dignidad de la persona humana y, por consiguiente, sus defensores incondicionales. Apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia. Puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia.

Alentados por vuestros formadores, abrid vuestra alma a la luz del Señor para ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo las disposiciones de la Iglesia.

Con esa confianza, aprended de Aquel que se definió a sí mismo como manso y humilde de corazón, despojándoos para ello de todo deseo mundano, de manera que no os busquéis a vosotros mismos, sino que con vuestro comportamiento edifiquéis a vuestros hermanos, como hizo el santo patrono del clero secular español, san Juan de Ávila. Animados por su ejemplo, mirad, sobre todo, a la Virgen María, Madre de los sacerdotes. Ella sabrá forjar vuestra alma según el modelo de Cristo, su divino Hijo, y os enseñará siempre a custodiar los bienes que Él adquirió en el Calvario para la salvación del mundo. Amén.

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sábado, 20 de agosto de 2011

ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 19 de Agosto de 2011 a los jóvenes al concluir el rezo del Via Crucis, enla Plaza de Cibeles de Madrid.

Queridos jóvenes:

Con piedad y fervor hemos celebrado este Vía Crucis, acompañando a Cristo en su Pasión y Muerte. Los comentarios de las Hermanitas dela Cruz, que sirven a los más pobres y menesterosos, nos han facilitado adentrarnos en el misterio dela Cruzgloriosa de Cristo, que contiene la verdadera sabiduría de Dios, la que juzga al mundo y a los que se creen sabios (cf. 1 Co 1,17-19). También nos ha ayudado en este itinerario hacia el Calvario la contemplación de estas extraordinarias imágenes del patrimonio religioso de las diócesis españolas. Son imágenes donde la fe y el arte se armonizan para llegar al corazón del hombre e invitarle a la conversión. Cuando la mirada de la fe es limpia y auténtica, la belleza se pone a su servicio y es capaz de representar los misterios de nuestra salvación hasta conmovernos profundamente y transformar nuestro corazón, como sucedió a Santa Teresa de Jesús al contemplar una imagen de Cristo muy llagado (cf. Libro de la vida, 9,1).

Mientras avanzábamos con Jesús, hasta llegar a la cima de su entrega en el Calvario, nos venían a la mente las palabras de san Pablo: «Cristo me amó y se entregó por mí» (Gál 2,20). Ante un amor tan desinteresado, llenos de estupor y gratitud, nos preguntamos ahora: ¿Qué haremos nosotros por él? ¿Qué respuesta le daremos? San Juan lo dice claramente: «En esto hemos conocido el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos» (1 Jn 3,16). La pasión de Cristo nos impulsa a cargar sobre nuestros hombros el sufrimiento del mundo, con la certeza de que Dios no es alguien distante o lejano del hombre y sus vicisitudes. Al contrario, se hizo uno de nosotros «para poder compadecer Él mismo con el hombre, de modo muy real, en carne y sangre… Por eso, en cada pena humana ha entrado uno que comparte el sufrir y padecer; de ahí se difunde en cada sufrimiento la con-solatio, el consuelo del amor participado de Dios y así aparece la estrella de la esperanza» (Spe salvi, 39).

Queridos jóvenes, que el amor de Cristo por nosotros aumente vuestra alegría y os aliente a estar cerca de los menos favorecidos. Vosotros, que sois muy sensibles a la idea de compartir la vida con los demás, no paséis de largo ante el sufrimiento humano, donde Dios os espera para que entreguéis lo mejor de vosotros mismos: vuestra capacidad de amar y de compadecer. Las diversas formas de sufrimiento que, a lo largo del Vía Crucis, han desfilado ante nuestros ojos son llamadas del Señor para edificar nuestras vidas siguiendo sus huellas y hacer de nosotros signos de su consuelo y salvación. «Sufrir con el otro, por los otros, sufrir por amor de la verdad y de la justicia; sufrir a causa del amor y con el fin de convertirse en una persona que ama realmente, son elementos fundamentales de la humanidad, cuya pérdida destruiría al hombre mismo» (ibid.).

Que sepamos acoger estas lecciones y llevarlas a la práctica. Miremos para ello a Cristo, colgado en el áspero madero, y pidámosle que nos enseñe esta sabiduría misteriosa de la cruz, gracias a la cual el hombre vive. La cruz no fue el desenlace de un fracaso, sino el modo de expresar la entrega amorosa que llega hasta la donación más inmensa de la propia vida. El Padre quiso amar a los hombres en el abrazo de su Hijo crucificado por amor. La cruz en su forma y significado representa ese amor del Padre y de Cristo a los hombres. En ella reconocemos el icono del amor supremo, en donde aprendemos a amar lo que Dios ama y como Él lo hace: esta esla Buena Noticiaque devuelve la esperanza al mundo.

Volvamos ahora nuestros ojos ala Virgen María, que en el Calvario nos fue entregada como Madre, y supliquémosle que nos sostenga con su amorosa protección en el camino de la vida, en particular cuando pasemos por la noche del dolor, para que alcancemos a mantenernos como Ella firmes al pie de la cruz.

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Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 19 de Agosto de 2011 a un nutrido grupo de profesores universitarios participantes enla JMJ, reunidos en la basílica del Monasterio del Escorial.

Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,
Queridos Hermanos en el Episcopado,
Queridos Padres Agustinos,
Queridos Profesores y Profesoras,
Distinguidas Autoridades,
Amigos todos

Esperaba con ilusión este encuentro con vosotros, jóvenes profesores de las universidades españolas, que prestáis una espléndida colaboración en la difusión de la verdad, en circunstancias no siempre fáciles. Os saludo cordialmente y agradezco las amables palabras de bienvenida, así como la música interpretada, que ha resonado de forma maravillosa en este monasterio de gran belleza artística, testimonio elocuente durante siglos de una vida de oración y estudio. En este emblemático lugar, razón y fe se han fundido armónicamente en la austera piedra para modelar uno de los monumentos más renombrados de España.

Saludo también con particular afecto a aquellos que en estos días habéis participado en Ávila en el Congreso Mundial de Universidades Católicas, bajo el lema: "Identidad y misión dela Universidad Católica".

Al estar entre vosotros, me vienen a la mente mis primeros pasos como profesor enla Universidadde Bonn. Cuando todavía se apreciaban las heridas de la guerra y eran muchas las carencias materiales, todo lo suplía la ilusión por una actividad apasionante, el trato con colegas de las diversas disciplinas y el deseo de responder a las inquietudes últimas y fundamentales de los alumnos. Esta "universitas" que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese "ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes" (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición dela Universidad.

En el lema de la presente Jornada Mundial dela Juventud: "Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe" (cf. Col 2, 7), podéis también encontrar luz para comprender mejor vuestro ser y quehacer. En este sentido, y como ya escribí en el Mensaje a los jóvenes como preparación para estos días, los términos "arraigados, edificados y firmes" apuntan a fundamentos sólidos para la vida (cf. n. 2).

Pero, ¿dónde encontrarán los jóvenes esos puntos de referencia en una sociedad quebradiza e inestable? A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yola Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano.

En efecto,la Universidadha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuerala Iglesiaquien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad.La Universidadencarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor.

He ahí vuestra importante y vital misión. Sois vosotros quienes tenéis el honor y la responsabilidad de transmitir ese ideal universitario: un ideal que habéis recibido de vuestros mayores, muchos de ellos humildes seguidores del Evangelio y que en cuanto tales se han convertido en gigantes del espíritu. Debemos sentirnos sus continuadores en una historia bien distinta de la suya, pero en la que las cuestiones esenciales del ser humano siguen reclamando nuestra atención e impulsándonos hacia adelante. Con ellos nos sentimos unidos a esa cadena de hombres y mujeres que se han entregado a proponer y acreditar la fe ante la inteligencia de los hombres. Y el modo de hacerlo no solo es enseñarlo, sino vivirlo, encarnarlo, como también el Logos se encarnó para poner su morada entre nosotros. En este sentido, los jóvenes necesitan auténticos maestros; personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: "Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos" (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes, y no simplemente unas técnicas instrumentales y anónimas, o unos datos fríos, usados sólo funcionalmente.

Por tanto, os animo encarecidamente a no perder nunca dicha sensibilidad e ilusión por la verdad; a no olvidar que la enseñanza no es una escueta comunicación de contenidos, sino una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación. Sed para ellos estímulo y fortaleza.

Para esto, es preciso tener en cuenta, en primer lugar, que el camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues "no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor" (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador.

En segundo lugar, hay que considerar que la verdad misma siempre va a estar más allá de nuestro alcance. Podemos buscarla y acercarnos a ella, pero no podemos poseerla del todo: más bien, es ella la que nos posee a nosotros y la que nos motiva. En el ejercicio intelectual y docente, la humildad es asimismo una virtud indispensable, que protege de la vanidad que cierra el acceso a la verdad. No debemos atraer a los estudiantes a nosotros mismos, sino encaminarlos hacia esa verdad que todos buscamos. A esto os ayudará el Señor, que os propone ser sencillos y eficaces como la sal, o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido (cf. Mt 5,13-15).

Todo esto nos invita a volver siempre la mirada a Cristo, en cuyo rostro resplandecela Verdadque nos ilumina, pero que también es el Camino que lleva a la plenitud perdurable, siendo Caminante junto a nosotros y sosteniéndonos con su amor. Arraigados en Él, seréis buenos guías de nuestros jóvenes. Con esa esperanza, os pongo bajo el amparo dela Virgen María, Trono dela Sabiduría, para que Ella os haga colaboradores de su Hijo con una vida colmada de sentido para vosotros mismos y fecunda en frutos, tanto de conocimiento como de fe, para vuestros alumnos.

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Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Habla el Papa
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ZENIT  nos ofrece el discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió el viernes 19 de Agosto de 2011 a las jóvenes religiosas, de congregaciones tanto activas como contemplativas, en el Patio de los Reyes del Monasterio de El Escorial.

Queridas jóvenes religiosas:

Dentro de la Jornada Mundial de la Juventud que estamos celebrando en Madrid, es un gozo grande poder encontrarme con vosotras, que habéis consagrado vuestra juventud al Señor, y os doy las gracias por el amable saludo que me habéis dirigido. Agradezco al Señor Cardenal Arzobispo de Madrid que haya previsto este encuentro en un marco tan evocador como es el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Si su célebre Biblioteca custodia importantes ediciones dela Sagrada Escrituray de Reglas monásticas de varias familias religiosas, vuestra vida de fidelidad a la llamada recibida es también una preciosa manera de guardarla Palabradel Señor que resuena en vuestras formas de espiritualidad.

Queridas hermanas, cada carisma es una palabra evangélica que el Espíritu Santo recuerda a su Iglesia (cf. Jn 14, 26). No en vano,la Vida Consagrada«nace de la escucha dela Palabrade Dios y acoge el Evangelio como su norma de vida. En este sentido, el vivir siguiendo a Cristo casto, pobre y obediente, se convierte en "exégesis" viva dela Palabrade Dios... De ella ha brotado cada carisma y de ella quiere ser expresión cada regla, dando origen a itinerarios de vida cristiana marcados por la radicalidad evangélica» (Exh. apostólica Verbum Domini, 83).

La radicalidad evangélica es estar "arraigados y edificados en Cristo, y firmes en la fe" (cf. Col, 2,7), que enla Vida Consagradasignifica ir a la raíz del amor a Jesucristo con un corazón indiviso, sin anteponer nada a ese amor (cf. San Benito, Regla, IV, 21), con una pertenencia esponsal como la han vivido los santos, al estilo de Rosa de Lima y Rafael Arnáiz, jóvenes patronos de esta Jornada Mundial dela Juventud. Elencuentro personal con Cristo que nutre vuestra consagración debe testimoniarse con toda su fuerza transformadora en vuestras vidas; y cobra una especial relevancia hoy, cuando «se constata una especie de "eclipse de Dios", una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza» (Mensaje parala XXVI JornadaMundial dela Juventud 2011, 1). Frente al relativismo y la mediocridad, surge la necesidad de esta radicalidad que testimonia la consagración como una pertenencia a Dios sumamente amado.

Dicha radicalidad evangélica dela Vida Consagradase expresa en la comunión filial conla Iglesia, hogar de los hijos de Dios que Cristo ha edificado. La comunión con los Pastores, que en nombre del Señor proponen el depósito de la fe recibido a través de los Apóstoles, del Magisterio dela Iglesiay de la tradición cristiana. La comunión con vuestra familia religiosa, custodiando su genuino patrimonio espiritual con gratitud, y apreciando también los otros carismas. La comunión con otros miembros dela Iglesiacomo los laicos, llamados a testimoniar desde su vocación específica el mismo evangelio del Señor.

Finalmente, la radicalidad evangélica se expresa en la misión que Dios ha querido confiaros. Desde la vida contemplativa que acoge en sus claustrosla Palabrade Dios en silencio elocuente y adora su belleza en la soledad por Él habitada, hasta los diversos caminos de vida apostólica, en cuyos surcos germina la semilla evangélica en la educación de niños y jóvenes, el cuidado de los enfermos y ancianos, el acompañamiento de las familias, el compromiso a favor de la vida, el testimonio de la verdad, el anuncio de la paz y la caridad, la labor misionera y la nueva evangelización, y tantos otros campos del apostolado eclesial.

Queridas hermanas, este es el testimonio de la santidad a la que Dios os llama, siguiendo muy de cerca y sin condiciones a Jesucristo en la consagración, la comunión y la misión.La Iglesianecesita de vuestra fidelidad joven arraigada y edificada en Cristo. Gracias por vuestro "sí" generoso, total y perpetuo a la llamada del Amado. Quela Virgen Maríasostenga y acompañe vuestra juventud consagrada, con el vivo deseo de que interpele, aliente e ilumine a todos los jóvenes.

Con estos sentimientos, pido a Dios que recompense copiosamente la generosa contribución dela Vida Consagradaa esta Jornada Mundial dela Juventud, y en su nombre os bendigo de todo corazón. Muchas gracias.

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Publicado por verdenaranja @ 23:10  | Habla el Papa
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Reflexión a las lecturas del domingo veintiuno del Tiempo Ordinario- A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 21º del T. Ordinario A.

 

La noticia más importante de estos días es la presencia en Madrid del Papa, Benedicto XVI, para la Jornada Mundial de la Juventud.

Este acontecimiento eclesial ha traído a la Capital de España como una especie de “tsunami” de entusiasmo y de alegría desbordantes y contagiosos de miles y miles de jóvenes de todo el mundo. Su testimonio y su recuerdo será algo imborrable… La alegría, junto al  buen comportamiento, en efecto,  es un testimonio muy importante y valioso de los cristianos que acogen el Reino de Dios como Evangelio, es decir, como Buena Noticia. Y la gente ha descubierto en estos chicos y chicas algo especial, que les distingue de los demás. Ellos no ocultan su condición de cristianos y su interés por ver al Papa, por escucharle y aclamarle…

Y todo eso ¿Por qué? ¿Qué significa todo eso?

Es que esta multitud de jóvenes, como todos católicos, consideramos a los obispos,  sucesores de los Apóstoles y al Papa, sucesor de Pedro.

Y he aquí que las lecturas de la Palabra de Dios de este domingo centran nuestra atención, precisamente, en el ministerio de Pedro y de sus sucesores. Antes era el Papa Juan Pablo II, que fue abriendo y trazando poco a poco el camino de estos encuentros internacionales… Ahora es el Papa Benedicto XVI, el que preside y anima estos encuentros que parecen ya consolidados… Cambian los nombres pero continúa el ministerio de Simón, el hijo de Jonás, a quien Jesucristo cambia su nombre y su vida llamándole Pedro.

Cuántas gracias tenemos que dar al Señor que nos ha concedido el gran regalo de celebrar en España la XXVI Jornada Mundial de la Juventud.

Los ecos de este gran  acontecimiento que llegan y resuenan en el mundo entero, encuentran en la Liturgia de este domingo su explicita-ción y su fundamento.

Y en cada comunidad cristiana, la celebración festiva de este domingo nos impulsa  a la escucha, la reflexión y la contemplación de la doctrina acerca del ministerio apostólico del Sucesor de Pedro. Y, al mismo tiempo, alaba y da gracias al Padre reconociendo que “sus decisiones son insondables e irrastreables sus caminos” (2ª Lect..), y ora incesantemente a Dios por él. (Hch 12, 5).

Las frases en rojo que encabezan las lecturas de cada día, indican lo que la Iglesia, Madre y Maestra, quiere subrayar. Así, este domingo, lo que se quiere destacar en la primera lectura es: “Colgaré de su hombro la llave del palacio de David”. En el texto del Evangelio,  “Tú eres Pedro. Te daré las llaves del Reino de los Cielos” y en la segunda lectura, “El es el origen, guía y meta del Universo”.

Todos sabemos la importancia que tienen los cimientos en una casa o cualquier edificio. Ya el Señor nos habla en una ocasión de aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca y del hombre necio a quien se le ocurre construir una casa sin cimentación, sobre arena… (Mt 7,24-29)

Y Jesús, que es el hombre infinitamente prudente, porque es el es el Hijo de Dios”, ¿cómo edificará  “la Casa de Dios, que es la Iglesia del Dios vivo, columna y fundamento de la verdad?” (1Tim 3,15) ¿Sobre roca o sobre arena?

S. Pablo nos enseña que estamos “edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular…”  (Ef 2,20).

Y con el fin de que los sucesores de los apóstoles, los obispos, fueran una sola cosa y no estuvieran divididos, “puso a Pedro al frente de los demás Apóstoles  e instituyó en él para siempre el principio y fundamento, perpetuo y visible, de la unidad de la fe y de la comunión”. (Cfr. L. G. 18)

Por eso, en aquel contexto rocoso de Cesarea de Filipo, se produce una doble e impresionante revelación: la que hace el Padre, a través de Simón Pedro, acerca de Jesucristo a quien proclama “el  Mesías, el Hijo del Dios vivo” y la  que hace Jesús sobre su Iglesia que va a ser edificada sobre Pedro. Y también sobre sus sucesores porque la Iglesia tiene  vocación de continuidad…  Tiene que permanecer, firme y luminosa, hasta la Vuelta gloriosa del Señor…  Ni siquiera “el  poder del infierno”  la derrotará.

Y entre los signos que señalan esa misión se subraya hoy “el poder de las llaves”.

Ya sabemos lo que significan unas llaves. Nos convierten, por ejemplo, en  dueños o administradores de una casa…

Y el Señor Jesús le dice a Simón Pedro: “Te daré las llaves del Reino de los Cielos…”

En la primera lectura escuchamos su significado: “Colgaré de su hombro la llave del palacio de David: Lo que él abra nadie lo cerrará. Lo que él cierre nadie lo abrirá”.

Cuántas cosas podíamos continuar diciendo…, pero no tenemos espacio para más…

En
medio de esta experiencia gozosa e impresionante de Iglesia que estamos viviendo estos días, y, conscientes de la fragilidad de todo lo humano, pedimos a Dios Padre una y otra vez: “Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos”. (Sal. resp.).

 

Junto a estas reflexiones, les hago llegar mi saludo más cordial, con mis mejores deseos. ¡Feliz Día del Señor!


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viernes, 19 de agosto de 2011

ZENIT  publica las respuestas de Benedicto XVI a las preguntas de los periodistas en el avión hacia Madrid, en la mañana del jueves, 18 de Agosto de 2011, para participar en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).

 

--La de Madrid constituye la vigesimosexta JMJ. Al inicio de su pontificado, nos preguntábamos si usted continuaría en el surco de su predecesor. ¿Cómo ve el significado de estos acontecimientos en la estrategia pastoral de la Iglesia universal?

--Benedicto XVI: Queridos amigos, buenos días. Estoy encantado de viajar con vosotros a España con motivo de este gran acontecimiento. Después de dos JMJ vividas personalmente, puedo decir que era verdaderamente una inspiración que ha sido donada por el papa Juan Pablo II, cuando creó esta realidad: un gran encuentro de los jóvenes del mundo con el Señor. Diría que estas JMJ son un signo, una cascada de luz, dan visibilidad a la fe, visibilidad a la presencia de Dios en el mundo, y dan así la valentía para ser creyentes. Con frecuencia, los creyentes se sienten aislados en este mundo, casi perdidos. Aquí ven que no están solos, que hay una gran red de fe, una gran comunidad de creyentes del mundo, que es hermoso vivir en esta amistad universal, y de este modo nacen amistades que superan las fronteras de las diferentes culturas, de los diferentes países. El nacimiento de una red universal de amistad que une al mundo con Dios es una importante realidad para el futuro de la humanidad, para la vida de la humanidad de hoy. Naturalmente la JMJ no puede ser un acontecimiento aislado, forma parte de un camino más grande. Debe ser preparado este camino de la cruz que transmigra a diferentes países e involucra a los jóvenes con el signo de la cruz y el signo de la imagen de la Virgen. De este modo la preparación de la JMJ, mucho más que una preparación técnica, y es un acontecimiento con muchos problemas técnicos, es una preparación interior, un ponerse en camino hacia los demás y, juntos, hacia Dios. Y así se crean grupos de amistad. Este contacto universal abre las fronteras de las culturas y de los contrastes humanos y religiosos, y de este modo se convierte en un camino continuo, que después lleva a una nueva cumbre, una nueva JMJ. Me parece que la JMJ debe considerarse en este sentido como un signo, como una parte de un gran camino, crea amistades, abre fronteras, hace visible que es bello estar con Dios, que Dios está con nosotros. En este sentido, queremos seguir con esta gran idea del beato papa Juan Pablo II.

--Europa y el mundo occidental viven una crisis económica profunda, que manifiesta también señales de una grave crisis social y moral, de gran incertidumbre para el futuro, particularmente dolorosa para los jóvenes. ¿Qué mensajes puede ofrecer la Iglesia para dar esperanza y aliento a los jóvenes del mundo?

--Benedicto XVI: Se confirma en la crisis actual económica lo que ya se ha visto en la gran crisis precedente: la dimensión ética no es algo exterior a los problemas económicos, sino una dimensión interior y fundamental. La economía no funciona sólo con una auto-reglamentación mercantil, sino que tiene necesidad de una razón ética para funcionar para el hombre. Puede constatarse lo que ya había dicho en su primera encíclica social Juan Pablo II: el hombre debe ponerse en el centro de la economía y que la economía no debe medirse según el máximo beneficio, sino según el bien de todos e incluye la responsabilidad por el otro, y funciona verdaderamente bien sólo si funciona de una manera humana en el respeto del otro, en sus diferentes dimensiones: responsabilidad con la propia nación, y no sólo consigno mismo, responsabilidad con el mundo. La nación no está aislada, ni siquiera Europa está aislada, sino que es responsable de toda la humanidad y debe pensar siempre en afrontar los problemas económicos con esta clave de responsabilidad, en particular con las demás partes del mundo, con las que sufren, tienen sed y hambre, y no tienen futuro. Y, por tanto, tercera dimensión de esta responsabilidad es la responsabilidad con el futuro: sabemos que tenemos que proteger nuestro planeta, pero tenemos que proteger el funcionamiento del servicio del trabajo económico para todos y pensar que el mañana es también el hoy. Si los jóvenes de hoy no encuentran perspectivas en su vida también nuestro hoy está equivocado, está mal. Por tanto, la Iglesia con su doctrina social, con su doctrina sobre la responsabilidad ante Dios, abre la capacidad a renunciar al máximo beneficio y a ver en las realidades la dimensión humanística y religiosa, es decir, estamos hechos el uno para el otro y de este modo es posible también abrir caminos, como sucede con el gran número de voluntarios que trabajan en diferentes partes del mundo no para sí, sino para los demás, y encuentran así el sentido de la propia vida. Esto se puede lograr con una educación en los grandes objetivos, como trata de hacer la Iglesia. Esto es fundamental para nuestro futuro.

--Quería preguntarle cuál es la relación entre verdad y multiculturalidad. La insistencia en la única Verdad que es Cristo, ¿puede ser un problema para los jóvenes de hoy?

--Benedicto XVI: La relación entre verdad e intolerancia, monoteísmo e incapacidad de diálogo con los demás, es un argumento que con frecuencia vuelve al debate sobre el cristianismo de hoy. Y naturalmente es verdad que en la historia se han dado también abusos, tanto del concepto de verdad como del concepto de monoteísmo. Se han dado abusos, pero la realidad es totalmente diferente, pues la verdad sólo es accesible en la libertad. Se pueden imponer con la violencia los comportamientos, las observancias, actividades, per no la verdad. La verdad se abre sólo al consentimiento libre y, por este motivo, libertad y verdad están íntimamente unidas, una es condición de la otra. Por lo demás, buscamos la verdad, los valores auténticos, que dan vida al futuro. Sin duda, no queremos la mentira, no queremos el positivismo de normas impuestas con una cierta fuerza. Sólo los auténticos valores llevan al futuro y es necesario por tanto buscar los valores auténticos y no dejarlos al arbitrio de algunos, no dejar que se imponga una razón positivista que nos dice que no hay una verdad racional sobre los problemas éticos y los grandes problemas del hombre. Esto significa exponer el hombre al arbitrio de cuantos tienen el poder. Tenemos que ponernos siempre en búsqueda de la verdad, de los valores, tenemos derechos humanos fundamentales. Los derechos fundamentales son conocidos y reconocidos, y precisamente esto nos pone en diálogo el uno con el otro. La verdad como tal es dialogante, pues busca conocer mejor, comprender mejor, y lo hace en diálogo con los demás. De este modo, buscar la verdad y la dignidad del hombre es la mejor defensa de la libertad.

--¿Qué hay que hacer para que la experiencia positiva de la JMJ continúe en la vida de cada día?

--Benedicto XVI: La siembra de Dios siempre es silenciosa, no aparece inmediatamente en las estadísticas, y esa semilla que el Señor siembra con la JMJ es como la semilla de la que habla el Evangelio: una parte cae en el camino y se pierde; una parte cae en la piedra y se pierde; una parte cae en las espinas y se pierde; pero una parte cae en tierra buena y da mucho fruto. Esto es precisamente lo que sucede con la siembra de la JMJ: mucho se pierde y esto es humano. Con otras palabras del Señor, la semilla de mostaza es pequeña, pero crece y se convierte en un gran árbol. Ciertamente se pierde mucho, no podemos decir que a partir de mañana recomienza un gran crecimiento de la Iglesia. Dios no actúa así. Crece en silencio. Sé que otras JMJ han suscitado tantas amistades, amistades para la vida; tantas nuevas experiencias de que Dios existe. Y nosotros confiamos en este crecimiento silencioso, y estamos seguros de que, aunque las estadísticas no hablen mucho de ello, realmente crece la semilla del Señor. Y para muchas personas será el inicio de una amistad con Dios y con los demás, de una universalidad de pensamiento, de una responsabilidad común que realmente muestra que estos días dan fruto.

[Traducción a partir del una transcripción periodística de trabajo realizada por Jesús Colina]


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ZENIT  nos ofrece el saludo que Benedicto XVI pronunció el jueves 18 de Agosto de 2011 por la tarde durante la fiesta de acogida de los jóvenes de la Jornada Mundial

 

Queridos jóvenes amigos

Es una inmensa alegría encontrarme aquí con vosotros, en el centro de esta bella ciudad de Madrid, cuyas llaves ha tenido la amabilidad de entregarme el Señor Alcalde. Hoy es también capital de los jóvenes del mundo y donde toda la Iglesia tiene puestos sus ojos. El Señor nos ha congregado para vivir en estos días la hermosa experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud. Con vuestra presencia y la participación en las celebraciones, el nombre de Cristo resonará por todos los rincones de esta ilustre Villa. Y recemos para que su mensaje de esperanza y amor tenga eco también en el corazón de los que no creen o se han alejado de la Iglesia. Muchas gracias por la espléndida acogida que me habéis dispensado al entrar en la ciudad, signo de vuestro amor y cercanía al Sucesor de Pedro.

Saludo al Señor Cardenal Stanislaw Rylko, Presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, y a sus colaboradores en ese Dicasterio, agradeciendo todo el trabajo realizado. Asimismo, doy las gracias al Señor Cardenal Antonio María Rouco Varela, Arzobispo de Madrid, por sus amables palabras y el esfuerzo de su archidiócesis, junto con las demás diócesis de España, en preparar esta Jornada Mundial de la Juventud, para la que se ha trabajado con generosidad también en tantas otras Iglesias particulares del mundo entero. Agradezco a las autoridades nacionales, autonómicas y locales su amable presencia y su generosa colaboración para el buen desarrollo de este gran acontecimiento. Gracias a los hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, seminaristas, personas consagradas y fieles que están aquí presentes y han venido acompañando a los jóvenes para vivir estos días intensos de peregrinación al encuentro con Cristo. A todos os saludo cordialmente en el Señor y os reitero que es una gran dicha estar aquí con todos vosotros. Que la llama del amor de Cristo nunca se apague en vuestros corazones.

[En francés, dijo:]

Queridos jóvenes de lengua francesa. Os felicito porque habéis venido en gran número a este encuentro de Madrid. Sed bienvenidos a las Jornadas Mundiales de la Juventud. Tenéis interrogantes y buscáis respuestas. Es bueno buscar siempre. Buscar sobre todo la Verdad que no es una idea, una ideología o un eslogan, sino una Persona, Cristo, Dios mismo que ha venido entre los hombres. Tenéis razón de querer enraizar vuestra fe en Él, y fundar vuestra vida en Cristo. Él os ama desde siempre y os conoce mejor que nadie. Que estas jornadas llenas de oración, enseñanza y encuentros, os ayuden a descubrirlo para amarlo más. Que Cristo os acompañe durante este tiempo intenso en el que todos juntos lo celebreramos y le rezaremos.

[En inglés, dijo:]

Dirijo un saludo afectuoso a los numerosos jóvenes de lengua inglesa que han venido a Madrid. Que estos días de oración, amistad y celebración os acerquen entre vosotros y al Señor Jesús. Poned en Cristo el fundamento de vuestras vidas. Arraigados y edificados en él, firmes en la fe y abiertos al poder del Espíritu, encontraréis vuestro puesto en el plan de Dios y enriqueceréis a la Iglesia con vuestros dones. Recemos unos por otros, para que hoy y siempre seamos testigos gozosos de Cristo. Que Dios os bendiga.

[En alemán, dijo:]

Queridos jóvenes de lengua alemana. Os saludo con afecto y me alegra que hayáis venido en tan gran número. En estos días, juntos confesaremos, profundizaremos y transmitiremos nuestra fe en Cristo. Tendremos nuevamente esta experiencia: es Él quien da verdadero sentido a nuestra vida. Abramos nuestro corazón a Cristo. Que aquí en Madrid Él nos conceda un tiempo colmado de gozo y bendición.

[En italiano, dijo:]

Queridos jóvenes italianos. Os saludo con gran afecto y me alegro por vuestra participación tan numerosa, animada por el gozo de la fe. Vivid estos días con espíritu de oración intensa y de fraternidad, dando testimonio de la vitalidad de la Iglesia en Italia, de las parroquias, asociaciones, movimientos. Compartid con todos esta riqueza. Gracias.

[En portugués, dijo:]

Queridos jóvenes de los diversos países de lengua oficial portuguesa, y todos cuantos os acompañan, sed bienvenidos a Madrid. Os saludo con gran amistad y os invito a subir hasta la fuente eterna de vuestra juventud y conocer al protagonista absoluto de esta Jornada Mundial y, espero, de vuestra vida: Cristo Señor. En estos días, escucharéis resonar personalmente su Palabra. Dejad que esta Palabra entre y eche raíces en vuestros corazones y, sobre ella, edificad vuestra vida. Firmes en la fe, seréis un eslabón en la gran cadena de los fieles. No se puede creer sin estar amparado por la fe de los demás, y con mi fe contribuyo también a ayudar la fe de los demás. La Iglesia necesita de vosotros y vosotros tenéis necesidad de la Iglesia.

[En polaco, dijo:]

Saludo a los jóvenes procedentes de Polonia, compatriotas del Beato Juan Pablo II, el iniciador de las Jornadas Mundiales de la Juventud. Me alegra que estéis aquí en Madrid. Os deseo unos días felices, días de oración y de fortalecimiento de vuestros lazos con Jesús. Que os guíe el Espíritu de Dios.

[Copyright 2011- Libreria Editrice Vaticana]

 [Copyright 2011- Libreria Editrice Vaticana]


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ZENIT   nos ofrece el discurso que Benedicto XVI pronunció el jueves  18 de Agosto de 2011por la tarde durante la fiesta de acogida de los jóvenes de la Jornada Mundial de la Juventud, celebrada en la Plaza de Cibeles de Madrid.

Queridos amigos:

Agradezco las cariñosas palabras que me han dirigido los jóvenes representantes de los cinco continentes. Y saludo con afecto a todos los que estáis aquí congregados, jóvenes de Oceanía, África, América, Asia y Europa; y también a los que no pudieron venir. Siempre os tengo muy presentes y rezo por vosotros. Dios me ha concedido la gracia de poder veros y oíros más de cerca, y de ponernos juntos a la escucha de su Palabra.

En la lectura que se ha proclamado antes, hemos oído un pasaje del Evangelio en que se habla de acoger las palabras de Jesús y de ponerlas en práctica. Hay palabras que solamente sirven para entretener, y pasan como el viento; otras instruyen la mente en algunos aspectos; las de Jesús, en cambio, han de llegar al corazón, arraigar en él y fraguar toda la vida. Sin esto, se quedan vacías y se vuelven efímeras. No nos acercan a Él. Y, de este modo, Cristo sigue siendo lejano, como una voz entre otras muchas que nos rodean y a las que estamos tan acostumbrados. El Maestro que habla, además, no enseña lo que ha aprendido de otros, sino lo que Él mismo es, el único que conoce de verdad el camino del hombre hacia Dios, porque es Él quien lo ha abierto para nosotros, lo ha creado para que podamos alcanzar la vida auténtica, la que siempre vale la pena vivir en toda circunstancia y que ni siquiera la muerte puede destruir. El Evangelio prosigue explicando estas cosas con la sugestiva imagen de quien construye sobre roca firme, resistente a las embestidas de las adversidades, contrariamente a quien edifica sobre arena, tal vez en un paraje paradisíaco, podríamos decir hoy, pero que se desmorona con el primer azote de los vientos y se convierte en ruinas.

Queridos jóvenes, escuchad de verdad las palabras del Señor para que sean en vosotros «espíritu y vida» (Jn 6,63), raíces que alimentan vuestro ser, pautas de conducta que nos asemejen a la persona de Cristo, siendo pobres de espíritu, hambrientos de justicia, misericordiosos, limpios de corazón, amantes de la paz. Hacedlo cada día con frecuencia, como se hace con el único Amigo que no defrauda y con el que queremos compartir el camino de la vida. Bien sabéis que, cuando no se camina al lado de Cristo, que nos guía, nos dispersamos por otras sendas, como la de nuestros propios impulsos ciegos y egoístas, la de propuestas halagadoras pero interesadas, engañosas y volubles, que dejan el vacío y la frustración tras de sí.

Aprovechad estos días para conocer mejor a Cristo y cercioraros de que, enraizados en Él, vuestro entusiasmo y alegría, vuestros deseos de ir a más, de llegar a lo más alto, hasta Dios, tienen siempre futuro cierto, porque la vida en plenitud ya se ha aposentado dentro de vuestro ser. Hacedla crecer con la gracia divina, generosamente y sin mediocridad, planteándoos seriamente la meta de la santidad. Y, ante nuestras flaquezas, que a veces nos abruman, contamos también con la misericordia del Señor, siempre dispuesto a darnos de nuevo la mano y que nos ofrece el perdón en el sacramento de la Penitencia.

Al edificar sobre la roca firme, no solamente vuestra vida será sólida y estable, sino que contribuirá a proyectar la luz de Cristo sobre vuestros coetáneos y sobre toda la humanidad, mostrando una alternativa válida a tantos como se han venido abajo en la vida, porque los fundamentos de su existencia eran inconsistentes. A tantos que se contentan con seguir las corrientes de moda, se cobijan en el interés inmediato, olvidando la justicia verdadera, o se refugian en pareceres propios en vez de buscar la verdad sin adjetivos.

Sí, hay muchos que, creyéndose dioses, piensan no tener necesidad de más raíces ni cimientos que ellos mismos. Desearían decidir por sí solos lo que es verdad o no, lo que es bueno o malo, lo justo o lo injusto; decidir quién es digno de vivir o puede ser sacrificado en aras de otras preferencias; dar en cada instante un paso al azar, sin rumbo fijo, dejándose llevar por el impulso de cada momento. Estas tentaciones siempre están al acecho. Es importante no sucumbir a ellas, porque, en realidad, conducen a algo tan evanescente como una existencia sin horizontes, una libertad sin Dios. Nosotros, en cambio, sabemos bien que hemos sido creados libres, a imagen de Dios, precisamente para que seamos protagonistas de la búsqueda de la verdad y del bien, responsables de nuestras acciones, y no meros ejecutores ciegos, colaboradores creativos en la tarea de cultivar y embellecer la obra de la creación. Dios quiere un interlocutor responsable, alguien que pueda dialogar con Él y amarle. Por Cristo lo podemos conseguir verdaderamente y, arraigados en Él, damos alas a nuestra libertad. ¿No es este el gran motivo de nuestra alegría? ¿No es este un suelo firme para edificar la civilización del amor y de la vida, capaz de humanizar a todo hombre?

Queridos amigos: sed prudentes y sabios, edificad vuestras vidas sobre el cimiento firme que es Cristo. Esta sabiduría y prudencia guiará vuestros pasos, nada os hará temblar y en vuestro corazón reinará la paz. Entonces seréis bienaventurados, dichosos, y vuestra alegría contagiará a los demás. Se preguntarán por el secreto de vuestra vida y descubrirán que la roca que sostiene todo el edificio y sobre la que se asienta toda vuestra existencia es la persona misma de Cristo, vuestro amigo, hermano y Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, que da consistencia a todo el universo. Él murió por nosotros y resucitó para que tuviéramos vida, y ahora, desde el trono del Padre, sigue vivo y cercano a todos los hombres, velando continuamente con amor por cada uno de nosotros.

Encomiendo los frutos de esta Jornada Mundial de la Juventud a la Santísima Virgen María, que supo decir «sí» a la voluntad de Dios, y nos enseña como nadie la fidelidad a su divino Hijo, al que siguió hasta su muerte en la cruz. Meditaremos todo esto más detenidamente en las diversas estaciones del Via crucis. Y pidamos que, como Ella, nuestro «sí» de hoy a Cristo sea también un «sí» incondicional a su amistad, al final de esta Jornada y durante toda nuestra vida. Muchas gracias.


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jueves, 18 de agosto de 2011

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz, emitido por LT 9 (30 de julio de 2011). (AICA)

DÍA DEL PÁRROCO               

Como todos los años el 4 de agosto, Fiesta del Santo Cura de Ars, celebramos el Día del Párroco. Estamos hablando de un sacerdote a quién la Iglesia le ha confiado la atención pastoral de una comunidad. Su vocación como sacerdote nace de una respuesta libre a un llamado para ponerse al servicio de sus hermanos. Tal vez el texto que mejor expresa el sentido de su vida, es aquel de la carta a los Hebreos: “tomado de entre los hombres y puesto para intervenir a favor de los hombres, en todo aquello que se refiere al servicio de Dios” (Heb. 5, 1).

Hay tres elementos, como vemos, que definen la vida del sacerdote: el primero “tomado”, es decir, elegido, llamado; luego “puesto a favor de los hombres”, ello dice referencia a sus hermanos y, finalmente lo que le es propio, “en aquello que se refiere al servicio de Dios”.

Si bien este texto nos ayuda a conocer la vocación de todo sacerdote, para comprender la vida de un Párroco creo que nos puede ayudar aquel otro del Buen Pastor. En este pasaje es el mismo Jesucristo quién se presenta como el Buen Pastor, esta imagen tiene, por ello, un valor paradigmático en la vida de todo párroco. Es cierto que frente a esta imagen todos quedamos empequeñecidos, pero en ella está nuestra verdad de pastores como un ideal al que debemos tender. Cuando pongo en posesión a un cura párroco casi siempre le digo que no tenemos que pensar tanto en qué tenemos que hacer, sólo debemos contemplar con un corazón abierto y generoso a Jesucristo, el Buen Pastor. Marcaría de este texto algunas notas que orientan su ministerio.

El Pastor conoce y es conocido por su rebaño; va adelante, es un referente; congrega y conduce a su pueblo; lo alimenta y cura sus heridas; busca a quién está alejado y, sobre todo, da su vida, la entrega, nadie se la quita (cfr. Jn. 10). Ciertamente es una imagen que nos supera, pero qué alegría y qué responsabilidad sentirnos llamados a ser la presencia viva de Jesucristo, el Buen Pastor.

El sacerdocio católico tiene en Jesucristo su razón de ser y su misión. Es más, debemos decir que el mismo Jesucristo quiso prolongar su presencia a través de un sacramento, el sacramento del Orden Sagrado. A esto es llamado el sacerdote. Sólo la referencia a Jesucristo explica su entrega total a la obra del Reino de Dios. El significado del sacramento que lo consagra y lo hace “alter Christus” (otro Cristo), excluye toda forma de un ministerio “ad tempus” (por un tiempo), o ser considerado como una función delegada por la comunidad.

Su ser, su realidad ontológica, participa directamente de Jesucristo por mediación apostólica, es decir del apóstol, del obispo que lo ordena, en la comunión dela Iglesia. Asílo instituyó Jesucristo, así lo recibió y lo trasmitela Iglesia. Estafidelidad al Evangelio no excluye su actualización en el hoy de la historia, pero siempre desde una identidad profunda con su verdad original. Un auténtico espíritu creativo no cambia la esencia de las cosas, las recrea conservando lo que es propio. Así veo, y así trato de vivir el sacerdocio de Jesucristo.

Queridos hermanos, los invito en este día a unir nuestra oración y gratitud por todos nuestros Párrocos. A ellos les hace bien nuestro reconocimiento. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto mi bendición en Jesucristo, el Buen Pastor. 

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe dela Vera Cruz 


Publicado por verdenaranja @ 23:35  | Hablan los obispos
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Discurso de Benedicto XVI durante la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto de Barajas en Madrid durante la mañana del día 18 de Agosto de 2011. 

Majestades, Señor Cardenal Arzobispo de Madrid,
Señores Cardenales,
Venerados hermanos en el Episcopado y el Sacerdocio,
Distinguidas Autoridades Nacionales, Autonómicas y Locales,
Querido pueblo de Madrid y de España entera 

Gracias, Majestad, por su presencia aquí, junto conla Reina, y por las palabras tan deferentes y afables que me ha dirigido al darme la bienvenida. Palabras que me hacen revivir las inolvidables muestras de simpatía recibidas en mis anteriores visitas apostólicas a España, y muy particularmente en mi reciente viaje a Santiago de Compostela y Barcelona. Saludo muy cordialmente a los que estáis aquí reunidos en Barajas, y a cuantos siguen este acto a través de la radio y la televisión. Y también una mención muy agradecida a los que con tanta entrega y dedicación, desde instancias eclesiales y civiles, han contribuido con su esfuerzo y trabajo para que esta Jornada Mundial dela Juventuden Madrid se desarrolle felizmente y obtenga frutos abundantes.

