Lunes, 27 de febrero de 2012

Lectio divina para el domingo primero de Cuaresma - B, ofrecido por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Lectura: 

“Marcos 1, 1215”

En aquel tiempo el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas y los ángeles le servían.
Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creedla Buena Noticia.

Meditación: 

“Convertíos y creed”

Hemos entrado en el tiempo cuaresmal. Un nuevo tiempo de gracia que se nos regala para adentrarnos en el camino de nuestra fe, de nuestro seguimiento a Cristo. No nos suele resultar un tiempo simpático y, de hecho, hemos dejado atrás esas manifestaciones más penitenciales que lo marcaban en otra época; unas porque tal vez no expresaban bien lo que estaba en juego y otras, también hay que reconocerlo, condicionados por el ambiente social en el que nos movemos y que, de alguna manera, ha conseguido que no vivamos con suficiente profundidad un tiempo que quiere ayudarnos, no a quedarnos en gestos externos, muchas veces pasajeros y superficiales, es cierto; sino a reorientar con una fuerza especial nuestro corazón y nuestra vida a Cristo, para adentrarnos con más decisión y fuerza en su plan de salvación que culminará en la pascua definitiva, de la cual la litúrgica quiere ser expresión y celebración en nuestro camino hacia la eterna.

Desde ahí resuenan con toda su fuerza estas palabras de Jesús, en el inicio de su vida pública. Después de poner de manifiesto que en el camino no podemos excluir la lucha decisiva contra todo lo que fuera o dentro de nosotros quiere apartarnos de Dios, nos ofrece el núcleo de su mensaje, el punto de partida, la llamada esencial que tendremos que estar intentando mantener definida y clara a lo largo de toda nuestra vida para ser capaces de vivir en su clave, en él y desde él.

La conversión resuena con eco fuerte y firme en este tiempo, pero es actitud de toda la vida que no podemos perder de vista. La conversión significa tener la mirada continuamente puesta en Él frente a todo y todos los que quieren que volvamos la cabeza y el corazón hacia otros lugares, personas o ideas. Como nos dirá la carta a los hebreos, tenemos que caminar siempre “con la mirada puesta en él”, porque es eso lo que nos permitirá en cada momento, saber donde tenemos que poner nuestras manos, nuestros gestos y cómo.

La conversión es para “creer” cada día con más fuerza, con más autenticidad, en el Dios que nos ha acercado Jesús como una buena noticia. Descubrirlo y experimentarlo así, para comunicarlo allí donde estamos, con la decisión y valentía que Él nos aporta, se convierte en el reto de nuestra cuaresma, tratando de adentrarnos en sus sentimientos, en su camino, en su proyecto de amor capaz de salvarnos con su fuerza de nosotros mismos.

Aprovechemos este tiempo de gracia, sirvámonos de todos los medios que nos ofrecela Iglesia. Perono nos conformemos con quedarnos en los medios, que sólo son eso, medios, aunque buenos y necesarios para alcanzar el fin que deseamos que es llegar a la santidad, a nuestra plenitud en Cristo, el que ha iniciado nuestro camino de fe en nuestro bautismo y en quien lo consumaremos enla Jerusaléndel cielo, por gracia, en la medida que seamos capaces de mantener y hacer el camino junto a él.

Oración: 

“Ayúdame”

Señor, gracias por esta nueva cuaresma que me regalas. Gracias por tu llamada insistente a adentrarme en tu historia de salvación. No, no eres tú el que está en juego, soy yo, mi vida, mi historia y lo que con ella puedo ser capaz de aportar  a esta historia concreta, nada fácil, en la que me ha tocado vivir. Señor, ayúdame a tomar conciencia de todo lo que está en juego. Ayúdame a seguir percibiendo y comunicando el amor que me viene de ti. Ayúdame a mantener fija la mirada en ti, y a descubrir así toda la fuerza de bien y de vida que has derramado en mí, y que me invitas a plasmar en mis actitudes. Ayúdame para que ante los retos que me plantea el ambiente en el que vivo sepa responder con la fuerza y la coherencia de mi fe en ti, y desde el sentido profundo con el que das sentido a mi vida y a la historia. Ayúdame a que este tiempo sea de verdad un nuevo tiempo de gracia en mi andadura y en mi crecimiento como persona y como creyente. Ayúdame, Señor.

Contemplación: 

“A la cumbre”
Vuelves a tocar con fuerza
la aldaba de la puerta de mi vida.
Vuelves a invitarme a caminar
inmerso en tu proyecto de amor.

Vuelves a invitarme a no bajar los brazos
en la lucha esforzada e ilusionada
para seguir creciendo en mi humanidad.
Vuelves a mirarme fijamente a los ojos
de mi corazón frágil y a veces desorientado,
para invitarme a fijarme de nuevo en el tuyo,
latiendo siempre al ritmo del amor.

Y en esa mirada y en ese ritmo me apoyo
para seguir subiendo contigo
a la cumbre de mi ser en ti.


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Liturgia
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