S?bado, 12 de octubre de 2013

Desde el área de Cooperación Internacional de Caritas Diocesana de Tenerife se nos invita a sumarnos, de manera activa, a los actos convocados por la campaña Pobreza Cero y la Coordinadora de ONG para el Desarrollo que este año tiene como lema “Contra la pobreza que enriquece,actúa” y  apoyar con la celebración, dentro de nuestras comunidades parroquiales, de algún acto en clave celebrativa. Nos brinda el instrumento de un guión litúrgico que puede utilizarse especialmente en esta semana, pero que no está limitado a ella sino que puede servir para cualquier otro momento del curso porque nos puede ayudar a reflexionar y rezar por las personas más empobrecidas.

El guión lo ha preparado Vicente Altaba, sacerdote del diócesis de Teruel y Delegado Episcopal de Cáritas Española.

 

GUIÓN LITÚRGICO CON MOTIVO DE LA SEMANA CONTRA LA POBREZA

Moniciones

Monición de entrada

Hermanos y hermanas:

En cada Eucaristía Dios nos sienta a su mesa. Una mesa de familia en la que el pan se parte y se comparte entre los hermanos. Una mesa que el Señor nos ofrece gratuitamente para que todos saciemos nuestra hambre más honda y tengamos parte en la verdadera vida.

Entretanto, es un escándalo lo que estamos haciendo en el banquete de la vida con los alimentos: Mientras sobran alimentos y hasta los destruimos, crece el hambre y no somos capaces de erradicar la pobreza. Pero Dios sigue llamándonos en Jesucristo a la mesa de la fraternidad. Con su Palabra y con su Pan nos ilumina y alimenta para que no desfallezcamos en el esfuerzo por erradicar el hambre y la pobreza.

Celebremos con fe y esperanza esta Eucaristía. 

Acto Penitencial

✔Señor, Tú que te conmueves ante la pobreza, el hambre y el sufrimiento de los hermanos, ¡Señor, ten piedad!

✔Cristo, Tú que eres el enviado del Padre para sentar a todos los hermanos en la misma mesa, ¡Cristo, ten piedad!

✔Señor, Tú que te hiciste vida entregada para que todos tengamos vida, ¡Señor, ten piedad! 

Monición a la primera lectura

Con frecuencia el apóstol Pablo pedía a sus cristianos que manifestaran la verdad de su fe en la caridad y denunciaba las diferencias entre ricos y pobres. El texto que vamos a escuchar nos lo recuerda y nos hace una propuesta muy concreta para que los bienes lleguen a todos.

Monición al salmo responsorial

Trabajar para que a nadie le falte lo necesario es tarea difícil, pero confiamos en la ayuda que nos viene del Señor. Respondemos a la Palabra diciendo:

El auxilio me viene del Señor que hizo el cielo y la tierra.

Monición al Evangelio

Vamos a escuchar una vez más el evangelio de la multiplicación de los panes, un evangelio que conocemos muy bien, pero que hemos de escuchar con renovada atención y disposición porque en él Jesús sigue llamándonos al compromiso. Escuchemos con corazón abierto y prestando atención a todos los detalles de cuanto el Señor hace y dice.

Lecturas

✔Primera lectura: 2Cor 8, 7-15.

✔Salmo responsorial: Sal 120.

✔Lectura del Evangelio: Mt 14, 14-21.

 

Ideas para la Homilía

1. Una mirada a la realidad

Uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), concretamente el primero, es la erradicación del hambre y la pobreza. Sin embargo, se acerca el 2015, horizonte en el que se fijaban estos objetivos, y el hambre en los últimos años no sólo no disminuye sino que aumenta. Según la FAO, en 2005 había 848 millones de personas hambrientas y en 2007 eran ya 923. Pero en 2008, la crisis de los precios de los productos alimentarios agrava la situación llegando a sumar 1.025 millones de personas en esa situación.

También el Banco Mundial ha dicho que la crisis ha provocado el aumento de personas pobres en el mundo en 60 millones.

Mientras tanto, crecen la injusticia y la desigualdad hasta límites  que resultan intolerables. Así nos lo muestra nuestro Observatorio de la Realidad Social de Cáritas Española: La brecha entre ricos y pobres se agranda, los ricos son menos pero cada vez más ricos y los pobres son más y más pobres (Cfr datos del mes de mayo, con motivo de la celebración del Día de la Caridad).

Por otra parte, resulta escandaloso e inmoral que mientras tantos millones carecen de alimentos, en los países ricos se estén destruyendo excedentes alimentarios para mantener la competitividad y los precios.

Hoy es posible acabar con la pobreza extrema y el hambre. Manos Unidas calcula que se necesitarían alrededor de 44.000 millones de dólares anuales en los próximos diez años para cumplir los Objetivos del Milenio. ¿Es posible? Es más que posible. Baste un dato: Los países más desarrollados dan a su agricultura,en subsidios agrícolas, 360.000 millones de dólares al año.

