Viernes, 08 de junio de 2012

Guión litúrgico para el Día de la Caridad 2012, Corpus Christi, recibido en la parroquia con los materieales para su celebración el domingo 10 de Junio.

Introducción

La Eucaristía es el núcleo de nuestra espiritualidad.

Allí se prendió una mecha de amistad y de solidaridad que no deja de crecer.
Allí se estamparon las más hermosas actitudes de servicialidad.

Allí se estableció el principio de que sólo vale el amor; y se explicaron magistralmente las cualidades del amor
verdadero, amor que no tiene medida, amor que llega hasta el final.

Allí se habló de gratuidad y se sintió la necesidad de estar unidos, evitando los peligros del aislamiento egoísta y la infidelidad.

Este es el misterio que hoy, fiesta del Corpus y Día de la Caridad, nos disponemos a celebrar.

Acto Penitencial

. Porque recibimos un derroche de gracia, pero somos egoístas y mezquinos.

-  Señor, Ten piedad

. Porque no sabemos valorar y agradecer los dones recibidos.

-  Cristo, ten piedad

. Porque nos acomodamos a una vida mediocre y nos hacemos indiferentes ante tantas injusticias.

-   Señor, ten piedad

 Lecturas

 Ex 24,3-8; Hb 9, 11-15; Me 14, 12-76.22-26

La Palabra que vamos a escuchar nos  recuerda el valor de la sangre: derramar la sangre del hermano es quitarle la vida. Dar la sangre es dar la vida. Mezclar la sangre es unir las vidas.

Fue lo que hicieron Dios y el hombre en nuestro Señor Jesucristo. Es la alianza nueva, salvadera, definitiva de la que nos habla la
Palabra en esta Eucaristía.                       

Para la homilía

1. La generosidad de Dios

Dios nos ha bendecido con toda clase de bendiciones. Es un derroche (Ef. 1,3.8) No nos cansemos de alabar y agradecerle los dones que nos concede, tanto en lo material como en lo espiritual.

"Te bendecimos, Padre Santo (. .. ) Has dado comida y bebida a los hijos de los hombres para su disfrute y para que te bendigan (. .. ) Pero a nosotros nos has dado el don de una comida y bebida espirituales y de la vida eterna, por medio de Jesús, tu siervo" (Didache X, 2-3).

Para su disfrute. Dios quiere que todos sus hijos vivan y disfruten de la vida. Pero, ¿cómo se puede disfrutar de la vida si nadie te sienta a la mesa de la creación? ¿Y cómo se puede disfrutar del banquete de la creación mientras hay algún Lázaro a tu puerta o por el suelo?

Toda la generosidad de Dios se concentra en Jesucristo y se plenifica en el Espíritu Santo.

La generosidad de Cristo

Cristo, "siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de enriqueceros con su pobreza" (2 Co 8, 9). Cristo nos lo dio todo y se nos dio del todo. Nos dio su tiempo, su palabra, su cuerpo y su sangre toda, que es toda la vida. Nos sigue dando su presencia, su palabra, su perdón, su gracia. Ríos de sangre yagua, que brotan de su corazón, llegan hasta nosotros cada día. Y aquí está, la Eucaristía, como signo de su amor desbordante y permanente. No es un amor estático, que espera ser visitado para comunicarse. Es un amor dinámico y oblativo, que se está ofreciendo y rompiendo por nosotros. Es un pan que se rompe y que espera ser comido. Es una experiencia de gozo y de fuego que nos atrae y que nos envía a incendiar el mundo.

2. La mezquindad humana

En contraste con la generosidad y gratuidad de Dios nos encontramos con la avaricia carroñera del hombre. Frente a la mano abierta de Dios se alza la mano cerrada, y aún el puño cerrado del hombre, por si acaso.