Deseo también agradecer de todo corazón la hospitalidad de tantas familias, parroquias, colegios y otras instituciones que han acogido a los jóvenes llegados de todo el mundo, primero en diferentes regiones y ciudades de España, y ahora en esta gran Villa de Madrid, cosmopolita y siempre con las puertas abiertas.

Vengo aquí a encontrarme con millares de jóvenes de todo el mundo, católicos, interesados por Cristo o en busca de la verdad que dé sentido genuino a su existencia. Llego como Sucesor de Pedro para confirmar a todos en la fe, viviendo unos días de intensa actividad pastoral para anunciar que Jesucristo es el Camino,la Verdadyla Vida. Paraimpulsar el compromiso de construir el Reino de Dios en el mundo, entre nosotros.

Para exhortar a los jóvenes a encontrarse personalmente con Cristo Amigo y así, radicados en su Persona, convertirse en sus fieles seguidores y valerosos testigos.

¿Por qué y para qué ha venido esta multitud de jóvenes a Madrid? Aunque la respuesta deberían darla ellos mismos, bien se puede pensar que desean escucharla Palabrade Dios, como se les ha propuesto en el lema para esta Jornada Mundial dela Juventud, de manera que, arraigados y edificados en Cristo, manifiesten la firmeza de su fe.

Muchos de ellos han oído la voz de Dios, tal vez solo como un leve susurro, que los ha impulsado a buscarlo más diligentemente y a compartir con otros la experiencia de la fuerza que tiene en sus vidas. Este descubrimiento del Dios vivo alienta a los jóvenes y abre sus ojos a los desafíos del mundo en que viven, con sus posibilidades y limitaciones. Ven la superficialidad, el consumismo y el hedonismo imperantes, tanta banalidad a la hora de vivir la sexualidad, tanta insolidaridad, tanta corrupción. Y saben que sin Dios sería arduo afrontar esos retos y ser verdaderamente felices, volcando para ello su entusiasmo en la consecución de una vida auténtica. Pero con Él a su lado, tendrán luz para caminar y razones para esperar, no deteniéndose ya ante sus más altos ideales, que motivarán su generoso compromiso por construir una sociedad donde se respete la dignidad humana y la fraternidad real. Aquí, en esta Jornada, tienen una ocasión privilegiada para poner en común sus aspiraciones, intercambiar recíprocamente la riqueza de sus culturas y experiencias, animarse mutuamente en un camino de fe y de vida, en el cual algunos se creen solos o ignorados en sus ambientes cotidianos. Pero no, no están solos. Muchos coetáneos suyos comparten sus mismos propósitos y, fiándose por entero de Cristo, saben que tienen realmente un futuro por delante y no temen los compromisos decisivos que llenan toda la vida. Por eso me causa inmensa alegría escucharlos, rezar juntos y celebrarla Eucaristíacon ellos.La Jornada Mundialdela Juventudnos trae un mensaje de esperanza, como una brisa de aire puro y juvenil, con aromas renovadores que nos llenan de confianza ante el mañana dela Iglesiay del mundo.

Ciertamente, no faltan dificultades. Subsisten tensiones y choques abiertos en tantos lugares del mundo, incluso con derramamiento de sangre. La justicia y el altísimo valor de la persona humana se doblegan fácilmente a intereses egoístas, materiales e ideológicos. No siempre se respeta como es debido el medio ambiente y la naturaleza, que Dios ha creado con tanto amor. Muchos jóvenes, además, miran con preocupación el futuro ante la dificultad de encontrar un empleo digno, o bien por haberlo perdido o tenerlo muy precario e inseguro. Hay otros que precisan de prevención para no caer en la red de la droga, o de ayuda eficaz, si por desgracia ya cayeron en ella. No pocos, por causa de su fe en Cristo, sufren en sí mismos la discriminación, que lleva al desprecio y a la persecución abierta o larvada que padecen en determinadas regiones y países. Se les acosa queriendo apartarlos de Él, privándolos de los signos de su presencia en la vida pública, y silenciando hasta su santo Nombre. Pero yo vuelvo a decir a los jóvenes, con todas las fuerzas de mi corazón: que nada ni nadie os quite la paz; no os avergoncéis del Señor. Él no ha tenido reparo en hacerse uno como nosotros y experimentar nuestras angustias para llevarlas a Dios, y así nos ha salvado.

En este contexto, es urgente ayudar a los jóvenes discípulos de Jesús a permanecer firmes en la fe y a asumir la bella aventura de anunciarla y testimoniarla abiertamente con su propia vida. Un testimonio valiente y lleno de amor al hombre hermano, decidido y prudente a la vez, sin ocultar su propia identidad cristiana, en un clima de respetuosa convivencia con otras legítimas opciones y exigiendo al mismo tiempo el debido respeto a las propias.

Majestad, al reiterar mi agradecimiento por la deferente bienvenida que me habéis dispensado, deseo expresar también mi aprecio y cercanía a todos los pueblos de España, así como mi admiración por un País tan rico de historia y cultura, por la vitalidad de su fe, que ha fructificado en tantos santos y santas de todas las épocas, en numerosos hombres y mujeres que dejando su tierra han llevado el Evangelio por todos los, rincones del orbe, y en personas rectas, solidarias y bondadosas en todo su territorio. Es un gran tesoro que ciertamente vale la pena cuidar con actitud constructiva, para el bien común de hoy y para ofrecer un horizonte luminoso al porvenir de las nuevas generaciones. Aunque haya actualmente motivos de preocupación, mayor es el afán de superación de los españoles, con ese dinamismo que los caracteriza, y al que tanto contribuyen sus hondas raíces cristianas, muy fecundas a lo largo de los siglos.

Saludo desde aquí muy cordialmente a todos los queridos amigos españoles y madrileños, y a los que han venido de tantas otras tierras. Durante estos días estaré junto a vosotros, teniendo también muy presentes a todos los jóvenes del mundo, en particular a los que pasan por pruebas de diversa índole. Al confiar este encuentro ala Santísima VirgenMaría, y a la intercesión de los santos protectores de esta Jornada, pido a Dios que bendiga y proteja siempre a los hijos de España.

Muchas gracias.


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miércoles, 17 de agosto de 2011

ZENIT  nos ofrece la homilía que el cardenal Antonio María Rouco, arzobispo de Madrid, pronunció el martes 16 de Agosto de 2011 durante la Misa de apertura de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud, en la plaza de Cibeles de Madrid.

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. ¡Bienvenidos a Madrid para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud convocada por nuestro Santo Padre Benedicto XVI hace tres años en Sydney y que se inicia con la solemne celebración eucarística en esta céntrica Plaza madrileña de la Cibeles!

¡Bienvenidos Sres. Cardenales, Arzobispos y Obispos! ¡Os saludo con afecto fraterno en el Señor! Os acompañan numerosos sacerdotes, consagrados y consagradas y una ingente multitud de jóvenes, esperanza y futuro de nuestras Iglesias particulares, de nuestros pueblos y naciones, ¡de la Iglesia entera!

2. Permitidme que me dirija a ellos directamente como Pastor de la Iglesia Diocesana de Madrid y como Presidente de la Conferencia Episcopal Española y que les diga con todo el corazón:

Queridos jóvenes del mundo: ¡Bienvenidos a España! Muchos de vosotros habéis experimentado y apreciado ya en los días de la semana previa en vuestro recorrido por las Diócesis españolas la cordial acogida y el amor fraterno de vuestros hermanos los jóvenes de España, de sus familias, de sus comunidades y de sus Pastores. Habéis podido comprobar que esa actitud de brazos abiertos y de cálida simpatía tiene que ver profundamente con el hecho vivo de un viejo país formado por una comunidad de pueblos: ¡España!, cuya principal seña de identidad histórica, ¡de su cultura y modo de ser!, es la profesión de la fe cristiana de sus hijas e hijos en la comunión de la Iglesia Católica. La personalidad histórica de España se forja con rasgos inconfundibles en torno a la visión cristiana del hombre y de la vida desde los albores mismos de su historia, iniciada en gran medida con la primera andadura de la predicación apostólica en suelo español hace casi dos mil años. Uno de los más lúcidos escritores e intérpretes de la España contemporánea pudo decir: “España se constituye animada por un proyecto histórico que es su identificación con el cristianismo”1.

3. ¡Bienvenidos a España y bienvenidos a Madrid, su Capital! La Iglesia metropolitana de Madrid con sus Diócesis sufragáneas, Alcalá de Henares y Getafe, os abren no sólo las puertas físicas de sus parroquias, de sus colegios, de sus más variados edificios e instalaciones culturales y deportivas, junto con las cedidas generosamente por las instituciones públicas y privadas para este acontecimiento singular, sino, también, esos ámbitos más humana y cristianamente cálidos que son sus familias y sus comunidades. Es decir: ¡os abren las puertas de su corazón!

¡Sentíos como en vuestra propia casa, como en vuestro propio hogar! La Iglesia y el pueblo de Madrid quiso −y quiere− ser para todos vosotros desde ayer mismo, en ese siempre difícil momento de la llegada y del alojamiento de los peregrinos y durante los días de la Jornada que culminan el domingo, lugar propicio para vivir la amistad y la fraternidad cristiana en el marco a la vez humano y divino de la Iglesia Universal, que es Casa y Familia de los hijos de Dios esparcidos por toda la faz de la tierra. Y así como España no es inteligible sin su bimilenaria tradición católica, Madrid, residencia real y su Capital desde la segunda mitad del siglo XVI, en plena irrupción de la Modernidad, tampoco. Las raíces cristianas de esta ciudad, muy antiguas, bien identificadas al iniciarse el segundo milenio del cristianismo, siguen vivas y vigorosas influyendo en la configuración de su fisonomía social, cultural y humana, pero, sobre todo, de su alma: ¡el alma de sus hijos e hijas! ¡Madrid es una ciudad acogedora y cordial de todos los que la visitan, vengan de donde vengan!

4.Las Jornadas Mundiales de la Juventud, con su ya larga trayectoria de más de un cuarto de siglo, son inseparables del Beato, en cuya memoria celebramos esta tarde la Eucaristía en la Plaza de la Cibeles madrileña; muy cerca, por cierto, del lugar en que él mismo presidió tres grandes celebraciones en los años 1982, 1993 y 2003. Os estoy hablando del inolvidable, venerado y querido Juan Pablo II. ¡El Papa de los jóvenes! Con Juan Pablo II se inicia un periodo histórico nuevo, ¡inédito!, en la relación del Sucesor de Pedro con la juventud, y, consecuentemente, una hasta entonces desconocida relación de la Iglesia con sus jóvenes: relación directa, inmediata, de corazón a corazón, impregnada de una fe en el Señor, en Jesucristo, entusiasta, esperanzada, alegre, contagiosa. Desde aquella convocatoria primera de la Jornada de 1985 en Roma hasta esta Jornada de Madrid se ha ido desgranando una bella historia de fe, esperanza y amor en tres generaciones de jóvenes católicos y no católicos, que han visto cómo se transformaba su vida en Cristo y cómo surgían entre ellos innumerables vocaciones para el sacerdocio, la vida consagrada, el matrimonio cristiano y el apostolado. La santidad personal de Juan Pablo II brilla con un atractivo singular precisamente en este aspecto de la evangelización de los jóvenes contemporáneos. Nuestro Santo Padre Benedicto XVI no ha dudado en resaltar el amor a los jóvenes de Juan Pablo II en la Homilía de su Beatificación el primero de Mayo en la Plaza de San Pedro.

5. El secreto de esa luminosa personalidad, moldeada en la perfección de la caridad, se desvela fácilmente a la luz de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. La clave de explicación de toda su vida, consagrada al Señor, a la Iglesia y al hombre, no es otra que su encendido amor a Jesucristo, del que, como San Pablo, no quiso apartarse nunca. Juan Pablo II pasó también en su vida por la aflicción, por la angustia, por la persecución, por las carencias más elementales en los años de la II Guerra Mundial, de la ocupación implacable y cruel de su patria, del despojo inhumano de los suyos… Sufrió el dolor de los perseguidos por la causa de Cristo antes y después de su elección a la Sede de Pedro: literalmente, hasta la sangre. Testigo indomable de la verdad y de la esperanza cristiana, vivió la verdad del “si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?”, sin miedo a ninguna oposición interna o externa a la Iglesia. ¡Fue un valiente de Cristo! Nada pudo apartarle de su amor.

¡Que emocionante resulta imaginarse y revivir los momentos de su diálogo íntimo con el Señor cuando le pregunta si “le ama más que éstos”! ¡Cuántas veces le habrá respondido en las más críticas, doloridas y decisivas circunstancias de sus años de Pastor de la Iglesia Universal: “Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero”! El Papa sabía muy bien que apacentar las ovejas de Jesús comportaba dejase “ceñir” por otro y ser llevado adonde uno no quisiera.

6. Este amor apasionado a Jesucristo es precisamente lo que fascinaba y cautivaba a los jóvenes. Comprendían que de este modo ellos eran queridos y amados por el Papa de verdad: sin halagos, ni disimulos; ni interesada, engañosa o superficialmente; sino con toda la autenticidad del que sólo buscaba su bien, el bien de sus vidas: ¡su felicidad!, ¡su salvación! Y lo buscaba entregando, sin reservase nada, la propia vida. Lo intuían con el corazón más que lo razonaban con la cabeza. No es extraño, pues, que viesen en el Papa a aquel mensajero de la gracia y de la paz de Jesucristo, anunciado por el Profeta Isaías, cuando decía: “¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la Buena Nueva, que pregona la victoria, que dice a Sión: «Tu Dios es rey»!”. Quien quiera que haya vivido las Jornadas Mundiales de Buenos Aires, Santiago de Compostela, Czestochowa, Denver, Manila, Paris, Roma, Toronto… habrá podido constatar que en la forma de recibir al Papa, con aquella mezcla tan entrañable de júbilo y respetuosa ternura, los jóvenes demostraban que le estaban reconociendo como aquel que venía a su encuentro en el nombre del Señor.

7. A partir de la IV Jornada Mundial de la Juventud en Santiago de Compostela en 1989 las Jornadas se conciben y viven como el final gozoso de una peregrinación, fuese cual fuese el lugar de su celebración, sintonizando con el estilo atrayente de la tradición cristiana. Al invitaros a participar en esta Jornada de Madrid, la vigésimo sexta, el Papa os está diciendo: poneos en camino para un nuevo encuentro con el Señor, el amigo, el hermano, ¡Jesucristo! El es el único que puede comprenderos y conduciros a la verdad; daros la vida que no acaba nunca; daros la felicidad: ¡el Amor verdadero! Sí, los jóvenes de las Jornadas Mundiales de la Juventud han sido desde Santiago de Compostela y para siempre peregrinos de la Iglesia. Recorren en comunión con ella un excepcional itinerario espiritual de consecuencias decisivas para el futuro de sus vidas. Comprueban que la senda señalada por el Sucesor de Pedro les lleva efectivamente a Cristo sin que ningún poder humano pueda impedirlo. Senda para su búsqueda; pero sobre todo, camino para su encuentro. Él es el que toma la iniciativa. Juan Pablo II nos recordaba en “el Monte del Gozo” compostelano en la vigilia de la noche del 19 de agosto de 1989 que “la tradición espiritual del Cristianismo no sólo subraya la importancia de nuestra búsqueda de Dios. Resalta algo todavía más importante: es Dios que nos busca. Él nos sale al encuentro”. ¡Cristo es, queridos jóvenes, el que os busca y sale al encuentro en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011! Dejarse encontrar por Él es la clave del éxito de toda Jornada Mundial de la Juventud. Y, por supuesto, también de ésta que hoy comenzamos. ¡Será vuestro éxito!

8. Benedicto XVI, nuestro Santo Padre, ha presidido las Jornadas de Colonia en agosto de 2005 y de Sydney en julio del 2008 en continuidad creativa con Juan Pablo II. ¡Inolvidables ambas! Pasado mañana, día 18 de agosto, llegará D.m. a Madrid, para presidir la que hoy y ahora se inicia con la Acción de Gracias y la Plegaria Eucarística de este atardecer madrileño en la Plaza de la Cibeles. En su llamada dirigida a vosotros, jóvenes del avanzado comienzo del Tercer Milenio, resuenan con nuevos y sugestivos acentos la misma solicitud paternal y el mismo amor que movió al Beato Juan Pablo II a instituir las Jornadas Mundiales de la Juventud. Vosotros, los jóvenes que os encontráis aquí, y otros muchos que hubieran deseado participar en nuestra Jornada de Madrid y no han podido o no han querido, sois la generación de Benedicto XVI. No es la misma que la de Juan Pablo II. Vuestro “sitio en la vida” tiene sus peculiaridades. Vuestros problemas y circunstancias vitales se han modificado. La globalización, las nuevas tecnologías de la comunicación, la crisis económica, etc., os condicionan para bien y, en muchas ocasiones, para mal. A los jóvenes de hoy, con raíces existenciales debilitadas por un rampante relativismo espiritual y moral, “encerrados por el poder dominante” (Benedicto XVI. Mensaje para la JMJ 2011, 1), y sin hallar sólidos fundamentos para vuestras vidas en la cultura y la sociedad actuales, incluso, no rara vez, en la propia familia…, se os tienta poderosamente hasta los límites de haceros perder la orientación en el camino de la vida: ¿Cómo no va a vacilar a veces vuestra fe? La juventud del siglo XXI necesita, tanto o más que las generaciones precedentes, encontrar al Señor por la única vía que se ha demostrado espiritualmente eficaz: la del peregrino humilde y sencillo que busca su rostro. El joven de hoy necesita ver a Jesucristo cuando Él le sale al encuentro en la Palabra, en los Sacramentos, “también, muy especialmente, en la Eucaristía y en el Sacramento de la Penitencia, en los pobres y enfermos, en los hermanos que están en dificultad y necesitan ayuda” (Benedicto XVI. Mensaje, 4). Necesita verle y entrar en diálogo íntimo con Él, que le ama sin pedirle nada a cambio, salvo la respuesta de su amor. La intención del Papa, que tanto os quiere, va justamente en esta dirección: que experimentéis en la Comunión Católica de la Iglesia la verdad y la imperiosa urgencia de hacer vida vuestra el lema de la Jornada Mundial de la Juventud 2011: “arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Cf. Col 2,7).

9. Juan Pablo II concebía las Jornadas Mundiales de la Juventud como un valiosísimo instrumento de la nueva evangelización. También, nuestro Santo Padre Benedicto XVI.

Queridos jóvenes: ¡vivid, pues, esta celebración eucarística de la inauguración de la Jornada Mundial de la Juventud agradeciendo al Señor el sentiros llamados desde este mismo momento a ser sus discípulos y testigos! ¡No lo dudéis! Jesucristo os muestra el camino y la meta de la verdadera felicidad. No sólo a vosotros; también a vuestros compañeros y amigos alejados de la práctica religiosa e, incluso, de la fe o desconocedores de la misma. Jesús os busca para enraizarse en vuestro corazón de jóvenes del Tercer Milenio. Vivid la celebración como la gran Plegaria de la Iglesia que ofrece el Sacrificio de Jesucristo Crucificado y Resucitado al Padre como suyo propio por la salvación de todos los hombres; y en la Comunión eucarística de su Cuerpo y de su Sangre no rehuyáis que os haga enteramente suyos. Tened presente estos días que el Señor, por medio del Papa, os va a preguntar: ¿aceptáis el formidable y hermoso reto de “la nueva evangelización” de vuestros jóvenes coetáneos? Respondedle que sí, recordando aquella vibrante y valiente llamada de Juan Pablo II en la Homilía del Monte del Gozo el 20 de agosto de 1989: ¡“No tengáis miedo a ser santos”! ¡“dejad que Cristo reine en vuestros corazones”! Respondedle que sí con toda la capacidad de ilusión y apertura generosa a los grandes ideales de la vida que os es tan propia. ¡Responded a la renovada llamada de Benedicto XVI con un claro y coherente compromiso de vida! Se evangeliza con las palabras y con las obras, hoy más que nunca. Juan Pablo II decía a los jóvenes españoles en la Vigilia Mariana de “Cuatro Vientos”, el 3 de mayo de 2003, que la nueva evangelización es una tarea de todos en la Iglesia: “En ella los laicos tienen un papel protagonista, especialmente los matrimonios y las familias cristianas, sin embargo, la evangelización requiere hoy con urgencia sacerdotes y personas consagradas. Por lo tanto, si en estos días oyes la llamada de Dios “que te dice: «¡Sígueme!» (Mc 2, 14; Lc 5.22), no lo acalles. Sé generoso, responde como María ofreciendo el sí gozoso de tu persona y de tu vida”.

10. Al cuidado maternal de la Virgen María, Madre del Señor y Madre de la Iglesia, nos confiamos al iniciar la Jornada Mundial de la Juventud 2011. Los madrileños la invocan como su Patrona bajo la advocación de “Santa María, la Real de la Almudena”. María ha velado siempre por la firmeza de la fe, por la certeza de la esperanza y por el ardor de la caridad de todas sus hijas e hijos de Madrid. ¡Que vele muy especialmente estos días por vosotros, los jóvenes de esta Jornada Mundial de la Juventud del 2011, peregrinos a esta ciudad eminentemente mariana que es Madrid para el encuentro con el Santo Padre! ¡Que os cuide como sólo ella sabe hacerlo!, ¡que cuide a nuestro Santo Padre Benedicto XVI, a los Obispos y sacerdotes, a todos vuestros Pastores y acompañantes! ¡que cuide y proteja a vuestras familias! Rememorando la oración de Juan Pablo II, recitada al finalizar la inolvidable Vigilia del Rosario, ya mencionada −¡su broche de oro!−, os invito a implorar esta noche a María con sus mismas palabras:

“Dios te salve, María, llena de gracia.
Esta noche te pido por los jóvenes
venidos a Madrid desde todos los rincones de la tierra,
jóvenes llenos de sueños y esperanzas.

Ellos son los centinelas del mañana,
el pueblo de las Bienaventuranzas:
son la esperanza viva de la Iglesia y del Papa.

Santa María, Madre de los jóvenes,
intercede para que sean testigos de Cristo Resucitado,
apóstoles humildes y valientes del tercer milenio,
heraldos generosos del Evangelio.

Santa María, Virgen Inmaculada,
reza con nosotros,
reza por nosotros”. Amén.

Santos Patronos de la JMJ 2011 −San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza, San Ignacio de Loyola, San Juan de Ávila, San Francisco Javier, San Juan de la Cruz, Santa Rosa de Lima, San Rafael Arnáiz− ¡rogad por nosotros!

¡Beato Juan Pablo II ruega por nosotros, ruega por los jóvenes de la JMJ 2011 para que abran de par en par sus corazones a la gracia salvadora de Cristo, el único Redentor del hombre, en estos extraordinarios días del Espíritu en los que queremos “contar las maravillas del Señor a todas las naciones”!

Amén.

[Texto distribuido por la organización de la JMJ Madrid 2011]

1 Julián Marías, España inteligible. Razón histórica de las Españas, Madrid 2002, 416.


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ZENIT nos ofrece el saludo que el cardenal Stanisław Ryłko, presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, dirigió el martes 16 de Agosto de 2011 a los participantes en la Jornada Mundial de la Juventud, al término de la misa de inauguración celebrada en la Plaza de Cibeles de Madrid

Queridísimos jóvenes,

Aquí estamos, llegó el día tan esperado: la inauguración de la vigésimo sexta Jornada Mundial de la Juventud. Tras un largo camino de preparación finalmente estáis aquí, en Madrid, bellísima y moderna metrópolis que en estos días será la capital de la juventud católica del mundo entero…

«¡Bendito el que viene en nombre del Señor!» (Sal 118, 26). Con estas palabras del salmista os doy una cordial bienvenida y un saludo afectuoso de parte del Pontificio Consejo para los Laicos, el dicasterio de la Santa Sede al cual el Papa confía la organización de estas reuniones mundiales de jóvenes. Un saludo agradecido a vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, así como a los formadores laicos que os han acompañado y guiado en el proceso de preparación espiritual para la gran aventura de la fe que viviremos juntos en estos días.

Habéis traído a esta cita con el Santo Padre Benedicto XVI vuestros proyectos, vuestras esperanzas y también vuestras inquietudes, la preocupación por las decisiones que os esperan… Serán días inolvidables de importantes descubrimientos y de decisiones determinantes para vuestra vida…

Nuestra reflexión y nuestra oración en estos días estarán guiadas por la palabra de San Pablo que ya todos conocéis: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe…» (Col. 2,7). ¡Es una palabra que nos compromete porque contiene un claro programa de vida para cada uno de nosotros! En estos días la fe estará en el centro de nuestra reflexión; porque la fe es un factor decisivo en la vida de cada hombre. ¡Si Dios existe o no existe, todo cambia! La fe es la raíz que nos nutre con la savia vital de la Palabra de Dios y los sacramentos; es el fundamento, la roca sobre la cual construir la vida, la brújula segura que guía nuestras decisiones y da a nuestra vida la orientación decisiva.

Sin embargo, muchos hoy se preguntan: en nuestro mundo, que tan a menudo rechaza a Dios y vive como si Dios no existiera, ¿es aún posible la fe? …

¡Queridísimos jóvenes! Os habéis reunido aquí, en Madrid, desde los rincones más remotos del planeta, para decir en voz alta a todo el mundo – y en particular a esta Europa que está dando signos de profunda desorientación – para decir vuestro firme “sí”! “Si”, ¡la fe es posible! Es más, es una aventura maravillosa que nos permite descubrir toda la grandeza y la belleza de nuestra vida. Porque Dios, que se ha revelado en el rostro de Jesucristo, no disminuye al hombre sino que lo enaltece mas allá de toda medida, mas allá de toda imaginación! En estos días, junto con los Apóstoles, queremos todos gritar al Señor: «¡Aumenta nuestra fe!» (Lc 17,5)… Queremos también nosotros orar con las palabras de San Anselmo: Señor, «enséñame a buscarte, muéstrate al que te busca, porque no puedo buscarte si no me enseñas el camino. No puedo encontrarte si no te haces presente.» (Proslogion 1,1)

Mientras esperamos la llegada del Papa Benedicto XVI hemos acogido esta noche a un huésped especial de la JMJ de Madrid: el Beato Juan Pablo II. Él ha regresado entre vosotros, los jóvenes a los que tanto amó y que tanto lo han amado: ha regresado como Beato patrón vuestro y como protector al que podéis confiaros; ha regresado como amigo – un amigo exigente, como le gustaba a él mismo definirse… Ha venido a deciros una vez más, con muchísimo afecto: ¡No tengáis miedo! ¡Optar por Cristo en la vida es adquirir la perla preciosa del Evangelio por la cual vale la pena darlo todo!

¡Queridísimos jóvenes! ¡La JMJ de Madrid ha empezado!

De nuevo os digo: ¡Bienvenidos todos a Madrid!


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ZENIT nos ofrece las palabras que el Papa dirigió el lunes 15 de Agosto de 2011 a los fieles reunidos en Castel Gandolfo para la oración del Ángelus en la festividad de la Asunción.

Queridos hermanos y hermanas,

En el corazón del mes de agosto los Cristianos de Oriente y de Occidente celebran conjuntamente la Fiesta de la Asunción de María Santísima al Cielo. En la Iglesia Católica, el dogma de la Asunción -como se ha destacado- fue proclamado durante el Año Santo de 1950 por mi venerado predecesor el Siervo de Dios, el Papa Pío XII. Tal conmemoración, sin embargo, profundiza sus raíces en la fe de los primeros siglos de la Iglesia.

En Oriente se la llama todavía hoy la “Dormición de la Virgen”. En un antiguo mosaico de la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, que se inspira en el icono oriental de la “Dormitio”, se representa a los Apóstoles, que advertidos por los ángeles del final terreno de la Madre de Jesús, se reúnen en torno al lecho de la Virgen. En el centro está Jesús que tiene entre los brazos a una niña: es María, que se ha hecho “pequeña” para el Reino, y que es conducida por el Señor al Cielo.

En la página del Evangelio de San Lucas de la liturgia de hoy, hemos leído que María “en aquellos días, partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá”  (Lc 1,39). En aquellos días María se apresuraba a ir desde Galilea hacia una ciudadela cercana a Jerusalén, para reunirse con su pariente Isabel. Hoy la contemplamos subiendo la montaña de Dios y entrando en la Jerusalén celeste, “revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza”, (Ap 12,1).

La página bíblica del Apocalipsis, que leemos en la liturgia de esta Solemnidad, habla de una lucha entre la mujer y el dragón, entre el bien y el mal. Parece que San Juan replantea las primeras páginas del libro del Génesis, que narran la historia tenebrosa y dramática del pecado de Adán y Eva. Nuestros padres fueron derrotados por el maligno; en la plenitud de los tiempos, Jesús, nuevo Adán, y María, nueva Eva, vencen definitivamente al enemigo, y esta ¡es la alegría de este día! Con la victoria de Jesús sobre el mal, también son derrotadas la muerte interior y física. María fue la primera en coger en brazos al Hijo de Dios, Jesús, hecho niño, es así la primera en estar a su lado en la Gloria del Cielo.

Es un misterio grande el que hoy celebramos, y sobre todo, es un misterio de esperanza y de alegría para todos nosotros: en María vemos la meta hacia la que caminan todos los que saben unir su propia vida a la de Jesús, que lo saben seguir como hizo María. Esta fiesta habla de nuestro futuro, nos dice que también nosotros estaremos al lado de Jesús en el gozo de Dios y nos invita a ser valientes, a creer que la potencia de la Resurrección de Cristo puede actuar también en nosotros y convertirnos en hombres y mujeres que, cada día, intentan vivir como resucitados, llevando la luz del bien a la oscuridad del mal que hay en el mundo.

[En español dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana. La solemnidad de la gloriosa asunción de la Virgen María, que hoy recordamos, nos abre a la esperanza de la plenitud de la vida del Cielo, a la que Ella ya ha llegado y en la que nos aguarda. Que por la amorosa intercesión de la Madre de Dios desciendan abundantes gracias y bendiciones sobre la Iglesia y el mundo.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece las palabras que Benedicto XVI dirigió el  domingo 14 de agosto de 2011 a los fieles congregados en Castel Gandolfo para el rezo del Ángelus.

Queridos hermanos y hermanas,

la lectura del Evangelio de este domingo comienza con los detalles sobre la región que Jesús iba a visitar: Tiro y Sidón, el noroeste de Galilea, tierra pagana. Y es aquí donde se encuentra con una mujer cananea, que se dirige a Él para pedirle que cure a su hija atormentada por un demonio (cfr Mt 15,22). Ya en esta petición, se puede observar un inicio del camino de la fe, que en el diálogo con el divino Maestro crece y se refuerza. La mujer no tiene miedo de gritarle a Jesús “Piedad de mí”, una expresión que aparece en los Salmos (cfr 50,1), lo llama “Señor” e “Hijo de David” (cfr Mt 15,22), manifestando así una firme esperanza de ser escuchada. ¿Cuál es la actitud del Señor frente al grito de dolor de una mujer pagana? Puede parecer desconcertante el silencio de Jesús, tanto que suscita la intervención de los discípulos, pero no se trata de poca sensibilidad al dolor de aquella mujer. San Agustín comenta sobre esto: “Cristo se mostraba indiferente hacia ella, no para negarle la misericordia sino para hacer crecer el deseo” (Sermón 77, 1: PL 38, 483).

El aparente distanciamiento de Jesús, que dice “Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (v. 24), no desanima a la cananea, que insiste: “Señor, ¡ayúdame!” (v. 25). E incluso cuando recibe una respuesta que parece terminar con toda esperanza - “No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los perros” (v.26)-, no desiste. No quiere quitar nada a nadie: en su sencillez y humildad le basta poco, le bastan las migas, le basta sólo una mirada, una palabra buena del Hijo de Dios. Y Jesús queda admirado por su respuesta de fe tan grande y le dice: “ ¡Qué se cumpla tu deseo!” (v.28).

Queridos amigos, también nosotros estamos llamados a crecer en la fe, a abrirnos y acoger con libertad el don de Dios, a tener confianza y gritar también a Jesús “¡danos la fe, ayúdanos a encontrar el camino!”. Es el camino que Jesús ha hecho hacer a sus discípulos, a la mujer cananea y a todos los hombres de todo tiempo y pueblo, a cada uno de nosotros. La fe nos abre al conocimiento y a acoger la identidad real de Jesús, su novedad y su unicidad, su Palabra como fuente de vida, para vivir una relación personal con Él. El conocimiento de la fe crece, crece con el deseo de encontrar el camino, y es, finalmente, un don de Dios, que se revela a nosotros no como algo abstracto, sin rostro y sin nombre, sino que la fe responde a una Persona, que quiere entrar en una relación de amor profundo con nosotros e implicar toda nuestra vida. Por eso, cada día nuestro corazón debe vivir la experiencia de la conversión, cada día debe ver nuestro cambio de hombre encerrado en sí mismo al hombre abierto a la acción de Dios, al hombre espiritual (cfr 1Cor 2, 13-14), que se deja interpelar por la Palabra del Señor y abre la propia vida a su Amor.

Queridos hermanos y hermanas, alimentemos cada día nuestra fe, con la escucha profunda de la Palabra de Dios, con la celebración de los Sacramentos, con la oración personal como “grito” hacia Él y con la caridad hacia el prójimo. Invoquemos la intercesión de la Virgen María, que mañana contemplaremos en su gozosa Asunción al cielo en alma y cuerpo, para que nos ayude a anunciar y testimoniar con la vida, la alegría de haber encontrado al Señor.

[En español dijo:]

Saludo con afecto a los grupos de lengua española, en particular a los fieles llegados de Cuba, acompañados por el Señor Cardenal Jaime Ortega Alamino, que encabeza la primera peregrinación de cubanos a los sepulcros de los Santos Apóstoles, y renuevo mi cercanía y afecto a todos los hijos de ese amado País. Un saludo cordial también a los jóvenes de Colombia, de Venezuela y de Argentina, así como a los que se unen a ellos de camino a Madrid para la Jornada Mundial de la Juventud. Invito a todos a encomendar en la oración este Viaje Apostólico a España, que llevaré a cabo dentro de pocos días, para que en él se cosechen abundantes frutos de vida cristiana.

[Traducción del original italiano por Carmen Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Habla el Papa
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DOMINGO 21 DEL TIEMPO ORDINARIO - A
21 de agosto de 2011


El Señor, el Hijo de Dios vivo, esté con todos vosotros.

-  Nos reunimos una semana más, hermanas y hermanos, para celebrar la eucaristía del domingo. Jesús nos convoca y nosotros acudimos a su llamada. Queremos renovar nuestra fe en él, profundizarla, sentirnos en comunión con él y con los hermanos. Y necesitamos el alimento que él mismo nos da. Dispongámonos, pues, a vivir con intensidad este encuentro entre nosotros y con el Señor.

A. penitencial: Comencemos nuestra celebración poniéndonos en silencio ante Dios y pidiendo perdón per nuestros pecados.

- Tú, el Mesías, el Hijo de Dios vivo. SEÑOR, TEN PIEDAD.
- Tú, la roca firme que sostiene a la Iglesia. CRISTO, TEN PIEDAD.
- Tú, el camino, la verdad y la vida. SEÑOR, TEN PIEDAD.

1. lectura (Iso íos 22,79-23): Escucharemos hoy en el evangelio cómo Jesús instituye a su apóstol Simón Pedro como "piedra" sobre la que se edificará su Iglesia. En esta primera lectura Dios expresa sus deseos e intenciones sobre un hombre escogido para ir delante de
su pueblo.

2. lectura (Romanos 11,33-36): San Pablo entona en esta segunda lectura un canto a la profundidad y riqueza del plan salvador de Dios. Hay que aprovecharlo, profundizar en él, y dar gracias por él cada día.

Oración universal: Presentemos con confianza nuestras plegarias al Padre, diciendo: ESCÚCHANOS, PADRE.

Por los jóvenes cristianos. Que den siempre un buen testimonio de Jesús, el Hijo de Dios vivo. OREMOS:

Por el papa Benedicto XVI, sucesor de Pedro, que estos días participa en la Jornada Mundial de la Juventud. Que Dios le ilumine y le sostenga en su servicio apostólico. OREMOS:

Por todas aquellos que en cualquier ámbito de la sociedad ostentan responsabilidades como gobernantes o dirigentes. Que lo hagan siempre con espíritu de servicio y en bien de los demás. OREMOS:

Porque el tiempo de verano nos ayude a encontrar momentos de paz, de meditación, de oración, para profundizar en nuestra fe y también en las relaciones gratuitas con los demás. OREMOS:

Por ...

Por todos nosotros, por nuestros familiares y amigos, por nuestros vecinos y conocidos. Por nuestros difuntos. OREMOS:

Escucha, Padre bondadoso, las oraciones de tus hijos, y concédenos lo que te hemos pedido confiadamente. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Con la sencillez y la confianza de Pedro, movidos por el Espíritu de Dios, nos atrevemos a decir:

 

CPL

 


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martes, 16 de agosto de 2011

ZENIT.   Estos días he conocido la historia de dos casos sobrecogedores y, a la vez, llenos de esperanza: la de Laura, mujer mejicana, y la de José-Antonio, de Barcelona. Ellos mismos narran las tragedias humanas a las que les condujeron el aborto y el alcohol. Y lo que es capaz de hacer el amor de Dios cuando uno se decide a darle acogida en su corazón.

Laura se trasladó a la ciudad de México cuando tenía 16 años. «Me alojé con una tía lesbiana -cuenta- y allí comencé a impregnarme de muchas ideas y a experimentar un fuerte rechazo a la Iglesia Católica».A los 18 años comenzó a tener relaciones sexuales, pensando que no pasaba nada si un día quedaba embarazada: «aborto y ya está». Efectivamente, quedó embarazada y decidió abortar. «Pero con mi bebé –dice- murieron todas mis ilusiones. Creo que ese día yo me asesiné, me hundí en un infierno de tristeza y vi destruido mi proyecto de vida». Durante veinte años no dejó de ir de un psicólogo a otro y cuando oía llorar a un bebé sentía un dolor interminable y una tristeza espantosa. Cayó en todo: en la brujería, en el vacío, en la soledad. «No encuentro palabras para explicarlo».

Años más tarde se casó y fue a vivir a otra ciudad. Al lado de su nueva casa había una iglesia y el sonar de las campanas y el canto de los fieles penetraba por la ventana. Durante mucho tiempo siguió sin entrar en ella. «Cansada de la vida, decidí entrar en el templo y confesarle al sacerdote todo lo que me estaba ocurriendo. En ese momento me regresó la paz, porque el sacerdote me enseñó a perdonarme a mí misma». De la mano de Dios, su vida ha ido cambiando poco a poco y hoy es una mujer casada, tiene un hijo de cinco años y vive feliz con su marido, que también la ha ayudado en su recuperación. Hace unos días sintió rabia cuando leyó «la declaración de una mujer que decía: Dejad que las mujeres aborten en paz. ¡Qué tontería! No saben a dónde están conduciendo a las mujeres».

Antonio tenía un buen empleo y una familia. Empezó a beber por alternar y terminó haciéndose esclavo de la barra de los bares. La convivencia matrimonial se deterioró «y mis borracheras hacían de mi hogar un verdadero infierno». Trabajaba como jefe de área en una multinacional, pero su progresiva dependencia del alcohol le hizo perder el puesto de trabajo. Al poco, le abandonó su esposa. Poco a poco fue perdiendo los amigos. Un buen día, le cortaron la luz por falta de pago. «Mi única ilusión era conseguir una botella de vino y me acostaba pensando de dónde sacaría cien pesetas para conseguir un litro de vino peleón». No pisaba una iglesia desde hacía más de veinte años. Una noche llegó borracho como de costumbre a casa. «Tenía un crucifijo en mi habitación, lo miré y aquella noche me arrodillé y llorando le dije: “Si tú no me sacas de este pozo yo no puedo salir”».

Unos días más tarde, una mujer del barrio a la que no conocía, se le acercó y le dijo: “Jesús te ama”. Él se lo tomó a broma y pensó: «¿Cómo puede Jesús quererme a mí con la vida que llevo y riéndome de todas esas cosas de iglesia?» Siguieron hablando y a los pocos días le llevó a un grupo de oración de la Renovación Carismática. «Un día me confesé, después de tantos años. Pero no podía comulgar, no me había perdonado a mí mismo. Más tarde ya lo hice» Siguió participando en el grupo y poco a poco su vida se fue normalizando. Cayó gravemente enfermo pero Dios se sirvió de la enfermedad como «de palanca para dejar definitivamente la bebida». Hace ya 16 años que no prueba el alcohol. «Veo, concluye, que el Señor actúa en nuestras vidas diariamente. A Él le debo que me sacara del pozo. Por eso, animo a los que tengan problemas de bebida que acudan al médico que puede curarles: Jesús». Como decía al principio: dos casos tan impresionantes como esperanzadores.

† Estos días he conocido la historia de dos casos sobrecogedores y, a la vez, llenos de esperanza: la de Laura, mujer mejicana, y la de José-Antonio, de Barcelona. Ellos mismos narran las tragedias humanas a las que les condujeron el aborto y el alcohol. Y lo que es capaz de hacer el amor de Dios cuando uno se decide a darle acogida en su corazón.

Laura se trasladó a la ciudad de México cuando tenía 16 años. «Me alojé con una tía lesbiana -cuenta- y allí comencé a impregnarme de muchas ideas y a experimentar un fuerte rechazo a la Iglesia Católica».A los 18 años comenzó a tener relaciones sexuales, pensando que no pasaba nada si un día quedaba embarazada: «aborto y ya está». Efectivamente, quedó embarazada y decidió abortar. «Pero con mi bebé –dice- murieron todas mis ilusiones. Creo que ese día yo me asesiné, me hundí en un infierno de tristeza y vi destruido mi proyecto de vida». Durante veinte años no dejó de ir de un psicólogo a otro y cuando oía llorar a un bebé sentía un dolor interminable y una tristeza espantosa. Cayó en todo: en la brujería, en el vacío, en la soledad. «No encuentro palabras para explicarlo».

Años más tarde se casó y fue a vivir a otra ciudad. Al lado de su nueva casa había una iglesia y el sonar de las campanas y el canto de los fieles penetraba por la ventana. Durante mucho tiempo siguió sin entrar en ella. «Cansada de la vida, decidí entrar en el templo y confesarle al sacerdote todo lo que me estaba ocurriendo. En ese momento me regresó la paz, porque el sacerdote me enseñó a perdonarme a mí misma». De la mano de Dios, su vida ha ido cambiando poco a poco y hoy es una mujer casada, tiene un hijo de cinco años y vive feliz con su marido, que también la ha ayudado en su recuperación. Hace unos días sintió rabia cuando leyó «la declaración de una mujer que decía: Dejad que las mujeres aborten en paz. ¡Qué tontería! No saben a dónde están conduciendo a las mujeres».

