Viernes, 22 de junio de 2012

Reflexión a las lecturas de la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Natividad de San Juan Bautista 

Un nacimiento es siempre motivo de alegría. Pero hay circunstancias que lo hacen, especialmente, alegre… Normalmente, no se celebra el nacimiento de los santos, sino el día de su muerte que es su “díes natalis”, su nacimiento para el Cielo…  Lo comprendemos bien si analizamos las circunstancias que rodearon este acontecimiento. Nos extraña tal vez la insistencia en ponerle el nombre de Juan. Pero los nombres en Israel tienen mucha importancia. Incluso, a veces, señalan la misión de la misma persona. Así, el nombre de Juan significa “Dios es misericordioso” o también “Dios hace gracia o favor”. De esta forma, Juan significa don de Dios, favor de Dios, misericordia de Dios.

         Y con la venida de Juan Dios hace misericordia, gracia y favor:

+ A aquella familia, en la que Zacarías e Isabel no podían tener hijos.
+ Al pueblo de Israel, que esperaba ardientemente el Mesías
+ A la humanidad entera, necesitada de un Salvador.

Como todo ser humano, Juan nace con una vocación. Y la vocación del Bautista consiste en:

+ Preparar los caminos del Señor, un pueblo bien dispuesto para su Venida.
+ Señalarle presente entre los hombres.

¡Y qué bien cumplió Juan el Bautista su misión! ¿Comprendemos mejor ahora la necesidad de llamarle Juan? Y en S. Juan descubre la Iglesia entera, cada cristiano, su propia vocación y misión:

+ Señalar a Cristo presente entre los hombres.
+ Preparar caminos para que todos podamos reconocerle como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, como el Mesías, el que tenía que venir, sin que tengamos la tentación de esperar o de buscar a otro.

De modo que todos podamos gozarnos en la salvación de Dios que comenzada en la tierra, no termina jamás… No en vano, en la oración colecta, le pedimos al Señor que conceda a su familia el don de la alegría espiritual y dirija los pasos de sus hijos por el camino de la salvación y de la paz. Por lo demás, la Fiesta del Nacimiento de Juan está rodeada de ritos, tradiciones, costumbres ancestrales, algunas de origen pagano, y se celebra como una fiesta en torno a la luz. No en vano nos encontramos en el solsticio de verano cuando los días crecen y las noches son más cortas.

Esta gran solemnidad es anuncio y profecía de la Navidad, que se celebra en el solsticio del invierno, en que celebramos el Nacimiento del Señor como Sol que brilla en lo alto y que se encarnó por obra del Espíritu Santo para trasladarnos del reino de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia.

La liturgia nos presenta tres hechos muy relacionados y sincronizados: La Encarnación del Señor (25 de Marzo), nueve meses antes de la Navidad, el Nacimiento de Juan el Bautista (seis meses antes del nacimiento del Señor, como había dicho el ángel a la Virgen María (24 de Junio) y el mismo Nacimiento del Señor (25 de Diciembre) Y si se quiere se puede aludir también al nacimiento de la Virgen María (8 de Septiembre) que, en palabras de Juan Pablo II, es como la luz de la aurora que anticipa y anuncia la luz del sol.

Cómo recordamos aquí las exhortaciones de S. Pablo a ser y a vivir como hijos de la luz, e hijos del Día, “porque no lo sois de la noche ni de las tinieblas” (1Tes 5,5).


Publicado por verdenaranja @ 22:45  | Espiritualidad
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