Jueves, 28 de febrero de 2013

DOMINGO III DE CUARESMA C

 MONICIONES                

PRIMERA LECTURA

Durante los domingos de Cuaresma recordamos en la primera Lectura los grandes acontecimientos de la Historia del pueblo de Israel. Hoy se nos narra cómo Dios elige a Moisés para salvar a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Escuchemos con atención.

 

SALMO

          El salmo 102 es un canto de acción de gracias por los favores divinos. Esta es hoy nuestra respuesta a la Palabra  del Señor que nos llama a la libertad y a la vida como llamó a los israelitas para sacarlos de la esclavitud de Egipto.

 

SEGUNDA LECTURA

          S. Pablo nos pone el ejemplo del pueblo de Israel, peregrino en el desierto, para prevenirnos del peligro de desagradar al Señor.        

 

TERCERA LECTURA

          En el Evangelio Jesús nos urge a la conversión y a dar fruto abundante. Aclamémosle cantando.

 

COMUNIÓN

          Sin alimentarnos no podemos dar fruto pero, al mismo tiempo, alimentarnos es una exigencia de dar fruto.

          Es lo que debemos pensar y pedir en este momento en que Jesucristo el Señor se nos ofrece como nuestra comida en este camino de conversión hacia las fiestas de Pascua.


Publicado por verdenaranja @ 23:00  | Liturgia
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Con ocasión de la Jornada día de Hispanoamérica el Card. Marc Ouellet, Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina, ha enviado un mensaje que invita a renovar el compromiso misionero, en este Año de la fe. se celebrará el próximo 3 de marzo en España bajo el lema "América, puerta abierta a la misión".

MENSAJE CON MOTIVO DEL DÍA DE HISPANOAMÉRICA
EN LAS DIÓCESIS DE ESPAÑA

Domingo 3 de marzo de 2013

«América, puerta abierta a la misión»

La tradicional cita anual, que desde 1959 convoca a todas las diócesis de España para celebrar el Día de Hispanoamérica, tendrá lugar el domingo 3 de marzo de 2013, bajo el lema: «América, puerta abierta a la misión».

Esta jornada, que ayuda a mantener vivos los vínculos de solidaridad, comunión y colaboración evangelizadora entre España y América, se realiza en el 2013 en pleno decurso del Año de la fe, convocado por S.S. Benedicto XVI e inaugurado con la celebración eucarística presidida por el Papa, en San Pedro, el 14 de octubre pasado. La carta apostólica de convocación de este año de gracia se llama precisamente Porta fidei: «“La puerta de la fe” (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de la comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, que está siempre abierta para nosotros» (cf. PF, 1). El Año de la fe plantea «la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo del encuentro con Cristo» (PF, 2) y de confesarla «con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza» (PF, 9). La puerta de la fe nos trae a la memoria aquella invitación urgida del beato Juan Pablo II en la inauguración de su pontificado: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid, y aún de par en par, las puertas a Cristo! A su salvadora potestad abrid los confines de los Estados, los sistemas económicos al igual que los políticos, los amplios campos de cultura, de civilización, de desarrollo» (Roma, 22 de octubre de 1978).

La expresión «Puerta de la fe» recuerda también las enseñanzas que Juan Pablo II nos dejó hace 15 años en la exhortación apostólica Ecclesia in America. Ante un mundo roto y desorientado, ante una situación en la que las gentes están abandonando la fe «es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es comunión… Esta comunión, existente en la Iglesia y esencial a su naturaleza, debe manifestarse a través de signos concretos» (n. 33). Entre otros signos destaca con admirable atractivo la cooperación entre las Iglesias de España y las de América Latina. Desde el Evangelio se entiende la apertura de esta «Puerta de la fe» por la que entran nuevos evangelizadores procedentes de otros lugares como lo hicieron los Apóstoles después de Pentecostés, y por la que salen discípulos misioneros a proclamar por el mundo la Buena Nueva del Evangelio.

América, puerta de entrada para misioneros venidos de fuera

«El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad» (PF, 14). El grito paulino «Caritas Christi urget nos» (2 Cor 5, 14), recogido y glosado por S.S Benedicto XVI, es una irrenunciable interpelación al compromiso misionero. Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Este amor es el que movió a los Apóstoles a salir de su tierra y extender el Evangelio por el mundo entero. También hoy como ayer, Él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. PF, 7). ¿Acaso no recordamos que «la fe se fortalece dándola» (RM, 2). «La fe crece —nos enseña Benedicto XVI en Porta fidei, 7— cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo». En efecto, «la misión renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones» (RM, 2).

Este impulso misionero siempre ha sido, y sigue siéndolo, el mejor indicador de la vitalidad de fe de la Iglesia y de sus comunidades cristianas. «La misión de la Iglesia es «anunciar el Reino de Cristo y de Dios, establecerlo en medio de las gentes; [la Iglesia] constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino» (LG, 5). Porque el Reino de Dios no es un concepto, una doctrina o un programa sujeto a libre elaboración, sino que es ante todo una persona que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen del Dios invisible, inseparable de la persona de Jesús e inseparable de la Iglesia. Así, la misión de la Iglesia está llamada a ser por una parte sacramento, signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano, es decir, es signo e instrumento del Reino; por eso está llamada a anunciarlo y a instaurarlo. Pero por otra, a ser ella misma «reino de Cristo, presente ya en el misterio» (LG, 3), constituyéndose en germen e inicio del Reino de Cristo y de Dios.

Fue esa misma vitalidad la que llevó al Nuevo Mundo una legión de misioneros, que defendieron la dignidad de los indígenas y les transmitieron el don más precioso, la fe en Jesucristo, el Verbo de Dios hecho hombre, salvador del hombre. Fue entonces tan honda la inculturación de la fe en la gestación de los pueblos americanos que, aún hoy día, más del 80% de sus gentes están bautizadas en la Iglesia católica. Fue también por el ímpetu misionero que la fe suscitaba y alimentaba por el que millares de sacerdotes diocesanos, de religiosos y religiosas, y laicos cooperadores de toda España, han proseguido hasta la actualidad ese empeño misionero, conmovidos por la gracia de anunciar las inescrutables riquezas de Cristo (cf. Ef 3, 8).

De los misioneros llegados a las fronteras de América Latina cabe destacar aquellos sacerdotes diocesanos que, acogidos al servicio de la Obra de Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA) de la Conferencia Episcopal Española, dejaron su tierra y partieron para cooperar con aquellas Iglesias más necesitadas. Motivo por el que Juan Pablo II, en el 50 aniversario del nacimiento de esta iniciativa, manifestaba su deseo de unirse «a la acción de gracias al Señor por los más de dos mil sacerdotes de las diócesis españolas que han dedicado buena parte de su vida a colaborar con otras Iglesias hermanas, movidos ante todo por la fuerza de su fe en Cristo, cuya novedad y riqueza no pueden esconder ni conservar para sí (cf. RM, 11), así como por el aliento y la solicitud pastoral de sus obispos, conscientes de su responsabilidad común respecto a la Iglesia universal (cf. LG, 23; OT, 10)».

Actualmente, los misioneros españoles siguen encontrando las puertas abiertas para la misión en América Latina. De las Iglesias locales de España cada año salen nuevas vocaciones misioneras para colaborar con aquellas que aún están en proceso de formación. Hecho que nos ha de mover a una continua acción de gracias a Dios y a las comunidades cristianas que los envían. Cada año parten para aquellas Iglesias nuevos misioneros religiosos y religiosas, sacerdotes y laicos para anunciar el Evangelio. Entre ellos también sacerdotes diocesanos que, sin perder su incardinación en la Iglesia de origen, hacen visible la universalidad de las Iglesias locales al vivir el ministerio sacerdotal en otras zonas pastorales más necesitadas y aún en procesos de iniciación cristiana. No dudamos, pues, que no faltarán hoy ni mañana muchos otros misioneros disponibles para dar testimonio de su condición de discípulos en los pueblos americanos, para alimentar la fe de los hermanos al otro lado del océano, mientras que, a la vez, se produce un enriquecimiento de las comunidades que los envían.

Nuevo ardor de la evangelización: la conversión pastoral

El documento Instrumentum laboris, del XIII Sínodo de Obispos, dejaba claro en su prefacio que es «urgente, hoy más que nunca, la actividad misionera de la Iglesia, considerando el alto número de personas que no conocen a Jesucristo, no solo en tierras lejanas, sino también en los países de antigua evangelización». Esta solicitud por la evangelización en buena medida depende del renovado dinamismo misionero de las comunidades cristianas. Compromiso misionero que la Iglesia en América ha asumido con el proyecto evangelizador de la Misión Continental, proclamado desde la v Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (mayo de 2007) e iniciado a partir de la clausura del Congreso Americano Misionero en Quito (agosto de 2008).

La reciente Asamblea general del Sínodo de los Obispos, reunida para examinar el tema de «La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana» ha reforzado este compromiso misionero. América Latina necesita una nueva evangelización ante la realidad del cambio tan profundo que se está operando en el interior de la sociedad americana. Su intenso crecimiento económico ha incrementado sus clases medias, ha visto nuevos sectores populares emergentes, ha puesto en ebullición comunidades y pueblos indígenas, ha desarrollado nuevos areópagos en los campos de la política, de las universidades, de los medios de comunicación social. Quedan, a la vez, muchos sectores marginados, excluidos, y los rostros de la pobreza y del sufrimiento se encuentran en las periferias miserables de las grandes ciudades, en los ancianos solos, en las mujeres abandonadas, en los inmigrantes sometidos a toda clase de violencia, en las cada vez más numerosas víctimas del alcohol y las drogas, en los atentados por las redes de delincuencia y violencia. La cultura global del relativismo y del hedonismo penetra también la realidad latinoamericana por doquier, erosiona la religiosidad popular, atenta contra la institución familiar y la cultura de la vida y deja a los jóvenes desconcertados, muchas veces huérfanos de padres, maestros, educadores. Todos estos son ámbitos humanos interpelantes que nos quieren poner en camino para pasar por la puerta que nos lleva a la misión en América y para colaborar en abrir a Cristo las puertas del corazón de los latinoamericanos.

Para ello la Iglesia en América Latina ha asumido como principal compromiso misionero la conversión pastoral. Esta toma de conciencia arranca de la conversión personal, entendida como la aceptación de la llegada del Reino de Dios y el compromiso de incorporarse como discípulos de Cristo para darlo a conocer al mundo. Conversión pastoral, tanto de las personas como de las estructuras de la Iglesia. Este «estado permanente de misión» implica una gran disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales, teniendo como principio constitutivo la espiritualidad de la comunión y la audacia misionera.

En sintonía con el mensaje de la exhortación apostólica Ecclesia in America, la Comisión Pontificia para América Latina y los Caballeros de Colón han realizado en el Vaticano del 9 al 12 de diciembre de 2012, un importante Congreso para suscitar un compromiso mayor por la nueva evangelización en todo el continente, confiándolo a Nuestra Señora de Guadalupe, estrella de la evangelización americana.

América, puerta de salida para la misión ad gentes

La autenticidad y vitalidad de la fe se verifica en el anhelo de comunicar a todos, más allá de todas las fronteras, el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestra vida de gratitud y alegría, de amor, felicidad y esperanza. Los cristianos no pueden guardar esa extraordinaria experiencia de vida solo para ellos mismos. Necesitan compartirla con todos sus hermanos, los hombres, por amor a su vida y destino. Es cierto que, en la historia de la Iglesia, todo ímpetu misionero ha sido signo de vitalidad de la fe, mientras que su disminución es signo de crisis de la fe.

La secular experiencia de la misión ad gentes de la que tantos españoles han sido protagonistas también ha de ayudar a la Iglesia en América Latina a asumir su propio compromiso en la solicitud apostólica en otros lugares de la tierra. No ha faltado, al respecto, la viva conciencia del episcopado latinoamericano en Aparecida. Si bien, incluso en el continente americano, los confines entre la nueva evangelización y la misión ad gentes no pueden a veces distinguirse claramente, al mismo tiempo, el mundo espera de nuestra Iglesia latinoamericana y caribeña un compromiso más significativo con la misión universal en todos los continentes. Para no caer en la trampa de encerrarnos en nosotros mismos —se afirma en el Documento de Aparecida, n. 376—, debemos formarnos como discípulos misioneros sin fronteras, dispuestos a ir «a la otra orilla», aquella en la que Cristo no es aún reconocido como Dios y Señor, y la Iglesia no está todavía presente. Más aún: «somos Iglesias pobres, pero debemos dar desde nuestra pobreza y desde la alegría de nuestra fe, y esto sin descansar en unos pocos enviados el compromiso que es de toda la comunidad cristiana» (DA, 379). El apoyo a los centros misioneros nacionales y la colaboración con las Obras Misionales Pontificias son signos concretos de ese compromiso (cf. DA, 378). La gratitud con todos aquellos misioneros que han comunicado la fe a sus pueblos, especialmente manifestada por el episcopado latinoamericano, y la conciencia de que más del 50% de los católicos de todo el mundo residen en el continente americano, piden que América Latina abra de par en par las puertas a la misión, dispuesta a colaborar cada vez más con el ministerio del Pastor universal.

Este ha sido el espíritu que ha animado en las últimas décadas la celebración de los hasta ahora ocho Congresos Americanos Misioneros (CAM). Un simple recuerdo de sus lemas nos desvelan la fuerza que latía en el interior de aquel «América, ¡sal de tu tierra!», en el CAM de Argentina (octubre de 1999), invitando a dar gratuitamente a otros lo que gratis habían recibido. En los últimos lustros han salido de las Iglesias jóvenes de América Latina nuevos evangelizadores para hacer resonar el anuncio de Cristo, Hijo de Dios. Siguiendo el rastro de los Apóstoles, muchos hombres y mujeres americanos están viviendo el dinamismo de un nuevo Pentecostés, convirtiéndose en «evangelios vivientes», como le gusta llamar a Benedicto XVI a los misioneros.

Esta es la razón por la que el Plan de Pastoral del Celam para el quinquenio 2011-2015 propone «animar a las Conferencias Episcopales, en virtud de la espiritualidad de comunión, para que asuman responsable y solidariamente el compromiso de la misión ad gentes, como fruto maduro de la Misión Continental y concreción de la nueva evangelización en el ardor, métodos y lenguajes, expresando así la naturaleza misionera de la Iglesia que anuncia a Cristo en América Latina y el Caribe» (Programa 20). Sin duda alguna esta ha sido desde el principio la gran contribución de los misioneros españoles Fidei donum: suscitar con el testimonio y la palabra nuevas vocaciones para la misión más allá de los límites de la propia Iglesia local, «como la consecuencia natural de una honda conciencia eclesial y, al mismo tiempo, como una respuesta vigorosa a uno de los más urgentes desafíos de nuestra época, cual es la necesidad de tejer vínculos de colaboración y fraternidad entre las personas, los pueblos y las comunidades eclesiales» (Juan Pablo II, Mensaje a la OCSHA, 3 de junio de 1999).

Acogida de emigrantes y sacerdotes americanos

El fenómeno de las migraciones nos está ayudando a tener una visión más universal de la Iglesia. A Europa y, en especial, a España, han llegado millones de hombres y mujeres procedentes del continente americano. Es verdad que este flujo está disminuyendo por las dificultades que se encuentran en el viejo continente y porque, en América, se está produciendo un notable crecimiento económico. El hecho, en sí mismo, merece una atenta consideración porque las migraciones han puesto en evidencia, entre otras cosas, la fragilidad de la fe de las personas y comunidades. Las de allá, al no reconocerse cordialmente insertas en las comunidades de destino; las de aquí, al refugiarse en sí mismas generando sospechas sobre los que vienen de fuera. Ha llegado la hora de revisar la calidad de nuestra caridad ante los evidentes hechos de rechazo en unos casos y de infidelidad en otros. Fenómeno cultural y religioso que ha de ser objeto de la antes mencionada conversión pastoral, en ambas orillas.

Tampoco los sacerdotes diocesanos están siendo ajenos a este fenómeno migratorio. No faltan en España, como en muchos otros países europeos, numerosos sacerdotes provenientes de los países latinoamericanos que, con el permiso de sus respectivos obispos, colaboran activamente en la misión evangelizadora de ambientes que sufren la desertificación de la secularización y el abandono de la tradición católica. Están presentes también movimientos y nuevas comunidades de origen latinoamericano. Son un exponente más de la vocación misionera para «salir» de la propia tierra e ir a los que están lejos. Quienes han sido «tocados» por la gracia para vivir este compromiso misionero son verdaderos testigos de la fe, «porque la fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo» (PF, 7). Acojámoslos con gratitud y cariño, atentos a sus necesidades. Que sean ellos los adelantados de esa «nueva primavera de la misión ad gentes» que esperan y auspician los obispos latinoamericanos (cf. DA, 379).

El compromiso misionero de hombres y mujeres americanos va más allá de su condición de consagrados o llamados al ministerio sacerdotal. También la vocación misionera ha sido entendida y secundada por laicos. Ya Ecclesia in América hacía esta referencia a que el mandato misionero de Jesús no sólo estaba dirigido a los Apóstoles y sus sucesores, sino a todos los que desean ser sus discípulos (cf. EAm, 66).

El envío de estos «pregoneros del Evangelio» no se circunscribe únicamente a Europa, sino al mundo entero, también a otros países del mismo continente americano. La diversificación de relaciones políticas, económicas y culturales que los países latinoamericanos han establecido con aquellos de África, Asia y Medio Oriente, está favoreciendo estas corrientes misioneras en todas las direcciones. Aquello que han recibido, lo entregan generosamente en cualquier parte del mundo.

Todos, como María, llamados a la misión

Abrir las puertas a Cristo significa también abrir las puertas a la misión. La misión atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias, a las instituciones y asociaciones eclesiales. A cincuenta años de la conclusión del concilio Vaticano II —que conmemoramos en este Año de la fe—, recordemos cómo, según el Decreto Ad gentes, n. 6, «La actividad misionera fluye de la misma naturaleza íntima de la Iglesia, cuya fe salvífica propaga, cuya unidad católica perfecciona dilatándola, con cuya apostolicidad se sustenta, cuyo sentido colegial de la Jerarquía pone en práctica, cuya santidad testifica, difunde y promueve».

La colaboración sacerdotal y apostólica entre las comunidades cristianas debe ser considerada como una de las respuestas más válidas para asegurar una globalización en la solidaridad, así como una de las «formas» que caracterizan la nueva evangelización, para poner de relieve «el deber de la recíproca solidaridad y de compartir sus dones espirituales y los bienes materiales con que Dios las ha bendecido, y para favorecer la disponibilidad de las personas al servicio de la misión» (EAm, 52).

Confiemos la vocación misionera, según la modalidad que la Providencia de Dios quiere para nosotros, a la intercesión de la santísima Virgen María, que la Iglesia en América Latina reconoce como «estrella de la primera y de la nueva evangelización», «presencia materna indispensable y decisiva en la gestación de un pueblo (…) de discípulos y misioneros de su Hijo» (DA, 524).

Cardenal Marc Ouellet
Presidente
Pontificia Comisión para América Latina


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Mi?rcoles, 27 de febrero de 2013

ZENIT nos ofrece las palabras de la última audiencia general del pontífice.  Benedicto XVI, el 27 de Febrero de 2013, en la plaza de San Pedro, dirigidas a los peregrinos asistentes de muchos países. Estaban también cardenales y obispos, la Curia Romana, el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, los sacerdotes, párrocos y seminaristas de la diócesis de Roma y empleados vaticanos. 

Venerados hermanos en el episcopado y presbiterado
Distinguidas autoridades
¡Queridos hermanos y hermanas!

Muchas gracias por haber venido tantos en esta última audiencia general de mi pontificado.

Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón la necesidad de agradecer sobretodo a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su palabra y así alimenta la fe de su pueblo.

En este momento mi ánimo se extiende por así decir, para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las 'noticias' que en estos años de ministerio petrino he podido recibir sobre la fe en el Señor Jesucristo, de la caridad que circula en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor, y de la esperanza que se nos abre y nos orienta hacia la vida en su plenitud, hacia la patria del Cielo.

Siento que les tendré presentes a todos en la oración, en un presente que es aquel de Dios, donde recojo cada encuentro, cada viaje, cada visita pastoral. Todo y a todos les recojo en la oración para confiarlos al Señor: para que tengamos pleno conocimiento de su voluntad, con cada acto de su sabiduría e inteligencia espiritual, y para que podamos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, haciendo fructificar cada obra buena. (cfr. Col 1,9).

En este momento hay en mi una gran confianza porque sé, y lo sabemos todos nosotros, que la palabra de verdad, del evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El evangelio purifica y renueva, produce fruto en cualquier lugar donde la comunidad de los creyentes lo escucha, acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años decidí asumir el ministerio de Pedro, tuve firmemente esta certeza que me ha siempre acompañado. En aquel momento, como expliqué en diversas oportunidades, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: ¿Señor por qué pides esto, y que es lo que me pides? Es un peso grande el que me pones sobre los hombros, pero si Tú me lo pides, en tu nombre echaré las redes, seguro de que Tú me guiarás, incluso con todas mis debilidades.

Y el Señor verdaderamente me ha guiado y me ha estado cerca. He podido percibir cotidianamente su presencia. Y fue un tramo del camino de la Iglesia que tuvo momentos de alegría y de luz, y también momentos no fáciles. Me he sentido como san Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea. El Señor nos ha donado tantos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca fue abundante. Existieron también momentos en los cuales las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.

Pero siempre he sabido que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse. Es Él que la conduce, seguramente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta fue y es una certeza que nada puede ofuscar. Y por esto hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no le ha hecho faltar nunca a toda la Iglesia ni a mi, su consolación, su luz y su amor.

Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar justamente nuestra fe en Dios, en un contexto que parece querer ponerlo cada vez más en segundo plano. Querría invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarse como niños en los brazos del Dios, con la seguridad de que aquellos brazos nos sostienen siempre y son lo que nos permite caminar cada día mismo cuando estamos cansados.

Querría que cada uno se sintiera amado por aquel Dios que ha donado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Querría que cada uno sintiera la alegría de ser cristiano. En una hermosa oración que se reza cotidianamente por la mañana se dice: “Te adoro Dios mío, y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano...” Sí, agradezcamos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama y espera que nosotros también lo amemos!

Y no solamente a Dios quiero agradecerle en este momento. Un papa no está solo cuando guía la barca de Pedro, mismo si es su primera responsabilidad. Yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino. El Señor me ha puesto al lado a tantas personas que con generosidad y amor de Dios y a la Iglesia me ayudaron y me estuvieron cerca.

Sobretodo ustedes, queridos hermanos cardenales; vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad me han sido preciosos. Mis colaboradores a partir del secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad durante estos años, la Secretaría de Estado y la Curia Romana, como todos aquellos que en los varios sectores dan sus servicios a la Santa Sede.

Hay además tantos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero justamente en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad fueron para mi un apoyo seguro y confiable.

¡Un pensamiento especial va a la Iglesia de Roma, a mi diócesis! No puedo olvidar a mis hermanos en el episcopado y en el prebiterado, a las personas consagradas y a todo el pueblo de Dios. En las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, he siempre percibido gran atención y profundo afecto. Pero también yo les he querido bien a todos y a cada uno, sin distinciones, con aquella caridad pastoral que está en el corazón de cada Pastor, especialmente del obispo de Roma, del sucesor del apóstol Pedro. Cada día les he tenido presente, cada día en mi oración, con corazón de padre.

Querría que mi saludo y mi agradecimiento llegara también a todos: el corazón de un papa se extiende al mundo entero. Y querría expresar mi gratitud al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, que vuelve presente la gran familia de Naciones.

Aquí pienso también a todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y a quienes agradezco por su importante servicio.

A este punto quiero agradecer verdaderamente y de corazón a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad y de oración. Sí porque el papa no está nunca solo y ahora lo experimento nuevamente en una manera tan grande, que me toca el corazón.

El papa le pertenece a todos, y tantas personas se sienten muy cerca de él. Es verdad que recibo cartas de los grandes del mundo: jefes de Estado, jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etc.

Pero recibo también muchísimas cartas de personas simples que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir el afecto que nace del su estar junto a Jesucristo en Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas, o como hijos o hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuoso.

Aquí se puede tocar con la mano que es la Iglesia -no una organización, no una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Sentir a la Iglesia de esta manera y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es un motivo de alegría, en un tiempo en el cual tantos hablan de su ocaso.

En estos últimos meses he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa, no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia. He realizado este paso con plena conciencia de su gran gravedad y también novedad, pero también con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de hacer elecciones difíciles, sufridas y ponendo siempre delante el bien de la Iglesia y no a nosotros mismos.

Permítanme volver aquí una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión fue precisamente por el hecho de que a partir de ese momento en adelante, yo estaba empeñado siempre y para siempre por el Señor. Siempre --quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. A su vida le viene, por así decir, totalmente quitada la esfera privada.

He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida propiamente cuando la da. Dije antes que una gran cantidad de gente que ama el Señor, aman también al Sucesor de san Pedro y tienen un alto aprecio por él; y que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas de todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque él no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos le pertenecen.

El "siempre" es también un "para siempre" --no es más un retorno a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio, no revoca esto. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, reuniones, recepciones, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que permanezco de un modo nuevo ante el Señor Crucificado. No llevo más la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino en el servicio de la oración; permanezco, por así decirlo, en el recinto de san Pedro. San Benito, cuyo nombre porto como papa, me será de gran ejemplo en esto. Él nos ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece por entero a la obra de Dios.

También doy las gracias a todos y cada uno por su respeto y la comprensión con la que han acogido esta importante decisión. Voy a seguir acompañando el camino de la Iglesia mediante la oración y la reflexión, con la dedicación al Señor y a su Esposa, que traté de vivir hasta ahora todos los días y que quiero vivir para siempre. Les pido que me recuerden delante de Dios, y sobre todo de orar por los cardenales, que son llamados a una tarea tan importante, y por el nuevo sucesor del apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y el poder de su Espíritu.

Invoco la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a Ella nos acogemos, con profunda confianza.

¡Queridos amigos y amigas! Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, y especialmente en los tiempos difíciles. Nunca perdamos esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo. En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de ustedes, que exista siempre la certeza gozosa de que el Señor está cerca, que no nos abandona, que está cerca de nosotros y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!

Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad. Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad. Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres. Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme. Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. Muchas gracias. Que Dios os bendiga.

¡Distinguidas autoridades!

¡Queridos hermanos y hermanas!

Muchas gracias por haber venido así numerosos en esta última audiencia general de mi pontificado.

Como el apóstol Pablo en el texto bíblico que hemos escuchado, también yo siento en mi corazón la necesidad de agradecer sobretodo a Dios, que guía y hace crecer a la Iglesia, que siembra su palabra y así alimenta la fe de su pueblo.

En este momento mi ánimo se extiende por así decir, para abrazar a toda la Iglesia difundida en el mundo y doy gracias a Dios por las 'noticias' que en estos años de ministerio petrino he podido recibir sobre la fe en el Señor Jesucristo, de la caridad que circula en el Cuerpo de la Iglesia y lo hace vivir en el amor, y de la esperanza que se nos abre y nos orienta hacia la vida en su plenitud, hacia la patria del Cielo.

Siento que les tendré presente a todos en la oración, en un presente que es aquel de Dios, donde recojo cada encuentro, cada viaje, cada visita pastoral. Todo y a todos les recojo en la oración para confiarlos al Señor: porque tenemos pleno conocimiento de su voluntad, con cada acto de su sabiduría e inteligencia espiritual, y porque podamos comportarnos de manera digna de Él, de su amor, haciendo fructificar cada obra buena. (cfr. Col 1,9).

En este momento hay en mi una gran confianza porque sé, y lo sabemos todos nosotros, que la palabra de verdad, del evangelio es la fuerza de la Iglesia, es su vida. El evangelio purifica y renueva, lleva frutos en cualquier lugar en donde la comunidad de los creyentes lo escucha y acoge la gracia de Dios en la verdad y vive en la caridad. Esta es mi confianza, esta es mi alegría.

Cuando el 19 de abril de hace casi ocho años atrás decidí asumir el ministerio de Pedro, tuve firmemente esta certeza que me ha siempre acompañado. En aquel momento, como expliqué en diversas oportunidades, las palabras que resonaron en mi corazón fueron: ¿Señor qué me pedís? Es un peso grande el que me pones sobre los hombros, pero si Tú me lo pides, en tu nombre tiraré las redes, seguro de que Tú me guiarás.

Y el Señor verdaderamente me ha guiado y me ha estado cerca. He podido percibir cotidianamente su presencia. Y fue un tramo del camino de la Iglesia que tuvo momentos de alegría y de luz, y también momentos no fáciles. Me he sentido como san Pedro con los apóstoles en la barca en el lago de Galilea. El Señor nos ha donado tantos días de sol y de brisa suave, días en los que la pesca fue abundante. Existieron también momentos en los cuales las aguas estaban agitadas y el viento era contrario, como en toda la historia de la Iglesia, y el Señor parecía dormir.

Pero siempre he sabido que en esa barca estaba el Señor y siempre he sabido que la barca de la Iglesia no es mía, no es nuestra, sino que es suya y no la deja hundirse. Es Él que la conduce, seguramente también a través de los hombres que ha elegido, porque así lo ha querido. Esta fue y es una certeza que nada puede ofuscar. Y por esto hoy mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios porque no le ha hecho faltar nunca a toda la Iglesia ni a mi, su consolación, su luz y su amor.

Estamos en el Año de la Fe, que he querido para reforzar justamente nuestra fe en Dios, en un contexto que parece querer ponerlo cada vez más en segundo plano. Querría invitar a todos a renovar la firme confianza en el Señor, a confiarse como niños en los brazos del Dios, con la seguridad de que aquellos brazos nos sostienen siempre y son lo que nos permite caminar cada día mismo cuando estamos cansados.

Querría que cada uno se sintiera amado por aquel Dios que ha donado a su Hijo por nosotros y que nos ha mostrado su amor sin límites. Querría que cada uno sintiera la alegría de ser cristiano. En una hermosa oración que se reza cotidianamente por la mañana se dice: “Te adoro Dios mío, y te amo con todo el corazón. Te agradezco por haberme creado, hecho cristiano...” Sí, agradezcamos al Señor por esto cada día, con la oración y con una vida cristiana coherente. ¡Dios nos ama y espera que nosotros también lo amemos!

Y no solamente a Dios quiero agradecerle en este momento. Un papa no está solo cuando guía la barca de Pedro, mismo si es su primera responsabilidad. Yo nunca me he sentido solo al llevar la alegría y el peso del ministerio petrino. El Señor me ha puesto al lado a tantas personas que con generosidad y amor de Dios y a la Iglesia me ayudaron y me estuvieron cerca.

Sobretodo ustedes, queridos hermanos cardenales; vuestra sabiduría, vuestros consejos, vuestra amistad me han sido preciosos. Mis colaboradores a partir del secretario de Estado que me ha acompañado con fidelidad durante estos años, la Secretaría de Estado y la Curia Romana, como todos aquellos que en los varios sectores dan sus servicios a la Santa Sede.

Hay además tantos rostros que no aparecen, que se quedan en la sombra, pero justamente en el silencio, en la dedicación cotidiana, con espíritu de fe y humildad fueron para mi un apoyo seguro y confiable.

¡Un pensamiento especial va a la Iglesia de Roma, a mi diócesis! No puedo olvidar a mis hermanos en el episcopado y en el prebiterado, a las personas consagradas y a todo el pueblo de Dios. En las visitas pastorales, en los encuentros, en las audiencias, en los viajes, he siempre percibido gran atención y profundo afecto. Pero también yo les he querido bien a todos y a cada uno, sin distinciones, con aquella caridad pastoral que está en el corazón de cada Pastor, especialmente del obispo de Roma, del sucesor del apóstol Pedro. Cada día les he tenido presente, cada día en mi oración, con corazón de padre.

Querría que mi saludo y mi agradecimiento llegara también a todos: el corazón de un papa se extiende al mundo entero. Y querría expresar mi gratitud al cuerpo diplomático acreditado en la Santa Sede, que vuelve presente la gran familia de Naciones.

Aquí pienso también a todos aquellos que trabajan para una buena comunicación y a quienes agradezco por su importante servicio.

A este punto quiero agradecer verdaderamente y de corazón a todas las numerosas personas en todo el mundo que en las últimas semanas me han enviado signos conmovedores de atención, de amistad y de oración. Sí porque el papa no está nunca solo y ahora lo experimento nuevamente en una manera tan grande, que me toca el corazón.

El papa le pertenece a todos, y tantas personas se sienten muy cerca de él. Es verdad que recibo cartas de los grandes del mundo: jefes de Estado, jefes religiosos, de los representantes del mundo de la cultura, etc.

Pero recibo también muchísimas cartas de personas simples que me escriben simplemente desde su corazón y me hacen sentir el afecto que nace del su estar junto a Jesucristo en Iglesia. Estas personas no me escriben como se escribe por ejemplo a un príncipe o a un grande que no se conoce. Me escriben como hermanos y hermanas, o como hijos o hijas, con el sentido de una relación familiar muy afectuoso.

Aquí se puede tocar con la mano que es la Iglesia -no una organización, no una asociación con fines religiosos o humanitarios, sino un cuerpo vivo, una comunión de hermanos y hermanas en el cuerpo de Jesucristo, que nos une a todos. Sentir a la Iglesia de esta manera y poder casi tocar con las manos la fuerza de su verdad y de su amor es un motivo de alegría, en un tiempo en el cual tantos hablan de su ocaso.

En estos últimos meses he sentido que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me ilumine con su luz para hacerme tomar la decisión más justa, no para mi bien, sino para el bien de la Iglesia. He realizado este paso con plena conciencia de su gran gravedad y también novedad, pero también con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el coraje de hacer elecciones difíciles, sufridas y ponendo siempre delante el bien de la Iglesia y no a nosotros mismos.

Permítanme volver aquí una vez más al 19 de abril de 2005. La gravedad de la decisión fue precisamente por el hecho de que a partir de ese momento en adelante, yo estaba empeñado siempre y para siempre por el Señor. Siempre --quien asume el ministerio petrino ya no tiene ninguna privacidad. Pertenece siempre y totalmente a todos, a toda la Iglesia. A su vida le viene, por así decir, totalmente quitada la esfera privada.

He podido experimentar, y lo experimento precisamente ahora, que uno recibe la vida propiamente cuando la da. Dije antes que una gran cantidad de gente que ama el Señor, aman también al Sucesor de san Pedro y tienen un alto aprecio por él; y que el Papa tiene verdaderamente hermanos y hermanas, hijos e hijas de todo el mundo, y que se siente seguro en el abrazo de su comunión; porque él no se pertenece más a sí mismo, pertenece a todos y todos le pertenecen.

El "siempre" es también un "para siempre" --no es más un retorno a lo privado. Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio, no revoca esto. No regreso a la vida privada, a una vida de viajes, reuniones, recepciones, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que permanezco de un modo nuevo ante el Señor Crucificado. No llevo más la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, sino en el servicio de la oración; permanezco, por así decirlo, en el recinto de san Pedro. San Benito, cuyo nombre porto como papa, me será de gran ejemplo en esto. Él nos ha mostrado el camino para una vida que, activa o pasiva, pertenece por entero a la obra de Dios.

También doy las gracias a todos y cada uno por su respeto y la comprensión con la que han acogido esta importante decisión. Voy a seguir acompañando el camino de la Iglesia mediante la oración y la reflexión, con la dedicación al Señor y a su Esposa, que traté de vivir hasta ahora todos los días y que quiero vivir para siempre. Les pido que me recuerden delante de Dios, y sobre todo de orar por los cardenales, que son llamados a una tarea tan importante, y por el nuevo sucesor del apóstol Pedro: que el Señor lo acompañe con la luz y el poder de su Espíritu.

Invoco la intercesión maternal de la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, para que nos acompañe a cada uno de nosotros y a toda la comunidad eclesial; a Ella nos acogemos, con profunda confianza.

¡Queridos amigos y amigas! Dios guía a su Iglesia, la sostiene siempre, y especialmente en los tiempos difíciles. Nunca perdamos esta visión de fe, que es la única visión verdadera del camino de la Iglesia y del mundo. En nuestro corazón, en el corazón de cada uno de ustedes, que exista siempre la certeza gozosa de que el Señor está cerca, que no nos abandona, que está cerca de nosotros y nos envuelve con su amor. ¡Gracias!

Asimismo, doy gracias a Dios por sus dones, y también a tantas personas que, con generosidad y amor a la Iglesia, me han ayudado en estos años con espíritu de fe y humildad. Agradezco a todos el respeto y la comprensión con la que han acogido esta decisión importante, que he tomado con plena libertad. Desde que asumí el ministerio petrino en el nombre del Señor he servido a su Iglesia con la certeza de que es Él quien me ha guiado. Sé también que la barca de la Iglesia es suya, y que Él la conduce por medio de hombres. Mi corazón está colmado de gratitud porque nunca ha faltado a la Iglesia su luz. En este Año de la fe invito a todos a renovar la firme confianza en Dios, con la seguridad de que Él nos sostiene y nos ama, y así todos sientan la alegría de ser cristianos.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España y de los países latinoamericanos, que hoy han querido acompañarme. Os suplico que os acordéis de mí en vuestra oración y que sigáis pidiendo por los Señores Cardenales, llamados a la delicada tarea de elegir a un nuevo Sucesor en la Cátedra del apóstol Pedro. Imploremos todos la amorosa protección de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. Muchas gracias. Que Dios os bendiga.

Traducida del italiano por H. Sergio Mora y José Antonio Varela Vidal


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Habla el Papa
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Martes, 26 de febrero de 2013

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo tercero deCuaresma - C.

ANTES QUE SEA TARDE

           Había pasado ya bastante tiempo desde que Jesús se había presentado en su pueblo de Nazaret como Profeta, enviado por el Espíritu de Dios para anunciar a los pobres la Buena Noticia. Sigue repitiendo incansable su mensaje: Dios está ya cerca, abriéndose camino para hacer un mundo más humano para todos.

          Pero es realista. Jesús sabe bien que Dios no puede cambiar el mundo sin que nosotros cambiemos. Por eso se esfuerza en despertar en la gente la conversión: "Convertíos y creed en esta Buena Noticia". Ese empeño de Dios en hacer un mundo más humano será posible si respondemos acogiendo su proyecto.

          Va pasando el tiempo y Jesús ve que la gente no reacciona a su llamada como sería su deseo. Son muchos los que vienen a escucharlo, pero no acaban de abrirse al "Reino de Dios". Jesús va a insistir. Es urgente cambiar antes que sea tarde.

          En cierta ocasión cuenta una pequeña parábola. Un propietario de un terreno tiene plantada una higuera en medio de su viña. Año tras año, viene a buscar fruto en ella y no lo encuentra. Su decisión parece la más sensata: la higuera no da fruto y está ocupando inútilmente un terreno, lo más razonable es cortarla.

          Pero el encargado de la viña reacciona de manera inesperada. ¿Por qué no dejarla todavía? Él conoce aquella higuera, la ha visto crecer, la ha cuidado, no la quiere ver morir. Él mismo le dedicará más tiempo y más cuidados, a ver si da fruto.

          El relato se interrumpe bruscamente. La parábola queda abierta. El dueño de la viña y su encargado desaparecen de escena. Es la higuera la que decidirá su suerte final. Mientras tanto, recibirá más cuidados que nunca de ese viñador que nos hace pensar en Jesús, "el que ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido".

          Lo que necesitamos hoy en la Iglesia no es solo introducir pequeñas reformas, promover el "aggiornamento" o cuidar la adaptación a nuestros tiempos. Necesitamos una conversión a nivel más profundo, un "corazón nuevo", una respuesta responsable y decidida a la llamada de Jesús a entrar en la dinámica del Reino de Dios.

          Hemos de reaccionar antes que sea tarde. Jesús está vivo en medio de nosotros. Como el encargado de la viña, él cuida de nuestras comunidades cristianas, cada vez más frágiles y vulnerables. Él nos alimenta con su Evangelio, nos sostiene con su Espíritu.

          Hemos de mirar el futuro con esperanza, al mismo tiempo que vamos creando ese clima nuevo de conversión y renovación que necesitamos tanto y que los decretos del Concilio Vaticano no han podido hasta hora consolidar en la Iglesia.

 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 3 de marzo de 2013
3 Cuaresma (C)
Lucas 13, 1-9


Publicado por verdenaranja @ 23:54  | Espiritualidad
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MISA DE ACCIÓN DE GRACIAS

POR EL PONTIFICADO DEL PP. BENEDICTO XVI

 

 

MONICIÓN DE ENTRADA

 

Hermanos y hermanas: Nos hemos reunido hoy en torno a la mesa del altar para escuchar la Palabra de Dios, alimentarnos con el Cuerpo y la Sangre de Cristo y sentir su presencia en la oración comunitaria. 

Pero la hacemos con un subrayado especial: Dar gracias al Padre Celestial por el don que ha sido para la Iglesia el pontificado del Papa Benedicto XVI. Nos puede ayudar, a esta Acción de Gracias, esta palabras de nuestro Obispo: 

“Gracias, Benedicto XVI, por tu generosa y sacrificada entrega. Gracias por tus enseñanzas y tus valientes decisiones. Gracias por el ejemplo de tu vida. En tu ministerio al frente de la Iglesia se ha reflejado la imagen de Cristo, el Buen Pastor. Sabemos que al renunciar no te desentiendes de la Iglesia y que cumplirás tu promesa: “Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”. 

Con estos sentimientos, iniciemos nuestra celebración.

 

ORACION DE LOS FIELES

 

- Por Iglesia unida en oración especial por el Papa Benedicto XVI a punto de dejar su ministerio como sucesor de Pedro. Para que el Señor le recompense todo su esfuerzo, valor, espiritualidad, profundidad, humildad y valentía en el servicio a la Iglesia. Roguemos al Señor. 