Antonio tenía un buen empleo y una familia. Empezó a beber por alternar y terminó haciéndose esclavo de la barra de los bares. La convivencia matrimonial se deterioró «y mis borracheras hacían de mi hogar un verdadero infierno». Trabajaba como jefe de área en una multinacional, pero su progresiva dependencia del alcohol le hizo perder el puesto de trabajo. Al poco, le abandonó su esposa. Poco a poco fue perdiendo los amigos. Un buen día, le cortaron la luz por falta de pago. «Mi única ilusión era conseguir una botella de vino y me acostaba pensando de dónde sacaría cien pesetas para conseguir un litro de vino peleón». No pisaba una iglesia desde hacía más de veinte años. Una noche llegó borracho como de costumbre a casa. «Tenía un crucifijo en mi habitación, lo miré y aquella noche me arrodillé y llorando le dije: “Si tú no me sacas de este pozo yo no puedo salir”».

Unos días más tarde, una mujer del barrio a la que no conocía, se le acercó y le dijo: “Jesús te ama”. Él se lo tomó a broma y pensó: «¿Cómo puede Jesús quererme a mí con la vida que llevo y riéndome de todas esas cosas de iglesia?» Siguieron hablando y a los pocos días le llevó a un grupo de oración de la Renovación Carismática. «Un día me confesé, después de tantos años. Pero no podía comulgar, no me había perdonado a mí mismo. Más tarde ya lo hice» Siguió participando en el grupo y poco a poco su vida se fue normalizando. Cayó gravemente enfermo pero Dios se sirvió de la enfermedad como «de palanca para dejar definitivamente la bebida». Hace ya 16 años que no prueba el alcohol. «Veo, concluye, que el Señor actúa en nuestras vidas diariamente. A Él le debo que me sacara del pozo. Por eso, animo a los que tengan problemas de bebida que acudan al médico que puede curarles: Jesús». Como decía al principio: dos casos tan impresionantes como esperanzadores.


Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el artículo escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “Malestar globalizado”.

Malestar globalizado

VER

En la otrora pacífica y engreída Noruega, desconcierto y pesar por el múltiple e irracional asesinato de días recientes, causado por un desequilibrado, quien de esa forma dice hacer un bien a Europa y a su país. Asombro por la muerte inesperada de una cantante británica de apenas 27 años, en pleno auge de éxitos. Preocupación por los frecuentes suicidios de jóvenes y de quienes no encuentran otra forma de enfrentar sus problemas. Denuncias del gobierno irlandés contra la Iglesia Católica, por actuaciones, a su juicio, inadecuadas en pasados casos de pederastia clerical. Violentas manifestaciones en Grecia e inconformidad social en España. Levantamientos contra dictadores y gobernantes en varias partes del mundo. Y muchos otros casos.

Entre nosotros, plantones y bloqueos carreteros, pidiendo justicia y solución a problemas contra el gobierno o entre organizaciones sociales, con el injusto y grave daño a quienes nada tenemos que ver. Críticas severas y descalificaciones entre partidos, legisladores, candidatos a puestos públicos y dirigentes sociales. Persistencia de la pobreza y falta de trabajo y de oportunidades. Inconsistencia matrimonial y abismo generacional en las familias y en las poblaciones, sobre todo campesinas e indígenas. Inseguridad y violencia, narcotráfico y secuestro, combate al crimen organizado y secuelas colaterales, panfletos y anónimos, robos y desconfianzas…

JUZGAR

¿Qué es lo que provoca estas y muchas otras situaciones? ¿Por qué no vivimos en el paraíso original? ¿Hay propuestas y soluciones de fondo? Cada quien aporta lo suyo; nosotros ofrecemos a Dios.

Dice el Papa Benedicto XVI: “El momento histórico actual está marcado pro luces y sombras. Asistimos a comportamientos complejos: encerramiento en sí mismo, narcisismo, deseo de poseer y de consumir, sentimientos y afectos desliados de la responsabilidad. Muchas son las causas de esta desorientación, que se manifiesta en un profundo malestar existencial, pero en el fondo de todo se puede entrever la negación de la dimensión trascendente del hombre y de la relación fundamental con Dios” (2-VII-2011).

“La técnica que domina al hombre lo priva de su humanidad. El orgullo que genera ha hecho surgir en nuestras sociedades un economicismo intratable y cierto hedonismo, que determina los comportamientos de modo subjetivo y egoísta. El debilitamiento del primado de lo humano conlleva un desvarío existencial y una pérdida del sentido de la vida. De hecho, la visión del hombre y de las cosas sin referencia a la trascendencia desarraiga al hombre de la tierra y, más fundamentalmente, empobrece su identidad misma” (9-VI-2011).

“Donde Dios desaparece, el hombre cae en la esclavitud de idolatrías, como han mostrado, en nuestro tiempo, los regímenes totalitarios, y como muestran también diversas formas de nihilismo, que hacen al hombre dependiente de ídolos, de idolatrías; lo esclavizan… La verdadera adoración de Dios no destruye, sino que renueva, transforma. Ciertamente, el fuego de Dios, el fuego del amor quema, transforma, purifica, pero precisamente así no destruye, sino que crea la verdad de nuestro ser, recrea nuestro corazón” (15-VI-2011).

ACTUAR

¿Quieres encontrar sentido a tu vida? Busca a Dios. ¿Anhelas que tu familia goce de paz y estabilidad? Acérquense a Dios. ¿Pides y exiges que nuestra patria y el mundo cambien? Abramos el corazón a Dios. ¿Sueñas y gritas por que se acaben la violencia y la injusticia? No destierres a Dios de las leyes, de las costumbres, de la política, de la economía, de la escuela.

Dios no es enemigo a vencer, sino padre, amigo, salvador, redentor, liberador. Dios es fuente de justicia, de verdad, de paz y de amor. Dios es consuelo y aliento, luz y camino. Dios te guía por senderos seguros, que te exigen control de tus pasiones bajas, renuncia a tu egoísmo, solidaridad con los pobres, crucifixión de ti mismo, pero sólo así tu vida será Vida, tendrá sentido y valor, inmanencia y trascendencia; sólo así serás alguien y no uno más del montón.

Si no me crees, ¡haz la prueba y verás cuán bueno es el Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el mensaje que Benedicto XVI ha dirigido al prepósito general de los Clérigos Regulares Somascos, con motivo del año jubilar convocado por la Orden en el quinto centenario de la prodigiosa liberación de la cárcel del fundador, san Jerónimo Emiliani (1486-1537).

La pobreza de amor, raíz de todo problema humano

Al reverendo padre Franco Moscone, c.r.s.
Prepósito general de la Orden de los Clérigos Regulares Somascos

He sabido con profunda complacencia que esta Orden se prepara para celebrar con un año jubilar una fecha feliz e importante para su historia y su carisma. El 27 de septiembre próximo, de hecho, se celebrará el quinto centenario de la prodigiosa liberación de la cárcel, por obra de María Santísima, del fundador, san Jerónimo Emiliani, patrón universal de los huérfanos y de la juventud abandonada: un evento prodigioso que, al mismo tiempo, cambió el curso de una vida humana y dio inicio a una experiencia de vida consagrada sumamente significativa para la historia de la Iglesia.

La vida del laico Girolamo Miani, veneciano, fue como “refundada” en la noche del 27 de septiembre de 1511, cuando después de un sincero voto de cambiar de conducta, presentado a la Virgen Grande de Treviso, por intercesión de la Madre de Dios, quedo liberado de los grilletes de la prisión, que él mismo colocó ante el altar de la Virgen.

“Dirupisti vincula mea” (Salmo 116, 16). El versículo del salmo expresa la auténtica revolución interior que tuvo lugar después de aquella liberación, ligada a las atormentadas vicisitudes políticas de la época. Se convirtió en una renovación integral de la personalidad de Jerónimo: fue liberado por intervención divina, de los lazos del egoísmo, del orgullo, de la búsqueda de la afirmación personal, de modo que su existencia, en un primer momento orientada sobre todo a los bienes temporales, se centró únicamente en Dios, amado y servido de manera particular en la juventud huérfana, enferma y abandonada.

Orientado por sus vicisitudes familiares, a causa de las cuales se había convertido en tutor de todos sus sobrinos que quedaron huérfanos, san Jerónimo maduró la idea de que la juventud, sobre todo la más necesitada, no puede ser abandonada, sino que para crecer de una manera sana requiere un requisito esencial: el amor. En él, el amor superaba el ingenio, y dado que era un amor que surgía de la caridad misma de Dios, estaba lleno de paciencia y de comprensión: atento, tierno y dispuesto al sacrificio, como el de una madre.

La Iglesia del siglo XVI, dividida por el cisma protestante, en búsqueda de una seria reforma también en su interior, gozó de un reflorecimiento de santidad que se convirtió en la primera y más original respuesta a las instancias renovadoras. El testimonio de los santos muestra que sólo hay que confiar en Dios: las pruebas, de hecho, tanto a nivel personal como institucional, sirven para aumentar la fe. Dios tiene sus planes, incluso cuando no logramos comprender sus disposiciones.

La atención por la juventud y su educación humana y cristiana, que caracteriza el carisma de los Somascos, sigue siendo un compromiso de la Iglesia, en todo tiempo y lugar. Es necesario que el crecimiento de las nuevas generaciones sea alimentado no sólo por nociones culturales y técnicas, sino sobre todo por el amor, que vence al individualismo y al egoísmo y permite prestar atención a las necesidades de todo hermano y hermana, incluso cuando no puede intercambiarlas, es más, precisamente entonces. El ejemplo luminoso de san Jerónimo Emiliani, definido por el beato Juan Pablo II “laico animador de laicos”, ayuda a preocuparse por toda pobreza de nuestra juventud, moral, física, existencial, y ante todo, la pobreza de amor, raíz de todo serio problema humano.

Seguirá guiándonos con su apoyo la Virgen María, modelo insuperable de fe y de caridad. Al igual que liberó de las cadenas que tenían prisionero a san Jerónimo, que con su materna bondad siga liberando a los hombres de los lazos del pecado y de la prisión de una vida privada del amor por Dios y por los hermanos, ofreciendo las llaves que nos abren el corazón de Dios y nuestro corazón a Dios.

Con estos sentimientos, le imparto a usted, reverendo padre, a todos los miembros de la Familia Somasca, y a cuantos se unirán con fe a las celebraciones jubilares una especial bendición apostólica.

Castel Gandolfo, 20 de julio de 2011

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina
© Libreria Editrice Vaticana]


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo veintiuno del Tiepo Ordinario - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

NUESTRO ÚNICO SEÑOR        

"¿Quién decís que soy yo?". Lo mismo que los primeros discípulos, también los cristianos de hoy hemos de responder a Jesús para recordar de quién nos hemos fiado, a quién estamos siguiendo y qué podemos esperar de él. También nosotros vivimos animados por la misma fe.

          Jesús, tú eres el Hijo de Dios vivo. Creemos que vienes de Dios. Tú nos puedes acercar como nadie a su Misterio. De ti podemos aprender a confiar siempre en él, a pesar de los interrogantes, dudas e incertidumbres que nacen en nuestro corazón. ¿Quién reavivará nuestra fe en un Dios Amigo si no eres tú? En medio de la noche que cae sobre tus seguidores, muéstranos al Padre.

         Jesús, tú eres el Mesías, el gran regalo del Padre al mundo entero. Tú eres lo mejor que tenemos tus seguidores, lo más valioso y atractivo. ¿Por qué se apaga la alegría en tu Iglesia? ¿Por qué no acogemos, disfrutamos y celebramos tu presencia buena en medio de nosotros? Jesús, sálvanos de la tristeza y contágianos tu alegría.

         Jesús, tú eres nuestro Salvador. Tú tienes fuerza para sanar nuestra vida y encaminar la historia humana hacia su salvación definitiva. Señor, la Iglesia que tú amas está enferma. Es débil y ha envejecido. Nos faltan fuerzas para caminar hacia el futuro anunciando con vigor tu Buena Noticia. Jesús, si tú quieres, puedes curarnos.

         Jesús, tú eres la Palabra de Dios hecha carne. El gran Indignado que ha acampado entre nosotros para denunciar nuestro pecado y poner en marcha la renovación radical que necesitamos. Sacude la conciencia de tus seguidores. Despiértanos de una religión que nos tranquiliza y adormece. Recuérdanos nuestra vocación primera y envíanos de nuevo a anunciar tu reino y curar la vida.

         Jesús, tú eres nuestro único Señor. No queremos sustituirte con nadie. La Iglesia es sólo tuya. No queremos otros señores. ¿Por qué no ocupas siempre el centro de nuestras comunidades? ¿Por qué te suplantamos con nuestro protagonismo? ¿Por qué ocultamos tu evangelio? ¿Por qué seguimos tan sordos a tus palabras si son espíritu y vida? Jesús, ¿a quién vamos a ir? Tú sólo tienes palabras de vida eterna.

         Jesús, tú eres nuestro Amigo. Así nos llamas tú, aunque casi lo hemos olvidado. Tú has querido que tu Iglesia sea una comunidad de amigos y amigas. Nos has regalado tu amistad. Nos has dejado tu paz. Nos la has dado para siempre. Tú estás con nosotros hasta el final. ¿Por qué tanta discordia, recelo y enfrentamientos entre tus seguidores? Jesús, danos hoy tu paz. Nosotros no la sabemos encontrar. 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
21 de agosto de 2011
21 Tiempo ordinario (A)
Mateo 16, 13-20


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lunes, 15 de agosto de 2011

Desgrabación de la homilía del cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires en el santuario de San Pantaleón con motivo de su fiesta patronal (27 de julio de 2011). (AICA)

SAN PANTALEÓN         

A Jesús le gusta comparar el Reino de Dios, que él vino a fundar e instituir, con la semilla, con una planta que crece. Varias veces en el Evangelio lo hace; y este pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar también se refiere a eso. La bondad del Reino de Dios es como la buena semilla, la semilla que da vida, la que engendra un árbol de vida. Dice por ejemplo … la semilla de la mostaza que es muy chiquita pero cuando crece hasta los pájaros vienen a hacer su nido. Todo vida. O la semilla del trigo… pero hay que sembrar. Y su palabra es Palabra de Vida, palabra que hace crecer, semilla que hace crecer. Pero también en otra parábola dice una cosa curiosa que de noche, a escondidas, en la oscuridad (cuántos corazones hay en tinieblas, en la oscuridad!), siembran la mala semilla.. Jesús dice: Siembran la cizaña, que es semilla de muerte, de destrucción, de desunión. Por ejemplo en el barrio cuando hay alguna persona que va de casa en casa sacándole el cuero a los demás, decimos: “Esta siembra cizaña”, o no? Acá hay alguno que siembra cizaña? No? Porque esa es semilla de muerte. Y cada vez que tenemos ganas de hacerle mal a otro, en nuestro corazón estamos preparando la semilla de cizaña y Jesús en esa parábola dice que los que pertenecen a Dios  siembran trigo, los que pertenecen al malo (al demonio) siembran cizaña; es curioso eso son los discípulos del demonio, en cambio los discípulos de Jesús siembran trigo, es decir, la semilla del bien.

Y todos tenemos en la mano la posibilidad de sembrar una u otra. Ahora que lindo! Cuando sembramos la semilla del bien no nos tenemos que preocupar de lo que va a pasar porque el Evangelio dice: “el que siembra la semilla en la tierra, sea que duerma o se levante, de noche o de día, la semilla germina sola y va creciendo”. Es Dios el que da el crecimiento del bien, o sea, un acto bueno como cuidar un enfermo, atender una persona triste o cualquier otra acción humana, es Dios el que las hace crecer y multiplicarlas. En cambio, el que siembra cizaña ya sabemos que lo que obtiene como resultado es la desunión, el odio, la fragmentación del barrio y la familia, del trabajo, siempre andar con cuentos para desunir… no es cierto?... Eso es obra del demonio.

En este santuario desde hace 50 años se viene a sembrar buena semilla. Semilla de deseos de ser mejores; semillas de deseos de salud; y les confieso que a mi me impresiona cuando en el momento de la bendición se invita a que cada uno piense o nombre a aquél que está pidiendo la salud, se escucha un murmullo de nombres para quienes queremos que la buena semilla vaya a fructificar en salud. Este es un santuario de siembra. Y cuantas veces vemos que en la cola hay lágrimas… y gente que viene a pedir por salud u otros problemas graves que hacen sufrir… Y también vemos en la cola gente que esta sonriendo porque viene a dar gracias; porque esa semilla que sembró con su oración, dio sus frutos… Decíamos en el Salmo: “Los que siembran entre lágrimas, cosecharán cantando.” El que siembra la buena semilla, aunque enseguida no le vaya bien, a la larga termina alegre y cantando porque su planta, su pedido, dio fruto bueno.

Este es el santuario de la siembra de la buena semilla. Con lagrimas. Con buenos deseos. Con sonrisas de agradecimiento. Pero acá se siembra la buena semilla. Por eso una de las cosas que hay que dejar en la puerta, que no puede entrar, es la bronca: si uno le tiene bronca a otro, eso lo tiene que dejar afuera porque es mala semilla, es cizaña! Acá tenés que entrar con trigo, con buena semilla! “Pero Padre, a mí fulano me hizo esto, esto y aquello y aquel otro me hizo esto otro y…”… Bueno, eso dejalo afuera para que lo tenga el diablo pero vos entrá a hablar con Jesús, con San Pantaleón, con la buena semilla de perdonar y de que crezca lo que estas pidiendo. Si nosotros nos acostumbramos a dejar afuera los canastos de cizaña que a veces uno va recogiendo en la vida para sembrar, dejando que se pudran solos, como cambiaría la vida! como cambiaría la familia! como cambiaría el barrio! como cambiarían los lugares de trabajo! Sembrar buenas semillas aunque sea con lágrimas porque vamos a terminar cantando de alegría. Y a la mala semilla déjenla afuera.

En este santuario, tierra fértil para la buena semilla, pidámosle a Dios la gracia de sembrar la buena semilla y que nuestro corazón siempre prefiera sembrar el trigo, y cuando venga el diablo a ofrecernos semilla más barata (la del odio, el rencor, la división, del deseo del mal al otro…) digámosle:”Acá no! Andá a venderla en la otra cuadra!” … Está claro eso?!? Qué tipo de semilla venimos a sembrar acá!?! Más fuerte porque no oigo nada… la semilla de la cizaña?? Esa no, muy bien! Y donde la dejamos?? Afuera, muy bien. Que se la lleven con la basura y la quemen. Pero nosotros venimos con la buena semilla. Y les hago una pregunta más difícil: la buena semilla siempre es alegre o a veces es dolorosa? A veces es dolorosa… pero si tenemos la esperanza de sembrarla en el amor de Dios, dará buen fruto aunque no lo veamos. Por ahí no lo vemos pero lo verán nuestros hijos, los vecinos, nuestros compañeros de trabajo, la gente del barrio… ellos son los que verán los frutos buenos.

No nos desalentemos: aunque estemos llorando de dolor por un problema de salud, sembremos la buena semilla de la petición y digamos: “Señor, dame este favor y también dáselo a todos lo que necesitan”. Hagámoslo con el corazón ensanchado y de la otra semilla olvidémonos. Que así sea.  

Cardenal Jorge M. Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires


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Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús en el programa radial "Compartiendo el Evangelio" (24 de julio de 2011). (AICA) 

SEGUIR CONSTRUYENDO EL REINO  
Evangelio según San Mateo 13, 44-52 (ciclo A)

Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto? "Sí", le respondieron.

Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".

 Seguir construyendo el Reino

Estamos hablando del Reino de Dios y de la Iglesia. El Reino de Dios que está presente pero que no se agota y que tenemos que seguir buscando siempre. Uno busca algo que le toma toda la vida: el tesoro, la perla o la pesca milagrosa. Estas tres cosas, que son fundamentales, uno ya las tiene pero involucra todo lo demás. Está presente pero todavía tiene que seguir lográndolo.

El Reino, que no es de este mundo, ¡ya está presente pero tiene que seguir en construcción!, ¡y esa construcción comienza acá! Y esto es universal, abierto a todos. Pero el Reino de Dios y la Iglesia, no siempre son conceptos iguales; porque el Reino va más allá y aún hay que seguir buscándolo.

Primero se lo busca, se lo encuentra y toma todo. Segundo, hay que tener empeño y compromiso, es decir cumplirlo ahora y uno ‘jugar su vida’ por aquello que piensa, o que cree, o que valga la pena. Y tercero, es una actitud no pasiva sino activa; exige un movimiento y un compromiso que lo mantiene activo en todo.

¡Ya está cumplido, el Reino!, pero aún debe cumplirse y se cumple cada día. Por eso frente a la búsqueda de aquello que es principal y definitivo para nosotros, tenemos que ir construyendo las demás definitividades; y vivir permanentemente una actitud de conversión personal y una actitud de conversión pastoral, como lo dice proféticamente (el documento de) Aparecida.

Queridos hermanos, les dejo mi bendición de padre, pastor y Obispo: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén 

Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús 


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Hablan los obispos
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domingo, 14 de agosto de 2011

(ZENIT.org La sociedad narcisista en la que vivimos valora la eficacia y da culto a lo joven, bello y hermoso. La vejez es un contravalor y no se estima la “sabiduría del corazón” que representan los años. Debido a esta cultura y a otros factores sociales, en ocasiones,  los ancianos son para algunos hijos una carga que se pasan de unos a otros y muchos terminan desamparados. Sin embargo, en esta misma sociedad, los abuelos son más protagonistas de lo que parece, pues  no pocos de ellos son actualmente una ayuda imprescindible para aquellas parejas de matrimonios jóvenes que, abocadas al trabajo fuera del hogar tanto el marido como la mujer, ven en sus padres el mejor seguro de la educación de sus hijos.

Ahí están las estampas de cada día, de aquel abuelo o abuela que recoge a su nieto a la salida del colegio. Que ayuda en tareas domésticas de la nueva familia de sus hijos, y que en tantas ocasiones –siguiendo la máxima evangélica de “no sepa tu mano izquierda lo que da tu derecha”, continúan sacrificándose en favor de sus hijos. Pero sobre todo ahora, cuando muchas familias jóvenes  sufren  de cerca la lacra del paro, allí están los abuelos compartiendo lo que tienen para ayudar a hijos y nietos.

Esta generación de personas mayores se forjó en los años duros donde todavía no había aparecido la llamada sociedad del bienestar. No tuvieron las comodidades que gozan hoy sus nietos, ni las posibilidades culturales y educativas que tienen sus hijos pues muy pronto conocieron  la dureza del trabajo para traer dinero a casa. Son hombres y mujeres hechos a sí mismos, autodidactas, sacrificados, capaces de un aguante sobrehumano y de las más heroicas renuncias. Precisamente son ellos quienes están desempeñando una labor supletoria en la transmisión de la fe y de los valores que han configurado la institución natural de la familia. Por esto y por otras muchas razones, los abuelos siguen siendo un gran tesoro de humanidad en todas las tradiciones culturales.

En África se dice que, cuando muere un anciano “ha desaparecido una biblioteca”. Los mayores allí son los custodios de la memoria colectiva. En cambio, en Occidente, nadie quiere parecer viejo y se ha perdido el respeto a la “vejez venerable”.  Pero para un cristiano no está pasado de moda el cuarto mandamiento de la ley de Dios: “honrar al padre y a la madre”, por mucho giro antropológico y cultural que pretendan dar a la familia los poderosos de turno en función de sus intereses políticos e ideológicos. El reconocimiento universal de este mandamiento conlleva el amor de los hijos a los padres, manifiesta la vinculación entre las generaciones y hace que los mayores se sientan seguros y que no sean considerados un objeto inútil y embarazoso. Por eso, honrar a los padres supone también honrarles cuando lleguen a ser  abuelos,  acogiéndolos, asistiéndolos y valorando todas sus cualidades.

Es necesario crear una nueva mentalidad respecto de nuestros mayores. En primer lugar, hace falta considerar al anciano en su dignidad de persona. Luego hay que procurarle una inserción efectiva en el entramado social. No son un peso para la sociedad, si no una fuente de sabiduría y armonía que puede contribuir al bien común. Finalmente, no sólo se trata de organizar actividades de ocio para la tercera edad, si no de procurarles una asistencia rica en humanidad e impregnada de valores auténticos.

La tradición cristiana hace coincidir la fiesta litúrgica de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, con la celebración del “día de los abuelos”. Recordemos en esta efeméride el mensaje que Benedicto XVI dirigió a todos los abuelos del mundo desde Valencia (España) en el  V Encuentro Mundial de las Familias 2006: “Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Ellos pueden ser –y son tantas veces– los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que, bajo ningún concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte”.

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Monseñor Juan del Río Martín es el arzobispo castrense de España


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Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo Puerto Iguazú, para el XVII Domingo durante el año (24 de julio de 2011). (AICA)

XVII DOMINGO DURANTE EL AÑO            

“Danos, oh señor, un corazón comprensivo…
para discernir entre el bien y el mal” (sab. 3, 9)

La liturgia de hoy nos introduce en el tema de la Sabiduría que procede de Dios y se hace carne en nuestros corazones. En la primera lectura nos encontramos con la hermosa oración de Salomón, Rey de Israel (1 Re. 3,5-12), que tras la invitación que le hace Dios para que le pida lo que quisiera, Salomón le pide “un corazón comprensivo para gobernar, capaz de discernir el bien del mal y así gobernar bien. En definitiva, Salomón pedía a Dios “Sabiduría para gobernar a su Pueblo” y esto agradó al Señor. Esta lectura nos enseña que la verdadera sabiduría procede de Dios y que sólo Él puede concederla.

Jesús, la Sabiduría hecha Carne, en la lectura de hoy compara al Reino de los Cielos “con un tesoro escondido en el campo” (Mt. 13, 44-52). Podríamos decir de entrada que este “tesoro” es la sabiduría. Jesús quiere enseñarnos que para conquistar el Reino de los Cielos es necesario poseer la sabiduría que procede de Dios. Y nos dice que quien encuentra este tesoro, lleno de alegría, va compra el campo y lo vuelve a esconder. El Reino se parece también a un comerciante de “perlas finas” que al encontrar una de gran valor, va vende todo lo que tiene y la compra. (Ib. 45).

En los dos casos hay quien encuentra un “tesoro”. En el primer caso el tesoro es encontrado por casualidad; en el segundo es buscado, pues se trata de un pescador de perlas finas. Pero el “tesoro” será siempre el mismo: “la Sabiduría”, “el Reino de los Cielos”, “el Evangelio”, “la Gracia”, “la Amistad con Dios”. Este “tesoro escondido” está en el mundo por virtud de la Creación y de la Redención, muchos lo tienen cerca pero no lo descubren. Esto nos lleva a recordar a San Agustín cuando decía: “¡oh dulce hermosura, tan lejos que te buscaba y tan cerca que te tenía!”. Para descubrir este tesoro hace falta abrir el corazón a Dios, dejarlo entrar y que Él nos muestre su belleza, para que con su gracia podamos poseerlo. Hay quienes lo han descubierto por virtud de la gracia y del amor de Dios, pero lo descuidan dejándose seducir por el mundo y las satisfacciones de la vida terrena, por sus gozos y sus riquezas.

Solamente quien tenga el corazón dócil y comprensivo, como pedía Salomón, podrá discernir el mal del bien, lo eterno de lo transitorio, lo que es aparente de lo que es sustancial y descubriendo esto podrá decidirse por el Reino, venderá todo lo que tiene para alcanzar lo que promete Jesús: “la vida del reino”. Y esto no se alcanza sin la “Sabiduría que procede de Dios”. Jesús nos pide “todo” pero también nos promete “todo”: la Vida Eterna.

El Reino –en la enseñanza de Jesús- se parece también a una “red llena de peces” (Ib. 47-48) que al término de la pesca son seleccionados: los buenos se separan de los malos. Para hacer esta selección al final de la pesca, es necesario poseer la “sabiduría” para discernir el valor de los peces. Como en los otros casos, esta es una comparación con los bienes del cielo, hace falta sabiduría divina. ¿Entendéis esto?, pregunta Jesús. El libro del Apocalipsis hacia el final de la Revelación dice: “Yo estoy a la puerta y llamo, quien quiera abrirme, Yo entraré en él, y hablaremos de nuestras cosas, y seré su amigo”. Jesús nos lleva a la comprensión de las cosas de la Vida Eterna y el diálogo con Él nos lleva a comprender y elegir entre lo pasajero y lo temporal, entre lo eterno y lo divino.

Todo el que conoce la Palabra de Dios y es discípulo de Cristo se asemeja a un padre de familia que va “sacando del arca lo nuevo y lo antiguo” (Ib 52). Esto es, ya sea del Antiguo Testamento –lo viejo–; ya sea del Nuevo Testamento –lo nuevo– puede encontrar el mensaje de sabiduría para la vida. Y así fascinados, por el Reino de los Cielos, tenemos que abrirnos a la gracia de Dios para conseguir ese tesoro. Para que este encuentro con el Reino se dé, es necesario renunciar a las fascinaciones del mundo temporal y no tener miedo a las adversidades que puedan venir. Sólo con la gracia de Dios podremos comprender que lo que cuenta no es la felicidad terrena, sino la eterna, y podremos llegar al convencimiento –finalmente– que “el amor a Dios es lo único que cuenta”.

Pidamos a María la Virgen, en quien la Eterna Sabiduría se hizo carne, que nos ayude a poseerla, para poseer la eternidad. 

Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú 


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Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa “Claves para un mundo mejor” (23 de julio de 2011). (AICA)

NUESTRA RELACION CON LA PALABRA DE DIOS          

Hoy quiero ofrecerles una pequeña catequesis sobre un tema fundamental para la vida cristiana: nuestra relación con la Palabra de Dios.

Si uno enuncia las cosas así, se puede pensar rápidamente: se trata de ver cómo los cristianos, los creyentes, leemos la Biblia;  cómo nos alimentamos de ella, cómo crecemos en la fe gracias a una lectura orante de la Palabra de Dios.

Esta interpretación es válida, pero la relación del cristiano con la Palabra de Dios no se reduce simplemente a la lectura de la Biblia; hay que encontrar, en todo caso, un contexto mucho más amplio para que esa lectura de la Biblia sea efectivamente fructuosa.

En primer lugar, pongamos la atención en esto: ¿quién es la Palabra de Dios? No solamente qué es la Palabra de Dios, sino quién es. Si leemos el Evangelio de San Juan desde el principio, aparece claro que Cristo es la Palabra de Dios, el Verbo como allí se lo llama. Logos se dice en griego. Cristo es el Pensamiento, la Razón y la Palabra de Dios, es el Verbo eterno, el Verbo que con el Padre y el Espíritu Santo es un solo Dios desde toda la eternidad.

Dios nos habla en su Verbo que es su Hijo. Nos habla en su Hijo, especialmente en la Encarnación del Hijo, es decir en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Nos habla en la vida de Cristo, en sus milagros y sobre todo en su enseñanza tal como la encontramos escrita en los Evangelios.

La Iglesia nos enseña que toda la Escritura del Antiguo Testamento estaba preparando la revelación del Nuevo Testamento es toda ella  una gran profecía de Cristo. Y luego los escritos de los Apóstoles que completan el Nuevo Testamento con los Evangelios son una interpretación, una explicación, una profundización de la enseñanza de Jesús, que nos llega de una manera vital, viva, a través de la predicación apostólica. Por eso podemos decir que nosotros recibimos la Palabra de Dios por medio de la predicación de la Iglesia.

Cuando Usted va a Misa el domingo y escucha la lectura bíblica,  allí esa lectura bíblica tiene un valor especial. Va acompañada de una gracia de Dios que busca el asentimiento de su corazón. Y cuando el sacerdote la explica, si la explica bien,  como corresponde, de acuerdo a la tradición y al magisterio de la Iglesia, allí la Palabra de Dios es actualizada para usted, le es dicha. Debemos leer la Sagrada Escritura como expresión de la propia fe buscando allí a Cristo, buscando que esa palabra se haga actual para nosotros y para eso, leerla en el espíritu con que ha sido puesta por escrito.

Los Padres de la Iglesia hacían una comparación muy bella entre la escritura bíblica y el Verbo encarnado. Decían: así como el Verbo eterno de Dios se hizo carne, se hizo hombre en Jesucristo, así también la Palabra eterna de Dios se hace libro en la Sagrada Escritura.

Pero entonces uno no lee la Escritura como si fuera un documento histórico, arqueológico, que nos cuenta cosas del pasado. Tampoco necesitamos en nuestra lectura personal los tecnicismos del exégeta. Al leer la Biblia con espíritu de fe nos insertamos en la corriente viva de la tradición de la Iglesia y nos dejamos guiar por su magisterio, que interpreta auténticamente la Sagrada Escritura...

En la lectura bíblica, practicada en las condiciones descritas, se realiza el encuentro con Dios en Jesucristo y nuestra fe es alimentada por su palabra. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata  


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"Para qué los cristianos de Occidente, dóciles a la acción del Espíritu Santo, encuentren la frescura y el entusiasmo de su fe" - Comentario a la Intención Misionera de agosto 2011

Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - En la Iglesia primitiva, a causa de la persecución y del celo evangélico de los primeros discípulos, los apóstoles y sus colaboradores se extendieron por toda la tierra entonces conocida. San Pablo evangelizó Grecia y llegó a España y Roma, donde fue martirizado. Incluso San Pedro dio su vida por el Maestro, cerca de la colina del Vaticano. Desde la capital del Imperio Romano, la fe de Cristo se extendió por toda Europa, influyendo en la cultura y impregnando de Evangelio todos los aspectos de la vida social. La civilización occidental se basa en los valores cristianos, en una visión del hombre marcado por su condición de Hijo de Dios, de su destino eterno en Cristo.


La evangelización de los nuevos contenidos extendidos por todo el mundo, una cultura que tiene sus raíces en el Evangelio y es inseparable de la fe. Por desgracia, en el siglo XVIII empezó con la Ilustración en Europa, una ola de laicismo, que pretendía despojar de su identidad cristiana todo el Occidente. Esta ola de secularismo está llegando a la cristianofobia, según lo declarado por el Papa Benedicto XVI. La laicidad tiene el efecto de llevar al hombre a vivir como si Dios no existiera. Esto ha producido una gran falta de esperanza, que se manifiesta en una cierta angustia existencial por el futuro, en la disminución de la tasa de natalidad, el número de vocaciones, y una incapacidad por parte de los jóvenes para tomar en definitiva decisiones para sus vidas, incluyendo el matrimonio.


Durante su visita a Santiago de Compostela, en noviembre de 2010, el Santo Padre Benedicto XVI dijo: "Es una tragedia que en Europa, especialmente en el siglo XIX, se confirme y difunda la convicción de que Dios es el enemigo del hombre y el enemigo de su libertad. (...) Dios es la fuente de nuestro ser y la base y la cumbre de nuestra libertad, no su adversario. (...) ¿Cómo es posible que se haya hecho un silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana?" (Misa del Año Santo Compostelano, Plaza del Congreso, 6 de noviembre de 2010).


Los discípulos de Cristo en Occidente en realidad debe recuperar el entusiasmo por la fe, superando el materialismo del consumo y abriéndose a una dimensión trascendente de la vida. Es necesario descubrir de nuevo la persona de Cristo como alguien que está vivo, que está en medio de nosotros. Es necesario encontrar un nuevo espacio para el silencio y la meditación de la Palabra de Dios, para entrar en comunión con la persona de Jesús . Por esto el Papa ha hecho un llamamiento a los cristianos para "seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y ofrecer un testimonio claro y valiente de su Evangelio".


María, Reina de los Apóstoles, nos obtenga con su intercesión materna de una nueva efusión del Espíritu Santo para renovar la Iglesia en Occidente. (Agencia Fides 26/07/2011)


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Homilía de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas en el 17º domingo durante el año (24 de julio de 2011). (AICA)

INDIFERENCIA PELIGROSA              

El Evangelio de este domingo (Mt. 13,44-52), nos presenta algunas parábolas que nos hablan del asombro y de la alegría de aquellos que desde la experiencia de la fe descubren “el Reino de Dios”. Nos dice el mismo Señor, que dicha experiencia es como encontrar un tesoro de gran valor y por el cual uno es capaz de vender todo lo que tiene para conseguirlo. También compara el Reino con una perla de gran valor: “Y al encontrar una (perla) de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró” (Mt.13, 46).

Desde ya que debe surgirnos la pregunta básica, pero esencial a nuestra condición de cristianos ¿qué lugar ocupa Cristo y ese Reino que Él nos comunica en nuestra vida? Podemos entender este mensaje y acceder a este Reino, solamente cuando nos encontramos con el Señor y la puerta que nos permite tener esta experiencia que nos alegra y no da la paz, es la fe. El “tesoro” de los Apóstoles y de los discípulos que colmó de gozo definitivamente sus vidas fue encontrarse con el rostro de Jesús resucitado. Ese rostro que los Apóstoles contemplaron después de la resurrección era el mismo de aquel Jesús con quien habían vivido unos tres años y que ahora se manifestaba mostrándoles “las manos y el costado”. Ciertamente no fue fácil creer. Los discípulos de Emaús creyeron solo después de un laborioso itinerario del Espíritu (Lc.24, 13-35). En realidad aunque vivieron y tocaron su cuerpo, solo la fe pudo franquear el misterio de aquel rostro…

A los discípulos, como haciendo un primer balance de su misión, Jesús les pregunta quién dice la gente que es Él. De hecho recibió varias respuestas que no llegaban a acertar. Algunos dijeron Juan Bautista, otros Elías… Hoy podríamos también dar respuestas variadas, un personaje importante del pasado, un profeta mas como un gurú, una especie de Sai Baba, quizá otros incluso pueden manifestar que es Dios y hombre, pero solo como un concepto recitado, una fórmula sin implicancias reales en la propia vida. Solo Pedro acierta la respuesta en el grupo de los Apóstoles: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (Mt. 16,16). ¿Cómo llegó Pedro a esta fe…? Mateo nos da una indicación clarificadora: “No te ha revelado esto la carne, ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo” (Mt.16, 17). La fe y apertura al camino de la gracia que Dios obra nos permiten acceder a tener una comprensión de Jesús resucitado y del Reino que Él anuncia.

Hace algunas semanas hemos planteado que la religiosidad es uno de los rasgos que hacen a la identidad cultural latinoamericana. También la necesidad de profundizar el proceso evangelizador de la misma. Así como el acentuar los itinerarios de la fe en orden a superar los errores y desviaciones que se dan en la búsqueda de Dios de nuestro pueblo. Pero el mayor flagelo en nuestro tiempo proviene de “la indiferencia”, no solo en lo religioso, sino en todos los aspectos. Una especie de “nihilismo” que lleva a un vacío existencial y a un cierto “auto suicidio” y vaciamiento del sentido de la vida. Por ello, con todos pero en especial con los jóvenes, deberemos profundizar sobre la necesidad de volver a Dios para recuperar el gozo profundo que da el saber que la vida está cargada de sentido.

Quizá cuando avanzamos en esta reflexión a muchos les cueste captar que nos hemos excedido en vivir “solo”, reitero “solo”, en las circunstancias que van generando expectativas que duran algunos días, a veces meses y en general horas. Como sumergidos en nuestro tiempo post moderno vivimos en general fragmentadamente y en una especie de “zapping cultural”. Este exceso de información y atención “solo fenoménica o superficial”, a veces inconsistentes y sensacionalistas, nos deja vacíos e insatisfechos. Este es el drama del secularismo, o de un humanismo sin Dios, sin encarnación y Pascua, y después sin dignidad humana y sin valores. La reflexión de este tema es clave porque nos permite discernir como vivir, con plenitud o con vaciamiento. La sola mirada fragmentada, de la cultura del zapping, o bien ordenada solo por el consumo y el materialismo es uno de los problemas que debemos encarar, para salir de la actual crisis de la civilización o de valores que padecemos en la cultura actual.

En este sentido volver a lo esencial del cristianismo siempre será novedoso, y el encontrarnos con Jesucristo nos permitirá experimentar lo que nos enseña la parábola que nos habla del “tesoro”. En este domingo en que el Señor nos habla del Reino de Dios, quizá nos encuentre sumergidos en urgencias, pero perdiendo la comprensión de lo importante, “el tesoro” que nos anima a caminar bien en las circunstancias del día a día. ¿Los cristianos sabemos que formamos parte de este Reino y que somos portadores de un “tesoro”, o creemos que esto es para algunos piadosos y piadosas? ¡Pidamos el don de la Fe para que podamos ver!

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo! 

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas 


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sábado, 13 de agosto de 2011

Relación de actos a celebrar con motivo de la Fiestas Patronales 2011 en honor de la Virgen de la Esperanza, patrona del municipio de La Guancha, Tenerife.

