Martes, 04 de marzo de 2014

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (1 de marzo de 2014) (AICA)

Educar en la vocación al matrimonio para siempre

Mis queridos amigos es un gusto estar con ustedes cada semana y hoy quisiera compartir algo que vengo pensando últimamente y que tiene que ver con la promoción de las vocaciones.

Cuando uno habla de esta manera, habla de promoción de las vocaciones, piensa espontáneamente en la vocación sacerdotal, en la vocación a la consagración religiosa y hay mucho para pensar, sobre todo para hacer en este campo, sabemos que hay muchas regiones de la Iglesia, también en la Argentina, con penuria de sacerdotes. Es decir no son los suficientes para la evangelización que queremos impulsar.

Lo mismo pasa con las congregaciones religiosas pues algunas tienen que dejar sus obras por falta de personal. Es decir, es una situación difícil y esto requiere de mucha oración y pensar en serio como podemos hacer para despertar en los chicos la inquietud, de modo que el Señor les conceda esa gracia de querer consagrarse totalmente a Él para el bien de la Iglesia.

Pero hoy quisiera hablarles de otra vocación, que no suele enfocarse de esta manera: me refiero a la vocación al matrimonio y a la familia cristiana. Y se me ocurre esto porque todo el mundo sabe que hoy día los casamientos son muchos menos que antes, hay muchísima gente que no se casa, no solo por la Iglesia sino tampoco por el civil.

Se ha convenido en que lo mismo da casarse que convivir. Más aún, lo de casarse tiene una cierta formalidad, además requiere un compromiso que no se sabe si se va a poder mantener. Entonces muchos jóvenes se conforman con convivir. De hecho uno ve que muchos llegan a casarse en la Iglesia y son los hijos los que llevan los anillos, como hacían antes los padrinos o los amigos. Bendito sea Dios que se llega finalmente a comprender el sentido del matrimonio como fuente y sostén de la familia.

Pero entonces yo digo: nosotros tenemos que hablar a los niños y a los adolescentes del matrimonio y de la familia cristiana como una vocación. Es decir, no simplemente como una inclinación natural donde por supuesto el matrimonio responde a una inclinación natural pero como una realidad superior, de decisión, de libertad y como algo fundamental para la estructura de la sociedad.

Con mayor razón si pensamos en el matrimonio cristiano que es un Sacramento de la nueva alianza que otorga la gracia para criar los hijos y para hacerse presente con la fe en la sociedad. Hay una vocación específica al matrimonio y a la familia. Y de eso hay que hablarles a los niños y hay que hablarles a los adolescentes y a los jóvenes.

Para concluir mi pensamiento: me dio una gran alegría ver como el pasado 14 de febrero, Día de San Valentín, Día de los Enamorados como le llaman ahora, el Papa Francisco reunió en la Plaza de San Pedro a miles de parejas de novios, creo que eran más de 10.000 parejas, que van a casarse este año.

Y el Papa los convocó precisamente a prepararse a ese compromiso para siempre en el Día de los Enamorados pero sabiendo que el enamoramiento es una cosa que puede pasar. No es lo mismo el enamoramiento que el amor. No es lo mismo estar enamorado que querer a una persona con toda el alma, con la inteligencia y la voluntad, con una libertad generosa y empeñada y para siempre.

El Papa Francisco insistió sobre todo en eso, que se preparen para ese compromiso que ellos deben contraer para siempre.

De eso me parece que tenemos que hablar a nuestros chicos, sobre todo a los chicos de nuestras parroquias y de nuestros colegios, que sepan antes de enredarse en esta problemática de hoy día para lo cual todo vale y todo es lo mismo, que sepan que existe un camino en el cual Jesús nos conduce para que nosotros podamos cumplir en nuestra perspectiva personal con el plan de salvación.

Es decir el sacramento del matrimonio y la familia cristiana se incluyen en este designio salvífico de Dios. Es una realidad preciosa para la Iglesia y para la sociedad. Basta pensar que distinto sería todo si los que se casan tienen esta perspectiva en vista y si lo hacen de esta manera, con toda el alma y para siempre.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 21:10  | Hablan los obispos
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