- Por la Santa Iglesia Católica, para que unida en torno a Cristo, el Buen Pastor, sea testimonio vivo, ante el mundo, de la presencia de Dios, que con su Espíritu, dirige su historia y la historia de la humanidad. Roguemos al Señor

- Por todos los pastores de la Iglesia: obispos, presbíteros y diáconos, para que sean ejemplo de adhesión incondicional a la Sede de Pedro y su ministerio sea un servicio desinteresado a la Iglesia y al mundo. Roguemos al Señor. 

- Por quienes en los próximos días deben elegir al nuevo Papa, como sucesor de Pedro; para que se sientan guiados por el Espíritu Santo y no cedan a ningún tipo de presiones, ni a otros intereses fuera de la voluntad de Dios, el bien de la Iglesia y el servicio en la caridad a todos los hombres y mujeres de cualquier condición. Oremos. 

- Por todos los que formamos la Iglesia del Señor, para que siguiendo las indicaciones del Papa Benedicto, nos mantengamos unidos en oración y acojamos con amor y actitud de fe al nuevo Papa que el Espíritu Santo nos designe y pueda contar con la adhesión y fidelidad de todos nosotros y de todo el Pueblo de Dios. Roguemos al Señor.


Publicado por verdenaranja @ 21:49  | Liturgia
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Lunes, 25 de febrero de 2013

ZENIT  nos ofrece el artículo de nuestro colaborador habitual, el obispo de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, sobre la actual situación de la Iglesia y la actitud a adoptar ante tanta cábala y elucubración, en gran parte de ambientes ignorantes de la marcha y modo de actuar de la comunidad eclesial.

Cábalas y elucubraciones

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

¡Cuántos comentarios ha suscitado la ejemplar renuncia del Papa! Unos lo admiramos por esta decisión evangélica y prudente, que lo confirma como un hombre muy inteligente, libre, sensato, sacrificado por la Iglesia, fiel a Jesucristo. Otros lo malinterpretan, diciendo que es una huida ante la gran responsabilidad del papado, o señal de no poder soportar las intrigas de la Curia Romana. Hacen sus cábalas sobre el futuro Papa, elucubrando si debe ser europeo, africano o de nuestra América.

Una articulista local, toda desconcertada, califica esta decisión como una infidelidad a Dios y un mal ejemplo para los sacerdotes y también para los casados, como si fuera una invitación a no ser fieles hasta el final en sus compromisos. Unos, desde lejos, dicen que debería hacer lo mismo que Juan Pablo II, quien ya muy anciano y enfermo, expresó no estar dispuesto a bajarse de la cruz.

ILUMINACION

Benedicto XVI no se baja de la cruz ni rehúye al trabajo. Su decisión es para asumir otra forma de cruz; es dejar los reflectores y el primado universal, para dedicarse a la soledad, al silencio y a la oración, sólo por amor y respeto a la Iglesia. No es cobardía, sino profunda madurez humana y cristiana. No se siente indispensable; sino que con toda humildad se hace a un lado, para que otros crezcan y vayan con más salud por todo el mundo, predicando el Evangelio, que es lo que Jesús nos ordenó y lo que más importa, más allá de las personas, pues todos somos transitorios. Pienso que, en adelante, la mayoría de los Papas harán lo mismo, pues los tiempos requieren a un Papa en pleno vigor.

Que el Papa renuncie a su ministerio no es algo inaudito y sin sentido. Está previsto en las normas de la Iglesia. No es una huida, ni una irresponsabilidad; menos una traición a Dios y a la Iglesia. Es algo que ha sucedido varias veces en la historia de la Iglesia y ésta sigue adelante, pues no es una empresa sólo humana. Jesucristo la fundó y puso a alguien en su lugar, a Pedro y sus sucesores, como cabeza suprema de la Iglesia. No dejó a ángeles, sino a seres humanos, limitados y temporales. Siempre ha cumplido su promesa de no abandonar a su Iglesia en ninguna circunstancia. Es su obra, su Cuerpo, que perdura a través de los tiempos y las personas. La guía, de forma invisible pero real, por el Espíritu Santo. Esta es nuestra fe; esta es la fe de la Iglesia, que nos gloriamos de profesar. Quien no tiene esta fe, nunca comprenderá esta realidad.

El Papa no es Jesucristo, ni dueño de la Iglesia. Es sólo su representante, su Vicario, su Siervo, con la única misión de llevarnos a Jesús y que siga su obra de salvación. Esta realidad mistérica no es apropiación arbitraria, ni ambición de dominio. Es un servicio; somos “siervos inútiles”, que sólo tratamos de cumplir lo que se nos encomienda, no como dominadores, sino simples servidores.

Benedicto XVI ha sido un gran regalo para la Iglesia y para el mundo. Quienes siguen manejando clichés negativos sobre su persona, no conocen su bondad, su sencillez, su humildad, su profundidad y al mismo tiempo su amabilidad con quienes de alguna forma lo hemos tratado. En sus palabras hay una gran espiritualidad bíblica, teológica, antropológica, litúrgica e incluso pedagógica. La iluminación que nos ha ofrecido es un aporte muy actual, que no todos comprenden ni valoran. Algunos, ignorantes de lo que es nuestra fe, esperarían que el Papa y la Iglesia se modernizaran, entendiendo por eso amoldarse a los criterios de este mundo. Eso ni lo esperen. Esa es una tentación que siempre debemos rechazar, sea elegido el Papa que sea. Nuestros criterios se fincan en el Evangelio, no en dar gusto a este mundo hedonista, relativista, consumista. Ser cristiano es saber ir contra corriente y ser fieles sólo a Jesús.

COMPROMISOS

No nos impresionemos por opiniones sin fundamento. La fe nos asegura que Jesús es el Supremo Pastor y que el Espíritu Santo asiste a su Iglesia. Oremos por los cardenales electores y vivamos con serenidad y esperanza estos tiempos. La Iglesia de Cristo sigue adelante, en medio de nubarrones y tormentas, con la luz de la fe que nos indica el camino.


Publicado por verdenaranja @ 21:10  | Hablan los obispos
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ZENIT  nos ofrece las palabras del papa antes de la oración mariana del Angelus, el domingo 24 de Febrero de 2013, dirigidas a los fieles y los peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas!

En el segundo domingo de Cuaresma la Liturgia nos presenta siempre el Evangelio de la Transfiguración del Señor. El evangelista Lucas destaca de modo especial el hecho de que Jesús se transfigurara mientras oraba: la suya es una experiencia profunda de relación con el Padre durante una especie de retiro espiritual que Jesús vive sobre un alto monte en compañía de Pedro, Santiago y Juan, los tres discípulos siempre presentes en los momentos de la manifestación divina del Maestro (Lc 5,10; 8,51; 9,28). El Señor, que poco antes había preanunciado su muerte y resurrección (9,22), ofrece a los discípulos un anticipo de su gloria. Y también en la Transfiguración, como en el bautismo, resuena la voz del Padre celeste: «Este es mi hijo, el predilecto, ¡Escuchadle!» (9,35). La presencia luego de Moisés y de Elías, que representan la Ley y los Profetas de la antigua Alianza, es muy significativa: toda la historia de la Alianza está orientada a El, el Cristo, que realiza un nuevo «éxodo» (9,31), no hacia la tierra prometida, como en el tiempo de Moisés, sino hacia el Cielo. La intervención de Pedro: «Maestro, qué bien estamos aquí» (9,33) representa el intento imposible de detener tal experiencia mística. Comenta san Agustín: «[Pedro]… sobre el monte… tenía a Cristo como alimento del alma. ¿Para qué descender para volver a las fatigas y a los dolores, mientras allí arriba estaba lleno de sentimientos de santo amor hacia Dios y que le inspiraban por ello una santa conducta?» (Discurso 78,3).

Meditando este pasaje del Evangelio, podemos extraer una enseñanza muy importante. Sobre todo, el primado de la poración, sin la cual todo el empeño del apostolado y de la caridad se reduce a activismo. En la Cuaresma, aprendemos a dar el justo tiempo a la oración, personal y comunitaria, que da aliento a nuestra vida espiritual. Además, la oración no es un aislarse del mundo y de sus contradicciones, como hubiera querido hacer Pedro sobre el Tabor, sino que la oración reconduce al camino, a la acción. «La existencia cristiana –escribí en el Mensaje para esta Cuaresma– consiste en un contínuo subir al monte del encuentro con Dios, para luego volver a bajar llevando el amor y la fuerza que de ello derivan, para servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios» (n. 3).

Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios la siento de modo especial dirigida a mí, en este momento de mi vida. El Señor me llama a "subir al monte", a dedicarme aún más a la oración y a la meditación. Pero esto no significa abandonar a la Iglesia, al contrario, si Dios me pide esto es justamente para que yo pueda seguir sirviéndola con la misma dedicación y el mismo amor con el que lo he hecho hasta ahora, pero en un modo más adecuado a mi edad y mis fuerzas. Invoquemos la intercesión de la Virgen María: Ella nos ayude a todos a seguir siempre al Señor Jesús, en la oración y en la caridad activa.

Traducido del italiano por Nieves San Martín


Publicado por verdenaranja @ 21:05  | Habla el Papa
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Domingo, 24 de febrero de 2013

ZENIT nos ofrece el texto de la carta que Benedicto XVI ha dirigido al predicador de los Ejercicios Espirituales a la Curia Romana de este año, el cardenal Gianfranco Ravasi.

''¿Quién nos hará ver el bien?''. Cuantos reflejan en su rostro y con su vida la luz del rostro de Dios

Deseo de todo corazón, venerado hermano, manifestarle mi profunda gratitud por el servico prestado a mí y a la Curia Romana proponiendo las meditaciones de los Ejercicios Espirituales. Al inicio de la Cuaresma, la semana de los Ejercicios es un tiempo aún más intenso de silencio y de oración, y el tema de este año –justo el diálogo entre Dios y el hombre en la oración de los Salmos– nos ha sido de especial ayuda: apenas entrados, por así decir, en el desierto tras las huellas de Jesús, hemos podido acudir a la fuente de agua purísima y abundante de la Palabra de Dios, que usted ha guiado a sacar del Libro de los Salmos, el lugar bíblico por excelencia en el que la Palabra se hace oración.

Rico de su ciencia y de su experiencia, usted ha propuesto un itinerario sugestivo a través del Salterio, siguiendo un doble movimiento: ascendente y descendiente. Los Salmos en efecto orientan sobre todo hacia el Rostro de Dios, hacia el misterio en el que la mente humana naufraga, pero que la misma Palabra divina permite captar según los diversos perfiles en los que Dios mismo se ha revelado. Y, al mismo tiempo, justo a la luz que emana del Rostro de Dios, la oración sálmica nos hace mirar al rostro del hombre, para reconocer en verdad sus alegrías y sus dolores, sus angustias y sus esperanzas.

De este modo, querido señor cardenal, la Palabra de Dios, mediada por el ars orandi antiguo y siempre nuevo del Pueblo judío y de la Iglesia, nos ha permitido renovar el ars credendi: una exigencia urgida por el Año de la Fe y hecha aún más necesaria por el particular momento que yo personalmente y la Sede Apostólica estamos viviendo. El sucesor de Pedro y sus colaboradores están llamados a dar a la Iglesia y al mundo un claro testimonio de fe, y esto es posible solo gracias a una profunda y estable inmersión en el diálogo con Dios. A los muchos que aún hoy preguntan: «¿Quién nos hará ver el bien?», pueden responder cuantos reflejan en su rostro y con su vida la luz del rostro de Dios (cfr. Sal 4,7).

El Señor sabrá, venerado hermano, recompensarle por este empeño,que ha realizado tan brillantemente. Por mi parte, le aseguro el recuerdo siempre reconocido en la oración por su persona y por su servicio eclesial, mientras que con afecto le renuevo la Bendición Apostólica, extendiéndola con gusto a cuantos le son queridos.

Traducido del italiano por Nieves San Martín


Publicado por verdenaranja @ 21:20  | Habla el Papa
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ZENIT publica las palabras que el papa ha dirigido a los presentes al terminar los Ejercicios Espirituales, el sábado 23 de Febrero de 2013, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico Vaticano, que concluyeron con el canto de Laudes y la Meditación final. Las meditaciones estuvieron a cargo del cardenal Gianfranco Ravasi, presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, y tuvieron por tema: "Ars orandi, ars credendi. El rostro de Dios y el rostro del hombre en la oración de los salmos".

''Creer es, en la oscuridad del mundo, tocar la mano de Dios y, en el silencio, escuchar la Palabra, ver el Amor''

¡Queridos Hermanos, queridos Amigos!:

Al final de esta semana espiritualmente tan densa, queda solo una palabra: ¡gracias! Gracias a vosotros por esta comunidad orante a la escucha, que me ha acompañado en esta semana. Gracias, sobre todo, a usted eminencia, por estas "caminatas" tan bellas por el universo de la fe, por el universo de los Salmos. Hemos quedado fascinados por la riqueza, la profundidad, la belleza de este universo de la fe y permanecemos agradecidos porque la Palabra de Dios nos ha hablado en modo nuevo, con nueva fuerza.

"Arte de creer, arte de orar" era el hilo conductor. Me ha venido a la mente el hecho de que los teólogos medievales tradujeron la palabra "logos" no solo con "verbum", sino también con "ars": "verbum" y "ars" son intercambiables. Solo en las dos juntas aparece, para los teólogos medievales, todo el significado de la palabra "logos". El "Logos" no es solo una razón matemática: el "Logos" tiene un corazón, el "Logos" es también amor. La verdad es bella, verdad y belleza van juntas: la belleza es el sello de la verdad.

Y además usted, partiendo de los Salmos y de nuestra experiencia de cada día, también ha subrayado fuertemente que el "muy bello" del sexto día –expresado por el Creador– es permanentemente contradicho, en este mundo, por el mal, el sufrimiento, la corrupción. Y parece casi que el maligno quiera permanentemente ensuciar la creación, para contradecir a Dios y para hacer irreconocible su verdad y la belleza. En un mundo así marcado también por el mal, el "Logos", la Belleza eterna y el "Ars" eterno, debe aparecer como "caput cruentatum". El Hijo encarnado, el "Logos" encarnado, es coronado con una corona de espinas; y sin embargo justo así, en esta figura sufriente del Hijo de Dios, empezamos a ver la belleza más profunda de nuestro Creador y Redentor; podemos, en el silencio de la "noche oscura", escuchar todavía la Palabra. Creer no es otra cosa que, en la oscuridad del mundo, tocar la mano de Dios y así, en el silencio, escuchar la Palabra, ver el Amor.

Eminencia, gracias por todo y hagamos todavía “caminatas", ulteriormente, por este misterioso universo de la fe, para ser cada vez más capaces de orar, de pedir, de anunciar, de ser testigos de la verdad, que es bella, que es amor.

Al final, queridos amigos, querría dar las gracias a todos vosotros, y no solo por esta semana, sino por estos ocho años, en los que habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor, fe, el peso del ministerio petrino. Queda en mí esta gratitud y también aunque ahora acaba la "exterior", "visible" comunión --como ha dicho el cardenal Ravasi- queda la cercanía espiritual, queda una profunda comunión en la oración. En esta certeza vayamos adelante, seguros de la victoria de Dios, seguros de la verdad de la belleza y del amor.

Gracias a todos vosotros.

Traducido del italiano por Nieves San Martín


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S?bado, 23 de febrero de 2013

ZENIT nos ofrece el comentario al evangelio del Segundo Domingo de Cuaresma, de nuestro colaborador, padre Jesús Álvarez, paulino.

Transfigúranos, Señor
Comentario al evangelio del 2º domingo de Cuaresma/C

Por Jesús Álvarez SSP

“Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: --Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía, porque estaban desconcertados. En esto se formó una nube que les cubrió con su sombra, y desde la nube se oyeron estas palabras: --Éste es mi Hijo, el amado. ¡Escúchenlo! Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos”. (Lc 9, 28-36)

Jesús se siente afligido ante la cercanía de su muerte, y los discípulos comparten su aflicción. Pero en la transfiguración el Padre les muestra lo que vendrá después: la resurrección y la gloria eterna para Él y para ellos, como él les había anunciado: Al tercer día resucitaré (Mt. 17, 32).

Los discípulos pensaban que Jesús iba hacia el fracaso total de su vida. Por eso el Padre les da una prueba más, hablándoles desde la nube: Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco: escúchenlo (Mt 17, 5). Quiere decir: “Créanle. Es cierto lo que dice: que al tercer día resucitará”.

El sufrimiento y la perspectiva de la muerte engendran también en nosotros tristeza, si no miramos más allá: a la resurrección, que es la verdad fundamental de la fe cristiana.

Desde que Jesús sufrió, murió y resucitó, todo sufrimiento y la muerte, tienen destino de resurrección y de vida, de felicidad y gloria sin fin. Nos lo asegura san Pablo: Si sufrimos con Cristo, reinaremos con él; si morimos con él, viviremos con él (2 Tim. 2, 12-13). Sobreabundo de gozo en todas las tribulaciones (2 Cor. 7, 4).

Cada sufrimiento asociado a la cruz de Cristo se nos compensará con un inmenso peso de gozo y de gloria. Tengo por cierto que los sufrimientos de esta vida no tienen comparación alguna con el peso de gloria que se manifestará en nosotros (2 Cor. 4-17), afirma san Pablo. A ustedes se les ha concedido la gracia, no solo de creer en Cristo, sino también de padecer por él. (Flp 1, 29).

La fiesta de hoy evoca otras tres transfiguraciones que se verifican en la persona de Cristo. La primera: el Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de María por la encarnación.

La segunda se verifica en la Eucaristía: el paso del Dios-hombre a ser pan y vino, para transfigurar a los hombres con su vida divina. Quien come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él. Quien me come, vivirá por mí. (Jn. 6, 56-57).

Y la transfiguración definitiva, la resurrección: el paso de Cristo muerto a Cristo resucitado y ascendido al cielo. Ése es el camino que Jesús ha abierto también para nosotros.

¡Oh gran dicha que tan poco consideramos, deseamos y esperamos! Por eso tantas tristezas inútiles, que debemos cambiar en alegría por la esperanza gozosa de la resurrección. Estén siempre alegres en el Señor (Flp. 4, 4).

Transfigurarse es vivir en Cristo por el amor agradecido y la unión con él; y por el amor salvífico al prójimo, como él lo ama: hasta dar la vida por quienes amamos. No hay amor ni dicha más grande en el tiempo y en la eternidad.


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Homilía de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes (Tandil, capilla San Ramón, 11 de febrero de 2013). (AICA)

Lourdes y su testigo

El título que con exactitud corresponde a la memoria litúrgica que hoy celebramos es: Aparición de la Inmaculada Virgen María, aunque nosotros digamos que se trata de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes. Porque lo que en realidad hoy recordamos con devoción y alegría es la primera de aquellas dieciocho manifestaciones de la Madre del Señor a Bernadette Soubirous, ocurridas entre el 11 de febrero y el 26 de julio de 1858 en la gruta de Massabielle, junto al pueblo de los Pirineos franceses que se hizo –precisamente por aquellos sucesos- famoso en el mundo entero.

Fueron apariciones, rasgaduras del cielo que dejaron ver y oir realidades celestiales, la presencia cercana, bellísima y suave, de María, la Madre de Jesús. Como leímos hace un momento en el relato de las bodas de Caná, podemos decir de aquellos acontecimientos: la madre de Jesús estaba allí (Jn. 2, 1). Sobre la autenticidad de aquellos hechos existe una certeza comprobada. Cuatro años más tarde, y después de una rigurosa investigación, el obispo de Tarbes se pronunció sobre el caso diciendo: Juzgamos que la Inmaculada Virgen María se apareció realmente a Bernadette Soubirous el 11 de febrero de 1858 y en otras diecisiete ocasiones sucesivas en una gruta junto a Lourdes… Declaramos que estas apariciones revisten todas la características de la verdad y que los fieles tienen razones fundadas para creerlas ciertas.

La publicación de los documentos referidos a los hechos, los estudios científicos que desmontaron las falacias de los incrédulos, las sesenta y siete curaciones inexplicables reconocidas por la oficina médica oficialmente encargada de examinarlas, y otros muchos datos, confirmaron el testimonio del único testigo: Bernadette no fue una alucinada, ni el instrumento manipulado por el clero para promover la religión, o por su familia para medrar con la superstición de la gente; ella se limitó siempre a referir lo que había visto y oído. Dijo: yo la veía y le hablaba como se ve y se habla a una persona. Su veracidad quedó establecida a través de numerosas pruebas. A quien le pedía informaciones que no correspondían a lo que había experimentado, respondía: “no lo sé”; y a los curiosos que demandaban detalles: “no lo recuerdo”. Se remitía siempre a los hechos y no se inquietaba al advertir que los destinatarios no creían en la veracidad del mensaje y no estaban dispuestos a cumplir con lo que se les pedía. Reflexionaba con objetividad campesina: “la santísima Virgen me ha pedido que se lo diga, no que yo los convenza”; y también: “yo lo he dicho; si no quieren creer es asunto de ellos, no mío”. Se mantuvo firme en la afirmación de los hechos y de las palabras recibidas y sorteó con sencillez y con una prudencia desarmante los sofismas con que pretendieron hacerla confundir para así desautorizar su testimonio. No retrocedió ante las amenazas y la violencia psicológica de los funcionarios locales, representantes del aparato estatal del Segundo Imperio, imbuidos de una mentalidad racionalista y positivista, renuentes a aceptar las realidades sobrenaturales. Otros signos de credibilidad se encuentran en la personalidad y en la vida posterior de Bernadette: nunca se jactó de haber sido elegida, no usufructuó su condición de confidente de la Virgen y rechazó con horror hasta el menor atisbo de homenaje. Ocho años después de los sucesos de Massabielle se ocultó para siempre en un convento de Nevers y vivió su consagración sin hacerse notar, sobrellevando con paciencia sus sufrimientos físicos y ejercitando de manera ejemplar la caridad fraterna. Cumplió con el encargo de rezar y hacer penitencia por los pecadores y se llevó consigo los tres secretos que Nuestra Señora le había confiado con el mandato de no revelarlos. Un último signo: su cuerpo, que no fue sometido a ningún proceso artificial de conservación, puede verse, intacto, en la capilla del convento, en aquella ciudad de provincia a orillas del Loire.

En la Liturgia de las Horas leemos el relato que la misma Bernadette hizo de la aparición del 11 de febrero en una carta suya dirigida a un sacerdote. En ese primer encuentro la Virgen no dijo nada; sólo sonrió bondadosamente y con su gesto la indujo a rezar el rosario. Habría luego otras apariciones silenciosas, de contemplación y plegaria. Recién en el tercer encuentro María habló para preguntarle si le haría el favor de volver allí durante quince días; ante la aceptación de la niña, le prometió que no la haría feliz en este mundo, sino en el otro. El mensaje de Lourdes es una invitación a la penitencia, pero pronunciado en un contexto de serenidad y gozo. Coincide con la primera predicación de Jesús: Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca (Mt. 4, 17); es como si la Madre ahora recomendase: Hagan todo lo que él les diga (Jn. 2, 5). El carácter evangélico de ese mensaje queda corroborado por el surgir del manantial el 25 de febrero; después de repetir tres veces la grave exhortación: ¡Penitencia! La Virgen indica a Bernadette: Vaya a beber a la fuente y a lavarse allí. El agua viva, que sigue brotando, es fuente de salud y signo de perdón; más allá de las curaciones milagrosas, se reciben en el lugar innumerables gracias, sobre todo de transformación del dolor en esperanza, de recuperación de la fe y, con el perdón de los pecados, de la alegría y el sentido de la vida. Otro día la vidente recibió el encargo de transmitir a los sacerdotes el pedido de que se construyera allí una capilla y que se fuera en procesión; tal el origen de uno de los mayores santuarios del mundo católico, meta de peregrinaciones multitudinarias y sede privilegiada de una continua y fervorosa profesión de fe.

Bernadette no sabía en realidad quién era la joven que se le aparecía y ella, que no estaba catequizada y no había hecho todavía la primera comunión, no se precipitó a afirmar que se trataba de la Santísima Virgen. En una ocasión la roció con agua bendita, por si era una manifestación diabólica, y en otra le ofreció papel, pluma y tinta para que escribiera su nombre; en ambos casos la Virgen se rió. El jueves 25 de marzo, ante una nueva insistencia de la niña para que revelara quién era, se oyó la respuesta: Yo soy la Inmaculada Concepción, nombre que expresa la eficacia admirable de la redención de Cristo y a la vez la alborada de la nueva creación. El último encuentro fue también silencioso, y la impresión causada debe haber sido más honda y deslumbrante; Bernadette comentó a una tía suya que la acompañaba: “Nunca la había visto tan bella”.

La aparición de Lourdes, como tantas otras de la Madre del Señor, fue una revelación privada, una gratia gratis data, podríamos decir, recibida por la vidente. Pero con una finalidad eclesial, de evangelización: recordar a los fieles y al mundo la actualidad perenne del Evangelio; más concretamente, el llamado a la conversión y el ofrecimiento del misericordioso perdón divino. Las revelaciones privadas deben ser cuidadosamente distinguidas de la revelación pública contenida en la fuente de la Sagrada Escritura y la Tradición, que quedó cerrada a la muerte del último apóstol y fue confiada para su transmisión a la Iglesia. Sin embargo, la misma Iglesia reconoce con amor ese signo de la providencia de Dios sobre la doliente humanidad y de la cooperación de María en la obra de la redención realizada por Cristo. Lourdes no representa una teoría, no es un discurso abstracto, sino un hecho, un acontecimiento histórico cuya veracidad puede ser reconstruida mediante una investigación documental que conduce hasta el umbral de la aceptación del misterio. Ese hecho es un valioso apoyo para la fe de los vacilantes; su valor resulta más eficaz cuando la cultura de un pueblo pierde la referencia a sus orígenes cristianos, cuando la fe de los bautizados es asaltada por la duda y la aridez espiritual se sobrepone al fervor. La realidad del acontecimiento de Lourdes y su vigencia permanente atestigua a favor de la verdad católica, es un argumento en acción; lo percibe sobre todo in situ el peregrino orando junto a la fuente que sigue brindando su frescor, símbolo de la gracia que restaura, y participando de la procesión eucarística que reúne a gente de todas las lenguas en la misma adoración del único Señor, muestra conmovedora de catolicidad. Lo percibimos todos desde lejos al celebrar cada año esta memoria litúrgica, o al enterarnos de cuántas vidas quedan transformadas al ir allá.

Una última señal de la dimensión evangélica del acontecimiento de Lourdes está en la cualidad del testigo: una niña analfabeta y enfermiza, alguien insignificante para el mundo, que fue elegida para contemplar a la Inmaculada y para dialogar con ella sencillamente, no en francés –que no lo hablaba- sino en el dialecto de la región, para ser depositaria de su encargo. De los funcionarios civiles que intervinieron en el caso, los que no eran anticlericales furibundos sino solamente católicos formales pensaron que resultaba inconcebible que la Virgen, si quería manifestarse y comunicar al mundo un mensaje, recurriera a un instrumento tan inadecuado. Aun el clero, al comienzo, pensó así; merecía otra cosa, según ellos, la dignidad de la religión. Pero es otro el pensamiento de Dios. San Pablo argumentaba así sobre la vocación de los cristianos de Corinto: Tengan en cuenta quiénes son los que han sido llamados: no hay entre ustedes muchos sabios, hablando humanamente, ni son muchos los poderosos ni los nobles. Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de Dios (1 Cor. 1, 26-29).

A Santa Bernardita podemos pedirle nos consiga una gracia de contemplación y amor de la Inmaculada para ser indiscutiblemente católicos, de fidelidad al rezo fervoroso del rosario, de generosa dedicación a la salvación de las almas. Pero sobre todo pidámosle la gracia de la humildad.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


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Viernes, 22 de febrero de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo segundo de Cuaresma - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo II de Cuaresma C 

          Cuando Jesucristo habla a los discípulos de que tiene que padecer y morir para después resucitar, era lógico que no lo entendieran, que Pedro se lo llevara aparte para increparlo y que estuvieran entristecidos, como en crisis...

          ¿Quién, en todo Israel, iba a pensar que esa era la suerte del Mesías? Ellos esperaban todo lo contrario, como contemplábamos el domingo pasado: Ellos esperaban un Mesías glorioso, triunfador, que les liberara de la opresión de los romanos.  ¿Quién iba a aceptar ahora todo lo contrario?

          Y Jesús se pregunta: ¿cómo acercar el misterio a los discípulos de modo que pudieran captar algo de su sentido?

          Por eso, unos días después se lleva a los tres predilectos a una montaña alta para orar. Es S. Lucas el que nos hace esa precisión. “Y mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos...”

          ¡Es la Transfiguración!

          “De repente dos hombres conversaban con Él. Eran Moisés y Elías, que aparecieron con gloria; hablaban de su muerte que iba a consumar en Jerusalén”. Es otra precisión de S. Lucas.

          ¿Y por qué aparecen estos dos personajes en la escena?

          Porque los dos representan todo el Antiguo Testamento: Moisés nos recuerda los libros de la Ley y Elías, los de los profetas.

          Como dice el prefacio de la Misa de hoy, se trata de dar testimonio de que todo estaba anunciado, escrito en el Antiguo Testamento. Y que, por tanto, “de acuerdo con la Ley y los profetas, la Pasión es el camino de la Resurrección”.

          Por eso, el día de la Resurrección les reprocha a los de Emaús: “¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria? Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les manifestó todo lo que se refería a Él en toda la Escritura” Mientras tanto, ellos sentían arder el corazón (Lc 24, 25-33).

          Entonces viene una nube que los cubre. Ellos se asustan al entrar en la nube, porque ésta es señal de la presencia de Dios. Y se oye la voz del Padre: “Éste es mi Hijo, el escogido; escuchadlo”.

          De este modo, ellos pueden comprender que Jesús no es un hombre como los demás, sino el Hijo del Dios vivo como había dicho Pedro (Mt 16,16) Y que el Padre y el Hijo están de acuerdo en el camino que el Mesías tiene que recorrer.

          Por tanto, tienen que escucharle y seguirle.

          ¿Y, conociendo las disposiciones de los discípulos, aquello habrá servido de algo?

          S. Pedro, uno de los testigos, nos dice en su segunda Carta: "Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la sublime Gloria le trajo aquella voz: "Este es mi Hijo amado, mi predilecto. Esta voz, traída del Cielo, la oímos nosotros en la montaña sagrada. Esto confirma la palabra de los profetas..."   (2 Pe 1, 16ss.)

          También nosotros, peregrinos hacia la Pascua por el camino de la Cuaresma, salpicado de luchas y dificultades, pero interesante y atrayente al mismo tiempo, necesitamos la experiencia de la Montaña santa, para que seamos capaces de llegar hasta el final.

 

                                       ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! ¡BUENA CUARESMA!


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Carta de monseñor Don Bernardo Álvarez Afonso, obispo de Tenerife, con motivo de la "DUODÉCIMA PEREGRINACIÓN A CANDELARIA EN FAVOR DE LA PAZ"

“Dichosos los que trabajan por la paz”

El próximo sábado, 23 de febrero, por duodécimo año consecutivo peregrinamos hasta la Basílica de la Virgen de Candelaria en oración por la paz. Esta peregrinación anual se inició en enero de 2002 para responder al llamamiento del entonces Papa Juan Pablo II que, angustiado ante el agravamiento del conflicto de Irak, nos pidió a todos movilizarnos a favor de la paz.

Desde entonces no hemos dejado de convocar a gentes de todos los rincones de Tenerife que cada año, en número cada vez mayor, se han unido para pedir a Dios, Padre de la humanidad, que nos conceda la concordia y la paz en todo el mundo, particularmente en aquellos lugares donde hay conflictos abiertos, para que todas las personas, donde quiera que se encuentren, puedan alcanzar sus aspiraciones de una vida próspera y feliz.

Siempre hemos partido de la Iglesia de Santo Domingo de La Laguna. En esta ocasión hemos elegido un itinerario diferente. Como estamos en el “Año de la Fe” hemos decidido hacer el recorrido que conocemos como “Ruta Virgen de Candelaria”. Es decir, los lugares por donde fue llevada la imagen de Ntra. Sra. de Candelaria desde que fue encontrada por los guanches en la playa de Chimisay, hasta su ubicación actual en la Basílica junto al mar, pasando por la cueva de Chinguaro.

Sin temor a equivocarnos, podemos decir que la Virgen de Candelaria fue la primera noticia de cristianismo que tuvo la isla de Tenerife, y esto, más de un siglo antes de la conquista. Aún sin tener conocimiento pleno de lo que significaba, los guanches veneraron a la Virgen María y al niño Jesús que lleva en su brazo. Esto sin duda favoreció la posterior evangelización de la población autóctona por parte de los misioneros, de modo que la Virgen de Candelaria fue “la puerta de la fe” para los guanches, la puerta por la que la fe cristiana entró en Tenerife.

Así pues, en la “Peregrinación por la Paz” de este año partiremos, a las 8 de la mañana, desde la playa de Chimisay, donde apareció la imagen de la Virgen (lo que hoy conocemos como El Socorro de Güimar). Iremos hacia la ermita y espacio religioso de Chinguaro (donde lo guanches la guardaron y veneraron). Desde allí, sobre las 10 de la mañana, seguiremos hasta la Basílica de Candelaria (donde se la venera actualmente); a la llegada, sobre las 12 de la mañana tendremos la Santa Misa ofrecida por la paz del mundo. Los que deseen participar, pueden unirse en cualquiera de estos lugares o irse incorporando por el camino, como ha sucedido en otras ocasiones.

La “Peregrinación por la Paz” tiene dos perspectivas complementarias. La primera, que es un “gesto visible” de nuestra preocupación por los conflictos sangrientos y por las amenazas de guerra que afligen a millones de personas en distintos lugares del mundo y, asimismo, es una viva manifestación de nuestro rechazo de toda forma de violencia, junto con nuestro deseo de paz y concordia entre todos los seres humanos. En este sentido somos conscientes de que la realización de la paz depende en gran medida del reconocimiento de que, en Dios, todos los seres humanos somos una sola familia. Por eso, como dice el Papa, “para llegar a ser un auténtico trabajador por la paz, es indispensable cuidar la dimensión trascendente y el diálogo constante con Dios”.

De ahí que, la segunda perspectiva de nuestra peregrinación sea la de “oración por la paz”. Junto con la Virgen María pedimos con insistencia: “Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, danos la paz”. A Jesucristo, el Hijo de Dios, nacido de una mujer, María, le pedimos que nos ayude a comprender que todos somos hijos de un mismo Padre y a tratarnos como buenos hermanos los unos de los otros. Que aleje de nosotros todo lo que nos divide y nos haga instrumentos de paz.

“Dichosos los que trabajan por la paz”, dejó dicho Jesús, en una de las bienaventuranzas. Pero, para trabajar por la paz, lo primero es ser “pacífico”. De ahí que, con la oración pedimos, también, vencer el germen de oscuridad y de negación de la paz que anida en nuestro corazón: el egoísmo y la violencia, la codicia y el deseo de poder y dominación, la intolerancia, el odio y los deseos de venganza, la indiferencia ante el sufrimiento ajeno y el mirar para otro lado ante las estructuras injustas. En fin, con la oración pedimos nuestra renovación interior, un corazón y un espíritu nuevo que sólo Dios nos puede dar. Además, la paz que buscamos y por la que queremos trabajar es, ante todo, la paz con Dios viviendo según su voluntad, porque es así como alcanzaremos la paz interior con nosotros mismos y paz exterior con el prójimo.

Puede parecer que una “Peregrinación por la Paz” sirve de poco y que es perder el tiempo. Pero no es así. Como dice el Papa Benedicto XVI, en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz de este año (texto completo en www.obispadodetenerife.es): “Las iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. Es necesario enseñar a los hombres a amarse y educarse a la paz, y a vivir con benevolencia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y, en fin, perdonar”.

Todos los que quieran están invitados a unirse a esta “Duodécima Peregrinación por la Paz a Candelaria”, bien en todo el recorrido o incorporándose en cualquier momento. Y, por encima de todo, vayamos o no a la peregrinación, no dejemos de trabajar todos los días por la paz, en nuestra vida personal y familiar, en nuestro vecindario y municipio, en nuestro ambiente de trabajo y de ocio, en la política, en la cultura y en el deporte, en las asociaciones profesionales y sociales… La paz se construye desde abajo, allí donde las personas conviven, trabajan y toman decisiones. La paz que es un derecho de todos es, también, un deber de todos.

Y sin olvidar la oración por la paz, porque sólo Dios puede cambiar nuestro corazón y el de los demás. Cada día, podemos secundar esta recomendación del Papa en su Mensaje de este año: “Pedir a Dios que ilumine con su luz la mente de los que gobiernan las naciones, para que, al mismo tiempo que se esfuerzan por el justo bienestar de sus ciudadanos, aseguren y defiendan la paz entre los pueblos; que encienda las voluntades de todos los hombres para echar por tierra las barreras que dividen a los unos de los otros, para estrechar los vínculos de la mutua caridad, para fomentar la recíproca comprensión, para perdonar, en fin, a cuantos nos hayan injuriado. Que, de esta manera, bajo su auspicio y amparo, todos los pueblos se abracen como hermanos y florezca y reine siempre entre ellos la tan anhelada paz”.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense


 DOMINGO II DE CUARESMA C 

 MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

          Durante los domingos de Cuaresma recordamos, en la primera lectura, los grandes acontecimientos de la Historia del pueblo de Israel. Hoy se nos narra la alianza que el Señor hace con Abrahán.  Escuchemos con atención.

 

SEGUNDA LECTURA

          La segunda lectura de hoy es de una carta de San Pablo. En ella el apóstol nos advierte de nuestra dignidad y grandeza de cristianos frente a los que viven de una manera desordenada, como enemigos de la cruz de Cristo.

 

TERCERA LECTURA

          El Evangelio del segundo domingo de Cuaresma nos pone en contacto cada año con el acontecimiento de la Transfiguración. Aclamemos ahora al Señor que nos muestra su gloria y quiere hacernos partícipes de ella.

 

COMUNIÓN

          En la Comunión Jesucristo, nuestro Salvador, nos ofrece la luz y la fuerza que necesitamos para seguirle por el camino de la cruz  a la dicha a la que nos  llama en el tiempo y en la eternidad.

 

 

 


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Mi?rcoles, 20 de febrero de 2013

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo segundo de Cuaresma - C.

ESCUCHAR A JESÚS 

          Los cristianos de todos los tiempos se han sentido atraídos por la escena llamada tradicionalmente "La transfiguración del Señor". Sin embargo, a los que pertenecemos a la cultura moderna no se nos hace fácil penetrar en el significado de un relato redactado con imágenes y recursos literarios, propios de una "teofanía" o revelación de Dios.

          Sin embargo, el evangelista Lucas ha introducido detalles que nos permiten descubrir con más realismo el mensaje de un episodio que a muchos les resulta hoy extraño e inverosímil. Desde el comienzo nos indica que Jesús sube con sus discípulos más cercanos a lo alto de una montaña sencillamente "para orar", no para contemplar una transfiguración.

          Todo sucede durante la oración de Jesús: "mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió". Jesús, recogido profundamente, acoge la presencia de su Padre, y su rostro cambia. Los discípulos perciben algo de su identidad más profunda y escondida. Algo que no pueden captar en la vida ordinaria de cada día.

          En la vida de los seguidores de Jesús no faltan momentos de claridad y certeza, de alegría y de luz. Ignoramos lo que sucedió en lo alto de aquella montaña, pero sabemos que en la oración y el silencio es posible vislumbrar, desde la fe, algo de la identidad oculta de Jesús. Esta oración es fuente de un conocimiento que no es posible obtener de los libros.

          Lucas dice que los discípulos apenas se enteran de nada, pues "se caían de sueño" y solo "al espabilarse", captaron algo. Pedro solo sabe que allí se está muy bien y que esa experiencia no debería terminar nunca. Lucas dice que "no sabía lo que decía".

          Por eso, la escena culmina con una voz y un mandato solemne. Los discípulos se ven envueltos en una nube. Se asustan pues todo aquello los sobrepasa. Sin embargo, de aquella nube sale una voz: "Este es mi Hijo, el escogido. Escuchadle". La escucha ha de ser la primera actitud de los discípulos.

          Los cristianos de hoy necesitamos urgentemente "interiorizar" nuestra religión si queremos reavivar nuestra fe. No basta oír el Evangelio de manera distraída, rutinaria y gastada, sin deseo alguno de escuchar. No basta tampoco una escucha inteligente preocupada solo de entender.

          Necesitamos escuchar a Jesús vivo en lo más íntimo de nuestro ser. Todos, predicadores y pueblo fiel, teólogos y lectores, necesitamos escuchar su Buena Noticia de Dios, no desde fuera sino desde dentro. Dejar que sus palabras desciendan de nuestras cabezas hasta el corazón. Nuestra fe sería más fuerte, más gozosa, más contagiosa.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
24 de febrero de 2013
2 Cuaresma  (C)


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ZENIT nos ofrece el artículo de nuestro habitual colaborador el obispo de San Cristóbal de las Casas Felipe Arizmendi Esquivel. Esta vez comenta el acontecimiento que marca las horas de la Iglesia católica en este momento y la lección que entraña.

Ejemplar renuncia del papa
Clarividencia evangélica, oportunidad, generosidad y libertad

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

A todos nos causó sorpresa el anuncio de Benedicto XVI de renunciar a su ministerio como Sucesor de Pedro. Las reacciones han sido variadas. En vez de admirar y valorar su profunda madurez humana y cristiana, su clarividencia evangélica para decidir el momento oportuno, su generosidad espiritual al no estar aferrado a un puesto, su gran libertad para tomar decisiones tan trascendentes, y sobre todo su arraigado y sacrificado amor a la Iglesia, de inmediato se suscitan elucubraciones sobre quién podría ser elegido nuevo Papa, o sobre si hay otras razones para su renuncia. Unos que se consideran especialistas en asuntos religiosos, de inmediato expresan opiniones que nos confirman lo que ya había dicho Jesús, que quien tiene los ojos manchados, todo lo ve sucio… Unos fieles se sienten un poco desconcertados.

