Lunes, 12 de mayo de 2014

Texto el micro radial de monseñor José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, emitido por LT9 (10 de mayo de 2014)

El Buen Pastor

Celebramos el día del Buen Pastor. Nuestra mirada se dirige a Jesucristo, él es el Buen Pastor. En la liturgia de este domingo leemos el cap. 10 del evangelio de san Juan, donde el Señor nos presenta de un modo claro diversos aspectos que encierra esta rica imagen. Detenernos a leerlo con un corazón contemplativo es la mejor manera de comprenderlo y de descubrir el significado y el sentido de la vocación sacerdotal.

Por este motivo, en este domingo se celebra la Jornada mundial de oración por las vocaciones. El ministerio sacerdotal tiene su raíz e institución, su fuerza e ideal en la misma persona de Jesucristo. Esto que da certeza al sacerdote en su vocación y define un estilo de vida se convierte para él, en un ideal al que siempre está en camino.

El ministerio sacerdotal forma parte del designio Dios, y tiene su fuente y sentido en la misión de Cristo Pastor. Al sacerdocio lo recibimos como un don, no lo creamos. La vocación al sacerdocio es un libre y maduro tomar conciencia de ser llamado para una misión en la Iglesia. ¿Cómo se descubre este llamado? El único camino es la escucha atenta. Ahora bien, ¿dónde lo escuchamos? Aquí llegamos al punto central de nuestra fe que es Jesucristo, que es quién nos habla y revela el designio de Dios. El encuentro con él se convierte en el comienzo de un diálogo único y personal, donde vamos descubriéndonos desde esa fuente primera que es el amor de Dios. Sabemos, nos dice san Pablo: “que Dios dispone todas cosas para el bien de los que lo aman, de aquellos que él llamó según su designio” (Rom. 8, 28). La fuente siempre está en Dios. Cuando no entendemos la vocación como un don al servicio de la Iglesia, corremos el peligro de pensar que nosotros elegimos una carrera que nos pertenece y la manejamos. Podemos terminar siendo dueños y no servidores. Solo es posible descubrir la vocación al sacerdocio en un clima de fe, de oración y entrega. Si bien es algo personal, pertenece a toda la Iglesia. Esto da sentido a una Jornada mundial de oración por las vocaciones.

¿Cómo despertar en los jóvenes el entusiasmo por la vocación sacerdotal? Es cierto que la riqueza de la imagen del Buen Pastor habla por si misma y podría ser suficiente. Esta imagen, sin embargo, necesita ser predicada y testimoniada. Es necesario que se les hable a los jóvenes del sacerdocio como un ideal de plena realización humana y espiritual. Que este llamado tiene su fuente en Jesucristo que hoy quiere continuar con ellos su misión en la Iglesia al servicio de los hombres. No hay que temer a las exigencias que ello conlleva, a los ideales se los descubre y se los sigue por su misma fuerza y belleza. Pero es importante, también, que a este ideal propuesto se lo vea testimoniado. No se puede seguir una vocación si no la vemos realizada. En esto es decisivo la vida y la alegría de los sacerdotes como testigos de una vocación que ha dado sentido a sus vidas. No se trata de mostrar logros materiales, o imágenes fugases, por el contrario, cuánto impacta en los jóvenes el testimonio de pobreza, de entrega y humildad. El que sigue Jesucristo no busca grandes cosas o éxitos momentáneos, busca la entrega a Dios, en la riqueza de lo simple y en la alegría del servicio.

Reciban de su obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.

Mons. José María Arancedo, arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz.


Publicado por verdenaranja @ 23:23  | Hablan los obispos
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