Viernes, 14 de junio de 2013

Reflexión a las lecturas del domingo undécimo del Tiempo ordinario - C ofrecida por el sacerdote Don Juan Manuel Pérez Piñero bajo el epígrafe "ECOS DEL DÍA DEL SEÑOR"

Domingo 11º del T. Ordinario C 

Si algo constatamos con frecuencia en la Palabra de Dios, es que Él nos perdona siempre, que en el pecado, da lugar al arrepentimiento y que nos llama constantemente a la conversión porque quiere perdonarnos siempre.

Es el tema de este domingo.

La primera lectura nos presenta el pecado de David, su arrepentimiento ante el profeta Natán, y su perdón.

El Evangelio nos presenta el perdón de “la mujer pecadora” en casa de Simón el fariseo, que le ha invitado a comer.

De la segunda lectura extraemos la idea de que el perdón cristiano viene del Sacrificio Redentor de Cristo. S. Pablo concluye diciendo: “Si la justificación fuera efecto de la Ley, la muerte de Cristo sería inútil”.

El Evangelio nos presenta tres tipos de personas con relación a Jesucristo: Simón el fariseo, la mujer pecadora y los convidados.

Simón es el clásico fariseo orgulloso, que se siente justificado por cumplir la Ley y desprecia a todo el que falla. Para él no cuenta la debilidad humana. ¡Si peca es porque quiere! Por eso no puede comprender la actitud de Jesús, que “acoge a los pecadores y come con ellos” (Lc 15, 1).

No sabemos cómo la mujer es capaz de entrar en la casa y acercarse tanto al Señor. 

Es una pecadora, objeto del desprecio de Simón. A los pies de Cristo llora y derrama un perfume, que seca con su pelo.

En la parábola que propone a Simón, se pone al descubierto “el pecado del fariseo”, que consiste en su falta de amor. “Porque al que poco se le perdona poco ama”, mientras que a la mujer se le perdona todo, porque tiene mucho amor.

Simón es la imagen del cristiano que dice que “no tiene pecados”.

Jesús, que conoce el corazón de cada uno, no niega el pecado de la mujer. Sencillamente constata que ama mucho y por eso le dice: “Tu fe te ha salvado, vete en paz”.

Con su perdón, Jesucristo no humilla a la mujer. Al contrario, le ensalza, le dignifica y le libera de toda postración y de toda marginación. Le reintegra a la vida social y religiosa de Israel.

¿Y los convidados?

Ellos, que están a la expectativa, se escandalizan de  que Cristo pueda perdonar pecados. No le reconocen como el Mesías, como el enviado de Dios.

Nos recuerdan a tantos cristianos que dicen: “el sacerdote es un hombre como yo” y se niegan a la reconciliación con Dios.

¡Demos gracias al Señor por su misericordia!

                   

                    ¡FELIZ DOMINGO! ¡FELIZ DÍA DEL SEÑOR!


Publicado por verdenaranja @ 21:03  | Espiritualidad
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