ILUMINACION

Lo más indicado es analizar el texto de su renuncia: “Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mí respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria”.

Esta decisión no es una total sorpresa, pues hace poco más de dos años, cuando el periodista alemán Peter Seewald le preguntó al respecto, dijo: “Si el papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su servicio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber de renunciar” (Libro Luz del Mundo, pág. 43).

Y el Código de Derecho Canónico, que norma la vida de la Iglesia, con toda claridad indica: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie” (canon 332,2).

COMPROMISOS

Sirva este signo profético del Papa como una invitación a no aferrarnos al ejercicio de una autoridad. Un padre de familia, a tiempo distribuya las herencias y no retenga su poder sobre los bienes que pueda dejar a los hijos. Un catequista, un servidor de la Iglesia, presente su renuncia periódicamente, para que la comunidad crezca. Un líder sindical, un gobernante, no se empecine en su cargo como si nadie más fuera capaz de ejercerlo. Los obispos presentamos al Papa nuestra renuncia, al cumplir 75 años, o cuando la salud u otras causas nos impiden presidir la diócesis. Esto es lo más sano para la Iglesia, a la que el Espíritu Santo no deja de asistir. La fe asegura que Jesús es el Supremo Pastor. Oremos por que se elija un buen sucesor y no nos impresionemos por opiniones sin fundamento real.


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Martes, 19 de febrero de 2013

ZENIT nos ofrece la Carta del patriarca greco-melquita católico de Antioquía y de todo el Oriente, de Alejandría y de Jerusalén, Gregorio III haciendo una llamada a una "solidaridad en la Fe y la Caridad".

Cuaresma 2013: ''Solidaridad en la Fe y en la Caridad''

Hoy, frente a los sufrimientos y las calamidades que sufren nuestros países árabes, primero necesitamos vivir esta solidaridad cristiana que san Pablo nos describe en su carta a los corintios: "si un miembro sufre, todos los demás miembros sufren también. Y si un miembro se regocija, todos los demás miembros se regocijan" (1 Cor. 12, 25-26). Cómo hacer frente a la situación en Siria que sobrepasa y con mucho nuestras capacidades bien limitadas en materia de ayuda humanitaria tanto a medio como a largo plazo.

En la dispersión de Homs, de Lataquié, Safita y Marmarita (el Valle de los Cristianos con 143 pueblos), de Alepo, de Horan y de Damasco la situación de los habitantes en general y de nuestros fieles en particular es catastrófico. Una veintena de iglesias han sido destruidas, dañadas, devastadas, abandonadas. La Divina Liturgia no se ha podido ya celebrar allí. Los fieles y los sacerdotes se han ido. Se calcula que más de dos millones de personas han sido desplazadas.

Las regiones y las localidades donde nuestras iglesias e instituciones ha sido particularmente tocadas son:

En la dispersión de Homs: el obispado, la mayoría de las iglesias y de las instituciones eclesiásticas de la ciudad de Homs, Kousair, Dmeineh Charquieh, Rableh, santuario St. Elie, Jousi, Yabroud, Krak de los Caballeros, el Valle de los Cristianos.

En la dispersión de Alepo: el obispado, iglesias, instituciones, el barrio Salibi (cristiano).

Damasco y sus alrededores: Zabadani, Harasta, Daraya (mi ciudad natal), la Duma, el Ain Terma, el Kassaa...

Varios de nuestros fieles han sido secuestrados y los que han sido devueltos a sus familias lo han sido con el pago de un rescate.

Sin contar a los heridos, se estima que más de mil cristianos habrían sido muertos de los cuales un centenar serían greco-melquitas católicos.

La situación de los refugiados del interior es trágica. Los alquileres en las zonas de refugio son exorbitantes. Estos refugiados después de haber perdido su casa, su trabajo y a menudo su herramientas de trabajo, raramente encuentran trabajo. La mayoría no tiene recursos. Sin olvidar a los que todavía tienen la posibilidad de permanecer en su pueblo, en su casa, pero que son también nuevos pobres. Pobres de la crisis económica que golpea todo el país: alza de precios y baja de las reaperturas.

Y hay refugiados que se fueron a los países vecinos como Líbano, Europa o a otros lugares.

Por todas partes encontramos las mismas tragedias y la misma desesperanza con dolor por la pérdida de seres queridos, un esposo, un hijo, un hermano... Muerto, raptado o desaparecido. Por todas partes la duda, el miedo y la sospecha...

Pero todo esto es sólo una imagen muy pálida de la triste realidad diaria de nuestros fieles en Siria. Una imagen a la cual deberíamos añadir que la mayoría de nuestras instituciones --las que aún no han sido destruidas o son impedidas de trabajar con normalidad- han debido aprender a adaptarse a la situación. Este ha sido por ejemplo el caso de nuestras escuelas. Muchas han sido cerradas o los alumnos desplazados hacia locales más seguros pero a menudo inadecuados para la enseñanza como los 2.200 alumnos de nuestra nueva escuela de Mleiha (Damasco, camino del aeropuerto) que encontraron los antiguos locales del colegio patriarcal en el patio de la catedral.

Todas las Iglesias de Siria se unieron para aportar ayuda y socorro a todos ellos, cristianos y musulmanes, que siguen pidiéndolas cada día. Pero llamamos a todas las puertas. En Siria, en Líbano, en nuestra eparquías de la diáspora, así como organizaciones e instituciones internacionales... Agradecemos y expresamos toda nuestra gratitud hacia todos aquellos que nos ayudaron, que respondieron a nuestras llamadas... ¿cómo haríamos sin ellos para continuar haciendo frente a las necesidades urgentes en alimento, medicinas, viviendas y medios de calefacción?

En Navidad ya lanzábamos una llamada a todos por una solidaridad activa. (…) La solidaridad es un acto de Fe. Saca su fuerza en la fuente de la Fe porque somos Una Iglesia, Un solo cuerpo, Una familia cristiana, Una sola patria. La Fe se expresa por las buenas obras, muy particularmente por la caridad efectiva hacia los que están necesitados. Y los que están necesitados son los hijos de nuestra Iglesia.

Su santidad Benedicto XVI en su carta para esta Cuaresma 2013 tan justamente titulada "Creer en la caridad suscita la caridad", nos dice: "una fe sin obras es como un árbol sin fruto: estas dos virtudes se implican recíprocamente. La Cuaresma precisamente nos invita, con las indicaciones tradicionales para la vida cristiana, a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación a los Sacramentos, y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y hacia el prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna".

La cuestión a la cual debemos responder, nosotros aquí en Oriente, es existencial: ¡Ser o No Ser! El futuro de los cristianos en Oriente está en juego.

Para sostener y organizar esta solidaridad pedimos a todos los que están en la diáspora formar comités de solidaridad. Para unirnos y hacer frente a los desafíos y preservar la presencia de los cristianos en Oriente. ¡Y queremos ser optimistas!

Nuestra solidaridad es siempre el verdadero remedio contra el pesimismo, el miedo, el desaliento, la frustración, la desesperación, la duda… La solidaridad es la prueba verdadera para demostrar que somos verdaderamente una Iglesia, "fuerte y coherente", solidaria, capaz de hacer frente a las dificultades por muy grandes sean. Porque nuestra solidaridad es una solidaridad en la Fe y la Caridad, confiada en la providencia divina que afirma que ni: "un cabello caerá de su cabeza sin el permiso de su Padre que está en los cielos" (Lc 21, 18-19).

Nosotros hacemos una llamada a través de esta carta a la solidaridad de todos, y a hacer más esfuerzos aún para encontrar juntos los medios para hacer frente a los desafíos.

Llamamos a nuestros hermanos musulmanes a apoyar nuestros esfuerzos y preservar la presencia cristiana con ellos y por ellos. Saben muy bien que esta presencia cristiana fue y es siempre muy importante --y eficaz- en la historia del mundo árabe en todos los planos. Saben cuánto nuestras instituciones educativas, culturales, sanitarias, religiosas y sociales e intelectuales están al servicio de todos los ciudadanos sin distinción. Todo esto, todo, está amenazado de desaparecer si la presencia cristiana desapareciera.

También la solidaridad cristiana debe ser una solidaridad islamocristiana, porque el fin es servir a nuestra sociedad, nuestras patrias árabes sin distinción, como ha sido a lo largo de la historia a través de la historia. Debemos ser solidarios, cristianos y musulmanes, para un futuro mejor para nuestras generaciones futuras.

Se ha dicho de los primeros cristianos de Antioquía donde, por primera vez, fueron llamados cristianos: "¡ Mirad! Cuánto se aman". Somos fuertes hoy por este testimonio. Esta caridad es en efecto la tabla de la salvación para la Iglesia en el Medio Oriente para ser "comunión y testimonio". Este es el objeto de la exhortación apostólica y la síntesis del Sínodo sobre Oriente Medio que tuvimos en Roma en octubre de 2010, en vísperas de la erupción de las crisis en Oriente Medio.

¡Queridos amigos! Os recuerdo mi divisa patriarcal y sacerdotal: "Velad y caminad en la Caridad". Hoy estamos todos llamados a hacer de esta divisa patriarcal, la divisa de la Iglesia grecomelquita Católica. Es mi llamada al comienzo de esta gran Cuaresma bendita, sobre nuestro arduo camino, el camino de la cruz de nuestro país Siria, de nuestros países árabes, de la cruz de nuestros fieles, hacia las alegrías y esperanzas de la primavera de la Resurrección.

Antes de concluir, llamamos al conjunto de nuestros fieles a respetar la práctica del ayuno, de la abstinencia y de las mortificaciones, las oraciones propias de la Cuaresma, sin olvidar jamás la virtud, la misericordia, el perdón y la caridad.

Varias veces nuestro nuestro Santo sínodo estudió la cuestión del ayuno y de la abstinencia, especialmente del 1949 al 1954. Después del Concilio Vaticano II, se dió una orientación general, confiando a cada eoarca el cuidado de establecer la disciplina del ayuno y de la abstinencia adecuado a su eparquía. A pesar de las diversas dispensas concedidas según las situaciones de vida, la disciplina del ayuno de la antigua tradición oriental permanece vigente y, gracias a Dios, es bien seguida y es practicada en numerosas instituciones religiosas, monásticas y otras, así como por el clero y los fieles.

Hermanos y hermanas, "comencemos esta Cuaresma en la alegría, radiante de los preceptos de Cristo nuestro Dios, en la luz de la caridad y el resplandor de la oración, en la pureza de corazón y la energía de los fuertes, con el fin de apresurarnos noblemente, el tercer día, hacia la Santa Resurrección, que difunde por el universo su inmortal claridad".

Traducido del francés por Raquel Anillo


Publicado por verdenaranja @ 21:17  | Hablan los obispos
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Lunes, 18 de febrero de 2013

Subsido litúrgico para la Eucaristía del DÍA DEL SEMINARIO 2013 publicado por CEE y enviado con materiales para su celebración el V DOMINGO DE CUARESMA  o SOLEMNIDAD DE SAN JOSÉ, .

DÍA DEL SEMINARIO 2013

MONICIÓN Y PROCESIÓN DE ENTRADA

Reunido el pueblo, se hace la monición de entrada. Evítese usar el ambón para las moniciones, utilícese un atril auxiliar.

* Si se celebra el V Domingo de Cuaresma____________________________________

La Cuaresma es un tiempo de conversión y de intenso conocimiento de Cristo, lo decimos muchas veces, pero, ¿se cumple en nosotros? La Eucaristía que cada domingo, en cada fiesta, incluso a diario, es la oportunidad más grande que existe en este mundo de conocer a Jesús.

No es posible conocerle y luego no amarle, no es posible escucharle y luego no seguirle, pero nos tapamos con tantos obstáculos, tantos miedos, el apego a tantas cosas… Que el Espíritu Santo, que hizo ver incluso a los enemigos de Jesús los milagros que salían de sus manos, nos lleve a todos a amar con pasión a Jesucristo y algunos de los nuestros a desear seguirlo por el comino del sacerdocio.

** Si se celebra la solemnidad de San José____________________________________

La Cuaresma es un tiempo de conversión y de intenso conocimiento de Cristo, lo decimos muchas veces, pero, ¿se cumple en nosotros? La Eucaristía que cada domingo, en cada fiesta, incluso a diario, es la oportunidad de más grande que existe en este mundo de conocer a Jesús. No es posible conocerle y luego no amarle, no es posible escucharle y luego no seguirle, pero nos tapamos con tantos obstáculos, tantos miedos, el apego a tantas cosas… Que el Espíritu Santo que ensanchó el corazón de José de Nazaret para acoger el Misterio de Cristo y hacerlo suyo, nos lleve a todos a amar con pasión a Jesús y algunos de los nuestros a desear seguirlo por el camino del sacerdocio. 

En la procesión de entrada, además del sacerdote y los ministros, pueden ir tras la cruz los seminaristas, si los hubiere, o los jóvenes de grupos vocacionales.

Si no hay canto de entrada, los fieles o algunos de ellos o un lector recitarán la antífona de entrada:

* Si se celebra el V Domingo de Cuaresma____________________________________

Sal 42, 1-2

Hazme justicia, oh, Dios, defiende mi causa, contra gente sin piedad; sálvame del hombre traidor y malvado. Tú eres mi Dios y protector.

** Si se celebra la solemnidad de San José____________________________________

Cf. Lc 12, 42

Este es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.

MONICIÓN A LA LITURGIA DE LA PALABRA

El monitor puede hacer la siguiente monición antes de la proclamación de la primera lectura:

Cuántas veces nuestras moniciones e introducciones son palabras y más palabras, quieren explicar y ayudar a entender las lecturas de la Sagrada Escritura, pero pocas veces consiguen su cometido, porque lo más importante es desear oír a Dios, desear escuchar a Jesús, desear que el Espíritu Santo nos haga entrar, aunque solo sea por unos instantes, en lo que se nos va a narrar. Por eso, hermanos, con atención pero, sobre todo, con fe, ¡escuchad!

ORACIÓN UNIVERSAL

Las intenciones son propuestas por un diácono o, en su defecto, por un lector u otra persona idónea.

 Enseña el Concilio: «los obispos, puestos por el Espíritu Santo, ocupan el lugar de los Apóstoles como pastores de los fieles, y, juntamente con el Sumo Pontífice y bajo su autoridad, son enviados a actualizar perennemente la obra de Cristo, Pastor eterno» (CD 2).

Oremos hermanos por el Santo Padre, el Papa, y por todos los obispos de la Iglesia.

R_. (cantada): Señor, escúchanos. Señor, óyenos.

 Enseña el Concilio: «Los presbíteros, por el sacramento del Orden, se configuran a Cristo Sacerdote, como ministros de la Cabeza para la estructuración y edificación de todo su Cuerpo que es la Iglesia, como cooperadores de los obispos» (PO 12).

Oremos, hermanos, por todos los sacerdotes en el mundo.

R_. (cantada): Señor, escúchanos. Señor, óyenos.

 Enseña el Concilio: a los laicos «corresponde iluminar y organizar todos los asuntos temporales (…) de tal manera que se realicen según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor» (LG 31).

Oremos, hermanos, por todos los fieles laicos.

R_. (cantada): Señor, escúchanos. Señor, óyenos.

 Enseña el Concilio: «Los religiosos y religiosas, con su integridad de fe y caridad para con Dios y el prójimo, con amor a la cruz y con esperanza en la vida futura, difunden el buen mensaje de Cristo a todo el mundo» (PC 25).

Oremos, hermanos, por todos los religiosos y religiosas.

R_. (cantada): Señor, escúchanos. Señor, óyenos.

 Enseña el Concilio: «El deber de fomentar las vocaciones pertenece a toda la comunidad de los fieles, que deben procurarlo, ante todo, con una vida plenamente cristiana. Ayudan, sobre todo, a estos las familias, el primer seminario, y las parroquias» (OT 2).

Oremos, hermanos, por las vocaciones al sacerdocio.

R_. (cantada): Señor, escúchanos. Señor, óyenos.

 Enseña el Concilio: «El gozo y la esperanza, las lágrimas y las angustias de los hombres y mujeres de nuestros días, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son, también, gozo y esperanza, lágrimas y angustias, de los discípulos de Cristo» (GS 1).

Oremos hermanos por todos los hombres, especialmente por los que están más alejados de Dios y por los que sufren la enfermedad, el desempleo, la marginación o la soledad.

R_. (cantada): Señor, escúchanos. Señor, óyenos. 

MONICIÓN A LA PRESENTACIÓN DE LOS DONES Y DE LA COLECTA

Antes de comenzar la Presentación de los dones, o antes de comenzar la Plegaria eucarística, se puede hacer la siguiente monición leyéndola pausadamente:

Llegamos, hermanos, a la parte principal de la celebración de la Eucaristía. Enseña el Concilio: «(…) que los cristianos no asistan a este Misterio de fe como extraños y mudos espectadores, sino que comprendiéndolo bien a través de los ritos y oraciones (…) aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la Hostia inmaculada, Jesucristo (…), se perfeccionen día a día por Cristo Mediador en la unión con Dios y entre sí, para que, finalmente, Dios sea todo en todos» (SC 48).

[Hoy, algunos jóvenes con vocación portarán las luces durante la Plegaria eucarística].

Rogamos encarecidamente evitar la presentación de otra cosa que no sea los dones de pan y vino para el Sacrificio, y la caridad de la Iglesia, para evitar que no se siga desnaturalizando el verdadero sentido sacrificial de la Eucaristía, que no es otro que la ofrenda de Cristo mismo, y después de él, y con él, los fieles que confiesan su Nombre.

Al comenzar la Plegaria eucarística, seis muchachos con inquietud vocacional (o los que hubiere), con una lámpara en la mano, se acercan hasta las gradas del altar y allí permanecen hasta que concluya el Canon. Durante la consagración se arrodillan como los demás fieles.


Publicado por verdenaranja @ 22:24  | Liturgia
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Carta Pastoral de Monseñor Bernardo Álvarez Afonso, obispo de Tenerife, con motivo del Día del Seminario 2013.

“Sé de quién me he fiado”

—Ante el Día del Seminario de 2013—

 Queridos diocesanos: 

La fiesta de San José, esposo de la Virgen María, es la fecha elegida por la Iglesia para celebrar el “Día del Seminario”. Es un día en el que recordamos, de manera especial, nuestro Seminario Diocesano y a los jóvenes que allí se forman para el sacerdocio y rezamos por ellos. En nuestra Diócesis, dado que el 19 de marzo es día laboral, esta celebración la adelantamos al sábado 16 y domingo 17 de marzo, para facilitar así la participación de los fieles.

Es una jornada en la que hacemos presente a toda la diócesis que “el Seminario existe” y que todos estamos llamados a prestarle nuestro apoyo con la oración y con nuestra ayuda económica. Es una jornada en la que pedimos a los fieles que sean conscientes de la creciente necesidad de las vocaciones sacerdotales para garantizar el servicio pastoral de nuestras parroquias, hospitales, centros educativos, casas de mayores, tanatorios, centros penitenciarios, etc. y, en consecuencia, les pedimos que se comprometan a orar por las vocaciones sacerdotales y colaborar económicamente para el sostenimiento del Seminario.

Inmersos como estamos en la celebración del “Año de la Fe”, el lema elegido para el Día del Seminario, “Sé de quién me he fiado”, nos sitúa en la perspectiva desde la que hemos de hacerlo todo en la vida: LA FE. Una fe que es confianza en Dios y en sus promesas; una fe que nos hace sentir seguros en manos de Dios y protegidos por Él; una fe por la que podemos acoger la llamada de Dios y dedicarnos a hacer su voluntad. Una fe que nos estimula a promover todo lo bueno y a evitar lo malo; una fe que nos hace fuertes ante los problemas que rodean nuestra vida y nos permite mantenernos siempre firmes en el seguimiento de Cristo.

Por la fe, San Pablo acogió la llamada de Dios y fue hecho apóstol de Jesucristo. Esa misión le acarreó muchas satisfacciones y, también, muchos problemas, hasta el punto de sufrir la persecución. Sin embargo, por la fe y desde la cárcel, San Pablo le escribe a su amigo Timoteo: “He sido constituido heraldo, apóstol y maestro del Evangelio, y ésta es la razón de mi penosa situación presente; pero no me siento derrotado, pues sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día el encargo que me dio” (2Tim. 1,12).

“Sé de quién me he fiado”. ¿De quién se ha fiado San Pablo? ¿Por qué tiene esa confianza? Pablo se fía de Dios y esa confianza se apoya, no en una teoría o suposición, sino en la experiencia vivida por él: Dios se fio primero de él y le eligió gratuitamente, sin ningún mérito por su parte, más bien lo contrario, pues Pablo era perseguidor de los cristianos. Esta conciencia la expresó abiertamente en otra de las cartas a Timoteo: "Doy Gracias a Cristo Jesús, Nuestro Señor, que me hizo capaz, se fio de mí, y me confió su obra. Eso que yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero Dios tuvo compasión de mí. El Señor derrochó su Gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús... Dios se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia y pudiera ser modelo de todos los que creen en Él" (1Tim. 1,12-14.16).

Esta declaración de San Pablo es paradigma de toda vocación cristiana y, especialmente, de la vocación sacerdotal que anima la vida de los seminaristas y sacerdotes. Lo primero es que Dios se fía de los que llama al sacerdocio. Tiene una intención-ilusión y una misión para cada uno de ellos. Además, es Dios mismo el que los hace capaces y les confía su obra, la obra de la salvación del mundo.

Inicialmente, no importa que el elegido no esté a la altura de la grandeza de la vocación a la que se le llama, tampoco San Pablo lo estaba al comienzo. Pero Dios le dio la fe y el amor; por eso, él dirá que su elección es un acto de compasión de Dios y un derroche de bondad. En su carta a los corintios les dice: “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que otros. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1Cor. 15,10).

Así se sienten también los seminaristas y sacerdotes. Elegidos y llamados por Dios sin merecerlo, pero conscientes y confiados de que Dios con su poder les hace capaces de ser mensajeros del Evangelio, incluso en momentos y circunstancias adversas. Cada uno siente que se puede fiar de Dios, porque Dios se fía de él y le confía su obra. Y esa confianza en Dios es lo que le lleva a perseverar en el camino de la vocación sacerdotal y a trabajar para que la gracia de Dios no se frustre en su vida, sino que por su medio produzca abundantes frutos.

“Sé de quién me he fiado”. Todos debemos hacer nuestra esta afirmación y repetirla con frecuencia interiormente. Así todo lo haremos sostenidos “por la fe” en Dios. Por la fe, los niños, adolescentes y jóvenes descubren la llamada de Dios y deciden ir al Seminario. Por la fe, los seminaristas van madurando su vida cristiana y su vocación, mediante la oración, el estudio, la vida comunitaria y el testimonio apostólico. Por la fe, los que son llamados al sacerdocio dicen definitivamente “sí” a la llamada de Dios, aceptan poner su existencia totalmente al servicio de su Reino y son ordenados sacerdotes.

También, por esta misma fe y sabiendo de quién se han fiado, son muchas las personas que apoyan al Seminario y a los seminaristas con sus oraciones y sus limosnas. Asimismo, por la fe, son muchos los que oran por las vocaciones sacerdotales en particular o comunitariamente, como se hace en muchas parroquias y capillas. Por tantos hombres y mujeres de fe, no podemos menos que dar gracias a Dios y exclamar, como Jesús le dijo a la madre que pedía la curación para su hija: “mujer, ¡qué grande es tu fe!

Sí, hermanos y amigos. Sabemos que Dios nos escucha y atiende a nuestras súplicas, especialmente cuando le pedimos aquello que Cristo mismo nos recomendó. Pero tenemos que desearlo ardientemente y pedírselo con fe e insistencia. Así, por ejemplo, el Señor nos dijo: “La mies es mucha y los trabajadores pocos. Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" (Lc 10, 2). Esta súplica la hacemos con verdad cuando sentimos la necesidad de los sacerdotes y deseamos tenerlos. Nadie pide así lo que no desea profundamente. El sacerdocio, que es una vocación al servicio exclusivo de Cristo en su Iglesia, es don inestimable de la bondad divina que todos debemos desear, don que es preciso implorar con insistencia, confianza y humildad.

“Sé de quién me he fiado”. Movidos por la fe que nos sostiene, no dejemos de orar por el aumento de las vocaciones sacerdotales y por los seminaristas. Todos sabemos que, gracias a la oración constante de los fieles y las comunidades cristianas, son muchos los que han respondido y siguen respondiendo con generosidad a la llamada del Señor. También, movidos por la fe, debemos ser generosos en nuestra ayuda económica al Seminario, especialmente necesaria en estos tiempos de crisis. Gracias, de antemano, por vuestras donaciones que hacen posible que el Seminario cumpla su misión de formar a los futuros sacerdotes. Así ha sido a lo largo de la historia y esperamos que también lo sea ahora y en el futuro con la colaboración de todos.

Que el Señor les bendiga y acreciente vuestra fe, 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense


Domingo, 17 de febrero de 2013

ZENIT  nos ofrece las palabras del papa al introducir la oración mariana del Angelus, el domingo 17 de Febrero de 2013, a pocos días de culminar su pontificado.

¡Queridos hermanos y hermanas!

El miércoles pasado, con el tradicional Rito de las Cenizas, entramos en la Cuaresma, un tiempo de conversión y penitencia en preparación para la Pascua. La Iglesia, que es madre y maestra, llama a todos sus miembros a renovarse en el espíritu, a reorientarse de modo decisivo hacia Dios, renegando del orgullo y del egoísmo para vivir en el amor.

En este Año de la fe, la Cuaresma es un tiempo favorable para redescubrir la fe en Dios como criterio-base de nuestra vida y de la vida de la Iglesia. Esto siempre implica una batalla, una batalla espiritual, porque el espíritu del mal, naturalmente, se opone a nuestra santificación y trata de hacer que nos desviemos del camino de Dios. Por esto, en el primer domingo de Cuaresma, es proclamado cada año el evangelio de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Jesús, de hecho, después de recibir la "investidura" como el Mesías --"ungido" por el Espíritu Santo--, en el Bautismo del Jordán, fue llevado por el mismo Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Al comenzar su ministerio público, Jesús tuvo que desenmascarar y rechazar las falsas imágenes del Mesías que el tentador le proponía. Pero estas tentaciones son también imágenes falsas del hombre, que en todo tiempo socavan la conciencia, disfrazándose de propuestas convenientes y eficaces, incluso buenas.

Los evangelistas Mateo y Lucas presentan tres tentaciones de Jesús, separándolas en partes por un orden. Su núcleo central consiste siempre en instrumentalizar a Dios para los propios intereses, dando más importancia al éxito o a los bienes materiales. El tentador es astuto: no empuja directamente al mal, sino a un falso bién, haciendo creer que la verdadera realidad es el poder y aquello que satisfaga las necesidades básicas. De esta manera, Dios se vuelve secundario, se reduce a un medio, al final se convierte en irreal, ya no importa, se desvanece. En última instancia, lo que está en juego en las tentaciones es la fe, porque está en juego Dios. En los momentos decisivos de la vida, aún en retrospectiva, en cualquier momento, nos encontramos en una encrucijada: ¿o bien queremos seguir el yo, o a Dios? ¿El interés individual o el verdadero Bien, aquello que es realmente bueno?

Como nos enseñan los Padres de la Iglesia, las tentaciones son parte del "descender" de Jesús a nuestra condición humana, en el abismo del pecado y de sus consecuencias. Un "descenso" que Jesús ha recorrido hasta el final, hasta la muerte en cruz y a los infiernos del extremo alejamiento de Dios. De esta manera, Él es la mano que Dios ha tendido al hombre, a la oveja perdida, para que vuelva a salvo. Como enseña San Agustín, Jesús tomó de nosotros la tentación para darnos su victoria. Por lo tanto no tengamos miedo de afrontar también nosotros la lucha contra el espíritu del mal: lo importante es lo que lo hacemos con Él, con Cristo, el vencedor.

Y para estar con Él dirijámonos a la Madre, María: invoquémosla con confianza filial en los momentos de prueba, y ella nos hará sentir la presencia poderosa de su divino Hijo, para rechazar las tentaciones con la Palabra de Cristo, y así poner a Dios en el centro de nuestras vidas.

Traducción del original italiano por José Antonio Varela V.


Publicado por verdenaranja @ 20:55  | Habla el Papa
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S?bado, 16 de febrero de 2013

ZENIT nos ofrece el comentario al evangelio del Primer Domingo de Cuaresma, de nuestro colaborador, padre Jesús Álvarez, paulino.

No nos dejes caer en la tentación
Comentario al evangelio del Domingo 1º de Cuaresma/C

Por Jesús Álvarez SSP

“Jesús volvió de las orillas del Jordán lleno del Espíritu Santo y se dejó guiar por el Espíritu a través del desierto, donde fue tentado por el demonio durante cuarenta días. En todo ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: -Si eres Hijo de Dios, manda a esta piedra que se convierta en pan. Jesús le contestó: -Dice la Escritura: El hombre no vive solamente de pan. Lo llevó después el diablo a un lugar más alto, le mostró en un instante todas las naciones del mundo y le dijo: -Te daré poder sobre estos pueblos, y sus riquezas serán tuyas, porque me las han entregado a mí y yo las doy a quien quiero. Si te arrodillas y me adoras, todo será tuyo. Jesús le replicó: -La Escritura dice: Adorarás al Señor tu Dios y a él sólo servirás. A continuación el diablo lo llevó a Jerusalén, y lo puso en la muralla más alta del Templo, diciéndole: -Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, pues dice la Escritura: Dios ordenará a sus ángeles que te protejan; y también: Ellos te llevarán en sus manos, para que tu pie no tropiece en ninguna piedra. Jesús le replicó: -También dice la Escritura: No tentarás al Señor, tu Dios. Al ver el diablo que había agotado todas las formas de tentación, se alejó de Jesús, a la espera de otra oportunidad”. (Lucas 4, 1-13)

El tentador le pide a Jesús que venda su conciencia por un trozo de pan. Pero Jesús declara que por encima de las necesidades del cuerpo, hay necesidades más profundas del espíritu y de la persona, que no se pueden remediar con un pedazo de pan, ni con dinero, placer, fama o poder. El hombre es un ser con hambre de infinito que solo Dios infinito puede saciar.

A la segunda propuesta de ambición y esclavitud al poder, Jesús responde que el poder y la libertad suprema están en servir, adorar y amar a Dios, de quien recibimos todo lo que somos, tenemos, gozamos, amamos y esperamos. Servir a los ídolos del placer, del poder y del dinero, al final equivale a perderlo todo sin remedio.

Y por último, la tentación de la fama, el aplauso y la admiración de los idólatras. Es la peor de las tentaciones: ser como Dios prescindiendo de Dios o pretender utilizarlo en función de los propios intereses mezquinos.

Jesús, entrenado en el sufrimiento redentor y en la renuncia en vista de la conquista del paraíso para él y para nosotros, vence definitivamente al tentador, y el Padre lo premia con un banquete servido por los mismos ángeles, anticipo del banquete eterno, que Él ansía compartir con nosotros, pues para eso nos envió a su Hijo y lo entregó por nosotros.

Jesús nos enseña que el camino de la victoria sobre las tentaciones no es cuestión de pura penitencia, renuncia, sufrimiento o angustia, sino de valentía, libertad, coraje, gozo y honor por la victoria contra el mal con la espada de la Palabra de Dios.

Y nos indica los medios: la oración, mediante la cual nos hacemos con el mismo poder de Dios, único capaz de vencer al tentador en nosotros y con nosotros. La oración por la conversión y salvación del prójimo. Es la práctica fundamental de la Cuaresma, que da valor salvífico al ayuno y a la limosna, y que se convierte en el amor más grande a Dios y al prójimo.

El ayuno, también de alimento físico, para poder compartir con los hambrientos; pero en especial ayuno de todo cuanto hace daño al otro o a uno mismo, a la creación y a Dios, y el esfuerzo sufrido y valiente por compartir la misión salvadora de Cristo.

Y la limosna, no solo con ayudas materiales, sino con todo lo que nos ha sido dado: amor, inteligencia, salud, tiempo, perdón, cercanía, compasión, consuelo; y sobre todo oración, sufrimiento y testimonio por la salvación de los otros, que es la máxima limosna.

Así tendremos una Cuaresma productiva de frutos de salvación, y una pascua jubilosa, con Cristo resucitado presente y actuante, que nos ayuda a vencer las tentaciones como Jesús: con la Palabra de Dios.


Publicado por verdenaranja @ 22:08  | Espiritualidad
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Mensaje de monseñor Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana para la Cuaresma 2013. (AICA)

«Cuando el Todopoderoso quiere mostrar que una obra viene sólo de su mano, entonces reduce todo a la impotencia, y después, Él obra» (Bossuet).

“Movidos por el Amor apasionado y gratuito”                  


Queridos hermanos y hermanas, hijos e hijas en Jesús, Buen Pastor:
Nos aproximamos ya al santo tiempo de Cuaresma, que comienza este próximo miércoles de ceniza, en este año de la Fe, 2013. El Santo Padre nos ha hecho reflexionar, con su Mensaje, en que “Creer en la caridad suscita caridad”, pues «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16).
Llamada y respuesta. Dispongámonos a mirar, ver, escuchar y responder.

Cuaresma es tiempo privilegiado para “mirar al que hemos traspasado” (Cf. “Mirarán al que traspasaron”, dicho en Jn 19,37). Es decir, mirar, y ver, a Cristo. Y escucharlo, en y por su Espíritu, es decir, “contemplar su Rostro”; y luego, más que imponer nuestro propio decir y hablar, abrirnos a la escucha de su Palabra, que nos abre a la vez al “amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros”, como nos lo afirma el Papa Benedicto en su Mensaje de Cuaresma en este 2013.

Y efectivamente, este “apasionamiento” es certísimo, tanto que el amor, el verdadero, es fruto del Espíritu Santo, y que nuestra respuesta a la llamada del Espíritu, más que obligación a causa de “ser comandados”, es “respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro” (Cf Benedicto XVI, Enc. Deus caritas est, n. 1).

¿Por qué cuesta tanto dar y recibir respuesta?. ¿Podríamos dejar de notar una extendida “desatención”?. Me refiero a una especie de un permanente “seguir el carnaval” (despojado éste de su significación primigenia, como días de particular festividad, que precedían a la penitencia cuaresmal). Estruendos, abundan. A nuestro alrededor (por no hablar de nosotros mismos) muchos miran sin ver, pocos atienden, muchos “oyen”, pocos “escuchan”. Tantísimos, sin embargo, “esperan”, y de esa “espera” nosotros, “los apóstoles”, los evangelizadores (obviamente incluyo al laicado), debiéramos sentirnos “deudores”, tanto así, que toda cómoda o apoltronada instalación o reniegue, en este aspecto, nos debiera preocupar, y mucho. Sería “no querer responder”.

Sacar de los males, bienes
Cito la frase del Mensaje del Papa, “respuesta al don de amor” muy de corazón, porque sólo esa experiencia de gratuidad, y de Pasión será la que podrá de verdad mover a conversión. Quien vive la gratuidad, se deja moldear “un corazón de carne”. Quien no, tristemente avanzará hacia la petrificación del corazón (“un corazón de piedra”).

Porque es la categoría de “encuentro gratuito, amoroso” con Dios Amor la que tiene el poder de disipar en nosotros esa especie tan particular y densa de oscuridad, esa densa y negra como un bitumen, el cual, ennegreciéndonos, nos “impide” -en el sentido más propio- el ver que no es otro sino el amor misericordioso de Dios el único que «revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre (...) y que, así, “constituye el contenido fundamental del mensaje mesiánico de Cristo” (Cf. Beato Papa Juan Pablo II, Enc. Dives in misericordia, 6).

Impotencia de nuestras solas fuerzas y Potencia del creer
Por no vivir en plenitud la “gratuidad”, por “desconfiar” (la desconsoladora desconfianza enraizada en el espíritu humano), tantas veces nos sentimos frustrados y casi impotentes, incluso (o en especial) ante nuestro pecado, ante todas las consecuencias de éste (que ni siquiera llegamos a mesurar) o bien ante nuestro endurecimiento, o el de los otros, todo lo cual pareciéramos no poder modificar de ningún modo, o muy poco. Puede dejarnos perplejos la desproporción entre los medios que (con la mejor intención) pudimos haber puesto para que “todo vaya para mejor”, y la realidad que pensamos haber “conseguido”. La actitud que estaríamos llevados a experimentar es la de “abandono” en el sentido abandónico, algo así como el haberse apagado la luz.

¿De dónde surge esa obscuridad?. Esto es así porque en la gravedad del pecado como “voluntaria aversión a Dios” hay siempre, en un sentido u otro, cierto acto de procurar «extinguir el Espíritu» (Cf I Tes. 5, 19), esto es, el procurar extinguir al Compañero inseparable, Dulce Huésped del alma, Consuelo y Dador de bondad, Padre de los Pobres. Una especie de “apagón”.

Sin embargo, la apertura al Espíritu hace que la luz nunca se apague, porque es divina. Los invito a interpretar algún “signo”, y a estos efectos, les aporto algo que recuerdo haber leído en las obras del Obispo y predicador, Bossuet: «Cuando el Todopoderoso quiere mostrar que una obra viene sólo de su mano, entonces reduce todo a la impotencia, y después, Él obra».

Así, aun esperando contra toda humana esperanza, tengamos siempre divina esperanza, porque son los “esperanzados” y los “esperanzadores” (y en este sentido, los “anawin”, los “Pobres de Yahweh”) los que reciben la divina transformación esperada, de manos del Altísimo.

Muchos signos del Amor están a nuestro alrededor, mucho hemos caminado, en nuestro “itinerario hacia la Pascua”. El desear calibrarlo con la mensura “de este mundo”, de nada nos servirá; apliquemos la mirada con los ojos de la Fe, la “virtud-puerta”, y, para nada menor, sino más bien de modo fundante: “a la luz del contenido de la Fe”, de la Iglesia.

Creamos, todo es posible para el que cree, pues, aunque muchas cosas nos cuesten o duelan, cuando el Señor nos hizo “suyos”, nosotros «hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16). Ahora, “es tiempo de caminar” (como solía aconsejar santa Teresa de Jesús, que de camino sufriente, bastante sabía).

María, Auxilio nuestro
La Virgen Madre, Mujer creyente, Madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de la Divina Gracia, nos guíe en la Cuaresma, en un itinerario de penitencia purificadora, conversión plenificante (que incluya, real y existencialmente, la solidaridad como dimanación de la caridad, también “hasta que duela”), “per crucem ad Lucem”, por la Cruz, a la Luz.

Con mi afecto y bendición,

Mons. Oscar Sarlinga, obispo de Zárate-Campana
Campana, 10 de enero de 2013


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Viernes, 15 de febrero de 2013

Reflexión a  las lecturas del domingo primero de Cuaresma - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 1º de Cuaresma C 

                    Me parece que sería conveniente comenzar haciendo una profesión de fe en la existencia del espíritu del mal, del diablo. Sí, en este Año de la Fe. Porque la mayor parte de la gente piensa que no existe, que se trata de restos, reminiscencias, de un pasado oscurantista, etc.  Lo que más le interesa a cualquier enemigo es dar la sensación de que no está. Y se esconde, se camufla..., hasta que llega el momento más oportuno para presentar batalla. El diablo no sólo existe, sino que tiene un conocimiento perfecto de la identidad de Cristo, de su misión, de su poder... Lo contemplamos, por ejemplo, al comienzo de su Vida Pública. (Mc 1,23-28). ¡Es el espíritu del mal!

                    Pero existe también otro espíritu, el Espíritu Santo, que ha descendido sobre Jesucristo en su Bautismo, que lo llena, que lo guía, que le va llevando por el desierto mientras es tentado por el diablo, como nos dice el Evangelio de este domingo. También está con nosotros el Espíritu Santo! Él nos conduce por el desierto de la Cuaresma para llegar bien dispuestos a la Fiesta de Pascua.

                    ¿Y por qué todos los años, el mismo tema -las tentaciones del desierto- en el primer domingo de Cuaresma?  Porque cada año necesitamos vivir esta experiencia.  Hay un himno de este Tiempo, que dice: “La Cuaresma es combate, las armas: oración, limosnas y vigilias por el Reino de Dios”    Y, si esto es así, ¡cuánto nos ayuda, al comenzar la Cuaresma, vivir la experiencia de la lucha y de la victoria de Cristo sobre las tentaciones del demonio! Se suelen hacer muchos comentarios sobre cada una de ellas. Pero a mí me gusta señalar “la tentación fundamental” que subyace en las tres tentaciones.

                    Se trata de conseguir que el Mesías cambie de camino. Frente a la voluntad del Padre, que ha trazado a Jesucristo el camino, Satanás trata de desviarle por completo: Frente a un Mesías manso y humilde de corazón, que lleva una vida dura, que afronta la Pasión y la Cruz, que quiere, incluso, en ocasiones, ocultar su condición de Mesías, el diablo le presenta un mesianismo espectacular, glorioso, triunfador..., como  esperaban los judíos. Un Mesías que es capaz de convertir las piedras en pan, que se tira por el alero del templo y cae en manos de los ángeles, que llega a pactar con el enemigo, si es necesario, para conseguir sus objetivos sociopolíticos.

                    ¿No te parece importante la tentación que subyace debajo de las tentaciones?  Es la misma tentación del principio de la Creación. “Seréis como Dios.”(Gn 3, 5).  Pero Jesucristo es el nuevo Adán, que vence la tentación y que, por su Misterio Pascual,  realiza la Nueva Creación,

                    ¿Y nosotros?  Como, acabamos de ver, el diablo no “se anda por las ramas”, sino que va a lo fundamental, a la raíz de la existentia. En nuestro caso, de nuestra existencia cristiana.   Y a muchos cristianos no nos podrá convencer de que dejemos de serlo, pero tratará de conseguir, por lo menos, que no lo tomemos tan en serio.    Hace falta la ayuda del otro Espíritu que nos conduce a las fuentes de la vida y de la fortaleza cristiana y a la victoria sobre el enemigo, sellada en la Noche Santa de la Pascua, con la renovación de nuestro Bautismo.   ¡En todas estas circunstancias, cuánto nos ayuda la presencia y la contemplación de Cristo Vencedor!

