Domingo, 18 de marzo de 2012

Lectio divina para el lunes de la cuarta semana de Cuaresma 2012, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la Diócesis de Tenerife.

Lectura: “Juan 4, 4354”

En aquel tiempo, salió Jesús de Samaria para Galilea. Jesús mismo habla hecho esta afirmación: «Un profeta no es estimado en su propia patria.»

Cuando llegó a Galilea, los galileos lo recibieron bien, porque hablan visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos hablan ido a la fiesta.

Fue Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde habla convertido el agua en vino. Habla un funcionario real que tenía un hijo enfermo en Cafarnaún. Oyendo que Jesús había llegado de Judea a Galilea, fue a verle, y le pedía que bajase a curar a su hijo que estaba muriéndose.

Jesús le dijo: «Como no veáis signos y prodigios, no creéis.»

El funcionario insiste: «Señor, baja antes de que se muera mi niño.»

Jesús le contesta: «Anda, tu hijo está curado.»

El hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Iba ya bajando, cuando sus criados vinieron a su encuentro diciéndole que su hijo estaba curado. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Y le contestaron: «Hoy a la una lo dejó la fiebre.» El padre cayó en la cuenta de que ésa era la hora cuando Jesús le había dicho: «Tu hijo está curado.» Y creyó él con toda su familia.

Este segundo signo lo hizo Jesús al llegar de Judea a Galilea.

Meditación: 

“No creéis”

No se le puede reprochar nada a aquellas personas. Yo también busco muchas veces no a ti, sino tus signos. De alguna forma, tal vez muy sutil, trato de utilizarte para mis intereses, para que no se me tuerzan las cosas, para que todo vaya bien: la salud, los problemas, que todo se solucione fácil, y por eso me cuesta poco quejarme de todo, incluso me atrevo a decir que no te importo si la cosas no van bien, si las dificultades y las contrariedades y el dolor se cruzan en el camino de mi existencia.

Y así, al final, tengo que reconocer con tristeza que no te quiero a ti, si no tus productos, te quiero para utilizarte como poción mágica de mi caminar y, claro, tú no quieres eso.

Me señalas con el dedo para que mire al cielo y me quedo mirando el dedo. Tú te empeñas en mostrarme toda la dimensión profunda de mi vida llamada a abrirse a ti, a mis hermanos, a mí mismo, a potenciar mi humanidad, a ser capaz de moverme y de pasar por encima y más allá de los contratiempos dolorosos de esta vida, pero yo sigo aferrado a la espera del milagro.

Y tú, con voz un tanto lastimera, me sigues invitando a abrirme al abismo profundo de la fe, que me llama a introducirme en tu misterio de amor, en mi propio misterio, en el misterio del corazón humano, para descubrir su fuerza de vida, y poner mi vida, como tú, al servicio de potenciar cualquier signo de vida.

Oración: 

“Generador de vida”

Me pongo de nuevo ante ti, Señor, necesitado de tu fuerza. Te necesito, pero no te pido ningún signo, te tengo a ti y eso me vale. Sólo quiero pedirte que no me falte tu fuerza para seguir aferrado a ti, para que nunca deje de buscarte a ti, para que sepa descubrir que en todas las circunstancias de mi vida no dejas de estar a mi lado.

Que no pierda nunca la certeza de que me sostienes, de que caminas conmigo, de que me sigues ofreciendo tu vida, para que no deje nunca de ser, como tú, generador de vida.

Contemplación: 

“Caminas conmigo”

Cada día salgo
en tu busca, Señor,
pero antes de que te encuentre
ya me has encontrado tú.
Y sé que en las continuas noches
que se ciernen sobre mí,
Tú caminas conmigo,
me sostienes con tu amor callado,
me acaricias,
y me llevas de la mano.


Publicado por verdenaranja @ 21:31  | Liturgia
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