2. Qué nos dice la Palabra

En el evangelio hemos recordado uno de los signos que realiza Jesús ante una multitud hambrienta. Un gesto rico en detalles y cargado de un simbolismo especial que aprovechará después Jesús para trascender su significado inmediato. Veamos simplemente ahora algunos de los rasgos más sobresalientes:

– Jesús ve la realidad y se compadece: Es tarde, están en despoblado, hay hambre. Jesús se compadece. Otros se los quieren quitar de en medio: «Despide a la multitud y que se compren la comida».

– Invita a los otros a que asuman la realidad y se responsabilicen ante ella: «Dadles vosotros de comer». Que cada uno asuma su responsabilidad. No podemos cerrar los ojos ni mirar para otro lado.

– Invita a que cada uno ponga de su parte lo que tiene, aunque sólo sean cinco panes y dos peces: «Traedlos». No está en nuestras manos solucionarlo todo, pero hay que implicarse y poner cada uno lo que está de su parte. Aquella pregunta de Dios a Caín –«¿qué has hecho con tu hermano?»–, sigue resonando hoy: ¿Qué estáis haciendo con vuestros hermanos y hermanas hambrientos? ¿Estáis haciendo lo que está en vuestras manos?

– Jesús se ocupa de que se comparta y de que haya un buen reparto. «Partió el pan…, lo dieron a la multitud». ¡Y sobró! Es el milagro que se realiza cuando se comparte, cuando hay una economía solidaria y de comunión.

– Además se preocupa de que nada se desperdicie: «Recogieron las sobras». No se destruyen los excedentes para mantener los precios, como se hace ahora, a costa del hambre.

– Y en el discurso que sigue al milagro, el Señor se encargará de hacernos descubrir que lo más importante no es dar pan, sino «dar vida», dar la propia vida, como hace Él en la Eucaristía, para que todos tengan vida.

Hoy estamos llamados a hacer viva la fe en el ejercicio de la caridad. Una caridad que nos lleva a compartir para que a nadie le falte lo necesario para vivir, como nos ha recordado Pablo. Hoy, como en otros tiempos a los Corintios, ante las pruebas, tribulaciones y la pobreza extrema de tantos millones de seres humanos, se nos pide a los cristianos sobresalir en la caridad mostrando así la sinceridad de nuestro amor a imagen de Cristo, «El cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza». Y no se trata de una caridad cualquiera, sino de aquella que trata de «igualar», de compartir y buscar la igualdad, de modo que «al que recogía mucho no le sobraba y al que recogía poco no le faltaba». A esta tarea nos llama hoy el Señor, sabiendo que nuestra fuerza y nuestro auxilio está en él, como hemos rezado en el salmo, a pesar de los exilios y desiertos por los que nos toca pasar.

3. Algunas claves de la Doctrina Social de la Iglesia

Aunque sea de modo telegráfico, recordamos algunas claves de la DSI que nos pueden ayudar en la reflexión y motivar al compromiso.

– Es necesario, dice Benedicto XVI, que madure «una conciencia  solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones» (CIV, n. 27).

– Otro principio llamado por Juan Pablo II «el primer principio de todo el ordenamiento ético social», es el destino universal de los bienes. Como dice el Vaticano II, «Dios ha dado la tierra a todo el género humano para que ella sustente a todos sus habitantes, sin excluir a nadie ni privilegiar a ninguno» (GS, n. 69).

– Este carácter social y comunitario de los bienes lo entendieron muy bien los Padres de la Iglesia. Veamos lo que dice San  Basilio (330-379): «¿Quién es avaro? El que no se contenta con las cosas necesarias. ¿Quién es ladrón? El que quita lo suyo a los otros. ¿Con que no eres tú avaro, no eres ladrón, cuando te apropias lo que recibiste a título de administración? ¿Con que hay que llamar ladrón al que desnuda al vestido y habrá que dar otro nombre al que no viste al desnudo, si lo puede hacer? Del hambriento es el pan que tu retienes; del que va desnudo es el manto que tu guardas en tus arcas; del descalzo el calzado que en tu casa se pudre».

– El hambre no depende de la escasez de recursos. Así se reconoce hoy y lo dijo Benedicto XVI a la FAO: «La comunidad internacional está afrontando en estos años una grave crisis económico-financiera. Las estadísticas muestran un incremento dramático del número de personas que sufren el hambre y a esto contribuye el aumento de los precios de los productos alimentarios, la disminución de las posibilidades económicas de las poblaciones más pobres, y el acceso restringido al mercado y a los alimentos. Y todo esto, mientras se confirma que la tierra puede nutrir suficientemente a todos sus habitantes».

– Este mismo criterio lo expresa en la encíclica Caritas in veritate: «el hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional» (n. 27).

