Lunes, 18 de noviembre de 2013

Texto el micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (15 de noviembre de 2013)

El hombre como ser espiritual y moral

Pertenecemos a una sociedad que ha avanzado mucho en el estudio y conocimiento de la realidad, incluso con encuestas objetivas de lo que sucede, con estadísticas precisas de aquello que compromete el nivel de la vida de la sociedad. Me refiero, por ejemplo, al mapa del delito, la violencia, la droga, con todas sus consecuencias graves y que, por momentos, parecería inmanejable.

Podríamos ampliar esta mirada a otros desequilibrios sociales que nos empobrecen y con lo que nos vamos acostumbrando a convivir. Podríamos citar entre ellos, la pérdida del valor de la palabra, la falta de solidaridad junto a un egoísmo que nos encierra y aleja. Las consecuencias son muchas y tristes porque se trata de personas, tomando una frase de Francisco hablaría del crecimiento de esas "periferias existenciales". Son signos de una sociedad enferma. Tenemos una lectura clara y común de los fenómenos, no siempre coincidimos en las causas.

La dimensión teológica, decía Juan Pablo II: "se hace necesaria para interpretar y resolver los actuales problemas de la convivencia humana" (CA. 55). La dimensión teológica del hombre incluye, principalmente, valorar su condición espiritual y moral. La teología no es algo ajeno al hombre, por el contrario, nos abre a un conocimiento más profundo del sentido de su vida. El tema de Dios siempre ha estado presente en los grandes pensadores como algo objetivo, y no como una mera proyección subjetiva del hombre. Esto último da a lugar a un manejo, diría casi mágico, de lo que se considera espiritual, quedando sólo el sentimiento como fundamento del mismo. Hablar de Dios como algo sólo subjetivo debilita el fundamento del obrar moral y social del hombre. En realidad, afirmaba Juan Pablo II: "en el centro de la cuestión cultural está el sentido moral, que a su vez se fundamenta en el sentido religioso" (VS. 98). Cuando se suprime a Dios es el hombre el que queda huérfano. Dios no viene a ocupar el lugar del hombre, sino que lo ilumina y sostiene porque es parte de su verdad como criatura. Dios no es un principio absoluto desconectado del hombre, sino Alguien Personal que nos ha hablado y se ha hecho cercano a nosotros en su Hijo Jesucristo.

Descubrir al hombre en su relación con Dios es un acto religioso, ciertamente, pero es también darle al hombre un fundamento sólido a su vida moral y social. Cuando se abre una capilla en un barrio retirado considero que es una buena noticia, también en lo cultural y social. Pienso en esa catequista que va a poner al niño y a su familia en la verdad de su relación con Dios, como fuente y fundamento de su vida moral. Esto lo valoro, también como ciudadano. Para la fe en Dios, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, lo humano no está separado de lo espiritual. Cuando la Iglesia evangeliza al hombre lo promueve en su dignidad plena e integral. La mirada de fe, que es lo propio de la teología, no es una mirada parcial sino que enriquece la vida humana, espiritual y moral del hombre.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.


Mons. José María Arancedo, Arzobispado de Santa Fe de la Vera Cruz


Publicado por verdenaranja @ 21:17  | Hablan los obispos
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