Mi?rcoles, 25 de abril de 2012

Homilía de monseñor José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario en la Vigilia de Pascua (7 de abril de 2012). (AICA)

VIGILIA PASCUAL      

 Queridos hermanos

Al culminar el triduo pascual, el Señor nos concede en esta Vigilia pascual la alegría de su Resurrección. 

1. No está aquí, ha resucitado

Las lecturas del Antiguo Testamento, que escuchamos al comenzar esta vigilia son un mensaje profético del paso de Dios por nuestra vida; y la proclamación del Evangelio, nos anuncia el gozo de la Buena Noticia que el ángel les transmite a las mujeres, “Ustedes buscan a Jesús  de Nazaret, el Crucificado, no está aquí, ha resucitado…”

Podemos decir que el hecho mismo de la Resurrección, que excede y va más allá de la naturaleza humana, lo constatamos en este Evangelio que leímos en el descubrimiento que hacen las mujeres del sepulcro vacío, el anuncio dela Resurrección, y luego en el conocimiento de las apariciones  a Pedro y a los Doce, de las que ya nos hablaban el texto dela Primera Cartaa los Corintios.

Como oímos en el canto del “Exultet”, el pregón pascual que escuchamos con las velas encendidas, mientras se iluminaba  nuestra Catedral Esta es la ”¡Noche verdaderamente feliz! Sólo ella mereció saber el tiempo y la hora en que Cristo resucitó de la muerte”. 

2. Los símbolos que esta noche podemos percibir

Desde los primeros siglos de la Iglesia, la liturgia nos ofrece para comprender más en profundidad este triunfo de la vida,  los símbolos que esta noche podemos percibir: la luz de este cirio encendido que nos ilumina, el fuego y el agua que bendijimos y el canto del aleluia, que le ofrece a lo largo de esta celebración  el marco gozoso a esta noche de las noches, a esta vigilia pascual que anunciala Resurreccióndel Señor.

Las lecturas que hicimos nos ayudan a comprender este misterio. En la lectura del Génesis escuchamos la voz de Dios: “Que exista la luz” (Gn.1,1 ). La luz nos ilumina por obra de Dios. Posteriormente, cuando el mundo estaba en tinieblas también nació la luz de la entrega de Cristo y de su muerte en  la cruz; es de allí de donde viene la verdadera luminosidad al mundo; y la llama del cirio, que representa a Cristo, hace brillante esta nueva luz que ilumina no solo esta noche, sino toda nuestra vida.

Todos nosotros encendimos  nuestras velas del cirio; pero desde el bautismo somos iluminados con la  luz de Jesucristo. Por este Sacramento,  llegó a nosotros la luz por primera vez, para transmitirnos la fe y creer en Jesús. También hoy renovamos la llegada de su luz, que fue encendida con el fuego nuevo; y su  luminosidad y calor; son para nosotros los símbolos de la verdad y del amor.

Por eso la llama del cirio también arde como la verdad, para discernir lo verdadero de lo falso; y por ello el cristiano no  solo debe creer, sino creer la verdad revelada y anunciada por el Señor y por su Iglesia. De este modo, San Pablo, nos enseña en su carta a los Filipenses que con la luz de Cristo debemos ser como estrellas en el mundo, mostrando el mensaje de la vida (cf. 2,15); iluminando allí donde haya oscuridad y haciendo siempre el bien. La oscuridad de la falta de Dios y de una verdadera espiritualidad son una amenaza para cualquier mal, y para cualquier egoísmo; porque la oscuridad no nos deja ver el bien ni vivir como hermanos.

Por otra parte hablamos del agua, que vamos a bendecir. En la Sagrada Escritura tiene un doble significado, a veces de tempestad; pero también es un signo de purificación, es un manantial y un río del que proviene la vida, ya que sin ella nada puede sobrevivir.

