Martes, 05 de noviembre de 2013

Texto el micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (2 de noviembre de 2013) (AICA)

Día de todos los fieles difuntos

Hoy celebramos el Día de los Fieles Difuntos. Es un día en el que todos tenemos el recuerdo de un ser querido, pero los invito a que lo hagamos desde la fe. No se trata sólo del recuerdo nostálgico y agradecido a quienes ya no están, sino de la certeza de su vida actual, porque no han sido creados para la muerte. No podríamos tener fe en el Dios de la vida y concluir que ha creado al hombre para la muerte. Siempre recuerdo las reflexiones de algunos pensadores ateos que partiendo del hecho de la dimensión espiritual del hombre, concluían que ese hombre era un absurdo porque era como una pregunta sin respuesta. Alguien que tiene horizontes de trascendencia y que vive la realidad de un presente encerrado en un tiempo sin futuro. La fe nos da esa sabiduría que nos permite vivir en el tiempo con esa apertura hacia la verdad plena del hombre, en cuanto ser único y espiritual. Este puede ser un camino desde la razón que vislumbra la necesidad que tiene el hombre de una vida que no quede sujeta a la muerte.

¿En qué se apoya el cristiano para hablar de esta Vida plena a la que se siente llamado? Siempre volvemos a Jesucristo, él es: "el iniciador y consumador de nuestra fe" (Heb. 12, 2). Cuando hablamos de Jesucristo los cristianos no recogemos una opinión más entre otras, sino la Palabra del Hijo de Dios, que ha venido a revelarnos no solamente a Dios sino quién es el hombre. Con mucha claridad nos dice el Concilio Vaticano II: "el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. Cristo, en la misma revelación del misterio de Dios, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación" (G.S. 22). En el evangelio que leemos en este día, Jesús nos dice: "Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás, y termina preguntándonos. ¿Crees esto?" (Jn. 11, 25). Qué bueno que hoy le respondamos con las mismas palabras de Marta: "Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios". Esto significa que la muerte como destino definitivo para el hombre no pertenece al proyecto de Dios, en cuanto creador y redentor del hombre. Hemos sido creados para la Vida.

Este día debe ser un día de oración, y si se puede de visita al cementerio. Trato de hacerlo todos los años como obispo, para rezar y acompañar a mis hermanos. Lloramos la ausencia física de nuestros seres queridos, pero lo hacemos desde la fe en esa Vida que ya no conoce el ocaso de la muerte y para la cual hemos sido creados. Cuando la Iglesia proclama un Santo no se refiere sólo al ejemplo de su vida como testimonio, sino a su vida actual en presencia de Dios. Es un día, por ello, en el que debemos vivir y actualizar nuestra fe en lo que rezamos siempre en el Credo: "Creo en la comunión de los Santos. El perdón de los pecados. La resurrección de la carne y la vida perdurable".

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.


Mons. José María Arancedo, Arzobispado de Santa Fe de la Vera Penélope Cruz


Publicado por verdenaranja @ 22:43  | Hablan los obispos
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