Mi?rcoles, 16 de octubre de 2013

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (12 de octubre de 2013) (AICA)

 Educar es el arte de fijar la mirada dirigida al horizonte

En el pasado mes de junio, el Papa Francisco tuvo un encuentro con nueve mil representantes de las comunidades educativas de la Compañía de Jesús en Italia. Allí resumió el discurso que había preparado y luego entabló un diálogo con los presentes; respondió preguntas de niños, jóvenes y profesores y nos dejó indicaciones sencillas y bellas, esenciales, sobre el fenómeno humano y cristiano de la educación. 

He estado releyendo esos textos y quiero compartir con ustedes algunas conclusiones sobre la enseñanza del Papa, que me parece extraordinaria y por lo que he visto ha pasado más o menos inadvertida. 

En primer lugar el Papa presenta el proceso de la educación como desarrollo de las personas. Educación equivale a edificación de una personalidad. El educador procura eso, así como el educando procura también crecer personalmente. Por eso Francisco destaca el papel de la magnanimidad, que es una virtud clásica y cristiana, que significa grandeza de ánimo, grandeza de corazón. Es decir que para desarrollar la persona uno tiene que tener esa grandeza de ánimo, referida no sólo a los grandes ideales sino también a las realidades cotidianas, al modo como se enfrentan las realidades cotidianas. 

El Santo Padre usó también otra imagen para hablar de la educación: el desarrollo de la personalidad, el crecimiento personal que procura la educación, es como un caminar. La imagen es la del camino. “Es, dice el Papa, el arte de caminar. 

Respecto de este arte de caminar propone dos aspectos. El primero es mirar el horizonte: por supuesto, uno tiene que mirar hacia dónde va, con grandeza de ánimo, pero tiene que mirar hacia donde va. Y al mismo tiempo tiene que soportar el cansancio del camino. Por eso se habla de arte. No es caminar a tontas y locas, sino caminar con un sentido. Y para eso hace falta tener la mirada dirigida hacia el horizonte, pero al mismo tiempo sobrellevar el cansancio del camino. 

En ese contexto hace notar también que este caminar por el cual uno se va educando, va creciendo personalmente, supone también fracasos y éxitos. Implica asimismo caídas. Cito una frase muy bella: “en el arte de caminar lo que importa no es no caer sino no quedarse caídos”. Es decir retomar siempre el camino a pesar de las dificultades e incluso de los posibles fracasos. 

El otro aspecto es no caminar solos. Caminar solos no es bueno, es más dificultoso, es aburrido; uno necesita caminar con otros, caminar comunitariamente. Pensemos, por ejemplo, en una escuela, una comunidad educativa. Precisamente hablamos de comunidad educativa, la cual implica caminar juntos; así nos ayudamos unos a otros a tender siempre a la meta y a superar las dificultades del camino. 

Hay algo muy interesante cuando el Papa se refiere de un modo más específico a los educadores. Les hace advertir que para que los educandos crezcan personalmente, para que crezcan verdaderas personalidades, hay que buscar un equilibrio entre el marco de seguridad y la zona de riesgo. El marco de seguridad; no se puede educar si uno no sabe adónde va, si uno no tiene pautas concretas, si no hay instrumentos específicos, si no hay una programación segura y cierta, si no hay una confianza en lo que uno está haciendo. Pero siempre hay que arriesgarse. Especialmente en estas épocas. La educación es una zona de riesgo. 

¿Y esa zona de riesgo que significa? Significa concretamente que hay que buscar siempre las mejores formas, nuevas formas educativas, no convencionales, según las necesidades de los lugares, de los tiempos y de las personas. Porque uno puede tener un proyecto educativo general, pero finalmente ese proyecto tiene que adaptarse y concretarse para personas determinadas, en un momento determinado. Los tiempos cambian también, los lugares implican enormes diferencias. 

Esta riqueza de elementos, esta variedad de matices, es fundamental para la educación. Lo ha sido siempre, pero yo creo que hoy es especialmente importante. ¿Y por qué digo hoy? Todos conocemos las dificultades concretas que se plantean hoy a la tarea educativa. Quizás décadas atrás la escuela era un sitio donde la inventiva no era tan importante, donde se privilegiaba la instrucción y luego, también el cuidado de la conducta y se aplicaba también la transmisión de ciertos valores. La familia era el factor educativo fundamental pero hoy día la escuela se ha tornado muchas veces en un sitio difícil, complicado, donde repercuten todas las problemáticas de la sociedad. 

Estas indicaciones tan precisas del Papa Francisco me parecen sumamente oportunas. Por un lado tan objetivas, y por el otro lado también tan motivantes y animosas: la magnanimidad, el arte de caminar, el carácter comunitario de la educación. 

El Papa nos está haciendo un servicio extraordinario hablándonos de realidades esenciales y diciéndolo con este lenguaje tan sencillo, tan llano y, por otra parte, con una simbología tan expresiva que toca la inteligencia y el corazón. 

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 22:46  | Hablan los obispos
 | Enviar