Viernes, 31 de mayo de 2013

Comentario al evangelio de la Solemnidad del Corpus Christi/C por Jesús Álvarez SSP

Pan del Cielo para todos

Por Jesús Álvarez SSP

"El día comenzaba a declinar. Los Doce se acercaron para decirle: «Despide a la gente para que se busquen alojamiento y comida en las aldeas y pueblecitos de los alrededores, porque aquí estamos lejos de todo"». Jesús les contestó: «Denles ustedes mismos de comer». Ellos dijeron: «No tenemos más que cinco panes y dos pescados. ¿O desearías, tal vez, que vayamos nosotros a comprar alimentos para todo este gentío?». De hecho había unos cinco mil hombres. Pero Jesús dijo a sus discípulos: «Hagan sentar a la gente en grupos de cincuenta». Así lo hicieron los discípulos, y todos se sentaron. Jesús entonces tomó los cinco panes y los dos pescados, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, los partió y se los entregó a sus discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse. Después se recogieron los pedazos que habían sobrado, y llenaron doce canastos"(Lc. 9,11-17).(Zenit.org)

La multiplicación de los panes preanuncia la Eucaristía, en la que se multiplica y se sirve el Pan de la Palabra y el Pan de la Vida, que, desde la Última Cena, es distribuido para salvación de los hombres en todos los tiempos y en todo el mundo, aunque todavía de forma muy limitada.

La Última Cena fue la primera misa. Jesús estaba para regresar al Padre y su inmenso amor a los discípulos lo llevó a buscar una forma inaudita de quedarse con ellos y con nosotros para siempre: la Eucaristía, en la que cumple a la letra su promesa: “Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20).

En la Eucaristía los fieles ejercen su sacerdocio real que el Espíritu Santo les confirió en el bautismo, haciéndolos “pueblo sacerdotal”, “ofrenda agradable al Padre” en unión con Cristo. Así comparten con Él la obra de la propia salvación y la salvación de la humanidad.

En la Comunión se da la máxima unión entre Jesús y nosotros; una fusión como la del alimento: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Quien coma de este pan, vivirá para siempre” (Jn. 6, 51). “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida” (Jn. 6, 55). "Quien come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él" (Jn. 6, 56). “Quien me come, vivirá por mí” (Jn. 6, 57).

Todo el que comulga con fe y amor, puede en verdad decir con san Pablo: “Ya no soy yo el que vive; es Cristo quien vive en mí” (Gá 2, 20). Y se cumple la consoladora palabra de Jesús: “Quien está unido a mí, produce mucho fruto” (Jn 15, 5). Creámosle a Jesús presente en la Eucaristía.

La comunión, unión real con Cristo, requiere y produce la comunión fraterna, empezando por casa. No recibe a Cristo quien comulga y luego alimenta rencores, violencia o indiferencia hacia el prójimo, con el que Cristo mismo se identifica: “Todo lo que hagan a uno de estos mis hermanos, a mí me lo hacen” (Mt. 25, 40).

"Donde falta la fraternidad, sobra la Eucaristía", porque la ausencia de amor fraterno destruye la Eucaristía, que es fiesta del amor divino y del amor humano. Si los ojos de la fe y del corazón perciben a Cristo en la Eucaristía, también lo percibirán presente en el prójimo.

Quien comulga por rutina, sin amor a Cristo y al prójimo, tenga en cuenta la advertencia de san Pablo: “Quien come y bebe indignamente el cuerpo y la sangre de Cristo, se traga y bebe su propia condenación". (1Cor. 11,29). Decir o pensar que se cree en Jesús, y llevar luego una vida contraria a la suya, es estar en su contra: “Quien no está conmigo, está contra mí” (Lc. 11, 23).

Jesús, que mandó a los discípulos que dieran de comer a todos, instituyó la Eucaristía para todos los hijos de Dios, hermanos suyos y nuestros, de todas las latitudes y de todos los tiempos… "Esto es mi cuerpo entregado… y mi sangre derramada por ustedes" (Lc. 22, 19-20).

La Iglesia posee el tesoro sublime de la Eucaristía. Sin embargo, multitud de bautizados mueren de anemia espiritual ante la indiferencia de muchos discípulos de Cristo, encargados de distribuir a todos el Pan de los Ángeles. ¿Será voluntad de Jesús que la Iglesia reserve para tan pocos el Pan que él quiso para todos?


Publicado por verdenaranja @ 23:15  | Espiritualidad
 | Enviar

ZENIT publica la homilía que el papa dirigió a los fieles en el curso de la Celebración Eucarística de la Solemnidad del santísimo Cuerpo y sangre de Cristo, el jueves 30 de Mayo de 2013,  en el atrio de la Basílica de Juan de Letrán.

Queridos hermanos y hermanas:

En el Evangelio que hemos escuchado, hay una expresión de Jesús que me impresiona siempre: "Dadles de comer vosotros mismos" (Lc 9,13). Partiendo de esta frase, me dejo guiar por tres palabras: seguimiento, comunión, compartir.

1. Sobre todo: ¿Quiénes son aquellos a los que dar de comer? La respuesta la encontramos en el inicio del pasaje evangélico: es la multitud. Jesús está en medio de la gente, la acoge, le habla, la cura, le muestra la misericordia de Dios; en medio de ella elige a los Doce Apóstoles para estar con El y sumirse como El en las situaciones concretas del mundo. Y la gente le sigue, le escucha, porque Jesús habla y actúa de modo nuevo, con la autoridad de quien es auténtico y coherente, de quien habla y actúa con verdad, de quien da la esperanza que viene de Dios, de quien es revelación del Rostro de un Dios que es amor. Y la gente, con alegría, bendice a Dios.

Esta tarde nosotros somos la multitud del Evangelio, también nosotros tratamos de seguir a Jesús para escucharle, para entrar en comunión con El en la Eucaristía, para acompañarle y para que nos acompañe. Preguntémonos: ¿cómo sigo a Jesús? Jesús habla en silencio en el Misterio de la Eucaristía y cada vez nos recuerda que seguirlo quiere decir salir de nosotros mismos y hacer de nuestra vida no una posesión nuestra, sino un don de El y a los otros.

2. Demos un paso adelante: ¿de dónde nace la invitación que hace Jesús a los discípulos de alimentar ellos mismos a la multitud? Nace de dos elementos: sobre todo de la multitud que, siguiendo a Jesús, se encuentra al aire libre, lejos de los lugares habitados, mientras se hace de noche, y luego de la preocupación de los discípulos que piden a Jesús despedir a la multitud para que vaya a los pueblos cercanos a encontrar alimento y alojamiento (cfr Lc 9,12). Frente a la necesidad de la multitud, he aquí la solución de los discípulos: cada uno piense en sí mismo; ¡despedir a la multitud! ¡Cuántas veces nosotros los cristianos tenemos esta tentación! No nos hacemos cargo de las necesidades de los otros, despidiéndoles con un piadoso: "¡Que Dios te ayude!". O con un no tan piadoso: "¡Buena suerte!".

Pero la solución de Jesús va en otra dirección, una dirección que sorprende a los discípulos: "Dadles vosotros mismos de comer". ¿Pero cómo es posible que seamos nosotros los que den de comer a una multitud? "Sólo tenemos cinco panes y dos peces, a menos que no vayamos a comprar víveres para toda esta gente". Pero Jesús no se desanima: pide a los discípulos que hagan sentarse a la gente en comunidades de cincuenta personas, alza los ojos al cielo, recita la bendición, parte los panes y los da a los discípulos para que los distribuyan. Es un momento de profunda comunión: la gente que ha bebido la palabra del Señor, es ahora nutrida por su pan de vida. Y todos fueron saciados, anota el evangelista.

Esta tarde, también nosotros estamos en torno a la mesa del Señor, a la mesa del Sacrificio eucarístico, en el que El nos da una vez más su cuerpo, hace presente el único sacrificio de la Cruz. Y en el escuchar su Palabra, en el nutrirnos de su Cuerpo y Sangre, El nos hace pasar de ser multitud a ser comunidad, del anonimato a la comunión. La Eucaristía es el Sacramento de la comunión, que nos hace salir del individualismo para vivir juntos el seguimiento, la fe en El. Entonces deberemos preguntarnos todos ante el Señor: ¿cómo vivo yo la Eucaristía? ¿La vivo en modo anónimo o como momento de verdadera comunión con el Señor, pero también con tantos hermanos y hermanas que comparten esta misma misa? ¿Cómo son nuestras celebraciones eucarísticas?

3. Un último elemento: ¿De dónde nace la multiplicación de los panes? La respuesta está en la invitación de Jesús a los discípulos: “Ustedes mismos den...”, “dar”, compartir. ¿Qué cosa comparten los discípulos? Lo poco que tienen: cinco panes y dos peces. Pero son justamente estos panes y estos peces los que en las manos del Señor sacian a toda la multitud.

Y son justamente los discípulos desorientados delante de la incapacidad de sus medios --la pobreza de lo que pueden poner a disposición-- quienes hacen acomodar a la gente y distribuyen --confiando en la palabra de Jesús- los panes y peces que sacian a la multitud.

Y esto nos dice que en la Iglesia, pero también en la sociedad, una palabra llave de la que no debemos tener miedo es: “solidaridad”, saber dar, o sea, poner a disposición de Dios todo lo que tenemos, nuestras humildes capacidades, porque solamente compartiendo, en el don, nuestra vida será fecunda, dará fruto. Solidaridad: !una palabra mal vista por el espíritu mundano!

Esta noche, una vez más, el Señor nos distribuye el pan que es su cuerpo, se hace don. Y también nosotros sentimos la “solidaridad de Dios” con el hombre, una solidaridad que no se acaba nunca, una solidaridad que nunca deja de asombrarnos: Dios se vuelve cercano a nosotros, en el sacrificio de la Cruz se humilla entrando en la oscuridad de la muerte para darnos su vida, que vence el mal, el egoísmo y la muerte.

Jesús esta noche también se dona a nosotros en la eucaristía, comparte muestro mismo camino, más aún se hace alimento, el verdadero alimento que sustenta nuestra vida, incluso en los momentos durante los cuales la calle se vuelve dura y los obstáculos retardan nuestros pasos.

Y en la eucaristía el Señor nos hace recorrer su camino, el del servicio, el compartir, el don. Lo poco que tenemos, lo poco que somos, si se comparte se vuelve riqueza, porque la potencia de Dios, que es la del amor, baja dentro de nuestra pobreza para transformarla.

Preguntémonos entonces esta noche, adorando a Cristo realmente presente en la eucaristía: ¿Me dejo transformar por Él? Dejo que el Señor que se dona a mi me guíe para hacerme salir de mi pequeño recinto, para salir y no tener miedo de donarme, de compartir, de amarle y de amar a los otros?

Seguimiento, comunión, compartir. Recemos para que la participación en la eucaristía nos incite siempre: a seguir al Señor cada día, a ser instrumentos de comunión, a compartir con Él y con nuestro prójimo lo que somos. Entonces nuestra existencia será verdaderamente fecunda. Amén.

Traducido del italiano por ZENIT


Publicado por verdenaranja @ 12:06  | Habla el Papa
 | Enviar

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio dela Solemnidad del Corpus Christi

EN MEDIO DE LA CRISIS  

         La crisis económica va a ser larga y dura. No nos hemos de engañar. No podremos mirar a otro lado. En nuestro entorno más o menos cercano nos iremos encontrando con familias obligadas a vivir de la caridad, personas amenazadas de desahucio, vecinos golpeados por el paro, enfermos sin saber cómo resolver sus problemas de salud o medicación.

         Nadie sabe muy bien cómo irá reaccionando la sociedad. Sin duda, irá creciendo la impotencia, la rabia y la desmoralización de muchos. Es previsible que aumenten los conflictos y la delincuencia. Es fácil que crezca el egoísmo y la obsesión por la propia seguridad.

         Pero también es posible que vaya creciendo la solidaridad. La crisis nos puede hacer más humanos. Nos puede enseñar a compartir más lo que tenemos y no necesitamos. Se pueden estrechar los lazos y la mutua ayuda dentro de las familias. Puede crecer nuestra sensibilidad hacia los más necesitados. Seremos más pobres, pero podemos ser más humanos.

         En medio de la crisis, también nuestras comunidades cristianas pueden crecer en amor fraterno. Es el momento de descubrir que no es posible seguir a Jesús y colaborar en el proyecto humanizador del Padre sin trabajar por una sociedad más justa y menos corrupta, más solidaria y menos egoísta, más responsable y menos frívola y consumista.

         Es también el momento de recuperar la fuerza humanizadora que se encierra en la eucaristía cuando es vivida como una experiencia de amor confesado y compartido. El encuentro de los cristianos, reunidos cada domingo en torno a Jesús, ha de convertirse en un lugar de concienciación y de impulso de solidaridad práctica.

         La crisis puede sacudir nuestra rutina y mediocridad. No podemos comulgar con Cristo en la intimidad de nuestro corazón sin comulgar con los hermanos que sufren. No podemos compartir el pan eucarístico ignorando el hambre de millones de seres humanos privados de pan y de justicia. Es una burla darnos la paz unos a otros olvidando a los que van quedando excluidos socialmente.

         La celebración de la eucaristía nos ha de ayudar a abrir los ojos para descubrir a quiénes hemos de defender, apoyar y ayudar en estos momentos. Nos ha de despertar de la “ilusión de inocencia” que nos permite vivir tranquilos, para movernos y luchar solo cuando vemos en peligro nuestros intereses. Vivida cada domingo con fe, nos puede hacer más humanos y mejores seguidores de Jesús. Nos puede ayudar a vivir la crisis con lucidez cristiana, sin perder la dignidad ni la esperanza.

                


Publicado por verdenaranja @ 11:52  | Espiritualidad
 | Enviar

Oración para la adoración Eucarística de Juan Pablo II

Señor Jesús:

 

Nos presentamos ante ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. 

"Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios" (Jn. 6,69). 

Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres. Aumenta nuestra FE. 

Por medio de ti y en el Espíritu Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido al tuyo. 

Contigo ya podemos decir: Padre nuestro. 

Siguiéndote a ti, "camino, verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y "ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia: Escuchadlo" (Mt. 17,5). 

Con esta FE, hecha de escucha contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los diversos sectores de la vida familiar y social. 

Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo. 

Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros" (Heb. 7,25). 

Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre. 

Queremos sentir como tú y valorar las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin de todo. 

Apoyados en esta ESPERANZA, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta. 

Queremos AMAR COMO TÚ, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres. Quisiéramos decir como San Pablo: "Mi vida es Cristo" (Flp. 1,21).

Nuestra vida no tiene sentido sin ti. 

Queremos aprender a "estar con quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre, porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa). 

Entrando en tu intimidad, queremos adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones fundamentales según nuestra propia vocación cristiana. 

CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y velad conmigo" (Mt. 26,38). 

Tú superas la pobreza de nuestros pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de amigo y con una presencia de donación. 

El Espíritu Santo que has infundido en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables" (Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra. 

En nuestras noches físicas y morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque muchas veces no sentiremos la consolación. 

Aprendiendo este más allá de la ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio". 

Entonces nuestra oración se convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la contemplación. 

Gracias a ti, nuestra capacidad de silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR. 

Nos has dado a tu Madre como nuestra para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre. 

Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera, que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y comunicarla a todos los hermanos. Amén.

Juan Pablo II.


Publicado por verdenaranja @ 11:35  | Oraciones
 | Enviar
Mi?rcoles, 29 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece el discurso del papa en la Audiencia General del miércoles 29 de Mayo de 2013 que ha tenido lugar en la Plaza de San Pedro, dirigido a grupos de peregrinos y fieles de Italia y otros países.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El miércoles pasado me referí al profundo vínculo entre el Espíritu Santo y la Iglesia. Hoy quisiera empezar algunas catequesis sobre el misterio de la Iglesia, un misterio que todos vivimos y del que formamos parte. Me gustaría hacerlo con expresiones que están muy presentes en los textos del Concilio Vaticano II.

Hoy iniciamos con la primera: la Iglesia como familia de Dios.

En los últimos meses, más de una vez he hecho referencia a la parábola del hijo pródigo, o más bien del padre misericordioso (cf. Lc. 15,11-32). El hijo más joven deja la casa de su padre, dilapida todo y decide volver porque se da cuenta de que cometió un error, pero ya no se considera digno de ser hijo y piensa que puede ser recibido de nuevo como un siervo. El padre por el contrario, corre a su encuentro, le abraza, le devuelve su dignidad de hijo y celebra. Esta parábola, como otras en el evangelio, señala muy bien el diseño de Dios para la humanidad.

¿Cuál es este plan de Dios? Es hacer de todos nosotros sus hijos, una sola familia, en la que cada uno se sienta amado por Él, como en la parábola evangélica, que sienta la calidez de ser familia de Dios. En este gran diseño encuentra su origen la Iglesia, que es una organización fundada por acuerdo de algunas personas, pero --como nos lo ha recordado muchas veces el papa Benedicto XVI--, es obra de Dios, nace de este plan de amor que se desarrolla progresivamente en la historia. La Iglesia nace del deseo de Dios de llamar a todas las personas a la comunión con Él, a su amistad, y de participar como hijos de su misma vida divina. La misma palabra "Iglesia", del griego ekklesia, significa "invitación". Dios nos llama, nos invita a salir del individualismo, de la tendencia a encerrarse en sí mismos y nos llama a ser parte de su familia. Y esta llamada tiene su origen en la creación misma. Dios nos creó para que vivamos en una relación de profunda amistad con Él, e incluso cuando el pecado ha roto esta relación con Él, con los demás y con la creación, Dios no nos ha abandonado. Toda la historia de la salvación es la historia de Dios que busca al hombre, le ofrece su amor, le acoge.

Llamó a Abraham para ser el padre de una multitud, ha elegido al pueblo de Israel para forjar una alianza que abrace a todas las naciones, y envió, en la plenitud de los tiempos, a su Hijo para que su designio de amor y de salvación se realice en una nueva y eterna alianza con la entera humanidad. Cuando leemos los evangelios, vemos que Jesús reúne a su alrededor una pequeña comunidad que acoge su palabra, lo sigue, comparte su camino, se convierte en su familia, y con esta comunidad Él prepara y edifica su Iglesia.

¿De dónde nace entonces la Iglesia? Nace del acto supremo del amor en la cruz, del costado traspasado de Jesús, del que fluyó sangre y agua, símbolo de los sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. En la familia de Dios, en la Iglesia, la savia vital es el amor de Dios que se concretiza en el amarlo a Él y a los demás, a todos, sin distinción ni medida. La Iglesia es una familia en la que se ama y se es amado.

¿Cuándo se manifiesta la Iglesia? Lo hemos celebrado hace dos domingos; se manifiesta cuando el don del Espíritu Santo llena el corazón de los apóstoles y les impulsa a salir y a empezar el camino para anunciar el evangelio, a difundir el amor de Dios.

Incluso hoy en día, alguien dice: "Cristo sí, Iglesia no". Como los que dicen "yo creo en Dios pero no en los presbíteros". Pero es la Iglesia la que nos lleva a Cristo y nos lleva a Dios; la Iglesia es la gran familia de los hijos de Dios. Por supuesto que también tiene aspectos humanos, en los que la componen; en los pastores y fieles hay defectos, imperfecciones, pecados. Incluso el papa los tiene y tiene muchos, pero lo hermoso está en que cuando nos damos cuenta de que somos pecadores, nos encontramos con la misericordia de Dios, que siempre perdona. No se olviden: Dios siempre perdona y nos recibe en su amor, que es perdón y misericordia. Algunos dicen que el pecado es una ofensa a Dios, pero también una oportunidad para la humillación, para darse cuenta de que hay algo mejor: la misericordia de Dios. Pensemos en esto.

Preguntémonos hoy: ¿Cuánto amo a la Iglesia? ¿Rezo por ella? ¿Me siento parte de la familia de la Iglesia? ¿Qué hago para que sea una comunidad donde todos se sientan acogidos y comprendidos, que sientan la misericordia y el amor de Dios que renueva la vida? La fe es un don y un acto que nos toca personalmente, pero Dios nos llama a vivir nuestra fe juntos, como una familia, como Iglesia.

Pidamos al Señor, de una manera especial en este Año de la Fe, para que nuestras comunidades, toda la Iglesia, sean cada vez más verdaderas familias que viven y ofrecen el calor de Dios.

Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.


Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Habla el Papa
 | Enviar

Desde el Departamento de Comunicaciones deo Obispado de Tenerife nos envían la ORACIÓN EN COMUNION CON EL PAPA Y CON TODA LA IGLESIA

ORACIÓN EN COMUNION CON EL PAPA Y CON TODA LA IGLESIA

Señor Jesús, Dios y hombre verdadero, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar.

Con toda mi fe y postrado ante Ti, te digo: "Señor mío y Dios mío". 

Tú nos dices: "Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré". 

Confiados en tu palabra, en nombre propio y sintiendo en nuestro corazón las angustias y tristezas de todos los que sufren, te suplicamos que nos concedas alivio y consuelo para nuestras penas y amor generoso para socorrer a nuestros hermanos más necesitados. 

Aquí estamos Señor, ante Ti, en esta hora, en la que por toda la tierra tu Iglesia esta reunida en oración en comunión con nuestro Santo Padre, el Papa Francisco. 

De todo corazón, nos unimos a sus intenciones y pedimos: 

- Por la Iglesia difundida en todo el mundo y hoy, en signo de unidad, recogida en Adoración de la Santísima Eucaristía. Para que el Señor la haga cada vez más obediente a la escucha de su Palabra. Y de este modo, pueda presentarse delante del mundo cada vez más "resplandeciente, sin mancha ni arruga y sin ningún defecto, sino santa e inmaculada". 

- Por los que en las diferentes partes del mundo viven el sufrimiento de nuevas esclavitudes y son víctimas de las guerras, de la trata de personas, del narcotráfico y del trabajo esclavo. 

- Por los niños y las mujeres que sufren cualquier tipo de violencia, por los que se encuentran en precariedad económica, sobre todo los desempleados. 

- Por los ancianos, los inmigrantes, los sin techo, los presos y todos los que sufren marginación. 

Por todos ellos, despierta tu poder, Señor, y sálvanos.

 

Te pedimos a Ti, Señor y Dios nuestro, Jesucristo, que con el Padre vives y reinas en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Oraciones
 | Enviar

Desde la Vicesecretaría del Obispado de Tenerife se nos envía la siguiente información.

"Tengan en cuenta las intenciones y el lema que figuran en la siguiente información:

ADORACIÓN EUCARÍSTICA EN SIMULTÁNEA MUNDIAL CON EL PAPA FRANCISCO

Con el lema «Un solo Señor, una sola fe», durante una hora el mundo permanecerá unido en la oración y en la adoración del Santísimo Sacramento, en unión con el Obispo de Roma. A la Hora Santa del próximo domingo, que presidirá el Papa desde la Basílica de San Pedro, se unirán las catedrales y parroquias de todas las diócesis del mundo. En concreto, en la diócesis nivariense, el obispo preside la hora de adoración eucarística en la sede Catedral de La Laguna a las 16 horas, otro tanto se hará en algunas parroquias de la diócesis a la misma hora y día.

El mismo Santo Padre Francisco ha presentado las intenciones de oración para este momento importante de súplica: se rezará por la Iglesia difundida en todo el mundo, para que el Señor la haga cada vez más obediente a la escucha de su Palabra; y para que esta Palabra que salva resuene brindado misericordia, consuelo, alegría y serenidad. El Santo Padre pide también que se rece por cuantos en diversas partes del mundo sufren las nuevas esclavitudes y son víctimas de las guerras, trata de personas, narcotráfico y del trabajo esclavo, por los niños y mujeres que padecen todo tipo de violencia, así como por los que viven en la precariedad económica, sin empleo, ancianos, inmigrantes, sin techo, encarcelados y marginados.

La cita es para las cinco de la tarde, hora de Roma, que en Rarotonga, Islas Cook, coincidirán con las cinco de la madrugada; las diez de la mañana, en Nueva Orleans, Estados Unidos; las once de la noche en Hanoi, Viet Nam; y las tres de la madrugada del 3 de junio, en Christchurch, Nueva Zelanda.


 | Enviar
Lunes, 27 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece la habitual colaboración del obispo de San Cristóbal de las Casas, México, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, que reflexiona sobre la necesidad de prestar atención a la realidad de la familia hoy.

Atención a la familia
Buscar respuestas pastorales

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

Estamos realizando nuestra asamblea diocesana ordinaria, y el tema central es la familia. Nos sentimos impulsados a abordar esta realidad, porque nuestros diáconos y catequistas de comunidades, que viven más de cerca los fenómenos actuales, ya trataron este asunto en sus respectivos encuentros. Nos llevan la delantera porque sienten en carne propia lo que están viviendo sus familias, y no los podemos dejar sin un debido acompañamiento pastoral. Por ello, nos propusimos como objetivo: Inspirados en los valores del Reino, acercarnos con el corazón a la realidad pluricultural que se vive en la familia hoy, para buscar respuestas pastorales que favorezcan su acompañamiento humano, cristiano y eclesial.

La realidad que nos han presentado tiene rasgos dramáticos. Hemos escuchado testimonios desgarradores, como el de un joven hijo de padres separados; un hijo abandonado por sus padres con sus abuelos y metido en alcohol, drogas, pandillas, robos y cárceles; una madre soltera; una familia indígena y otra bien integrada.

Los catequistas enumeran seis problemas particulares: Cambio en los modos de pensar y de vivir; migración para trabajar o estudiar en otros lados; aumento de niños abandonados y de madres solteras; la modernidad y la tecnología; violencia en la familia; alcoholismo.

Comparto sólo algo de lo que dicen sobre el cambio cultural, que es más sensible en las comunidades indígenas: La idea capitalista-neoliberal que aplasta a la sociedad y a la familia, es una idea que está agarrando el pueblo y que nos impone otra forma de ver y entender el mundo y la vida, diferente al de nuestra cultura y nuestros antepasados, haciéndonos perder nuestra identidad, nuestras raíces. Ahora deseamos otro modo de vida en que los valores son reemplazados por la búsqueda de la comodidad, de una vida más fácil y superficial; nos hace más ambiciosos. No nos damos cuenta que en la idea capitalista hay un engaño que deja el corazón vacío, dividido, confundido. La educación en las escuelas no está bien porque cambia los pensamientos. Se nos imponen otras ideologías y modos de vivir. Los padres ya no deciden sobre los hijos; los jóvenes y los niños les hacen más caso y les creen más a los maestros que a sus padres y así van perdiendo el respeto al consejo de los mayores. Los medios de comunicación (internet, televisión) llenan la cabeza y el corazón de ideas ajenas a nuestros valores. Se ha cambiado el modo de ver y entender a la familia; los padres no educan y aconsejan a sus hijos sobre el matrimonio; el matrimonio se va viendo como algo desechable, pasajero. No hay formalidad en compromisos. Por eso se da un aumento en adulterios y en uniones libres.

ILUMINACION

Reflexionando en la Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia, los mismos hermanos han hecho esta reflexión de fe: Creemos que Dios es familia, es comunidad. Por eso la familia, que es regalo de Dios, es sagrada y tiene mucha importancia para nuestro Dios. Nuestro Señor Jesucristo vivió la experiencia de la vida de familia. Nos dio ejemplo de vivir el respeto y la obediencia a sus padres; nunca abandonó a María, su madre. Siempre supo reconocer lo que es ser hijo, tanto Hijo de Dios como hijo de José y María. El, como parte de una familia, nos enseñó a vivir muchos valores como sencillez, humildad, honestidad, alegría, respeto, amor. Jesús es un ejemplo que debemos seguir. José y María nos enseñan que como padres debemos educar a los hijos en la casa; debemos enseñarles a trabajar.

COMPROMISOS

Se propone: Para renovarnos y renovar la vida de nuestras familias, necesitamos abrir nuestro corazón a Dios, a su palabra, vivir una fuerte espiritualidad y alcanzar un nuevo estilo de vida que sea como Dios quiere. Es necesario construir amistad en la familia preocupándonos unos por otros; valorar y profundizar la igualdad entre hombre y mujer. Valorar la vida de la familia porque es sagrada, pilar de la vida de las comunidades y base de la sociedad. La familia debe ser una prioridad. Hay que protegerla, mantenerla sana, libre de toda maldad.

Esperamos impulsar una fuerte pastoral familiar.


Publicado por verdenaranja @ 23:04  | Hablan los obispos
 | Enviar

ZENIT nos ofrece las palabras del papa al introducir la oración del Angelus el 26 de Mayo de 2013 dirigidas a los fieles y los peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

¡Queridos hermanos y hermanas! ¡Buenos días!

Esta mañana he hecho mi primera visita en una parroquia de la diócesis de Roma. Doy gracias al Señor y os pido que recéis por mi servicio pastoral en esta Iglesia de Roma, que tiene la misión de presidir en la caridad universal.

Hoy es el Domingo de la Santísima Trinidad. La luz del tiempo pascual y de Pentecostés renueva cada año en nosotros la alegría y el asombro de la fe: reconozcamos que Dios no es algo vago, nuestro Dios no es un Dios spray, es concreto, no es un abstracto, sino que tiene un nombre: "Dios es amor". No un amor sentimental, emotivo, sino el amor del Padre que está al origen de cada vida, el amor del Hijo que muere en la cruz y se eleva, el amor del Espíritu que renueva al hombre y al mundo. Pensar que Dios es amor nos hace tanto bien, porque nos enseña a amar, a darnos a los otros como Jesús se ha dado a nosotros. Y camina con nosotros y Jesús que camina con nosotros en el camino de la vida.

La Santísima Trinidad no es el producto de razonamientos humanos, es el rostro con el que Dios mismo se ha revelado, no desde lo alto de una cátedra, sino caminando con la humanidad, y es precisamente Jesús que nos ha revelado al Padre y nos que nos ha prometido al Espíritu Santo. Dios ha caminado con su pueblo en la historia del pueblo de Israel. Y Jesús ha caminado siempre con nosotros. Nos ha prometido el Espíritu Santo que es el fuego y nos enseña todo eso que nosotros no sabemos, que dentro de nosotros nos guía, nos da buenas ideas y buenas inspiraciones.

Hoy alabamos a Dios no por un misterio particular, sino por Él mismo, "por su gloria inmensa", como dice el himno litúrgico. Lo alabamos y le damos gracias porque es Amor, y porque nos llamar a entrar en el abrazo de su comunión, que es vida eterna.

Confiamos nuestra alabanza a las manos de la Virgen María. Ella, la más humilde entre las criaturas, gracias a Cristo ya ha llegado a la meta del peregrinaje terreno: está ya en la gloria de la Trinidad. Por esto, María nuestra madre, la Virgen brilla para nosotros como signo de segura esperanza. Es la madre de la esperanza, en nuestro camino, en nuestra vía es la madre de la esperanza, es la madre también que nos consuela, la madre de la consolación y la madre que nos acompaña en el camino.

Ahora rezamos a la Virgen, todos juntos a nuestra madre que nos acompaña en el camino.

Después de la oración mariana, el santo padre ha añadido:

Queridos hermanos y hermanas,

ayer, en Palermo, fue proclamado Beato Don Giuseppe Puglisi, sacerdote y mártir, asesinado por la mafia en 1993. Don Puglisi fue un sacerdote ejemplar, dedicado especialmente a la pastoral juvenil. Educando a los jóvenes según el Evangelio sacándoles de la mala vida, y así ésta ha tratado de derrotarlo asesinándolo. En realidad, sin embargo, es él que ha vencido, con Cristo Resucitado. Pienso en el dolor de tantos hombres y mujeres, también niños que son explotados por tantas mafias, que les explotan, haciéndoles hacer un trabajo que les hace esclavos, con la prostitución, con tantas presiones sociales. Detrás de estas explotaciones, detrás de esta esclavitud, hay mafias. Recemos al Señor para que convierta el corazón de estas personas. No pueden hacer esto, no pueden hacer de nosotros hermanos, esclavos. Debemos rezar al Señor. Recemos para que estos mafiosos y mafiosas se conviertan a Dios. Te alabamos Señor por este luminoso testimonio, de don Giuseppe Puglisi.

Saludo con afecto a todos los peregrinos presentes, las familias, los grupos parroquiales venidos de Italia, España, Francia y muchos otros países. Saludo en participar a la Asociación Nacional san Pablo de los Oradores y de los Círculos Juveniles, nacida hace 50 años al servicio de los jóvenes. Queridos amigos, san Filippo Neri, que hoy recordamos, y el beato Giuseppe Puglisi apoyen vuestro compromiso. Saludo al grupo de católicos chinos aquí presentes, que se han reunido en Roma para rezar por la Iglesia en China, invocando la intercesión de María Auxiliadora.

Dirijo un pensamiento a cuantos promueve la "Jornada del Socorro", en favor de los enfermos que viven el tramo final de su camino terreno; como también la Asociación Italiana de Esclerosis Múltiple. ¡Gracias por vuestro compromiso! Saludo a la Asociación Nacional Arma de Caballería, y a los fieles de Fiumecello, en Pádova.

¡Buen domingo a todos! y ¡buena comida!

Traducido del italiano por Rocío Lancho García


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Habla el Papa
 | Enviar

Homilía del santo padre en la parroquia de santos Isabel y Zacarías (Zenit.org)

La Virgen acude siempre con prontitud a la necesidad de su hijos  

Cuando María conoció la noticia que sería madre de Jesús, también el anuncio de que su prima Isabel estaba embarazada, dice el Evangelio, se fue con prontitud. No esperó, no ha dicho: ahora yo estoy embarazada, debo tener cuidado con mi salud, mi prima tendrá amigas que quizá le ayudarán. Ella escuchó algo y se fue con prontitud. Es bonito pensar esto de la Virgen, de nuestra madre, que va con prontitud porque tiene esto dentro. Ayudar, va para ayudar, no va para decirle a la prima: ahora mando yo porque soy la madre de Dios. No, no ha hecho eso. Ha ido a ayudar. Y la Virgen siempre es así, es nuestra madre que siempre viene con prontitud cuando nosotros lo necesitamos. Sería bonito añadir a las letanías de la Virgen una que diga así: "Señora que va con prontitud, ora por nosotros". Es verdad eso ¿no? Porque ella va siempre con prontitud. Ella no se olvida de sus hijos, y cuando sus hijos están en dificultad, tienen necesidad y la invocan, ella va con prontitud. Y esto nos da una seguridad, una seguridad de tener la madre al lado, junto a nosotros, siempre. Se camina mejor en la vida cuando tenemos a la madre cerca. Pensemos en esta gracia de la Virgen, esta gracia que nos da de estar cerca de nosotros pero sin hacernos esperar, siempre, ella es, tengamos confianza en esto para ayudarnos. La Virgen que siempre va con prontitud, por nosotros. También la Virgen nos ayuda a entender bien a Dios, a Jesús, a entender bien la vida de Jesús y la vida de Dios; a entender bien qué es el Señor, cómo es el Señor, quién es Dios.

