S?bado, 27 de abril de 2013

Subsidio litúrgico para CAMPAÑA DEL ENFERMO 2013 a vcelebrar el VI Domingo de Pascua — 5 de Mayo — Pascua del Enfermo — 

SUBSIDIO LITÚRGICO
El Buen Samaritano

"Anda y haz tú lo mismo" (Lc 10, 37)

Sugerencias pastorales

En el clima propio de este tiempo pascual la Iglesia de España ha puesto la Pascua del Enfermo.

Ha de ser un día y una fecha especiales para expresar que los enfermos y sus familias tienen un lugar importante en la Comunidad, que están en su corazón como lo estuvieron en el corazón de Cristo.

La comunidad parroquial deberá movilizarse para facilitar la asistencia del mayor número posible de enfermos a la celebración.

El aprecio y cariño de la Comunidad por los enfermos pueden expresarse con gestos concretos, un sencillo objeto que sirva de recuerdo y ánimo, un mensaje de la comunidad para la situación personal... Pequeños detalles que se entregan al finalizar la Eucaristía, o se llevan al domicilio cuando el enfermo no ha podido participar en la celebración.

La celebración es un buen momento para destacar la importancia de quienes se ocupan de los enfermos en la comunidad, el equipo parroquial que anima y coordina, los ministros extraordinarios de la comunión, el testimonio y la preocupación de toda la comunidad por sus miembros enfermos... Se trata de un pequeño gesto de apoyo y agradecimiento a su entrega.

Monición de entrada

El amor de Dios manifestado en Cristo resucitado, sigue animando nuestra vida. Este domingo nos ofrece el modelo de una Iglesia que crece movida por el Espíritu Santo, tanto en conocimiento como en amor, en fortaleza y en comprensión.

Hoy los enfermos y sus familias, los profesionales de la salud, tienen un espacio especial en nuestra celebración: es la Pascua del Enfermo. Un día y una celebración para unirnos a tanto dolor y sufrimiento como hay en nuestro entorno parroquial, pero también para decirles que no están solos, que lo mismo que Jesús mostró su cercanía y su preocupación, lo hace la parroquia como cuerpo asistencial de Dios.

La celebración de hoy nos invita a reflexionar sobre nuestro amor a Jesús, su Palabra y su Espíritu y, como en la parábola del Buen Samaritano cuando Jesús es preguntado por "quién es mi prójimo", Jesús sigue dando la misma respuesta que se hace invitación: "Anda y haz tú lo mismo». Convencidos de que estamos aquí porque le amamos en los hermanos, comenzamos nuestra celebración pendientes de lo que Él quiere, pendientes de su Palabra.

Oración de los fieles

Llenos de gozo por la Resurrección y unidos a Cristo, que intercede siempre por nosotros, elevemos, nuestra oración al Padre.

 

Por la Iglesia universal, para que dé testimonio de la resurrección con su amor a Jesucristo y viva en el amor del Espíritu. Roguemos al Señor.

Por el Papa y los pastores de la Iglesia para que en su adecuada expresión y vivencia de la fe ayuden a llevar las cargas de los otros. Roguemos al Señor.

Por los enfermos para que se sientan bien tratados y aliviados y el Señor les sostenga en la fe y la esperanza por el camino de la vida. Roguemos al Señor.

Por las familias de los enfermos y cuantos se dedican a curar y cuidar a los enfermos para que lo hagan con profesionalidad y el cariño de sentirse "prójimos». Roguemos al Señor.

Por todos los que estamos aquí reunidos para que vivamos siempre atentos a las indicaciones del Espíritu, que nos guía hacia la fraternidad universal y enseña a hacernos prójimos de cuantos nos encontramos por el camino. Roguemos al Señor.

Señor y Dios nuestro, que has prometido hacer morada en aquel que escucha tu palabra y la guarda, escucha nuestra oración y envíanos el Espíritu Santo, para que nos recuerde lo que Cristo ha dicho y enseñado y nos haga capaces de dar testimonio de ello con nuestras obras y palabras. Por Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina, inmortal y glorioso, por los siglos de los siglos.

Oración de la Campaña del Enfermo 2013

Jesús, Buen Samaritano,

que viviste aliviando el sufrimiento

de quienes encontrabas en el camino,

como expresión de la misericordia del Padre.

Nuestro mundo arde en deseos de eternidad,

pero el camino de la vida es largo y tortuoso:

hay violencia, desgracia y desesperanza.

Nuestro mundo sufre.

Ayúdanos a bajar a lo profundo del corazón,

donde habitan las carencias

y se descubren las necesidades,

donde se escucha el grito del dolor,

la voz de quien sufre y necesita.

Danos entrañas de misericordia,

para que no demos rodeos ante los que sufren

y sepamos caminar con los ojos del corazón abiertos

para ayudar a quienes nos necesitan.

Haznos, Señor, buenos samaritanos

para que el mundo descubra en nuestra vida

el rostro misericordioso del Padre. Amén

Sugerencias para la homilía

La Pascua del Enfermo constituye una oportunidad para evocar algunas claves de referencia cristiana ante el sufrimiento, vivido en términos de acompañamiento o de experiencia propia del mismo. Jesús constituye siempre nuestro referente ético y pastoral para hacer bien al que sufre y hacer bien con el propio sufrimiento. El corazón del ser humano se mide por su capacidad para aliviar el sufrimiento, propio y ajeno.

"Anda y haz tú lo mismo" (Lc 10, 37) es una invitación al encuentro compasivo con la característica de una eficaz proximidad en comportamientos de tocar, ver, acercarse, dejarse afectar, comprometer la propia energía liberadora ante el sufrimiento.

Desde la tradición bíblica y a lo largo de la historia del cristianismo la compasión es misericordia y amor al prójimo, que viene del amor a Dios. Se expresa como un estremecimiento de las entrañas que comporta la misericordia y tiene diferentes momentos: ver, entrar en contacto con alguna realidad de sufrimiento mediante los sentidos; estremecerse, impulso interior o movimiento íntimo de las entrañas; y actuar, es decir, que mueve a la acción. Se trata, pues de una voluntad de "volver del revés el cuenco del corazón" y derramarse compasivamente sobre el sufrimiento ajeno sentido en uno mismo. Agustín de Hipona a la misericordia la llamó "el lustre del alma" que la enriquece y la hace aparecer buena y hermosa.

"Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana" (Spe Salvi 38). Se subraya así el potencial humanizador de la compasión ante el sufrimiento humano que se encarna, entre otras formas en la empatía que ha de caracterizar todo acompañamiento en el sufrir, con la ternura a la que nos ha invitado el Papa Francisco en sus primeras intervenciones.

La capacidad de silencio, de asombro y admiración, de contemplar y de discernir, de profundidad, de trascender, de conciencia de lo sagrado y de comportamientos virtuosos como el perdón, la gratitud, la humildad o la compasión son elementos propios de lo que entendemos por inteligencia y competencia espiritual, necesarias para la formación del corazón de los agentes de pastoral y profesionales de la salud (Deus Caritas Est 31).

En la parábola descubrimos al personaje del herido que se deja curar y cuidar por un extraño. Puede ser una provocación del Señor para preguntarnos a todos por nuestras propias vulnerabilidades y nuestra disposición a dejarnos querer, cuidar y ayudar, porque todos somos a la vez heridos y agentes de pastoral, sanadores heridos, en el fondo.


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