Mi?rcoles, 23 de octubre de 2013

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (19 de octubre de 2013) (AICA)

Día de la Madre: Momento para pensar las relaciones familiares 

El Día de la Madre es una celebración irremplazable y entrañable para todos nosotros. Para los que tienen la mamá en vida implica, ir a visitarla, llevarle un regalito, estar contentos con ella; para los que la tenemos en el cielo, nosotros, encomendarla más expresamente con nuestra oración y nuestro afecto.

Pero el Día de la Madre además de este aspecto tan familiar y, como decía, tan cercano al corazón de todos, tiene que hacernos recordar algo fundamental de la vocación femenina, de la identidad femenina: la maternidad no es un accidente, no es algo que ocurre de casualidad sino que responde a la naturaleza personal de la mujer. Y por eso también esa vinculación irrepetible que se da entre la madre y los hijos.

Además de esta consideración, que quiere ser un recuerdo para todas las madres que nos están viendo, me permito hacer un comentario colateral. Alguno puede pensar que no tiene mucho que ver con lo del día, pero yo lo vinculo libremente. Acabo de leer algunos recortes periodísticos y especialmente quiero comentarles uno, que pone en cuestión la relación de la pareja, de los papás entre ellos, la relación matrimonial, que podría peligrar porque se ocupan demasiado de los chicos.

Concretamente me llamó la atención la obra de un especialista en terapia familiar, un inglés, autor de un libro que se ha convertido en un best seller y cuyo título es “Yo te amo pero tú me pones siempre en el último lugar”. El título recoge un posible reproche del marido a la mujer porque ella se ocupa demasiado de los hijos, o porque ambos están tan ocupados con los hijos que han perdido aquella vinculación continua que tenían, tiempo de estar solos, de atenderse recíprocamente, de salir juntos, etc.

El autor, que se llama Andrew Marshall, propone una serie de reglas para resolver esta supuesta dificultad. Pero la cuestión, en el fondo, sería poner a los chicos en el segundo lugar, desplazarlos del primer puesto de interés.

Al leerlo yo me planteaba algunas cuestiones: ¿eso es lo que hay que hacer, verdaderamente? ¿No se puede llegar en todo caso a armonizar la vida de pareja -para decirlo con un lenguaje hoy común-, la relación entre los esposos, que puede seguir siendo afectuosa, entregada el uno al otro, y al mismo tiempo volcándose los dos en los hijos? ¿Tienen que alienarse entre sí porque se entregan a los hijos?.

Me parece que semejante opción va en contra de la realidad misma de la maternidad y de la paternidad. Porque la maternidad es también correlativa a la paternidad. Si hay una mamá hay también un papá. Y ese complejo de relaciones hace a la realidad tan bella, tan humana, y tan cristiana en nuestro caso, de la familia.

Sin duda, no faltarán altibajos y dificultades, pero esos momentos pueden ser superados con inteligencia (con sentido común) y con mucho amor.

Considero que, si bien este es un tema colateral, puede ser también bueno para pensar en este Día de la Madre. Lo propongo, junto con mi más cordial saludo y mi felicitación a todas las mamás.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 17:10  | Hablan los obispos
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