A vosotros, niños, os pregunto ¿quién sabe quién es Dios? Alzad las manos. Dime. Eso es. Creador de la Tierra. Y ¿cuántos Dioses hay? Uno. Pero a mí me han dicho que hay tres, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. ¿Cómo se explica esto? ¿Hay uno o hay tres? ¡Uno, uno! ¿Y cómo se explica que uno sea el Padre, el otro el Hijo y el otro el Espíritu Santo? Fuerte, fuerte, esa está bien. Son tres en uno. Tres personas en una. ¿Y qué hace el Padre? El Padre es el principio, el Padre que ha creado todo, nos ha creado a nosotros. ¿Qué hace el Hijo? ¿Qué hace Jesús? ¿Quién sabe qué hace Jesús? Nos ama, y además lleva la Palabra de Dios, Jesús viene a enseñarnos la Palabra de Dios. Muy bien esa. Y después ¿qué ha hecho Jesús en la Tierra? Nos ha salvado. Y Jesús ha venido para dar su vida por nosotros. El Padre crea el mundo, Jesús nos salva y el Espíritu Santo ¿qué hace? ¡Nos ama! ¡Nos da el amor! Todos los niños juntos: el Padre crea el mundo, Jesús nos salva y el Espíritu Santo nos ama. Y esta es la vida cristiana, hablar con el Padre, hablar con el Hijo y hablar con el Espíritu Santo. Y Jesús nos ha salvado pero también camina con nosotros en la vida. ¿Es verdad esto? ¿Y cómo camina, qué hace cuando camina con nosotros en la vida? Esta es difícil, quien la haga gana el derby. ¿Qué hace Jesús cuando camina con nosotros? ¡Fuerte! Primero nos ayuda, ¡nos guía! Muy bien. Camina con nosotros, nos ayuda, nos guía y nos enseña a ir adelante. Y también Jesús nos da la fuerza para caminar, de verdad. ¡Nos sostiene! en las dificultades ¿verdad? Y también en las tareas de la escuela. Nos sostiene, nos ayuda, nos guía, nos sostiene. Eso es, Jesús va siempre con nosotros. Pero escucha, Jesús nos da la fuerza. ¿Cómo nos da la fuerza Jesús? Eso lo sabéis, ¿cómo nos da la fuerza? Fuerte, no oigo. En la comunión nos da la fuerza y precisamente nos ayuda con la fuerza. Él viene a nosotros. Pero cuando vosotros decís nos da la comunión, pero ¿un trozo de pan tanta fuerza te da? ¿Pero eso no es pan? Es pan. Esto es pan pero lo que hay en el altar ¿es pan o no es pan? Parece pan, ¡bien! No es pan ¿qué es? Es el cuerpo de Jesús, Jesús viene en nuestro corazón. Pensemos en esto. El Padre nos ha dado la vida, Jesús nos ha dado la salvación, nos acompaña, nos guía, nos sostiene, nos enseña. El Espíritu Santo, ¿qué nos da el Espíritu Santo? ¡Nos ama! Nos da el amor.

Pensemos a Dios así y pidamos a la Virgen, la Virgen nuestra madre, con prontitud siempre, que nos enseña a entender bien cómo es Dios, cómo es el Padre, cómo es el Hijo y cómo es el Espíritu Santo.


Publicado por verdenaranja @ 22:53  | Habla el Papa
 | Enviar
Domingo, 26 de mayo de 2013

ZENIT publica las palabras del papa al inicio de la celebración y el texto de la meditación del santo padre al presidir el 23 de Mayo de 2013 en la basílica vaticana, la solemne profesión de fe del episcopado italiano, reunido en la 65ª Asamblea General.

 

Doy gracias a su eminencia por este saludo y felicitaciones también por el trabajo de esta asamblea. Muchas gracias a todos vosotros. Estoy seguro que el trabajo ha sido fuerte porque vosotros tenéis muchas tareas. Primero: la Iglesia en Italia - todos- el diálogo con las instituciones culturales, sociales, políticas que es una tarea vuestra y no es fácil. También el trabajo a realizar es fuerte con las conferencias regionales, para que sean la voz de todas las regiones, tan diferentes; y esto es bonito. También el trabajo, sé que hay una comisión para reducir el número de las diócesis tan grandes. No es fácil, pero hay una comisión para esto. Id adelante con fraternidad, la conferencia episcopal va adelante con este diálogo, como he dicho, con las instituciones culturales, sociales, políticas. Es cosa vuestra. ¡Adelante!

Meditación del santo padre:

Queridos hermanos en el episcopado:

Las lecturas bíblicas que hemos escuchado nos hacen reflexionar. A mi me han hecho reflexionar mucho. He hecho como una meditación para nosotros obispos, primero para mí, obispo como vosotros, y la comparto con vosotros.

Es significativo - y estoy particularmente contento - que nuestro primer encuentro sea aquí, sobre el lugar que custodia no solo la tumba de Pedro, sino la memoria viva de su testimonio de fe, de su servicio a la verdad, de su donarse hasta el martirio por el Evangelio y por la Iglesia.

Esta tarde este altar de la Confesión se convierte así en nuestro lago de Tiberiades, sobre cuyas orillas escuchamos de nuevo el estupendo diálogo entre Jesús y Pedro, con la pregunta dirigida al apóstol, que debe resonar también en nuestro corazón de obispos.

"¿Me amas?", "¿Eres mi amigo?" (cfr Jn 21,15ss).

La pregunta se dirige a un hombre que, no obstante solemnes declaraciones, se ha había dejado llevar por el miedo y había renegado.

"¿Me amas?", "¿Eres mi amigo?"

La pregunta se dirige a mi y a cada uno de nosotros, a todos nosotros: si evitamos responder de forma muy apresurada y superficial, ésta nos empuja a mirarnos dentro, a entrar de nuevo en nosotros mismos.

"¿Me amas?", "¿Eres mi amigo?"

El que sondea los corazones (cfr Rm 8,27) se hace mendicante de amor y nos interroga sobre la única cuestión verdaderamente esencial, premisa y condición para pastar a sus ovejas, a sus corderos, su Iglesia. Cada ministerio se funda sobre esta intimidad con el Señor; vivir de Él es la medida de nuestro servicio eclesial, que se expresa en la disponibilidad a la obediencia, al abajamiento, como hemos escuchado en la Carta a los Filipenses y a la donación total (cfr 2,6-11).

Del resto, la consecuencia de amar al Señor es dar todo - todo, hasta la misma vida - por Él: esto es lo que debe diferenciar nuestro ministerio pastoral; es la prueba de fuego que dice con qué profundidad hemos abrazado el don recibido respondiendo a la llamada de Jesús y cuánto estamos unidos a las personas y a las comunidades que se nos han confiado. Somos expresión de una estructura o de una necesidad organizativa: también con el servicio de nuestra autoridad estamos llamados a ser signo de la presencia y de la acción del Señor resucitado, a edificar por lo tanto, la comunidad en la caridad fraterna.

No es que esto sea obvio: también el amor más grande, de hecho, cuando no se alimenta continuamente, se atenúa y se apaga. No por nada el apóstol Pablo advierte: "Velen por ustedes, y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha constituido guardianes para apacentar a la Iglesia de Dios, que él adquirió al precio de su propia sangre" (Hch 20, 28).

La falta de vigilancia -lo sabemos - hace tibio al Pastor; lo hace distraído, olvidadizo e incluso impaciente; lo seduce con la perspectiva de la carrera, el señuelo del dinero y los compromisos con el espíritu del mundo; lo hace perezoso, transformándolo en un funcionario, un clérigo de estado preocupado más de sí, de las organizaciones y de las estructuras, que del verdadero bien del Pueblo de Dios. Se corre el riesgo, entonces, como el apóstol Pedro, de negar al Señor, aunque formalmente se nos presenta y nos habla en su nombre; se atenúa la santidad de la Madre Iglesia jerárquica, haciéndola menos fecunda.

¿Quién somos, hermanos, delante de Dios? ¿Cuáles son nuestras pruebas? Tenemos muchas, cada uno de nosotros las suyas. ¿Qué nos está diciendo Dios a través de ellas? ¿Sobre qué nos estamos apoyando para superarlas?

Como para Pedro, la pregunta insistente y sincera de Jesús puede dejarnos doloridos y más consciente de la debilidad de nuestra libertad, amenazada como está por miles de condicionamientos internos y externos, que a menudo suscitan pérdida, frustración, incluso incredulidad.

No son realmente estos los sentimientos y los comportamiento que el Señor pretende suscitar; es más, de éstos se aprovecha el enemigo, el diablo, para aislar en la amargura, en la lamentación y en el desaliento.

Jesús, buen Pastor, no humilla ni abandona al arrepentido: en Él habla la ternura del Padre, que consuela y anima; hace pasar de la desintegración de la vergüenza - porque realmente la vergüenza nos desintegra - al tejido de la confianza; da valor, confía responsabilidad, entrega a la misión.

Pedro, que purificado al fuego del perdón puede decir humildemente "Señor, tu lo sabes todo; tú sabes que te amo" (Jn 21, 17). Estoy seguro que todos nosotros podemos decirlo de corazón. Y Pedro purificado, en su primer Carta nos exhorta a pastar "apacienten el Rebaño de Dios, (...) velen por él, no forzada, sino espontáneamente, (...); no por un interés mezquino, sino con abnegación; o pretendiendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el Rebaño. (1Pd 5, 2-3).

Sí, ser Pastores significa creer cada día en la gracia y en la fuerza que nos viene del Señor, no obstante nuestra debilidad, y asumir hasta el fondo la responsabilidad de caminar delante del rebaño, liberando de las cargas que dificultan la sana celeridad apostólica y sin vacilar en la guía, para hacer reconocible nuestra voz tanto de los que abrazan la fe, como de los que todavía "no son de este corral" (Jn 10, 16): estamos llamados a hacer nuestro el sueño de Dios, cuya casa no conoce exclusión de persones o de pueblos, como anunciaba proféticamente Isaías en la Primera Lectura (cfr Is 2,2-5).

Por esto, ser Pastores quiere decir también estar dispuesto a caminar en medio y detrás de las ovejas: capaces de escuchar la silenciosa historia de quien sufre y de apoyar el paso de quien teme no ser capaz; atentos a levantar, a tranquilizar y a infundir esperanza. Del compartir con los humildes nuestra fe sale siempre reforzada: dejemos de lado, por tanto, cualquier forma de arrogancia, para inclinarnos antes los que el Señor nos ha confiado a nuestro cuidado. Entre estos, un lugar particular, bien particular, reservémoslo a nuestro sacerdotes: sobre todo para ellos, nuestro corazón, nuestra mano y nuestra puerta estén siempre abiertas a cualquier circunstancia. Ellos son los primeros fieles que tenemos nosotros obispo: nuestros sacerdotes. ¡Amémosles! ¡Amémosles de corazón! ¡Son nuestros hijos y nuestros hermanos!

Queridos hermanos, la profesión de fe que ahora renovamos juntos no es un acto formal, sino que es renovar nuestra respuesta al "Sígueme" con el que se concluye el Evangelio de Juan (21, 19): lleva a desplegar la propia vida según el proyecto de Dios, comprometiéndose a todo por el Señor Jesús. De aquí brota el discernimiento que conoce y se hace cargo de los pensamientos, de las esperas y de las necesidades de los hombres de nuestro tiempo.

Con este espíritu, doy gracias de corazón a cada uno de vosotros por vuestro servicio, por vuestro amor a la Iglesia.


Publicado por verdenaranja @ 23:45  | Habla el Papa
 | Enviar

Homilía de monseñor Agustín Roberto Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján en el Tedeúm del 25 de Mayo (Basílica Nuestra Señora de Luján, 25 de mayo de 2013) (AICA)


Queridos hermanos todos en el Señor: en este tiempo celebrativo del bicentenario de nuestra patria: 2010 -2016, nos encontramos en la casa de nuestra madre y patrona, Nuestra Señora de Luján, para dar gracias a Dios por este nuevo aniversario, conmemorando los 203 años del primer gobierno patrio. ¡Te Deum laudamus! A ti Dios nuestra alabanza por tantos beneficios concedidos.

Este marco de acción de gracias tiene una connotación histórica particular y absolutamente gratuita, como todos los dones de Dios: la alegría de contar con el querido Papa Francisco, un hijo de nuestra patria y de nuestra Iglesia, a quien Jesús llamó como obispo de Roma, sucesor del apóstol Pedro, sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Los cardenales han querido elegir un papa fuera de Europa, procedente del tercer mundo, de sud América y argentino.

El ha querido adoptar el nombre de Francisco y conocemos por sus propias palabras que lo hizo en atención al santo de Asís, en el cual brillaron el amor a la pobreza evangélica, el amor a la paz y el amor por la creación. Tres realidades que hoy continúan reclamando toda nuestra atención para vivir de un modo más digno este mundo que compartimos.

Al pensar en estas reflexiones, vino a mi memoria el famoso discurso de Martin Luther King (1), señero en la historia de los derechos humanos que inmortalizara, pocos años antes de su asesinato, con la famosa frase: Yo tengo un sueño…(I have a dream). Permítanme también expresar cómo sueño a esta tierra bendita que habitamos, iluminando los pensamientos con frases del Papa Francisco recientemente pronunciadas.
Me apoyaré en los tres amores de San Francisco señalados anteriormente:

Con respecto al amor a la pobreza:
En el encuentro con los periodistas que habían cubierto desde Roma la elección papal, el Pontífice explicó que “Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo,... Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa –dice–, él me confortaba.

Y cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso, porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con los pobres, he pensado en Francisco de Asís” (2).

La Argentina de hoy “tiene demasiados pobres y excluidos, los cuente quien los contare… Lo que hay detrás de los números son personas, hombres y mujeres, ancianos, jóvenes y niños. No se trata sólo de un problema económico o estadístico. “Es primariamente un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial”… No podemos admitir que se consolide una sociedad dual. –Decía hace poco más de tres años el entonces Cardenal Bergoglio– “Más allá de los esfuerzos que se realizan, debemos reconocer que somos una sociedad injusta e insolidaria que ha permitido, o al menos consentido, que un pueblo otrora con altos índices de equidad sea hoy uno de los más desiguales e injustos de la región” (3).

Sueño, y creo que todos los hombres de buena voluntad comparten este sueño, con una patria más equilibrada socialmente, donde quien tiene comparta y no solo acumule y quien no tiene pueda ser aliviado en su necesidad dignamente: pudiendo encontrar un trabajo que le de bienestar para él y su familia; una educación que lo saque del aislamiento y lo haga capaz de abrirse horizontes justos y liberadores; una acceso a la salud que le permita desarrollarse en igualdad de condiciones; una inclusión social que lo haga protagonista y no solo receptor de ayudas. Es mucho lo que se viene haciendo, pero es mucho todavía lo que falta para crecer en justicia y hermandad. Al concluir este primer punto no puedo dejar de citar lo que el Papa Francisco dijo a los periodistas en el encuentro que he referido: “como me gustaría una Iglesia pobre para los pobres”

Con respecto a la paz:
En su Mensaje para la Cuaresma de este año el entonces cardenal primado de la Argentina manifestaba que “Poco a poco nos acostumbramos a oír y a ver, a través de los medios de comunicación, la crónica negra de la sociedad contemporánea, presentada casi con un perverso regocijo, y también nos acostumbramos a tocarla y a sentirla a nuestro alrededor y en nuestra propia carne. El drama está en la calle, en el barrio, en nuestra casa y, por qué no, en nuestro corazón. Convivimos con la violencia que mata, que destruye familias, aviva guerras y conflictos en tantos países del mundo. (…). El sufrimiento de inocentes y pacíficos no deja de abofetearnos; el desprecio a los derechos de las personas y de los pueblos más frágiles no nos son tan lejanos; el imperio del dinero con sus demoníacos efectos como la droga, la corrupción, la trata de personas –incluso de niños– junto con la miseria material y moral son moneda corriente. (…). Nuestros errores y pecados como Iglesia tampoco quedan fuera de este gran panorama. Los egoísmos más personales justificados, y no por ello más pequeños, la falta de valores éticos dentro de una sociedad que hace metástasis en las familias, en la convivencia de los barrios, pueblos y ciudades, nos hablan de nuestra limitación, de nuestra debilidad y de nuestra incapacidad para poder transformar esta lista innumerable de realidades destructoras. (…)” (4)

La paz es un don de Dios, brota de la reconciliación y de la derrota del pecado en todas sus formas conseguida por la muerte y resurrección de Cristo: sólo en El encontramos la verdadera paz. Sueño con que esa paz brote de corazones renovados por el amor de Dios, corazones humildes que sepan perdonar para poder ser perdonados y así podamos recomenzar con la esperanza que el Señor nos regala.

Con respecto al amor por la creación:
Finalizando la explicación de la elección de su nombre el Santo Padre afirma que San Francisco es “el hombre que ama y custodia la creación; en este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan buena,…”

Al respecto, el año pasado, los Obispos de la Patagonia en su declaración sobre la minería a cielo abierto manifestaron la necesidad de un compromiso serio para “garantizar que los pueblos y zonas cercanas a los emprendimientos mineros puedan mantener: su forma de vida, sus trabajos, sus costumbres productivas, su agua, sus cerros, sus bosques… La voluntad política de un efectivo control social sobre tales emprendimientos;…”

Por esto sueño con una nación donde se multipliquen las fuentes de trabajo aquí y en el interior de nuestra Patria, pero nunca el afán de ganancias debe ir en desmedro de lo que Dios nos dio en esta maravillosa tierra argentina.

Decía el Papa el día en que iniciaba su ministerio petrino: “Pero la vocación de custodiar no sólo nos atañe a nosotros, los cristianos, sino que tiene una dimensión que antecede y que es simplemente humana, corresponde a todos. Es custodiar toda la creación, la belleza de la creación, como se nos dice en el libro del Génesis y como nos muestra san Francisco de Asís: es tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos” (5).

Sueño con la “ecología humana”, es decir la interrelación del hombre con todo lo que existe. La tierra no soporta más la explotación del ser humano y se hace necesaria una armonía con el entorno, sin romper el equilibrio natural con la tierra que es la casa común, debemos cuidarla y eso nos corresponde como humanidad. No bastan los esfuerzos aislados. En este sueño también entra el respeto a la vida en todas sus formas y fases, en todas las condiciones, especialmente las más vulnerables.

Para finalizar, queridos hermanos, deseo agradecer, en la persona de nuestra presidenta, al Estado Nacional que destinó aportes importantes para hacer realidad el compromiso asumido en su primer decreto por el entonces Presidente de la República, el Dr. Néstor Kirchner. Sin esta asistencia no hubiera sido posible regalarles a los argentinos la renovada belleza de esta casa que nos cobija a todos.

En la conclusión de este Te Deum, al tiempo de agradecer a Dios y a nuestros hermanos también queremos anunciar a Jesucristo. “Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, Esposa del Señor” (6). Por eso abramos nuestro corazón a la esperanza sabiendo que como Dios nos acompañó en el pasado, nos acompañará también en el futuro.

Hay unas palabras que el Papa Francisco dirigió en comunicación telefónica desde Roma a los jóvenes que hacían una vigilia de oración en la Catedral de Buenos Aires el 19 de marzo a la madrugada, son muy sencillas y muy claras: “Les quiero pedir un favor, que caminemos juntos todos. Cuidémonos los unos a los otros. Cuídense entre ustedes. No se hagan daño.

Cuídense… cuiden a los niños, cuiden a los viejos. Que no haya odios, que no haya peleas. Dejen de lado la envidia. No le saquen el cuero a nadie. Dialoguen. Que entre ustedes este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón…”

Caminemos con esperanza, con fe y vivamos el amor fraterno desde una solidaridad cada vez mayor. No lo hacemos solos o meramente desde nuestra voluntad. El Señor camina con nosotros, está vivo, nos espera, nos busca, nos perdona y nos impulsa a formar una verdadera familia. El Papa Francisco el día 8 de mayo pasado, fiesta de la Virgen de Luján, decía en la plaza de San Pedro en Roma: “Deseo hacer llegar a todos los hijos de esas queridas tierras argentinas mi sincero afecto, a la vez que pongo en manos de la Santísima Virgen todas sus alegrías y preocupaciones”. Que ella interceda ante su hijo Jesucristo, Señor de la historia, para que nos conceda la alegría de vivir en este querido suelo argentino con justicia, libertad y amor.

Señor, aquí estamos ante ti para ser agradecidos por nuestra Patria, por los que habitan este suelo argentino, por tener en el cura Brochero, próximo beato, un hombre de Dios y de su pueblo, por habernos regalado un papa de nuestra tierra y por los millones de hermanos que creen en vos y luchan por una Argentina mejor.

Concédenos seguir caminando hacia este cielo nuevo y tierra nueva donde todos podrán participar en la nueva creación. Amén

Mons. Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján

Notas:

(1) Martin Luther King, discurso, pronunciado el 28 de agosto de 1963 desde las escalinatas del Monumento a Lincoln durante la Marcha en Washington por el trabajo y la libertad.
(2) SS Francisco, Encuentro con los representantes de los medios de comunicación. Vaticano, 16 de marzo de 2013.
(3) Bergoglio, Jorge Mario. Conferencia en la XIII Jornada Arquidiocesana de Pastoral Social. 16 de octubre de 2010.
(4) Bergoglio, Jorge Mario. Homilía miércoles de cenizas. 13 de febrero de 2013.
(5) SS Francisco, Homilía en la inauguración de su ministerio petrino. Vaticano, 19 de marzo de 2013.
(6) SS Francisco, Homilía en la Santa misa con los Cardenales. 14 de marzo de 2013.


Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Homil?as
 | Enviar
S?bado, 25 de mayo de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo de la Antísima Trinidad - C ofreecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de la Stma. Trinidad C 

La solemnidad de la Santísima Trinidad es una fiesta preciosa.  Es como si dijéramos, “la fiesta de Dios”. Nos acercamos al misterio más grande que Jesús nos ha revelado acerca de Dios. Podríamos decir que se nos manifiesta algo de lo que es “Dios por dentro”: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Pero aquí no se trata  de satisfacer una curiosidad intelectual, sino de acercarnos al  Misterio, que Dios nos ha dado a conocer a lo largo de la Historia de la Salvación, que recordamos y celebramos a lo largo del  año.

Por eso, terminadas las fiestas pascuales, celebramos, con inmensa alegría, el Domingo de la Santísima Trinidad, que centra nuestros ojos en Dios, que nos enseña cómo tenemos que relacionarnos con Él,  y que nos anima a la adoración, a la acción de gracias, a la alabanza, a la súplica, al culto del Señor.

A primera vista, hablar de la Santísima Trinidad parece que no tiene mucha importancia. Incluso, pudiera parecernos que entorpece,  más que aclara, el Misterio. Pero, por poco que reflexionemos, cuánto nos dice acerca de Dios.

¡Decir que Dios es Padre es decir mucho de Dios!

Nuestro Dios, no es, por tanto un “ser supremo”,  sin corazón, que vaga sobre las nubes del cielo, indiferente a cuanto sucede en la tierra; ni “el dios del palo” que nos acecha siempre para “castigarnos”, ni “el dios abuelo”, que nos quiere tanto, que se desentiende de lo que hagamos, sea malo o bueno.

¡Decir que Dios es Hijo es decir mucho de Dios!

Dios es el Hijo único del Padre, engendrado desde toda la eternidad.

Él es la Persona Divina que se hace hombre para mostrarnos el verdadero rostro de Dios. Y, Hombre y Dios, tiene la facultad de “pagar nuestra deuda original” y de reconciliar al mundo con el Padre… De abrirnos a una vida nueva – la vida divina- que no termina jamás.  Él, camino, verdad y vida, nos enseña a vivir como verdaderos hijos de Dios.  Esto supone que el hombre no puede salvarse  solo. Por sí mismo, puede alejarse de Dios, pero no puede volver a Él. Tiene que venir el Hijo de Dios a salvarle.

¡Decir que Dios es Espíritu Santo es decir mucho de Dios!

Cuando Cristo se va, vuelve al Padre, no nos deja huérfanos, sino que nos envía el Espíritu Santo como “el otro Defensor”.

Es el Espíritu de la verdad, de la fortaleza y del consuelo… Dios, por tanto, no es un Ser alejado, olvidado de todo, indiferente…

Dios es Espíritu que lo penetra todo, lo conoce todo, incluso, “lo profundo de Dios”.

Ya vemos cuánto nos dice, nos enseña…, nos grita, incluso, esta gran solemnidad.

Démosle gracias porque nos ha manifestado este misterio tan grande, y pidámosle que nos ayude para conocerle, amarle, seguirle y darle a conocer, hasta que un día podamos contemplar cara a cara el esplendor infinito de su gloria.

 

                    ¡FELIZ DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 11:09  | Espiritualidad
 | Enviar

SANTÍSIMA TRINIDAD C  

MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

        El único Dios se revela como Trinidad de Personas en el Nuevo Testamento, pero ya el Antiguo Testamento había preparado, en cierto modo, esta revelación. Es lo que constatamos en esta lectura que vamos a escuchar, en la que  se nos presenta la sabiduría de Dios como si fuera una persona viviente. Para los cristianos, Jesucristo es la Sabiduría divina hecha carne. 

 

SALMO

        El misterio de Dios, revelado en las obras de la Creación impulsa al hombre a una alabanza agradecida como nos presenta el salmo responsorial.

        En este día en que celebramos el misterio de la Santísima Trinidad, aclamemos, pues, al Señor con este salmo.

 

SEGUNDA LECTURA

        En la segunda Lectura S. Pablo nos habla de la acción de las tres divinas Personas en nosotros: Estamos en paz con Dios por medio de Cristo. Y el Espíritu Santo ha derramado  en nuestros corazones el amor del Padre.

 

TERCERA LECTURA

        En el Evangelio Jesús nos habla de la unión inefable que existe entre las tres Personas divinas, con especial referencia al  Espíritu Santo.

        Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos de pie el aleluya.

 

COMUNIÓN

        En la Comunión Jesucristo se nos ofrece como el alimento principal de la vida de Dios, de la Santísima Trinidad, en nosotros, que poseemos desde el día de nuestro Bautismo.

        Que Él nos ayude a vivir como auténticos creyentes en el  Dios trino y uno, hasta que lleguemos a contemplar cara a cara el esplendor de su gloria.

 


Publicado por verdenaranja @ 11:03  | Liturgia
 | Enviar
Viernes, 24 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece el texto de mensaje de la la Comisión Episcopal de Pastoral Social, de la Conferencia Episcopal Española, que con motivo de la festividad de Corpus Christi, Día de la Caridad, que se celebra el próximo 2 de junio,  ha hecho público.

''La perfección del cristiano está en amar''
Mensaje de los obispos con motivo de Corpus Christi, Día de la Caridad

1.- Dios es Amor

“Dios es amor” nos dice S. Juan (1 Jn 4, 8). Como el ser y el obrar son inseparables en Dios, todas sus obras son fruto de su amor infinito. Entre todas las criaturas, el hombre, creado a su imagen y semejanza, es el objeto principal de su amor: “Mis delicias están con los hijos de los hombres” (Prov 8, 31). Por eso, habiendo perdido el hombre la relación con Dios a causa del pecado original, y sufriendo por ello, como consecuencia, la muerte del alma, Dios, por amor, se comprometió a salvarle a toda costa. S. Juan nos lo dice así: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Este amor incondicional y generoso ha de ser, pues, la norma de comportamiento para todo cristiano.

2.- La perfección del cristiano está en amar

A los que hemos sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y manifestamos la voluntad de seguir a Jesucristo, nos ha dicho el Señor: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt5, 48). La perfección de Dios se manifiesta en su amor: por eso, después de lavar los pies a sus discípulos, dice: “os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn13, 15). Y en la reflexión que les ofrece después que Judas había salido para entregarle, añade: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros” (Jn13, 34). Enseñándoles cómo debía ser ese amor, añade: “como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán que sois discípulos míos” (Jn13, 34-35).

3.- La ley del amor es la ley de la Iglesia

La ley del amor es la ley de la Iglesia fundada por Jesucristo. Cuando el Señor envía a sus Apóstoles, fundamento de su Iglesia, para que anunciaran el Reino de Dios, les dice: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado” (Mt 10, 40). La Iglesia ha de predicar siempre a Jesucristo en quien y por quien se hace presente el Reino de Dios. Y Jesucristo es la expresión plena del amor de Dios. Por tanto, la Iglesia, que es el Cuerpo de Jesucristo y le tiene como Cabeza, no puede realizarse como tal si no vive y predica el amor a Dios y el amor de Dios que no hace distinción de personas. Por eso “toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la palabra y los sacramentos…y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres”[1]. En consecuencia, la Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra”[2]. “Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia”[3].

4.- La Iglesia es el sujeto de la caridad

La caridad no es un ejercicio de la Iglesia reservado a algunos especialmente capacitados y dedicados a este servicio. Es un deber de todos y cada uno de los bautizados. El amor a Dios y al prójimo son inseparables. Quien ama a Dios no puede olvidar el amor al prójimo; ambos tienen su origen en Dios que nos ha amado primero y que nos ama siempre. Por tanto, nuestro amor no es una imposición de Dios o un precepto para mayor perfección. Es, sencillamente, una respuesta o una correspondencia lógica y necesaria a Dios que nos ha amado primero[4].

En razón de ello, podemos entender que en el reciente Motu proprio sobre el servicio de la caridad[5], insista sobre lo que ya dijo Benedicto XVI en la Encíclica “Deus Caritas est”: “todos los fieles tienen el derecho y el deber de implicarse personalmente para vivir el mandamiento nuevo que Cristo nos dejó, brindando al hombre contemporáneo no sólo sustento material, sino también sosiego y cuidado del alma”[6] .

5.- La dimensión caritativa en la responsabilidad de los pastores

Por todo ello, la promoción y orientación del ejercicio de la caridad es responsabilidad del Obispo como Pastor de la Iglesia particular. Y, “en la medida en que dichas actividades las promueva la propia Jerarquía, o cuenten explícitamente con el apoyo de la autoridad de los Pastores, es preciso garantizar que su gestión se lleve a cabo de acuerdo con las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia y con las intenciones de los fieles”[7].

6.- Eucaristía y caridad

La Eucaristía, “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad”[8], “nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega. Él nos atrae hacia sí”[9]. Por ello, la Eucaristía es la fuente de la verdadera caridad. “En la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo, que consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada y ni siquiera conozco”[10].

Así como el amor a Dios, especialmente cultivado en la Eucaristía, es el motor del amor al prójimo, también es cierto que “el amor al prójimo es un camino para encontrar a Dios. Cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios[11].

La Eucaristía, signo de unidad, es el fundamento y el alimento de la comunidad eclesial. Por tanto, la caridad, que brota de la Eucaristía, debe tener una dimensión eclesial, comunitaria; de tal modo que no quede como un ejercicio particular sino como la colaboración de cada uno en la obra de la Iglesia, sea a través de la parroquia, o de otra comunidad cristiana. El espíritu de caridad alimentado en la Eucaristía nos capacita para atender al prójimo (“cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar”)[12], mirándole con los ojos de Cristo. Entonces podemos descubrir sus necesidades reales y ofrecerle mucho más que cosas externas necesarias. Podremos ofrecerle la mirada de amor que él necesita[13]; la mirada de amor que merece Jesucristo. “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”[14].

7.- La íntima relación entre la fe y la caridad

En el Año de la Fe, es muy oportuna la reflexión acerca del mandato del amor fraterno, porque este no resulta plenamente lógico desde perspectivas simplemente humanas. Sin fe no es posible descubrir en el hermano doliente y necesitado, sea conocido o desconocido, amigo o enemigo, agradable o desagradable, su esencial condición de imagen y semejanza de Dios y, por tanto, el rostro de Jesucristo, varón de dolores que se refleja en él y que merece toda nuestra atención.

La caridad exige de nosotros una constante conversión que nos permita vencer todo egoísmo y olvido de los demás, y asumir la entrega generosa de lo que somos y tenemos. Pero este cambio sincero y profundo no es posible si no es movido por la fe. Así nos lo enseña Benedicto XVI: “La fe que actúa por el amor se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre”[15]. Y, al mismo tiempo, “la fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”[16]. La fe está en el origen de la vida eclesial; los fieles cristianos movidos por la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía ponían en común todos los bienes para atender las necesidades de los hermanos[17]. Todo ello nos lleva a concluir que “la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente. De modo que una permite a la otra seguir su camino”[18].

Debemos aprovechar, pues, el Año de la Fe como una oportunidad providencial para intensificar el testimonio de la caridad.

8.- Tres incentivos para el ejercicio de la caridad

El Año de la Fe, la celebración de la Eucaristía en la fiesta del Corpus Christi, y el aniversario del Concilio Vaticano II, especialmente explícito en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo, han de constituir un motivo especial de reflexión, de conversión y de proyectos personales y comunitarios ordenados al mejor ejercicio de la caridad con los necesitados.

9.- Una llamada a servir a los pobres

Jesús se ciñó la toalla, con humildad asumió el oficio de los esclavos y lavó los pies de los apóstoles. Precioso icono que nos invita a acercarnos a los hermanos más pobres, a los que sufren, a los más necesitados despojándonos de toda riqueza, de toda actitud de suficiencia, compartiendo con ellos lo que somos y tenemos. Sólo la solidaridad nos ayudará a avanzar por caminos que den vida y esperanza a los hermanos más pobres.Vivir sencillamente ayudará a que otros, sencillamente, puedan vivir, nos dice la campaña institucional de Caritas para este Año de la Fe.

Aprovechemos la llamada de Dios a través de la Iglesia y la gracia que el Señor nos ofrece constantemente para que avancemos en nuestra conversión rompiendo con individualismos egoístas y abriendo el alma a la generosidad del amor según el ejemplo de Jesucristo.

Escuchemos el clamor de los que mueren de hambre en el Tercer Mundo, de los que están en paro, de los mayores solos y de los enfermos, de los desahuciados y víctimas de violencia, que sientan el amor y la cercanía de todos nosotros a través de nuestro compromiso solidario.

5 de mayo de 2013

NOTAS

[1] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 19.

[2] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 22.

[3] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 25.

[4] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, nn.1y 17.

[5] BENEDICTO XVI, Motu Proprio “Intima ecclesiae natura”, 11 de noviembre de 2012.

[6] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n.28.

[7] BENEDICTO XVI, Motu Proprio “Intima ecclesiae natura”. Proemio.

[8] BENEDICTO XVI, Sacramentum caritatis, 47.

[9] BENEDICTO XVI, Sacramentum caritatis, 11.

[10] BENEDICTO XVI, Sacramentum caritatis, 88.

[11] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 16.

[12] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 15.

[13] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 18.

[14] Mt 25, 40.

[15] BENEDICTO XVI, Porta fidei, n.6.

[16] BENEDICTO XVI, Porta fidei, n.7.

[17] Cf. Hch 4, 18-19.

[18] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 14.


Publicado por verdenaranja @ 12:03  | Hablan los obispos
 | Enviar

Comentario al evangelio de la Santísima Trinidad/ C por Jesús Álvarez SSP.

Dios: misterio de vida, amor y felicidad en familia

Por Jesús Álvarez SSP

SANTIAGO DE CHILE, 23 de mayo de 2013 (Zenit.org) - "Dijo Jesús a sus discípulos: «Aún tengo muchas cosas que decirles, pero es demasiado para ustedes por ahora. Y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. Él no viene con un mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó y les anunciará lo que ha de venir. Él tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes»" (Jn. 16,12-15).