PROGRAMA DE ACTOS
(Agosto 2011)

13 - AGOSTO - 2011

Lugar: Casa de La Pradera - Plaza de la Iglesia

Del 13 al 27 de agosto – Exposición de pintura de Celestino Mesa (Situada en escaparates comerciales del municipio) 16:00 h. – Concentración en la Casa de la Pradera (Servicio de transporte gratuito desde el casco) 18:00 h. – XIV EDICIÓN BAJADA DE LAS HAYAS 22:00 h. – BAILE DE ROMEROS (Orquestas Bahía Band y Malagua)

14 - AGOSTO - 2011

Lugar: Torre de la Iglesia - Barranco de La Asomada

12:00 h. – Repique de campanas, lanzamiento de cohetes y colocación de la bandera 16:00 h. – EXHIBICIÓN DE MINIMOTOS

15 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Pabellón de Deportes del CEIP Plus Ultra

11:00 h. – Santa Misa: “Asunción de la Virgen a los cielos” 18:00 h. – I MINI TORNEO DE BALONCESTO DE VERANO (1ª Semifinal) 20:00 h. y 21:30 h. – XXVIII TORNEO DE BALONCESTO DE VERANO (Cuartos de final)

16 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Pabellón de Deportes del CEIP Plus Ultra

18:30 h. – Rezo del Santo Rosario 19:00 h. – Santa Misa y Homilía: “María, es la madre siempre cercana” 18:00 h. – I MINI TORNEO DE BALONCESTO DE VERANO (2ª Semifinal) 20:00 h. y 21:30 h. – XXVIII TORNEO DE BALONCESTO DE VERANO (Cuartos de final)

17 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Polideportivo El Castillo

18:30 h. – Rezo del Santo Rosario 19:00 h. – Santa Misa y Homilía: “María, en servicio dedicado a los demás”. 20:00 h. y 21:00 h. – TORNEO DE FÚTBOL SALA (Semifinales)

18 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Pabellón de Deportes del CEIP Plus Ultra - Calle Pedro González Yanes

18:30 h. – Rezo del Santo Rosario 19:00 h. – Santa Misa y Homilía: “María, mujer fuerte” 20:00 h. y 21:30 h. – XXVIII TORNEO DE BALONCESTO DE VERANO (Semifinales) 20:30 h. – INAUGURACIÓN EXPOSICIÓN (Alumnos Curso de Pintura) 21:00 h. – PREGÓN, ENCENDIDO DE LA TRACA , PRESENTACIÓN DE CANDIDATAS A REINA DE LA COSECHA 2011 Y CONCIERTO (A. M. La Esperanza )

19 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Pabellón de Deportes del CEIP Plus Ultra - Plaza de la Iglesia

16:00 h. – TORNEO DE ENVITE Y DOMINÓ (Comienzo) 18:00 h. – I MINI TORNEO DE BALONCESTO DE VERANO (Final) 18:30 h. – Rezo del Santo Rosario 19:00 h. – Santa Misa y Homilía: “María, compañera de la Cruz ” 20:00 h. – XXVIII TORNEO BALONCESTO DE VERANO (Partido de las Estrellas) 22:00 h. – FIESTA DE LA COSECHA “Las Segadoras” (Grupo Folklórico Añate y el humorista Jesús Farrais – Presenta: Bene Fuentes)

20 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Plaza de la Iglesia - Barranco de La Asomada - Polideportivo El Castillo

10:00 h. – LUDOPARQUE INFANTIL 16:00 h. – III DESCENSO DE MOUNTAIN BIKE BARRANCO DE LA ASOMADA 16:00 h. – TORNEO DE ENVITE Y DOMINÓ (Continuación) 17:00 h. – FESTIVAL DE LA TERCERA EDAD (Parranda el Perenkén - Tercera Edad del Casco - Renacer Costero de Santo Domingo - Club 25 de Noviembre de Santa Catalina - Presenta: Ángel Hernández) 18:30 h. – Rezo del Santo Rosario 19:00 h. – Santa Misa y Homilía: “María, en su trabajo” 20:00 h. – TORNEO DE VERANO DE FÚTBOL SALA (3º y 4º puestos) 21:00 h. – TORNEO DE VERANO DE FÚTBOL SALA (Final) 22:00 h. – GRAN BAILE (Orquesta Arturo del Castillo)

21 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Plaza de la Iglesia - Calle La Alhóndiga - Barranco de La Asomada

08:00 a 09:00 h. – SLALOM-EXHIBICIÓN (Verificación de los coches) 10:00 h. – SLALOM-EXHICIBICIÓN (Comienzo de la prueba) 12:00 h. – SOLEMNE FUNCIÓN RELIGIOSA (Homilía a cargo del M. I. Sr. D. José González Luis, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de La Laguna – Cantada por el Grupo Folklórico Abruncos) Y PROCESIÓN (A. M. La Esperanza ) 18:00 h. – VII FESTIVAL ABRUNCOS “ESPECIAL 25 ANIVERARIO” (Solistas invitados: Mar Gutiérrez - César Yanes - Mari León) 20:40 h. – PASACALLE (Banda de Cornetas y Tambores San Juan Bautista de La Orotava – A. M. La Esperanza de La Guancha ) 21:00 h. – Santo Rosario 21:15 h. – PROCESIÓN – EXHIBICIÓN PIROTÉCNICA (Hermanos Toste)

22 - AGOSTO - 2011

Lugar: Iglesia - Pabellón de Deportes del CEIP Plus Ultra - Plaza de la Iglesia

11:30 h. – SOLEMNE FUNCIÓN RELIGIOSA (Homilía a cargo del M. I. Sr. D. Prudencio Redondo Camarero, Canónigo de la Santa Iglesia Catedral de La Laguna – Cantada por el Coro de Cámara Santiago Apóstol de Los Realejos) Y PROCESIÓN (A. M. La Esperanza ) 16:00 h. – TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO (Campeonato de Two Ball – Concurso de Triples – Partido para 3º y 4º puesto) 16:00 h. – FESTIVAL INFANTIL (Payaso Chiflón – Bob Esponja y Patricio – La cantante Cynthia – Presentadora / animadora: Carolina Rodríguez) 20:00 h. – TORNEO DE VERANO DE BALONCESTO (Gran Final – Entrega de Trofeos) 22:00 h. – FESTIVAL DE VARIEDADES (Solista Jonathan Amaro – Magia de Mr. Sámuel – Grupo Sarisán: música y bailes tradicionales de Eslovaquia – Presenta: Cándido Quintero)

23 - AGOSTO - 2011

Lugar: Casa de la Juventud - Plaza de la Iglesia

16:00 a 20:00 h. – TORNEO DE FÚTBOL 3 X 3 – Actividades juveniles 22:00 h. – CINE: “Kárate Kid 4”

24 - AGOSTO - 2011

Lugar: Casa de la Juventud - Plaza de la Iglesia

16:00 a 20:00 h. – TORNEO DE PING-PONG – Actividades juveniles 22:00 h. – CINE: “Furia de Titanes”

25 - AGOSTO - 2011

Lugar: Casa de la Juventud

16:00 a 20:00 h. – TORNEO DE PARHÍS Y RUMIKUD – Actividades juveniles

26 - AGOSTO - 2011

Lugar: Casa de la juventud y alrededores - Plaza de la Iglesia

16:00 a 20:00 h. – ORIENTACIÓN-JINKAMA – Actividades juveniles 23:00 h. – GRAN NOCHE JOVEN (Grupo Coreográfico Salseando – Grupo The HunkaHunkas – DJ Pedro Álvarez – DJ Dimas Hernández – DJ Héctor Couto)

27 - AGOSTO - 2011

Lugar: Plaza de la Iglesia

21:00 h. – PAPADA Y BAILE DE MAGOS (Orquestas Los Concejales y Kimbara)


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Reflexión a las lecturas del domingo veinte del Tiempo Ordinaro - A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR 
Domingo 20º del T. Ordinario A 

Queridos amigos y amigas: La Jornada Mundial de la Juventud que ya se está celebrando en las Diócesis, queda encuadrada entre dos domingos, con una Liturgia de la Palabra que encaja perfectamente con este encuentro tan importante de jóvenes de de todo el mundo.

El sábado, 20, en las misas vespertinas del domingo y el mismo domingo, 21, cuando el Papa esté en Madrid presidiendo os actos centrales de la JMJ, se estará recordando y celebrando, en toda la Iglesia, el ministerio del Sucesor de Pedro, a quien Jesucristo entregó las llaves del Reino de los Cielos. (Mt 16,13-20) Es la liturgia del domingo 21º del T. Ordinario A.

Y si hay algo espectacular en estas Jornadas es el carácter internacional de las mismas. Se nos habla de jóvenes, chicos y chicas, procedentes de 193 países. Sólo faltan 4 ó 5 para el total.

La Liturgia de la Palabra de este domingo nos trae, precisamente, un mensaje de universalidad: Jesucristo ha venido para todos, judíos y gentiles.

A nosotros nos resulta algo ya  sabido porque lo hemos conocido y vivido desde niños: Siempre hemos pensado que nosotros no somos judíos sino gentiles, y pertenecemos, por el Bautismo, a la Iglesia,  que es católica, es decir, universal.

Pero, con alguna frecuencia, la Liturgia  nos recuerda que no siempre se entendió así. Ni mucho menos.

El pueblo de Israel tuvo siempre una conciencia muy viva de ser el pueblo elegido; y, por medio de él, se incorporarían los demás pueblos a la salvación.  Recordemos aquella crisis tan grave que tuvo lugar en la Iglesia primitiva, cuando los judaizantes. (Hch 15, 1-2).

Cuando leemos el Evangelio constatamos que Jesús tiene una  clara conciencia de que Él ha sido enviado a anunciar el evangelio  solamente al pueblo de Israel como habían hecho los profetas. Éstos también habían anunciado, de algún modo, la universalidad de la salvación, como escuchamos en la primera lectura de hoy

En este contexto, las palabras del evangelio no deben parecernos extrañas: “Sólo he sido enviado sino las ovejas descarriadas de Israel”. Y también: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselos a los perritos”.

Y cuando manda a los apóstoles de dos en dos, les dice: "No vayáis a tierra de paganos ni entréis en las ciudades de Samaría, sino id  a las ovejas descarriadas de Israel". (Mt. 10, 5-7)

Es por el Misterio Pascual, por el que Jesucristo hace de los dos pueblos -judíos y gentiles- un pueblo nuevo, la Iglesia.

Por eso S. Pablo escribe: “…Él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, derribando con su cuerpo el muro que los separaba: la enemistad. Reconcilió con Dios a los dos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en él a la hostilidad”.  “… Así pues ya no sois extranjeros y forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular." (Cfr. Ef 2, 11-22).

De este modo, contemplamos, en la segunda lectura, cómo S. Pablo se presenta como “apóstol de los gentiles”.  

Pero ya antes de su Muerte y Resurrección, Jesús anuncia, anticipa y profetiza, en algunas ocasiones, la universalidad de la salvación,  acogiendo y  realizando curaciones a algunos paganos que sobresalieron por su fe…, como contemplamos, este domingo, en aquella mujer cananea

Ella tenía una hija con “un demonio muy malo”. Probablemente, alguna enfermedad grave. Y, saliendo de uno de aquellos lugares pertenecientes al territorio de Tiro y Sidón, que no poseían la fe de Israel, comienza a gritar a Jesucristo para que le atienda… Grita y vuelve a gritar hasta “molestar” a los discípulos…  Es que se trata de una hija y por una hija, una madre…

Los discípulos interceden por ella –recordemos la intercesión de los santos- y la mujer se puede acercar y presentarle a Jesucristo su petición: “Señor, socórreme”. Jesús le contesta con una especie de refrán: “No está bien  tomar el pan de los hijos y echárselos a los perritos”.

Y como aquella mujer posee una fe humilde y viva, se coloca en su lugar. Ella era una mujer pagana, y no podía venir con exigencias… Y acierta a decirle: “Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”.

El Señor quedó profundamente sorprendido de su respuesta y le dijo: “Mujer, que grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas. En aquel momento quedó curada su hija”.

Cuánto valora Jesucristo la fe… Una fe humilde y viva... que nos lleve a colocarnos en nuestro lugar ante Dios.

Cuántas consecuencias podríamos extraer de esta doctrina de la universalidad de la salvación… Pero no tenemos espacio para más….

Terminamos mirando, siquiera un momento, a la JMJ para contemplar, como de pasada, lo que allí está sucediendo: Chicos y chicas de países, culturas, mentalidades distintas… que se reconocen y se tratan, desde el primer día, como conocidos de siempre, como hermanos; familias que acogen en sus casas a jóvenes desconocidos porque los consideran miembros de una familia más grande, la Iglesia. 30.000 voluntarios que se desviven por atender a los jóvenes peregrinos  en sus propios idiomas y por resolver sus dificultades…, aunque no conozcan siquiera sus nombres. Muchos obispos y sacerdotes que les acompañan y atienden como hermanos mayores para que estén bien atendidos en su dimensión espiritual… Chicos y chicas que revelan lo más secreto de su corazón, de su intimidad, a un sacerdote que, tal vez, ni siquiera conocen, porque tienen fe en el sacramento de la Penitencia y en la universalidad y eficacia del Orden Sacerdotal en todo el mundo… Y todos, jóvenes y mayores, aclamarán y escucharán no a un hombre joven, un líder mundial, lleno de vida y dinamismo sino a “un hombre anciano, vestido de blanco, el Papa, porque es el representante principal de Jesucristo en la tierra, el Sucesor del Apóstol Pedro… 

Cuántas cosas podríamos seguir diciendo…

Es un don de Dios para nosotros, que escuchamos el mensaje de la Palabra de Dios de este domingo, ver cómo se lleva a la práctica, de un modo concreto, en este Encuentro Internacional.

Ellos y nosotros, más lejos o más cerca, como miembros de una misma Iglesia, diremos muchas veces al Señor, estos días, lo proclamamos hoy en el salmo responsorial: “Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben”. 

Junto a estas reflexiones mi deseo fraterno de un buen Verano, de un feliz Día del Señor. 


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viernes, 12 de agosto de 2011

Palabras del párroco para el Programa de las Fiestas Patronales 2011 en honor de Nuestra Señora de la Esperanza en el municipio de La Guancha, Tenerife. Tenedrán lugar dese el 13 al 26 de Agosto.  

María, la siempre joven

Estimados feligreses 

Este año el 21 de Agosto, día principal y central de las fiestas patronales en honor de Ntra. Sra. de La Esperanza, coincide con el día final de la Jornada Mundial de los jóvenes de todo el mundo reunidos en Madrid con el Papa bajo el lema “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe”. Nosotros, aunque estemos en fiestas, no podemos ni debemos ignorar tan importante acontecimiento eclesial celebrado en nuestra patria. Nos uniremos a él a través de la Virgen, la siempre joven como la consideran los jóvenes. Aquí la honramos bajo la advocación de esa virtud tan cristiana y tan de los jóvenes como es la esperanza: Nuestra Señora y Madre de la Esperanza. Así quiso el Papa Juan Pablo II que la contempláramos en vísperas del Tercer Milenio, al exhor­tarnos en su carta apostólica "Tertio millennio adveniente": "María será vista como mujer dócil a la voz del Espíritu, mujer del silencio y de la escucha, mujer de la esperanza, que supo acoger como Abrahán la voluntad de Dios".  

Las fiestas nos invitarán a mirar a María, el modelo acabado, la madre del amor más hermoso, que se mantuvo siempre abierta a Dios Padre y a las necesidades de los otros en su respuesta desde la fe. Por eso es siempre joven. La juventud de María se constata al arriesgar toda su vida en el compromiso a los planes de Dios con su Sí y al mantener constantemente su fe sin claudicar en las duras pruebas por las que pasó: no se arredró ante los contratiempos de su viaje a Belén; no protestó emigrante en Egipto; buscó al Hijo perdido; confió en su Hijo para que no se interrumpiera la alegría en las Bodas de Caná; no rehuyó el sufrimiento junto a la cruz; permaneció unida en oración con la Iglesia naciente.

María es siempre joven porque amó su virginidad; porque en el Magníficat supo llamar a las cosas por su nombre, según se realizaban en el plan salvador de Dios a través de Jesucristo; porque  esperó con ilusión y colaboró en los tan esperados tiempos mesiánicos. 

En María aparecen bien definidos los rasgos propios de la juventud de todo tiempo: generosidad, entrega, compromiso arriesgado, ilu­sión, disponibilidad, apertura a lo nuevo... Todo un ejemplo de cómo mantenernos jóvenes en el mundo actual. 

Sigo insistiendo en la preparación espiritual que se concreta en la escucha y meditación de la Palabra de Dios, en la recepción de los sacramentos y en la oración. Por eso invito a la participación en el Quinario que nos ofrece una reflexión cada día con la ofrenda-homenaje de los niños, de los jóvenes, cofradías, enfermos y de las personas mayores. Que Dios les bendiga  a todos. 

Sebastián García Martín
Párroco


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Palabras de la señora alcaldesa del municipio de La Guancha publicadas en el Programa de las Fiestas Patronales 2011

Bienvenidos a las Fiestas

La elaboración de las flores de papel, las hayas, las banderas, las cintas de colores... ya nos anuncian que llegan las Fiestas Patronales, las .fiestas en honor a Nuestra Señora La Virgen de La Esperanza.

Nuestras Fiestas, no sólo son el motivo para la alegría o para olvidar la rutina diaria, sino también para demostrar que sabemos divertirnos y disfrutar, respetando lo que nos rodea y cuidando nuestras tradiciones, esas tradiciones, que año tras año, van haciendo más grandes nuestras fiestas: la Bajada de las Hayas o la Fiesta de La Cosecha, ese particular homenaje a la agricultura, la principal fuente de vida de muchas familias guancheras en otras épocas, son un claro ejemplo.

Para todos los guancheros, estas fiestas son además, un momento para demostrar que seguimos siendo un pueblo activo, donde, todos los colectivos son importantes, nuestros niños, nuestros jóvenes y los que ya no lo son tanto y por supuesto, nuestros mayores. Por eso cada año, la Concejalía de Fiestas y las propias comisiones, elaboran un programa de actividades para todos. Quiero también, si me -lo permiten, aprovechar estas líneas para agradecer y resaltar el trabajo de un compañero del grupo de gobierno, Roberto Rodriguez, que hace tan sólo algunas semanas, dejaba de ser el Concejal de Fiestas, para asumir otras áreas en este Ayuntamiento y quién durante 8 años asumió esta gran responsabilidad. Al mismo tiempo, quiero comunicarles, que asume Fiestas, otra compañera, Nuria Reyes, una concejala que les aseguro, continuará trabajando con el mismo compromiso, la ilusión y el empeño, para que nuestras Fiestas Patronales y las del resto de los Barrios cuenten con el apoyo y la colaboración que se merecen todos los vecinos.

Además quiero felicitar a todos los colectivos y a los particulares, por la ilusión que ponen cada año en la organización de las Fiestas: clubes deportivos, grupos musicales, la Parroquia del Dulce Nombre de Jesús y otros tantos, que contribuyen a la grandeza de las fiestas en honor a nuestra Patrona, La Virgen de La Esperanza. Todos han hecho un gran trabajo, ahora nos toca llenarlo de sentido, es el momento de salir a las calles, de llenar la plaza, de compartir momentos de devoción hacia nuestra Virgen de La Esperanza, de alegría y diversión con amigos y familiares, todo ello desde el respeto, la tolerancia y el saber estar que identifica al pueblo guanchero.

En nombre de toda la Corporación Municipal y en el mío propio, les deseo que pasen unas felices fiestas, sin olvidarme de agradecer a la comisión de fiestas, integrada por miembros de la 3C1 Edad y comisión de la Bajada de las Hayas, que en estos momentos de crisis asumen el reto de continuar con la tradición a sabiendas que las dificultades son muchas.

Elena Luis Dominguez
Alcaldesa de La Guancha  


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CADENA DE ADORACIÓN DEL SANTÍSIMO (19 AL 21 DE AGOSTO DE 2011)
San Pedro de Daute- Garachico. Tenerife

LA IMPORTANCIA DE ESTA INVITACION ...

Se han escogido cientos de Iglesias por toda España, en lugares apropiados para tener la ADORACION del Santísimo durante la presencia del Papa en España, entre ellas en nuestra Diócesis la Iglesia de San Pedro Daute en Garachico, especialmente para la Zona Norte de la Isla.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud nacieron con el deseo de proponer a las nuevas generaciones con renovado entusiasmo los tesoros de la fe: la belleza del mensaje cristiano, la eucaristía, la confesión ... Por ello la adoración eucarística será uno de los puntos centrales también de la JMJ.

El día 20 de agosto tendrá lugar la Vigilia de oración de los jóvenes con Benedicto XVI, en el Aeródromo de Cuatro Vientos. El Santísimo se expondrá en la Custodia de Arfe, una obra maestra de la orfebrería española con 500 años de historia, que es conocida por salir en la procesión del Corpus Christi por las calles de Toledo.

Parte de la programación de la JMJ incluye actos de adoración eucarística. Más de 50 iglesias en el centro de la ciudad, tendrán vigilias de adoración y oración. También se celebrarán en espacios públicos como en el Parque del Retiro. Allí habrá una carpa, a cargo de las Misioneras de la Madre Teresa, para que los jóvenes puedan acercar.

Diversidad de movimientos e idiomas

Son muchos los movimientos e instituciones de la Iglesia Católica que tienen momentos de adoración. Algunos de estos actos de adoración estarán combinados con otras facetas: música, conciertos ... y después los jóvenes se irán a evangelizar mediante coros musicales que irán invitando gente a unirse y que convergerán en la Plaza de Oriente.

La Plaza de España se convertirá en un hervidero de exposición del mensaje cristiano.

El Festival Anuncio, junto con GRUPOS, MOVIMIETNOS APOSTÓLICOS, COFRADíAS, ETC ... se encargará de la animación espiritual. En este rincón de Madrid estarán las reliquias de santa Teresita de Lisieux, para su veneración pública ... ETC ...

¿Cómo surgió la iniciativa?

Durante la JMJ de Roma en el año 2000, el entonces Papa Juan Pablo II pidió que se mantuvieran las iglesias y templos en Roma abiertas con el Santísimo expuesto. Así los jóvenes podrían encontrar diversos momentos y lugares para interiorizar las vivencias y emociones de la Jornada a la luz de la Eucaristía. El resultado fue sorprendente.
Igualmente sorprendió la ininterrumpida procesión de jóvenes que buscaba reconciliarse con Dios en el sacramento de la Confesión. También por iniciativa de Juan Pablo 11, el recinto del Coliseo se acondicionó para ese propósito.

Invitación a San Pedro Daute Garachico

PARTICIPA E INVITA a otras personas a dedicar una hora a la Adoración por la JMJ y vocaciones con el gesto de peregrinar a este lugar. Podemos orar en otros lugares cierto, pero es el gesto, el sacrificio, el signo comunitario y personal.

ESTA DISPONIBLE LA CASA DE ORACION DE LA FSCSJ
junto a la Iglesia para cualquier necesidad de servicios, descanso, etc.

EN LA CASA SE PROYECTARA A LOS GRUPOS que lo soliciten un magnífico audiovisual que motiva muy bien la Adoración por las vocaciones y también en pantalla grande los actos centrales de la Estancia del Papa con los Jóvenes en España.

INVITACION a la adoración personal o si perteneces a algún grupo eclesial, parroquia o congregación religiosa, anímalos también a venir, reservando la hora que más les convenga llamando al teléfono 922
830244.

EXPOSICiÓN DEL SANTISIMO desde el viernes 19 a las 10 de la noche ininterrumpidamente hasta las 7 de la tarde del domingo 21.

ORGANIZA: Coordinadora Pastoral Vocacional del Arciprestazgo de Icod
Parroquia de San Pedro Daute
Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús 


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ASUNCIÓN DE MARÍA
15 de Agosto de 2011

La gracia, la paz y el amor de Jesucristo, el Señor, estén con todos vosotros.

- María ha sido llevada al cielo para compartir la vida nueva de su hijo Jesucristo. Hoy, con toda la alegría, celebramos su fiesta. Contemplándola a ella, nos sentimos llenos de confianza, con la esperanza de vivir también nosotros esta vida plena.

- Demos gracias a Dios porque él ha mirado la pequeñez de aquella muchacha de Nazaret y la ha llenado de su amor y su gracia. Y demos gracias también porque ella, María, le ha respondido con toda su capacidad de fidelidad y entrega.

A. penitencial: En silencio, preparémonos para celebrar esta Eucaristía. (Silencio).

- Tú, que eres nuestra paz. SEÑOR, TEN PIEDAD.

- Tú, que eres nuestra esperanza. CRISTO, TEN PIEDAD.

- Tú, que eres nuestra resurrección y nuestra vida. SEÑOR, TEN PIEDAD.

Gloria (cantado)

Oración universal: Unidos a Jesús, el hijo de María, presentémosle nuestras peticiones al Dios que hace obras grandes en los pobres. Oremos diciendo: PADRE, ESCÚCHANOS.

Por la Iglesia, por todos los cristianos. Que, como María, sepamos ofrecer a Jesucristo al mundo. OREMOS:

Por todas las mujeres que, en todo tipo de tareas, dedican su tiempo y sus esfuerzos al servicio de la comunidad cristiana. Que Dios les dé su alegría y las llene con su gracia. OREMOS:

Por las madres y los padres. Que tengan acierto en la educación de sus hijos, y les ayuden a crecer como buenos ciudadanos y buenos cristianos. OREMOS:

Por la tierra de Palestina, la tierra de María y de Jesús. Que los que tienen poder para hacerla posible, quieran trabajar para que todos sus habitantes disfruten de una vida digna y libre. OREMOS:

Por los que nos hemos reunido aquí en esta fiesta. Que el ejemplo de María reafirme en nosotros la fe, la esperanza y el amor. OREMOS:

Escucha, Padre, nuestra oración, y haznos fieles a tu llamada como María lo fue. Por Jesucristo, nuestro Señor. 

Padrenuestro: Como hijos e hijas de Dios, como Jesús nos ha enseñado, nos atrevemos a decir:

CPL


Publicado por verdenaranja @ 17:21  | Liturgia
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jueves, 11 de agosto de 2011

ZENIT  nos ofrece las palabras que el Papa Benedicto XVI dirigió el domingo 24 de Julio de 2011 a los fieles peregrinos reunidos en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo, para rezar el Ángelus con el Pontífice.

Queridos hermanos y hermanas

Hoy, en la Liturgia, la Lectura del Antiguo Testamento nos presenta la figura del rey Salomón, hijo y sucesor de David. Nos lo presenta al principio de su reinado, cuando era aún jovencísimo. Salomón heredó una tarea muy comprometida, y la responsabilidad que pesaba sobre sus hombros era grande para un joven soberano. En primer lugar, él ofreció a Dios un solemne sacrificio – "mil holocaustos", dice la Biblia. Entonces el Señor se le apareció en visión nocturna y prometió concederle lo que pidiera en la oración. Y aquí se ve la grandeza de alma de Salomón: él no pide una larga vida, ni riquezas, ni la eliminación de sus enemigos: dice en cambio al Señor: “Concede entonces a tu servidor un corazón dócil, para juzgar a tu pueblo, para discernir entre el bien y el mal" (1 Re 3,9). Y el Señor se lo concedió, de modo que Salomón llegó a ser célebre en todo el mundo por su sabiduría y sus rectos juicios.

Él, por tanto, pidió a Dios que le concediera “un corazón dócil” ¿Qué significa esta expresión? Sabemos que el “corazón” en la Biblia no indica solo una parte del cuerpo, sino el centro de la persona, la sede se sus intenciones y de sus juicios. Podríamos decir: la conciencia. “Corazón dócil” entonces significa una conciencia que sabe escuchar, que es sensible a la voz de la verdad, y por esto es capaz de discernir el bien del mal. En el caso de Salomón, la petición está motivada por la responsabilidad de guiar una nación, Israel, el pueblo que Dios eligió para manifestar al mundo su designio de salvación. El rey de Israel, por tanto, debe buscar estar siempre en sintonía con Dios, a la escucha de su Palabra, para guiar a su pueblo por los caminos del Señor, el camino de la justicia y de la paz. Pero el ejemplo de Salomón vale para cada hombre. Cada uno de nosotros tiene una conciencia para ser en un cierto sentido “rey”, es decir, para ejercitar la gran dignidad humana de actuar según la recta conciencia, obrando el bien y evitando el mal. La conciencia moral presupone la capacidad de escuchar la voz de la verdad, de ser dóciles a sus indicaciones. Las personas llamadas a tareas de gobierno tienen, naturalmente, una responsabilidad ulterior, y por tanto – como enseña Salomón – tienen aún más necesidad de la ayuda de Dios. Pero cada uno tiene que hacer su propia parte, en la situación concreta en la que se encuentra. Una mentalidad equivocada nos sugiere pedir a Dios cosas o condiciones favorables; en realidad, la verdadera calidad de nuestra vida y de la vida social depende de la recta conciencia de cada uno, de la capacidad de cada uno y de todos de reconocer el bien, separándolo del mal, y de buscar llevarlo a cabo con paciencia.

Pidamos por esto la ayuda de la Virgen María , Sede de la Sabiduría. Su “corazón” es perfectamente “dócil” a la voluntad del Señor. Aun siendo una persona humilde y sencilla, María es una reina a los ojos de Dios, y como tal la veneramos nosotros. Que la Virgen Santa nos ayude también a nosotros a formarnos, con la gracia de Dios, una conciencia siempre abierta a la verdad y sensible a la justicia, para servir al reino de Dios.

[Después del Ángelus]

Una vez más por desgracia llegan noticias de muerte y de violencia. Sentimos todos un profundo dolor por los graves actos terroristas que tuvieron lugar el pasado viernes en Noruega. Rezamos por las víctimas, por los heridos y por sus seres queridos. Quiero repetir de nuevo a todos el encarecido llamamiento a abandonar para siempre el camino del odio y a huir de las lógicas del mal.

Saludo con particular afecto a los fieles reunidos en Les Combes, que han participado en la Santa Misa presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, mi Secretario de Estado, presente a pesar del luto familiar que le ha afectado. Saludo y doy las gracias al obispo de Aosta, al Rector Mayor de los Salesianos, como también a las autoridades civiles y militares de la Región y a los benefactores que han contribuido a renovar la acogedora residencia. Recuerdo con particular afecto el tiempo transcurrido en ese lugar encantador, plasmado por el amor de Dios Creador y santificado por la presencia del Beato Juan Pablo II. A los jóvenes y a los muchachos de la parroquia del Beato Pier Giorgio Frassati de Turín, y a todos los veraneantes, les auguro un sereno verano.

[En español dijo]

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española que participan en esta oración mariana. La parábola del tesoro escondido que escuchamos en el Evangelio de hoy, nos recuerda la importancia decisiva y suprema del Señor en nuestra vida, invitándonos a supeditar todo lo demás a este inefable tesoro que Dios ha puesto en nosotros. Que también en esta época veraniega nos cuidemos de fortalecer nuestra fe, sin disipar la atención en aspectos caducos. Que la Virgen María nos ayude a seguir incondicionalmente a su divino Hijo. Feliz domingo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez
©Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Habla el Papa
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ZENIT  publica el artículo que ha escrito monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “La costumbre o el Evangelio”.

La costumbre o el Evangelio

VER

El presidente municipal de una población indígena me dijo que todos sus habitantes, como condición para vivir en el municipio, deberían hablar el idioma nativo, vestir la ropa tradicional, participar en todos los ritos y celebraciones, practicar las costumbres de los mayores, asumir los cargos comunitarios obligatorios. Si alguien no lo aceptara, sería expulsado, pues allí no valen la Biblia ni la Constitución, sino las tradiciones, que son la norma última de vida. Si se deja de cumplir el más mínimo detalle de los ritos, parecería que se pierde su eficacia más bien mágica, que expresión de fe. Quieren ser totalmente distintos a todos, lo que, por cierto, les genera dividendos políticos y muy buenos ingresos económicos, por el turismo, que busca algo no visto en otras partes, y por el consumo de velas, incienso, alcohol y otros implementos que exige la costumbre.

En poblaciones urbanas mestizas, la fuerza de la costumbre es semejante. Cuando pregunto la historia y el sentido de celebraciones, ritos, fiestas, horarios, normas y símbolos, la única y repetida respuesta es: Así es la costumbre… ¡Y ay de aquél que la quiera cambiar! No valen razones, ni de la ciencia ni de la fe.

JUZGAR

Jesucristo asume una admirable y difícil actitud: Por una parte, practica, respeta y valora las tradiciones judaicas; por otra, con toda libertad las critica y las cambia, cuando se han hecho esclavizantes y contrarias a la razón por las que fueron prescritas por el mismo Dios; sobre todo, cuando son pretexto para no amar al prójimo. Por esta actitud, fue no sólo duramente criticado y rechazado, sino condenado. Su libertad es nuestra libertad.

El Papa Benedicto XVI cita esta frase de Tertuliano: “Cristo no dijo: ‘Yo soy la costumbre’, sino ‘Yo soy la verdad’”. Y tomando como base lo que expresa al respecto un comentarista, afirma: “El concepto de costumbre puede significar las religiones paganas que, según su naturaleza, no eran fe, sino que eran costumbre: se hace lo que se ha hecho siempre; se observan las formas cultuales tradicionales y así se espera estar en la justa relación con el ámbito misterioso de lo divino. El aspecto revolucionario del cristianismo en la antigüedad fue precisamente la ruptura con la costumbre, por amor a la verdad… Si Cristo es la verdad, el hombre debe corresponder a él con su razón. De aquí se comprende que la fe cristiana, por su misma naturaleza, debe suscitar la teología; debía interrogarse sobre la racionalidad de la fe… El amor quiere conocer mejor a aquel a quien ama. El amor, el amor verdadero, no hace ciegos, sino videntes. De él forma parte precisamente la sed de conocimiento, de un verdadero conocimiento del otro. Por eso, los Padres de la Iglesia encontraron los precursores y predecesores del cristianismo no en el ámbito de la religión consuetudinaria, sino en los hombres que buscaban a Dios, que buscaban la verdad, en los filósofos: en personas que estaban sedientas de la verdad y por tanto se encontraban en camino hacia Dios” (30-VI-2011).

ACTUAR

Seamos personas sedientas de verdad; preguntemos el porqué de las costumbres; usemos la razón y el juicio, para discernir qué hay de verdad y de bien en las tradiciones, y qué es contrario a la razón y a la fe. No nos escudemos en que eso es lo que siempre se ha hecho. Deben tener una razón, una justificación, una finalidad, un sentido; de lo contrario, pueden degenerar en esclavitud, ignorancia, atraso, manipulación con fines ideológicos, políticos, económicos o religiosos.

En el Evangelio, en la persona y en las enseñanzas de Jesús, encontramos una luz que nos lleva a la verdad. Las costumbres y tradiciones que estén conformes con Cristo, son verdaderas y buenas; las que sean contrarias, hay que desecharlas. Pero debemos actuar con prudencia y respeto, con suficiente información, para no condenar como negativo algo que quizá no conocemos bien, pero también con audacia y constancia. Nuestra fe no son costumbres sin fundamento, sino relación personal con Jesucristo, que nos transforma. Una costumbre que no lleva a un cambio de vida, a la justicia y al amor fraterno, carece de valor y hay que relativizarla o dejarla.


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica la carta que ha escrito monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo, con motivo del día de los abuelos, la memoria litúrgica de los santos Joaquín y Ana, el 26 de julio.

                  Cualquier anuncio de un producto, cualquier presentación de algo resultón, busca para encauzarlo la bella figura de una joven, de un joven, con una música adecuada que se te cuela pegadiza, evitando a toda costa lo que pudiera distorsionar el objetivo del éxito, el triunfo de la ocasión.

                  Así, los ancianos no suelen figurar en los programas de ventas salvo que se trate de productos geriátricos, ni forman parte de ningún protagonismo en una sociedad que parece privilegiar a toda costa lo que deslumbra, lo que seduce, lo que conquista, lo que triunfa aunque haya que construir ídolos de plesiglass en el arte, en la cultura, en la política, cuya fecha de caducidad está controlada rigurosamente por quien en la sombra tiene el mando a distancia que maneja los hilos del mundo.

                  Los ancianos, los viejos, los jubilados, los abuelos… no cuentan. Tanto no cuentan que empiezan a molestar cuando su edad o su deterioro físico les hacen sospechosos de un estorbo fatal que se arrincona, se censura o se llega incluso a eliminar. Bajo el eufemismo de una “muerte digna” se pretende excluir a quienes se ha decidido que su vida no debe contar ya, que cuesta demasiado mantenerlos, que no producen nada, que complican los cálculos del egoísmo insolidario.

                  Frente a esta actitud, destaca el aprecio y la defensa por la vida que la Iglesia siempre ha mantenido y mantendrá. La vida en todas sus fases y circunstancias: desde la del no nacido hasta la del anciano o enfermo terminal. La vejez no es un estigma de castigo, sino un momento en donde poder testimoniar el gusto por la vida, esa vida cargada de experiencia. En este sentido, el Beato Juan Pablo II, en el jubileo del año 2000, durante un encuentro con el mundo de la «tercera edad», dio este precioso testimonio personal: «A pesar de las limitaciones que me han sobrevenido con la edad, conservo el gusto por la vida. Doy gracias al Señor por ello. Es hermoso poderse gastar hasta el final por la causa del reino de Dios».

                  Por este motivo, llegando la festividad de San Joaquín y Santa Ana, “abuelos” de Jesús por ser los padres de la Virgen María, la Iglesia mira con inmensa alegría y solicitud a nuestros venerables y queridos abuelos. El Papa Benedicto XVI ha escrito unas líneas en las que nos recuerda la importancia que tienen los abuelos en nuestra vida: «En el pasado, los abuelos desempeñaban un papel importante en la vida y en el crecimiento de la familia. Incluso en edad avanzada, seguían estando presentes entre sus hijos, con sus nietos y, a veces, entre sus bisnietos, dando un testimonio vivo de solicitud, sacrificio y entrega diaria sin reservas. Eran testigos de una historia personal y comunitaria que seguía viviendo en sus recuerdos y en su sabiduría… Ojalá que los abuelos vuelvan a ser una presencia viva en la familia, en la Iglesia y en la sociedad. Por lo que respecta a la familia, los abuelos deben seguir siendo testigos de unidad, de valores basados en la fidelidad a un único amor que suscita la fe y la alegría de vivir».

                  Con inmenso respeto y con mucha alegría hacemos un homenaje a los abuelos, que siguen sosteniendo en tantos sentidos aquello que permite que la familia siga unida, no pierda sus raíces humanas y cristianas, y representan la sabiduría de quien ha relativizado lo que es secundario y trivial, mientras que no renuncian a lo que de suyo es lo único importante cuando del amor, la vida, la fe, la paz, o la fidelidad se trata.

                  Por tanta entrega generosa y gratuita, sincera y entera, por un amor que no se ha caducado sino mejorado con el paso de los años, por todo ello: gracias. Y que Dios les siga bendiciendo como a San Joaquín y a Santa Ana.


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el mensaje que ha escrito el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, con el título “Los jóvenes y las raíces cristianas de Europa”.

            La festividad, mañana 25 de julio, del Apóstol Santiago y la proximidad de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) invitan a una reflexión sobre el futuro de la fe cristiana en Europa. La anterior JMJ, como se recordará, se celebró en Sydney, en 2008. Se escogió el continente australiano porque la anterior JMJ se había celebrado en Colonia (Alemania). El hecho de que ahora esta iniciativa retorne a nuestro continente tiene sin duda una clara significación.

            Al comienzo del mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes de todo el mundo, convocándolos a la JMJ de Madrid, se hace una referencia clara a los objetivos de este encuentro juvenil en el marco de la situación religiosa en Europa. Escribe el Papa: “Nuestra mirada se dirige ahora a la próxima JMJ que tendrá lugar en Madrid en agosto de 2011. Ya en 1989, algunos meses antes de la histórica caída del muro de Berlín, la peregrinación de los jóvenes hizo un alto en España, en Santiago de Compostela. Ahora, en un momento en que Europa tiene que volver a encontrar sus raíces cristianas, hemos fijado nuestro encuentro en Madrid, con el lema ‘Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe’ (Col 2, 7).”

Y añade el Papa: “Os invito a este evento tan importante para la Iglesia en Europa y para la Iglesia universal.” No hay duda de que la JMJ tiene una significación y un ámbito que abarca toda la Iglesia; sin embargo, las palabras del Papa subrayan la especial intención que tiene para Europa y para el futuro de la fe en ella.

En su mensaje a los jóvenes, Benedicto XVI se refiere a una cuestión que también trató en su reciente viaje a Santiago de Compostela y a Barcelona: el tema de Dios en la cultura occidental. “Es un contrasentido pretender eliminar a Dios para que el hombre viva –dice el Papa en su mensaje a los jóvenes. Dios es la fuente de la vida; eliminarlo equivale a separarse de esta fuente e, inevitablemente, a privarse de la plenitud y la alegría.” Y recuerda esta afirmación del Concilio Vaticano II: “Sin el Creador la criatura se diluye.”

 La preocupación de Benedicto XVI por la fe en los países europeos es una constante de sus enseñanzas. En el mensaje a los jóvenes que comento, señala que la cultura actual, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Recuerda el Papa algo que muchos no parecen dispuestos a reconocer actualmente: el conjunto de los valores que son el fundamento de la sociedad europea proviene del Evangelio. Y menciona expresamente éstos: el sentido de la dignidad de la persona, el sentido de la solidaridad, del trabajo y de la familia. Y señala el Santo Padre que “se constata una especie de eclipse de Dios, una cierta amnesia, más aún: un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”.

Pocos días antes de ser elegido Papa, el cardenal Ratzinger habló de la “dictadura del relativismo”. Ahora, pensando especialmente en Europa, añade que “el relativismo que se ha difundido, para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento”. Habrá que seguir con mucha atención lo que el Papa diga a los jóvenes en la JMJ de Madrid, un evento mundial pero con especial intencionalidad de cara a Europa.


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Hablan los obispos
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miércoles, 10 de agosto de 2011

ZENIT.org  Hoy, 21 de Julio de 2011, a los 96 años de edad, ha fallecido en Pinsk (Bielorrusia) el cardenal Kazimierz Świątek, un mártir viviente, que sobrevivió a diez años de trabajos forzados en los gulag siberianos, y que supo acompañar durante décadas a una Iglesia perseguida detrás del Telón de Acero.

No sólo fue un símbolo de la resistencia durante la persecución religiosa en la era comunista: el anciano cardenal fue también una figura clave en la reconstrucción y florecimiento del catolicismo bielorruso.

El 9 de julio de 1997, el anciano cardenal concedía a la entonces recién nacida agencia ZENIT una larga entrevista en la que contaba, en primera persona, su vida. Volvemos a ofrecer, catorce años después, este precioso testimonio de fe, a nuestros lectores.

El color rojo púrpura que distingue a los cardenales representa la disponibilidad que asumen al recibir este reconocimiento para derramar su sangre en fidelidad a la Iglesia. Sin duda alguna, cuando en el consistorio del 26 de noviembre de 1994. Juan Pablo II creó cardenal, ante la sorpresa general a Kazimierz Swiatek, quiso subrayar de manera particular su testimonio de fidelidad a Cristo y a la Iglesia hasta dar la vida.

Kazimierz Swiatek nació el 21 de octubre de 1914 en Walga, hoy Estonia (entonces tierra perteneciente a Polonia). Pocos meses después de ser ordenado sacerdote, el 17 de septiembre de 1939, el ejército soviético ocupó la parte oriental de Polonia donde se encontraba la parroquia del recién ordenado padre Swiatek.

«De este modo me convertí en ciudadano soviético». Y con una sonrisa irónica, añade: «Esto no sólo me ha traído privilegios en la vida».

Es difícil hacer hablar a este cardenal sobre aquellos años de su vida. Tras insistir varias veces, accede: «Fui arrestado por primera vez por el KGB y encerrado en el brazo de la muerte de la prisión de Brzesc. En dos meses fui interrogado 59 veces, siempre de noche. Me salvé gracias a la ofensiva de los alemanes, que conquistaron la ciudad el 21 de junio de 1941. Fue liberado por la gente del lugar. Al salir me mezclé entre los soldados alemanes borrachos. Dado que hablaba alemán, no me fue difícil pasar desapercibido. Regresé a pie a mi parroquia en Prózana. Al llegar me encontré con la sorpresa de que la casa parroquial había sido tomada por la Gestapo. Comenzó así un complicado período de servicio sacerdotal bajo la ocupación nazi. Los conflictos fueron inevitables, pero al menos pude desempeñar mi ministerio. Cuando en el verano de 1944 se acercaba la ofensiva de la Armada Roja, no quise escapar, y me quede en mi parroquia. Por desgracia, nada más entrar los rusos en la ciudad, me descubrieron y me arrestaron. Fui encerrado en la prisión de Minsk, donde pasé cinco meses. No me fusilaron, porque, como me dijeron, no valía la pena derrochar un proyectil conmigo. Fui condenado a diez años de trabajos forzados».

