Mi?rcoles, 05 de marzo de 2014

Homilía monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas para el 8º domingo durante el año (2 de marzo 2014) (AICA)

La avaricia y el trabajo esclavo

El texto de este domingo (Mt. 6, 24-34) nos plantea que nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. “No se puede servir a Dios y al dinero”. En realidad, el texto hace una reflexión sobre un tema que a veces queda marginado de nuestro estilo de vida que es la providencia, o bien, el sabernos cuidados por Dios, el tenerlo a Él como absoluto en nuestra vida. En general, cuando Dios no está en nuestro corazón corremos el riesgo de poner otros absolutos como es el caso del tener o el poder. En la misma Palabra de Dios se nos enseña a no equivocarnos poniendo todo nuestro esfuerzo en “acumular bienes”, porque nadie sabe si estará al día siguiente: “¿Quién de Ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un sólo instante al tiempo de su vida?” (Mt. 6, 27).

Es importante señalar que en la perspectiva cristiana, a diferencia de otras creencias religiosas, no hay un desprecio de los bienes materiales, ni del uso de los mismos. Sí se nos enseña que no debemos poner nuestro corazón en el tener y en el poder, sino que debemos entenderlos como “dones” de Dios, que los podamos multiplicar y usar para servir, y administrarlos teniendo en cuenta a los demás. En este contexto es clave entender la comunión de bienes, el ejercicio de la caridad cristiana, y el valor de la justicia.

Muchas de las desproporciones sociales y situaciones de injusticia son dadas porque algunos acaparan riquezas sin considerar a los demás, e incluso dañando a otros en su dignidad. Es escandaloso que en pleno siglo XXI tengamos tantas situaciones de aquello que hoy es llamado “trabajo esclavo”. Sabemos que en nuestra patria se dan muchas de estas situaciones de diversas maneras, y fundamentalmente en nuestros jóvenes explotados sobre todo en zonas rurales. Situaciones de explotación que quedan en profundos pozos de silencio donde la justicia, el sindicalismo y el Estado no están presentes.

Este no es un tema exclusivo de nuestra patria, por eso, el documento de Aparecida hace algunas referencias que lamentablemente se dan en nuestro continente en relación a estos desequilibrios sociales. Dicho documento señala algunos beneficios que comportan el fenómeno de la globalización, pero también se señalan algunos riesgos: si bien la globalización es un logro para la familia humana, no obstante estos avances también la globalización comporta el riesgo de los grandes monopolios convirtiendo el lucro en valor supremo”… “como en todos los campos de la actividad humana, la globalización debe dirigirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios. Conducida por una tendencia que estimula el lucro y la competencia, la globalización sigue una dinámica de concentración de poder y de riquezas en manos de pocos, no sólo de los recursos físicos y monetarios, sino sobre todo en la información y de los recursos humanos, aumentando las desigualdades que marcan tristemente nuestro continente y que mantienen en pobreza a multitud de personas. Por eso, es necesario que los empresarios asuman su responsabilidad de crear más fuentes de trabajo y de invertir en la superación de esta nueva pobreza”. (60-62)

Es cierto que en la raíz de estos profundos desequilibrios, se encuentra “la avaricia” que pone su corazón en la absolutización del tener o del poder que no reconoce a Dios como “Señor”, y lo remplaza venerando ídolos. El Evangelio de este domingo nos da luz sobre estos temas y nos dice: “Busquen primero el Reino y su justicia y todo lo demás se le dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción” (Mt. 6, 33-34).

Tanto los cristianos como la gente de bien tendremos que revisar dónde tenemos nuestro corazón. La avidez daña, genera odio y violencia; por el contrario, una justa valoración del poder y tener, aún mejor la comprensión de éstos como dones, nos permiten ser generadores de justicia y solidaridad social.

Les envío un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas


Publicado por verdenaranja @ 22:02  | Hablan los obispos
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