Como a los discípulos, también a nosotros nos falta mucho para conocer a Dios y para vivir el misterio de la Santísima Trinidad, nuestra felicísima Familia de origen y destino. Todos los teólogos, santos y ángeles juntos no sabrían explicarnos lo que es y cómo es nuestro Dios Amor Trinitario.

Lo más importante no es saber cómo son tres en uno y uno en tres, pues el sol también es a la vez uno y tres: fuego, luz y calor; también nuestro planeta es a la vez tierra, aire y agua. Y muchas otras “trinidades” de la creación demuestran que la Trinidad no constituye un absurdo.

Por otra parte, hay realidades que, aplicadasa la Trinidad, nos permiten acercarnos algo a ese glorioso misterio: Dios es vida, amor, belleza, sabiduría, poder, paz, relación y felicidad; todo al infinito y en Familia, constituida por el Padre, Hijo y Espíritu Santo. Tres personas distintas tan unidas, que son un solo Dios.

Para nosotros lo decisivo está en el hecho de que la Santísima Trinidad es nuestra felicísima Familia de origen y destino. El éxito total de la vida consistirá en alcanzar ese nuestro hogar eterno.

Poco importa que no podamos comprender el misterio de la Trinidad, pues sí que podemos, por gracia de Dios, amar, adorar, gozar, relacionarnos ya en la tierra con cada una de las tres divinas Personas de la Trinidad, para luego gozarlas por toda la eternidad.

La Trinidad en pleno se abaja y se digna habitar en nosotros como en su templo preferido, y se merece toda nuestra acogida amorosa e incondicional.

Perder a nuestra Familia eterna, sería el fracaso total e irremediable para siempre. Que Dios no lo permita y nosotros trabajemos y vivamos de tal manera que lo alcancemos gracias a la muerte y resurrección de Jesús.

En el paraíso de nuestra Familia Trinitaria se gozan siempre nuevos cielos y deleites, alegrías, maravillas y bellezas interminables. El ansia de placer se sacia y se acrecienta sin fin. Todos los placeres de este mundo son nada y como un trsite instante en comparación con aquellos.

Jesús nos indicó bien claro cómo nos hacemos miembros de la felicísima Familia Trinitaria y la alcanzamos: “Éstos son mi madre, mi padre, mis hermanos y hermanas: los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica” (Mc. 3, 33-35). “Quien quiera salvar su vida, la perderá; y quien pierda la vida por mí, la salvará” (Mt. 16, 25).

Mientras que fuera de “nuestro” paraíso, lejos de Dios, se desgarran siempre nuevos e insoportables sufrimientos, que tampoco tienen comparación con los de esta vida.

Más vale temer el infierno que caer en él por haber creído que no existía, pues no deja de existir por no creer en él, sino que por no creer en él se termina en él. ¡Inmensa desgracia irremediable para siempre jamás!

Mientras que, a quien ama a Dios y al prójimo, Él le dará –no obstante las cruces--, el ciento por uno aquí en la tierra en bienes, personas y gozos, y se los multiplicará al infinito para siempre en el hogar festivo dela Familia Trinitaria. (Cfr. Mt. 19, 29).


Publicado por verdenaranja @ 11:48  | Espiritualidad
 | Enviar
Jueves, 23 de mayo de 2013

Este sábado será beatificado Don Giuseppe Puglisi. Este sacerdote nació en la ciudad de Palermo, en septiembre de 1937 y fue asesinado por la mafia en su barrio el 15 de septiembre, día de su 56 cumpleaños. (Zenit.org)

El 17 de septiembre de 1993 Juan Pablo II en Verna, el monte donde san Francisco recibió los estigmas, quiso recordar a Don Giuseppe con estas palabras "En este lugar de paz y de oración, no puedo más que expresar el dolor con el que ayer por la mañana recibí la noticia del asesinato de un sacerdote de Palermo, don Giuseppe Puglisi. Elevo mi voz para deplorar que un sacerdote comprometido con el anuncio del Evangelio y en el ayudar a los hermanos a vivir honestamente, a amar a Dios y al prójimo, haya sido bárbaramente eliminado. Mientras imploro a Dios el premio eterno para este generoso ministro de Cristo, invito a los responsables de este delito a que se arrepientan y se conviertan. Que la sangre inocente de este sacerdote traiga paz a la querida Sicilia".

Y el cardenal Camillo Ruini, entonces presidente de la Conferencia episcopal italiana, añadió pocos días después: "Don Puglisi era un sacerdote ejemplar, que ha testimoniado con la realidad de su vida y con su misma muerte cómo la Iglesia sobre la vía que conduce de Cristo al hombre no puede ser detenida por nadie".

El padre Puglisi entró en el seminario de su diócesis en 1953 de Palermo y fue ordenado sacerdote el 2 de Julio de 1960 en la Iglesia-Santuario de la Virgen de los Remedios. En 1961 fue nombrado vicario cooperador de la parroquia del Salvador en el barrio Settecannoli, limítrofe con Brancaccio y en noviembre de 1964 empezó a trabajar también en la cercana iglesia de San Juan de los Lebrosos en Romagnolo. Desde 1962 fue confesor de las hermanas Hijas de Santa Macrina. Además desde 1963 fue profesor en varios colegios e institutos.

Desde los primeros años de su labor como sacerdote cuidó a los jóvenes y tuvo interés en las problemáticas sociales de los barrios marginados de la ciudad.

Prestó atención a los trabajos del Concilio Vaticano II y difundió enseguida, entre los fieles, los documentos, con especial cuidado a la renovación de la liturgia, a los documentos de los laicos, al valor del ecumenismo y de las iglesias locales. Su deseo siempre fue el de encarnar el anuncio de Jesucisto en el territorio, haciéndose cargo de todos los problemas para hacerlos propios de la comunidad cristiana.

En octubre de 1970 fue designado párroco de Godrano, un pequeño pueblo de la provincia de Palermo afectado por una sangrienta lucha entre familias, donde se quedó hasta el 31 de Julio de 1978, logrando reconciliar a las familias destrozadas por la violencia con la fuerza del perdón.

El octubre de 1980 fue nombrado vicedelegado regional del Centro de Vocaciones y desde el 5 de febrero 1986 fue director del Centro Regional de Vocaciones y miembro del Consejo Nacional. A los estudiantes y a los jóvenes del Centro Diocesano de Vocaciones dedicó largos años con mucha pasión y, a través de unos “campi-scuola”, realizó un camino formativo ejemplar desde el punto de vista pedagógico y cristiano.

En Palermo y otras partes de Sicilia fue animador de numerosos movimientos como “Presencia del Evangelio”, "Acción Católica", “Equipe Notre Dame” o “Caminar Juntos”.

Desde 1990 desarrolló su ministerio también en la “Casa de la Virgen de la Acogida” en Boccadifalco, obra del cardenal Ernesto Ruffini, en favor de mujeres jóvenes y madres en dificultad.

El 29 de noviembre de 1993 inauguró en Brancaccio el centro “Padre Nuestro” que se volvió punto de referencia para los jóvenes y las familias del barrio.

Colaboró con los laicos de la zona en una asociación para reivindicar los derechos civiles del barrio, denunciando colusiones y mala vida y padeciendo amenazas e intimidaciones.

Su actividad pastoral fue constituida como el móvil del homicidio, por este motivo, numerosas voces se levantaron pidiendo el reconocimiento del martirio.

En recuerdo de su empeño pastoral, son innumerables las escuelas, los centros sociales, los centros deportivas, las calles y las plazas con su nombre en Palermo, en toda Sicilia y en Italia. Incluso se han realizado conmemoraciones e iniciativas en Estado Unidos, el Congo y Australia.

Desde 1994, cada 15 de septiembre, aniversario de su muerte, marca el inicio del año pastoral de la diócesis de Palermo.

En el mes de diciembre de 1998, cinco años después de su muerte, el cardenal Salvatore De Giorgi pidió al Tribunal eclesiástico diocesano el reconocimiento del martirio. La investigación concluyó a nivel diocesano en mayo 2001 y el expediente fue enviado a la Congregación por las Causas de los Santos en Vaticano. En el mes de agosto de 2010 el Cardenal Paolo Romeo nombró el nuevo postulator, monseñor Vincenzo Bertolone.

En el mes de junio de 2012 la Congregación dio el consentimiento final a la promulgación del decreto para el reconocimiento del martirio de don Puglisi. La beatificación será finalmente este 25 de mayo en Palermo.

En el Centro Diocesano de Vocaciones de Palermo existe un "Archivo Puglisi" donde se recogen escritos publicados e inéditos, grabaciones, testimonios y artículos.


Publicado por verdenaranja @ 23:41
 | Enviar

ZENIT nos ofrece el texto de la catequesis de la Audiencia General del miércoles 22 de Mayo de 2013  en la Plaza de San Pedro, donde el santo padre se ha encontrado con grupos de peregrinos y fieles procedentes de Italia y de otros países.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En el Credo, después de haber profesado la fe en el Espíritu Santo, decimos: "Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica". Hay una conexión profunda entre estas dos realidades de la fe: es el Espíritu Santo, por lo tanto, el que da vida a la Iglesia, guía sus pasos. Sin la presencia y la acción incesante del Espíritu Santo, la Iglesia no podría vivir y no podría cumplir con la tarea que Jesús resucitado le ha confiado, de ir y hacer discípulos a todas las naciones (cf. Mt. 28,18).

Evangelizar es la misión de la Iglesia, no solo de unos pocos, sino la mía, la tuya, nuestra misión. El apóstol Pablo exclamaba: "¡Ay de mí si no predico el Evangelio!" (1 Cor. 9,16). Todo el mundo debe ser evangelizador, ¡sobre todo con la vida! Pablo VI señaló que "evangelizar… es la gracia y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda. Ella existe para evangelizar " (Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 14).

¿Quién es el verdadero motor de la evangelización en nuestra vida y en la Iglesia? Pablo VI lo escribió con claridad: "Es él, el Espíritu Santo, quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por Él, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado." (ibid., 75).

Para evangelizar, entonces, es necesario abrirse de nuevo al horizonte del Espíritu de Dios, sin temer a lo que nos pida y adónde nos lleve. ¡Confiemos en Él! Él nos permitirá vivir y dar testimonio de nuestra fe, e iluminará los corazones de aquellos que nos encontremos. Esta ha sido la experiencia de Pentecostés: a los Apóstoles, reunidos con María en el Cenáculo, "aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos, se llenaron todos de Espíritu Santo y se pusieron a hablar en diversas lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse" (Hechos 2,3-4). El Espíritu Santo descendiendo sobre los apóstoles, les hace salir de la sala en la que estaban cerrados por el miedo, los hace salir de sí mismos, y los convierte en anunciadores y testigos de las "maravillas de Dios" (v. 11). Y esta transformación obrada por el Espíritu Santo se refleja en la multitud que acudió al lugar y que provenía "de todas las naciones que hay bajo el cielo" (v. 5), por lo que todos escuchaban las palabras de los apóstoles, como si fueran dichas en su propia lengua (v. 6 ).

Este es un primer efecto importante del Espíritu Santo que guía e inspira la proclamación del Evangelio: la unidad, la comunión. En Babel, según la Biblia, había comenzado la dispersión de los pueblos y de la confusión de las lenguas, como resultado de un acto de arrogancia y de orgullo del hombre que quería construir, con sus propias fuerzas, sin Dios, "una ciudad y una torre cuya cúspide llegara al cielo "(Génesis 11,04). En Pentecostés, estas divisiones se superan. No hay más el orgullo hacia Dios, ni el cierre de unos hacia los otros, que es la apertura a Dios; es el salir para anunciar su palabra: un nuevo idioma, el del amor que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (cf. Rom 5,5); un lenguaje que todos puedan entender y que, acogida, se puede expresar en la vida y en todas las culturas. El lenguaje del Espíritu, el lenguaje del evangelio es el lenguaje de la comunión, que invita a superar la cerrazón y la indiferencia, divisiones y conflictos.

Todos debemos preguntarnos: ¿cómo me dejo guiar por el Espíritu Santo, para que mi vida y mi testimonio de fe sea de unidad y de comunión? ¿Llevo el mensaje de reconciliación y de amor que es el evangelio en los lugares donde yo vivo? A veces parece que se repite hoy lo que sucedió en Babel: divisiones, incapacidad para entenderse entre sí, rivalidad, envidia, egoísmo. ¿Qué debo hacer con mi vida? ¿Creo unidad a mi alrededor? ¿O divido, con el chisme, la crítica, la envidia? ¿Qué hago? Pensemos en esto. Llevar el evangelio es proclamar y vivir primero nosotros la reconciliación, el perdón, la paz, la unidad y el amor que el Espíritu Santo nos da. Recordemos las palabras de Jesús: "En esto conocerán todos que son discípulos míos, si se tienen amor los unos a los otros" (Jn. 13,34-35).

Un segundo elemento: el día de Pentecostés, Pedro, lleno del Espíritu Santo, se pone de pie "con los once" y "en voz alta" (Hechos 2,14), y "con franqueza" (v. 29) anuncia la buena noticia de Jesús, quien dio su vida por nuestra salvación y que Dios resucitó de entre los muertos. Este es otro efecto del Espíritu Santo: el coraje, para anunciar la noticia del Evangelio de Jesús a todos, con confianza en sí mismo (parresía), en voz alta, en todo tiempo y en todo lugar.

Y esto ocurre incluso en la actualidad para la Iglesia y para cada uno de nosotros: por el fuego de Pentecostés, por la acción del Espíritu Santo, se liberan siempre nuevas energías para la misión, nuevas formas para proclamar el mensaje de la salvación, un nuevo valor para evangelizar. ¡No nos cerremos jamás a esta acción! ¡Vivamos con humildad y valentía el evangelio! Somos testigos de la novedad, la esperanza, la alegría que el Señor trae a la vida. Escuchamos en nosotros "la dulce y confortadora alegría de evangelizar" (Pablo VI, Exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, 80). Porque evangelizar, anunciar a Jesús, nos da alegría; por el contrario, el egoísmo nos da amargura, tristeza, nos lleva hacia abajo; evangelizar nos lleva hacia arriba.

Menciono solo un tercer elemento, que es particularmente importante: una nueva evangelización, una Iglesia que evangeliza siempre debe comenzar con la oración, pedir, como los apóstoles en el Cenáculo, el fuego del Espíritu Santo. Solo la relación fiel e intensa con Dios permite salir de la propia cerrazón y anunciar el evangelio con parresía. Sin la oración, nuestras acciones se vuelven vacías y nuestro anunciar no tiene alma, y no está animado por el Espíritu.

Queridos amigos, como dice Benedicto XVI, la Iglesia de hoy "siente sobre todo el viento del Espíritu Santo que nos ayuda, nos muestra el camino correcto; y así, con nuevo entusiasmo, estamos en camino y agradecemos al Señor" (Palabras a la Asamblea del Sínodo de los Obispos, 27 de octubre de 2012). Renovamos cada día la confianza en el Espíritu Santo, confiando en que Él obra en nosotros, que Él está dentro de nosotros, nos da el fervor apostólico, nos da la paz, nos da la alegría. Dejémonos guiar por Él, somos hombres y mujeres de oración, que dan testimonio del evangelio con valentía, convirtiéndose en nuestro mundo, en instrumentos de la unidad y de la comunión con Dios.

Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.


Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Habla el Papa
 | Enviar
Mi?rcoles, 22 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece las palabras pronunciadas por el papa Francisco en la tarde del día 21 de Mayo de 2013 en su visita a la Casa Don de María.

Queridos hermanos y hermanas, buenas tardes.

Dirijo un afectuoso saludo a todos vosotros; en modo completamente especial a vosotros, queridos huéspedes de esta Casa, que es sobre todo vuestra, porque para vosotros ha sido pensada e instituída. Doy gracias a cuantos, en diversos modos, apoyan esta bella realidad del Vaticano. Mi presencia esta tarde quiere ser sobre todo un gracias sincero a las Misioneras de la Caridad, fundadas por la beata Teresa de Calcuta, que actúan aquí desde hace 25 años, con numerosos voluntarios, en favor de tantas personas necesitadas de ayuda. ¡Gracias de corazón!

Vosotras, queridas hermanas, junto a los Misioneros de la Caridad y los colaboradores, hacéis visible el amor de la Iglesia por los pobres. Con vuestro servicio cotidiano, sois --como dice un Salmo- la mano de Dios que sacia el hambre de todo viviente (cfr Sal 145,16). ¡En estos años, cuántas veces os habéis inclinado sobre quien tiene necesidad, como el buen samaritano, le habéis mirado a los ojos, le habéis dado la mano para levantarlo! ¿Cuántas bocas habéis alimentado con paciencia y dedicación! ¡Cuántas heridas, especialmente espirituales, habéis vendado! Hoy quisiera detenerme en tres palabras que os son familiares: Casa, don y María.

1. Esta estructura, querida e inaugurada por el beato Juan Pablo II, --¡pero esta es una cosa entre los santos, entre beatos! Juan Pablo II, Teresa de Calcuta; y la santidad ha pasado; ¡es bello esto!- es una "casa". Y cuando decimos "casa" entendemos un lugar de acogida, una morada, un ambiente humano donde estar bien, reencontrarse a sí mismos, sentirse integrados en un territorio, en una comunidad. Todavía más profundamente, "casa" es una palabra de sabor típicamente familiar, que recuerda el calor, el afecto, el amor que se pueden experimentar en una familia. La "casa" entonces representa la riqueza humana más valiosa, la del encuentro, la de las relaciones entre las personas, diversas por edad, por cultura y por historia, pero que viven juntas y que juntas se ayudan a crecer. Precisamente por esto, la "casa" es un lugar decisivo en la vida, donde la vida crece y se puede realizar, porque es un lugar en el que cada persona aprende a recibir amor y a donar amor. Esta es la "casa". ¡Y esto trata de ser desde hace 25 años también esta casa! En el límite entre el Vaticano e Italia, es un fuerte reclamo a todos nosotros, a la Iglesia, a la Ciudad de Roma y a ser siempre más familia, "casa" en la que se está abiertos a la acogida, a la atención, a la fraternidad.

2. Hay después una segunda palabra muy importante la palabra 'don' que califica esta casa y define su identidad típica. Es una casa, de hecho se caracteriza por el don y por el don recíproco.

¿Qué quiero decir? Que esta casa dona acogida, apoyo material y espiritual a ustedes queridos huéspedes, provenientes de diversas partes del mundo.

Pero también ustedes son un don para esta casa y para la Iglesia. Ustedes nos indican que amar a Dios y al prójimo no es algo abstracto, pero profundamente concreto: quiere decir ver en cada persona el rostro del Señor que debemos servir y servirlo concretamente.

Y ustedes son -queridos hermanos y hermanas- el rostro de Jesús. ¡Gracias! Ustedes 'donan' la posibilidad a cuantos trabajan en este lugar, de servir a Jesús en quien se encuentra en dificultad, en quien tiene necesidad de ayuda.

Esta casa entonces es una luminosa transparencia de la caridad de Dios, que es un Padre bueno y misericordioso hacia todos.

Aquí se vive una hospitalidad abierta sin distinción de nacionalidad o de de religión, según enseñanza de Jesús: “Gratuitamente han recibido gratuitamente den”. (Mt 10,8).

Debemos recuperar todos el sentido directo del don, de la gratuidad, de la solidaridad. Un capitalismo salvaje ha enseñado la lógica del provecho a cualquier costo, del dar para obtener, del explotar sin mirar a las personas... ¡Y los resultados los vemos en la crisis que estamos viviendo!

Esta casa es un lugar que educa a la caridad, una escuela de caridad, que enseñar a estar cerca de cada persona, no por provecho pero por amor. La música -digámoslo así- de esta casa es el amor, y esto es bello y me gusta que seminaristas todo el mundo vengan aquí para hacer una experiencia directa del servicio. Los futuros sacerdotes pueden así vivir en modo concreto un aspecto esencial de la misión de la Iglesia y hacer tesoro para su ministerio pastoral.

3. Existe, para finalizar, una última característica de esta casa: esta se califica como un don 'de María'. La Virgen Santa ha hecho de su existencia un incesante precioso don a Dios, porque amaba al Señor. María es un ejemplo y un estímulo para quienes viven en esta casa, y para todos nosotros, para vivir la caridad hacia el prójimo, no por una especie de deber social, sino partiendo del amor de Dios, de la caridad de Dios.

Y también -como hemos sentido en las palabras que nos dijo la madre- María es aquella que nos lleva Jesús y nos enseña cómo ir hacia Jesús. Y la madre de Jesús es nuestra y hace familia con nosotros y con Jesús. Para nosotros cristianos, el amor al prójimo nace del amor de Dios y es la más importante y la más límpida expresión.

Aquí se busca amar al prójimo pero también dejarse amar por el prójimo. Estas dos actitudes caminan juntas, no puede existir una si no está también la otra. En el papel membrete de las misioneras de la caridad están impresas estas palabras de Jesús: “Todo aquello que habéis hecho a uno de estos mis hermanos más pequeños, lo habéis hecho a mi”. (Mt 25,40). Amar a Dios en los hermanos es amar a los hermanos en Dios.

Queridos amigos gracias nuevamente a cada uno de ustedes. Rezo para que está casa continúe a ser un lugar de acogida, de don, de caridad en el corazón de nuestra ciudad de Roma. La Virgen María les cuide a ustedes y les acompañe mi bendición. Gracias


Publicado por verdenaranja @ 17:38  | Habla el Papa
 | Enviar

 Ocho cardenales (Bertone, Hummes, Maradiaga, Braz de Avis, Monteiro, Bertello, Amigo y Cañizares), diez arzobispos (entre ellos, cuatro nuncios como Renzo Fratini, nuncio apostólico en España) y quince obispos, de España y de otros países, ordenaron obispo a fray José Rodríguez Carballo. Nombrado por el papa Francisco arzobispo titular de Belcastro y secretario de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, el hasta ahora ministro general de la Orden de Hermanos Menores (OFM), recibió la consagración en la catedral de Santiago de Compostela, en la tarde del sábado 18 de mayo, víspera de Pentecostés. Ofrecemos el texto de la homilía pronunciada en la celebración por el cardenal Tarcisio Bertone. SANTIAGO, 20 de mayo de 2013 (Zenit.org)

 

En este marco incomparable de la Catedral Compostelana, os saludo con las palabras del Santo de Asís: «El Señor os dé la paz». Me dirijo con particular afecto a nuestro querido hermano Fray José Rodríguez Carballo, hasta ahora Ministro general de la Orden Franciscana de los Hermanos Menores, nombrado por Su Santidad, el Papa Francisco, Arzobispo Titular de Belcastro y Secretario de la Congregación para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, y que en breves momentos, por la imposición de las manos y la oración de consagración, se convertirá en Sucesor de los Apóstoles. Junto a él, saludo a sus hermanos, sobrinos y demás familiares aquí presentes.

Es tan grande el misterio que tú, querido Fray José, vas a vivir en breves instantes, y por el que recibirás la plenitud del sacerdocio y te incorporarás para siempre al Colegio episcopal, que, en el momento más solemne de tu ordenación episcopal, la palabra humana enmudece. Tú, y contigo todos nosotros, nos acogemos en silencio a Dios, cuya mano se extiende sobre ti para hacerte suyo y te cubre para protegerte. Si por la profesión religiosa en la Orden franciscana, cuando tenías solamente dieciocho años, dejaste de pertenecerte a ti mismo y te convertiste en propiedad del Señor, ahora, por la imposición de las manos en tu ordenación episcopal, pasas a ser totalmente del Señor que, desde el seno materno, te conoció y te eligió (cf. Jr 1, 5).

La oración Consagratoria indica que es el mismo Señor quien te consagra y te asume totalmente a su servicio, haciéndote plenamente partícipe de su sacerdocio y agregándote para siempre al Colegio episcopal. De este modo, se pone de manifiesto la gratuidad y la iniciativa divina en tu vocación: «No sois vosotros los que me habéis elegido –dice el Señor-, soy yo quien os he elegido» (Jn 15, 16).

Durante la ordenación, impondremos sobre la cabeza del ordenando el libro de los Evangelios. Si como religioso Fray José ha asumido el Evangelio como forma de vida, en cuanto ha profesado «vivir el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo» (San Francisco, 2 Regla 1, 1), ahora, por la ordenación episcopal, el Evangelio penetra en él y lo transforma en «exégesis viva de la Palabra» (Benedicto XVI, Verbum Domini, 83) o en «Evangelio viviente», como se dice de san Francisco de Asís. Y puesto que el Evangelio no es sólo Palabra, sino el mismo Cristo, con la imposición del libro de los Evangelios, se le pide que se identifique con la misma vida de Cristo, se le pide que viva de él, en él y para él, y que sea una sola cosa con él, de tal modo que Jesús mismo dé forma a su vida y pueda decir con san Pablo: «Vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20).

Llamado a hacer presente sacramentalmente entre los hombres a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, responderás a tan alta vocación y misión viviendo tu episcopado en actitud de servicio: «Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios», dice el Apóstol Pablo (1 Co 4, 1). El obispo, a ejemplo de Jesús, está llamado a comportarse como el que sirve (cf. Jn 13, 13-14). «Escogido de entre los hombres», recuerda, hermano José, que has sido «puesto al servicio de los hombres en las cosas que se refieren a Dios» (cf. Hb 5,1). En actitud de minoridad, desde la lógica del don, con fidelidad, prudencia y bondad, entrégate sin reservas a cuantas personas el Señor ponga en tu camino.

En tu caso, por voluntad del Papa Francisco, estás llamado en estos momentos a colaborar con el Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, para que los consagrados, en fidelidad creativa a Jesús, a su propio carisma y al hombre de hoy, puedan seguir escribiendo una gran historia en la vida de la Iglesia y al servicio de la humanidad (cf. Vita Consecrata, 37. 110). En todo momento, anima a la vida religiosa y consagrada a pasar de lo bueno a lo mejor, mirando al pasado con gratitud, abrazando el futuro con esperanza y viviendo el presente con entusiasmo (cf. Novo Millennio Ineunte, 1).

Para llevar a cabo tan hermoso propósito, en primer lugar, ten en cuenta que «en un administrador, lo que se busca es que sea fiel» (1 Co 4,2). En cuanto obispo, sé fiel a la enseñanza apostólica, que en plena comunión con el Sucesor de Pedro, estás llamado a trasmitir íntegramente, con tu vida y tu palabra. Sé fiel al don de Dios que hay en ti y que debe ser constantemente renovado, como pide el Apóstol (cf. 2 Tm 1, 6). Sé fiel a la misión que el Santo Padre Francisco te ha encomendado. Se te ha confiado un gran tesoro, el tesoro de la vida religiosa y consagrada, esencial en la vida y misión de la Iglesia, pues «fue querida por el propio Jesús como parcela irremovible de su Iglesia» (Benedicto XVI, Audiencia a los Obispos de Brasil, noviembre 2010).

En segundo lugar, el obispo, en cuanto siervo, también ha de ser prudente. Prudente es quien no juzga según apariencias o caprichos, sino que busca la verdad y le da el primado en su vida. En cuanto obispo has de sentirte «mendicante de la verdad». Busca siempre la verdad, déjate plasmar por la Verdad que es Cristo y actúa conforme a ella, y la verdad te hará experimentar la verdadera libertad (cf. Jn 8, 32).

La tercera característica que debe marcar la vida de un Obispo, en cuanto servidor, es la bondad. Bueno, en sentido pleno, sólo es Dios (cf. Mc 10, 18). Él es, como canta san Francisco en una de sus más conocidas oraciones, «el Bien, todo el Bien, el Sumo Bien» (ALDA, 3), el Bueno por excelencia, la Bondad personificada. El siervo, y en nuestro caso el Obispo, será bueno en la medida en que su vida esté totalmente orientada hacia Dios, unido interiormente al Dios vivo y verdadero, mediante una relación personal y una vida intensa de oración.

Estamos celebrando la Solemnidad de Pentecostés, fiesta del Espíritu, al que confesamos como Señor y dador de vida. En este día imploramos sus dones sobre la Iglesia, y particularmente sobre Fray José Rodríguez Carballo. Al Espíritu le pedimos para el nuevo Arzobispo el don de sabiduría, para discernir lo que viene de Dios y lo que le es contrario; el don de entendimiento, para que sepa interpretar los signos de los tiempos y encuentre la respuesta evangélica adecuada para ellos; el don de consejo, para que hable siempre desde Dios, y desde él pueda decir una palabra de esperanza a los hombres y mujeres de hoy; el don de fortaleza, para que sea testigo de Cristo y de su Evangelio con fidelidad y entrega total durante toda su vida; el don de ciencia, para que penetre en los secretos del Señor y sepa comunicarlos con sencillez y profundidad; el don de temor, para que se aleje siempre de cuanto vaya contra la voluntad del Señor; el don de piedad, para que mantenga siempre en su vida una relación filial y confiada con Dios, el Padre de las misericordias.

La vocación y misión del nuevo Arzobispo no es fácil. Más todavía, me atrevo a decir que si Fray José se apoyara sólo en sus propias sus fuerzas, sería imposible. Pero no está solo. El Señor, que le hizo el regalo de nacer y ser educado en una familia profundamente cristiana, y lo invitó a seguirlo de cerca en la vida franciscana desde que era muy niño -pues a la edad de diez años y medio entró en el seminario franciscano de Herbón-, lo sigue amando y acompañando. Fray José sabe, pues lo ha experimentado muchas veces en su vida, que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37). Fray José sabe, además, que el Espíritu que hoy se derrama sobre él viene en ayuda de su debilidad, como afirmaba san Pablo en la segunda lectura (cf. Rm 8, 26). Por ello, sabiendo de quien se ha fiado, como reza su lema episcopal (cf. 2 Tm 1, 12), con renovada entrega al Señor, Fray José hoy dice como la Santísima Virgen: «Aquí estoy, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). No temas, Fray José. Cuentas con nuestra oración y la oración de miles y miles de consagrados, y cuentas sobre todo con la fuerza del Espíritu Santo.

Querido Fray José: A Santísima Virxen María, a que desde neno profesas unha tenrra e filial devoción nas advocacións de Inmaculada e das Dores, te acompanhe na tua misión como bispo, o servicio da Igrexa, do Pobo de Deus, e, en particular da vida relixiosa e consagrada. Fiat, fiat, amén,


Publicado por verdenaranja @ 0:01  | Homil?as
 | Enviar
Martes, 21 de mayo de 2013

ZENIT  nos  ofrece la colaboración habitual en el espacio Foro del obispo de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel en que analiza la actitud ante la verdad del cristiano, lejos del relativismo imperante.

¿Ya no hay certezas?

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

En un viaje reciente por avión, en una de las revistas que nos ponen, leí este comentario sobre un artista que no conozco: “En él, nunca hay referentes fijos y quizá por eso es uno de los mejores símbolos de la actualidad de este momento histórico, en que la única certeza es que no hay certezas”. ¿Esto es así? ¿No hay certezas? Si así fuera, estaríamos en una oscuridad que nos llevaría al desastre.

Yo tengo certezas muy firmes, que me dan la fe en Dios y la experiencia de vida, pero otros no, y parecen preferir no tenerlas. Es la llamada dictadura del relativismo, donde cada quien crea su verdad, sin referencia a la historia, a sus padres, a la religión y a los demás. Si otro piensa distinto, me da lo mismo y nada me importa: que cada quien haga y piense lo que quiera, y así vivimos en paz. En estos casos, no cabe el diálogo, la confrontación, la búsqueda común de la verdad, sino que cada quien se queda con la suya, que de ordinario configura a su medida, conforme a sus gustos y preferencias, para no dejar que lo que le queda de conciencia, le inquiete. Es la actitud de Pilato: ¿Qué es la verdad? La tenía frente a sí, pero no había apertura en su corazón para aceptarla.

ILUMINACION

Dios es, según nuestra fe, fuente de toda verdad y de todo bien. El es la verdad total, absoluta, eterna, inconmovible, que no depende de los vaivenes de los tiempos, de las modas y de las opiniones mayoritarias, de que nos guste o no. El es Dios y no un objeto maleable a nuestro antojo. Sin embargo, no podemos imponer a los demás esa verdad que a nosotros nos llena tanto, nos orienta, nos abre perspectivas infinitas, nos corrige, nos consuela, nos levanta, nos da vida, y vida eterna.

Por otra parte, Dios se manifestó y se sigue manifestando de muchas maneras, en la Iglesia y fuera de sus estructuras. El Reino de Dios está presente y actúa no sólo en la Iglesia, sino en toda persona y acontecimiento que genera vida, paz, amor, justicia, verdad, solidaridad y servicio comunitario. Y no podemos cerrarnos al diálogo con no creyentes, con seguidores de otras religiones y con quienes nos rechazan, sino que debemos escucharnos con humildad, para enriquecernos mutuamente y juntos ir vislumbrando la Verdad.

La Palabra de Dios nos da una certeza total, absoluta; pero no podemos condenar a otros como incrédulos y faltos de verdad, pues en ellos podemos descubrir destellos de la Verdad. Por ello, en el II Encuentro-Diálogo Fe y Cultura sobre Laicidad y Trascendencia, que organizó nuestra Dimensión de Pastoral de la Cultura, en el museo Sumaya, junto con el Consejo Pontificio de la Cultura, afirmé lo siguiente:

Dialogar, con respeto y apertura de mente y de corazón, es un camino para crecer, como personas y como sociedad; es un proceso para construir, en forma conjunta y fraterna, la patria justa y solidaria que queremos; es ser y considerar a los otros como factores importantes en la vida, en la familia y en la comunidad.

No sabe dialogar quien se considera dueño absoluto de la verdad, que es sólo su verdad. Quien no escucha a los otros, se endiosa y, por ello, se hace una persona odiosa. No hay seres más repelentes que los engreídos en su postura, incapaces de aprender de la sabiduría y la experiencia de los otros. Todos podemos aprender de los demás, también de los pequeños, de los iletrados, de los campesinos e indígenas, pues, según nuestra fe cristiana, todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios; por tanto, inteligentes y dignos de respeto.

COMPROMISOS

En la familia, hay que transmitir a los niños la Verdad de Dios, que es Amor. No infundirles miedo hacia Dios, sino confianza y seguridad. Dios es la Verdad que nos da certeza de lo que somos, hacemos, pensamos y queremos. Cuando los niños crezcan y en la escuela o en otros medios escuchen otras verdades, hay que dialogar con ellos, para ofrecerles lo que dice Dios, sin imponérselos a la fuerza. Ayudarles con cariño y paciencia a distinguir unas verdades relativas, y la Verdad de Dios.

Seamos humildes para aprender de los demás, pues todos somos imágenes de Dios y El de alguna manera se manifiesta también en los otros, aunque no sean creyentes.