«De este modo llegué, en septiembre de 1945 al campo de trabajo de Marwinsk, en Siberia oriental, Allí estuve durante dos años: en invierno cortaba madera, en verano trabajaba en el campo. Como sobreviví al cansancio, me mandaron más al norte, a las costas del mar Ártico, a Workuta. Hacía trabajos de construcción. Con frecuencia tenía que cavar la tierra congelada con un pico. El trabajo era durísimo, las condiciones climáticas tremendas, y la comida siempre escaseaba. En el campo de trabajo se ejecutaban condenas a muerte, aunque nunca hubieran sido sentenciadas por un tribunal. Recibíamos 300 gramos de pan cada mañana. Después había que caminar durante siete u ocho kilómetros por la nieve para llegar al puesto de trabajo. Primero caminaban los más débiles, que con frecuencia, caían sobre la nieve para siempre; después caminaba la «fuerza de trabajo».

–¿Cómo pudo vivir su sacerdocio en estas condiciones?

Swiatek: Al inicio, en el campo de concentración, el aislamiento era total. No nos llegaba ninguna noticia del exterior. Tan sólo pude saber que la guerra había terminado. Pero nada más. Me enteré de todo lo que sucedía en el mundo y en Europa al salir del campo de concentración. En los primeros años de trabajos forzados no podíamos hablar. Tan sólo podía celebrar la misa a escondidas. El régimen del campo de concentración no permitía el que los creyentes pudiéramos reunirnos. Violar esta norma suponía la muerte. Sólo en los últimos tres o cuatros años tuve la posibilidad de celebrar la misa, pero siempre a escondidas. Algunos de los que estaban en el campo de concentración tenían la posibilidad de recibir visitas de sus familiares. En estos contactos, en ocasiones, recibían algún paquete con algo de comida. Gracias a ellos recibí algo de uva seca para hacer el vino y una pequeña hostia. Como cáliz utilizaba una especie de vaso de cerámica. En el campo había católicos de origen polaco, lituano y de otros países. En la medida de lo posible traté de ayudarles a vivir su fe. Llevaba la comunión escondida en una cajetilla de cerillas. Mis carceleros me asignaron un trato particularmente duro y durante los diez años de encierro no puede encontrarme con ningún sacerdote. De modo que durante diez años incumplí la normativa de la Iglesia de la confesión –dice con otra sonrisa pícara–. Sin embargo, sí que podía confesar a escondidas a los prisioneros. Cuando me dejaron en libertad, llegué a Minsk. Entonces me confesé por primera vez después de diez años.

–En los años oscuros del campo de concentración, ¿pensaba que algún día podría salir en libertad y volver a administrar el sacerdocio, como soñaba cuando entró al seminario?

Swiatek: La gente siempre me hace esta pregunta. Para mí la respuesta es muy sencilla. Siempre he tenido una profunda fe en Dios. Y siempre he pensado toda mi vida depende de Dios. Si el señor tenía un plan para mí tras aquellos años, entonces me permitiría seguir viviendo. Y así ha sido. Dios ha pensado que yo tenía que trabajar por la Iglesia de Bielorrusia.

Recuperé la libertad en 1954, después de la muerte de Stalin. Lo primero que hice fue regresar a Minsk a la misma catedral en la que fui ordenado sacerdote. Comencé a trabajar con el párroco de la catedral. Y así continué hasta 1991. En 1991 fui consagrado arzobispo de Minsk-Mohilev y nombrado administrador apostólico de Pinsk. Se trata de dos grandes diócesis que van desde la frontera con Polonia hasta la frontera con Rusia.

–¿Y cómo es la vida de los católicos en Bielorrusia hoy?

Swiatek: Para comprender mejor cómo es la vida espiritual de los católicos en Bielorrusia hay que saber cómo era antes. Desde 1917, comenzó una lucha sin tregua contra la Iglesia y contra Dios. El 90% de las iglesias han sido destruidas. Y la misma proporción de sacerdotes ha desaparecido. Los niños no podían ir a la catequesis. Si alguien quería bautizar a un niño era perseguido. Lo peor de todo es que este régimen duró durante décadas y décadas. De este modo, no sólo se perdía la fe, sino también todo el conocimiento de la fe cristiana. Se han formado generaciones analfabetas en religión. En consecuencia, el vacío espiritual es enorme. Desde 1989 ha comenzado la libertad para la religión. Comenzaron a devolvernos las iglesias que no habían sido destruidas. Los sacerdotes comenzaron a administrar libremente las parroquias. Dejaron de perseguir a la gente por las prácticas religiosas. Y a los niños y jóvenes se les permitió ir a la catequesis.

Los sacerdotes hoy son muy pocos. Los únicos sacerdotes que quedaban en tiempos de la «Perestroika» habían sido ordenados antes del 39. En todo el país hay sesenta sacerdotes bielorrusos. En 1989 llegaron varios sacerdotes de Polonia y de otros países para ayudarnos. El total de los sacerdotes de todo el país, incluyendo a los extranjeros es de 230. Sin embargo, en los últimos años ya no hemos recibido más ayuda de otros sacerdotes. Se han hecho algunos esfuerzos en para invitar a sacerdotes a que vengan, pero no existen voluntarios.

–¿Cómo son las relaciones con el gobierno bielorruso?

Swiatek:Desde el punto de vista de la Constitución, la libertad está garantizada, así como la igualdad entre todas las confesiones. Siguiendo la constitución, el Gobierno ha tenido que restituir algunas iglesias. También tenemos derecho construir otras nuevas. Podemos enseñar la catequesis, pero sólo en las parroquias, no en las escuelas.

Sin embargo, en la práctica, el gobierno bielorruso privilegia a la iglesia ortodoxa. Prácticamente la considera como una especie de religión oficial. Algunos funcionarios han declarado que la confesión más adaptada para Bielorrusia es la ortodoxa, pues une al pueblo. Según ellos, la Iglesia católica divide la nación, es ajena al pueblo bielorruso.

Yo he reaccionado ante estas palabras, y me he quejado a las más altas autoridades pues la Constitución dice que todas las confesiones deben ser tratadas igualmente. Creo que mi intervención ha dado sus frutos, pues en un encuentro con las máximas autoridades junto al metropolita ortodoxo, todos fuimos tratados como jefes de las confesiones iguales. Tras esta declaración, es más fácil hablar con las autoridades subalternas. Aunque, repito, es fácil de constar que la Iglesia ortodoxa es privilegiada.

– La virgen de Fatima fue llevada en peregrinación por todas las parroquias de Bielorrusia en el mes de mayo. ¿Qué significa para ustedes esta iniciativa?

Swiatek: Tuve la posibilidad de hablar en una ocasión con Sor Lucía en Portugal. Fui allí junto a 46 sacerdotes de Bielorrusia. Era la primera vez que se podía hacer algo así. Sor Lucía me dijo: «Os he esperado desde 19917. En aquel año tuve la aparición de que la fe regresaría a vuestra tierra. La llegada del cardenal y los sacerdotes es una señal de que aquella promesa ahora se ha realizado».

En aquella ocasión, allí en Fátima, consagré a María a nuestra Iglesia de Bielorrusia. Entre nuestra gente existe una profunda devoción por la virgen de Ostra Brama.

[©Innovative Media Inc. 1997]


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Conferencia inaugural del Curso para educadores de niveles inicial y primario del Consudec pronunciada por monseñor Héctor Aguer, arzobispo de la Plata y presidente de la Comisión Episcopal de Educación (San Juan, 20 de julio de 2011)

NUEVAS –VIEJAS– COMPETENCIAS PARA UNA EDUCACIÓN INTEGRAL      

Al retomar la serie de cursos para educadores de los niveles inicial y primario, interrumpida durante varios años, el Consejo Superior de Educación Católica convoca a estudiar, con rigor científico y con afecto de amor, a la luz de la fe cristiana, la formación de los niños en el complejo panorama social, cultural y religioso de la actualidad. Es una invitación a poner los ojos en la delicada realidad de la infancia.

Las determinaciones pedagógicas –y esto vale singularmente para las nuevas competencias, a las que se refiere el título del presente curso –dependen de una postura intelectual ante la realidad, de opciones metafísicas. Como en las ciencias sociales, también para la pedagogía y quizá con mayor razón para ella, la cuestión fundamental es de índole antropológica. La formación del hombre depende de la idea del hombre. En la visión general del proceso educativo, en sus bases teóricas y en la definición de cada una de sus etapas está implicada una concepción de la persona humana como unidad de estructura y funciones, autoconciencia, capacidad de conocimiento y donación de sentido, como unicidad insustituible, totalidad de significados y valores. Actualmente es oportuno señalar, de acuerdo a la definición clásica, que la persona se inscribe ontológicamente en una naturaleza; es necesario subrayar que hay una naturaleza de la persona y de sus actos, de la que se desprenden criterios objetivos de conducta y por tanto una orientación moral de la existencia (cf. Gaudium et spes, 51). 

La identidad infantil

El horizonte teorético de la pedagogía comprende, además, elementos psicológicos y caracterológicos. Las etapas o edades de la vida son modos de una única identidad; cada una de ellas está en función de las otras y de la totalidad. Lo explicó con elocuencia Romano Guardini: el joven lleva dentro de sí una infancia vivida bien o mal; el adulto, el impulso del joven; el hombre maduro, la riqueza de las obras y de la experiencia del hombre adulto; el anciano, el patrimonio de la vida entera, la cual, a través de un largo camino, ha asumido la propia forma. Las etapas se suceden en el continuo flujo vital y en él la infancia determina el desarrollo sucesivo. Hoy sabemos, gracias a los hallazgos de la psicología profunda, que la vida infantil se inicia en el seno materno como existencia auténtica y que su desarrollo no es sólo fisiológico sino personal, aunque por entonces inconsciente. Allí comienza en realidad la educación como solicitud, cercanía afectiva, amor. Luego, desde el acto del nacimiento, todo se inscribe profundamente en la psiquis del niño, que debe habituarse a la existencia individual y mientras aprende a caminar, a comer solo, a hablar, por la mediación de sus padres va conociendo el mundo exterior y relacionándose con él. No hace falta insistir en la importancia decisiva de los roles respectivos, diversos y complementarios, del padre y de la madre, en la configuración de la personalidad del niño y en la afirmación de su identidad sexual. Quizá habría que aclarar: del padre varón y de la madre mujer, para distinguir así la realidad natural de la creación de la caricatura promovida por la pseudocultura progresista, e introducida en la funesta ley que alteró la esencia del matrimonio y la familia. También conocemos y lamentamos el influjo negativo de la pobreza extrema que afecta a tantas familias argentinas, con la consiguiente precariedad de la vivienda y el hacinamiento que empuja a los niños a enterarse prematuramente de la vida de los adultos, y otros males familiares y sociales que dañan la infancia imprimiendo en ella estigmas difíciles de superar.

Hasta hace algunos años el alumno llegaba a la escuela en gran medida modelado por la influencia de la familia. Con la obligatoriedad de anticipar cada vez más la escolarización –una medida discutible, cuyos frutos se podrán evaluar con el tiempo– la educación institucional debe armonizar su aporte con el papel de los padres y brindarles la ayuda necesaria para constituir con ellos una cierta comunidad educativa. La dimensión maternal que es constitutiva de la función del maestro según una tradicional analogía, cobra propiedad exacta cuando el niño inscrito en el nivel inicial es prácticamente un bebé. La competencia específica, la diligencia cuidadosa y el talante delicadamente espiritual deben ser entonces mayores. Pero más allá de estos primeros tramos, a lo largo de todo el proceso educativo, la escuela –muchas veces supliendo las carencias familiares– tiene que ayudar al niño para que llegue a ser lo que es en profundidad, para que logre dar lo mejor de sí. La tarea se carga de dificultades pero también se vuelve apasionante en el acompañamiento durante la crisis del crecimiento, característica de la adolescencia, y en esta edad toda ella en devenir, campo de múltiples contrastes. En la actualidad, el comprobado acortamiento de la infancia y el influjo prematuro de factores culturales y sociales perturbadores ponen a prueba la perspicacia, el aplomo y la paciencia del educador. Viene muy a propósito la advertencia, bien realista, de Gustave Thibon: El educador debe evitar un doble escollo: tratar al niño como si fuera ya un hombre y tratarlo como si nunca debiera llegar a serlo. Los resultados son semejantes en los dos casos: el fruto que tarda demasiado en madurar no vale más que el fruto agostado, y el adulto forzado, al igual que el niño que se demora indefinidamente siéndolo, no son jamás verdaderos hombres. No hay que forzar la evolución del niño, por cierto, pero hay que ayudarlo a desarrollarse. Y esta ayuda implica necesariamente un mínimo de imposición, de obligación (el original francés dice contrainte). La regla de oro es que la imposición corresponda, en cada fase de la evolución, al despertar de una necesidad real pero demasiado débil y oscura aún para traducirse espontáneamente en deseo. Este planteo, en el que resuena la sabiduría clásica, adquiere una nueva vigencia ante las discusiones contemporáneas sobre el valor de la autoridad y la necesidad de poner límites como recurso insoslayable de una verdadera educación.

Para conocer al alumno hace falta, como diría Giambattista Vico, un corazón que piense; se lo conoce, sobre todo, por connaturalidad y simpatía. Sin comunión afectiva no es posible adaptarse a la naturaleza concreta de cada chico para descubrir y cultivar las particularidades positivas que constituyen su carácter, para despertar lo mejor de su espontaneidad y acompañarlo en el desarrollo de su vida interior. Cito otra vez a Thibon: No olvidemos jamás que más allá de todas las palabras pronunciadas, de todas las recetas empleadas, se produce siempre entre nuestra alma y la del niño un “modus vivendi” espontáneo que es nuestra grande, nuestra única fuente de influencia. Una educación personalizada se acerca con respeto a la originalidad de cada uno para guiarlo en el discernimiento del ideal que se encuentra en germen entre sus sueños e ilusiones. Sin embargo, es preciso conservar una cierta distancia entre maestro y alumno; no pueden ser simplemente camaradas. Si la relación pudiera definirse como amistad, se trataría –según Aristóteles– de una amistad desigual; es preciso evitar una paridad que suprime todo misterio, descoloca la autoridad educativa y acaba neutralizándola. 

El maestro ante el misterio de la infancia

El maestro cristiano encuentra en el Evangelio, en el ejemplo de Jesús, una fuente de inspiración para el ejercicio de su misión educativa. Los tres textos sinópticos de Mateo, Marcos y Lucas recogen episodios de la vida del Señor y sentencias suyas que muestran una actitud nueva ante los niños. En la antigüedad no se los tenía en cuenta; sólo se consideraba su potencialidad de hacerse adultos mediante la enseñanza y la obediencia. No se reconocía el valor propio del niño, la peculiaridad de la conciencia infantil. Los mismos apóstoles participaban de la mentalidad generalizada en su época y no comprendían que Jesús viera con agrado y recibiera a quienes le acercaban sus hijos pequeños para ser bendecidos; él los corrigió, y su réplica vale como exhortación para los cristianos de todos los tiempos: Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos (Mc. 10, 14). Habrá resultado más chocante, probablemente, que Jesús propusiera la actitud de los niños pequeños, paidía en el griego original, como modelo de un cierto retorno al estado de disponibilidad y apertura, de humildad y confianza, necesario para entrar al Reino. En ese contexto añade: el que recibe a uno de estos pequeños en mi nombre, me recibe a mí mismo (Mt. 18, 5). Este dicho encierra una profundidad admirable. El Señor descubre en el estado de infancia la emersión de una dimensión originaria, arquetípica, de lo humano: la orientación hacia la verdad, el bien, la belleza, la santidad, algo que a pesar de su fragilidad todavía no ha sido estropeado por la vida. Además, quien se preocupa por un niño está recibiendo al Niño por excelencia, al Hijo del Padre eterno que se hizo Hijo del hombre. Hay entonces algo grande y misterioso en la educación de los niños; desde la perspectiva evangélica se pone en juego en el acto pedagógico la relación del educador con Dios y la necesidad de hacerse él mismo como los niños para recibir el Reino y entrar en él. El aprecio y la custodia de esos bienes supraéticos revelados en la concepción evangélica de la infancia no impiden reconocer los defectos instintivos, las limitaciones del espíritu balbuciente, la inestabilidad de sentimientos, las borrosas fronteras entre el mundo real y el imaginario que asoman en esos años iniciales y que deben ser paulatinamente superados por el crecimiento y la educación.

Los tres evangelios antes citados registran la sentencia de Jesús sobre la gravedad del escándalo y la dura condena que destina a quien escandaliza a uno de estos pequeños que creen en mí (Mt. 18, 6). Escándalo equivale a trampa, lazo, piedra de tropiezo, y se refiere a una seducción que arrebata la fe en Cristo y aparta de Dios. La tradición exegética ha interpretado incansablemente este pasaje que hasta inspiró tratados teológicos sobre el tema. En la cultura relativista y hedonista de nuestros días, potenciada por medios invasivos de propaganda y por las arbitrariedades del poder, la advertencia del Señor adquiere una tremenda actualidad. ¿Adónde podría llegar una sociedad, hacia qué abismo se precipitaría, si en ella la organización de la vida, las estructuras educativas y los centros de decisión –sin prejuzgar acerca de las intenciones de los protagonistas– se configurase objetivamente como una superagencia del escándalo, como una maquinaria para eliminar la fe del corazón de los niños?

Después de ofrecer estos trazos inevitablemente generales sobre la educación en los primeros años de escolaridad, quiero referirme a dos áreas temáticas precisas para las cuales se han de gestar nuevas competencias si se pretende desarrollarlas como corresponde: son la formación religiosa y la educación sexual.

La misión específica de la escuela católica reúne –según consta en un documento fundamental de la Santa Sede– dos vertientes de la evangelización: transmitir de modo sistemático y crítico la cultura a la luz de la fe y educar el dinamismo de las virtudes cristianas, promoviendo así la doble síntesis entre cultura y fe y fe y vida (La Escuela Católica, 49). En esta definición se vislumbra un esbozo de la distinción entre enseñanza religiosa escolar y catequesis. El lenguaje pastoral de las últimas décadas ha oscilado frecuentemente al designar con diversos nombres esas dos dimensiones de la formación religiosa. Asimismo, en ese período se entablaron discusiones teóricas y se aplicaron orientaciones prácticas opuestas en materia catequística, tanto en la pastoral parroquial como en el ámbito de la escuela. Se imponía el propósito de otorgar a la formación religiosa de los niños, y concretamente a la catequesis para completar la iniciación cristiana, un talante vivencial. Esta decisión condujo de hecho, en muchos casos, a un menoscabo –e incluso a un vaciamiento– de los contenidos doctrinales, al desprecio de la dimensión nocional, cognoscitiva, de la fe. De la memorización de una cartilla -nunca tuvo que reducirse a eso la catequesis– se pasó en muchos lugares al cultivo más o menos vago de algunas actitudes cristianas, del amor a Jesús y al prójimo, sin referencias precisas a los misterios de la fe. La difusión de un método riguroso de catequesis familiar llevó también, donde fue aplicado –incluso en escuelas–, a una mediatización de los niños en cuanto destinatarios directos y privilegiados de la catequesis. Estas situaciones se fueron clarificando, durante el pontificado de Juan Pablo II, hasta establecer que la enseñanza religiosa escolar y la catequesis son realidades distintas y complementarias; hay entre ellas un nexo indisoluble y una clara distinción.

El Directorio General para la Catequesis, publicado en 1997, define el carácter propio de la enseñanza religiosa escolar. Es ésta una forma original del ministerio de la Palabra, llamada a penetrar en el ámbito de la cultura y a relacionarse con los demás saberes (n. 73). La primera finalidad señalada aspira a que los alumnos, desde el inicio de su escolarización y progresivamente, reciban la verdad católica como un fermento dinamizador depositado en el terreno de su formación, a lo largo de esos años en que van interiorizando el universo cultural definido por los saberes y valores que ofrecen las demás disciplinas escolares. Para que pueda lograrse este propósito –según explica el Directorio– es necesario que la enseñanza religiosa escolar aparezca como disciplina escolar, con la misma exigencia de sistematicidad y rigor que las demás materias. Ha de presentar el mensaje y acontecimiento cristiano con la misma seriedad y profundidad con que las demás disciplinas presentan sus saberes. Esta descripción hace pensar en un estudio sistemático de la religión católica que deberá programarse a lo largo de todo el currículo, primario y secundario, asumiendo las determinaciones pedagógicas correspondientes a cada nivel y procurando una clara articulación entre los mismos. Se podría identificar entonces a la enseñanza religiosa escolar como teología; teología para la escuela, pero teología al fin, que intenta pensar la fe y dar razón de lo que se cree. Juan Pablo II afirmaba que los alumnos tienen el derecho de aprender, con verdad y certeza, la religión a la que pertenecen.

La transmisión escolar de la verdad religiosa ocupa entonces un lugar en el currículo, en diálogo interdisciplinar con las demás asignaturas, y con un dinamismo –como se dice ahora– transversal. Esta es la segunda finalidad de la teología escolar: la relación con los otros saberes. Dice el Directorio antes citado que este diálogo ha de establecerse, ante todo, en aquel nivel en que cada disciplina configura la personalidad del alumno. Desde la enseñanza religiosa escolar debe intentarse una síntesis entre fe y cultura, de tal manera que los alumnos vayan percibiendo progresivamente y a medida que avanzan en los estudios, la armonía y la belleza de la cosmovisión cristiana. Así, la presentación del mensaje cristiano incidirá en el modo de concebir, desde el Evangelio, el origen del mundo y el sentido de la historia, el fundamento de los valores éticos, la función de las religiones en la cultura, el destino del hombre, la relación con la naturaleza… (ib. 73). 

Catequesis para la vida

La otra vertiente de la evangelización presente en la escuela católica, como forma del ministerio de la Palabra distinta y complementaria de la enseñanza religiosa escolar, es la catequesis. Su finalidad es procurar la síntesis entre fe y vida. Si se conciben correctamente la naturaleza y las tareas de la catequesis resulta una redundancia postular que debe ser vivencial. Lo es necesariamente en cuanto formación cristiana integral, abierta a todas las formas de la vida cristiana (Catechesi tradendae, 21). Debe conducir, desde los primeros años, cuando despunta en la conciencia la fe bautismal con las características propias de la lógica infantil, a una adhesión personal a Cristo, para celebrar, vivir y contemplar su misterio; hay que educar a los niños y adolescentes en la oración, la acción de gracias, la penitencia, la plegaria confiada, el sentido comunitario, la captación recta del significado de los símbolos  (DGC 85) para que puedan incorporarse a la acción litúrgica, ámbito en el cual se forma en profundidad la personalidad cristiana. En suma, la finalidad de la catequesis en la escuela es poner a los alumnos en íntima comunión  con Jesucristo, moverlos, asistirlos, acompañarlos espiritualmente de modo que asuman con creciente libertad su vocación de discípulos misioneros. Los momentos sacramentales del proceso son jalones que conducen a una vida eucarística.

La articulación entre la enseñanza religiosa escolar y la catequesis puede verificarse según diversas tipologías. Una es la situación de los colegios parroquiales, en los que se puede procurar una integración entre colegio y parroquia para facilitar la incorporación de los niños en la comunidad eclesial. Este aspecto resulta a menudo problemático en el caso de los colegios congregacionales, sobre todo si en la catequesis se incluyen los sacramentos que completan la iniciación cristiana; ¿cuál será la comunidad eclesial de pertenencia cuando concluyan el ciclo escolar?. Otra configuración especial asume la enseñanza religiosa en las instituciones de gestión estatal en las que se brinda ese servicio –ocurre en algunas provincias-; en este caso habrá que proveer al complemento catequístico y sacramental necesario en el ámbito más próximo. Aún podemos enumerar otro tipo de formación religiosa, la que se ofrece en aquellos colegios privados que no pertenecen al subsistema educativo eclesial pero que incorporan esa dimensión a su propuesta; es una exigencia de honor que la enseñanza del catolicismo se desarrolle siempre con la máxima seriedad.

La perspectiva señalada por el Directorio General para la Catequesis hace ya más de una década debe ser asumida sin retaceos como una oportunidad educativa providencial. Es preciso, para que la decisión se cumpla debidamente, gestar nuevas competencias, es decir, estudiar rigurosamente y disponer una renovación de los planteos hasta ahora vigentes en la formación religiosa, favorecer la adecuada preparación en la ciencia teológica de los profesores de religión y la renovación de su aptitud pedagógica, como así también sostener espiritualmente la tarea de los catequistas y proporcionarles los recursos necesarios para su perfeccionamiento doctrinal, metodológico y pastoral. Como es fácil de ver, en esta área está en juego la identidad misma de la escuela católica.  

Intromisión del Estado

En diversas circunstancias me he ocupado de la educación sexual, que yo prefiero llamar, de acuerdo a la antropología cristiana, educación para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia. Como es sabido, este aspecto decisivo en la formación de niños y adolescentes es propuesto como una disciplina transversal, presente en todos los niveles del plan de estudios y en las diversas áreas temáticas. Su introducción en el sistema escolar se planteó, por lo menos en Europa, en las primeras décadas del siglo XX. El psiquiatra Rudolf Allers, profesor de la Universidad de Viena, contemporáneo de Freud que hizo valiosos aportes sobre la naturaleza y educación del carácter, consideraba que es necesario al niño el conocimiento de las materias sexuales, y que debe ofrecérsele antes de que lo hagan de modo inconveniente quienes no están llamados a ello. Pero también puntualizaba: La instrucción sexual es cosa de los padres, no de la escuela, si los padres no alcanzan a tanto, o no poseen la confianza del niño, entonces será obligación de otras personas. Pero ha de efectuarse en una explicación individual, no en la clase. La enseñanza que se da en la clase puede, todo lo más, servir de preparación al explicar con cierta prudencia los temas afines de la biología. Ha de proceder también esa instrucción de modo gradual; el momento de su necesidad nos lo indican las oportunas preguntas del niño –supuesta siempre la ineludible relación de confianza- Tales preguntas se han de responder como todas las otras que el niño hace; menos que en parte alguna debe darse aquí la consabida respuesta “¡Tú no puedes entender eso!”.  Esta precaución y reserva puede parecernos hoy una ingenua antigualla ante el cambio radical de las costumbres y habida cuenta de que el Estado se ha atribuido el derecho y el deber de ocuparse de tan delicada función, sin preguntarle a los padres de familia si están de acuerdo en delegarle la tarea. Sin embargo, aquella cautela no debería descartarse del todo, y fácilmente. Tengo noticia de casos horrendos ocurridos en jardines de infantes, que causaron indignación en las familias y grave angustia en los pequeños. Glosando a Allers  me atrevo a decir que en la transmisión escolar del conocimiento de las materias sexuales las familias argentinas están corriendo el riesgo de que lo hagan de modo inconveniente ¡los que están llamados a ello!.

Retomaré enseguida las críticas que se han formulado a las orientaciones oficiales que se pretende imponer en estas materias. En los últimos años se ha ido perfilando una ideología oficial, que en el ámbito escolar resulta manifiesta no sólo en la temática sexual sino en casi todas las áreas; basta repasar las listas bibliográficas que suelen acompañar a los diseños curriculares. Antes señalo rápidamente una cuestión previa, de principio. El deber y el derecho de los padres a la educación de los hijos es original y primario, insustituible e inalienable; ellos y no el Estado son los primeros y principales educadores de sus hijos. Existe actualmente una tendencia del Estado a invadir el ámbito de la libertad familiar; esto ocurre, al parecer, como un fenómeno universal. Hans Urs von Balthasar observa que Hegel, en su filosofía del derecho, consideraba que la autoridad concreta ejercida por los padres respecto de sus hijos en el seno de la familia es una realidad provisional que deberá disolverse para dar paso, en sustitución, a la autoridad general y definitiva del Estado. En efecto, el gran pensador alemán únicamente reconocía a la familia un espíritu naturalmente ético del amor como emoción, que solo en la unidad mayor del Estado se desarrolla y evoluciona hasta convertirse en espíritu consciente y existente por y para sí. Este pensamiento inspiró la absorción estatal que caracterizó a los dos mayores totalitarismos del siglo XX, el comunista y el nacionalsocialista, pero influye también, en diversa medida, en los regímenes democráticos. Me permito, como dato curioso, una apostilla doméstica; lo hago sin animosidad, ya que es de público conocimiento. En el Segundo Congreso Internacional de Filosofía, realizado aquí en San Juan hace exactamente cuatro años, la presidenta de la Nación, que era entonces candidata al cargo que ahora desempeña, se definió a sí misma como hegeliana. 

La ideología de género en la escuela

La Comisión Episcopal de Educación Católica, en 2008, planteó graves objeciones a los Lineamientos Curriculares para la Educación Sexual Integral: el reduccionismo antropológico y una insistencia en el modelo biológico-higienista que traspasa los límites de lo verdadero y razonable; el escamoteo de la dimensión ética de la sexualidad; la degradación de la identidad sexual a una mera construcción sociocultural; la promoción de métodos moralmente objetables de prevención, eludiendo toda referencia a valores y virtudes. Se indicó además, como negativo e injusto el carácter obligatorio de los lineamientos y la omisión de papel de la familia.

Por mi parte, he criticado reiteradamente los Cuadernos de Educación Sexual integral (ESI), el Material de formación de formadores en educación sexual y prevención del VIH/SIDA, el Prediseño Curricular de Construcción de Ciudadanía de la Provincia de Buenos Aires (que incluye un capítulo sobre Construcción de la Sexualidad) y la revista, publicada este año, de Educación Sexual Integral. Para charlar en familia, que está llegando a todos los colegios del país. El constructivismo y la perspectiva de género se han convertido en doctrina oficial. Según estos instrumentos conceptuales, los roles y responsabilidades de mujeres y varones serían determinados socialmente, “construidos” o impuestos por la cultura y no procederían de las diferencias biológicas, psicológicas, afectivas y espirituales de uno y otro sexo. Se practica una escisión entre sexo y género, de tal manera que el concepto de género es empleado para cubrir la afirmación de una sexualidad polimorfa; el deseo sexual podría dirigirse legítimamente a cualquier objeto, ya no se reconoce la heterosexualidad como la inclinación natural, sino que se le emparejan como equivalente la homosexualidad, el lesbianismo, la  bisexualidad, la transexualidad y el travestismo. La inclinación natural es reemplazada por la preferencia u orientación sexual, que se puede elegir y ejercer como un derecho.

Esto es lo que habría que enseñar en las escuelas, y desde la más tierna edad. En los Cuadernos de Educación Sexual Integral, presentados en mayo de 2010, se propone en el nivel inicial –de los cuarenta y cinco días a los cinco años- un juego pedagógico, por demás elocuente como muestra de la intención educativa, que consiste en ordenar los juguetes.  Está formulado en estos términos: En caso de que un niño o niña quiera clasificar los juguetes siguiendo la lógica de la división por género (juguetes para varón, juguetes para mujer), el docente debe intervenir solicitándole una justificación para conocer qué ideas sustentan esa decisión… “¿Por qué te parece que esos juguetes son para varones? ¿Puede usarlos una nena?”, y deberá registrar finalmente las respuestas en un afiche que se dejará expuesto para volver sobre él en otra oportunidad. Los autores explican a continuación su propósito: La intención de estas actividades es cuestionar los papeles estereotipados tradicionalmente asignados a varones y mujeres a través de los juegos y juguetes. De acuerdo a estos hallazgos pedagógicos ya no se podrá más educar a  los niños como varones y a las niñas como mujeres, habrá que prepararlos para que elijan un día su orientación sexual.

En algunos documentos oficiales se plantea la educación sexual según un enfoque de derechos –así se lo llama. Se proclama para niños y adolescentes el derecho al sexo como un derecho humano, y concretamente: a decidir tener o no tener relaciones sexuales, libres de todo tipo de coerción y violencia y a no sufrir consecuencias no deseadas en esas relaciones. En la mencionada revista Para charlar en familia no se ofrece ninguna pauta moral: ninguna referencia explícita a la finalidad misma de la sexualidad, que debe estar vinculada como valor auténticamente humano con el amor, el matrimonio y la familia; no se habla de pudor, de virtudes, de continencia, de castidad. Se habla sí de los métodos anticonceptivos, y en especial del preservativo, que es considerado el único eficaz para prevenir el embarazo y las enfermedades de transmisión sexual; se emplean varias páginas para recomendar su uso, con precisas instrucciones. Contradiciendo datos científicos fehacientes se oculta que ese medio no es absolutamente eficaz, sobre todo para impedir el contagio del virus que provoca el sida. Se sostiene, además, erróneamente, que la pastilla de anticoncepción hormonal de emergencia no afecta al embrión si la fecundación ya se ha producido, cuando es bien sabido que las sustancias químicas contenidas en esa píldora impiden la anidación, provocando de este modo un aborto ultratemprano. No parece ésta una educación sexual integral, sino más bien –lo diré con lenguaje políticamente incorrecto- la reivindicación del derecho a fornicar lo más temprano posible, y sin olvidar el condón.

Una consideración crítica como la que he esbozado tiene una destinación eminentemente positiva: sirve para desbrozar la ruta y aventar el peligro de descaminarnos por sendas perdidas. Nuestra tarea educativa es, y debe y quiere ser cada vez mejor un servicio a la sociedad argentina, un servicio de verdad y de caridad basado en la idea cristiana del hombre que nos fue revelada en Jesucristo. Como escribió Benedicto XVI, el cristianismo es aquella memoria de la mirada de amor del Señor sobre el hombre, en la cual son custodiadas su plena verdad y la garantía última de su dignidad. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Hablan los obispos
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ZENIT.org A estas alturas de la historia de la humanidad, ya no es necesario demostrar que muchas leyes han sido tiránicas, dictatoriales y abiertamente injustas. Sin retrotraernos a tiempos muy lejanos, baste recordar los regímenes de Stalin, Hitler, Sadam Hussein o cualquiera de los sátrapas actuales de África. Podrían recordarse incluso leyes que, pese a ser aprobadas por parlamentos democráticos, avergüenzan la inteligencia y el progreso social. Tal es el caso de la esclavitud, vigente en Estados Unidos e Inglaterra hasta fechas muy recientes.

Todos estos ejemplos ponen de manifiesto que una ley civil no tiene rango de tal por el mero hecho de que sea promulgada por la autoridad del momento. Ni siquiera de una autoridad elegida democráticamente. Imaginemos que un parlamento democrático restaurase costumbres tan crueles como los sacrificios humanos o la clasificación social de las personas, que admitía el Senado del Imperio Romano, de modo que unos fuesen esclavos sin ningún tipo de derechos, y otros ciudadanos libres y de mucha más categoría que los esclavos. Además de caer en un anacronismo histórico de gran bulto, invadiría un terreno que pertenece a otra instancia superior, a saber: la naturaleza de la persona humana, que hace iguales en dignidad a todos, con independencia de su estatus social, cultural, étnico o religioso.

Hay realidades, en efecto que son pre-políticas, es decir, anteriores y superiores a toda autoridad humana. Y, por ello, de rango superior a las decisiones de los legisladores. La consecuencia más radical es que pueden existir leyes que no sean tales, leyes aparentes, no reales, por más que se aprueben en un Parlamento o aparezcan en las páginas de un Boletín Oficial del Estado.

Quiéranlo o no los relativistas y positivistas, los derechos humanos emergen de nuestra dignidad intrínseca como personas, no de concesiones graciosas del Estado. Si hubiere leyes que violasen derechos fundamentales de la persona humana no serían leyes ni tendrían carácter vinculante. Más aún, habría que oponerse a ellas y luchar con medios legítimos para su erradicación. Si no queremos llevar a la humanidad a situaciones de barbarie ya superadas, es preciso que los legisladores humanos respeten y promuevan al máximo la dignidad de todas las personas humanas, sean del color étnico, religioso o político que sean. Si por ser legal fuese moral, podríamos llegar a aberraciones absolutamente monstruosas.

Los legisladores no son señores de la vida o de la muerte de las personas, ni de los derechos que éstas tienen por ser personas. Por otra parte, viendo cuál ha sido el final de algunos dirigentes políticos del máximo rango en su nación, deberían ser conscientes que el campo no admite puertas y que todas las presas construidas con el fin de impedir que los ríos vayan al mar, terminarán siendo barridas por las aguas de la dignidad de las personas, injusta y ficticiamente detenidas. La demagogia y el populismo tienen las piernas cortas y enfermas.

La sociedad ha de ser muy celosa para proteger y salvaguardar sus derechos. Y ser muy consciente de que no es ella la que está al servicio de la clase política, mediática o económica, sino que éstas están a su servicio. Así mismo, es muy sano que las instituciones intermedias ejerzan como tales. Pienso, por ejemplo, en la familia, en los sindicatos, en las asociaciones culturales, vecinales y religiosas. Es lo que se designa con el nombre de subsidiariedad. En cualquier caso, la sociedad no puede dejar de controlar a la autoridad civil para impedir que ésta invada su terreno.

A nadie se le oculta que esta reflexión no es un juego dialéctico sino una invitación a tomar más conciencia de lo que actualmente sucede con reiterada frecuencia. Es mejor prevenir que curar.

Monseñor Francisco Gil Hellín es el arzobispo de Burgos (España)


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Hablan los obispos
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DOMINGO 20 DEL TIEMPO ORDINARIO - A
14 de Agosto de 2011

El Dios de la esperanza, que por la acción del Espíritu Santo nos colma de alegría y de paz, esté con todos vosotros.

- Sed bienvenidos, hermanas y hermanos. Hoy, en todo el mundo, gentes muy distintas nos reunimos para celebrar la Eucaristía del domingo. Pero, por distintos que
seamos, alrededor de la mesa de Jesús, todos somos hermanos. Jesús no mira orígenes ni procedencias ni nacionalidades. Todos somos hijos de Dios que veni-
mos a reunirnos con el Señor.

A. penitencial: Hoy escucharemos en el evangelio la súplica confiada de una mujer cananea, una estranjera:"Ten compasión de mi, Señor" Hagamos nuestra
esta súplica, pidiendo perdón por nuestros pecados. (Silencio)

- Tú, que eres el camino que conduce al Padre.SEÑOR,TEN PIEDAD.

- Tú, que eres la verdad que ilumina a todos los pueblos. CRISTO, TEN PIEDAD. 

- Tú, que eres la vida que renueva el mundo. SEÑOR, TEN PIEDAD.

 

1. lectura (Isaías 56,7.6-7): Escucharemos hoy en el evangelio cómo la acción salvadora de Jesús rompe los límites de las fronteras de Israel para llegar a todos, sean de la nacionalidad que sean.lsaías, en esta primera lectura, ya anuncia que Dios acogerá también en su templo a los extranjeros que tienen fe en él.

2. lectura (Romanos 77,73-75.29-32): San Pablo, el apóstol de los paganos, está contento de que los que no son judíos se hayan convertido a la fe en Jesús. Pero espera que los judíos también se conviertan. El proyecto amoroso de Dios, manifestado en Jesucristo, es para todos. y san Pablo anhela que un día todos, judíos y paganos, lleguen a vivir la misma fe y la misma salvación.

Oración universal: La mujer cananea del evangelio pedía con insistencia a Jesús que la ayudara. Oremos también nosotros, repitiendo su petición: TEN COMPASION
DE NOSOTROS, SEÑOR.

Por los jóvenes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud. Que estos días sean para ellos una gran ocasión para crecer en la fe, la esperanza y el amor de
Jesucristo. OREMOS:

Por los padres y madres que sufren por las enfermedades y tantos otros problemas de sus hijos. Que experimenten el amor y la compasión de Dios que ofrece siempre consuelo y esperanza. OREMOS:

Por el pueblo judío, el pueblo de la antigua alianza. Que viva con autenticidad su fe y encuentre caminos de diálogo y de convivencia con los otros pueblos y
religiones. OREMOS:

Portadas nosotros, reunidos para celebrar la eucaristía. Que nuestra celebración alimente nuestra vida de fe y nos empuje al testimonio. OREMOS:

Ten compasión, Señor, de nosotros, y atiende las oraciones que con fe y confianza te hemos presentado.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Padrenuestro: Con la confianza de aquella mujer cananea, ahora todos juntos, antes de comulgar, dirijámonos al Dios del cielo tal como Jesús nos enseñó:

 

CPL


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martes, 09 de agosto de 2011

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la profesión perpetua de la hermana María Sabrina del Dios Escondido (Pueblo Esther, 16 de julio de 2011) (AICA)

PROFESIÓN PERPETUA         

Queridos hermanos:

El Carmelo del Niño Jesús de Praga y nuestra Arquidiócesis de Rosario, como Iglesia particular, se llenan de alegría por esta nueva profesión religiosa; y se unen fervientemente en la oración con todos ustedes, dando gracias a Dios.

Podemos decir, que cada profesión religiosa es un signo del llamado de Dios, un verdadero momento de gracia, que no termina hoy, sino que comienza hoy y se prolonga para dar verdadero fruto.

Por ello estamos aquí, junto a la querida comunidad de carmelitas, que está en el corazón de esta Iglesia diocesana, y hace más presente la riqueza de la vida contemplativa.

 

Celebración de la Virgen del Carmen

Celebramos el día de la Virgen del Carmen. El Evangelio que escuchamos se refiere a la Madre de Jesús. El que hace la voluntad de Dios es mi madre, mi hermano y mi hermana. María es la Madre de Jesús, porque dio a luz a su hijo, y se puede agregar también, porque hizo de un modo ejemplar el camino de la fe y del seguimiento de Jesús, hija fiel a la voluntad del Padre del cielo.

Precisamente, como dice la Plegaría de la Bendición que dentro de un momento voy a rezar, en tu pueblo resplandece la Hija de Sión, la Virgen Santísima, en cuyo seno recibió al Verbo encarnado para la salvación del mundo.

Por esto hoy nos dirigimos a María como Patrona y Madre nuestra. De ella recibimos el cuidado y la protección, que significa su escapulario; y al mismo tiempo estamos llamados a imitarla y a venerarla mediante nuestra fidelidad a su Hijo.

 

Los votos perpetuos

En esta misma Plegaria de Bendición, la Iglesia manifiesta que cada consagrada abandonó todo para seguir a Cristo, y unirse a Dios con un corazón ardiente en el suave vínculo del amor.

Dentro del plan de salvación, hoy también se hace realidad el llamado a la Hermana María Sabrina del Dios escondido, para vivir en el Carmelo una vida de santidad y de intimidad con Él, y para alcanzar una comunión más profunda con ella misma.

Por eso vamos a pedir, que por medio de la profesión perpetua “el Señor mire con ojos bondadosos a esta hija suya", que le infunda " el Espíritu que santifica, para que lo que alegremente ha prometido por tu don, lo cumpla fielmente con tu ayuda” (Plegaria de Bendición).