                              ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! ¡BUENA CUARESMA!


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PRIMER DOMINGO DE CUARESMA C 

 MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

          Durante los domingos de Cuaresma recordamos, en la primera lectura, los grandes acontecimientos de la Historia del pueblo de Israel. Hoy escuchamos una síntesis de todos ellos, que el israelita recitaba en el momento de ofrecer al Señor las primicias de los frutos de la tierra.

 

SALMO

          El camino de la Cuaresma y el de toda nuestra vida se halla bajo la protección de Dios. Cantemos ahora, en el salmo, nuestra confianza en Él.

 

SEGUNDA LECTURA

          La Lectura apostólica de hoy es una síntesis de la fe cristiana: el que crea de verdad en Jesucristo, el Señor Resucitado, se salvará.

 

TERCERA LECTURA

Las tentaciones del desierto tratan de desviar al Mesías de su auténtico camino hacia un modo de actuación y de vida más fácil y espectacular. Aclamemos a Cristo, Vencedor en la tentación, antes de escuchar el Evangelio.

 

COMUNIÓN 

En la Comunión recibimos a Cristo, el Vencedor.       Él se nos ofrece, en la Comunión, como el Pan vivo y verdadero, que nos fortalece en este tiempo de Cuaresma, para que lleguemos debidamente preparados a la celebración del Misterio Pascual.

 


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ZENIT nos ofrece el texto completo de la catequesis de Benedicto XVI en la Audiencia General del miércoles 14 de Febrero de 2013.

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos el tiempo litúrgico de la Cuaresma, cuarenta días que nos preparan a la celebración de la Santa Pascua; es un tiempo de particular compromiso en nuestro camino espiritual. Al número cuarenta se recurre varias veces en la Sagrada Escritura. En particular, como sabemos, esto nos lleva a los cuarenta años durante los cuales el pueblo de Israel peregrinó por el desierto: un largo periodo de formación para convertirse en pueblo de Dios, pero también un largo periodo en el que la tentación de ser infieles a la alianza con el Señor estaba siempre presente. Cuarenta fueron también los días de camino del profeta Elías para llegar al Monte de Dios, el Horeb; como también el periodo que Jesús pasó en el desierto antes de iniciar su vida pública y donde fue tentado por el demonio. En esta catequesis querría detenerme precisamente en este momento de la vida terrena del Señor, que leeremos en el Evangelio del próximo domingo.

En primer lugar el desierto, donde Jesús se retira, es el lugar del silencio, de la pobreza, donde el hombre es privado de los apoyos materiales y se encuentra de frente a las preguntas fundamentales de la existencia, es empujado a ir al esencial y precisamente por esto es más fácil encontrar a Dios.

Pero el desierto es también el lugar de la muerte, porque donde no hay agua no hay tampoco vida y es un lugar de soledad, e la que el hombre siempre con más intensidad la tentación. Jesús va al desierto y allí se somete a la tentación de dejar la vía indicada por el Padre para seguir los caminos más fáciles y mundanos (cfr Lc 4,1-13). Así Él carga con nuestras tentaciones, lleva consigo nuestra miseria, para vencer al maligno y abrirnos el camino hacia Dios, el camino de la conversión.

Las tres tentaciones

Reflexionar sobre las tentaciones a las que Jesús fue sometido en el desierto es una invitación para cada uno de nosotros a responder a una pregunta fundamenta: ¿qué es importante realmente en mi vida? En la primera tentación el diablo propone a Jesús convertir la piedra en pan para saciar el hambre. Jesús rebate que el hombre vive también de pan, pero no sólo: sin una respuesta al hambre de verdad, al hambre de Dios, el hombre no se puede salvar (cfr vv. 3-4).

En la segunda tentación, el demonio propone a Jesús la vía del poder: lo conduce a lo alto y le ofrece el dominio del mundo; pero no es este el camino de Dios: Jesús tiene muy claro que no es el poder mundano el que salva al mundo, sino el poder de la cruz, de la humildad, del amor (cfr vv. 5-8).

En la tercera tentación, el demonio propone a Jesús de tirarse del pináculo del Templo de Jerusalén y que lo salve Dios mediante sus ángeles, de hacer algo sensacional para poner a prueba a Dios mismo; pero la respuesta es que Dios no es un objeto al que imponer nuestras condiciones: es el Señor de todo (cfr vv. 9-12).

¿Cuál es el núcleo de las tres tentaciones que sufrió Jesús? Es la propuesta de instrumentalización de Dios, de usarlo para los propios intereses, para la propia gloria y el propio éxito. Y por lo tanto, en definitiva, de ponerse al en lugar de Dios, sacándolo de la propia existencia y haciéndole parecer superfluo. Cada uno debería preguntarse ahora: ¿qué lugar tiene Dios en mi vida? ¿Es Él el Señor o soy yo?

Superar la tentación de someter Dios a sí y a los propios intereses o de ponerlo en un rincón y convertirse al justo orden de prioridad, dar a Dios el primer puesto, es un camino que cada cristiano tiene que recorrer siempre de nuevo. "Convertirse", una invitación que escucharemos muchas veces en Cuaresma, significa seguir a Jesús de forma que su Evangelio se guía concreta de la vida; significa dejar que Dios nos transforme, dejar de pensar que somos nosotros los únicos constructores de nuestra existencia; significa reconocer que somos criaturas, que dependemos de Dios, de su amor, y solamente "perdiendo" nuestra vida en Él podemos ganarla.

Esto exige trabajar nuestras elecciones a la luz de la Palabra de Dios. Hoy no se puede ser cristiano como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas: también quien nace de una familia cristiana y es educado religiosamente debe, cada día, renovar la elección de ser cristiano, es decir dar a Dios el primer puesto, frente a las tentaciones que una cultura secularizada le propone continuamente, frente al juicio crítico de muchos contemporáneos.

Las pruebas a las que la sociedad actual pone al cristiano, de hecho, son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fiel al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior; no es fácil oponerse públicamente a elecciones que muchos consideran obvias, como el aborto en caso de embarazo no deseado, la eutanasia en caso de enfermedades graves, o la selección de embriones para prevenir enfermedades hereditarias. La tentación de poner la fe a parte está siempre presente y la conversión se convierte en una respuesta a Dios que debe ser confirmada más veces en la vida.

Grandes conversiones, también hoy

Están como ejemplo y estímulo las grandes conversiones como la de san Pablo de camino a Damasco, o de san Agustín, pero también en nuestra época de eclipse del sentido de lo sagrado, la gracia de Dios actúa y obra maravillas en la vida de muchas personas. El Señor no se cansa de llamar a la puerta del hombre en contextos sociales y culturales que parecen tragados por la secularización, como le ha sucedido al ruso ortodoxo Pavel Florenskij. Después de una educación completamente agnóstica, hasta el punto de sentir verdadera hostilidad hacia las enseñanzas religiosas impartidas en la escuela, el científico Florenskij termina exclamando: ¡No, no se puede vivir sin Dios!", y cambia completamente su vida, para convertirse en sacerdote.

Pienso también en la figura Etty Hillesum, una joven holandesa de origen hebreo que murió en Auschwitz. Inicialmente lejana de Dios, lo descubre mirando profundamente dentro de sí misma y escribe: "Un pozo muy profundo está dentro de mi. Y Dios está en ese pozo. A veces consigo alcanzarlo, más a menudo piedra y arena lo cubre: por tanto Dios está sepultado. Es necesario desenterrarlo de nuevo". En su vida dispersa e inquieta, encuentra a Dios precisamente en medio de la tragedia del siglo XX, la Shoah. Esta joven frágil e insatisfecha, transfigurada por la fe, se transforma en una mujer llena de amor y de paz interior, capaz de afirmar: "Vivo constantemente en intimad con Dios".

La capacidad de contrarrestar las marcas ideológicas de su tiempo para elegir la búsqueda de la verdad y abrirse al descubrimiento de la fe lo testimonia también una mujer de nuestro tiempo, la estadounidense Dorothy Day. En su autobiografía, confiesa abiertamente haber caído en la tentación de resolver todo con la política, adhiriéndose a la propuesta marxista. "Quería ir con los manifestantes, ir a la cárcel, escribir, influir en los otros y dejar mi sueño al mundo. ¡Cuánta ambición y cuanta búsqueda de mí misma había en todo esto!".

El camino hacia la fe en un ambiente así de secularizado era particularmente difícil, pero la Gracia actúa igual, como ella misma subraya: "Es cierto que yo sentía más a menudo la necesidad de ir a la iglesia, a ponerme de rodillas, a inclinar la cabeza en oración. Un instinto ciego, se podría decir, porque no era consciente de orar. Pero iba, me metía en la atmósfera de oración...". Dios la ha conducido a una consciente unión a la Iglesia, en una vida dedicada a los necesitados.

"Estoy a la puerta y llamo"

En nuestra época no son pocas las conversiones intensas como el retorno de quien, después de una educación cristiana quizá superficial, se ha alejado durante años de la fe y después descubre de nuevo a Cristo y su Evangelio. En el libro del Apocalipsis leemos: «He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo» (3, 20). Nuestro hombre interior debe prepararse para ser visitado por Dios, y precisamente por esto no debe dejarse invadir de la ilusión, de las apariencias, de las cosas materiales.

En este tiempo de Cuaresma, en el Año de fe, renovamos nuestro compromiso en el camino de conversión, para superar las tendencia de cerrarnos en nosotros mismo y para hacer, sin embargo, espacio a Dios, mirando con sus ojos la realidad cotidiana.

La alternativa entre el cerrarnos en nuestro egoísmo y la apertura al amor de Dios y de los otros, podemos decir que corresponde a la alternativa de las tentaciones de Jesús, entre poder humano y amor de la Cruz, entre una redención vista en el único bienestar material y una redención como obra de Dios, al que damos el primado en la existencia. Convertirse significa no cerrarse en la búsqueda del propio éxito, del propio prestigio, de la propia posición, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, la verdad, la fe en Dios y el amor se conviertan en lo más importante.

Traducido del italiano por Rocío Lancho García


Publicado por verdenaranja @ 20:52  | Habla el Papa
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El DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN del obispado de Tenerife nos participa de la noticias generadas en la última semana en la diócesis.

38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno.922-25 86 40/ Extensión 8
e-mail: departamentodecomunicacion@obispadodetenerife.es

Boletín 511 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

El Santo Padre, Benedicto XVI ha anunciado su renuncia al ministerio petrino debido a su edad avanzada y a la falta de fuerzas para ejercer su responsabilidad al frente de la Iglesia. Tras conocerse esta noticia, el obispo, Bernardo Álvarez reconocía estar muy sorprendido. “La renuncia del Papa la he acogido con gran sorpresa, no la esperaba de ninguna manera. Pero, por otra parte, tal y como expresa en sus palabras el Santo Padre, es un acto de responsabilidad para con todo el Pueblo de Dios. Justamente la decisión está enraizada en el bien de toda la Iglesia, ya que él considera que su salud, sus fuerzas, no le permiten seguir al frente de la misma.”  

Con la celebración del Miércoles de Ceniza ha dado comienzo la Cuaresma que este año tiene como lema “Sí, renuncio”, expresión que utilizamos en la Liturgia para renovar nuestras promesas bautismales. En el apartado de Liturgia de la página web del Obispado, se puede acceder a todo el material para vivir este tiempo previo a la Semana Santa. 

Por cierto que este sábado16 de febrero, de 10:00 a 12:30 horas, se celebrará el tradicional retiro de Cuaresta, dirigido por el Obispo, en la Santa Iglesia Catedral. 

La Delegación de Pastoral Vocacional está organizando una Jornada de Pastoral Vocacional con el título "Tenerife en-clave de sol: vocacionalizar la Diócesis". Esta jornada está dirigida a sacerdotes, consagrados, catequistas, etc, que quieran formarse y compartir en este ámbito tan importante. Ángel Pérez Pueyo, secretario de la comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española y coordinador de la pastoral vocacional, será el encargado de dirigir esta jornada que tendrá lugar el 14 de febrero, en el Seminario Diocesano. 

En San Pedro de Daute, Garachico, se celebró una convivencia para curas jóvenes en la que participaron catorce presbíteros. Las jornadas fueron guiadas por Ángel Pérez Pueyo, director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE. Asimismo, el Obispo también quiso compartir este tiempo de convivencia, al igual que el delegado para el Clero, Juan Fernando Pérez. El tema central de la convivencia fue: “El nuevo evangelizador presbítero que hoy necesita el mundo”. Además, Pérez Pueyo ofreció recursos encaminados a la oración siguiendo a San Juan de Ávila. 

El sábado nueve de marzo, en La Laguna, se va a vivir un día penitencial especial, en conformidad con las propuestas sugeridas para vivir mejor el Año de la fe. A partir de las doce delmediodíahabrá una especial oferta para recibir el sacramento del perdón, exposición del Santísimo y dos Vía Crucis especiales, uno para niñas y niños de catequesis de cualquier parroquia y otro para los fieles en general. 

En la calle S. Agustín distintos pasos procesionales conformarán las quince estaciones del Via Crucis. La Junta de Hermandades y Cofradías, el arciprestazgo de La Laguna y la delegación de catequesis coordinan sus servicios para realizar esta oferta pastoral. Estoso son los horarios a recordar: A lo largo del día; Exposición del Santísimo en el Hospital de los Dolores. De12,00a14,00y de16,00a18,00horas; Sacramento del perdón en el  patio del Obispado. A las12:30horas, se celebrará un Vía Crucis para niñas y niños integrados en las catequesis. A las 18 horas, VIA CRUCIS PENITENCIAL, saliendo desde la sede la JHC (calle Nava y Grimón, 10) pasando por cada una de las estaciones. 

Las puertas de la iglesia del convento lagunero de Santa Catalina de Siena abrirán el viernes 15 de febrero, desde las 5 de la madrugada para recibir la visita de miles de ciudadanos que acuden a rendir culto a Sor María Jesús de León, la ‘Siervita’, cuyos restos mortales, considerados incorruptos, se muestran cada 15 de febrero con motivo del aniversario de su fallecimiento, hace 282 años.  

En el seminario se va a realizar una tanda de Ejercicios Espirituales para jóvenes. Su lema será: “No tengan miedo” y se desarrollarán desde el 1 de Marzo, viernes por la tarde a las19:00h, hasta el domingo 3 de Marzo a las 17:00h. 

Por otro lado, este sábado 16 de febrero, a partir de las10:00horas, se desarrollará una nueva convivencia en el Seminario Diocesano para chicos a partir de quinto de primaria. 

Continúa la oferta formativa en el Aula Teológica: “Padre Torres Padilla” de La Gomera con el ciclo: “Fe y Piedad Popular”. El lunes 18 de febrero a las20:00horas, se desarrollará la conferencia “La Gomera, piedad popular a pie de romance”, a cargo de Celia Rodríguez, licenciada en Ciencias Religiosas. Y el martes 19 de febrero tendrá lugar la conferencia “Chácaras y tambores, expresión de la piedad popular” cuyo ponente será Eduardo Duque, estudiante de último curso de Historia del Arte. 

Se ha presentado el cartel y el programa de actos religioso de la Semana Santa lagunera. La imagen que anuncia esta semana grande, obra del autor Cristóbal Garrido, más conocido como “Toba”, es una composición mixta de acuarela y diseño gráfico inspirada en el cuadro del Santísimo Cristo difunto, perteneciente a la parroquia de Santo Domingo de Guzmán.  

Como novedad para este año, Pedro Arturo López, presidente de la Junta de Hermandades y Cofradías, señaló que se ha creado una aplicación para smartphones con toda la información de la Semana Santa de la ciudad de Aguere. En la página web: hermandadesdelalaguna.com se detallará en breve cómo descargar esta aplicación para móviles con sistema Android, así como para iphones y tabletas.  

En cuanto a los actos religiosos, cabe señalar que este año la vigilia pascual presidida por el Obispo se celebrará el 30 de marzo a las 10 de la noche. 

El 21 de febrero, en la parroquia del Apóstol Santiago, en Los Realejos, se celebrará una Eucaristía presidida por el Obispo, con motivo del Bicentenario del fallecimiento de José Viera y Clavijo. Dicha misa comenzará a las19:30horas. 

La Marcha Diocesana de Oración por la Paz será el23 de febrero de 2013y recorrerá el denominado “Triángulo de la fe”: Chimisay-Chinguaro-Candelaria. La peregrinación comenzará en la Playa de Chimisay a las8.00horas, continuaremos hacia la Cueva de Chinguaro donde nos concentraremos en torno a las9.30horas; y desde allí continuaremos la caminata hacia Candelaria, para concluir a las plantas de la Virgen, en torno a las12.00h., con la celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Obispo. 

Desde el viernes 8 de febrero, a las19:00horas, al martes 12 de febrero, a las21:00horas, la “Casa Mambré”, del Monasterio del Císter, en Breña Alta, acogerá una tanda de ejercicios espirituales dirigidos por el sacerdote jesuita Pedro Cambreleng. Las plazas son limitadas. Para más información se puede llamar al teléfono de Juan López, párroco de Breña Alta:690 34 07 73o922 43 70 77. La aportación para el retiro es de 120 € (entregar 60 € al inscribirse). 

Del 4 al 8 de marzo, el Colegio de La Palmita, en el arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma, acogerá las 5ª Jornadas de Formación en la Fe y en La Acción Pastoral. Este año se ofertan 5 cursos: 1.-«Sacrosanctum Concilium»: un nuevo modo de entender la celebración de la fe; 2.-«Lumen Gentium»: un nuevo modo de comprender el ser y la vida de la Iglesia; 3.-«Dei Verbum»: un nuevo modo de acercarse y vivir la Revelación y la Palabra de Dios; 4.-«Gaudium et Spes»: un nuevo modo de hacerse presente como iglesia en la sociedad y 5.-«Apostolicam Actuositatem»: un nuevo modo de entender la misión del laicado. 

La Universidad de La Laguna (ULL) y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, organizan para los días 25, 26 y 27 de febrero sus XVIII Jornadas de Ética y Política en torno al tema "La responsabilidad humana ante los desafíos de la biotecnología". Los profesores invitados para el desarrollo de los distintos títulos y ponencias serán: Lydia Feito, Agustín Domingo y Tomás Domingo Moratalla. 

El 17 de febrero, en la parroquia de La Gallega, La Frater Tenerife organiza un día de celebración que comenzará a partir de las11:00horas con la acogida de los participantes. Posteriormente, habrá una charla bajo el título “La atención al discapacitado”. A las14:00horas será el almuerzo compartido y a las16:00horas la celebración de la Eucaristía. La jornada concluirá en torno a las17:00horas con la actuación del grupo folclórico “El Batán” 

El próximo viernes 15 de febrero, tercer viernes de mes y primer viernes del tiempo de cuaresma, se realizará como es habitual el espacio de oración "Punto de ENcuenTRO". Será a las 20 hs. en la Capilla San Jorge, en Santa Cruz de Tenerife. En esta ocasión, resonarán de manera especial las palabras del Santo Padre para esta Cuaresma: "La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios." (Benedicto XVI)  

El Auditorio de Tenerife acogerá el próximo 13 de marzo la edición de los Premios Cadena Dial. Los beneficios derivados de la venta de entradas para esta cita, serán destinados a proyectos humanitarios. Concretamente a la asociación Padre Laraña para la atención y protección a los menores y a la Obra Social 'La Milagrosa', comedor social de las Hijas de la Caridad ubicado en la capital tinerfeña.


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Jueves, 14 de febrero de 2013

ZENIT nos ofrece las palabras que cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone dirigióal santo padre, al final de la liturgia del Miércoles de Ceniza, en la basílica de San Pedro (13 de Febrero de 2013). 

Beatísimo Padre:

Con sentimientos de gran conmoción y de profundo respeto no sólo la Iglesia, sino todo el mundo, han recibido la noticia de su decisión de renunciar al ministerio de Obispo de Roma, sucesor del Apóstol Pedro.

No seríamos sinceros, santidad, si no le dijéramos que esta tarde hay un velo de tristeza en nuestro corazón. En estos años, su Magisterio ha sido una ventana abierta hacia la Iglesia y el mundo, que ha dejado pasar los rayos de la verdad y del amor de Dios, para dar luz y calor a nuestro camino, también y, sobre todo, en los momentos en que las nubes se adensaban en el cielo.

Todos nosotros comprendimos que precisamente el amor profundo que su Santidad tiene a Dios y a la Iglesia le ha impulsado a este acto, revelando esa pureza de ánimo, esa fe robusta y exigente, esa fuerza de la humildad y de la mansedumbre, junto a un gran valor, que caracterizaron cada paso de su vida y de su ministerio, y que pueden venir solamente del estar con Dios, del estar ante la luz de la Palabra de Dios, del subir continuamente a la montaña del encuentro con Él para volver a descender después a la Ciudad de los hombres.

Santo Padre, hace pocos días con los seminaristas de su diócesis de Roma, usted dijo que siendo cristianos sabemos que el futuro es nuestro, el futuro es de Dios, que el árbol de la Iglesia crece siempre de nuevo. La Iglesia se renueva siempre, renace siempre. Servir a la Iglesia con la firme convicción de que no es nuestra, sino de Dios, que no somos nosotros quienes la construimos, sino que es Él; poder decir con verdad: “Somos siervos inútiles. Hemos hecho lo que debíamos hacer” (Lc 17, 10), confiando totalmente en el Señor, es una gran enseñanza que usted, también con esta decisión sufrida, nos regala, no sólo a nosotros, pastores de la Iglesia, sino al entero Pueblo de Dios.

La Eucaristía es un dar gracias a Dios. Esta tarde nosotros queremos dar gracias al Señor por el camino que toda la Iglesia ha hecho bajo la guía de su santidad y queremos decirle desde lo más íntimo de nuestro corazón, con gran afecto, conmoción y admiración: gracias por habernos dado el luminoso ejemplo de sencillo y humilde trabajador en la viña del Señor, pero de un trabajador que ha sabido realizar en todo momento lo que es más importante: llevar a Dios a los hombres y llevar los hombres a Dios.


Publicado por verdenaranja @ 22:00  | Hablan los obispos
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ZENIT  publica la homilia que el papa pronunció en la Celebración Eucarística del miércoles de Ceniza, 13 de Febrero de 2013.  

¡Venerados hermanos, queridos hermanos y hermanas!:

Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos un nuevo camino cuaresmal, un camino que se desgrana a lo largo de cuarenta días y nos conduce a la alegría de la Pascua del Señor, a la victoria de la Vida sobre la muerte. Siguiendo la antiquísima tradición romana de las estaciones cuaresmales, nos hemos reunido para la Celebración de la Eucaristía. Tal tradición prevé que la primera estación tenga lugar en la Basílica de Santa Sabina sobre la colina del Aventino. Las circunstancias han sugerido reunirse en la Basílica Vaticana. Esta tarde somos numerosos en torno a la Tumba del Apóstol Pedro también para pedir su intercesión para el camino de la Iglesia en este particular momento, renovando nuestra fe en el Pastor Supremo, Cristo Señor. Para mí es una ocasión propicia para dar las gracias a todos, especialmente a los fieles de la Diócesis de Roma, mientas me dispongo a concluir el ministerio petrino, y para pedir un especial recuerdo en la oración.

Las lecturas que han sido proclamadas nos ofrecen puntos que, con la gracia de Dios, estamos llamados a convertirse en actitudes y comportamientos concretos en esta Cuaresma. La Iglesia nos vuelve a proponer, sobre todo, el fuerte llamado que el profeta Joel dirige al pueblo de Israel: «Así dice el Señor: volvéos a mí con todo el corazón, con ayunos, con llantos y lamentos» (2,12). Hay que subrayar la expresión «con todo el corazón», que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, de las raíces de nuestras decisiones, opciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. ¿Pero es posible esto retorno a Dios? Sí, porque hay una fuerza que no reside en nuestro corazón sino que mana del mismo corazón de Dios. es la fuerza de su misericordia. Dice todavía el profeta: «Volved al Señor, vuestro Dios, porque El es misericordioso y piadoso, lento a la ira, de gran amor, pronto a arrepentirse ante el mal» (v.13). La vuelta al Señor es posible como ‘gracia’, porque es obra de Dios y fruto de la fe que nosotros depositamos en su misericordia. Pero este volver a Dios se hace realidad concreta en nuestra vida sólo cuando la gracia del Señor penetra en lo profundo y lo sacude donándonos la fuerza de «lacerar el corazón». Es el profeta una vez más que hace resonar da parte de Dios estas palabras: "Rasgad los corazones, no las vestiduras" (v.13). En efecto, también en nuestros días, muchos están listos para "rasgarse las vestiduras" ante escándalos e injusticias –cometidas naturalmente por otros–, pero pocos parecen dispuestos a actuar sobre el propio “corazón”, sobre la propia conciencia y sobre las propias intenciones, dejando que el Señor transforme, renueve y convierta.

Aquel "convertíos a mí de todo corazón", es una llamada que no solo implica al individuo, sino a la comunidad. Hemos escuchado siempre en la primera Lectura: "Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión; congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos, congregad a muchachos y niños de pecho; salga el esposo de la alcoba" (vv.15-16). La dimensión comunitaria es un elemento esencial en la fe y en la vida cristiana. Cristo ha venido "para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos" (Cfr. Jn 11, 52). El "Nosotros" de la Iglesia es la comunidad en la que Jesús nos reúne (Cfr. Jn 12, 32): la fe es necesariamente eclesial. Y esto es importante recordarlo y vivirlo en este Tiempo de la Cuaresma: que cada uno sea consiente que el camino penitencial no lo enfrenta solo, sino junto a tantos hermanos y hermanas, en la Iglesia.

El profeta, en fin, se detiene sobre la oración de los sacerdotes, los cuales, con los ojos llenos de lágrimas, se dirigen a Dios diciendo: "¡No entregues tu herencia al oprobio, y que las naciones no se burlen de ella! ¿Por qué se ha de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?" (v.17). Esta oración nos hace reflexionar sobre la importancia del testimonio de fe y de vida cristiana de cada uno y de nuestras comunidades para manifestar el rostro de la Iglesia y cómo, algunas veces este rostro es desfigurado. Pienso, en particular, en las culpas contra la unidad de la Iglesia, en las divisiones en el cuerpo eclesial. Vivir la Cuaresma en una comunión eclesial más intensa y evidente, superando individualismos y rivalidades, es un signo humilde y precioso para los que están alejados de la fe o los indiferentes.

"¡Éste es el tiempo favorable, éste es el día de la salvación!" (2 Co 6, 2). Las palabras del apóstol Pablo a los cristianos de Corinto resuenan también para nosotros con una urgencia que no admite omisiones o inercias. El término “éste” repetido tantas veces dice que este momento non se debe dejar escapar, se nos ofrece como ocasión única e irrepetible. Y la mirada del Apóstol se concentra en el compartir, con el que Cristo ha querido caracterizar su existencia, asumiendo todo lo humano hasta hacerse cargo del mismo pecado de los hombres. La frase de san Pablo es muy fuerte: Dio "Dios lo identificó con el pecado en favor nuestro". Jesús, el inocente, el Santo, «Aquél que no conoció el pecado" (2 Co 5, 21), asume el peso del pecado compartiendo con la humanidad el resultado de la muerte, y de la muerte en la cruz. La reconciliación que se nos ofrece ha tenido un precio altísimo, el de la cruz levantada en el Gólgota, donde fue colgado el Hijo de Dios hecho hombre. En esta inmersión de Dios en el sufrimiento humano en el abismo del mal está la raíz de nuestra justificación. El "volver a Dios con todo nuestro corazón" en nuestro camino cuaresmal pasa a través de la Cruz, el seguir a Cristo por el camino que conduce al Calvario, al don total de sí. Es un camino en el cual debemos aprender cada día a salir cada vez más de nuestro egoísmo y de nuestro ensimismamiento, para dejar espacio a Dios que abre y transforma el corazón. Y san Pablo recuerda que el anuncio de la Cruz resuena también para nosotros gracias a la predicación de la Palabra, de la que el mismo Apóstol es embajador; un llamado para nosotros, para que este camino cuaresmal se caracterice por una escucha más atenta y asidua de la Palabra de Dios, luz que ilumina nuestros pasos.

En la página del Evangelio de Mateo, del llamado Sermón de la Montaña, Jesús se refiere a tres prácticas fundamentales previstas por la Ley mosaica: la limosna, la oración y el ayuno; son también indicadores tradicionales en el camino cuaresmal para responder a la invitación de "volver a Dios de todo corazón". Pero Jesús subraya que la calidad y la verdad de la relación con Dios son las que califican la autenticidad de todo gesto religioso. Por ello Él denuncia la hipocresía religiosa, el comportamiento que quiere aparentar, las conductas que buscan aplausos y aprobación. El verdadero discípulo no se sirve a sí mismo o al “público”, sino a su Señor, en la sencillez y en la generosidad: "Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará" (Mt 6,4.6.18). Nuestro testimonio, entonces, será más incisivo cuando menos busquemos nuestra gloria y seremos conscientes de que la recompensa del justo es Dios mismo, el estar unidos a Él, aquí abajo, en el camino de la fe, y al final de la vida, en la paz y en la luz del encuentro cara a cara con Él para siempre (Cfr. 1 Co 13, 12).

Queridos hermanos y hermanas, comencemos confiados y alegres este itinerario cuaresmal. Que resuene fuerte en nosotros la invitación a la conversión, a "volver a Dios de todo corazón", acogiendo su gracia que nos hace hombres nuevos, con aquella sorprendente novedad que es participación en la vida misma de Jesús. Nadie, por lo tanto, haga oídos sordos a esta llamada, que se nos dirige también en el austero rito, tan sencillo y al mismo tiempo tan sugestivo, de la imposición de las cenizas, que realizaremos dentro de poco ¡Que nos acompañe en este tiempo la Virgen María, Madre de la Iglesia y modelo de todo auténtico discípulo del Señor! ¡Amén!


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Mi?rcoles, 13 de febrero de 2013

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo primero de Cuaresma - C.

NO DESVIARNOS DE JESÚS 

          Las primeras generaciones cristianas se interesaron mucho por las pruebas y tensiones que tuvo que superar Jesús para mantenerse fiel a Dios y vivir siempre colaborando en su proyecto de una vida más humana y digna para todos.

          El relato de las tentaciones de Jesús no es un episodio cerrado, que acontece en un momento y en un lugar determinado. Lucas nos advierte que, al terminar estas tentaciones, "el demonio se marchó hasta otra ocasión". Las tentaciones volverán en la vida de Jesús y en la de sus seguidores.

          Por eso, los evangelistas colocan el relato antes de narrar la actividad profética de Jesús. Sus seguidores han de conocer bien estas tentaciones desde el comienzo, pues son las mismas que ellos tendrán que superar a lo largo de los siglos, si no quieren desviarse de él.

          En la primera tentación se habla de pan. Jesús se resiste a utilizar a Dios para saciar su propia hambre: "no solo de pan vive el hombre". Lo primero para Jesús es buscar el reino de Dios y su justicia: que haya pan para todos. Por eso acudirá un día a Dios, pero será para alimentar a una muchedumbre hambrienta.

          También hoy nuestra tentación es pensar solo en nuestro pan y preocuparnos exclusivamente de nuestra crisis. Nos desviamos de Jesús cuando nos creemos con derecho a tenerlo, y olvidamos el drama, los miedos y sufrimientos de quienes carecen de casi todo.

          En la segunda tentación se habla de poder y de gloria. Jesús renuncia a todo eso. No se postrará ante el diablo que le ofrece el imperio sobre todos los reinos del mundo: "Al Señor, tu Dios, adorarás". Jesús no buscará nunca ser servido sino servir.

          También hoy se despierta en algunos cristianos la tentación de mantener, como sea, el poder que ha tenido la Iglesia en tiempos pasados. Nos desviamos de Jesús cuando presionamos las conciencias tratando de imponer a la fuerza nuestras creencias. Al reino de Dios le abrimos caminos cuando trabajamos por un mundo más compasivo y solidario.

          En la tercera tentación se le propone a Jesús que descienda de manera grandiosa ante el pueblo, sostenido por los ángeles de Dios. Jesús no se dejará engañar:"No tentarás al Señor, tu Dios". Aunque se lo pidan, no hará nunca un signo espectacular del cielo. Solo hará signos de bondad para aliviar el sufrimiento y las dolencias de la gente.

          Nos desviamos de Jesús cuando confundimos nuestra propia ostentación con la gloria de Dios. Nuestra exhibición no revela la grandeza de Dios. Solo una vida de servicio humilde a los necesitados manifiesta su Amor a todos sus hijos.         

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
 17 de febrero de 2013
1 Cuaresma (C)
Lucas 4, 1-13


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Martes, 12 de febrero de 2013

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (9 de febrero de 2013). (AICA)

El período de vacaciones ya se aproxima a su fin. Muchas personas habrán ido a los lugares clásicos de veraneo, otras todavía lo harán en marzo y muchos se habrán quedado en su casa, en su pueblo, en su ciudad. La cuestión de las vacaciones no necesariamente hay que identificarla con el turismo.

Se pueden hacer muchas cosas sanas, divertidas y, sobre todo, se puede descansar en vacaciones que ese tendría que ser el objetivo principal. Hay mucha gente que vuelve de las vacaciones más cansada que cuando se fue.

¿Qué cosas se pueden hacer? Un poco apuntar a lo espiritual de la propia vida. A veces estamos tan absorbidos por el vértigo de la exigencia cotidiana durante el año que no tenemos tiempo como para respirar espiritualmente, para visitar amigos que hace mucho tiempo que no vemos, para entregarnos a algunos de los hobbys o de las cosas que nos recrean y que nos resultan gratas. Hay tantas cosas que se podrían imaginar.

Nosotros en la Argentina, y en el mundo ocurre más o menos lo mismo, tenemos también las vacaciones de invierno, que son un receso escolar pero de suyo tiende a extenderse, un poco a federalizarse, se crea una especie de ánimo generado de vacación.

Y después hay muchos feriados durante el año, aunque lamentablemente ya hace muchas décadas se suprimieron algunos feriados religiosos que eran muy significativos para el pueblo argentino; por ejemplo el 15 de Agosto que es la Fiesta de la Asunción de la Virgen que era llamado clásicamente el Día de Santa María, que es la fiesta por excelencia de la Virgen Santísima. Otro es el 6 de Enero que es la Fiesta de la Epifanía del Señor o de los Reyes Magos. Los Reyes han sido eliminados ya por Papá Noel.

También el 1° y el 2 de Noviembre que son la Solemnidad de los Santos y la Conmemoración de los Fieles Difuntos que eran días de reflexión y de visita al cementerio, de recordación de nuestros muertos y demás.

En su lugar se han impuesto, con el tiempo, distintos feriados nuevos de carácter civil. Pero ahora también con esta costumbre de trasladarlos hace que la conmemoración en el fondo queda evaporada, porque la conmemoración se hace rápidamente para poder tener ese día ¡libre!. Se han inventado también los llamados feriados “puente” o sea que tenemos pequeños ciclos de vacaciones a lo largo del año.

Yo no voy a entrar en la discusión acerca de si esto está bien o no. He notado que en realidad no es tanta la gente que se traslada con estos feriados largos un poco un poco artificiales. La última vez decían 800.000 personas lo que sería el 2% de la población. Por tanto la inmensa mayoría se queda en su casa y simplemente sin hacer nada descansa.

Además, claro, esto es un gran incentivo a la actividad turística pero ya he visto las protestas de otros sectores de la producción y de servicios porque ellos se ven menoscabados. Ante esta cuestión tienen que cerrar sus negocios, las distintas oficinas y demás.

Por eso todo esto es muy discutible. Yo creo que lo que tendríamos que pensar, detenidamente, es el efecto en lo que hay que llamar la cultura del trabajo, necesaria para que una sociedad progrese, crezca verdaderamente, alcance un nivel de desarrollo integral.

No sea cosa que tan aferrados al feriado, al feriado largo, a la vacación, nos vayamos olvidando de que la vacación verdadera, la vacación larga, es la del Cielo. Sí, así tal cual, es la del Cielo y acá en la Tierra hay que trabajar y sobre todo hay que trabajar si uno quiere progresar, si uno quiere contribuir efectivamente al bien común.

Estas cosas son un poco delicadas porque, en realidad, nuestra profunda vacación es el descanso. Digo el descanso de la vida eterna pero al descanso de la vida eterna llegamos gracias al trabajo meritorio que hacemos aquí todos los días.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


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ZENIT nos participa  la declaración de Benedicto XVI, en el Consistorio Ordinario Público, de 11 de febrero, sobre su renuncia al ministerio de Obispo de Roma, sucesor de san Pedro.

Queridísimos hermanos:

Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia. Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando. Sin embargo, en el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de san Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado. Por esto, siendo muy consciente de la seriedad de este acto, con plena libertad, declaro que renuncio al ministerio de Obispo de Roma, Sucesor de San Pedro, que me fue confiado por medio de los Cardenales el 19 de abril de 2005, de forma que, desde el 28 de febrero de 2013, a las 20.00 horas, la sede de Roma, la sede de San Pedro, quedará vacante y deberá ser convocado, por medio de quien tiene competencias, el cónclave para la elección del nuevo Sumo Pontífice.

Queridísimos hermanos, os doy las gracias de corazón por todo el amor y el trabajo con que habéis llevado junto a mí el peso de mi ministerio, y pido perdón por todos mis defectos. Ahora, confiamos la Iglesia al cuidado de su Sumo Pastor, Nuestro Señor Jesucristo, y suplicamos a María, su Santa Madre, que asista con su materna bondad a los Padres Cardenales al elegir el nuevo Sumo Pontífice. Por lo que a mi respecta, también en el futuro, quisiera servir de todo corazón a la Santa Iglesia de Dios con una vida dedicada a la plegaria.

Vaticano, 10 de febrero 2013.

BENEDICTUS PP. XVI


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Mensaje de monseñor José María Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, para la cuaresma 2013 (Febrero de 2013). (AICA)


1- Iniciamos el Tiempo de Cuaresma en el marco del Año de la Fe. Este hecho nos ayuda a reflexionar sobre el sentido y el alcance del don de la fe, como una realidad que nos enriquece y está llamada a examinar nuestras relaciones con Dios, nuestros hermanos y el mundo. Decir creo en Dios es un don, pero también una tarea que debemos asumir. Para comprender y vivir esta nueva realidad es necesario partir de la imagen y la vida de Dios que nos ha revelado y comunicado Jesucristo. Sólo en él la fe cristiana alcanza su pleno sentido y nos descubre en la dinámica de un proyecto único y personal. La fe no construye a Dios, es respuesta a su Palabra. La escucha es la actitud del hombre de fe. Fijemos nuestra mirada en él, nos dice el autor de la carta a los Hebreos, porque él es: “el iniciador y consumador de nuestra fe” (Heb. 12, 2). En el encuentro con Jesucristo la fe se hace camino y vocación plena para el hombre.

2- La primera certeza que nos da la fe es que Dios es Persona, Amor y se nos comunica. Dios nos habla. Su Palabra, en Cristo, se convierte en la fuente más clara para conocerlo y conocernos. El Concilio Vaticano II, retomando la rica tradición patrística sobre la dignidad de la persona humana, nos recuerda que: “el misterio del hombre sólo se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado” (G. S. 22). La fe no es un agregado para el hombre sino el ámbito donde abreva su verdad más profunda. Es bueno tener presente, en este tiempo de gracia y conversión de la cuaresma, esa dinámica de la perfección cristiana que san Pablo la expresa en términos de una meta a alcanzar: “hasta que todos lleguemos, nos dice, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo” (Ef. 4, 13). La fe es la que nos introduce en este camino de santidad.

3– La vivencia de este hecho requiere una mirada teológica sobre nuestra vida y vocación. Vivimos muy pendientes del hoy, del momento. No está mal, si ello no nos hace perder de vista ese horizonte más amplio que da sentido a nuestra vida. Aquí la fe encuentra su lugar propio. Al comienzo de la Carta Apostólica el Santo Padre nos dice que “la puerta de la fe” nos: “introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia”. Atravesar esta puerta, agrega: “supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cfr. Rom. 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él” (P.F 1). Esta mirada nos descubre la vida cristiana como un camino que se apoya en la presencia viva y actual de Jesucristo. En él, vivimos y caminamos con la confianza y la alegría de la esperanza.

4- Como vemos, la fe no es un recetario de respuestas para cada problema. Ella nos habla del hombre como hijo de Dios, como criatura con un destino trascendente desde el cual se ilumina toda nuestra vida. La fe no da soluciones inmediatas, a medida, sí una luz que nos permite encontrar un camino, incluso en momentos difíciles de cruz y oscuridad. Para la fe siempre hay un mañana, porque el horizonte es la vida eterna. La fe no está a la búsqueda de signos mágicos ni se alimenta de milagros, sino de la Palabra de Dios que da sentido y fortaleza al hombre. Esta fe es la se convierte, dirá san Pablo: “en fuerza y sabiduría de Dios para los que creen” (1 Cor. 24).

5- Es necesario mantener esta jerarquía de verdades que debe sostener y orientar nuestra vida. Para ello debemos partir, decíamos, de la imagen de Dios que nos ha revelado Jesucristo. Cuando Dios ocupa su lugar todo se ordena. Recuperar la centralidad de Dios es el comienzo de una vida nueva. Esto no siempre es fácil, las urgencias, lo inmediato, postergan lo importante. No se trata sólo de crear espacios reservados a Dios, aunque es necesario, sino de vivir en presencia de él, de tenerlo siempre presente y de que su Palabra sea la referencia moral para nuestros actos. Cuántas veces se mantienen por rutina “tiempos religiosos”, pero el corazón y la mente están en otros tiempos y se nutren de otras palabras, que terminan vaciando de contenido la propia vida de fe. Sólo Dios es el Señor, es el comienzo de una vida de fe que ilumina y orienta nuestros actos y compromisos.