Decía S. Juan Crisóstomo: "Mientras Dios desea por todos los medios mantenernos unidos pacíficamente, nosotros tenemos las miras puestas en la mutua separación, en la usurpación de los bienes materiales, en pronunciar esas palabras glaciales: mío y tuyo. Desde ese momento empieza la lucha, desde ese instante la bajeza" (PG 62, 563)

Hoy también prevalecen las palabras glaciales: mío y tuyo en vez de nosotros y vosotros. De ahí que se rivalice ferozmente y que las desigualdades entre unos y otros lleguen a ser "abísmales" (Juan Pablo 11 SRS, 13)

"Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada.

Que no son, aunque sean ( ... ).

Que no son seres humanos, sino recursos humanos.

Que no tienen cara, sino brazos.

Que no tienen nombre, sino número"(Eduardo Galeano).

3. Soluciones eucarísticas

Compartir el pan, en vez de acapararlo. Es de justicia.

Partir el pan, en vez de conservar/o. Es caridad.

Sembrar el trigo, en vez de minas antipersonales. No más terror.

Amasar la harina con ternura y esperanza. No con un frío interés.

Cocer el pan en el horno del amor. No con el fuego de la avaricia.

Proteger a los que siembran el pan con el sudor de su frente.

Que el pan se coma en la mesa de la solidaridad y la fraternidad.

Que comas menos pan, si alguien pasa hambre.

Que se busquen los medios justos y solidarios de repartir los panes.

Que si ya no tienes panes, tú mismo te hagas pan, como Dios. 

Vivir eucarísticamente

La Eucaristía encierra en sí el germen de la recreación. La Eucaristía nos atrae y nos vivencia la comunión fraterna, pero también nos envía a sembrar esa fraternidad, con vestidos de solidaridad y de paz.

Sentarse a la mesa del Señor significa una puesta en común de nuestros dones y de nuestros corazones. Antes de comer el pan de Cristo, el discípulo ha de estar dispuesto a lavar los pies, a abrir sus manos y sus brazos, a partir el pan y hacerse pan, lo que sea necesario para que nadie quede excluido de las mesas de Dios.

Vivir eucarísticamente es optar por la fuerza misteriosa de Cristo resucitado.

Vivir eucarísticamente es contar con la fuerza liberadora del Espíritu Santo.

Vivir eucarísticamente es creer que el pan partido es un fermento de renovación de las personas, de la Iglesia y de la sociedad.

Vivir eucarísticamente es crear lazos de comunión en un mundo roto y enfrentado.

Vivir eucarísticamente es aprender a colaborar, respetando la dignidad y los derechos de cada uno, respetando los carismas y capacidades de todos ..

Vivir eucarísticamente es aprender a compartir.

Vivir eucarísticamente es aprender a servir.

Vivir eucarísticamente es optar por la gratuidad.

Vivir eucarísticamente es vivir en el amor. Pero el amor entregado como el de Cristo, que se parte y se deja comer. “El que me come vivirá por mí" (Jn 6, 57). 

Oración de los fieles

En este día del Corpus, Día de Caridad, en el que celebramos el signo del amor más grande, pedimos al Padre de la misericordia diciendo: Te lo pedimos, Padre.

Por la Iglesia, para que crezca en caridad y se manifieste como servidora del hombre, oremos.

Por todos los que se dedican a defender los derechos y la dignidad del hombre, oremos.

Por los que mueven los hilos del poder político y financiero, para que escuchen la voz de los que no tienen voz ni poder, oremos.

Por cuantos son víctimas de la injusticia y la violencia, para que sean prontamente liberados de tanto sufrimiento, oremos.

Por cuantos trabajan en Cáritas -voluntarios, contratados, directivos-, para que se renueven, siguiendo las exigencias del Evangelio y de los signos de los tiempos, oremos.

Por todos nosotros, que partimos el pan eucarístico, para que seamos testigos de un amor samaritano y servicial, oremos.

Por cuantos ofrecen su tiempo, su trabajo, su vida gratuitamente en favor de los más pobres, oremos.

Oremos: Te pedimos, Padre, que vivamos la caridad en la verdad, siendo consecuentes con lo que rezamos y celebramos, y concédenos el gozo de la gratuidad. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Publicado por verdenaranja @ 17:47  | Liturgia
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