Martes, 30 de abril de 2013

Carta monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 5º domingo de Pascua (28 de abril de 2013). (AICA)

Sobre la comunión y el diálogo

En el Evangelio de este domingo (Jn. 13,31-35) el Señor nos presenta un mandamiento nuevo: “ámense los unos a los otros, así como yo los he amado, ámense también ustedes… en esto reconocerán que ustedes son mis discípulos”[/n] (Jn. 13,34-35). Este pedido de Jesús sabemos que es exigente y que es un componente esencial para vivir la condición de cristianos, a tal punto que por la práctica de este mandamiento seremos reconocidos como discípulos de Jesús. Si somos sinceros, ante este pedido tan claro que nos hace el Señor, tendríamos que avergonzarnos, porque en nuestra sociedad, comunidades y familias a veces prevalece la práctica del “ojo por ojo y diente por diente”. Lo peor es que en muchos que se denominan rápidamente cristianos, ni siquiera existe este cuestionamiento. Al contrario lo normal como tipo social es el circuito del daño, totalmente distanciado del perdón y la reconciliación. No por casualidad en diversos documentos y mensajes reiteradamente se señala la necesidad de acentuar una eclesiología y espiritualidad de comunión.

El Evangelio de este domingo nos señala categóricamente: “ámense los unos a los otros”. Este es el fundamento de una comunión que todos debemos tener en cuenta en nuestro camino de discipulado. La realidad nos muestra que muchas veces la fe que tenemos como “don”, no llega a impregnar situaciones de la vida diaria donde terminan dominándonos aspectos negativos de nuestros afectos: enojos, celos, envidias, o cosas perores. Relaciones humanas que a veces tenemos con seres queridos y cercanos, laborales o de otros tipos que la vivimos sin evangelizarlas. Cuando pasa esto algunas enseñanzas cristianas quedan en el olvido, el perdonar de corazón, retomar el diálogo, buscar amar a los enemigos, o bien rezar por lo que nos persiguen. Dichas enseñanzas son una exigencia para que el cristiano viva su Fe como discipulado. Es una exigencia crucificante y liberadora. Cuando somos capaces de tomar una decisión de diálogo y perdón rompemos el circuito del odio y la venganza con el arma del amor. La fe que es un “don” de Dios madura en nuestra vida cotidiana cuando en algunas situaciones vividas o decisiones que tenemos que tomar asumimos al Evangelio, al Señor, que es la “Palabra”.

Hace pocos días en la “jornada de formación permanente del clero” junto a la mayoría de los sacerdotes y diáconos de nuestra Diócesis, compartimos y experimentamos un momento fuerte de comunión con Dios y entre nosotros. Al estar en el año de la fe, rezamos y reflexionamos sobre este don que recibimos en nuestra propia vocación y misión. También compartimos la necesidad de seguir profundizando durante este año 2013 esta búsqueda de ser comunidades más discípulas y misioneras tratando de seguir el pedido de nuestro Papa Francisco de “ir a las periferias geográficas, y existenciales del corazón”. Privilegiando a los que no están, a los más pobres y necesitados.

El testimonio de comunión y diálogo de los cristianos también es un servicio a nuestra sociedad y cultura en donde sobreabundan las ambiciones provocadas por la fama, el poder el dinero y la superficialidad… Esto lleva a la mezquindad, al buscar objetivos sin medir el daño que se puede provocar para lograrlos… negar o distorsionar la realidad desde posturas autoritarias llevan inexorablemente al “fracaso”. Los cristianos y gente de recta conciencia en este domingo estamos llamados por el Evangelio que leemos al diálogo y a la comunión. Sabemos que cuando empezamos a asumir compromisos en el camino del amor a Dios y a los hermanos, generamos un horizonte de “esperanza”.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.


Publicado por verdenaranja @ 23:41  | Hablan los obispos
 | Enviar