6- Ahora bien, es importante que la imagen de Dios que jerarquiza y ordena nuestra vida sea realmente la del Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Esto que parece fácil de suponer hoy no siempre es tan claro. No se trata de cualquier imagen de Dios. Hay una pseudo cultura religiosa con sus propios rituales y técnicas, que nos presenta la imagen de una divinidad impersonal que es ajena al Dios Padre que nos ha revelado Jesucristo. Aquí llegamos a esa otra certeza de la fe cristiana: Dios habló de un modo definitivo por su Hijo. A la pregunta de Felipe: “Señor, muéstranos al Padre”. Jesús le responde: “El que me ha visto, ha visto al Padre” (Jn. 14, 8-9). Y en la carta a los Colosenses san Pablo, refiriéndose a Cristo, como Imagen de Dios y Cabeza de la Iglesia, nos dice: “El es la imagen del Dios invisible, el Primogénito de toda la creación” (Col. 1, 15).

7– Estas reflexiones no deben quedar en un plano bíblico-teológico, sino que están llamadas a convertirse en vida. Creer que Dios hoy me sigue hablando personalmente en su Hijo, es el fundamento de una fecunda vida de fe. Debemos descubrir de nuevo, nos dice el Santo Padre: “el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, trasmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de vida ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos” (cfr. Jn. 6, 51; P.F 3). La Palabra tiene un contenido que debe formar nuestra inteligencia y nuestro corazón. La fe en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, no puede quedar reducida a un mero sentimiento sino que tiene que: “alcanzar y transformar con la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida…” (E.N. 19). Cuando la vida religiosa deja de tener su fuente y orientación en Dios, que nos ha revelado Jesucristo, ella se empobrece; podemos estar tentados a buscar, o vivir a la espera de otras manifestaciones, que nos alejan de la solidez de su Palabra. Cuidar y alimentar el don de la fe en Cristo es nuestra tarea.

8- En este sentido la carta Apostólica “Porta Fidei” es clara: “Habrá que intensificar, nos dice, la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio en el que la humanidad está viviendo” (P.F. 8). Una madura y comprometida vida cristiana, que nace y se alimenta del encuentro con la Palabra de Dios necesita, también, de un estudio serio y sistemático que de solidez al acto de fe. Aquí adquiera todo su valor el Catecismo de la Iglesia Católica como: “subsidio precioso e indispensable”, para un conocimiento sistemático del contenido de la fe. Doy gracias a Dios de que podamos contar con la presencia del Instituto Arquidiocesano de Ciencias Sagradas, con sus filiales en el interior y su amplia propuesta formativa. Reconocer la necesidad de ahondar el contenido de nuestra fe por medio de la formación, es el comienzo de un camino de madurez personal y eclesial.

9– Existe, como leemos en la Carta Apostólica: “una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento” (P.F. 10). La decisión del acto de fe es un sí a la persona y el evangelio de Jesucristo. Esto es lo que nos debe llevar a comprender la importancia de tener razones por las que se cree. La fe no se opone a la razón, la necesita. La obediencia de la fe, como respuesta de nuestra libertad a la Palabra de Dios, es ante todo un acto humano con todo lo que ello implica. Como se puede ver, concluye el Santo Padre: “el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia” (P.F. 10). Una lectura pausada de Porta Fidei nos puede ayudar a valorar el tema del estudio y la reflexión sobre los contenidos de nuestra fe, en los “textos cualificados y normativos del Magisterio” afirma el Santo Padre. De modo especial se refiere al Concilio Vaticano II: “como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX”. Y concluye retomando una afirmación del Beato Juan Pablo II: “Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza” (P.F. 5).

10– He considerado oportuno proponerles estas breves reflexiones en el marco del Año de la Fe, para que vivamos este tiempo de gracia de la Cuaresma como: “una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo” (P.F 6). Que María Santísima, Nuestra Madre y Patrona de Guadalupe, nos enseñe la docilidad al Espíritu Santo para vivir en la obediencia de la fe y en la comunión de la Iglesia. Reciban, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor Jesús.


Mons. José María Arancedo, Arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


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Lunes, 11 de febrero de 2013

ZENIT  nos ofrece el artículo, en nuestro espacio "Foro", de nuestro colaborador monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, desde San Cristóbal de las Casas, en el que aborda la labor de la Iglesia en favor de la promoción humana.

Dolor y esperanza de un pueblo
Hay lazos profundos entre evangelización y promoción humana

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

En días pasados, nuestra diócesis promovió una peregrinación para orar por los sufrimientos del pueblo, denunciar los males que padece y alentarnos en la búsqueda de alternativas de una vida mejor. Entre muchas otras cosas, se dijo: “Nos duele que los que tienen una seria responsabilidad de proteger los derechos de los habitantes de estas tierras y vigilar por el bienestar de todos, sean muchas veces quienes violen esos mismos derechos, aliados a empresas sin ética ni respeto a la naturaleza y a la vida humana como: las mineras, los productores de transgénicos, cerveceras, licoreras, dueños de cantinas o distribuidores de droga y prostíbulos. Nos duelen tantos miles de abortos, porque son la muerte de inocentes e indefensos. Nos angustia la violencia contra las mujeres, las miles de muertes por el narcotráfico, la marginación de nuestros pueblos, la falta de respeto a los derechos humanos de los migrantes. Denunciamos las concesiones de explotación minera, pasando por encima del derecho fundamental de los pueblos a la consulta previa, libre e informada; siendo un claro atentado contra la vida, pues contamina a la madre tierra.

El alcohol no es sólo una enfermedad individual, sino que afecta a toda la sociedad, especialmente a las familias, porque trae violencia a las mujeres y a los niños, incapacitando permanentemente al alcohólico y destruyendo el tejido social. Denunciamos que cada año las autoridades otorgan más permisos para abrir cantinas, y sigue aumentando la producción y distribución de bebidas alcohólicas”.

ILUMINACION

¿Hacer públicos estos clamores es algo ajeno a nuestra misión evangelizadora? ¿La Iglesia se está metiendo en políticas que no le corresponden? Todo lo contrario. Dios dice: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto y he escuchado su grito en presencia de sus opresores; conozco sus sufrimientos, he bajado para librarle de la mano de los egipcios, para llevarlo a una tierra buena y espaciosa, una tierra donde brota leche y miel” (Ex 3, 7-8).

Nuestro Obispo Auxiliar, Enrique Díaz Díaz, nos recordó la lazos profundos que hay entre evangelización y promoción humana, de los que ya nos hablaba Pablo VI en Evangelii nuntiandi. En efecto, no podemos predicar un Evangelio que nos haga indiferentes a la realidad de las personas, pues lo central de la predicación de Jesús es el gran amor de Dios Padre y el amor entre nosotros. Nos decía Mons. Enrique: “Evangelizar es gritar a todo el mundo la alegría del amor de Dios, con una voz que haga comprender que no ha olvidado a su pueblo. No habrá verdadera evangelización si se convive con la injusticia, la mentira y la corrupción; si se destruye a personas, pueblos, sanas costumbres, bellas tradiciones y valores universales, pasando por encima de la dignidad de las personas. La verdadera evangelización nos llevará a sumergirnos en el amor del Padre, en el reconocimiento y la valoración de cada persona y en el respeto, cuidado y cariño de la madre tierra. Ya decían los padres sinodales: Nuestra experiencia nos dice que el Evangelio se puede predicar a quien tiene el estómago vacío, pero sólo si el estómago del predicador está también vacío como el de sus hermanos. Seremos portadores creíbles de la alegría del Evangelio si la proclamación va acompañada de su hermana gemela: el amor. El amor de Jesús coincide con el don de sí mismo”.

COMPROMISOS

Urgidos por la vida digna que Dios quiere para su pueblo, exigimos liberar a muchos presos injustamente encarcelados; conservar la autosuficiencia alimentaria; respetar nuestras semillas originarias, rechazar las transgénicas y los agroquímicos, altamente nocivos para la salud.

Hacemos nuestro lo que dijeron los hermanos: “Con dignidad y orgullo, hablaremos nuestra palabra uniéndola a la Palabra de Jesús para levantar, sanar y liberar. La Palabra de Dios nos ha puesto de pie y queremos vivir con dignidad. Sólo tenemos un camino: el de Jesús. Que el Señor Jesús, la verdadera Palabra, el único camino, que prometió estar siempre con nosotros, nos conceda ser fieles y vivir a plenitud su Evangelio”.


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ZENIT nos ofrece   la carta pastorzal de monseñor Manuel Ureña, arzobispo de Zaragoza, con el título "A propósito de la fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y de la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo".

''Hacer el bien al que sufre y hacer el bien con el propio sufrimiento''
Carta pastoral del obispo de Zaragoza con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo

Por Manuel Ureña

Mañana lunes, día 11 de febrero, memoria litúrgica de Nuestra Señora la Virgen de Lourdes, Su Santidad el Papa Benedicto XVI nos ha convocado a celebrar la XXI Jornada Mundial del Enfermo.

Nosotros responderemos litúrgicamente a esta llamada mediante la participación en la Santa Misa con los enfermos, que tendrá lugar a las cinco y media de la tarde en la Catedral-Basílica de Nuestra Señora del Pilar.

Como nos recuerda el Santo Padre, con palabras del Papa Beato Juan-Pablo II, en su Mensaje de este año, la fecha del 11 de febrero constituye “un momento fuerte de oración, de participación y de ofrenda del sufrimiento para bien de la Iglesia, así como de invitación a todos para que reconozcamos en el rostro del hermano enfermo la santa faz de Cristo, quien, sufriendo, muriendo y resucitando, llevó a cabo la salvación de la humanidad”. Esta es la razón de ser de la presente Jornada y esto es lo que se nos concede vivir por gracia de Dios.

Los enfermos y sus familias, los ancianos más o menos dependientes, están siempre con nosotros. Pero, tal vez por esa excesiva y constante inmediatez, pueden hacerse invisibles a nuestros ojos y a nuestro corazón. De ahí que días como este nos saquen de nuestra distracción y nos permitan verles y amarles desde el Corazón de Jesús. Este año, el Santo Padre nos invita a contemplar la figura emblemática del Buen Samaritano y, a su luz, poner en práctica una llamada profundamente evangélica: “Hacer el bien al que sufre y hacer el bien con el propio sufrimiento”.

Hacer el bien a quien sufre. Sufren los enfermos y, con ellos, sus familiares más cercanos, que no siempre son suficientemente atendidos. Sufren los ancianos que creen no valer ya para nada y ser sólo una carga. Pero no es así cuando viven su vejez unidos a Cristo. Sin embargo, ¡cuánta soledad y cuántos maltratos padecen en silencio no pocos de ellos! En modo alguno podemos permanecer ajenos a ese sufrimiento. Sufren también los que curan y cuidan a los enfermos en estos tiempos de desconcierto moral y de dificultades económicas. Todos ellos merecen nuestro reconocimiento y nuestra acción de gracias. Dios les recompensará como sólo Él sabe y puede hacerlo.

Hacer el bien a cada uno de estos hermanos nuestros verifica y acredita la verdad de nuestra fe en Cristo y hace posible que se muestre el verdadero rostro de la Iglesia. Así, al ver a Cristo presente en su Iglesia y experimentar su amor, los hombres podrán creer en Él y recibir la salvación y la vida divina. Así viviremos la nueva evangelización para la transmisión de la fe.

Hacer el bien con el propio sufrimiento y ofrecerlo por amor, con Cristo, al Padre para la salvación del mundo. Esta es la tarea. Así lo pedimos en la oración litúrgica: “Que los enfermos vean en sus dolores una participación de la pasión de tu Hijo, para que de esta forma tengan también parte en su consuelo”. El sacrificio redentor de Cristo se actualiza en la celebración de la Eucaristía. También el Espíritu Santo lo actualiza en la vida de quien vive el sufrimiento en unión con Cristo. Participando en su dar la vida por amor, participan en su fecundidad.

Todo cristiano ha de ser buen samaritano. Y ¿cómo hacerlo? Claramente nos lo dice el Santo Padre en su Mensaje de este año: “Se trata de extraer del amor infinito de Dios, a través de una intensa relación con él en la oración, la fuerza para vivir cada día como el Buen Samaritano, con una atención concreta hacia quien está herido en el cuerpo y en el espíritu. (…) Esto no sólo vale para los agentes pastorales y sanitarios, sino para todos, también para el mismo enfermo, que puede vivir su propia condición en una perspectiva de fe, (…) mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito”.

El Año de la fe es, sin duda, una ocasión propicia para intensificar la diaconía de la caridad en nuestras comunidades eclesiales, de modo que cada uno de nosotros sea un buen samaritano de los demás, de aquellos que están a nuestro lado.


Publicado por verdenaranja @ 21:26  | Hablan los obispos
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Domingo, 10 de febrero de 2013

Dios mira la fe de sus elegidos

ZENIT nos ofrece las palabras del Papa al introducir la oración mariana del Angelus el domingo 10 de Febrero de 2013 dirigidas a los fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro.

 

¡Queridos hermanos y hermanas!

En la liturgia de hoy, el Evangelio según san Lucas presenta el pasaje de la llamadas de los primeros discípulos, con una versión original respecto a los otros dos sinópticos, Marcos y Mateo (cfr Mc 1,16-20; Mt 4,18-22). La llamada, de hecho, está precedida de la enseñanza de Jesús a la multitud y de la pesca milagrosa, cumplida por voluntad del Señor (Lc 5,1-6). Mientras la multitud se reúne a las orillas del lago de Jerusalén para escuchar a Jesús, Él ve a Simón desalentado por no haber pescado nada en toda la noche. Primero le pide subir a la barca para predicar a la gente estando a poca distancia de la orilla; después, terminada la predicación, le pide que vaya mar adentro con sus compañeros y que echen las redes (cfr v. 5). Simón obedece y pescan una cantidad increíble de pescado. De esta forma, el evangelista hace ver como los primeros discípulos siguieron a Jesús fiándose de Él, fundándose en su Palabra, acompañada también de signos prodigiosos. Observamos que, antes de este signo, Simón se dirige a Jesús llamándole "Maestro" (v. 5), mientras que después le llama "Señor" (v. 7). Es la pedagogía de la llamada de Dios, que no mira tanto a la calidad de los elegidos, sino a su fe, como la de Simón que dice: "En tu palabra, echaré las redes" (v. 5).

La imagen de la pesca remite a la misión de la Iglesia. Comenta al respecto san Agustín: «Dos veces los discípulos se pusieron a pescar por orden del Señor: una vez antes de la pasión y otra después de la resurrección. En las dos pescas está representada toda la Iglesia: la Iglesia como es ahora y como será después de la resurrección de los muertos. Ahora acoge a una multitud imposible de numerar, que comprende a los buenos y a los malos; después de la resurrección comprenderá sólo a los buenos» (Discurso 248,1). La experiencia de Pedro, ciertamente singular, es también representativa de la llamada de cada apóstol del Evangelio, que no debe nunca desanimarse en el anunciar a Cristo a todos lo hombres, hasta los confines del mundo. Además, el texto de hoy hace reflexionar sobre la vocación al sacerdocio y a la vida consagrada. Esa es obra de Dios. El hombre no es autor de la propia vocación, sino que es una respuesta a la propuesta divina; y la debilidad humana no debe tener miedo si Dios llama. Es necesario tener confianza en su fuerza que actúa precisamente en nuestra pobreza; es necesario confiar cada vez más en la potencia de su misericordia, que transforma y renueva.

Queridos hermanos y hermanas, esta Palabra de Dios revive también en nosotros y en nuestras comunidades cristianas el valor, la confianza y el impulso en el anunciar y testimoniar el Evangelio. Que los fracasos y las dificultades no lleven al desanimo: a nosotros nos corresponde echar las redes con fe, el Señor hace el resto.

Confiamos también en la intercesión de la Virgen María, Reina de los Apóstoles. A la llamada del Señor, ella, muy consciente de su pequeñez, responde con total confianza: "Aquí estoy". Con su ayuda maternal, renovamos nuestra disponibilidad a seguir a Jesús, Maestro y Señor.

Traducido del original italiano por Rocío Lancho García.


Publicado por verdenaranja @ 21:03  | Habla el Papa
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ZENIT nos ofrece las palabras que el santo padre dirigió a los miembros de la Soberana Orden Militar de Malta, con motivo del IX centenario del reconocimiento oficial de Institución hospitalaria mediante la Bula Piae postulatio voluntatis, de 15 de febrero de 1113. (09 de febrero de 2013)

Queridos hermanos y hermanas

Me es grato recibirles y saludarles a todos, Caballeros y Damas, Capellanes y voluntarios de la Soberana y Militar Orden de Malta. Saludo de modo especial al Gran Maestro, Su Alteza Eminentísima Fray Matthew Festing, agradeciendo las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros; muchas gracias también por el donativo que me habéis ofrecido, y que he destinado a una obra de caridad. Deseo expresar mi afecto a los Cardenales y a los Hermanos en el episcopado y en el presbiterado, en particular a mi Secretario de Estado, que hace poco ha presidido la Eucaristía, así como al cardenal Paolo Sardi, patrono de la Orden, y al cual agradezco la solicitud con que se dedica a consolidar el vínculo especial que os une a la Iglesia Católica, y de una manera particular a la Santa Sede. Saludo con reconocimiento a vuestro Prelado, el Señor Arzobispo Mons. Angelo Acerbi. Saludo, en fin, a los diplomáticos, y también a las altas personalidades y autoridades que están presentes.

El motivo de este encuentro lo ofrece el IX centenario del solemne privilegio Pie postulatio voluntatis, del 15 de febrero de 1113, con el cual el Papa Pascual II puso a la recién nacida «hermandad hospitalaria» de Jerusalén, con el título de San Juan Bautista, bajo la tutela de la Iglesia, haciéndola soberana, constituyéndola como una Orden de derecho eclesial, con el derecho a elegir libremente a sus superiores sin interferencia por parte de otras autoridades laicas o religiosas. Esta importante conmemoración adquiere un especial significado en el contexto del Año de la fe, durante el cual la Iglesia está llamada a renovar la alegría y el compromiso de creer en Jesucristo, único Salvador del mundo. En este sentido, también vosotros estáis llamados a acoger este tiempo de gracia para profundizar en el conocimiento del Señor y para hacer resplandecer la verdad y la belleza de la fe, mediante el testimonio de vuestra vida y vuestro servicio en el hoy de nuestro tiempo.

Desde sus comienzos, vuestra Orden se ha distinguido por la fidelidad a la Iglesia y al Sucesor de Pedro, así como por su irrenunciable perfil espiritual, caracterizado por el elevado ideal religioso. Seguid avanzado por este camino, dando testimonio de manera concreta de la fuerza transformadora de la fe. Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir a Jesús, y después fueron por el mundo entero, cumpliendo con el mandato de llevar el evangelio a toda criatura; anunciaron a todos sin temor la fuerza de la cruz y la alegría de la resurrección de Cristo, de la cual fueron testigos directos. Por la fe, los mártires dieron su vida, mostrando la verdad del evangelio que les había transformado y hecho capaces de llegar hasta la entrega más grande, fruto del amor, perdonando a sus propios perseguidores. Y por la fe, a través de los siglos, los miembros de vuestra Orden se han prodigado primero en asistir a los enfermos en Jerusalén, y después en socorrer a los peregrinos en Tierra Santa, expuestos a graves peligros, escribiendo así páginas brillantes de caridad cristiana y defensa del cristianismo. En el siglo XIX, la Orden se abrió a nuevos y más amplios campos de actividad en el ámbito asistencial y de servicio a los enfermos y los pobres, pero sin renunciar nunca a los ideales originarios, especialmente el de la intensa vida espiritual de cada uno de sus miembros. En esta dirección debe continuar vuestro compromiso, con una atención muy especial a la consagración religiosa —la de los profesos— que constituye el corazón de la Orden. Nunca debéis olvidar vuestras raíces, cuando el Beato Gerardo y sus compañeros se consagraron con los votos para el servicio a los pobres, y el privilegio Pie postulatio voluntatis corroboró su vocación. Los miembros de la institución recién constituida se configuraban así con los rasgos de la vida religiosa: el compromiso de alcanzar la perfección cristiana mediante la profesión de los tres votos, el carisma al que se consagran y la fraternidad entre los miembros. La vocación del profeso debe ser objeto de gran atención también hoy, unida al cuidado de la vida espiritual de todos.

En este sentido, respecto a otras organizaciones comprometidas en el ámbito internacional en la asistencia a los enfermos, en la solidaridad y la promoción humana, vuestra Orden se distingue por la inspiración cristiana que debe orientar constantemente el compromiso social de sus miembros. Conservad y cultivad este rasgo característico, y actuad con renovado ardor apostólico, siempre con una actitud de profunda sintonía con el Magisterio de la Iglesia. Vuestra preciosa obra benéfica, articulada en varios campos, y que se lleva a cabo en diversas partes del mundo, concentrada principalmente en el servicio al enfermo con estructuras hospitalarias y sanitarias, no es simple filantropía, sino la expresión eficaz y el testimonio vivo del amor evangélico.

En la Sagrada Escritura, la llamada al amor del prójimo está unida al mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas (cf. Mc 12,29-31). Por consiguiente, el amor al prójimo responde al mandato y al ejemplo de Cristo si se funda en un verdadero amor a Dios. Así es posible para el cristiano hacer experimentar a los demás a través de su entrega la ternura providente del Padre celestial, gracias a una configuración cada vez más profunda con Cristo. Para dar amor a los hermanos, es necesario tomarlo del fuego de la caridad divina, mediante la oración, la escucha asidua de la Palabra de Dios y una vida centrada en la Eucaristía. Vuestra vida cotidiana ha de estar impregnada de la presencia de Jesús, ante cuya mirada estáis llamados a poner también el sufrimiento de los enfermos, la soledad de los ancianos o las dificultades de las personas con discapacidad. Saliendo al encuentro de estas personas, servís a Cristo: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40), dice el Señor.

Queridos amigos, seguid actuando en la sociedad y en el mundo por las vías maestras indicadas por el evangelio: la fe y la caridad, para reavivar la esperanza. La fe, como el testimonio de adhesión a Cristo y de compromiso con la misión evangélica, que os impulsa a una presencia cada vez más viva en la comunidad eclesial y a una pertenencia más consciente al Pueblo de Dios; la caridad, como expresión de fraternidad en Cristo, mediante las obras de misericordia con los enfermos, los pobres, los necesitados de amor, de consuelo y ayuda, con los afligidos por la soledad, la desorientación y las nuevas formas de pobreza material y espiritual. Estos ideales están bien expresados en vuestro lema: «Tuitio fidei et Obsequium pauperum». Son palabras que sintetizan bien el carisma de vuestra Orden, la cual, como sujeto de derecho internacional, no aspira a ejercer poder e influencia de carácter humano, sino que desea desarrollar con plena libertad su propia misión para el bien integral del hombre, cuerpo y alma, con la atención puesta tanto en cada persona como en la comunidad, y sobre todo en quienes están más necesitados de esperanza y de amor.

Que la Santísima Virgen María —la bienaventurada Virgen de Filermo— sustente con su materna protección vuestros propósitos y proyectos; que vuestro celestial protector, san Juan Bautista, así como el beato Gerardo y los Santos y Beatos de la Orden, os acompañen con su intercesión. Por mi parte, os aseguro mis oraciones por los que estáis aquí, por todos los miembros de la Orden, así como por los numerosos y beneméritos voluntarios, incluido el nutrido grupo de niños, y por cuantos os apoyan en vuestras actividades, a la vez que os imparto con afecto una especial Bendición Apostólica, que complacido hago extensiva a vuestras familias.

Gracias.

©Librería Editorial Vaticana


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S?bado, 09 de febrero de 2013

Discurso del papa a los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para la Cultura, presidido por Gianfranco Ravasi cuyo tema es: "Las culturas juveniles emergentes". 07 de febrero de 2013

Queridos Amigos:

Estoy verdaderamente feliz de encontraros en la apertura de los trabajos de la Asamblea Plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura, en la que estaréis empeñados en comprender y profundizar, desde diversas perspectivas, las "culturas juveniles emergentes". Saludo cordialmente al Presidente, Cardenal Gianfranco Ravasi, y le agradezco por las amables palabras que me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Saludo a los Miembros, los Consultores y todos los Colaboradores del Dicasterio, deseando un proficuo trabajo, que ofrecerá una contribución útil para la acción que la Iglesia desarrolla frente a la realidad juvenil; una realidad, como se ha dicho, compleja y articulada, que no debe más ser comprimida al interno de un universo cultural homogéneo, si no en un horizonte que puede definirse "multiverso", o sea determinado de una pluralidad de visiones, de perspectivas, de estrategias. Por esto es oportuno hablar de "culturas juveniles", considerando que los elementos que distinguen y diferencian los fenómenos y los ámbitos culturales prevalecen sobre aquellos, si bien presentes, que en cambio los acomunan. Numerosos factores concurren, de hecho, a diseñar un panorama cultural cada vez más fragmentado y en continua, velocísima evolución, al que ciertamente no son extraños los medios de comunicación social, los nuevos instrumentos de comunicación que favorecen y, a veces, provocan ellos mismos continuos y rápidos cambios de mentalidad, de costumbres, de comportamiento.

Se confirma, así, un clima difundido de inestabilidad que toca el ámbito cultural, como también el político y económico - este último marcado además por la dificultad de los jóvenes de encontrar trabajo - para incidir sobre todo a nivel psicológico y relacional. La incertidumbre y la fragilidad que connota a tantos jóvenes no raramente los empujan a la marginalidad, los hace casi invisibles y ausentes en los procesos históricos y culturales de las sociedades. Y siempre más frecuentemente fragilidad y marginalidad desembocan en fenómenos de dependencia de las drogas, de desviación, de violencia. La esfera afectiva y emotiva, el ámbito de los sentimientos así como el de la corporeidad, están fuertemente interesados por este clima y de la temperie cultural que resulta, expresada, por ejemplo, por fenómenos aparentemente contradictorios, como el ostentar públicamente la vida íntima y personal y el ensimismamiento individualista y narcisista en las propias necesidades e intereses. También la dimensión religiosa, la experiencia de fe y la pertenencia a la Iglesia son a menudo vividas en una perspectiva privatista y emotiva.

Sin embargo, no faltan fenómenos decididamente positivos. Los impulsos generosos y valientes de tantos jóvenes voluntarios que dedican a los hermanos más necesitados sus mejores energías; la experiencia de fe sincera y profunda de tantos muchachos y muchachas que con gozo testimonian su pertenencia a la Iglesia; los esfuerzos cumplidos para construir, en tantas partes del mundo, sociedades capaces de respetar la libertad y la dignidad de todos, comenzando por los más pequeños y débiles. Todo esto nos consuela y nos ayuda a trazar un cuadro más preciso y objetivo de las culturas juveniles. Por lo tanto, no nos podemos contentar con interpretar los fenómenos culturales juveniles según paradigmas consolidados, pero ya convertidos en lugares comunes, o analizarlos con métodos que ya no son útiles, partiendo de categorías culturales superadas y no adecuadas.

En definitiva, nos encontramos ante una realidad compleja como nunca pero también fascinante, que va comprendida de manera profunda y amada con gran espíritu de empatía, una realidad de la cual es necesario saber captar con atención las líneas de fondo y los desarrollos. Observando, por ejemplo, a los jóvenes de tantos Países del llamado "Tercer mundo", nos damos cuenta de que ellos representan, con sus culturas y con sus necesidades, un desafío a la sociedad del consumismo globalizado, a la cultura de los privilegios consolidados, de la que beneficia un estrecho círculo de la población del mundo occidental. Consecuentemente, las culturas juveniles se vuelven "emergentes" también en el sentido que manifiestan una necesidad profunda, una solicitud de ayuda o totalmente una "provocación", que no puede ser ignorada o descuidada ya sea por la sociedad civil que por la Comunidad eclesial. Varias veces he manifestado, por ejemplo, mi preocupación y la de toda la Iglesia por la denominada "emergencia educativa", a la que seguramente van sumadas otras "emergencias", que tocan las diversas dimensiones de la persona y sus relaciones fundamentales y a las que no se puede responder de forma evasiva y banal. Pienso, por ejemplo, en la creciente dificultad en el campo del trabajo o a la fatiga a ser fieles a las responsabilidades asumidas. Derivará, para el futuro del mundo y de toda la humanidad, un empobrecimiento no solo económico y social sino sobre todo humano y espiritual: si los jóvenes no esperasen y no progresasen más, si en las dinámicas históricas no insertasen su energía, su vitalidad, su capacidad de anticipar el futuro, nos encontraríamos con una humanidad encerrada en sí misma, privada de confianza y de una mirada positiva hacia el mañana.

Si bien consientes de las tantas situaciones problemáticas, que tocan también el ámbito de la fe y de la pertenencia a la Iglesia, queremos renovar nuestra confianza en los jóvenes, reafirmar que la Iglesia mira a su condición, a sus culturas, como a un punto de referencia esencial e ineludible para su acción pastoral. Por esto quisiera nuevamente retomar algunos pasajes significativos del Mensaje que el Concilio Vaticano II dirigió a los jóvenes, para que sea un motivo de reflexión y de estímulo para las nuevas generaciones. Ante todo se afirmaba: «La Iglesia os mira con confianza y con amor... Ella posee aquello que hace la fuerza o la belleza de los jóvenes: la capacidad de alegrarse por aquello que comienza, de darse sin condición, de renovarse y de volver a partir hacia nuevas conquistas». Luego el Venerable Pablo VI dirigía este llamamiento a los jóvenes del mundo: «Es en nombre de este Dios y de su Hijo Jesús que nosotros os exhortamos a ensanchar vuestros corazones según las dimensiones del mundo, a entender el llamado de vuestros hermanos, y a poner valientemente vuestras juveniles energías a su servicio. Luchad contra todo egoísmo. Rechazad el dar libre curso a los instintos de la violencia y del odio, que generan las guerras y su triste cortejo de miserias. Sed generosos, puros, respetuosos, sinceros ¡Y construid en el entusiasmo un mundo mejor que el actual!».

También yo quiero repetirlo con fuerza: la Iglesia tiene confianza en los jóvenes, espera en ellos y en sus energías, necesita de ellos y de su vitalidad, para continuar a vivir con renovada fuerza la misión confiada por Cristo. Deseo vivamente que el Año de la fe sea, también para las jóvenes generaciones, una preciosa ocasión para rencontrar y reforzar la amistad con Cristo, de la cual hacer brotar el gozo y el entusiasmo para transformar profundamente las culturas y las sociedades.

Queridos amigos, agradeciendo por el compromiso que con generosidad ponéis al servicio de la Iglesia, y por la particular atención que dirigís a los jóvenes, os imparto de corazón mi Bendición Apostólica.


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ZENIT  nos ofrece el comentario de Jesús Álvarez SSP al evangelio del Domingo 5° T.O./C

Pescadores de personas

Por Jesús Álvarez SSP

 - "Jesús vio dos barcas junto a la orilla del lago de Genesaret; los pescadores habían bajado y estaban limpiando las redes. Jesús subió a una de las barcas, que era la de Simón Pedro, y le pidió que se apartara un poco de la orilla; después se sentó, y enseñaba a la multitud desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: “Navega mar adentro, y echen las redes”. Simón le respondió: “Maestro, hemos trabajado la noche entera y no hemos sacado nada, pero si Tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y sacaron tal cantidad de peces, que las redes estaban a punto de romperse. Entonces hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que fueran a ayudarlos. Ellos acudieron, y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús y le dijo: “Aléjate de mí, Señor, porque soy un pecador”. El temor se había apoderado de ellos. Pero Jesús dijo a Simón: “No temas, de ahora en adelante serás pescador de hombres”. Ellos atracaron las barcas a la orilla y, abandonándolo todo, lo siguieron" (Lucas 5, 1-11).

Los maestros de la Ley explicaban las Escrituras en el templo, en las sinagogas y escuelas. Y creían que la salvación era sólo para quienes acudían a esos lugares.

Hoy muchos cristianos y católicos también creen que el lugar de la predicación, de la catequesis, de la evangelización, del testimonio es la Iglesia, los locales parroquiales; fuera de ahí no se promueven esas acciones. Pero Jesús pasó a enseñar en donde estaba la gente: calles, casas y familias, cerros, plazas, descampado, orillas del mar...

Y hoy se han multiplicado casi al infinito los lugares de la transmisión y escucha de la Palabra salvadora de Dios: libros, revistas, radio, televisión, teléfono, cine, celular o móvil, videos, CD, DVD, internet, mail, web, blog, facebook, e-book, redes sociales… y lo que nos espera.

Cada cual tiene a su alcance uno o varios de estos nuevos púlpitos fuera de los templos, nuevas formas de evangelización no exclusivas del sacerdote, y que alcanzan a multitudes. Con razón dijo Jesús: “Harán obras aún mayores que las mías”.

Hay que poner a disposición de Cristo esos medios, como Pedro puso su barca vacía a disposición del Maestro para que la gente lo escuchara mejor al lanzarles las redes de la Palabra salvadora de Dios.

Luego Jesús invita a Pedro a que reme mar adentro para pescar. Pedro es un maestro como pescador, y sabe cuáles son las horas y lugares de la pesca: durante la noche, como lo habían hecho, aunque sin haber sacado ni un solo pez. Y Jesús, que no era pescador sino carpintero, le pide que eche las redes a pleno sol.

Pedro, por obediencia a Jesús, deja la lógica de la pesca para entrar en la lógica “ilógica” del Maestro.

La sorpresa de la abundante pesca los desconcierta: Pedro reconoce la grandeza de Jesús y la propia pequeñez y pecado; se siente indigno de estar al lado del Señor. Pero Jesús, con su “absurda” lógica, lo transforma de pescador de peces en pescador de hombres con las redes de la Palabra de la salvación.

No es discípulo de Jesús quien solamente está a su lado, sino quien descubre en Jesús a alguien tan extraordinario y tan grande, que se siente indigno de estar en su presencia, la que sin embargo él nos aseguró con palabra infalible: “Estoy con ustedes todos los días”, para dar eficacia salvadora a nuestras vidas y obras.

Todo cristiano (= discípulo de Cristo unido a él, portador de Cristo resucitado), es llamado a ser “pescador de hombres”; o sea: a colaborar con Jesús en la salvación de sus hermanos y de todos los hombres, con la vida, la palabra, las obras, el sufrimiento, la oración, el ejemplo, y con todos los medios posibles, pero unido él, pues sólo “quien está unido a mí produce mucho fruto”.

La unión afectiva y efectiva con Jesús es la condición esencial para que nuestra vida y obras, alegrías y penas, trabajo y descanso, agonía y muerte, sean fuentes de salvación para nosotros, para los nuestros y para el mundo.


Publicado por verdenaranja @ 21:35  | Espiritualidad
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ZENIT  nos ofrece la carta pastoral del obispo de Orihuela-Alicante Jesús Murgui Soriano, centrada en la edición de este año de la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas, que coincide con la Cuaresma, cuyo lema este año es “No hay justicia sin igualdad”.

Por la dignidad de la persona: igualdad, justicia
Campaña contra el Hambre 2013 de Manos Unidas

Por Jesús Murgui Soriano

En una época en la que, por circunstancias bien sabidas por todos, vivimos inmensamente pendientes de las crisis en las que nos encontramos, suena como un oportuno aldabonazo la Campaña contra el Hambre de Manos Unidas.

Caer en la cuenta de cómo están tantos hombres y mujeres, niños y adultos de esta tierra; volver a enterarnos que muchos no luchan por el futuro, sino por el más inmediato y crudo presente, por el hoy en el que hay que, sencillamente, sobrevivir, comer. Pensarlo, estremece.

Siempre me ha impactado recordar la historia de Manos Unidas, los comienzos de aquellas mujeres cristianas de nuestro país que con gran visión y coraje, pusieron los cimientos de un Movimiento de la Iglesia Católica que refleja y acoge el compromiso de tantos cristianos, especialmente mujeres, comprometidos en erradicar tanta miseria, tanta hambre, fruto de siglos de desigualdades, explotaciones, abusos escandalosos, injusticias horrendas.

Es verdad que lo más conocido es la aportación económica que se hace en la Campaña contra el Hambre, especialmente en las celebraciones litúrgicas de este fin de semana, del 9 y 10 de febrero, y el día del Ayuno voluntario, o las cenas solidarias ya tan extendidas en tantas parroquias y comunidades cristianas, pero si importante es la aportación económica tan generosa como podamos, mejor si va unida a privaciones o formas de ayuno convertidas en limosnas vividas solidariamente por quienes no hacen ayuno voluntario sino obligado, si importante es todo esto, no es menos la concienciación que la Campaña comporta, fin también del Movimiento Manos Unidas que pretende transformar una realidad sangrante y cuya palanca de cambio es no sólo medios materiales sino una mentalidad nueva, transformadora de un mundo injusto, cuajado de desigualdades clamorosas.

Os animo, precisamente en el Año de la Fe, de una fe con obras, a ayudar, a concienciarnos de que trabajamos por el bien del ser humano, como cristianos, desde el altísimo concepto que tenemos de la dignidad de la persona, cuya vida es don de Dios.

Impliquémonos en la Campaña de Manos Unidas que, entre otras grandes líneas de actuación en los países más pobres, prioriza el facilitar medios para la formación entendiendo que ésta es la vía más decisiva para promover una vida digna y romper el círculo de la injusticia y la pobreza.

Mi palabra, también, de gratitud y de ánimo a todo el colectivo de Manos Unidas de nuestra Diócesis de Orihuela-Alicante. Vuestro compromiso nos honra; precisamente en medio de una crisis que nos golpea tan cerca nos recordáis el grito de quienes nada tienen. Y en el Año de la Fe, de una fe con obras.


Publicado por verdenaranja @ 21:29  | Hablan los obispos
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Viernes, 08 de febrero de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo quinto del Tiempo Ordinario - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR".

Domingo 5º del T. Ordinario C 

                              Comenzar la Vida Pública del Señor es contemplar sus primeras palabras,  sus primeros milagros, sus primeros discípulos... Es la novedad de Jesús que se hace Buena Noticia para nosotros. El Evangelio de este domingo nos presenta cómo Jesucristo elige a los primeros discípulos: de pobres pescadores del lago, los hace pescadores de hombres. Y es que Dios -lo contemplábamos el domingo pasado- para hablarnos, para comunicarnos sus dones, para salvarnos, ha querido tener necesidad de otros hombres,  mujeres e incluso niños. Es -decíamos- el “Drama de la Encarnación”. Al recibir los dones de Dios en la envoltura de lo humano, siempre encontraremos excusas para no aceptarlos.

                              Las lecturas de la Palabra de Dios de hoy nos presentan la vocación del profeta Isaías, la vida apostólica de S. Pablo y la llamada de los primeros discípulos. La decisión de cada uno viene precedida de una experiencia fuerte de la grandeza de Dios o de un encuentro trascendental con Jesucristo...  Es la visión gloriosa de Isaías, el camino de Damasco de Pablo y la pesca abundante de los discípulos.  Se trata de que nos demos cuenta que, como ellos, también nosotros somos llamados a ser discípulos de Cristo... Para seguirle y para ser pescadores de hombres, según la vocación de cada uno. Pero no podemos engañarnos: No daremos un paso adelante mientras no tengamos una experiencia fuerte de Dios. Es lo que suele llamarse “el descubrimiento de Jesucristo”, del que decía Juan Pablo II que era la aventura más importante de nuestra vida.

                              A veces, en la vida de la comunidad, constatamos que la gente no quiere comprometerse, o se compromete poco en las distintas tareas eclesiales. Y nos desanimamos y nos quejamos. Pero, normalmente, no tenemos razón, no respetamos el ritmo de crecimiento de las personas y de las comunidades. Hay que esperar a que se encuentren con Jesucristo y, entonces, se comprometan con Él y por Él. Los demás caminos son estériles o poco fiables...

                              Por tanto, si queremos contar con unas verdaderas comunidades cristianas, llenas de vitalidad y compromiso, tenemos que hacer todos los esfuerzos para propiciar el encuentro con Jesucristo. Entonces tal vez, contemplarán, como Isaías, al Señor que se pregunta: “A quién enviaré? ¿Quién irá por mí? Y con el aliento del Espíritu de Cristo, podrán decir: “Aquí estoy mándame”.

                              O, como Pablo, se pueden encontrar caídos en su propio camino de Damasco, y preguntando al Señor: ¿Qué debo hacer, Señor?

                              Y entonces escucharán: “Levántate, sigue hasta Damasco y allí te dirán lo que tienes que hacer”.

                              O, tal vez, como Pedro, abrumados por el peso de sus pecados, podrán arrojarse a los pies del Señor, diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y escucharán entonces la voz de Jesús que les dice: “No temas: desde ahora serás pescador de hombres”.   

 

                                                                     ¡BUEN DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!

 


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Espiritualidad
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DOMINGO 5º DEL TIEMPO ORDINARIO C    

MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

En la vocación de Isaías, que nos narra la primera lectura, contemplamos el contraste entre la grandeza asombrosa de Dios y la pequeñez del profeta. Pero esta realidad no le lleva a la inactividad o a la huída sino a la acción y al compromiso: "Aquí estoy. Mándame".

 

SALMO

          Los ángeles de la visión de Isaías cantan a Dios, como hacemos nosotros cada domingo, llamándole tres veces santo. Unámonos a esa alabanza con las palabras del salmo.

 

SEGUNDA LECTURA

          Siguiendo con sus enseñanzas a los corintios, S. Pablo señala la realidad fundamental de nuestra fe: la Muerte y la Resurrección del Señor. Escuchemos.

 

TERCERA LECTURA

          La misión de Jesús, sus enseñanzas, sus milagros, su palabra constituyen una llamada a seguirle. Así elige el Señor a sus primeros discípulos.