Publicado por verdenaranja @ 23:53  | Hablan los obispos
 | Enviar
Lunes, 20 de mayo de 2013

A las 12.30 de la mañana del 17 de mayo del 2013, el santo padre Francisco ha recibido en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los participantes de la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias y les ha dirigido el discurso que publicamos a continuación  (Agencia Fides):

•DISCURSO DEL SANTO PADRE:

Me complace de forma especial, queridos hermanos y hermanas, reunirme por primera vez con ustedes, Directores Nacionales de las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo. Saludo cordialmente al Cardenal Fernando Filoni, le doy las gracias por el servicio que realiza como Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, así como por las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre. El Cardenal Filoni realiza un trabajo adicional en este momento: él es profesor. Viene para “enseñarme la Iglesia”. Sí, viene y me dice: esta diócesis es así, así y así... Yo conozco la Iglesia gracias a sus lecciones. ¡Y son lecciones gratuitas!. Saludo también al Secretario, Monseñor Savio Hon Tai-Fai, al Subsecretario Adjunto Mons. Protase Rugambwa, y a todos los colaboradores del Dicasterio y de las Obras Misionales Pontificias, sacerdotes, religiosos y religiosas, laicos y laicas.

1. Me gustaría deciros que os aprecio de forma especial porque ayudáis a tener siempre viva la actividad de evangelización, paradigma de toda obra de la Iglesia. La misionariedad es el paradigma de toda obra de la Iglesia; es una actitud paradigmática. De hecho, el obispo de Roma está llamado a ser pastor no solamente de su Iglesia particular, sino de todas las Iglesias, para que el evangelio sea anunciado hasta los extremos de la tierra. Y en esta tarea las Obras Misionales Pontificias son un instrumento privilegiado en las manos del papa, el cual es principio y signo de la unidad y de la universalidad de la Iglesia, (cfr Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 23). De hecho se llaman “pontificias” porque están bajo la directa disposición del obispo de Roma, de manera que sea ofrecido a todos el don precioso del evangelio, Estas son plenamente actuales, más aún, necesarias porque hay tantos pueblos que todavía no han conocido ni encontrado a Cristo y urge encontrar n uevas formas y caminos para que la gracia de Dios toque el corazón de cada hombre y cada mujer y los lleve a Él. Todos nosotros somos instrumentos sencillos, pero importantes; hemos recibido el don de la fe no para ocultarlo, sino para difundirlo, para que pueda iluminar el camino de tantos hermanos.

2. Ciertamente la misión que nos espera es difícil, pero con la guía del Espíritu Santo se transforma en una misión que entusiasma. Y aunque todos experimentamos nuestra pobreza, nuestra debilidad al llevar al mundo el tesoro precioso del Evangelio, debemos recordar la frase de san Pablo: «Nosotros... tenemos este tesoro en vasos de creta, para que sea visible que esta extraordinaria potencia le pertenece a Dios y no viene de nosotros» (2Cor 4,7). Y esto nos tiene que dar siempre coraje: saber que la fuerza de la evangelización procede de Dios, le pertenece. Nosotros estamos llamados a abrirnos cada vez más a la acción del Espíritu Santo, a ofrecer toda nuestra disponibilidad para ser instrumentos de la misericordia de Dios, de su ternura y de su amor por cada hombre y mujer, sobre todo por los pobres, los excluidos, los que están lejos. Y esta para cada uno de los cristianos, para toda la Iglesia, no es una misión facultativa, sino esencial. Como decía San Pablo: «Anunciar el Evangelio no es para gloriarme, sino un deber ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor 9,16). La salvación de Dios es para todos!

3. A vosotros queridos directores nacionales os repito la invitación que hizo Pablo VI casi cincuenta años atrás, de cuidar celosamente la universalidad de las Obras Misionarias «que tienen el honor, la responsabilidad y el deber de sostener la misión [de anunciar el evangelio], con las ayunas necesarias» (Discurso a las Obras Misionarias Pontificias, 14 de mayo de 1965: AAS 57 1965, 520). No os canséis de educar a todos los cristianos, desde la infancia, a un espíritu verdaderamente universal y misionero, y de sensibilizar a toda la comunidad a apoyar y ayudar a las misiones de acuerdo a las necesidades de cada uno (cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Decreto Ad gentes, 38). Aseguraos de que las Obras Misionales Pontificias siguen la estela de su tradición centenaria, animando y formando a las Iglesias, abriéndolas a una dimensión más amplia de la misión evangelizadora.
Si bien las OMP están puestas también bajo la solicitud de los obispos, para que se «radiquen en la vida de las Iglesias particulares» (Estatuto de las Obras Misionarias Pontificias, n. 17); deben convertirse realmente en una herramienta privilegiada para la educación en el espíritu misionero universal y en la comunión y colaboración cada vez más intensas entre las Iglesias para el anuncio del Evangelio al mundo. Frente a la tentación de las comunidades de encerrarse en sí mismas, preocupadas por sus problemas vuestra tarea es llamar a la “missio ad gentes”, de testimoniar proféticamente que la vida de las Iglesias es misión y es misión universal. El ministerio episcopal y todos los ministerios son para el crecimiento de la comunidad cristiana, pero también se ponen al servicio de la comunión entre las Iglesias para la misión de la evangelización. En este contexto les invito a tener una atención particular por las Iglesias jóvenes que, a menudo, viven en un clima de dificulta d, de discriminación y también de persecución, para que sean sostenidas y ayudadas a la hora de testimoniar con la palabra y las obras el Evangelio.

Queridos hermanos y hermanas, al renovar mi agradecimiento a todos, os animo a continuar con vuestro compromiso para que las Iglesias locales asuman cada vez con más generosidad, su parte de responsabilidad en la misión universal de la Iglesia.
Invocando a María, Estrella de la evangelización, hago mías las palabras de Pablo VI, palabras de una actualidad como si hubieran sido escritas ayer. El Papa decía así: «que el mundo actual, que busca a veces con angustia, a veces con esperanza, pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados, impacientes o ansiosos, sino a través de ministros del
Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo, y aceptan consagrar su vida a la tarea de anunciar el reino de Dios y de implantar la Iglesia en el mundo» (Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 80). Gracias.

A vosotros, a vuestros colaboradores, a vuestras familias y a todos los lleváis en el corazón, a vuestro trabajo misionero, a todos imparto mi bendición. (Agencia Fides 18/5/2013)


Publicado por verdenaranja @ 23:12  | Habla el Papa
 | Enviar

ZENIT nos  ofrece las palabras del santo padre al finalizar la oración mariana del REgina Caeli el domingo 19 de Mayo de 2013 al finalizar la misa con los diversos movimientos eclesiales.

 

Queridos hermanos y hermanas, está a punto de concluir esta fiesta de la fe, que comenzó ayer con la Vigilia y terminó esta mañana en la Eucaristía. Un nuevo Pentecostés que ha transformado la Plaza de San Pedro en un Cenáculo al aire libre. Hemos revivido la experiencia de la Iglesia primitiva, siendo una en la oración con María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,14).

Nosotros también, en la variedad de los carismas, hemos experimentado la belleza de la unidad, para ser uno. Y esta es la obra del Espíritu Santo, que siempre crea de nuevo la unidad en la Iglesia.

Quisiera dar las gracias a todos los movimientos, asociaciones, comunidades y organizaciones eclesiales. ¡Ustedes son un don y una riqueza para la Iglesia! ¡Esto son ustedes!.

Agradezco en particular a todos los que han venido de Roma y de muchas partes del mundo. Lleve siempre el poder del Evangelio! ¡No tengan miedo!

¡Tengan siempre la alegría y la pasión por la comunión en la Iglesia! ¡El Señor resucitado esté siempre con vosotros y que la Virgen los proteja!

Queridos hermanos y hermanas, muchas gracias por su amor a la Iglesia. ¡Buena fiesta!

Traducido del italiano por José Antonio Varela V.


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Habla el Papa
 | Enviar

ZENIT  nos ofrece el texto íntegro de la homilía del papa Francisco en la misa de la solemnidad de Pentecostés con la presencia de los movimientos, las nuevas comunidades, las asociaciones y las organizaciones laicales, celebrada el 19 de Mayo de 2013  en la plaza de san Pedro.

Queridos hermanos y hermanas:

En este día, contemplamos y revivimos en la liturgia la efusión del Espíritu Santo que Cristo resucitado derramó sobre la Iglesia, un acontecimiento de gracia que ha desbordado el cenáculo de Jerusalén para difundirse por todo el mundo.

Pero, ¿qué sucedió en aquel día tan lejano a nosotros, y sin embargo, tan cercano, que llega adentro de nuestro corazón? San Lucas nos da la respuesta en el texto de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado (2,1-11). El evangelista nos lleva hasta Jerusalén, al piso superior de la casa donde están reunidos los Apóstoles. El primer elemento que nos llama la atención es el estruendo que de repente vino del cielo, «como de viento que sopla fuertemente», y llenó toda la casa; luego, las «lenguas como llamaradas», que se dividían y se posaban encima de cada uno de los Apóstoles. Estruendo y lenguas de fuego son signos claros y concretos que tocan a los Apóstoles, no sólo exteriormente, sino también en su interior: en su mente y en su corazón. Como consecuencia, «se llenaron todos de Espíritu Santo», que desencadenó su fuerza irresistible, con resultados llamativos: «Empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía manifestarse». Asistimos, entonces, a una situación totalmente sorprendente: una multitud se congrega y queda admirada porque cada uno oye hablar a los Apóstoles en su propia lengua. Todos experimentan algo nuevo, que nunca había sucedido: «Los oímos hablar en nuestra lengua nativa». ¿Y de qué hablaban? «De las grandezas de Dios».

A la luz de este texto de los Hechos de los Apóstoles, deseo reflexionar sobre tres palabras relacionadas con la acción del Espíritu: novedad, armonía, misión.

1. La novedad nos da siempre un poco de miedo, porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos, planificamos nuestra vida, según nuestros esquemas, seguridades, gustos. Y esto nos sucede también con Dios. Con frecuencia lo seguimos, lo acogemos, pero hasta un cierto punto; nos resulta difícil abandonarnos a Él con total confianza, dejando que el Espíritu Santo anime, guíe nuestra vida, en todas las decisiones; tenemos miedo a que Dios nos lleve por caminos nuevos, nos saque de nuestros horizontes con frecuencia limitados, cerrados, egoístas, para abrirnos a los suyos. Pero, en toda la historia de la salvación, cuando Dios se revela, aparece su novedad - Dios ofrece siempre novedad -, trasforma y pide confianza total en Él: Noé, del que todos se ríen, construye un arca y se salva; Abrahán abandona su tierra, aferrado únicamente a una promesa; Moisés se enfrenta al poder del faraón y conduce al pueblo a la libertad; los Apóstoles, de temerosos y encerrados en el cenáculo, salen con valentía para anunciar el Evangelio. No es la novedad por la novedad, la búsqueda de lo nuevo para salir del aburrimiento, como sucede con frecuencia en nuestro tiempo. La novedad que Dios trae a nuestra vida es lo que verdaderamente nos realiza, lo que nos da la verdadera alegría, la verdadera serenidad, porque Dios nos ama y siempre quiere nuestro bien. Preguntémonos hoy: ¿Estamos abiertos a las “sorpresas de Dios”? ¿O nos encerramos, con miedo, a la novedad del Espíritu Santo? ¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido la capacidad de respuesta? Nos hará bien hacernos estas preguntas durante toda la jornada.

2. Una segunda idea: el Espíritu Santo, aparentemente, crea desorden en el Iglesia, porque produce diversidad de carismas, de dones; sin embargo, bajo su acción, todo esto es una gran riqueza, porque el Espíritu Santo es el Espíritu de unidad, que no significa uniformidad, sino reconducir todo a la armonía. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Un Padre de la Iglesia tiene una expresión que me gusta mucho: el Espíritu Santo “ipse harmonia est”. Él es precisamente la armonía. Sólo Él puede suscitar la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad y, al mismo tiempo, realizar la unidad. En cambio, cuando somos nosotros los que pretendemos la diversidad y nos encerramos en nuestros particularismos, en nuestros exclusivismos, provocamos la división; y cuando somos nosotros los que queremos construir la unidad con nuestros planes humanos, terminamos por imponer la uniformidad, la homologación. Si, por el contrario, nos dejamos guiar por el Espíritu, la riqueza, la variedad, la diversidad nunca provocan conflicto, porque Él nos impulsa a vivir la variedad en la comunión de la Iglesia. Caminar juntos en la Iglesia, guiados por los Pastores, que tienen un especial carisma y ministerio, es signo de la acción del Espíritu Santo; la eclesialidad es una característica fundamental para los cristianos, para cada comunidad, para todo movimiento. La Iglesia es quien me trae a Cristo y me lleva a Cristo; los caminos paralelos son muy peligrosos. Cuando nos aventuramos a ir más allá (proagon) de la doctrina y de la Comunidad eclesial – dice el Apóstol Juan en la segunda lectura - y no permanecemos en ellas, no estamos unidos al Dios de Jesucristo (cf. 2Jn 1,9). Así, pues, preguntémonos: ¿Estoy abierto a la armonía del Espíritu Santo, superando todo exclusivismo? ¿Me dejo guiar por Él viviendo en la Iglesia y con la Iglesia?

3. El último punto. Los teólogos antiguos decían: el alma es una especie de barca de vela; el Espíritu Santo es el viento que sopla la vela para hacerla avanzar; la fuerza y el ímpetu del viento son los dones del Espíritu. Sin su fuerza, sin su gracia, no iríamos adelante. El Espíritu Santo nos introduce en el misterio del Dios vivo, y nos salvaguarda del peligro de una Iglesia gnóstica y de una Iglesia autorreferencial, cerrada en su recinto; nos impulsa a abrir las puertas para salir, para anunciar y dar testimonio de la bondad del Evangelio, para comunicar el gozo de la fe, del encuentro con Cristo. El Espíritu Santo es el alma de la misión. Lo que sucedió en Jerusalén hace casi dos mil años no es un hecho lejano, es algo que llega hasta nosotros, que cada uno de nosotros podemos experimentar. El Pentecostés del cenáculo de Jerusalén es el inicio, un inicio que se prolonga. El Espíritu Santo es el don por excelencia de Cristo resucitado a sus Apóstoles, pero Él quiere que llegue a todos. Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, dice: «Yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros» (Jn 14,16). Es el Espíritu Paráclito, el «Consolador», que da el valor para recorrer los caminos del mundo llevando el Evangelio. El Espíritu Santo nos muestra el horizonte y nos impulsa a las periferias existenciales para anunciar la vida de Jesucristo. Preguntémonos si tenemos la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos, en nuestro grupo, o si dejamos que el Espíritu Santo nos conduzca a la misión. Recordemos hoy estas tres palabras: novedad, armonía, misión.

La liturgia de hoy es una gran oración, que la Iglesia con Jesús eleva al Padre, para que renueve la efusión del Espíritu Santo. Que cada uno de nosotros, cada grupo, cada movimiento, en la armonía de la Iglesia, se dirija al Padre para pedirle este don. También hoy, como en su nacimiento, junto con María, la Iglesia invoca: «Veni Sancte Spiritus! – Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor». Amén.

© Libreria Editrice Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Habla el Papa
 | Enviar
Domingo, 19 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece el texto del discurso que el santo padre ha pronunciado el 16 de Mayo de 2013  ante los embajadores que acudieron al Vaticano a presentar sus cartas credenciales en el que ha pedido a los responsables políticos que tengan valor para afrontar una reforma financiera ética. Los nuevos embajadores ante la Santa Sede proceden de Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana.

 

Señores Embajadores
Me alegra acogerlos con ocasión de la presentación de las Cartas que los acreditan como Embajadores extraordinarios y plenipotenciarios de sus respectivos países ante la Santa Sede: Kirguistán, Antigua y Barbuda, el Gran Ducado de Luxemburgo y Botswana. Las amables palabras que me han dirigido y que agradezco profundamente, testimonian que los Jefes de Estado de sus países tienen el anhelo de desarrollar las relaciones de estima y de cooperación con la Santa Sede. Les agradezco que ustedes quieran transmitirles mis sentimientos de gratitud y respeto, asegurando mis oraciones por ellos y por sus conciudadanos.

Señores Embajadores, nuestra humanidad está viviendo en la actualidad como un momento álgido de su propia historia, teniendo en cuenta los avances registrados en diversos campos. Debemos alabar los logros positivos que contribuyen al auténtico bienestar de la humanidad, como por ejemplo en los ámbitos de la salud, de la educación y de la comunicación. Sin embargo, también hay que reconocer que la mayoría de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en precariedad cotidiana, con consecuencias funestas. Algunas patologías aumentan, con sus consecuencias psicológicas, el miedo y la desesperación se apoderan de los corazones de numerosas personas, incluso en los llamados países ricos; la alegría de vivir va disminuyendo; la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve cada vez más impactante. Se tiene que luchar para vivir, y, a menudo, para vivir sin dignidad. Una de las causas de esta situación, en mi opinión, se encuentra en nuestra relación con el dinero y en nuestra aceptación de su imperio y dominio en nuestro ser y en nuestras sociedades. De este modo, la crisis financiera que estamos viviendo, nos hace olvidar que su primer origen se encuentra en una profunda crisis antropológica ¡en la negación de la primacía del hombre! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32, 15-34) ha encontrado una imagen nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano.
La crisis mundial que afecta las finanzas y la economía parece poner de relieve sus deformidades, y, sobre todo, la grave falta de su orientación antropológica, que reduce al hombre a una sola de sus necesidades: el consumo. Y peor aún, el ser humano es considerado hoy como un bien en sí que se puede utilizar y luego desechar. Esta deriva se verifica a nivel individual y social. Y además ¡es promovida! En este contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, se considera a menudo contraproducente, contraria a la racionalidad financiera y económica. Al tiempo que los ingresos de una minoría van creciendo de manera exponencial, los de la mayoría van disminuyendo. Este desequilibrio proviene de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando de este modo el derecho de control de los Estados, aun estando encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone de forma unilateral y sin remedio posible, sus leyes y sus reglas. Además, la deuda y el crédito alejan a los Países de su economía real y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. A todo ello se añade, una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. El afán de poder y de poseer se ha vuelto sin límites.

Detrás de esta actitud se encuentra el rechazo de la ética, el rechazo de Dios. ¡Igual como la solidaridad, la ética molesta! Se considera contraproducente; demasiado humana, porque relativiza el dinero y el poder; se ve como una amenaza, porque rechaza la manipulación y el sometimiento de la persona. Porque la ética lleva hacia Dios, que está fuera de las categorías del mercado. Dios es considerado por estos financieros, economistas y políticos, como no manejable, incluso peligroso, ya que llama al hombre a su plena realización y a la independencia de cualquier tipo de esclavitud. La ética -una ética no ideológica, naturalmente - permite, en mi opinión, crear un equilibrio y un orden social más humano. En este sentido, animo a los expertos financieros y a los líderes gubernamentales de sus países a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo: "No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles sus vidas. No son nuestros los bienes que poseemos, sino suyos" (Homélie sur Lazare, 1, 6: PG 48, 992D).

Queridos Embajadores, sería conveniente realizar una reforma financiera que fuera ética y, a su vez que comportara una reforma económica saludable para todos. Sin embargo, esto requeriría un cambio audaz de actitud de los dirigentes políticos. Les exhorto a que afronten este reto, con determinación y visión de futuro, por supuesto, teniendo en cuenta la naturaleza específica de sus contextos. ¡El dinero debe servir y no gobernar! El Papa ama a todos, ricos y pobres; pero el Papa tiene la obligación, en nombre de Cristo, de recordar que los ricos deben ayudar a los pobres, respetarlos, promoverlos. El Papa insta a la solidaridad desinteresada y a un retorno de la ética en favor del hombre en la realidad económica y financiera.

La Iglesia, por su parte, siempre trabaja para el desarrollo integral de cada persona. En este sentido, ella recuerda que el bien común no debe ser una simple suma, un simple esquema conceptual, de calidad inferior, añadido a la agenda política. La Iglesia anima a los gobernantes a estar verdaderamente al servicio del bien común de sus pueblos. Exhorta a los dirigentes de las realidades financieras a tomar en consideración la ética y la solidaridad. ¿Y por qué no acudir a Dios para inspirar los propios diseños? Se formará una nueva mentalidad política y económica que ayudará a transformar la dicotomía absoluta entre lo económico y lo social en una sana convivencia.

Por último, saludo con afecto, a través de ustedes, a los Pastores y los fieles de las comunidades católicas en sus países. Les insto a continuar su testimonio valiente y gozoso de la fe y del amor fraternal enseñados por Cristo. ¡No tengan miedo de ofrecer su contribución al desarrollo de sus países a través de iniciativas y actitudes inspiradas en las Sagradas Escrituras!

Y en el momento en que comienzan su misión, les ofrezco, señores Embajadores, mis mejores deseos, asegurando la cooperación de la Curia Romana para el cumplimiento de su función. Con este fin, de buen grado, invoco sobre ustedes y sus familias y sus colaboradores, la abundancia de las bendiciones divinas.

Texto traducido del original por Radio Vaticana: http://es.radiovaticana.va.


Publicado por verdenaranja @ 21:09  | Habla el Papa
 | Enviar
Viernes, 17 de mayo de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo de Pentecostés - C, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de Pentecostés 

¡Por fin, hemos llegado a Pentecostés! ¡Cuántas gracias debemos dar al Señor que nos concedido la oportunidad  de celebrar un año más, los cincuenta días de Pascua, que culminan con esta gran solemnidad.

Hay una pregunta en el Catecismo que dice: ¿Qué celebramos el día de Pentecostés?

          “Que Jesucristo ha enviado sobre los apóstoles el Espíritu Santo y que continúa enviándolo sobre nosotros”.

          ¡Cuántas reflexiones podríamos hacer!

          Comenzamos preguntándonos: ¿quién es el Espíritu Santo? Nos responde el Credo: “Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas”.  ¡Impresionante!

La primera lectura nos presenta la venida del Espíritu del Señor sobre los apóstoles. ¡Qué hermoso y espectacular resulta todo! ¡Cómo los transforma y los capacita para la misión…!    Pero los apóstoles no sólo recibieron el Espíritu Santo, sino también la misión de darlo a todos los cristianos. Hay un sacramento que garantiza la presencia y la acción de Espíritu en cada cristiano: el Sacramento de la Confirmación.

          La segunda lectura nos recuerda que sin el Espíritu Santo no podemos hacer ni decir nada, ni siquiera lo más elemental: creer que Jesús es el Hijo de Dios.  Y en realidad, ¿qué es un ser humano sin espíritu? Un muerto, un cadáver. Y decimos expiró, es decir,  exhaló el espíritu.

          La fiesta de Pentecostés nos recuerda y subraya que el don del Espíritu Santo, que Jesús envía desde el Cielo, es el don más excelente de la Pascua.  Dice S. Juan en una ocasión que el Espíritu no había bajado sobre ninguno, porque Jesús no había sido glorificado. (Jn 7, 37). Y el Evangelio de hoy nos presenta cómo Jesús, el mismo día de la Resurrección, al atardecer, infunde a los apóstoles el Espíritu Santo.   Lástima que tantos cristianos estén como aquellos de Éfeso que no habían oído hablar de un Espíritu Santo… Pero tuvieron la dicha de que S. Pablo se lo explicara y lo hiciera bajar sobre ellos (Hch 19, 1-7).

          Uno de los síntomas  del  desconcierto actual es la cantidad de cristianos que dejan de confirmarse… Y les parece que no tiene importancia, que no pasa nada… Pero el asunto es grave. A este respecto, recuerdo las palabras de S. Pablo: “El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo”. (Rom 8, 9).

Qué importante es que invoquemos con frecuencia al Espíritu Santo. ¡Es tan necesario en nuestra vida! 


Publicado por verdenaranja @ 22:57  | Espiritualidad
 | Enviar

DOMINGO DE PENTECOSTÉS 

  MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

Escuchemos ahora, con espíritu de fe y devoción, la narración de la Venida del Espíritu Santo y el impacto que produce en Jerusalén… Y pidamos al Señor que “no deje de realizar hoy, en el corazón de sus fieles, aquellas mismas maravillas que obró en los comienzos de la predicación evangélica”.

 

SALMO

          Uniéndonos a las palabras del salmo, pidamos al Señor que envíe sobre nosotros, sobre la Iglesia y sobre el mundo, el don de su Espíritu.

 

SEGUNDA LECTURA

La segunda Lectura nos presenta unas enseñanzas de S. Pablo sobre la acción del Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia, Cuerpo de Cristo.       

 

SECUENCIA

          Leemos hoy, antes de escuchar el Evangelio, una antigua plegaria al Espíritu Santo -la Secuencia-. Unámonos a ella desde el fondo de nuestro corazón, pidiéndole al Espíritu Santo que venga a nosotros, nos renueve y nos acompañe.

 

EVANGELIO

          En el Evangelio se nos narra la primera aparición de Jesucristo Resucitado a los discípulos, su envío al mundo y la donación del Espíritu Santo.

Aclamemos al Señor con el canto del aleluya.

 

COMUNION

"Nadie puede decir Jesús es Señor si no es bajo la acción del Espíritu Santo", hemos escuchado en la segunda Lectura. Realmente, sin Él no podemos ser ni hacer nada.

          Pidamos a Jesucristo que renueve en nuestro interior el don de su Espíritu para que sostenga y acreciente nuestra fe en su presencia en la Eucaristía, nos impulse a recibirle con frecuencia y debidamente preparados en la Comunión y a dar el fruto que exige la recepción de este Sacramento.


Publicado por verdenaranja @ 22:52  | Liturgia
 | Enviar

Texto íntegro de la homilía del cardenal Rouco en la fiesta 2013de San Isidro Labrador, patrono de Madrid.

Mis queridos hermanos y hermanas en el Señor:

1. Celebramos de nuevo en este año 2013 la Solemnidad de San Isidro Labrador Patrono de Madrid festivamente. En la vida cristiana, en sus fuentes espirituales de inspiración, en su forma de realizarla en el presente y de proyectarla hacia el futuro siempre está presente indestructiblemente la esperanza. Las dificultades que pueden presentarse en el camino de la existencia para un cristiano e incluso para la comunidad de los que conciben y conducen su vida en este mundo a la luz de la fe, es decir, para la Iglesia, pueden ser muchas y formidables; nunca, sin embargo, serán capaces de arruinar la esperanza. Su fundamento es inamovible: la certeza de que Jesucristo ha resucitado y ha ascendido al Cielo no para abandonar la tierra sino para llenarla con una nueva presencia suya, visible sacramentalmente y actuante por el don de su Espíritu -el Espíritu Santo- en el interior de cada persona y, análogamente, en el corazón de la humanidad. El tiempo litúrgico de la Pascua, que estamos a punto de concluir el próximo Domingo de Pentecostés, nos confirma definitivamente la verdad de la esperanza cristiana; y la Solemnidad de nuestro Santo Patrono San Isidro nos enseña cómo puede y debe ser vivida en el día a día de nuestra vida sin que nada ni nadie pueda interponerse en el camino del bien y de la felicidad que nos vienen de Jesucristo resucitado y ascendido al Cielo, Cabeza y Pastor de la Iglesia, "Nuestro Hermano, Nuestro Señor"; ni siquiera en una situación como la actual de una crisis tan dura y sumamente dolorosa para tantas familias y ciudadanos madrileños. Una esperanza que los cristianos podemos y debemos comunicar creíblemente y compartir con todos. La figura del Patrono de Madrid ilumina nítidamente la forma con la que se puede mantener viva y, en su caso, recuperar la esperanza. Lo ha hecho siempre a lo largo y a lo ancho de la historia milenaria de la devoción de los madrileños a San Isidro, sobre todo en sus más difíciles y cruciales momentos, y lo continúa haciendo hoy. ¿Cómo no vamos a celebrar la Fiesta del día de su "Memoria" anual? ¿Cómo no vamos a celebrarla festiva y gozosamente?

2. Se trata de una "memoria" viva. Él, un Santo reconocido por la Iglesia como uno de sus mejores hijos, heroico en sus virtudes naturales y sobrenaturales, vive en la Gloria de los que han seguido a Cristo crucificado y resucitado en los itinerarios de este mundo, fiel y ejemplarmente, participando ya del Banquete de su Reino. Isidro Labrador goza de la plenitud del Amor que es Dios -Padre, Hijo y Espíritu Santo- al lado del que está sentado a la derecha del Padre presentándole el infinito sacrificio de su amor ofrecido en la Cruz: ¡"el Viviente" por excelencia, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hijo del hombre en el seno purísimo de la Virgen María, triunfador del pecado y de la muerte! Isidro Labrador, uno de los madrileños más populares del Madrid de todos los tiempos, ha llegado a la meta de la plenitud feliz y bienaventurada de la vida a lo que todos estamos llamados y que no tiene fin. Ha llegado como uno de los integrantes de esa multitud de los que "han lavado sus vestiduras blancas en la sangre del Cordero" -a la que se refería el vidente del Apocalipsis-, para formar parte de la Comunión de los Santos que interceden en el cielo por nosotros, los que todavía andamos en la tierra. Cada uno de nosotros, viviendo en el espacio y en el tiempo, estamos en camino. Un camino en el que nuestro Santo nos ayuda con la luz de su biografía de cristiano ejemplar y, muy especialmente, con la actualidad espiritual de su intercesión por este nuestro Madrid del año 2013 y por todo ese mundo rural español que le recibió como Patrono del Beato Juan XXIII el 16 de diciembre de 1960.

3. El siglo de San Isidro Labrador, el siglo XII de nuestra era, no fue un tiempo fácil para el Madrid y la España que él vivió. Las fronteras de los Reinos Cristianos, al sur de la Capital del que había sido siglos atrás el Reino Visigodo, Toledo, la ciudad de los Concilios y de los Padres de la Iglesia Hispana, no estaban consolidadas frente al peligro almorávide. Las luchas internas de los Reinos Cristianos no facilitaban el desarrollo armónico y pacífico de sus comarcas y pueblos. El mismo Isidro había tenido que vivir como cristiano mozárabe en el incipiente Madrid, villorrio y fortaleza, con las zozobras y peligros del cambio reiterado de sus conquistadores, musulmanes y cristianos, que se sucedieron en su dominio varias veces y en pocas décadas.

4. Isidro, primero pocero por no mucho tiempo y, luego, labrador en el periodo más largo y último de su vida, era un hombre de fe. De fe en Dios, a quien confiaba y dedicaba su persona, la de su esposa y de su hijo, su tiempo y su trabajo: ¡toda su existencia! En él se cumplía verdaderamente lo que cantábamos con el Salmista: "Su gozo es la ley del Señor". Comenzaba el día, antes de encaminarse a sus labores del campo, visitando la Iglesia de Santa María, situada en la Almudena de aquel Madrid musulmán, y finalmente cristiano, en el que habitaba. Sus vecinos lo estimaban y apreciaban como un hombre piadoso. En el templo de la Madre de Dios, venerada mucho antes de la ocupación musulmana por los habitantes del lugar, se encontraba con Jesucristo, "el Dios con nosotros", en su presencia eucarística y con la proximidad tierna de su Madre, la Virgen Santísima. Todos los acontecimientos, que van trenzando la historia de su vida, se explican sólo desde su fe cristiana en Dios. Precisamente, desde esa sentida fe en Dios, profesada y confesada cristianamente, se alimentaba la esperanza con la que se enfrentaba sereno, tranquilo y paciente con los mayores desafíos que podían depararle las circunstancias personales, familiares y profesionales en las que se desenvolvía su quehacer diario. Cuando compañeros de labranza, envidiosos, le acusan al amo, Iván de Vargas, de descuido en el trabajo, no se inquieta ni se defiende con la réplica fácil e indignada tan habitual en ocasiones semejantes. Confía en Dios. La conocida y enternecedora tradición de las dos yuntas de bueyes guiadas por los ángeles, que aran al lado de las suyas ante la mirada atónita del vigilante amo, refleja muy bellamente al hombre de Dios que era Isidro Labrador. Hombre de fe y de oración cristiana y, por ello, testigo y servidor de la verdadera esperanza, que sostiene indefectiblemente al hombre cuando se propone y decide vivir en el amor de Cristo. La biografía del Santo Patrono de Madrid está marcada en sus más sencillos y humildes detalles por un amor a Dios y al prójimo heroicamente ejercido, como un estilo habitual de vida: de la vida de un cristiano entregado a la alabanza a Dios y al bien de todos: de su familia, de sus vecinos, de sus compañeros, del amo... y de los pobres que hallaban en su casa una olla siempre llena -a veces milagrosamente llena- y una fraterna acogida.

5. El pueblo de Madrid reconoció pronto como un Santo a aquel hombre de Dios que tanto bien había hecho en vida y que continuaba haciéndolo después de muerto. La fama de "sus milagros" -¡"milagros" de la caridad cristiana!- se extiende por todos los lugares y gentes de aquella comarca madrileña definitivamente incorporada al Reino de Castilla. Y, con la fama, crece y se agigante una veneración popular que alcanza a toda la Iglesia -¡a la Iglesia Universal!- el día de su Canonización en Roma por el Papa Gregorio XV, el 12 de marzo de 1622, junto a Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús y el italiano Felipe Neri. La clave para explicar certeramente la vida del humilde y sencillo labrador de aquel primer Madrid, Isidro, el criado de los Vargas, que se hace famoso para la historia, es la evangélica. Acaba de anunciarse y de enunciarse en la parábola del Evangelio de San Juan que se ha proclamado. Isidro sabe ser y portarse como "un sarmiento" que permanece unido siempre a "la verdadera vid" que es Cristo y que, por ello, da fruto abundante: el mismo fruto que se había dado en la primera comunidad de los discípulos del Señor, de los primeros creyentes, en la que "todos pensaban y sentían lo mismo: lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía", como lo relata el Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hech 4,32). Así configuró San Isidro Labrador su vida de esposo, padre, trabajador y ciudadano: como "un sarmiento" injertado en "la Vid", que es Cristo. Sí, el fruto abundante y generoso de la caridad fue "el fruto" de la vida de ese primer Santo madrileño que es y veneramos como nuestro Patrono: fruto de un amor vivido heroicamente en la perfección de la caridad del Corazón de Cristo. Isidro amaba como Cristo nos amó.

6. La fórmula de San Isidro ¿sigue siendo válida para afrontar los retos del momento actual de nuestras vidas y de nuestra sociedad? ¿Hay otra más duradera, auténtica y eficaz para responder a las necesidades del hombre contemporáneo que son en definitiva, en su fondo y origen último, necesidades morales y espirituales: necesidades de verdadera humanidad? Fe, esperanza y caridad es la tríada de las virtudes, que vivió ejemplarmente San Isidro Labrador en, por y con su unión a Jesucristo. Fe, esperanza y caridad -¡amor verdadero!-, bebidas en su fuente primera y originaria que es Jesucristo, son las virtudes que sanan y salvan al hombre en todos los tiempos y las que pueden sanarle y salvarle hoy. Las meras y simples virtudes naturales, aún en la hipótesis de que se lograsen solas, por el solo esfuerzo de la voluntad humana, sin Dios, sin Jesucristo, serían incapaces de curar los males del hombre en su raíz y menos de salvarlo del pecado y de la muerte. La responsabilidad de los cristianos personalmente y, en especial, la de sus Pastores se mide en esta situación de encrucijada histórica por su disponibilidad para ser testigos: ¡testigos de la fe, de la esperanza y del Amor de Cristo en medio de sus hermanos! Sólo así, como Testigos de Jesucristo crucificado y resucitado, podrán evangelizar de nuevo vigorosa y creativamente. Sólo así podrán ser instrumentos eficaces de la superación de las crisis que amenaza en esta grave histórica a sus hermanos.