Cristo es ese manantial eterno, como lo anunció a la samaritana; que nos bendice y nos reconforta, de cuyo costado abierto  brotó la sangre y agua; para que renazca la nueva vida. Justamente en el Bautismo, el Señor no sólo nos convierte en personas de luz, sino también en fuentes de las que brota el agua que limpia y que sana, a nosotros y a los demás, dándole un sentido nuevo a la existencia.

De este modo, cuando recibimos la luz y el agua de vida, en esta noche de las noches, que simbolizan la verdad y el amor; necesitamos expresarlo en el aleluya, que es también una respuesta agradecida porla Resurreccióny que cantamos repetidamente en esta vigilia y durantela Pascua.

Por la Resurrección, los símbolos manifiestan la luz que recibimos esta noche para iluminar la verdad, el agua que nos bendice y  purifica para  vivir como cristianos, y el canto del aleluya, porque el Señor nos permite cantar las maravillas de Dios. 

3. El papel decisivo de la mujer

También es oportuno destacar en los relatos del Evangelio, el  lugar de  importancia y relieve que tiene la mujer en el anuncio dela Resurrección. Másaún, podemos decir, que en la tradición en forma de  narración de la resurrección de Jesús las mujeres tienen un papel decisivo, “más aún tienen la preeminencia en comparación con los hombres” (Jesús de Nazaret, 2, pag.. 307).

Hablamos de una época en que se aceptaba solamente a los hombres como testigos ante el tribunal; sin embargo los relatos no se sienten sujetos a esta consigna, y comunican  con amplitud la experiencia el lugar cercano que tuvieron las mujeres enla Resurrecciónde Jesús (ibidem).

Así como decíamos el viernes santo, que junto a la cruz, con excepción de Juan, estaban las mujeres acompañando a Jesús así también en el Evangelio que leímos, junto al sepulcro, son ellas quienes oyen las palabras del ángel. No está aquí, ha resucitado; y en el Evangelio de San Mateo, son ellas, María Magdalena  y la otra María,  quienes fueron  de mañana al sepulcro, y después de recibir el anuncio dela Resurrección, salieron presurosas, y tuvieron el primer encuentro con el Resucitado: “Alégrense. Ellas se acercaron y abrazándoles los pies, se postraron delante de Él”.

La Virgen Maria, la  Madre de Dios y las mujeres que  aparecen en la vida de Jesús, y son referentes de tantos episodios del Evangelio, y ahora junto a la cruz y a su Resurrección  “son quienes abren las puertas al Señor, lo acompañan hasta el pie de la cruz y así lo pueden encontrar también como Resucitado”. Jesús siempre quiso y valoró inmensamente a la mujer en el camino de la fe y de la salvación, y aunque no las ordenó sacerdotes, son partícipes igualmente por el bautismo de su misión  en la vida dela Iglesia. Roguemosque siempre contemos  enla Iglesiacon la presencia de la mujer que sigue a Jesucristo, en la familia y en la maternidad, en la vida consagrada, y en tantas formas de apostolado laical y de misión. 

4. Nuestra alegría es muy grande, por su Resurrección. Pero no basta  que el Señor haya resucitado. Es necesario también, como nos dicela Cartade San Pablo que leímos, que también nosotros vivamos una vida nueva, a la que nacimos por el bautismo y que renovamos esta noche.

Por ello, en esta noche de las noches, reafirmamos nuestra fe enla Resurrecciónde Jesús, y tenemos presente las palabras dela Primeracarta de San Pedro “Ustedes lo aman sin haberlo visto y creyendo en Él, sin verlo todavía, se alegran con gozo indecible y glorioso, ya que van a recibir, como término de su fe, la salvación personal". Queremos vivir la fe, no solo un día, sino toda nuestra vida.

Confiemos enla Madredel Resucitado, que nos acompaña gozosa en este día. Ella nos ayuda siempre a comprender y a sentir que la mano salvadora del Señor nos sujeta, y por esto ya podemos cantar desde ahora el canto de los salvados, el canto nuevo de los resucitados: ¡aleluya! Así sea. 

Mons. José Luis Mollaghan, arzobispo de Rosario 


Publicado por verdenaranja @ 22:56  | Homil?as
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