Martes, 14 de agosto de 2012

Palabras introductorias del párroco al programa de las Fiestas Patronales a Ntra. Sra. de La Esperanza 2012 en el municipio de La Guancha.

LA ESPERANZA, ANCLA DE SALVACIÓN

Estimados feligreses

En la bella imagen de Ntra. Sra. de la Esperanza que se venera en nuestro templo, la Santísima Virgen tiene en una mano a su Hijo y en la otra un ancla. ¿Qué significa el ancla colgando de la mano de María?  Es una pregunta  que muchas veces  he escuchado durante estos largos años de permanencia entre vosotros.

El ancla es un instrumento náutico que permite a un barco fijar su posición en el mar sin tener que preocuparse de la corriente, oponiéndose a la fuerza de la marea. El ancla ha sido considerada desde la antigüedad como un símbolo de seguridad. Este instrumento, indispensable en la navegación, puede parecer en tiempos de bonanza un objeto inútil y un peso muerto en la carga del navío. Sin embargo, su presencia en cubierta garantiza la estabilidad de la barca e infunde a los marineros la confianza necesaria para proseguir la navegación y para realizar las faenas de la pesca.

He aquí que la iconografía católica representa la Esperanza con un ancla, siguiendo lo dispuesto en la Carta a  los Hebreos, que nos dice que «tenemos como segura y sólida un ancla de nuestra alma, que penetra hasta más allá del velo del santuario, donde entró por nosotros como precursor Jesús» (Hb 6, 17-20). El fundamento de esta esperanza es precisamente el hecho de que «en estos últimos tiempos Dios nos ha hablado por medio del Hijo».  El ancla representa ese objeto con el que nos aferramos a la esperanza de la salvación. Los cristianos al adoptar el ancla como un símbolo de esperanza en una existencia futura, simplemente dieron un nuevo y superior significado a un emblema que les era familiar. Es un símbolo a través del que se expresa que la esperanza es seguridad para la frágil barca de la Iglesia. Cristo es la esperanza que nunca falla para aquellos que creen en Él. El don del Hijo es prenda y garantía de todo y, en primer lugar, de la vida eterna. Si el Hijo es «heredero de todo»  (Hb 1,2), nosotros somos sus «coherederos» (Rm 8,17).

Volvamos a nuestra imagen de  la Esperanza: Nos muestra en sus manos el Niño y el ancla. Nos está diciendo: Nuestra esperanza, Jesús, es ancla de salvación. Nosotros imploramos a María como «esperanza nuestra», porque nos ha mostrado a Jesús y transmitido las grandezas que Dios ha hecho y hace con la humanidad. Así ha visto a María la Iglesia de todos los tiempos, que la alaba por habernos dado a Jesús, y se confía a ella por ser la Madre que su Hijo nos dejó desde la cruz.

¡Qué bellas palabras escribió San Bernardo para  los momentos de prueba!   “En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres, piensa en María, invoca a María. Ella no se aleje nunca de tus labios, no se aleje nunca de tu corazón; y para que tú obtengas el auxilio de su oración, no te olvides nunca el ejemplo de su vida. Si tú la sigues, no puedes desviarte; si le rezas, no puedes desesperarte; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si Ella te sostiene, no caes; si Ella te protege, no tienes qué temer; si Ella te guía, no te cansas; si Ella te es propicia, llegarás a la meta…”

Durante las fiestas de este año 2012  seremos convocados a participar en diversos actos y tendremos de nuevo la oportunidad de dar gracias a Dios por María “esperanza nuestra”.

Sebastián García Martín


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