Jueves, 23 de enero de 2014

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (18 de enero de 2014) (AICA)

Sentido de la accion social y cultural de la iglesia

Ustedes habrán notado, queridos amigos televidentes, el campo vastísimo que abarca la presencia de la Iglesia y, más precisamente, de los cristianos particularmente considerados, de las instituciones y las organizaciones católicas en el amplio campo de la sociedad argentina, en distintas áreas.

Pienso, por ejemplo, en la presencia social de la Iglesia, en distintos barrios: la ayuda caritativa, los servicios variadísimos que se reúnen bajo la sigla de Cáritas, por no hablar del vasto campo de la cultura. Cuando uno habla de cultura piensa en las universidades católicas, o en el subsistema educativo de la Iglesia (yo uso estas palabras “subsistema educativo” porque realmente es una red de colegios y escuelas católicas en todo el país) pero podemos pensar también, aun en el ámbito barrial, cómo la presencia de la Iglesia trasmite, a partir de la fe, una concepción verdaderamente humana de la persona y de la vida.

¿Cuál es el fundamento de todo esto? ¿Por qué este vastísimo servicio? El servicio hay que prestarlo con toda competencia y existen ámbitos muy diversos en los que la gente se va formando para brindar esas ayudas. Por otra parte los cristianos tienen su propia vida profesional, están insertados en diversas áreas de trabajo en la sociedad y también aportan la inspiración de su fe cristiana en esas tareas que realizan.

Pero si hablamos de la obra específicamente eclesial: ¿cuál es su sentido profundo? Uno puede plantear, por ejemplo, por qué la Iglesia tiene que ocuparse en atender enfermos terminales, (hay hospices que son un fenómeno interesantísimo) en los domicilios, o en las clínicas, y tantas otras tareas muy, muy específicas a favor de los más necesitados. La Iglesia, a toda esta actividad en el vastísimo campo de la sociedad y la cultura le da un acento propiamente pastoral; es una proyección del Evangelio en la vida concreta de la gente, en el mundo.

¿Cuál es el fundamento superior? ¿Qué es lo que inspira a todos esos cristianos que trabajan en estas tareas de servicio? Podemos decir que es la inteligencia de la fe y la contemplación.

La inteligencia de la fe significa la comprensión de todo lo que implica creer en Jesucristo; lo cual no es una mera adhesión teórica a un cupo de verdades, sino que es una verdadera vida, que ilumina la inteligencia, que otorga una concepción de la existencia.

Y añado la contemplación, o sea la unión con Dios mediante la oración contemplativa. Esto no hay que perderlo de vista porque es lo que asegura el matiz propiamente eclesial de estas tareas. Uno podría pensar que, quizás, hay organizaciones que podrían hacerlo desde el punto de vista profesional mejor que nosotros. ¿Pero qué es lo que distingue y caracteriza a esa acción cuando es una acción eclesial? Es precisamente que se hace en virtud de la inteligencia de la fe y con un respaldo contemplativo, o sea apoyándonos en Dios. Lo hacemos por amor a Dios. Aquí habría que apuntar a esa unión inseparable que hay entre el amor a Dios y el amor a los demás, como enseña muy bien el Evangelio y como aparece tan claro en la Primera Carta de San Juan.

Es importante no olvidarse de esto porque, por otra parte, todos los que estamos empeñados en una u otra tarea de servicio a la sociedad debemos respaldar el trabajo con nuestra propia oración personal. Y todos tenemos que acostumbrarnos a rezar por la obra que la Iglesia realiza en los más variados campos en el mundo entero, todos los días; aun en este momento en que estamos ustedes y yo compartiendo estas cosas.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 23:52  | Hablan los obispos
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