miércoles, 15 de febrero de 2012

Reflexión semanal de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa «Claves para un mundo mejor» (7 de enero de 2012). (AICA)

EDUCAR A LOS JÓVENES EN LA JUSTICIA Y LA PAZ             

Hoy quiero comentarles el Mensaje que el Santo Padre Benedicto XVI ha entregado al mundo con motivo dela Jornada Mundialdela Paz, que se celebra todos los años el 1° de Enero. Esta fuela Jornada N° 45; en estos 45 años tenemos todo un cuerpo de doctrina acerca de los fundamentos humanos y cristianos de la paz.

El Mensaje de este año se titula “Educar a los Jóvenes enla Justiciayla Paz” y el Papa lo dirige a todos los responsables de la educación. En primer lugar a las familias, a los padres de familia, luego a los responsables de las instituciones educativas, a los responsables políticos y a los medios de comunicación, que pueden influir positiva o negativamente en la formación de las personas.

Es importante subrayar que el centro del Mensaje se encuentra en el parágrafo 3, que propone educar en la verdad y en la libertad. Para educar en la justicia y la paz es preciso educar a las nuevas generaciones en la verdad y la libertad.

Dice el Papa que hay que suscitar en los jóvenes la cuestión acerca de la verdad y, especialmente, acerca de la verdad antropológica.

En el Magisterio de Benedicto XVI se insiste, sobre todo en los últimos tiempos, acerca de la centralidad que tiene la cuestión sobre el hombre tanto en las Ciencias Sociales como enla Pedagogíay, en general, para la organización de la sociedad.

Se propone entonces que los jóvenes aprendan a reconocer qué es lo verdaderamente humano. ¿Quién es el hombre? ¿Qué es la persona humana? ¿Cuáles son su dignidad y sus derechos? En esta cuestión se encuentra algo fundamental.

Dice el Papa: “La primera educación consiste en aprender a reconocer en el hombre la imagen del Creador. Y, por consiguiente, a tener un profundo respeto por cada ser humano y ayudar a los otros a llevar una vida conforme a esta altísima dignidad”. En esta afirmación se advierte la relación que existe entre la verdad sobre el hombre y la justicia, la convivencia justa en la sociedad.

Por otra parte, la verdad sobre el hombre, si es integral, ilumina el auténtico sentido de la libertad. La libertad no consiste en hacer lo que a cada uno se le antoje, sino en obrar en búsqueda de los grandes bienes propios del hombre y de acuerdo a la dignidad correspondiente.

Quiero destacar un párrafo. Dice el Papa: “la libertad es un valor precioso, pero delicado. Se la puede entender y usar mal. En la actualidad un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo que al no reconocer nada como definitivo deja como última medida sólo el propio Yo con sus caprichos. Y, bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro dejando a cada uno encerrado dentro de su propio Yo”. Prosigue diciendo: “Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación. Pues sin la luz de la verdad, antes o después,  toda persona queda condenada a dudar de la bondad de su misma vida, de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo por construir con los demás algo en común”.

Es decir que la verdad sobre el hombre implica conocer la persona, la naturaleza de la persona y de sus actos, saber qué es el bien y qué es el mal. Sin eso la libertad queda vacía de contenido y se presta para las peores aberraciones que, en el fondo, son destructivas del hombre mismo.

Desde estas afirmaciones se entiende qué significa educar en la justicia. Porque la justicia no es algo que esté originalmente determinado por el derecho positivo, por las leyes, sino por el ser profundo del hombre, por la esencia de lo humano. Entonces sólo si se educa en la auténtica verdad sobre el hombre se puede educar en la justicia.

El Cristianismo aquí hace un aporte que es fundamental: propone un dinamismo de la justicia que tiene que ser, de algún modo, superada en relaciones de gratuidad, de misericordia, de compasión. Es decir, la justicia está coronada por la caridad y la caridad es la manifestación, la participación nuestra, del amor de Dios. Todo se funda, en definitiva, en el amor de Dios.

Estos datos nos permiten comprender también qué puede significar una educación en la paz o para la paz. El concepto de Paz, en la tradición bíblica, no se identifica con la ausencia de guerra, sino que es un término plenario. Paz, Shalom en el hebreo bíblico, significa la plenitud de todos los bienes humanos. Significa la felicidad, la perfecta realización.La Pazes un don pero al mismo tiempo es también una tarea y supone que el hombre es consciente de la verdad que lo ilumina y que empeña rectamente su libertad; entonces va edificando una convivencia pacífica fundada en la justicia.

Podemos sintetizar estos argumentos en una frase bíblica: “La paz es obra de la justicia”. Y quiero citar otro pasaje del texto papal: “La paz para todos nace de la justicia de cada uno”.

Si nosotros no tenemos una voluntad rectificada por la virtud de la justicia es difícil que podamos edificar la paz, colaborar al establecimiento de una Paz verdadera.

El Papa se dirige finalmente a los jóvenes. En el Magisterio y en la acción pastoral de Benedicto XVI notamos que hay una orientación muy clara a hablar a la joven generación, que tendrán a su cargo, dentro de algunos años, la conducción de los procesos sociales, incluso en el orden global.

El actual pontífice, como su predecesor, manifiesta un gran aprecio por los jóvenes y aquí los exhorta a que reconozcan lo mejor de ellos mismos. La juventud posee una gran cuota de entusiasmo, y esto es como un bagaje de esperanza lanzado hacia el futuro. Es fundamental que vayan comprendiendo las realidades fundamentales referidas a la naturaleza y destino del hombre.

Pero esto depende, en buena medida, de nosotros, de los adultos, y por eso el Mensaje va dirigido a todos aquellos que tienen alguna responsabilidad en la educación.

Termino con una cita que me parece muy interesante, aunque puede ser considerada como accidental. Decía que el Mensaje va dirigido en primer lugar a los padres de familia y respecto a ellos el Papa dice algo que tiene un enorme valor. Habla sobre la presencia de los padres junto a sus hijos: “la presencia de los padres en la familia, una presencia que les permita cada vez más compartir el camino con ellos para poder trasmitirles esa experiencia y cúmulo de certezas que se adquieren con los años y que sólo se pueden comunicar pasando juntos el tiempo”…

Me parece importante destacarlo, hoy día, donde todos estamos apurados y muchas veces los chicos no ven a sus padres por días y días.

Espero que este Mensaje pueda ser escuchado, meditado, comprendido y aplicado. Todo iría mucho mejor en el año que recién empezamos. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata 


Publicado por verdenaranja @ 22:30  | Hablan los obispos
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