Lunes, 03 de marzo de 2014

Texto el micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (3 de marzo de 2014)

Comienzo de la Cuaresma 
 
El próximo 5 de marzo, Miércoles de Ceniza, comenzamos el Tiempo de Cuaresma como preparación a la Pascua. La Iglesia nos acompaña en la liturgia a disponer nuestro corazón a un encuentro siempre nuevo con el Señor. La preparación es algo importante que no siempre valoramos; cuando falta una debida preparación nuestras vivencias y proyectos pierden profundidad. Esto se debe a que nuestra condición humana necesita disponer de su inteligencia, voluntad y sentimientos. La sabia pedagogía de la liturgia nos propone un tiempo especial para ello. Es un tiempo orientado a reflexionar en la vida y la palabra de Jesucristo. En él se ilumina el misterio de la vida del hombre (cfr. GS. 22). Jesucristo no es una referencia cultural, sino nuestra verdad y nuestro camino: hemos sido creados a su “imagen y semejanza”. No estamos ante una idea sino ante una Persona. Dirijamos en este tiempo nuestra mirada a Jesucristo para reencontrarnos con nosotros mismos. Él nos libera de ese encierro egoísta que nos esclaviza porque nos abre a Dios y a nuestros hermanos.

En este marco de preparación al encuentro con el Señor comprendemos mejor las recomendaciones que nos hace san Mateo, sobre la limosna, la oración y el ayuno. Estas prácticas cuaresmales tienen una profunda significación humana y espiritual. La limosna nos habla de la caridad y la humildad: “cuando des limosna, no lo vayas pregonando, como hacen los hipócritas, nos dice, que tu mano izquierda ignore lo que da la derecha” (Mt. 6, 2-3). La referencia primera es Dios que es amor y “que ve en lo secreto”. Cuánta hipocresía hay en aparentes limosnas que buscan el lucimiento de quién la hace. O, en otros casos, cuando lo que se entrega no proviene de algo limpio sino de sobrantes de algo sucio. La limosna es un acto de amor que no se mide por la cantidad sino por la intención y honestidad, sólo tiene a Dios como testigo. La limosna no es para tranquilizar la conciencia, sino expresión de una conciencia que busca la reconciliación en la caridad. Ella ayuda a quién la recibe y eleva a quién la practica.

La oración nace también en un acto de humildad, que es testimonio de nuestra conciencia de hijos y de búsqueda de Dios: “Cuando oren, no hagan como los hipócritas, nos dice, a ellos le gusta orar para ser vistos. Tú, en cambio, cuando ores, retírate a tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que ve en lo secreto”. Es en este contexto que el Señor nos enseña la oración del Padre Nuestro. La oración cristiana, como vemos, no es una práctica subjetiva de dominio donde el hombre es un fin en si mismo, sino el acto libre de una criatura que reconoce su condición de hijo frente a Dios y de hermanos con los demás. La oración, que nace de la libertad del amor de un hijo, se convierte en fuente de alegría y de paz. El ayuno, también se relaciona con Dios y la caridad: “Cuando ayunen, no hagan como los hipócritas… Tú, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres sino por tu Padre que ve en lo secreto” (Mt. 6, 16-18). Aquello de lo que me privo en el ayuno lo debo orientar a la caridad, al necesitado, al pobre. Al tiempo que el ayuno es una práctica de penitencia es un testimonio de amor. Como vemos, no se puede comprender el camino cuaresmal sino lo vivimos desde el amor, la humildad y el servicio.

Deseándoles el comienzo de una Santa Cuaresma, reciban de su obispo junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor y María Santísima.


Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz.


Publicado por verdenaranja @ 20:09  | Hablan los obispos
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