Apoyados en el amor maternal de Nuestra Señora, la Virgen de La Almudena, de quien tan devoto fue San Isidro Labrador, nos es y será siempre posible el Sí generoso y sacrificado a la llamada de la nueva evangelización: el sí del testimonio de una vida cristiana auténtica, probada en el amor a Dios y en el amor al prójimo; el Sí apostólico de "la Misión-Madrid".

Amén.


Publicado por verdenaranja @ 17:56  | Hablan los obispos
 | Enviar

Comentario al evangelio del Domingo de Pentecostés/C por Jesús Álvarez SSP (Zenit.org)

¡Ven Espíritu Santo!

Por Jesús Álvarez SSP

 "Ese mismo día, el primero después del sábado, los discípulos estaban reunidos por la tarde, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: ¡La paz esté con ustedes! Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. Jesús les volvió a decir: ¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, así los envío yo también a ustedes. Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: Reciban el Espíritu Santo: a quienes absuelvan de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos" (Jn. 20,19-23).

Hoy es el cumpleaños de nuestra Madre la Iglesia, que nació el día de Pentecostés por obra del Espíritu Santo, que se sirvió de María para engendrarla a semejanza de cómo engendró a Jesús.

El Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad, es quien hizo surgir todo lo creado y lo conserva sin cesar. También acompaña, da vida y fortaleza a la Iglesia, a fin de que sea transmisora de salvación para la humanidad.

¿Veo así a la Iglesia? ¿O sólo veo jerarquía, clero, obras, miserias y ritos? Equivocado.

El Espíritu Santo se hizo presente en el bautismo de Jesús en forma de paloma; y el día de Pentecostés se manifestó en forma de llamas de fuego y viento impetuoso.

Pero la Biblia y la Liturgia mencionan muchos otros signos bajo los cuales Espíritu Santo se manifiesta presente y actuante: vida, fuego, luz, calor, agua, don, consuelo, dulce huésped, descanso, brisa, gozo, aliento, fortaleza, consuelo, amor, libertad, paz, resurrección, salvación.

Es necesario invocar con insistencia y con fe al Espíritu Santo, pues “quien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Cristo” (Rom 8, 9).

¿Tengo yo el Espíritu de Cristo? ¿En qué se me nota? Si no, ¡a desearlo y pedirlo!

Jesús dice a sus discípulos –-y hoy a nosotros: “Como el Padre me envió a mí, así los envío yo a ustedes” (Jn. 20, 21). No es una consigna exclusiva para la jerarquía o el clero, sino que compete a todo cristiano, nombre que significa “portador de Cristo”, “testigo de Cristo”, “persona unida a Cristo” por obra del Espíritu Santo.

Como el miedo “encerró” a los discípulos de Jesús en el Cenáculo antes de Pentecostés, así sucede a los pastores y fieles que no creen que Cristo resucitado está presente en medio de ellos con su Espíritu, para dar paz, alegría, fortaleza y eficacia salvadora a sus vidas y obras. Esa falta de fe los reduce a la inutilidad e incluso al escándalo.

Ser testigos de Jesús no es solo repetir sus palabras y su doctrina, sino imitarlo en sus actitudes y obras, acogerlo en la vida, darlo a conocer; lo cual solo es posible por la acción del Espíritu Santo en nosotros, como lo afirma san Pablo: “Ni siquiera podemos decir: ‘Jesús es el Señor’ si no es bajo la acción del Espíritu Santo” (1 Cor. 12, 3). Sin su ayuda “nada bueno hay en el hombre, nada saludable”.

¿Me ilusiono creyendo que puedo dar testimonio de Jesús sin el Espíritu Santo?

Sin embargo, a pesar de ser débiles, pecadores y deficientes en todo, Jesús nos llama, como a los apóstoles, a compartir su propia misión. Y nos da, como a ellos, los dones y carismas necesarios para realizarla.

Jesús nos envía el Espíritu Santo para que produzcamos mucho fruto, según su promesa infalible: “Quien está unido a mí, produce mucho fruto” (Jn. 15, 5). A nosotros nos toca acogerlo para darlo, pues “sin mí no pueden hacer nada” (Jn. 15, 5), en orden a la salvación propia y ajena.

San Pablo nos asegura el premio: “El mismo que resucitó a Jesús de entre los muertos, vivificará también sus cuerpos mortales por obra de su Espíritu que habita en ustedes” (Romanos 8,11). Ese es nuestro glorioso destino, por el que vale la pena jugarlo todo, sostenidos con la fuerza del Espíritu Santo.

¿Siento que estoy compartiendo la misión de Cristo, unido a Él? ¿O eso me trae sin cuidado? ¿No me sacude la palabra de Jesús: “Quien no está conmigo, está contra mí”; y quien no recoge conmigo, desparrama? (Mt. 12, 30). Es necesario asegurarnos la unión real con Él para compartir su misión con gozo y con frutos salvíficos.


Publicado por verdenaranja @ 12:05  | Espiritualidad
 | Enviar

Oración por la parroquia de San José en San Juan de la Rambla, diócesis de Tenerife, en el 50 aniversario de su fundación, publicada en folleto de Programa de Actos para su celebración durante 2012-2013.

 

Oración por la Parroquia 

Hoy, Señor, quiero darte gracias por mi parroquia. En ella te estoy descubriendo, en ella estoy aprendiendo a amarte y a seguirte. Desde ella escucho tu Buena Noticia, desde ella recibo el pan necesario para el camino.

Te pido por su párroco, por todos sus grupos y actividades, por cuantos la formamos, por los cercanos y los lejanos.

Que nuestra parroquia sea una casa de familia, fraterna y acogedora, donde los bautizados y confirmados tomemos conciencia de ser Pueblo de Dios.

Que sea un rincón cálido, un lugar donde nos queramos y respetemos, un espacio donde vivamos como hermanos, donde, unidos, nos esforcemos por construir más y mejor tu Reino.

Que todos podamos encontrar en ella tu presencia, Señor, que hable, santifique, perdone, consuele y confirme en el Espíritu. Que alimentados en la mesa de la Palabra y del pan Eucarístico, nos sintamos enviados a cumplir la tarea de hacerte presente en todos los campos de la vida de este mundo donde nos has colocado. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 10:42  | Oraciones
 | Enviar
Jueves, 16 de mayo de 2013

Breve semblanza histórica de la parroquia de San José en San Juan de la Rambla publicadas en Programa de Actos con motivo del 50 aniversario de su erección canónica.

Breve semblanza histórica

La demarcación de la actual parroquia de San José, con todos sus barrios, perteneció durante algo más de tres siglos a la parroquia de San Juan Bautista, de San Juan de la Rambla; allí fue donde celebraron los distintos actos de la Fe los vecinos de estos lugares hasta que, en 1963, el templo de San José fue declarado Parroquia. Dicha ermita había sido construida unos dos siglos antes, si bien no hay documentación precisa al respecto. No obstante, es probable que, debido a la lejanía del templo parroquial de San Juan, los vecinos tuviesen la necesidad de construir una ermita en la zona de medianías, donde se asentaba buena parte de la población del municipio.

Hay documentos fechados en las primeras décadas del 1700 que ya expresan el deseo de construir una ermita en el lugar donde hoy se asienta la Parroquia de San José, pero no es hasta pasados tres cuartos de dicha centuria cuando podemos afirmar que la construcción del templo probablemente esté finalizada. La docu­mentación más antigua referida a dichas obras es ya de 1791, pero se refiere a trabajos en la construcción de la sacristía y obras de remozamiento del templo, lo cual indicaría que ya por entonces estaba finalizado. Por otro lado, de diferentes documentos se desprende que, por un lado, en 1764 ya se estaba construyendo el templo, mientras que por otro, en 1781 ya se habla del "pago de San José': lo cual indicaría que el templo llevaría tiempo finalizado, hasta el punto de haber comenzado a dar nombre a ese lugar; por todo ello, es de suponer que su finalización pudo haberse llevado a cabo en la década de 1770.

Consta, asimismo, que en 1839 el Visitador General del Obispado autorizó a que se siguiera celebrando el culto en la ermita al encontrarla con toda decencia, y ya señala el inventario los elementos principales que encontramos actualmente en el retablo principal: una imagen de San José coronas del niño y del santo, y vara de plata; un crucifijo en la parte alta del retablo, a la derecha, una imagen del Rosario con su niño, con coronas de plata; y a la izquierda, una imagen de San Antonio con su niño, con corona de plata y diadema. Además, hace una relación de ornamentos y demás objetos de culto, que dan fe de cómo en apenas medio siglo, la ermita se encontraba totalmente dotada para llevar a cabo el culto con total dignidad.

Un elemento curioso, característico de la iglesia parro­quial es la tribuna alta adosada a la pared sur de la misma, que fue construida en la segunda mitad del siglo XIX como un privilegio concedido a la familia que tenía lugar reservado en las festividades litúrgicas. De hecho, durante ese siglo y parte del siguiente, algunas familias de San Juan subían durante el verano a pasar una temporada coincidiendo con la recogida de las cosechas, y es probable que sea la razón por la cual la festividad de San José se celebre a comienzos de septiembre, cuando el verano está finalizando. La mencionada tribuna se conserva, pero ya no es un lugar de privilegios y diferencias sociales, sino un elemento característico que llama la atención del visitante. El prelado nivariense Mons. Luis Franco Coscón, por decreto dado en La Laguna el 14 de mayo de 1963, elevó la ermita a la categoría de parroquia, segregándola de la de San Juan Bautis­ta, y con jurisdicción en toda la zona alta de San Juan de la Rambla. Con ello se culminó el anhelo de poder satisfacer plenamente las necesidades espirituales de la población, de este hecho celebramos, pues, en este año el 500 aniversario.

 

(Esta semblanza es un extracto de la obra de D. Manuel Ángel Alloza Moreno y D. Manuel Rodríguez Mesa, además de la de D. José Antonio Oramas Luis, acerca del municipio de San Juan de la Rambla)


 | Enviar

Palabras del párroco de la parroquia de San José en San Juan de la Rambla, diócesis de Tenerife, publicadas en el programa de actos a celebrar durante el año 2013-2014 con motivodel cincuenta aniversario de la la erección de la parroquia.

Ayer, hoy y siempre, UNIDOS EN LA FE

En mitad de este Año de la Fe convocado para toda la Iglesia Universal, celebramos el 50 Aniversario de la declaración como Parroquia en nuestra comunidad de San José, en el municipio de San Juan de la Rambla. La vivencia de la Fe en nuestra tierra, sin embargo, se remonta a los primeros tiempos de la llegada del Evangelio a las islas. De hecho, durante varios siglos nuestra población celebró su fe en la iglesia matriz de San Juan Bautista, y la vinculación con ella ha continuado viva a lo largo de la historia, incluso cuando ya San José había sido constituida como iglesia parroquial. Debemos comprender la parroquia como un elemento de comunión, dentro de la iglesia universal.

Fijémonos en cómo se define en los principales documen­tos eclesiales:"La parroquia es una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular (Diócesis) cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio" (Código de derecho canónico)."Es el lugar donde todos los fieles pueden reunirse para la celebración dominical de la Eucaristía. La parroquia inicia al pueblo cristiano en la expresión ordinaria de la vida litúrgica, le congrega en esta celebración; le enseña la doctrina salvífica de Cristo. Practica la caridad del Señor en obras buenas y fraternas" (Catecismo de la Iglesia Católica).

La celebración del cincuentenario es, ante todo, celebración de la unidad, propia de la asamblea cristiana (de hecho, la palabra Iglesia significa asamblea) según el deseo de Jesucristo: "que todos sean uno"(Jn 17, 21). Al mismo tiempo, hacemos un reconocimiento a los antepasados que nos legaron la Fe, celebrándola en un principio en la iglesia matriz de San Juan, y al esfuerzo llevado a cabo para dejarnos nuestra propia iglesia parroquia de San José; todo ello nos lleva al compromiso por transmitir esta Fe a las siguientes generaciones. Así, el lema quiere hacer mención de esta continuidad "ayer, hoy y siempre..: al tiempo que el compromiso para que la Parroquia sea vínculo de unidad en la Fe.

Durante un año de celebraciones vamos a desarrollar diversos actos de culto, al tiempo que se llevarán a cabo algunas actividades de tipo socioreligioso. No se trata de realizar un mero programa de actos, sino que la comisión constituida para impulsar este cincuentenario, tiene como objetivo que la figura de San José, titular de nuestra parroquia, siendo un Santo universal, nos ayude a vivir esta unidad dentro de la diversidad. Es por ello que, por un lado, se realizarán actividades en el propio templo parroquial, y por otro lado, la imagen del santo peregrinará a diversos lugares de la jurisdicción parroquial.

Al mismo tiempo, extendemos la invitación a las comunidades parroquiales de nuestro entorno, para que, si lo desean, se unan a nuestra celebración durante este año, que transcurrirá entre mayo de 2013 y mayo de 2014; y ya que la devoción a San José, es universal, podamos todos los cristianos expresar la unidad que nace de la Fe en un único Señor Jesucristo.

Javier Cruz, cura-párroco


Publicado por verdenaranja @ 17:53  | Espiritualidad
 | Enviar

El 12 de mayo de 2013 se distribuyó oficialmente el Programa de Actos a realizar durante el año con motivo del cincuenta aniversario de la erección de la parroquia de San José en San Juan de la Rambla, diócesis de Tenerife.

PROGRAMA DE ACTOS CON MOTIVO DE LA CELEBRACIÓN
DEL 50 ANIVERSARIO DE LA PARROQUIA DE SAN JOSÉ 2013-2014 

Mayo 2013

12 de mayo de 2013 a las 12:00 h: Celebración Eucarística y acto de inauguración, por la Conmemoración del 50 Aniversario de la Parroquia de San José, presidida por el Vicario General de la Diócesis.

Junio 2013

28 de junio de 2013 a las 19:30 h: Peregrinación a la Parroquia Matriz de San Juan Bautista, San Juan de la Rambla. Celebración Eucarística en Acción de Gracias por la Fe.

Julio 2013

26 de julio de 2013 a las 17:00 h: Día de los Abuelos, en la festividad de San Joaquín y Sta. Ana, padres de la Virgen María. Eucaristía y festival.

Agosto 2013

23 de agosto de 2013 a las 19:00 horas: Visita de la comunidad parroquial del Dulce Nombre de Jesús del municipio de La Guancha, por la Celebración del 50 Aniversario de San José. Eucaristía y Ofrenda al Santo.

Viernes Día 30 de agosto de 2013: peregrinación de la imagen de San José al barrio de Las Rosas, con motivo de las fiestas en honor a Santa Rosalía, y regreso el 2 de septiembre.

Septiembre 2013

Del 2 al 6 septiembre de 2013: Quinario en honor a San José, con la participación y predicación de los últimos párrocos de nuestra comunidad.

9 de septiembre 2013

Día principal de las Fiestas Patronales en Honor a San José, solem­ne Eucaristía a las 12:00 horas. Concelebrada y presidida por el Vicario General de la Diócesis.

Octubre 2013

12 de octubre de 2013 a las 19:30 horas: Festividad de Ntra. Señora del Rosario.

Noviembre 2013

1 de noviembre de 2013 a las 16:00 horas: Peregrinación de la imagen de San José al Cementerio Municipal y celebración de la Eucaristía por todos los difuntos del municipio, y regreso el mismo día.

22 de noviembre de 2013 a las 19:30 horas: Festividad de Santa Cecilia.

Diciembre 2013

14 de diciembre de 2013: Festival de Villancicos en la Parroquia de San José con motivo del 50 aniversario.

Enero 2014

31 de enero de 2014: Peregrinación de la imagen de San José al barrio de La Vera con motivo de la festividad de Ntra Sra de La Candelaria, y regreso el 2 de febrero de 2014.

Febrero 2014

Conferencia sobre la aparición de la Virgen de Guadalupe en México, y sus prodigios.

Marzo 2014

19 de marzo de 2014. Festividad litúrgica de San José.

Del 20 al 22 de marzo de 2014. Charlas cuaresmales sobre "La Parroquia

Abril 2014

27 de abril de 2014. Festividad de la Divina Misericordia. Visita y retiro del Movimiento Apostólico de Tenerife de la Divina Misericordia.

Mayo 2014

1 de mayo de 2014. Peregrinación a Candelaria.

11 de mayo de 2014. Peregrinación de la imagen de San José a los barrios de Los Quevedos, La Portalina, Los Canarios (con motivo de la celebración de San Pancracio), Lomo El Guanche y Molino de Viento (descanso y acto en el Centro Ocupacional San Juan de la Rambla). 18 de mayo de 2014: Celebración de la Eucaristía y clausura de los actos del 50 Aniversario de la Parroquia de San José.

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Otros actos a desarrollar durante el año en el Templo parroquial: 

Primeros Sábados: exposición del Santísimo de 16'00 a 17'30 los primeros sábados de mes, a partir de julio de 2013.

Retiros: invitación a los Movimientos de la Renovación Carismática Católica y a los Talleres de Oración para impartir retiros o cursillos dando a conocer su experiencia eclesial.

Devoción a San José: paulatinamente iremos incrementando actos devocionales al santo patrón en el marco de la Eucaristía dominical.

Exposición fotográfica: En las fiestas patronales de septiembre se llevará a cabo una exposición fotográfica de gran valor documental acerca de la parroquia de San José.


 | Enviar
Mi?rcoles, 15 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece el texto de la catequesis del papa Francisco en la Audiencia General del miércoles 15 de Mayo de 2013 en la plaza de San Pedro, donde el santo padrese encontró con grupos de peregrinos y fieles de Italia y de otros países.

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me quiero centrar en la acción que el Espíritu Santo realiza en la guía de la Iglesia y de cada uno de nosotros a la Verdad. Jesús mismo dice a sus discípulos: el Espíritu Santo "les guiará en toda la verdad" (Jn. 16,13), siendo él mismo "el Espíritu de la Verdad" (cf. Jn 14,17; 15,26; 16,13).

Vivimos en una época en la que se es más bien escéptico con respecto a la verdad. Benedicto XVI ha hablado muchas veces de relativismo, es decir, la tendencia a creer que no hay nada definitivo, y a pensar que la verdad está dada por el consenso general o por lo que nosotros queremos. Surge la pregunta: ¿existe realmente "la" verdad? ¿Qué es "la" verdad? ¿Podemos conocerla? ¿Podemos encontrarla? Aquí me viene a la memoria la pregunta del procurador romano Poncio Pilato cuando Jesús le revela el sentido profundo de su misión: "¿Qué es la verdad?" (Jn. 18,37.38). Pilato no llega a entender que "la" Verdad está frente a él, no es capaz de ver en Jesús el rostro de la verdad, que es el rostro de Dios. Y sin embargo, Jesús es esto: la Verdad, la cual, en la plenitud de los tiempos, "se hizo carne" (Jn. 1,1.14), que vino entre nosotros para que la conociéramos. La verdad no se aferra como una cosa, la verdad se encuentra. No es una posesión, es un encuentro con una Persona.

Pero, ¿quién nos hace reconocer que Jesús es "la" Palabra de la verdad, el Hijo unigénito de Dios Padre? San Pablo enseña que «nadie puede decir: “Jesús es el Señor”, si no está impulsado por el Espíritu Santo» (1 Cor. 12,3). Es solo el Espíritu Santo, el don de Cristo Resucitado, quien nos hace reconocer la verdad. Jesús lo define el "Paráclito", que significa "el que viene en nuestra ayuda", el que está a nuestro lado para sostenernos en este camino de conocimiento; y, en la Última Cena, Jesús asegura a sus discípulos que el Espíritu Santo les enseñará todas las cosas, recordándoles sus palabras (cf. Jn. 14,26).

¿Cuál es entonces la acción del Espíritu Santo en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia para guiarnos a la verdad? En primer lugar, recuerda e imprime en los corazones de los creyentes las palabras que Jesús dijo, y precisamente a través de estas palabras, la ley de Dios --como lo habían anunciado los profetas del Antiguo Testamento--, se inscribe en nuestros corazones y en nosotros se convierte en un principio de valoración de las decisiones y de orientación de las acciones cotidianas; se convierte en un principio de vida. Se realiza la gran profecía de Ezequiel: "Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo… infundiré mi espíritu en ustedes y les haré vivir según mis preceptos, y les haré observar y poner en práctica mis leyes” (36, 25-27). Es un hecho que de lo profundo de nosotros mismos nacen nuestras acciones: es el corazón el que debe convertirse a Dios, y el Espíritu Santo lo transforma si nosotros nos abrimos a Él.

El Espíritu Santo, entonces, como promete Jesús, nos guía "en toda la verdad" (Jn. 16,13); nos lleva no solo al encuentro con Jesús, plenitud de la Verdad, sino que nos guía "en" la Verdad, es decir, nos hace entrar en una comunión siempre más profunda con Jesús, dándonos la inteligencia de las cosas de Dios. Y esta no la podemos alcanzar con nuestras fuerzas. Si Dios no nos ilumina interiormente, nuestro ser cristianos será superficial. La Tradición de la Iglesia afirma que el Espíritu de la verdad actúa en nuestros corazones, suscitando aquel "sentido de la fe" (sensus fidei), a través del cual, como afirma el Concilio Vaticano II, el Pueblo de Dios, bajo la guía del Magisterio, indefectiblemente se adhiere a la fe transmitida, la profundiza con un juicio recto y la aplica más plenamente en la vida (cf. Constitución dogmática Lumen Gentium, 12). Probemos a preguntarnos: ¿estoy abierto a la acción del Espíritu Santo, le pido para que me ilumine, y me haga más sensible a las cosas de Dios?

Esta es una oración que tenemos que rezar todos los días: Espíritu Santo, haz que mi corazón esté abierto a la Palabra de Dios, que mi corazón esté abierto al bien, que mi corazón esté abierto a la belleza de Dios, todos los días. Me gustaría hacerles una pregunta a todos ustedes: ¿Cuántos de ustedes rezan cada día al Espíritu Santo, eh? ¡Serán pocos, eh! pocos, unos pocos, pero nosotros tenemos que cumplir este deseo de Jesús y orar cada día al Espíritu Santo para que abra nuestros corazones a Jesús.

Pensemos en María que «conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón " (Lc. 2,19.51). La recepción de las palabras y las verdades de fe, para que se conviertan en vida, se realiza y crece bajo la acción del Espíritu Santo. En este sentido, debemos aprender de María, reviviendo su "sí", su total disponibilidad para recibir al Hijo de Dios en su vida, que desde ese momento la transformó. A través del Espíritu Santo, el Padre y el Hijo establecen su morada en nosotros: nosotros vivimos en Dios y para Dios. ¿Pero nuestra vida está verdaderamente animada por Dios? ¿Cuántas cosas interpongo antes que Dios?

Queridos hermanos y hermanas, tenemos que dejarnos impregnar con la luz del Espíritu Santo, para que Él nos introduzca en la Verdad de Dios, que es el único Señor de nuestra vida. En este Año de la Fe, preguntémonos si en realidad hemos dado algunos pasos para conocer mejor a Cristo y las verdades de la fe, con la lectura y la meditación de las Escrituras, en el estudio del Catecismo, acercándonos con asiduidad a los Sacramentos. Pero preguntémonos al mismo tiempo cuántos pasos estamos dando para que la fe dirija toda nuestra existencia. No se es cristiano "por momentos", solo algunas veces, en algunas circunstancias, en algunas ocasiones. ¡No, no se puede ser cristiano así! ¡Se es cristiano en todo momento! Totalmente.

La verdad de Cristo, que el Espíritu Santo nos enseña y nos regala, forma parte para siempre y totalmente de nuestra vida cotidiana. Invoquémosle con más frecuencia, para que nos guíe en el camino de los discípulos de Cristo. Invoquémosle todos los días. Les hago esta propuesta: invoquemos cada día al Espíritu Santo. ¿Lo harán? No oigo, eh, ¡todos los días, eh! Y así el Espíritu nos acercará a Jesucristo. Gracias.

Traducción con los servicios de Radio Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Habla el Papa
 | Enviar

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo de Pentecostés - C.

NECESITADOS DE SALVACIÓN    

        El Espíritu Santo de Dios no es propiedad de la Iglesia. No pertenece en exclusiva a las religiones. Hemos de invocar su venida al mundo entero tan necesitado de salvación.

        Ven Espíritu creador de Dios. En tu mundo no hay paz. Tus hijos e hijas se matan de manera ciega y cruel. No sabemos resolver nuestros conflictos sin acudir a la fuerza destructora de las armas. Nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo ensangrentado por las guerras. Despierta en nosotros el respeto a todo ser humano. Haznos constructores de paz. No nos abandones al poder    del mal.

        Ven Espíritu liberador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas vivimos esclavos del dinero. Atrapados por un sistema que nos impide caminar juntos hacia un mundo más humano. Los poderosos son cada vez más ricos, los débiles cada vez más pobres. Libera en nosotros la fuerza para trabajar por un mundo más justo. Haznos más responsables y solidarios. No nos dejes en manos de nuestro egoísmo.

        Ven Espíritu renovador de Dios. La humanidad está rota y fragmentada. Una minoría de tus hijos e hijas disfrutamos de un bienestar que nos está deshumanizando cada vez más. Una mayoría inmensa muere de hambre, miseria y desnutrición. Entre nosotros crece la desigualdad y la exclusión social. Despierta en nosotros la compasión que lucha por la justicia. Enséñanos a defender siempre a los últimos. No nos dejes vivir con un corazón enfermo.

        Ven Espíritu consolador de Dios. Muchos de tus hijos e hijas viven sin conocer el amor, el hogar o la amistad. Otros caminan perdidos y sin esperanza. No conocen una vida digna, solo la incertidumbre, el miedo o la depresión. Reaviva en nosotros la atención a los que viven sufriendo. Enséñanos a estar más cerca de quienes están más solos. Cúranos de la indiferencia.

        Ven Espíritu bueno de Dios. Muchos de tus hijos e hijas no conocen tu amor ni tu misericordia. Se alejan de Ti porque te tienen miedo. Nuestros jóvenes ya no saben hablar contigo. Tu nombre se va borrando en las conciencias. Despierta en nosotros la fe y la confianza en Ti. Haznos portadores de tu Buena Noticia. No nos dejes huérfanos.

        Ven Espíritu vivificador de Dios. Tus hijos e hijas no sabemos cuidar la vida. No acertamos a progresar sin destruir, no sabemos crecer sin acaparar. Estamos haciendo de tu mundo un lugar cada vez más inseguro y peligroso. En muchos va creciendo el miedo y se va apagando la esperanza. No sabemos hacia dónde nos dirigimos. Infunde en nosotros tu aliento creador. Haznos caminar hacia una vida más sana. No nos dejes solos. ¡Sálvanos!

José Antonio Pagola 

Red Evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Difunde la invocación al Espíritu
19 de mayo de 2013
Pentecostés (C)


Publicado por verdenaranja @ 23:09  | Espiritualidad
 | Enviar

Desde la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar se recibe carta animando a la a la celebración de la Jornada de Apostolado 2013  en las parroquias.

Diócesis de San Cristóbal de La Laguna

Estimados hermanos en Cristo, sacerdotes, religiosos, consagrados y seglares:

En esta sexta semana pascual, reitero una Feliz Pascua, un Feliz Camino y Paso del Señor de la Vida por nuestras vidas. Permítanme esta interrupción, breve y necesaria. Cada año en el entorno de Pentecostés, la Delegación Diocesana de Apostolado Seglar, suele organizar en uno u otro formato un Encuentro de seglares que convoca a miembros de grupos, asociaciones y movimientos apostólicos, si bien jamás se excluye a seglares de otras instancias.

Estamos en el Año de la fe, lo inauguramos el 12 de octubre en Garachico y el Sr. Obispo nos solicitó que estuviéramos presentes activa y manifiestamente ese día, de tal manera que fuera la “jornada” anual referida a ese encuentro de seglares; así lo hicimos, allí se hicieron presentes miembros de grupos, de asociaciones laicales y de movimientos. Preparamos un signo: la piedra de la fe con la señal de la Cruz, la fecha y el término “creo”; ese día fue un día profundamente eclesial.

Por tanto, respondiendo a esa solicitud este año no habrá encuentro ni Vigilia organizados por la Delegación; este año cada movimiento puede organizarse, de hecho algunos así lo han hecho.

Desde la Delegación animamos a que sea ésta una ocasión propicia para celebrar en las parroquias, en los arciprestazgos; ahí hemos de ser y hacer presencia los movimientos eclesiales.

Se facilita el vínculo a los movimientos que para Pentecostés 2013 edita y propone la Conferencia Episcopal Española.

El 19 de mayo todos nos encontraremos orando, invocando con fe y con serena esperanza al Espíritu Santo que nos alienta siempre. Desde la delegación ya preparamos el Congreso de Apostolado Seglar para 2014 D.m.

Feliz Pentecostés

María José García Cabrera

Delegada Episcopal de Apostolado Seglar


 | Enviar
Lunes, 13 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece el texto de consagración del pontificado del papa que fue leído por el cardenal patriarca de Lisboa, José Policarpo, al concluir la misa del 13 de mayo de 2013 en el santuario de Fátima.

Consagración a Nuestra Señora de Fátima del ministerio del Papa Francisco

Estamos a vuestros pies los obispos de Portugal y esta multitud de peregrinos, en el 96 aniversario de vuestra aparición a los pastorcitos en la Cova de Iría, para dar cumplimiento al deseo del papa Francisco claramente expresado, de que os consagremos, Virgen de Fátima, su ministerio como obispo de Roma y pastor universal.

Así os consagramos Señora, a Vos que sois Madre de la Iglesia, el ministerio del nuevo papa: llenad su corazón de la ternura de Dios, que habéis experimentado como nadie, de manera que él pueda abrazar a todos los hombres y mujeres de este tiempo con el amor de vuestro hijo Jesucristo. La humanidad contemporánea necesita sentirse amada, por Dios y por la Iglesia. Solamente sintiéndose amada vencerá la tentación de la violencia, del materialismo, del olvido de Dios, de la pérdida del rumbo. Y será conducida por Vos a un mundo nuevo en el que el amor reinará.

Dadle el don del discernimiento, para saber identificar los caminos de la renovación de la Iglesia. Dadle el coraje para no dudar en seguir los caminos sugeridos por el Espíritu Santo, amparadle en las horas duras del sufrimiento, a vencer en la caridad las probaciones que la renovación de la Iglesia le traerá. Estad siempre a su lado, pronunciando con él aquellas palabras que bien conocéis: “Yo soy la Sierva del Señor, hágase en mi según Tu palabra”.

Los caminos de renovación de la Iglesia nos llevan a redescubir la actualidad del mensaje que le habéis dejado a los pastorcillos: la exigencia de la conversión a Dios que ha sido tan ofendido, porque tan olvidado. La conversión es siempre un regreso al amor de Dios. Dios perdona porque nos ama. Es por esto que su amor se llama misericordia. La Iglesia protegida por Vuestra maternal solicitud y guiada por este pastor, tiene que afirmarse cada vez más como lugar de conversión y perdón, porque en en ella la verdad se expresa siempre en la caridad.

Vos indicasteis la oración como el camino decisivo de la conversión. Enseñad a la Iglesia que sois miembro y modelo, para que seamos cada vez más un pueblo orante, en comunión con el santo padre, el primero de los orantes de este pueblo y también en comunión silenciosa con el anterior papa, Su Santidad Benedicto XVI, que escogió el camino del orante silencioso, profundizando la Iglesia en los caminos de la oración.

En Vuestro mensaje a los pastorcitos, aquí en Cova de Iría, habéis puesto de relieve el ministerio del papa, “el hombre vestido de blanco”. Tres de los últimos papas fueron peregrinos de vuestro santuario. Solamente Vos Señora, en vuestro amor maternal a toda la Iglesia, podéis poner en el corazón del papa Francisco el deseo de ser peregrino de este santuario. No es algo que le podamos pedir por otras razones. Solamente la complicidad silenciosa entre Vos y él lo llevará a sentirse atraído por esta peregrinación, en la certeza de que será acompañado por millones de creyentes, dispuesto a oír de nuevo Vuestro mensaje.

Aquí en este altar del mundo, el podrá bendecir a la humanidad, hacer sentir al mundo de hoy que Dios ama a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo, que la Iglesia les ama y que Vos, Madre del Redentor, los conducís con ternura por los caminos de la salvación

+ JOSE, cardenal patriarca.

Presidente de la Conferencia Episcopal Portuguesa

Traducción no oficial del texto que la oficina de prensa del Santuario de Fátima le entregó a ZENIT


Publicado por verdenaranja @ 23:00  | Hablan los obispos
 | Enviar

  DIRIGIDA A: Delegados de Cáritas en los arciprestazgos. Coordinadoras/es de Cáritas arciprestales, animadoras/es arciprestales y a todo el voluntariado.

ASUNTO: AACCTTOOSS IINNSSTTIITTUUCCIIOONNAALLEESS MMAAYYOO 22001133

Estimadas/os amigas/os:

Un año más y en pocas fechas tendremos la festividad de Corpus Christi y Día Nacional de Caridad, o Día de Cáritas. Como en años anteriores y coincidiendo con el Corpus, presentamos la Memoria de Cáritas en la Diócesis, en este caso del año 2012. Será en rueda de prensa el día 23 del presente mayo a las 11:00 horas de la mañana en el Seminario Diocesano, y la presidirá nuestro Obispo Bernardo.

Por otro lado, al día siguiente, 24 de mayo y a las ocho de la tarde (20:00 horas), tendremos el acto Institucional (este año muy sencillo y austero), consistente en una concen-tración de todas/os en la Plaza Weyler a dicha hora, para desplazarnos en manifestación hacia la Plaza de la Candelaria, donde tendremos nueva concentración y lectura de un manifiesto, además de algunos testimonios.

Cuento con vuestra presencia en ambos actos y os doy las gracias.

Un abrazo.


Publicado por verdenaranja @ 22:51
 | Enviar
Domingo, 12 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece las palabras que Papa Francisco pronunció al concluir la santa misa de canonización en la explanada de la basílica del Vaticano, el domingo 12 de Mayo de 2013.

Queridos hermanos y hermanas, al concluir esta celebración deseo saludar a todos aquellos que vinieron a rendir homenaje a los nuevos santos, en modo particular a las delegaciones oficiales de Italia, Colombia y México.

Los mártires de Otranto ayuden al querido pueblo italiano a mirar con esperanza el futuro, confiando en la cercanía de Dios que nunca nos abandona, ni siquiera en los momentos difíciles.

Que por la intercesión de Madre Laura Montoya, el Señor conceda un nuevo impulso misionero y evangelizador a la Iglesia, y que, inspirados en el ejemplo de concordia y reconciliación de esta nueva Santa, los amados hijos de Colombia continúen trabajando por la paz y el justo desarrollo de su Patria.

En las manos de Santa Guadalupe García Zavala ponemos a todos los pobres, los enfermos y a cuantos los asisten, y encomendamos a su intercesión a la noble nación mexicana, para que desterrada toda violencia e inseguridad, avance cada vez más por el camino de la solidaridad y la convivencia fraterna.