De este modo, por medio del signo nupcial que Jesús quiere para la Hermana María Sabrina, que ella acepta libremente y hace suyo en esta celebración; promete vivir para toda su vida la castidad perfecta, la pobreza alegre y la obediencia generosa; como Jesús mismo, que se hizo pobre, humilde y obediente.

 

“Del Dios escondido”

El misterio de Dios escondido mira a la grandeza y a la profundidad de Dios; a la presencia que buscaba el profeta Elías, y que le hace esperar y confiar en su presencia “porque el Señor va a pasar”(1Re 19,11)…,y que descubre en una brisa tenue, en un susurro apenas audible; de tal manera que ” al sentirlo, Elías se tapo el rostro con el manto” (vs.12.13). Para ello, tuvo que alejarse del tumulto, cruzar el desierto, subir a la soledad de la montaña: para que la voz callada traiga la presencia que lo sobrecoge (1Re 19,11, Com, Luis A. Schokel, ib.).

El nombre religioso que va a llevar en adelante la Hermana María Sabrina del Dios escondido, también señala de algún modo un particular llamado, una presencia en su vida religiosa del amor de Dios. La Hermana María Sabrina eligió llamarse "del Dios escondido", un nombre que toca el corazón mismo de su vocación de la carmelita, y a preguntarse en la oración ” dime amado dónde pastoreas, donde recuestas tu rebaño..." (Cantar,1,7). Seguramente cada día, la Palabra de Dios responderá a su busqueda, cuando repita con las palabras del salmo 26: " Señor buscaré tu rostro" (26, 8), y también a suplicar, Señor “no me ocultes tu rostro” (26,9).

La carmelita siempre busca a Dios escondido; y para encontrarlo, dice San Juan de la Cruz, el alma, debe buscarlo “en fe y en amor”, porque la fe y el amor son los que la guiarán hasta donde está Dios, y el amor, es la guía que la encamina” (Cántico espiritual, n º1).

Será una voz que resuena en el fondo de su ser de carmelita, que la invita a ponerse en marcha, a caminar en la búsqueda del rostro divino. Y por eso, a lo largo de este camino y de esta subida muchas veces oscura, que implica pruebas y gozos, surgirá para ella como una gracia en lugar del temor, la valentía; en lugar del desánimo, la esperanza: y por eso también cuando exprese su anhelo de "contemplar la bondad del Señor", escuchará sosegada las palabras del salmo: “…ten ánimo, espera en el Señor” (salmo 27, v.14; cfr. La Biblia, Com. P. Luis A. Schokel, ib.)

Asimismo buscar al Dios escondido significará para la Hermana María Sabrina preguntarse también por su misión como carmelita, y lo qué le pide el Señor en su corazón. La respuesta, será seguramente para ella, conforme a su vocación, una invitación que no se puede postergar.

 

Buscarlo en la oración, en su Palabra y en la Eucaristía

En su vida en el Carmelo, el Dios escondido”, le recordará a la Hermana María Sabrina, que al buscarlo cada día, es Él mismo quien la atrae primero con su gracia, y la llama a escucharlo en su Palabra, que le habla y le comunica su amor “para que tengamos vida abundante” (cf. Juan 10,10).

En un mundo que considera a Dios como alguien extraño, y muchas veces superfluo, esa atracción hace que la vida en el Carmelo, por el contrario, vaya detrás suyo y reconozca que solo Él tiene “palabras de vida eterna ( Juan 6,68), (cfr. Verbum Domini, Int. 2 ); de tal manera que la respuesta de su vida personal y en la comunidad sea, como decía el Papa , “una exégesis viva de la Palabra de Dios”.

Al mismo tiempo, el misterio de Dios escondido está presente en la Eucaristía, oculto bajo las apariencias del pan y del vino; "latens deitas", a quien adoramos y celebramos en la Misa. Allí, más que en la cruz, como cantamos en el “Adorote devote”, donde se escondía la divinidad, ahora también se esconde su humanidad

Aquí está Dios, para contemplarlo con la fe, aunque no lo pueda ver la vista, ni tocar el tacto. Aquí está el Señor escondido, que es Dios vivo, sacramentalmente presente, en medio nuestro, para que nos acerquemos a Él, para transformarnos con " un amor que llega «hasta el extremo» (Jn 13, 1), un amor que no conoce medida" (Ecc. de Euch.,n º 11).

 

La vocación de consagrada; para alabar, suplicar, amar

Este encuentro con Dios, le pide a la Hermana María Sabrina que viva como una carmelita consagrada para Él. Escondida en Dios para alabar, para suplicar, para amar. La vida contemplativa es un camino para crecer en este misterio de Amor, que es la búsqueda del encuentro con Dios, que como en Emmaús, Cristo nos ofrece plenamente (Lc 24, 27-28).

Sabemos que nada puede asemejarse a quien experimentó este camino de amor, sabiendo que al fin el motivo de la gloria también pasa por la cruz, donde está la salvación (Gal.6,14). Ésta, como decía Santa Teresa Benedicta, refiriéndose a la cruz, cambió su vida y, –como dice– “fue mi primer encuentro con aquella fuerza divina que da la Cruz a aquellos que la llevan. Por primera vez me apareció visiblemente la Iglesia, nacida de la pasión de Cristo y victoriosa sobre la muerte”.

Por elllo, pedimos también que el amor a Cristo crucificado sea para la Hermana Maria Sabrina la fuerza que anime su vida, y la impulse a amar a la Iglesia. (Homilía de la canonización, 11 de octubre de 1998); con la llama del amor, que enciende su corazón.

No obstante, nunca estamos solos o somos creyentes aislados, sino que somos miembros de la Iglesia, y nuestra fe e incorporación a Ella por el bautismo asegura nuestra adhesión filial, que en el Carmelo está llamada a crecer profundamente y a dar frutos. Por tanto, agradezcamos al Señor por el don de la Iglesia; donde el Dios escondido se manifiesta y se hace visible por su Palabra y los sacramentos, así como por la vida de los santos.

De esta manera, en el Carmelo también debe crecer el amor por el prójimo, por la diócesis, por las misiones. Este amor es la medida de su amor por Dios; que transciende el monasterio y la clausura, y se hace efectivo por la oración.

Como decía Santa Teresa, y la la comunidad del Carmelo lo recordaba enla invitación a esta consagración: este es vuestro llamamiento, estos han de ser vuestros negocios, vuestros deseos, vuestras lágrimas, vuestras peticiones (Camino de perfección, Pr. 5).

Que la Virgen del Carmen, a quien hoy filialmente invocamos, proteja con su manto a la Hermana María Sabrina, así como a tu familia, a sus padres, hermanos y amigos, a los sacerdotes y a todos los que estuvieron cerca de su vocación religiosa, y a esta querida comunidad del Carmelo de Niño Jesús de Praga, en la que hoy va a hacer tu profesión solemne. Así sea. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


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Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa “Claves para un mundo mejor” (16 de julio de 2011). (AICA)

EL CRISTIANO ANTE LAS ELECCIONES              

En este año electoral algunos se preguntan cómo se orienta un cristiano ante el hecho de las elecciones. Un cristiano o cualquier persona de buena voluntad.

Se me ocurre que podemos encontrar inspiración en un pasaje de la Encíclica “Centesimus Annus”, de Juan Pablo II.

Dice así: “la Iglesia aprecia el sistema de la democracia en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Por esto mismo no puede favorecer la formación de grupos dirigentes restringidos que por intereses particulares o por motivos ideológicos usurpan el poder del estado”. “Una auténtica democracia es posible solamente en un estado de derecho y sobre la base de una recta concepción de la persona humana”.

Mucha gente vota de acuerdo a una tradición ideológica o partidaria que ha heredado de su familia, aunque creo que cada vez son menos los ciudadanos que deciden de esta manera en su opción electoral. Otros se dejan abrumar quizás por la propaganda, que finalmente los convence: el que puede hacer más propaganda y una propaganda que invada todos los medios posibles de comunicación tiene alguna ventaja, porque siempre hay gente que se deja convencer.

Me parece que la mayoría de la gente calcula si está un poco mejor o un poco peor; finalmente, la cuestión se reduce a la situación económica personal y familiar. No se especula demasiado, porque no se pueden estudiar las estadísticas para establecer si el país ha progresado efectivamente, si además de crecimiento económico se ha avanzado también en el orden de un desarrollo integral. Actualmente se discute si hay más o menos pobres; desgraciadamente la pobreza se ha convertido en una realidad crónica en la Argentina que parece difícil de superar. Evidentemente influyen todas estas razones.

También hay algunos temas que, en un momento determinado, son o pueden llegar a ser decisivos. Por ejemplo, desde hace varios años, la inseguridad, o para decirlo mejor: la insoportable proliferación del delito. Se ha dicho que la inseguridad es una sensación; muy bien, si la gente siente fuertemente que el Estado no es capaz de custodiar vida y bienes de la población,  trata de producir un cambio valiéndose del voto.

Asimismo, una persona informada o que observa con interés la realidad educativa nacional, advierte que el sistema educativo es un descalabro desde hace años y que las sucesivas reformas lo han empeorado; es lógico que aspire a revertir esa situación y examine qué fuerza política propone un proyecto razonable y no más ideología.

Todas esas causales pueden ser tenidas en cuenta. Sin embargo, en el texto que he citado, el Papa nos ofrece una visión más profunda. Dice que “una auténtica democracia es posible solamente en un estado de derecho y sobre la base de una verdadera concepción de la persona humana”.

Podemos ver en estas palabras una invitación a no fijarnos sólo y primeramente en el bolsillo, en la sensación de inseguridad o en otros temas que son sin duda importantes, sino también en cosas que son, quizás, menos clara o inmediatamente perceptibles pero que, a la larga, resultan decisivas en la configuración del carácter nacional.

Se refiere en primer lugar al estado de derecho. Es un llamado de atención sobre la importancia del bien común político, ahora bien, forman parte de este bien común político las instituciones de la República. El estado de derecho supone la división de poderes. Si en un contexto determinado el Poder Ejecutivo avasalla al Poder Judicial, el cual no puede gozar de una auténtica independencia, o si el Congreso se convierte simplemente en un eco de las decisiones del Ejecutivo, no se puede decir que estamos en un verdadero estado de derecho. Lo mismo se puede afirmar si cualquiera de los poderes del estado manosea la Constitución o si falta la necesaria seguridad jurídica. El bien común político es algo importante que debe ser tutelado, y su conservación y mejoramiento debería ser una aspiración que influya en la elección de los ciudadanos.

Luego el Papa habla de una recta concepción de la persona humana como base de una verdadera democracia. Este dato tiene que ver con la problemática cultural que se va imponiendo. La frase que he leído de la “Centesimus Annus” procede del capítulo de la encíclica en que el Papa habla de la relación del estado con la cultura.

Muchas veces, desde esta columna, yo he alertado sobre un proceso de transformación casi inadvertida de los paradigmas culturales, del modo de pensar y de sentir de la gente, que es provocado por la acción transversal de varias fuerzas políticas pero que se ha hecho sistemático en los últimos años y que va cristalizando en leyes contrarias al orden natural.

Lo que ha ocurrido el año pasado con la sanción de la ley del mal llamado matrimonio igualitario es un ejemplo que debe alertar. Ahora amenaza también, como un peligro inminente la legalización del aborto y los ideólogos encaramados en posiciones de poder aspiran a mucho más. Esta transformación inadvertida  funciona de tal modo que la mayor parte de la sociedad se entera luego de que ha ocurrido tal o cual cosa que no responde a sus convicciones más profundas. Esto es algo que debe preocupar en el momento de emitir el voto.

Cualquiera de ustedes me podría argüir: ¿cómo nos enteramos de lo que piensan los candidatos? En las listas para diputados, por ejemplo, tanto para el Congreso nacional como para las legislaturas provinciales uno tiene que votar a gente que no conoce. ¿Y qué piensa esa gente? Los partidos políticos antes se preocupaban mucho por exponer sus plataformas, pero me parece que hoy día ya no ocurre así. Es éste un problema muy serio, una grave deformación de la democracia; la ausencia de un debate claro favorece que los ciudadanos sean solicitados como clientes a ciegas de un mercado electoral.

Mi intención al evocar la enseñanza de Juan Pablo II ha sido sugerir que no hemos de guiarnos sólo por aquellas “sensaciones” más inmediatas y perceptibles, sino que debemos fijarnos también en las “sensaciones” espirituales fundantes de las cuales depende el futuro de la sociedad argentina. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


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CÁRITAS CON EL CUERNO DE ÁFRICA, PRIMER INFORME DE SITUACIÓN 

La organización eclesial de Cáritas ha hecho público un primer informe sobre la situación que viven los países situados en el Cuerno de África –Etiopía, Kenia, Somalia, Uganda y Yibuti–. En esa región la sequía ha agravado la crisis que ya venían padeciendo y que en algunas zonas es la más grave de los últimos 60 años. A los países mencionados se suman algunas zonas de Tanzania, Uganda y el recientemente independizado Sur Sudán.


El empeoramiento de la crisis en las zonas afectadas por la sequía está produciendo un constante incremento en el número de personas afectadas por la hambrunas: 4,5 millones de personas en Etiopía; 2,9 millones en Somalia, 120.000 en Yibuti; se prevé que esta cifra alcance los 3,5 millones en Kenia, sin contar a los afectados en Tanzania, Uganda y en Sur Sudán. La población que necesita ayuda urgente se estima en unos 14,5 millones de personas.


De estos 14,5 millones de personas gravemente afectadas por la hambruna, 800.000 han tenido que buscar cobijo en los campos de refugiados en Kenia (solo en el campo de Dadaab y alrededores se concentran unas 400.000 personas) y en Etiopía.


Según datos de Naciones Unidas, se necesitan 1.870 millones de dólares para intervenir en esta tragedia. Hasta el momento esta cifra se ha cubierto sólo en un 45%. El nivel de desnutrición de los niños de la región alcanza al 50% de la población infantil. Las enfermedades causadas por la falta de alimentos aumentan hasta un punto de no retorno. El problema de las fuentes de agua se agudiza día a día, por lo cual hace falta aprovisionar a la población de agua potable. El desplazamiento de millones de personas obliga a un número muy elevado de niños en edad escolar a dejar la escuela, con la consecuencia de perder el curso. 

informe completo en:

http://www.agenciasic.es/wp-content/uploads/2011/08/C%C3%A1ritas-en-Africa-primer-informe.pdf 

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3er INFORME DE ACTIVIDAD
DE CÁRITAS ESPAÑOLA
SOBRE LA EMERGENCIA EN EL CUERNO DE ÁFRICA
(Madrid, 8 de agosto de 2011)

1. INTRODUCCIÓN Y SITUACIÓN ACTUAL

El Cuerno de África vive una emergencia humanitaria de grandes dimensiones. Las lluvias caídas en los meses de octubre a diciembre de 2010 fueron extremadamente escasas e irregulares, agravando la sequía que sufre la zona en los últimos dos años y comprometiendo seriamente cosechas y especialmente los pastos en Somalia, Kenia, Etiopia y Yibuti.

A finales de mayo el gobierno Keniata declaró “catástrofe nacional” la situación alimentaria en varias zonas del país y el 20 de Julio de 2011, La ONU declaró oficialmente la hambruna en dos regiones del sur de Somalia: el sur de Bakol y Bajo Shabelle, alerta que se ha extendido a otras tres regiones esta última semana.
La ONU informó también de que, a partir de la declaración de la hambruna, unas 20.000 personas se habían trasladado desde el suroeste de Somalia a la capital del país, Mogadisio. Los refugiados llegan con la esperanza de encontrar alimento. Además, se estima que 100.000 somalíes han huido a los campamentos de ayuda en la vecina Kenia, y otros 78.000 a campamentos similares en Etiopía.

La emergencia actual está afectando a más de 12,42 millones de personas en todo el Cuerno de África. De no recibir ayuda urgente, el riesgo de muerte es inminente.

La ONU declara hambruna (nivel 5 – y máximo – de alerta) cuando existen indicadores como:
• La tasas de malnutrición aguda entre los niños superan el 30 por ciento (en el momento de la declaración de la ONU la tasa fue de más del 50%).
• Más de dos personas por cada 10.000 mueren por día (en el momento de la declaración, los niños se estaban muriendo a un ritmo de seis por cada 10.000 por día).
• Las personas no son capaces de acceder a los alimentos y otras necesidades básicas.

Amplias regiones de Kenia, Etiopia y Yibuti se encuentran en nivel 4 de alerta, a las puertas de la hambruna. No existen datos oficiales de la situación de Eritrea, aunque se sabe que las últimas lluvias también han sido irregulares.

La peor sequía en 60 años en el cuerno de África agrava una situación estructural de pobreza y conflicto, alimentada por la subida internacional del precio de los alimentos y el combustible. Se prevé que la crisis se agudice en los próximos meses debido al aumento de los precios de los alimentos y la falta de lluvias hasta por lo menos noviembre o diciembre. Tomará muchos años más para aquellos que han debido abandonar sus hogares y han perdido todos sus medios de subsistencia, recuperar y reconstruir sus vidas.

La búsqueda de alimentos y la asistencia se está traduciendo en un desplazamiento a gran escala y la migración de pastores y agricultores, tanto dentro del centro-sur de Somalia y a Kenia y Etiopía. Recorren grandes distancias a pie, en burro o usando lo último que les queda de dinero para ser transportados en camiones atestados de gente.

Mientras las familias huyen de las zonas afectadas por la sequía, se ven obligadas a abandonar a los ancianos, los niños enfermos, debilitados y a las mujeres embarazadas. A menudo tienen que dejar atrás los cuerpos de sus seres queridos a lo largo del camino. Ellos llegan a su destino en condiciones deplorables; agotados, desnutridos y sufriendo enfermedades, como la malaria, el sarampión, y otras tantas. Muchos han sido atacados por bandidos armados, acosados, les han saqueado sus escasas pertenencias y sometidos a todo tipo de violencia.


2. RESPUESTA HUMANITARIA DE LA IGLESIA Y LA RED DE CARITAS

Kenia: La población en necesidad de ayuda urgente ha aumentado en 800.000 personas sólo en la última semana, alcanzado ya los 3,2 millones de personas en todo el país. El norte y este del país (fronteras con Etiopia y Somalia) sufren de una grave escasez de aguas y pastos. Las familias han reducido el número de comidas diarias a 1 o 2, y las tasas de malnutrición aguda (MAG) llegan al 37,4% (fuente OCHA) en algunas zonas del país. La escasez de recursos y afluencia de refugiados somalíes al país agudiza los conflictos locales.
La iglesia católica con presencia por todo el país ha lanzado ya varias intervenciones de emergencia a nivel diocesano, al mismo tiempo que prepara un llamamiento de ayuda internacional a escala nacional para la próxima semana.
Ante la masiva afluencia de refugiados somalíes en los campos de Dadaab, la iglesia local con el apoyo de la red internacional de Caritas ha llevado a cabo un diagnóstico de necesidades en los campos y sus alrededores. Se ha podido comprobar que gracias a la atención mediática que han recibido estos campos y refugiados, hay actualmente una gran presencia de ONGs para atender a la creciente población de los campos y alrededores. Es por ello que Caritas Kenia y la red de Caritas Internacional han decidido concentrar sus esfuerzos en otras zonas del país más desatendidas pero con necesidades igualmente acuciantes.

Caritas Española ha trabajado en la diócesis de Garissa, fronteriza con Somalia, desde el año 1999 en proyectos de emergencia y desarrollo. Esta semana ha enviado una primera partida de 14.354€ en respuesta a la solicitud de las parroquias para atender de forma inmediata a las familias más vulnerables, que se une a los 33.000€ enviados hace 10 días a la diócesis de Maralal, en el norte del país.
Esta partida enviada a Garissa servirá para comprar alimentos (maíz, aceite, azúcar…) en los mercados locales, alimentos disponibles pero a precios muy altos y no accesibles para la mayor parte de la población, para distribuirlos entre aproximadamente 1.000 familias.
Actualmente se están estudiando otras propuestas de intervención de emergencia de la diócesis de Garissa, además de esperar la recepción del llamamiento internacional de la Caritas Kenia a escala nacional.

Etiopia:
La Caritas Etíope prepara un llamamiento de emergencia (Emergency Appeal) a escala nacional para hacer frente a parte de las necesidades de los más de 4,5 millones de personas en situación de emergencia en todo el país. La ayuda se concentrará en las 6 diócesis más afectadas por la crisis (Awassa, Meki, Hararghe, Hossana, Soddo y Adigrat) y en los sectores de nutrición infantil, salud, agua, saneamiento y seguridad alimentaria (conservación del ganado y actividades de “comida por trabajo”).
En paralelo a este llamamiento nacional, las diócesis, con apoyo de la red internacional de Caritas, están ya dando respuestas locales (distribuciones de alimentos, de agua...) a las necesidades más urgentes de la población. Alertan del rápido deterioro que pueden sufrir las familias (hambruna, migración masiva a otras zonas) en 2 o 3 semanas, de no recibir ayuda urgente.
La iglesia católica en Etiopia es tradicionalmente uno de los principales actores sociales en el país con una extensa red de trabajadores y voluntarios. Caritas Española apoya la acción de la iglesia etíope desde hace más de 15 años tanto con financiación como con apoyo técnico e institucional. Se lleva trabajando muchos años en programas de desarrollo para mejorar la seguridad alimentaria en el país. La población etíope, mayoritariamente rural, depende del régimen de lluvias, cada vez más irregular, para trabajar en una agricultura de subsistencia y para mantener a su ganado. Los proyectos apoyados por Caritas Española buscan mejorar la situación de los agricultores mediante sistemas de irrigación, acceso a los mercados de cereales, creación y apoyo a cooperativas agrícolas y empoderamiento de la mujer. En estos años se han visto mejoras importantes en la situación de las comunidades que participan de los proyectos.

Somalia y Yibuti:
Considerando las sensibilidades y los riesgos asociados en la prestación de asistencia humanitaria en Somalia, la comunicación sobre las intervenciones programadas se debe limitar al mínimo indispensable. Las organizaciones no pueden proporcionar información sobre los socios, lugares, número de beneficiarios o de cualquier otro detalle revelador. Caritas Somalia se adhiere a esta regla de comunicación.
Caritas Somalia actualmente apoya a los socios locales para ayudar a cubrir necesidades básicas de familias desplazadas altamente vulnerables en centros importantes y en todo el país de Somalia. Además, a través de socios locales, proporciona ayudas pequeñas de paquetes de alimentos, atención médica, alimentación terapéutica y vivienda.
Igualmente, en Yibuti se están repartiendo alimentos y medicinas para la población más necesitada, tanto local como migrantes, gracias a la aportación de Caritas Española de 33.000€.
Caritas Somalia está coordinando y ratificando su apoyo a organizaciones que están trabajando con las poblaciones afectadas en Somalia y con desplazados somalíes en Kenia y Etiopía.

Imágenes disponibles en: www.caritas.es


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Y en las cuentas de las Cáritas Diocesanas


Prensa: Marisa Salazar (619.26.89.39)


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lunes, 08 de agosto de 2011

ZENIT  publica las palabras que dirigió Benedicto XVI el domingo 17 de Julio de 2011 al rezar la oración mariana del Ángelus junto a los peregrinos que llenaban el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo.

Queridos hermanos y hermanas:

Las parábolas evangélicas son breves narraciones que Jesús utiliza para anunciar los misterio del Reino de los Cielos. Al utilizar imágenes y situaciones de la vida cotidiana, el Señor “quiere indicarnos el auténtico fundamento de todo. Nos muestra... al Dios que actúa, que entra en nuestras vidas y nos quiere tomar de la mano" (Jesús de Nazaret I, Benedicto XVI-Joseph Ratzinger, La esfera de los libros, 2007). Con estas reflexiones, el divino Maestro invita a reconocer ante todo la primacía de Dios Padre: donde no está, no puede haber nada bueno. Es una prioridad decisiva para todo. Reino de los cielos significa, precisamente, señorío de Dios, y esto quiere decir que su voluntad debe ser asumida como el criterio-guía de nuestra existencia.

El tema contenido en el Evangelio de este domingo es precisamente el Reino de los cielos. El “cielo” no debe ser entendido sólo en el sentido de esa altura que está encima de nosotros, pues ese espacio infinito posee también la forma de la interioridad del hombre. Jesús compara el Reino de los cielos con un campo de trigo para darnos a entender que dentro de nosotros se ha sembrado algo pequeño y escondido, que sin embargo tiene una fuerza vital que no puede suprimirse. A pesar de los obstáculos, la semilla se desarrollará y el fruto madurará. Este fruto será bueno sólo si se cultiva el terreno de la vida según la voluntad divina. Por eso, en la parábola de la cizaña (Mateo 13,24-30), Jesús advierte que, después de la siembra del dueño, “mientras todos dormían”, aparece “su enemigo”, que siembra la cizaña. Esto significa que tenemos que estar preparados para custodiar la gracia recibida desde el día del bautismo, alimentando la fe en el Señor, que impide que el mal eche raíces. San Agustín, comentando esta parábola, observa que “primero muchos son cizaña y luego se convierten en grano bueno”. Y agrega: “si éstos, cuando son malos, no fueran tolerados con paciencia, no lograrían el laudable cambio" (Quaest. septend. in Ev. sec. Matth., 12, 4: PL 35, 1371).

Queridos amigos, el libro de la sabiduría, del que  hoy está tomada la primera lectura, subraya esta dimensión del Ser divino: “porque, fuera de Ti, no hay otro Dios que cuide de todos… porque tu fuerza es el principio de tu justicia y tu dominio sobre todas las cosas te hace indulgente con todos” (Sabiduría 12, 13.16). Y el salmo 85 lo confirma:  “Tú Señor eres bueno e indulgente, rico en misericordia con aquellos que te invocan” (versículo 5.). Por tanto, si somos hijos de un Padre tan grande y bueno, ¡tratemos de parecernos a Él! Éste era el objetivo que Jesús se planteaba con su predicación. Decía a quien lo escuchaba: “Sed perfectos como es perfecto el Padre que está en los cielos” (Mateo, 5,48). Encomendémonos con confianza a María, a quien ayer invocamos con la advocación de la Virgen Santísima del Monte Carmelo, para que nos ayude a seguir fielmente a Jesús, y de este modo vivir como verdaderos hijos de Dios.

[Tras rezar el Ángelus el Papa dirigió su saludo a los peregrinos en varios idiomas. En italiano, afirmó:]

Con profunda preocupación sigo las noticias procedentes de la región del Cuerno de África, y en particular de Somalia, golpeada por una gravísima sequía y, posteriormente, en algunas zonas, también por fuertes lluvias, que están causando una catástrofe humanitaria. Innumerables personas están huyendo de esa tremenda carestía en búsqueda de comida y de ayuda.

Deseo que aumente la movilización internacional para enviar inmediatamente auxilio a nuestros hermanos y hermanas, que ya han sufrido tanto, entre quienes se encuentran tantos niños. Que no les falte a estas poblaciones que sufren nuestra solidaridad y el apoyo concreto de todas las personas de buena voluntad.

[En francés:]

Queridos peregrinos francófonos, el tiempo de vacaciones es ciertamente propicio para un enriquecimiento cultural y espiritual. A través de los innumerables sitios y monumentos que visitáis, podéis descubrir la belleza de este patrimonio universal que nos une a nuestras raíces. Prestad atención para dejaros interpelar por el hermoso ideal que animaba a los constructores de catedrales y abadías, cuando edificaban estos signos vibrantes de la presencia de Dios en nuestra tierra. Que este ideal se convierta en vuestro ideal y que el Espíritu Santo, que escruta en el fondo de los corazones, os inspire para rezar en estos lugares, dando gracias e intercediendo por la humanidad del tercer milenio. Os bendigo de todo corazón, en particular a las familias aquí presentes.

[En español:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española presentes en esta oración mariana, así como a los que se unen a ella por medio de la radio y la televisión. La liturgia de hoy nos presenta a Dios, bondadoso y rico en clemencia, que gobierna el mundo con sabiduría y cuya paciencia no tiene medida, otorgando al pecador el tiempo necesario para la conversión. En estos días, que para muchos son de descanso, invito a todos a abrir el corazón a la divina Palabra, para aprender cómo se comporta Aquel que todo lo puede y reflejar en nuestras vidas la grandeza de su amor y misericordia. Que a ello nos ayude la Santísima Virgen María. Feliz domingo.

[En polaco:]

Doy la bienvenida a los polacos que han llegado hasta Castel Gandolfo. Saludo también a vuestros compatriotas en Polonia y por el mundo. Ayer celebramos la memoria de María, Madre de Dios del Escapulario [Virgen María del Monte Carmelo]. El escapulario es un signo particular de la unión con Jesús y María. Para aquellos que lo llevan constituye un signo del abandono filial en la protección de la Virgen Inmaculada. En nuestra batalla contra el mal, que María, nuestra Madre, nos envuelva en su manto. Os encomiendo a su protección y os bendigo de corazón.

[©Libreria Editrice Vaticana
Traducción por Jesús Colina] 


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ZENIT nos ofrece:  Al concluir la Asamblea, celebrada del 4 al 8 de julio, los Obispos de Panamá compartieron este comunicado con el pueblo panameño.

Al concluir nuestra segunda  asamblea plenaria ordinaria anual, celebrada del 4 al 8 de julio, los Obispos de Panamá queremos compartir con el pueblo panameño nuestras reflexiones luego de profundizar sobre temas puntuales de las realidades eclesiales y nacionales.

I. Realidad Eclesial

Nuestra reunión se ha celebrado en el marco de la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, que nos recuerda que toda la Iglesia es apostólica, es decir, descansa sobre el fundamento de los apóstoles, custodia el depósito de sus enseñanzas y, hoy como ayer, se siente enviada al encuentro del mundo, para anunciarle la Buena Nueva de Jesucristo y llamarlo a la fe y la conversión, como en su día lo hicieron los Doce.

Damos gracias a Dios por los 60 años de ordenación sacerdotal del Papa Benedicto XVI y le pedimos que le aumente su protección.

De igual manera nos adherimos al júbilo eclesial por los cincuenta años de sacerdocio de Monseñor José Dimas Cedeño Delgado, Arzobispo Emérito de Panamá, y por las bodas de plata episcopales de Monseñor José Luis Lacunza Maestrojuan OAR, Obispo de David, y Monseñor Oscar Mario Brown Jiménez, Obispo de Santiago.

El Señor, en verdad, ha estado grande con nosotros y estamos alegres, la boca se nos llena de risas y la lengua de cantares, pues, además de las bendiciones ya consignadas en lo que va del año, nos ha regalado varias ordenaciones al ministerio sacerdotal. ¡Sea por siempre bendito y alabado!

Constatamos los esfuerzos y logros pastorales en la animación bíblica de la pastoral enriquecida con la Exhortación post sinodal Verbum Domini, en la renovación de la catequesis, en la formación de diáconos, seminaristas y laicos, en la promoción de la organización parroquial y en la entrega generosa de tantos misioneros y misioneras en la dinámica de la misión nacional.

Compartimos con alegría la acogida del espíritu de Aparecida. Se han hecho avances significativos con cursos y talleres de formación.  Además, los planes pastorales han sido iluminados por Aparecida que también ha animado el impulso misionero, aunque todavía no haya sido del todo asumida por todos los agentes de pastoral.  

Sin embargo, nos preocupa la todavía escasa presencia de los laicos católicos comprometidos coherentemente en la vida política, económica y social. Se necesita fomentar estas particulares vocaciones así como ofrecer la adecuada formación y acompañamiento en este campo. Se han realizado en cada diócesis las asambleas diocesanas de pastoral, camino a la Asamblea Nacional que, Dios mediante, celebraremos del 13 al 16 de enero de 2012. Confiamos tener en ella, por la animación del Espíritu Santo, un gran impulso del espíritu misionero hacia todas las dimensiones de la vida, al mismo tiempo que ahondar en la conciencia de nuestros fieles de su pertenencia a una Comunidad de discípulos y misioneros del Señor para que nuestro pueblo en El tenga vida en abundancia.

Exhortamos a los fieles católicos a expresar su corresponsabilidad con la Iglesia a través de la próxima Campaña de Evangelización, Promoción y Solidaridad.

Volvemos a recordar al pueblo católico la celebración en el año 2013 del V Centenario de nuestra evangelización y el establecimiento de la primera Iglesia de Tierra Firme. Con esta ocasión se llevarán a cabo en Panamá la reunión anual del SEDAC (noviembre de 2012) y la asamblea del CELAM (mayo de 2013).

Esta Iglesia una, santa, católica y apostólica, que proclama, celebra y testimonia el misterio pascual de Jesucristo en Panamá, quiere ahora compartir su visión pastoral de la realidad nacional.

II. Realidad Nacional

Clima social en la hora presente

Como pastores de la Iglesia Católica, participamos del sentir de nuestro pueblo que asiste con perplejidad al rumbo que toma la política partidista más preocupada por adelantar la agenda electoral que por resolver los problemas del país. Pareciera existir un verdadero divorcio entre los intereses de la clase política y las necesidades reales del pueblo panameño.

En estos últimos días hemos observado con tristeza y preocupación la actitud de algunos políticos muy alejada de la que debiera inspirar confianza y respeto, condición indispensable para crear un clima de paz y tolerancia en el país. Se hace necesario e indispensable humanizar la política y devolverle su sentido ético  dando primacía a la dignidad humana, al bien común y al respeto a la voluntad de los electores.  Es fundamental mostrar coherencia entre la propia conducta y los principios morales para desempeñar su misión.

Auge económico y pobreza

El crecimiento económico que está mostrando Panamá indica que nuestro país vive un importante momento de generación de riqueza.  Sin embargo, otro es el panorama cuando se analiza cómo se distribuye entre los panameños la riqueza creada.

A pesar de los esfuerzos realizados todavía no se han podido mejorar suficientemente las condiciones de pobreza y pobreza extrema en las que viven un gran número de panameños. Del mismo modo, la disminución del desempleo abierto ha venido acompañada de un incremento del empleo informal, aumentando la legión de trabajadores que no cuentan con prestaciones sociales para  asegurar atención médica y jubilación digna. 

Educación

Diversos estudios y foros nacionales e internacionales señalan que la educación en Panamá no estaría cumpliendo a cabalidad su papel de preparar a las nuevas generaciones para los desafíos de un mundo globalizado y fuertemente competitivo.

Urge una educación que humanice, que haga tomar conciencia de la dignidad de la persona humana, de su responsabilidad en la búsqueda de los auténticos valores, entre los que destaca la búsqueda de la verdad y la apertura a la Trascendencia.

Lamentamos que la educación, siendo de vital importancia para el futuro de la Patria, sea sometida una y otra vez a vaivenes políticos o gremiales. Nuestros niños y jóvenes tienen derecho a esperar días mejores, y eso sólo será posible si ponemos en sus manos las herramientas intelectuales, espirituales y morales que hacen del ser humano el protagonista de su historia. La irreparable pérdida de horas de clase no favorece a la calidad de la educación, amén de otros muchos inconvenientes que acarrea consigo.

Institucionalidad democrática y estado de derecho

Es necesaria la real independencia de los distintos órganos del Estado para garantizar la institucionalidad democrática y el estado de derecho. Igualmente para esto se necesita el ejercicio de la libertad de expresión y el libre acceso a la información, especialmente en lo que atañe a la cosa pública, en un clima de respeto mutuo y fidelidad a la verdad.

Reiteramos que la corrupción es el mal que más afecta a nuestra sociedad. Ha habido, hay y habrá corrupción mientras existan cómplices, y todos lo somos si la miramos como algo natural. Todo esto corroe y perjudica al pueblo entero. 

Vida, matrimonio y familia

Recordamos  que uno de los principales derechos que debemos defender es el de tener una familia. Por eso reafirmamos que el matrimonio es una unión estable entre un hombre y una mujer con el compromiso de formar una familia con determinados derechos y deberes.

Porque la familia es la base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden a conocer los valores que les guiarán durante toda su vida, una sociedad que destruye la familia se suicida. Quien promueve la familia, promueve al hombre; quien ataca a la familia, ataca al hombre.

Por eso es necesario que la familia sea protegida por las autoridades nacionales e internacionales.

Reconocemos la defensa de la vida humana y la familia, que hizo la Delegación de Panamá en la 41 Asamblea General de la OEA en El Salvador mediante la nota a pie de página en la "Resolución sobre los Derechos Humanos de la Mujer y la Equidad e Igualdad de Género" (CP/CG-1871/11 rev.2), a saber:

 "La República de Panamá desea dejar constancia que de acuerdo a su ordenamiento jurídico interno, para Panamá, al referirse a los derechos de la mujer, se debe enfatizar la promoción, protección y defensa de la familia, la maternidad y el matrimonio; igualmente que, al referirse a la igualdad y equidad de género, el mismo se circunscribe al hombre y la mujer".

 Esta moción panameña no fue objetada por ningún Estado miembro de la OEA y marca un precedente en esta temática.

Violencia

En nuestro Comunicado del pasado enero, mostrábamos nuestra preocupación por los terribles acontecimientos ocurridos en el Centro de Cumplimiento de Menores. Lamentamos que se hayan producido hechos similares.

Reclamamos el esclarecimiento de lo ocurrido, que se deslinden las responsabilidades y se apliquen las medidas correctivas.

Reiteramos nuestra preocupación por la violencia intrafamiliar en cualquiera de sus formas: física, sexual, psicológica, o verbal que ofende la dignidad de la persona humana, destruye la familia, es contraria al Evangelio y constituye un permanente atentado contra la vida.

Conclusión

Agradecemos al Seminario Mayor San José por la acogida y atención que nos han brindado durante los días de nuestra Asamblea Plenaria y las oraciones del pueblo de Dios que nos han acompañado y sostenido en nuestras labores.

Que Santa María la Antigua, oyente de la Palabra y modelo de todo discípulo misionero, interceda por nosotros ante su Hijo para que seamos capaces de “hacer lo que El nos diga”  ( Jn 2,5). 


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Reflexión al evangelio del domingo veinte del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por la Delegación Diocesana de Enseñanza de la diócesis de Tenerife.

JESÚS ES PARA TODOS 

         La escena es sorprendente. Una mujer pagana sale gritando al encuentro de Jesús. Es una madre de fuerte personalidad que reclama compasión para su hija enferma, pues está segura de que Dios quiere una vida digna para todos sus hijos e hijas, aunque sean paganos, aunque sean mujeres.

         Su petición es directa: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija está atormentada por un demonio». Sin embargo, su grito cae en el vacío: Jesús guarda un silencio difícil de explicar. ¿No se conmueve su corazón ante la desgracia de aquella madre sola y desamparada?

         La tensión se hace más insoportable cuando Jesús rompe su silencio para negarse rotundamente a escuchar a la mujer. Su negativa es firme y brota de su deseo de ser fiel a la misión recibida de su Padre: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

         La mujer no se desalienta. Apresura el paso, alcanza al grupo, se postra ante Jesús y, desde el suelo, repite su petición: «Señor, socórreme». En su grito está resonando el dolor de tantos hombres y mujeres que no pertenecen al grupo de aquel Sanador, y sufren una vida indigna. ¿Han de quedar excluidos de su compasión?

         Jesús se reafirma en su negativa: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». La mujer no se rinde ante la frialdad escalofriante de Jesús. No le discute, acepta su dura imagen, pero extrae una consecuencia que Jesús no ha tenido en cuenta: «Tienes razón, Señor; pero también los perros comen las migajas que caen de la mesa de los amos». En la mesa de Dios hay pan para todos.

         Jesús reacciona sorprendido. Escuchando hasta el fondo el deseo de esta pagana, ha comprendido que lo que pide es exactamente lo que quiere Dios: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». El amor de Dios a los que sufren no conoce fronteras, ni sabe de creyentes o paganos. Atender a esta mujer no le aleja de la voluntad del Padre sino que le descubre su verdadero alcance.

         Los cristianos hemos de aprender hoy a convivir con agnósticos, indiferentes o paganos. No son adversarios a apartar de nuestro camino. Si escuchamos su sufrimiento, descubriremos que son seres frágiles y vulnerables que buscan, como nosotros, un poco de luz y de aliento para vivir.

         Jesús no es propiedad de los cristianos. Su luz y su fuerza sanadora son para todos. Es un error encerrarnos en nuestros grupos y comunidades, apartando, excluyendo o condenando a quienes no son de los nuestros. Sólo cumplimos la voluntad del Padre cuando vivimos abiertos a todo ser humano que sufre y gime pidiendo compasión.

José Antonio Pagola

 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
14 de agosto de 2011
20 Tiempo ordinario (A)
Mateo 15, 21-28


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 Informe de Caritas Arciprestal de Icod para el mes de Agosto de 2011. 

07 de agosto de 2011
Primer Domingo de mes  


Servir a los demás es la misión del Cristiano. Este es también el deal para el hombre perfecto. Servir libremente por amor, por deseo de complacer, por actitud de entrega. Así vivió Cristo. No tuvo otra misión: dar la vida por lo demás. No es fácil entender esta palabra.
Pero en ella va el logro de nuestra vida.

Cada uno de nosotros, el Señor nos va a pedir que respondamos con arreglo a aquello que nos ha pedido. Cada uno tenemos en el mundo y en la Iglesia nuestra propia responsabilidad.

NOTICIAS

01/08/2011: Abierto el plazo de inscripción para el curso

"Riesgos laborales para la construcción".

"Manipulador de alimentos" .

"Bisutería" .

"Voluntariado Cáritas Arciprestal" .

" Acogida Cáritas Arciprestal" .

30/08/2011: Reunión Permanente Arciprestal.

TRABAJAMOS POR LA JUSTICIA

Teléfono/Fax 922.122401-caritasicod@gmail.com Plaza la Candelaria 6, Icod de los Vinos.

 


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domingo, 07 de agosto de 2011

ZENIT  publica el análisis escrito por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de Las Casas, con el título “La familia nos salvará”.

La familia nos salvará

VER

No; no me refiero a la organización criminal ligada al narcotráfico denominada “La familia”, que opera principalmente en Michoacán, sino a la constituida en forma estable y armónica por un hombre, una mujer y sus hijos. En ella hemos crecido la mayoría. Es el punto de arranque en la configuración de nuestro modo de ser. Unos la califican en forma despectiva como tradicional, pero es todavía uno de los mayores tesoros en América Latina.

Hay quien presume de los cambios legislativos operados en la capital de nuestro país, que equiparan la familia y el matrimonio a la unión de homosexuales, como si fuera un avance progresista, cuando que es un atentado a la misma sociedad. ¡Y así aspiran a puestos superiores! Habría que ver qué tanta consistencia tiene su propio hogar y que los electores no se dejen impresionar por la demagogia. Los hogares disfuncionales, los divorcios, las infidelidades conyugales, la ausencia de padre o de madre, la violencia intrafamiliar, de ordinario generan adolescentes y jóvenes violentos, drogados, vagos, alcohólicos, resentidos sociales, pandilleros, presa fácil para ser enrolados en negocios sucios, narcotráfico, secuestro, extorsión, sicariato, etc. La pobreza y la falta de trabajo no necesariamente generan violencia social, pues muchos procedemos de familias pobres, campesinas, y nuestros padres nos enseñaron a trabajar, a ser honrados, a respetar a los demás. Si hubiera más familias mejor estructuradas, gozaríamos de mayor paz social.

