Viernes, 30 de septiembre de 2011

Reflexión a las lecturas del domingo veintisiete del Tiempo Ordinario - A, ofrecido por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR

Domingo 27º del T. Ordinario A

1ª Lect.: Isaías 5, 1-7. Salmo  79. 2ª Lect. Filipenses, 4, 6-9. Ev. Mt 21, 33-43. 

Queridos amigos y amigas: “La viña del Señor es la casa de Israel”, proclamamos este domingo en el salmo responsorial. Por tercera vez consecutiva nos habla el Señor valiéndose de la imagen de una viña.

         Es ésta una parábola muy clara y dura, que el Señor presenta a aquellos sumos sacerdotes y ancianos del pueblo con quienes lo contemplábamos hablando el domingo pasado y que, dentro de unos días, lo llevarán a la cruz.

         Les hace una descripción perfecta de todo: del pasado, de la historia de infidelidad y maldades del pueblo de Israel, es decir, de sus antepasados, y les anticipa el desenlace de todo, que va a tener lugar muy pronto.

         Para aquel propietario de Israel era algo ilusionante, maravilloso, plantar una viña, cavar un lagar, construir la casa del guarda y arrendarla a unos labradores que le dieran, a su tiempo, los frutos que le correspondían.

         Es una imagen de la constitución de Israel como pueblo de Dios.

         Bajo la forma de un poema precioso, nos presenta el profeta Isaías (1ª Lect..) la misma historia, con algunas variantes  y limitándola, como es lógico, al Antiguo Testamento.

         “Llegado el tiempo de la vendimia -sigue diciendo el Señor-  envió a sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon…” Envió a otros criados, más que la primera vez, y sucedió lo mismo.

         De esta forma, les recuerda el Señor lo que había sucedido con los profetas que el Padre les enviaba para que hablaran al pueblo en su nombre, de modo que fueran fieles a la alianza que habían pactado con Él y caminasen según su voluntad.

Y ya sabemos lo que sucedió a los profetas. Jesús mismo dirá, sobre Jerusalén, por estos días, según la cronología de S. Mateo: “¡Jerusalén, Jerusalén!, que matas a los profetas y apedreas a los que te han sido enviados,  cuántas veces intenté reunir a tus hijos, como la gallina reúne a sus polluelos bajo sus alas, y no habéis querido”. (Mt 23, 37).

         Por último, el propietario “mandó a su hijo diciéndose: *Tendrán respeto a mi hijo*. Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: *Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con la herencia. Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron*”.

El hijo que envía el propietario representa a Jesucristo Dentro de unos días, ellos lo sacarán fuera de la viña, es decir, de Jerusalén, le someterán a toda clase de tormentos hasta hacerlo morir enla Cruz…

         El texto de la primera lectura pone en boca del Señor: “¿Qué más podía hacer por mi viña que yo no haya hecho? ¿Por qué, esperando      que diera uvas, dio  agrazones?”

Y pronuncia la sentencia: “La abandonaré y no existirá más”.

         En el Evangelio Jesucristo encarga a los sumos sacerdotes y ancianos que pronuncien ellos mismos su sentencia: Cuando Él les pregunta: “Y, ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿Qué hará con aquellos labradores? Le contestaron: “Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a sus tiempos…” Exactamente, lo que va a hacer el Padre del Cielo con ellos: “Se os quitará a vosotros el Reino de los cielos y se dará a un pueblo que produzca sus frutos”.

¡Qué impresionante es todo esto! ¡Qué trágico resulta todo!

¿Cómo se quedarían aquellos dirigentes religiosos de Israel que entendían que la parábola iba por ellos?  S. Marcos y S. Lucas dicen que quisieron detenerle, pero temieron a la gente y se fueron (Mc 12,12;  Lc 20,19).

¡Por algo  terminó enla Cruz!

Y “del costado de Cristo dormido enla Cruznació el sacramento admirable dela Iglesiaentera” nos enseña el Vaticano II (S. C. 5).La Iglesiaes, pues, el nuevo pueblo de Dios,la Viña Nueva, el Reino de los Cielos que Jesucristo vino a traer a la tierra…

Ella “va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciandola Cruzyla Muertede Jesús hasta que Él vuelva” (L. G. 8).

Los cristianos, por tanto, en el salmo responsorial de este domingo, nos referimos también ala Nueva Viña, “el Israel de Dios” que dice S. Pablo (Gál 6,16). 

Y proclamamos con un sentido antiguo y nuevo al mismo tiempo: “La Viñadel Señor esla Casade Israel”. 

Junto a estas reflexiones, quiero hacerles llegar mis mejores deseos y ¡feliz Día del Señor!


Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Espiritualidad
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