– Por otra parte, para alcanzar objetivos de desarrollo comunitario es necesario rescatar el comercio internacional de la lógica del provecho, como único fin, y dar cabida a la lógica de la gratuidad no sólo en las relaciones personales, sino también en las relaciones empresariales e institucionales: «La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión» (CIV, n. 39).

– Y esta es una causa que nos afecta a todos, pues, como dice el papa Francisco, «la deuda social implica la realización de la justicia social. Juntas nos interpelan a todos los sectores sociales, en particular al Estado, a la dirigencia política, al capital financiero, los empresarios, agropecuarios o industriales, sindicatos, las Iglesias y demás organizaciones sociales».

4. Pistas para el compromiso

Los pobres son la causa de Jesús y la nuestra. No podemos vivir sin reaccionar ni permitir el escándalo de la pobreza, del hambre y de las estructuras injustas que la sustentan. Hemos de trabajar con ánimo y esperanza en algunas líneas de compromiso que podemos hacer nuestras:

✔Sensibilizar a la población y a las comunidades cristianas, a través de la información y formación sobre los ODM, de que es posible erradicar la pobreza y el hambre como nunca lo ha sido antes en la historia.

✔Movilizar a la población desde lo que somos: Iglesia que vive en sociedad y que actúa para construir un mundo en el que nadie sobre y la vida sea posible para todos.

✔Hacer incidencia política para que se adopten las medidas necesarias que atajen las causas estructurales y las consecuencias de la pobreza y el hambre.

✔Promover el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos.

✔Fomentar una cooperación internacional coherente con el principio de subsidiariedad y promotora de corresponsabilidad de las comunidades implicadas.

✔Superar la lógica del mercado con la lógica de la gratuidad, pues la solidaridad debe fundamentarse en la común pertenencia a la familia humana y estar animada por la justicia y la gratuidad del amor.

✔Alentar la esperanza en el milagro posible, con la ayuda de Dios, si todos nos implicamos, compartimos y multiplicamos. 

Paso al rito

Recordemos que son más de 1.000 millones las personas que pasan hambre y que ésta no es una fatalidad sino el resultado de un sistema económico y financiero injusto e inmoral. Y recordemos con Juan Pablo II que ante un drama así todos hemos de asumir nuestra responsabilidad y no se justifican «ni la desesperación, ni el pesimismo ni la pasividad» (SRS, n. 47).

La Eucaristía que vamos a celebrar es el misterio que nos garantiza que el egoísmo ha sido vencido por la generosidad y que la muerte ha sido vencida con el poder de la resurrección y la vida. Este camino pascual, dice Francisco, nos enseña a ver la profundidad de la realidad, nos permite soñar en sociedades más felices y «nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la

© Cáritas creación hacia la plenitud en Dios» (LF, n. 44).

© Cáritas Mondoñedo - Ferrol

© Cáritas Tenerife

© Cáritas San Sebastián

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

1. Por la Iglesia, para que a imagen de Jesús sea pobre y esté cada día más al servicio de los pobres, roguemos al Señor.

2. Por las instituciones políticas, para que reconozcan el destino universal de los bienes y el derecho de todos a la alimentación, roguemos al Señor.

3. Por los que dirigen los mercados, para que no estén movidos por el beneficio como valor supremo y respeten los derechos de las comunidades más pobres, roguemos al Señor.

4. Por los países más empobrecidos, para que se valoren sus productos y se promueva su autonomía y desarrollo, roguemos al Señor.

5. Para que el liberalismo económico dé paso a una economía más social y solidaria, roguemos al Señor.

6. Por todos nosotros, para que no nos acostumbremos a vivir en este orden injusto, como si no pudiera ser de otra manera, roguemos al Señor. 

 

ORACIÓN PARA REZAR DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Querido Dios, abre nuestros ojos y nuestros corazones para que podamos verte en cada uno de tus hijos.

Que aceptemos que hay vínculos que nos unen y reconozcamos que nos has creado para ser familia.

Nos necesitamos mutuamente.

Desde que nacemos, dependemos de que otros nos alimenten, nos protejan, nos enseñen y nos amen en el camino de la vida.

Abre nuestros corazones a las necesidades de tus hijos que sufren la constante aflicción del hambre y moviliza nuestro espíritu para brindarles una respuesta.

Contrarresta con amor la indignación y la ira que sentimos contra la injusticia.

Conviértenos para que, inspirados en la visión de la solidaridad humana, invirtamos nuestros recursos materiales para redimir la angustia de la pobreza y devolver a tus hijos la esperanza.

Mueve nuestros corazones a la acción compasiva que transforme el sufrimiento en amor redentor,por los siglos de los siglos. Amén

(P. Ignatius Ikunza)

 


Publicado por verdenaranja @ 11:45  | Liturgia
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