Viernes, 25 de mayo de 2012

Reflexión a las lecturas del domingo de Pentecostés - B, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Pentecostés B 

En el Evangelio dela Vigiliade Pentecostés, leemos que el día más solemne de las fiestas, Jesús en pie, en el templo, gritaba: “El que tenga sed, que venga a mi; el que cree en mi, que beba. Como dicela Escritura: De sus entrañas manarán torrentes de agua viva”. Y S. Juan aclara: “Decía esto refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en Él. Todavía no se había dado el Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado”. (Jn 7,37-40). En efecto, Jesucristo por su Muerte y Resurrección, realiza la salvación del mundo, nos obtiene del Padre el don de su Espíritu y purifica al mundo entero para que el Espíritu de la santificación pueda entrar en el mundo a realizar su obra. Por eso dijo Jesús a sus discípulos: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré”. (Jn 16, 7).

         El Espíritu Santo es el Don más grande que Jesús nos ha obtenido por su Misterio Pascual. Y, resucitado de entre los muertos, se ha convertido en el dador del Espíritu. El Evangelio de este Domingo nos dice que el mismo día dela Resurrección, al atardecer, Jesús entra en el Cenáculo y, exhalando su aliento sobre los discípulos, les dice: “Recibid el Espíritu Santo”. Es como si tuviera prisa por dar a los suyos el Espíritu de Dios.  Y antes de subir al Cielo, les advierte: “No os alejéis de Jerusalén; aguardad la promesa del Padre, de la que os he hablado…” Hch1,4)  Y también “Cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”. (Hch 1,8).  Son las últimas palabras de Jesucristo en la tierra… Dicen que el Libro de los Hechos se estructura como el cumplimiento de estas palabras del Señor.

         La primera lectura de esta gran Solemnidad, nos narra el acontecimiento de Pentecostés y la transformación de los apóstoles, por la acción del Espíritu Santo,  que S. Pedro interpreta como el cumplimiento dela Profecíade Joel: “… Derramaré mi espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas, vuestros ancianos soñarán sueños y vuestros jóvenes verán visiones…” (Hch. 2,17).  Y los apóstoles, no sólo recibieron el Don del Espíritu Santo, sino también la misión de darlo a todos los discípulos de Cristo. Y cuánto interés mostraban en hacerlo, como constatamos en el mismo Libro de Los Hechos de los Apóstoles. De esta forma, el Espíritu del Señor desciende sobre nosotros en los sacramentos, especialmente, en el Bautismo, de un modo inicial, y enla Confirmaciónde un modo pleno.También recibimos el Espíritu del Cielo cuando lo invocamos. Y es importante también renovar y revivir el Don del Espíritu que, un día recibimos y que habita en nosotros.

El Obispo dice al que se confirma: “(Nombre), recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. Y el que se confirma responde: “Amén”, es decir, así lo creo, así quiero que sea, así lo acepto, así es.  Una celebración de las Confirmaciónes un acontecimiento eclesial de primer orden. Y es especialmente necesario decirlo ahora en que tantos cristianos no se confirman. En el futuro, ¿tendremos unas comunidades cristianas en las que un número considerable de sus miembros carece del Don del Espíritu Divino que se recibe enla Confirmación?

Recibir el Espíritu Santo es algo muy importante y necesario. Sin su ayuda, los apóstoles no hubieran podido llevar a cabo la misión que Cristo les confió. Y, como dice la segunda lectura, sin el Espíritu Santo no podemos decir ni hacer nada. Ni siquiera podemos decir “Jesús es Señor”. ¿Y qué es un ser humano sin espíritu? Un cadáver… Y se dice: “expiró”, es decir exhaló su espíritu, su último aliento de vida…

En la Secuencia de Pentecostés decimos al Espíritu Santo:

“Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento.

Por eso, el día dela Ascensiónoramos y nos preparamos para Pentecostés… Y hoy pedimos al Santo Espíritu que descienda sobre nosotros, sobrela Iglesia, sobre el mundo entero, porque también en nuestro tiempo, necesitamos el Don de su Espíritu… Por eso decimos al Señor en la oración colecta de esta gran Solemnidad: “Y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica”.

¡FELIZ DOMINGO!  ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 23:21  | Espiritualidad
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