Tengo además la alegría de recordarles que ayer en Roma fue proclamado el sacerdote Luigi Novarese, fundador del Centro de Voluntarios del Sufrimiento y de los Silenciosos Operarios de la Cruz. Me uno a la acción de gracias por este sacerdote ejemplar, que supo renovar la pastoral de los enfermos volviéndolos activos en la Iglesia.

Saludo a los participantes de la “Marcha por la Vida” que se realizó esta mañana en Roma e invito a mantener viva la atención de todos sobre un tema tan importante: el respeto de la vida humana desde el momento de la concepción.

A este propósito recuerdo que hoy en muchas parroquias italianas se realiza una recolección de firmas, para apoyar a la iniciativa “Uno de nosotros”, para garantizar protección jurídica al embrión, protegiendo a cada ser humano desde el primer instante de su existencia. Un momento especial para quienes toman en serio la defensa de la sacralidad de la vida humana será la “Jornada de la Evangelium Vitae”, que se realizará aquí en el Vaticano, en el contexto del Año de la Fe, el 15 y 16 de junio próximo.

Saludo con afecto a todos los grupos parroquiales, a las familias, escuelas y a los jóvenes presentes. Con amor filiar nos dirigimos ahora a la Virgen María, madre y modelo para todos los santos.


Publicado por verdenaranja @ 23:40  | Habla el Papa
 | Enviar
S?bado, 11 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece una reflexión del obispo auxiliar de Guadalajara, México, Miguel Romano Gómez, sobre la formación de los futuros sacerdotes, basada en los datos y la experiencia en los seminarios de América Latina.

Aspectos prioritarios de la formación sacerdotal, en un cambio de época
Una reflexión a partir de la experiencia en América Latina

Por Miguel Romano Gómez

1. Inmadurez psicológica

En América Latina, la inestabilidad entre los sacerdotes y los candidatos al sacerdocio, tanto diocesanos como religiosos, es un hecho significativo, que nos invita a reflexionar sobre algunos aspectos de la formación sacerdotal, tanto en su etapa inicial como permanente. Si bien la inestabilidad vocacional ha existido siempre, ésta tiende a aumentarse, como consecuencia de la transformación cultural que trae consigo este cambio de época. Como mencionábamos anteriormente, en Latinoamérica, donde el número de católicos por sacerdote tiende a incrementarse rápidamente, ocurren el 26% de los abandonos ministeriales mundiales y el 45% de las deserciones vocacionales de los seminarios de todo el Orbe. Así como es necesario buscar el ingreso constante y creciente de jóvenes aptos para el sacerdocio, también debemos velar para que quienes ingresan a nuestros Seminarios, sean idóneos y cuenten con los recursos suficientes para perseverar con fidelidad en el ministerio.

La mayoría de las deserciones encuentran su origen en una deficiente formación humana. Constatamos que las nuevas generaciones de seminaristas y sacerdotes que son más vulnerables en esta dimensión y presentan mayores deficiencias y condicionamientos que en el pasado, sin negar que también existen otras deficiencias en las demás dimensiones de la formación. No obstante, no debemos perder de vista que, sobre la dimensión humana, descansan los demás aspectos de la formación sacerdotal, y por ello, es la dimensión que primariamente se debe consolidar.

El Documento de Aparecida recoge esta inquietud del episcopado latinoamericano al señalar la necesidad de velar por una formación que pueda responder mejor a los retos que enfrentan actualmente los sacerdotes. Particularmente, señala:

“Se deberá prestar especial atención al proceso de formación humana hacia la madurez, de tal manera que la vocación al sacerdocio ministerial de los candidatos llegue a ser en cada uno un proyecto de vida estable y definitivo, en medio de una cultura que exalta lo desechable y lo provisorio. Dígase lo mismo de la educación hacia la madurez de la afectividad y la sexualidad. Ésta debe llevar a comprender mejor el significado evangélico del celibato consagrado como valor que configura a Jesucristo, por tanto, como un estado de amor, fruto del don precioso de la gracia divina, según el ejemplo de la donación nupcial del Hijo de Dios; a acogerlo como tal con firme decisión, con magnanimidad y de todo
corazón; y a vivirlo con serenidad y fiel perseverancia, con la debida ascesis en un camino personal y comunitario, como entrega a Dios y a los demás con corazón pleno e indiviso”.

Para formar personalidades lo suficientemente maduras para el ministerio sacerdotal, conviene revisar las principales áreas de la formación en la dimensión humana, no tanto en sus contenidos sino en sus formas.

2. Formar la inteligencia para reconocer y amar la Verdad

La Exhortación Post-sinodal Pastores Dabo Vobis señala el amor a la verdad como una de las cualidades humanas necesarias para lograr una personalidad equilibrada, sólida y libre (cf. PDV 43). El amor a la verdad supone primero su aprehensión, lo cual se logra mediante la formación de la inteligencia. La inteligencia se forma cuando se aprende a pensar, cuando descubre por sí misma, cuando lee el interior de las realidades, principalmente, la realidad personal. Los conocimientos que son fruto de la tarea personal de pensar, descubrir, conocerse a sí mismo, entender, conectar unos acontecimientos con otros, son los que realmente logran formar esta capacidad.

Por otro lado, resulta de capital importancia tener en cuenta, en la formación intelectual, la pertinente observación del Cardenal John Henry Newman al distinguir entre dos tipos de conocimiento que llevan a su vez a dos maneras de asentir: el asentimiento nocional y el asentimiento real. El primero se refiere al asentimiento de un conocimiento de tipo teórico, científico y aun teológico, que se refiere a la verdad de los principios generales; y el segundo, el asentimiento real, el cual se refiere al conocimiento de lo concreto, vivo y cercano. Es decir, no es lo mismo aceptar como verdadero que Jesús es el Hijo de Dios en teoría, a aceptar que verdaderamente Jesús es mí Salvador y que, por tanto, debo obrar en consecuencia. Tampoco es lo mismo conocer y aceptar teóricamente los compromisos que exige el sacerdocio, como es el celibato, a asumir en la propia vida todas sus consecuencias. En la labor formativa se deben asegurar los dos tipos de conocimiento con sus respectivas formas de asentimiento, quizá poniendo un mayor énfasis en el real, pero nunca uno sin el otro. Ante la incoherencia que se puede presentar entre la forma de pensar y de vivir, debemos estar atentos a corregirla oportunamente, pues a veces, quien pretende vivirlo no se ha dado cuenta de la relación vital que guardan los principios que ha aceptado teóricamente con la vida personal, ni ha logrado traducirlos en acciones concretas y congruentes con esos principios.

3. Formar el corazón: la educación afectiva y de la sexualidad

Uno de los puntos en los que más se ha insistido en la formación sacerdotal, ya sea en su etapa inicial como en la permanente, es el de la educación de la afectividad y la sexualidad. La madurez afectiva es el resultado de la educación en el amor verdadero y responsable, que se caracteriza por comprometer a toda la persona, y que se expresa mediante el significado “esponsal” del cuerpo humano (cf. PDV 44). A su vez, la madurez afectiva que se desea en los sacerdotes, debe estar caracterizada por la prudencia, la renuncia a todo lo que pueda ponerla en peligro, la vigilancia sobre el cuerpo y el espíritu, al igual que por la estima y el respeto a las relaciones interpersonales con hombres y con mujeres (cf. Ibíd.). Se trata, por tanto, de una tarea que rebasa las solas fuerzas humanas, y que requiere de la eficaz gracia de Dios, pues Él es, en definitiva, el Educador del corazón humano.

El cambio de época que nos ha tocado vivir conlleva una serie de retos que deben ser afrontados ya desde la formación inicial. Podemos advertir que, además de haberse incrementado un ambiente donde se vive el permisivismo moral y el hedonismo, ha comenzado a aparecer, también entre los sacerdotes, un nuevo individualismo de corte estético-emotivo, que afecta directamente la dimensión afectiva de la persona. Este nuevo individualismo está constituido por la apariencia y la emoción, en donde las cosas son relevantes en la medida en que logren estimular los sentidos o engrandecer la imaginación.

Debemos advertir sobre la presencia, cada vez frecuente, del narcisismo, el cual junto con la homosexualidad, son las formas típicas de inmadurez afectiva y sexual (cf. OECS 21). El narcisismo contemporáneo, va de la mano con la aparición del individualismo de corte estético-emotivo, y quizá por ello se ha difundido más en la sociedad. Este narcisismo se caracteriza, además de un equivocado amor a sí mismo, por la ansiedad, pues se busca encontrar un sentido a la vida ya que se duda incluso de su propia identidad. Quienes lo viven, generalmente presentan actitudes sexuales permisivas y egocéntricas. Son ferozmente competitivos en su necesidad de aprobación o aclamación y tienden a desprestigiar y desconfiar de los demás. Su autoestima depende de los demás y no pueden vivir sin una audiencia que los admire y apruebe. Presentan conductas antisociales en las que se huye de la cooperación y el trabajo en equipo, pues son personas que viven en un lamentable y estéril individualismo. Además, tienden a la codicia, son amantes de las gratificaciones inmediatas y viven preocupadas por fantasías de éxito ilimitado. Se sienten “especiales” y por ello buscan siempre un trato “especial” y protagónico. Asimismo, frecuentemente envidian a otros o creen que los demás los envidian a ellos, y presentan comportamientos o actitudes arrogantes, soberbias y carecen de empatía hacia los demás.

Se ha incrementado el número de personas narcisistas o con tendencias homosexuales en nuestra sociedad, como consecuencia de la desintegración familiar y el incremento de familias monoparentales, por el permisivismo moral y la cultura hedonista, y sobre todo, por la falta de cercanía, afecto y atención a los hijos. Esto presenta un particular reto para nosotros, tanto en la selección como en la formación de los candidatos al sacerdocio, pues son muchos los que proceden de hogares disfuncionales en los que no ha habido una adecuada identificación con la figura paterna, o bien, ésta ha estado ausente en ellos.


Publicado por verdenaranja @ 23:47  | Hablan los obispos
 | Enviar
Viernes, 10 de mayo de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo de la Ascensión del SEñor - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo de la Ascensión del Señor C

 Trasladada del Jueves, celebramos este domingo la Solemnidad de la Ascensión del Señor.   

¡Que fiesta más hermosa!

Con un lenguaje solemne, el salmo responsorial proclama el contenido esencial de la Solemnidad: “Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas”. En efecto, terminada la misión que el Padre le encomendó realizar en la tierra, Jesucristo asciende hoy al Cielo y se sienta  a la derecha de Dios Padre, es decir, en igualdad con el Padre.

A primera vista, puede parecernos extraña la alegría con la que celebramos esta gran fiesta. Lo más normal hubiera sido que, después de despedir al Señor, los apóstoles volvieran con gran pena y tristeza… Sin embargo, nos dice el Evangelio que “se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios”.

En la Oración de la Misa le pedimos al Señor que nos conceda “saltar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza…”

¡Nos alegramos por Jesucristo y por nosotros!  

Veamos:

Por Jesucristo, porque vuelve al Cielo, vestido de nuestra condición humana glorificada. Es el momento culminante de  su exaltación y su victoria sobre el pecado, el mal y la muerte. Y así vive en el Cielo, intercediendo por nosotros, hasta su Vuelta gloriosa que esperamos. Es lo que  dicen a los discípulos aquellos varones vestidos de blanco.

Por nosotros, porque la Ascensión de Jesucristo, el Hijo de Dios, “es ya nuestra victoria y, donde nos ha precedido Él, que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su Cuerpo”.

Así lo expone S. Pablo: “Dios, por el gran amor con que nos amó, estando muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo - por pura gracia estáis salvados -, nos ha resucitado con Cristo Jesús, y nos ha sentado en el Cielo con Él”.

          Por tanto, para S. Pablo la Ascensión de Jesucristo al Cielo es inseparable de nuestra marcha al Cielo. Nuestro destino definitivo está, por tanto, ya determinado, está ya cumpliéndose. Sólo el pecado puede estropear tanta grandeza.

          Jesús les recuerda a los suyos su  condición de apóstoles, es decir,  de enviados, para ser “sus testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo”.

Para ello les advierte que no se alejen de Jerusalén; tienen que aguardar “la promesa de la que les ha hablado”: el Espíritu Santo.

La segunda lectura nos presenta la entrada de Cristo en el Santuario del Cielo como Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, para ponerse ante Dios intercediendo por nosotros. El texto nos anima a acercarnos a Él, con corazón sincero y llenos de fe, con el corazón purificado de mala conciencia y con el cuerpo lavado en agua pura. Y añade: “Mantengámonos firmes en la esperanza que profesamos, porque es fiel quien hizo la promesa”.        


Publicado por verdenaranja @ 18:42  | Espiritualidad
 | Enviar

SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN C

 MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

La Ascensión del Señor y la venida del Espíritu Santo constituyen el comienzo de la misión que se confía a los apóstoles y a todos los cristianos. Es también el comienzo de una esperanza: "El Señor volverá". Escuchemos con atención.

 

SEGUNDA LECTURA

        El texto de la Carta a los Hebreos interpreta el hecho de la Ascensión de Cristo en clave sacerdotal: El Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza entra en el Santuario del Cielo  para interceder por nosotros.

 

EVANGELIO

        El Evangelio nos presenta a Jesucristo hablando con los apóstoles acerca de su misión, bendiciéndoles y subiendo al Cielo. Y les promete el Espíritu Santo para que sean en el mundo entero testigos de todo lo sucedido.

        Aclamemos ahora a Cristo que sube al Cielo, con el canto del aleluya.

 

COMUNIÓN

        En la Comunión recibimos al mismo Cristo que está en el Cielo, a la derecha del Padre. Por eso la Eucaristía es como un Cielo anticipado. En ella tomamos parte de los bienes de allá arriba, de nuestra Patria definitiva, y recibimos el alimento y la fuerza que necesitamos para no desfallecer por el camino. 


Publicado por verdenaranja @ 18:37  | Liturgia
 | Enviar
Jueves, 09 de mayo de 2013

Mensaje de Monseñor Aguer por la 114 peregrinación platense al santuario de la patrona de Argentina (AICA)

En el regazo de la Madre del Señor


Mensaje a los fieles de la arquidiócesis para preparar la peregrinación a Luján

La peregrinación a Luján es un momento fuerte del calendario arquidiocesano, que al repetirse cada año actualiza la historia de nuestra fe. En este gesto de piedad mariana nos reconocemos miembros de la Iglesia y herederos de una tradición que deseamos hacer presente en nuestros días y transmitir a las nuevas generaciones. Podemos exhibir con satisfacción que la de este año es la peregrinación platense número 114. ¿Qué contenidos especiales le asignaremos? ¿Cuáles pueden ser las intenciones a compartir, las que pondremos a los pies de Nuestra Señora?

En primer lugar, recordemos que estamos viviendo el Año de la fe, una oportunidad providencial para renovar nuestra profesión de fe como acto personal y comunitario. Al creer no lo hacemos aisladamente, sino que adherimos a la fe de la Iglesia, en cuyo seno y por la gracia del bautismo hemos recibido el don de la fe. Pidámosle en Luján a la Virgen María que nos ayude a crecer en la fe; que a ejemplo suyo recibamos siempre la palabra de Dios con actitud de obediencia y respondamos a ella con gozosa entrega. Que sigamos a Jesús como ella lo hizo, aun en las horas difíciles, cuando se trata de ir con él hasta la cruz. Pidamos como fruto de la peregrinación la alegría de la fe, y que esta alegría, a través de la acción evangelizadora de la Iglesia, se extienda a todo el pueblo argentino.

La elección del Papa Francisco ha suscitado una gran esperanza en todo el mundo, y entre nosotros una explosión de entusiasmo. Nos sentimos conmovidos por este suceso providencial, que nos honra y a la vez nos interpela como católicos y argentinos. Muchos compatriotas, al ver a un hijo de esta tierra nuestra llamado al servicio de Pastor universal como sucesor de Pedro, reavivan su conciencia de pertenecer a la Iglesia y se acercan nuevamente a ella. Esta realidad auspiciosa implica para todos, pastores y fieles, una seria responsabilidad y el consiguiente compromiso: abrir las puertas de nuestros corazones y de nuestras comunidades para la acogida cordial y empeñarnos en una salida misionera más decidida y confiada en la gracia de Dios, que quiere manifestarse en este momento singular.

Llevamos también a Luján el dolor y la angustia de una ciudad que ha sufrido la calamidad de la reciente inundación, con pérdida de muchas vidas y daños incontables. En situaciones como la que se ha vivido en La Plata y sus alrededores suele aparecer lo mejor y lo peor de la condición humana; se pone en evidencia la desidia, la mezquindad, el incumplimiento de deberes insoslayables, pero también la generosidad, la grandeza de ánimo, el espíritu de solidaridad de nuestro pueblo y el heroísmo silencioso de muchos. Con nuestra oración ante la Virgen santísima imploremos la misericordia de Dios para los difuntos, consuelo y serenidad para sus familias y el amparo de la Providencia sobre todos nosotros; que especialmente proteja y anime a aquellos que más han sufrido, que incluso perdieron cuanto poseían.

El amparo de la Providencia lo experimentamos de un modo cercano y cálido cuando acudimos a la Madre del Señor y permanecemos en su regazo.

+ Héctor Aguer

Arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 21:11  | Hablan los obispos
 | Enviar
Mi?rcoles, 08 de mayo de 2013

ZENIT  nos ofrece la carta pastoral de monseñor Julián Ruiz Martorell, obispo de Jaca y Huesca sobre el acontecimiento evangélico de lña Ascensión del Señor.

 

''La Ascensión es una intensificación de la presencia de Cristo''

Queridos hermanos en el Señor:

Os deseo gracia y paz.

San Lucas presenta el acontecimiento de la Ascensión dos veces: en los Hechos de los Apóstoles, de modo más detallado, y al final de su evangelio.

En los Hechos de los Apóstoles los discípulos están preocupados todavía por la restauración del reino de Israel. Le preguntan a Jesús: “Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?”. Jesús les responde que no les corresponde a ellos conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido. Pero les promete la fuerza del Espíritu Santo, que bajará sobre ellos y les hará ser testigos “en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo”. La perspectiva se ensancha de una manera impresionante: en vez de la restauración de Israel, se trata de ser testigos de Cristo resucitado hasta los confines del mundo. De este modo, gracias a la fuerza y a la luz del Espíritu Santo, los apóstoles asumirán la tarea extraordinaria de propagar la fe en Cristo entre todos los pueblos.

Dicho esto, lo vieron levantarse hasta que una nube se lo quitó de la vista. Los apóstoles se quedan mirando al cielo como encantados. Pero dos ángeles les dicen: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”. No es éste el momento de mirar al cielo, sino de llevar a cabo la obra apostólica, de trabajar en la tierra para propagar la fe en Jesús y, con ella, la esperanza y la caridad.

La Ascensión no es para nosotros únicamente el fundamento de nuestra esperanza de reunirnos al final con Cristo en el cielo, sino un estímulo para trabajar en la transformación del mundo según el plan de Dios.

En el evangelio de San Lucas encontramos también una perspectiva universal. Jesús resucitado comunica a sus discípulos que “en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén”. Esto será posible gracias al Espíritu Santo prometido por el Padre. Afirma Jesús: “Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto”.

La Ascensión introduce en nosotros un fuerte dinamismo de esperanza y, al mismo tiempo, de laboriosidad apostólica. Debemos acoger la fuerza que se manifiesta en la Ascensión de Jesús, para transformar la vida a nuestro alrededor y preparar así el retorno del Señor.

La Ascensión no es un marcharse que produce una ausencia, sino la inauguración de un nuevo modo de presencia. Con la Ascensión Jesús no se ha alejado, no se ha ausentado, sino que, por el contrario, se ha establecido para siempre en medio de nosotros a través de su Espíritu. La Ascensión no es un viaje de regreso, un adiós, una desaparición, sino el comienzo de su estar presente más íntimo, no fuera, sino dentro de nosotros. Sucede como con la Eucaristía: mientras que la Sagrada Forma está fuera de nosotros, la vemos, la adoramos; cuando la recibimos y comulgamos ya no la vemos con los ojos, pero está dentro de nosotros. Se ha inaugurado una presencia nueva y más dinámica.

La Ascensión es una intensificación de la presencia de Cristo. No establece distancias entre el cielo y la tierra, sino que asegura establemente la comunicación entre cielo y tierra.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.


Publicado por verdenaranja @ 23:14  | Hablan los obispos
 | Enviar

ZENIT  nos ofrece el texto íntegro e ñas àñabras que el santo padre Francisco dirigió, el miércoles 8 de Mayo de 2013, a la gran multitud de fieles que llenaban la plaza de San Pedro en la Audiencia general.

¡Queridos hermanos y hermanas!

El tiempo pascual que con alegría estamos viviendo, guiados por la liturgia de la Iglesia, es por excelencia el tiempo del Espíritu Santo donado "sin medida" (cfr Jn 3,34) de Jesús crucificado y muerto. Este tiempo de gracia se concluye con la fiesta de Pentecostés, en la que la Iglesia revive la efusión del Espíritu sobre María y los Apóstoles reunidos en oración en el Cenáculo.

¿Pero quién es el Espíritu Santo? En el Credo profesamos con fe: "Creo en el Espíritu Santo que es Señor y da la vida". La primera verdad a la que nos unimos en el Credo es que el Espíritu Santo es Kýrios, Señor. Lo que significa que Él es verdaderamente Dios como lo son el Padre y el Hijo, objeto, por nuestra parte, del mismo acto de adoración y de glorificación que dirigimos al Padre y al Hijo. El Espíritu Santo, de hecho, es la tercera Persona de la Santísima Trinidad; es el gran don del Cristo Resucitado que abre nuestra mente y nuestro corazón a la fe en Jesús como el hijo enviado del Padre que nos guía a la amistad, a la comunión con Dios.

Pero quisiera detenerme sobre todo en el hecho de que el Espíritu Santo es la fuente inagotable de la vida de Dios en nosotros. El hombre de todos los tiempo y de todos los lugares desea una vida plena y bella, justa y buena, una vida que no sea amenazada por la muerte, sino que pueda madurar y crecer hasta su plenitud. El hombre es como un viajero que, atravesando los desiertos de la vida, tiene sed de un agua viva, efusiva y fresca, capaz de saciar profundamente su deseo profundo de luz, de amor, de belleza y de paz. ¡Todos sentimos este deseo! Y Jesús nos dona esta agua viva: esta es el Espíritu Santo, que procede del Padre y que Jesús reserva en nuestros corazones. "Yo he venido para que tengáis vida y vida en abundancia", nos dice Jesús (Jn 10, 10).

Jesús promete a la Samaritana darle "un agua viva", con sobreabundancia y para siempre, a todos lo que lo reconocen como el Hijo enviado por el Padre para salvarnos (cfr Jn 4, 5-26; 3-17). Jesús ha venido a darnos esta "agua viva" que es el Espíritu Santo, para que nuestra vida sea guiada por Dios, sea animada por Dios, se nutrida por Dios. Cuando nosotros decimos que el cristiano es un hombre espiritual entendemos precisamente esto: el cristiano es una persona que piensa y actúa según Dios, según el Espíritu Santo. Os hago una pregunta y nosotros, ¿pensamos según Dios? ¿Actuamos según Dios? o ¿nos dejamos guiar por tantas otras cosas que no son precisamente Dios? Cada uno de nosotros debe responder a esto en su corazón.

A este punto podemos preguntarnos: ¿por qué esta agua puede apagar nuestra sed definitivamente? Nosotros sabemos que el agua es esencial para la vida, sin este agua se muere, ésta sacia, lava, hace fecunda la tierra. En la carta a los Romanos encontramos esta expresión, escuchadla: "El amor de Dios ha sido reservado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado" (5,5). El "agua viva", el Espíritu Santo, Don del Resucitado que mora en nosotros, nos purifica, nos ilumina, nos renueva, nos transforma porque nos hace partícipes de la vida misma de Dios que es Amor. Por esto, el apóstol Pablo afirma que la vida del cristiano está animada por el Espíritu y de sus frutos, que son "amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio de sí" (Gal 5, 22-23). El Espíritu Santo nos introduce en la vida divina como "hijos en el Hijo Unigénito". En otro momento de la Carta a los Romanos, que hemos recordado más veces, san Pablo lo sintetiza con estas palabras: "todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios. Y vosotros... recibisteis el espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar ¡Abba Padre! El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados (8,14-17). Este es el don precioso que el Espíritu Santo lleva a nuestro corazones: la vida misma de Dios, vida de verdaderos hijos, una relación de confidencia, de libertad y de confianza en el amor y en la misericordia de Dios, que tiene como efecto también una mirada nueva hacia los demás, cercanos y lejanos, vistos siempre como hermanos y hermanas en Jesús para respetar y amar. El Espíritu Santo nos enseña a mirar con los ojos de Cristo, a vivir la vida como la ha vivido Cristo, a comprender la vida como la ha comprendido Cristo. Es por eso que el agua viva que es el Espíritu Santo sacia nuestra vida, porque nos dice que somos amados por Dios como hijos, que podemos amar a Dios como sus hijos y que con su gracia podemos vivir como hijos de Dios, como Jesús. Y nosotros, escuchamos al Espíritu Santo. ¿Qué nos dice el Espíritu Santo? Dios te ama, nos dice esto, Dios te ama, Dios te quiere. ¿Amamos verdaderamente a Dios y a los otros, como Jesús? Dejémonos guiar por el Espíritu Santo, dejemos que nos hable al corazón, que nos diga esto: que Dios es amor, que Él siempre nos espera, que Él es Padre y nos ama como verdadero papá, nos ama por entero. Y esto solamente lo dice el Espíritu Santo al corazón. Escuchemos al Espíritu Santo y vayamos adelante por este camino del amor, de la misericordia y del perdón. ¡Gracias!

Traducido del italiano por Rocío Lancho García


Publicado por verdenaranja @ 23:08  | Habla el Papa
 | Enviar
Martes, 07 de mayo de 2013

zenit nos ofrece: La Sala de Prensa de la Santa Sede ha hecho público el programa del viaje de su santidad Francisco a Río de Janeiro, Brasil, con motivo de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud, del 22 al 29 de julio de 2013.

Programa

Lunes 22 julio 2013

08.45: Salida en avión desde el Aeropuerto de Roma Ciampino hacia Río de Janeiro.

16.00: Acogida oficial en el Aeropuerto Internacional Galeão/Antonio Carlos Jobim de Río de Janeiro.

17.00: Ceremonia de bienvenida en el Jardín del Palacio Guanabara de Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.

17.40: Visita de Cortesía al presidente de la República en el Palacio Guanabara en Río de Janeiro.

Estancia privada en la Residencia de Sumaré en Río de Janeiro.

Miércoles 24 julio 2013

08.15: Salida en helicóptero desde el helipuerto de Sumaré en el Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida.

09.30: Llegada al helipuerto del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida.

10.00: Veneración de la imagen de la Virgen en la Sala de los Doce Apóstoles del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida.

10.30: Santa Misa en la Basílica del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida. Homilía del Santo Padre.

13.00: Comida con el séquito papal, los obispos de la provincia y los seminaristas del Seminario Buen Jesús de Aparecida.

16.10: Salida en helicóptero desde el helipuerto del Santuario de Nuestra Señora de la Concepción de Aparecida hacia Río de Janeiro.

17.25: Llegada al Aeropuerto Santos Dumont (III Comar) de Río de Janeiro.

18.30: Visita al Hospital San Francisco de Asís en Río de Janeiro. Discurso del santo padre.

Jueves 25 julio 2013

07.30: Santa Misa en privado en la Residencia de Sumaré en Río de Janeiro.

09.45: Entrega de las llaves de la ciudad al santo padre y bendición de las banderas olímpicas en el Palacio de la Ciudad, en Río de Janeiro.

11.00: Visita a la Comunidad de Varginha (Manguinhos), en Río de Janeiro. Discurso del santo padre.

18.00: Fiesta de Acogida de los Jóvenes en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro. Saludo y discurso del santo padre.

Viernes 26 julio 2013

07.30: Santa Misa en privado en la Residencia de Sumaré en Río de Janeiro.

10.00: Confesión de algunos jóvenes de la XXVIII JMJ en el Parque de la Quinta da Boa Vista, en Río de Janeiro.

11.30: Breve encuentro con algunos jóvenes detenidos en el Palacio Arzobispal San Joaquín, en Río de Janeiro.

12.00: Oración del Angelus Domini desde el balcón central del Palacio Arzobispal San Joaquín, en Río de Janeiro. Alocución del santo padre.

12.15: Saludo al Comité Organizador de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud y a los Benefactores del Palacio Arzobispal San Joaquín, en Río de Janeiro.

13.00: Comida con los Jóvenes, en el salón del Palacio Arzobispal, en Río de Janeiro.

18.00: Via Crucis con los Jóvenes a la orilla del mar de Copacabana, en Río de Janeiro. Discurso del Santo Padre.

Sábado 27 julio 2013

09.00: Santa Misa con los obispos de la XXVIII JMJ y con los sacerdotes, religiosos y seminaristas en la catedral de San Sebastián, en Río de Janeiro. Homilía del santo padre.

11.30: Encuentro con la clase dirigente de Brasil en el Teatro Municipal, en Río de Janeiro. Discurso del santo padre.

13.30: Comida con los cardenales de Brasil, la presidencia de la Conferencia Macional de los Obispos de Brasil, los obispos de la región y el séquito papal en el refectorio del Centro de Estudios Sumaré, en Río de Janeiro.

19.30: Vigilia de Oración con los Jóvenes en el Campus Fidei, en Guaratiba. Discurso del santo padre.

Domingo 28 julio 2013

10.00: Santa Misa de la XXVIII Jornada Mundial de la Juventud en el Campus Fidei, en Guaratiba. Homilía del santo padre.

Oración del Angelus Domini en el Campus Fidei, en Guaratiba. Alocución del santo padre.

14.00: Comida con el séquito papal en el refectorio del Centro de Estudios Sumaré, en Río de Janeiro.

16.00: Encuentro con el Comité de Coordinación del CELAM, en el Centro de Estudios Sumaré, en Río de Janeiro. Discurso del santo padre.

16.40: Despedida de la Residencia de Sumaré, en Río de Janeiro.

17.30: Encuentro con los Voluntarios de la XXVIII JMJ, en el Pabellón 5 de Río Centro, en Río de Janeiro. Discurso del santo padre.

18.30: Ceremonia de Despedida en el Aeropuerto Internacional Galeão/Antonio Carlos Jobim de Río de Janeiro. Discurso del santo padre.

19.00: Salida en avión hacia Roma.

Lunes 29 julio 2013

11.30: Llegada al Aeropuerto de Roma Ciampino.


 | Enviar
Lunes, 06 de mayo de 2013

 La Sagrada Congregación para las Causas de los Santos ha hecho público que el 2 de mayo de 2013  el santo padre Francisco aprobó, entre otros, el decreto que reconoce las virtudes heroicas del siervo de Dios Joaquín Rosselló Ferrà, fundador de los Misioneros de los Sagrados Corazones de Jesús y María. Este sacerdote es considerado un renovador del clero en Mallorca, España, su tierra natal. (Zenit.org)

Joaquín fue el sexto de los ocho hijos de Gabriel Rosselló y de María Anna Ferrá, familia de modesta condición económica. Nació el 28 de junio de 1833 y fue bautizado el mismo día en la Iglesia parroquial de Sant Jaume.

En su hogar encontró su primera escuela cristiana. La influencia de su madre fue decisiva. A los catorce años manifestó su inclinación al ministerio sacerdotal pero por la difícil situación económica tuvo que ponerse a trabajar. Encontró sin embargo a un protector, Joaquín Gual, que costeó sus estudios. Fue ordenado sacerdote el 21 de marzo de 1858, en la capilla del palacio arzobispal.

En su espiritualidad sobresale su vida eucarística, la inclinación al silencio, la soledad. Tuvo una espiritualidad cristocéntrica, con particular devoción a María, expresada en los Sagrados Corazones de Jesús y de María.

Desde joven mostró su espíritu misionero entre sus propios compañeros de sacerdocio, buscando comunicarse con los otros presbíteros jóvenes de modo que juntos impulsaran una nueva vida espiritual y propagaran la devoción al Corazón de Jesús.

Según sus biógrafos contribuyó notablemente a la transformación del Clero de Mallorca y a la formación de muchos sacerdotes. Al final de su vida ministerial recibió el reconocimiento general por haber formado "espiritualmente a toda una generación que lo tuvo como un oráculo durante toda la vida".

Del asociacionismo juvenil pasó a formar un equipo misionero que recorrió durante un cuarto de siglo los pueblos de Mallorca. Esta fue la experiencia que desembocaría la fundación de los Misioneros de los Sagrados Corazones, que el año 1890 nacerían en Sant Honorat, Randa. Su fundación iba dirigida a presbíteros que iniciarían un proyecto de vida y misión comunitaria.

Mientras tanto, fue enviado a transformar el Santuario de la Virgen de Lluc, en 1891. Su fidelidad a su obispo y a la Diócesis le llevaría a aceptar. En poco tiempo Rosselló transformó la vida de este lugar de peregrinación mariana. Tras acabar su etapa en el santuario, en 1901, siguió como superior de la comunidad de los Misioneros establecida en el lugar hasta enero de 1906.

Entre 1891 y 1909, sin afán de protagonismos y sin renunciar a la responsabilidad de fundador, el padre Rosselló fue descubriendo y desarrollando la forma de presidir la Congregación a partir de la corresponsabilidad. El nombre de "misioneros" deriva del ministerio fundacional de los inicios, las misiones populares. La evolución posterior llevó la apertura a la misión ad gentes y con el estilo misionero. Todos los religiosos y laicos que siguen hoy su carisma se sienten llamados a hacer más expresa y significativa su condición misionera.

Tras fallecer por enfermedad en 1909, la fama de santidad que le acompañó durante toda su vida se acrecentó. Son innumerables los testimonios sobre la santidad del padre Rosselló por parte de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos, fama que perdura hasta el día de hoy.

Después de su sentida muerte, la Congregación de los Misioneros de los Sagrados Corazones fue expandiéndose progresivamente a Italia, Argentina, República Dominicana, Cuba, Puerto Rico, Ruanda y Camerún.


Publicado por verdenaranja @ 23:01
 | Enviar
Domingo, 05 de mayo de 2013

ZENIT nos ofrece el habitual artículo de nuestro colaborador, el obispo de San Cristóbal de Las Casas, México, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, en el que afronta los desafíos éticos del momento presente.

Desquiciamiento ético
La familia cristiana, una respuesta a la violencia ambiental

Por Felipe Arizmendi Esquivel

SITUACIONES

Los noticieros casi a diario nos transmiten hechos y escenas que nos pasman, nos preocupan y que parecen rebasarnos. Sólo unos ejemplos: Atentados con bombas de destrucción masiva, descuartizamiento de seres humanos exhibiéndolos al público, abusos indecibles contra migrantes, inexplicable violencia intrafamiliar, extorsión telefónica y electrónica, secuestros, abandono de los propios padres, pleitos entre hermanos por herencias, no sólo en los juzgados sino también con armas, adolescentes y jóvenes engarzados por grupos criminales, que les obligan a matar sin piedad, actividad sexual precoz y embarazos imprevistos, bloqueos carreteros, que dañan a infinidad de personas.