          Pero antes de escucharlo en el Evangelio, cantemos de pie el aleluya.

 

COMUNIÓN

          El Señor Jesús alimenta a sus discípulos con su Cuerpo y con su Sangre para que no desfallezcan en el camino de su seguimiento y tengan la fuerza necesaria para ser verdaderos pescadores de hombres.

 


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Liturgia
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Jueves, 07 de febrero de 2013

Zenit.org nos ofrece el texto completo de la catequesis de Benedicto XVI en la Audiencia General del miércoles 6 de Febrero de 2013 en la que se ha referido, como en ocasiones precedentes a las palabras del Credo, con motivo del Año de la Fe.

Creo en Dios: el Creador del cielo y de la tierra, el Creador del ser humano

Pasaje bíblico: Gen 1,1-2.27.31 a

Queridos hermanos y hermanas:

El Credo, que inicia calificando a Dios como "Padre Todopoderoso", como meditamos la semana pasada, añade luego que Él es "el Creador del cielo y de la tierra", y así retoma la afirmación con la que empieza la Biblia. En el primer versículo de la Sagrada Escritura, se lee, en efecto: "Al inicio Dios creó el cielo y la tierra" (Génesis 1,1): es Dios el origen de todas las cosas y en la belleza de la creación se despliega su omnipotencia de Padre amoroso.

Dios se manifiesta como Padre en la creación, como el origen de la vida, y al crear muestra su omnipotencia. Las imágenes utilizadas por la Sagrada Escritura a este respecto son muy sugestivas (cf. Is 40,12, 45,18, 48,13, Salmos 104,2.5, 135,7, Pr 8, 27-29).

Él, como Padre bueno y poderoso, cuida todo lo que ha creado con un amor y una fidelidad que nunca falta (cf. Sal 57,11, 108,5, 36,6), repiten los Salmos. De este modo, la creación se convierte en un lugar donde conocer y reconocer la omnipotencia de Dios y su bondad, y se convierte en una llamada a la fe de nosotros los creyentes para que proclamemos a Dios como Creador.

"Por la fe --escribe el autor de la Carta a los Hebreos--, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible " (11,3). La fe implica pues saber reconocer lo invisible, reconociendo su huella en el mundo visible.

El creyente puede leer el gran libro de la naturaleza y comprender su lenguaje; el universo nos habla de Dios, pero es necesaria su Palabra de revelación, que suscita la fe, para que el hombre pueda alcanzar la plena conciencia de la realidad de Dios en cuanto Creador y Padre.

En el libro de la Sagrada Escritura la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para comprender el mundo. En particular, tiene un lugar especial el primer capítulo del Génesis, con la presentación solemne de la obra creadora divina, que se despliega a lo largo de siete días: en seis días Dios lleva a término la creación y el séptimo día, el sábado, deja toda actividad y descansa.

Día de libertad para todos, día de la comunión con Dios y así, con esta imagen, el Libro del Génesis nos indica que el primer anhelo de Dios era el de encontrar un amor que respondiera a su amor. Y el segundo, el de crear un mundo material donde colocar este amor, a estas criaturas que libremente le respondan.

Esta estructura hace que el texto esté marcado por algunas repeticiones significativas. Durante seis veces, por ejemplo, se repite la frase: "Y Dios vio que era bueno" (vv. 4.10.12.18.21.25) y, finalmente, la séptima vez, después de la creación del hombre: "Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno "(v. 31). Todo lo que Dios crea es bello y bueno, impregnado de sabiduría y de amor; la acción creadora de Dios pone orden, infunde armonía, dona belleza.

En el relato del Génesis emerge luego que el Señor crea en su palabra: durante diez veces se lee en el texto, el término "dijo Dios" (vv. 3.6.9.11.14.20.24.26.28.29), es la palabra, el logos de Dios el origen de la realidad del mundo, al decir “Dios dijo” subraya el poder eficaz de la Palabra divina. Así canta el Salmista: “La palabra del Señor hizo el cielo, y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales... porque Él lo dijo, y el mundo existió, Él dio una orden y todo subsiste”. La vida surge y el mundo existe porque todo obedece a la Palabra divina.

Pero nuestra pregunta hoy es ¿tiene sentido, en la era de la ciencia y de la técnica, seguir hablando de la creación? ¿Cómo debemos comprender la narración del Génesis? La Biblia no quiere ser un manual de ciencias naturales; lo que quiere es hacer comprender la verdad auténtica y profunda de las cosas. La verdad fundamental, que las narraciones del Génesis nos desvelan es que el mundo no es un conjunto de fuerzas en lucha entre sí, sino que tiene su origen y su estabilidad en el Logos, en la razón eterna de Dios, que continúa sosteniendo el universo.

Hay un diseño sobre el mundo que nace de esta Razón, del Espíritu creador. Creer que en la base de todo está esto, ilumina cada aspecto de la existencia y da la valentía necesaria para afrontar con confianza y con esperanza la aventura de la vida.

Por lo tanto la Escritura nos dice que el origen de la existencia del mundo y de la nuestra no es lo irracional y la necesidad, sino la razón, el amor y la libertad. Ésta es la alternativa: o prioridad de lo irracional y de la necesidad, o prioridad de la razón, de la libertad, del amor. Nosotros creemos en esta posición.

Pero me gustaría decir unas palabras sobre lo que es el la cúspide de todo lo creado: el hombre y la mujer, el ser humano, el único "capaz de conocer y amar a su Creador" (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 12). El salmista mirando los cielos se pregunta: "Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?"(8,4 a 5). El ser humano, creado con amor por Dios, es algo muy pequeño ante la inmensidad del universo; a veces, mirando fascinados los espacios enormes del firmamento, también nosotros percibimos nuestro ser limitados.

El ser humano está habitado por esta paradoja: nuestra pequeñez y caducidad conviven con la grandeza de lo que el amor eterno de Dios ha querido para nosotros.

Los relatos de la creación en el Libro del Génesis también nos introducen en este misterioso ámbito, ayudándonos a conocer el plan de Dios para el hombre. En primer lugar afirmando que Dios formó al hombre del polvo de la tierra (cf. Gn 2:7). Esto significa que no somos Dios, no nos hemos hecho solos, somos tierra; pero también significa que somos buena tierra, a través de la obra del Creador bueno.

A esto se suma otra realidad fundamental: todos los seres humanos son polvo, más allá de las distinciones que hace la cultura y la historia, más allá de cualquier diferencia social; somos una única humanidad plasmada con la sola tierra de Dios.

Hay también un segundo elemento: el ser humano se origina porque Dios sopla el aliento de vida en el cuerpo moldeado por la tierra (cf. Gn 2:7). El ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1:26-27). “Todos, entonces, llevamos en nosotros el aliento vital de Dios y cada vida humana – nos dice la Biblia – está bajo la particular protección de Dios. Ésta es la razón más profunda de la inviolabilidad de la dignidad humana, contra toda tentación de evaluar la persona según criterios utilitarios y de poder”. Ser a imagen y semejanza de Dios indica que el hombre no está encerrado en sí mismo, sino que tiene una referencia esencial en Dios

En los primeros capítulos del Libro del Génesis encontramos dos imágenes significativas: el jardín con el árbol del conocimiento del bien y del mal y la serpiente (cf. 2:15-17; 3,1-5). El jardín nos dice que la realidad en la que Dios ha puesto al ser humano no es un bosque salvaje, sino un lugar que protege, nutre y sustenta; y el hombre debe reconocer el mundo no como propiedad para ser saqueada y explotada, sino como don del Creador, signo de su voluntad salvadora, un don que ha de cultivar y cuidar, hacer crecer y desarrollar con respeto, en armonía, siguiendo los ritmos y la lógica, de acuerdo con el plan de Dios (cf. Gn 2,8-15).

La serpiente es una figura que viene de los cultos orientales de la fecundidad, que tanto fascinaban a Israel y que eran una constante tentación para abandonar la misteriosa alianza con Dios. A la luz de esto, la Sagrada Escritura presenta la tentación a la que vienen sometidos Adán y Eva como el núcleo de la tentación y el pecado.

¿Qué dice la serpiente? No niega a Dios, pero insinúa una falsa pregunta: "¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?».(Génesis 3:1). De esta manera, la serpiente suscita la sospecha de que la alianza con Dios es como una cadena que ata, que priva de la libertad y de las cosas más bellas y preciosas de la vida.

La tentación invita a construirse el propio mundo en el que vivir, no acepta las limitaciones del ser criatura, los límites del bien y del mal, de la moral. La dependencia del amor del Dios Creador es vista como una carga de la que se debe liberar.

Éste es siempre el núcleo de la tentación. Pero cuando se distorsiona la relación con Dios, poniéndose en su lugar, todas las demás relaciones se alteran. Entonces, el otro se convierte en un rival, en una amenaza: Adán, después de haber sucumbido a la tentación, acusa de inmediato a Eva (cf. Gn 3:12), y los dos se ocultan de la vista de aquel Dios con quien hablaban con amistad (ver 3.8 - 10); el mundo ya no es el jardín para vivir en armonía, sino un lugar para ser explotado y lleno de insidias ocultas (cf. 3:14-19), la envidia y el odio hacia el otro entran en el corazón del hombre: ejemplar es Caín que mata a su propio hermano Abel (cf. 4,3-9).

Al ir contra su Creador en realidad el hombre va en contra de sí mismo, reniega su origen y por lo tanto su verdad; y el mal entra en el mundo, con su triste cadena de dolor y de muerte. Y si todo lo que había creado Dios era bueno, muy bueno, después de esta libre decisión del hombre, de mentir contra la verdad, el mal entra en el mundo.

De los relatos de la creación, me gustaría destacar una última enseñanza: el pecado engendra el pecado y todos los pecados de la historia están interrelacionados. Este aspecto nos lleva a hablar de lo que ha sido llamado el "pecado original".

¿Cuál es el significado de esta realidad, difícil de entender? Quisiera sólo dar algún elemento. En primer lugar, debemos tener en cuenta que ningún hombre está encerrado en sí mismo, nadie puede vivir de sí mismo y para sí mismo; nosotros recibimos la vida del otro y no sólo en el nacimiento, sino todos los días.

El ser humano es relación: Yo soy yo mismo solo en el tú y a través del tú, en la relación de amor con el Tú de Dios y el tú de los otros. Pues bien, el pecado perturba o destruye la relación con Dios, su presencia destruye la relación con Dios, la relación fundamental, toma el lugar de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que con el primer pecado el hombre “hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien” (n. 398). Perturbada la relación fundamental, son puestos en peligro o destruidos también los otros polos de la relación, el pecado arruina las relaciones, así lo destruye todo, porque nosotros somos relación.

Ahora bien, si la estructura relacional de la humanidad viene malograda desde el principio, todo hombre entra en un mundo marcado por esta alteración de las relaciones, entra en un mundo perturbado por el pecado, que le marca personalmente; el pecado inicial daña y hiere la naturaleza humana (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 404-406).

Y el hombre, por sí solo, no puede salir de esta situación; sólo el Creador puede restaurar las justas relaciones. Sólo si Aquel, del que nos hemos desviado, viene hacia nosotros y nos tiende la mano con amor, las justas relaciones pueden reanudarse. Esto se realiza en Jesucristo, que cumple exactamente el recorrido inverso al de Adán, como describe el himno del segundo capítulo de la Epístola de San Pablo a los Filipenses (2:5-11): mientras que Adán no reconoce su ser criatura y quiere ponerse en el lugar de Dios; Jesús, el Hijo de Dios, está en una perfecta relación filial con el Padre, se rebaja, se convierte en el siervo, recorre el camino del amor humillándose hasta la muerte en la cruz, para reordenar las relaciones con Dios. La Cruz de Cristo se convierte así en el nuevo Árbol de la vida.

Queridos hermanos y hermanas, vivir la fe quiere decir reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas dejando que el Señor la colme con su amor y así crezca nuestra verdadera grandeza. El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento, es un misterio que queda iluminado por la luz de la fe, que nos da la certeza de poder ser liberados de él, la certeza de que es bueno ser hombre».

Palabras a los peregrinos de idioma español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo y a la Delegación de la Guardia Civil, con el Arzobispo castrense, el Señor Ministro del Interior y el Director General de ese Cuerpo, que ruega a la Virgen del Pilar la fuerza espiritual necesaria para su importante servicio a la sociedad española. Y saludo igualmente a los peregrinos venidos de España, Chile, México y otros países latinoamericanos. Que la fe en Dios, Padre y Creador, sea para todos fuente de serenidad y esperanza. Muchas gracias.


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EL DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN del obispado de Tenerife nos participa de las noticias generadas durante la última semana en la diócesis.

38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno.922-25 86 40/ Extensión 8
e-mail: departamentodecomunicacion@obispadodetenerife.es

Boletín 510 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

Manos Unidas celebra su tradicional campaña contra el hambre. Este año está centrada en la promoción de la igualdad entre los sexos y la autonomía de la mujer, de acuerdo con los objetivos del milenio.  Su lema es: “No hay justicia sin igualdad”. La causa de la justicia nos apremia. Sólo el reconocimiento de la igual dignidad del hombre y la mujer nos permitirá construir un mundo más justo y el pleno desarrollo de todos.  

Las colectas de las misas de este fin de semana en todas las parroquias irán destinadas a apoyar once proyectos de desarrollo en distintos lugares del planeta. El Obispo, por su parte, preside la Eucaristía del Día del Ayuno Voluntario, el 8 de febrero, a las 19:30h., en la iglesia de La Concepción, en La Orotava. 

Otra cita pastoral de este sábado será la celebración a nivel diocesano del Día Mundial de la Vida Consagrada. La convocatoria será en el sur de Tenerife. Sobre las10:30h., los participantes en esta cita se reunirán en la Cueva del Santo Hermano Pedro. En este enclave, un miembro de la parroquia de Las Mercedes junto a su párroco Macario Manuel López, disertarán sobre la importancia de este lugar para la fe de todos los diocesanos. Posteriormente, tendrá lugar la oración y la salida hacia la parroquia de Las Mercedes. 

Al llegar al templo, se desarrollará una nueva reflexión. Asimismo, se podrá disfrutar de una danza religiosa animada por el P José Alberto Hidalgo OP. La Eucaristía presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez, se celebrará a las 13:30h. La jornada concluirá con el almuerzo compartido en los salones parroquiales y una parte lúdica prevista para la sobremesa. 

El próximo 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, es el día del enfermo. Este año, el tema elegido por la Conferencia Episcopal Española para toda la campaña del Día del Enfermo lleva por título “Anda y haz tú lo mismo”, centrando nuestra atención en la figura evangélica del buen samaritano. A nivel de la diócesis, celebraremos esta jornada el domingo día 10. Los materiales de la misma están disponibles en la web: obispadodetenerife.es 

Del 10 al 13 de febrero, en San Pedro de Daute, Garachico, se celebrará una convivencia para el clero joven. A la misma están invitados aquellos presbíteros que no superen los 5 años de ministerio. La convivencia será guiada por Ángel Pérez Pueyo, Director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE. 

La delegación de liturgia pone a disposición una serie de materiales para vivir mejor la próxima cuaresma. El lema propuesto es: Sí, renuncio. Desde el departamento recuerdan que: "Es la expresión que utilizamos en la Liturgia para renovar nuestras promesas bautismales. Y es el lema que en este Año de la Fe, les invitamos a profundizar y meditar en este tiempo de Cuaresma. 

En el seminario se va a realizar una tanda de Ejercicios Espirituales para jóvenes. Su lema será: “No tengan miedo” y se desarrollarán desde el 1 de Marzo, viernes por la tarde a las 19:00h, hasta el domingo 3 de Marzo a las17:00h. 

Un grupo de sacerdotes realizó, precisamente, esta semana ejercicios espirituales. 

El sábado nueve de marzo, en La Laguna, se va a vivir un día penitencial especial, en conformidad con las propuestas sugeridas para vivir mejor el Año de la fe. A partir de las doce del mediodía habrá una especial oferta para recibir el sacramento del perdón, exposición del Santísimo y dos Vía Crucis especiales, uno para niñas y niños de catequesis de cualquier parroquia y otro para los fieles en general. 

En la calle S. Agustín distintos pasos procesionales conformarán las quince estaciones del Via Crucis. La Junta de Hermandades y Cofradías, el arciprestazgo de La Laguna y la delegación de catequesis coordinan sus servicios para realizar esta oferta pastoral. 

El 21 de febrero, en la parroquia del Apóstol Santiago, en Los Realejos, se celebrará una Eucaristía presidida por el Obispo, con motivo del Bicentenario del fallecimiento de José Viera y Clavijo. Dicha misa comenzará a las 19:30horas. 

Numerosos enclaves de la diócesis celebraron con especial solemnidad el día de la Candelaria. En la basílica de la Virgen de Candelaria presidió el obispo la eucaristía. "Dejarnos iluminar por Jesucristo", fue la principal propuesta realizada por el Obispo en la Misa. Para verificar si estamos siendo iluminados efectivamente por Jesús invitó el prelado a los presentes a preguntarse si "vamos adquiriendo el pensamiento, los sentimiento y el comportamiento de Jesucristo”. 

Por otro lado, como cada año en el primer domingo de febrero, la parroquia de San Pedro de Güímar organizó la peregrinación y posterior celebración religiosa en Chinguaro, antiguo auchón del mencey de Güímar donde los guanches custodiaron hasta su traslado a Achbinicó la imagen de la Virgen aparecida en Chimisay. 

Ha tenido lugar la consagración  en el Orden de Vírgenes de Clara Dorta Tejera. La celebración estuvo presidida por el obispo en la iglesia del monasterio de Santa Catalina  (La Laguna). 

El acto de presentación del programa y del cartel de la Semana Santa de La Laguna 2013, tendrá lugar el próximo miércoles 13 de febrero, a las11:00horas, en la sede de la Junta de Hermandades y Cofradías. Cabe señalar que el pregonero de la Semana Grande lagunera de este año será José Manuel Pérez Bevia, General Director del Centro de Historia y Cultura Militar de la Subinspección del Mando de Canarias. El pregón se celebrará el 14 de marzo, a las20:30h,  en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de La Laguna. 

El Grupo de Participación Ciudadana de El Fraile reunió recientemente a un numeroso grupo de personas, representantes de ocho comunidades religiosas en la celebración del primer ‘Rezo interreligioso por la paz, el respeto y la integración’, cuya organización impulsó, en primera instancia, el párroco del núcleo aronero, José Alexis Rodríguez. 

En Taco se realizó un encuentro formativo de los agentes de pastoral de la salud del arciprestazgo. En los salones parroquiales de S. Felipe, Barrando Grande, la subdelegada del departamento de pastoral de la salud, la hermana Carmen, dirigió esta oferta de capacitación desarrollada con el título: La comunicación como terapia. Se trataba de prepararse mejor de cara a la llamada relación de ayuda. 

Granadilla de Abona acogió el 3 de febrero un emotivo homenaje a las 24 víctimas de la tragedia del Convento Franciscano de la Villa en su 50 aniversario. En torno a 300 personas se dieron cita en la iglesia San Luis Obispo, para celebrar la eucaristía presidida por el prelado nivariense. 

El 31 de enero, en Madrid, en el marco de la Feria Internacional de Turismo (FITUR) 2013, se realizó la firma por parte del representante del Obispado, Macario López, de una Declaración de intenciones conjunta para un posterior Acuerdo para la promoción medioambiental, turística y religiosa del Camino del Santo Hermano Pedro. 

El número de este mes de febrero de “Iglesia Nivariense” dedica su portada y un extenso reportaje a Cáritas, tras conocerse el fuerte recorte en la financiación a varios proyectos de esta organización de la Iglesia. Afectados y responsables de los proyectos, nos hablan, en primera persona, de cómo ha quedado su situación y cómo encaran el futuro. La revista estará en breve en los puntos de distribución habituales.  

La Delegación de Pastoral Vocacional está organizando una Jornada de Pastoral Vocacional con el título "Tenerife en-clave de sol: vocacionalizar la Diócesis". Esta jornada está dirigida a sacerdotes, consagrados, catequistas, etc, que quieran formarse y compartir en este ámbito tan importante. Ángel Pérez Pueyo, secretario de la comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española y coordinador de la pastoral vocacional, será el encargado de dirigir esta jornada que tendrá lugar el 14 de febrero, en el Seminario Diocesano. 

La Marcha Diocesana de Oración por la Paz será el 23 de febrero de 2013 y recorrerá el denominado “Triángulo de la fe”: Chimisay-Chinguaro-Candelaria. La peregrinación comenzará en la Playa de Chimisay a las8.00horas, continuaremos hacia la Cueva de Chinguaro donde nos concentraremos en torno a las9.30horas; y desde allí continuaremos la caminata hacia Candelaria, para concluir a las plantas de la Virgen, en torno a las12.00h., con la celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Obispo. 

Desde el viernes 8 de febrero, a las 19:00horas, al martes 12 de febrero, a las21:00horas, la “Casa Mambré”, del Monasterio del Císter, en Breña Alta, acogerá una tanda de ejercicios espirituales dirigidos por el sacerdote jesuita Pedro Cambreleng. Las plazas son limitadas. Para más información se puede llamar al teléfono de Juan López, párroco de Breña Alta:690 34 07 73o922 43 70 77. La aportación para el retiro es de 120 € (entregar 60 € al inscribirse). 

Del 4 al 8 de marzo, el Colegio de La Palmita, en el arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma, acogerá las 5ª Jornadas de Formación en la Fe y en La Acción Pastoral. Este año se ofertan 5 cursos: 1.-«Sacrosanctum Concilium»: un nuevo modo de entender la celebración de la fe; 2.-«Lumen Gentium»: un nuevo modo de comprender el ser y la vida de la Iglesia; 3.-«Dei Verbum»: un nuevo modo de acercarse y vivir la Revelación y la Palabra de Dios; 4.-«Gaudium et Spes»: un nuevo modo de hacerse presente como iglesia en la sociedad y 5.-«Apostolicam Actuositatem»: un nuevo modo de entender la misión del laicado. 

El equipo Gestor de Casa Manresa, ha animado a quien lo desee, a participar en el Retiro Ignaciano que se va a realizar el sábado 9 de febrero, guiado por Lucas López sj. Será un tiempo de silencio y oración, orientado por algunas contemplaciones de corte ignaciano. El lema escogido para esta cita es: “Empezamos el camino hacia la Pascua”. El retiro comenzará a las 10:00h., y finalizará con la celebración de la Eucaristía a las 17:00h. La comida será compartida. Los interesados pueden inscribirse enviando un correo a:  l.lopez@radioecca.net 

La Universidad de La Laguna (ULL) y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, organizan para los días 25, 26 y 27 de febrero sus XVIII Jornadas de Ética y Política en torno al tema "La responsabilidad humana ante los desafíos de la biotecnología". Los profesores invitados para el desarrollo de los distintos títulos y ponencias serán: Lydia Feito, Agustín Domingo y Tomás Domingo Moratalla. 

El Auditorio de Tenerife acogerá el próximo 13 de marzo la edición de los Premios Cadena Dial. Los beneficios derivados de la venta de entradas para esta cita, serán destinados a proyectos humanitarios. Concretamente a la asociación Padre Laraña para la atención y protección a los menores y a la Obra Social 'La Milagrosa', comedor social de las Hijas de la Caridad ubicado en la capital tinerfeña.

 


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Mi?rcoles, 06 de febrero de 2013

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio el domingo quinto del Tiempo Ordinario - C.

LA FUERZA DEL EVANGELIO 

          El episodio de una pesca sorprendente e inesperada en el lago de Galilea ha sido redactado por el evangelista Lucas para infundir aliento a la Iglesia cuando experimenta que todos sus esfuerzos por comunicar su mensaje fracasan. Lo que se nos dice es muy claro: hemos de poner nuestra esperanza en la fuerza y el atractivo del Evangelio.

          El relato comienza con una escena insólita. Jesús está de pie a orillas del lago, y "la gente se va agolpando a su alrededor para oír la Palabra de Dios". No vienen movidos por la curiosidad. No se acercan para ver prodigios. Solo quieren escuchar de Jesús la Palabra de Dios.

          No es sábado. No están congregados en la cercana sinagoga de Cafarnaún para oír las lecturas que se leen al pueblo a lo largo del año. No han subido a Jerusalén a escuchar a los sacerdotes del Templo. Lo que les atrae tanto es el Evangelio del Profeta Jesús, rechazado por los vecinos de Nazaret.

          También la escena de la pesca es insólita. Cuando de noche, en el tiempo más favorable para pescar, Pedro y sus compañeros trabajan por su cuenta, no obtienen resultado alguno. Cuando, ya de día, echan las redes confiando solo en la Palabra de Jesús que orienta su trabajo, se produce una pesca abundante, en contra de todas sus expectativas.

          En el trasfondo de los datos que hacen cada vez más patente la crisis del cristianismo entre nosotros, hay un hecho innegable: la Iglesia está perdiendo de modo imparable el poder de atracción y la credibilidad que tenía hace solo unos años.

          Los cristianos venimos experimentando que nuestra capacidad para transmitir la fe a las nuevas generaciones es cada vez menor. No han faltado esfuerzos e iniciativas. Pero, al parecer, no se trata solo ni primordialmente de inventar nuevas estrategias.

          Ha llegado el momento de recordar que en el Evangelio de Jesús hay una fuerza de atracción que no hay en nosotros. Esta es la pregunta más decisiva: ¿Seguimos "haciendo cosas" desde un Iglesia que va perdiendo atractivo y credibilidad, o ponemos todas nuestras energías en recuperar el Evangelio como la única fuerza capaz de engendrar fe en los hombres y mujeres de hoy?

          ¿No hemos de poner el Evangelio en el primer plano de todo?. Lo más importante en estos momentos críticos no son las doctrinas elaboradas a lo largo de los siglos, sino la vida y la persona de Jesús. Lo decisivo no es que la gente venga a tomar parte en nuestras cosas sino que puedan entrar en contacto con él. La fe cristiana solo se despierta cuando las personas descubren el fuego de Jesús. 

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
10 de febrero de 2013
5 Tiempo ordinario (C)
Lucas 5, 1-11


Publicado por verdenaranja @ 23:13  | Espiritualidad
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Homilía de monseñor Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú para el cuarto domingo durante el año (3 de febrero de 2013). (AICA)

Señor, Tú eres fiel, en Ti confiamos, Tú eres nuestro refugio” (Sal. 70)

La liturgia de este domingo nos presenta la vocación, el llamado, de Jeremías, uno de los grandes profetas del Antiguo Testamento que fue llamado por Dios para ser su voz en medio del pueblo de Israel cuando apenas contaba con pocos años de edad. Este texto muestra que la elección no procede de mérito humano alguno, sino de la exclusiva decisión y elección del corazón de Dios: “antes de formarte en el seno de tu madre, yo te conocía …, yo te había consagrado … te había constituido profeta para las naciones” (Jer 1, 4-5). El profeta recuerda al pueblo que ellos son propiedad de Dios, que su Dios es un Dios de amor y de amor fiel. Esta predicación constituye para el pueblo esperanza, seguridad y fortaleza para caminar en la historia esperando la misericordia de Dios que no defrauda, aunque a veces parezca que está lejos. Por esto el profeta es respetado y su palabra es tenida en cuenta. Pero el profeta muchas veces recuerda al pueblo su infidelidad para con Dios, le recuerda a Israel su pecado, le muestra su error y lo llama a la conversión y a la penitencia. Y esto acarrea al profeta incomprensión, rechazo, maledicencias e incluso persecusiones de sus mismos compatriotas. Es la cara y cruz del profeta.

El evangelio de San Lucas nos muestra a Jesús en la sinagoga de Nazaret, quien después de proclamar ante la asamblea el texto de Isaías, afirma que Él es el destinatario de aquella antigua profecía, que a Él se refería aquél texto escrito mucho tiempo atrás. San Lucas afirma que “todos daban testimonio a favor de él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca” (Ib. 22).

Jesús es centro de admiración. Él ya había estado predicando y “su fama se había extendido por toda la región” (Ib. 14). Pero Jesús también genera rechazo. La gente de Nazaret -la ciudad donde creció- estaba admirada por la belleza de su predicación pero no podía aceptarlo como maestro y mucho menos como Mesías, porque era uno más del montón, era el hijo del pobre carpintero José, pertenecía a una familia humilde del pueblo, no era un personaje prestigioso ni uno de los poderosos de la alta sociedad.

El pueblo no supo reconocer en Jesús al Mesías prometido por Dios que tendría una gran predilección por los pobres de toda pobreza, de los ciegos de todo tipo de ceguera, de los oprimidos por toda clase de opresiones. No supo reconocer a Aquél que traía la salvación y la gracia de Dios para su pueblo. Jesús fue pobre y compartió la suerte de los pobres: fue despreciado al igual que ellos, fue relegado y se le negó un lugar en la sociedad. Por más atractiva que fuera su persona y por más bellas que fueran sus palabras, eso no bastaba para que lo aceptaran. Y Jesús renunció a deslumbrar a este pueblo de dura cerviz con su poder. No hizo allí ningún milagro, porque sabía que si no creían en su palabra “no creerán aunque resucite un muerto” (Lc 16, 31).

Jesús al ver la actitud de sus compatriotas imagina un reproche por la ausencia de prodigios y de signos milagrosos y supone que le aplican el refrán: “médico cúrate a ti mismo”. Por eso se adelanta y les responde con otro refrán conocido en su pueblo: “nadie es profeta en su tierra”. Por medio de este refrán Jesús no está diciendo que los profetas siempre son rechazados en su tierra, como si fuera una ley inamovible. Simplemente pretende mostrarles lo que de hecho estaban haciendo con él, usando ese refrán que ellos usaban frecuentemente en las conversaciones cotidianas. Hay una verdad escondida en este refrán y es que muchas veces no es fácil descubrir la presencia de Dios en las cosas simples y normales de nuestra vida. A veces no nos damos cuenta que Dios nos visita en los acontecimientos o que Dios habla a través de las personas que Él pone en nuestro camino, en los sacerdotes o en los miembros de la Iglesia. No tenemos ojos de fe. Pidamos al Señor en este Año de la Fe que nos dé mirada de fe para que sepamos reconocerlo, no vaya a ser cosa que como en el Evangelio el Señor pase en medio nuestro y siga su camino.

Que María Santísima, maestra de fe, nos ayude a reconocer y a seguir al Señor por los caminos de esta vida.


Mons. Marcelo Raúl Martorell, obispo de Puerto Iguazú


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Martes, 05 de febrero de 2013

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (4º domingo durante el año, 3 de febrero de 2013). (AICA)

Profetas para cumplir la Voluntad de Dios

Después que Jesús predicó en la sinagoga de Nazaret, todos daban testimonio a favor de Él y estaban llenos de admiración por las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: "¿No es este el hijo de José?". Pero él les respondió: "Sin duda ustedes me citarán el refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo'. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún". Después agregó: "Les aseguro que ningún profeta es bien recibido en su tierra. Yo les aseguro que había muchas viudas en Israel en el tiempo de Elías, cuando durante tres años y seis meses no hubo lluvia del cielo y el hambre azotó a todo el país. Sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en el país de Sidón. También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sirio". Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.(San Lucas 4,21-30) 


Estamos ante el tema del reconocimiento de Jesús como Mesías; que es más que un gran Profeta, porque es el Hijo de Dios, y que cumple con los requisitos de un verdadero Profeta: el hombre llamado por Dios para anunciar, para testimoniar, para discernir y aclarar, para desenmascarar y denunciar los atropellos y los abusos de los demás, saliendo en defensa del propio pueblo.

El “profetismo”, más que anunciar “cosas futuras”, es saber discernir sobre las cosas presentes y verlas como son en realidad. Es sostenido no por la astucia humana sino por la Palabra de Dios. El profeta desenmascara las complicidades del mal, denuncia los vicios del pueblo, la falsedad del culto, los abusos del poder y cada forma de idolatría e injusticia de aquellos que quieren monopolizar a Dios.El profeta se apoya en el Juicio de Dios sobre las acciones de los hombres. También nos invita a todos a una conversión del corazón, personal y colectiva.

De allí la importancia de saber que el profeta ilumina, denuncia, aclara y sobre todo tiene en cuenta a aquellos que no saben defenderse. Es “la voz de los que no tiene voz”. Es responsable de los hombres frente a Dios. Una de las características fundamentales del profeta no es que hable porque es disconforme, habla porque se interesa por Dios y se interesa de los hombres.

El profeta es el hombre de la esperanza, donde sus palabras son de consolación y de confianza. Debemos darnos cuenta que es Dios, a través del hombre y que es fiel a la alianza; es el profeta que ha visto a Dios y que ve lo que Dios hace, con una mirada fiel a la alianza antigua pero también tiene una mirada hacia el presente, lo discierne y lúcidamente lo critica con objetividad, profundidad y amor.

El profeta viene a cumplir la voluntad de Dios, y por eso Cristo es el Gran Profeta, es más que un profeta. Él mismo viene a hacer la obra de Dios a través de la calidad de vida de un profeta: sufrimiento, llamado, misión, cumplimiento. Cristo viene a dar la vida para ser fiel a la voluntad del Padre. Por lo tanto, no hay profecía sin sufrimiento.

Muchas veces la actual sociedad del consumo, del individualismo, de relativismo, quiere construir sobre el egoísmo, sobre el beneficio propio y sobre la negación práctica de la presencia de Dios.

Pidamos al Señor que también nosotros, a través de nuestro bautismo, reconozcamos los atributos de ser profetas: discernir, criticar lúcidamente con objetividad y vivir interesándose por Dios y por los hermanos.

Les dejo mi bendición en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús


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Carta monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el quinto domingo durante el año (3 de febrero de 2013). (AICA)

Abiertos a la Esperanza

Con esta carta dominical estamos introduciéndonos en la vida de este año 2013. En el mes de febrero según nuestras costumbres empiezan a recobrar vida las actividades, como las escuelas e institutos, las mismas comunidades y parroquias el inicio de la cuaresma en pocos días, los consejos pastorales, la catequesis y otras actividades evangelizadoras. Nuestra realidad evangelizadora en la Iglesia es intensa y ponemos en las manos de Dios a los nuevos Párrocos que están asumiendo diversas comunidades durante estas semanas, así como el inicio de las actividades del Seminario Diocesano “Santo Cura de Ars”.

El texto del evangelio de este domingo (Lc.4,21-30), nos presenta el comienzo de la predicación de Jesús, en Nazareth, leyendo en la sinagoga el texto del profeta Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimido y proclamar un año de gracia del Señor" (Lc.4,18-19), en el texto de este domingo el Señor dice “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír” (Lc.4,21). Con la llegada del Señor, el Reino ya está entre nosotros. Quizá esta primera afirmación sea una clave de este año que iniciamos, el ponerlo a Cristo, el Señor en el centro de nuestra vida, y abrir nuestro corazón para comprender que formamos parte de un Reino, que no nos quita los compromisos cotidianos y nos hace tener un estilo de vida diferente a los que la sociedad consumista ordinariamente nos propone. A la comprensión de este “Reino” de la cual formamos parte y al cual acceden sólo los pobres de Espíritu y no los soberbios, accedemos por el don de la fe.

El texto del evangelio de este domingo de San Lucas sigue señalando que muchos no entienden este lenguaje del Señor. Y Él subraya con ejemplos de los profetas Elías y Eliseo que Dios obra no sólo en el pueblo elegido, en los practicantes de la época, porque muchos no escuchaban. Él elige a algunos extranjeros que seguramente se sentían verdaderamente necesitados: “También había muchos leprosos en Israel en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el Sirio “(Lc.4.27).

Al empezar este año será importante disponernos con ánimo renovado y humildad a vivir la fe en la vida cotidiana, una espiritualidad que impregne nuestra vida familiar, trabajo y compromisos. Para vivir el encuentro con Jesucristo el Señor, por quién nos llamamos cristianos, y para seguir su propuesta, no necesitamos de milagros, ni de apariciones, ni de revelaciones extraordinarias, sino que necesitamos abrirnos al “Don de la Fe”, y ponerlo en práctica con la sencillez propia de la Palabra de Dios.

Empezamos este año con mucha esperanza de consolidarnos en diversas iniciativas que venimos trabajando durante estos años. En todos los casos y en las diversas vocaciones, sobre todo nuestro laicado, que es la mayoría del Pueblo de Dios, nos encaminamos a renovar nuestro compromiso evangelizador para ser instrumentos de una “cultura misionera, de una sociedad más humana y con valores que nos permitan proyectarnos en la esperanza”.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!


Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas


Lunes, 04 de febrero de 2013

Subsidio litúrgico para jornada de Manos Unidas 2013 recibido en la parroquia con los materiales para su celebración.

Monición de entrada

El domingo, la comunidad cristiana se reúne en la asamblea litúrgica. De este día brota el sentido cristiano de la existencia y un modo nuevo de vivir el tiempo, las relaciones y el trabajo. Hoy, Manos Unidas nos recuerda en su campaña anual que “No hay justicia, sin igualdad”. Todos, hombres y mujeres, tenemos una misma dignidad y, juntos, hemos de colaborar en la construcción de la civilización del amor. Escuchemos la Palabra de Dios y dispongámonos a recibir el Espíritu Santo que nos une en un solo Cuerpo.

ritos iniciales

Como posible, sugerimos la bendición y aspersión del agua, con la cual evocamos nuestro bautismo.

Bendición y aspersión del agua.

El rito de la bendición y aspersión del agua puede ser introducido con estas palabras o semejantes:

Queridos hermanos: En este domingo en el que, unidos a todos los cristianos del mundo, recordamos llenos de gozo la resurrección del Señor, vamos a iniciar nuestra celebración evocando cómo Dios, por medio del bautismo, nos injertó simbólicamente en la muerte y resurrección de su Hijo y, con ello, nos otorgó el perdón de todos nuestros pecados.

Pidamos, pues, al Señor que el agua que vamos a bendecir y derramar sobre nosotros reavive nuestro bautismo y el perdón que en aquel día se nos otorgó.

✛ Oh Dios, creador de todas las cosas, que por el agua y el nEspíritu diste forma y fiura al hombre y al universo.

R/: Bendice y purifica a tu Iglesia.

✛ Oh Cristo, que de tu costado abierto en la cruz, hiciste manar los sacramentos de salvación.

R/: Bendice y purifica a tu Iglesia.

✛ Oh Espíritu Santo, que del seno bautismal de la Iglesia nos haces renacer como nuevas criaturas.

R/: Bendice y purifica a tu Iglesia.

✛ Oh Dios, que en el domingo, día memorial de la resurrección, reúnes a la Iglesia, esposa y cuerpo de Cristo; bendice a tu pueblo y, por medio de esta agua, reaviva en todos nosotros el recuerdo y la gracia del bautismo, nuestra primera Pascua. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/: Bendice y purifica a tu Iglesia.

Terminada la bendición, el sacerdote toma el hisopo, se rocía a sí mismo y, luego, rocía a los ministros, al clero y los fieles.

Una vez acabado el canto, el sacerdote, de pie y de cara al pueblo, con las manos juntas, dice:

Que Dios todopoderoso nos purifique del pecado y, por la celebración de esta eucaristía, nos haga dignos de participar del banquete de su reino.

MoniciÓn a las lecturas

Is 6, 1-2a. 3-8 / Sal 137 / 1Cor 15, 1-11/ Lc 5, 1-11

Hoy escuchamos la llamada de Dios al profeta Isaías y a Pedro. Dos relatos de vocación con semejantes características. Dios nos envía a los hombres para que proclamemos su salvación.

En su primera carta a los Corintios, Pablo les recuerda que movido por esta llamada, les anunció el mensaje que les está salvando. Escuchemos la Palabra con atención.

Sugerencias para la homilía

➽ La primera lectura nos presenta el pasaje de la vocación del profeta Isaías. En una visión en el Templo el profeta ve la gloria de Dios, y a los ángeles proclamando la santidad divina.

La respuesta del profeta es, en un primer momento, reconocer su indignidad. Pero Dios, por medio de un ángel toca sus labios. El profeta responde resuelto a la petición divina: «¡Aquí estoy: envíame!». Dios da al profeta una misión para la salvación del pueblo: le enfrentará con su propio pecado, endureciendo así su corazón. Del pueblo devastado surgirá una semilla santa, de la que un nuevo pueblo de la alianza fructificará.

➽ La llamada de Jesús a Pedro tiene un esquema similar a la que hemos contemplado en el pasaje de Isaías. Pedro escucha la palabra de Jesús subido a su barca enseñando a la multitud, que como poco antes ha señalado el evangelista escuchaba con temor reverencial (Lc 4, 22.36). Esta palabra mueve a Pedro a entrar mar adentro a pescar en un momento poco propicio para ello. La abundancia de captura hace que Pedro se postre reconociendo su propio pecado. Jesús le llama a seguirle para una nueva misión: buscar a los hombres y llevarles a Cristo.

➽ Uno de los contenidos del anuncio cristiano es la original igualdad entre el hombre y la mujer. La Iglesia es testigo del misterio de la Creación del hombre y la mujer. Siendo ambos irreductibles el uno al otro, es necesaria la complementariedad para desvelar el misterio del hombre. Nosotros hemos de estar dispuestos a dar testimonio de este evangelio de la creación del hombre y la mujer para iluminar la necesaria colaboración en la civilización del amor. Sólo en la justicia, que es la virtud capaz de reconocer lo más propio de cada uno, podemos encontrar el fundamento de una igualdad de origen: todos hemos sido creados por Dios y llamados a seguirle en una vida santa.

Oración de los fieles

Señor, tu nos has dicho pedid y se os dará, llamad y se os abrirá, humildemente y con confianza te presentamos nuestras peticiones.

✜ Por el Papa Benedicto XVI, por nuestros obispos y por todos los sacerdotes, para que, con su testimonio y palabra, guíen al pueblo de Dios manifestando su amor a los más débiles.

Roguemos al Señor

✜ Por nuestros gobernantes y políticos, para que impulsen el verdadero desarrollo de los pueblos más necesitados, eliminando las causas del hambre.

