Martes, 20 de marzo de 2012

Lectio divina para el miércoles de la cuarta semana de Cuaresma 2012, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia de la diócesis de Tenerife.

Lectura: “Juan 5, 1730”

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»

Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre.

Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro.

Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que le envió.

Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida.

Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán.

Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio.

Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Meditación: 

“Da vida”

Me hablas de vida, Señor. Algo que todos añoramos. Pero en ti la palabra vida adquiere un significado mucho más rico y profundo que el que tiene para nosotros.  En ti la palabra vida habla de dignidad, habla de plenitud, habla de eternidad, y esas dimensiones sólo las podemos encontrar en ti. Tu presencia entre nosotros no pretende ser sino el comunicarnos que Dios nos ha creado para la vida. Nuestra peregrinación aquí no es sino el espacio para tomar fuerza y arrancar hacia la eternidad.

Es el tiempo de aprender lo que significa la palabra vida, y de construirla con los mil gestos y posibilidades que se abren en nuestra andadura. Escuchar este mensaje es tremendamente hermoso, pero se nos hace muy difícil, y aportamos más gestos de dolor y de muerte que de alegría y vida.

Deseo aprender de ti, Señor. Me llamas a romper las ataduras de mi yo para salir constantemente a tu encuentro, Dios de la vida. A hacer todo desde ti. Esto a veces no se puede decir fuerte. Muchos, en cortedad de miras o de intereses, afirman que tú condicionas y limitas, pero no es verdad, yo lo experimento cada mañana, cuando en medio de mis limitaciones y condicionamientos me sigues dando una palabra de estímulo y de ánimo. Una palabra de ternura. Me abres los ojos y el corazón para que recorra con ellos mi entorno y ponga en él mi vida en actitud constructiva, solidaria, comprometida.

He descubierto que abrirme a tu voluntad no es caer en ninguna alienación que me distancia de todo, sino que me abre a ti, a mis hermanos los hombres, sin condicionamientos, y a todas las posibilidades que has puesto en mí. Me descubres la fuerza que hay en ti y que se prolonga en mí para ser, en medio de tantos signos de indiferencia y de muerte, un generador y portador, como tú, de vida

Oración: 

“Portador de vida”

Gracias de nuevo, Señor, porque me llamas a la vida. Gracias porque me abres el horizonte y despliegas ante mí la riqueza de tu don y de mis posibilidades. Gracias porque me has mostrado en tu actuar lo que significa ser portador de vida.

No es fácil, lo sabes. Son muchos los frenos que surgen de mi propio interior que me sugieren no complicarme la vida; o de otras voces externas que me invitan a pasar de todo o, incluso, me fuerzan a comulgar con ruedas de molino, y llamar vida a lo que no son sino signos de interés propio, de superficialidad, de comodidad, de egoísmo, cuando no de mal encubierto bajo capa de bien.

Dame valor y capacidad de discernir y de responder desde ti, porque tú, sólo tú, tienes palabras de vida eterna, sin ningún tipo de interés, sólo el de que el hombre viva.

Contemplación: 

“Dios de la vida”

Padre Dios,
sales a mi encuentro,
extiendes tu mano
y me invitas a tomarla
para caminar contigo.

Tú eres el Dios de la vida.
Nos has creado por amor
y para amar;
para que nuestra vida
sea plena
y llegue a plenitud.

Y yo, Señor, quiero darla,
como tú.


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Liturgia
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