Lunes, 27 de enero de 2014

Subsidio litúrgico para la Eucaristía de la Jornada Mundial del Enfermo 2014 recibida en la parroquia con los materiales para su celebración el 16 de Febrero en nuestra diócesis de Tenerife.

CELEBRACIÓN DE LA EUCARISTÍA

16 de febrero de 2014

 

MONICIÓN DE ENTRADA

Queridos hermanos: 

Celebramos hoy la Jornada Mundial del Enfermo, bajo el lema “Fe y Caridad. También nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos”. Con esta celebración, en España se da inicio a la campaña que discurrirá hasta la Pascua del Enfermo, el sexto domingo de Pascua.

En virtud del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a configurarnos con Cristo, el Buen Samaritano de todos los que sufren. «En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos». Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo. Cuando la entrega generosa hacia los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de Cristo y el nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del Reino de Dios.

 

ENVÍO DE AGENTES DE PASTORAL DE LA SALUD 

La misión de atender a los enfermos forma parte indispensable de la tarea encomendada por Jesús a su Iglesia, como cauce por el cual llega hasta ellos la Buena Noticia del Evangelio. Para llevar a cabo esta tarea, el Señor elige a miembros de su pueblo y los envía con esta misión a confortar, consolar y acompañar a quienes atraviesan por la circunstancia de la enfermedad propia o de un ser querido.

Vamos a proceder a continuación a la presentación y envío de los miembros de nuestra parroquia que se sienten llamados por Dios a desempeñar este valioso servicio. 

(A continuación se nombra a los miembros del equipo de Pastoral de la Salud y se van colocando delante del altar) 

Queridos hermanos: el vuestro es un servicio que nos corresponde realizar a todos los discípulos de Jesucristo, que hemos de descubrir la presencia del Señor en toda persona que sufre en su cuerpo o en su espíritu.

Sin embargo, vosotros, como miembros del equipo parroquial de Pastoral de la Salud, asumís este compromiso con una exigencia mayor. Vais a prestar una valiosa colaboración a la misión caritativa de la Iglesia y, en consecuencia, vais a trabajar en su nombre, abriendo a todos los hombres los caminos del amor cristiano y de la fraternidad universal.

Cuando realicéis vuestra tarea, procurad actuar siempre movidos por el Espíritu del Señor, es decir, por un verdadero amor de caridad sobrenatural. De este modo seréis reconocidos como auténticos discípulos de Cristo.

 

(El sacerdote, con las manos extendidas sobre ellos, pronuncia la siguiente oración de bendición) 

Oremos: 

Oh Dios, que derramas en nuestros corazones, por el Espíritu Santo, el don de la caridad, bendice + a estos hermanos nuestros, para que, practicando la caridad en la visita y atención de los enfermos, contribuyan a hacer presente a tu Iglesia en el mundo, como un sacramento de unidad y de salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén. 

Ahora, queridos hermanos, para mostrar vuestra disponibilidad a prestar este servicio en nuestra comunidad parroquial, os invito a recitar juntos esta oración que tenéis en vuestras manos, pidiendo la ayuda de Dios para llevar a cabo la misión que habéis recibido. 

(Todos juntos recitan en voz alta la siguiente oración) 

Dios es Amor.

Tú, Padre, nos has amado tanto,

lo hemos experimentado a lo largo de la Historia:

en Egipto, en Israel, en la Cruz, en nuestras vidas.

A veces la enfermedad pretende arrebatarnos

esta increíble experiencia,

otras veces, es la ocasión para vivirla.

También hoy sigo sintiendo tu Amor,

en tantos acontecimientos, en tantas experiencias,

en tantas personas.

Un amor que no me deja indiferente:

me empuja también a mí a Amar,

a amar en dos direcciones: a Ti y al hermano.

Dame tu Espíritu, Señor, para amar siempre como Tú:

mirar como Tú, servir como Tú, entregarme como Tú.

Con los enfermos, pero también cuando a mí me toque

la enfermedad o el sufrimiento.

Que tu Amor me contagie y penetre,

para llegar a decir también yo:

“ya no soy yo, es Cristo quien ama en mí”.

Gracias, Señor, por tu Amor,

gracias por tu Caridad. 

(Terminada la oración, se retiran a su lugar y continúa la celebración con el Credo y la oración de los fieles)

 

ORACIÓN DE LOS FIELES

 

Invocamos a Dios nuestro Padre, que nos amó hasta el extremo en su Hijo, y por intercesión de María, presentamos nuestras intenciones y las de todo el mundo. 

Por nuestro mundo, marcado por el sufrimiento en sus distintas formas, para que Dios, nuestro Padre, lo transforme y ponga en su corazón el Espíritu del Amor, el espíritu de su Hijo. Roguemos al Señor.

Por la Iglesia, para que en los caminos del mundo plasme el amor del Padre, como Iglesia samaritana, entre los más pobres y enfermos. Roguemos al Señor. 

Por los que rigen los destinos de los pueblos, para que Dios los ilumine y en sus políticas sanitarias pongan siempre en el centro a las personas, antes que a la economía. Roguemos al Señor. 

Por nuestros hermanos enfermos, para que sientan la presencia de Dios a través del encuentro con buenos samaritanos que les hagan sentir su cariño y misericordia. Roguemos al Señor. 

Por las familias de los enfermos, los profesionales, los voluntarios y todos aquellos que les atienden y cuidan, tantas veces preciosos iconos de la caridad al lado del que sufre. Roguemos al Señor. 

Por nuestra comunidad cristiana, para que tenga siempre unos ojos atentos y un corazón sensible a las necesidades de quien sufre, y se deje evangelizar también por ellos. Roguemos al Señor.

 

Escucha, Señor, nuestra oración y ayúdanos a llevar al mundo el amor que de ti hemos recibido. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amen


 | Enviar