Mi?rcoles, 30 de enero de 2013

Subsidio litúrgico para  JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO 2013 enviado por delegación diocesana de Pastoral de la Salud.

CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

10 de febrero de 2013

 MONICIÓN DE ENTRADA 

Queridos hermanos:

La preocupación de la Iglesia  por el mundo de los que sufren y sus familiares, por los agentes sanitarios, por los agentes pastorales así como por los voluntarios encuentra su expresión este año en el tema que ha elegido el Santo Padre Benedicto XVI para la Jornada Mundial del Enfermo: “Anda y haz tú lo mismo” (Lc. 10,37).

Palabras antiguas, pero siempre actuales, las que Jesús dirige a su interlocutor. La parábola evangélica no pierde nunca su comprometedora actualidad, sobre todo para quienes viven en su carne el misterio del dolor y de la soledad, y que encuentran en su camino personas que han respondido positivamente a la invitación de Jesús: “Anda y haz tú lo mismo”, haciéndose así continuadores y testigos de Aquel que en primer lugar y para todos es el Buen Samaritano, que venda las heridas del cuerpo y del espíritu con el consuelo que brota de la cercanía, de una participación atenta y presurosa en el dolor ajeno, que infunden paz, serenidad y esperanza. 

ENVÍO DE AGENTES DE PASTORAL DE LA SALUD 

La misión de atender a los enfermos forma parte indispensable de la tarea encomendada por Jesús a su Iglesia, como cauce por el cual llega hasta ellos la Buena Noticia del Evangelio. Para llevar a cabo esta tarea, el Señor elige a miembros de su pueblo y los envía con esta misión a confortar, consolar y acompañar a quienes atraviesan por la circunstancia de la enfermedad propia o de un ser querido.

Vamos a proceder a continuación a la presentación y envío de los miembros de nuestra parroquia que se sienten llamados por Dios a desempeñar este valioso servicio. 

(A continuación se nombra a los miembros del equipo de Pastoral de la Salud y se van colocando delante del altar) 

Queridos hermanos: el vuestro es un servicio que nos corresponde realizar a todos los discípulos de Jesucristo, que hemos de descubrir la presencia del Señor en toda persona que sufre en su cuerpo o en su espíritu.

Sin embargo, vosotros, como miembros del equipo parroquial de Pastoral de la Salud, asumís este compromiso con una exigencia mayor. Vais a prestar una valiosa colaboración a la misión caritativa de la Iglesia y, en consecuencia, vais a trabajar en su nombre, abriendo a todos los hombres los caminos del amor cristiano y de la fraternidad universal.

Cuando realicéis vuestra tarea, procurad actuar siempre movidos por el Espíritu del Señor, es decir, por un verdadero amor de caridad sobrenatural. De este modo seréis reconocidos como auténticos discípulos de Cristo. 

(El sacerdote, con las manos extendidas sobre ellos, pronuncia la siguiente oración de bendición) 

Oremos: 

Oh Dios, que derramas en nuestros corazones, por el Espíritu Santo, el don de la caridad, bendice + a estos hermanos nuestros, para que, practicando la caridad en la visita y atención de los enfermos, contribuyan a hacer presente a tu Iglesia en el mundo, como un sacramento de unidad y de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Ahora, queridos hermanos, para mostrar vuestra disponibilidad a prestar este servicio en nuestra comunidad parroquial, os invito a recitar juntos esta oración que tenéis en vuestras manos, pidiendo la ayuda de Dios para llevar a cabo la misión que habéis recibido. 

(Todos juntos recitan en voz alta la siguiente oración)

  

Señor, no quiero pasar de lejos
ante el hombre herido en el camino de la vida.
Quiero acercarme y contagiarme de tu compasión
para expresar tu ternura,
para ofrecer el aceite que cura heridas,
el vino que recrea y enamora.

Tú, Jesús, buen samaritano,
acércate a mí,
como hiciste siempre.

Sí, acércate a mí, buen samaritano;
llévame en tus hombros, pues soy oveja perdida;
carga con todas mis caídas,
ayúdame en todas mis tribulaciones,
hazte presente en todas mis horas bajas.

Ven, buen samaritano,
y hazme a mí tener tus mismos sentimientos,
para no dar nunca ningún rodeo
ante el hermano que sufre,
sino hacerme compañero de sus caminos,
amigo de sus soledades, cercano a sus dolencias,
para ser, como Tú, "ilimitadamente bueno"
y pasar por el mundo "haciendo el bien"
y "curando las dolencias".

Amén.

 (Terminada la oración, se retiran a su lugar y continúa la celebración con el Credo y la oración de los fieles)

 

ORACIÓN DE LOS FIELES 

Pidamos al Señor la gracia de imitarle como buenos samaritanos que se acercan y ayudan a quienes atraviesan por la dura experiencia de la enfermedad. Oremos y digamos: Jesús, Buen Samaritano, escúchanos. 

- Señor, en la escuela del Buen Samaritano, enséñanos a aliviar, a vendar y a cuidar las heridas del cuerpo y del espíritu, y que nuestra cercanía respete siempre a quien sufre, respete siempre la dignidad del otro; oremos. 

- Señor, cuando nos sintamos abandonados y solos en el camino, envíanos buenos samaritanos que sean un apoyo en nuestro dolor, para que descubramos juntos el valor de la vida, oremos. 

- Señor, danos unos ojos atentos y un corazón sensible, para que nos demos cuenta de las verdaderas necesidades de los hermanos, y que en ese mutuo mirarnos percibamos que el yo y el tú se funden en un “nosotros”, rico en promesas de vida, oremos. 

- Señor Jesús, que nos has dicho que no hay amor más grande que el de dar la propia vida, nosotros sufrimos y hacemos ofrendas por nuestros hermanos, ayúdanos a intercambiarnos la vida, en una donación recíproca que tiene en ti la fuente, oremos.

Dios Padre todopoderoso, aumenta en nosotros la fe como raíz de todo amor verdadero al hombre y concédenos, a imitación de tu Hijo, curar las heridas de nuestros hermanos enfermos con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


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