Nos angustia ver imágenes incomprensibles de tanta violencia destructiva en las manifestaciones de grupos y organizaciones, que luchan por lo que consideran sus derechos, pero pisotean los de los demás; destruyen cuanto encuentran a su paso. No importan las leyes ni los ordenamientos jurídicos; cada quien trata de demostrar su fuerza y hacer lo que quiere y le parece bien.

Un grupo de mujeres que se dicen católicas, sin serlo, celebra como un triunfo que, a seis años de que se despenalizó el aborto en la ciudad capital, cerca de cien mil mujeres han ejercido lo que dicen es un derecho: cuidar su salud y el desarrollo de su proyecto de vida, aunque maten a sus propios hijos, destruyéndolos en sus entrañas. Y nos califican a los obispos que defendemos la vida de los recién concebidos, como si fuéramos ignorantes y necios, retrógrados e inhumanos, contrarios al Evangelio y al Derecho Canónico… ¡Qué trastocados están los valores!

ILUMINACION

Ya el profeta Isaías lamentaba: “¡Ay de los que llaman bien al mal, y al mal le llaman bien! Que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo” (5,20). Nosotros también lamentamos esto y nos preguntamos cuál es la raíz de esto que sucede. Sostenemos que es la familia la que educa para que tengamos una sociedad justa, fraterna y solidaria. Por lo contrario, la falta de integración familiar expone a este trastocamiento social, y en muchos casos es la primera responsable. Hay responsabilidad también en una educación laicista que excluye la trascendencia, en unos medios de comunicación que comercializan con el erotismo y la banalización sexual, en la falta de trabajo para todos, en la pasión por comprar y disfrutar sin límites. Sin embargo, yo veo que la raíz más profunda del desorden social es la falta de una familia bien integrada, donde hay amor y respeto, comprensión y diálogo, armonía y trabajo compartido. No es la pobreza, sino el abandono de los padres hacia los hijos, el cambio constante de pareja, la inestabilidad conyugal, la violencia en el hogar. Muchos procedemos de familias de clase media baja, donde vivimos con limitaciones económicas, pero nunca nos enseñaron a robar y destruir, sino a trabajar y respetar.

Dice el Papa Francisco: “Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura” (19-III-2013).

Nos decía el Papa Benedicto en su visita a México: “El mal no puede tanto. No hay motivos para rendirse al despotismo del mal. El mal no tiene la última palabra de la historia. Ante todo hay que anunciar a Dios. Dios que es juez y nos ama. Pero nos ama para llamarnos al bien y a la verdad contra el mal. Dios es capaz de abrir nuevos espacios a una esperanza que no defrauda. Por lo tanto, es una gran responsabilidad de la Iglesia educar las conciencias, educar a la responsabilidad moral y desenmascarar el mal”.

COMPROMISOS

¿Qué podemos hacer? No sólo culpes a otros, o al sistema político y económico, ni huyas en la apatía. Defendamos la familia, empezando por la propia; no la destruyas. Si hay problemas, se dialogan y, con Dios, hay solución. Educa a tus hijos en valores morales, iluminados por El.


Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Hablan los obispos
 | Enviar

ZENIT nos ofrece el texto de la homilía del VI Domingo de Pascua, 5 de Mayo de 2013, ante la basílica vaticana, en la plaza de San Pedro, para los miembros de las cofradías y hermandades llegados a Roma de todo el mundo, para asistir a la celebración de la Jornada de las Cofradías y de la Piedad Popular, con motivo del Año de la Fe.

Queridos hermanos y hermanas:

En el camino del Año de la Fe, me alegra celebrar esta Eucaristía dedicada de manera especial a las Hermandades, una realidad tradicional en la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento. Os saludo a todos con afecto, en especial a las Hermandades que han venido de diversas partes del mundo. Gracias por vuestra presencia y vuestro testimonio.

Hemos escuchado en el Evangelio un pasaje de los sermones de despedida de Jesús, que el evangelista Juan nos ha dejado en el contexto de la Última Cena. Jesús confía a los Apóstoles sus últimas recomendaciones antes de dejarles, como un testamento espiritual. El texto de hoy insiste en que la fe cristiana está toda ella centrada en la relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Quien ama al Señor Jesús, acoge en sí a Él y al Padre, y gracias al Espíritu Santo acoge en su corazón y en su propia vida el Evangelio. Aquí se indica el centro del que todo debe iniciar, y al que todo debe conducir: amar a Dios, ser discípulos de Cristo viviendo el Evangelio. Dirigiéndose a vosotros, Benedicto XVI ha usado esta palabra: «evangelicidad». Queridas Hermandades, la piedad popular, de la que sois una manifestación importante, es un tesoro que tiene la Iglesia, y que los obispos latinoamericanos han definido de manera significativa como una espiritualidad, una mística, que es un «espacio de encuentro con Jesucristo». Acudid siempre a Cristo, fuente inagotable, reforzad vuestra fe, cuidando la formación espiritual, la oración personal y comunitaria, la liturgia. A lo largo de los siglos, las Hermandades han sido fragua de santidad de muchos que han vivido con sencillez una relación intensa con el Señor. Caminad con decisión hacia la santidad; no os conforméis con una vida cristiana mediocre, sino que vuestra pertenencia sea un estímulo, ante todo para vosotros, para amar más a Jesucristo.

También el pasaje de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado nos habla de lo que es esencial. En la Iglesia naciente fue necesario inmediatamente discernir lo que es esencial para ser cristianos, para seguir a Cristo, y lo que no lo es. Los Apóstoles y los ancianos tuvieron una reunión importante en Jerusalén, un primer «concilio» sobre este tema, a causa de los problemas que habían surgido después de que el Evangelio hubiera sido predicado a los gentiles, a los no judíos. Fue una ocasión providencial para comprender mejor qué es lo esencial, es decir, creer en Jesucristo, muerto y resucitado por nuestros pecados, y amarse unos a otros como Él nos ha amado. Pero notad cómo las dificultades no se superaron fuera, sino dentro de la Iglesia. Y aquí entra un segundo elemento que quisiera recordaros, como hizo Benedicto XVI: la «eclesialidad». La piedad popular es una senda que lleva a lo esencial si se vive en la Iglesia, en comunión profunda con vuestros Pastores. Queridos hermanos y hermanas, la Iglesia os quiere. Sed una presencia activa en la comunidad, como células vivas, piedras vivas. Los obispos latinoamericanos han dicho que la piedad popular, de la que sois una expresión es « una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia» (Documento de Aparecida, 264). Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella. En las parroquias, en las diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y de vida cristiana. Veo en esta plaza una gran variedad de colores y de signos. Así es la Iglesia: una gran riqueza y variedad de expresiones en las que todo se reconduce a la unidad, al encuentro con Cristo.

Quisiera añadir una tercera palabra que os debe caracterizar: «misionariedad». Tenéis una misión específica e importante, que es mantener viva la relación entre la fe y las culturas de los pueblos a los que pertenecéis, y lo hacéis a través de la piedad popular. Cuando, por ejemplo, lleváis en procesión el crucifijo con tanta veneración y tanto amor al Señor, no hacéis únicamente un gesto externo; indicáis la centralidad del Misterio Pascual del Señor, de su Pasión, Muerte y Resurrección, que nos ha redimido; e indicáis, primero a vosotros mismos y también a la comunidad, que es necesario seguir a Cristo en el camino concreto de la vida para que nos transforme. Del mismo modo, cuando manifestáis la profunda devoción a la Virgen María, señaláis al más alto logro de la existencia cristiana, a Aquella que por su fe y su obediencia a la voluntad de Dios, así como por la meditación de las palabras y las obras de Jesús, es la perfecta discípula del Señor (cf. Lumen gentium, 53). Esta fe, que nace de la escucha de la Palabra de Dios, vosotros la manifestáis en formas que incluyen los sentidos, los afectos, los símbolos de las diferentes culturas... Y, haciéndolo así, ayudáis a transmitirla a la gente, especialmente a los sencillos, a los que Jesús llama en el Evangelio «los pequeños». En efecto, «el caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador» (Documento de Aparecida, 264). Sed también vosotros auténticos evangelizadores. Que vuestras iniciativas sean «puentes», senderos para llevar a Cristo, para caminar con Él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos, especialmente por quien se encuentra en dificultad. Sed misioneros del amor y de la ternura de Dios.

Autenticidad evangélica, eclesialidad, ardor misionero. Pidamos al Señor que oriente siempre nuestra mente y nuestro corazón hacia Él, como piedras vivas de la Iglesia, para que todas nuestras actividades, toda nuestra vida cristiana, sea un testimonio luminoso de su misericordia y de su amor. Así caminaremos hacia la meta de nuestra peregrinación terrena, hacia la Jerusalén del cielo. Allí ya no hay ningún templo: Dios mismo y el Cordero son su templo; y la luz del sol y la luna ceden su puesto a la gloria del Altísimo. Que así sea.


Publicado por verdenaranja @ 23:16  | Habla el Papa
 | Enviar
S?bado, 04 de mayo de 2013

ZENIT  nos  ofrece la segunda parte de un artículo del obispo auxiliar de Guadalaja, México, Miguel Romano Gómez, en el que hace un análisis de la actual situación en la práctica del sacramento de la Reconciliación, según algunos datos disponibles, a raíz de lo dicho por el papa Francisco sobre el argumento.

Sacramento de la Reconciliación, algunas pautas para los sacerdotes (II)
Luces y sombras, a la luz de los datos

Por Miguel Romano Gómez

e) Desafección respecto de la Iglesia y concepciones eclesiológicas inadecuadas.

El rechazo o la desafección respecto de la penitencia y del sacramento de la reconciliación tienen bastante que ver también con el rechazo o desafección, por parte de muchos, respecto de la Iglesia y de su mediación sacramental de salvación. Las formas deficientes de entender y vivir la eclesialidad de nuestra fe están influyendo negativamente en no pocos fieles que se retraen de la recepción del sacramento de la penitencia.

Expresiones como “yo me entiendo directamente con Dios” o “me confieso con Él” denotan una actitud bastante extendida que consideran las instituciones de la Iglesia, incluidas las estrictamente sacramentales, como innecesarias para la relación personal con Dios y en concreto para la reconciliación y esto de forma muy especial respecto a la confesión de los pecados ante el sacerdote.

A esta misma actitud contribuyen algunas concepciones eclesiológicas en boga, que, por una desvinculación real de los orígenes apostólicos de la Iglesia y de la tradición y sucesión apostólica, derivan hacia una Iglesia nueva formada de “Iglesias consensuadas” por quienes la integran en un momento determinado. A partir de esas concepciones eclesiólogicas la confesión personal ante un sacerdote no pasará de ser una forma simbólica, creada por la Iglesia en un tiempo y espacio concreto, que hoy, en un nuevo contexto, habría perdido su vigencia y significación y que, en consecuencia, podría y debería ser sustituido por otro gesto “más acorde” con nuestro tiempo.

Habría que añadir una cierta pérdida de credibilidad de la misma Iglesia cuando se la percibe cargada de divisiones y falta de comprensión, indiferente ante las injusticias o insensible ante los hombres o grupos enfrentados.

f) Crisis respecto del sentido, necesidad o contenido de la “confesión de los pecados”.

Dentro de esta enumeración de raíces de la “crisis penitencial” no podemos pasar por algo que ésta se halla muy ligada al sentido, necesidad o contenido de la confesión de los pecados. A veces se arguyen razones, desde la historia o desde la teología, contra la legitimidad o necesidad de la confesión. Por esto algunos intentan demostrar que la confesión de los pecados no ha sido considerada siempre en la historia del sacramento como uno de sus elementos fundamentales y esenciales que pertenezcan a su “substancia”. Otras se alude a que la Eucaristía, sacramento de la renovación de la muerte redentora de Cristo “para el perdón de los pecados”, hace innecesario el sacramento de la Penitencia con la confesión incluida. En ocasiones se acude a la comunitariedad del pecado y a la eclesialidad de la reconciliación para negar y atenuar notablemente el carácter personal de la penitencia y la necesidad de la confesión personal. En otros casos, interpretando erróneamente la disciplina eclesial sobre la absolución general, se afirma: que no existe razón alguna para la obligación de confesar los pecados ya perdonados por la absolución general; y de ahí se deduce la no necesidad de la confesión. Apoyándose en que el hombre está salvado y en que el cristiano vive de la opción fundamental del Bautismo y considerando que el pecado grave no es otra cosa que el abandono de la opción fundamental y ésta, si se ha asumido verdaderamente, no se rompe tan fácilmente, algunos ponen en duda la existencia de pecados graves en actos concretos y hacen innecesaria, al menos con una cierta frecuencia, la confesión. En todo caso se han difundido y divulgado estas u otras teorías sin fundamentación y han creado gran confusión entre los fieles hasta acabar no viendo sentido a la confesión y, por supuesto, negado su necesidad y obligatoriedad, sobre todo en lo que respecta a la acusación de pecados específicos.

Pero junto a esto, no cabe duda, en el pueblo llano, a la hora de aceptar el sentido de la confesión personal, pesan más quizá la poca propensión del hombre a reconocerse pecador y a acusarse ante otro, así como la conciencia de autonomía personal y de salvaguarda de la intimidad personal que caracterizan al hombre moderno.

Como también pesan experiencias negativas, y deficiencias, que se han ido acumulando en el transcurso del tiempo, tales como: la rutina de una práctica sacramental acaso sin verdadera espiritualidad, la esterilidad de no pocas confesiones, el ritualismo o superficialidad de algunas celebraciones, o la reducción a veces de la confesión a buscar soluciones a los problemas personales, incluso psicológicos, muy lejanos a los pecados que el cristiano ha de someter al juicio y absolución de la Iglesia.

No debemos ignorar que, al igual que las actitudes positivas y evangélicas de algunos confesores han contribuido y contribuyen decisivamente a la favorable acogida y participación del sacramento de la Penitencia por parte de muchos, en el lado opuesto, otras actitudes han sido o están siendo causa de alejamiento y de pérdida de sentido del mismo sacramento en no pocos. Se suele aludir, en este orden de cosas: la falta de preparación, dureza disciplina o indiscreción de algunos sacerdotes; el recurso a un rigorismo rígido o a una moral excesivamente negativa, poco comprensiva de la libertad humana y de sus condicionamientos individuales y sociales; el recurso al temor y a la culpabilización como una manera falsa y fácil de remediar las deficiencias de la formación y de la conversión de muchos cristianos; la tortura o dominio de las conciencias que algunos confesores ejercen sobre los penitentes, sobre todo en cuestiones de moral sexual, hasta hacer del sacramento un interrogatorio irrespetuoso que hiere los principios más elementales de la dignidad humana. Todo esto ha podido generar obsesiones, angustias y malestar que han desembocado en el rechazo de la confesión y en el abandono del sacramento como condición para una liberación personal.

g) Algunas deficiencias en la práctica pastoral y penitencial.

Finalmente, dentro de este diagnóstico que venimos haciendo, no podemos pasar por alto las deficiencias en la celebración sacramental de diverso orden pero que llegan a afectar seriamente a la disciplina penitencial de la Iglesia. A pesar de las riquísimas Deficiencias y lagunas en la práctica pastoral: aportaciones del Nuevo Ritual para impulsar y revigorizar la praxis penitencial y aún valorando positivamente su asimilación por bastantes comunidades y fieles, hay que reconocer que aquél no ha llegado de forma suficiente y clara al pueblo cristiano y su reforma ha quedado desdibujada entre nosotros. Muchos fieles ni siquiera saben que ha habido una reforma y no pocos sacerdotes no se dan por enterados de la misma.

La utilización más amplia de la Sagrada Escritura ha provocado en no pocos fieles un sentido más profundo y vivo de la conversión y de la Palabra de Dios que la suscita. Pero siguen siendo muchos los que no se han beneficiado de ello.

Hay experiencias muy positivas de celebraciones comunitarias de la penitencia que han ayudado a descubrir la eclesialidad del sacramento, así como a percibir mejor la repercusión de los pecados personales en la santidad de toda la Iglesia o la llamada a la conversión en la asamblea reunida. Sin embargo, todavía resulta muy insuficiente este sentido eclesial en los fieles.

Por lo que se refiere al “rito para reconciliar un solo penitente”, frecuentemente se sigue celebrando casi igual que antes y se prolonga una práctica que, desde hace tiempo muy atrás, ha entrado en un proceso de simplificación hasta quedar convertido en un mínimo de celebración litúrgica, reducida a los elementos indispensables para la validez sacramental. Respecto a la “celebración comunitaria con confesión y absolución individual” hay que reconocer que existen buenas y abundantes experiencias, aunque hay que avanzar mucho todavía en el camino abierto por este rito, tanto en sus aspectos celebrativos como en sus dimensiones teológicas en él implicadas.

No han faltado tampoco entre nosotros abusos en el recurso a la forma extraordinaria de la celebración penitencial con absolución general con el peligro, incluso, de absoluciones inválidas por no hacerse conforme a las normas de la Iglesia. Algunos sacerdotes han recurrido, habitualmente y al margen de la disciplina de la Iglesia, a estas celebraciones, con el ánimo de que los fieles, ante sus dificultades para la confesión individual, no se vean privados de la reconciliación sacramental. Otros han recurrido a esta fórmula, bien con el pretexto de la escasez de sacerdotes o de tiempo para atender a las demandas del sacramento, bien buscando adaptarse a los nuevos tiempos y a ciertas mentalidades de hoy, o bien pretendiendo significar más explícitamente la dimensión comunitaria del sacramento o la acción reconciliadora de Dios.

Quienes siguen esta forma de proceder suelen resaltar los frutos que de ahí se están derivando para las comunidades. No negamos que, en ocasiones, se hayan derivado de algunas de estas celebraciones ciertos valores educativos, que también se podrían haber dado siguiendo otra forma ordinaria de la celebración penitencial, pero sus resultados, además de otras consideraciones, no podemos estimarlos positivamente en sus aspectos más profundos.

Cuando se sigue esta fórmula no se suele advertir a los fieles la obligación que tienen de confesar los pecados graves cuanto antes y se les ocultan aspectos fundamentales del sacramento de la Penitencia. Creemos, por ello, que su práctica generalizada y habitual, al margen de la disciplina de la Iglesia, ha contribuido al deterioro y a la crisis del sacramento.

Podríamos añadir a estos hechos otro que también ha podido contribuir a un oscurecimiento del sacramento de la penitencia en la comunidad cristiana: un cierto olvido pastoral de la atención personalizada, de la dirección espiritual, etc. El descubrimiento del sentido comunitario y el valor del grupo no debe impedir la necesidad de un acompañamiento personal en los procesos de maduración de cada persona. Esto en la pastoral está un tanto descuidado y repercute indirecta y directamente en el aprecio del sacramento de la penitencia como encuentro personalizador.

Al final de este análisis, en el que quizá se han subrayado las sombras, hemos podido constatar que, en relación con el sacramento de la penitencia emergen aspectos fundamentales de la fe y de la vida cristiana. No es un aspecto parcial de la ida de la Iglesia lo que aquí está en juego, sino el conjunto de la vida eclesial, ya que afecta en último término, a su realidad más amplia. Por eso, conviene indicar, en este momento, y antes de pasar a otras reflexiones teológicas-pastorales, que en una práctica celebrativa satisfactoria del sacramento de la penitencia concurren muchos elementos de la teología y vida cristiana que hacen de esa práctica, de alguna manera, como un “test”: Acogida de la Palabra de Dios por la fe, reconocimiento de Dios, retorno de Dios, vida según la lógica del Evangelio, mediación eclesial, autoridad del ministerio otorgado por el Señor, sentido escatológico de la Iglesia, etc., son, entre otras cosas, realidades básicas que están implicadas en una buena práctica sacramental de la penitencia. Una práctica penitencial buena y positiva es, sin duda, una señal, por ejemplo, de que hay una buena catequesis correctamente orientada, de que se está llevando a cabo una sana pastoral, de que se ha cultivado una honda espiritualidad, de que se sirve una verdadera eclesialidad.

Ver la primera parte de esta artículo en: http://www.zenit.org/article-45606?l=spanish.


Publicado por verdenaranja @ 22:18  | Espiritualidad
 | Enviar
Viernes, 03 de mayo de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo sexto de Pascua - C, ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

 Domingo 6º de Pascua C 

Cuando va a morir alguien de la familia, hay que ver si todos están preparados para afrontar esa realidad, que está llena de dificultades y sufrimientos, lo que se llama “el dolor de la separación”.  Pensemos, por ejemplo, en una madre relativamente joven…

Conocí en una ocasión, a una niña a quien su madre había preparado personalmente para que afrontara su muerte. Y bien lo tuvo que hacer porque la niña estaba respondiendo de una forma muy adecuada. Recuerdo, por ejemplo, su Primera Comunión.

Estos últimos domingos de Pascua, observamos cómo Jesucristo también preparó a sus discípulos para su muerte, para su marcha de este mundo al Padre.

Nos encontramos en vísperas de la Solemnidad de la Ascensión que marca el comienzo de su ausencia visible. Y en este contexto entendemos mejor las palabras de Jesucristo que tratan de conseguirlo.

¿Y cómo lo hace?

De una forma muy concreta: con una serie de consideraciones y recomendaciones…, con la promesa del Espíritu Santo y con el don de la paz, que, para los judíos, era el conjunto de las bendiciones divinas.

En el Evangelio de hoy constatamos estas tres cosas:

Jesús les habla de otra presencia suya distinta: “El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él.” Por eso les dice: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”.

Por lo tanto, en su ausencia, los discípulos podrán experimentar una presencia nueva de Cristo, que se obtiene por la acogida, aceptación y vivencia de su palabra, especialmente, de sus mandamientos.

También en su ausencia, contarán con la presencia y la acción del Espíritu Santo, a quien llama el Paráclito, es decir, el Defensor, que será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les ha dicho.

En la primera lectura, constatamos la presencia y la acción del Espíritu en los apóstoles en el llamado “Concilio de Jerusalén” y cómo se identifican con Él hasta el punto de decir: “Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros…”

En este momento, recuerdo las enseñanzas de Juan Pablo II en la Encíclica sobre el Espíritu Santo “Dominum et Vivificantem” y sus magníficas explicaciones de las palabras de Jesucristo a los discípulos en la Última Cena.

Y Cristo les deja, además, su paz, que es distinta de la que da el mundo.

Se ha dicho que la paz del corazón es el don más grande que podemos recibir de Dios.

Alegría y paz en el tiempo y también en la eternidad en la Ciudad santa del Cielo, de la que nos habla la segunda lectura y hacia la que nos dirigimos como peregrinos.

¡FELIZ DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 21:12  | Espiritualidad
 | Enviar

ZENIT nos ofrece la primera parte de un artículo del obispo auxiliar de Guadalajara, México, Miguel Romano Gómez, en el que hace un análisis de la actual situación en la práctica del sacramento de la Reconciliación, según algunos datos disponibles, también con motivo de lo dicho recientemente por el papa Francisco sobre el argumento.

Sacramento de la Reconciliación, algunas pautas para los sacerdotes (I)
Luces y sombras, a la luz de los datos

Por Miguel Romano Gómez

Para el propósito que perseguimos necesitamos tener presente qué es lo que está sucediendo y por qué en relación con la práctica penitencial. No ignoramos los aspectos positivos que, sin duda, se están dando: la dedicación abnegada y gozosa de muchos sacerdotes a este misterio, los frutos de renovación que ha aportado en muchos lugares la aplicación del Nuevo Ritual, el redescubrimiento pastoral y existencial de este sacramento por parte de algunos, los frutos de santidad que se están produciendo en no pocos que se acercan a él, etc. Pero hemos de ser realistas y no ocultar una crisis real por grave que está sea.

Hablar de crisis, sin embargo, no tiene por qué significar necesaria y exclusivamente, algo negativo. La crisis es, al mismo tiempo, “prueba” de una situación o realidad y “llamada” a su purificación o crecimiento. Por eso, la crisis, en el caso del sacramento de la penitencia, puede ser una invitación a profundizar en lo que este sacramento significa y exige en la vida de la Iglesia, una llamada a purificar maneras y comportamientos que desdibujan su realidad y entorpecen su dinamismo, una llamada al crecimiento de la vida teologal en el seno de las comunidades, crecimiento sin el cual no hay posibilidad de una renovación y revitalización de la práctica sacramental.

SÍNTOMAS DE UNA CRISIS: DISMINUCIÓN DE LA PRÁCTICA SACRAMENTAL

Como síntoma indicativo de esta crisis constatamos, en general, una disminución cuantitativa de la participación en este sacramento: ésta es cada día más escasa en la vida de los cristianos, tanto entre los laicos practicantes y comprometidos como, incluso, entre los sacerdotes, religiosos y religiosas. En muchas parroquias sólo una minoría de fieles lo celebra con cierta frecuencia y bastantes jóvenes no lo han celebrado casi nunca y prácticamente lo ignoran o no lo echan en falta. Son muchos los católicos que comulgan pero no se “confiesan”. Y los que se “confiesan” parece que no tienen de qué acusarse.

Si nos referimos a estos síntomas no es porque añoremos épocas pasadas, sino porque vemos en ellos, tal y como aparecen en estos momentos, unos indicios de otros problemas mayores a los que nos vamos a referir. Estos hechos, por externos que parezcan, ponen de manifiesto una honda y amplia crisis respecto del sacramento de la Penitencia y, en conexión con ella, nos atrevemos a decir que respecto también del espíritu penitencial y de la penitencia misma. Se trata de una crisis, compleja y de alguna manera nueva, aunque viene ya de lejos. Pero esta crisis afecta no sólo al aspecto de la confesión, sino al sacramento de la Penitencia en su conjunto.

RAÍCES DE LA CRISIS:

a) Ateísmo e indiferencia religiosa de nuestro mundo

Quizá la raíz más profunda de la crisis actual hay que buscarla en los fuertes fermentos de ateísmo e indiferencia religiosa de nuestro mundo, conformado por unas poderosas tendencias secularizadoras. El hombre moderno vive dentro de un cerco cultural secularista que reduce sus horizontes a las posibilidades y promesas de este mundo. Y seducido por este mundo, entregado a él, se concentra en su hacer y producir, en el consumir y disfrutar. Deja de lado a Dios soberano y, como si no existiera, trata de realizarse a sí mismo y al mundo al margen de Él. Encerrado en una cultura inmanentista de tipo reivindicativo e individualista, este hombre no se reconoce deudor de Dios; por una excesiva admiración hacia sí, siente la tentación de creerse capaz de vencer él sólo las fuerzas del mal, de superar técnicamente los conflictos y de bastarse a sí mismo. El recurso de Dios y la esperanza de otra vida dada por Él aparecen como una debilidad injustificada o una traición a los bienes de la tierra y a las capacidades humanas.

En esta coyuntura, paralelamente, se va originando una secularización interna, una versión secular, del cristianismo donde cuestiones como la trascendencia de Dios o su juicio, la gracia, la conversión personal, la salvación eterna..., van perdiendo relieve y significación.

Cuando esto sucede ¿cómo va a someterse el hombre a la palabra y al juicio de Dios, o a confrontarse con su bondad y santidad? ¿Qué lugar puede quedar ahí para el sacramento de la reconciliación, es decir, para un Dios personal --perdón, misericordia y juez de nuestras vidas--, para el anuncio del don y de la gracia de la reconciliación, para la proclamación de la necesaria conversión, para la actitud penitente como parte integrante de la vida cristiana, o para una verdadera y eficaz liberación de nuestros pecados por obra de la gracia de Dios que actúa en el sacramento?

b) Pérdida del sentido del pecado.

En vano, además, se puede mantener viva una conciencia del pecado y de la necesidad de la penitencia cuando nos encontramos inmersos en una forma de vida en la que, al faltar el sentido de Dios, se pierde el convencimiento de que el pecado es algo real e importante. Perdido el sentido teologal sólo queda la culpa o la trasgresión de unas normas más o menos universales y consistentes, relativas o convencionales; sólo queda el límite del hombre o el fallo humano, la quiebra estructural, la constitución patológica o la debilidad humana; sólo quedan las equivocaciones y errores, o la inadecuada aplicación de las soluciones que proporcionan la técnica o las ciencias. Diluidos, pues, o debilitados el sentido teologal y el sentido del pecado se hacen innecesarios y hasta superfluos tanto la penitencia como el sacramento de la reconciliación.

c) Interpretaciones inadecuadas del pecado.

Nuestros cristianos, con frecuencia, se ven influidos, además, por la difusión de una serie de teorías acerca del pecado que circulan en nuestra sociedad, apoyadas, a veces, en una incorrecta asimilación de algunos resultados de las ciencias humanas, de suyo beneficiosos y esclarecedores. Conforme a ellas se afirma que el pecado es algo superado, una expresión de culturas premodernas y poco avanzadas, un tabú inventado por las religiones y las iglesias para seguir dominando las conciencias. No falta, en esas opiniones, quien reduce el pecado a un vago y superficial sentimiento de culpabilidad, superable por una buena higiene mental, o a una mera falta, para no culpabilizar o frenar la libertad con inhibiciones represoras. Tampoco faltan quienes, con el ánimo de descargar al hombre de toda responsabilidad moral, apelan bien a fuerzas oscuras e inconscientes del sujeto humano, individual o colectivo, que pesan sobre nuestra libertad; o bien hacen recaer sobre la sociedad todas las culpas de las que el individuo es declarado inocente. (En este sentido se alude a comportamientos y formas de actuar, por ejemplo, en el trabajo, en la acción educativa, en la vida pública que no dependen del individuo, ni siquiera en la familia, sino de decisiones tomadas por toda la colectividad). A fuerza de “agrandar los innegables condicionamientos e influjos ambientales e históricos que actúan sobre el hombre”, limitan “tanto su responsabilidad que no le reconocen la capacidad de ejecutar verdaderos actos humanos y, por tanto, la posibilidad de pecar”.

Aun reconociendo la existencia del pecado hay quienes identifican su realidad con el llamado pecado social, colectivo o estructural, desconectada de hecho de sus orígenes y de sus consecuencias personales y de su dimensión trascendente. Se dirá, en este sentido, que el pecado es algo que está dentro de las estructuras injustas, o que es solamente aquello que vulnera las leyes y ordenamientos sociales, lo que daña a la marcha del progreso de la sociedad, lo que perjudica las relaciones y el buen funcionamiento de la colectividad, lo que atenta a la dignidad y a los derechos del hombre o lo que compromete a su historia.

Lo queramos o no surge de ahí una tipología de creyente, cada vez más abundante y difícil de cambiar, que no ve pecado en casi nada, salvo en lo social --estructural- en los otros, y que, en consecuencia, no siente necesidad alguna de confesarse.

Incluso en el terreno del pensamiento y de la vida eclesial algunas tendencias favorecen inevitablemente la decadencia del pecado. A veces una determinada predicación o una determinada moral han acentuado exageradamente el aspecto del pecado y el temor, viendo pecado en todo, generando una culpabilización morbosa, Algunas tendencias intraeclesiales favorecen la pérdida del sentido del pecado: alentando una vida cristiana llena de temores ante un Dios terrorífico de castigo y de venganza o de una justicia en el fondo meramente humana, generando esclavitud. Esto es claramente un comportamiento desviado que a veces observamos en conciencias escrupulosas que no deben confundirse con conciencias delicadas. No cabe duda que ese comportamiento desviado ha podido contribuir por reacción a otras exageraciones que menosprecian todo temor verdaderamente religioso, que infravaloran el mismo pecado en su dimensión teológica y existencial, que desfiguran el amor y la misericordia de Dios, que llevan a un permisivismo liberal o que crean la ilusión de una supuesta impecabilidad poco o nada cristiana. ¿Por qué no añadir, además, que la confusión, creada en la conciencia de numerosos fieles por la divergencia de opiniones y enseñanzas en la teología, en la predicación, en la catequesis, en la dirección espiritual, sobre cuestiones graves y delicadas de la moral cristiana, termina por hacer disminuir, hasta casi borrarlo, el verdadero sentido del pecado?

d) Crisis de la conciencia moral.

Otra de las raíces profundas de la actual situación respecto a la penitencia, muy ligada a las anteriores, es la crisis generalizada de la conciencia moral y su oscurecimiento en muchos hombres. El hombre contemporáneo vive bajo la amenaza de un eclipse, de una deformación o de un aturdimiento de la conciencia.

Con frecuencia, los fieles se ven desconcertados e inermes ante la amoralidad sistemática con que se despliegan muchos mecanismos de la vida económica, social o política. Se hallan envueltos por una cierta moral de situación que legitima los actos humanos a partir de su irrepetible originalidad, sin referencia a una ley objetiva y trascendente. La implantación y divulgación de modelos éticos impuestos por el consenso de la costumbre general, aunque estén condenados por la conciencia individual, así como la influencia de los medios de comunicación social que proponen unos modelos de vida de los que está ausente cualquier otro valor y criterio moral absoluto fuera de la satisfacción personal, el placer a toda costa o el prestigio social, están influyendo negativamente en los cristianos y generan una mentalidad difusa para la que resulta enteramente superfluo cuanto se relaciona con el sacramento de la penitencia.

Predicadores y confesores, por otra parte, se muestran indecisos ante las nuevas posiciones, a veces encontradas, de los teólogos en materias morales. Y de este modo nuestras excesivas incertidumbres y diferencias de criterio, muy fuertes entre sí, desorientan a los fieles haciéndoles perder confianza en los ministros de la Iglesia e induciéndoles, de alguna manera, a alejarse de la penitencia sacramental. En materias complejas, como la moral económica y la sexual los fieles se hallan desorientados; frecuentemente buscan confesores que coincidan con sus propias posiciones o se encuentran con sacerdotes que se inhiben ante ciertos casos dejándoles a su libre conciencia y responsabilidad personal o apelando a su propia madurez. Todo ello crea en los fieles desamparo, desconcierto o indiferencia y, al final, optan por dejar sus conciencias al juicio de Dios y abandonan el sacramento. En el fondo de todo, tanto en los fieles como en los ministros puede haber una profunda crisis de identidad eclesial y de fe; se busca una norma de conciencia excesivamente subjetiva o se pretende ejercer el ministerio de la reconciliación según los propios criterios personales en vez de ser ministros de una Iglesia histórica, apostólica y católica.


Publicado por verdenaranja @ 21:08
 | Enviar

Comentario al evangelio del Domingo 6° de Pascua/C por Jesús Álvarez SSP (Zenit.org)

El amor y la paz de Jesús

Por Jesús Álvarez SSP

 «Jesús dijo: Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará. Entonces vendremos a él para poner nuestra morada en él. El que no me ama, no guarda mis pala-bras; pero el mensaje que escuchan no es mío, sino del Padre que me ha enviado. Les he dicho todo esto mientras estaba con ustedes. En adelante el Espíritu Santo, el Intérprete que el Padre les va a enviar en mi Nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que yo les he dicho. Les dejo la paz, les doy mi paz. La paz que yo les doy no es como la que da el mundo. Que no haya en ustedes angustia ni miedo». (Jn. 14, 23-29)

¿Quién no desearía estar de continuo con la persona a la que más se ama y que más le ama? Y esa persona que más nos ama es el mismo Jesús resucitado, presente en nuestra persona, según su promesa infalible: “Estoy con ustedes todos los días” (Mt. 16, 20).

