Domingo, 17 de noviembre de 2013

Reflexión de monseñor Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús, en el programa radial Compartiendo el Evangelio (XXXII domingo durante el año, 10 de noviembre de 2013) (AICA)

Vivir de acuerdo a nuestra finalidad. Jornada Nacional del Enfermo.

Se le acercaron algunos saduceos, que niegan la resurrección, y le dijeron: "Maestro, Moisés nos ha ordenado: Si alguien está casado y muere sin tener hijos, que su hermano, para darle descendencia, se case con la viuda. Ahora bien, había siete hermanos. El primero se casó y murió sin tener hijos. El segundo se casó con la viuda, y luego el tercero. Y así murieron los siete sin dejar descendencia. Finalmente, también murió la mujer. Cuando resuciten los muertos, ¿de quién será esposa, ya que los siete la tuvieron por mujer?". Jesús les respondió: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección. Que los muertos van a resucitar, Moisés lo ha dado a entender en el pasaje de la zarza, cuando llama al Señor el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Porque él no es un Dios de muertos, sino de vivientes; todos, en efecto, viven para él". (San Lucas 20, 27-38)



Estamos ante un texto especial, difícil de explicar, pero muy importante, muy rico y fundamental, porque el Señor nos habla más allá de la muerte, nos habla del encuentro con el Dios de los vivos, nos habla de la trascendencia, de la resurrección y de la vida eterna.

En todo esto hay una relación muy profunda y, a veces, la mayoría de la gente tiene “miedo” de hablar de la vida, de la muerte, del más allá, de lo eterno, del cielo, de aquello que no tiene ocaso ni fin. Y diría que se entiende la vida por la finalidad, y la finalidad es la vida eterna.

Nuestra vida está en Dios y desde Dios ilumina nuestra vida. Dios, que es vida, ilumina nuestra vida acá y la presencia de lo eterno -es decir Dios que es vivo, viviente- va iluminando todas nuestras cosas, todas nuestras realidades. Por lo tanto, tenemos que vivir de acuerdo a nuestra finalidad; y viviendo así colocaremos los medios correctamente, sabiendo que en Dios, que es eterno, uno vive.

La Iglesia reza porque cree en la resurrección, reza por los difuntos, porque sabe que se ha traspasado el límite del tiempo, de lo físico, de lo humano, entrando en otra dimensión: la dimensión eterna, de aquello que es infinito, absoluto, que es Dios.

Nuestra fe en Dios, en el Dios de la Vida, nos responsabiliza más para no tener miedo, para no entrar en esclavitudes ni vivir escondidos en los pequeños mundos, sino para tener una dimensión amplia, rotunda, contundente, firme, como es la vida eterna; que es lo que nos especifica, nos señala, nos ilumina, nos anima y nos lleva al compromiso. ¡El Dios de los vivos y no de los muertos! Quien vive en Dios tendrá vida no tendrá ocaso, no tendrá fin.

Que esperando el más allá, nos comprometamos en el más acá con mayor responsabilidad, verdad y justicia.

Les dijo mi bendición: en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén


Mons. Rubén Oscar Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanús


Publicado por verdenaranja @ 19:27  | Hablan los obispos
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