Lunes, 28 de octubre de 2013

Texto el micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (26 de octubre de 2013) (AICA)

La familia como bien personal y social

En el mes de octubre celebramos, también, el Mes de la Familia. Ella pertenece a esas realidades a las que nos acostumbramos como a algo que está, que siempre estuvo. Nos parece que no puede dejar de existir, es algo que no necesita que lo pensemos. La misma vida, con sus necesidades de cuidado y crecimiento en sus dimensiones afectivas y sociales, es el primer testimonio de su importancia.

Se la define como la primera cédula de sociedad donde se aprenden las relaciones fundantes de nuestra relación humana. Por otra parte, cuando hay dificultades en la sociedad, sobre todo en los niños y los jóvenes, nos lamentamos de la ausencia de la familia o la hacemos objeto de crítica. Todo esto no está mal que se diga, pero me queda la sensación de que la familia es un buen discurso de buenas intenciones, pero que no termina de despertar un compromiso real de valoración y acompañamiento que la ayude en su misión.

Toda realización en el tiempo necesita de una idea que la sostenga, sea en el plano de los valores como de los medios que la hagan posible. En nuestro caso sería importante que la familia sea un tema presente en la educación, en las políticas que hacen al desarrollo y al bien común de la sociedad, como en otras instancias de la sociedad, pienso en los medios de comunicación. La familia debe ser un valor presente y reconocido. Esto no se impone, pero se debe presentar.

También en lo personal la familia necesita no sólo una aceptación ideal, sino de esas virtudes que tiene que ver con el amor y el diálogo, la generosidad y el compartir. Ciertamente hablamos de un camino que se va construyendo y no de algo mágico o de un instante. Dicho esto, podemos señalar algunos defectos que no la ayudan a su realización, me refiero al egoísmo, al individualismo, a la falta de sinceridad y compromiso con la palabra dada. A la ausencia de políticas que la ayuden en lo que puede ser, por ejemplo, una vivienda digna.

La familia como expresión social de amor necesita ser asumida como una tarea que se vive y se desarrolla en el tiempo. Cuando el tiempo sólo es un hoy sin ayer ni futuro, la vida de la familia se debilita, porque pertenece a una categoría de tiempo que no se define por le instante. La familia es un proyecto que no nace de un decreto, sino que va creando un espacio de amor y libertad que nos contiene y nos abre a un futuro de realización. Cuántas veces se reconoce el valor de la familia por el testimonio de los hijos.

Invertir en la familia es el mejor seguro que hace una sociedad. La vida de la familia está llamada a ser enriquecida por la oración, que es una mirada de fe que la ilumina y sostiene. El primer ámbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres, nos dice le Papa Francisco “es la familia” (Cfr. L. F. 52). En la oración hacemos presente a Dios y ponemos en sus manos de Padre el cuidado de todos sus miembros con sus relaciones. La familia que reza es una familia que se mantiene unida.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 20:01  | Hablan los obispos
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