Pero ¿es de verdad que Jesús es la persona a quien más amamos, en cuyo amor creemos y deseamos estar con Él, como Él desea estar con nosotros…?

Jesús hace una promesa inaudita a quienes lo aman de verdad: “Quien me ame, guardará mis palabras, lo amará mi Padre, vendremos a él y fijaremos nuestra morada en él” (Jn. 14, 23). ¡Inaudita e increíble promesa para la mente humana! Pero nos asegura la misma palabra de Jesús: “Para Dios no hay nada imposible” (Mt. 18, 27).

¡Somos templo de la Santísima Trinidad! No hay dignidad tan grande como ésa. “Te buscaba por fuera y tú estabas dentro de mí” (San Agustín).

Ese gran misterio de vida, amor, luz y vida divina debe llenarnos de júbilo, paz, gratitud y esperanza invencibles. Mas es indispensable pedir la luz del Espíritu Santo para creerlo y vivirlo. Es el cielo ya en la tierra.

Y no se trata de un privilegio exclusivo de místicos y santos que, por lo demás, son los que mejor han vivido esa sublime realidad; sino que se trata de una experiencia puesta por el mismo Dios al alcance de todo creyente. Y más aún: es necesario creer en la Trinidad --nuestra eterna Familia de origen y de destino--, y amarla para ser creyentes de verdad.

Ante tan “divina” oferta del amor de Dios, solo nos queda abrirnos humildemente agradecidos, pidiendo al Espíritu Santo que nos capacite para ser templo donde la Trinidad se encuentra de veras a gusto, y nosotros a gusto con Ella, en una relación sencilla, humilde, amorosa, íntima y permanente con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, que se abajan a vivir en nosotros.

Es necesario meditar y vivir esta inaudita promesa de nuestro Salvador. Por su parte Dios no falla; pidámosle en nombre de Jesús no fallar nosotros por indiferencia o incredulidad ante esa infinita condescendencia divina.

Nuestros pecados, pasados y presentes, no pueden impedir este milagro divino, sino que son eliminados por ese amor mutuo con la Trinidad: “Se le perdonó mucho, porque amó mucho” (Lc. 7, 47), dijo Jesús saliendo en defensa de una gran pecadora.

Jesús nos libra de la angustia con la oferta de su paz: “Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten por nada ni teman!” (Jn. 14, 27). ¿Cómo inquietarse y temer, sabiendo que la Trinidad, tierno poder infinito, habita en nosotros y está totalmente a nuestro favor? Por más que nos pareciera lo contrario...

La Eucaristía (que significa acción de gracias) es el gesto máximo de la presencia trinitaria y de nuestra gratitud y amor a Dios por ese misterio entrañable: “Quien me come, vivirá por mí” (Jn. 6, 57).

Y su último gesto de amor será el llamarnos por la resurrección a compartir su vida trinitaria. No podemos desperdiciar tan grande privilegio y milagro permanente.


Publicado por verdenaranja @ 21:01  | Espiritualidad
 | Enviar
Jueves, 02 de mayo de 2013

Zenit.org  nos ofrece el texto íntegro de las palabras del papa en la audiencia general del miércoles 1 de Mayo de 2013 de mayo, fiesta de san José Obrero y Día del Trabajo, dirigidas a los cerca de setenta mil fieles reunidos en la plaza de San Pedro.

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

Hoy primero de mayo, celebramos a san José obrero y comenzamos el mes dedicado tradicionalmente a la Virgen. En este encuentro, quisiera detenerme sobre estas dos figuras tan importantes en la vida de Jesús, de la Iglesia y en nuestra vida, con dos breves pensamientos: el primero sobre el trabajo y el segundo sobre la contemplación de Jesús.

1. En el evangelio de san Mateo, en uno de los momentos en que Jesús vuelve a su ciudad, a Nazaret, y habla en la sinagoga, se destaca el asombro de sus paisanos por su sabiduría; y la pregunta que se plantean es: ¿No es este el hijo del carpintero? (13,55). Jesús entra en nuestra historia, viene en medio de nosotros, naciendo de María por obra de Dios, pero con la presencia de san José, el padre legal que le custodia y le enseña también su trabajo. Jesús nace y vive en una familia, en la Santa Familia, aprendiendo de san José el oficio de carpintero, en el taller de Nazaret, compartiendo con él el empeño, la fatiga, la satisfacción y también las dificultades de cada día.

Ello nos recuerda la dignidad y la importancia del trabajo. El Libro del Génesis narra que Dios creó al hombre y a la mujer confiándoles la tarea de poblar la tierra y de dominarla, que no significa explotarla, sino cultivarla y custodiarla, cuidarla con la propia obra (cfr. Gen. 1,28; 2,15). El trabajo forma parte del plan del amor de Dios; estamos llamados a cultivar y custodiar todos los bienes de la creación, ¡y de este modo participamos en la obra de la creación! El trabajo es un elemento fundamental para la dignidad de una persona. El trabajo --para usar una imagen--, nos “unge” de dignidad, nos llena de dignidad; nos hace semejantes a Dios, que ha trabajado y trabaja, que actúa siempre (cfr. Jn. 5,17); da la capacidad de mantenerse a sí mismo, a la propia familia, de contribuir al crecimiento de la propia nación.

Y aquí pienso en las dificultades que, en varios países, encuentra hoy el mundo del trabajo y de la empresa; pienso en cuántos, y no solo jóvenes, están desempleados, muchas veces debido a una concepción economicista de la sociedad, que busca el provecho egoísta, más allá de los parámetros de la justicia social.

Deseo invitar a todos a la solidaridad, y a los responsables de la cosa pública la exhortación a que realicen todo esfuerzo para dar nuevo impulso a la ocupación; ello significa preocuparse por la dignidad de la persona; pero sobre todo quisiera decir que no hay que perder la esperanza; también san José tuvo momentos difíciles, pero nunca perdió la confianza y supo superarlos, en la certeza de que Dios no nos abandona.

Y luego quisiera dirigirme en particular a ustedes chicos y chicas, a ustedes los jóvenes: empéñense en su deber cotidiano, en el estudio, en el trabajo, en las relaciones de amistad, en la ayuda a los demás; su porvenir depende también de cómo saben vivir estos años preciosos de la vida. No tengan miedo del compromiso, del sacrificio y no miren con miedo al futuro; mantengan viva la esperanza: siempre hay una luz en el horizonte.

Añado una palabra sobre otra situación de trabajo que me preocupa: me refiero a lo que podríamos definir como el ‘trabajo esclavo’, el trabajo que esclaviza. Cuántas personas, en todo el mundo, son víctimas de este tipo de esclavitud, en la que es la persona la que sirve al trabajo, mientras debe ser el trabajo el que brinde un servicio a las personas para que tengan dignidad. Pido a los hermanos y hermanas en la fe y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, una opción decidida contra la trata de personas, dentro de la cual figura el ‘trabajo esclavo’.

2. Voy ahora al segundo pensamiento: en el silencio del quehacer cotidiano, san José, junto a María, tienen un solo centro común de atención: Jesús. Ellos acompañan y custodian con empeño y ternura, el crecimiento del Hijo de Dios hecho hombre por nosotros, reflexionando sobre todo lo que sucedía. En los evangelios, san Lucas subraya dos veces la actitud de María, que es también la de san José: “Conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón” (2,19.51)

Para escuchar al Señor, es necesario aprender a contemplarlo, a percibir su presencia constante en nuestra vida; es necesario detenerse a dialogar con Él, darle espacio con la oración. Cada uno de nosotros, también ustedes chicos, chicas y jóvenes, tan numerosos esta mañana, deberían preguntarse: ¿qué espacio doy al Señor? ¿Me detengo a dialogar con Él? Desde cuando éramos pequeños, nuestros padres nos han acostumbrado a iniciar y a concluir el día con una oración, para educarnos a sentir que la amistad y el amor de Dios nos acompañan. ¡Acordémonos más del Señor en nuestras jornadas!

En este mes de mayo, quisiera recordar la importancia y la belleza de la oración del santo Rosario. Rezando el Ave María, somos conducidos a contemplar los misterios de Jesús, es decir a reflexionar sobre los momentos centrales de su vida, para que, como para María y para san José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y de nuestras acciones. Sería hermoso si, sobre todo en este mes de mayo, ¡se rezase juntos en familia, con los amigos, en la parroquia, el santo Rosario o alguna oración a Jesús y a la Virgen María! La oración todos juntos ¡es un momento precioso para hacer aún más sólida la vida familiar, la amistad! ¡Aprendamos a rezar cada vez más en familia y como familia!

Queridos hermanos y hermanas, pidamos a san José y a la Virgen María que nos enseñen a ser fieles a nuestros compromisos cotidianos, a vivir nuestra fe en las acciones de cada día y a dar más espacio al Señor en nuestra vida, a detenernos para contemplar su rostro.

Traducido con los servicios de Radio Vaticana


Publicado por verdenaranja @ 23:52  | Habla el Papa
 | Enviar

DOMINGO VI DE PASCUA C  

 MONICIONES

 

PRIMERA LECTURA

          La primera Lectura nos presenta la controversia más grave que surge en la Iglesia primitiva y cómo el Espíritu Santo la asiste y la ilumina en el llamado Concilio de Jerusalén.

 

SALMO

Acabamos de escuchar que la salvación que Cristo nos trae es para todos. Proclamemos ahora en el salmo nuestro deseo ardiente de que todos los pueblos conozcan al Señor.

 

SEGUNDA LECTURA

          La lectura que vamos a escuchar compara a la Iglesia del Cielo con una bellísima ciudad, la nueva Jerusalén, bien custodiada y llena de colorido y de luz.

 

EVANGELIO

          En el Evangelio Jesús habla a sus discípulos de su ausencia visible y de la venida y la acción del Espíritu Santo.

          Pero antes de escuchar el Evangelio, cantemos de pie el aleluya.

 

COMUNIÓN

          El Espíritu Santo nos impulsa y ayuda a recibir a Jesucristo en la Eucaristía.

          En la Comunión llegan a su plenitud aquellas palabras que hemos escuchado en el Evangelio: "El que me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en Él".


Publicado por verdenaranja @ 23:34  | Liturgia
 | Enviar
Mi?rcoles, 01 de mayo de 2013

Reflexión de José Antonio Pagola al evangelio del domingo sexto de Pascua - C

ULTIMOS DESEOS DE JESÚS 

          Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y acobardados. Todos saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo descubriéndoles sus últimos deseos.

          Que no se pierda mi Mensaje. Es el primer deseo de Jesús. Que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese “reino de Dios” del que les ha hablado tanto. Si le aman, esto es lo primero que han de cuidar: “el que me ama, guardará mi palabra...el que no me ama, no la guardará”.

          Después de veinte siglos, ¿qué hemos hecho del Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo estamos manipulando desde nuestros propios intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo presentamos con autenticidad o lo ocultamos con nuestras doctrinas?

          El Padre os enviará en mi nombre un Defensor. Jesús no quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá de riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección

          El Espíritu les “enseñará” a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les “recordará” lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.

          Después de veinte siglos, ¿qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena Noticia? ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?

          Os doy mi paz. Jesús quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre. Les regala su paz. No es como la que les puede ofrecer el mundo. Es diferente. Nacerá en su corazón si acogen el Espíritu de Jesús.

          Esa es la paz que han de contagiar siempre que lleguen a un lugar. Lo primero que difundirán al anunciar el reino de Dios para abrir caminos a un mundo más sano y justo. Nunca han de perder esa paz. Jesús insiste: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”.

          Después de veinte siglos, ¿por qué nos paraliza el miedo al futuro? ¿Por qué tanto recelo ante la sociedad moderna? Hay mucha gente que tiene hambre de Jesús. El Papa Francisco es un regalo de Dios. Todo nos está invitando a caminar hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio. No podemos quedarnos pasivos.

José Antonio Pagola 

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
5 de mayo de 2013
6 Pascua (C)


Publicado por verdenaranja @ 21:34  | Espiritualidad
 | Enviar

ZENIT  nos ofrece el texto del mensaje que los obispos de Guatemala han dirigido a los fieles y personas de buena voluntad, en el que hablan sobre la paz, el aniversario del asesinato de monseñor Gerardi y una exhortación a la reconciliación en el país.

“LA PAZ ESTÉ CON USTEDES” (Jn 20,20)

Los obispos de Guatemala nos dirigimos a todos los fieles cristianos católicos y a todos los creyentes y hombres y mujeres de buena voluntad. Este tiempo de Pascua nos llama reiteradamente a la esperanza en Cristo Resucitado. Nos inspira el Señor que ha vencido a la muerte con su Resurrección.

Este Año de la Fe ha estado marcado por la renuncia del Papa Benedicto XVI y por la elección e inauguración del pontificado del Papa Francisco. Ambos nos han dado testimonio claro de fe en el Señor. Ambos nos exhortan con su testimonio y su palabra a dar razón de nuestra fe.

La Conferencia Episcopal de Guatemala, en nombre de toda la Iglesia católica en este país da la bienvenida al nuevo Señor Nuncio Apostólico de su Santidad, Mons. Nicolás Thevenin y le desea un fructífero ministerio en nuestra patria.

Este 26 de abril se cumplen quince años desde el asesinato de Monseñor Juan Gerardi. La celebración de este aniversario nos invita a reflexionar sobre el profundo significado de su ejemplo de pastor bueno entregado al servicio de los pobres, testigo de la verdad y defensor de la dignificación de las víctimas de la violencia. Al mismo tiempo nos lleva a considerar la actualidad de su palabra y acción.

Los obispos de Guatemala, afirmaron en vísperas de los Acuerdos de Paz: “para asegurar que la paz que buscamos en Guatemala sea firme y duradera, se requiere que sea construida sobre una verdadera reconciliación. Los acuerdos, producto de la negociación política, son sin duda un paso necesario en el largo camino hacia la paz. Pero se debe ir más allá de la firma de dichos acuerdos. Es imprescindible comprometer a todo el pueblo de Guatemala, especialmente a quienes tienen en sus manos el poder económico y político en su cumplimiento, hasta llegar a extirpar las causas que originaron el conflicto y los gravísimos males físicos, mentales y morales provocados por una guerra fratricida de más de 36 años”1.

Han pasado diecisiete años de la firma de los “Acuerdos de Paz firme y duradera”. Es verdad que dichos Acuerdos surtieron efecto para la finalización del conflicto. Sin embargo, constatamos que en los aspectos sustantivos quedaron sin aplicación, frustrando las esperanzas del pueblo guatemalteco. Debemos reconocer que las causas estructurales que dieron origen al enfrentamiento armado no han sido superadas, se fortalece un modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos. Las propuestas de desarrollo impulsadas desde el gobierno son objetadas por varios sectores de la población que logran obtener un respaldo amplio y de incidencia social. Ha faltado la capacidad por una parte de persuadir a la población de cuáles son las políticas económicas que pueden conducir al desarrollo y por otra incorporar a las políticas económicas impulsadas desde el gobierno, la participación y las propuestas más significativas de la población. En estos años hemos visto políticas de parches, que no solucionan la situación de pobreza, emigración forzada, racismo y exclusión. Seguimos constatando el constante irrespeto a la dignidad de la vida humana, el ambiente de sensibilidad y susceptibilidad, de creciente y peligrosa polarización social, de rumores y calumnias que confunden, de conflictos en el ámbito de la minería. Hay un auge de la criminalización y persecución de líderes comunitarios, la institucionalidad jurídica se ve sometida a presiones de diverso signo que empañan el clima de libertad con que debe actuar la justicia. Los procesos de justicia deben ser transparentes, apegados al derecho e imparciales con el fin de que sean reconocidos por todos. Lo habíamos señalado los obispos hace años: “El secular enfrentamiento, el odio y la violencia, son una realidad que se ubica en la misma raíz de nuestro pasado”2. “Nuestra realidad actual no es más que el resultado de injusticias sociales acumuladas, fraguadas en esta secular historia de despojo y opresión”3.

El mensaje de Mons. Gerardi sigue siendo actual: Conocer la verdad para sanar las heridas del pasado y poner las bases para el perdón y la reconciliación. A pesar de todo “creemos en la capacidad del pueblo para lograr la paz y emprender el camino esperanzado de la reconciliación”4.

La verdadera reconciliación se logrará únicamente sanando las causas que han producido la injusticia, y orientándose hacia el perdón pues “Sin perdón no hay futuro”, como dijera el obispo sudafricano Desmond Tutu, un perdón fundado en la verdad. Lo cual no significa impunidad ni freno a los caminos propios de la justicia, que debe cumplirse, sino compromiso para que las heridas del pasado en el pueblo se sanen por ese camino. Los puntos irrenunciables en el mensaje de Mons. Gerardi siguen siendo actuales: la paz sigue siendo “el anhelo más fuerte que brota del corazón de todos los guatemaltecos”5, lo que queremos es que esas dolorosas experiencias del pasado no se repitan, “Guatemala, nunca más”. “…Es necesario tener en cuenta el pasado tormentoso de nuestra historia, no para despertar nuevos odios, animadversiones y deseos de venganza o de revancha, sino para entender mejor nuestras actuales circunstancias y evitar caer de nuevo en los mismos errores, crímenes y guerras”6.

El proyecto REMHI, anterior al informe de la Comisión de la Verdad, tenía la finalidad de permitir a las víctimas de los años de la violencia poder expresar su dolor y sanar y estaba abierto a hablar de víctimas en ambos lados de la confrontación, hubo espacio no sólo para la población civil no combatiente sino también para ex guerrilleros, militares y patrulleros de la autodefensa. Este proyecto era un paso irrenunciable, que sin duda en muchos lugares de nuestro país dio frutos de sanación basada en el Evangelio de Jesús. El pueblo hizo el proceso del REMHI a partir de sus valores más profundos y de la experiencia del Dios de la Misericordia que se nos ha revelado en Jesucristo. Desafortunadamente el trabajo iniciado por los animadores de la reconciliación y otros procesos destinados a la sanación, no tuvieron continuidad. Esto representa para nosotros actualmente un desafío para nuestras acciones pastorales.

Nos dirigimos a ustedes conciudadanos con confianza en que la cultura de la Vida predominará sobre la cultura de la muerte en nuestra realidad nacional marcada por la violencia diaria que desemboca en muertes y duelo en tantas familias guatemaltecas. Merecen nuestro repudio vehemente en especial los reiterados atentados contra los choferes del servicio urbano y la violencia contra mujeres y niños y últimamente líderes comunitarios.

Urgimos a todos los ciudadanos a mantener vigente la meta de alcanzar la verdadera paz en Guatemala. La búsqueda de justicia y verdad sana las heridas sociales e históricas. “El esclarecimiento histórico de la verdad no sólo es necesario, es indispensable para que el pasado no se repita con sus graves consecuencias. Mientras no se sepa la verdad, las heridas del pasado seguirán abiertas y sin cicatrizar”7. Pero el conocimiento del pasado humaniza cuando tiene como fruto la reconciliación, que sólo puede provenir de una auténtica actitud de perdón, que no significa impunidad sino asumir el pasado y superarlo para construir el futuro. El resarcimiento se limitó en muchos casos únicamente a una compensación económica selectiva.

Que nuestra Señora, la Virgen María, cuya fe dio paso a la encarnación de Nuestro Señor y con eso abrió camino a la Esperanza, anime siempre el caminar de nuestra Iglesia.

Guatemala de la Asunción, 26 de abril de 2013.

+ Rodolfo Valenzuela Núñez, obispo de la Diócesis de La Verapaz, presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala

+ Bernabé de J. Sagastume Lemus, ofm.Cap, obispo de Santa Rosa de Lima, secretario general de la Conferencia Episcopal de Guatemala

NOTAS

1 CEG, carta “Urge la Verdadera Paz”, Julio 1995, N. 114

2 Ibíd. #13

3 Ibíd. #16

4 Ibíd. #9

5 Ibíd. #1

6 Ibíd. #42

7 Ibíd. #11


Publicado por verdenaranja @ 21:27  | Hablan los obispos
 | Enviar

ZENIT nos ofrece un artículo de fray Enrique Llamas Martínez OCD, presidente de la Asociación Mariológica de España, que afronta la figura del padre de Jesús y esposo de María, con motivo del Año de la Fe.

San José es modelo excepcional de vida de fe
En el Año de la Fe

Por Enrique Llamas

1º- En los primeros días del mes de octubre del año 2012 el Papa Benedicto XVI inauguró con solemnidad, o abrió el “Año de la Fe”, a la luz del documento Porta Fidei, invitando a la Iglesia católica, es decir: a los discípulos de Jesucristo, a vivir en profundidad, y con plena eficacia la fe cristiana. (Nota: el documento “Porta Fidei” precedió a la inauguración del Año de la Fe y sirvió de inspiración, pues el propio Papa lo cita). El gesto del Papa, y la importancia y la fuerza misma delestímulo avivó el interés de seguir sus consignas. A partir de ese acontecimiento, numerosos autores han publicado estudios sobre este tema, y breves comentarios a la enseñanza del Pontífice, para orientar y estimular los sentimientos del pueblo cristiano. Es una labor que complementa la ‘nueva evangelización’.

En esta labor hay que tener presente, según la recomendación de los Papas, que son más eficientes los testimonios que los discursos, los ejemplos más que los sermones; porque los ejemplos arrastran y las palabras se diluyen con el tiempo.

2º- San José, con su Esposa, la Virgen María, son los ejemplos más eminentes y más perfectos de la vivencia de la Fe. La Iglesia lo reconoce así, y nos da a conocer las razones y los motivos de su ejemplaridad, y nos indica también el camino para llegar nosotros a una imitación lo más perfecta posible.

Se habla y se escribe con frecuencia, y más en este Año de la Fe, de la ejemplaridad de los Santos Esposos de Nazaret, pero pocas veces se nos da a conocer lo más propio que debemos imitar de su ejemplaridad, y en qué debemos poner principalmente lo esencial de nuestra imitación.

El Papa Beato Juan Pablo II nos dio una clave precisa, para entender justa y adecuadamente, según su realidad en los Evangelios y en la historia de la salvación, la vida de San José y su valor teológico dentro del misterio de la Encarnación, al que él pertenece por su predestinación eterna.

Esa clave iluminadora, a la que por desgracia se presta poca atención en la Iglesia, y no se aplica cuando se habla de San José, es: “la profunda analogía que existe” entre las perfecciones de el Santo Patriarca y de su Esposa, la Virgen María. De tal manera, que lo que contemplamos en María podemos verlo realizado proporcionalmente en José: gracia, virtudes, perfección espiritual, santidad…(Juan Pablo II, RCustos, 3).

Esta analogía se verifica perfectamente en la ejemplaridad de la fe. La Virgen María representa la ejemplaridad más perfecta, porque Ella es la primera creyente en el tiempo y en la perfección del contenido de su fe. Hasta el día de la Anunciación del Ángel Ella vivió intensamente la fe de los profetas del Antiguo Testamento, la fe del pueblo de Israel. Una fe mesiánica. En la Anunciación del Ángel, acogió la voluntad del Padre, y al pronunciar las palabras: ‘Hágase en mí según tu palabra, convirtió su fe mesiánica en la fe cristiana, iniciando así una nueva etapa en la historia de la salvación.

La fe de María es la fe de toda la Iglesia, de todos los díscípulos de Jesús. Pero, el primero que participó de esa fe, hecha para él luz y orientación de su vida, fue precisamente San José, cuando en la noche en sueños, el Angel le reveló el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios, y le ordenó que acogiese en su casa a su Esposa. El tuvo un acto de fe y obediencia, e hizo lo que el Angel le había ordenado (Mt 1,24).

“La fe de Maria –dice Juan Pablo II- se encuentra con la fe de José y se puede decir también, que teniendo presentes los textos de los evangelistas Mateo y Lucas, que José es el primero en participar de la fe de la Madre de Dios. Así, él ‘sostuvo a su esposa en la fe de la divina anunciación’ (RC 5).

El Beato Papa Juan Pablo II contempla la vida de San José, junto con la Virgen María, como una peregrinación de la fe. Y añade que “la vía de la fe de José sigue la misma dirección, totalmente determinada por el mismo misterio del que él junto con María se había convertido el primer depositario” (RC 6).

3º- Todo esto es enseñanza de Juan Pablo II sobre San José, considerando solamente algunos aspectos fundamentales, de los cuales deduce algunas conclusiones sobre su significado en la historia de la salvación y en la vida de la Iglesia, y en concreto en la vivencia de la fe, con todas sus consecuencias. Aquí radica también el fundamento de su ejemplaridad en la vida y la práctica de la fe.

Para no equivocar el verdadero camino en nuestra aplicación de esta doctrina, tenemos que contemplar a San José en relación con la Virgen María y con el misterio de la Encarnación. La reflexión sobre estos temas nos ayuda a descubrir el sentido y el contenido de la ejemplaridad de María y de José, que debemos imitar principalmente en este Año de la Fe.

No es lícito exaltar la ‘fe de María’ en el misterio de la Anunciación del Ángel, y rebajar el sentido y el contenido de la ‘fe de San José,’ en la revelación que le hizo el Ángel del Señor, de que la concepción de su Esposa, era obra del Espíritu Santo. El aceptó la palabra de Dios sin réplicas. Creyó con plena voluntad y entrega incondicional a la voluntad del Padre, porque, cuando despertó, ‘Hizo como le había ordenado el Angel.’ (MT 1, 24).

El Papa Juan Pablo II glosa este pasaje evangélico, que él interpreta como ‘momento decisivo’, para los Santos Esposos de Nazaret, y para la historia de la salvación, diciendo que ‘en cierto sentido’ se pueden aplicar al Santo Patriarca las palabras que Isabel dirigió a la Madre del Redentor, porque El había respondido afirmativamente a la palabra de Dios, transmitida por el Ángel. (cf. RC, 4).

4º- San José aparece en este cuadro lleno de dignidad, como el auténtico varón justo, escogido, elegido y predestinado desde toda la eternidad para ser Padre virginal del Hijo de Dios, hecho Hombre, Hijo de su Esposa.

Podríamos hacer aquí muchas reflexiones, sobre San José, a la luz de lo que supone para él su predestinación, juntamente con su Esposa virginal y el misterio de la Encarnación. Pero voy a centrar nuestra atención, en su ejemplaridad para la fe, como forma de vida cristiana.

Tenemos que dirigir aquí nuestra mirada a la Virgen María, que es el ejemplo por antonomasia de la vivencia de la fe, como hemos dicho más arriba. Y tenemos que tener presente también el hecho de la predestinación de San José en el mismo decreto de la predestinación de su Esposa, porque su dignidad, su grandeza, y su santidad, y todas sus gracias tienen su fundamento en su predestinación. Lo describía bellamente C. Sauvé: “María y José no han sido predestinados aisladamente. Dios, en su amor, no ha predestinado a María para José. A José para María, y a los dos para Jesús. Si Dios ha pensado con tanto amor, en María Madre del Redentor, esto no sucedió de manera independiente de su matrimonio virginal con José. El no ha pensado en José, sino para María, y para su divino Hijo, que debía nacer virginalmente en este matrimonio”. (C. Sauvé, Le Mystére de Joseph, Nice, 1978, p. 30).

La ejemplaridad espiritual de San José es un reflejo de la ejemplaridad de su virginal Esposa, porque ambos se alimentaron espiritualmente de una misma gracia, de un mismo misterio, aunque vivido de forma muy diferente. La Encarnación, en la plenitud de los tiempos, del Hijo de Dios, y la plenitud de su bondad y de su amor misericordioso. Aquí podemos verificar la analogía más perfecta en los dos Esposos.

La razón de su ejemplaridad perfectísima es el contenido de su fe y la vivencia de su fe. Esta vivencia puede tener connotaciones particulares y propias en cada uno de los Santos Esposos. Pero hay que reconocer una analogía, y una similitud determinada por su misión en la historia de la salvación.

A partir de la Anunciación y de la realización del misterio de la encarnación del Hijo de Dios, la vida de los Santos Esposos de Nazaret cobra un sentido nuevo, y una nueva forma de llevar a cabo su misión natural y sobrenatural, motivados en todo por la fuerza de su fe. Esa es precisamente la novedad, y en esto consiste su ejemplaridad.

María vivió una vida motivada por el amor más puro, guiado e iluminado por la fe. Toda su vida fue una manifestación permanente del cumplimiento de la voluntad de Dios. Fue esto como un medio, o una forma de enriquecer el contenido de su fe, y reafirmar el sentido auténtico de su vida. Dos aspectos, que se complementan bajo la fuerza de la Fe.

La Madre del Redentor, desde la hora de la Anunciación, desarrolló su vida enteramente desde la fe, y en esa práctica vivió en comunión de amor con el Señor. Podríamos decir que María, en esta etapa de su vida, vivió consciente de la presencia del Dios misericordioso, que actuaba e iluminaba su camino, hacia un futuro desconocido. Pero, Ella, lo mismo que su virginal Esposo San José, conocían y estaban dispuestos a cumplir su misión en torno a los misterios de la Encarnación y de la redención universal, siempre desde la fe, que afecta a todos los cristianos.

5º- Pero, no es esto solo. Para los Santos Esposos de Nazaret, su fe, por ser única, y el origen y fuente de la fe de la Iglesia, tiene un contenido y unas connotaciones, que la convierten en modelo excepcional para todos los díscípulos de Jesús. Esta es la razón de su ejemplaridad y la forma particular como podemos contemplarla nosotros.

La fe de María, en el momento de la Anunciación, no fue solo una acogida de la palabra de Dios. Este gesto de la Hija de Sion, era ya por sí solo un acto de obediencia, que significaba la acogida de la voluntad del Padre en la obra de la Redención de la humanidad. María, representante aquí de toda la humanidad, realizó con su aceptación de la palabra de Dios el acto supremo de amor y de generosidad. Pronunció gustosa el SI poderoso, que inició, por designio divino, el cambio transcendental del universo.

Y no es esto solo. La fe de María, en la hora de la Anunciación, no fue una actitud pasiva. Fue de una actividad de valor transcendental, que configuró y determinó el desarrollo de su vida a una realidad absoluta de signo, u orden sagrado, que significó para su destino personal. Su creer, en aquel momento preciso, fue una vivencia interior intensa y luminosa de la Virgen Madre, cargada de sentido espiritual y teológico, que configuró desde aquella hora la forma de su misma existencia, que comunica el ser humano al Hijo de Dios.

Es el contenido de la fe, según la doctrina de la Iglesia, y a la vez la consagración que la joven Virgen María hace de sí misma en el momento de hacerse Madre, a la persona y a la obra de su Hijo, cumpliendo con amor y entrega la voluntad del Padre.

Es esta la doctrina que nos enseña el Concilio en un texto importante y determinante en esta materia. Dice así la voz autorizada del Concilio, refiriéndose a ese momento de la vida de los Santos Esposos de Nazaret: “Así María, hija de Adán, al aceptar el mensaje divino se convirtió en Madre de Jesús, y al abrazar de todo corazón… la voluntad salvífica de Dios, se consagró totalmente, como esclava del Señor a la Persona y a la obra de su Hijo…". (LG. 56).

Debemos reflexionar sobre este acontecimiento supremo de la vida de la Madre virginal de Jesús, porque este es el fundamento de su ejemplaridad en la fe, y la forma que configura su contenido, que se convierte en el contenido de toda su vida espiritual y cristiana.

Algo similar podemos decir de San José, el 'Varón justo'. Tenemos que tener presente aquí el principio que estableció el Papa, Beato Juan Pablo II, refiriéndose a la Anunciación a María, según el relato de San Lucas, y el texto de San Mateo. Me refiero al principio de la ‘analogía’, que nos da a conocer cómo en los orígenes de la historia de la salvación, San José es un eco de la Virgen María, una imitación de sus perfecciones y un complemento de su misión en los inicios de la obra de la salvación.

Siguiendo la inspiración del Concilio podemos decir que la joven María fue hecha Madre del Hijo de Dios, al pronunciar las palabras encendidas en ‘amor divino’ y en un éxtasis de amor: ‘he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’.

María era consciente que estaba viviendo un momento supremo de su vida. Tal vez algunos piensen que por su juventud y por la amplitud y lo profundo del misterio que se estaba realizando en el interior de su espíritu, no se daba cuenta de todo el significado de la escena de la que Ella era protagonista. Pero, no cabe duda que por la dignidad y perfección misma del misterio, y porque Dios hace perfectas todas las cosas, y de manera singular las que son revelación y manifestación directa de su bondad y su amor, María recibió con las palabras del Angel una iluminación del Espíritu Santo, como un rayo de luz que inundó e iluminó su alma y su fe, y recibió una fuerza que movió su voluntad a consagrar su vida al servicio de la persona de su Hijo y de su obra de salvación.

Esto quiere decir que Ella hizo del contenido de su fe, con toda su perfección, el contenido de su vida, consagrando su persona de forma singular al servicio de su Hijo y al cumplimiento de la voluntad de Dios. De esta manera, en palabras del Concilio Vaticano, María colaboró con su Hijo y bajo El a la obra de la Redención de la humanidad.

6º- Todo esto constituye el fundamento y la esencia de la ejemplaridad de María, como modelo excepcional y singular de nuestra vida de fe.

Desde este punto de vista, este aspecto de la ejemplaridad de María tiene una importancia notable, porque afecta a la raíz y al fundamento de la vida, e infunde en su configuración perfecta en el campo de la espiritualidad.

Todos los que están consagrados por el sacramento del bautismo deben vivir una vida perfecta y santa en su totalidad, a imitación de María, haciendo que el contenido de su fe, alimentada por el amor, sea el contenido de toda su vida, vivida en servicio del Señor.

María es imitable bajo todos los aspectos, en todas las virtudes. El concilio Vaticano la contempla y la propone a la Iglesia “como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos” (LG, III, 65). Es imitable también para toda la Iglesia en la plenitud de su santidad, para hacerse “más semejante a su excelso Modelo [Jesucristo]. Son válidas las diversas formas de imitar a María. Pero, una de las más eficaces en su conjunto, y de las más expresivas, al alcance de todos, es la que he formulado anteriormente. ”María es modelo singular de vida de fe, porque hizo del contenido de su fe, contenido de su vida, colaborando con su Hijo, y bajo El a la obra de la Redención”.

Es obvio que podemos aplicar estas reflexiones a San José. El desarrollo de los acontecimientos fue similar para él, y para su virginal Esposa. En esta ocasión el principio de la analogía, que propuso y glosó el Papa Beato Juan Pablo II está plenamente justificado y es un aval y un apoyo eficaz, que garantiza la verdad de todo cuanto venimos comentando en estas páginas.

También San José, acogiendo con limpio corazón la misión que le señaló el Ángel, en la noche de la revelación del misterio de la Encarnación, se consagró decididamente a la persona de su Hijo virginal, y a su obra de salvación universal, sirviendo a su modo a la obra de la Redención, cumpliendo en todo la santa voluntad de Dios.

En un ambiente de devoción mariana, que nos acerca más y más a Jesús, este camino que he descrito, es el más breve, y al parecer el más fácil de recorrer. Toda la fuerza del espíritu se centra en el fiel cumplimiento de la voluntad de Dios, con el presupuesto de que ese ha de ser el objetivo y la finalidad de toda la vida.


Publicado por verdenaranja @ 21:24  | Espiritualidad
 | Enviar