Roguemos al Señor

✜ Por todos los que se encuentran en situación de sufrimiento, por los enfermos, por todos los que viven discriminados y humillados, para que el consuelo de Dios y la ayuda de todos les haga salir de su pobreza.

Roguemos al Señor

✜ Por todos los que trabajan en y con Manos Unidas, para que la caridad de Cristo brille en ellos y se extienda a todos los hombres.

Roguemos al Señor

✜ Por todos los difuntos, y de una manera especial por los que han dedicado tiempo o recursos económicos a Manos Unidas, para que, por su entrega y ejemplo a favor de los más pobres, estén gozando de la presencia de Dios en el cielo.

Roguemos al Señor

✜ Para que en todos los pueblos, hombres y mujeres podamos trabajar juntos al servicio de la civilización del amor.

Roguemos al Señor

✜ Por todos nosotros, que participamos en esta Eucaristía, para que a través de nuestro testimonio de entrega y sencillez contribuyamos al verdadero desarrollo de nuestros hermanos.

Roguemos al Señor

Escucha, Padre de bondad, las plegarias que te hemos dirigido con confianza filial. Tú que vives y reinas, por los siglos de los siglos.

Monición a la colecta:

La colecta que realizamos hoy la ofreceremos a Manos Unidas para la realización de proyectos que ayudan a un desarrollo más integral de los pueblos que lo necesitan. Gracias por vuestra generosidad. (Se puede mencionar el proyecto concreto que apoya la parroquia, colegio o comunidad).


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Mensaje de Benedicto XVI para la Cuaresma 2013 bajo el título "Creer en la caridad suscita caridad".

Creer en la caridad suscita caridad

«Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16)


Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la Cuaresma, en el marco del Año de la fe, nos ofrece una ocasión preciosa para meditar sobre la relación entre fe y caridad: entre creer en Dios, el Dios de Jesucristo, y el amor, que es fruto de la acción del Espíritu Santo y nos guía por un camino de entrega a Dios y a los demás.

1. La fe como respuesta al amor de Dios

En mi primera Encíclica expuse ya algunos elementos para comprender el estrecho vínculo entre estas dos virtudes teologales, la fe y la caridad. Partiendo de la afirmación fundamental del apóstol Juan: «Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él» (1 Jn 4,16), recordaba que «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1 Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento", sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1). La fe constituye la adhesión personal - que incluye todas nuestras facultades - a la revelación del amor gratuito y «apasionado» que Dios tiene por nosotros y que se manifiesta plenamente en Jesucristo. El encuentro con Dios Amor no sólo comprende el corazón, sino también el entendimiento: «El reconocimiento del Dios vivo es una vía hacia el amor, y el sí de nuestra voluntad a la suya abarca entendimiento, voluntad y sentimiento en el acto único del amor. Sin embargo, éste es un proceso que siempre está en camino: el amor nunca se da por "concluido" y completado» (ibídem, 17). De aquí deriva para todos los cristianos y, en particular, para los «agentes de la caridad», la necesidad de la fe, del «encuentro con Dios en Cristo que suscite en ellos el amor y abra su espíritu al otro, de modo que, para ellos, el amor al prójimo ya no sea un mandamiento por así decir impuesto desde fuera, sino una consecuencia que se desprende de su fe, la cual actúa por la caridad» (ib., 31a). El cristiano es una persona conquistada por el amor de Cristo y movido por este amor - «caritas Christi urget nos» (2 Co 5,14) -, está abierto de modo profundo y concreto al amor al prójimo (cf. ib., 33). Esta actitud nace ante todo de la conciencia de que el Señor nos ama, nos perdona, incluso nos sirve, se inclina a lavar los pies de los apóstoles y se entrega a sí mismo en la cruz para atraer a la humanidad al amor de Dios.

«La fe nos muestra a Dios que nos ha dado a su Hijo y así suscita en nosotros la firme certeza de que realmente es verdad que Dios es amor... La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz -en el fondo la única- que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar» (ib., 39). Todo esto nos lleva a comprender que la principal actitud característica de los cristianos es precisamente «el amor fundado en la fe y plasmado por ella» (ib., 7).

2. La caridad como vida en la fe

Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios. La primera respuesta es precisamente la fe, acoger llenos de estupor y gratitud una inaudita iniciativa divina que nos precede y nos reclama. Y el «sí» de la fe marca el comienzo de una luminosa historia de amistad con el Señor, que llena toda nuestra existencia y le da pleno sentido. Sin embargo, Dios no se contenta con que nosotros aceptemos su amor gratuito. No se limita a amarnos, quiere atraernos hacia sí, transformarnos de un modo tan profundo que podamos decir con san Pablo: ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí (cf. Ga 2,20).

Cuando dejamos espacio al amor de Dios, nos hace semejantes a él, partícipes de su misma caridad. Abrirnos a su amor significa dejar que él viva en nosotros y nos lleve a amar con él, en él y como él; sólo entonces nuestra fe llega verdaderamente «a actuar por la caridad» (Ga 5,6) y él mora en nosotros (cf. 1 Jn 4,12).

La fe es conocer la verdad y adherirse a ella (cf. 1 Tm 2,4); la caridad es «caminar» en la verdad (cf. Ef 4,15). Con la fe se entra en la amistad con el Señor; con la caridad se vive y se cultiva esta amistad (cf. Jn 15,14s). La fe nos hace acoger el mandamiento del Señor y Maestro; la caridad nos da la dicha de ponerlo en práctica (cf. Jn 13,13-17). En la fe somos engendrados como hijos de Dios (cf. Jn 1,12s); la caridad nos hace perseverar concretamente en este vínculo divino y dar el fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,22). La fe nos lleva a reconocer los dones que el Dios bueno y generoso nos encomienda; la caridad hace que fructifiquen (cf. Mt 25,14-30).

El lazo indisoluble entre fe y caridad

A la luz de cuanto hemos dicho, resulta claro que nunca podemos separar, o incluso oponer, fe y caridad. Estas dos virtudes teologales están íntimamente unidas por lo que es equivocado ver en ellas un contraste o una «dialéctica». Por un lado, en efecto, representa una limitación la actitud de quien hace fuerte hincapié en la prioridad y el carácter decisivo de la fe, subestimando y casi despreciando las obras concretas de caridad y reduciéndolas a un humanitarismo genérico. Por otro, sin embargo, también es limitado sostener una supremacía exagerada de la caridad y de su laboriosidad, pensando que las obras puedan sustituir a la fe. Para una vida espiritual sana es necesario rehuir tanto el fideísmo como el activismo moralista.

La existencia cristiana consiste en un continuo subir al monte del encuentro con Dios para después volver a bajar, trayendo el amor y la fuerza que derivan de éste, a fin de servir a nuestros hermanos y hermanas con el mismo amor de Dios. En la Sagrada Escritura vemos que el celo de los apóstoles en el anuncio del Evangelio que suscita la fe está estrechamente vinculado a la solicitud caritativa respecto al servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-4). En la Iglesia, contemplación y acción, simbolizadas de alguna manera por las figuras evangélicas de las hermanas Marta y María, deben coexistir e integrarse (cf. Lc 10,38-42). La prioridad corresponde siempre a la relación con Dios y el verdadero compartir evangélico debe estar arraigado en la fe (cf. Audiencia general 25 abril 2012). A veces, de hecho, se tiene la tendencia a reducir el término «caridad» a la solidaridad o a la simple ayuda humanitaria. En cambio, es importante recordar que la mayor obra de caridad es precisamente la evangelización, es decir, el «servicio de la Palabra». Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio, introducirlo en la relación con Dios: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana. Como escribe el siervo de Dios el Papa Pablo VI en la Encíclica Populorum progressio, es el anuncio de Cristo el primer y principal factor de desarrollo (cf. n. 16). La verdad originaria del amor de Dios por nosotros, vivida y anunciada, abre nuestra existencia a aceptar este amor haciendo posible el desarrollo integral de la humanidad y de cada hombre (cf. Caritas en veritate, 8).

En definitiva, todo parte del amor y tiende al amor. Conocemos el amor gratuito de Dios mediante el anuncio del Evangelio. Si lo acogemos con fe, recibimos el primer contacto - indispensable - con lo divino, capaz de hacernos «enamorar del Amor», para después vivir y crecer en este Amor y comunicarlo con alegría a los demás.

A propósito de la relación entre fe y obras de caridad, unas palabras de la Carta de san Pablo a los Efesios resumen quizá muy bien su correlación: «Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios; tampoco viene de las obras, para que nadie se gloríe. En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos» (2,8-10). Aquí se percibe que toda la iniciativa salvífica viene de Dios, de su gracia, de su perdón acogido en la fe; pero esta iniciativa, lejos de limitar nuestra libertad y nuestra responsabilidad, más bien hace que sean auténticas y las orienta hacia las obras de la caridad. Éstas no son principalmente fruto del esfuerzo humano, del cual gloriarse, sino que nacen de la fe, brotan de la gracia que Dios concede abundantemente. Una fe sin obras es como un árbol sin frutos: estas dos virtudes se necesitan recíprocamente. La cuaresma, con las tradicionales indicaciones para la vida cristiana, nos invita precisamente a alimentar la fe a través de una escucha más atenta y prolongada de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos y, al mismo tiempo, a crecer en la caridad, en el amor a Dios y al prójimo, también a través de las indicaciones concretas del ayuno, de la penitencia y de la limosna.

Prioridad de la fe, primado de la caridad

Como todo don de Dios, fe y caridad se atribuyen a la acción del único Espíritu Santo (cf. 1 Co 13), ese Espíritu que grita en nosotros «¡Abbá, Padre!» (Ga 4,6), y que nos hace decir: «¡Jesús es el Señor!» (1 Co 12,3) y «¡Maranatha!» (1 Co 16,22; Ap 22,20).

La fe, don y respuesta, nos da a conocer la verdad de Cristo como Amor encarnado y crucificado, adhesión plena y perfecta a la voluntad del Padre e infinita misericordia divina para con el prójimo; la fe graba en el corazón y la mente la firme convicción de que precisamente este Amor es la única realidad que vence el mal y la muerte. La fe nos invita a mirar hacia el futuro con la virtud de la esperanza, esperando confiadamente que la victoria del amor de Cristo alcance su plenitud. Por su parte, la caridad nos hace entrar en el amor de Dios que se manifiesta en Cristo, nos hace adherir de modo personal y existencial a la entrega total y sin reservas de Jesús al Padre y a sus hermanos. Infundiendo en nosotros la caridad, el Espíritu Santo nos hace partícipes de la abnegación propia de Jesús: filial para con Dios y fraterna para con todo hombre (cf. Rm 5,5).

La relación entre estas dos virtudes es análoga a la que existe entre dos sacramentos fundamentales de la Iglesia: el bautismo y la Eucaristía. El bautismo (sacramentum fidei) precede a la Eucaristía (sacramentum caritatis), pero está orientado a ella, que constituye la plenitud del camino cristiano. Análogamente, la fe precede a la caridad, pero se revela genuina sólo si culmina en ella. Todo parte de la humilde aceptación de la fe («saber que Dios nos ama»), pero debe llegar a la verdad de la caridad («saber amar a Dios y al prójimo»), que permanece para siempre, como cumplimiento de todas las virtudes (cf. 1 Co 13,13).

Queridos hermanos y hermanas, en este tiempo de cuaresma, durante el cual nos preparamos a celebrar el acontecimiento de la cruz y la resurrección, mediante el cual el amor de Dios redimió al mundo e iluminó la historia, os deseo a todos que viváis este tiempo precioso reavivando la fe en Jesucristo, para entrar en su mismo torrente de amor por el Padre y por cada hermano y hermana que encontramos en nuestra vida. Por esto, elevo mi oración a Dios, a la vez que invoco sobre cada uno y cada comunidad la Bendición del Señor.

Vaticano, 15 de octubre de 2012


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Carta de Don Bernardo Álvarez Afonso con motivo de la Bajada de la Virgen de los Reyes en la isla canaria del Hierro.

BAJADA DE LA VIRGEN DE LOS REYES 2013

Queridos herreños y devotos de la Virgen María de los Reyes, nuestra Madre Amada:

Sirva esta breve carta para anunciarles, oficialmente y con gran alegría, que en este año 2013 tendrá lugar la LXVIII Bajada de la Virgen de los Reyes desde la Dehesa, en el municipio de La Frontera, hasta la Villa de Valverde y la posterior peregrinación de la Venerada Imagen por las parroquias de la isla de El Hierro.

Como viene ocurriendo desde hace 273 años, “La Bajada” es el acontecimiento religioso más importante de cuantos tienen lugar en El Hierro y es la expresión viva del constante amor y devoción que los herreños tienen a su “Madre Amada”, la Virgen María de los Reyes, a la que honran como su patrona y protectora con gran fervor y entusiasmo.

Se da en esta ocasión la feliz coincidencia de que la Bajada tiene lugar en el Año de la Fe, proclamado así para toda la Iglesia por el Papa Benedicto XVI, que se inició el pasado 11 de octubre y concluirá el 24 de noviembre de 2013. Un año en el que debemos descubrir el valor y significado de la fe, ese regalo que recibimos en el bautismo y que es necesario acoger, cultivar y testimoniar. Un Año para profundizar en el significado de todo lo que creemos, celebramos y rezamos y en sus implicaciones para nuestra vida.

En la Virgen María tenemos el modelo más perfecto de lo que significa creer. Ella es la mujer insigne por su fe: Isabel, su prima, la proclamó dichosa porque había creído el mensaje divino (Lc. 1,45); por la fe concibió al Hijo de Dios engendrado en su seno por el poder del Espíritu Santo (Lc. 1,35); apoyada en la fe siguió a Jesús y soportó su muerte junto a la cruz (Jn. 19,25-27); movida por la fe creyó que Él resucitaría y orando junto con los Apóstoles esperó la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés (Hech. 1,14). Ella “la virgen creyente” porque acogió con fe la Palabra de Dios y la puso en práctica es, también, nuestra Madre celestial que sostiene y protege la fe de sus hijos.

Por eso, acogiendo la propuesta de la “Fundación Virgen de los Reyes”, para la Bajada de este año hemos elegido este lema: “María, camino de fe y esperanza”. “MARÍA”, porque ella es el centro de nuestra fiesta y es para ella, “la Madre Amada”, nuestro honor y nuestro amor. “CAMINO”, porque en El Hierro hay un camino histórico: “el Camino de la Virgen”. Es la Patrona la que da nombre y categoría a este camino, testigo visible de la fe de los herreños que en los tres últimos siglos lo han transitado llevando en procesión a la venerada imagen de la Virgen de los Reyes. Así, el “Camino de la Virgen”, además de ser un itinerario físico para ir de la Ermita de la Dehesa a la iglesia Matriz de la Concepción de Valverde, es también signo de un “camino espiritual”, el camino de la “FE Y ESPERANZA” que cada cristiano debe recorrer durante su vida en la tierra.

Les invito, por tanto, a celebrar la 68 Bajada de la Virgen de los Reyes con la mirada puesta en “María, camino de fe y esperanza”. Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Allí reina gloriosa junto a su hijo Jesucristo y, desde allí, actúa misteriosamente en la tierra mostrando a sus hijos el camino de la verdad. Dejémonos iluminar el ejemplo de su vida, vivamos como ella en el amor y la obediencia a Dios, y no dejemos de pedirle con insistencia que interceda por nosotros para que Dios nos mantenga, durante esta vida, firmes en la fe, alegres por la esperanza y diligentes en el amor.

Los herreños hacen gala de tener a la Virgen de los Reyes como su Patrona y protectora. No pierden ocasión para expresar su amor de hijos a la Madre Amada, particularmente en los años de Bajada. Hay que estar atentos para que este amor y devoción a la Virgen se viva cada vez con mayor intensidad y autenticidad. Hay que procurar que se acreciente en todos la confianza en el poder de intercesión de la Virgen María ante su Hijo, sabiendo que como Madre cubre con su amor nuestras pobrezas y miserias materiales y espirituales, que está atenta a las necesidades de los afligidos y escucha las plegarias de sus hijos. Ella, con el ejemplo de su vida y con su intercesión, es el camino seguro que nos lleva a Cristo. Este sentimiento espiritual debe cultivarse por encima de todo, para poder vivir y transmitir a las nuevas generaciones la secular devoción de los herreños a la Madre Amada de los Reyes.

Esto supone, también, evitar algunas actitudes y comportamientos que –a veces- rodean la Bajada de la Virgen de los Reyes y que, cuando no se logran erradicar, desdicen del honor que se debe a la Virgen María, atentan contra la dignidad de los verdaderos devotos, que son la mayoría de los herreños, y son una mala herencia para los que están llamados a prolongar “la verdad de la Bajada” en el futuro. Es un escándalo y un anti testimonio que quienes dicen honrar a la Virgen conviertan la Bajada en ocasión de división y enfrentamiento en torno a la Madre de todos. San Pablo nos dice a los cristianos, “nada hagáis por rivalidad, ni por vanagloria, sino con humildad, considerando cada cual a los demás como superiores a sí mismo, buscando cada cual no su propio interés sino el de los demás” (Filp. 2,3-4) y, también, “quiero, pues, oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos limpias, sin ira ni divisiones” (1Tim. 2,8).

Ya el Papa Pablo VI, en relación con el culto a la Virgen María, lamentaba “la vana credulidad que sustituye el empeño serio con la fácil aplicación a prácticas externas solamente; el estéril y pasajero movimiento del sentimiento, tan ajeno al estilo del Evangelio que exige obras perseverantes y activas. Tales prácticas no están en armonía con la fe católica y por consiguiente no deben subsistir en el culto católico”. Y nos invitaba a tener en cuenta estas palabras del Concilio Vaticano II, del cual estamos celebrando el 50 aniversario: “Recuerden, pues, los fieles que la verdadera devoción no consiste ni en un afecto estéril y transitorio, ni en vana credulidad, sino que procede de la fe verdadera, por la que somos conducidos a conocer la excelencia de la Madre de Dios y somos alentados a un amor filial hacia nuestra Madre y a la imitación de sus virtudes” (LG. 67).

En fin, hermanos y amigos herreños y cuantos sienten devoción por la Patrona de El Hierro, Ntra. Sra. de los Reyes, sólo faltan unos meses para la Bajada y estamos todos invitados a preparar este gran acontecimiento, por fuera y por dentro. Por mi parte les adelanto dos asuntos importantes. El primero tendrá lugar el día 6 de enero en la Dehesa. Allí, acogiendo la petición formulada por la Fundación Virgen de los Reyes, me dispongo a firmar un decreto por el que, conforme al Derecho Canónico y con mi autoridad de Obispo, constituyo oficialmente la ermita que acoge la imagen de la Virgen, en SANTUARIO DE NTRA. SRA. DE LOS REYES. El segundo asunto es comunicarles mi propósito de hacer la VISITA PASTORAL a toda la isla de El Hierro en la próxima Cuaresma, con la intención conocerles más de cerca y alentarles en el camino de la fe.

Dispongamos nuestro corazón y lo mejor de nosotros mismos para celebrar con renovada fe y entusiasmo la Bajada de la Virgen de 2013 y no dejemos de encomendarnos a Nuestra Señora:

María, “feliz porque has creído”.

Confórtanos con tu ejemplo y

consigue para nosotros la firmeza de la fe.

Y, también, oh María, pedimos,

a tu ejemplo y a tu intercesión, la esperanza.

Sí, tenemos necesidad de esperanza y acudimos a ti,

“vida dulzura y esperanza nuestra”.

María, ilumínanos con tu fulgor.

Tus fiestas son gozo y armonía para el mundo,

que tu Bajada sea alegría y esperanza para todos.

Para ti, Madre Amada de los Reyes,

nuestro honor y nuestro amor.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

Para que seamos dignos de alcanzar las promesas

De nuestro Señor Jesucristo. Amén

Con mi afecto y la bendición del Señor para todos, les deseo un Feliz Año de Bajada de la Virgen.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense


Carta de Don Bernardo Álvarez Afonso, obispo de Tenerife, con motivo de la Campaña contra el Hambre 2013.

CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE: "PEDIMOS PARA DAR"

Queridos Diocesanos:

Desde hace 53 años, con la llegada del mes febrero, la ONG católica Manos Unidas lanza su campaña contra el hambre y la pobreza en el mundo. En esta ocasión lo hace bajo el lema "La salud, derecho de todos: ¡Actúa!", continuando así con el propósito, iniciado hace varios años, de contribuir al desarrollo de los objetivos del milenio. Con la campaña de este año se hace hincapié en lucha contra el V1R/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, que por desgracia siguen matando vidas humanas que podrían ser salvadas con una buena prevención y tratamiento.

El trabajo de Manos Unidas se lleva a cabo en España y en los países en vías de desarrollo. En España, sensibilizando a la población sobre la realidad de la pobreza que afecta a miles de millones de personas en todo el mundo y pidiendo dinero para la promoción integral de las personas más necesitadas. Con el dinero recaudado, Manos Unidas financia proyectos de desarrollo en los países pobres de Africa, América y Asia. Unos proyectos que, desde siempre, se realizan según los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia y que el Papa Benedicto XVI ha sintetizado en el n. 47 de su encíclica "Caritas in veritate".

Uno de esos criterios es que "los programas de desarrollo, para poder adaptarse a las situaciones concretas han de ser flexibles y las personas que se beneficien deben implicarse directamente en su planificación y convertirse en protagonistas de su realización". Fieles a este espíritu, concretamente en 2010, con los casi 53 millones de euros recaudados, Manos unidas puso en marcha 218 proyectos educativos, 130 sanitarios, 113 agrícolas, 99 sociales y 81 para la promoción de la mujer. Manos Unidas "pide para dar" y "da lo que recibe". La entrega de los recursos, que van directamente a los beneficiarios, así como el seguimiento y la verificación de los proyectos, avalan el rigor y la seriedad con que Manos Unidas utiliza el dinero recibido. Más información en su página WEB [www.manosunidas.org].

El respeto a la intención de los donantes es una exigencia moral que bajo ningún concepto se debe traicionar. Manos Unidas siempre ha sido fiel a este principio y eso le ha valido la colaboración de los millones de personas que, a lo largo de 53 años, han puesto en sus manos ingentes cantidades de dinero con la confianza de que sería empleado en aquello para lo que se pide: luchar contra el hambre y pobreza en el mundo.

En estos momentos, en España, hay mucha gente que lo está pasando mal. Son casi 5 millones las personas sin trabajo y eso, lógicamente, es sinónimo de pobreza. Una pobreza contra la que también hay que luchar y ahí están las ayudas de las instituciones públicas, así como el trabajo de las ONGs y de las organizaciones eclesiales como Cáritas que, también, piden colaboración dinero para aliviar la indigencia de miles de familias que viven entre nosotros.

Pero, la pobreza para la que pide Manos Unidas es mucho más grave y urgente. Es un asunto de vida o muerte. En salud, por ejemplo, son millones las personas que mueren cada año por no tener la más mínima atención médica. Pensemos en las hambrunas en distintos lugares de Africa que matan diariamente a miles de personas.

Sí. En España hay pobreza. Se habla de más del 20% de la población. Pero eso es en relación al nivel de vida medio de un país donde "renta per capita" en 2011 fue de 23.063 euros (7% menos que la media europea) y el umbral de la pobreza está en 627 euros al mes. Por muy dura que nos parezca esta situación, no tiene comparación con la miseria en que vive más de la mitad de la población mundial.

Me vienen a la memoria aquellas palabras de Calderón de la Barca en `La vida es sueño': «Cuentan de un sabio que un día tan pobre y mísero estaba, que sólo se sustentaba de unas hierbas que cogía. ¿Habrá otro, entre sí decía, más pobre y triste que yo?; y cuando el rostro volvió halló la respuesta, viendo que otro sabio iba cogiendo las hierbas que él arrojó». Por eso, al tomar conciencia de la situación en que viven tantos hermanos nuestros de los países pobres, ¿tenemos derecho a quejamos? Con Calderón de la Barca, también, podemos decir: «Volviendo a mi sentido, hallo que las penas mías, para hacerlas tu alegrías, las hubieras recogido».

Siguiendo la enseñanza y el ejemplo de Jesucristo, "la Iglesia abraza a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a Cristo (Concilio Vaticano II, LG 8), por eso los cristianos tenemos que sentir como propias las necesidades de los pobres de toda la tierra, sean de la nación que sean. Por la fe y la gracia que Dios nos da, el amor de Cristo por los pobres impregna nuestro corazón y nos mueve a partir nuestro pan con los hambrientos Así lo hacemos en muchas ocasiones a lo largo del año. Ahora toca apoyar la Campaña de Manos Unidas contra el hambre en el mundo. Podemos hacerlo entregando nuestros donativos a través de las entidades bancarias colaboradoras y, también, en la colecta que se realiza en todas las misas del segundo fin de semana de febrero.

En nuestras manos está la supervivencia y el futuro de muchas personas. Cada uno según nuestras posibilidades tenemos el deber de compartir nuestros bienes con los necesitados. Como nos enseña el Concilio Vaticano II, nadie "debe tener las cosas exteriores que legítimamente posee como exclusivamente suyas, sino también como comunes, en el sentido de que no le aprovechen a él solamente, sino también a los demás... Alimenta al que muere de hambre, porque, si no lo alimentas, lo matas". (GS 69). Compartiendo nuestros bienes ayudamos a los pobres a salir de su lamentable situación y en, muchos casos, impedimos que mueran.

Además, como lo ha prometido el Señor, cuando según las propias posibilidades ofrecemos nuestros bienes a los pobres, somos más felices, porque "hay más alegría en dar que en recibir". Hagamos la prueba y veremos que es verdad. Prescindamos de alguno de esos gastos que realizamos para "pasarlo bien" (un viaje, un banquete, una fiesta...) y con amor dediquemos a los pobres el dinero que ahorramos al no hacer ese gasto. Seguro que nos sentiremos mejor y tendremos más alegría que la que pensábamos conseguir satisfaciendo nuestros deseos.

Como lo hacemos en la liturgia de la misa, pido a Dios para mí y para todos: "danos entrañas de misericordia ante toda miseria humana". Con mi afecto y bendición,

t Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense


Domingo, 03 de febrero de 2013

ZENIT  nos ofrece la colaboración habitual del obispo de San Cristóbal de las Casas, México, Felipe Arizmendi Esquivel, sobre el debatido asunto del control de armas.

Armas: dinero, poder, muerte
Una llamada a la conciencia personal

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

En Estados Unidos, los tiroteos y asesinatos recientemente perpetrados en escuelas y centros de diversión, en la calle y en las familias, por parte de adolescentes, jóvenes y adultos, han cimbrado la conciencia de muchas personas. Los francotiradores disponen de las armas que quieran y puedan comprar, sin mayores controles o restricciones. Por ello, el mismo presidente Barack Obama está proponiendo un plan para endurecer el acceso a las armas. En alguno de los Estados ya se están implementando medidas para avanzar en este sentido.

Los defensores de las armas están firmes en defender el derecho a una libertad irrestricta. Pero en esta lucha no tanto está en juego la libertad de los ciudadanos, sino los enormes intereses del dinero. Los fabricantes de armas ven amenazado su negocio y destinan cuantiosos recursos para influir en los legisladores, en los políticos y en la opinión pública. Hay demasiados intereses corporativos que defienden un mercado libre y sin restricciones, sólo por el beneficio económico de sus accionistas, sin importarles el bien común de la nación y la salud mental de la juventud. Los poderosos lobbies con que cuentan en los centros de poder, particularmente en los Congresos, reflejan un interés monetario por encima del derecho a la vida. Y como en esa nación la economía parece ser el factor determinante, y la producción y venta de todo tipo de armas es una fuente exorbitada de ingresos económicos, es difícil que prospere un cambio a corto plazo. Si hubiera un mayor control, nuestro país saldría beneficiado, pues los narcotraficantes no tendrían tantas facilidades para sostener sus sistemas asesinos; tendrían menos fuerza y poder.

ILUMINACION

Al respecto, en su mensaje de este año para la Jornada Mundial de la Paz, ha dicho el Papa Benedicto XVI: “Auténticos trabajadores por la paz son los que aman, defienden y promueven la vida humana en todas sus dimensiones: personal, comunitaria y transcendente. La vida en plenitud es el culmen de la paz. Quien quiere la paz no puede tolerar atentados y delitos contra la vida.

El que trabaja por la paz debe tener presente que, en sectores cada vez mayores de la opinión pública, la ideología del liberalismo radical y de la tecnocracia insinúan la convicción de que el crecimiento económico se ha de conseguir incluso a costa de erosionar la función social del Estado y de las redes de solidaridad de la sociedad civil, así como de los derechos y deberes sociales. El desarrollo económico se hace depender sobre todo de la absoluta libertad de los mercados. Es necesario un nuevo modelo de desarrollo, así como una nueva visión de la economía. Tanto el desarrollo integral, solidario y sostenible, como el bien común, exigen una correcta escala de valores y bienes, que se pueden estructurar teniendo a Dios como referencia última.

El modelo económico que ha prevalecido en los últimos decenios postulaba la maximización del provecho y del consumo, en una óptica individualista y egoísta, dirigida a valorar a las personas sólo por su capacidad de responder a las exigencias de la competitividad. En concreto, dentro de la actividad económica, el que trabaja por la paz se configura como aquel que instaura con sus colaboradores y compañeros, con los clientes y los usuarios, relaciones de lealtad y de reciprocidad; realiza la actividad económica por el bien común, vive su esfuerzo como algo que va más allá de su propio interés, para beneficio de las generaciones presentes y futuras”.

Si escucharan estas palabras los fabricantes y vendedores de armas, tendrían que cambiar sus mecanismos de muerte, por otros que favorezcan la vida; pero su dinero, que es su ídolo, les impide ver más allá de sus intereses.

COMPROMISOS

Desde la familia, hay que educar no para la guerra y la violencia, sino para el respeto a los otros, para compartir, para la solidaridad, para amar. No hay que dar a los niños juguetes bélicos, porque afectan su mente y su conducta. Que nuestros legisladores implementen medidas más drásticas para evitar la proliferación de armas. Eduquémonos para la paz social.


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ZENIT nos ofrece la colaboración habitual en el espacio "Foro" del arzobispo castrense de España, monseñor Juan del Río Martín.

El desamparo interior
Sanar los corazones destrozados de los parados y desempleados

Por Juan del Río Martín

La situación de crisis económica y moral que estamos padeciendo no sólo trae paro, desahucios, pobreza familiar y social, etc., si no también otros males espirituales más profundos de los que suele hablarse poco.

En tiempos pasados, de bonanza, quien no se enriquecía antes de los treinta años era considerado un perdedor. Todo se sobreestimaba por encima de su valor y utilidad, buscando eufemismos comerciales que, aparentemente, justificaran tales operaciones económicas y financieras. El dinero público parecía no tener dueño y estar más al servicio de la clientela ideológica y políticaque del pueblo, al que pertenece. Había una obsesión por vivir para el trabajo, para la empresa, para consumir por encima de las posibilidades. Cualquier predicación o consejo acerca de valores como la verdad, honradez, lealtad, familia, natalidad, justicia social o comportamiento ético, era tachado rápidamente de moralina, mentalidad estrecha o una cantidad de calificativos que ridiculizaban o silenciaban cualquier tentativa de rearme moral. Se tiraron por la borda muchas tradiciones con sentido. Ahora de pronto, todo se ha caído, no hay dónde agarrarse, se ha perdido el propio centro de la persona. El materialismo y el nihilismo envolventes han originado el desamparo interior en muchas de las víctimas de una época marcada por la avaricia.

En estos momentos, no se trata únicamente de recomponer las estructuras económicas, financieras y administrativas de un país como el nuestro en gravísimas dificultades, si no también hay que sanar los corazones destrozados de los parados y desempleados, que sufren la carencia del pan de cada día, el vacío de ideales y de entusiasmo por seguir luchando. Así, escuchamos continuamente lamentaciones que reflejan lo que venimos diciendo: “Me limito a ir tirando”, “Me siento como en un túnel, no sé por dónde salir”, “Mi vida está acabada…", “¿A dónde voy con los años que tengo?”, etc…

La salida de la crisis es obra de toda la sociedad. Las reformas necesarias pueden ser urgentes o dolorosas para un sector de la población, pero no sólo deben quedarse en cambios en el sistema económico, nuevas leyes o reconversiones de las instituciones. La raíz del mal está en la enfermedad moral y espiritual que padece nuestra sociedad, donde la persona se encuentra perdida. Hay que rehabilitar al sujeto en sí mismo, como germen para construir una colectividad sana que tenga capacidad para encajar solidariamente los sacrificios y el cambio de mentalidad que está exigiendo el periodo presente, como camino para un futuro mejor.

¿Cómo hacer esto? Nadie tiene una varita mágica o una receta infalible, pero todos podemos aportar nuestro grano de arena, según el papel que desempeñemos en la vida. Así los políticos, economistas y demás técnicos en el poder deben realizar su cometido buscando el bien común de la sociedad, antes que sus intereses personales o de grupo. Las familias no deben abdicar de sus funciones y derechos, aunque tengan que remar contra corriente frente a la cultura dominante.

Todos debemos: Valorar la vida, vivir con sencillez y austeridad, educar en elegir el bien y evitar el mal, enseñar a las nuevas generaciones que la coherencia de vida es su mejor escuela. La misma Iglesia, como maestra en humanidad, debe estar siempre al lado de los más desfavorecidos, mostrando sin ningún complejo ante la modernidad, la sanación integral que supone para el ser humano el acoger con sencillez de corazón, la oferta del Evangelio de Jesucristo.

Una sociedad que silencia o rechaza la dimensión espiritual de la persona, no tiene futuro. No es lo mismo ser ateo que creyente. El pesimismo paralizante es consecuencia del miedo, quizás inconsciente, que produce vegetar en la nada. El anhelo de recuperar lo perdido brota cuando hay esperanza en el alma humana. Vivir en cristiano es un bien social. Porque aquellos que se rigen por la Ley de Dios salvan o evitan muchos males y están llamados a buscar la verdad, el bien, la paz y la libertad, que son ejes esenciales de la sociedad. En el fondo de la crisis está la ausencia de Dios, porque el hombre no es pura materia, si no espíritu encarnado que reclama, en tiempos de serenidad o de turbulencia, esa presencia salvadora de un Dios, que en expresión de San Agustín: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».


Publicado por verdenaranja @ 22:05  | Hablan los obispos
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S?bado, 02 de febrero de 2013

zenit nos ofrece el comentario al evangelio del Cuarto domingo del Tiempo Ordinario, del padre Jesús Álvarez, paulino.

Comentario al comentario del evangelio del Domingo 4° del T.O./C

¿Escucho o rechazo a mi Salvador?

Por Jesús Álvarez SSP

 

"Jesús habló así en la sinagoga de su pueblo Nazaret: Seguramente ustedes me van a recordar el dicho: Médico, cúrate a ti mismo. Realiza también aquí, en tu patria, lo que nos cuentan que hiciste en Cafarnaún. Y Jesús añadió: - Ningún profeta es bien recibido en su patria. En verdad les digo que había muchas viudas en Israel en tiempos de Elías, cuando el cielo retuvo la lluvia durante tres años y medio y una gran hambre asoló todo el país. Sin embargo Elías no fue enviado a ninguna de ellas, sino a una mujer de Sarepta, en tierras de Sidón. También había muchos leprosos en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio. Todos en la sinagoga se indignaron al escuchar estas palabras; se levantaron y lo empujaron fuera del pueblo, llevándolo hacia un precipicio del cerro sobre el que está construido el pueblo, con intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús pasó por medio de ellos y siguió su camino" (Lc. 4, 21-30)

Desconcertante la reacción de los habitantes de Nazaret al declarárseles Jesús como el Mesías por ellos esperado. ¿Cómo va a ser el Mesías deseado un aldeano hijo de un carpintero, sin cultura ni renombre?, piensan ellos.

Si admitían a Jesús como Mesías, sus paisanos tenían que cambiar la forma de pensar y de vivir. Sin embargo, ni siquiera recapacitan ante el poder sobrenatural de Jesús, que los inmoviliza y se libera de ser despeñado, retornando ileso, seguro, tranquilo, por en medio de ellos.

Dios nos ama y pone continuamente profetas en nuestro camino a fin de que despertemos de posibles letargos y cuestionemos lo que tenemos por tan seguro, como si fuera lo mejor, pero sin haberlo verificado. Siempre podemos ser y hacer más y mejor, al fin y al cabo para ventaja y felicidad nuestra.

Palabras, gestos, conducta y necesidades de personas importantes o insignificantes, niños, jóvenes, adultos, ricos o pobres, familiares o ajenos, sacerdotes o fieles, creyentes e incluso no creyentes, justos y pecadores, pueden ser nuestros profetas, de cada día, a través de los cuales Dios nos habla, sépanlo o no.

Sin embargo, escuchar a un profeta exige realizar el esfuerzo --sufrido y feliz a la vez--, de orientar mejor la vida hacia Dios y hacia el prójimo, las dos únicas fuentes de la felicidad que solemos buscar donde no puede encontrarse: en el dinero, en el placer, en el poder.

El mayor sufrimiento del profeta es ver rechazado su mensaje de liberación y salvación, comunicado a sus oyentes sin otro interés que el amor y el deseo del máximo bien para ellos. El rechazo de Jesús por parte de muchos judíos lo hizo llorar de pena y amargura; pero aprovechó ese rechazo para enviar a sus discípulos a llevar la salvación fuera del pueblo judío, al mundo entero.

Todo cristiano es mensajero y profeta por vocación, mas puede traicionarla, como dice san Juan: “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron”. El cristiano verdadero acoge a Cristo en su vida real diaria, y es de aquellos de quienes dice el mismo evangelista: “A cuantos lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios”.

Estos dejan que Dios intervenga en sus vidas y, a través de ellos, en las vidas de otros. Descubren a Cristo en el rostro y en la vida de sus semejantes, por más que estos vivan y piensen de otra forma, y en ellos lo escuchan. Pero a su vez se hacen profetas, portadores de Cristo, cristianos auténticos.

Ante el Profeta Jesús, y ante sus profetas, hay sólo dos actitudes: quedar conmovidos en el alma y abrirse a ellos con fe, amor y gratitud, y cambiar de vida; o cerrarse en la ceguera del egoísmo. ¿Cuál es mi actitud real y profunda? No valen evasiones ni componendas. Nos jugamos el éxito de la vida terrena y de la vida eterna.


Publicado por verdenaranja @ 23:03  | Espiritualidad
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Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (26 de enero de 2013). (AICA

Identidad de Género

“Como ustedes saben, hace muy poco el Congreso de la Nación ha votado una ley llamada de identidad de género por la cual un varón que, siendo varón, se siente mujer, puede vestirse de mujer, obtener un documento que lo acredite como tal, someterse a una operación de reasignación de sexo que, además, esté cubierta por las obras sociales. Lo mismo pasa con una mujer que se siente varón y quiere convertirse en varón”.

“Es interesante que al comienzo de esta ley los legisladores propongan una definición de lo que entienden por identidad de género. Dice: “Se entiende por identidad de género a la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género como la vestimenta, el modo de hablar y los modales”.

“En realidad el sexo desaparece en esta definición, queda absorbido por lo que se llama género y no sólo por el género como algo objetivo, cultural, sino por el género entendido como aquello que la persona siente, la vivencia íntima, el deseo”.

“Parece que para los legisladores el hecho de que uno sea varón o mujer es la suerte que le tocó en una especie de lotería de la vida y, que es, para algunos, una mala suerte”.

“Estuve siguiendo las reacciones que produjo la sanción de esta ley y, especialmente, algunos comentarios de personas que se manifestaron con entusiasmo a favor de esta ley, aprobando el cambio de sexo por género. Desde el punto de vista filosófico se puede observar que en realidad aquí lo que se transforma es la idea del hombre, del ser humano, sin más”.

“Desde un punto de vista filosófico, digo, esto implica que según la ideología de género no existe más una naturaleza humana. Sostienen los comentaristas que la naturaleza ha sido culturizada, se ha convertido en cultura, y las adquisiciones culturales son ahora lo natural, de modo que hay una especie de intercambio entre naturaleza y cultura por el cual la naturaleza queda vaciada en la cultura y la cultura, en este caso lo que uno siente íntimamente, es natural”.

“De acuerdo a este planteo ya no tenemos parámetros razonables, objetivos, para referirnos a la verdadera identidad de la persona humana. Como si no hubiera ya una naturaleza de la persona y de sus actos. Todo puede inventarse”.

“Otro aspecto importante también es el que tiene que ver con el deseo. Aquí el género está considerado en un sentido puramente inmanente, subjetivista, íntimo. En el fondo lo que pasa es que la libertad queda convertida en deseo, en puro deseo. Ya no es algo propio de la voluntad racional. No es algo que tiene que ver con las inclinaciones naturales a la verdad y al bien, con la naturaleza propia del ser humano que es varón o mujer, sino que es lo que yo deseo. Tengo derecho a sacarme el gusto, digamos así, a cumplir mi deseo, porque soy libre; eso es la libertad”

“También observo que en la problemática del género así planteada entra el problema de la felicidad que es, en el fondo, el fin del hombre. Algunos comentaristas sugieren que la felicidad es el placer. Un viejo error, que reduce la felicidad al placer”.

“En continuidad con lo que hemos señalado anteriormente, si no hay naturaleza sino cultura, y lo cultural es ahora lo natural; si la libertad es darse el gusto, sacarse el deseo, cumplirlo, entonces quiere decir que la felicidad es simplemente el placer, y no la realización plenaria, de la vida de la persona en todas sus dimensiones, sino el placer y fundamentalmente el placer sexual. Los comentaristas a los que he aludido sugieren que ahora se abre un universo de erotismo totalmente nuevo, nuevas invenciones para darse el gusto, sin parámetro objetivo alguno”.

“Podemos preguntarnos entonces: ¿a eso queda reducido el ser humano?”.

“¡Qué razón tiene el Papa Benedicto XVI cuando insiste en que la problemática principal en la cultura contemporánea es la problemática antropológica, es decir la idea del hombre, la definición del hombre!”.