JUZGAR

El Papa Benedicto XVI, al describir en San Marino algunos fundamentos de la sana laicidad, afirma: “La Iglesia, respetuosa de la legítima autonomía de la que debe gozar el poder civil, colabora con él, al servicio del hombre, en la defensa de sus derechos fundamentales, de aquellas instancias éticas que están inscritas en su misma naturaleza. Por eso la Iglesia se compromete para que las legislaciones civiles promuevan y tutelen siempre la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural. Además, pide para la familia el debido reconocimiento y un apoyo efectivo.

De hecho, sabemos bien que en el contexto actual se pone en tela de juicio la institución familiar, casi en un intento de ignorar su irrenunciable valor. Los que sufren las consecuencias son los grupos sociales más débiles, especialmente las generaciones jóvenes, más vulnerables y por eso más fácilmente expuestas a la desorientación, a situaciones de auto-marginación y a la esclavitud de las dependencias. A veces, a las realidades educativas les resulta difícil dar respuestas adecuadas a los jóvenes y, faltando el apoyo familiar, a menudo éstos no pueden insertarse normalmente en el tejido social. También por esto es importante reconocer que la familia, tal como Dios la ha constituido, es el principal sujeto que puede favorecer un crecimiento armonioso y hacer que maduren personas libres y responsables, formadas en los valores profundos y perennes” (19-VI-2011).

ACTUAR

Protejamos la familia. Eduquemos en valores familiares. Impulsemos más la pastoral familiar. Donde hay armonía familiar, trabajo compartido, educación en valores humanos y cristianos, respeto mutuo, disciplina, fe en Dios y amor a los pobres, se construyen personalidades sólidas, estables, justas, fraternas, solidarias, respetuosas de los demás.

Legisladores y gobernantes: Valoren la familia, como cimiento de la paz social. Promuevan leyes que protejan su solidez, y no se dejen apantallar por quienes impulsan modelos de familia contrarios a la misma naturaleza. Sean ustedes mismos modelos de una familia estable, fiel, dialogante, paciente y cariñosa. Generen más fuentes de trabajo y revisen los contenidos educativos en las escuelas, para que haya más formación cívica y social, y los jóvenes tengan otras alternativas de desarrollo, sin ceder a la tentación de la violencia como forma de sentirse grandes en la vida.

Televisoras: Depuren sus telenovelas; no presenten aventuras eróticas e infidelidades conyugales como algo normal, pues ustedes construyen u obstruyen la educación para la familia.


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ZENIT   publica la carta que ha enviado monseñor Jesús Sanz Montes, OFM, arzobispo de Oviedo, con el título “El festín del Papa Benedicto”.

Hablar del “festín del Papa Benedicto” no es el título de una novela ni la sugerencia de un tema musical o cinematográfico. Hablamos de sus homilías, de sus encíclicas, de sus libros, de sus viajes apostólicos, de su sabio y bello modo de comunicar la hermosura de la fe y la indómita dignidad y libertad del cristianismo. Pero también podemos hablar de ese festín. ¿De qué se trata?

Ha sucedido en Roma en los días pasados, con motivo del ya recordado y encomendado en nuestras oraciones jubileo sacerdotal del Santo Padre. Han pasado sesenta años desde que el cardenal Faulhaber le impusiese las manos al nuevo sacerdote, mientras una pequeña alondra se elevó desde el altar mayor de la catedral y de pronto entonó un breve trino gozoso y juguetón. Lo ha recordado el cardenal Sodano, Decano del Colegio Cardenalicio, en el saludo que le dirigió al Papa Benedicto XVI durante un almuerzo celebrado en su honor.

Decía bromeando el cardenal Sodano, que los purpurados posiblemente no serían capaces de entonar un canto como aquella improvisada alondra hizo sesenta años atrás. Y se preguntaba qué podrían ofrecerle en su lugar. Recordaba que pocos Papas han llegado a celebrar su sexagésimo aniversario sacerdotal, y cómo el único caso cercano era el del Papa León XIII, cuando cumplía los 87 años de vida. En aquella ocasión los cardenales le quisieron regalar un reloj de péndulo con la inscripción latina “horas tibi sonet nisi serenas” (que este reloj te marque solamente horas serenas).

También le han deseado a Benedicto XVI horas serenas sus hermanos cardenales, como no puede ser de otra manera, pero han preferido obsequiarle con algo bien distinto: un importante donativo para los pobres de Roma: tanto los indigentes romanos, como los numerosos inmigrantes y refugiados que malviven en la Ciudad Eterna. Y con ese mismo espíritu, y por el mismo motivo del cumpleaños sacerdotal del Papa, han querido invitar a comer a 200 pobres de Roma en el día de la fiesta de San Pedro. Algunos de ellos, conmovidos, han escrito unas letritas al Santo Padre dándole las gracias: “A Su Santidad el Papa, que es Padre: quiero agradecerle el almuerzo que nos ha ofrecido a mí y a mi familia, deseando su felicidad, serenidad y crecimiento cristiano. Con devoción y respeto. Claudio”.

Y el Papa, vivamente emocionado les dijo: “Os agradezco el donativo porque así nuestro estar juntos se amplía a los pobres de Roma. No estamos sólo nosotros comiendo aquí; están con nosotros los pobres que necesitan nuestra ayuda y nuestra asistencia, nuestro amor, que se realiza concretamente en la posibilidad de comer, de vivir bien; en la medida de nuestras posibilidades, queremos actuar en este sentido. Y para mí es una señal importante que en esta hora solemne no estamos sólo nosotros, sino que están con nosotros los pobres de Roma, que son amados particularmente por el Señor”.

Realmente, qué hermoso festín, qué maravilloso modo de hacer fiesta sin que quede todo entre moquetas impolutas, manteles preciosos y viandas suculentas, sino que como ocurrió en el festín del Evangelio, pudieran ser invitados cuantos en los cruces de los caminos fueron encontrados, buenos y malos. Sólo es necesario traer el traje de fiesta, ese que nos hace reconocibles ante la misericordia de Dios por encima de nuestras sedas o nuestros harapos. El festín del Papa, el banquete de Dios tiene que ver con cada uno de nosotros y con los pobres que tenemos más a nuestra vera. En las bodas de la vida, ellos y nosotros estamos invitados por el mismísimo Dios.


Publicado por verdenaranja @ 20:25  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica el comentario que ha redactado monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Valencia (España), a partir de los pasajes evangélicos que en estos domingos propone la liturgia (el Sembrador y la cizaña).

Necesitamos iconos del Evangelio

Por monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Valencia

Cuántas veces has escuchado que el Evangelio es Buena Noticia. Pero, quizá, has oído menos veces decir que la santidad es una buena noticia. Y, como puedes comprender, la buena y la mala noticia contrastan profundamente. La buena noticia nos lleva siempre a la esperanza, a la alegría, a vivir valientemente y con coraje en medio de las dificultades de este mundo. La mala noticia nos lleva a la desesperanza, a la tristeza, a la angustia y las dificultades que tenemos en la vida se agudizan aún más. ¿Por qué te digo esto? Simple y llanamente para hablar de los santos.

La presencia de un santo en medio de nosotros nos trae presencia de la buena noticia, son buena noticia. El santo siempre es el hombre o la mujer de las bienaventuranzas, de la felicidad y la alegría sobre esta tierra, a pesar de las dificultades o de las persecuciones. Estos días atrás, cuando meditaba la parábola del sembrador, pensaba en los santos. Porque ellos son hombres y mujeres que son tierra buena. Y, ciertamente, pensaba en ti también. Porque es verdad que el sembrador tira la semilla sobre esta tierra y una parte cae en la orilla del camino, otra en terreno pedregoso, otra entre zarzas y otra en tierra buena. Sobre tu vida ha caído la semilla de la vida de Dios y ha fructificado, pues el Señor te regaló su vida por el Bautismo. Eres, pues, tierra buena. ¿Y dejas que crezca la semilla que el Señor puso en tu vida? Mira que esta tierra en la que habitamos tiene hambre de Evangelio. Y por eso tiene necesidad de santos, de hombres y mujeres que den el oxígeno del Evangelio para vivir y hacer habitable este mundo. Tú y yo podemos ser una página viva del Evangelio de Jesucristo.

Recuerdo que, cuando leía y meditaba la parábola del sembrador, pensaba en lo fácil que el Señor se presenta en la historia personal de cada uno de nosotros. Me ha dado su misma vida por el Bautismo. Me ha hecho partícipe de la vida eterna. Hace falta solamente mi respuesta positiva, desde esa tierra buena que el Señor se ha procurado que sea nuestra vida, para que fructifique la semilla que con tanto mimo puso en ella. Me imagino a un santo, totalmente impregnado por la Palabra de Dios, una impregnación que comunica con su vida, con sus gestos y acciones. ¡Qué hondura tiene la vida de un santo cuando convierte su existencia en manifestación y proximidad de Nuestro Señor Jesucristo! Un santo siempre es un icono del Evangelio.

Hoy utilizamos en infinidad de ocasiones la palabra icono. Esta palabra viene de la tradición oriental, sobre todo de la bizantina, que lo considera un elemento esencial de la liturgia y de la piedad. El icono es el Evangelio pintado, es la Palabra de Dios comunicada a través de la representación y del color. El icono nos sumerge en el mundo de la santidad de Dios. Es como una ventana sobre la Jerusalén celeste que nos abre a la contemplación y a la oración. Si esto son los iconos, ¿qué será un santo? Me atrevo a decir que es un icono del Evangelio, es decir, un hombre o una mujer que reflejan la gloria del Señor y van transformándose en su imagen con resplandor creciente, por la acción del Espíritu Santo (cf. 2 Cor 3, 18). Y es que el bautizado, que es tierra buena, está llamado a la semejanza divina. Al fin y al cabo, esto es lo que quiere decir despojarse del hombre viejo y revestirse del hombre nuevo, “que sin cesar se renueva para lograr el pleno conocimiento, a imagen de Aquel que lo ha creado” (Col 3, 10). ¡Qué maravillas hace el Señor! Un bautizado recobra en Cristo la semejanza con Dios y la manifiesta allí donde vive y en todo lo que hace.

¿Por qué te invito a que seas santo? Para que seas un icono del Evangelio. Porque creo que hoy hay unas primacías en nuestro quehacer pastoral que son fundamentales y que solamente pueden hacerse realidad a través de los santos. Te voy a indicar algunas:

1. El testimonio en medio de las generaciones jóvenes: están viviendo situaciones que no son nada fáciles en este momento histórico y, precisamente por ello, se necesitan iconos del Evangelio. ¡Cuánto bien han realizado en el corazón de los jóvenes en estos últimos tiempos la Beata Madre Teresa de Calcuta y el Beato Juan Pablo II! Esta mujer y este hombre de Dios supieron captar lo que necesitaba el corazón de los jóvenes ante el aburrimiento por la falta de ideales que colmasen sus vidas. Hoy precisamos hombres y mujeres así, capaces de llegar al corazón de los jóvenes cuando están viviendo circunstancias que les llevan a abismos de una soledad muy grande, de falta de entusiasmo, con la desesperanza, además, por un futuro incierto y sin trabajo. En estos momentos, tenemos el deber de trabajar con y por la juventud, pero no de cualquier manera, sino siendo testigos fuertes del Evangelio para que marquen direcciones y sentido en sus vidas. Pidamos al Señor que nos dé vocaciones de iconos del Evangelio con capacidad de liderazgo, convivencia y comunicación con estas generaciones que tanto nos tienen que decir.

2. El testimonio de hombres y mujeres en las diversas fases de la vida: niños jóvenes, adultos, ancianos, que vayan a las regiones más marginadas de la vida humana, que no son solamente las económicas aunque tengan una vigencia muy especial en estos momentos. Ir a todos los hombres y mujeres en todas las fases de la vida para hablarles al corazón sobre la verdad de su existencia, la que Jesucristo nos ha comunicado. Ir a aquellos que están sin protagonismo, sin medios de información y de comunicación. Las marginaciones pueden venir por razones de edad, de condición étnica, de saberes, de falta de respeto a la vida desde el inicio de la misma hasta su final, de enfermedad, de vejez, de no reconocimiento de la dignidad de la persona, del matrimonio, de la familia. El Evangelio tiene que presentarse en este mundo como potencia de Dios, haciendo presente su misericordia por medio de manos fraternas y de corazón también misericordioso. Son necesarios iconos del Evangelio.

3. El testimonio de hombres y mujeres en el mundo de la inteligencia para hablar del hombre como realidad suprema y para hablar de Dios como Dios, con razón y sabiduría: necesitamos iconos del Evangelio en el mundo de la inteligencia. Hay que mostrar con valor que creer no es la alternativa a pensar, sino que, justamente, la fe es la expresión suprema de una pasión por la verdad, de la búsqueda de la raíz de todo lo que existe, de no contentarnos con la superficie de las cosas. Creer también, entre otras cosas, nos lleva siempre a pensar. Tenemos que creer en la potencia esclarecedora de la verdad que es Jesucristo. Y esto quienes mejor lo han manifestado han sido los santos.

¿Te atreves a ser santo, es decir icono del Evangelio?


Publicado por verdenaranja @ 20:15  | Hablan los obispos
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ZENIT nos  ofrece la alocución que Benedicto XVI dirigió el domingo 10 de Julio de 2011 a los fieles congregados en el patio del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo para el rezo del Ángelus.

¡Queridos hermanos y hermanas!

Os agradezco que hayáis venido para la cita del Ángelus aquí a Castel Gandolfo, donde he llegado hace pocos días. Aprovecho de buen grado la ocasión para dirigir mi saludo cordial también a todos los habitantes de esta querida ciudad, con el deseo de una buena estación estival. Saludo en particular a nuestro Obispo de Albano.

En el Evangelio de este Domingo (Mt 13,1-23), Jesús se dirige a la multitud con la célebre parábola del sembrador. Es una página de algún modo “autobiográfica”, porque refleja la experiencia misma de Jesús, de su predicación: Él se identifica con el sembrador, que esparce la buena semilla de la Palabra de Dios, y percibe los diversos efectos que obtiene, según el tipo de acogida reservada al anuncio. Hay quien escucha superficialmente la Palabra pero no la acoge; hay quien la acoge en el momento pero no tiene constancia y lo pierde todo; hay quien es abrumado por las preocupaciones y seducciones del mundo; y hay quien escucha de manera receptiva como la tierra buena: aquí la Palabra da fruto en abundancia.

Pero este Evangelio insiste también en el “método” de la predicación de Jesús, es decir, justamente, en el uso de las prábolas. “¿Por qué les hablas en parábolas?”, preguntan los discípulos (Mt 13,10). Y Jesús responde poniendo una distinción entre ellos y la multitud: a los discípulos, es decir a los que ya se han decidido por Él, les puede hablar del Reino de Dios abiertamente, en cambio a los demás debe anunciarlo en parábolas, para estimular precisamente la decisión, la conversión del corazón; las parábolas, de hecho, por su naturaleza requieren un esfuerzo de interpretación, interpelan a la inteligencia pero también a la libertad. Explica San Juan Crisóstomo: “Jesús ha pronunciado estas palabras con la intención de atraer a sí a sus oyentes y de solicitarlos asegurando que, si se dirigen a Él, los sanará” (Com. al Evang. de Mat., 45,1-2). En el fondo, la verdadera “Parábola” de Dios es Jesús mismo, su Persona, que, en el signo de la humanidad, esconde y al mismo tiempo revela la divinidad. De esta manera Dios no nos obliga a creer en Él, sino que nos atrae hacia Sí con la verdad y la bondad de su Hijo encarnado: el amor, de hecho, respeta siempre la libertad.

Queridos amigos, mañana celebraremos la fiesta de San Benito, Abad y Patrón de Europa. A la luz de este Evangelio, mirémosle como maestro de la escucha de la Palabra de Dios, una escucha profunda y perseverante. Debemos siempre aprender del gran Patriarca del monaquismo occidental y dar a Dios el lugar que Él espera, el primer lugar, ofreciéndoLe, con la oración de la mañana y de la tarde, las actividades cotidianas. La Virgen María nos ayude a ser, según su modelo, “tierra buena” donde la semilla de la Palabra pueda dar mucho fruto.

[Después del Ángelus, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas, hoy se celebra el considerado “Domingo del Mar”, es decir la Jornada para el apostolado en el ámbito marítimo. Dirijo un pensamiento particular a los Capellanes y a los voluntarios que se prodigan en el cuidado pastoral de los marineros, de lo pescadores y de sus familias. Aseguro mi oración también por los marineros que por desgracia se encuentran secuestrados por actos de piratería. Auspicio que sean tratados con respeto y humanidad, y rezo por sus familiares, para que sean fuertes en la fe y no pierdan la esperanza de reunirse pronto con sus seres queridos.

[Después saludó a los peregrinos en distintas lenguas. En francés, dijo:]

En este tiempo de vacaciones, queridos peregrinos francófonos, y particularmente del coro de la basílica de Nuestra Señora de Lausanne, os invito a recobrar fuerzas maravillándoos ante el esplendor de la Creación. Padres, ¡enseñad a vuestros hijos a observar la naturaleza, a respetarla y a protegerla como un don magnífico que nos hace presentir la grandeza del Creador! Hablando en parábolas, Jesús utilizó el lenguaje de la naturaleza para explicar a sus discípulos los misterios del Reino. ¡Que las imágenes que usa se nos hagan familiares! Recordemos que la realidad divina está escondida en nuestra vida cotidiana como la semilla enterrada en la tierra. ¡En nosotros hagamos que dé fruto! ¡Feliz domingo a todos!

[En español, dijo:]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española que han venido hasta aquí para participar en esta oración mariana, en particular al grupo de la Hermandad de la Veracruz, de Algaba, así como a cuantos se han unido a nosotros a través de la radio y la televisión. La imagen del Sembrador que nos propone el Evangelio de hoy nos invita a acoger con el corazón abierto y puro la Palabra de Dios, para que produzca abundante fruto. Pidamos a la Virgen María que nos ayude a estar siempre dispuestos, como ella, a recibir con gozo todo lo que el Señor nos dice. Feliz domingo.

[Traducción del original plurilingüe por Patricia Navas
©Librería Editrice Vaticana] 


Publicado por verdenaranja @ 20:07  | Habla el Papa
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sábado, 06 de agosto de 2011

REflexión a las lecturas del domingo diecinueve del Tiempo Ordinario - A, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR
Domingo 19º del T. Ordinario A 

Queridos amigos y amigas:

La imagen de Cristo caminando sobre el Lago embravecido, ha sido siempre algo muy querido para los cristianos.

Con frecuencia,  se compara a la Iglesia y a la misma vida del cristiano con una barca surcando el mar de la  existencia…

Y es fácil que surja la tormenta. Este es un fenómeno normal y frecuente en el Lago de Genesaret o Tiberíades…

Después de aquella jornada que termina con la multiplicación de los panes y los peces, Jesús urge a los discípulos a pasar a la otra orilla mientras Él se queda para despedir a la gente.

Luego sube a la montaña y allí está Él solo, en oración… Allí encuentra paz y sosiego después de aquel día tan intenso.

Y desde allí  contempla a los discípulos agobiados y fatigados luchando en medio de las olas porque “el viento era contrario”. El, sin embargo, sale en su ayuda y va hacia ellos caminando sobre el mar…

¡Jesús caminando tranquilo sobre el oleaje, mientras los discípulos luchan y se fatigan...! ¡Qué imagen más hermosa y más admirable!

¡Cuánta paz, confianza, consuelo…, despierta en nosotros!

¡Y sobre el mar, tantas veces embravecido de nuestra vida, camina también el Señor! ¡El es más fuerte que cualquier  tempestad…! Y cuando Él quiera y como Él quiera, volverá la calma…

En un primer momento, hasta la misma ayuda Dios se convierte para ellos en  una  gran dificultad. ¡Ahora creen ver un fantasma…! Se asustan y gritan…

¡Lo que faltaba…! ¡Ahora, en la noche, en medio de la tormenta,  un fantasma!

Gracias que Jesús les grita enseguida: “¡¡Soy Yo, no tengáis miedo!!”

Mis queridos amigos y amigas: En nuestros problemas y dificultades es muy importante, decisivo, mantener la confianza en el poder de Dios…, en su  amor y en su misericordia…

Puede darnos la impresión que Dios no está, de que se ha olvidado de nosotros, de qué tiene miedo como nosotros…

Sin embargo, Él está siempre con nosotros,  siempre dispuesto a ayudarnos. Pero si nosotros  pensamos que es “un fantasma”…, se agrava la situación.

Cuando S. Mateo escribía el Evangelio los cristianos probablemente estarían  siendo perseguidos. La barca de la Iglesia estaba, por tanto, zarandeada por olas gigantescas…, el oleaje terrible de la persecución…  En ese contexto los cristianos recordaban estos hechos de la vida del Señor, esta escena del Evangelio, porque les infundía valor, fortaleza, confianza… ¡El Señor está por encima de todo…!

El es más fuerte que todas las persecuciones y que todos los problemas y dificultades.

No. No es un fantasma. Es Dios que viene a ayudarnos… Y todo lo demás pasará… Tal vez muy pronto”.

Y nunca faltan persecuciones de algún tipo en la vida de la Iglesia… Nunca faltan dificultades en la vida de los cristianos, en nuestra vida.

El Vaticano II nos presenta a la Iglesia que peregrina “entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios”. “… Está fortalecida, dice, con la fuerza del Señor resucitado, para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque sea entre penumbras, hasta que se manifieste en todo su esplendor al final de los tiempos”. (L. G. 8).

Puede suceder también que, en medio de aquellas circunstancias, pretendamos que el Señor Jesús resuelva los problemas y dificultades presentes “a nuestra manera”.  Así todo resultará más claro y más comprensible.

A este respecto, recuerdo un libro que se titula: “Dejad a Dios ser Dios”.

¿Es que vamos a decirle al Señor  lo que tiene que hacer o cuándo y cómo lo tiene que hacer?

En la primera lectura contemplamos como el profeta, en el Monte Horeb, acoge la revelación de Dios que no se le manifiesta en el viento huracanado ni en el terremoto ni en el fuego como solía acontecer, sino a través de “un susurro”, una brisa tenue…

Y en el susurro se encuentra con el Dios vivo y verdadero..., a quien busca y a quien necesita…

¡Dejad a Dios ser Dios!

También puede suceder que pretendamos, como Pedro, ser y actuar como Dios… Pensar que podemos salvarnos  con la ayuda de Dios, sí, pero también  “a nuestra manera…” En un primer momento, puede resultar bien, pero después,  “al sentir la fuerza del viento”,  puede asaltarnos el miedo, la duda, la desconfianza... Y empezamos a hundirnos…

“Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: “Qué poca fe. ¿Por qué has dudado?”.

¡Aquí está la dificultad! ¡Aquí, el mayor problema...! El miedo, la duda, la desconfianza…

Cuando llegue la hora de Dios, Él mismo subirá a la barca y entonces amainará el viento y pasará la tempestad.

Entonces, postrados  ante la grandeza y las maravillas de Dios, diremos a Jesús lo mismo que los de la barca: “Realmente eres Hijo de Dios”. 

Junto a estas reflexiones, pensamientos y sentimientos diversos, le hago llegar mis mejores deseos… ¡Feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Espiritualidad
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ZENIT  Comentario de monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, en el que encuentra una contradicción en las leyes mexicanas, pues por una parte protegen el derecho a la libre expresión de los sacerdotes y, por la otra, limitan todos los espacios públicos y privados en dónde la puediesen expresar.

VER

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó a la Secretaría de Gobernación sancionar al sacerdote Hugo Valdemar, director de comunicación social de la arquidiócesis de México, por llamar a votar en contra del Partido de la Revolución Democrática, a raíz de que los diputados de ese partido en la capital del país aprobaron leyes contra la vida y el matrimonio. El sacerdote dice no haber hecho proselitismo en contra, pues sólo una vez hizo esa declaración en un medio informativo, y por proselitismo se entiende una campaña reiterada y repetitiva.

Por otra parte, cuando los obispos hacemos declaraciones contra la homosexualidad, el aborto y otras leyes contrarias a la vida y a la familia, exponiendo la doctrina católica inspirada en la Sagrada Escritura, de inmediato nos quieren aplicar leyes restrictivas al derecho a defender nuestra fe. Dicen porque incitamos a la homofobia, que violamos el laicismo oficial, que pretendemos imponer nuestra moral a toda la sociedad, que queremos gozar de fueros. ¿Podemos o no podemos hablar, por ser ministros de culto?

JUZGAR

Tenemos el mandato divino de predicar la Palabra de Dios y denunciar lo que sea contrario a ella (cf Mc 16,15; Mt 28,19-20). Debemos ser respetuosos de las leyes civiles; pero cuando éstas violan derechos fundamentales y no son conformes a lo que Dios ha propuesto a la humanidad, tenemos obligación de denunciarlas, pues “hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” (Hech 5,29) y “la Palabra de Dios no está encadenada” (2 Tim 2,9).

Nuestras leyes civiles, por otra parte, se contradicen. La Constitución nos reconoce el derecho a la libertad de expresión. La Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en su artículo 2, dice que “el Estado mexicano garantiza a favor del individuo, los siguientes derechos y libertades en materia religiosa: No ser objeto de discriminación, coacción u hostilidad por causa de sus creencias religiosas. No ser objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa por la manifestación de ideas religiosas”. El artículo 9 establece que las Asociaciones Religiosas podrán “propagar su doctrina, siempre que no se contravengan las normas y previsiones de éste y demás ordenamientos aplicables”. El artículo 31 del Reglamento de dicha Ley indica que “no se requerirá de la autorización [de la Secretaría de Gobernación], en tratándose de programas informativos o de opinión sobre aspectos en materia de asuntos religiosos”.

¿Por qué digo que hay contradicción en las leyes? Porque nos autorizan a expresar nuestra opinión en materia de asuntos religiosos; propagar nuestra doctrina; no ser objeto de discriminación por creencias religiosas; no ser objeto de inquisición por la manifestación de ideas religiosas; peroel artículo 14 señala que “tampoco podrán los ministros de culto asociarse con fines políticos ni realizar proselitismo a favor o en contra de candidato, partido o asociación política alguna”. El artículo 32 enumera posibles sanciones a quien quebrante esta ley: “apercibimiento, multa de hasta veinte mil días de salario mínimo general vigente en el Distrito Federal, clausura temporal o definitiva de un local destinado al culto público, suspensión temporal de derechos de la asociación religiosa, cancelación del registro”.

Nuestras creencias incluyen puntos que son atacados por algunos partidos políticos y sus candidatos abiertamente. ¿Ellos tienen derecho a destruir valores fundamentales de nuestra fe y hacer campañas en contra de lo que creemos, con el dinero de nuestros impuestos, mientras nosotros somos discriminados, amenazados y amordazados por defender nuestra fe? ¿Debemos ocultarla o disimularla, por miedo de ser sancionados? ¿Cuál libertad de expresión nos reconocen? ¿Podemos, como dice la ley, propagar nuestra doctrina, o debemos callar ante los políticos que la pisotean?

ACTUAR

Es urgente proponer avances en materia de libertad religiosa, como un derecho fundamental para todos. ¡Que los legisladores no teman a la Iglesia! Los obispos y sacerdotes no ambicionamos el poder político, sino libertad para ofrecer la luz que hemos encontrado en Jesucristo, sin imponerla a nadie. 


Publicado por verdenaranja @ 23:10  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica la conferencia dictada por  el cardenal Lluís Martínez Sistach, arzobispo de Barcelona, en la Universidad Abat Oliva CEU, el 7 de julio, sobre el tema: “La Basílica de la Sagrada Familia, realidad y símbolo de la Nueva Evangelización”.

La Basílica de la Sagrada Familia, realidad y símbolo de la Nueva Evangelización

Deseo agradecer a los responsables de este curso de verano de la Universidad Abat Oliba CEU que me hayan invitado a participar y a poder hablar de una realidad de  nuestra ciudad y archidiócesis de Barcelona que especialmente desde la visita apostólica del Papa goza de una altísima presencia mediática en todo el mundo. Como todos acertáis, se trata de la Basílica de la Sagrada Familia.

El curso de la Universidad de verano que organiza esta estimada Universidad, está dedicado a la situación y perspectivas del catolicismo en el mundo. Es un deseo ver la realidad del catolicismo con una visión universal para encontrar y sugerir caminos para mejorar la situación constatada. Pienso que es una buena aportación atendida la dimensión universal que nos ayuda a abrirnos y dado también el deseo de ofrecer sugerencias de futuro. Es bueno constatar, asimismo, que el objetivo de este curso de verano coincide en lo que es la nueva evangelización. Esta “es una acción que exige un proceso de discernimiento sobre el estado de salud del cristianismo, la verificación de los pasos cumplidos y de las dificultades encontradas”[1].

La observación del catolicismo en el mundo nos llevará seguramente a constatar la necesidad de la evangelización, que en algunos lugares se tratará de la primera evangelización y en otros consistirá en la nueva evangelización, pienso en los países de antigua cristiandad. Sin embargo, en todas partes será necesario el anuncio explícito de Jesucristo.

Y esto por una razón fundamentalmente constitucional de la Iglesia. En un documento del Papa Pablo VI, Evangelii nuntiandi, de 8 de diciembre de 1975, muy actual aún hoy, se afirma que “el deber de evangelizar a todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia... Evangelización es, en efecto, la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Existe para evangelizar”[2]. La Iglesia ha nacido con la misión de evangelizar y, si renunciara a esta tarea, empobrecería su propia naturaleza.

Tampoco podemos olvidar lo que nos decía el Papa Beato Juan Pablo II, el 7 de diciembre de 1990, en la su encíclica La misión del Redentor: “El número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado”[3]. Y cuando el Papa escribió esta encíclica habían pasado solo unos veinticinco años del fin del Concilio Vaticano II. Esto, pues, es impactante y pone de relieve la necesidad y la urgencia de la evangelización.

Sin embargo no podemos olvidar que la misión de la Iglesia tiene tres dimensiones esenciales: la evangelización y catequesis, la celebración litúrgica de la fe y el testimonio de la caridad. Estas tres dimensiones tendrían que estar muy  presentes en la Basílica de la Sagrada Familia. Estos tres aspectos irán saliendo en les páginas que siguen en esta exposición.

Y todos sabemos que evangelizar consiste en anunciar a Jesucristo con el testimonio de la vida y también con las palabras. Es importante lo que dice Pablo VI: “El más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido, justificado y explicitado por un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús... No hay verdadera evangelización mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, les promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios”[4]. Y aquí hay que recordar las preciosas y riquísimas palabras de nuestro estimado Santo Padre Benedicto XVI en su primera encíclica Dios es amor: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”[5].

Evangelizar ha sido el objetivo de fondo del Plan Pastoral de la archidiócesis de Barcelona que acaba este curso y lo será del nuevo Plan Pastoral que estamos acabando de preparar. Este objetivo de fondo pone a nuestra Iglesia de Barcelona en sintonía con toda la Iglesia y con la que peregrina en nuestro continente europeo. En este sentido, Juan Pablo II, en su exhortación postsinodal La Iglesia en Europa, de 28 de junio de 2003, nos decía que “la Iglesia ha de ofrecer a Europa el bien más precioso y que nadie más puede darle: la fe en Jesucristo, fuente de la esperanza que no defrauda, don que está en el origen de la unidad espiritual y cultural de los pueblos europeos, y que todavía hoy y en el futuro puede ser una aportación esencial a su desarrollo e integración”[6].

En nuestra estimada ciudad de Barcelona tenemos la Basílica de la Sagrada Familia. Ha sido, es ahora mucho más con motivo de su dedicación por el Santo Padre Benedicto XVI, y será más y más realidad y símbolo de la nueva evangelización. El Papa ha tenido la intuición muy acertada de crear un nuevo dicasterio de la Curia romana, el Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización, el 21 de septiembre de 2010, presidido por el arzobispo Rino Fisichella. Y este dicasterio ha escogido a la Basílica de la Sagrada Familia como imagen para su identificación y significación, y esta es la razón dada por su presidente: “En la Sagrada Familia de Gaudí se reencuentra un gran icono respecto a lo que el nuevo dicasterio piensa dedicarse. Sus torres, flechas lanzadas hacia arriba, obligan a mirar hacia el cielo”. Y en una conferencia reproduce el tema y afirma: “La belleza de la Sagrada Familia sabe hablar al hombre de hoy, conservando al mismo tiempo los rasgos fundamentales del arte antiguo. Su presencia parecería que contrasta con la ciudad hecha de edificios y calles que al recorrerlos muestran la modernidad a la que somos enviados. Las dos realidades conviven y no desentonan, al contrario, parecen hechas la una para la otra; la iglesia para la ciudad y viceversa. Aparece evidente, entonces, que la ciudad sin la iglesia estaría privada de algo sustancial, manifestaría un vacío que no puede ser llenado por ninguna otra construcción, sino por algo más vital que impulsa a mirar arriba sin desfallecer y en el silencio de la contemplación”[7].

En la situación y perspectivas del catolicismo en el mundo, la Basílica de la Sagrada Familia tiene un papel a jugar que es considerable. Mejor dicho, ya tiene hace tiempo este papel y pienso que lo ha ido realizando, para su proyección universal. Sólo hay que recordar que en los últimos doce años visitaron la Sagrada Familia por dentro aún en construcción veinticuatro millones de personas de todo el mundo, y se calcula que cada año la visitan sólo por fuera cuatro millones de personas. También es bueno considerar que hasta la visita del Santo Padre era el monumento más visitado de España juntamente con la Alhambra de Granada.

El día 7 de noviembre de 2010 fue un día histórico para la ciudad de Barcelona, “cap i casal” de Catalunya y para la archidiócesis, por la Visita Apostólica del Papa Benedicto XVI con motivo de la dedicación del templo de la Sagrada Familia y su proclamación de Basílica. Cuando preguntaban a Antonio Gaudí quien acabaría aquel templo, el arquitecto contestaba que lo acabaría San José. Y tenía mucha razón porque el Papa que ha acabado este templo para dedicarlo al culto lleva José como nombre de bautismo: Joseph Ratzinger. Gaudí decía que en la Sagrada Familia todo es providencial. Pienso que ha sido providencial que un servidor como Presidente de la Junta Constructora del Temple de la Sagrada Familia haya pensado un día que convenía dedicar este templo sin esperar a que esté todo su exterior acabado y que fuera el Santo Padre quien presidiera su dedicación. Y los dos deseos se pudieron realizar y la Basílica de la Sagrada Familia, que ya tenía una dimensión universal por la multitud de personas de todo el mundo que la visitaban, a partir de la presencia del Papa en sus naves, de la eucaristía de dedicación y de la oración del angelus ante la fachada del Nacimiento, ha conseguido una difusión aún mucho más universal.

Fue especialmente emotivo que el Santo Padre aceptara mi invitación de presidir la dedicación del templo de la Sagrada Familia, que por su monumentalidad, belleza artística, innovación técnica y simbología bíblica, catequética y litúrgica puede considerarse único en el mundo, obra del arquitecto genial y del cristiano ejemplar que fue Antonio Gaudí i Cornet, que tiene el proceso de canonización incoado en la Congregación para las Causas de los Santos.

Gaudí proyectó el templo como lo que tiene que ser una iglesia: casa de Dios y de la comunidad cristiana para la celebración del culto, especialmente la eucaristía. El sueño de este “arquitecto de Dios”, como el de todos los constructores de catedrales, era representar en el templo proyectado la Jerusalén celestial, la ciudad nueva y santa que, como dice el Apocalipsis, bajará del cielo, viniendo de Dios, como una novia ataviada para su esposo[8], inspirándose también en la visión del profeta Ezequiel relativa al templo de la nueva Jerusalén.

Y este sueño de Gaudí se logró, como pudimos contemplar y gozar, de una manera especial en la celebración eucarística de la dedicación, reunida la asamblea litúrgica presidida por el sucesor de Pedro, con la proclamación de la Palabra de Dios, la alabanza al Señor de la gloria, el incienso, los cantos, etc. Fue una celebración inolvidable para todos y en primer lugar para el Santo Padre. Él mismo, durante el almuerzo en el arzobispado me dijo que “de la celebración de esta mañana conservaré un recuerdo inolvidable”. Y el portavoz pontificio, el P. Lombardi, en una conferencia de prensa aquel mediodía dijo a los periodistas que el tema del viaje apostólico era el acceso del hombre a Dios y añadió: “La liturgia de esta mañana ha sido la expresión más solemne, más articulada entre hombre y Dios que he visto durante los cinco años de pontificado”. Se había logrado lo que había dicho Benedicto XVI en la catedral de Notre Dame de Paris, el 12 de septiembre de 2008: “Nuestras liturgias terrenas no podrán ser más que un pálido reflejo de la liturgia que se celebra en la Jerusalén del cielo, punto de llegada de nuestro peregrinaje sobre la tierra. Sin embargo, nuestras celebraciones podrán acercarse a ella lo máximo posible y hacerla saborear”.

En el marco espléndido de la Basílica aquel domingo por la mañana pudimos participar del “ars celebrandi” que se consiguió mediante el celebrante principal – nuestro estimado Papa Benedicto – , el rito de la dedicación – tan rico en símbolos, el artista – nuestro Antonio Gaudí, que esperamos que sea el primer arquitecto beatificado en la historia de la Iglesia –, su templo originalísimo y único en el mundo y la asamblea activa y participante, durante tres horas, escribiendo un bellísimo himno de alabanza y de gloria a Dios que hizo pregustar la liturgia del cielo.

La celebración de la Eucaristía en la Basílica es una actividad capital, teniendo muy  presente toda su realidad. La cripta donde está ubicada la iglesia parroquial desde su construcción por el mismo Antonio Gaudí y donde reposan sus restos de siervo de Dios, tiene como actividad principal la celebración del culto litúrgico. La grandiosidad de la Basílica con una capacidad permitida ahora por los responsables de la seguridad de unos casi cinco mil fieles y para las celebraciones de la Eucaristía se sigue el modelo de la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Hay una íntima relación entre la celebración litúrgica de la fe y la evangelización. Fisichella afirma que “la nueva evangelización se hace fuerte también en otro momento particular de la vida de la Iglesia: la acción litúrgica”[9]. La liturgia es la acción principal por medio de la cual la Iglesia expresa en el mundo su carácter de mediadora de la revelación de Jesucristo y por esto el sentido profundo de su espiritualidad. Desde sus orígenes, todo lo que la comunidad cristiana predicaba, anunciando el Evangelio de salvación, lo hacía después presente y vivo en la oración litúrgica que se transformaba en el signo visible y eficaz de la salvación.

Antoni Gaudí tuvo conciencia de su vocación de ser “arquitecto de Dios”. Sintió la urgencia de llevar el Evangelio y la presencia de Dios al pueblo a través de su obra. Deseaba que sus obras arquitectónicas acercaran a las personas que las contemplaban a Dios. Con este espíritu evangelizador, Gaudí sacó los retablos a las fachadas del templo: nacimiento, pasión y gloria, para que contribuyeran a evangelizar y catequizar a todos los que pasaban cerca y las contemplaban. Así puso ante los hombres el misterio de Dios revelado en el nacimiento, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.

Se ha cumplido el deseo de Gaudí. Son millones las personas que visitan el templo cada año. Después de su dedicación superaremos los tres millones anuales. Muchos de estos visitantes son cristianos y la rica simbología bíblica y litúrgica que ofrecen especialmente la fachada del Nacimiento y de la Pasión, constituyen una auténtica y sólida catequesis para un mayor conocimiento de su fe cristiana. La visita con estos grupos comienza por el exterior de la Basílica y acaba en el interior.

En la actualidad hay un déficit de conocimientos de los contenidos de la fe por parte de muchos cristianos. Es muy necesaria una catequesis de adultos. La visita a la Basílica ha de facilitar una rica catequesis. No podemos olvidar este servicio eclesial que está prestando la Sagrada Familia. Gaudí enriqueció de simbología el templo ya que se inspiraba en tres libros como nos ha recordado el Papa Benedicto XVI en su visita: “En este recinto, Gaudí quiso unir la inspiración que le llegaba de los tres libros en los cuales se alimentaba como hombre, como creyente y como artista: el libro de la naturaleza, el libro de la Sagrada Escritura y el libro de la Liturgia. Así unió la realidad del mundo y la historia de la salvación, tal como se narra en la Biblia y es actualizada en la Liturgia”.

Pero muchísimas personas que visitan la Basílica son de otras religiones y un buen número no creyentes. La Sagrada Familia atrae a estos visitantes porque la “nueva arquitectura” que Gaudí inició descansa sobre lo que el espíritu humano busca con insistencia: la proporción, la armonía, en definitiva, la belleza. Podemos decir que el templo gaudiniano es una cartografía de lo sagrado, un gran mapa donde el mundo puede leer las grandes preguntas de la vida, del origen y del fin, del cielo y de la tierra. Antoni Gaudí conocía que la belleza tenía un poder provocador y atrae hacia la bondad y la verdad. Sabía que su obra invitaba y movía a la fe, que detrás de las piedras del templo había una elocuencia que hablaba del infinito.

La Sagrada Familia surge en el centro de una ciudad cosmopolita que participa de la secularización propia de las grandes ciudades del occidente europeo. Algunos se preguntan qué significa levantar un templo como este en una sociedad moderna. La respuesta la dio antes el propio Gaudí. Y también la dio el Papa Benedicto XVI en su homilía de dedicación de la Basílica al preguntarse: “¿qué hacemos al dedicar este templo?” Y responde: “En el corazón del mundo, ante la mirada de Dios y de los hombres, en un humilde y gozoso acto de fe, levantan una inmensa mole de materia, fruto de la naturaleza y de un inconmensurable esfuerzo de la inteligencia humana, constructora de esta obra de arte. Ella es un signo visible del Dios invisible, a gloria del cual se alzan estas torres, saetas que apuntan al absoluto de la luz y de Aquel que es la Luz, la Altura y la Belleza misma”.

Pese a que la cultura actual de nuestro mundo europeo es poco sensible a la trascendencia, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios busca el sentido de la vida y se plantea interrogantes que trascienden el espacio y el tiempo. Pienso que no hemos de perder la riqueza del misterio porque en nuestra vida hay constantemente la presencia del misterio de Dios que muchas veces no aparece explícitamente.

