Jueves, 18 de octubre de 2012

Guión litúrgico para el Domund 2012, que se celebrará el 21 de octubre, , publicado en la revista misionera ILUMINARE, Nº 386 - OCTUBRE 2012, recibida en la parroquia con los materiales para su celebración.

Monición de entrada

La misa de cada domingo nos convoca a la comunidad cristiana para celebrar la entrega de Jesús por cada uno de los hijos de Dios, ya que –como escuchamos en el Evangelio de la liturgia de hoy– “el hijo del hombre ha venido para dar su vida en rescate por todos”.

Por eso mismo, cada celebración es una llamada que Jesús nos hace para que su salvación llegue a todos los hombres. Ser cristiano es ser testigo y ser misionero, para que la fe en Jesucristo se difunda y alcance a todas las personas y pueblos.

En este domingo, en que celebramos la Jornada Mundial de las Misiones, la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe nos invita a fijarnos en los misioneros que, en el mundo entero, son testigos privilegiados y mensajeros de la fuerza del Evangelio; ellos son “Misioneros de la fe”, como reza el lema de este DOMUND.

En este Año de la Fe convocado por el Papa Benedicto XVI y que acaba de comenzar, estamos invitados a ser nosotros mismos “misioneros de la fe”. Así se lo pedimos al Señor para nosotros y para toda la Iglesia.

Acto penitencial

Dios ha enviado a su Hijo Jesucristo a dar su vida en rescate de todos sus hijos de adopción; por eso invocamos su misericordia con confianza:

· Tú, que no has venido a ser servido sino a servir. Señor, ten piedad.

· Tú, que das la vida por todos. Cristo, ten piedad.

· Tú, que nos envías a ser “misioneros de la fe”. Señor, ten piedad.

Sugerencias para la homilía

· La lectura del profeta Isaías describe una figura llena de enigmas: la del “siervo” que voluntariamente se ofrece a Dios para cumplir su plan de salvación y, por medio de su propio sufrimiento, manifestar a todos la gracia divina. El “siervo” se asocia a la culpa en que todos han caído, pero por su inocencia y su justicia ante Dios, la expía y la borra.

· El alcance de este misterio solamente puede ser plenamente comprendido a la luz del Nuevo Testamento. En el salmo pedimos: “Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti”; es el grito que sale de la boca del hombre que gime bajo el peso de sus culpas y que sabe que solamente Dios puede librarle de la situación de angustia en que vive por causa de su pecado. Sin embargo, muchas veces nuestras mismas culpas nos impiden descubrir la profundidad de la misericordia de Dios, e incluso algunos dejan de esperar en su gracia y su perdón. Cristo se entrega “por todos” (Evangelio) y la universalidad de su salvación es fuente de vida y esperanza en cualquier situación, por desesperada que parezca a los ojos de los hombres.

· Es más, Cristo es el gran sumo sacerdote “que ha atravesado el cielo” (2.ª lectura). Jesús va a la pasión “voluntariamente aceptada” (Plegaria Eucarística II) para que el hombre conciba en su corazón la esperanza de que Él siempre se compadece de nosotros, porque “ha sido probado en todo, como nosotros”; así nos introduce ante “el trono de gracia” para alcanzar siempre misericordia de parte de Dios.

· El pasaje del Evangelio muestra claramente cuánto nos cuesta entrar en este misterio de la gracia misericordiosa y salvadora de Dios. Los discípulos no comprenden la misión de Jesús y están demasiado preocupados por alcanzar grandeza y poder según los criterios del mundo. Jesús no se escandaliza ni se lo recrimina en modo alguno: les ofrece la cordial invitación a “beber su cáliz” y a participar de “su bautismo”. Es la misma invitación que nos dirige a nosotros, sus discípulos de hoy en día, a que comprendamos que la grandeza está en el servicio.

· Solo la fe puede captar este misterio, y la fuerza que nos da el “mantenernos firmes” en ella transforma nuestras vidas y nuestro mundo. Manteniéndose firme en la fe es como el cristiano participa del sacerdocio de Cristo, porque hace de su vida una entrega total; entrega que es “sacerdotal”, al ofrecerse a sí mismo a Dios y dar testimonio de Cristo con su vida, lo que también implica dar razón de su esperanza (cf. LG 10). Como dice el Papa en su Mensaje para esta Jornada: “La fe es un don que se nos ha dado para ser compartido. [...] Es el don más importante que se nos ha dado en nuestra existencia y que no podemos guardarnos para nosotros mismos”.

· La cambiante situación del mundo nos exige creatividad para proponer el Evangelio, como el Papa expresa en su Mensaje: “La cooperación misionera se debe ampliar hoy con nuevas formas para incluir no solo la ayuda económica, sino también la participación directa en la evangelización. [...] La celebración del Año de la Fe y elSínodo de los Obispos sobre la nueva evangelización serán ocasiones propicias para un nuevo impulso de la cooperación misionera, sobre todo en esta segunda dimensión”.

Oración de los fieles

Cristo nos abre el acceso confiado a la presencia de Dios; por eso presentamos a nuestro Padre nuestra oración confiada:

· Por el Papa y la Iglesia universal, para que manifiesten con su misión el valor de la vida de Cristo, entregada “por todos”, y fomenten la misión ad gentes. Roguemos al Señor.

· Por los obispos, sacerdotes y todos los agentes de pastoral, para que cuiden de la fe del pueblo de Dios y siembren en él la preocupación por la evangelización. Roguemos al Señor.

· Por la Asamblea del Sínodo de los Obispos, para que la nueva evangelización dé frutos de renovación eclesial y aumente el impulso misionero. Roguemos al Señor.

· Por los misioneros y misioneras en todo el mundo, que con su vida y palabra manifiestan la caridad de Cristo por todos los hombres y pueblos, para que se mantengan firmes en la fe. Roguemos al Señor.

· Por los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, para que la fe en Cristo les lleve a ofrecer sus sufrimientos por la salvación del mundo. Roguemos al Señor.

· Por todos nosotros, para que la escucha de la palabra de Dios y la celebración de la eucaristía nos hagan verdaderos “misioneros de la fe”. Roguemos al Señor.

Acoge, Padre de bondad, las peticiones que te presentamos por medio de tu Hijo Jesucristo, que vive para siempre e intercede por nosotros. Por el mismo Cristo, nuestro Señor.

Monición al ofertorio

La Jornada Mundial de las Misiones nos ofrece la oportunidad de hacer la ofrenda de los dones que van a servir para la celebración eucarística –el pan y el vino–, con la conciencia de que, al igual que Cristo se ofrece por nosotros, nosotros en estos dones nos ofrecemos a Cristo y a los demás. Cristo sacerdote nos hace partícipes de su sacerdocio y su misión.

Al mismo tiempo, llevamos ante el altar la colecta que se acaba de realizar con motivo del DOMUND, como plasmación de nuestro compromiso, en esta Jornada y siempre, para que la fe en Jesucristo se difunda, arraigue e irradie en todo el mundo por medio de los misioneros.

Liturgia / Domund 2012 Obras Misionales Pontificias
Juan Martínez Sáez, fmvd. Colaborador de las Obras Misionales Pontificias


Publicado por verdenaranja @ 11:51  | Liturgia
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