Martes, 12 de marzo de 2013

Texto del micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (9 de marzo de 2013). (AICA

El camino de la conversión

En el camino de conversión al que nos invita el tiempo de Cuaresma, es necesario mirar nuestra vida y sus relaciones. Es un momento de sinceridad en el que debemos cuidarnos de buscar justificativos que nos alejan de la verdad y, por lo mismo, de una auténtica conversión. Es difícil, por otra parte, ser jueces y parte al examinar nuestra vida. Tampoco debemos quedarnos como meros espectadores, la conversión busca orientar un camino y tomar una decisión que puede incluir un cambio.

Al introducirnos en nuestro interior es importante que nos ilumine algo objetivo, algo que sea una instancia que no la maneje yo sino que sea ella la que me juzgue. Esto me permite introducir el tema de la Palabra de Dios como una realidad viva, objetiva y actual, que sea esa luz que necesito para acercarme y ver en toda su profundidad mi propia vida.

La Palabra de Dios nos presenta, en la parábola del Hijo pródigo, los elementos centrales de un camino de auténtica conversión. Al examinarnos y reconocer en nosotros aspectos que deben cambiar, actitudes que debemos corregir, o incluso la conciencia de haber pecado gravemente, el primer signo de conversión es reconocerlo y arrepentirnos. Pero es necesario tener en cuenta, además, que para que la conciencia de pecado no nos lleve a la desesperación, o a ocultarnos, el arrepentimiento debe dirigirse a la misericordia de Dios.

Aquí adquiere toda su importancia la imagen de Dios como Padre, que es el centro de la revelación de Jesucristo. Él ha venido a revelarnos, precisamente quién es Dios, quién es el hombre y quién es él, como enviado del Padre para enseñarnos y comunicarnos su Vida como camino. Por ello, en el encuentro con Jesucristo, como Palabra definitiva de Dios al hombre, encontramos esa luz que necesitamos para introducirnos con confianza en la intimidad de nuestra vida.

Este camino de conversión es el que nos presenta Jesús en la parábola del “hijo pródigo”, cuyo centro es la imagen del “padre misericordioso” (Lc 15, 11-24). Transcribo, a modo de comentario, la reflexión que hace el Catecismo de la Iglesia Católica de este texto, en el relato aparece, dice: “la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria en que el hijo se encuentra…. la humillación profunda de verse obligado a comer las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, y el camino del retorno; la acogida generosa del padre y su alegría.

Todos éstos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido y el banquete son símbolos de esta vida nueva, pura, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo, concluye, que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena simplicidad y belleza” (C. I. C. 1439).

Les recomiendo una lectura pausada y meditada de este hermoso pasaje del evangelio para descubrir, desde la misericordia del Padre que siempre nos espera y que se alegra con el encuentro de su hijo, el sentido y la grandeza de nuestra vida. Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 23:49  | Hablan los obispos
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