Martes, 01 de abril de 2014

Reflexión de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, en el programa "Claves para un Mundo Mejor" (29 de marzo de 2014) (AICA)

La Cuaresma y su triple dimensión

Nos encontramos promediando la Cuaresma, entrando en el tramo final de este tiempo litúrgico que, como saben, es el período en que nos preparamos para la próxima celebración del Misterio Pascual en la Semana Santa.

La Cuaresma es un período penitencial y me gustaría conversar con ustedes sobre este significado. ¿Es simplemente hacer penitencia? ¿Dedicarnos a algunas prácticas exteriores de penitencias o tener algunos gestos de austeridad o lo que fuere? En realidad eso no está excluido por supuesto y la Iglesia ha disminuido mucho las observancias obligatorias de penitencia. Recordemos que el ayuno solo se propone para el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo pero lo penitencial hace referencia a la conversión, al camino, al proceso de la conversión.

La palabra penitencia en griego, si uno traduce lo que aparece en los Evangelios, se dice “metánoia” donde el prefijo “meta” quiere decir cambio. Por tanto es un cambio de mentalidad, un cambio en la manera de mirar las cosas y de contemplar el mundo y, por tanto, de obrar en consecuencia”.

Lo que nos pide la Iglesia en este período es que recibamos con un corazón abierto y nos replanteemos aquel llamado fundamental del Evangelio: “¡Conviértanse!”. Eso es lo que nos dice Jesús en el inicio de su predicación y todos tenemos que hacernos este planteo para ver de qué manera estamos llevando adelante nuestra vida cristiana.

Tradicionalmente, la Iglesia Católica, cifró esa metánoia, esa conversión cuaresmal, en tres órdenes de cosas.

Por un lado, efectivamente, en el ejercicio de la austeridad y podemos todos aplicarnos a eso. Es verdad que han cambiado mucho las costumbres hoy día y el ritmo de vida frenético que llevamos nos obliga a cuidarnos un poco más, a tener un poco más de consideración con nosotros mismos, aún en el aspecto físico de nuestro ser, pero sin embargo de cuántas cosas superfluas podríamos nosotros privarnos y no sólo para hacer un sacrificio sino que la Iglesia asocia esta primera dimensión con otra que es la caridad, ayudar a nuestros hermanos más necesitados.

¿De dónde debiera salir aquello que empleamos para ayudar a los demás? Debería salir de aquello que nosotros nos privamos porque lo consideramos superfluo, porque en realidad no es necesario para llevar una vida como Dios quiere.

Pero además hay algo que es básico y es la tercera dimensión: el espíritu de oración. No puede haber un cambio de mentalidad, no puede haber un giro en la manera de mirar las cosas, si no cultivamos la intimidad con el Señor. La Cuaresma es un llamado a cultivar la intimidad con el Señor.

Ustedes me podrán decir que eso lo hacemos todo el año, rezamos todos los días. Y es verdad pero no se trata solamente de rezar si no que se trata de acceder a lo que podríamos llamar la contemplación de Cristo y la intimidad de nuestro corazón con Él. A pedirle al Señor que hable a nuestro corazón y a pedirle que nos de la gracia de que nuestro corazón se abra a sus palabras y que nosotros empecemos a descubrir ese mundo espiritual al cual muchas veces miramos desde lejos y del cual, muchas veces estamos un poco extraviados porque nos parece que sólo los santos tienen acceso a esa intimidad con Cristo pero lo real es que Él nos llama a todos a esa intimidad con Él.

De esta manera por medio de la austeridad, por medio de la caridad ejercida especialmente como beneficencia, dice la Iglesia, o sea como ayuda a los más necesitados y para compartir con aquellos que nos necesitan y, finalmente, con el espíritu de oración nos preparamos para celebrar la próxima Pascua.

Las Semanas Santas se suceden en nuestras vidas pero alguna puede ser decisiva, alguna Pascua puede ser efectivamente una resurrección nuestra con el Señor para una etapa nueva que sólo Él conoce pero nosotros esperanzados nos ponemos en sus manos.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata


Publicado por verdenaranja @ 23:48  | Hablan los obispos
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