La presencia de la Basílica en el centro de nuestra ciudad de Barcelona y visible desde todas partes, tiene un significado profundo y muy beneficioso en una época en la cual el hombre pretende edificar su vida de espaldas a Dios, como si Dios no existiera. Es la presencia de la trascendencia en medio de la vida secular de la ciudad. Por ello el Papa en aquella homilía nos dijo que Gaudí “abriendo su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en esta ciudad un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre a un encuentro con el que es la Verdad y la Belleza misma”.

Para muchos visitantes de la Basílica de la Sagrada Familia, esta puede ser de alguna manera como un “atrio de los gentiles”. El Papa, en su discurso en la Curia romana, el 21 de diciembre de 2009, dijo que la Iglesia tendría que abrir hoy una serie de “atrios de los gentiles” donde los hombres puedan acercarse a Dios y encontrarlo. La belleza extraordinaria y la riquísima simbología religiosa del templo gaudiniano es un camino hacia el trascendente, hacia el misterio último, hacia Dios.

La dimensión evangelizadora de la Basílica de la Sagrada Familia es un reto importante en este tiempo en que es muy urgente el anuncio de la Buena Nueva de Jesús. El nuevo dicasterio romano sobre la promoción de la nueva evangelización quiere implicar a once grandes ciudades en una propuesta de nueva evangelización destinada a las grandes metrópolis por las peculiares características pastorales que estas presentan, y por ello ha pedido a once ciudades de Europa similares en su aspecto socio-religioso-cultural para trabajar conjuntamente. Una de estas once ciudades es la de Barcelona. El próximo día 11 de este mes de julio los pastores de estas once Iglesias tendremos la primera reunión en Roma. En medio de una ciudad europea como es la nuestra y un tiempo en que el laicismo parece decidido a relegar la expresión de la fe en el ámbito privado, obstaculizando la visibilidad de la fe y de las comunidades religiosas, nuestra Basílica, visible desde todos los rincones de la ciudad, es una invitación a no quedarnos en la dimensión horizontal de la existencia humana, sino a levantar nuestro espíritu hacia arriba.

Y este era el deseo de Gaudí ya que contemplando en su imaginación esta “catedral de los pobres” y concretamente sus torres que hoy son como símbolos de nuestra ciudad, decía: “Estas inscripciones serán como una tira helicoidal que subirá por las torres. Todos los que la lean, incluso los incrédulos, entonarán el himno a la Santísima Trinidad, a medida que descubrirán su contenido: el Sanctus, Sanctus, Sanctus que mientras lo lean, llevarán su mirada hacia el cielo”.  

Considero que la significación de la celebración de la dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia se complementó con la visita que el Santo Padre hizo a la Obra Benéfico Social del Niño Dios. Pedí al Papa esta visita fundamental por tres razones. La primera, porque estar al lado de doscientas familias ponía de relieve la unión entre la dedicación del templo de la Sagrada Familia y las piedras vivas de aquellas familias cristianas. La segunda, esta visita decía con hechos lo que dice siempre la Iglesia, un si a la vida humana desde el inicio de su concepción, un si a ayudar a las mujeres que esperan un hijo y un no al aborto; en efecto, el Papa iba a agradecer a aquellos padres que habían acogido con amor a su hijo con síndrome de Down. Y tercera, manifestar con imágenes entrañables que el Santo Padre Benedicto XVI tiene un corazón cálido y tierno al lado de aquellos niños, adolescentes y jóvenes.

La significación de la celebración de aquella mañana se enriqueció con la realidad de aquella tarde. Así lo manifestó el mismo Santo Pare con estas palabras: “Con la dedicación de la Basílica de la Sagrada Familia, se ha puesto de relieve esta mañana que el templo es signo del verdadero santuario de Dios entre los hombres. Ahora, quiero destacar como, con el esfuerzo de esta y otras instituciones eclesiales análogas, se pone de manifiesto que, para el cristiano, todo hombre es un verdadero santuario de Dios, que ha de ser tratado con mucho respeto y afecto, sobre todo cuando se encuentra en necesidad”[10]. Y en el aeropuerto nos dijo: “Son como dos símbolos en la Barcelona de hoy de la fecundidad de esta misma fe, que marcó también las entrañas de este pueblo y que, a través de la caridad y de la belleza del misterio de Dios, contribuye a crear una sociedad más digna del hombre. En efecto, la belleza, la santidad y el amor de Dios llevan al hombre a vivir en el mundo con esperanza”.

La Basílica de la Sagrada Familia es una presencia de la Iglesia en nuestro país y en todo el mundo. Se trata de una presencia pública y con una asistencia multitudinaria. En medio de una cultura y de unas políticas laicistas presentes en muchas sociedades, esta realidad, fruto de la fe de un pueblo que desde 1882 ha mantenido la voluntad de la construcción de la Sagrada Familia, pone de relieve el valor positivo y la presencia de la religión en la sociedad, en la cultura y en el arte.

Hemos de valorar la aportación que la Iglesia hace con la construcción de esta obra de singular belleza al mundo de la cultura y, por tanto, a las relaciones entre fe y cultura y a la evangelización de la cultura. El cardenal Camillo Ruini, en su reciente visita a la Basílica ha manifestado que “la Sagrada Familia permanecerá en los siglos futuros, como uno de los grandes, desgraciadamente poco numerosos, testimonios del encuentro entre fe y arte en los tiempos en que vivimos”. Ya decía Pablo VI, en el año 1975, que “la ruptura entre Evangelio y cultura es sin duda alguna el drama de nuestro tiempo, como lo fue también en otras épocas. De ahí que hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa evangelización de la cultura, o más exactamente de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada”[11].

Nuestra Basílica ha de contribuir también acogiendo lo que sea adecuado para hacer presente a la Iglesia y a su mensaje de salvación en nuestro país y con dimensión universal. La Basílica por su titularidad nos ha de ayudar a valorar, a amar y a defender a las familias, estas comunidades de vida y de amor entre los esposos y los hijos. La familia es la acogida específica y adecuada de la vida humana, este don de Dios fruto del amor de los esposos. La familia es donde nace la vida humana, se educa y se desarrolla. Y es el lugar donde se defiende la vida humana desde el primer instante de su concepción, auténtico santuario de la vida porque la familia se fundamenta en el matrimonio de un hombre y una mujer que se aman y se entregan el uno al otro para siempre.

El templo de la Sagrada Familia se construyó en tiempo de Gaudí en un barrio pobre de Barcelona, que de alguna manera dio nombre a este templo: “la catedral de los pobres”. El arquitecto fue sensible a las necesidades sociales y culturales de aquel barrio y  construyó en el mismo solar del templo una escuela para los niños de aquel lugar con muchas necesidades. Pienso que esta realidad y la dimensión esencial de la caridad propia de la Iglesia ha de ser una dimensión que se ha de ofrecer a los visitantes de esta obra monumental llena de belleza y de simbología religiosa. El Papa Benedicto XVI en su discurso a los artistas que han ofrecido 60 obras conmemorando el 60 aniversario de su ordenación sacerdotal, ha dicho que esta exposición se titula: “El esplendor de la verdad, la belleza de la caridad” y ha añadido que “es propio de la unión, querría decir de la sinfonía, de la perfecta armonía de verdad y caridad, que emana la auténtica belleza, capaz de suscitar admiración, maravilla y alegría verdadera en el corazón de los hombres”[12]. Y continúa diciendo: “Necesitamos que la belleza de la verdad y de la caridad incida en lo íntimo de nuestro corazón y lo haga más humano”.

La archidiócesis de Barcelona con su pastor es consciente del tesoro que es la Basílica de la Sagrada Familia para el culto litúrgico y en especial para el ars celebrandi de la Eucaristía, para la catequesis de los cristianos de todas las edades, para la evangelización de una multitud de personas de todo el mundo que como un “atrio de los gentiles” les puede llevar a Dios, para la revalorización de la preciada institución de la familia realizadora del bien de las personas, de la sociedad y de la Iglesia, para la presencia de la Iglesia en el mundo de la cultura, que favorece las relaciones entre la fe y la cultura y la evangelización de las culturas y para el testimonio de la caridad.

[1] La nueva evangelización para la transmisión de la fe. Lineamenta, Sínodo de Obispos, Vaticano 2011, 10.
[2] N. 14.
[3] N. 3.
[4] Evangelii nuntiandi, 22.
[5] N. 1.
[6] N. 18.
[7] La nova evangelització i la comunicació, en Documents d’Església, 1 de junio de 2011, p. 342, nº. 985.
[8] Cf. Ap 21, 2.
[9] La nova evangelització i la comunicació, en Documents d’Església, 1 de junio de 2011, p. 339, nº 985.
[10] Palabras en la Obra Benéfico Social del Niño Dios.
[11] Evangelii nuntiandi, 20.
[12] Discurso de 5 de julio de 2011. 


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ZENIT nos ofrece una carta del cardenal William J. Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe – publicada el 6 de julio en L'Osservatore Romano –, en la que con motivo del próximo encuentro interreligioso de Asís (27 de octubre), reflexiona sobre cómo entiende la Iglesia el diálogo con las demás religiones.

 

El anuncio de que el próximo 27 de octubre Benedicto XVI peregrinará hacia Asís para una “Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo”, muestra que la experiencia religiosa en sus distintas formas es objeto de la atención de la Iglesia en el tercer milenio. Frente a la actual difusión del ateísmo y del agnosticismo, es necesario ayudar al hombre a salvaguardar o a reencontrar la conciencia de su vínculo elemental (re-ligio) con el origen del que proviene. Esta conciencia, que se hace naturalmente orante, es una condición de la paz y de la justicia en el mundo.

En su libro-entrevista de 1994, el beato Juan Pablo II recordaba el encuentro de Asís de 1986, afirmando que este, junto a las numerosas visitas a países de Extremo Oriente, lo había convencido, más que nunca, de que “el Espíritu Santo trabaja eficazmente incluso fuera del organismo visible de la Iglesia”. Sin embargo, consciente de la delicadeza del argumento, poco después de aquel encuentro, el 7 de diciembre de 1990, enseñaba en su encíclica Redemptoris missio, que el Espíritu “se manifiesta de modo particular en la Iglesia y en sus miembros; sin embargo, su presencia y acción son universales, sin límite alguno ni de espacio ni de tiempo”.Refiriéndose al Concilio Vaticano II, recordaba que “la acción del Espíritu en el corazón del hombre, mediante las 'semillas de la Palabra', incluso en las iniciativas religiosas, en los esfuerzos de la actividad humana encaminados a la verdad, al bien y a Dios” que prepara “a madurar en Cristo” (nº28). En la misma encíclica, después, no sólo reafirmaba la necesidad y la urgencia del anuncio de la Buena Noticia de Jesús, sino la que comparaba con una “mentalidad indiferentista, ampliamente difundida, por desgracia, incluso entre los cristianos, enraizada a menudo en concepciones teológicas no correctas y marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que 'una religión vale la otra'” (nº36).

En plena sintonía con esta preocupación está también la reflexión teológica y pastoral de Joseph Ratzinger: ya en 1964 manifestó el intento de “definir con mayor precisión la posición del cristianismo en la historia de las religiones y así conferir de nuevo un sentido más concreto a las enunciaciones teológicas sobre la unicidad y lo absoluto del cristianismo” (J. Ratzinger, Fe, Verdad, Tolerancia. El Cristianismo y las religiones del mundo, 17).

La Congregación para la Doctrina de la Fe, por él dirigida, retomará este tema con la declaración  Dominus Iesus sobre la unicidad y la universalidad de Jesucristo y de la Iglesia. El documento, publicado el 6 de agosto de 2000, no pretendía sólo refutar la idea de una coexistencia interreligiosa en la que varias “creencias” serían reconocidas como vías complementarias a la fundamental que es Jesucristo (cfr. Juan 14, 6); pretendía, más profundamente, establecer las bases doctrinales de una reflexión sobre la relación entre el cristianismo y las religiones. Por su relación única con el Padre, la persona del Verbo encarnado es absolutamente única; la obra salvífica de Jesucristo que se prolonga en su Cuerpo, la Iglesia, y también esta es única con respecto a la salvación de todos los hombres. Para ejercitar esta obra, tanto en los cristianos como en los no cristianos, está siempre y sólo el Espíritu de Cristo que el Padre da a la Iglesia “sacramento de salvación”: por esto, no hay, en orden a la salvación, vías complementarias a la única economía universal del Hijo hecho carne, aunque fuera de la Iglesia de Cristo se encuentran elementos de verdad y de bondad (Nostra aetate, 2; Ad gentes, 9).

El encuentro de Asís tuvo una segunda edición el 24 de enero de 2002. En aquella ocasión el cardenal Ratzinger sintió la necesidad de aclarar ulteriormente el significado, haciéndose intérprete de los que se interrogan seriamente a este propósito: “Se puede hacer esto? ¿No será que se le da a la mayoría de la gente la ilusión de una comunión que en realidad no existe?¿No se favorece así el relativismo, la opinión de que en el fondo sólo están las diferencias penúltimas que se interponen entre las religiones?¿No se debilita así la seriedad de la fe y de este modo se aleja a Dios de nosotros?¿no se refuerza el sentimiento de haber sido abandonados?” (Fe, Verdad, Tolerancia, 111). El lector podrá hacerse sus propias puntualizaciones, que no han perdido actualidad. Aquí queremos, sobre todo, preguntarnos: ¿por qué, si estaba tan atento a las posibles interpretaciones erróneas de su beato predecesor, Benedicto XVI ha considerado oportuno peregrinar a Asís en ocasión de un nuevo encuentro por la paz y la justicia en el mundo?.

Una primera indicación la encontramos en el recuerdo del cardenal Ratzinger con respecto al encuentro de 2002. a raíz de la manifestación, él evocaba la figura del hombre vestido de blanco, ya anciano, sentado junto a los demás en el tren hacia Asís: “Hombres y mujeres, que en la vida cotidiana, a menudo se enfrentan los unos a los otros con hostilidad y parecen divididos por barreras infranqueables, saludaban al Papa, que, con la fuerza de su personalidad, la profundidad de su fe, la pasión que destilaba por la paz y la reconciliación, logró lo imposible gracias al carisma de su oficio: convocar, unidos en una peregrinación por la paz, a representantes de la cristiandad dividida y representantes de diversas religiones” (30 Giorni, 1/2002). La religión está muy lejos de distraer de la edificación de la ciudad terrena, sino que empuja al compromiso por ella. Para nosotros los cristianos, esto significa, sobre todo, interceder a Dios, dejando que los demás, a pesar de su diversidad -creyentes y no creyentes, también invitados al próximo encuentro en Asís- se unan a nosotros en la búsqueda de la paz y de la justicia en el mundo. Y, añadía el entonces cardenal, “si nosotros como cristianos emprendemos el camino hacia la paz al ejemplo de San Francisco, no debemos temer el perder nuestra identidad: es entonces cuando la encontramos” (ibidem). No se trata, en resumen, de esconder la fe para encontrar la ventaja de una unidad superficial, sino de confesar -como entonces hizo Juan Pablo II y el Patriarca ecuménico- que nuestra paz es Cristo, y que por esto el camino de la paz es el camino de la Iglesia. El rostro del “Dios de la paz” (Rm 15,33), dice el entonces Joseph Ratzinger, “se ha hecho visible a nosotros cristianos por la fe en Cristo” (ibidem). Y esta paz es una plenitud no sólo ofrecida y transmitida (cfr. Juan 20,19), sino desde siempre acogida por la “Ecclesia sancta et immaculata” (Ef 5,27), como don y como deber con respecto del mundo, que “es teatro de la historia del género humano” (Gaudium et spes, 2). Nos lo recuerda el Concilio Vaticano II: “ obediente al mandato de Cristo y movida por la caridad del Espíritu Santo, se hace plena y actualmente presente a todos los hombres y pueblos para conducirlos a la fe, la libertad y a la paz de Cristo” (Ad gentes, 5). Ya que “todos los hombres están llamados a la unidad con Cristo”(Lumen gentium, 3), la Iglesia debe ser fermento de esta unidad para la humanidad entera: no sólo con el anuncio de la Palabra de Dios, sino con el testimonio vivido de la íntima unión de los cristianos con Dios. Y esta es la auténtica vía de la paz.

El eslogan elegido para la próxima Jornada de Asís -Peregrinos de la verdad, peregrinos de la paz- nos ofrece una segunda indicación: para que se pueda esperar realmente, construir, unidos, la paz, es necesario poner los criterios en la verdad. “El ethos sin el logos no existe” (J. Ratzinger, Os he llamado amigos. La compañía en el camino de la fe, 71). Instruido por las dolorosas experiencias de las ideologías totalitarias, el Papa aborrece toda forma se subordinación de la razón a la praxis. Pero hay más. El vínculo original entre el ethos y el logos, y entre religión y razón, tiene su raíz fundamental en Cristo, el Logos divino: Exactamente por esto el cristianismo es capaz de restituir al mundo este vínculo, participando como signo veraz y eficaz de Jesucristo, en su única misión de salvación (cfr. Lumen gentium, 9). Y por tanto, hay que rechazar decididamente “este relativismo que afecta en mayor o menor grado ala doctrina de la fe y a la profesión de fe” (Os he llamado amigos, 71). Pero esto, lejos de constituir un desprecio de las diversas expresiones religiosas o de la dimensión ética, es una apreciación: “Debemos intentar encontrar una nueva paciencia -sin indiferencia- los unos con los otros y por los otros; una nueva capacidad de dejar de ser lo que es el otro y la otra persona; una nueva disponibilidad para diferenciar los planos de la unidad y, por tanto, llevar a cabo los elementos de unidad que en este momento son posibles” (ibidem). No es posible la paz sin la verdad y viceversa: la actitud hacia la paz constituye un auténtico “criterio de verdad” (J.Ratzinger, Europa. Sus fundamentos hoy y mañana, 79). 


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ZENIT  nos ofrece el Mensaje del Consejo Pontificio para la Pastoral de Migrantes e Itinerantes para la próxima Jornada Mundial del Turismo 2011, que se celebrará el 27 de septiembre.

El 27 de septiembre se celebra la Jornada Mundial del Turismo, promovida por la Organización Mundial del Turismo (OMT), y contando ya desde su primera edición en 1980 con la adhesión de la Santa Sede.

El tema de este año, Turismo y acercamiento de las culturas, quiere subrayar la importancia que los viajes tienen en el encuentro entre las diversas culturas del mundo, especialmente en estos tiempos en los que más de novecientos millones de personas realizan desplazamientos internacionales, favorecidos por los modernos medios de comunicación y el abaratamiento de los costes.

De este modo, el turismo se nos presenta como "actividad que derriba las barreras que separan a las culturas y fomenta la tolerancia, el respeto y la mutua comprensión. En nuestro mundo, a menudo dividido, estos valores representan los cimientos de un futuro más pacífico".1

Partiendo de un concepto amplio de cultura que abarca, además de la historia o del patrimonio artístico y etnográfico, los estilos de vida, las relaciones, las creencias y los valores, afirmamos no sólo la existencia de la diversidad cultural, sino que, en la línea del Magisterio de la Iglesia, la valoramos como un hecho positivo. Por ello, "es necesario hacer que las personas no sólo acepten la existencia de la cultura del otro - como afirma Benedicto XVI -, sino que también deseen enriquecerse gracias a ella",2 acogiendo lo que ésta tiene de bueno, de verdadero y de bello.

Y para alcanzar este objetivo, el turismo nos brinda todas sus posibilidades. El Código Ético Mundial para el Turismo afirma al respecto que "si se lleva a cabo con la apertura de espíritu necesaria, es un factor insustituible de autoeducación, tolerancia mutua y aprendizaje de las legítimas diferencias entre pueblos y culturas y de su diversidad".3 Éste, por su misma naturaleza, puede favorecer tanto el encuentro como el diálogo, ya que pone en contacto con otros lugares, otras tradiciones, otras maneras de vivir, otras formas de ver el mundo y de concebir su historia. Por todo ello, el turismo es ciertamente una ocasión privilegiada.

Pero para dialogar, la primera condición que se exige es la de saber escuchar, querer ser interpelados por el otro, querer descubrir el mensaje que encierra cada monumento, cada manifestación cultural, desde el respeto, sin prejuicios ni exclusiones, evitando lecturas superficiales o sesgadas. Así, es tan importante el "saber acoger" como el "saber viajar". Ello implica que las actividades turísticas se deben organizar desde el respeto a las peculiaridades, leyes y costumbres de los países receptores, por lo que los turistas deberán recabar información, desde antes de su salida, sobre las características del lugar que van a visitar. Pero también las comunidades receptoras y los agentes profesionales deberán conocer las formas de vida y las expectativas de los turistas que los visitan.4

Partiendo del hecho de que toda cultura encierra en sí misma ciertos límites, el encuentro con culturas diferentes permite un enriquecimiento de la propia realidad. En este sentido se manifestaba el beato Juan Pablo II cuando afirmaba que "la ‘diferencia’, que algunos consideran tan amenazadora, puede llegar a ser, mediante un diálogo respetuoso, la fuente de una comprensión más profunda del misterio de la existencia humana".5

Un objetivo de nuestra pastoral del turismo será ciertamente educar y preparar a los cristianos de modo que ese encuentro de culturas que se puede producir en sus viajes no sea una oportunidad perdida, sino que sirva ciertamente como un enriquecimiento personal, que le ayude a conocer al otro, al tiempo que se conoce a sí mismo.

En este diálogo que se produce fruto del acercamiento de las culturas, la Iglesia tiene mucho que aportar. "También en el campo cultural - señala Benedicto XVI -el cristianismo ha de ofrecer a todos la fuerza de renovación y de elevación más poderosa, es decir, el amor de Dios que se hace amor humano".6 Es inmenso el patrimonio cultural, entendido en el sentido amplio al que anteriormente hemos hecho referencia, que surge de la experiencia de fe, del encuentro entre la cultura y el Evangelio, fruto de la profunda vivencia religiosa de la comunidad cristiana. Ciertamente, estas obras de arte y de memoria histórica tienen un enorme potencial evangelizador, en cuanto que se insertan en la via pulchritudinis, el camino de la belleza, que es "una senda privilegiada y fascinante para acercarse al misterio de Dios".7

Debe ser un objetivo prioritario de nuestra pastoral del turismo mostrar el verdadero significado de todo este acervo cultural, nacido al calor de la fe y para gloria de Dios. En esta línea, aún resuenan las palabras del beato Juan Pablo II dirigidas a los agentes de pastoral del turismo: "Ayudando a los visitantes a remontarse hasta las fuentes de la fe que hizo surgir estos edificios, contribuís a que formen la mirada - que es también un despertar del alma frente a las realidades del espíritu -, a la vez que hacéis visible la Iglesia de piedras vivas que forman las comunidades cristianas".8 Es por ello importante que presentemos este patrimonio en su autenticidad, mostrándolo en su verdadera naturaleza religiosa, insertándolo en el contexto litúrgico en el que nació y para el que nació.

Porque somos conscientes de que la Iglesia "existe para evangelizar",9 debemos preguntarnos constantemente: ¿cómo acoger a las personas en los lugares sagrados de modo que esto les ayude a conocer y amar más al Señor?, ¿cómo facilitar un encuentro entre Dios y cada una de las personas que allí acuden? Hay que subrayar, en primer lugar, la importancia de una acogida adecuada, "que tenga en cuenta lo específico de cada grupo y de cada persona, las expectativas de los corazones y sus auténticas necesidades espirituales",10 y que se manifiesta en diversidad de elementos: desde los sencillos detalles hasta la disponibilidad personal a la escucha, pasando por el acompañamiento durante el tiempo que dure la presencia.

Al respecto, y con el objetivo de favorecer este diálogo intercultural y aprovechar nuestro patrimonio cultural al servicio de la evangelización, es conveniente adoptar una serie de iniciativas pastorales concretas. Todas ellas deben integrarse en un programa amplio de interpretación que, junto a información de tipo histórico-cultural, muestre de forma clara y accesible el original y profundo significado religioso de dichas manifestaciones culturales, usando para ello medios actuales y atractivos, y aprovechando los recursos personales y tecnológicos que están a nuestra disposición.

Entre dichas propuestas concretas se encuentra la elaboración de recorridos turísticos que ofrezcan la visita a los lugares más importantes del patrimonio religioso-cultural de la diócesis. Junto a ello se debe favorecer un amplio horario de apertura, al tiempo que disponer de una estructura de acogida adecuada. En esta línea aparece importante la formación espiritual y cultural de las guías turísticas, al tiempo que se puede valorar la posibilidad de crear organizaciones de guías católicas. Y junto a ello, la elaboración de "publicaciones locales en forma de folletos turísticos, de páginas web o de revistas especializadas en el patrimonio, con el intento pedagógico de evidenciar el alma, la inspiración y el mensaje de las obras, y con un análisis científico dirigido a la comprensión profunda de la obra".11

No podemos conformarnos con concebir la visita turística como una simple pre-evangelización, sino que debe servirnos de plataforma para realizar el anuncio claro y explícito de Jesucristo.

Aprovecho la ocasión para anunciar oficialmente la celebración del VII Congreso Mundial de Pastoral del Turismo, que tendrá lugar, D.m., en Cancún (México) la semana del 23 al 27 de abril de 2012. Dicho evento, organizado por nuestro Pontificio Consejo en colaboración con la Conferencia Episcopal Mexicana y la prelatura de Cancún-Chetumal, será ciertamente una importante oportunidad para seguir profundizando en las propuestas concretas que la pastoral del turismo requiere para los tiempos presentes.

 + Antonio Maria Vegliò
Presidente

 + Joseph Kalathiparambil
Secretario

_____________________________

1 Taleb Rifai, Secretario General de la OMT, Mensaje del Día Mundial del Turismo de 2011.
2 Benedicto XVI, Mensaje con ocasión de una jornada de estudio sobre el diálogo entre culturas y religiones organizada por el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y por el Pontificio Consejo para la Cultura, 3 de diciembre de 2008.
3 Organización Mundial del Turismo, Código Ético Mundial para el Turismo, 1 de octubre de 1999, art. 2 § 1.
4 Cfr. Organización Mundial del Turismo, Código Ético Mundial para el Turismo, 1 de octubre de 1999, art. 1.
5 Juan Pablo II, Discurso a la L Asamblea General de las Naciones Unidas, 5 de octubre de 1995, n. 10.
6 Benedicto XVI, La apertura recíproca entre las culturas es un terreno privilegiado para el diálogo. Discurso al Pontificio Consejo de la Cultura, 15 de junio de 2007.
7 Benedicto XVI, Audiencia general, 18 de noviembre de 2009.
8 Juan Pablo II, Discurso a los participantes en el IV Congreso Mundial de pastoral del turismo, 17 de noviembre de 1990, n. 4.
9 Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi sobre la evangelización en el mundo contemporáneo, 8 de diciembre de 1975, n. 14.
10 Pontificio Consejo para la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes, El Santuario. Memoria, presencia y profecía del Dios vivo, 8 de mayo de 1999, n. 12.
11 Pontificio Consejo de la Cultura, Documento final de la asamblea plenaria "La Via pulchritudinis. Camino privilegiado de evangelización y de diálogo", 27-28 de marzo de 2006.

[Copyright 2011- Libreria Editrice Vaticana] 


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Homilía de monseñor Antonio Marino, obispo de Mar del plata, en el 110º aniversario del Colegio Santa Cecilia (Catedral de Mar del Plata, 4 de julio de 2011) . (AICA)

JESUCRISTO LA MEJOR PROPUESTA PARA LOS JÓVENES               

I. EL COLEGIO Y SU ANIVERSARIO  

En coincidencia con la fiesta de Ntra. Sra. del Huerto, este Colegio Santa Cecilia celebra sus 110 años de vida. Cuando Mar del Plata, fundada en 1874, contaba 27 años de existencia, surgió esta institución originariamente dedicada a la formación escolar de las niñas. Desde entonces, adecuándose a las actuales exigencias educativas, acompaña a esta ciudad en una de las actividades más trascendentes para la calidad de vida de una sociedad.

Es muy considerable el tiempo transcurrido y grande el merecido prestigio adquirido como centro de enseñanza. Me causa, por eso, un gran placer poder estar hoy entre ustedes, como nuevo obispo de Mar del Plata, para dar gracias a Dios por la fecunda trayectoria. Todos, en efecto, pueden reconocer el interés prioritario otorgado desde siempre por la Iglesia a la enseñanza y formación de los niños y los jóvenes.

Los aniversarios ayudan a la toma de conciencia de nuestra identidad. Miramos hacia atrás con reconocimiento hacia quienes fueron prestigiando esta institución con la riqueza de sus virtudes y sus talentos. Hacemos memoria de todos los miembros de la congregación religiosa de Nuestra Señora del Huerto y de todos los docentes y personas que formaron la comunidad educativa y supieron mantener vivo el ideal sembrando en esperanza. Hoy podemos gozar de los frutos de esa siembra y sentirnos comprometidos a mantener más viva que nunca la llama de esta noble vocación. 

II. LA EDUCACIÓN CATÓLICA EN LA CULTURA ACTUAL 

Si miramos al presente y hacia el futuro, podemos sentir fuerte perplejidad ante los grandes desafíos que hoy plantean los enormes cambios culturales en el mundo contemporáneo. Ante la crisis de la institución familiar y un vacío de propuestas que eleven al joven hacia ideales de grandeza moral y espiritual, nuestros jóvenes pueden ser víctimas de propuestas ruinosas para su futuro.

Todos tenemos conocimiento de una justificada preocupación ante el peligro de las adicciones. Es un hecho que no faltan quienes, movidos por el afán de un lucro infame, aprovechan la debilidad e inexperiencia de estos años para intentar corromperlos con la venta de alcohol o de droga. También descubrimos una mayor dificultad para plantearse ideales que abarquen la vida entera. Una mentalidad marcada por el relativismo moral, mantiene una prédica constante donde ya no se respeta el valor de la vida naciente en estado de embrión, y donde se distorsiona el concepto mismo de matrimonio y de familia. Bastará, además, asomarse a los medios de comunicación, sobre todo televisivos, para darnos cuenta de que los programas de mayor audiencia nacional, no favorecen el proceso formativo de la personalidad del niño y del joven.

A esto ha venido a sumarse una campaña del Ministerio de Educación de la Nación que ha puesto en marcha el Programa Nacional de Educación Sexual Integral. La publicación de unos cuadernos, y últimamente de una revista de la que se han impreso varios millones de ejemplares, con el título “Educación Sexual Integral. Para charlar en familia” (2011), en muchos puntos constituye, a nuestro entender, una clara violación del derecho de los padres a elegir el tipo de educación que desean para sus hijos, y al mismo tiempo un atentado a la libertad de conciencia.

Nunca nos hemos opuesto a la educación sexual, entendida como educación para el amor. Pero no podemos admitir que la misma quede reducida a los aspectos biológicos y psicológicos, como medio para evitar efectos no deseados, al margen de toda valoración moral o de la búsqueda de un sentido intrínseco a la naturaleza espiritual del hombre. Ni tampoco admitimos la grave distorsión del concepto de familia que allí se promueve. En todo esto, el derecho natural de los padres es anterior a todo poder del Estado y a toda ley positiva, y ésta ha sido también una de las glorias del derecho y de la cultura de occidente.

La magnitud de los desafíos, lejos de paralizarnos, debe despertar en nosotros las fuerzas creativas por las cuales la comunidad educativa, en íntima colaboración entre padres y docentes, sepa conducir a niños y jóvenes hacia un encuentro crítico con la cultura actual. La enseñanza en nuestras escuelas y colegios no puede reducirse a la adquisición de conocimientos, sino que debe tender al mismo tiempo a la asimilación de valores y al descubrimiento de verdades que llenan de sentido la vida y los preparen para fundar hogares estables y convertirse en promotores solidarios de paz y constructores del bien común. Debemos educar para un ejercicio responsable de la libertad, enseñando a tomar distancia de las propuestas equivocadas y superficiales que impone la tiranía de cierta moda cultural.

Una educación cristiana debe tender a descubrir la relación entre la fe en Cristo y la vida cotidiana, tanto en el ámbito de lo privado como en el más amplio de la sociedad. Partimos de la convicción de que en Cristo se revela el sentido profundo de la existencia. Como hace unos años decían los obispos en la Asamblea de Aparecida: “Jesucristo… eleva y ennoblece a la persona humana, da valor a su existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida. Es la mejor noticia, propuesta a los jóvenes por los centros de formación católica” (DA 335). 

III. “JÓVENES, LES HE ESCRITO PORQUE SON FUERTES” (1Jn 2,14 ) 

Y ahora me dirijo más directamente a ustedes, muy queridos jóvenes, chicos y chicas, de este colegio ilustre.

Hoy es la fiesta de la Santísima Virgen, bajo la advocación de Nuestra Señora del Huerto, que es la patrona. Ella nos enseña con su vida que la verdadera felicidad del hombre consiste en dedicar nuestra vida al servicio de Dios cumpliendo fielmente sus mandamientos.

Ustedes vienen a dar gracias a Dios, reconociendo en él la fuente de donde procede nuestra vida y el origen de todo bien que poseemos; y también el fin último donde está nuestra verdadera felicidad y hacia el cual dirigimos todos nuestros actos y esfuerzos.

Celebrar la Eucaristía es lo mejor que hacemos los cristianos. En ella nos encontramos con Dios de manera privilegiada. De ella tomamos fuerzas para nuestra misión, y hacia ella se orientan todas nuestras actividades. Los católicos creemos que en la celebración eucarística se hace real y misteriosamente presente el mismo sacrificio redentor de la cruz, y Cristo mismo se nos da como alimento. Él nos enseña cómo vivir bien, nos invita a asociarnos a su entrega, a imitarlo en su amor obediente al Padre y a recibirlo en la comunión de su cuerpo y de su sangre.

Jesús quiere ser nuestro amigo y confidente, quiere que tengamos vida en abundancia. ¿Cuál es el deseo más profundo todo ser humano sino vivir la vida en plenitud, alcanzar un bienestar duradero y conocer la felicidad? Y si a esto tiende el corazón de todo hombre, sabemos la especial fuerza y vigor que tiene esta tendencia en una vida joven.

Todos tendemos a la felicidad y no podemos dejar de desear una vida plena y feliz, porque así como las raíces de una planta se orientan hacia la humedad sin que nadie se lo enseñe, y así como su tallo tiende hacia la luz, así también el corazón de todo hombre tiende hacia la dicha.

Todos tendemos a la felicidad, pero no todos acertamos en sus caminos. Todos los seres del mundo físico y todos los vegetales y animales tienden hacia sus fines propios, guiados por su naturaleza, y lo hacen sin equivocarse. Sólo el hombre, dotado de una dignidad superior por su inteligencia y su libertad, es sin embargo capaz de grave extravío. Su inteligencia y su libertad, que son su título de gloria, pueden convertirse en su trampa mortal, al hacer mal uso de esas mismas facultades.

Como decía un sabio de la antigüedad, nosotros “aprendemos no sólo para la escuela sino para la vida”. Es muy importante adquirir conocimientos, pues ellos nos servirán el resto de los años por venir. Pero es mucho más importante aprender a vivir bien. Porque yo puedo adquirir muchos conocimientos, pero si no aprendo a vivir saco un aplazo en la vida. Con mis conocimientos adquiero muchos medios útiles, pero ¿de qué me servirán los mejores medios sino no tengo en claro cuáles son los fines que dan sentido y valor a mi vida?

Ustedes han venido a la casa de Dios esta mañana para sentir la presencia de alguien que los ama de verdad y que desea enseñarles el camino de la vida verdadera. Se llama Jesús. Es un maestro lleno de una gran bondad que tiene una gran simpatía por ustedes y quiere entrar en amistad con cada uno, con cada una de ustedes. Sabe mucho de vida.  Él ha dicho y sigue diciendo a todos: “Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Jn 14,6). “Yo he venido para que las ovejas tengan vida, y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed” (Jn 6,34).

Es alguien que, además, sabe perdonar y limpiarnos de nuestros pecados, que no vacila en salir en busca de la oveja perdida hasta encontrarla y cargarla sobre sus hombros (cf. Lc 15,4-7).

Queridos chicos y chicas, este maestro de vida no engaña a nadie. Habla claro y presenta un ideal exigente, invita a caminar por un camino estrecho, a entrar por una puerta angosta: “Entren por la puerta estrecha, porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que van por allí: pero es angosta la puerta y estrecho el camino que lleva a la Vida, y son pocos los que lo encuentran” (Mt 7,13-14).

El camino del cristiano, que Cristo fue el primero en recorrer, es estrecho y difícil al comienzo, pero perseverando en él, conduce de a poco hacia la anchura de una felicidad verdadera que se siente ya desde esta vida terrena, en la paz del corazón. En cambio, el camino del mundo, parece ancho y delicioso al comienzo, atrayente y divertido, pero de a poco los irá internando por senderos muy estrechos, hasta desembocar en callejones que lamentablemente no tienen salida.

Hay adultos que piensan en ustedes, pero no los quieren a ustedes, quieren su dinero. Son quienes les organizan fiestas y bailes, en los boliches donde muchos pasan con frecuencia los fines de semana. Ellos se enriquecen, además, con el dinero que ustedes les dan comprándoles alcohol. Hay adultos sin escrúpulos que regalan droga, porque saben que después empezarán a ser sus clientes y esclavos. Hay adultos que deberían ser guías de los jóvenes y son en cambio peores que ciegos. Hay adultos que degradan los espectáculos públicos y ganan cuantiosas fortunas subestimando a la audiencia e inundando la pantalla de los televisores con espectáculos de la más baja calidad.

Este es el camino que les propone con frecuencia una activa propaganda, principalmente a través de los medios de comunicación social. Estos son los falsos modelos que en forma ininterrumpida presentan como ideal muchas figuras a las que se llama “ídolos”.

¿Qué nos dice un verdadero sabio en el libro de la Palabra de Dios? Escuchemos: “Siendo aún joven, antes de torcerme, deseé la sabiduría con toda el alma, la busqué desde mi juventud y hasta la muerte la perseguiré; crecía como racimo que madura, y mi corazón gozaba con ella, mis pasos caminaban fielmente siguiendo sus huellas desde joven…su yugo me resultó glorioso, daré gracias al que me enseñó” (Eclo 51,13-15.17).

¿Qué les dice a ustedes, jóvenes, el apóstol San Juan en su primera carta? “Jóvenes, les he escrito porque son fuertes, y la Palabra de Dios permanece en ustedes, y ustedes han vencido al Maligno” (1Jn 2,14).

¡Sean fuertes! ¡No se dejen engañar! Nunca fue fácil ser cristiano y hay que aprender a ir contra la corriente. Sepan escuchar la voz de los verdaderos sabios, de los auténticos maestros cuyas enseñanzas les he leído.

Jesús no es un aguafiestas. Los quiere alegres y busca su verdadero bien. Sepan vivir como verdaderos discípulos suyos. No se arrepentirán nunca. Él los espera cada domingo para una verdadera fiesta, donde él se ofrece como luz y como alimento con su Palabra y con su Cuerpo y su Sangre. Él sabe perdonar de verdad y está dispuesto a limpiarlos de toda mancha de sus conciencias, cuando se acercan al sacramento de la reconciliación y de la misericordia. Él los escucha siempre con amor cuando se dirigen a él con una oración sincera. Él les dice: “Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados y yo los aliviaré. Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana” (Mt 11,28-30). 

IV. ALIENTO Y BENDICIÓN PARA LA NOBLE TAREA EDUCATIVA 

No puedo concluir sin decir una palabra a los directivos y docentes. A las religiosas de Ntra. Señora del Huerto en primer lugar. A todos los exhorto a perseverar sin desalientos en esta noble tarea educativa. Ustedes enseñan con su palabra, pero mucho más con su ejemplo y con su testimonio de vida. Si nunca fue fácil educar, mucho menos en la hora actual, donde tantas circunstancias sociales atentan contra los valores que ustedes procuran transmitir. Pero de todos los asuntos de interés público, la educación de los jóvenes es el más serio e importante, por estar tan directamente vinculado con el bien común de toda la sociedad. Trabajen con esperanza, sin pretender ver inmediatamente sus frutos.

Que la Virgen Santísima, cuya fiesta celebramos, nos renueve a todos en la felicidad de sabernos amados por Dios y de tenerla como Madre. 

Mons. Antonio Marino, obispo de Mar del Plata


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Homilías
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miércoles, 03 de agosto de 2011

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo diecinueve del Tiempo Ordinario, ofrecido por la Delegación Diocesana de Ensenanza de la diòcesis de Tenerife.

 

 

 

MIEDO A JESÚS

 

 

Mateo ha recogido el recuerdo de una tempestad vivida por los discípulos en el mar de Galilea para invitar a sus lectores a escuchar, en medio de las crisis y conflictos que se viven en las comunidades cristianas, la llamada apremiante de Jesús a confiar en él.

El relato describe de manera gráfica la situación. La barca está literalmente «atormentada por las olas», en medio de una noche cerrada y muy lejos de tierra. Lo peor es ese «viento contrario» que les impide avanzar. Hay algo, sin embargo, más grave: los discípulos están solos; no está Jesús en la barca.

Cuando se les acerca caminando sobre las aguas, los discípulos no lo reconocen y, aterrados, comienzan a gritar llenos de miedo. El evangelista tiene buen cuidado en señalar que su miedo no está provocado por la tempestad, sino por su incapacidad para descubrir la presencia de Jesús en medio de aquella noche horrible.

La Iglesia puede atravesar situaciones muy críticas y oscuras a lo largo de la historia, pero su verdadero drama comienza cuando su corazón es incapaz de reconocer la presencia salvadora de Jesús en medio de la crisis, y de escuchar su grito: «iAnimo, soy yo, no tengáis miedo!».

La reacción de Pedro es admirable: «Si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». La crisis es el momento privilegiado para hacer la experiencia de la fuerza salvadora de Jesús. El tiempo privilegiado para sustentar la fe no sobre tradiciones humanas, apoyos sociales o devociones piadosas, sino sobre la adhesión vital a Jesús, el Hijo de Dios.

El narrador resume la respuesta de Jesús en una sola palabra: «Ven». No se habla aquí de la llamada a ser discípulos de Jesús. Es una llamada diferente y original, que hemos de escuchar todos en tiempos de tempestad: el sucesor de Pedro y los que estamos en la barca, zarandeados por las olas. La llamada a «caminar hacia Jesús», sin asustarnos por «el viento contrario», sino dejándonos guiar por su Espíritu favorable.

El verdadero problema de la Iglesia no es la secularización progresiva de la sociedad moderna, ni el final de la "sociedad de cristiandad" en la que se ha sustentado durante siglos, sino nuestro miedo secreto a fundamentar la fe sólo en la verdad de Jesucristo.

No nos atrevemos a escuchar los signos de estos tiempos a la luz del Evangelio, pues no estamos dispuestos a escuchar ninguna llamada a renovar nuestra manera de entender y de vivir nuestro seguimiento a Jesús. Sin embargo, también hoy es él nuestra única esperanza. Donde comienza el miedo a Jesús termina nuestra fe.

José Antonio Pagola

 


Publicado por verdenaranja @ 21:46  | Espiritualidad
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