Jueves, 26 de septiembre de 2013

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (XXV domingo durante el año, 22 de septiembre de 2013) (AICA)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho, y el que es deshonesto en lo poco, también es deshonesto en lo mucho. Si ustedes no son fieles en el uso del dinero injusto, ¿quién les confiará el verdadero bien? Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero". (San Lucas 16, 1-13)   



El Señor nos habla de la administración y que todos nosotros tenemos que ser administradores y no patrones. El administrador recibe, tiene que ser responsable y también tiene que dar cuentas. Si no sabe dar cuentas es porque no hay claridad o está ocultando algo y así está siendo infiel. Es un administrador infiel.

Es importante explicar, dar razones, porque todas las responsabilidades que hemos recibido también tenemos que devolverlas a la comunidad, ya que esa representatividad la hemos recibido de la comunidad.

Decía San Basilio “¿no eres tú un ladrón, que de las riquezas que has recibido en gestión, te has apropiado de ellas?, ¿te olvidas que eres administrador y no patrón?” por eso es importante tener esa responsabilidad ya que, todo cargo que tenemos en la sociedad y en la Iglesia, siempre tiene que ir en atención al bien común y a ello tenemos que responder.

Si no sabemos dar respuesta, o si no queremos darla, o si no podemos y ocultamos, hay algo que no funciona bien. Por eso quiero que desterremos de nuestro pensamiento y de nuestras actitudes aquello que mucha gente suele decir: “en Argentina hay mucha gente corrupta, la corrupción es algo endémico, algo que ya está instalado y que ya es parte de nuestra idiosincrasia” ¡No, no, por favor!, ¡no es parte de nuestra idiosincrasia!

No nos resignemos a decir que “porque está instalado” está todo bien. No. ¡Hay cosas que están muy bien y hay cosas que están muy mal! Por eso es importante ser honestos en lo pequeño y también en lo grande -como dice este Evangelio-. No estamos actuando para que los demás nos vean, o para que nos aplaudan. Pero hay una razón, primera y fundamental, que cada uno de nosotros no debe olvidar: es la conciencia y es la responsabilidad.

Yo no obro para que la gente me aplauda o me rechace. En primer lugar debo estar de acuerdo a mi conciencia y a Dios; después vendrá la explicación a los demás, al consentimiento o al rechazo, pero primero a mi conciencia.

Tenemos que recurrir al interior de nuestra vida, como un viaje hacia adentro, a lo más profundo de nuestra vida, hacia nuestra conciencia. Ella es el sagrario íntimo de Dios y de nosotros mismos, en el que nadie puede entrar pero donde sí cada uno puede resolver, discernir, pensar y responder.

Que seamos buenos administradores en lo pequeño y en lo grande; en lo público y en lo privado; en la Iglesia y en la sociedad.

Que siempre tengamos amor al bien común y sobre todo a Dios, que es la causa primera y la razón de toda nuestra justicia.

Les dijo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Mons. Rubén Oscar Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanúsctuar.


Publicado por verdenaranja @ 19:38  | Hablan los obispos
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