“En el principio Dios creó al ser humano varón y mujer, dice el Libro del Génesis; la idea del hombre, la realidad plena, total del ser humano tiene esta doble imagen diversa y complementaria: varón y mujer. La distinción y la complementariedad del varón y la mujer están orientadas a la continuidad de la humanidad sobre la tierra. En este hecho se expresa un designio divino que el legislador no puede modificar arbitrariamente”.

“En la ley de identidad de género el positivismo jurídico es llevado hasta el extremo. ¿Basta que el legislador quiera que las cosas sean de un modo para que sean así? No, aunque a él se le ocurra, ¡las cosas no son así!”


Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata

 


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Hablan los obispos
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El DEPARTAMENTO DE COMUNICACIÓN del obispado de Tenerife nos participa de las noticias generadas durante la última semana en la diócesis.

38201. La Laguna. Tenerife.
Tfno.922-25 86 40/ Extensión 8
e-mail: departamentodecomunicacion@obispadodetenerife.es

Boletín 509 

LAS NOTICIAS AMPLIADAS PUEDEN VERLAS ENTRANDO EN NUESTRO BLOG. Textos, sonidos, e imágenes los tienen en: http://www.comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com/ 

 

Un   MILLÓN DE GRACIAS.

El   blog comunicacionobispadodetenerife.blogspot.com ha alcanzado un millón de   visitas. Es, una vez más, el momento de dar las gracias a cuantos nos ayudan   a mantener permanentemente actualizada esta herramienta; a cuantos acuden al   mismo como fuente de información sobre la vida y misión de esta Iglesia   Diocesana cuatro veces insular. Gracias a Dios. Gracias a todos. La   evangelización es un acto de comunicación. Esa es nuestra principal   perspectiva.

 

 

 El sábado 2 de febrero, es la festividad litúrgica de la Virgen de Candelaria. A las12:00horas, en la Basílica, el Obispo presidirá la solemne Eucaristía cantada por la Coral Santa Cecilia de Tacoronte que dirige Rafael Flores. Posteriormente, tendrá lugar la procesión alrededor de la plaza, acompañada por la banda Las Candelas de Candelaria, dirigida por Muaro Fariña Alonso. La Misa será transmitida en directo por COPE 2 (105.1 FM). 

La Orquesta Sinfónica de Tenerife ofrecerá un concierto en la Basílica de Candelaria, en vísperas de la festividad de la Patrona de Canarias. Concretamente el 31 de enero a las20:00horas. Esta audición, “Ofrenda a la Virgen de Candelaria” ha sido impulsada por el Cabildo de Tenerife, dentro de los actos que ha programado para conmemorar el centenario de los cabildos insulares. 

También el 2 de febrero se celebra el Día Mundial de la Vida Consagrada. En nuestra Diócesis, por razones de tiempo, esta jornada la celebraremos el 9 de febrero en el sur de Tenerife. Sobre las10:30h., los participantes en esta cita se reunirán en la Cueva del Santo Hermano Pedro. En este enclave, un miembro de la parroquia de Las Mercedes junto a su párroco Macario Manuel López, disertarán sobre la importancia de este lugar para la fe de todos los diocesanos. Posteriormente, tendrá lugar la oración y la salida hacia la parroquia de Las Mercedes.  

Al llegar al templo, se desarrollará una nueva reflexión. Asimismo, se podrá disfrutar de una danza religiosa animada por el P José Alberto Hidalgo OP. La Eucaristía presidida por el Obispo, Bernardo Álvarez, se celebrará a las13:30h. La jornada concluirá con el almuerzo compartido en los salones parroquiales y una parte lúdica prevista para la sobremesa. 

El próximo día 3 de febrero, domingo, en la iglesia del Monasterio de Santa Catalina de Siena (Plaza del Adelantado de La Laguna), a las11:00h., el Obispo consagrará, dentro del Orden de vírgenes, a Clara Dorta Tejera. 

Distintas iniciativas y pronunciamientos se han ido realizando estos días para tratar de “salvar” algunos de los proyectos específicos de Cáritas Diocesana, afectados por los recortes. 

La Coordinadora de catequesis del arciprestazgo de Taco promueve para catequistas y el resto de los agentes de pastoral interesados, un cursillo titulado Creyentes y testigos. La parroquia de Santa María de Añaza lo acogerá el 1 y el 2 de febrero, y estará dirigido por Álvaro Ginel. 

La Delegación de Pastoral Vocacional está organizando una Jornada de Pastoral Vocacional con el título "Tenerife en-clave de sol: vocalizar la Diócesis". Esta jornada está dirigida a sacerdotes, consagrados, catequistas, etc, que quieran formarse y compartir en este ámbito tan importante. Ángel Pérez Pueyo, secretario de la comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española y coordinador de la pastoral vocacional, será el encargado de dirigir esta jornada que tendrá lugar el 14 de febrero, en el Seminario Diocesano. 

La Marcha Diocesana de Oración por la Paz será el23 de febrero de 2013y recorrerá el denominado “Triángulo de la fe”: Chimisay-Chinguaro-Candelaria. La peregrinación comenzará en la Playa de Chimisay a las8.00horas, continuaremos hacia la Cueva de Chinguaro donde nos concentraremos en torno a las9.30horas; y desde allí continuaremos la caminata hacia Candelaria, para concluir a las plantas de la Virgen, en torno a las12.00h., con la celebración de la Eucaristía presidida por nuestro Obispo. 

Desde el viernes 8 de febrero, a las19:00horas, al martes 12 de febrero, a las21:00horas, la “Casa Mambré”, del Monasterio del Císter, en Breña Alta, acogerá una tanda de ejercicios espirituales dirigidos por el sacerdote jesuita Pedro Cambreleng. Las plazas son limitadas. Para más información se puede llamar al teléfono de Juan López, párroco de Breña Alta:690 34 07 73o922 43 70 77. La aportación para el retiro es de 120 € (entregar 60 € al inscribirse). 

Del 4 al 8 de marzo, el Colegio de La Palmita, en el arciprestazgo de Santa Cruz de La Palma, acogerá las 5ª Jornadas de Formación en la Fe y en La Acción Pastoral. Este año se ofertan 5 cursos: 1.-«Sacrosanctum Concilium»: un nuevo modo de entender la celebración de la fe; 2.-«Lumen Gentium»: un nuevo modo de comprender el ser y la vida de la Iglesia; 3.-«Dei Verbum»: un nuevo modo de acercarse y vivir la Revelación y la Palabra de Dios; 4.-«Gaudium et Spes»: un nuevo modo de hacerse presente como iglesia en la sociedad y 5.-«Apostolicam Actuositatem»: un nuevo modo de entender la misión del laicado. 

La Universidad de La Laguna (ULL) y el Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias, organizan para los días 25, 26 y 27 de febrero sus XVIII Jornadas de Ética y Política en torno al tema "La responsabilidad humana ante los desafíos de la biotecnología". Los profesores invitados para el desarrollo de los distintos títulos y ponencias serán: Lydia Feito, Agustín Domingo y Tomás Domingo Moratalla. 

El domingo 3 de febrero se celebrará en la Casa de Ejercicios de Santa Cruz de Tenerife, la última tanda de ejercicios espirituales para sacerdotes del presente curso. Los mismos concluirán el viernes 8 de febrero y estarán dirigidos Mons. Julián Ruiz, Obispo de Huesca. 

Del 4 de febrero al 15 de junio, Cáritas Diocesana pondrá en marcha la segunda edición del Triatlón por el empleo. Se trata de un curso para jóvenes entre 18 y 30 años, que estén desempleados y que deseen ampliar su formación. Los interesados pueden enviar un correo a areaempleo@caritastenerife.org 

El Auditorio de Tenerife acogerá el próximo 13 de marzo la edición de los Premios Cadena Dial. Los beneficios derivados de la venta de entradas para esta cita, serán destinados a proyectos humanitarios. Concretamente a la asociación Padre Laraña para la atención y protección a los menores y a la Obra Social 'La Milagrosa', comedor social de las Hijas de la Caridad ubicado en la capital tinerfeña. 

El 29 de enero se cumplieron 273 años de El Voto de 1741, origen de la cuatrienal Bajada de Nuestra Señora de Los Reyes, patrona de la isla de El Hierro. Con tal motivo, se reunió la Fundación Virgen de Los Reyes para ratificar el compromiso votivo realizado entonces. Posteriormente, en el templo de La Concepción de Valverde, el vicario general, Antonio Pérez, presidió una eucaristía para conmemorar dicha efemérides. 


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Viernes, 01 de febrero de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo cuarto del Tiempo Ordinario - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 4º del T. Ordinario C

 Es impresionante el desenlace del Evangelio de hoy: allí en Nazaret, en su pueblo, donde se había criado, quieren acabar con Jesús. “Pero Él se abrió paso entre ellos y se alejaba”.

¿Qué había sucedido?

Lo de la sinagoga. Allí dejamos a Cristo el domingo pasado. Allí llegó con fama de sabiduría y de milagros… Y, el sábado, cuando comenta la lectura de la Ley y los Profetas, les dice claramente que Él es el Mesías, el que tenía que venir: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

En un primer momento, “todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios…”

Pero después, comienzan a pensar y a decir: “¿No es éste el hijo de José?”

Así sintetiza S. Lucas las impresiones de la gente de Nazaret. S. Mateo y San Marcos son más explícitos. Y concluyen diciendo que “no pudo hacer allí muchos milagros a causa de su falta de fe”. (Mt 13, 58. Mc 6,5-6).

Pero Jesús les dice que no se extraña de su reacción porque “ningún profeta es bien mirado en su tierra”. Y les pone dos ejemplos de su historia en la que se manifiesta su cerrazón de mente y de corazón: Elías cuando fue enviado a auxiliar a una viuda pagana de Sarepta, en el territorio de Sidón, y Eliseo que curó de lepra a otro que tampoco pertenecía a Israel: Naamán, el sirio.

Me interesa subrayar que en Nazaret se manifiesta en toda su crudeza lo que yo llamo “el drama de la Encarnación”. Y es que Dios para hablar al hombre, para comunicarse con él, para salvarle…, ha querido valerse de la fragilidad de lo humano: hombres y mujeres, que hablan y actúan en nombre del Señor. Y, ante esta realidad, siempre podemos encontrar excusas para no aceptarlo.

Y así sucede también con Cristo: su Humanidad revela su Divinidad, su infinita grandeza, pero también la oculta. Por eso muchos pudieron rechazarle e, incluso, llevarle a la Cruz.

¡Es lo que sucede en Nazaret!

Pero, mis queridos amigos, eso ha sucedido y sucederá siempre también en la vida de la Iglesia, Cuerpo de Cristo, por su analogía con el Misterio de la Encarnación. El Vaticano II, en efecto, nos ha enseñado que “así como la naturaleza humana asumida está al servicio del Verbo divino como órgano vivo de salvación, a Él indisolublemente unido, de la misma manera el organismo social de la Iglesia está al servicio del Espíritu de Cristo, que le da vida para que el Cuerpo crezca”(L. G. 8).

Por tanto, nos encontramos siempre en la alternativa de los de Nazaret: o aceptamos el designio de Dios que ha querido valerse de la fragilidad de lo humano como medio de salvación, o, como aquellos, nos quedaremos sin nada. O, incluso podemos llegar a encontrarnos entre los contrarios a la Iglesia: a sus enseñanzas, a sus pastores, a su disciplina…, a todo.

No olvidemos que “Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.         

¡BUEN DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR! 


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DOMINGO CUARTO DEL TIEMPO ORDINARIO C 

MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

          Escucharemos ahora la vocación del profeta Jeremías, que es constituido profeta de los gentiles y es perseguido por su propio pueblo. De este modo, prefigura a Jesucristo, “el gran Profeta”, entregado por nosotros.

 

SALMO

          Recitando este salmo, después de escuchar la vocación del profeta Jeremías, meditamos en el dolor y el sufrimiento que entraña la vocación profética. En medio de todo, el elegido se refugia en Dios que le ha enviado.

 

SEGUNDA LECTURA

Quedan la fe, la esperanza y el amor; la más grande es el amor.

Pero ¿qué es el amor? ¿Cómo es el amor cristiano? Escuchemos con atención estas palabras de S. Pablo.

 

TERCERA LECTURA

En estos domingos recordamos los comienzos de la predicación de Jesús según S. Lucas. Hoy seguiremos escuchando lo que sucede en la sinagoga de Nazaret.

          (Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos de pie el aleluya).

 

COMUNIÓN

          En la Comunión experimentamos cómo el Señor  viene en persona a nosotros, como alimento y fuerza, a través de la fragilidad de lo humano: escondido en el pan consagrado que es su Cuerpo. Por eso, unos lo acogen con alegría, otros se quedan en la indiferencia, el abandono o, incluso, lo rechazan.

          Dichosos nosotros invitados a recibirle.

 


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Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo cuarto del Tiempo Ordinario - C.

PRIVADOS DE ESPÍRITU PROFÉTICO 

          Sabemos que históricamente la oposición a Jesús se fue gestando poco a poco: el recelo de los escribas, la irritación de los maestros de la ley y el rechazo de los dirigentes del templo fueron creciendo hasta acabar en su ejecución en la cruz.

          También lo sabe el evangelista Lucas. Pero, intencionadamente, forzando incluso su propio relato, habla del rechazo frontal a Jesús en la primera actuación pública que describe. Desde el principio han de tomar conciencia los lectores de que el rechazo es la primera reacción que encuentra Jesús entre los suyos al presentarse como Profeta.

          Lo sucedido en Nazaret no es un hecho aislado. Algo que sucedió en el pasado. El rechazo a Jesús cuando se presenta como Profeta de los pobres, liberador de los oprimidos y perdonador de los pecadores, se puede ir produciendo entre los suyos a lo largo de los siglos.

          A los seguidores de Jesús nos cuesta aceptar su dimensión profética. Olvidamos casi por completo algo que tiene su importancia. Dios no se ha encarnado en un sacerdote, consagrado a cuidar la religión del templo. Tampoco en un letrado ocupado en defender el orden establecido por la ley. Se ha encarnado y revelado en un Profeta enviado por el Espíritu a anunciar a los pobres la Buena Noticia y a los oprimidos la liberación.

          Olvidamos que la religión cristiana no es una religión más, nacida para proporcionar a los seguidores de Jesús las creencias, ritos y preceptos adecuados para vivir su relación con Dios. Es una religión profética, impulsada por el Profeta Jesús para promover un mundo más humano, orientado hacia su salvación definitiva en Dios.

          Los cristianos tenemos el riesgo de descuidar una y otra vez la dimensión profética que nos ha de animar a los seguidores de Jesús. A pesar de las grandes manifestaciones proféticas que se han ido dando en la historia cristiana, no deja de ser verdad lo que afirma el reconocido teólogo H. von Balthasar: A finales del siglo segundo "cae sobre el espíritu (profético) de la Iglesia una escarcha que no ha vuelto a quitarse del todo".

          Hoy, de nuevo, preocupados por restaurar "lo religioso" frente a la secularización moderna, los cristianos corremos el peligro de caminar hacia el futuro privados de espíritu profético. Si es así, nos puede suceder lo que a los vecinos de Nazaret: Jesús se abrirá paso entre nosotros y "se alejará" para proseguir su camino. Nada le impedirá seguir su tarea liberadora. Otros, venidos de fuera, reconocerán su fuerza profética y acogerán su acción salvadora. 

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
3 de febrero de 2013
4 Tiempo ordinario (C)
Lucas 4, 21-30


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ZENIT  nos ofrece la carta que el arzobispo de Burgos Francisco Gil Hellín ha dirigido en especial a quienes de la diócesis han optado por una vida contemplativa, cuando se acerca la festividad de la presentación de Jesús en el Templo y la purificación de la Virgen María, la celebración popularmente conocida como fiesta de las candelas, o Candelaria, en la que la Iglesia celebra y agradece la Vida Consagrada.

Carta a la vida contemplativa del arzobispo de Burgos en el Año de la Fe

Por Redacción

''También entró el otro discípulo, vio y creyó''

‘También entró el otro discípulo, vio y creyó’ (Jn 20,8). La actitud de los dos discípulos de Jesús, corriendo hacia el sepulcro para verificar la ‘buena noticia’ de María Magdalena, es una buena expresión de lo que significa el deseo de la fe y la necesidad de confirmarlo, según las Escrituras. En el diálogo de María Magdalena con el Señor, en la sorpresa de los discípulos más queridos, en el corazón ardiente por confirmar la noticia entendemos el desenlace final del sepulcro vacío: el Señor ya no está. Por eso creemos que nuestra vida ya camina hacia la resurrección con Él.

Este rostro luminoso de vida nueva en los primeros testigos de la resurrección del Señor es lo que compruebo en las miradas de muchos religiosos y religiosas contemplativos de nuestra diócesis. Los diferentes cenobios están hechos de losas de resurrección y son el mejor testimonio de la fe perenne, hecha camino hacia la eternidad. Por eso, sin miedo, abren las puertas de sus muros a los peregrinos para que descubramos en ellos y en ellas que su corazón sigue ardiendo en el silencio, gracias al alimento de la Palabra de Dios y de la Eucaristía.

Estos hombres y mujeres contemplativos, amantes de la naturaleza, son el pulmón de nuestra Iglesia Local que oxigena y revitaliza cada una de las iniciativas evangelizadoras realizadas por cada ‘célula eclesial’. Sienten como propios los gozos y las fatigas, las alegrías y esperanzas de nuestros paisanos burgaleses. Conocen de primera mano la intensidad con la que estamos viviendo este Año de la fe.

Por eso me siento orgulloso de dirigirme a vosotros para redescubrir juntos ese aire puro de la resurrección y contagiarme de vuestra vitalidad y belleza.

Por la fe’ nace la vida contemplativa

Nuestro más ilustre burgalés, preocupado por el verdadero conocimiento y difusión de la Palabra de Dios, alentaba con estas palabras a sus primeros hermanos de comunidad: ‘contemplari et contemplata aliis tradere’. En esta máxima de santo Domingo de Guzmán veo con nitidez vuestra misión en este Año de la fe, que nos ha regalado el papa Benedicto XVI.

Las comunidades contemplativas sois el vivo testimonio de que la vida de Cristo resucitado es vuestro único fundamento. En ellas ‘sólo se vive de la fe y desde la fe’ (cf. Hb 10, 38). Por eso vuestra vida común, lejos de ser una cuestión funcional, se convierte en una actualización y anticipación del Reino de Dios en la tierra. Habéis dejado ‘padre, madre, hacienda, profesión y amor carnal’ (Mt 19,29) no por ascesis, sino por abandono en el único Dios que es riqueza eterna. Vuestra fe es vuestro único tesoro, que habéis puesto a buen recaudo en una comunidad de vida, lejos del peligro de los avatares y los deseos de éxito humano.

Me alegra llamaros ‘mártires de la fe y mártires de la esperanza en la vida eterna’ en un momento histórico donde no pocos de vuestros coetáneos han perdido ambos elementos vitales. En vuestro testimonio recordamos y redescubrimos que la vida no viene de nosotros mismos. Sólo podemos seguir creyendo y esperando si sabemos contemplar al Señor de la vida. Él nos la regala totalmente, aunque pensemos que la perdemos por no tener propiedades. Él nos la da gratuitamente, aunque creamos que la conquistamos nosotros por nuestros méritos. Él nos hace eternamente fecundos, aunque parezca que nuestros cuerpos se consumen sin función ni servicio.

Soy testigo de ‘vuestro vivir del amor a Dios y por amor a Dios’ y os animo a que lo mostréis a cuantos se acerquen a vuestros monasterios. Si el amar es el mejor icono de Dios, el dejarse amar es hacer la voluntad de Dios. Son muchos los que viven en el desamor o en la manipulación del amor. En vuestro vivir el amor de Dios ponéis toda vuestra inteligencia para que sea auténtico y vuestro cuerpo no sea más que el velo que trasluce la verdad que lleváis dentro y que nadie os arrebatará en la tierra.

Una Iglesia de Comunión, agradecida a vuestra presencia

La reciente exposición de Las Edades del Hombre en Oña, titulada Monacatus nos ha servido para comprobar, una vez más, que los grandes hitos de la cultura y fe de nuestra Iglesia Local están enraizados en la vida contemplativa. Ésta, lejos de reservarse en el arca del pasado, tiene una actualidad muy significativa. Son muchos los creyentes y no creyentes los que, después de visitar la exposición, se han acercado a un monasterio para comprobar el hoy de esta riqueza. En todos ellos no es poca la satisfacción de convivir unos minutos con vosotras y vosotros. Cuando en vuestros rostros va impresa la impronta de la alegría por la fe, la esperanza y la caridad, el visitante se lleva a su lugar vital el mejor regalo: la misma vida de Cristo resucitado.

Debo recordar y agradeceros el ser los continuadores de la tradición monacal de hitos como Valpuesta, Fresdelval, Oña, Arlanza, Silos, Cardeña, Caleruega, Palacios de Benaver, Huelgas… Todos ellos nos recuerdan la existencia milenaria de nuestra diócesis y nos permiten la celebración de no pocos eventos que hacen de nuestra diócesis un atractivo universal.

Igualmente, el recordar la pluralidad de carismas monacales nos hace una diócesis única. El carisma y regla de san Benito, san Romualdo, san Bernardo y san Bruno siguen viviéndose en no pocas comunidades. También san Agustín de Hipona, santo Domingo de Guzmán, san Francisco de Asís, santa Clara, santa Teresa de Jesús o san Francisco de Sales siguen inspirando una manera peculiar de vivir el Evangelio en el siglo XXI. En todos ellos descubrimos que la puerta de la fe sigue abierta y son muchos los que cruzan este umbral para formar parte de la comunidad original que fundaron estos grandes santos1.

La vivencia de estos carismas es la mejor expresión del ‘don de Dios a nuestra Iglesia Local’2. La mejor manera de agradecer este don admirable es vivirlo con fidelidad y renovación, tal y como hicieron los fundadores. Esto hará posible acoger nuevos frutos e, incluso, nuevas familias de religiosos y religiosas que siguen la inspiración del Espíritu Santo en la Iglesia. El Espíritu orientará a que fidelidad y renovación sean el cauce para nuevas vocaciones a esta forma de vida y a un mayor compromiso bautismal de todos los fieles.

Cuando la vocación contemplativa es vivida como don y en comunión con la Iglesia Local, resplandece todo su atractivo. Unas veces se manifiesta como ‘interrogante de sentido’, otras como modelo de generosidad, otras como ejemplo de plenitud vital, etc. En cualquiera de los casos, es una invitación permanente a ‘venir y ver’ y a ‘ver y creer’. Vosotras y vosotros, desde vuestra pequeñez, no debéis tener miedo a que el hombre de hoy conozca la fuente de vuestra alegría y la riqueza de vuestro don.

Testigos del Dios vivo

Insisto en la oportunidad de vuestras comunidades de fe y vida como centros de que irradian la hermosura del creer. ‘La caridad de Cristo nos urge’ (2 Co 5,14). Es el amor de Cristo el que llena vuestros corazones y os impulsa a comunicar -‘aliis tradere’- lo que estáis viviendo. Desde el testimonio vivo de este amor y desde vuestra oración y trabajo podéis ser el mejor estímulo para tantos creyentes, que viven con gozo su fe o que se ven en el momento dramático de perderla. Igualmente podéis ser referencia para tantos no creyentes, que miran con recelo a la Iglesia, pero se acercan a la vida contemplativa con una especial benevolencia, admirados por vuestra autenticidad. No podemos desaprovechar la oportunidad que nos ofrece el Año de la Fe para convertir vuestras comunidades en centros de oración, de peregrinación y de evangelización.

Centros de oración: Vuestra experiencia de oración merece ser conocida. Sois maestros y maestras de lectio divina, en los que se pueden mirar tantos cristianos de nuestras parroquias y movimientos, que expresan la dificultad de ser iniciados en la oración profunda. Vuestro sosiego y estabilidad es billete seguro para todo aquel que quiera encontrar una experiencia de método de oración. No pocos jóvenes de forma aislada o en grupo demandan esta iniciación tanto en la oración personal como en la oración litúrgica. Vuestros espacios pueden ser el lugar más idóneo para el aprendizaje o la consolidación.

Centros de peregrinación: La tradición monástica, siguiendo el ejemplo de los primeros cristianos, siempre ha tenido una especial atención a la acogida. Quien acude a un monasterio sabe a dónde va. Las motivaciones son múltiples, y no siempre aparecen en un primer encuentro, pero siempre hay una cierta predisposición en quien se acerca a vuestro ‘lugar santo’. Lo hace con tiempo como turista, como persona con penuria económica, como peregrino que busca, como persona afligida… espera y sabe que vuestra acogida, vuestra escucha y vuestra palabra son como ‘al mismo Cristo que se acerca’.

Centros de evangelización: La evangelización parte y se fundamenta en el testimonio y anuncio de Cristo resucitado y vuestras comunidades son espacios privilegiados. En la era de la Nueva Evangelización los monasterios se pueden convertir en auténticos espacios de ‘primer anuncio’. Creo que es un ‘signo de los tiempos’ que merece reflexión y atención por parte de todos. Vuestra forma de vivir, vuestra alegría y esperanza cuestionan al hombre de hoy cómo es posible ser feliz ‘sin nada como propio’. En el encuentro con vosotras y vosotros comprueban que esa posibilidad es real y es la verdad de vuestra vida. Vuestro testimonio pasa de ser algo oculto a ser una invitación. Así ocurría en las primeras comunidades cristianas que vivían y anunciaban el kerygma.

Conocéis ya el programa de actividades del Año de la fe. Los encuentros arciprestales con comunidades contemplativas os ayudarán a participar de forma más directa en la dinámica pastoral que la Vicaría de Pastoral ha diseñado para el presente curso.

Conclusión

Junto al sepulcro del resucitado estaba también María, la Madre de Jesús. Benedicto XVI proponía a esta mujer de Nazaret como primer ejemplo de fe, que ha marcado el decurso de dos mil años de historia de salvación3. Ella acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería Madre de Dios (Lc 1,38). Con fe saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando los recuerdos de su corazón (Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella para recibir el Espíritu Santo (cf. Hc 1,14; 2, 1- 4). Esos mismos frutos de la fe son los que abundan en vuestras comunidades. A la vez que agradezco vuestra fidelidad, como la de ella, a la Palabra de Dios, os invito a que los comuniquéis a todos aquellos hombres de buena voluntad que se acerquen a vosotros y vosotras.

Con mi afecto sincero y mi bendición,

+ Francisco Gil Hellín Arzobispo de Burgos

Burgos, Solemnidad de la Epifanía 2013

 

Orientaciones pastorales para los monasterios de vida contemplativa en el Año de la Fe

El Año Litúrgico es el norte que orienta y da sentido a nuestro tiempo para reconocer en Él a Dios como regalo y alabarle en su epifanía. A la dinámica del Año Litúrgico añadimos ‘la alegría de nuestra fe y nuestro entusiasmo por comunicarla’. Con este objetivo de celebrar y comunicar nos situamos en el Año de la fe. A continuación recojo algunas propuestas pastorales que os pueden ayudar a hacer más prístino el resplandor del regalo de vuestra fe individual y comunitaria:

Acentuar la formación, teniendo presente el Catecismo de la Iglesia Católica y los Documentos del Concilio Vaticano II. En este sentido son muy valiosas las catequesis del Papa, pronunciadas cada miércoles desde el 17.10.12.

Profundizar en el estudio de vuestras Constituciones y en las diversas actualizaciones del carisma fundacional. Todo ello forma parte de vuestra tradición y os ayuda a descubrir vuestro ser eclesial, dentro de la ‘Iglesia de comunión’.

Potenciar los encuentros comunitarios para compartir la fe y la alegría con los miembros de la propia comunidad. El mejor estímulo es el que viene de dentro. Igualmente será útil compartir testimonios con otras comunidades de la diócesis a través de medios, como publicaciones, que permiten hacerlo con sencillez.

Acentuar y profundizar en el sentido expiatorio de la penitencia y su carácter de ‘búsqueda de Dios’. El penitente busca con mayor ahínco a Dios en su desierto particular, a la vez que encuentra al hermano sufriente en el silencio de su corazón. Que en vuestro corazón manso y beato estén las familias más necesitadas.

Crear cauces para mostrar la riqueza espiritual de la comunidad a las parroquias y movimientos del arciprestazgo: ofertar sesiones de lectio divina o lectura compartida del Evangelio; ofertar la celebración de la Liturgia de las Horas, acogiendo y preparando materiales adecuados para los fieles… Se puede comenzar invitando a los miembros de los consejos parroquiales o arciprestales o a miembros de grupos ya iniciados.

Cuidar con esmero la acogida en la recepción (porta coeli), en el locutorio, en la iglesia. Ofertar vuestro tiempo y vuestra escucha, vuestro acompañamiento espiritual o diálogos de fe para todas aquellas personas que se acercan a vosotros, especialmente los jóvenes.

Habilitar un espacio ad intra y ad extra como ‘Biblioteca de fe vivida’ con materiales sobre el Año de la Fe: libros, DVDs, evangelios… y momentos para compartir su lectura.

Seguir con atención las actividades de la Iglesia Universal y Local sobre el Año de la fe. Es importante que de alguna manera os hagáis presentes en el encuentro arciprestal con la vida contemplativa, que se ha programado.

Intensificar la oración por la Iglesia Local, por sus agentes de pastoral, por los misioneros, por las nuevas vocaciones… sin olvidar vuestra condición de ‘pulmón’ y de rostro del resucitado.

Compartir vuestra opción de vida pobre con los más afectados por la crisis económica, viviendo en la austeridad de lo necesario y participando en las campañas orientadas por Cáritas. Que ningún pobre marche de vuestra casa sin el rostro alegre.

Aprovechar la oportunidad de que vuestros monasterios son lugares de peregrinación. El peregrino camina hacia un lugar santo del que espera el testimonio del Dios vivo. Que encuentren en vosotros y vosotras al Dios del amor y del perdón. El turista busca alimentar su curiosidad. Que vuestra acogida sea ocasión para ‘el primer anuncio’ y puente para el encuentro con el Señor.

NOTAS

1.- Cf. Porta Fidei 1.

2.- Cf. Constituciones Sinodales nº 236

3.- Cf. Porta Fidei 13.


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ZENIT  nos ofrece el texto de la catequesis del Papa durante la Audiencia semanal del miércoles, 30 de Enero de 2013, dirigido a los fieles presentes en el Aula Pablo VI.

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis del miércoles pasado nos centramos en las palabras iniciales del Credo: "Creo en Dios". Sin embargo, la profesión de fe especifica esta afirmación: Dios es el Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra.

Quisiera reflexionar con ustedes esta vez sobre la primera y fundamental definición de Dios que el Credo nos presenta: Él es Padre.

No siempre es fácil hablar hoy en día de la paternidad. Especialmente en Occidente: las familias rotas, los compromisos de trabajo cada vez más absorbentes, las preocupaciones, y muchas veces el esfuerzo por equilibrar el presupuesto familiar o la invasión distractiva de los medios de comunicación en la vida diaria, son algunos de los muchos factores que pueden impedir una serena y constructiva relación entre padres e hijos.

La comunicación a veces se hace difícil, se pierde la confianza, y la relación con la figura del padre puede llegar a ser problemática; también es difícil imaginar a Dios como un padre, sin tener modelos adecuados de referencia. Para aquellos que han tenido la experiencia de un padre demasiado autoritario e inflexible, o indiferente y poco afectuoso, o peor aún ausente, no es fácil pensar con serenidad en Dios como Padre y entregarse a Él con confianza.

Pero la revelación bíblica ayuda a superar estas dificultades hablándonos de un Dios que nos muestra lo que verdaderamente significa ser "padre"; y es sobre todo el evangelio el que nos revela el rostro de Dios como Padre que ama hasta entregar a su propio Hijo para la salvación de la humanidad. La referencia a la figura paterna ayuda por lo tanto a comprender algo del amor de Dios, que sin embargo permanece aún infinitamente más grande, más fiel, más completo que el de cualquier hombre. "¿Quién de ustedes --dice Jesús para mostrar a los discípulos el rostro del Padre--, al hijo que le pide pan, le dará una piedra? ¿Y si le pide un pescado, le dará una serpiente? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más su Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se lo pidan?" (Mt. 7,9-11;. cf. Lc. 11,11-13). Dios es nuestro Padre porque nos ha bendecido y escogido antes de la fundación del mundo (cf. Ef. 1,3-6), nos hizo realmente sus hijos en Jesús (cf. 1 Jn. 3,1). Y, como Padre, Dios acompaña con amor nuestra vida, dándonos su Palabra, sus enseñanzas, su gracia, su Espíritu.

Él --como lo revela Jesús--, es el Padre que alimenta a las aves del cielo sin que deban sembrar ni cosechar, y reviste de magníficos colores las flores del campo, con vestidos más bellos que los del rey Salomón (cf. Mt. 6, 26-32; Lc. 12, 24-28); y nosotros --añade Jesús--, ¡valemos más que las flores y las aves del cielo! Y si Él es lo suficientemente bueno para hacer "salir el sol sobre malos y buenos, y... llover sobre justos e injustos" (Mt. 5,45), podremos siempre, sin temor y con total confianza, confiarnos a su perdón de Padre cuando nos equivocamos de camino. Dios es un Padre bueno que acoge y abraza al hijo perdido y arrepentido (cf. Lc. 15,11 ss), se entrega gratuitamente a aquellos que se lo piden (cf. Mt. 18,19; Mc. 11,24, Jn. 16,23) y ofrece el pan del cielo y el agua viva que da vida para siempre (cf. Jn. 6,32.51.58).

Por lo tanto, el orante del salmo 27, rodeado de enemigos, asediado por malvados y calumniadores, mientras busca la ayuda del Señor y lo invoca, puede dar su testimonio lleno de fe, diciendo: "Mi padre y mi madre me han abandonado, pero el Señor me ha acogido" (v. 10). Dios es un Padre que nunca abandona a sus hijos, un Padre amoroso que apoya, ayuda, acoge, perdona y salva, con una fidelidad que supera inmensamente a la de los hombres, para abrirse a dimensiones de eternidad. "Porque su amor es para siempre", como sigue repitiendo como una letanía, en cada verso, el salmo 136 a través de la historia de la salvación. El amor de Dios nunca falla, no se cansa de nosotros; es el amor el que da hasta el extremo, hasta el sacrificio de su Hijo. La fe nos da una certeza, que se convierte en una roca para la construcción de nuestras vidas: podemos afrontar todos los momentos de dificultad y de peligro, la experiencia de lo oscuro de la crisis y del tiempo del dolor, apoyados por la fe de que Dios no nos deja solos y siempre está cerca, para salvarnos y llevarnos a la vida eterna.

Es en el Señor Jesús, donde se muestra plenamente el rostro benevolente del Padre que está en los cielos. Y es conociéndolo a Él que podemos conocer al Padre (cf. Jn. 8,19; 14,7); y viéndolo a Él podemos ver al Padre, porque Él está en el Padre y el Padre está en Él (cf. Jn. 14, 9.11). Él es la "imagen del Dios invisible", como lo define el himno de la Carta a los Colosenses, "primogénito de toda la creación... el primogénito de los que resucitan de entre los muertos", "por quien hemos recibido la redención, el perdón de los pecados" y la reconciliación de todas las cosas, "habiendo pacificado con la sangre de su cruz, tanto las cosas que están en la tierra, como las que están en los cielos" (cf. Col. 1,13-20).

La fe en Dios Padre nos pide creer en el Hijo, bajo la acción del Espíritu, reconociendo en la Cruz que salva, la revelación definitiva del amor divino. Dios es nuestro Padre al darnos a su Hijo; Dios es Padre perdonando nuestros pecados y llevándonos a la alegría de la vida que resucita; Dios es el Padre que nos da el Espíritu que nos hace hijos y nos permite llamarlo, en verdad, "Abbà, ¡Padre!" (cf. Rom. 8,15). Por lo tanto Jesús, al enseñarnos a orar, nos invita a decir "Padre Nuestro" (Mt. 6,9-13; cf. Lc. 11,2-4).

La paternidad de Dios es, pues, infinito amor, ternura que se inclina sobre nosotros, hijos débiles, necesitados de todo. El salmo 103, el gran himno de la misericordia divina, proclama: "Como un padre es tierno con sus hijos, así el Señor es tierno para con los que le temen, porque sabe bien cómo están formados, se acuerda de que somos polvo" (vv. 13-14). Es nuestra pequeñez, nuestra débil naturaleza humana, nuestra fragilidad que se convierte en un llamado a la misericordia del Señor, para que se manifieste la grandeza y ternura de un Padre que nos ayuda, nos perdona y nos salva.

Y Dios responde a nuestro llamado, enviando a su Hijo, que murió y resucitó por nosotros; entra en nuestra fragilidad y hace lo que el hombre solo nunca podría haber hecho: él toma sobre sí el pecado del mundo, como cordero inocente y abre el camino a la comunión con Dios, nos hace verdaderos hijos de Dios. Está allí, en el Misterio pascual, que revela en todo su esplendor, el rostro definitivo del Padre. Y está allí, en la Cruz gloriosa, que viene a ser la plena manifestación de la grandeza de Dios como "Padre Todopoderoso".

Pero podemos preguntarnos: ¿cómo es posible imaginar a un Dios todopoderoso, al mirar la cruz de Cristo? ¿En este poder del mal, que llega a matar al Hijo de Dios? Sin duda que quisiéramos una omnipotencia divina según nuestros esquemas mentales y nuestros deseos: un Dios "todopoderoso" que resuelva los problemas, que intervenga para evitarnos los problemas, que le gane al adversario, y que cambie el curso de los acontecimientos y anule el dolor. Por lo tanto, hoy en día muchos teólogos dicen que Dios no puede ser omnipotente, de lo contrario no podría haber tanto sufrimiento, tanta maldad en el mundo. De hecho, ante el mal y el sufrimiento, para muchos, para nosotros, es problemático, es difícil creer en Dios Padre y creer que es todopoderoso; algunos buscan refugio en los ídolos, cediendo a la tentación de encontrar una respuesta en una supuesta omnipotencia "mágica" y en sus promesas ilusorias.

Sin embargo la fe en Dios Todopoderoso nos lleva por caminos muy diferentes: tales como aprender a conocer que el pensamiento de Dios es diferente al nuestro, que los caminos de Dios son diferentes de los nuestros (cf. Is. 55,8), e incluso su omnipotencia es diferente: no se expresa como una fuerza automática o arbitraria, sino que se caracteriza por una libertad amorosa y paternal. En realidad, Dios, al crear criaturas libres, dándoles libertad, renunció a una parte de su poder, dejando el poder en nuestra libertad. Así, Él ama y respeta la respuesta libre de amor a su llamado. Como Padre, Dios quiere que seamos sus hijos y que vivamos como tales en su Hijo, en comunión, en plena intimidad con Él. Su omnipotencia no se expresa en la violencia, no se expresa en la destrucción de todo poder adverso como quisiéramos, sino que se expresa en el amor, en la misericordia, en el perdón, en la aceptación de nuestra libertad y en la incansable llamada a la conversión del corazón; en una actitud aparentemente débil --Dios parece débil si pensamos en Jesucristo orando, que se deja matar. ¡Una actitud aparentemente débil, hecha de paciencia, de mansedumbre y de amor, muestra que este es el camino correcto para ser poderoso! ¡Esta es la potencia de Dios! ¡Y este poder vencerá! El sabio del libro de la Sabiduría se dirige así a Dios: "Tú eres misericordioso con todos, porque todo lo puedes; cierras los ojos ante los pecados de los hombres, esperando su arrepentimiento. Amas a todos los seres que existen... ¡Eres indulgente con todas las cosas, porque son tuyas, Señor, amante de la vida!" (11,23-24a.26).

Solo quien es realmente poderoso puede soportar el mal y mostrarse compasivo; solo quien es verdaderamente poderoso puede ejercer plenamente el poder del amor. Y Dios, a quien pertenecen todas las cosas, porque todas las cosas fueron hechas por Él, revela su fuerza amando todo y a todos, en una paciente espera de la conversión de nosotros los hombres, que quiere tener como hijos. Dios espera nuestra conversión. El amor todopoderoso de Dios no tiene límites, hasta el punto de que "no retuvo a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros" (Rm. 8,32). La omnipotencia del amor no es la del poder del mundo, sino es aquella del don total, y Jesús, el Hijo de Dios, revela al mundo la verdadera omnipotencia del Padre dando su vida por nosotros pecadores. Este es el verdadero, auténtico y perfecto poder divino: Entonces el mal es en verdad vencido porque es lavado por el amor de Dios; entonces la muerte es definitivamente derrotada porque es transformada en don de la vida. Dios Padre resucita al Hijo: la muerte, el gran enemigo (cf. 1 Cor. 15,26), es engullida y privada de su veneno (cf. 1 Cor. 15, 54-55), y nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestra realidad de hijos de Dios.

Es así que cuando decimos "Creo en Dios Padre Todopoderoso," expresamos nuestra fe en el poder del amor de Dios, que en su Hijo muerto y resucitado vence el odio, la maldad, el pecado y nos da vida eterna: aquella de los hijos que quieren estar siempre en la "Casa del Padre". Decir "Creo en Dios Padre Todopoderoso", en su poder, en su modo de ser Padre, es siempre un acto de fe, de conversión, de transformación de nuestros pensamientos, de todo nuestro amor, de todo nuestro modo de vida.

Queridos hermanos y hermanas, pidamos al Señor que sostenga nuestra fe, que nos ayude a encontrar verdaderamente la fe y que nos de la fuerza para anunciar a Cristo crucificado y resucitado y de testimoniarlo en el amor a Dios y al prójimo. Y que Dios nos conceda acoger el don de nuestra filiación, para vivir plenamente la realidad del Credo, en el abandono confiado al amor del Padre y a su omnipotencia misericordiosa, que es la verdadera omnipotencia y que salva.

Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

 


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