Lunes, 27 de febrero de 2012

Lectio divina para el lunes de la primera semana de Cuaresma - 2012, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Lectura: “Mateo 25, 3146”

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el  trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha: "Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación  del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

Entonces los justos le contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?"

Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda: "Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."

Entonces también éstos contestarán: "Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"

Y él replicará: "Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."

Y éstos Irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.»

Meditación: 

“Vida eterna”

          Pocas veces pienso en ese momento final y, sin embargo, qué importante es. No para sentir miedo o evadirme, sino para descubrir qué es lo esencial de mi paso por la vida. Al final, si es que hay que pasar algún examen, no será otro que el del amor. Es lo único que permanece y es a lo que me invitas o, mejor, me urges y apremias.

          Es cierto que prefiero evadirme. Prefiero no mirar a mi alrededor, pero me es muy difícil. Todos los medios de comunicación me bombardean cada día con noticias tremendas que me muestran el rostro dolorido de millones de hombres, mujeres y niños, que sufren las consecuencias de infinitas formas de dolor, dolor inútil, cuya  mayor parte viene causado por otros hombres.

          A veces me duele el mundo, Señor, y me siento impotente. Pero ¿es que yo puedo hacer algo? Y pasan por mi cabeza infinidad de respuestas y posibilidades; y, al final, descubro que sí, que en mi vida cotidiana y aparentemente anodina, hay cientos de momentos en los que puedo poner una chispa de bien, una gota de amor. Hay cientos de momentos en los que después de mirarte y escucharte puedo hablar de ti e invitar a que te miren, porque cuando aprendamos a mirarte cara a cara, desde el rostro que nos dejaste en Jesús, podremos mirar de diferente manera a nuestro alrededor. Y ése es el sentido de mi vida al que me invitas, al que me llamas. Y quiero entrar en él.

Oración: 

“Gestos sencillos”

Me reconozco torpe y frágil, y soy consciente de que muchas veces trato de evadirme de aquello que exija dar un poco de mí. Señor, dame coraje para aportar un poco de bien allí donde estoy.  Ayúdame a descubrir todos los gestos sencillos que puedo poner de alegría, de paz, de cercanía, de consuelo, de paciencia, de comprensión, de perdón, de compañía. Y dame un poco más de valor para descubrir aquellas opciones más grandes con las que, tal vez, puedo contribuir a la construcción de un mundo más humano, más justo, más pacífico, más tuyo.

Contemplación: 

“Amar como tú”
Me siento ante ti, Señor,
y en tu rostro descubro
miles de rostros,
conocidos y desconocidos,
que me miran,
que extienden sus manos
y me suplican un gesto de amor.

Y yo, indeciso e impotente,
extiendo mi corazón a ti,
esperando que lo hagas vibrar
junto al tuyo,
y le enseñes a amar
como tú.


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Liturgia
 | Enviar