Mi?rcoles, 28 de septiembre de 2011

Homilía de monseñor Francisco Polti, obispo de Santiago de Estero, enla Fiesta Chica de Nuestro Señor de los Milagros de Mailín (11 de septiembre de 2011). (AICA)

FIESTA CHICA DE NUESTRO SEÑOR DE LOS MILAGROS DE MAILÍN          

Queridos hermanos y hermanas peregrinos del Señor Forastero,

La festividad chica, nos convoca una vez más, aquí en Mailín, junto ala Mesadela Palabray dela Eucaristía, para celebrar en el domingo, en el día del Señor, la victoria de Cristo, Nuestro Señor de Mailín, sobre la muerte y el pecado a través dela Cruzyla Resurrección.

Las lecturas que acabamos de escuchar nos presentan “el perdón” como tema central de la liturgia de esta festividad. La idea de fondo es profunda: aquel que no perdona las ofensas recibidas, no recibirá la remisión de sus pecados. Al contemplarla Cruzde Mailín descubrimos el amor que Dios nos tiene al entregar a su propio Hijo por nosotros y la medida del amor a la que estamos llamados, recordando las palabras de Jesús: “no hay mayor amor que dar la vida por los amigos”. Sí,la Cruz–que ocupa el centro del cristianismo– es la muestra más grande del amor y del perdón.

Quien desee comprender a fondo su propia existencia, o la existencia humana en general, debe dirigirse con toda su capacidad, con todo su ser y posibilidades a Cristo redentor. En realidad hemos sido comprados “a precio”-a un gran precio-, la sangre de Cristo (Cf. 1Pt 1,17). En cierto modo ya no nos pertenecemos (Cf. 1 Cor 6,19).

En tal sentido, es profunda la afirmación de Pablo en su carta a los Romanos que acabamos de escuchar en la segunda lectura: “Ya no vivimos para nosotros mismos, ni morimos para nosotros mismos. En vida y en muerte pertenecemos al Señor”. Es decir, todo el acontecer humano se debe valorar en función de nuestra pertenencia a Cristo. Sólo es posible entender la verdad sobre el hombre a la luz del Verbo encarnado, porque Dios ha elevado al hombre a la participación de la naturaleza divina. Nos debemos al amor que es más grande que todos nuestros pecados.

Pero si el corazón de Dios se conmueve ante nuestras miserias, si su compasión se enciende ante nuestras desgracias, ¿no deberíamos hacer otro tanto nosotros con nuestros hermanos que nos han ofendido? No sería conveniente que nosotros recibiéramos el perdón sin medida de parte de Dios, y fuéramos intransigentes con las culpas de nuestros prójimos. Precisamente esto pone de relieve la parábola de Jesús.

Nuestra sociedad, cada persona está verdaderamente sedienta de perdón. La realidad nos muestra fehacientemente que el camino de la venganza y del odio suicida conduce a un callejón sin salida, a una espiral de violencia y de muerte.

Iniciemos la conversión de la realidad que nos rodea, convirtiendo nuestro propio corazón. Sepamos que ser cristiano es desconocer el odio, por muy cruel y despiadado que sea mi enemigo, o por muy grave y penosa que haya sido la ofensa.

El Papa Juan Pablo II nos dice: “En realidad, el perdón es ante todo una decisión personal, una opción del corazón que va contra el instinto espontáneo de devolver mal por mal. Dicha opción tiene su punto de referencia en el amor de Dios, que nos acoge a pesar de nuestro pecado y, como modelo supremo, el perdón de Cristo, el cual invocó desde la cruz: « Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen »” (Lc 23, 34) [1].

Esta elección la  debemos cultivar, en primer lugar, en nuestra vida doméstica. En efecto, en el ámbito de la propia familia, donde los contactos humanos son más frecuentes y más intensos, es donde especialmente debemos perdonar las ofensas recibidas.

Ojala que en ningún hogar cristiano santiagueño llegue la noche, sin que una palabra de perdón venga a suavizar y a borrar los malentendidos y los malos momentos de alguno de los miembros producidos durante la jornada. Perdón entre los esposos. Perdón entre padres e hijos. Perdón entre hermanos.

El perdón puede y debe aplicarse también en el ámbito social y profesional. Debe aplicarse en las relaciones sociales, en los grupos de amigos y en el círculo familiar ampliado.

Quiero dedicar unas breves palabras a los maestros en su día, a fin de saludarlos y agradecerles la tarea que realizan como profesionales de la educación y como hijos dela Iglesiacatólica Ustedes son conscientes  que para conseguir elevados objetivos no depende sólo de los sistemas pedagógicos, sino del mejor método de educación: el amor a sus alumnos, la autoridad moral, y los valores que encarnan. Hoy tienen la ardua tarea de transmitir  una imagen apropiada dela Argentinay del querido Santiago del Estero. Enseñarles a amar al país y a la provincia, fomentando también aquellas virtudes cívicas que eduquen a la solidaridad, al legítimo orgullo de la propia historia y cultura, y al Bien Común, que es el bien de todos.

Por último quiero recordarles que hoy se realiza, en todas las diócesis de Argentina,la Colecta NacionalMás x Menos, que es promovida porla Comisiónde Ayuda a las Regiones más Necesitadas, bajo el lema “Con tu ayuda elegís la vida”. Esta colecta es un espacio creado para compensar la falta de equidad social. Un puente de comunicación entre los que más tienen y los que tienen poco o nada. El Señor que nunca se deja ganar en generosidad y es “buen pagador”, les recompensará con el ciento por uno.

Acudimos al Señor de Mailín para pedirle que nos haga -transitando el camino dela Cruzque nos propone el Señor- verdaderos instrumentos del perdón y de la paz, en medio de nuestra sociedad santiagueña y en las situaciones concretas de cada jornada. Así sea. 

Mons. Francisco Polti, obispo de Santiago del Estero


[1] JUAN PABLO II, Mensaje mundial de la paz, 1 de enero de 2002 


Publicado por verdenaranja @ 22:48  | Homil?as
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