S?bado, 22 de septiembre de 2012

Homilía de monseñor Martín De Elizalde OSB, obispo Nueve de Julio, en la ordenación presbiteral de Francisco Pérez Cadierno (Trenque Lauquen, 15 de septiembre de 2012) (AICA)

Querido Francisco, que vas a ser ordenado presbítero en esta celebración,
queridos hermanos y hermanas, sacerdotes, diáconos, seminaristas,
religiosos y religiosas, fieles todos de la comunidad diocesana y parroquial:

Nos encontramos reunidos, celebrando la solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores, titular de la parroquia y patrona de la comunidad de Trenque Lauquen, con un motivo especial que da a nuestro encuentro en la Eucaristía una resonancia y un relieve distintos. Es algo infrecuente, es verdad, pero que tiene una coherencia profunda con nuestra vida cristiana. Celebramos a la Santísima Virgen en su fiesta, lo hacemos con su pueblo, que se honra al tenerla por Patrona y particular protectora, y tenemos el gozo de ordenar para el presbiterado a un hijo de esta parroquia, Francisco Pérez Cadierno. En una palabra, celebramos la fiesta de la mejor de las maneras posibles: nuestro culto reverente, agradecido, suplicante a Dios Nuestro Señor, que se eleva por la intercesión de la Madre del Salvador, es enriquecido con la ordenación sacerdotal de Francisco. La comunidad que celebra es la que acompaña hoy a quien, respondiendo al llamado divino, se ofrece para asociarse a la obra redentora de Jesucristo. Una comunidad, como esta de Trenque Lauquen, que ha tenido la gracia de ser pastoreada por sacerdotes virtuosos, generosos, sacrificados, ¿de qué manera podría celebrar mejor su vínculo de amor con Dios, en la fiesta patronal que es la manifestación de su fe y de su comunión, sino con la ordenación de uno de los suyos? Porque la generosidad de Dios para con ustedes, queridos hermanos, reclama una respuesta generosa de su parte; al don del Señor Resucitado, con la vida que les entrega, no ha faltado quienes respondan a la llamada al ministerio, como lo han hecho con generosidad otros hermanos suyos, y lo hace hoy Francisco. Esto compromete la oración y el testimonio de los fieles de esta parroquia, para que rueguen por sus sacerdotes, ayuden apostólicamente a la evangelización que se realiza por su ministerio, pidan por las vocaciones sacerdotales, diaconales y a la vida consagrada.

¿Qué es el sacerdote para la Iglesia?
La parte central del rito de la ordenación consiste en tres acciones, muy significativas: primero, la imposición de manos del obispo, en silencio, que indica la continuidad del ministerio sacerdotal desde su institución por el Señor Jesús en la última Cena, estableciendo colaboradores para quienes conforman el orden episcopal, los sucesores de los apóstoles. A este gesto se asocian los presbíteros presentes. Luego, la plegaria de ordenación, muy solemne, que desarrolla en forma de oración dirigida al Padre celestial la teología del sacerdocio, relacionándolo con sus antecedentes en el Antiguo Testamento, y pidiéndole que sea ejercido santamente por quien será ordenado. En fin, la unción de sus manos con el santo Crisma, el óleo consagrado, que lo configura con Cristo Sacerdote.

La hermosísima plegaria de ordenación describe los antecedentes del sacerdocio cristiano en la organización del pueblo de Israel hecha por Moisés, separando a los levitas para la atención del culto y el ofrecimiento de los sacrificios. Pero Jesús, “Apóstol y Pontífice de la fe que profesamos”, hecho sacrificio él mismo, hizo partícipes de su misión a los apóstoles, y les dio colaboradores “para anunciar y realizar por el mundo entero la obra de la salvación”. Para estos colaboradores del obispo se pide que la ordenación renueve “en su corazón el espíritu de santidad” y reciban “el segundo grado del ministerio sacerdotal”. Es una misión en comunión con el obispo y por él con la Iglesia, en cumplimiento del mandato divino de difundir el Evangelio en todo el mundo hasta el fin de los tiempos; es misión de santificar, acompañando la vida de los hombres por los sacramentos y la Palabra, para que lleguen al cielo prometido.

