Mi?rcoles, 18 de diciembre de 2013

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (14 de diciembre de 2013) (AICA)

Adviento: Preparar la Navidad

Nos encontramos ya en el último tramo del tiempo litúrgico de Adviento. En este período la Iglesia quiere que nos preparemos dignamente para celebrar la próxima Navidad y nos invita a que actualicemos aquella prolongada expectativa y preparación espiritual del pueblo de Israel, y también de algún modo de todas las naciones de la tierra, para recibir la salvación.

En el período de Adviento nosotros evocamos aquella larga espera y eso tiene que animarnos a preparar la Navidad con una especial intensidad espiritual. La Navidad no es el simple recuerdo de un hecho del pasado. Cuando la Iglesia la celebra, en el misterio de la celebración, sobre todo de la celebración litúrgica, la gracia de la Navidad se hace presente nuevamente.

Pero en el período de Adviento también la Iglesia enfoca la segunda venida de Cristo, su venida gloriosa al fin de los tiempos. La primera generación cristiana, tal como aparece en los escritos del Nuevo Testamento, tenía la mirada del corazón puesta en el Cristo glorioso que vuelve para juzgar al mundo, para clausurar la historia humana y llevar a sus elegidos al Reino.

La inminencia de la segunda venida de Jesús es un dato que debe quedar en lo hondo de nuestra conciencia porque en realidad desde que el Señor subió al cielo, el día de la Ascensión, su segunda venida, aunque no sepamos cuando ocurrirá, es siempre inminente. No corresponde decir entonces: “Bueno, no sabemos cuándo ocurrirá eso; además pueden pasar todavía milenios…”. Desde que ha partido, el Resucitado está, de algún modo, siempre viniendo.

Entonces el Adviento recoge estas dos miradas sobre Cristo: la primera que se dirige a su primera venida en la humildad de la carne, su venida para traernos la gracia de la redención. Y la mirada en la segunda venida, que es la de Cristo en la gloria, cuando vendrá como Juez.

También podríamos señalar una conjunción de esas dos venidas que aparece clara en la espiritualidad del Adviento. San Bernardo, en uno de sus sermones sobre este tiempo, habla de un tercer Adviento, de un Adviento intermedio. Se refiere a la venida constante del Señor a las almas, a la venida de Cristo por medio de su gracia, por medio de los dones de su Espíritu, para habitar en nosotros.

Tanto la primera venida como la segunda aparecen actualizadas en esta especie de Adviento intermedio. Al prepararnos a la Navidad, no nos preparamos para la conmemoración de un hecho pasado, sino que estamos celebrando un hecho siempre actual: Cristo viene continuamente a nosotros con los dones de su gracia. La vida de la fe es, entonces, salir al encuentro de Cristo que viene a nuestro encuentro. El cristianismo se caracteriza porque no es simplemente el resultado de la búsqueda de Dios por el hombre, sino la búsqueda del hombre por parte de Dios.

Podríamos decir desde esta perspectiva que el Adviento es una especie de parábola litúrgica de la existencia cristiana. Lo observamos con claridad en este período de cuatro semanas antes de Navidad, pero en realidad tendríamos que vivir continuamente en Adviento, es decir, en la espera del Señor, saliendo siempre al encuentro con él.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 21:18  | Hablan los obispos
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