¿Qué es el sacerdote para la comunidad?
El sacerdote está asociado como colaborador al Orden de los obispos, y recibe la misión de predicar el Evangelio, ser dispensador de los misterios de la salvación, los sacramentos, a favor del pueblo: bautizar, celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados y confortar a los enfermos, orar asiduamente por el pueblo confiado a él y por todo el mundo, para que los hombres alcancen la plenitud del Reino celestial. El sacerdote hace presente a Cristo, no por sus méritos personales o sus dotes espirituales o humanas, sino en virtud de la identificación con Él obrada en el sacramento de la ordenación, “para santificar al pueblo cristiano y para ofrecer a Dios el sacrificio” – como dice el obispo en el momento de la unción de las manos. Esta tarea, que los fieles aprecian y agradecen, requiere siempre espíritu de servicio, dedicación generosa, desprendimiento, olvido de sí, mansedumbre, paciencia, agudeza y creatividad pastoral, como lo hicieron santos sacerdotes de todos los tiempos, y algunos muy cercanos a nosotros.

¿Qué es el sacerdote para el mismo sacerdote?
Querido Francisco: al entregar el cáliz y la patena, con el pan y el vino del sacrificio – que es la ofrenda del pueblo santo -, se dice al neosacerdote: “Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras, y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”. Es todo un programa de vida, que da cumplimiento a partir de una llamada especial, como es el sacerdocio, a la conversión que se realizó en el Bautismo, y te pone para siempre al servicio de Cristo en su Iglesia. Debes hacerlo presente entre los hombres, con la palabra y la acción, pero también con el testimonio de tu vida y con un ardor de santidad que debes pedir siempre a Dios, para que encuentres allí la inspiración y el aliento para el ministerio que te será confiado.

Y por último ¿cuál es la meta, cuál el premio, del sacerdocio santamente vivido?
Tu camino hacia el sacerdocio, Francisco, ha conocido el acompañamiento y el ejemplo del tan recordado Padre Pedro, aquí en Trenque Lauquen, y así pudiste canalizar cuanto recibiste en tu hogar, profundamente cristiano, en tu educación, tanto en esta comunidad como en el seminario, y más recientemente en las actividades pastorales como lector y acólito, y finalmente como diácono en las parroquia de Lincoln donde has estado destinado. Quienes te aportaron de este modo lo que tienes están esperanzados que lo sabrás hacer fructificar, y que ello será una bendición para quienes tendrás que asistir en tu ministerio futuro. Es lo que Dios espera de cada sacerdote. La alegría del pastor es la santidad de sus ovejas, su consuelo, la comunión de la Iglesia, su esperanza, el cumplimiento de las promesas de vida eterna, de modo que todas las tareas y actividades que realizamos van colaborando en la construcción invisible del templo espiritual. Por eso, esta Iglesia de Nueve de Julio que espera mucho de tu dedicación en el ministerio, desea sobre todo que en el progreso de la acción pastoral y de las responsabilidades crezca siempre, y se haga más profunda y arraigada, la entrega de tu corazón y de tu servicio a Cristo y a tus hermanos.

Nuestra Señora de los Dolores, que nunca fue tan madre de su Hijo como en esta actitud que hoy evoca la liturgia de la Iglesia: serena al pie de la cruz, te acompañe con su intercesión. Sea ella tu amparo y tu alegría, tu fuerza y tu consuelo, en la misión exaltante, pero exigente también, de ser sacerdote de Cristo.

Mons. Martín De Elizalde OSB, obispo Nueve de Julio


Publicado por verdenaranja @ 23:18  | Homil?as
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